DIRECTORIO MUNDIAL DE LITERATURA, HISTORIA, ARTE Y CULTURA          

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DIRECTORIO MUNDIAL DE LITERATURA, HISTORIA, ARTE Y CULTURA

San Judas Tadeo

 

La Academia Latinoamericana de Literatura Moderna
dentro de su Programa de Financiamiento para Escritores Iberoamericano
y con su Programa Editorial Sagitario
presentan
 
Una obra más del Dr. Fco. Xavier Ramírez S.

 

San Judas Tadeo

 

Este libro, registrado con el No. 247 dentro del Programa de Financiamiento para Escritores Iberoamericanos,

se terminó de imprimir el día 15 de noviembre del 2012 bajo el sistema POD, en los talleres de Editorial Sagitario

ubicados en Acapulco, Gro. México.

 

 

A MANERA DE PRESENTACIÓN

 

San Judas Tadeo es un verdadero reto para cualquier historiador, católico o no.

En la actualidad está considerado el santo más milagroso, el de las causas difíciles, el que soluciona imposibles. Sus milagros -o favores recibidos- se cuentan por millones en todo el mundo. Su devoción se ha extendido a los más recónditos confines del orbe.

Muchas son las circunstancias, sin embargo, que sufre su figura de protector. Por principio de cuentas, es confundido constantemente con el Izcariote, el Judas aquel que traicionara -conforme a los cánones de la Iglesia- a Cristo, y le entregara al Sanedrín a cambio de 30 monedas de oro, aunque esta versión se pone en duda al aparecer publicamente el Evangelio de Judas en el 2006, auspiciado, promovido y proclamado por National Geographic, una institución indudablemente dueña de una credibilidad casi absoluta.

Otra situación incómoda es la confusión que hay respecto a su parentesco con Jesús. Si bien los sacerdotes oficialistas insisten en aplicar la acepción de primo, o simple pariente, a la palabra hermano o hermanos que se plasma en los libros de la Biblia, asegurando con base en ello que Judas fue hijo de Cleofas y una tal María, hermana de la Virgen María, otros autores, desde religiosos liberales hasta ateos y librepensadores, aseguran que Judas Tadeo fue, en realidad, hermano de Jesús, pues era hijo de un matrimonio anterior del que enviudara José. Algunos incluso afirman que dado ese parentesco la facilidad de hacer milagros para Judas es mayor, como si el nepotismo humano tuviese influencia o ingerencia en la divinidad.

Con todo, la más grave de las circunstancias que enfrenta nuestro amado santo es lo poco que se sabe de él. Ese es el verdadero reto.

Conociendo los antecedentes en los que se ha desenvuelto la Iglesia como institución, bien podría ser que se hubiesen ocultado informes, relatos y hasta otros escritos -evangelios, para llamarles por el nombre adoptado- en los que el santo señalara o afirmara algo que a la institución eclesial de aquellos días no le conviniera.

La Iglesia de hoy, más abierta a la verdad, no sólo replica con modestia ante los nuevos descubrimientos, sino que acepta y adopta algunos de ellos muy a la callada. Por ejemplo: en los libros aceptados como sagrados, los cánones, la Biblia pues, no se menciona en parte alguna los nombres de los padres de María la Virgen. Es en uno de los evangelios apócrifos en donde se cita claramente que su padre fue Joaquín y su madre Ana. La Iglesia ha aceptado y divulgado incluso ese dato, pero sin señalar que viene de un evangelio apócrifo. No, no es una trampa o una acción dolosa; es simplemente una técnica para no espantar a los fanáticos y para no humillar abiertamente a la clerecía. Dios quisiera que esa forma de hacerse de la vista gorda predominara en muchas otras situaciones.

Sea como sea, y ante una promesa ofrecida al propio San Judas Tadeo, aceptamos el reto de rascar en la pátina de la historia e intentar obtener la mayor información posible sobre la vida y obra de nuestro santo.

Quizá este libro, iniciado en el 2006, no vea la luz pública tan pronto como se quisiera, pues un programado viaje a los Archivos Secretos Vaticanos nos permitiría quizá encontrar algunos rayos de luz en la labor de investigación. Realizamos parale-lamente -y por eso el viaje- la Historia de la Iglesia. Pero no es la prisa la que da veracidad a una obra, sino la paciencia y el estudio. Sea así, en nombre de Dios.

 

Dr. Fco. Xavier Ramírez S.

 

 

Hola lider! exclamó Carlos al ver cruzar la Avenida Constituyentes a Don Eloy Polanco, viejo dirigente de los comerciantes del Mercado Central de Acapulco.

-Hola chamaco... que dice tu padre?

-Ya sabe... metido en sus libracos... y Usted?

-Sobreviviendo... sobreviviendo...

-Claro... desde que se acabó el PRI se acabó la bonanza... dijo en un tono medio irrespetuoso el muchacho.

-Sí, verdad? contestó el hombre sin tomar en cuenta la puya.

-A dónde va?

-A mi oficina... y tú?

-A comprar unos camarones. Recomiéndeme, no? A ver si me los dan más baratos...

Don Eloy nada más sonrió, le tomó del brazo y se internó en los intrincados pasillos del mercado.

Cerca de la oficina, se detuvo ante un altar y se persignó.

-Andale! conque mochito, no? dijo Carlos sin medir el respeto.

-Mocho y medio con este señor... señaló el político al tiempo que le indicaba el nicho en que se había colocado una imagen de un santo vestido de verde y blanco y con un inmenso medallón en el pecho.

-Y ése quién es?

-San Judas Tadeo... el que te va a sacar el demonio del cuerpo...

-No... pos sí! Mejor me voy Don Eloy, no vaya a ser que me convierta en otro mocho...

-Grosero, dijo amable el anciano recordando la amistad que le unía con el padre del muchacho.

 

Llegando a casa, Carlos no dejó para después el chisme y le platicó a su padre lo del santo y el político.

-Y de qué te espantas? preguntó el escritor.

-Pues... de que yo pensé que era come-curas...

-No todos los políticos son come-curas o ateos. Es más, antes se decían ser... por aquello de que la Iglesia y el gobierno estaban separados... pero como ya hay relaciones nuevamente, pues, ya ves, hasta el Presidente va a misa...

-Entonces? Nada más le hacían al hipócrita?

-No todos... había algunos que sí eran ateos o anticlericales.

-Es un enredo... pero, sabes? lo que me sacó de onda fue el  santito...

-Por qué?

-Pues yo no lo había visto...

-Es San Judas Tadeo, el santo de las causas difíciles y desesperadas, apóstol, mártir y hermano de Jesús...

-Hermano de jesús...? Ay jefe... ya vas a empezar con tus jaladas...!

-No... es la verdad... quieres que te cuente?

-Ahhh nooo... si va a haber plática, tienen que estar presentes los curitas, los cuates y tus amigos.... la palomilla pues...

-Y...?

-Que sea el lunes...va?

-No... déjame unos días más porque tengo que ir a México, que sea en quince días, sí?

-Ok....

 

Esa noche Carlos hablaba por teléfono con el Padre Narciso, que regía ahora la pequeña parroquia de aquel pueblecillo enclavado en la sierra de Guerrero, y donde aún vivía el Padre Julián, amigo y asesor de Ricardo.

-Qué milagro muchacho? Cómo está tu padre?

-Bien Padre, todos bien... y el Padre Julián? Cómo está?

-Ya sabes... mal por los años, pero en general su estado de salud es bueno. A qué se debe el milagro?

-Ya te imaginarás...

-Otra charla de Ricardo?

-Sí... ahora sobre San Judas Tadeo...

-Vaya paquetito que se ha echado a cuestas!

-Por qué?

-Pues porque en realidad hay muy poca información sobre él...

-Anda! Entonces puse a trabajar al viejo! Con razón me pidió quince días para empezar...

-Pues sí... ya veremos que dice el Padre Julián...

-Pues te encargo que me lo saludes y le pidas que venga... si se puede, claro...

-Yo creo que sí... incluso puede que le caiga bien irse a sacudir la polilla unos días por allá. Por cierto, dónde va a ser?

-En la casa, ya sabes...

-Bueno... yo no te prometo nada pero intentaré estar por allá unos días... salúdame a tu padre.

-Gracias... nos vemos por acá...

 

Ricardo había comentado el asunto con Norma en cuanto se fue Carlos.

-Bueno viejo... será una plática corta... si no hay más información...

-Nos damos una escapada rápida a Puebla?

-Si quieres...

 

Dos días después, acompañados de Doña Asunción, la madre de Ricardo, entraban a la Iglesia de San Francisco, dirigiéndose a la capilla del Beato Sebastián de Aparicio, visita obligada cada vez que estaban en la Angelópolis, para salir de ahí hacia un pequeño y sencillo retablo en el que estaba San Judas Tadeo.

En silencio, Ricardo le pidió que le inspirara para poder cumplir con él. Sabía de la escasa infor-mación directa que había sobre la vida del santo, y pretendía rascar un poco en la historia de la iglesia para encontrar los suficientes complementos para su charla.

Le importaba mucho porque, como en las anteriores, lo que más temía era crear o dejar dudas entre sus oyentes.

Ricardo tenía la costumbre de “platicar” men-talmente tanto con Dios como con Jesús, la Virgen María, o el santo a que se dirigía. Era lacónico muchas veces, pero sincero, abierto. Se sabía imperfecto como todo ser humano y lo que más le preocupaba era el que muchas veces les hacía promesas que facilmente olvidaba. Dejaba de cumplir no por irresponsable, sino por omiso.

Así las cosas, se había ofrecido a sí mismo prometer sólo cosas muy grandes para no olvidarse. Así lo hizo con Juan Diego, y escribió su libro; así con el propio Sebastián de Aparicio... y ahí estaba su obra.

Luego entonces, pensó, por qué no ofrecerle a San Judas su libro si le ayudaba a encontrar el material necesario? En ese preciso momento, calladamente, le hizo la promesa. Claro que aprovechó para pedirle algunas otras cosillas... pero eso era pecata minuta.

 

Norma tambien era muy devota del Beato Sebastián y, mientras Ricardo rezaba, aprovechó para comprar un medallón para su camioneta.

-Tiene algo sobre San Judas Tadeo? preguntó a la religiosa encargada del mostrador.

-Sí... tengo la novena a San Juditas...

-No... me refiero a algo sobre su historia...

-Pues... no... la verdad no... pero si me permite, le puedo buscar información en un momentito...

-Gracias, me espero...

Tras unos segundos de estar pegada a la computadora, la religiosa dijo a Norma:

-Mire... hay un libro de Felipe Hernández F., publicado por Ediciones Paulinas que pretende, más que narrar la vida de San Judas Tadeo, descubrir y presentar su mensaje al hombre, que lo ha hecho uno de los santos más buscados en México, para que sienta su presencia en su vida diaria... pero no encuentro nada más.

-Gracias de todas formas.

Ricardo ya se acercaba a la pequeña tienda de recuerdos y oraciones.

-Voy a preguntar...

-Ya pregunté yo. No tienen nada, y la religiosa no encontró nada en internet.

-Hummm... le pasó lo que a mí. No hay bibliografía... no hay nada fuera de las oraciones y las novenas. En fin... ya veremos...

Salieron de la hermosa iglesia del siglo XVII, levantada por los franciscanos, y se dirigieron a la casa familiar en la Angelópolis.

 

Cuando Norma y Ricardo llegaron a Acapulco, una agradable sorpresa les esperaba en su pequeño departamento.

-Bueno... pa’que lo invitan a uno si no van a estar! dijo en fingido reclamo el Padre Julián.

-Ahhh viejo canijo! exclamó realmente afectuoso el escritor. A qué horas llegaste?

-Como a las seis de la mañana... nada más pasamos a desayunar y... aquí estoy...

-Estamos, dijo su hermana Lucía saliendo del baño. Cómo están amigos mios?

-Bien, contestó Norma. A ustedes ni les pregunto. Ya veo que este viejito camaleón nos va a enterrar a todos!

-Dios dirá... Dios dirá... dijo apagando el semblante el sacerdote.

Lucía hizo una seña apenas perceptible a la pareja. Algo andaba mal.

-Un cafecito, Padre? ofreció Norma para romper el angustioso silencio que imperó por no más de dos segundos, pero que pareció un siglo.

-Esa pregunta ni se pregunta, dijo entusiasmado de nueva cuenta el presbítero.

Pasaron a la mesa y, mientras Julián y Lucía tomaban su café, Norma y Ricardo desayunaban.

-Quién te avisó? pregunto el escritor sabedor de la respuesta, más por hacer plática y despejar ese sentimiento que se le había clavado en el alma.

-Quién ha de ser... Carlangas... sólo que Narciso no va a poder venir hasta el lunes... ya sabes... las obligaciones de la parroquia.

-Que bueno que veniste... ahora más que nunca necesito un consejero. Ya te platicaron en la bronca que me metí?

-Hmmmjjuú... pero recuerda que los Caminos del Señor son incomprensibles... y extraños, muy extraños....

-Se me hace que con esto estoy pagando mis pecados... dijo casi en serio Ricardo.

-Já... cuales pecados? Tú ya no pecas ni con el pensamiento! dijo burlón el curita.

-Eso te crees... eso te crees...! contestó el escritor al tiempo que llevaba sus trastes a la cocina.

Lucía, recogiendo los de Norma y la taza de Julián, le siguió sin  decir nada.

-Qué tiene? preguntó de lleno Ricardo.

-A más de los achaques propios de su edad... cáncer... contestó Lucía con la voz quebrada.

-Dios santo! Y por qué no le has traído acá? Lo llevaremos a que lo revise el Dr. Marco Antonio Terán Porcayo, una de las más grandes eminencias en materia de cancerología...

-Pues a ver si ahora que lo tienes aquí lo convences de que lo vea... dice que ya no tiene caso hacer nada...

-Y así es! señaló enfático el sacerdote que estaba parado a la puerta de la cocina. Para qué quieren hacerme sufrir mis ultimos meses o años? Esas quimioterapias y radiaciones lo único que logran es hacer sufrir al paciente. Ya declarado el cáncer... nada lo cura!

-Pero Julián... en dónde quedó tu entereza? Y el amor a la vida? A esa vida que Dios te dio y tienes la obligación de defender?

-No... momento! Dios me dio la vida... ya la viví y la viví bien. Si Él quiere quitármela, para qué me opongo? Eso sí sería ofenderle. No, no pretendo luchar en contra de sus designios. Si quiere tenerme aquí otros añitos, pues así será. Si no... sea su voluntad!

Ricardo no tuvo argumentos. Conocía la determinación del sacerdote cuando decidía algo y, en ese caso, parecía rotundamente decidido.

-Así es que... a otra cosa mariposa! exclamó elevando el pecho e irguiéndose como chamaco. A ver, jovencito canoso, a su estudio... que tenemos mucho trabajo.

Norma abrazó por encima de los hombros a Lucía y le dio un cariñoso apretón de solidaridad.

-Ven... vamos a preparar la habitación de Julian y la tuya. Espero que acepten nuestra hospitalidad desde ahora... hasta el final.

La última frase la dijo exhalando el aire con fuerza. Era una forma de pedirle a Lucía que les permitieran estar con ellos hasta el último momento... no importando cuándo llegara.

-Gracias Normita. Yo misma te lo iba a pedir. No sé cuánto falta... pero no creo que sea mucho... dijo resignada.

-El tiempo que sea, se lo vamos a hacer feliz, muy feliz. Ya lo verás.

 

Norma llamó a Sonia para ponerla al tanto de la situación y le pidió que le explicara a Carlos y que él se encargara de informar a los demás para que no tocaran el tema, y trataran de hacer lo mejor por el anciano sacerdote que, entre paréntesis, amaban y respetaban todos.

 

Una idea cruzó por la mente de Ricardo. Julián no había salido de su tierra jamás. El Seminario de Chilapa fue su cuna como sacerdote. Con seguridad alguna vez soñó con ir a Roma. El tenía planeado ir al Vaticano -dado que le habían facilitado la entrada a los Archivos Secretos Vaticanos- para adelantar algunos de los trámites que habían de hacerse. No lo había planeado para luego, pero la oportunidad se daba. Habló con Norma, con sus hijos y con los amigos. Todos estuvieron de acuerdo en aportar algo para el viaje de Julián y Lucía. Pero... se planteaba una disyuntiva: retrasar el inicio de las pláticas o empezarlas y luego cortar.

Todos estuvieron de acuerdo en que se iniciaran más adelante, al regreso de los viajeros.

 

Norma puso sobre aviso a Lucía que, como chiquilla, saltaba de gusto. Ricardo se encargaría de enterar a Julian. Sin embargo, primero fue a visitar al Arzobispo que, con cierta reticencia por la salud del sacerdote, aceptó que hiciera el viaje y, sin reparo alguno, se quedara a vivir bajo las atenciones del escritor. Luego, llamó a Narciso para informarle y pedirle enviara algunas otras mudas de ropa y, durante el viaje, se encargara de llevar todas las pertenencias del curita a su casa.

Narciso, el Padre Narciso, lloró al teléfono. Sabía, sin embargo, que era preferible que Julián estuviese cerca de la mejor atención.

 

Esa noche, en plena cena, Ricardo le dijo a Julián:

-Oye curita... yo creo que las pláticas se van a tener que retrasar...

-Por qué?

-Por que tengo que hacer un viaje para realizar algunos trámites que debo cumplimentar...

-Ahhh... y eso?

-Ay Julián... que no te acuerdas que el año venidero me voy al Vaticano?

-Bueno, pero eso es hasta el año que entra...

-Pues sí, pero antes debo ir para presentar mi solicitud, las cartas del Arzobispo y el Nuncio y los demás documentos que me piden.

-Y cuándo te vas?

-Me voy?... y para qué demonios eres mi consejero? Qué? Tú no vas a ir conmigo?

