DIRECTORIO MUNDIAL DE LITERATURA, HISTORIA, ARTE Y CULTURA          

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DIRECTORIO MUNDIAL DE LITERATURA, HISTORIA, ARTE Y CULTURA

Una charla con Dios

 

La Academia Latinoamericana de Literatura Moderna
dentro de su Programa de Financiamiento para Escritores Iberoamericano
y con su Programa Editorial Sagitario
presentan

 

una obra más del Dr. Fco. Xavier Ramírez S.
 
Una charla con Dios

 

 

 

Este libro, registrado con el No. 377 dentro del Programa de Financiamiento para Escritores Iberoamericanos, se terminó de imprimir el día 4 de junio del 2018, en los talleres de Editorial Sagitario, ubicados en Acapulco, Gro. México 

Todos los derechos reservados.

 

 

A MANERA DE PRESENTACIÓN

 

Cuántas veces he hablado con Dios? Miles! Quizá cientos de miles. Dirán Ustedes: será santo para hablar con Dios! Pero no, no soy santo; soy un mortal como cualquiera pero que ha aprendido a dialogar con Él.

En mis pláticas, al principio tímidas, y generalmente enmarcadas por “estas loco Xavier... cómo te atreves a pensar siquiera que estás hablando con Dios” y su consiguiente complejo de culpa, no sabía qué decirle.

Y cuando hablo de miles de charlas con Él, no estoy hablando de toda mi vida, no, apenas quizá de los últimos cuarenta años. De niño, no supieron enseñarme; de joven, creía... pero que eran patrañas.

Ahora, hablo con Él como lo hacemos con cualquier persona. Casi de tú a tú, pero con respeto, aunque a veces me excedo y le reclamo tal o cual cosa. Sin embargo, generalmente he aprendido a hacerlo con respeto, mas con mucha confianza.

Lo hago a todas horas, es decir, a cualquier hora, y en cualquier lugar. Lo mismo en mi recámara que en el baño... sí, en el baño, íntimo lugar en el que podemos dialogar con Él sin interrupciones.

Sus respuestas sorprenden. Al principio nos damos cuenta de que nosotros mismos estamos fabricando la respuesta, pero es precisamente cuando aún no aprendemos a platicar con Él. Una vez que lo logramos, es realmente maravilloso escucharle. Es la voz de un padre para con su hijo. Cariñoso, pero enérgico. Suave, pero firme y duro a la vez. No alcahuetéa. No justifica. No acepta pretextos. Escucha, pero se hace oír. Aconseja, pero no obliga.

Eso sí, es muy estricto cuando pide algo y, si no se le cumple... sanciona, y sanciona claramente, sin duda alguna sobre el porqué lo hace.

No es vengativo... es simplemente estricto.

Sobre todo, una charla con Él, calma, sosiega, reblandece el alma y anima. Da esperanza y advierte. No te augura, pero te permite deducir.

 

Muchos dudan de su existencia, pero no... una vez que le conoces Él mismo te da pruebas constantes de su existencia, como dicéndo no te olvides de mí.

Por mi propia experiencia, si bien primero fui un ateo, la duda me hizo investigar, estudiar, preguntar aquí y allá hasta satisfacer todas esas preguntas que catequistas y sacerdotes bien pudieron contestar cuando era niño.

Dudar de Él me llevó a conocerle. Ahora, me precio de conocerle tanto que puedo asegurar firmemente, sin fanatismo alguno, que existe y que es Nuestro Padre Celestial.

No pertenezco a ninguna organización religiosa o clerical, ni a grupo o secta. Soy católico por herencia y por convicción pero quizá el mayor crítico de la propia iglesia de la cual -en este momento- escribo su historia.

La historia de la iglesia, como institución, está llena de flaquezas y desviaciones, de escándalo sí, pero también de esfuerzo y sacrificio.

Cada golpe le ha sido beneficioso. Cada caída le ha llevado a levantarse más fuerte. Como institución, en términos generales es, a más de necesaria, imprescindible para la fe.

De sus hombres, del factor humano que le conforma, puede decirse otro tanto. Los ha habido -y los hay- buenos y malos. Son hombres, seres humanos con sus flaquezas y debilidades y con eso está dicho todo.

 

Pero Él... Él es otra cosa. No flaquea, no es débil, no olvida. Es perfecto.

 

Fco. Xavier Ramírez S.

 

 

 

 

Fidel se quedó parado frente al templo de Santo Domingo. Vio lo hermoso de su fachada y recordó las pláticas de su abuelo respecto a la Capilla del Rosario, una de las maravillas del mundo moderno. El conflicto que azotaba su alma le llevó inconscientemente hasta ahí. Qué buscaba? Acaso apoyo espiritual? Y porqué ahí? Porqué no con los amigos?

Como muchos, Fidel se había alejado de la iglesia desde hacía muchos años. Creía, sí, pero sólo en que existía un Dios y... nada más, nada de curas o monjas que tanto le hicieron padecer y le desilusionaron durante sus años escolares en un colegio manejado por ellos. No había rectitud, sino soberbia, injusticia, abuso, una oligarquía vestida de sotana y hábito.

El silbato melodioso de un globero le sacó de sus pensamientos. Agachó la cabeza más por instinto que por riesgo cuando la masa de globos pasó junto  él. Sonrió al ver uno con la figura de un futbolista. Recordó a su padre gritando a la orilla de la cancha en aquellos infantiles partidos en los que, casi siempre, salía Campeón Goleador. El hombre se desgañitaba enviándole órdenes que generalmente ignoraba y, obviamente, eran totalmente contrarias a las de su entrenador.

Fueron tiempos felices. Su madre, luchando por la subsistencia junto con su marido, atendía junto con su hermana Azuani una pequeña lavandería que, como sea, les daba para complementar el gasto.

Uno de sus más gratos recuerdos eran las visitas de su abuelo, periodista y escritor que vivía en Acapulco. Le gustaba escucharlo. Parecía saberlo todo. Su madre siempre hablaba bien de él. Sus tíos, Ricardo y Carlos igual. Había otros que siempre tenían ácido en la boca cuando lo mencionaban, pero el tiempo le enseñó que era envidia y rencor lo que brotaba de esas bocas.

Un va el golpe! le trajo de nueva cuenta a la realidad. El cargador, sin embargo, pasó muy lejos de él. Vio que una señora se levantaba de la verde banca de hierro fundido que estaba ubicada en el andador, y de repente se le ocurrió sentarse. Lo hizo casi de inmediato motivando que la vieja aquella le viera con ojos de pistola.

-Pendejo... casi me cae encima! masculló arrastrando a un pequeño lombriciento, según lo anunciaba el pronunciado abdomen del niño.

Fidel no le hizo caso, la amargura era un ingrediente natural ya en la vida cotidiana de las grandes ciudades como Puebla. Retornó el recuerdo de su abuelo cuando afirmaba que, en su juventud, se veía a la gente caminar despacio, sin prisa, platicando con sus acompañantes, sonriendo y saludando a todo mundo, incluyendo a los desconocidos. El Buenos días era acostumbrado y el mejor acicate para empezar el día, sobre todo viniendo de alguien que no conoces.

Ahora -pensó, observando a los que pasaban- todo mundo corre como si realmente tuviera prisa, y sus caras son agrias, amargas, casi casi suicidas en potencia.

Un bolero se le acercó. Él, instintivamente, levantó la pierna izquierda y asentó el pie sobre la plantilla de madera del cajoncito.

-Carajo... no tengo los veinte años y ya me siento como toda esta gente que pasa -pensó para sus adentros- qué voy a hacer? Se me está viniendo el mundo encima!

Una lágrima asomó a los ojos de Fidel que limpió con coraje.

-Está bien, mi jefe? cuestionó el bolero.

-Ehhh?... sí, gracias, es que algo me cayó en los ojos... yo creo que es el maldito smog...

-Así se le llama ahora a la infelicidad?

Fidel rió de buena gana ante la ocurrencia del hombre.

-Sí, verdad? Qué tánto se nota?

-Bueno, así como dicen que el amor y el dinero no se pueden ocultar, también el pesar y la desdicha son difíciles de disimular. Y debe usted tener una bronca bien grande como para que lo haga llorar...

-Cosas de la vida... dijo Fidel a modo de pretexto.

-Pero si la vida también tiene cosas bellas! Porqué no lloramos ante ellas? La vida tiene cosas buenas y malas... la cosa es saber apreciar unas y otras... sí... porque la desgracia, bien apreciada, sabe mejor...

-Ahhh Dios!

-Serio mi jefe... mire, si un niño se cae, primero voltea a ver si alguien lo vio; si así fue, suelta el llanto de inmediato, pero sino, se sacude la ropita, se soba el codo, y sige jugando tan campante. No tuvo a quién demostrarle que había sufrido una desgracia. Así nosotros. Si padecemos un mal, debemos asimilarlo en la medida de lo posible, sacudirnos la ropita, sobarnos el codo... y seguir adelante!

Fidel se quedó con la boca abierta ante la popular sabiduría del betunero. Además... tenía razón.

-Mire jefe... no hay mal que dure cien años, ni enfermo que los aguante. Al mal tiempo buena cara. Ya verá que, al paso del tiempo, cuando se acuerde de lo sucedido, se reirá en vez de llorar...

El bolero rechinó el trapo sobre el calzado y, como si estuviese acostumbrado a dar el consejo, simplemente dijo:

-Listo jefe... son diez pesos.

Fidel sacó una moneda, la depositó en manos del hombre y se recargó en la banca. El bolero, levantándo su cajón, terminó la charla diciendo:

-Mire jefe... allá adentro está el único que puede calmarle el dolor del alma... y señaló la iglesia.

El joven volteó instintivamente hacia la fachada del templo. Afirmó con la cabeza e, incorporándose, se dirigió a la entrada.

Desde antes de cruzar el dintel, Fidel sintió una enorme paz. Recordó que hay que persignarse y así lo hizo, inclinando la cabeza ante el Cristo que estaba a un lado del altar principal, hasta el fondo de la iglesia.

Pensó sentarse ahí, en las primeras bancas, pero la memoria de la belleza de la Capilla del Rosario le movió hacia el frente. Ahí, a la altura del altar mayor y hacia la izquierda, estaba la maravillosa capilla, toda recamada en oro -en verdadero oro- que cubría los miles de recovecos que presentaba el hermoso tallado churrigueresco. Era uno de los más bellos ejemplos de lo que la gente dio en llamar barroco.

Se sentó, ahí sí, en la primer banca que encontró. Con la vista fue recorriendo todo. No había rincón que no maravillara. Era una verdadera obra de arte aún para los no creyentes. Miles de turisas visitaban el lugar anualmente. Llegaban de todos lados y de todas las religiones.

Como su nombre lo indicaba, la capilla estaba consagrada a la Virgen del Rosario. Fidel sintió que la Madre de Dios se le quedó mirando; incluso se turbó un poco. Le pareció que la mano derecha de la Virgen le señalaba algo y volteó, siguiendo la dirección que indicaba; daba directamente a la imagen del Cristo crucificado que había visto al entrar.

Persigándose, se levantó y salió de la capilla. Se acercó al Cristo y levantó la mano para tocarle. No bien colocó la punta de los dedos sobre los pies sangrantes de la imagen, cuando sintió que un chispazo le recorrió el cuerpo de arriba-abajo. Retiró la mano sorprendido y buscó con curiosidad algún contacto eléctrico adosado a la cruz. Nada, no había nada. Además, el cristo no era de metal o cerámica... era de madera.

Dio unos pasos hacia atrás y tropezó con la primer banca. Se sentó sin dejar de ver al Cristo. Le dio miedo y se persignó nuevamente.

-Estás enojado conmigo, verdad? dijo para sus adentros.

-Debes estarlo... creo que no me he portado muy bien que digamos... y, además, pues no te busco mucho... mejor dicho, tiene mucho que no te busco. Y es que, perdóname pero... pues... cómo creer con todo lo que ve uno. Qué clase de Dios eres que permites tanto abuso, tanta maldad, porque lo mío no es nada junto a la maldad que hay ahora... muertos todos los días, balaceados, enfrentamientos con la policía que, aquí entre nos, es de los mismos, y hasta se dan el lujo de robar impunemente a quien se deja... no, no me estoy justificando pero... a poco no? A ver, porqué dejas que se mueran tantos niños que todavía ni siquiera han llegado a la juventud? Porqué dejar que los jóvenes se pierdan en las drogas? Porqué tanta prostitución? No... si nos damos cuenta bien... francamente como que estás fallando como Dios... o no? Si eres tan bueno no deberías permitir todo eso! Si nos quieres tanto... porqué hacernos sufrir?

En este punto, Fidel sacudió la cabeza y la dejó caer entre las manos que se apoyaban en los codos sobre el respaldo del reclinatorio. No quería, no quería, pero soltó el llanto abiertamente.

Un sacerdote, que le había visto desde que entrara a la Capilla del Rosario, se acercó y posó su mano sobre el hombro del joven.

Fidel se limpió rápidamente las lágrimas y volteó. Al ver al sacerdote intentó levantarse abruptamente, pero el sacerdote le sostuvo la mano con firmeza no permitiéndo el movimiento.

-Calma... nadie te va a hacer daño... no todos los curas somos iguales...

Fidel se sorprendió ante el comentario del religioso, pero intentó nuevamente ponerse de pie.

Esta vez, el sacerdote le permitió hacerlo retirando la mano, a la vez que le tomaba del otro brazo y le encaminaba a la sacristía.

-Ven, te invito un café...

-No gracias Padre...

-Vamos, vamos, no dirás nada que no quieras decir, ni yo te obligaré a nada que tú no desees. Sólo quiero dar tiempo a que te tranquilices.

-Gracias, deveras, ya estoy tranquilo...

-Entonces por qué tiemblas?

La observación sacó de onda a Fidel que se dejó conducir por el cura.

 

Niza estaba desesperada. Fidel tenía tres noches sin llegar a la casa y su padre ya lo había buscado por todas partes, incluyendo las delegaciones, cruz roja y hasta en el forense.

Fidel padre se había vuelto a salir para ir a otros lugares con el afan de encontrar al joven. Azuani no dejaba en paz el teléfono, llamando a todos aquellos de sus amigos que recordaba.

La supuesta desaparición de Fidel tenía a toda la familia en revolución.

Niza era muy devota de la Virgen de Juquila y se hincó para rezarle. Ella era fuerte, muy fuerte. Había sabido enfrentar duros problemas en su vida, y lo hizo siempre con entereza. Su padre y la vida la hicieron fuerte. Pero esa vez... su mundo estaba por derrumbarse. Jamás había perdido a un hijo y, aunque Fidel ya frisaba en los veinte años, no dejaba de ser su hijo. Con lágrimas en los ojos le pidió a la Virgencita de Juquila que apareciera su hijo... como fuera, lastimado, herido, golpeado, pero que apareciera.

 

Fidel dio un sorbo a la taza de humeante chocolate que le ofreció el sacerdote. No había probado bocado en dos días, y el chocolatito le supo a gloria. No, no le faltaba dinero, traía en su bolsa la quincena completita que siempre le entregaba a su madre. Simplemente se había olvidado de comer.

-No quieres un pan? Mira, están recién salidos del horno... cuestionó el sacerdote ya con más confianza ante la apertura del joven.

-Sí, gracias, nada más uno...

-Los que quieras muchacho, los que quieras... mira, voy a confesar a algunos fieles y regreso. Ahí hay algunos libros por si quieres leer, está la televisión, y en esa esquina hay un catre en donde se duerme -cuando hay servicios nocturnos- el sacristan o alguno de los acólitos, por si quieres descansar un poco. Yo regreso en una media hora.... estamos?

-Estamos Padre, contestó menos frío Fidel.

 

El teléfono sonó con su llamado insistente. Fidel padre, Niza y Azuani se levantaron como un resorte para contestar. Fue Niza la que llegó primero a la bocina.

-Bueno...

-Hola mi’ja... cómo están? Acabamos de llegar a Puebla... nos vemos hoy para comer?

Era Ricardo, el padre de Niza que vivía en Acapulco y se dejaba venir a la angelópolis dos o tres veces por año.

-Ayyy papá... qué bueno que  vienes... estoy... estamos en un gran problema... Fidelito desapa-reció...

-Cómo que desapareció! exclamó sobresaltado el periodista. Fidel era uno de sus nietos adorados, amaba a todos, sí, pero Fidelito era, para acabarla, toda su cara.

-Desde hace tres días no sabemos nada de él...

-Y qué pasó... se fue por su gusto, o simplemente desapareció?

-No sabemos papá... no sabemos nada...

-Dios nos guarde... y lo proteja... voy para allá.

 

Cuando el sacerdote entró a la sacristía, vio a Fidel dormido a pierna suelta en el catre del rincón. Le hizo una seña de silencio a la dama que iba entrando, y salió junto con ella cerando la puerta tras de sí.

 

Gema era una muchacha serena, estudiosa, de buena familia, apegada a las tradiciones como todavía quedaban algunas familias en la angeló-polis. De ahí que el drama de la desgracia estaba agigantado de tal forma, que había alcanzado profundamente su vida y la de su amado Fidel.

En pleno tercer milenio, un embarazo -dentro de sus costumbres y forma de vida- era afrenta si no sucedía dentro de matrimonio. Y ella... estaba embarazada.

Amaba entrañablemente a Fidel, y era plena-mente corrrespondida. El problema era la familia. Quizá no tanto la de él, sino la de ella. Sus padres no sólo eran chapados a la antigua, sino de las más rancias familias poblanas, lo que agravaba la situación por aquello del escándalo y el qué diran.

Tres días atrás le habían confirmado del laboratorio el embarazo de siete semanas. Tres días atrás le dio la noticia a Fidel. Era una mezcla inexplicable de sentimientos. Por un lado, una felicidad tremenda inundó a los dos enamorados, por el otro, el temor apagó ese entusiasmo.

Semanas antes asistieron juntos a una conferencia sobre la legalización del aborto y se dieron cuenta no sólo de la problemática que en sí todo eso representa, sino de la polémica sobre en qué momento se puede considerar vivo al feto.

Ellos mismos discutieron el tema que se extendió a otros compañeros. Fidel y ella eran de los que pensaban que vida es desde el momento de la concepción.

 

El muchacho se desperezó espantado. El rechinar de los resortes del catre atrajeron la atención de un acólito que, asomándose a la puerta dijo volteando la cabeza hacia el exterior:

-Ya se levantó Padre...

-Buenos días, exclamó el religioso entrando por la puerta que da al curato. Dormiste bien?

-Buenos días? Pues qué me dormí aquí toda la noche?

-Sí, parece que la traías atrasada. Ni siquiera las campanas de la misa de seis te despertaron...

-Caray Padre... usted perdonará...

-Yo?... y yo qué tengo que perdonar? No yo mismo te ofrecí el catre precisamente para que durmieras?... entonces... qué tengo que perdonar? Por el contrario, tengo que agradecerte la confianza que has tenido para quedarte y descansar un poco ese espíritu atormentado que arrastras...

-Es cierto Padre, contestó atónito Fidel ante las expresiones del sacerdote. La verdad es que me hacía falta dormir, olvidarme de mi problema por unas horas, para encararlo, para enfrentarlo como se debe...

-Podemos platicar?

-Bueno... después de dormir en su casa... creo que se lo debo Padre...

-Bien... empecemos por el principio... yo soy el Padre Angel, dijo amablemente extendiendo la mano al joven.

-Y yo Fidel, contestó tomando la mano del sacerdote entre las suyas en fuerte y sincero apretón.

-Pues qué te parece si platicamos mientras nos desayunamos una salsita de huevo de rechupete que hace Doña Pachi...

-Pues desayunemos Padre Angel, pero eso sí... yo invito exclamó alargando un billete de cien pesos al cura.

-Mejor lo dejas para solucionar tu problemita, pues nosotros, gracias a Dios, ya tenemos todo pagado... señaló el sacerdote con cierta sorna amistosa mientras le tomaba del brazo y se encaminaban al comedor del curato.

Hechas las presentaciones con Doña Pachi y sentados a la mesa, el religioso urgió al joven.

-Con que... a ver... cuenta... cuenta...

 

Ricardo tocó el timbre de la casa de Niza casi con desesperación. Le abrió su yerno e inmediatamente le franqueó el paso al interior.

-Qué pasó Fidel?

-No sé... le juro que no sé! Al parecer todo iba bien. Fidelito ha mantenido sus buenas califi-caciones en la facultad; está muy entusiasmado con una muchacha que conoció hace como un año y se hicieron novios hace algunos meses; este año fue de nueva cuenta Campeón Goleador en la liga... en fin... nada anunciaba esta desaparición....

-Papá! exclamó Niza saliendo a darle la bienvenida.

Al abrazarle, soltó el llanto largamente retenido.

-Qué voy a hacer si mi hijo no aparece? cuestiono en un lamento.

-Un momento! frenó el escritor a su hija. No tienes razones para pensar que no va a aparecer... Fidel me dice que no hay al menos algunas que se hubieses hecho notorias...

-Pues por eso, papá, por eso... a lo mejor me lo secuestraron o se peleó por ahí y me lo mataron...

-Déjame recordarte que lo primero que vuela son las malas noticias. Si le hubiese pasado algo malo, ya lo sabríamos... tenlo por seguro. Por lo pronto, hay que tener fe y, sobre todo, analizar lo que pudo haber sucedido.

-Es que ni siquiera sus amigos tienen noticias de él, dijo Azuani acercándose a saludar a su abuelo.

-Ya veremos, ya veremos, por principio de cuentas, vamo a calmarnos todos y razonemos...