-Sueñas mi querido amigo. De dónde voy a sacar ya no para el viaje sino para el avión. Se pudiera llegar en burro... otro gallo  nos cantaría...

-Alguna vez fuiste al Vaticano?

-No. Mucho me hubiese gustado... pero no. Es más, ni siquiera me atreví a soñar con ello. Era mucho para mí.

-Y no tú mismo me has dicho que los sueños se pueden volver realidad?

-Já... si no fui de joven, menos ahora de viejo.

-Pues precisamente por eso... porque como estás viejo, a lo mejor te ponen en una pilastra y exhiben como una reliquia más de Roma...

-Irrespetuoso!

-Llorón!

-Te hace gracia burlarte de un pobre viejo?

-Sí... mucha gracia... tanta que ahora vamos para que vea si no te ponen ahí...

-Vamos... me suena a manada...

-Qué pasó Señor Cura? dijo inmediatamente Lucía. Ya nos llevamos así?

-Y ahora tú? Qué pitos tocas en este entierro?

-Pues que yo sí voy...

-Ya será... y con qué?

-Con la bondad y el cariño de todos, viejo amigo, dijo Ricardo antes de que Lucía pudiese contestar.

-Pero... yo... alcanzó apenas a decir el sacerdote antes de que se le quebrara la voz y un intenso nudo en la garganta no le permitiera terminar.

-Ya ves... sí eres llorón!

-Y tú... un maravilloso amigo! exclamó Julián abrazándole con ternura. Y qué ganas con llevarme? Es mi viaje de despedida?

-A lo mejor, sentenció con cierta seriedad el escritor, pero tú mismo señalaste que estás dispuesto a aceptar los designios de Dios, no? Luego entonces, si te me mueres por allá, te cremo y me traigo tus cenizas. Si no te mueres, pues te regresas y le vas a dar gracias a la Basílica, no?

-Lo que le tengo que agradecer, ya, desde ahora, es tener unos amigos como ustedes. Que Dios los bendiga a todos... el sacerdote nuevamente no pudo terminar la frase.

 

La vida para todos transcurrió sin sorpresas esos días. El viaje a Roma se había planeado casi de inmediato. Norma, Lucía, Julián y Ricardo volaban sobre el Atlántico con toda calma. Tal parece que Dios le proporcionaba a su viejo servidor una travesía segura y tranquila.

El cielo, totalmente despejado, le permitió al anciano sacerdote ver pasar cerca de ellos a dos jet intercontinentales, causando el estupor del cura.

El avión descendió en Madrid en escala técnica, lo que dio la oportunidad a los viajeros de pasear por los alrededores un par de horas, acompañados por otro entrañable amigo del escritor que les esperaba en el aeropuerto: Don Ildefonso Nuñez de Haro -descendiente del quincuagésimo Virrey de la Nueva España y Arzobispo de México, y de quien Ricardo hacía dificultosa biografía.

Julián se dio incluso el gusto de tomarse una copa de champagne, brindando por sus amigos y su bondad.

 

El sacerdote no quitaba la vista de la fastuosidad de El Vaticano. Parado en el balcón de su habitación, simplemente observaba.

-Es hermoso, verdad? cuestionó el escritor.

-Sí, es más hermoso que en las fotos o en las películas...

-Pues es todo tuyo... mañana iremos allá.

-Gracias Ricardo... muchas gracias.

El anciano giró y abrazó cariñosamente a su amigo soltando el llanto.

-Vamos, vamos... no es para tanto...

-Claro que lo és! Jamás soñé con venir aquí. Dios quiera y pueda ver al Santo Padre...

-Lo verás... lo verás...

Ricardo le había pedido al Arzobispo Barrene-chea que hiciera lo posible por conseguir una audiencia -aunque no fuese particular- para que Julián pudiese ver al Papa de cerca, tocarle, recibir su bendición.

-Es tu padrino, le dijo ferviente, debes hacerlo... o al menos hacer hasta lo  imposible...

 

Una llamada cerca de las ocho de la noche hizo correr a Ricardo que apenas entraba a la habitación.

-Pronto...

-Pronto fue que me la dieron, contestó bromeando el prelado ante el incipiente italiano del escritor. Moví cielo y tierra, pero lo logré. Tienen audiencia pasado mañana a las once. Recuerden que no pueden llegar tarde por ningún motivo...

-No te preocupes tú, Su Eminencia, que aquí haremos todo lo conducente, aseveró fingiendo un tono indígena Ricardo.

 

A la hora del desayuno, Ricardo comunicó a Julián que no podrían ir esa mañana al Vaticano por algunos asuntos que él debía atender, pero que conocería el señorial edificio de los Archivos Secretos Vaticanos y otros interesantísimos lugares de Roma.

Al sacerdote pareció desilusionarle un poco, pero aceptó comedido las indicaciones de su amigo.

El día pasó volando. A cada paso Norma y Lucía querían detenerse. Si no era un aparador, era un edificio.

-Todo es bello en Roma, dijo Norma suspirando.

-Todo, menos tu marido, dijo jocoso el sacerdote.

-Ya quisieras viejillo apache... yo tengo personalidad, mientras que tú...

-...la respetabilidad  que da una sotana en estos lares, dijo orgulloso Julián, al tiempo que contestaba con una inclinación de cabeza el saludo de un par de curas que se cruzaban con ellos.

 

Ricardo llevaba la dirección de una famosa casa fabricante de ropa talar. Sin decir nada, encaminó los pasos del grupo a la dirección anotada y, cuando estuvieron frente a ella, el propio Julián fue el que llamó la atención de todos.

-Miren... miren... aquí es donde se cosen las mejores prendas talares del mundo... déjenme echar un vistazo, por favor...

-Claro que sí! Vamos! dijo entusiasmado el escritor seguido por las dos señoras.

Julián caminaba con admiración entre los maniquíes que mostraban verdaderas obras de arte, desde la sotana, hasta el traje de calle, pasando por los ornamentos propios de los servicios.

Ricardo hizo una ligera seña a Norma que, jalando a Lucía, llevó a Julián poco a poco hacia el fondo. El escritor, mientras tanto, charlaba en voz baja con uno de los empleados.

Afirmando con la cabeza haber entendido lo que Ricardo quería, el empleado se dirigió al sacerdote diciendo:

-Buona mattina Padre Julian, permette che me lo prenda ha misurato?

-Y éste? Qué dice? Me conoce...?!

-Dice que le permitas tomarte medidas...

-Y para qué?

-Sta andando lucidare come un cardinale allineare con i nostri atuendos...

-Dice que para que luzcas como un Cardenal!

-Já... soy un pobre sacerdote pobre... y me siento muy orgulloso de ello...

-Bueno... quizá es una costumbre aquí el que se le tomen medidas a todo clérigo que llega...

-Ay Julián, dijo Lucía fingiendo enfado, tú siempre poniéndole pero a todo! Vamos, déjate tomar medidas que no te hace daño...

Todavía reticente, el sacerdote abrió los brazos en signo de resignación y el empleado empezó a tomar las medidas necesarias.

No bien hubo terminado, tomó de la mano al sacerdote y, haciendo oídos sordos a sus reclamos, le metió tras unas gigantescas cortinas.

 

Minutos después, Julián aparecía portando un maravilloso traje negro aperlado de corte y caída perfectos. Lucía una pechera del mismo color que hacía resaltar el alzacuellos de celuloide.

-Andiamo... noi andiamo... quell'eleganza! dijo a manera de presentación el empleado.

-Certamente molto elegante, agregó el escritor haciendo dar la vuelta al sacerdote.

-Sí... sí.... molto elegante! pero cuánto cuesta esta porquería?

-Una sonrisa... dijo Norma.

-Ahhhh nooo... ya he abusado mucho de Ustedes...

-Pues lo siento! Aquí no estamos en El Vaticano, sino en Roma, así es que aquí se hace lo que nosotros queremos, no lo que los curas!

-Además, intervino Ricardo, no podrás negar que así es como se debe presentar un sacerdote ante el Santo Padre, o qué? pensabas ir con tus hilachos viejos?

-Ante el Santo Padre...? balbuceó Julián.

-Ante el mismísimo Papa!

-Dios mío... qué he hecho para merecer estos amigos...! exclamó llorando a lágrima viva de nueva cuenta.

Ricardo le abrazó tiernamente y le dijo regañón:

-Bueno... vas a manchar la ropa nueva... vamos, que se nos hace tarde...

El empleado, que había observado la escena con los ojos rasados en lágrimas, sólo acertó a decir:

-Audienza felice...

 

Julián caminaba con garbo, como chiquillo en feriado, luciendo su atuendo con orgullo y sacudiendo solapa o manga constantemente. Si a aquellos curas les contestara el saludo con una muy seria reverencia, ahora agitaba la mano a cuanto clérigo veía; ellos, extrañados y con una sonrisa en la boca, alegraban igualmente su saludo.

-Míralo, dijo Lucía emocionada, creo que es el día más feliz de su vida...

-Así ha de ser... y se lo merece, no creen? agregó Norma abrazando a su amiga.

-Oye viejito argüendero! urgió el escritor al cura, ya deja de andar de coqueto y vámonos al hotel. Ya tengo hambre.

-Hambre... mira tú nada más... con esto del trajecito y la noticia de la audiencia, hasta me olvidé del hambre... pero, vamos, vamos...

 

Por la tarde, Julián quiso ir al Vaticano.

-Tengo que conocer el terreno. Qué tal si Su Santidad me pregunta: Y qué piensa de nuestra Ciudad Santa?

-Te sientes bien? No estás cansado con todo lo que hemos caminado?

-No, de verdad, vamos por favor...

Norma asintió con la cabeza en un guiño imperceptible. El escritor se dio por vencido y dijo:

-Bueno... pero no nos adentraremos mucho. Recuerda que mañana será la visita oficial y, a más de la audiencia, te llevan a un recorrido por el interior.

-Sí, no importa... pero quiero ir!

 

La suntuosidad de las columnatas, que parecen un par de gigantescos brazos que acojen al peregrino, hizo abrir la boca al anciano sacerdote.

-Son inmensas... sólo acertó a decir.

-Cierto, como todo en El Vaticano, contestó Ricardo.

Frente a La Piedad, de Miguel Angel, Lucía quiso tomarse una foto con su hermano. El anciano le pidió que fueran los cuatro los que aparecieran, así es que tuvieron que pedirle a un joven seminarista que pasaba les hiciera el favor de tomarla.

En el interior de la Basílica, la tumba de San Pedro es el centro de la estructura. De cara a "La Confesión" (como se llama donde está enterrado San Pedro) están, junto a las cuatro bases de la cúpula, colosales estatuas de San Longinus, Santa Helena, Santa Verónica, y San Andrés. Desde la galería, sobre la estatua de Santa Helena, se muestran al público varias veces al año las grandes reliquias. La más importante es un gran fragmento de la Verdadera Cruz. Encima de los mencionados santos hay cuatro gigantescos mosaicos de Cavaliere d`Arpino, uno de cada evangelista. Sobre los evangelistas, dando la vuelta por toda la base de la cúpula, está la inscripción latina en letras de 2 metros: “Tu eres Pedro, y sobre esta roca Edificaré mi Iglesia, y te daré las llaves del cielo”.

El costado izquierdo de la nave principal tiene tres altares. El altar del medio es el mas importante. Debajo de él están las tumbas de dos apóstoles: San Simón y San Judas Tadeo. También está la tumba del famoso compositor Pierluigi da Palestrina, y aquí se marca el lugar exacto en el circo de Nerón donde se plantó la cruz en la que se crucificó a San Pedro. Esta escena está representada sobre el altar por la obra de Guido Reni.

Julián estaba excitadísimo. Le faltaban ojos para ver todo. Lucía le llevaba del brazo, pero sentía el apretón de su mano cuando volteaba ante cada nueva belleza.

Precisamente al pasar por el altar del medio, Julián se dobló con un quejido apagado.

Lucía apenas lo podía sostener. Ricardo corrió y le tomó por debajo de los brazos, sentándolo al pie del altar, sobre el frío mármol. La cara del sacerdote estaba descompuesta por el rictus de dolor.

-Julián, Julian! Qué tienes? Te llevamos al hospital? preguntaba ansioso el escritor.

-No sé Ricardo, intervino Lucía, jamás le había visto así, con tanto dolor...

Julián levantó con gran esfuerzo su brazo derecho, y apuntando hacia arriba balbuceó:

-Tú... tú tienes que dejarme vivir... tú tienes que intervenir ante el Señor por mí... tú puedes... ayúdame...

Norma, Lucía y Ricardo se quedaron asombrados. Le hablaba a la imagen de San Judas Tadeo, grabada sobre su tumba.

De pronto, Julián sufrió un desmayo. Un elemento de seguridad de la Basilica se acercó para ofrecer llevarle a los servicios médicos. Sin embargo, cuando estaban a punto de levantarle en vilo, el sacerdote abrió los ojos y dijo con renovados bríos:

-Y Ustedes... qué hacen ahi parados? Vamos, ayúden a levantarme.

-Pero Julián...

-Ya...ya...ya... que Julián ni que nada! No puede uno sentirse tantito mal porque luego luego arman su escandalito...

El guardia sonrió ante las ocurrencias del cura y le extendió la mano para auxiliarle.

-No sabe las cosas que hemos presenciado aqui... verdaderos milagros! dijo dirigiéndose a Ricardo a manera de explicación.

Lucía y Norma sólo se veían con asombro. El grupito de visitantes que se habían reunido alrededor aplaudieron con gusto por la pronta recuperación del sacerdote.

Durante el resto del recorrido, al que insistió firmemente Julián, nadie comentó nada.

 

-Julián, dijo Ricardo con cierto tono de severidad, te voy a rogar que me permitas que te revise un médico...

-Para  qué...? Ya me siento bien...

-De todas formas... comprende que así nos sentiremos más tranquilos todos.

-Bueno, bueno... pero que sea después de la audiencia con Su Santidad...

-Sea pues... pero te advierto que no toleraré demoras ni pretextos.

-Huy que miedo... dijo bromista Julián rompiendo la seriedad del momento.

 

La figura de Benedicto XVI resaltaba por sobre todo el entorno. Sentado en el trono papal, atendía diligentemente a los visitantes, uno por uno, grupo por grupo, familia por familia, según el caso. El ujier a su lado urgía el seguimiento tras unos segundos de charla.

Julián tomó de la mano a Ricardo. El escritor le sintió temblar.

-Nervioso? cuestionó.

-Tú qué crees... no te sientes tú así cuando vas a ver a tu jefe?

El historiador sonrió levemente ante la ingenua comparación de su amigo.

La fila era larga, pero avanzaba con presteza. A unos cuantos metros, la mirada de Su Santidad se posó en Ricardo unos segundos.

Él le miró fija, pero respetuosamente. Hacía muchos años, por una casualidad de la vida, se había sentado a la mesa para compartir el pan y la sal en la casa del escritor. Con toda seguridad ninguno de los dos pensó en ese entonces que Monseñor Joseph Ratzinger llegaría a Papa. Pero eran muchos años y la gente cambia.

Llegado su turno, Julián hincó la rodilla derecha e inclinó el cuerpo hacia el Pontífice, besando el anillo papal que le ofrecía.

-Padre Julián, su camino es largo aún... dijo Su Santidad con voz leve. San Judas Tadeo ha de ver por su bien, y María Santísima guiarle en la delicada misión que aún aguarda por Usted.

El sacerdote asintió con la cabeza asombrado de lo que consideraba una predicción papal. Ricardo alcanzó a escuchar y quedó intrigado.

Tras dar la bendición al anciano presbítero, Benedicto XVI extendió las manos a Norma y Lucía que, haciendo una reverencia, escucharon una consigna breve:

-No tengan pena por nuestro sacerdote, que su ciclo, si bien está por cumplirse, aún tiene algún tiempo más entre nosotros. Ustedes dos serán el alimento espiritual que necesite.

Faltaba Ricardo que, sin esperar llamado, en cuanto su mujer y Lucía se levantaron, se postró ante el Sumo Pontífice.

-Rato ha que compartimos el pan y la sal. Mucho me place ver que eres el guardian de nuestro amigo y él, tu guía y consejero. Tengan fe en San Judas Tadeo como él la tuvo ayer al pie de su tumba. Y que tu palabra siga siendo la palabra de Nuestro Señor.

-Así sea Su Santidad... alcanzó a decir mientras inclinaba la cabeza para recibir la bendición papal.

 

Julián estaba emocionadísimo. No era sólo el haber podido ver al Papa en persona, sino sus palabras... su camino es largo aún... la delicada misión que le aguarda... retumbaban en su cabeza como una promesa de vida.

-No lo crees tú así, preguntaba a su amigo buscando la confirmación de sus pensamientos.

-Vaya que si lo creo! contestó realmente convencido el escritor.

-Y te fijaste que habló de San Judas Tadeo? Como si supiera que me desvanecí al pie de su tumba....

-Bueno, te diré, eso sí deben haberselo informado. Lo que me asombra es que práctica-mente te dejó en manos del apóstol.

-Sí, verdad... exclamó el aún atónito curita.

Norma y Lucía sólo escuchaban.

 

El médico se acercó a Ricardo con la cara de duda.

-Dice que el anciano tiene diagnosticado cáncer avanzado?

-Así es, se adelantó a contestar Lucía.

-Pues que raro... hay cáncer, sin duda alguna, pero incipiente, curable...

-Qué dice doctor?!

-Que sí hay cáncer pero no letal... una operación puede alargarle la vida por muchos años... allá en Acapulco tiene ustedes un muy buen hospital de cancerología...

-Si doctor, lo dirige un amigo mío, el Doctor Marco Antonio Terán Porcayo.

-Véanlo... les dirá lo mismo que yo y sabrá qué hacer en beneficio de la salud de ese buen sacerdote.