 

Gema estaba preocupada. Jamás Fidel le había dejado de llamar o de verla tres días seguidos. Estaba desesperada. Su pensamiento volaba y se resistía a creer que el muchacho había emprendido la retirada al conocer de su embarazo.

No quería llamar a su casa. Qué preguntaría? Oiga, no sabe si Fidel me abandonó porque voy a ser madre soltera?

Sabía que debía confiar en Dios y esperar, pero se estaba desesperando. Ni siquiera a la facultad había asistido el muchacho. Ella varias veces se hizo la aparecida por ahí. Sus amigos sólo le decían que no lo habían visto.

Su amor había brotado de repente. Fue un chispazo, amor a primera vista como se dice. Lo vio cruzando la explanada de la Ciudad Universitaria. Venía directo hacia ella. Por instinto, Gema detuvo el paso y se le quedó mirando. Cuando él levantó la vista y se sintió observado, sonrió. Enderezó el cuerpo y, con un ademán, le dijo adiós a la jovencita. Ella sintió estremecerse de pies a cabeza. Jamás pensó siquiera que alguie le hiciera experimentar eso. Al día siguiente, cuando salió de clase, él estaba recargado en la jardinera, como esperándola. La muchacha quiso pasar de largo, pero el la detuvo amablemente.

-Me gustas, dijo con arrojo.

-Tú también contestó ella con timidez.

-Pues entonces... vamos a almorzar, yo invito, al fin que ya somos novios.

Gema soltó la carcajada. Vaya forma de empezar una relación! Pero le gustó, le gustó el desparpajo del muchacho... y se hicieron novios.

 

-Pues dicen que los problemas personales se ven más grandes de lo que parecen, dijo Fidel iniciando la narración al Padre Angel. Mi abuelo Ricardo tiene una caracerística muy especial: para él no hay problema grande, nosotros los hacemos grandes.

-Y tiene mucha razón, señaló el sacerdote.

-Mire padre, la verdad es que mi problema es el problema de millones de jóvenes a lo largo de la historia de la sociedad moderna -y quizá de siempre- pero que no deja de ser un verdadero dolor de cabeza para los actores. Mi novia está embarazada...

-Ahhhh.... vamos... dijo el sacerdote dando un manotazo sobre la mesa... y ese es todo tu proble-ma? Caray... yo pensé que tendrías cáncer o alguna enfermedad incurable... pero eso... eso mi querido hijo, no es problema... por el contrario, es una bendición de Dios...

-Pues será, pero en este momento, y por la familia de ella que no por la mía, es una tremenda desgracia, un escándalo social...

-Nooo Fidel... nooo... ya no son esos tiempos...

-Pero sus papás sí son de esos tiempos...

-Y ella... qué dice?

-No, ella está feliz... pero también temerosa de lo que vaya a pasar con su familia...

-En verdad crees que sean tan duros?

-Francamente, sí padre...

-Pues vamos a ver... vamos a ver...

 

Ricardo hizo algunas llamadas. Su paso por algunas posiciones relevantes le dejaron muchas relaciones, amistades que había sabido cuidar al paso del tiempo pero... nada! Nadie sabía nada!

La situación era muy rara. No había motivos para desaparcer. No estaba herido en algún hospital, ni había sido detenido por corporación alguna ni municipal, ni estatal o federal. Sólo podía ser una cosa: un problema personal.

-Sabes si tuvo problemas con algún muchacho en la universidad? O con la novia? cuestionó a Niza.

-No papá, al parecer no ha tenido problemas con nadie.

-Y ya hablaron con la muchachita?

-Le dejamos un recado desde ayer, pero no nos ha llamado... agregó Fidel.

-Vive aquí cerca, dijo Azuani, quieres que te lleve a verla?

-Sería bueno...

 

Gema se había refugiado en su recámara. Se dijo medio enferma para que sus padres no la obligaran a asistir a clases ese día. Ella también esperaba una llamada... una simple llamada...

Ahí, recostada en la cama, recordaba el momento en que se entregó a Fidel. No fue una pasión voluptuosa. No fue un momento carnal. Fue amor, el simple pero adorable momento de la entrega por amor, tierna, callada, suave... inolvidable.

Se secó con rabia las lágrimas que asomaron a sus ojos, y se dio la vuelta sobre la misma cama. Su imagen se reflejó en el espejo. Se quedó mirando a los ojos. Era una mirada de reto, de afrenta.

-Gema... te busca Azuani...

La muchacha dio un salto. Algo sabrán de Fidel o vienen a disculparlo. Dios mío, pensó ella, que no vayan a decir nada frente a mi mamá!

Bajó corriendo las amplias escaleras de marmol. Vivían en una casona de principios de siglo, de esas que ya casi no hay. De ahí el marmol, aunque la riqueza se había ido ya hace tiempo.

Al ver a Azuani acompañada de un señor, el corazón le dio un vuelco y se detuvo casi en seco.

-Hola Gema, saludó Azuani ignorando la actitud de la muchacha. Mira, te presento a mi abuelo Ricardo, el de Acapulco...

Gema sintió que el alma le regresaba al cuerpo. De seguro que, entonces, no sabían nada. Pero... y Fidel?

-Mucho gusto Señor... dijo extendiéndole la mano para saludarle.

-Gracias niña, el gusto es mío, contestó el escritor. Tú perdonarás la molestia, pero Fidel tiene tres días que no se aparece por su casa y...

Gema pegó un grito interrumpiendo a Ricardo.

-Nooo... entonccs algo tiene que haberle pasado... le habrán herido o saltado... clamó lastimeramente.

-No niña, no... ya le buscamos en hospitales, agencias del ministerio público y hasta en el forense, así es que no está ni muerto ni lastimado. Estamos aquí porque necesitamos saber si pasó algo entre Ustedes... algo que le haya llevado a alejarse así de su familia...

Gema volteó buscando a su madre. La señora se había retirado respetando la privacidad de su hija, lo que le dio confianza a la muchacha.

-Sí... sí pasó algo entre nosotros, pero no quiero que lo sepan mis padres.... aún no... podemos platicarlo en otra parte?

-Claro, claro, dijo esperanzado el escritor, aunque temiendo la respuesta.

-Ahorita vengo mamá... voy con Azuani y con su abuelo al café...

-Pues no te sentías mal...?

-Sí, pero no te preocupes... ya me siento mejor... vengo...

 

Gema se quedó unos segundos en silencio. Ricardo y Asuani respetaron su silencio. De pronto, la muchacha le dijo al escritor:

-Lo siento, en verdad lo siento mucho... no sé si Fidel se haya ido por no cumplir con sus compromisos, pero siento que yo soy la responsable...

-Qué sucedió entre ustedes, preguntó Azuani.

Su abuelo le tocó el antebrazo en petición de silencio al tiempo que preguntaba:

-Estás embarazada... verdad?

La chiquilla no aguantó más y soltó el llanto. Un llanto tan amargo que rasgaba el alma de quien le escuchaba. Asintió con la cabeza lentamente, al triempo que se abrazaba de Ricardo.

-No te preocupes... no hiciste nada malo, por el contrario, es una bendición de Dios. Tienes que ser fuerte. Ya lo sabe Fidel?

-Sí... pero desde el día que lo supo no ha vuelto.

-Desde hace tres días...

-Sí...

Ricardo hizo una seña a Azuani, que se acercó a consolar a la muchacha.

-No llores, te aseguro que Fidel no huyó. Debe estar descontrolado y por eso se desapareció, pero que bueno que lo dices porque al menos ya tenemos la esperanza de que está bien...

-Quiero verlo... saber qué piensa... si se enteran mis padres antes de tiempo....

-No te preocupes, insitió Ricardo. Por lo pronto, cuentas con el respaldo de toda nuestra familia. Ya veremos cómo se lo decimos a tus padres.

 

Mire Padre Angel, yo vengo de una familia de la clase media. Mi padre es un hombre bueno que cuida de su familia con entereza y atención. Mi madre, pequeña pero fuerte, ha sido el pilar de la casa. Ella es la enérgica, la fuerte, la que saca adelante a todos. No demerito en forma alguna a mi padre, pero ella es especial. Juntos hacen una pareja ideal.

Nos formaron -a mi hermana y a mí- dentro de los cánones de la decencia propia de las familias angelopolitanas, sin ser mochos, pero creyendo en Dios, aunque yo he perdido un poco la fe.

En lo personal, me ha gustado el estudio tanto como el deporte. Estudié en un colegio de monjas, pero los fines de semana eran para el futbol. Tantito yo, y tantito más mi padre que siempre soñó conque alcanzara yo las ligas mayores. Y no le falta mucha razón, modestia aparte, pues he sido Campeón Goleador desde que tenía los ocho años.

Entré a la Universidad hace año y medio. Estudio la carrera de Ciencias de la Comunicación porque quiero seguir los pasos de mi abuelo. El ha dedicado 50 años a las letras. Empezó como periodista, y desde hace algunos años se ha dedicado de lleno a escribir.

El año pasado conocí a Gema, una muchacha realmente hermosa. Creo que el amor nos flechó desde el primer momento porque, desde que nos cruzamos, no nos volvimos a separar. El mismo día que la conocí me le declaré y su respuesta fue un sí entusiasta y conmovedor.

Como es lógico, empezamos a hacer planes. Que si esperaríamos a que nos recibiéramos, que si no, que si nos casábamos antes de terminar y le seguíamos estudiando... en fin... como todos los jóvenes, veíamos la vida color de rosa.

El cariño crecía día con día. Las afinidades eran más que las diferencias y eso robustecía nuestra relación. Nuestros padres eran, quizá, un pequeño dolor de cabeza. Bueno, en realidad no tanto los míos, porque tanto mi padre como mi madre ven con buenos ojos la relación, pero los de ella no. Ella viene de una familia de esas que les llaman de abolengo. Es una de las familias más añejas de Puebla y, por ende, no sólo chapadas a la antigua sino mojigatas hasta la pared de enfrente.

La cara que pusieron el día que me llevó a presentar fue más que explícita. Me veían como un bicho raro y fruncían las narices como si oliera mal.

Gema nada más se reía. Me dijo que no me preocupara, que lo que pensara su familia no cambiaría en nada nuestra relación, que ella estaba segura de su cariño y que yo debiera estarlo con la misma firmeza. Eso me dio ánimos... y seguimos con nuestros planes.

Con el tiempo y la confianza, las caricias fueron subiendo de tono y, ya se podrá imaginar Padre Angel. La intimidad llegó a nosotros y no con lujuria, no, sino con una ternura infinita. No era vil sexo, era amor, amor sincero y puro.

-Porqué dices era...?

-Pues porque ya se llevó el demonio todo Padre...

-Heyyyy!!! Ese señor no tiene cabida en esta casa! exclamó jocoso el sacerdote. Pero sigue... sigue...

-Pues resulta que hace un mes Gema me dijo que se estaba sintiéndo rara, que tenía los clásicos mareos y ascos, y que temía estar embarazada. Para serle sincero, a mí me dio un gusto tremendo. Ya me imginaba de papá, cargando a un chilpayate llorón... me dio gusto, deveras... pero ella se mostraba asustada. Total, que para salir de la duda fue a que le hicieran unos exámenes y, lo que usted está pensando... salieron positivos! Gema va a ser madre!... pero mi problema no es el embarazo de Gema, sino la respuesta de sus padres...

-Mira, por muy chapados a la antigua que estén, deben comprender y aceptar que son otros tiempos...

-Hágaselos entender!

-Y qué dijeron?

-No... si todavía no lo saben!

-Entonces... ?

-Pues, la verdad es que tengo miedo, mucho miedo de lo que le puedan hacer... desde hace tres días ando como perdido... ni siquiera a mi casa he ido...

-No has ido a tu casa? Por Dios muchacho, imagina cómo deben estar tus padres de preocupados! Mira, ahí está el teléfono. Llámales y diles al menos que estás bien... ya luego veremos lo demás...

Fidel tomó el auricular con cierto temor. En eso no había pensado: en la preocupación que pudo causarles a sus padres, pero al abrir los ojos a ese pequeño detalle, colgó antes de marcar y decidió despedirse del sacerdote y salir de inmediato para su casa.

Mira, le dijo el Padre Angel a Fidel ante de irse. Vamos haciendo una apuesta. Dices que no crees en Dios tanto como debieras, verdad?

-Bueno... en realidad... me he preguntado...

-Vamos a pedirle a Jesús que te solucione tu problema. Si sucede más o menos como yo te digo... te vienes tres meses a charlas evangélicas; si no sucede... ya veremos...

-Já... de verdad tan seguro está de la respuesta de Dios?

-Yo sí... no sé tú, pero yo sí...

-Bueno... nada pierdo...

-Ven, arrollídate aquí, frente a Cristo, frente a ese Cristo que tocaste con temor al llegar. Ahora, cierra los ojos y sigue mi ruego...

Señor, sé que no estoy muy cerca de tí, pero eres bondadoso y sensible ante el dolor de nosotros los hijos de tu amor. Yo te ruego que tornes pequeño mi problema, porque reconozco que más que un problema es una bendición, y te agradezco por la nueva vida que viene en camino. Abre los corazones de mis suegros para que acepten la vida que llega como fruto del amor entre su hija y yo, y a mí dame fuerza y entereza para afrontar la situación como se debe.

Por Jesucristo tu hijo que vive y reina en la unidad del Espíritu Santo... bendito seas.

Nada turbó el silencio del momento, a la voz del Padre Angel se sumaba en apenas un murmullo la de Fidel que, con los ojos cerrados, rogaba ciertamente con fervor por la solución del problema.

-Ahora, si los recuerdas, reza tres padres nuestros y tres avesmarías a solas. Cuando te sientas bien, alcánzame en la sacristía... dijo solemne el sacerdote.

-Sí padre, así lo haré...

 

Fidel abrió la puerta de su casa causando el asombro de Niza.

-Dónde demonios has andado muchacho del demonio?

-Con su enemigo madre, con su enemigo...

-Cómo que con su enemigo?

-Con Dios pues... estuve metido en una iglesia, con un sacerdote...

-Por qué?

-Por las broncas que traigo dentro mamá, por eso...!

-Pero... qué broncas puedes tener hijo mío?

-En realidad... ninguna.

-Carámbas! Quién te entiende?

-Es que hasta ayer la veía como una gran bronca... pero ahora...

Y Fidel le contó todo, sin cortapisa, a su madre, incluyendo lo sucedido en la Iglesia de Santo Domingo con el Padre Angel.

-Pues un ángel debe ser ese señor cura que te ha cambiado tanto...

-No es precisamente que me haya cambiado, sino que me hizo ver las cosas de otra manera...

El sonido de las llaves en la puerta de entrada hizo que Niza se levantara para recibir a su padre y a su hija. Jamás se imaginó que llegarían acompañados de Gema.

-Niña hermosa... y tú... que haces aquí? Ya... como si no lo supiera... pero... ustedes ya sabían que Fidel había llegado?

-Ya llegó?! dijo más que preguntar alegre como cascabel la muchacha.

-Ya mi vida, ya estoy aquí y dispuesto a enfrentarme a tus padres y al demonio mismo si es necesario...

-Entonces tú no...

-Huir? No mi vida... no... reconozco que estuve todo descontrolado, pero huir... dejarte... jamás! Te lo juro por la vida de ese pequeñin que llevas dentro.

Ricardo abrazó a su nieta en tanto Fidel padre lo hacía con Niza.

-Bueno... a tomar las cosas con calma, y a pensar cómo se lo vamos a decir a tus padres niña...

 

Amador era un industrial-político-funcionario heredero de una pequeña fortuna entre la que sus padres le legaron la casona en la que vivía con Amalia, su esposa,  y sus tres hijos: Amadito, Heladio y Gema.

La herencia y sus puestos políticos dentro del gobierno le había convertido en un hombre lleno de soberbia que veía para abajo a los demás. Se sentía más importante que el mismísimo Presidente.

Amalia, por el contrario, se avergonzaba de la prepotencia de su marido y trataba de mediar en todo lo que podía. Había criado a sus tres hijos lo mejor que pudo dado que provenía de una familia clasemediera decente pero con apreturas económicas. Gema había heredado la decencia de la madre, pero los hijos… los hijos eran una copia de su padre!

Amadito ya se había metido en problemas con la justicia debido precisamente a su mal talante, pero había salido bien librado gracias a las influencias de su padre. Por desgracia, ver la facilidad con que se libraba de sus infracciones le impulsaba a ser peor que antes. La impunidad pues, era su escudo.

Heladio, por el contrario, sin dejar la prepotencia a un lado, era más mesurado. Había terminado la carrera de derecho en una de las mejores universidades de la Angelópolis y se había integrado como asesor de un diputado federal amigo de su padre.

Gema era la más chica. Aún en la universidad, era objeto del acendrado celo del padre y los hermanos. Cuando presentó a Fidelito con ellos, casi la matan. De muerto de hambre y poca cosa no bajaron al muchacho al discutir con ella sobre su relación.

-Tú crees que para eso me mato trabajando? Exclamó airado Amador.

-Ay papá… tú ni trabajas… hasta ahorita no conozco a un político que trabaje… todos viven del presupuesto, como tú! Repuso irreverente la muchacha.

-Oye! A mi padre no le hablas de esa manera! Intervino Amadito.

-Tú cállate que no tienes ninguna autoridad moral para regañarme… delincuente de quinta!

-Por favor, intervino Amalia, dejen de pelear por eso. Si Gema escogió a ese muchacho, por algo será...

-Pues sí, quién mejor quieres que le haga caso a esa poca cosa! Exclamó Heladio.

La bofetada no se hizo esperar. Gema cruzó el rostro de su hermano con todas sus fuerzas…

-A mí me respetas… no porque seas mi hermano me vas a insultar…

Bajo la misma tónica siguió la discusión por cerca de una hora, hasta que la muchacha dio media vuelta y dejó al padre y los hermanos gritando como locos.

 

Gema puso al tanto a la familia de Fidelito de lo que les esperaba con la suya.

-Vaya, pues parece que si va a estar difícil la cosa, dijo Ricardo, pero no es imposible. Y… por el lado religioso? Cómo son?

-Huyyy… exclamó la muchacha. Se persignan por todo, van a misa los domingos sin falta, pero cuando se trata de dar la limosna se hacen los desentendidos. No practican lo que dicen ni las normas divinas… son católicos de membrete…

-Ya… ya párale, ya entendí… y a qué iglesia van?

-Ahhh no… ellos no van a ninguna iglesia, ellos van a Catedral, para que los vean, sino qué chiste?

-Y tienen un confesor?

-No… que yo sepa no… aunque mi papá va mucho, y solo, a Santo Domingo…

-Aja… de ahí merito vengo, dijo interrumpiendo Fidelito…

-Y sabes a qué va a Santo Domingo?

-No… como siempre va solo…

-Yo conozco al sacerdote de Santo Domingo, dijo ufano Fidelito… es el Padre Ángel…

-Lo conoces? Cuestionó Niza.

-Sí… es el sacerdote del que te hablaba cuando llegué…

-Y que tal te llevas con él, preguntó Ricardo.

-Uña y carne… dijo Fidelito presumiendo.

-Pues quiero platicar con él… vamos mañana temprano, sentenció el escritor.

 

Amador, esa tarde, llegó casi misterioso a Santo Domingo, como escondiéndose de algo o de alguien. A la entrada del atrio, volteó para un lado y para el otro, y caminó de prisa hacia el viejo portón de la iglesia.

Tras persignarse rápidamente, se encaminó al confesionario, se hincó y preguntó calladamente:

-Está Usted ahí, Padre?

-Como siempre a esta hora, hijo… Ave María Purísima…

-Sin pecado concebida, padre…

-Cuéntame tus pecados…

La voz de Amador se hizo casi inaudible y empezó a hablar largamente, casi media hora tuvo al sacerdote escuchando atentamente. Luego, tras un breve silencio, se levantó y salió caminando erguido por el pasillo central de la iglesia. Era Amador de nuevo, le habían perdonado todas sus culpas!

 

Por la mañana, muy temprano, Ricardo, acompañado de Norma, su esposa, y Fidelito, se encaminaron a la Iglesia de Santo Domingo.

Pasaron por los portales y el escritor no perdonó una buena dosis de tamales con champurrado.

-Para tomar fuerza, dijo a manera de justificación.

Barriga llena, corazón contento, devoraron las dos calles que les separaban de la tradicional iglesia y entraron respetuosamente. Ricardo tenía más de treinta obras publicadas y la mayor parte eran referentes a la religión católica. Escribía incluso, desde varios años atrás, la Historia de la Iglesia. Era un católico ferviente, igual que Norma, pero no fanático. Gustaba de la verdad y no pocas veces se había enfrentado a miembros del clero y fanáticos por sus escritos. Era, sin embargo, amigo de varios sacerdotes y hasta de un arzobispo.

Fidelito se dirigió hacia la sacristía y, al toparse con un acólito, le preguntó por el Padre Ángel.

-Fue a comprar algo, pero no tarda…

-Gracias, le dijo Ricardo. Vamos a sentarnos a reflexionar un rato mientras viene, agregó.

El escritor se dirigió a la Capilla del Rosario, esa hermosísima capilla que tantos recuerdos le traía.

Se sentó en la primera banca y se quedó quieto, pensando. Ni Norma ni Fidelito interrumpieron sus pensamientos.

A los pocos minutos, el acólito entró a la capilla y, dirigiéndose a Fidelito le dijo que el Padre Ángel acababa de llegar.

Ricardo se persignó y, levantándose, se encaminó con ellos a la sacristía. El Padre Ángel les ganó el paso y a media iglesia les dio encuentro saludando con gusto.

-Hola chamaco… cómo te fue con los suegros?

-Calle Padre, que ni siquiera les hemos visto…

-Entonces… a qué debo el honor de tu visita?

-Pues, quiero presentarle a mi abuelo Ricardo, el escritor del que le hablé. Casualmente está en Puebla y quiso conocerle…

-Hombre… mucho gusto… qué dice Acapulco?

-Hermoso como puerto, pasable como ciudad, horrible como vivienda…

-Sí… veo las noticias de por allá en el face… tengo un par de amigos en el puerto y espanta lo que sucede…

-Padre, mi esposa Norma…

-Mucho gusto señora…

-Padre… en dónde podemos hablar con cierta intimidad?

-Ahhh… en la sacristía, pasen, pasen… Fidelito ya se sabe el camino bien… dijo amable.

Ya instalados en las oficinas parroquiales, y saboreando un rico chocolatito de Doña Pachi, el Padre Ángel urgió:

-Conque… a que debo el honor?

-Mire Padre, el propio Fidelito me informó que Usted ya está enterado del problemita en que se ha metido y, comentando con Gema, me dijo que su papá viene mucho a esta misma iglesia, así es que pensé en la posibilidad de que Usted lo conociera y me hablara un poco sobre él, además de lo que la propia Gema me ha contado.

-Ah caray! Y quién es ese señor?

-Se llama Amador, y es un funcionario del gobierno federal que se siente la divina envuelta en huevo, espetó de ibnmediato Fidelito.

-Bueno… en realidad y así, a simple vista, no recuerdo a nadie así, al menos entre los que vienen a la iglesia a platicar o comentar sus problemas. Y si viene a confesarse, generalmente no les vemos el rostro por las mismas condiciones del confesionario, además de que, si fuese alguien de los que viene a confesarse, por el propio secreto de confesión no podría revelarles nada de él…

-No Padre, no se trata de eso, sino de saber un poco más para poder saber cómo hablar con él sobre el problemita…

-Cómo es él?

-Bueno… es grande, como de 1.75, grueso sin llegar a la gordura, siempre trajeado y habla como si fuera el dueño del mundo…

-Hummm… creo que ya me imagino quién es… pero es precisamente de los que viene sólo a confesarse… así es que no puedo decirles nada sobre él…

-Y algún consejo Padre? Digo, para el encuentro con los padres de Gema.

-Oiga Don Ricardo… que de casualidad no es Usted amigo del Padre Juan Carlos Gómez Divas de Acapulco?

-Sí Padre…

-Ahhh, ya decía… su cara se me hacía conocida, no le digo que me meto al Facebook a charlar con los amigos, y ahí veo a los amigos de mis amigos… y le voy a decir que Usted no necesita ningún consejo para ese encuentro…

-Gracias Padre por sus conceptos, pero todos necesitamos consejos siempre…

-Una sola cosa les puedo decir: A la única persona que respetan los creídos y gritones… es a alguien que grita y se cree más que ellos… Usted me entiende…

-Sí, gracias Padre Ángel… que Dios le cuide…

 

Ricardo salió muy pensativo de la iglesia. De pronto, sin decir nada, encaminó los pasos hacia el Ayuntamiento, ubicado a tres calles de ahí. Al pasar por el café que estaba a la salida del pasaje, les dijo a Norma y Fidelito que se sentaran a tomar un refresco mientras el regresaba, no se tardaría.

Dentro del Ayuntamiento, se dirigió a la Oficina de Prensa y preguntó por el Jefe.

-Jefe? Le dijo el aludido mientras tecleaba burdamente una laptop. Dirá Usted el Señor Director…

-Bueno, sí… a él le busco. Dígale que Ricardo Álvarez Ayala quiere hablar con él.

Cuando el aprendiz de reportero salió la de “Dirección” era otro!

-Pase por favor Don Ricardo, dijo casi con reverencia.

El “Director” le esperaba dignamente de pie tras su escritorio, desde donde extendió la mano al visitante.

-Don Ricardo, es un honor conocerle. En qué le podemos servir?

El escritor, viendo de reojo una placa dorada colocada sobre el escritorio que lucía el nombre y cargo del visitado, dijo:

-Gracias Licenciado González, estoy haciendo un ensayo sobre algunos funcionarios locales y quisiera su opinión sobre algunos de ellos. Principalmente de Don Amador… caray, la edad no pasa en balde… Don Amador…

-Haces… dijo completando la frase el Sr. González… Don Amador Haces…

-El que es industrial, político y funcionario?

-Ese mismo… dijo el jefe de prensa que, arellanándose en su sillón, comenzó a dar la información pedida… un hombre muy especial, de la vieja guardia, se desempeña como Inspector de Seguridad Industrial de la Secretaría de Economía y trae atosigados a todos los industriales del Estado. Dicen que es muy estricto, pero la verdad es que les busca la vuelta para poder extorsionarlos…

Caramba! Por lo que se ve Don Amador no le cae ni tantito bien a este amigo… pensó para sí Ricardo.

-…su altanería le ha traído muchas enemistades que no ven con buenos ojos la forma en que se comporta… y se lo digo así, sinceramente, porque es Usted don Ricardo, porque con otro me callaría la boca y hablaría de él lindezas… pero tratándose de Usted, la verdad aunque duela… cuentan que heredó una buena suma y la casona en la que vive, pero es un derrochador, le gusta la buena vida y presume de ello, de tal suerte que ni con lo de los chantajes le alcanza. Vive al día. Tiene diez años que no cambia carro y, según cuentan, tiene hasta casa chica…

-Casa chica? Quieres decir –dijo tuteando a propósito al interlocutor– que tiene otra familia? O sólo tiene amante?

-No… te digo que dicen que tiene otra familia, contestó el jefe de prensa tutueando también a Ricardo.

-Caray, pues es una fichita tu amigo…

-Amigo! Ja… ya quisiera yo verlo defenestrado al maldito. Mi hermano tiene una fabriquita de espejos para la Volks y tú crees que le cayó y que porque no tenía drenaje el estacionamiento le sacó 150 mil pesos… yo no sé cómo, sabiéndolo todos, el gobernador lo sigue aceptando… él bien puede pedir su remoción del Estado…

-Bueno… pues no sabes cómo te agradezco la información… y por cierto, déjame ver qué puedo hacer por tu hermano…

-Ay Don Ricardo –volvió el Don– se lo voy a agradecer mucho… y cuando quiera, ya sabe, aquí tienes un amigo… y volvió el tuteo.

 

Norma, plena conocedora de Ricardo tras 30 años de feliz matrimonio, le dijo en cuanto le vio:

-Y esa carita? Algo encontraste, verdad?

-Calla mujer, calla… que Dios te pone todo en el camino…

 

-Y dices que se fue con la hermana del mono ese y su abuelo?

-Sí… dijo que iban a tomar un café…

-Hummm… algo no me huele bien…

-Esperemos a que regrese para saber…

En eso estaban cuando se escuchó la puerta de la entrada. Era Gema, pero venía acompañada de Fidelito, sus padres y su abuelo.

-Mamá… papá… tenemos visitas…

-Buenas tardes, dijo seco Amador.

-Pasen por favor, invitó un poco más solícita Amalia.

-Gracias, contestó Ricardo acomodándose en uno de los sillones de la sala, siguiendo los demás su ejemplo.

-Don Amador, inició el escritor, sabemos que para cada cosa hay un lugar y para cada asunto un momento, pero hay asuntos que no pueden esperar ese momento oportuno. Soy el abuelo de Fidel, ellos son sus padres, Fidel y Niza, agregó a guisa de presentación, y su hermana Azuani. El motivo de nuestra visita es tocar un punto delicado pero que nosotros consideramos una bendición de Dios… por cierto… Ustedes son católicos?

La pregunta tomó por sorpresa a los padres de Gema que, repuestos, contestaron:

-Bueno… somos creyentes… pero no comulgamos con muchas triquiñuelas del clero para explotar a sus fieles… exclamó rotundo Amador.

-Pero creemos en Dios… aclaró Amalia.

-Y… a qué debemos su visita? Cuestionó inquisitivo Amador.

-Creo que está enterado del noviazgo que sostienen su hija y mi nieto…

-Ajá… aunque le diré francamente que no me gusta su relación…

-Porqué? Preguntó directamente Ricardo.

-Pues porque el chamaco es un muerto de hambre sin oficio ni beneficio!!! Espetó el aprendiz de político.

-Un momento, reclamó Fidel padre, a mi hijo no lo denigra de esa manera…

-Calma señores, calma… ordenó más que pedir Ricardo. Creo que hizo bien Don Amador al decir eso. Nada hay más sano que decir lo que se piensa y se siente… porque da lugar a aclarar los malos entendidos! A ver… por principio de cuentas, un muerto de hambre sin oficio ni beneficio es un tipo que no tiene ni los medios ni las intenciones de hacer algo en la vida… muchas veces esos muertos de hambre sin oficio ni beneficio son quienes dan el ejemplo de vida, como Einstein o Churchill. En el caso de Fidel su calificativo no sólo es ofensivo sino llevado por unos celos paternales enfermizos. De seguro para Usted no hay pareja digna de su hija… sin embargo, déjeme decirle que la vida se encarga de poner a cada quien en su lugar y en su momento. Puedo asegurarle que ningún príncipe azul, con excepción de Fidelito, aceptarían a una princesa embarazada, lo que de antemano le digo que tampoco es un escándalo social, sino una bendición de Dios…

Amador y Amalia se habían quedado helados ante la disfrazada declaración de Ricardo anunciándoles el embarazo de Gema.

Y eso de ni oficio ni beneficio está por verse pues tanto él como su hija están en el camino de ser unos profesionistas. Sin oficio ni beneficio son aquellos que se dedican a extorsionar a los que realmente trabajan, o que se dan golpes de pecho pero hasta casa chica tienen… Dios quiera que Usted no sea uno de esos, dijo malicioso el periodista.

Amador entendió perfectamente que Ricardo estaba más que enterado de sus perversiones políticas y hasta de su otra familia y comprendió que no ve-nía dispuesto a denunciarlo pero sí a ponerlo en su lugar.

-No venimos a pedir permiso de nada… sino a avisarles que apadrinaremos la boda de este par de jóvenes que contemplan un futuro promisorio, pues ambos son destacados estudiantes –a quienes vale la pena apoyar– y seguramente serán magníficos profesionistas… si Ustedes quieren asistir a la boda, están invitados… si no… lastimarán profundamente los sentimientos de Gema, su hija, que en este momento requiere de todo el apoyo moral de sus padres… espero –dijo rápidamente para no dar tiempo a que Amador respondiera– que la ecuanimidad que supongo guardan ustedes en su vida social se refleje en su vida familiar… buenas noches! dijo levantándose seguido por los demás, incluida Gema.

-Un momento! Exclamó Amador. Usted viene a mi casa a decirnos que su nieto embarazó a mi hija y todavía tiene el descaro de decirnos qué hacer?

-A gente como ustedes, cuyos antecedentes me ha dado la propia pareja, a los que no les importan los demás sino el qué dirán y temen el escándalo social, no queda más que ignorarlos… claro que dejamos la puerta abierta para que, si quieren sumarse a la feliz vida que espera a Gema y Fidel, ser parte de esa felicidad… pues se sumen y gocen de su nieto –o nieta– como pensamos hacerlo nosotros…y acentuando la voz, agregó… no hay que pensar mucho para preservar esa vida feliz que se ostenta… y lo mejor es que es a cambio de la felicidad de su hija...

-Amador… tiene razón… dijo suavemente Amalia.

-Pues si esa es la decisión de Gema… allá ella!, aunque ya con voz menos autoritaria.

-Oye no!! dijo Amalia decidida y levantando la voz. Ningún allá ella, que al menos madre si tiene!

Gema, enternecida, abrazó a su madre.

-Es una lástima que usted, con esa “altura social” que dicen tiene, piense como  un vulgar gorila retrógrada, dijo moviendo la cabeza Ricardo. Pero repito, las puertas de la felicidad están abiertas… usted sabe si entra o se va al diablo!!! Y dio media vuelta para salir de inmediato, seguido por los demás.

 

-Creo que la reunión no tuvo los resultados que queríamos, dijo triste Fidelito ya afuera.

-No hijo, dijo sonriendo el escritor. Nos llevamos el 50% del triunfo. No ves que nos ganamos a la mamá de Gema?

-Sí, dijo entusiasmada la muchacha. Lástima que mi papá piense así…

-Mira hija… te voy a decir algo… yo fui igual o peor que él… el poder y el dinero marean… pero es sólo una coraza, un disfraz que usamos para protegernos del “enemigo” porque en ese momento todos son nuestros enemigos, todos son ignorantes, lo denigrante de la sociedad ficticia en la que vivimos en esa etapa… ya recapacitará… el amor a ti, como su hija, y el que deberá brotar ante la presencia del nieto –o nieta– le harán recapacitar…

-Gracias papá… dijo simplemente Niza.

 

En casa de Gema, el infierno se había desatado. Ambos padres gritaban y manoteaban para defender sus argumentos.

-Eres una alcahueta!!! Le gritaba Amador a Amalia recriminando su defensa de la hija.

-Y tú un necio impertinente que sólo ve su beneficio y su familia vale madres…

-No me hables de esa manera…!!!

-Yo te hablo como se me pega la gana… te he tenido respeto y me he sometido a ti y a tus caprichos sociales pero ya estuvo bien… si la felicidad de mi hija está de por medio… hasta tú te vas al diablo!

-Bonito chiste… esa disoluta te ha llevado hasta a faltarme al respeto…

-Y tú cuándo me respetaste?!! Siempre he sido para ti un cero a la izquierda… Amador dice…Amador ordena… Amador escoge… Amador para todo… y nosotros? Cuándo carajo nos tomaste en cuenta para algo?

Amalia se había rebelado rotundamente ante la actitud de Amador que, dicho sea de paso, no cejaba en su actitud machista y anquilosada.. Aunque le temblaba el alma por dentro al pensar qué tanto sa-bía Ricardo sobre él.

-Ya hablaré a solas con ese escritorcillo de banqueta… y me va a oír… dijo como para justificar una próxima reunión con él.

 

El teléfono de la casa de Niza repiqueteaba cada dos minutos. No contestes le dijo Ricardo al ser informado de que era el número del papá de Gema.

Después de insistir toda la mañana, Ricardo dio instrucciones de que contestara, pero le dijera que el escritor había salido a la capital y regresaría dos días después.

 

El Padre Ángel escuchó una voz conocida que preguntaba por él. Al salir, vio que se trataba de uno de quienes iban a confesarse, pero no le conocía físicamente.

-Dime hijo… en qué puedo servirte…

-Ay Padre Ángel… que no me reconoce? Soy Amador… vengo a confesarme cada quince días…

-Ahhh… perdona, pero es que jamás había visto tu rostro…

-Quiero hablar con Usted, pero no vengo a confesarme, vengo a pedirle consejo… es sobre mi hija…

-Pasa… pasa… cómo se llama tu hija, preguntó el sacerdote más para confirmar que para enterarse pues ya suponía de quién se trataba.

-Gema… y está embarazada…

-Bendito sea Dios!, exclamó el sacerdote de inmediato.

-Cómo bendito sea Dios Padre?... Es una afrenta, un escándalo… se imagina lo que se va a decir en sociedad?

-Una afrenta? Un escándalo?... Para quién hijo mío? Para ti, o para ella?

-Para la familia…

-Cual familia Amador, cual familia? La que tienes en tu casa grande… o la de la casa chica?

-Padre… eso fue en secreto de confesión…

-Sí… y quien nos está escuchando?

-Oiga… vine por un consejo, no a que me regañe!

-Entonces lo que quieres que te diga es lo que tú quieres oír… eso no es un consejo… Mira… porqué no mejor charlas con Dios… Él te puede aconsejar mejor…

-Ay Padre, no me venga con jaladas… cómo voy a hablar con Dios si con trabajos hablo con Usted?

-Pues aunque no lo creas, todos podemos hablar con Dios… y terminamos hablando con Él tarde o temprano…

-Mire, mejor me voy y vengo otro día que esté más calmado… hoy lo noto medio alebrestado…

-Jajajajaja… ándale… ven cuando quieras… pero el resultado va a ser el mismo… yo te aconsejaré pero lo que creo que es bueno para ti, no lo que tu quieres oír, como lo haces con tus subordinados…

-Ya me voy Padre… con Usted no se puede…

 

Al otro día, el propio Ricardo contestó el teléfono.

-Don Ricardo, buenos días… le molesto porque quisiera que habláramos Usted y yo, a solas, sin alguien más…

-En dónde quiere que nos veamos?

-Le parece bien en un Vips, para estar más tranquilos…

-Bien, ahí estaré a las cinco de la tarde… lo espero…

-Gracias Don Ricardo…

El trato de Don hizo reír al escritor. Cuanta diferencia hay entre el tuteo y el pseudo respeto del Don. Le recordó al jefecito de prensa.

-Ya… habla, dijo ansiosa Niza.

-Me citó para tomar café… quiere hablar conmigo y de seguro es ya más suavecito, por lo que se escuchó…

-Dónde? Preguntó Fidelito.

-No les voy a decir porque quiere que seamos los dos solos… y ustedes son capaces de llegar a interrumpirá la plática…

El muchacho sólo se concretó a marcar el celular de Gema y darle a conocer la cita.

-Dice Gema que tengas mucho cuidado que su papá es bien traicionero…

-No se preocupen que perro no come perro…

Nadie entendió la sentencia del escritor, pero se hicieron mil conjeturas.

-Por la noche sabremos qué pasó, dijo tranquilizadora Norma.

 

Fidelito entró azorado a la cocina en donde se encontraban Niza y Norma.

-Ora… mi abuelito está hablando solo…

-Está en el baño, verdad, dijo Norma.

-Sí… se está bañando…

-No te preocupes, tu abuelo siempre reza cuando se baña… y a veces platica con Dios…

-Ora… chale… mi abuelo charla con Dios?

-Pues aunque no lo creas… así es…

-Vaya… con esas influencias ya estuvo que ganamos…

-Ja… tú también puedes hacerlo…

-Qué? Ganar?

-No… charlar con Dios…

-Cómo?

-Pregúntale a tu abuelo…

 

Ricardo se dio un par de vueltas antes de entrar al Vips. Esperó a que fuera la hora exacta. Quería hacer esperar a Amador –a quien viera entrar quince minutos antes– pero tampoco quería pecar de impuntual. Llegó directo a la mesa en que lo esperaba, notoriamente nervioso, el que sería su consuegro.

Amador se levantó solícito y extendió la mano para saludar. Ricardo saludo secamente y dijo al tiempo que se sentaba:

-Qué se le ofrece Amador?

-Pues qué ha de ser… lo de mi hija…

-Creo que no hay más que hablar, contestó firme el escritor, ya le daremos a conocer la fecha y lugar de la boda y, como dije, si quieren asistir bien, si no, también...

-Mire Don Ricardo, estuve pensando y no veo caso echar a perder al vida de dos jóvenes que, como bien dijo, tienen un futuro promisorio… yo creo que todo esto puede tener otro final feliz… es tiempo perfecto para una interrupción del embarazo y cada quien a su casa contento y tranquilo…

-Está Usted loco?!! Me citó a solas para proponerme que Gema tenga un aborto? Exclamó Ricardo alzando la voz a propósito para llamar la atención de los comensales aledaños. Es usted, a más de irresponsable, extorsionador, corrupto y mal padre, un asesino!!! Un bebé es un ser vivo desde el momento mismo de la gestación… tiene derecho a la vida… el único aborto que yo hubiera aplaudido hubiera sido el suyo señor de horca y cuchillo! Váyase al diablo!!! Y se levantó sin más ni más…

Amador se había quedado mudo escuchando el exabrupto del escritor. Conforme hablaba Ricardo, Amador se fue sumiendo en el asiento. Cuando le vio retirarse, volteó para ambos lados y se avergonzó por primera vez en su vida al notar que todo mundo se le quedaba viendo.

El gerente se acercó a la mesa, le extendió la cuenta y, sin decir nada comenzó él mismo a levantar el servicio. Amador sacó un billete, lo arrojó y salió encorvado.

Ricardo se había detenido a prudente distancia. Quería verle salir. Le vio caminar con el mundo encima, no iba molesto, no mostraba enojo, le había calado lo dicho por el escritor. Unos metros adelante, Amador se sentó en una banca, metió la cara entre sus manos y soltó el llanto, un llanto desgarrador, tan desgarrador que Ricardo estuvo a punto de acercarse a consolarlo pero decidió dejar que se desahogara solo. Sabía que iba por buen camino.

 

-A ver… Fidelito, quiero que le digas a Gema que quiero hablar con su mamá pero aquí en la casa… que se la traiga sin decirle que vienen para acá… puedes avisarle?

-Sí abuelo, pero porqué?

-Ya lo sabrás cuando hable con todos…

-Oye… y luego me puedes decir cómo le hago para poder charlar con Dios, como tú?

Ricardo rio ante la petición de su nieto y nada más movió la cabeza.

-Ya ves?... No quiere decirme el secreto abuela…

Norma también rio y abrazó cariñosamente a Niza que sonreía feliz de la inocencia de su hijo.

 

Gema esperó a que su padre se fuera para hablar con su mamá.

-Mami… Fidelito me dijo que su abuelo quiere hablar contigo, pero allá en casa de los Vera. Vamos?

-Sin que tu padre lo sepa? No mi’jita, capaz que nos mata…

-Vamos, por favor… mira, si nos vamos ahorita, regresamos antes de la hora de la comida, por si regresara a comer, aunque ya ves que casi nunca viene sino hasta la noche… por favor…

-Está bien, pero me estás poniendo en un predicamento… si se llega a enterar!!!

Agazapado tras la entrada al comedor, en donde platicaban madre e hija, estaba Heladio escuchando. Ya no entró al comedor, dio media vuelta y salió de la casa sin hacer ruido.