Norma, Lucía y Ricardo sólo se vieron uno al otro.

 

Esa misma tarde, llevaron a Julián nuevamente al pie de la tumba de San Judas Tadeo.

-Mira Julián, creo que debo decírtelo; el doctor encontró que tu mal tiene remedio y no es ni con mucho lo grave que había sido diagnosticado.

-Pero... si los estudios en México...

Ricardo señaló hacia arriba, hacia donde el día anterior el sacerdote se había dirigido en su súplica, y dijo:

-Parece que tu petición fue escuchada...

El viejo presbítero se fue hincando lentamente, abrió los brazos en cruz y exclamó:

-Sea tu voluntad Señor!... gracias!

 

De vuelta en Acapulco, la palomilla les esperaba en el aeropuerto. La algarabía que tenían hacía pensar a la gente que recibirían a alguien de muy altos vuelos.

Cuando la nave posó en tierra, mientras hacía el carreteo, los integrantes del grupo se reunieron a las puertas de salida de pasajeros.

-Julián... Julián... Julián... corearon cuando el sacerdote apareció  por la puerta de andenes.

El curita elevó el brazo derecho a guisa de saludo y, jalando del brazo a Ricardo para emparejarle con él, le plantó sonoro beso en la mejilla.

Las carcajas de todos y el aplauso no se hicieron esperar.

-Bravo! Arriba los novios! gritó Carlos con su natural desfachatez... callando de inmediato ante el fuerte coscorrón que recibió del Arzobispo Barre-nechea, que se había sumado al grupo.

-Muchacho irrespetuoso! dijo el prelado sobán-dole inmediatamente con cariño la cabeza.

-Bienvenido compadre! exclamó sincero Don Celerino. Cómo les fue de viaje?

-Bien, muy bien! contestó el escritor. Mira a Julián, viene renovado! Y todo gracias a San Judas Tadeo...

-Ora! Y ese milagro?

-Pues eso es... un milagro! Ya les contaremos...

Los saludos se multiplicaron y se inició el camino a casa.

 

La vivienda estaba atestada de amigos. Ahí se encontraban Carlos, hijo de Ricardo, con Anita su esposa;  Jazmín, hija de Norma y el escritor; Fidel Vargas, amigo y socio de Carlos, acompañado de su esposa Gloria y Silvia, su cuñada, con Abrahám, su marido; Narciso, aquel sacerdote que usara el púlpito para arengar a los fieles en contra de las sectas, ahora fiel colaborador de Julián en su parroquia; Jorge, esposo de la fallecida amiga de Norma, Lupita, y sus hijos Adriana, Cristy, y Jorgito; Rafaél, arquitecto amigo de Ricardo, ex-funerario y amante de la buena lectura y música; Celerino, líder obrero Diputado y compadre de Ricardo, con Doña Elvia su esposa; Gerardo, el poeta amigo de pensamientos controvertidos, ahora sacerdote; Eustorgio, el amigo de Julián y ricachón de su pueblo; Gustavo, amigo del café y buen analista, gustoso del debate; Alfonso, también amigo del café y librepensador; Calixto, exfuncionario y fundador de una secta; y Edmundo Barrenechea, Arzobispo de la arquidiócesis de Acapulco.

Todos ellos había sido participantes en las charlas anteriores de Ricardo. Se había hablado sobre Cristo, sobre San Juan Diego y el Beato Sebastián de Aparicio.

Sobre la mesa del comedor se lucían tamales, carnitas, tacos al pastor, y mil antojitos más para dar la bienvenida a los viajeros.

-Y cuándo empezamos las pláticas jefe? preguntó Carlos con verdadera curiosidad.

-Mañana mismo... si Dios lo permite.

-Encontraste más información?

-Bueno... en realidad no fui a eso; fui a entregar mis papeles, pero creo que podemos empezar con lo que tenemos...

-Bueno palomilla, pues ya escucharon... mañana mismo todos aquí a las seis de la tarde... estamos?

-Estamos!!! corearon todos.

 

Al día siguiente, por la mañana, llevaron a Julián al Hospital de Cancerología. Los estudios realizados por el personal del Dr. Terán confirmaban el diagnóstico de Roma: cáncer incipiente.

-Puedes operarlo? preguntó el escritor a su respetado amigo.

-Sí, no veo mayor riesgo que su edad... pero creo que podemos extirpárselo totalmente.

-En verdad es así de fácil? preguntó aún incrédulo Julián.

-Bueno... fácil no es...

-No... no... me refiero a que los estudios de México señalaban...

-Sí padre, los vi y son muy claros. Conforme a ellos, usted era un enfermo terminal...

-Qué quiere decir eso?

-De muerte, Julián, de muerte...

-Entoces... podemos hablar de un milagro...?

-Bueno padre... yo soy médico y no puedo hablar de milagros... pero de que hubo un cambio radical y asombroso en su enfermedad... lo hubo. Eso sí puedo certificarlo como tal... pero no puedo hablar de milagros...

-Ni falta que hace mi querido galeno... que de milagros yo me entiendo con Dios, señaló francamente contento el sacerdote.

 

Por la tarde, ya reunidos todos, Ricardo aprovechó para iniciar su plática con la anécdota de lo sucedido a Julián. Todos se quedaron asombrados.

-Pues es buena entrada la de Juditas con nosotros, dijo Calixto.

-Así será bueno, intervino Carlos, como tiene altas las influencias...

-Cómo que altas las influencias? cuestionó Doña Elvia.

-Dice mi papá que era hermano de Jesús...

-Al menos eso es lo que señalan los evangelios apócrifos -los recuerdan?- sobre la vida de José, sus hijos, y María, madre de Jesús, señaló Ricardo.

-A ver... a ver... que empiece la charla... urgió Fidel.

-Bueno... San Judas Tadeo, con todo y ser uno de los santos más venerados, pues su devoción se extiende por todo el orbe, es, al mismo tiempo, un hombre del que se conoce tan poco que no pasa de cinco páginas en texto. Milagros atribuidos a él, hay miles, pero de su vida... prácticamente nada!

Varias pueden ser las causas que motivan esta aparente ignorancia o velo sobre su vida: primeramente, ser homónimo del que traicionara a Jesús -según los cánones- y le entregara a los sacerdotes; en segunda, porque se le ha señalado insistentemente como hijo de José y hermano de Jesús, lo que ha generado una extensa polémica universal.

A mí me parece que es uno de esos casos en que la Iglesia, como institución, quiso en un momento dado acallar su vida para que no opacara la de Jesús -en aquellos años en que despertaba la nueva iglesia- y desviara la atención de los adeptos. Sin embargo, al correr los siglos, la devoción les ganó y, cuando fue tan grande, cuando se quiso propagar información sobre su vida... ésta se había perdido!

Pero... vamos por partes... para empezar, analicemos lo que se dice sobre su hermandad con Cristo.

Saqué un ejemplar de mi libro Quién demonios es... Cristo? que se publicara en base a nuestras charlas, recuerdan? Bien... quisiera leerles algunos fragmentos de lo que platicamos aquella vez, si me lo permiten:

“La vida de José y María se halla en dos, e incluso tres redacciones diferentes. Desgra-ciadamente está incompleta, pues los fragmentos provienen de manuscritos diferentes, aunque el manuscrito a partir del cual se publicó la Historia de José es de origen egipcio. La recesión copta es sin lugar a dudas una traducción del griego y es a la que me voy a referir, aunque tomando partes de la traducción árabe del mismo documento por ser más “acordes” a nuestra forma de hablar actual.

Al principio de esa historia hay una anotación que señala “Este es el relato del fallecimiento de nuestro santo padre José, el carpintero, padre del Cristo según la carne, el cual vivió ciento once años. Nuestro Salvador contó a sus apóstoles toda su vida, en el Monte de los Olivos. Los apóstoles escribieron estas palabras y las depositaron en la biblioteca de Jerusalén. El día en que el santo anciano abandonó su cuerpo, fue el 26 del mes epép (junio-julio). Descanse en paz. Amén.

...la historia sagrada y los evangelios registran únicamente el capítulo I -de 32 originales- que es precisamente en el que Jesús anuncia su crucifixión y muerte, da la misión de evangelizar a los apóstoles, a quienes manda a predicar a todas las naciones, y advierte que el fuerte no podrá salvarse por su fuerza ni el rico por sus riquezas. Es más, no incluye las dos últimas líneas de ese primer capítulo que dicen: “Ahora, escuchad, os contaré la historia de mi padre José, el viejo carpintero, bendecido por Dios”.

...excluyen precisamente la historia de José, de María y la infancia de Jesús. No entiendo yo tampoco el porqué. Pero no sabemos, conforme a aquellos tiempos de construcción de la iglesia y las costumbres de la época, qué motivó a los santos varones a ocultar cosas tan simples como esas.

...Bueno, el documento señala  -y recuerden que es una narración del propio Jesús respecto a sus padres- que José era de la ciudad de Belén, pertenecientes a Judea y que “estaba bien instruido en la sabiduría y el arte de la carpintería”. Esto le da ya una posición muy diferente a la que hemos tenido siempre del carpintero pobre. Pero aún hay más. En la traducción árabe, esas mismas líneas dicen que José: “estaba excelentemente bien instruido en las ciencias, y fue sacerdote en el templo del Señor”. Aquí, lo que no podría estar muy acorde a los evangelios aceptados es que José no era “el pobre” que nos quieren hacer conocer.

Naturalmente que una de las ciencias a las que José se dedicaba era la carpintería. Como hombre, era justo y temeroso de Dios. Cumplía fielmente con los designios del Señor y llevaba una vida honorable. Este hombre se casó -en santo matrimonio- con una mujer que le dio cuatro hijos y dos hijas. Las hijas se llamaron Lisia y Lidia; los hijos Judá, Josetos, Simón y Santiago. La mujer de José murió y dejó a Santiago aún muy pequeño...

...María fue Madre de Jesús, y sólo de Jesús. Este sí tuvo hermanos, pero eran hijos de José y de la que fue su esposa”.

Obviamente, señaló Ricardo interrumpiendo su lectura, Judá es Judas, a quien más tarde ya señalan como Judas Tadeo.

Aunque algunos de los aquí presentes ya lo saben, les recordaré que lo dicho por los escritos apócrifos -que no significa falsos sino secretos- y los pseudoevagelios, ha sido confirmado en gran parte tanto por estudiosos e investigadores, religiosos y no, como por otros documentos que han ido apareciendo, como los del Mar Muerto; es más, me permito decirles que algunos de estos documentos también llevan el nombre de Proto-evangelios, que significa Los Primeros Evangelios.

Tanto, que el último aparecido fue el de Judas Iscariote, rescatado y propagado por National Geographic -institución de reconocida seriedad y credibilidad- y en el que Judas cuenta que todo fue un plan preconcebido por el propio Jesús. Es decir, no fue una traición, sino un sacrificio... pero de eso hablaremos en otra ocasión. El tema que nos ocupa ahora es el de Judas Tadeo.

Pues bien, entendido que Judas Tadeo sí es hermano de Jesús, podemos explicarnos esa pequeña dosis de envidia -o simple celo- que se desató entre los seguidores que, poco a poco, conformaban la iglesia como institución.

Yo quiero imaginar, por principio de cuentas, las penurias por las que tuvo que pasar ese hombre. Vuela mi pensamiento y le veo llegando a cierta ciudad en donde, al dar su nombre, le es reclamada la traicionera acción con su Maestro. Le veo aclarando que no es él, sino el otro Judas, que él es hermano de Jesús y por ende no podría traicionarle jamás. Y veo a la gente observándole con desconfianza... como no creyendo en él.

Al menos así debe de haber sido en sus primeras incursiones en la divulgación de la palabra. Porque él fue de los primeros en salir a cumplir con la orden de Cristo de viajar y difundir su enseñanza.

-Luego entonces es prácticamente un hecho el que es hermano de Cristo...

-Bueno... una seguridad absoluta no puede existir. Pero si lo que se llama la certeza histórica, es decir, la verdad que podemos alcanzar gracias a los antecedentes históricos, no filosóficos, sino históricos.

-Y qué no es una verdad religiosa? porque no me puedes negar que los supuestos documentos son de la iglesia... exclamó Gustavo.

-No, momento... los documentos a los que nos hemos referidos -y que quizá guarde la iglesia- son documentos que, tras ser descubiertos, han sido estudiados por toda clase de estudiosos e investigadores -incluyendo los historiadores- y de todas las corrientes ideológicas.

Es, definitivamente, una realidad histórica, pues hasta ahora no se han impugnado ninguno de esos evangelios o documentos como falsos, por nadie, ni católico ni no católico.

Dejemos asentado pues, en beneficio de nuestra historia, que la verdad histórica señala a San Judás Tadeo como hermano mayor de Cristo.

Por lo pronto, y por el día de hoy, terminamos...

-Y qué? urgió el sacerdote, no hay tamalitos hoy?

-No viejito, contestó Carlos, hoy no hay tamalitos... pero sí unas tostadas de pollo que ya Dios quisiera allá en el cielo...

-Irrespetuoso como siempre.... chamaco del demonio!

-Qué pasó padre? Cómo está eso de invocar al maligno? cuestionó Rafael.

-Es que este flaco me saca de mis casilllas.... pero basta de discusión y vamos a entrarle a las tostadas...

Todo mundo rió ante la gracia de Julián, y se acercaron a la mesa.

 

 

Cuando Ricardo se levantó, pudo observar la luz de su estudio encendida. Lo hacía dos o tres veces por noche más por costumbre que por una verdadera necesidad de ir al baño. A veces iba, sí, pero la mayoría de las ocasiones eran para visitar el refrigerador y darle un trago a la Coca-Cola bien fría, o una mordida a una salchica, o simplemente tomar con cierto cuidado una cucharada bien copeteada de chocolate en polvo.

No recordaba haber dejado prendida la lámpara de su escritorio o el foco que pendía del techo sin pantalla alguna que le adornara o protegiera. Sabiendo de antemano que sería Julián el desvelado, se acercó en silencio y abrió la puerta con sumo cuidado.

Era, efectivamente, el sacerdote. Escribía lo que parecía ser una carta.

Ricardo, no queriendo ser indiscreto, se retiró con el mismo silencio con  que llegara.

 

El despacho del Arzobispo se encuentra en un edificio cercano al zócalo del puerto, así es que Ricardo se encaminó a él tras el cotidiano cafecito con los amigos.

Tras anunciarse, el propio prelado salió a la puerta para recibirle.

-Qué me cuentas querido amigo...?

-Bueno, pues ya se confirmó el diagnóstico de Roma y Julián nos va a dar lata por un buen tiempo más... si se opera.

-Operar?... entonces sí es un cáncer incipiente...

-Así es... operable... pero conociendo a Julián...

-Ni te acongojes, mi estimado escritor, que si bien nuestro sacerdote amigo es bastante necio, también ama la vida profundamente...

-Entonces... lo programamos?

-Naturalmente... con su consenso o sin él... que al final de cuentas es en su bien...

 

A llegar a su casa le esperaba Celerino, su viejo compadre, acompañado de varias personas.

-Qué pasó compadre? A qué se debe esta visita “oficial”....?

-Pues aquí atendiendo a los mandatos del pueblo, tú sabes compadre; no podemos -aunque estemos retirados del poder- hacer oídos sordos a las peticiones de quienes nos elevaron a las altas esferas gubernamentales...

La perorata de Celerino sólo demostró que la visita no era la cotidianamente acostumbrada para las charlas, sino algo de carácter “oficial” como él le llamaba.

-Y yo qué pitos tengo que chiflar en estas aguas? preguntó divertido el escritor.

-Pues verás compadre, resulta que estaba yo en la taquería de Doña Sinforosa platicando de tu charla y San Juditas Tadeo -del que bien sabes lo devoto que somos mi mujer y yo- cuando esta señora se levantó de su mesa y, acercándose a la mía, me dijo muy emocionada que si te faltaba información, ella podía platicarte de un par de milagritos que le conoce a San Juditas...

-Bueno... pues como sábes, las reuniones son a las seis, así es que porqué no los invitas y nos vemos a esa hora. Así podrá tener la oportunidad de platicarle sus experiencias a todos los asistentes...

-No... pos yo con mucho gusto Don Ricardo... porque le puedo llamar Don Ricardo, verdad Don Ricardo?

-Claro... claro...

-Sólo que no sé si me deje traer a mi chamaco y al hijo de mi vecina -aquí presente- para testimoniar bien el milagrito...

-Naturalmente que puede invitar a quien quiera...

-Pues gracias compadre, no esperaba menos de ti. Así es que, cumplido el encargo, nos vemos por la tarde...

-Hasta luego a todos y esta es su casa... dijo el escritor a guisa de despedida.

 

Julián estaba sentado a un lado del escritorio del despacho de Ricardo, pero desde ahí no perdía detalle de la inesperada reunión. Cuando vio que el escritor les despedía y se encaminaba a la pequeña sala de trabajo, el sacerdote fingió estar inmerso en la lectura de un viejo libro.

-Hola viejito cascarrabias... saludó Ricardo con el cariño de siempre.

-Hola diputado... contestó el clérigo con sorna y refiriéndose a la reunión.

-Ahhh pero si a ti no se te escapa nada... verdad? Viejo metiche!

-Debo cuidar a mi rebaño... y tú eres parte de mi rebaño, no del de ese politiquillo de tu compadre...

-Já... sea cómo sea, de oveja no me bajas... será de uno o será de otro, pero borrego al fin, no?

-No! dijo sorprendido Julián por el sesgo que tomaba la broma.. Yo no quise decir eso... perdóname amigo...

Ricardo soltó la carcajada ante la cara de angustia del sacerdote.

-Vaya...! Ahora sí te pesqué, viejo canijo! Una de cal por las que van de arena...

Julián sonrió aliviado al darse cuenta de que su amigo en realidad no se había ofendido, y se apoltronó nuevamente en el silloncito lateral del escritorio.