 

-Oye jefe, cómo van las cosas con lo de mi hermana? Preguntó Heladio a su padre una vez en la oficina.

-Porqué? Está igual, yo no pienso dejarla que se case con ese muerto de hambre… incluso estuve pensando en tomar medidas drásticas con su problemita…

-Oye! No estarás pensando en obligarla a abortar, verdad?

-Claro! Para qué quiere un escuintle que herede la sangre indígena del muchachito… va a desgraciar su vida… no lo entiendes?

-Bueno… yo tampoco veo con muy buenos ojos el noviazgo, pero de eso a que aborte… hay mucho espacio… piensa en que, por principio de cuentas, no cualquiera se avienta a realizar un aborto y, en segunda, muchas veces es la causa de la muerte de la chamaca…

-Que muerte ni que muerte… tengo muchos amigos médicos muy fregones que se lo avientan como si fueran a desayunar, sin peligro y rápido…

Heladio, que había ido a ver a su padre para informarle del llamado de Ricardo a su mamá, ante la actitud de su padre decidió callar. Pero la curiosidad le llevó a preguntar:

-Y ya hablaste de esto con Gema o con Fidel?

-No… si no es cuestión de que quieran o no… se va a hacer y punto…

Heladio, si bien no aprobaba el noviazgo de su hermana con Fidelito, tampoco estuvo de acuerdo con esa imposición pretendida de su padre. Sin decir más, se despidió de él con un beso y salió de la oficina.

Manejando, mecánicamente de dirigió a casa de los Vera.

 

Gema avisó a Fidelito por celular que iban a su casa. El muchacho dio a conocer la noticia a sus padres y a su abuelo que de inmediato dieron una arregladita a la sala para recibir a la consuegra. Su llegada tomó a Niza en pleno trapeado.

-Buenos días…

-Buenos, pasen por favor, dijo atento Fidel padre.

-Bienvenida Señora Amalia terció Norma.

-Un refresquito? Cuestionó Niza.

-Gracias… sí, si es tan amable…

-Hola… saludó Ricardo saliendo de una de las recámaras.

-Buenos días Don Ricardo… mi hija insistió en que viniésemos a verlos…

-Efectivamente Doña Amalia. Hay un asunto muy delicado que quiero comentar con ustedes, con todos… y digo todos porque todos tenemos que ver con el asunto de los muchachos…

-Usted dirá..

Antes de que empezara a hablar Ricardo, el timbre de la puerta sonó insistentemente. Era Heladio. Fidelito fue a abrir y se sorprendió de verlo.

-Hola… sé que mi madre y mi hermana están aquí… quiero entrar… puedo?

-Deja que pase, indicó Ricardo que se había asomado a ver quién era…

-Gracias señor… le aseguro que no vengo a molestar… me imagino sobre qué va a hablar con mi madre y con mi hermana y vengo a apoyarles, aunque no lo crea…

Ricardo vio la sinceridad reflejada en el rostro del muchacho y le hizo seña de que pasara. Doña Amalia y Gema se sorprendieron al verlo.

-Y tú… qué haces aquí reclamó Doña Amalia

-Calma madre, calma, vengo a favor no en contra…

-Siéntate muchacho dijo conciliador el escritor.

Ya todos atentos, Ricardo quiso advertir a los presentes que no quería interrupciones, escucharan lo que escucharan, hasta que él mismo les diera la palabra.

-Es natural que un embarazo, gestado en una pareja no casada, cause mil conjeturas, opiniones e incluso acciones de repudio, pero debe ratificar que un embarazo es una bendición de Dios. Sobre todo para quienes profesamos la religión católica.

Oprah, la famosa conductora de televisión; el propio Presidente Barak Obama, Jack Nicholson y Eric Clapton entre otros muchos, curiosamente fueron hijos no deseados. Sin duda, a nadie le gusta que una joven de 15, 16 o 17 años quede embaraza por su novio adolescente… pero lamentablemente esas cosas pasan y se ven en todas partes del mundo.

Digo todo esto y recurro a estos ejemplos porque la respuesta fácil de muchos padres –e incluso novios irresponsables– es el aborto. Pero, independientemente de que nadie tiene derecho de privar de la vida a otro, es lógico y comprobado que muchos de esos hijos no deseados llegan a ser personajes importantes e influyentes en sus propias comunidades.

Si bien es cierto que hace algunos años, allá por los cincuentas o antes –y mucho peor antes de eso-  un embarazo en una mujer no casada –fuera de la edad que fuera– era un verdadero escándalo social, el tiempo ha cambiado y ahora las cosas son diferentes. Las misma cifras lo demuestran. Nuestro torpe Presidente señaló “con orgullo” que el 34% de los hogares mexicanos son sostenidos por una mujer, lo que debiera ser una vergüenza y no un orgullo pues lo que demuestra –aparte de la alta tasa de madres solteras– es la irresponsabilidad del hombre ante sus obligaciones paternales.

Me siento orgulloso de que mi nieto, Fidelito, haya demostrado desde el principio una aceptación rotunda, absoluta, de la paternidad del embarazo de Gema y de estar dispuesto a enfrentar la responsabilidad que esto conlleva. Lo mismo puedo decir sobre la propia Gema, que ve en su embarazo un futuro hermoso acompañada de su pareja y de su bebé.

Sin embargo, tenemos que enfrentar un problema aún más grave que el simple rechazo de la relación de nuestros hijos por parte de Amador, padre de Gema, quien ahora amenaza con obligarla a abortar…

Una expresión de asombro brotó de las gargantas de todos, menos de Heladio, lo que alcanzó a notar Ricardo.

-Ayer que me citó para hablar me quiso convencer de que “era lo mejor” para los muchachos y que si no estaban de acuerdo, ejercería su autoridad como padre para obligar a Gema a interrumpir el embarazo.

De ahí que quisiera citarles hoy… creo que debemos de alejar a Gema de sus manos, de su alcance, para evitar que cometa una atrocidad. No sé la edad que tenga, pero si es menor de edad Usted, Doña Amelia, puede dar la autorización para que sea resguardada en la casa de alguien de confianza hasta la fecha de la boda, que deberá ser –sin la autorización de sus padres– hasta que cumpla los 18 años.

-Don Ricardo, perdone que interrumpa… tengo 17 y en dos meses cumplo la mayoría de edad.

-Y cuenta con el apoyo de su madre, dijo firme Doña Amalia. Tiene usted razón, conozco a mi marido y es capaz de eso y más. No podemos arriesgar a Gema y al bebé a su malévola acción. Yo tengo plena confianza en Ustedes y me gustaría, si aceptan, que se quedara aquí en casa de los que serán sus suegros ese tiempo…

-Yo también le doy el apoyo total a mi hermana. Esta mañana me enteré de la atrocidad que pretende mi padre y, francamente, no estoy de acuerdo con ello… si de algo sirve, cuenten con mi apoyo.

Gema, emocionada, corrió a darle un cálido abrazo a su hermano a quien los demás aplaudieron con gusto.

-Nada más que no se hagan ilusiones muchachitos, intervino Niza, no crean que van a estar como pareja eh? Gema se queda en la recámara de Azuani que, desde este momento, se convierte en guardiana de la semi-virginidad que le queda. Y tú jovencito, nada de saliditas secretas por la noche porque te vamos a estar vigilando…

Todos rieron contentos de la solución. Ricardo, sin embargo, se quedó pensativo… la guerra apenas comenzaba!

 

-Entonces qué abuelo? Me vas a enseñar a charlar con Dios?

-Mira… te voy a decir lo que significa hablar con Dios, pero eso de aprender a charlar con Él, eso debes tú mismo aprenderlo.

-Y cómo, si no me lo enseñan?

-Ya verás…

-Yo quiero oír también, dijo Gema.

-Heyyy… que yo también le entro, dijo Azuani.

-Buenos, pues esto ya va a ser una de esas charlas que acostumbra Ricardo, por lo que veo, comentó Norma acomodándose en uno de los sillones junto a Niza que se había adelantado sin decir nada.

Parado tras la barra de la cocina, escuchaba Fidel padre.

-Primero que nada, ustedes han oído hablar de “la conciencia”, verdad?

-Sí, contestaron a coro…

-Pues bien, esa vocecita que escuchamos todos por dentro y que algunos califican de “conciencia” no es otra cosa que la voz de Dios, siempre presente con nosotros. Esa vocecita nos asombra porque luego hacemos cosas que parecen buenas pero la vocecita nos dice que no, que no son malas tampoco pero que son incorrectas… y nos asombra porque nos preguntamos: cómo es que sabe lo que hacemos cuando en muchas ocasiones ni siquiera lo pensamos, simplemente lo hacemos. Pues lo sabe porque es Dios presente en nosotros.

Ahora bien… qué es charlar con Dios? Charlar, hablar, dialogar, o como quieran llamarle a conectarse con Dios no es hacerle al loco. Es algo sumamente serio, pero cierto. Al principio, juzgamos que parecemos locos hablando con nosotros mismos, que nos contestamos solos, pero es sólo una percepción inicial. Debemos ser sinceros en lo que pretendemos. Así como cuando andamos desesperados por un problema y nos vamos a la iglesia, o nos hincamos ante una de nuestras propias imágenes y le pedimos a Dios nos ayude, así, con ese mismo fervor y seriedad, podemos hablar con Él. Debemos buscar un lugar en donde no seamos interrumpidos. En nuestra alcoba, en el baño, o simplemente en un parque en donde podamos caminar solitarios en comunión con Él.

Si lo hacemos seriamente, que no quiere decir con mucho protocolo o formalidad, y le damos tiempo, vamos a escuchar su respuesta. Una vez que logramos el contacto, volvemos a sorprendernos, a espantarnos incluso cuando escuchemos su respuesta. Pero no debemos temer. Es Dios, nuestro Padre, nuestro Creador.

Ahora bien, no querramos inducir sus respuestas, porque eso no es sinceridad. Por ejemplo, y jugando un poco, cuando le decimos Oye Señor… cómo vez si me voy a echar unas chelas con los amigos? Es obvio que la respuesta que estamos esperando es un sí… e inducimos esa respuesta, es decir, nos contestamos solos… cuidado con eso… claro que no quiere decir tampoco que Dios no quiere que salgamos a echar unas chelas con los cuates… pero esa especie de intimidad sólo la vamos a lograr con el tiempo, cuando platiquemos con Él como lo hacemos con cualquiera.

Al principio también nos frenamos nosotros mismos. Creemos que, como es Dios, pues no le vamos a quitar el tiempo con tonterías en una plática cualquiera. Se nos olvida que es Omnipresente, es decir, que no le quitamos el tiempo, que está tanto para nosotros como para cualquier otro en todo momento. Una charla con Dios estriba pues en una sola cosa: confianza, una plena confianza en Dios, que es lo más difícil de alcanzar.

Es común que digamos: Yo creo en Dios! Y al primer problemita le estemos echando bronca: Porque demonios permitiste que le vieja esa me engañara!!! Porqué te llevaste a mi hijo!!! Creer en Dios es aceptar todo lo bueno que nos da. Lo malo lo hacemos, creamos, propagamos e incluso calificamos nosotros mismos. Dios no nos hizo buenos y malos. Nos hizo a todos inocentes, sin maldad. Bondad y maldad se aprenden en esta vida. No viene en la maleta que nos dan cuando nacemos. Recuerden que nacemos desnudos, sin habla para poder bendecir o maldecir. Debemos entender que el ciclo de esta vida es nacer, crecer, y morir. Algunos nacen, crecen y mueren a los cien años. Otros no. Son los deseos de Dios los que rigen la vida. Si nos acostumbramos a abandonarnos en Él, es decir a seguir sus indicaciones sin querer torcer nosotros esos renglones, veremos que todo viene de arriba. Yo puedo atestiguar, firmemente, y no soy un ignorante ni un fanático, que desde hace 20 años que me abandoné a Él, no me ha faltado nada… absolutamente nada.

Cuando aprendes a hablar con Él una de las primeras cosas que te dices es: da! No te dice más, no te dice cómo, ni cuánto, ni a quien… sólo da. Pero cómo demonios voy a dar si no tengo para mí mismo, es el argumento clásico de todos, tanto pobres como ricos. Da. Da dinero, o cariño, o consuelo, pero da. El que da, recibe el doble… siempre y cuando no lo haga precisamente por eso, por conveniencia. Da por dar. Y aprende a recibir, porque ahhhh cómo somos exigentes hasta para recibir… he visto miles de veces que a alguien le dan algo y lo recibe con cara de fuchi, como decimos entre nosotros, que corriente, una baratija, para qué lo necesito? Esos y mil argumentos más usamos para simplemente recibir…

Una charla con Dios es una liberación espiritual. Se percibe una paz imposible de describir. No nos podemos engañar a nosotros mismos. Percibimos de inmediato cuando queremos que Dios nos responda lo que nos interesa y no lo que nos conviene. Cuando aprendemos, vamos poco a poco pudiendo platicar con Él en todas partes, a todas horas, y se convierte en nuestra guía permanente. Y… Ustedes se imaginan siquiera lo que es tener como guía al propio Dios?

Cuando he platicado sobre esto, algunos me tachan de loco… en serio! Dicen que sólo un loco puede oír voces en su cerebro… yo no oigo a Dios en el cerebro, le escucho en el alma.

En lo personal, por ejemplo, hice una oración propia que rezo cuando me baño… pero el mejor lugar que he encontrado para charlar con Dios, aunque no lo crean, es cuando estoy en el baño, ese lugar al que nadie –bueno a veces– se atreve a interrumpirte. O por las noches, ya que apago la luz y doy las buenas noches a mi esposa, empiezo mi charla con Dios, y le comento cosas como las comento con cualquier amigo. Y le pido consejo, o le consulto sobre tal o cual tema que me preocupa.

A veces, lo hago con los ojos cerrados, otras, me quedo con los ojos abiertos viendo un punto inexistente en el techo de mi recámara. Son momentos realmente hermosos, que te dejan una paz interna incomparable. Hagan la prueba, empiecen sin miedo, con sinceridad y confianza. Hoy mismo pueden empezar. Recuerden siempre… qué decimos cuando llega un temblor, por ejemplo: Jesús ampárame! Señor, protégenos! Pues con esa misma sinceridad, con ese mismo fervor, empiecen su charla con Dios. Y ya vamos a comer porque el hambre es canija, pero más el que la aguanta!

 

Amalia, Heladio y Gema esperaron a que Amador y Amadito salieran de la casa para subir un par de maletas a la cajuela del carro y enfilar para la casa de los Vera.

Amalia iba muy nerviosa, sabía cómo se las gastaba su marido y no quería enfrentarlo hasta que todo estuviera consumado.

-No nos siguen? Le pregunto con temor a Heladio.

-No madre, no, deja de preocuparte. Mejor piensa en lo que vamos a decir y hacer cuando mi papá se entere.

-Por nada del mundo le vayan a decir que estoy en casa de Fidelito porque lo manda matar…

-Ay hija, tampoco pienses que tu padre es un asesino…

-Y no es asesinato un aborto? Preguntó directo Heladio. Además, no creas que mi papá no es capaz de eso… y si no, cuando menos les arma un escándalo a los papás de Fidelito.

 

Cuando llegaron a casa de los Vera, Fidelito salió a recibirlos. A la puerta estaban los demás.

-Don Ricardo, no será mejor esconderla en otra parte? Amador va a buscar en esta casa en primer lugar…

-No se preocupe, aquí le esperamos, tenga fe y confianza. Su hija estará segura en todas formas.

-Mire, traje un acta de nacimiento de Gema para lo que se ofrezca…

-Bien, gracias… no pasa?

-No, me vuelvo a casa, no sea que me vayan a buscar y se adelante el infierno…

-Dios la bendiga, señaló el escritor con sinceridad.

Al entrar, Ricardo les dijo que el único que po-dría abrir la puerta desde ese momento sería Fidel padre y a este le pidió que siempre le avisara para acompañarlo a abrir.

-Si llegan a darse cuenta de que es Amador, por favor, escuchen lo que escuchen… no salgan. Ni por curiosidad se asomen, porque echarían a perder los argumentos que manejemos. Fidel se fue a la Universidad y no sabe nada de ella. Su madre está en la lavandería y tampoco sabe nada de Gema. Ni mi mujer ni yo sabemos qué pasó con ella. Vamos a esperar la primera reacción del viejo y, luego, le citaré aquí un día en que estemos solos para medir cómo van las cosas con él.

No vamos a doblar las manos, ni vamos a caer en su juego si pretende engañarnos y, con tal de saber donde está su hija, dice aceptar nuestras condiciones. Esperaremos hasta estar plenamente seguros de su papel… de acuerdo?

Todos estuvieron de acuerdo, incluyendo a Gema que no dejaba de temblar.

-Y tú no te preocupes hija, que nada malo vamos a dejar que te pase… y menos ahora que me vas a dar otro biznieto… dijo jocoso el escritor a fin de romper un poco la tensión.

 

Pasadas las ocho de la noche, llegó Carlangas, otro de los hijos del escritor.

-Hola Jefe… en que nos vamos a involucrar?

-Te vas a llevar a Gema a tu casa, y le vas a pedir a Anita que la cuide hasta que les avisemos. Como ustedes pueden ver desde arriba quién toca, desde ahí mismo pueden mandar a volar a quien sea, así es que, mucho cuidado… ya conoces a Amador, el papá de Gema?

-Le he visto en los periódicos, pero no le conozco personalmente.

Bien… adelante, y buena suerte.

 

Cuando Amador llegó a su casa eran más de las diez de la noche. Así que no se preocupó por preguntar por nadie, se sirvió un cogñac y se fue a la cama. Así sucedió por más de quince días. Ni Amalia ni Heladio le sacaron a relucir el tema. Fue Amadito el que, una tarde, preguntó por su hermana.

-Oye ma… que pasó siempre con Gema?

-Qué pasó de qué, contestó cuestionando con cierto nerviosismo la dama.

-Sí, se va a casar o qué?

-Pues no sé… tu papá ya no ha tocado el tema… y nosotros tampoco.

-Hummm…

 

Amadito se dejó llegar a la oficina de Amador para comentarle algunas cosas de negocios, pero más que nada para tratar de sacarle unos pesos.

-Hola padre… tienes tiempo para que veamos lo de unas inversiones?

-Tiempo no… cuánto quieres?

-Huyyyy qué rudo… son sólo doscientos mil, son para comprar unas acciones de una cementera que está en problemas económicos y las podemos comprar a un magnífico precio…

-Dile a mi secretaria que te haga el cheque, pero que lo cargue a gastos de representación de la Delegación.

-Gracias… oye… y qué has pensado de lo de Gema? La vas a casar o qué?

-No te ha platicado tu hermano nada?

-Pues no… de qué?

-Ya le saqué una cita a tu hermana con un cirujano amigo mío y la vamos a llevar diciéndole que es para revisión y va a interrumpir el embarazo...

-Chale… pero eso es muy arriesgado papá… y si se te muere?

-Qué se va a morir! Esa escuintla es fuerte… y si se muere pues ya estaba de Dios…

Amadito se estremeció de oír a su padre hablar así… sabía que era déspota, altanero, que extorsionaba a los empresarios, pero hasta ahí no le importaba pues le sacaba buenos billetes, pero de eso a hacer que su propia hija abortara… pues como que no le gustó mucho la idea…

-Y cuándo es la cita?

-Mañana en la mañana… quiero que me ayudes porque tu mamá de seguro va a querer impedir que la lleve sospechando de qué se trata…

-Ajá… y qué quieres que haga?

-Pues no sé… detenerla, entretenerla, jalarla para otro lado… lo que se te ocurra…

-Está bien… pero eso te va a costar una lana…

-Más de la que me has sacado?

-Hummm… bueno, aunque sea para la gasolina del mes…

-Ya… dile a mi secretaria que te haga el cheque por 300… y ya lárgate que tengo mucho trabajo…

 

En Amadito se desató una fuerte tormenta moral. No sabía si debía ayudar a su padre… o a su hermana! Le habló a su hermano Heladio y le pidió que lo alcanzara en un café del portal.

-Qué pasó? Qué bronca?

-Broncota! Dijo angustiado Amadito… estuve con mi papá y me dijo que mañana va a llevar a Gema al médico, un galeno amigo suyo, que le va a hacer un aborto… Francamente, no me gustó para nada la cosa…

Heladio, conociendo que Amadito era mucho más pegado a su padre, no sabía si decirle lo que la fuga de Gema o quedarse callado. Optó por lo segundo.

-A jijo!!! No, pues a mí tampoco me gusta nada eso… se la puede llevar la calaca…

-Me pidió que le ayudara a distraer a mamá, pero no quiero involucrarme…

-Cómo? Es nuestra hermana! Hay que hacer algo. No podemos permitir semejante infamia…

-No… pues eso mismo digo yo…

-Mira, dijo Heladio, qué te parece si nos largamos a Cuerna v sin decir nada y regresamos por la noche… cuando ya haya pasado todo…

-Bueno… dices que no estás a favor del aborto y quieres que nos vayamos para dejar que papá se salga con la suya…? No te entiendo…

-Mira… papá no va a poder hacer nada sin nuestro apoyo. Ya a ti te pidió que distraigas a mamá; de seguro que a mí me va a pedir algo parecido...

 

 

Heladio y Amador acordaron mejor ir con su padre para así poder controlarlo. Se levantaron temprano y desayunaron antes que él bajara.

-Buenos días…

-Buenos días contestaron ambos…

-Denme sólo café… no quiero ir con el estómago lleno para hacer corajes…

-Ya lo pensaste bien papá?

-Claro que y lo pensé, y más que bien… ese par de escuintles no se van a salir con la suya…

-A ver papá… dime… porqué tanta tirria contra mi hermana y su novio?

-Porque es un muerto de hambre… y porque abusó de tu hermana…

-Bueno, no abusó de mi hermana… está muy claro que ella lo hizo por su propia voluntad y que, además, no se arrepiente…

-Y eso de muerto de hambre… papá… tú estabas peor que él a su edad y vete ahora… todo un triunfador! Has escalado los mejores puestos, has hecho fortuna, tienes un prestigio social y político…

-Bueno… carajo! Están defendiendo a ese infeliz?

-Nooo...sólo te estamos haciendo ver las cosas como son…

- Pues me vale… no todos tienen la capacidad que yo tengo… se ve a leguas que es un pobre idiota… pero ya no vamos a discutir… se hace y ya. Bueno… díganle a su madre que le hable a Gema, que va a salir conmigo…

-Gema ya no vive en esta casa, dijo Amalia con resolución entrando al salón comedor.

-Cómo que ya no vive en esta casa?!!! Y quién demonios le dio permiso de irse a otra parte…? Es menor de edad!!!

-Yo… yo se lo di… que Dios la bendiga…

-Ajá… y se fue a vivir con ese idiota, no?

-Pues fíjate que no… ni siquiera Fidelito sabe que Gema ya no está aquí…

-Eso lo vamos a ver…

Amador salió de inmediato y le hizo señas a sus hijos para que lo siguieran.

 

A la puerta de la casa de los Vera, Amador tocó el timbre con insistencia y, ante el supuesto retardo para abrir, pateó el portón de lámina.

Ricardo abrió, se le quedó mirando y dijo con calma, pero con seriedad:

-Hola… no vieron al imbécil que pateó hace un momento la puerta? Porque no creo que Ustedes, gente respetuosa y de alta sociedad, hayan caído tan bajo como para hacer eso… verdad?

-Deje de hacerse el gracioso… dónde está mi hija?

-Huyyy pues si usted que es el padre, no sabe en dónde está, menos nosotros…

Amador quiso abrir la puerta para entrar, pero Ricardo se lo impidió…

-Épale, mi querido politiquillo! A dónde? Nadie le ha invitado a pasar… y no porque no seamos hospitalarios, sino porque, francamente, no es Usted gente de nuestro agrado…

-Mire baboso… o me entrega a mi hija ahorita mismo, o lo denuncio por secuestro…

Ricardo, tomó el teléfono celular que llevaba en la cintura, marcó un número y dijo:

-Hola… Polo…? Mi querido alumno… te quiero molestar en tu papel de Procurador de Justicia… fíjate que está a mi puerta, amenazándome, un funcionario menor de esta administración. Pues, sí… es el papá de la novia de mi hijo y dice que yo la tengo secuestrada… y que va a ordenar que me detengan…

Amador se había quedado mudo y escuchaba atento la conversación que el escritor sostenía con el Procurador.

-Pues, sí… sí quisiera levantar cargos… nosotros lo detenemos aquí mientras llegan tus muchachos… te lo voy a agradecer… mientras esperamos voy a llamar a varios compañeros de los medios… espero no te moleste… ahh no? Ok… entonces aquí lo retengo… gracias por todo…

Amador se había quedado de una pieza… le voltearon el chirrión por el palito, como dicen en mi tierra. No sabía qué hacer… sus hijos le veían estupefactos, jamás lo habían visto doblarse como ahora.

-Mire Don Ricardo… yo le ofrezco una disculpa por mi exabrupto…

-Me ofrece? O me pide?

-Bueno… le pido una disculpa… no quise ser rudo… la decencia ante todo… me voy a retirar y como si no hubiera pasado nada… de acuerdo?

-Lo siento mucho Amador, pero yo sí no perdono una ofensa, y ahora la bebes o la derramas…

-Por favor… piense en el escándalo!

-Eso es lo único que te importa burócrata de cuarta! El escándalo! El qué dirán! No te importa un bledo tu familia, tu esposa, tu hija… y creo que ni los hijos que ahora vienen en plan de guardaespaldas…

-No Don Ricardo, intervino Heladio, vinimos para evitar que mi papá hiciera algo de lo que después se arrepintiera… no estamos de acuerdo con el aborto…

-Aborto?!!! Pensabas en hacer abortar a tu hija maldito engendro? Pues de qué estás hecho? Acaso no pensaste en que eso te convertiría en asesino de un miembro de tu propia familia, porque ese bebé es tu nieto, te guste o no… no señor, ahora con mayor razón me obligas a detenerte para que vayas a parar a donde debes estar: en la cárcel!!!

-Por favor, por favor Don Ricardo… no me haga esto… mire… podemos hablar con calma… le parece?

-Pasen… pasen para que vean que en esta casa no está su hija… y para que hablemos, mientras llegan los agentes…

Ricardo y los demás de la familia estaban gozando el papelón que hacía Amador ante ellos. Norma y Niza abrieron la puerta de la casita que estaba construida en el interior, y Fidelito guardó mesurado silencio tras la barra de la cocina. Ricardo, blandiendo el celular como arma en ristre, le indicó a Amador que se sentara.

-Te escucho…

-Pues… mire Don Ricardo… yo le ruego que pare todo esto… me van a correr del trabajo, mi familia va a ser escarnio de la sociedad… soy el único sostén de todos ellos… frene a los agentes, por favor…

-A cambio de qué, de que Usted pueda mañana venir de nueva cuenta a ofendernos, o quizá a esperar cualquier tipo de ataque de usted en la calle, un atentado acaso? Porque está visto que es capaz de matar a sangre fría…

-No Don Ricardo… no es así… soy una persona honesta…

-Honesta? Es honesto quien extorsiona a quienes trabajan honestamente? Es honesto quien hace mal uso de los dineros públicos? Es honesto quien tiene dos familias? Vamos Amador! Si alguien no puede hablar de honestidad eres tú… no tienes la calidad moral ni siquiera para reprender a tus hijos…

Heladio y Amadito se habían sorprendido con los señalamientos de Ricardo. Sabían que su padre hacía algunas movidillas… pero jamás se imaginaron a qué grado y menos que tuviera otra familia.

-Don Ricardo, dígale por favor a mi hermana que cuenta con todo mi apoyo, dijo decidido Heladio, aunque ella ya lo sabe, quiero ratificarlo. Lo siento papá…

-Pues… creo que yo también daré el apoyo a Gema, dijo Amadito sin agregar más, pero levantándose de junto a su padre y pasándose a otro sillón.

Amado bajó la cabeza y soltó el llanto. Ya no le importó que le vieran. Se desahogó plenamente. El escritor movió la cabeza y espetó:

-Repito… Gema se casará con Fidelito, si quieres asistir a la boda, serás bienvenido. Dejarás en paz a tu esposa, a tus hijos y principalmente a Gema. Otra acción tuya en contra de la muchacha o de cualquiera de nosotros, y ratifico los cargos. Puedes irte, pero piensa muy bien dos veces antes de querer abusar de quien no se deja. Ahhh por cierto, si me entero de que vuelves a extorsionar a esa pobre gente, el trato está roto. De aquí en adelante tienes una nueva oportunidad, no la desperdicies… soluciona tus problemas familiares de buena manera… y aprovecha la posición que tienes para hacer el bien… siempre reditúa más que el mal…

-Gracias Don Ricardo, contestó en voz baja Amador, así se hará, se lo aseguro. He aprendido la lección… y gracias, en verdad gracias…

Amador esperó unos segundos a que sus hijos se pusieran de pie y le siguieran, pero ninguno de los dos lo hizo. Se dirigió entonces a la puerta y, sin decir más, salió.

Fidelito se encaminó al abuelo y, abrazándolo tiernamente, sólo dijo:

-Eres un fregón abuelo… te amo.

Heladio y Amador se pudieron de pie, le extendieron la mano a Fidelito y se estrechó una nueva relación que daría muchos frutos.

Ricardo, extendiendo el celular a Niza, le pidió:

-Ponlo a cargar por favor… se quedó sin batería desde anoche y se me olvidó conectarlo.

 

Amelia no podía escuchar lo que Heladio le contaba por teléfono. Su alegría le arrancó algunas lágrimas y, enterada de que Gema estaba en otra parte y no había enfrentado a su padre, le dio gracias a Dios por haber permitido que sucedieran las cosas así. Por su parte, Gema, al recibir la noticia dl propio Fidelito, le abrazó y soltó el llanto. Le dolía que su padre hubiese sufrido ese golpe, pero sabía que lo merecía.

Anita, la esposa de Carlos, enternecida por el cuadro, abrazó a Gema y les deseó la mejor de las dichas.

A partir de ese día, toda la familia se dedicó a preparar la boda. Habían adelantado la fecha un mes pues estaban seguros de que contarían con la firma de Amador que, por cierto, les había facilitado créditos blandos a quienes antes extorsionaba, permitiéndoles un crecimiento industrial más próspero.

Fidelito le había pedido a Gema y a sus padres que el sacerdote que oficiara su boda fuese el Padre Ángel, aquel curita que se le metiera en el alma cuando más lo necesitaba y, lógicamente, él y Gema pidieron a Ricardo y Norma ser los padrinos de lazo.

Un domingo, cuando todos se encontraban reunidos comiendo barbacoa en casa de los Vera, Doña Amalia le pidió al escritor:

-Don Ricardo, háblenos un poco más de esa charla con Dios…

-Es muy sencillo Doña Amalia… es la comunicación directa de uno mismo con Dios. Sin intermediarios, sin tapujos, sin miedo. Algo que sólo con sinceridad y confianza se alcanza.

-Pero… para qué hablar con Él? Para pedirle algo? Para agradecerle?

-Eso y más… simplemente por tener el privilegio de charlar con él, como se platica con la amiga, o con la pareja, así desenfadadamente, expresando todo lo que sentimos, comentando lo que nos pasa o lo que nos duele. Dios es fabuloso. Escucha nuestras quejas lo mismo que nuestras alegrías. Como estamos platicando ahorita, así se habla con Dios. Cuántas veces, cuando tenemos problemas -como el que acabamos de pasar, por ejemplo- no se puso a decirle quizás ya acostada en su cama: Señor, ayúdame para que el problema de Gema se solucione. Te ruego que nos mandes entereza para soportar lo que venga y fe para esperar que todo salga bien… o algo por el estilo.

-Cierto… muy cierto…

-Entonces… no le pareció escuchar una vocecita que le decía: no te preocupes hija… todo va a salir bien…?

-Bueno… ahora que lo dice… sí, la escuché, aunque no fue eso precisamente lo que me dijo…

-Y qué le dijo, si se puede saber..

-Me dijo: Sé fuerte hija, no dejes sola a Gema, defiéndela del mal que su padre pueda causarle. Y así lo hice… le comento que de momento pensé que yo misma me estaba diciendo eso, pero luego de que me hablaron de lo que Usted dice sobre las charlas con Dios, puedo asegurar que fue Él el que me aconsejó…

-Lo ven… sólo hay que tener confianza y sinceridad… miren ustedes…

-Oiga Don Ricardo… y porqué Dios permite que haya hombres como mi padre?

-Nooo… un momento… Dios no crea hombres como tu padre… el otro día decía que todos nacemos desnudos, es decir sin propiedad alguna, e inocentes… sin maldad alguna. Los que se vuelven malos lo son por influencia del ambiente, de su entorno, de la vida familiar, de las malas compañías… por esos como padres buscamos proteger a los hijos de todo eso… pero los hijos no lo entienden… creen que los queremos coartar… que no nos gustan sus amigos simplemente porque son sus amigos… y no… porque nos damos cuenta del tipo de persona que es alguno de esos amigos y la mala influencia que puede tener… muchas veces ni siquiera se trata de los amigos, puede ser un vecino, o un profesor, esa mala influencia o cuando menos mal ejemplo. No se puede comparar, por decir algo, al amigo al que le encanta el relajo, las bromas, la fiesta, con el que te quiere inducir a fumar marihuana, o que te invita a violar a una chica para que demuestres que eres hombre, o viceversa, porque ahora las chicas también son aventadas. Tanto quieren parecerse al hombre que copian lo malo sin distingo.

La maldad es una semilla. Se siembra desde pequeño. Pero también se puede cortar de tajo. Un ser malo no necesariamente es malo hasta su muerte. Y ya que hablamos de tu padre… ve el ejemplo… le sirvió la lección… supe que ahora, en vez de extorsionar a los industriales, los apoya. Pero cuidado! También lo bueno se puede perder de tajo… una persona buena durante toda su vida, ante un agravio, una ofensa o una situación insostenible, puede de pronto asesinar, o lesionar al menos… algunos dirían que es un acto justiciero, pero la muerte es la muerte y sólo Dios tiene derecho a quitarla, no el hombre… o la mujer…

Varios son los influyentes para que una persona vaya cayendo en la maldad: la envidia, la rabia, el celo, todos esos sentimientos que generan reacciones negativas o malas. La bondad por ejemplo, genera ternura. El celo, por el contrario, genera violencia… es por eso precisamente que debemos buscar los actos y sentimientos positivos. Algunos me dicen: es que yo no puedo…

-Sí… dijo de inmediato Amadito… yo no puedo…

-Claro que puedes… dime una cosa… alguna vez fuiste a la playa?

-Sí, claro…

-Y alguna vez hiciste un castillo de arena?

-Bueno… un “castillo”…

-Y cómo lo hiciste?

-Pues… primero fui con una cubetita por agua de mar, y luego, con la palita, comencé a juntar arena…

-Eso es!... comenzaste…  primero fue la primera palada de arena… pues así es con las acciones. Primero empieza con pequeñas acciones de bondad, de esas que incluso no cuestan… como ayudar a un viejito a cruzar la calle -las bondades scout, que le llaman- o cargarle a una señora la compra. Regálale a un muchachito un par de pesos. O dale de comer a quien veas con hambre. Cuando experimentes la paz y tranquilidad que te proporcionan esas acciones, vas a querer más… porque las buenas acciones también causan adicción…

En Metafísica, por ejemplo, hablan del Karma, que si tienes un mal karma o un buen karma, se te regresa tarde o temprano. Y no es otra cosa que esas acciones y sentimientos de los que hablamos. Tanto el mal, como el bien que hagas… se te regresa tarde o temprano… y multiplicado! Así es que, imagínate si haces mal… te va a ir peor; mientras que si haces bien… te va a ir mejor de lo que vives… y es cierto, muy cierto. Yo lo experimenté en carne propia, fui peor que tu padre, altanero, soberbio, presuntuoso, irrespetuoso… todos me quedaban guangos y eran poca cosa para mi… por mi trabajo, tuve que actuar así y peor… llegué a tener fama de ser un hijo de la fregada... y padecía al mismo tiempo abandono, traiciones, maledicencias, y sufría un complejo de culpa que no me dejaba dormir. Vivía con el Jesús en la boca esperando que alguno de los que había maltratado o dañado se vengaran de mí… después de corregir mi vida, de cambiar mis hábitos, de empezar a hacer el bien y vivir correctamente, todo cambió para mí… no hubo más complejo de culpa, no hubo más temores… por el contrario, vivo tranquilo, duermo sin sobresaltos, y pleno de satisfacción… que es el principal alimento de la bondad… la satisfacción!

-Don Ricardo… cualquiera podría hablar con Dios? Aún habiéndose portado mal? Urgió Amadito.

-Dime… cuando te portas mal, tu papá te deja de hablar?

-No… por el contrario, me regaña y me dice muchas cosas…

-Pues es exactamente lo mismo, Dios te escucha, aunque en este caso no te regaña, te da consejos, te hace ver que haces mal… es un muy buen padre…pero… qué no hay más barbacoa?

La estadía de Ricardo y Norma se había alargado más de lo regular. Las circunstancias habían manejado todo y no estaban muy a disgusto. Sin embargo, ya les andaba por regresar a su casa y todavía faltaban 15 días para la boda.

 

Amadito llegó a la casa de los Vera una mañana con la noticia de que su padre quería hablar con Ricardo, Norma, Fidel, Niza, Gema y Fidelito y les rogaba que lo recibieran esa tarde después de las cinco.

-Bueno, pues hay que avisarle a Carlos para que traiga a Gema, y preparar algo por si viene en buen plan… que eso es lo que espero…

-Yo he visto a mi padre muy cambiado, dijo Amadito, así es que lo más seguro es que venga con el fin de hacer las paces…

-Tú crees muchacho?

-La verdad, sí… aunque como ya lo he dicho otras veces, de mi padre hay que esperarlo todo…

-Pues esperemos que sea para bien.

 

Niza y Norma se esmeraron en arreglar la casa, y colocaron dos mesas en el patio a fin de que ahí se llevara a cabo la reunión aprovechando el fresco de la tarde. Carlos llegó llevando una botella de vino tinto y algunas botanas, seguido de Anita y Chucho, su hijo. Gema saludó con cariño al escritor y a su esposa, antes de acercarse a Fidelito que le extendía los brazos con ansias. Todo estaba listo. Sólo había que esperar al autoinvitado.

El timbre hizo sobresaltarse a todos. Esta vez sonó un par de veces con calma, dejando un pequeño espacio entre sonido y sonido. Nadie pateó la puerta. Carlos se acercó a abrir y, sin decir nada, dio paso a Amador que llegaba cargando un inmenso ramo de rosas.

-Señoras, les dijo a Norma y a Niza, por el mal rato que les hice pasar la vez pasada. Don Ricardo, buenas tardes… gracias por acceder a mi petición.

Tras Amador, entraron saludando como si ya fueran de la familia Amalia y sus dos hijos.

-Buenas tardes a todos… tomen asiento por favor… ustedes también dijo el escritor dirigiéndose a su familia.

-Un refresco Doña Amalia?

-Sí gracias, Doña Norma.

-Pues al mal paso darle prisa Amador, sentenció Ricardo… en qué te podemos servir?

-Por el contrario Don Ricardo, yo soy el que quiere servirles a Ustedes. Después de mucho cavilar, debo reconocer que Usted tenía razón Don Ricardo. He sido un patán como hombre, como funcionario y como padre… y quiero enmendarlo. Por lo pronto, les anuncio con orgullo que no sólo autorizo la boda de Gema, sino que les ruego me permitan costearla. Además, quiero hacerles como regalo de bodas, si lo aceptan, un departamento en Brisas del Ángel… déjeme ser -o tratar de ser- un hombre nuevo… por favor.

-Bueno, yo no puedo dejarle ser, es Usted el que debe ser… sobre el costo de la boda, creo que prácticamente ya está cubierto todo, excepto el cos-to del salón. Y sobre el regalo, creo que deben ser ellos los que acepten o rechacen…

-Ustedes qué dicen hijos? Cuestionó Amador solícito con Fidelito y Gema.

-Lo que diga Fidel, señaló Gema con prestancia y orgullo.

-Si el obsequio es de corazón… y por el bien de su hija… aceptamos Señor Amador…

-Pues no saben lo contento que me dejan. Yo esperaba con cierto temor un poco de rechazo todavía…

-No padre, dijo Heladio, aquí Don Ricardo nos ha hecho ver las ventajas de la bondad y la buena vida, buena en el sentido humano y espiritual… es de hombres de buena cepa perdonar… y creo que somos de buena cepa…

-Amalia… tú también me perdonas?

-Perdonarte? Ya solucionaste tu doble vida? Para que yo te perdone vas a desaparecer a tu otra familia? O dime… qué solución pretendes?

-Por favor Amalita… comprende que no puedo -como tú dices- desaparecer a esa familia, pero juntos encontraremos la solución… sé que no es justo, pero es algo que hice y, francamente, no sé cómo reparar…

-Bien… eso lo pueden ustedes discutir en su casa, en la intimidad, porque al fin y al cabo es un problema de pareja… dijo conciliador Ricardo. Por lo pronto, creo que lo mejor será sellar esta reconciliación con un abrazo entre Gema y su padre, y una buena copita de vino tinto… les parece?

Todos aceptaron felices. Parecía que Amador en realidad estaba cambiando. Pero dejemos al tiempo que corra….

 

Cuando Fidelito entró a la Iglesia de San Agustín, el Padre Ángel fue a su encuentro de inmediato.

-Hola muchacho de porra… qué te has hecho?

-Pues nada padre… que como Usted bien lo dijo, el problema se solucionó tranquilamente, no sin jaloneos, pero aquí estoy, para pedirle que nos case la semana que entra…

-Hola Don Ricardo… gusto en saludarle… conque casarte… y la semana que entra…? Sí cómo no!!! Y las amonestaciones? Tú crees que es nada más de me caso y ya!??? No mi’jito, las cosas se hacen como se debe, o no se hacen…

Ricardo y Fidelito estaban asombrados de la reacción del Padre Ángel. Nunca se imaginaron que los obstáculos los pusiera la propia iglesia…

-Pero… padre!!! Dijo a punto de desesperación Fidelito.

-Pero nada… que a mí no me andas con cuentos… ahora que… si consideramos el cumplimiento de aquella promesita que hicieras aquí mismo, frente a este Cristo maravilloso, a lo mejor… y sólo a lo mejor, te perdono las amonestaciones… y te caso cuando quieras chamaco!!! Exclamó finalmente el padre entre jocoso y feliz.

Ricardo respiró aliviado, todo había sido una broma del Padre Ángel a su nieto. Y vaya que se la creyeron!!!

-A ver… a ver… cuál promesa? Preguntó también festivo el escritor.

-Pues aquí su nieto le prometió a Jesús que si se solucionaba su problemita vendría tres meses a charlas evangélicas…

-Ora…!!! Pues a cumplir mi’jito porque si no, viene el diablo y te va a sacar cola… dijo riendo Ricardo.