-Por cierto, ya te he dicho que cuando quieras leer o escribir cualquier cosa, uses mi sillón para que estés más cómodo...

-Veráse bien! No señor! A cada quien su respeto y esa posición es tuya y de nadie más. Yo la respeto como me gusta que respeten la mía allá en mi pueblo. Narciso será muy el cura en funciones, pero el párroco soy yo y mi vieja silla no la ocupa nadie...

-Está bien, como tú quieras. Yo lo decía para que estuvieras más cómodo.... por cierto, ya que hablamos de comodidad, para cuándo programamos tu operación, o qué? No quieres vivir unos cuantos añitos más?

-Ya te dije que Dios es el que dispone de mi vida y si Él quiere dejarme vivir será el tiempo que Él diga. Sin embargo, bien sé que Dios dijo ayúdate que yo te ayudaré y, pues... hay que ayudarnos, eso que ni qué... así es que, pues, aunque le tengo cierto miedito a la operación... pues adelante! Tú eres ahora mi mentor y guía en ese sentido, así es que... tú mandas mi querido tundemáquinas.

Ricardo se quedó perplejo. Jamás pensó que Julián aceptara sin reticencia la operación. Pero lo hizo y había que aprovechar la oportunidad.

-Pues ahora mismo mi ensotanado amigo... veremos qué dice Marco Antonio...

Sacó de la cintura el celular de su estuche y marcó. Tras una breve charla de la que Julián sólo escuchaba monosílabos, Ricardo anunció con cierto pesar a su amigo:

-Tienen saturada la agenda de cirugías, pero te programó para dentro de mes y medio. Así es que puedes aprovechar para irte de parranda algunas noches... y pedir perdón por hacerlo otras tantas...

-Chistoso! Eso no se vale. Mira que hacerlo a uno sufrir por mes y medio... debiera operarme mañana...

-Pero no se puede... hay muchos por delante...

-No pues sí... ni modo... así son los designios del Señor. A otra cosa mariposa! Quiénes eran esas señoras que te trajo Celerino?

-Por la tarde las conocerás... vente, vamos a comer...

-Que forma de evadir la información... pero vamos, me sacrifico...

 

-Esta tarde nos acompañan varios invitados de Don Celerino, señaló Ricardo al dar inicio a su plática. Vienen a acompañarnos porque nos comentan que tienen testimonios de fe que dar ante ustedes, así es que, sin más preámbulos... y señaló a la señora que había venido esa mañana.

Doña Sara -que así se llamaba- era una mujer común y corriente, un miembro más de nuestro pueblo, de la clase media baja y, por ende, con escasa cultura, pero un entendimiento bastante agudo, como pudieron constatar más adelante los asistentes.

-Verán Ustedes, dijo levantándo la mano a guisa de saludo, yo vengo del Rena, de ese monstruo que es ahora Ciudad Renacimiento. Somos gente buena dedicada al trabajo, porque en mi casa todos trabajan, hasta mis hijos, y creyentes en Diosito, en la Virgencita de Guadalupe y en Jesucristo, principalmente digo, porque también le rezamos a los santitos como al Señor Santiago, a San Juan Dieguito y, naturalmente, a San Juditas.

A mis chamacos les he dado hasta la prepa porque no tengo pa’mandarlos a la Universidá, pero eso sí, se los he dicho siempre, sí tú quieres seguir estudiando, si quieres entrarle a la Universidá, pues no hay fijón, nada más que te vas a trabajar para pagarte los estudios porque yo no puedo. Sólo uno se me fue a Chilpancingo, que pa’entrar a la Uni, y pa’que más que la verdad... la está haciendo el canijo.

Bueno, pero yo no vine aquí a contarles mis penas, o mejor dicho, sí, porque precisamente en una de esas penas es en donde me hace el milagrito, que digo milagrito... el milagrote! San Judas Tadeo.

Este muchacho que ve aquí, que es mi’jo Beto, y su amigo el Juancho, que es ese otro que ven ahí, se nos largaron un día de pinta, mero cuando estaba lloviendo mucho que por las tormentas tropicales o no se qué. El caso es que los dos se fueron a Pueblo Nuevo, hasta allá arriba y, estando por allá y ya viniendo de regreso, como a la mitá, se les soltó el aguacero pero duro... duro deveras! Ustedes deben acordarse, fue el año pasado.

En la casa, ya se había armado el argüende porque la mamá del Juancho -Doña Celia aquí presente también- llegó a avisarme que unos compañeros le avisaron que los dos escuitles se habían largado de la escuela y que estaban anunciando tormenta tropical y recomendaban que nadie saliera de sus casas. No, pos me puse primero bien enca...nijada, pero luego empecé a preocuparme cuando un chiquillo de su clase dijo que se habían largado a Pueblo Nuevo.

Imagínense ustedes ese camino, de vil lodo, resbaloso como la fregada con la lluvia y la pendiente, bueno, pa’qué les digo de la pendiente si ya la conocen muchos de Ustedes. Un resbalón y al carajo!

Era tanta mi desesperación que, al pasar por la Iglesia de La Sagrada Familia, les pedí que entráramos a rezar y pedirle a San Juditas que nos cuidara a nuestros muchachos. Ahí, hincada, lloré lágrimas de sangre. Era Beto, el más chiquito de todos...

Pasó aullando una ambulancia y más me retumbó el pecho.

Vámonos, les dije a los demás, vámonos porque ya no los vamos a encontrar... y el agua no cedía! Llovía que parecía el diluvio universal, palabra!

Conseguimos que un vecino que es mecánico nos trajera en un jeep de doble tracción, para subir esa maldita cuesta, digo, si no pa’qué?

Apenas se veía... y lo poco que se veía a través del agua, era de miedo, barrancos para todos lados... me cae que no sé cómo nos aventamos a ir, sobre todo el mecánico.

De pronto, a un lado de la estrecha vereda, porque es una vereda, eso no es carretera ni camino, se podía distinguir a un grupo de gentes que miraban pa’bajo. Jesús! Mi corazón latió como licuadora! De seguro son estos cabrestos muchachos... ya les pasó algo!

Por desgracia, efectivamente eran ellos el motivo de atención de los lugareños que, a pesar del agua, había bajado hasta ahí para tratar de ayudarlos. Los había visto un señor que subía a pie todos los días, con agua o sin ella, y no por gusto, sino porque no tiene carro y ahí no hay ni taxis, ni autobuses ni camionetas, bueno, camionetas sí, pero nada más suben dos veces al día... una por la mañana, como a eso de las doce, y la otra a las seis, ya pardeando la tarde.

Pues este señor vio una mochila tirada a la orilla del camino y, dado el lugar, de inmediato se imaginó que alguien se había desbarrancado... un muchacho seguramente, dijo, por eso de la mochila. Se fue a avisar al pueblo, que tampoco es pueblo pues apenas son unas veinte casas, y los que quisieran vinieran a ayudarles.

Doña Celia pegó el grito cuando le enseñaron la mochila, era la del Juancho. A mí se me estrujó más el corazón. Si estaba el Juancho allá abajo... de seguro que también estaba mi Beto!

Me dio harto coraje... y saben porqué? pues porque los que dizque bajaron a ayudar nada más estaban de mirones... nadie hacía nada! Puros comentarios y nada más.

Le dije a mi vecino el mecánico que si traía unas reatas y me sacó una medio viejona, pero que se ve servía, era gruesa como del grueso del dedo gordo de un gordo. Yo me aviento, me dije. Y que amarramos la reata a un árbol y que empiezo a bajar... cuando se dieron cuenta de mis intenciones, varias viejas de las chismosas esas me quisieran detener. No baje señito, no baje... está muy profundo el barranco... tiene como doscientos metros... Ahhh carajo! pues con mayor razón bajo... si ahí está mi’jo...!

Un viejito -creo que es el que subió- se acercó y me dijo: tenga esa estampita, es de San Judas Tadeo, llévela y verá cómo le ayuda... me persiné con ella y le prometí a San Juditas que si me devolvía a mi hijo vivo le construía una capillita afuera de mi casa y le contaría a cuanta gente pudiera su milagro.

Había varios machos, pero todos maricas porque nadie dijo que nos acompañaban a bajar; eso sí, todos nos daban recomendaciones y advertencias: que está resbaloso, que está muy empinado, que debían esperar a que pare de llover...! sí, carajo, y mi’jo... que se muera... no?

Pues pa’no hacerles el cuento largo, Doña Celia y yo bajamos como Dios nos dio a entender. Y yo creo que se compadeció de nosotras porque nada más empezamos la bajada... y paró el agua!

Tenían razón... estaba del carajo... resbaloso como jabón de baño y empinado como farallón. Pero bajamos. El problema estuvo cuando se nos acabó la reata... canija reata, no estaba tan larga como se veía y, pues... hasta ahí llegamos.

Desesperadas y rogándole más que nunca a San Juditas porque viera por nuestros muchachos, comenzamos a subir de nuevo. Vaya que costaba trabajo cada paso! Era como subirse a un edificio pero sin escaleras!

No llevábamos ni diez metros pa’rriba cuando escuchamos un quejido. Doña Celia lo oyó al mismo tiempo que yo y nadamás nos vimos como estúpidas. Venía de a un lado de donde estábamos nosotras. Sin decir nada las dos caminamos -sin soltar la reata- de ladito hasta la orilla de la loma y ahí, enredados en un árbol medio rajado por el golpe, estaban los dos malditos escuitles...

Pero si ahorita me las pagan cabrones, decía yo al tiempo que me amarraba la reata a la cintura y le daba dos vueltas a Doña Celia para poder soltarla y alcanzar a los muchachos.

No nos pregunten de dónde sacamos fuerzas ya no para desenredarlos de entre las ramas sin que se nos cayeron al voladero, sino para subirlos... pero lo hicimos!

La bola de babosos que nadamás estuvieron viendo nos aplaudieron, pendejos, como sin con aplaudir nos fueran a ayudar. Fue hasta el último que nos ayudaron, mero cuando estábamos llegando a la orilla del camino fue cuando se acomidieron a sopesar a los chamacos.

Alguien había llamado a la Cruz Roja y llegó un jeep con ambulantes porque decían que la ambulancia no podía subir en esas condiciones, así es que acomodamos a un muchacho en cada jeep y vámonos pa’bajo.

Juancho tenía las dos piernas rotas y una rajada en un costado, se le había encajado una rama. Beto estaba peor, tenía la columna desviada del fregadazo, tres costillas rotas al igual que un brazo y una pierna. Se veía más aparatoso porque se golpeó la cabeza contra el tronco y ya saben que de la cabeza sale el titipuchal de sangre.

Nos dejaron en el Hospital General de Ruiz Cortines. Mientras los atendían en urgencias nos fuimos a sentar a la zona de consultorios, era el único lugar en donde había en que sentarse. Yo me levantaba a dar de vueltas a cada rato para que no me venciera el cansancio.

Con la mojada quería darme gripa y, en un estornudo, que salta de mi pecho la estampita de San Juditas que me diera el viejito, como recordándome que me había hecho el milagro... y sí, ahora lo reconozco abiertamente. San Judas Tadeo me hizo... nos hizo el milagro de salvar a nuestros hijos....

 

Unos segundos de silencio acompañaron a esa esforzada madre mientras se sentaba. No bien tocaba la silla, cuando los asistentes estallaron en aplausos. Se los había ganado por su sacrificio. Ricardo miró discretamente a Julián, como buscando su aprobación o negación sobre lo escuchado. Vio al sacerdote con lágrimas en los ojos y aplaudiendo entusiástamente. Ya no le preguntó nada.

-Bueno, pues este es no sólo un ejemplo de la bondad de San Judas Tadeo para con sus hijos, los hijos de Dios, los cristianos seguidores de su hermano tanto como él mismo, sino también un ejemplo de lo que debe ser una madre, sobre todo en estos tiempos.

Judas, y me voy a permitirme referirme a él así, sin el San por delante, mientras hablamos de su vida. Porque lo que hizo Judas en su momento, no lo hizo un santo, lo hizo un hombre que por ello fue elevado a Santo.

Y dado que ya se hizo tarde, las adelanto nada más que la charla de mañana versará sobre la participación de Judas en la vida de Jesús, tanto privada como pública. Cómo habrá sido como hermano? Cómo sería como seguidor? Cómo habrá actuado en su calidad de apóstol mientras llegaba la hora del sacrificio?

Demos las gracias a Doña Celia y a Doña Sara por la bondad de su plática y testimonio, y despidámoslas con otro fuerte aplauso, que bien se lo ganaron ambas.

 

Julián se veía cada vez más juvenil, más fresco, como si el cáncer  no le afectara en nada. Ricardo le observaba y lo comentaba con el Arzobispo Barrenechea.

-Me gustaría llevarlo a una nueva revisión…

-Para qué? Si Terán te dijo que le puede operar y ya programaron la cirugía para dentro de un mes y días… qué objeto tiene volverlo torturar con una nueva revisión?

-No sé porqué, pero creo que el milagro es completo…

-Qué quieres decir?

-Que creo que el cáncer  ya desapareció por completo…

-Y en qué te basas para creer eso?

-En la actitud de Julián…

-Bueno… antes de meterlo a cirugía deben hacerle una nueva evaluación, no?

-Deben…

-Entonces deja en manos de Dios todo...

-Así será…

 

-El tiempo se encarga de borrar los datos que le historia requiere para confirmar tal o cual evento… pero también se encarga de botar otros que dilucidan algunas de esas verdades perdidas el paso de los siglos, decía Ricardo al inicio de su charla.

De esto último podemos tomar como ejemplo los ya famosos rollos del Mar Muerto que, sin estar enterados incluso de su existencia, el destino quiso que fueran descubiertos por pastores y, tras ser estudiados, descubrirse que confirman ampliamente muchas versiones de los evangelios llamados apócrifos. O el último descubrimiento, el del evangelio de Judas Iscariote, profusamente difundido por National Geographic, que cambia por completo el concepto de la mal llamada traición del mismo.

Ejemplo del primer caso, de ese en el que el tiempo se encarga de sumir en el olvido historia o parte de ellas, es precisamente el de Judas Tadeo.

Yo me pregunto en dónde estaban los seis hijos de José cuando éste fuese con María a Belém para cumplir con el censo, o su huída a Egipto para escapar de la matanza de los inocentes a quien Herodes había mandado masacrar en un desesperado intento por acabar con el recién nacido Rey de los Judíos.

Podemos deducir que no eran muy pequeños dado que el mismo evangelio nos relata que José, en calidad de uno de los sacerdotes del templo, se ha-bía hecho cargo de María –una de las vírgenes del templo- cuando llegó a la edad de mujer, es decir, a los catorce años aproximadamente, que es cuando las mujeres tienen su primera regla, y por ende José debió ser viudo ya para esas fechas, de tal forma que Santiago, el menor entre los apóstoles y el menor entre los hermanos, tendría obligadamente al menos quince años, por lo que puede ser lógico que viviesen con la familia de José en tanto éste cumplía con sus obligaciones ciudadanas, no así el propio Santiago quien es seguro que acompañaba a la pareja divina en todos estos avatares.

Antes debemos recordar que nuestro relato se basa en la narración que hace el mismo Santiago, el hijo de José, y que contiene el evangelio del Pseudo-Mateo.

Santiago, a más de apóstol seguidor del Maestro, como él mismo reconoce, hermano de Jesús, hijo de matrimonio anterior de José y por ende testigo fiel de los sucesos que incluyen la infancia del Cristo, en una parte del relato, inclusive, se deja notar muy someramente, como si no quisiera quitar atención sobre el trío principal. Esa parte de la narración dice así: “Y ensilló su burra y sentó (José) a María, y su hijo llevaba a la bestia y José los seguía...”

Entre aquellos pues, que quedaron en casa, estaba Judas, a quien los relatos sitúan –por el orden en que siempre los citan– en la medianía de la camada. Pensando entonces que Santiago era el menor y cuando menos de quince años, Judas debió tener alrededor de los dieciocho al nacimiento de Jesús, de tal suerte que, al momento de iniciarse la vida pública de Cristo –30 años– Judas andaría sobre los cuarenta y ocho.

Su posición como hermano mayor y la cercanía al pequeño Jesús –que se reflejara en la vida adulta confirmándolo– fue indudablemente de guía, ese papel fraternal que desempeña todo hermano mayor.

Él mismo, incluso, bien pudo ser el que indujera a su hermano menor a entregarse a la enseñanza Esenia, tras presenciar los milagros que de pequeño hacía el salvador, de los cuales da cuenta Santiago en su relato.

El Pbro. Dr. Enrique Cases, experto historiador eclesial, nos dice que la epístola de Judas indica un gran parecido con su hermano en cuanto al carácter y educación. Ambas cosas le llevan a poner por escrito, y con gran conocimiento de la Escritura, su pensamiento. Doce citas de los libros sagrados unidas a las referencias al libro de la asunción de Moisés y al de Henoc indican una cultura judía superior a la habitual. No se trata de un rabino, pero tiene un nivel cultural religioso alto, aunque también se hace patente que sea un trabajador manual, quizá un labrador, por las imágenes que utiliza en su breve discurso.

Es un labrador, siguiendo la costumbre de la época, pero no iletrado, pues por ser hijos de quien eran, un sacerdote del templo dedicado a la carpintería, tuvieron acceso a una buena educación indudablemente. Sus conocimientos, reflejados en la Carta –la única carta– que escribe, no son adquiridos en un par de años. Yo me atrevería a pensar, incluso, que quizá él también se acogió a la tutela Esenia.