-Cada tercer día, a las seis de la tarde… de seis a siete las recibes, y de siete a ocho se las das a los niños que vienen… estamos?

-Pues estamos, contestó alegre el muchacho.

 

-Oye hijo, le dijo Norma a Ricardo, y con todo este relajo no han ido a ver al ginecólogo? Verdad?

-La verdad, no sé si ellos lo hayan hecho… pregúntale a Fidelito…

Norma regresó de la cocina tras hablar con el muchacho, y señaló preocupada:

-Dicen que no… que te parece si la llevamos…

-Pues yo creo que sí… debe hacerse, no? Dile a Niza que llame a Carlos y le diga que pasamos por la muchacha en una hora…

 

Nacho, el ginecólogo, era cuñado de Ricardo y su relación de más de cuarenta años fue siempre cordial y respetuosa. No esperaron mucho, cuando la enfermera de recepción les dijo que podían pasar. Ambos se saludaron muy cariñosamente. Nacho, enterado por teléfono del asunto, les pidió dejar a la chica con él y esperarles en la sala de estar de su consultorio.

Tras largos veinte minutos, Nacho salió a ver a sus familiares mientras la muchacha se vestía.

-Pues yo la encuentro muy sana, lo mismo que al producto. No puedo saber todavía el sexo del bebé, pero sí que el embarazo lleva muy buen camino. Ya le entregué a ella los complementos alimenticios que debe tomarse, la dieta que debe llevar, y sobre todo los ejercicios que debe hacer a lo largo del embarazo.

-Tío Nacho, dijo Fidelito, en verdad todavía no se puede saber el sexo del bebé?

-No, apenas tiene cinco semanas… Mira hijo, que venga bien, y sea lo que Dios te mande, o qué? Si es niña la vas a rechazar? Dijo Nacho serio.

-No tío, cómo crees, pero a poco no es bien padre saber si es niño o niña? Digo, para no comprar ropita del color indebido… exclamó a guisa de justificación.

En ese momento Gema salía del consultorio y dijo:

-Quiero niña!!!

-No, yo quiero niño, exigió Fidelito.

-Cuidado, dijo jocoso el ginecólogo, no les vaya a salir del otro bando!!!

 

Todo caminaba sobre ruedas. Las compras del vestido de novia, tanto como del smoking de Fidelito y todos los enseres necesarios, se combinaban con la adquisición de pañales, carreola, porta-bebé y demás cosas como mamilas, chupones y hasta el ropón para el bautizo!

El salón estaba ubicado en una de las zonas elegantes de la Angelópolis y tenía un aforo de 250 invitados, los que apenas cabrían pues nada más de familia por parte del novio eran más de ciento cincuenta gentes. No se diga de la novia, pues el padre había pasado una lista de más de cien invitados, principalmente funcionarios y periodistas.

Fidel y Niza no paraban un minuto. Cuando no estaban atendiendo las lavanderías, andaban de compras con la pareja, o rotulando invitaciones. La que se estaba encargando de repartirlas era Azuani que, por cierto, ya andaba entusiasmada con un amigo suyo que la quería desde la época de estudiantes, pero no quería dar su brazo a torcer tan de inmediato.

Fidelito ya había empezado a cumplir con su promesa y de seis a siete recibía clases de evangelización, que repetía de siete a ocho a una camada de 36 nuevos evangelizados, el mayor de los cuales no tenía los ocho años. Pero se sentía a gusto. No sabía que tenía esa vena magisterial.

El Padre Ángel se sorprendió un día cuando, al pasar por el salón donde impartía su clase Fidelito, le escuchó hablar de una charla con Dios.

-Y si Ustedes tienen la suficiente confianza y sinceridad, les aseguro que pueden hablar con Dios…

El Padre Ángel esperó a que terminara su hora de clase y, al salir, le llamó aparte.

-Oye, qué quisiste decir con eso de que pueden los niños platicar con Dios?

-Es que mi abuelo nos ha dado algunas pláticas sobre cómo podemos charlar con Dios, sobre todo con confianza y sinceridad, y creo que los niños también pueden charlar con Él, no?

-Vaya… así es que tu abuelo habla así de la comunicación con Dios…

-Qué no se acuerda que le he platicado que lleva 38 años estudiando la religión? Es más, tiene escritas más de treinta obras, muchas de las cuales son sobre Jesús, San José, el beato Sebastián de Aparicio, María Magdalena, la Virgen de Guadalupe, la Virgen de Juquila… pufffff son un titipuchal… y allá en Acapulco da charlas sobre temas religiosos de los cuales, casi siempre, sale un nuevo libro…

-Ahhh esa sí no me la sabía…

-Sí, incluso ha hecha varias biografías, como la del Primer Arzobispo de Acapulco…

-Vaya, vaya, vaya… pues dile a tu abuelo que me venga a ver, que quiero hablar con él… por favorcito…sí?

-Claro que sí padre…

 

Ricardo llegó al día siguiente a ver qué se le ofrecía al Padre Ángel. Iba con la tentación metida pues no se imaginaba qué podría querer el sacerdote.

-Buenos días Padre… en qué puedo servirle?

-Hola Don Ricardo… pues resulta que su nieto me ha hablado mucho sobre la experiencia que tiene en cuestiones de la religión y quisiera hacerle una consulta…

-A mí, Padre… me apena… cómo puede ser eso?

-Pues lo es, amigo mío, lo es… mira, hace mucho tiempo escribí la biografía de uno de nuestros Arzobispos, quizás lo llegaste a conocer durante tu estancia por estos lares… Monseñor  Octaviano Márquez y Toriz, ya fallecido y que fuera Arzobispo del 14 de diciembre de 1950 al 24 de septiembre de 1975.

-Sí, lo recuerdo con agrado… Él fue el que luchó contra la instauración del comunismo en Puebla y, sobre todo, en la Universidad, lo que nos falló a todos, hasta que la liberamos en los primeros años de los ochentas. Casi veinte años sumida en un caos total…

-Bien, pues supe que has publicado algunos libros y quería ver si hay alguna forma de editar esa biografía. En realidad sólo tengo apuntes sueltos que podemos organizar para darle forma. Se puede?

-Claro que se puede Padre, incluso podemos acudir al Programa de Financiamiento para Escritores Iberoamericanos…

-En verdad harías eso por mí?

-Claro que sí Padre…

-Oye… y me podrías obsequiar algunos ejemplares de tus obras?

-También Padre, no se preocupe, en cuanto llegue a Acapulco se los mando…

-Dice Fidelito que tienes la biografía de Ildefonso Núñez de Haro, el Arzobispo de México y Virrey de la Nueva España…

-Sí, incluso fuimos a España, a Villagarcía del Llano, su ciudad natal, a hacer entrega de unos ejemplares a autoridades y lugareños, Hicimos muchos amigos por allá…

-Y puedes incluir un ejemplar de él entre los que me vas a enviar?

-Claro Padre…

 

-Don Ricardo… podría invitarle una taza de café en mi oficina? Cuestionó telefónicamente Amador al escritor que, receloso, aceptó de primera mano.

-Sí Amador, a qué hora?

-Si puede esta misma mañana, mejor…

- Allá estaré…

Ricardo prefirió no contarle nada a nadie y se dirigió al centro de la Angelópolis. Cuando llegó, la secretaria se levantó al escuchar su nombre y le pidió pasar a la antesala de la oficina. Escasos minutos después salió Amador que le hizo sentarse ante una mesita de café y le sirvió una taza del aromático líquido.

-Mire Don Ricardo, no quiero andarme por las ramas… quiero pedirle me ayude a encontrarme más con Dios, a llenar mi alma de paz y de tranquilidad… lo haría?

-Con gusto Amador, pero no te creas que es cuestión de un día y nosotros nos vamos en cuanto se realice la boda…

-Podemos aprovechar estos días que faltan… me puedo dar tiempo por las tardes, pero un favor… no quiero que mi familia sepa de estas charlas… me avergonzaría, al menos ahorita…

-Te entiendo, no te preocupes, trataré de hacerlo lo mejor que pueda, en beneficio de tu propia familia…

-No quiero adornarme porque dicen que alabanza en boca propia es vituperio, pero he tratado de rectificar. Ya no extorsiono a nadie, he procurado ser más amable con los demás… vamos, hasta mi secretaria se ha quedado con el ojo cuadrado… pero quiero hacerlo no sólo de dientes para afuera y obligado por… las circunstancias… ya me gustó el portarme bien y quiero hacerlo de la mejor manera…

-Correcto… te parece bien los próximos cuatro días? A qué horas?

-A las seis está bien?

-Bien… nos vemos mañana a las seis… supongo que vamos a estar solos, verdad?

-Pues sí… me gustaría más…

 

Mientras Fidelito comentaba entusiasmado de su labor con los niños, Ricardo sonreía escuchando a su nieto. Norma, a la que nada se le escapaba, se le acercó y le preguntó:

-Porqué esa sonrisita?

-Porque esta casa se va a volver una casa de predicadores… sabes quién me invitó a tomar un café hoy?

-Quién?

-Amador…

-Y qué quería?

-Pues aunque no lo creas… que le dijera cómo acercarse más a Dios… quiere rectificar realmente su vida, pero dice que no lo quiere hacer de dientes afuera, sino de fondo…. Realmente…

-Caray… pues es satisfactorio, no?

-Mucho… pero ahora tengo que ir los siguientes cuatro días por la tarde a charlar con él…

-Y… quieres hacerlo?

-Naturalmente, quiero creer en su sinceridad…

-Lo sabe Gema…?

-No, me pidió no decirle a nadie de la familia… le avergüenza…

-Oye… y qué hizo por fin respecto a la otra familia?

-Bueno, pues ese es un palo dado que ni Dios quita… es otra familia hecha, formada, y ni modo de envenenar a los chamacos y a la señora…

-Y cuántos son?

-Otros tres igual que con Doña Amalia…

-Y la señora?

-Pues hasta donde sé, es más joven que Amalia, pero de clase media baja, no es precisamente una familia como la de Gema, pero es una familia de todas formas… yo no sé cómo le vaya a hacer Amador… yo no sabría qué hacer ni puedo proponerle una solución… que por desgracia creo que para allá van las famosas charlas que quiere tener conmigo… a veces me abruma que piensen que tengo una solución para todo y para todos…

-Y la tienes, siempre la tienes… dijo Norma abrazándole tiernamente.

 

Y en verdad eso era algo peculiar. Ricardo siempre había sido –desde muy joven– el paño de lágrimas de sus cercanos y a veces hasta de no muy cercanos. No sabía si era una virtud, pero incluso en sus épocas de maldito –como él lo llamaba– daba consuelo a los amigos o amigas que se acercaban a él.

Los últimos 35 años habían sido de plenas satisfacciones. Ayudaba a todos con lo que podía, a veces un simple consejo, otras con una recomendación y muchas otras económicamente. Pero siempre se encontraba ayuda y apoyo en el escritor.

 

-Pase Don Ricardo… gracias por aceptar tener estas charlas conmigo.

-No digas eso Amador, ya casi somos de la familia, así es que… a tus órdenes…

-Puedo tutearte?

-Claro… adelante…

-Mira Ricardo… Dejar de fregar a los demás ha sido realmente fácil. Per creo que lo difícil es enmendar los daños causados. A los empresarios que chantajeaba, les he dado –para enmendar el daño– facilidades para sus operaciones y acceso a créditos que les refaccionen industrialmente. A mis colegas funcionarios y políticos, creo que con dejarlos en paz ha bastado… la grilla se quedó en el cajón de los recuerdos… pero hay algunos puntos a los que no encuentro solución…

-Como lo de tu familia extra… no?

-Sí… y me preocupa porque en verdad no sé qué hacer… todas y cada una de las soluciones que he encontrado son injustas, ya sea para una o para otra. Me desespera no saber qué hacer…

-Qué te dice Amalia?

-Que ella no quiere saber nada de la otra familia y, que si decido quedarme con ella, no quiere enterarse de que los vuelvo a ver…

-Y la otra señora, ya sabe que están enterados? Ella misma sabe de la existencia de tu primera familia?

-Sí… cuando empezó la relación ella sabía que estaba casado… y aún así aceptó. Y no puedo decir como justificación que porque se embarazó, no… el primer hijo vino a los dos años de relaciones…

-Cuántos hijos tienes?

-Tres… obviamente son menores que Gema… uno tiene 12 años, el otro 10 y el más pequeño apenas los cinco años...

-Pues creo que tienes razón… no veo solución justa para nadie… es de esos errores difíciles de remediar…

-He pensado en algo drástico… hablar con Susana y decirle que la dejaré de ver para siempre… los niños ya están bautizados y registrados, así es que no hay problema de identidad. Por otra parte, les asignaré una pensión vitalicia para todos, los cuatro, y espero que acepte…

-Y… si acepta… crees poder vivir sin ver a tus hijos? En verdad crees poder separarte para siempre de esa familia?

-Y qué hago? Abandono entonces a Amalia? No sé qué hacer, te lo juro…

-Cálmate… ante todo, será Dios mismo quien te de la solución… sólo déjalo entrar en tu corazón… pero sé sincero con Él… no quieras poner palabras en tu boca para creer que Dios te las dice… no… déjalo fluir… deja que llegue a ti… haz ese ejercicio todas las noches, al irte a acostar, o aquí, solo, en tu oficina… verás que llega…

-Así de simple?

-Así de simple… pero, repito, sé sincero, abierto, ten fe y espera… espera con el corazón y la mente abiertos…

 

Cuando el escritor llegó a casa de los Vera, le estaba esperando Amalia. No se lo esperaba y se turbó un poco…

-Doña Amalia… gusto verla…

-Gracias Don Ricardo… me dijeron que está viendo a mi marido… qué le dice? Qué solución ha encontrado a su problema?

-Caray Doña Amalia… y cómo se enteró si nadie lo sabía, incluso mi familia…

-Una tiene sus métodos. Me hice amiga hace algún tiempo de su secretaria y es la que me tiene al tanto de todo…

-Ahhh… entonces Usted ya sabía de la existencia de la otra señora…

-Pues es lamentable reconocerlo, pero sí… desde que comenzaron a andar juntos lo supe…

-Oiga Doña Amalia… y porqué no hizo nada en ese momento?

-Huyyy es que usted no llegó a conocer a Amador… capaz que me quita mis privilegios como esposa, dinero, casa, coche, ropa… joyas…

-Entonces, Doña Amalia… Usted vendió su dignidad?

-Ay Don Ricardo, no lo diga así porque se oye muy feo… mejor digamos que me callé por conveniencia… jamás hubiese podido quitarle a esa mujer de la cabeza… se lo juro… pero estaba segura de que si le reclamaba, se largaría con ella y nos abandonaría a mis hijos y a mi…

-Y ahora le preocupa que lo haga…

-Pues… sí…

-Y no le preocupa que a quien abandone es a esa otra familia que, dicho sea de paso, no tiene la culpa ni de las andanzas de Amador ni de la complacencia de Usted, Doña Amalia?

-Yo fui primero…

-Pero no supo defender su lugar… le interesó más sostener el tren de vida que Amador le daba… mire Doña Amalia, no es que yo me meta en sus asuntos, Usted me dio la oportunidad de hacerlo… Usted y Amador… pero no puedo seguirles la corriente y decirles que está bien todo lo que hacen… si me piden un consejo, van a escuchar verdades… no lo que quieren oír… Yo le tengo mucho respeto Doña Amalia, pero francamente siento que usted misma acicateó el crecimiento de esa familia con su disimulo… dígame… cuándo supo de la existencia de la otra señora?

-Como a los seis meses de que empezaron a andar..

-Lo ve? Si usted se hubiese puesto en su lugar no habría pasado de una aventura amorosa… pero dejó correr el tiempo por conveniencia y, vinieron los hijos…

-Ya iban a tener un hijo…

-No es verdad Doña Amalia… el primer hijo vino a los dos años de relaciones… usted dejó, usted permitió que se consumara todo…

-Entonces qué hago? Me tengo que aguantar?

-Quizá sí… como lo ha hecho toda su vida, y por lo mismo, por conveniencia… y que conste! Yo no estoy diciendo que eso haga… pero conforme a las circunstancias…

-Es que… los derechos de mis hijos…

-Son los mismo derechos de los otros muchachos… por desgracia…

-Don Ricardo, dijo Doña Amalia irguiéndose, sinceramente… Usted cree que hice mal al callarme… al soportar?

-Francamente, sí… si usted hubiese protestado desde el principio, esa familia no hubiera existido, pero ya existe… ya existe...

Sin querer, Doña Amalia le había dado la solución al escritor.

Los preparativos para la boda prácticamente estaban terminados. Sólo había que esperar un par de días más. Fidelito y Gema serían marido y mujer, contra viento y marea…

 

-Pasa Ricardo, dijo amablemente Amador. Que bueno que llegas temprano… ya me andaba por verte… estuve pensando y dándole vueltas al asunto…

-Y ya encontraste la solución?

-Pues eso era precisamente lo que quería comentar contigo… saber qué te parece…

-Pero… entiende Amador que no es lo que me parezca a mí… es tu vida, tú debes de resolverla…

-Sí… lo entiendo, pero tu consejo es muy valioso para mí… mira… Amalia tiene años que no me ve como pareja. En cuanto empecé a tener dinero ella comenzó a alejarse. Su vida social tuvo una prioridad muy por encima de nuestra vida conyugal. Precisamente por eso, y no es justificación, cuando encontré a Susana y me aceptó como soy…. Bueno, como era… no dudé en enredarme con ella.

Sin embargo, no quería convertir ese romance en una familia, por eso no encargamos luego. Gema crecía y dejaba de ser la niña que alegraba mis noches y mis despertares… nació en mí el deseo de volver a ser padre. Cuando lo comenté con Amalia su respuesta fue terminante: Estás loco! A estas alturas andar cambiando pañales y desvelándose por un chamaco? No mi’jito!!! Búscate otra que te lo dé…

-Así te lo dijo?… me refiero a esa última frase...

-Sí… te lo juro… la respuesta me dejó estupefacto! Jamás pensé que Amalia se pudiera en ese plan. Le había dado todo… todo… y hasta de más…

-Creo que se te olvidó que el dinero no compra el cariño…

-No… lo sé… y la mejor prueba son mis propios hijos, los varones… quise protegerlos tanto que también les di todo… los malacostumbré… lo reconozco… Fue entonces que decidí embarazar a Susana. Por muchos años mi familia, el hogar en que hallaba refugio y calor, fue con Susana. Con decirte que en una ocasión no había ido a dormir a la casa en una semana completa… y nadie se dio cuenta! Mis hijos siempre me buscan en la oficina, así es que ellos no notaron mi ausencia. Amalia se había acondicionado otra recámara y no sabía si, cuando llegaba a casa, había cenado o desayunaba al día siguiente. Yo mismo no puedo asegurar si alguna noche Amalia no durmió en casa. Casi no nos veíamos.

-Vaya… pues estaba grave la cosa…

-Estuvo, desde entonces, porque jamás el río volvió a su curso. Los hijos crecieron. Los de Amalia me buscaban sólo para pedirme dinero. Los de Susana eran los proporcionadores de esas satisfacciones que tiene un padre como ir al baile del kínder, o a la ceremonia de graduación de la escuela.

Hacia la familia de Amalia me creció un rencor sin par. Sacaba la cartera antes de que dijeran algo cuando me buscaban… y nunca me equivoqué. Ese rencor fue creciendo y haciéndome más hosco con ellos, sobre todo con ella, con Amalia. Por eso dicen que soy un ogro… pero pregúntale a Susana y verás lo que ella te dice de mí…

-Mira Amador… antes de que tomes una decisión… trata de sacar ese rencor que se ha adueñado de tu corazón. Sácalo… lánzalo fuera… y en el espacio que deje, mete a Dios. No te atormentes pensando en lo que hiciste bien o mal… eso ya lo juzgará Dios. Pero si decidiste arreglar tu vida, si decidiste ser bueno de ahora en adelante, debes actuar con justicia y sin remordimientos. Cada quien tiene el futuro que se labra. Yo no puedo aconsejarte que dejes a Susana y sigas con Amalia o viceversa, pero si te puedo decir que jamás debes castigar a un inocente por sostener una mentira…

-Entonces… tengo razón… Amalia misma me arrojó a los brazos de Susana… a Amalia sólo le interesa el dinero… Susana es inocente… inocente en todo porque, a pesar de arrastrar el pecado de haberse metido con un casado y a sabiendas, ha sabido ser la mujer que necesitaba. Dejaré a Amalia otorgándole una pensión lo suficientemente amplia como para que puedan, ella y mis hijos, seguir con la vida que han llevado. Me divorciaré y me casaré con Susana, le daré el lugar que le corresponde…

-Ya lo pensaste bien? Y si mañana no tienes el mismo puesto y no tienes dinero para pagar esas pensiones?

-Pues ni modo… rico yo, todos ricos… pobre yo.. Todos pobres!

Ricardo rio ante la inocente pero realista lógica del que sería consuegro de su hija.

-Espero que no sea mi consejo una mala influencia para tus decisiones…

-No, que va… ya me daba vueltas en la cabeza la idea… la verdad, mi querido Ricardo, es que no sé como aguanté tanto a Amalia, su desapego, su indolencia hacia mí… sabes cuántos años fueron de vivir en una casa en la que ni siquiera la servidumbre me saludaba? Eternidades!!! Ricardo, eternidades!!!