-Perdón Abuelo, interrumpió Leslie, hija de Ricardo Javier y nieta del escritor, pero tengo dos dudas…

-Adelante hija…

-Dijiste algo sobre los milagros de Jesús niño, y eso de la enseñanza Esenia…

-Bueno… para aquellos que no han seguido mis charlas anteriores, sólo mencionaré que efectivamente, el mismo relato del Pseudo-Mateo y Santiago, narran la vida infantil de Jesús y, en ella, hablan de algunos milagros que realiza. Ustedes conocen dos de ellos, los principales, que la Iglesia ha dejado correr sin desmentir, sobre todo porque –como ya lo dijimos– vienen de evangelios apócrifos, pero curiosamente los propios sacerdotes narran en alguna que otra homilía. Estos dos milagros son: el de los pájaros, que el niño hiciera de barro y, cuando alguien le acusara de que estaba trabajando en sábado, les die-ra vida y salieran volando; el otro es el del compañerito que, jugando con él en la terraza –o azotea– de su casa, en un movimiento brusco del juego tropezó y cayó al vacío muriendo instantáneamente. Jesús fue acusado de su muerte y Él, sin perder la tranquilidad, susurró al oído del amiguito que se levantara y testimoniara la verdad. El niño aquel, vuelto a la vida, aclaró que Jesús no le había empujado, sino todo un infausto accidente. Hizo otros más, pero hoy no estamos hablando de Jesús niño y, por ende, hasta ahí lo dejamos. Quien quiera saber más, puede remitirse a los citados proto-evangelios en internet.

Respecto a la enseñanza Esenia, debemos recordar que los Esenios eran un selecto grupo de sacerdotes ascetas que dedicaban su vida a la reclusión y estudio de las santas escrituras, permitiendo que algunos jóvenes de la comunidad judía se internasen para su preparación. Podríamos compararle con los seminarios de hoy, en los que tampoco todos los que entran salen ordenados.

El primer ejemplo de enseñanza Esenia es Juan el Bautista, que seguramente iba en grupos más avanzados que Jesús pues sale antes que Él a predicar no sólo la palabra de Dios, sino la muy próxima venida de aquel al que no soy digno de atarle las sandalias.

La estancia del salvador con los Esenios justifica esa laguna que hay de su pubertad a la madurez y, contra lo que dicen los eternos detractores, los años de preparación y purificación que recibe como hombre para actuar durante su vida pública.

-Entonces a él no lo llama Jesús para seguirlo… comenta Rafael.

-En los evangelios no aparece el modo como Jesús invitó a Judas Tadeo para seguirlo. De otros apóstoles se cuenta la invitación o el llamado de parte de Jesús. Respecto a Judas Tadeo, los evangelios simplemente lo anotan en la lista de los apóstoles.

El Apóstol Judas Tadeo figura en el evangelio como uno de los mas callados y humildes del colegio apostólico.

Pero, volviendo a sus años mozos, es quizá él el que tiene que jugar un triple papel; por un lado, ayudar a su padre en las labores de la carpintería; por otro, a sus hermanos en las labores del campo, propias de quienes no eran pastores y, finalmente, como guía de su hermanos menores: Santiago y Jesús, con quienes él era de mayor cercanía en la edad.

Si consideramos que sólo él, Santiago, de todos los hermanos hijos de José, fue el que acompañó a la pareja a su destierro en Egipto, es muy probable que asistiese a las escuelas públicas que los faraones auspiciaban, porque desde la huída del pueblo judío aquellos semitas que por alguna razón arribaran a tierras del Nilo eran visto con respeto y no como esclavos. La influencia de Moisés en la vida egipcia fue indudable, sobre todo en materia de creencias. Es por eso que una de las primeras iglesias cristianas en consolidarse a la muerte y resurrección de Cristo es, precisamente, la Iglesia Egipcia que prevalece con la misma importancia que la islámica hasta la fecha.

-Oye...oye...oye… no me salgas ahora con que en Egipto hay católicos… reclamó airado Alfonso, el librepensador.

-En torno al siglo I d. de C., el apóstol Marcos hacía su entrada en Alejandría, aclaró Ricardo. La fecha exacta no es conocida, teniendo en cuenta las inexactitudes que rodean los primeros años de la iglesia cristiana.

Alejandría se convirtió en el centro de operaciones de los nuevos cristianos egipcios y en la ciudad difusora de la novedosa doctrina a lo largo de las distintas poblaciones que se alojan en las riveras de El Nilo.

El término copto, etimológicamente, puede entrañar alguna confusión en referencia a su origen y significado. En la actualidad, entendemos por coptos a todas aquellas personas que profesan la religión cristiana en Egipto. Hoy en día, se calcula que en torno al 10% de la población egipcia practica esta fe. Sin embargo, el significado primitivo del término tiene connotaciones distintas. En el siglo VII d. de C. los musulmanes conquistaron las tierras egipcias expulsando a sus antiguos poseedores, los bizantinos. Los árabes, una vez establecidos, diferenciaron claramente a los pobladores autóctonos egipcios de los griegos (población cuyo origen ha-bría que situar en la antigua clase dominante grecorromana y en la bizantina). De esta manera, emplearon el término árabe de egipcio para designar a los primeros. La posterior latinización de la palabra dio lugar a la voz copto. Por lo tanto, copto vendría a significar egipcio, siendo una traslación deformada del árabe al latín, aunque hoy se utilice para designar exclusivamente a los egipcios cristianos.

Los coptos impregnaron de una gran originalidad todas sus manifestaciones, tanto culturales como religiosas. No en vano, en fechas tempranas se produjo la separación entre la iglesia cristiana de Roma y la egipcia, que a partir de ese momento evoluciona-ría a partir de sus propias premisas. El cisma, el primero de la nueva cristiandad, tiene un trasfondo socioeconómico a la par que religioso. Durante el Concilio de Calcedonia, celebrado en 451 d. de C., los expertos teólogos y representantes de la curia discutieron un tema de enorme controversia centrado en la naturaleza de Cristo.

En las diversas jornadas se impusieron las tesis oficiales de la iglesia de Constantinopla que defen-día la doble naturaleza de Jesucristo, humana y divina. Sin embargo, los representantes coptos se mostraron firmes defensores de las ideas monofisitas sobre la única naturaleza divina. A partir de entonces, los patriarcas egipcios se negaron a aceptar los Papas gobernantes en Roma.

Este hecho tuvo su fundamental influencia en la marcha del cristianismo, pero en su base se encuentra un evidente problema social, económico, político y cultural que venía azotando a Egipto desde hace siglos atrás. Desde la época lágida, tras la conquista de Alejandro y aún más en época de dominación romana, la población egipcia se vio fuertemente sometida a una escasa minoría dirigente de origen grecorromano. A esta situación habría que añadir las enormes cargas fiscales a las que fueron sometidos los campesinos egipcios y la explotación económica general a la que fue subordinado todo el país. Por ello, la ruptura en el Concilio de Calcedonia no supuso más que una afirmación del indigenismo egipcio frente a la supremacía grecorromana representada por las iglesias de Constantinopla y Roma.

Es interesante establecer la relación de los coptos con la antigua tradición cultural egipcia pagana. En los primeros años de implantación de la nueva religión en Egipto, se reaccionó con cierta ira contra la antigua religiosidad pagana. Numerosos templos e imágenes fueron destrozados. Sin embargo, también hubo momentos de convivencia, así como de aprovechamiento de los elementos anteriores. Numerosos templos egipcios paganos fueron empleados por los cristianos con diferentes usos, así como muchas iglesias se construyeron cerca, e incluso dentro, de otros santuarios. El jeroglífico egipcio anekh, que se corresponden con vida o vivir, se convertiría en el símbolo de la iglesia copta.

De esta manera, el primer odio irracional hacia los elementos paganos egipcios se convirtió con el paso del tiempo, en cierta forma de inspiración para los coptos. En parte, debido a esta necesidad de la iglesia copta de indicar su plena hegemonía frente a la iglesia grecorromana. La literatura copta, que emplea caracteres griegos para expresar el idioma egipcio, no destacó por su especialidad originalidad. Se basaba en la trascripción de textos religiosos griegos y latinos al copto.

La manifestación más espectacular de los coptos fueron los tejidos, ya fuesen los utilizados en las ceremonias fúnebres, como los empleados por los vivos. La mayoría de temas hacen referencia a imágenes del Antiguo y el Nuevo Testamento, aunque podía incluirse gran variedad de escenas, como por ejemplo, las cinegéticas.

Dos son las principales aportaciones coptas a la religiosidad cristiana. San Antonio Abad (251 – 356 d. de C.) funda el movimiento ascético de los anacoretas. Éstos, abandonando el mundo, buscaban la purificación de su alma mediante la soledad y la mortificación, retirándose a los desiertos limítrofes de El Nilo.

San Pacomio (286 – 346 d. de C.) crea el movimiento cenobítico, a través de los monasterios que se multiplicaran por todo Egipto. En ellos, los religiosos se retiran de la vida mundanal, bajo dos características principales: La obediencia a un superior religioso, y la vida en común para alcanzar la purificación del alma. Estos dos movimientos se convertirán en primordiales en la Cristiandad occidental en los siglos posteriores, constituyendo dos aportaciones indispensables legadas por los cristianos egipcios.

Sin embargo, yo considero que otra de las grandes aportaciones de la Iglesia Copta –o egipcia– es la traducción que en ese idioma se hace de los evangelios apócrifos –ya escondidos por la iglesia romana– y que ellos guardan con celo pues aceptar la divinidad integra de Cristo les lanza obviamente a la credibilidad total de esa palabra. Recuerden ustedes que el evangelio a que nos referimos para hablar de la vida de José, María y Jesús niño es, precisamente, una versión copta.

Así las cosas, y dado el tiempo que duran en Egipto José y María con sus retoños, el joven Judas se forma con fuertes influencias de la sociedad egipcia, influida a su vez por aquellos judíos mosaicos que se fueran hace tiempo.

Dejemos por hoy la charla, y sólo adelantemos que la próxima será en torno a esa etapa Esenia de la que hablamos hace unos momentos.

Gracias a todos…

Carlos ayudó a levantarse a Julián, que le permitió hacerlo pero ya erguido le lanzó un…

-Sácate de aquí muchacho del demonio! Acaso crees que necesito ayuda? Espetó abrazándole en seguida. Me caes bien porque te pareces a tu padre…

-Dios me libre! Exclamó el muchacho en son de broma mientras Anita le daba cariñoso coscorrón.

-Ora… no hable así de su padre o me lo sueno!

Las risas de todos acompañaron el fin de la charla y las ocurrencias de sacerdote y pareja.

Poco a poco se fueron retirando. Rafael se hacía el remolón a un lado del baño y, cuando quedaron solos, se acercó al escritor.

-Oye… y qué de Julián?

-Nada… tú sabes? Así yo… creo que estamos presenciando un verdadero milagro…

-Dios quiera, porque me cae bien el vejuco…

 

Barrenechea se paseaba nervioso alrededor de su escritorio, mientras Ricardo se reacomodaba en el sillón de visitas.

-Estás seguro?

-Bueno… eso dice Terán… no hay cáncer alguno!

-Lo volvieron a examinar?

-Dice Marco que le hicieron tres veces los estudios, porque también a ellos les parece increíble. Tienen los resultados de los estudios de México que diagnosticaron el cáncer terminal avanzado. Los confirmaron por e-mail. No hay duda… Julián no tiene cáncer ya!

-Como arzobispo te puedo decir que he escuchado de muchos milagros, pero jamás había tenido noticia de alguno cercano, y mucho menos a mi lado. Debemos tener cuidado de hablar sobre esto a la ligera, incluso con  el propio Julián.

-Lo entiendo Eminencia.

-Hummm ya te regresó lo ceremonioso…

-Bueno… y que quieres que te diga?

-Pues cómo se lo vamos a decir…

-Así, así de sencillo, él lo sabe, no tienes idea del fervor con que le pidió a San Judas que le aliviara. Me gustaría que hubieses visto su rostro. Y luego, cuando se enteró de que su cáncer no era ya terminal sino incipiente, recibió la noticia como si ya la estuviera esperando. Él sabe bien que es un milagro…

-Hoy tienes charla…?

-Sí… a las seis…

-Allá nos vemos…

 

Lucía no pudo soportar la noticia. Lloró a lágrima viva cuando vio los papeles. Sólo acertaba a balbucear Bendito sea Dios! Bendito sea Dios!

Norma le abrazaba cariñosa y asombrada. Con la mirada cuestionaba a su marido que, como respuesta, sólo se encogió de hombros con una sonrisa en la boca.

-Qué escándalo traen pues? Reclamó el sacerdote  todavía medio dormido.

-Que te tendremos que soportar otro buen rato, dijo amable el escritor levantándose de la silla y acercándose a él extendiéndole los papeles que de paso quitara de las manos de Lucía.

-Y eso..?

-Lee…

-Ya… dime de qué se trata… no tengo los lentes cerca… dijo con un ligero temblor en la voz.

-En pocas palabras… que ya no te van a operar…

-Por qué? Hubo problema?

-No tonto, no… ya no tienes cáncer!

-Cómo?!

-Sí, milagrosamente –porque no se le puede llamar de otra forma– ya no tienes cáncer.

-San Judas, dijo a media voz el sacerdote mientras se dejaba caer en la silla más cercana. Y… están seguros?

-Absolutamente. Repitieron los estudios tres veces…

-Dios… tengo que ver a mi ahijado…

-No te preocupes… él vendrá esta tarde.

Lucía se acercó a su hermano y le abrazó tiernamente. Julián no salía de su estupor. Norma soltó el llanto a la par de su amiga.

 

-Quiero que piensen un poco, que usen la imaginación. Vean en su mente, materialicen la imagen, y dejan correr la película.

Vean a Judas reír de regocijo cuando José y Ma-ría retornan a Galilea con sus dos hermanos menores. Todos estaban felices, pero en especial Judas porque las noticias que le llegaban desde Egipto era que el pequeño Jesús se parecía mucho a él. Quien le diría que al paso de los siglos incluso hubiese alguien que, basándose en el sobrenombre de Tadeo, que quiere decir gemelo, afirmara que los dos eran gemelos. La diferencia de edades lo negaba, pero el parecido engañaba ya siendo dos hombres hechos y derechos, a tal grado que hay historiadores que afirman que Jesús predicó muchos años después de resucitado, confundiendo a Judas con el Señor.

Judas debe haber dedicado mucho tiempo a acompañar al pequeño, tanto como Santiago, acostumbrado a estar con él por el tiempo pasado lejos de casa. De ahí que se formara ese triunvirato, de ahí que cuando Jesús decidiera hacer vida pública, los dos se fueran con él sin necesidad de llamado alguno.

El Pbro. Dr. Enrique Cases comenta el dato sobre Judas Tadeo que nos lo proporciona él mismo pues se autodenomina "Judas, siervo de Jesucristo y hermano de Santiago". Todo parece indicar que este Santiago es el Menor –como ya lo he señalado- es decir, el hermano del Señor, lo cual señala a Judas Tadeo como hermano o pariente de Cristo, dice Cases y continúa: Al citar a los hermanos del Señor se dan los nombres de cuatro de ellos: Santiago, José, Simón y Judas. Nada impide identificar al apóstol con este pariente de Jesús. Entre los cuatro hermanos, dos se deciden a dejarlo todo para seguir a su pariente y amigo, secundados por su madre María, que también acabará siguiendo el mismo camino al modo de varias mujeres galileas.

-A ver… a ver… quieres decir que la virgen María siguió a Jesús en todo su peregrinar?

Así es. Está confirmado que María, María Magdalena, y algunas otras mujeres de poder económico, no sólo siguieron a Jesús, sino que lo financiaron… replicó el escritor.

Pero volvamos a Judas. ¿Qué ha pasado para que tú te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo? Ésta es la única frase de Judas Tadeo que conservamos en los evangelios. La espontaneidad y preocupación de sus palabras merecen que las meditemos con detenimiento, agradeciendo de antemano la sencillez de aquel diálogo entrañable y divino vivido en la Ultima Cena.

Jesús abre en aquellos momentos su corazón a los apóstoles de una manera plena –evoca Cases-  tanto que los discípulos exclaman con un evidente fuego en el corazón: "ahora sí que hablas con claridad y no usas ninguna comparación" .

La Cena transcurre como una comida animada donde intervienen todos. Cuando Judas Iscariote se marchó, la animación de Jesús creció. Habla con más confianza.

Intervienen en la conversación Simón Pedro, Tomás, Felipe y Judas Tadeo según el testimonio de Juan Evangelista.

Analicemos en la pregunta de Judas Tadeo: "Señor, ¿y qué ha pasado para que tú te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?"…

El Padre Cases indica que un poco antes, Tomás había dicho que desconocía el camino para seguir a Jesús. Felipe, algo más profundamente, le dice que le muestre al Padre pues nada más le interesa. Ambos reciben respuestas divinas llenas de luz.

Entonces Jesús inicia la revelación que induce a Judas Tadeo a intervenir, pues dice: "Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito: el Espíritu de verdad, al que el mundo no puede recibir porque no le ve ni le conoce; vosotros le conocéis porque permanece a vuestro lado y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, y volveré a vosotros todavía un poco y el mundo ya no me verá, pero vosotros me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis. En aquel día conoceréis que yo estoy en el Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama. Y el que me ama será amado por mi Padre y yo le amaré y yo mismo me manifestaré a él" .

La densidad de la revelación es grande. A Judas le intrigó mucho la novedad de que el mundo ya no recibiría la revelación de Jesús, ellos en cambio sí. "¿Qué quiere decir Jesús con el mundo?", "¿es que ya no se dirige a todos los hombres la salvación?", "¿no ha estado insistiendo Jesús continuamente que quiere que todos se salven, y no sólo las ovejas de Israel?".

 Lo que preocupa al apóstol es qué quiere decir "mundo" y en qué sentido ellos son distintos del mundo. La distinción entre el mundo como creación y el mundo como conjunto de personas y estructuras pervertidas por el pecado era algo nuevo. Jesús les habla de una situación mala que pervierte a las personas de tal modo que no puede entrar en ellos la luz y el amor de Dios.