No soy un mal hombre… las circunstancias me hicieron así… así me enseñaron a ser en la política… bien dicen: el que no tranza, no avanza… y así me porté. Ahora me arrepiento…

-No te preocupes… quieres saber algo? Yo fui igual, o peor que tú…

-En verdad? No puedo imaginarte de maldito…

-Dijiste la palabra que más me gusta como calificativo. Yo tuve una época de maldito. Me hicieron, incluso, fama de maldito. La gente me tenía no miedo, sino pavor. No maté a nadie, pero no dudo que muchas muertes se hayan dado dentro de algunas de mis acciones… fui apagafuegos del gobierno federal, de la propia Presidencia, Amador… llegó el momento en que pensé que no podría abandonar jamás esa vida de poder y dinero… porque vaya si había poder y, sobre todo, dinero… pero un día me di cuenta de que había perdido a mi familia por eso mismo y decidí salirme… ahora vivo tranquilo, y es verdad, de vez en cuando hago uso de mis relaciones para desfacer entuertos, sólo que ahora muy personales, cuando la familia está en apuros… o alguien de ella…

-Carajo… luego entonces por eso bien que supiste manipularme… porque lo hiciste como todo un maestro! Esa entrada tuya en mi casa no tuvo madre… te diré algo… cuando te fuiste, lo primero que pensé fue: como quisiera tener la determinación de este tipo…

-Jaa… la tienes, la tienes tanto como tienes la fe, sólo que no sabes usarlas… a mí también me enseñaron a usarlas, a bien usarlas… pero ya platicaremos de eso otro día… te sugeriría que esperes a que pase la boda para dar a conocer tu decisión… no opaques uno de los momentos más felices de la vida de tu hija…

-No… claro que no… esperaremos… es más, hablaré cuando ellos anden de luna de miel para que todo esté consumado a su regreso…

 

Cuando Ricardo salía del edificio gubernamental en donde estaban las oficinas de Amador, le alcanzó una mujer que, tocándole el hombro le cuestionó:

-Es Usted Don Ricardo, el abuelo de Fidel?

-Sí señora… en qué puedo servirle? Contestó el escritor extrañado.

-Soy Susana, la pareja de Amador… me he enterado de todo lo que pasa y me gustaría hablar con Usted…

-Si gusta, vamos al café de aquí a la vuelta… es discreto y podemos platicar ahí… señaló Ricardo sin salir de su extrañeza.

-Claro… vamos…

 

Camino a la cafetería, Ricardo no pudo menos que comparar a Amalia con Susana. Amalia era todo soberbia, Susana respiraba amabilidad y cortesía. Amalia caminaba con la frente erguida, viendo hacia abajo a los demás, Susana relajada, con la vista al frente. No bajaba la cabeza, pero tampoco se engallaba.

Amalia vestía ropa de marca, Susana vestía discreta pero decentemente. Amalia se veía popis, Susana como cualquier señora. Ricardo sonrió ante este último pensamiento.

Ya ubicados en el cómodo apartado de la cafete-ría, el escritor dijo:

-Usted dirá Señora.

-Pues… antes que nada, agradecerle lo que está haciendo por Amador… no sabe cómo le admira… no deja de hablar de usted y de todos los consejos que le da. Ha cambiado… bueno… ha cambiado para con los demás, porque conmigo siempre ha sido muy lindo. Es un buen esposo… perdón… una buena pareja, un buen padre y ahora un buen hombre.

-Disculpe, pero tengo curiosidad por algo que acaba de decir… dice que con usted siempre ha sido bien lindo… esto significa que la ha tratado bien? Que no ha sido un ogro, como dicen que es?

-Nooo… que va! Cuando lo conocí, Amador estaba moralmente deshecho. Tenía muchos problemas en su casa. Primero fui su refugio, luego su mejor amiga y, finalmente, su amante.

Él mismo me platicaba de lo que sucedía en su casa. De cómo su mujer le trataba y de cómo los hijos, formados enteramente por la mujer, sólo le buscaban por dinero.

-Y… Usted se convirtió en su amante porque se embarazó?

-No… mi primer hijo vino a los tres años de estar juntos; es decir, lo encargamos dos años después de comenzar a vivir juntos. Amador fue un hombre amoroso desde el principio… y siempre lo ha sido. Sabía bien cómo se comportaba en su trabajo y lo que se decía de él… yo fui una de sus secretarias… pero conmigo era otra cosa. Amable, conquistador, siempre atento a mis menores deseos…

-Susana… puedo llamarle así…?

-Naturalmente…

-Susana… él la mandó a hablar conmigo?

-No… le voy a ser franca, pero le suplico guarde el secreto… su hijo Heladio, un buen chico que conoce de nuestra relación desde el principio, se volvió mi amigo y confidente, es decir, nos volvimos confidentes porque él me cuenta sus cosas y yo las mías… quiere mucho a sus hermanos –como él mismo les llama– y me trata con mucho respeto. Él fue el que me comentó de todo esto… y… el querer hablar con usted fue idea mía.

-Vaya, vaya, vaya… Así es que Heladio sabía de su relación con su papá y no sólo la aprobó sino que se involucró en ella… qué cosas se ven en este mundo… y dígame Susana… qué desea de mí?

-Ay Don Ricardo… como le dije al principio, primero agradecerle la buena influencia que está teniendo en él… y segundo… pues… supe que Amador tiene que tomar una decisión… que su esposa le exige decida sobre una vida con una o con otra… sólo quería comentarle que si Amalia se hizo la extrañada con nuestra relación, ella está mintiendo pues la conoce desde el principio. Pero… curiosamente, jamás me dijo nada, jamás me reclamó algo… sólo me veía con ojos de odio y a veces de desprecio…

-Y… sobre esa decisión… usted quiere que influya en Amador para que se quede con usted?

-Nooo… no, Don Ricardo. Yo estoy preparada para lo peor. Sé que en un momento dado quizá se decida por su familia… yo lo que quiero es lo mejor para él… lo amo intensamente, se lo juro. No, Don Ricardo, lo que quiero pedirle es que no influya a favor de Amalia… que sea él el que tome la decisión…

-Eso, se lo puedo jurar… dijo el escritor con un dejo de admiración por la mujer.

 

Ricardo comentó con Norma el encuentro con Susana. Ella, como siempre, le escuchó atentamente y luego le preguntó:

-Y tú… qué piensas?

-Bueno… definitivamente el que tiene que tomar su decisión es Amador. Yo no influyo, ni influiré en él a favor ni de una ni de otra…

-Pero… tú cómo ves las cosas? Qué harías tú en su lugar?

-Mujer! Me la pones difícil! Aunque de primera mano te diría que yo dejaría a Amalia y me quedaría con Susana…

-Ahhh… pues parece que coincidimos… francamente yo veía con cierta simpatía a Amalia, pero con todo esto que ha surgido y ahora con lo que me cuentas de Susana, me inclino también por ella…

-Y las conveniencias sociales?

-Al diablo con las conveniencias sociales!!! Esas ya se han diluido en esta sociedad moderna llena de prejuicios y exenta de valores… rompiendo reglas establecidas, te puedo decir que si Amador se decide por Susana no está haciendo otra cosa que ser justo. Amalia es la antítesis de la esposa “correcta”, mientras que Susana es la “esposa” correcta.

-Oye… a propósito… no sabes si se casaron por la Iglesia?

-Debe ser! Recuerda que esta sociedad angelopolitana no se permitían los matrimonios sólo por lo civil.

-Bueno… pero ya hay dispensas y hasta anulaciones… sólo es cuestión de tramitarlo… o como decía el Padre Ángel: es tu responsabilidad con Dios… Él sabe todo lo que sucede… Él sabe todo lo que conviene…

 

Ricardo había tomado ya la costumbre de visitar al Padre Ángel y comentar las cosas sobre el asunto. El sacerdote, que indudablemente simpatizaba cada vez más con abuelo y nieto, le escuchaba con atención y después vertía su propio criterio.

El escritor, en esta ocasión, estaba seguro de que el sacerdote defendería a priori la institución sagrada del matrimonio.

-Mira Ricardo… sin duda alguna el matrimonio tiene dos vertientes a tomar en cuenta: como institución y como sacramento. Como sacramento es inviolable, indivisible, insustituible… como institución, ha sido la célula primigenia de la familia y, por ende de la sociedad. Pero el hombre, más que el diablo, metió su cola y ha dado al traste con éste como institución. Si bien no hace ni cien años bien que se aplicaba aquello de que hasta que la muerte los separe, la modernidad iniciada con aquel movimiento hippie de los 60’s, cuyo lema era “amor y paz”, no sólo propició el amor libre, sino el libertinaje social en todas sus formas. Y la primera institución afectada fue, sin duda alguna, el matrimonio. Así, el matrimonio civil, el institucional, dejó de ser un requisito sine qua non la pareja formaba una familia socialmente reconocida y legal. Pero cosa curiosa… muchas de esas parejas que rechazaron el matrimonio civil… buscaban casarse “por la iglesia, para que Dios bendiga nuestra unión…”

Ahhh, pero eso sí, en cuanto tronaban, buscaban desesperados el divorcio eclesiástico, la anulación de su matrimonio… la que no es posible, a menos que existan ciertos requisitos o circunstancias que lo permitan.

En otras palabras, no creemos en papelitos, pero el matrimonio por la iglesia no es un papelito, sino un sacramento… un SACRAMENTO…

-Indisoluble… recalcó el escritor.

-Pues… no… fíjate que no. Sí existe la anulación pero, como te dije, bajo ciertas circunstancias que arrojen que ese matrimonio o no fue consumado, o definitivamente dejó de existir como tal, aún en contra de la ley divina.

El Papa Francisco decidió reformar 20 cánones del libro séptimo del Código de Derecho Canónico, que fueron establecidos entre 1671 y 1691, y que hablan de la nulidad matrimonial. La reforma planteada por el Papa es algo muy sencillo. El máximo líder de la Iglesia Católica busca darle celeridad a los proceso de nulidad matrimonial y que sean más asequibles para los fieles.

Con motivo del Año de la Misericordia, el Papa quiso regalarles esta cercanía a los feligreses con la Iglesia. Uno de los puntos clave de la reforma es la celeridad: que la anulación matrimonial sea un proceso mucho más rápido.

Para ello, el Papa ha anulado la segunda instancia, y bastará con que sea dictada una sentencia en firme desde la primera instancia, que debe estar compuesta por tres jueces: un sacerdote clérigo y dos laicos especializados en ciencias humanas. Con base a los cambios en el Código Canónico, el juez o el tribunal de la primera instancia dará la sentencia en firme y, pasados los tiempos de derecho –que no haya apelación durante 15 días hábiles– al día siguiente se hará efectiva la anulación y las personas podrían contraer nupcias inmediatamente.

Anteriormente, para que un tribunal recibiera una causa –nombre que se le da a los procesos en la Iglesia Católica– las personas tenían que haber celebrado el matrimonio en el lugar donde solicitaban la anulación. Pero al hacerse efectiva la nueva reforma, el que tenga domicilio en una nueva ciudad o, incluso, cuasi domicilio, puede llevar el proceso en dicho territorio.

A pesar de que mantener la estructura de un tribunal es muy costoso, el Papa Francisco decidió poner la gratuidad al servicio de los feligreses. Esto significa que toda persona que llegue al tribunal, tiene que salir con su sentencia. Aquí no se excluye por no aportar recursos.

Anteriormente, los gastos del proceso de nulidad se distribuían aproximadamente así: trámites de correspondencia entre 120 y 150 mil pesos, el peritaje psicológico y neurológico tiene un valor de 300.000 por cada sesión, entre otros, y eran cubiertos por los implicados en el proceso de nulidad. Además, se hacía un balance de los ingresos de la pareja para determinar su aporte económico para cubrir el valor del proceso. Ahora, la Iglesia correrá con dichos gastos. Te aclaro que no todo proceso que entra al tribunal es nulo. En los tribunales hay una figura llamada El Defensor del Vínculo, que es un abogado que lucha para poder mantener la unión matrimonial. La reforma propuesta por el Papa Francisco, que se dio a conocer el 8 de septiembre del 2015, y entró a regir en firme el 8 de diciembre de ese mismo año.

La nueva reforma canónica establece que las causales de nulidad matrimonial son: la breve convivencia conyugal, el aborto para impedir procreación, relaciones extraconyugales, ocultar la esterilidad o una enfermedad grave o contagiosa. También el engaño, así como ocultar tener hijos nacidos en anteriores relaciones, haber estado en la cárcel, la violencia física y tener un embarazo imprevisto antes de casarse.

En la Iglesia Católica no existe lo que en derecho civil se le llama divorcio. La separación conyugal o divorcio es aquello que existe, pero que se quiere deshacer porque no hubo complementariedad en la relación de pareja. En cambio, la nulidad matrimonial significa que dicho sacramento o unión nunca existió, porque no se cumplieron los requisitos fundamentales para que este fuera válido.

Después de que un proceso de anulación nupcial es llevado a un tribunal, los jueces eclesiásticos analizan la situación y determinan si el matrimonio que la pareja contrajo no existió debido a los vicios en su desarrollo, es decir, que no se cumplieron los fines para los que está creado el matrimonio, los cuales están establecidos en la Biblia. Dichos vicios se convierten en causal determinante para la validación de una solicitud de nulidad matrimonial.

-Entonces… por lo que me dices, Amador sí puede alcanzar la nulidad de su matrimonio por la iglesia…

-Bueno… yo no puedo decirte sí o no… pero creo que puede intentarlo. Veo algunas de las causales en su vida matrimonial… pero es el tribunal el que decide…

-Sí, lo entiendo… pero, si le digo eso ahorita, sería tanto como influir en él para su decisión… qué me aconsejas?

-Déjalo… que tome su decisión primero… que sea su corazón el que decida… y si lo hace por Susana, entonces le puedes contar sobre la nulidad…

-Yo?... No padrecito… eso le toca a los curas…

-Pues me lo mandas y ya… yo no tengo miedo de decirle…

-Yo tampoco pero…

 

Los días pasaron volando. Todo estaba listo para la boda. Gema se veía encantadora con su atuendo nupcial. Fidelito lucía como todo un galán de película. Niza veía todo con unos ojos de ternura y los ojos se le rasaban de lágrimas. Fidel, más seco, ayudaba a su hijo en los últimos toques.

La Iglesia de Santo Domingo lucía con todas sus galas. El Padre Ángel se había lucido en el adorno y las flores saturaban el pasillo central y el altar mayor.

Azuani había conseguido un cuarteto de cámara que lanzaría al aire las nostálgicas notas de la Marcha Nupcial, y una amiga suya entonaría el tradicional Ave María.

El templo lucía repleto de amigos y familiares de ambos clanes. Dado el puesto de Amador, la crema innata de Puebla se encontraba en el lugar. Ricardo sonrió recordando viejos tiempos.

Carlos, hijo de Ricardo, que entre otras cosas compraba y vendía autos, había conseguido con un amigo una hermosa limusina blanca en la que llegó Gema.

El caminar de la novia por el corto tramo del andador que separaba el templo de la bocacalle fue más que ceremonioso. Lo hizo a paso lento, recibiendo la felicitación de decenas de desconocidos que, sólo por el hecho de verla vestida de novia, expresaban sus mejores deseos a su paso.

El bolero aquel con que se topara Fidelito, invitado por este a la boda, se cuadró como soldado ante Gema al llegar ésta a la puerta de la iglesia, causando la hilaridad de la joven que, enternecida, le abrazó con afecto.

El recorrido por el atrio lo hizo en medio de una valla humana conformada por sus compañeros de la universidad. Al final, junto al portón principal, un grupo de ellos portaba sendos alcatraces cuya largo tallo enarbolaban como si fuesen espadas y le ha-cían un túnel de honor verde y blanco.

No bien cruzó el dintel cuando el cuarteto de cámara soltó las primeras notas de la marcha. En el templo se levantó un rumor ininteligible, seguido por un silencio respetuoso. Una pequeña, sobrina de Fidelito, abría el cortejo lanzando pétalos de rosa a la alfombra del pasillo central.

Ricardo, sentado junto a Norma en la primera fila de la bancada, volteó discretamente hacia la hermosísima Capilla del Rosario y haciendo una pequeña inclinación de cabeza, con la Virgen a la vista, le rogó por la felicidad de la inminente pareja.

Al otro lado, pero también en primera fila, Amador hizo al escritor una señal de agradecimiento que reafirmó Amalia, colocada a su lado.

Fidelito, notoriamente nervioso, no dejaba de morderse las uñas pero, al escuchar las primeras notas de la tradicional marcha, enderezó la espalda y sonrió con una satisfacción que llenaba todo el templo.

Niza y Fidel, colocados en las sillas acomodadas para los padrinos de velación, se apretaban las manos y suspiraban. Ella, sobre todo, recordaba ese mismo sentimiento que experimentara cuando el chamaco se le fue, becado por la Universidad y en un programa de intercambio con una prestigiosa universidad chilena, hasta las lejanas tierras del sur de América. Jamás se había alejado de ellos, de ahí ese sentimiento. Ahora, no se iría lejos, pero se iría definitivamente, haría su propia vida. Formaría su propia familia.

Cuando Ricardo volteó a ver la entrada de Gema, pudo notar que, perdida entre la multitud y ubicada hasta el fondo del templo, se encontraba Susana. No había querido perderse la boda de Gema, con quien también le ligaba amistad y comprensión gracias a Heladio.

El Padre Ángel, muy en su lugar, gozaba viendo y analizando a los que conocía y, sabedor de la problemática que se había presentado, levantaba el pecho con orgullo debido a la satisfacción que le daba el haber sido parte del artificio de esa linda pareja.

Empezada la ceremonia, en el momento de la Homilía, el Padre Ángel aprovecho para desearles la mayor de las dichas… y para mandarle un mensaje a quien se pudiese poner el saco.

-La modernidad, dijo, es causa de la destrucción de la familia. Célula indiscutible de una sociedad recta y respetuosa. Mucha pena me dio escuchar a nuestro Presidente decir –en una reunión con organismos de mujeres- que se sentía orgulloso de que 34 de cada cien hogares mexicanos eran sostenidos por una mujer. Vergüenza debiéramos sentir ante esa desafortunada prueba de la irresponsabilidad del hombre. Allá por los sesentas se inició el famoso movimiento hippie que clamaba por hacer el amor y no la guerra… pero esa libertad sexual que defendía se convirtió en libertinaje y, si entonces era una deshonra que una mujercita saliese embarazada, poco a poco se convirtió en un orgullo, en una bandera de independencia equivocada. Que me diga una sola de esas mujercitas si no es verdad que su vida se vio desgraciada, sobre todo cuando se vio obligada a enfrentar las consecuencias de ese libertinaje... ella sola! Es verdad, siempre han existido jovencitas que dan su brazo a torcer o se fugaban con el novio, pero aparte de que eran casos contados, muy contados, de una forma u otra su pareja respondía a sus obligaciones, es decir… se casaba por la buena, o por la mala! Es verdad que siempre ha existido el bien y el mal… pero estas últimas cuatro generaciones han abusado. Y esos abusos se vieron “legalizados” al calificárseles de una forma moderna de vida social.

Hoy, aquí, por fortuna, tenemos a una pareja que bien supo no sólo enfrentar sus responsabilidades, sino que las defendió a capa y espada, haciendo entender a quienes se oponían que el amor triunfa por sobre todas las cosas. Bien dijo Jesús: Un solo mandamiento nuevo les doy: amaos los unos a los otros como a sí mismos.

Dios bendiga esta unión triunfadora y a quienes les apoyaron y aconsejaron.

 

En el momento tradicional en que el sacerdote pregunta si hay alguien que se oponga le conmina a que lo diga o calle para siempre, una voz salió del fondo que gritó claramente: Yo!!!

Todos los presentes voltearon hacia el lugar de donde había salido la fulminante voz, al tiempo que decía finalmente: … yo… yo creo que nadie se atrevería, porque sus compañeros de la Universidad le darían una buena paliza!!! Vivan los novios!!!!

Una risa nerviosa se apoderó de los asistentes que descansaron al comprender que sólo había sido una broma de los universitarios.

El Padre Ángel, siguiendo la broma, señaló:

-Bajo tal advertencia, y enterados de que nadie se atrevería a oponerse a esta boda… Gema y Fidel, yo los declaro Marido y Mujer… puedes besar a la novia…

El aplauso se generalizó en el templo y las porras universitarias se dejaron escuchar. La pareja quedó con la vista al frente de las bancas y empezó a recibir los abrazos y felicitaciones de amigos y familiares. Decenas de fotógrafos, salidos no sé de donde, tomaban gráficas de cada movimiento de los novios y sus acompañantes.

Ricardo observó que Amalia se dio cuenta de la presencia de Susana y le lanzó una mirada de desprecio. Susana la ignoró. Se persignó tranquilamente y salió de la iglesia no sin haber hecho una seña de abrazo a Gema, que correspondió con una sonrisa de agradecimiento.

A la salida del templo, los estudiantes hicieron de nuevo una valla y bañaron con granos de arroz a la pareja cuando salió para abordar la blanca limusina. Los invitados poco a poco abandonaron el templo para dirigirse al salón de eventos contratado para la comida.

Al salir, Ricardo notó que, en una tienda de ropa de frente a la iglesia, simulando comprar, estaba Susana atestiguando la salida de la pareja. Apretando el brazo de Norma le hizo notar a la mujer.

Durante la comida, con los puntos ceremoniales clásicos como el primer vals de los novios, el baile con familiares y amigos y las tradicionales calabaceadas, no hubo mayor problema… hasta que Norma le hizo notar a Ricardo que Amalia estaba tomando de más.

El escritor le hizo una seña a Amador que sólo se encogió de hombros. Niza, inteligentemente, se fue a sentar con ella y a hacerle plática para ver si la distraía y frenaba su forma de tomar.

Sin embargo, Amalia estaba desatada. Primero manifestó un ambiente de felicidad por su hija querida, pero de ahí pasó a las quejas sobre su vida matrimonial y a subir el tono de voz. Niza intentaba tranquilizarla, pero no lo conseguía. Los tragos de Amalia eran cada vez más frecuentes y las copas más llenas.

Ricardo fue a decirle a Amador que no se le acercara para evitar un enfrentamiento público y el funcionario se fue a sentar al otro lado del salón con unos compañeros de oficina.

Gema, al darse cuenta, se acercó a su madre queriendo calmarla, pero fue peor…

-Crees que soy estúpida? Crees que no me ci cuenta de las señitas que te hiciste con la prostituta esa de Susana? Qué? Ya se entienden? Ya no quieres a tu madre? La vas a traicionar como lo hizo tu padre?

La voz de Amalia ya era casi estentórea, llamando la atención de algunas mesas de los lados. Ricardo se vio obligado a intervenir y llegó hasta la mesa.

-Qué demonios le hacen a mi amiga? No ven que está sufriendo? Déjenla… déjenla en paz… ven Amalia… vamos a otra parte en donde no te humillen…

La estrategia del escritor rindió sus frutos. La esposa de Amador y madre de Gema se levantó dócilmente y se dejó guiar por Ricardo hacia la salida-

-Es que… ya no me quieren… ninguno de ellos me quiere…

-Calma querida amiga… si ellos ya no te quieren, tienes muchos amigos que sí te queremos… ven… vamos a la casa a tomarnos otros tragos y charlar en la intimidad…

Norma tomó a Amalia por el otro brazo y le subieron al carro del escritor, alcanzándoles Amadito que, sin que lo notara Amalia, se subió adelante y se dirigió a su casa.

Para cuando llegaron, Amalia ya estaba en el quinto sueño.

-Problema superado, dijo el escritor.

-Gracias, agregó Amadito.

 

Norma y Ricardo emprendieron el regreso a Acapulco dos días después de la boda. Amador le llamó al escritor y le pidió que no le dejara solo…

-No te preocupes… pero ya te dije que la decisión es tuya y de nadie más… de todas formas, puedes llamarme a la hora que quieras…

La misma Amalia llamó para disculparse por el papelón que hiciera en la fiesta. Norma, que fue la que le contestó, le señaló que no había nada que disculpar y que la amistad seguía incólume.

Conforme avanzaban en la carretera, las llamadas cambiaban y emergían las obligaciones del escritor como cabeza de un organismo internacional de historiadores.

Casi acababan de entrar a su casa cuando una nueva llamada entró.

-Es Niza, dijo Ricardo a manera de explicación. Qué pasó hija?

-Nada papá… sólo quería agradecerte todo lo que hicieron por nosotros y por Fidelito…

-Pero… ya lo hiciste allá en Puebla...

-Pues… sí… pero quise llamarte para agradecerte de nuevo…

-Hummm… y qué más?

-No… nada… oye, por cierto… cuál fue la decisión de Amador?

-Ajá… ya sabía que había algo más… chismosa! Pues no, fíjate que no me dijo… le pedí que lo pensara muy bien pero que su decisión es SU decisión… y… cómo están las apuestas por allá?

-Ay apá… cómo crees?... Aunque te puedo adelantar que el 100% le van a Susana…

-Y Amalia? Qué dice?

-No sabe nada todavía, pero creo que lo intuye porque dicen que no ha salido de su casa…

-Bueno… tenme al tanto de lo que suceda, por favor…

-Ja… si tú lo sabes primero que nadie!!!

 

Pocos días después, cuando Ricardo se encontraba escribiendo, sonó su celular.

-Ricardo… ya solté la bomba! Acabo de decirle a Amalia que me separo de ella…

-Y cómo lo tomó?

-Bueno, primero hizo la tradicional escena de celos, luego se enfureció y amenazó con demandarme y, finalmente me dijo que ella qué ganaba?

-Caray… y?

-Pues mira… le dije que ella recibiría una pensión mensual de 100 mil pesos de los que no tendría que rendirme cuentas, más un bono navideño o de fin de año de 500 mil pesos. Y que cada uno de mis hijos recibiría 50 mil pesos mensuales mientras me demostraran estudiar, de no estudiar, sólo recibirían 25 mil pesos mensuales, más un bono de fin de año de 100 mil pesos. Esto excluye a Gema, obviamente. Además, les dejo la casa, los autos y todo lo que dentro de ella está. Las escrituras quedarán sólo a nombre de ella y le pagaré un seguro que cubra cualquier contingencia sobre el inmueble.

-Caray Amador… estoy pensando seriamente en divorciarme de ti… dijo jocoso el escritor.

-Nada más me pruebas que estamos casados, contestó Amador siguiendo la broma.

-Bueno… y en qué quedó la cosa?

-Pues aceptó… aunque primero me quiso extorsionar pidiendo mucho más, pero dobló las manos cuando le dije que, o aceptaba lo que le proponía, o que nos iríamos a un juicio que yo mismo haría lo más tardado y costoso del mundo.

-Y los muchachos?

-Heladio me dijo que por su parte no era necesario, que buscaría un trabajo y se valdría por sí mismo… pero le dije que no estaba a discusión el legado y que debía aceptarlo hiciera su vida como la hiciera… Amadito, por el contrario, me dijo que con eso no le alcanzaba y que posiblemente me estaría viendo cuando no le alcanzara… pero le advertí que, fuera de lo otorgado, no recibiría cinco centavos más.

-Pues francamente, para un jovencito, es mucho dinero. Si tomamos en cuenta que el salario que gana un empleado medio es de 6 a 8 mil pesos… tus hijos van a ganar como gerentes de Banco y sin trabajar… pero tú sabes lo que haces… y tú? Qué piensas hacer tú?

-Voy en este momento a casa para darle la noticia a Susana… espero que no cambie…

 

Esa tarde, Niza llamaba a su padre para darle la noticia: Amalia había tratado de suicidarse…

-Ajá… y porqué? Cuestionó el escritor.

-Dice que porque Amador la abandonó…

-Ajá… ya quisiera yo que alguien me abandonara así…

-A ver… tú sabes algo que nosotros no…

-Esta mañana me habló Amador para darme a conocer su decisión… deja a la señora muy bien protegida al igual que a los hijos…y Ricardo abundó en la información por algunos minutos.

Niza se quedó con la boca abierta. Amalia no le había dicho nada de eso.

-Oye… y cómo se quiso suicidar? interrogó el escritor.

-Dice que se tomó dos frascos de pastillas para dormir, pero que la conciencia le remordió y vomitó por media hora salvando la vida… su médico llegó para auxiliarla, pero ya había sacado toda la medicación…

-Ese cuento no se lo cree ni su santa madre…y por cierto, ya regresaron los tórtolos?

-No… dicen que para fin de mes… y es que Amador les regaló un crucero de veinte días por el Mediterráneo…

-Arajo!!! Ese Amadorcito me está resultando muy despilfarrador… bueno… me avisas cuando lleguen, y no le sigas la corriente a la Amalia…

-Ok pa’… Dios te bendiga…

-Igualmente…

 

Amador entró a la Iglesia de Santo Domingo y se dirigió al confesionario.

-Hola Padre Ángel… soy Amador y ya no quiero esconderme de nadie… sólo me faltan algunos detalles para tener mi vida bien arreglada y vengo a pedirle consejo…

-Tú dirás...

-Mire… decidí separarme de Amalia pues tenía tiempo que no era mujer para mi… mejor dicho, yo no era marido para ella… era sólo un objeto que aportaba el dinero suficiente para dilapidarlo con sus amistades… y quiero legalizar mi vida con Susana… ya inicié los trámites del divorcio por la vía legal, pero quiero también ver la forma de hacerlo legalmente en el ámbito eclesiástico… se puede?

-Se puede… y me atrevo a decirte que se puede porque Ricardo me puso al tanto de la situación y analizamos las posibilidades, en caso de que te decidieras por Susana, para ayudarte a hacer las cosas bien… te voy a ayudar, pero debes agradecerle a Ricardo lo que se logre.

-Entonces… se puede anular mi matrimonio por la iglesia con Amalia?

-No te adelantes… se puede intentar… pero es el tribunal eclesial el que decide.

-Ayúdeme Padre, por favor...

-Vamos a empezar por el principio… vamos a hacer el escrito que dé inicio a la causa…

 

La vida siguió su curso. Cada uno de nuestros personajes vivía su propia cotidianidad. Poco a poco, el tiempo reacomodaba las piezas para entrar en una normalidad que muchas veces consideramos anormal por su propia perplejidad.

Norma y Ricardo se preguntaban qué había sido de Amador, Amalia, Susana y los hijos de las dos.

-Crees que vivan en paz? Preguntó Norma con cierta curiosidad.

-Pienso que sí, dado que Amador no me ha llamado para quejarse…

-Y no te pica la curiosidad?

-Claro… porqué? Qué estás tramando Norma?

 

Dos días después, el autobús devoraba la carretera rumbo a Puebla, llevando en los primeros asientos al par de curiosos.

Como siempre, llegaron con Niza, pues se habían dado cuenta de que en casa de Ricardo hijo, aunque eran muy bien recibidos, causaban muchas molestias debido a lo pequeño de la casa y, con Carlos, con Carlos no debían llegar pues su madre no veía su llegada con buenos ojos y, para qué causar conflictos.

También como siempre, esa primera noche se encargaron varias órdenes de chalupas poblanas para cenar y los comentarios no se hicieron esperar.

-Cómo van las cosas hija?

-Bien papá… Ayer llegaron Gema y Fidelito. Se la echaron larga…

-Vaya si no… y qué cómo les fue?

-Bien, muy bien, vienen felices, sobre todo Gema pues dice que la decisión de su papá debió tomarla hace mucho tiempo y considera bueno el que trate de ser feliz en la vida…

-En verdad? Yo noté cierta complicidad entre Susana y ella el día de la boda, recuerdan que hasta Amalia lo notó?

-Pues te cuento… resulta que Gema, también muy abandonada por su madre, encontró a una amiga a la que  podía contarle todos sus pesares. La encontró en la nevería de su escuela. Y le tomó tanta confianza que incluso fue una de las primeras en enterarse del embarazo de la chamaca. Siempre la aconsejó más que como una amiga, como una madre… hasta que un día le confesó que era Susana, la pareja de su papá.

Gema, de momento, no supo cómo tomar las cosas, pero le ganó el sentimiento y el haberse sentido cobijada por Susana más que por su propia madre. Así es que, desde entonces, decidió apoyar a su padre y a Susana… Amalia se dio cuenta de esa relación precisamente el día de la boda… dice Gema que Amalia la encaró antes de subirse a la limusina y le reclamó el cambio de señas con la amante de su papá. Gema le prohibió que le llamara así y le contestó claramente que de ella, de Susana, había recibido más apoyo que de Amalia, su propia madre, y que eso no cambiaría. De ahí el sentimiento de Amalia. Pero eso no fue todo… Amalia casi enloquece ahora que se enteró que la niña que esperan Gema y Fidelito, porque ya saben que va a ser niña, se va a llamar Gema Susana por decisión de los dos.

-Vaya golpe para la pobre Amalia…

-Pobre? Ay papá… es que tú que sabes todo y a veces no sabes nada… resulta que Amalia, ya separada de Amador, y con mucho dinero fácil proporcionado por éste, se ha dedicado a andar con puros jovencitos a quienes luce sin ambages en sociedad y, claro, se ha vuelto la comidilla de toda la Angelópolis…

-Anda!... Y sus hijos, qué dicen?

-Pues aunque no lo creas, Heladio se fue a vivir con Susana y Amador; Amadito alquiló un departamento, dejando sola a su madre “para no tener que aguantar sus desfiguros” según dice él mismo, y como quiera que sea se ha visto obligado a reorganizar su vida y, dicen por ahí, que ya regresó a la universidad y que trabaja en un bufete que nada tiene que ver con su padre.

-Vaya, pues en realidad son muy buenas noticias, excepto en lo que respecta a Amalia. Se desbocó al sentirse libre…

-Pues sí… pero al menos ha dejado en paz a sus hijos y su exmarido…

-Ex? Ya le dieron el divorcio?

-Hace como un mes… por cierto, el Padre Ángel se enteró de que venías y me dijo –por medio de Fidelito– que por favor fueras a verlo en cuanto pudieses.

-Hummm… mañana mismo voy a verlo.

 

Al otro día, muy temprano, Ricardo se encaminó a la Iglesia de Santo Domingo para entrevistarse con el Padre Ángel, a quien encontró oficiando.

Concluida la ceremonia, Ricardo se deslizó a la sacristía.

-Hola hola padrecito… conque me necesitas eh?

-Yo?... Para nada… te mandé llamar sólo para enterarte del chisme porque eres un amante de los chismes, ya me di cuenta… dijo alegre el sacerdote al verlo entrar y escuchar su comentario.

-Ja… los chismosos son los que te tienen bien al tanto de que voy a venir… cómo supiste?

-Por un periodiquito llamado Gema que, por cierto, viene ya casi a diario para ayudar en la catequesis…

-Cómo has estado curita?

-Bien tundemáquinas… y tú?

-Mucho mejor desde que dejé los problemas en Puebla… dicen que tú los atiendes ahora…

-Un chocolatito y algo de desayunar?

-Todo lo que sea de gorra es bueno, contestó el escritor aceptando la invitación.

El sacerdote ordenó lo conducente mientras dejaba un momento a Ricardo para terminar de cambiarse. Ya listo, regresó al comedor en donde ya le esperaba el escritor.

-Ya sabes las últimas?

-Lo de la niña y la reacción de Amalia?

-Deja eso… me refiero a la vida licenciosa que lleva desde que la dejo Ricardo…

-Ahh.. Sí… algo me contaron…

-Pues dicen que no hay mal que por bien no venga. Resulta que Amador me buscó para enderezar totalmente su vida y eso implicaba buscar la anulación de su matrimonio eclesiástico con Amalia. Con las reformas que te conté, aplicadas por el Papa Francisco, iniciamos la causa ante el tribunal en Puebla, pero aquí –respetando la tradicional tradición de las tradiciones poblanas de ser tradicionalistas– nos empezaron a poner peros y no aceptaban argumento alguno. Incluso el propio Amador les dijo que uno de los puntos causales de anulación era el engaño y que él llevaba años engañando a Amalia. Pero le respondieron que, en todo caso, quien debía iniciar la causa era ella, que era la engañada…

-No me digas… y no llamaron a atestiguar a los propios hijos de ambos?

-No… aquí no se trata de eso… pero quiso Dios facilitarle las cosas y Amalia comenzó con sus devaneos y locuras… y nos entregó en charola de playa las causales de anulación y, antes de tres meses, esperamos la sentencia definitiva que anula el matrimonio de Gema con Amador.

-Y Amador ya lo sabe?

-Claro… si está más que al pendiente de la causa.

-Y tú… cómo la ves?

-Francamente veo una gran oportunidad de que el hombre, y sus propios hijos, tengan una nueva y ordenada vida… creo que aquí la causante de todo fue Amalia… por omisa y ambiciosa…

-Coincidimos, mi querido curita… coincidimos…

 

Ricardo salió satisfecho del templo; tenía sus dudas sobre si había juzgado mal a Amalia y favorecido a Susana sólo por su ternura… pero el tiempo es el mejor intérprete de Dios, el que nos dice cómo son las cosas. Amalia había fincado su propio destino destruyendo su matrimonio, mientras Susana lucha silenciosamente por ganarse el suyo. No se ha-bía equivocado. Su juicio había sido el correcto nuevamente.

 

No llegaba a la tres oriente cuando sonó el celular.

-Casualmente estaba asomado a la ventana de mi oficina cuando te vi pasar. No lo podía creer, dijo entusiasmado Amador. Date media vuelta y vente a tomar un café conmigo que tengo muchas cosas que contarte…

Amador ni siquiera esperó la respuesta del escritor. Colgó y ordenó que le prepararan la sala de juntas porque llegaría un buen amigo suyo y quería agasajarlo.

Ricardo, sólo sonrió al escuchar que el funcionario había cortado la comunicación y, dando la vuelta, encaminó los pasos al portal, a la oficina de Amador.

-Hola querido amigo, dijo expresivamente Amador al verle llegar. Pasa, pasa por favor… señorita, que nadie nos moleste, vamos a estar en la Sala de Juntas.

-Hola líder… parece que la vida te pinta bien…

-Gracias a ti, querido amigo… gracias a ti…

-No… Amador… no, gracias a tu decisión y a Dios…

-Precisamente por eso digo que gracias a ti… porque si tú no me hubieras enseñado a tener una charla con Dios, jamás hubiese podido tomar la decisión que tomé… las primeras veces que lo intenté me creía loco por hablar conmigo mismo, pero poco a poco logré entender esas vocecitas que decías y me di cuenta de que, con sinceridad y confianza sí podía hablar con Dios. Así pude confiarle mis cuitas, mis problemas, pedirle perdón por mis errores y, sobre todo, consejo, pedirle consejo para saber qué hacer.

Hoy, todo está resuelto… y te lo agradezco sinceramente amigo mío… en mí tendrás un amigo para toda la vida… mis hijos, Susana y yo te estamos eternamente agradecidos. Nos gustaría invitarte a comer el domingo… aceptas?

-Pero ya sabes que no iría solo…

-No… claro que no… puede venir toda la familia que para eso ya somos eso: familia, no? Dijo enredándose un poco el arrepentido funcionario.

 

Ricardo llegó con la noticia exactamente cuando entraban Gema y Fidelito.

-Abuelito!!! Que gusto verte… gritó más que exclamar Gema, dándose la libertad de llamar a Ricardo Abuelito…

-Niña bonita, que bueno que ya están aquí, dijo con un amor sincero el escritor. Y tú hijo? Cómo estás? Cuestionó a su nieto.

-Perfectamente, gracias a ti abuelo… soy un hombre feliz, rodeado de gente feliz… ahhh… y qué crees? Que ya puedo platicar con Dios!!! Es más… Gema ya también puede platicar con Dios… y realmente no es tan difícil hacerlo… gracias por enseñarme y que yo pudiese enseñar a Gema…

-No tienes nada que agradecerme hijo, agradécele a Dios que te permite platicar con Él.

-Y a mí nadie me saluda? Preguntó Norma.

-Perdón, perdón clamaron los dos jóvenes al unísono…

-Vaya, vaya, sí que has engordado Gemita… señaló Norma sabedora de que no era gordura…

-Ay Doña Norma… sépase que nos es gordura, sino Gema Susana que ya tiene casi los seis meses…

-Bendito sea Dios hija…  pues que la Santísima Trinidad te guarde ahora y siempre, pidió Norma dándole la bendición a la muchacha.

-Oigan… Amador, que parece que me tiene vigilado, me sorprendió llamándome a su oficina al verme pasar y nos invitó a todos a comer a su casa el domingo… quién se apunta?

 

El domingo fueron recibidos por una renovada Susana pero igual de modesta y amable como siempre. Ella misma preparó el mole poblano con pechuga, pierna y muslo de pollo y un arroz como Ricardo tenía años de no probar.

La plática, que Ricardo temía versara sobre los problemas por los que pasaron, fue fluida y cordial. Estaban presentes Heladio y Amadito, que presumieron de los galardones alcanzados en la Universidad y que, contra lo que eran, ahora se mostraban serviciales y atentos con todo mundo, como si de su casa se tratara, lo que no dejó de asombrar al escritor. Amador lucía radiante, feliz, satisfecho.

En esa casa, y en esa reunión, se respiraba paz, respeto, comprensión. Ricardo suspiró.

-Ricardo, me tomé la libertad de invitar a unos amigos para después de la comida, no te importa verdad?

-No, claro que no… porqué habría de importarme? Esta es tu casa y puedes invitar a quien tú quieras…

 

Durante la sobremesa, Ricardo compartió unas copitas de anís que fabricaban sus sobrinas, hijas del médico Ignacio y de su hermana Judith.

Afuera del comedor, se escuchaba como iban llegando algunas personas. La casa de Amador y Susana era de esas casonas antiguas en las que tanto el comedor como la sala y, lógicamente la cocina, te-nían sus espacios separados por muros que más parecían murallas.

En un determinado momento, Amador invitó a sus visitantes a la sala. Al entrar, se sorprendieron al ver a más de treinta gentes entre las que Ricardo pudo reconocer a algunos de los empleados de Amador, incluida su secretaria.

-Señores, amigos todos, quiero presentarles al hombre que hizo que mi vida cambiara; al hombre que supo aconsejarme en el momento en que yo lo consideraba un enemigo; al hombre que me enseñó a charlar con Dios… al Dr. Ricardo Álvarez Ayala.

Ricardo no salía de su estupor… no esperaba una presentación así, y menos ver a tanta gente reunida. Los aplausos fueron nutridos y sinceros. Se notaba el respeto y cariño que los empleados sentían ahora por su jefe, un hombre enteramente nuevo.

-Sé que abuso de la bondad de Ricardo, pero conozco bien su dedicación a Dios y su promesa de regar su palabra, por eso, quiero pedirle con todo el corazón, con sinceridad y confianza, esa sinceridad y confianza que él me enseñó a tener en Dios, les enseñe a todos Ustedes, ahora, en este momento, a tener una charla con Dios.

-Sí… sí… corearon todos…

Norma sólo se le quedó viendo y, encogiendo los hombros, tomó asiento lista para escuchar.

Ricardo, levantó los ojos al cielo y dijo quedamente:

-Señor, tú me pusiste aquí… hágase tu santa voluntad!

 

 

Esta es una obra auspiciada por la

Academia Latinoamericana de Literatura Moderna,

La Sociedad Académica de Historiadores

Realizada con su

Programa Editorial Sagitario

registrada con el No. 377

dentro del

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