Algo más adelante Jesús aclarará: "si el mundo os odia, sabed que antes que a vosotros me ha odiado a mí. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero como no sois del mundo, sino que yo os escogí del mundo, por eso el mundo os odia" . Luego, para que no tiemblen ante este mundo pecador, aparentemente tan poderoso, les dice: "Confiad, yo he vencido al mundo" , y añade hablando con el Padre: "no pido que los saques del mundo, sino que los guardes del Maligno", porque los discípulos "no son del mundo como Yo no soy del mundo".

Algo muy hondo se está revelando en las palabras de Jesús, afirma Cases. La respuesta a Judas Tadeo es ahora plena. Hay un mundo de amor a través del cual llega la salvación y un mundo pecador, que se perderá. La respuesta de Jesús es clara para la inteligencia, pero amarga al corazón. Judas piensa "¿qué ha pasado para que Jesús, tan misericordioso, se cierre a algunos, o a muchos?", "¿Acaso no eres el mismo que acoge a los pecadores y come con ellos por encima de todas las críticas y prejuicios?", "¿no se cuentan entre nosotros tantos pecadores?". "¿Qué ha pasado?"

Lo que ha pasado es que muchos -los mundanos- prefieren el mundo y no a Dios, pues el pecado se ha apoderado de sus almas. No se trata del pecado fruto de ignorancia o debilidad; sino del pecado lúcido y rígido. Ese pecado es el que impide que crean los que tenían luces abundantes para hacerlo. Casi como hoy, en que hemos substituido a Dios por el dios dinero, por el dios poder, por el dios influencia.

Las dudas de Judas estaban más que justificadas. Conocía a su hermano a fondo, ahora sí que desde pequeño, pero esas frases suyas se le metieron al alma. Habría de hacer un tremendo esfuerzo para entenderlo y, más adelante, tras el sacrificio de Jesús, en su última visita tras su muerte, cuando en Pentecostés hace bajar al Espíritu Santo, Judas recibiría la confirmación del entendimiento.

Ahora, quiero hacer notar a Ustedes otra realidad, pero relacionada con Judas –ahora sí, San Judas Tadeo– y en referencia a lo que ya habíamos comentado sobre el milagro en Julián. Acabamos de saber que nuestro querido amigo y sacerdote no tiene más cáncer. No necesitó la operación… la pura intervención de San Judas Tadeo lo logró!

Todos los asistentes se pusieron de pie y aplaudieron, acercándose al sacerdote y abrazándolo a guisa de felicitación.

-Ora, ora, no se me amontonen porque así se me han perdido varias carteras, clamó el curita en son de broma pero correspondiendo a los abrazos y felicitaciones de sus amigos.

-Suéltenlo montoneros, gritó Carlos abriéndose paso entre todos, que a este yo me encargo de regresarle el cáncer con tal de que ya no dé lata…

-A ver si es cierto chamaco del demonio! gritó de alegría Julián dejándose abrazar por Carlos.

-Bueno, bueno, dijo Norma tratando de apaciguar el alboroto, si de festejar se trata, Lucía y yo les preparamos una buena tamalada… pasen a la mesa porque se enfrían…

Jazmín, que entraba en ese momento, exclamó:

-Dicen que más vale llegar a tiempo que ser invitado… así es que ya te dieron la buena nueva viejito!

-Sí, contestó Julián… bendito sea Dios y San Judas Tadeo…

Benditos sean, exclamaron todos a coro.

 

 

Ricardo levantó el teléfono apenas dieron las diez de la mañana.

-Hola… no que ibas a venir ayer?

-Hola Ricardo… no pude, me pidieron un reporte y tuve que desvelarme incluso para terminarlo. Pero hoy si los acompaño. Qué dijo tu amigo y asesor?

-Bueno, ya te imaginarás. Está feliz. Ya quiere ir a Roma de nuevo para agradecerle a San Judas…

-Hablando de San Judas, ve a darte una vuelta por la Parroquia de San Hipólito, allá en México, cada 28 la gente se vuelca a rendirle pleitesía a San Judas…

-Sí, ya hemos estado por allá incluso…

-Bueno… nos vemos en la tarde…

Cuando el escritor entró a su despacho, el sacerdote ya le esperaba con ansia.

-Mira… le dijo simplemente, señalando la pantalla de su computadora.

Ricardo se quedó asombrado. Ahí esta toda la información sobre la Diáspora y las responsabilidades que cada apóstol tuvo al quedar solos para cumplir con el encargo del Señor. Había hasta mapas.

-Vaya con el viejito… así es que ahora ya navegas por internet…

-Bueno, si tu nieta lo hace… me dije… y porqué yo no! Y ahí está…

-Que bueno, te lo agradezco Julián. Al menos tendremos otros datos más sobre Judas. Por cierto, tu ahijado va a estar con nosotros esta tarde…

-El dignísimo Señor Arzobispo?... Mira… y ese que se trae?

-Nada hombre, nada… sólo quiere saludarte y acompañarnos en la plática…

-Hmmmm….

 

 

-En la parroquia de San Hipólito, en la Ciudad de México –comentó iniciando su charla Ricardo- tienen una caja archivada con libros en los que escriben los devotos a San Judas Tadeo sus plegarias. Fueron 31 mil libros tan sólo durante el año 2008, crecieron en número año tras año, y este 2012 se están acumulando tanto que seguramente superarán el doble de esa cantidad, como también las hojas de peticiones, calcula el rector del templo.

Alguna vez que estuvimos por ahí, grabé algunas entrevistas con fieles que abarrotaban el lugar.

“Esto refleja que México está pobre. Hay gente que pide por el trabajo”, comenta uno de los devotos. Pero las peticiones más repetidas que se pueden leer en los libros del templo de San Hipólito son, primero, sobre la familia, su bienestar; luego, sobre la seguridad y en tercer lugar, sobre la paz, le repliqué.

“No es extraño, es justamente la situación. Con San Judas Tadeo, el apóstol y santo podemos estar seguros que nuestras peticiones van dirigidas a Dios. En la Iglesia católica tenemos una tradición antigua de pedir a los santos interceder a Dios por nosotros. Pero es Dios quien hace el milagro, no los santos, ellos nos juntan con Dios, por eso ellos son importantes”, afirma.

Por eso viene tanta gente al templo de San Hipólito, para decir sus oraciones al santo de los desesperados o escribirlas en los libros que están puestos en esta iglesia, cuya primera construcción fue el 13 de agosto de 1521, por lo que su historia abarca también la época de la conquista.

-Perdón, Ricardo –interrumpió Norma– tienes una visita.

A la puerta de la casa del escritor, asomó Edmundo Barrenechea, el prelado que saludó dando la bendición a los asistentes ya puestos de pie en señal de respeto.

Julián se acercó al Arzobispo y, tras besar su mano, le tomó del brazo para llevarlo a la silla que, junto a él, le había reservado.

El prelado hizo una seña a Ricardo para que continuara.

-Agradeciendo la presencia de nuestro Arzobispo, quisiera que uno de ustedes leyese la epístola, la única epístola, escrita por Judas Tadeo.

Silvia, la cuñada de Fidel, levantó la mano. El escritor le extendió el texto al tiempo que ella pasaba al frente.

-Judas, siervo de Jesucristo, hermano de Santiago, a los que han sido llamados, amados de Dios Padre y guardados para Jesucristo. A vosotros, misericordia, paz y amor abundantes. Queridos, tenía yo mucho empeño en escribiros acerca de nuestra común salvación y me he visto en la necesidad de hacerlo para exhortaros a combatir por la fe que ha sido transmitida a los santos de una vez para siempre. Porque se han introducido solapadamente algunos que hace tiempo la Escritura señaló ya para esta sentencia. Son impíos, que conviertan en libertinaje la gracia de nuestro Dios y niegan al único Dueño y Señor nuestro Jesucristo.

Quiero recordaros a vosotros, que ya habéis aprendido todo esto de una vez para siempre, que el Señor, habiendo librado al pueblo de la tierra de Egipto, destruyó después a los que no creyeron; y además que a los ángeles, que no mantuvieron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los tiene guardados con ligaduras eternas bajo tinieblas para el juicio del gran Día. Y lo mismo Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, que como ellos fornicaron y se fueron tras una carne diferente, padeciendo la pena de un fuego eterno, sirven de ejemplo.

Igualmente éstos, a pesar de todo, alucinados en sus delirios, manchan la carne, desprecian al Señorío e injurian a las Glorias. En cambio el arcángel Miguel, cuando altercaba con el diablo disputándose el cuerpo de Moisés, no se atrevió a pronunciar contra él juicio injurioso, sino que dijo: “Que te castigue el Señor”.

Pero éstos injurian lo que ignoran y se corrompen en las cosas que, como animales irracionales, conocen por instinto. ¡Ay de ellos!, porque se han ido por el camino de Caín, y por un salario se han abandonado al descarrío de Balaam, y han perecido en la rebelión de Coré. Estos son una mancha cuando banquetean desvergonzadamente en vuestros ágapes y se apacientan a sí mismos; son nubes sin agua zarandeadas por el viento, árboles de otoño sin frutos, dos veces muertos, arrancados de raíz; son olas salvajes del mar, que echan la espuma de su propia vergüenza, estrellas errantes a quienes está reservada la oscuridad de las tinieblas para siempre.

Henoc, el séptimo después de Adán, profetizó ya sobre ellos: «Mirad, el Señor ha venido con sus santas miríadas para realizar el juicio contra todos y dejar convictos a todos los impíos de todas las obras de impiedad que realizaron y de todas las palabras duras que hablaron contra él los pecadores impíos.»

Estos son unos murmuradores, descontentos de su suerte, que viven según sus pasiones, cuya boca dice palabras altisonantes, que adulan por interés. En cambio vosotros, queridos, acordaos de las predicciones de los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo. Ellos os decían: «Al fin de los tiempos aparecerán hombres sarcásticos que vivirán según sus propias pasiones impías.»

Estos son los que crean divisiones, viven una vida sólo natural sin tener el espíritu. Pero vosotros, queridos, edificándoos sobre vuestra santísima fe y orando en el Espíritu Santo, manteneos en la caridad de Dios, aguardando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna.

A unos, a los que vacilan, tratad de convencerlos; a otros, tratad de salvarlos arrancándolos del fuego; y a otros mostradles misericordia con cautela, odiando incluso la túnica manchada por su carne.

Al que es capaz de guardaros inmunes de caída y de presentaros sin tacha ante su gloria con alegría, al Dios único, nuestro Salvador, por medio de Jesucristo, nuestro Señor, gloria, majestad, fuerza y poder antes de todo tiempo, ahora y por todos los siglos. Amén.

-Amén, contestaron todos al finalizar Silvia la lectura.

Sin más preámbulo, Ricardo continuó.

 -Judas Tadeo es uno de los pocos apóstoles escritores. Con su hermano Santiago, con Juan, Pedro y Mateo forman el quinteto de los apóstoles que se decidieron a añadir la letra a la palabra, aunque nuestro apóstol lo hiciera con notable brevedad.

Según la distribución clásica por capítulos y versículos, sólo escribió veinticinco versículos: una carta en el sentido más clásico de la palabra.

Esta epístola revela algo su personalidad. Judas Tadeo es un hombre que ama el aire libre y conoce las incidencias del tiempo tanto en tierra firme como en el mar, o, al menos, junto al mar. Esto se advierte cuando, al acusar a los que abusan de las buenas costumbres en los ágapes y banquetean con ocasión de la comida, su indignación ante lo poco santamente que tratan las cosas santas le lleva a llamarles "nubes sin agua zarandeadas por los vientos", expresión que revela un conocimiento de campesino que espera lluvia y no llega, pues las nubes siempre llevan agua, pero no siempre descargan. También les llama "árboles de otoño sin fruto, dos veces muertos y arrancados de raíz"; la dureza se acentúa progresivamente pues al vacío de un árbol que ya ha dado su cosecha en verano y está, por tanto, en espera de tiempos mejores, añade que está dos veces muerto, ya ni da sombra, es más, está en el suelo esperando desaparecer y sólo sirve para molestar el paso.

Muchos árboles vio Judas Tadeo. Las invectivas siguen al llamar a los poco respetuosos con lo santo "olas bravías del mar que echan espuma de sus torpezas". Aquí podemos intuir el natural temor del campesino ante la bravura del mar y su difícil dominio. ¿Cómo no pensar en que alguna vez al subir a la barca cayó en aquella espuma con el natural regocijo de los pescadores?. Pero si seguimos con sus invectivas le oímos decir "astros errantes a los que está reservado para siempre el infierno tenebroso". Bien sabía él distinguir las estrellas en cada época del año que le anunciaban la probabilidad de buenos o malos tiempos, y con ellas las estrellas fugaces, los cometas que le llevarían a pensar que muchas personas son como ellos: aparecen, dejan un pequeño rastro, y desaparecen sin más. No se sabe ni de dónde vienen ni a dónde van, o mejor van al infierno que es donde irán a parar los insensatos.

Otro rasgo del carácter de Judas -el hermano del Señor- es el buen conocimiento de la Sagrada Escritura y la historia del pueblo elegido. Cuando reprende a los falsos doctores, avisa a los fieles para que no se extrañen de que algunos usen mal la libertad que Cristo les ha ganado en la Cruz. Para eso les recuerda lo ocurrido a lo largo de los siglos tras la liberación de la esclavitud de Egipto realizada por Dios a través de Moisés. Enumera algunos de los que actuaron mal y sus castigos, por ejemplo todos murieron sin conocer la Tierra prometida por su falta de fe. Los mismos ángeles que pecaron están encadenados y esperan la condenación definitiva del "juicio del gran día", igual que los pecadores de Sodoma y Gomorra. Luego, al recordar las blasfemias de esos falsos doctores, le vuelve el ímpetu campesino y les llama "bestias irracionales" metidas en el camino de Caín .

Pero el núcleo de su breve escrito es el mismo del pretendido por Santiago en su epístola: exhortar a la coherencia de vida, insistir y exhortar para que la fe se traduzca en obras santas, evitar y avisar sobre los falsos doctores que pueden pervertir la fe. Es interesante, no obstante, su observación de que ya habían sido predichas las falacias de los malos doctores: "acordaos de las palabras predichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo, que os decían: En los últimos tiempos habrá quienes se burlen de todo y vivan según sus concupiscencias. Estos son los que crean divisiones, hombres meramente naturales, que no tienen el Espíritu" .

Por "últimos tiempos" se entiende todo el tiempo que transcurrirá hasta la venida de Cristo como Juez para juzgar a todos y consumar la salvación. No son sólo algo inminente, del siglo primero . De hecho no ha habido tiempo en la historia de la Iglesia en que no se hayan dado estos problemas de falsos doctores anunciados por Judas Tadeo.

Sin embargo la energía demostrada por el apóstol para rechazar a los falsos hermanos no indica mal carácter, pues el final está lleno de dulzura y ánimo para los fieles: "tratad con compasión a los que vacilan; a unos procurad salvarlos, arrancándolos del fuego; a otros tratadlos con misericordia, pero con precaución" . La prudencia y el buen sentido presiden estas palabras de ánimo.

La liturgia le honra con las siguientes palabras:
Oh Judas, por la sangre, hermano del Señor,
pero discípulo y más hermano suyo aún por el espíritu que predicas al Maestro e instruyes con tu epístola a los cristianos...

Algunos autores –no pocos- aseguran que no es fácil saber el final de su vida, pues las tradiciones se entrecruzan. Algunos relatos lo llevan a Asia Menor y Armenia en la predicación. Otros, quizá los más acertados, señalan su apostolado en el actual Líbano y alrededores. En Beirut debió sufrir martirio, aunque no faltan las indicaciones sobre la muerte natural de este apóstol.

Pero ya de eso hablaremos mañana…

Sacerdote, arzobispo y escritor entraron al comedor.

-Cómo te sientes? preguntó al sacerdote el prelado.

-De maravilla ahijado, de maravilla. Ahora entiendo lo que me dijo el Santo Padre. Sólo una cuestión queda pendiente: cuál es la misión que me falta por realizar?

-Dios mismo te lo informará a su debido tiempo, contesto el arzobispo. Y tú, mi querido escritor, cómo vas con el libro de San Judas?

-Pues qué no te das cuenta? Te recuerdo que la información que sobrevivió fue de no más de dos cuartillas. Su epístola y lo de Abgar es lo único existente.

-Pero no desistas… el Señor te ha de guiar a ti también… ya verás que sales adelante con esto, como lo haz hecho con lo demás.

-Dios te oiga mi querido amigo, Dios te oiga…

-No acaso nos oyó, con la intercesión de San Judas, en lo de este viejo sacerdote?

A Ricardo se le erizó la piel. Era cierto, tenía a la mano el milagro más grande que había conocido.

 

 

Esa mañana Julián no fue el primero en llegar al desayuno. Es más, no llegaba. Preocupados, Norma y Ricardo le pidieron a Lucía que entrase a su habitación para ver si no estaba enfermo.

Pocos minutos después, el sacerdote salía sano, pero con unas ojeras de desvelo bien marcadas.

-Y ahora? Qué te pasó? tu siempre eres muy madrugador… dijo el escritor a guisa de saludo.

-Bueno, es que me desvelé buscando en tu internet famoso un asuntito que creo te va a interesar.

-Sobre…?

-Pues sobre San Judas Tadeo… bueno, sobre San Judas y sobre los demás apóstoles. A ver, dime… tú sabes qué fue de los apóstoles tras pentecostés?

-Bueno…

-No… lo que realmente pasó con ellos!

-No…

Pues a estudiar que ese es el tema de tu plática de hoy...

 

 

-Todo listo? cuestionó el sacerdote al escritor.

-Todo listo! contestó con seguridad.

-Ya están todos. Si por alguna razón te olvidas de algo, tengo listos los apuntes que imprimí directamente del artículo, eh?

-No te preocupes viejito… tengo bien estudiado el tema. Así es que deja de dar lata y dile a Nonis que me prepare un cafecito para calmar los nervios.

-A la orden mi general! exclamó festivo el sacerdote.

Segundos después regresaba presuroso.

-Oye… vino de nuevo mi ahijado…

-Está bien… ahorita salgo a saludarlo…

Así lo hizo Ricardo y, tras cruzar algunos comentarios, Barrenechea le dio la bendición para que empezara su charla.

-Eeeepale! Esa me toca a mí! reclamó bromista Julián, levantando la mano y también dando la bendición a Ricardo.

-Sea pues, que con doble bendición sí la hago!

 

 

-De acuerdo con los datos históricos la Síndone estuvo en manos de los Discípulos, sería el apóstol Pedro quien la recogiera.

-Perdón Don Ricardo, dijo Eustorgio, el viejo millonario del pueblo serrano en donde Julián era párroco, qué la síndone?

La Síndone es la Sábana Santa. De acuerdo con los escritos de Adai, había una correspondencia entre el rey Abgar y Jesucristo donde le manifestaba su deseo de ser visitado por Él debido a una enfermedad de lepra que había contraído. Jesucristo le prometió que le enviaría un mensaje con el cual el sanaría.

Tiempo después, y tras la muerte de Jesús, el apóstol Judas Tadeo le llevaría la Síndone, de esta manera el rey recobró la salud y la Sábana Santa permaneció así en Edessa hasta el año 943 -Edessa es una ciudad al norte de Grecia– hasta que los Bizantinos la trasladaron a Constantinopla y permaneció hasta el año 1204 cuando en una cruzada fue robada por un grupo de soldados comandados por Otto de la Roche.

Se cree que estuvo en Atenas y después llegaría a Lidei Francia, en 1453 la Sábana pasaría a manos de la familia de Saboya y seria trasladada a Chambéry, Francia.

La noche del 3 al 4 de diciembre de 1532 aconteció un incendio que quemó la capilla de Chambéry, se creía que la Sábana Santa estaría destruida por el fuego pero no fue así. El fuego logro llegar al relicario de plata que la contenía, pero solo fue travesada por un fragmento de plata que la perforó en dieciséis capas dejando dos líneas paralelas.

Actualmente se encuentra en Torino, Italia en la Catedral de San Juan Bautista.

Cuento esto porque al final de nuestra charla de ayer decía que algunos autores –no pocos- aseguran que no es fácil saber de la vida de San Judas Tadeo, pues las tradiciones se entrecruzan. Algunos relatos lo llevan a Asia Menor y Armenia en la predicación. Otros, quizá los más acertados, señalan su apostolado en el actual Líbano y alrededores. En Beirut debió sufrir martirio, y el caso de Abgar lo sitúa en Grecia.

Qué sucedió entonces? Saberlo nos lleva a adentrarnos en dos historias cortas –son largas, muy largas, pero trataremos de hacerlas cortas para Ustedes-  y son, a saber: la diáspora judía, sucedida muchos años antes de la aparición de Jesús en la tierra, y lo que en realidad hicieron –y porqué lo hicieron– los apóstoles tras la muerte de Jesús.

Primeramente entendamos claramente a dónde fue dispersada la mayor parte de las 10 Tribus Perdidas de Israel, las cuales nunca regresaron. Los mapas muestran a grandes rasgos los movimientos de estos pueblos a través de la Escritura y de la documentación histórica.

De los hijos de Jacob -cuyo nombre fue cambiado a Israel- descendieron doce tribus. Bajo el reino de David fueron unidas como una nación: Israel.

Después de la muerte de Salomón, el hijo de David, las doce tribus se dividieron en dos naciones. La tribu de Judá se separó de la nación de Israel reteniendo el rey a quien Israel rechazó. Benjamín, a la vez, se unió a Judá.

La nueva nación, formada de esta manera, con su capital en Jerusalém, vino a ser conocida como la Casa de Judá. Los súbditos recibieron el nombre de judíos.

A las restantes diez tribus al norte de Judá, las cuales rechazaron al hijo de Salomón, se les llegó a conocer como la Casa de Israel. Su capital vino a ser Samaria. Los libros del Antiguo Testamento se ocuparon en describir las contiendas entre la Casa de Israel y la de Judá.

Las diez tribus al norte de Judá -o sea, la Casa de Israel o Reino del Norte- fueron derrotadas, después de ser sitiadas durante tres años -721-718 a de J.C.- por el poderoso Imperio Asirio. El pueblo fue llevado cautivo más allá del Río Tigris y establecido en Asiria y en las ciudades de los Medos alrededor del lago Urmia, al suroeste del Mar Caspio. Las desoladas ciudades de la tierra de Samaria fueron pobladas por los asirios con gentiles que transportaron desde Babilonia. Estos gentiles son los samaritanos del tiempo de Jesús.

La Casa de Israel nunca más regresó a sus tierras en Palestina. Fue así que la nación adquirió el nombre histórico de las «Diez Tribus Perdidas».

La Casa de Judá -los judíos- permaneció en Palestina hasta la invasión babilónica que se inició el año 604 a de J.C. Aproximadamente en ese mismo tiempo esta Casa de Judá fue deportada a Mesopotamia, regresando gran parte de ella a ocupar nuevamente Palestina setenta años más tarde. Estos son los que llegaron a conocerse comúnmente como Israel por ser los únicos descendientes de Jacob -o Israel- que vivían para entonces en Palestina. Las otras diez tribus -la Casa de Israel- con sus millones de personas, fueron absorbidas, se "perdieron", en la tierra de su exilio. A ese exilio, a su dispersión por Europa, Asia, África y muchos siglos después por la propia América, se le llama Diáspora.

De hecho, la primera ocasión en que el nombre de judíos aparece en la Escritura, es cuando el rey de Israel, aliado con Siria, echa fuera a los judíos de sus posiciones en el puerto de Eilat, situado en el Mar Rojo. ¡Aquí vemos a los judíos peleando contra los israelitas!

Nos complacen estas dificultades para conocer la vida de estos hombres, pues vemos que son más interesantes a los ojos de Dios que a los de los hombres, pero es el mismo Dios quien –usando como siempre sus caminos misteriosos– nos guía para encontrar aquello que buscamos y que interesa a la propia divinidad extender su conocimiento. Julián, nuestro querido amigo y sacerdote, encontró en la red un estudio que nos arroja el camino de la diáspora y, posteriormente, el camino de los apóstoles que siguió, precisamente, esa ruta… pero eso será motivo de la charla de mañana. Buenas noches a todos.

Ricardo no pudo menos que observar la cara de interrogación que puso Barrenechea ante esta última afirmación.

-Su Eminencia… Usted conocía algo sobre este estudio?

-La verdad, sí. Nosotros, como todos los que aman su profesión, debemos estar actualizados. El fervor por conocer más y más sobre la historia de la iglesia y de nuestra religión hace que multitudes de investigadores se avoquen a ello y, obviamente, los resultados son muchos y cada vez más reveladores. Ahí tenemos el descubrimiento del contenido de las cuevas de Qumram, o el tan publicitado evangelio de Judas Izcariote…

-Bueno Señor Arzobispo, pero la iglesia no teme que esos descubrimientos muestren situaciones contrarias a las que predica? preguntó curioso más que crítico Calixto.

-No… de ninguna manera. Por el contrario, muchas de esas investigaciones arrojan pruebas de que el suceso ocurrió. Por ejemplo, científicos de varias disciplinas descubrieron en el lecho del Mar Rojo restos de carruajes, armas, escudos y arreos egipcios de la época de Moisés. Se habla de un lecho marino que –al bajar la marea- “sube” abriendo las aguas y dejan un paso que atraviesa de lado a lado.

-Pero eso niega el milagro…

-No, por el contrario, muestra quizá más humanidad en el divino milagro de salvar a su pueblo, pero Moisés entendió que el milagro no estuvo en la separación de las aguas sino en que el pueblo judío estuviese en ese preciso lugar y en ese preciso momento. Ni un minuto antes, ni un minuto después. La mejor demostración es que el ejército egipcio no alcanzó a gozar del mismo beneficio. Las aguas se cerraron… y acabaron con ellos.

Bien decía Ricardo, los caminos del señor son misteriosos, pero efectivos…

Bueno, bueno… urgió Julián… déjenlo en paz que el atolito se enfría.

Con alborozo, todos se acercaron a las mesas y gozaron, como todos los días de charla, de la exquisita cocina mexicana de Norma.

 

 

La noche anterior, Ricardo no se separaba de la computadora. Leyó y releyó el estudio que había encontrado Julián. Si Barrenechea aseguraba conocerlo, o era muy estudioso, o faltaba a la verdad. Era un tema muy poco conocido. Sobre todo en lo referente a los viajes de los apóstoles. La Diáspora era de todo conocida, pero los viajes no.

-Tienes dudas? cuestionó el Sacerdote a Ricardo.

-No precisamente. La afirmación de tu ahijado fue la que me dejó pensando.

-Já… yo también dudo que conociera este estudio, pero tampoco podía decir que no.

-Humm… en eso tienes razón…

-Bueno, y tú cómo lo ves? Es lo más lógico que he encontrado sobre las actividades de los discípulos. Checan los puntos en los que se les señala. Pero hay algo notorio Julián… porqué sólo Pablo a los gentiles mientras todos los doce a la diáspora?

-Es natural, Jesús quería, antes que nada, rescatar a su pueblo…

-Puede ser…

 

Barrenechea ocupaba su sitio desde temprana hora. Norma le aviso a su marido que  había llegado sin anunciarse. Que lo vio por la ventana; venía acompañado de Juan Carlos Gómez Divas, el Canciller de la Mitra, historiador y amigo personal de Ricardo, pero que no había querido bajar a saludarle hasta no avisar al escritor.

-Deja, yo bajo, comentó Julián. Ya se me está haciendo raro la asistencia de mi ahijado y, sobre todo, ahora que trae a Juan Carlos. Se me hace que quiere certificar lo que estás diciendo…

-Bueno, si te dice algo al respecto, dale la dirección de internet para que lo revise…

-Qué!!! y darle a conocer nuestra fuentes? No m’ijito… que se rasquen con sus propias uñas, mira tú!

Ricardo pudo observar desde su ventana la muda plática que sostuvieron los tres ensotanados. Cuando Julián sonrió, el alma le volvió al cuerpo.

 

-¿Por qué el libro de los Hechos omite toda referencia a los doce apóstoles después que éstos salieron de Palestina? Se ha ocultado del conocimiento público la verdad acerca de los viajes de los doce apóstoles... ¿Por qué? Porque no lo sabía a ciencia cierta la iglesia… o no le convenía que se supiera?

Parece extraño que la mayor parte del Nuevo Testamento, a excepción del libro de los Hechos, la escribió no Pedro, sino Pablo.

Es extraño también que, después de haber iniciado la predicación del evangelio a los gentiles en la casa de Cornelio, Pedro y los otros once apóstoles "desaparecen repentinamente de la historia".

¿Por qué únicamente Pedro y Juan reaparecen, aunque sólo en forma pasajera, en Jerusalém durante la inspirada conferencia registrada en Hechos 15?

Después de Hechos 15, solamente leemos acerca del ministerio de Pablo a los "gentiles." ¿Por qué? ¿Que sucedió con los doce apóstoles? A dónde se fueron?

Se ha dicho que Jesús escogió a sus doce discípulos, los ordenó como apóstoles, y los envió a predicar primero a los judíos. Al rechazar el mensaje de salvación la nación judía, los apóstoles, entonces, se fueron a predicar a los gentiles. Nada podría estar más alejado de la verdad.

Fue a Pablo a quien, habiendo sido llamado más tarde como apóstol especial, se le comisionó para llevar el evangelio a los gentiles.

Ananías, quien fue enviado a bautizar a Pablo, recibió la siguiente garantía: «Ve porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel».

Fue Pablo y no alguno de los doce, quien dijo: «Desde ahora me iré a los gentiles».

No hubiera Dios llamado a Pablo a un apostolado especial para llevar el evangelio a los gentiles, de haber ya comisionado a los doce a predicarles.

¿Entonces a quiénes y adónde fueron enviados los doce apóstoles?

La sorprendente respuesta en Mateo 10:5-6: «A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel».

¡Por camino de gentiles NO vayáis... sino id antes a las ovejas perdidas de la CASA DE ISRAEL!

¡Jesús no lo dijo en forma casual! Él les dio instrucciones, un mandamiento. Los doce deberían ir primordialmente a las ovejas perdidas de Israel: ¡las Diez Tribus Perdidas!

Ahora ya sabemos a quiénes fueron enviados los doce apóstoles. No fueron enviados a los gentiles, sino a «las ovejas de la Casa de Israel».

Vamos ahora a descubrir adonde fueron Pedro y el resto de los doce, después de haber partido de Filistea o Palestina.

Jesús vino a lo suyo, a la Casa de Judá, a los ju-díos directamente, los que le vieron nacer y se asombraban con su sabiduría desde niño  -y los suyos no lo recibieron-. Jesús era del linaje de David, de la Casa de Judá.

Cuando su propio pueblo -los judíos- lo rechazaron, no se tornó Él a los gentiles! El que hizo esto fue Pablo. En cambio, Jesús, al hablar con la mujer gentil samaritana, claramente dijo a quién había sido enviado: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.

Para cumplir más tarde esa divina misión -puesto que Jesús fue sacrificado poco después en el Gólgota para expiar los pecados del mundo- comisionó Él a sus doce discípulos. A ellos les dio orden: Id... a las ovejas perdidas de la Casa de Israel.

Y ellos fueron, ¡pero la historia los perdió de vista e ignora adónde fueron! Sus jornadas habían sido un misterio.

El relato de Los Hechos termina dejando incompleta la historia. ¡Lucas ni siquiera termina la vida de Pablo después de haber finalizado su encarcelamiento de dos años! ¿Por qué? ¡Él, también terminaría su trabajo entre las diez tribus perdidas!

En Santiago aprendemos que había guerras que se estaban librando entre las tribus perdidas de Israel. ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? pregunta Santiago.

 Un poco antes del 60 d. de J.C., solo dos áreas del mundo se encontraban sacudidas por guerras y contiendas civiles. Estas dos áreas eran las Islas Británicas y el Imperio Parto.

Pero éstas no eran las únicas tierras adónde la exiliada Casa de Israel se dirigió. ¿A quién escribió Pedro? ¿A quién dirigió Pedro sus epístolas?

Pedro, apóstol de El Mesías, a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Asia y Bitinia…

Pedro estaba dirigiéndose a la porción de las diez tribus que habitaban entre los gentiles como extranjeros en tierra ajena. La región a la que Pedro dirigió su carta. Se encuentra situada en la mitad norte de Asia Menor, la región que pertenece a la moderna Turquía. ¡Estas tierras están situadas inmediatamente al oeste del Imperio Parto!

Ahora, descorramos la cortina de la historia. Veamos dónde fue que los doce apóstoles predicaron.

Si multitudes de griegos en el sur de Asia Menor se estaban convirtiendo al Mesías a través del ministerio de Pablo, y si a la vez multitudes de entre las diez tribus perdidas de la Casa de Israel se estaban convirtiendo en la parte norte, ¿no hubiesen los griegos dejado un registro de quiénes de los doce apóstoles llevaron el Evangelio a esos lugares?

Los griegos no han perdido el Nuevo Testamento, originalmente escrito en su idioma. Ellos lo han transmitido fielmente de generación en generación hasta nuestros días.

Los hombres de letras han estado por mucho tiempo intrigados respecto a la extraordinaria información que los griegos nos han legado. Estos informes históricos acerca de los apóstoles son totalmente diferentes a los que contiene la literatura apócrifa de la Iglesia Católica Romana primitiva. Los historiadores griegos, de principios de la Edad Media, preservaron información extraída de documentos originales que aparentemente han dejado de existir. Ellos poseían fuentes de información que no tienen a su disposición en la actualidad nuestros historiadores contemporáneos.

Una importante fuente de información es la Ecclesiasticae Historiae griega y latina de Nicéforo Calixto. Otra en ingles, es Antiquitates Apstolicae por William Cave.

La tradición universal griega declara que los apóstoles no se marcharon de la región Siro-Palestina sino hasta haber terminado doce años de ministerio. El número 12 simboliza un nuevo principio organizado. Antes de finalizarse esos doce años, uno de los apóstoles, Santiago, el hermano de Juan, había muerto. Herodes lo mandó decapitar aproximadamente el año 62 d. de J. C.

Empecemos con Pedro. El Mesías asignó a Pedro la tarea de coordinar el trabajo de los demás apóstoles. Por esa razón, necesariamente tenemos que encontrar a Pedro viajando a muchas más regiones de las que él personalmente haya evangelizado.

Sabemos que Pedro estuvo por un corto tiempo en Babilonia situada en Mesopotamia. De dicha comarca escribió sus cartas a las iglesias de Asia Menor.

El orden en que Pedro nombró las provincias de Asia Menor en el primer versículo de su epístola -de oriente a occidente y de occidente a oriente- prueba con toda claridad que su carta fue enviada de Babilonia, situada en el oriente y no de Roma, en el occidente.

Metafrasto, el historiador griego, informa que Pedro se encontró no tan sólo en estas partes occidentales -el Mediterráneo Occidental- «pero que particularmente él estuvo un largo tiempo en Bretaña donde convirtió a muchas naciones a la fe».

Pedro predicó el evangelio en la Gran Bretaña y no en Roma, la capital del mundo gentil. Pablo, no Pedro, fue quien predicó en Roma.

Andrés recibió como su provincia primariamente, a Escitia y los países circunvecinos. Primeramente el viajó por Capadocia, Alta Galacia y Bitinia, instruyéndolos en la fe del Mesías, pasando luego por todas las comarcas a lo largo del Mar Auxino, el nombre antiguo del Mar Negro, y así terminó en la solitaria Escitia.

Un autor primitivo griego describe estos viajes con tal variedad de detalles, que parece como si el mismo Lucas hubiera escrito la narración de los demás apóstoles como lo hiciera de Pablo. Andrés «se dirigió enseguida a Trapezus, una ciudad marítima en el Mar Euxino, de donde, después de haber estado en muchos otros lugares, vino a Nicea, donde permaneció por dos años predicando y obrando milagros con grande éxito. De allí a Nicomedia, y luego a Calcedonia; al navegar por el Propóntide llegó por el Mar Euxino a Heraclea, y de allí a Amastris… Enseguida vino él a Sinope, una ciudad ubicada sobre el mismo mar... aquí se encontró con su hermano Pedro con quien se quedó por un tiempo considerable... Partiendo de allí, se fue de nuevo a Aminsus y después... se propuso regresar a Jerusalén -la sede de la Asamblea o, como la llaman en griego, la "Ekklesia" de Dios, de donde después de algún tiempo se dirigió al país de Abasgi -situado en el Caucaso-... De aquí se fue a... Escitia Asiática o Sarmacia, pero al haber encontrado que sus habitantes eran por demás bárbaros e intratables, no se quedó entre ellos por mucho tiempo, solamente en Quersón, o Quersoneso, una ciudad grande y populosa en el Bósforo (la nueva Crimea), continuó por algún tiempo, instruyéndolos y confirmándolos en la fe. De aquí, abordando un barco, navegó al otro lado del mar hasta Sinope, ubicada en Paflagonia…

Aquí encontramos a Andrés predicando precisamente en las áreas en Asia Menor que el Apóstol Pablo no visitó. Desde esta región y desde Escitia al norte del Mar Negro, emigraron los antepasados de los escoceses, galos (francos, britanicos y espanoles-Galacia equivale a Galicia-) y de los anglo-sajones, como ya nos hemos enterado. Estos forman parte de la Casa de Israel.

 Simón el Zelote se encaminó hacia Egipto, luego a Cirene y Africa, y a través de Mauritania y toda Libia, predicando el evangelio. Ni la frialdad del clima entumeció su celo, ni le sirvió de obstáculo para llevar la doctrina a las Islas Occidentales, y aún hasta Bretaña misma. Aquí predicó y llevó a cabo muchos milagros... « Nicéforo y Doroteo escribieron «que él entró al fin en Bretaña, y... fue crucificado... y sepultado ahí».

Otro de los apóstoles enviado a las tribus perdidas de la Casa de Israel fue Santiago. Algunos escritores primitivos estuvieron un poco confusos debido a que dos de los apóstoles eran llamados Santiago. Santiago, el hijo de Alfeo, fue quien después de los primeros doce años su ausentó de Palestina. Los hechos de este apóstol son en ocasiones erróneamente asignados a Santiago el hermano de Juan y del propio Jesús. Sin embargo, este Santiago había sido martirizado por Herodes.

Los escritores españoles generalmente afirman que después de la muerte de Esteban, Santiago se fue a estos lugares occidentales y en particular a España -algunos añaden a Bretaña o Irlanda- donde él plantó el cristianismo.

 Santiago permaneció por cierto tiempo en España. Pero, ¿por qué en España? Desde los tiempos más antiguos España fue la principal vía de emigración del Mar Mediterráneo Oriental hacia las Islas Británicas. La antigua Casa Real de Irlanda habitó por un tiempo en España. El profeta Jeremías pasó por España en su jornada hacia Irlanda acompañado de las hijas de Sedequías. Aún en la actualidad una parte vital de la península ibérica -Gibraltar- ha pertenecido a la primogénita tribu de Efraín: ¡los británicos!

En las costas del Mar Caspio, Santiago se refirió a Israel como disperso, esto es, a las «Doce tribus de la dispersión», que son, sin duda, los cristianos de origen israelita dispersos en el mundo y grecorromano. Los hemos podido encontrar en el noroeste de Europa, y en África del Norte desde donde emigraron hacia Bretaña en el siglo quinto, al igual que en Asia Menor del norte, asociados con los Asirios. En el año 256 d. de J. C. empezaron a emigrar de las regiones del Mar Negro hacia Dinamarca, y de ahí hasta las Islas Británicas en el año 449.

Pero varios remanentes de las Diez Tribus Perdidas se encontraban también en otra vasta región más allá de los confines del Imperio Romano. Esa región era conocida como el Reino de Partia.

El conocimiento de quiénes eran los Partos ha permanecido en el misterio. Estos aparecen repentinamente cerca del Mar Caspio alrededor del año 700 a. de J. C., como esclavos de los Asirios.

Los Partos empezaron a subir al poder alrededor del año 250 a. de J. C. en las tierras a lo largo de las costas sur del Mar Caspio. ¡Esa fue precisamente la región a que Israel fue exiliado! Lo que confunde a los historiadores es que los Partos no eran ni Persas ni Medos, ni Asirios o cualquiera de los otros pueblos conocidos en ese entonces. Aún su nombre está envuelto en el misterio — hasta en tanto que la Biblia es comprendida.

¡El vocablo «Parto» quiere decir «exiliado»! ¡Los únicos exiliados en esas tierras eran las diez tribus de Israel! Los Partos eran ni mas ni menos que las exiliadas Diez Tribus Perdidas que permanecieron en la tierra de su cautividad hasta el año 226 a. de J. C. Precisamente el tiempo cuando fueron arrojados de sus tierras por los Persas, quienes los forzaron a emigrar hacia Europa.

Los historiadores griegos revelan que Tomás trajo el Evangelio a Partia, según nos informan Sofornio y otros, después de que él predicó el Evangelio a los Medas, Persas, Carmanios, Hircanos, Bactrianos, y las naciones vecinas». Estos nombres que tan extraños suenan a nuestros oídos son las tierras que conocemos actualmente como Irán (o Persia) y Afganistán. En tiempos apostólicos toda esta región estaba bajo el control de los Partos.

El historiador judío Flavio Josefo estaba bien informado de que Partia fue el lugar principal donde habitaron las Diez Tribus, y señala que la mayor parte del pueblo de Israel [las Diez Tribus] quedó en el país [no regresaron a Palestina]; ésta es la razón de que solamente dos tribus en Europa y en Asia estén sometidas al imperio romano; las otras diez tribus aún en la actualidad viven más allá del Eufrates, miles de hombres cuyo número no se puede determinar.

Tomás también viajó por el noroeste de India al oriente de Persia, donde habitaban los «hindúes blancos» . Estos «hindúes blancos» aparecen más tarde en ciertos escritos griegos con el nombre de hunos neftalitas, evocando alguna conexión entre éstos y la tribu de Neftalí. Estos fueron derrocados en el siglo sexto emigrando luego a Escandinavia. La arqueología escandinava confirma este acontecimiento.

Según Nicéforo, Bartolomé compartió con Tomás las mismas vastas planicies.

Bartolomé pasó algún tiempo en la vecina Armenia y en una parte de Frigia Alto en Asia Menor. En su historia, Nicéforo denominó esta área como «partes occidentales y orientales de Asia», la parte alta de Asia Menor, o sea Turquía. Esta es la misma región adonde Andrés llevó el Evangelio, y adonde Pedro envió sus dos epístolas.

Y aquí viene lo interesante, aunque, para no variar en su cortedad, Judas Tadeo, ministró también en Asiria y Mesopotamia, el área de Partia a la que Josefo se refirió cuando dijo que todavía estaba habitada por las Diez Tribus. El reino parto (las Diez Tribus de Israel) gobernó sobre los gentiles en Asiria y Mesopotamia durante lo más del período del Nuevo Testamento. Pedro dirigió el trabajo de todos los apóstoles en el oriente desde la famosa ciudad de Babilonia en Mesopotamia.

Escitia y la Alta Asia, esto es, Asia Menor, fueron las regiones asignadas a Felipe. Escitia era el nombre de la vasta planicie al norte de los Mares Negro y Caspio. A esta región una gran colonia de israelitas emigraron después de la caída del Imperio Persa en 331. De Escitia emigraron los escoceses. La palabra escocés se deriva de la palabra escita. Los escoceses son también parte de La Casa de Israel.

Es interesante enterarse que la palabra escita en céltico tiene el mismo significado que la palabra hebrea tiene en el lenguaje semita: emigrante o peregrino.

Mateo, nos dice Metafrasto, fue primero a Partia, y, habiendo establecido con todo éxito el cristianismo en esos lugares, se dirigió luego hacia Etiopía, esto es, Etiopía Asiática, situada cerca de la India.

Por varios signos esta región del Hindu-Kuch, colindando con Escitia y Partia, fue conocida como India Blanca. Está ubicada un poco al oriente del área donde los asirios establecieron a los cautivos israelitas. El proceso natural de crecimiento ocasionó que la Casa de Israel se extendiera a esas regiones escasamente pobladas. De ahí ellos emigraron hacia el noroeste de Europa en el siglo sexto, mucho después del tiempo de los Apóstoles. Doroteo declara que Mateo fue sepultado en Hierápolis, Partia.

El reino parto fue en realidad una débil unión de las tribus perdidas de Israel que habitaban en Asia Central durante este tiempo. Los persas finalmente los arrojaron a todos de ahí. Siempre que Partia prosperaba, las otras naciones prosperaban también. Siempre que Partia sufría reveses, otras naciones también los sufrían.

Fuentes etíopes y griegas designan a Dacia (Rumania moderna) y a Macedonia, al norte de Grecia, como parte del ministerio de Matías. Dacia era la parte occidental más extrema de Escitia. De Dacia salieron los normandos quienes se establecieron finalmente en Francia y Bretaña.

La tradición francesa de que María, la madre de Jesús, estuvo en Galia (actualmente Francia) añade bastante peso a la aseveración de que Juan visitó Galia a principios de la era apostólica. Fue a Juan a quien Jesús le encomendó a su madre María. Ella, entonces, estaría dondequiera que Juan estuviera trabajando.

Pablo sabía muy bien que Galia era un lugar donde la Casa de Israel se había establecido. Es ésta quizás la razón por la que en su viaje de Italia a España pasó por alto a Galia (Romanos 15; 24, 28). Indudablemente la responsabilidad de predicar en Galia había caído en otro de los doce, en este caso, a Juan.

Antes de terminar esta alargada plática, debo hacer una observación bastante pertinente.

Es sobremanera interesante que a los confines de la tierra habitada de la antigüedad, y desde allí y entonces hasta casi todo el mundo actual, fueron a parar ambas casas, la Casa de Israel -principalmente a Bretaña e Irlanda y el noroeste de Europa- y la Casa de Judá -en buena parte a Sefarad, la península Ibérica, formando los llamados Judíos Sefarditas. Los primeros fueron parte de la colonización de América del Norte, ya que ingleses e irlandeses, escandinavos y franceses, son en buena mayoría los que colonizaron gran parte de los Estados Unidos y Canadá, y los segundos -Judá- quienes fueron expulsados de España durante la Inquisición Española en la época de los Reyes católicos Fernando e Isabel, durante la cual muchos de ellos se convirtieron a la fuerza al catolicismo -llamandose los "Benei Anusim"- y posteriormente siendo expulsados en gran numero tanto de España como de Portugal, viniéndose un gran número de judíos, ya con gran parte de su identidad perdida, pues se volvieron católicos a la fuerza e inclusive se cambiaron sus apellidos para pasar desapercibidos en Latinoamérica. Por lo que vemos, ambas casas habrían de ser dispersas por todas las naciones dentro del maravilloso plan de Dios, al poblar buena parte de ambos continentes americanos tanto con la Casa de Israel como con la Casa de Judá, ambas gentilizadas y convertidas al cristianismo católico.

Ahora sí, buenas noches a todos, y nos vemos mañana por la tarde.

Ricardo había observado a Barrenechea inclinarse dos o tres veces hacia el Padre Juan Carlos, quien algo le murmuraba al oído y el prelado asentía. Disimuladamente volteó otras tantas a ver a Julián, y el sacerdote le sonreía como diciendo: no te preocupes, todo está bien.

Esa noche se desvelaron todos pues, aunque parecía que ya era tarde, nadie quiso perderse las tostada de pata y pollo que Norma y Niza habían preparado, extrañamente ayudadas por Jazmín que llegara a media charla del trabajo.

-Su eminencia… qué le pareció la charla?

-Muy buena, como siempre, mi querido amigo. Ya bien me decía aquí el Padre Juan Carlos que tus conocimientos son bastante profundos.

-Bueno, en este caso debo dar crédito a Julián, porque él fue el que encontró la información del recorrido de los apóstoles.

-Sería bueno, intervino Juan Carlos, que consultaras un poco la Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesárea… trae algunas cosas buenas sobre lo que hablas que, como tú dices, de por sí cuenta con muy poca información.

-Hombre, gracias, mañana temprano le doy una revisada...

 

 

Si bien es cierto que Ricardo estaba basando su obra Historia de la Iglesia en la Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesárea, considerado el primer historiador de la iglesia y la religión católica, el escritor no había notado un pasaje bastante interesante.

Julián estaba asombrado, a pesar de ser un estudioso, tampoco conocía esa parte del trabajo del viejo historiador.

-No cabe duda, hay que reconocer que el Padre Juan Carlos, nuestro Canciller de la Mitra, es un hombre muy sabio. Ya conocía algo de su trabajo por internet y, sobre todo, en la propia cancillería. Esa obra sobre el Beato Bartolomé Díaz-Laurel es fantástica, dijo el Padre Julián en un reconocimiento insólito para él.

-Es verdad –afirmó el escritor– lástima que el trabajo de Juan Carlos sea tan poco valorado. Yo, en lo personal, ya lo hubiera nombrado cronista de la mitra y le hubiera quitado todas las obligaciones que como sacerdote tiene para que se entregara en cuerpo y alma al ignorado valor de la historia eclesiástica.

-Oye, te recuerdo que nos invitó a desayunar Eustorgio…

-Sí… vámonos porque tengo que pasar a refinar algunos libros que debo enviar a Colombia.

Sacerdote y escritor emprendieron la marcha, no sin antes despedirse amorosamente de Lucía y Norma.

 

 

-Queridos amigos, pues gracias a nuestro estimado Padre Juan Carlos, hoy voy a contarles la visita de Judas Tadeo al Rey Abgar…

-Oye viejito, pero si eso ya lo contaste… reclamó Carlos con su habitual alboroto.

-Sí, nada más que lo que les voy a leer, porque vale la pena leerlo, es el texto de la narración que hace el primer historiador de la iglesia, Eusebio de Cesárea, y que a su vez tradujo del siríaco. Es más, me gustaría que uno vocecita de buen timbre hiciera la lectura. A ver… Leslie, pasa a leer este texto…

La ya jovencita, nieta del escritor e hija de Ricardo Xavier y Eva, se aclaró la garganta e inició la lectura.

-Dice Eusebio de Cesárea: A continuación paso a narrar el relato acerca de Tadeo. La noticia de la naturaleza divina de nuestro Señor y Salvador Jesucristo se extendía a todos los hombres debido a su poder para llevar a cabo maravillas, y atrajo a numerosas personas (incluso a extranjeros alejados de Judea) con la esperanza de curación de sus enfermedades y de todo tipo de sufrimiento.

Así se encontraba el rey Abgaro, que gobernaba muy diestramente sobre los pueblos de más allá del Eufrates, en Edessa, y su cuerpo se iba destruyendo por una enfermedad terrible e incurable dentro de las posibilidades humanas. Por lo tanto, cuando el nombre de Jesús llegó a él reiteradamente y también su poder testificado por todos con unanimidad, inmediatamente se convirtió en un suplicante suyo y le envió una carta a través de un correo pidiendo le concediera la liberación de su enfermedad.

No obstante, Jesús no respondió a su llamado entonces, pero juzgó que era digno de una carta particular en la que le prometía enviarle a uno de sus discípulos para procurarle la curación de su dolencia juntamente con la salvación para él y también para todos los suyos.

Poco después le cumplió la promesa. Luego de la resurrección de los muertos y la ascensión a los cielos de nuestro Salvador, Tomás, uno de los doce apóstoles, impulsado por Dios, envió a Edessa como heraldo y evangelista de la enseñanza de Cristo a Tadeo y la promesa de nuestro Salvador se vio completada por medio de él.

Hay testimonio escrito disponible acerca de todo esto en los archivos de Edessa, que entonces era la ciudad de la Corte. Todo esto se halla conservado esmeradamente hasta hoy en los documentos oficiales de aquel lugar, que contienen los hechos antiguos y los contemporáneos de Abgaro. De todos modos, nada será tan exacto como escuchar las cartas que nosotros hemos sacado de los archivos y traducido del siríaco como sigue:

Copia de la carta escrita por Abgaro a Jesús, la cual le envió a Jerusalén a través del correo Ananías

«Abgaro Ucama Toparca, a Jesús, Salvador bueno que se mostró en la región de Jerusalén, salud:

He oído acerca de ti y de tus curaciones, llevadas a cabo por ti mismo como si prescindieras de medicinas y de hierbas, pues según la noticia que corre, haces que los ciegos vean y que los cojos anden, sanas a los leprosos y echas fuera espíritus impuros y demonios, sanas a los atormentados con enfermedades largas y resucitas muertos.

Tras oír esto de ti creo que hay dos opciones. O eres Dios y habiendo bajado del cielo llevas a cabo estas obras, o puesto que las haces eres el hijo de Dios.

Por esta razón, he escrito suplicándote que vengas a mí y me sanes de mi enfermedad. También he sabido que los judíos murmuran contra ti y quieren tu mal. Mi ciudad, aunque pequeña, es responsable, y será suficiente para ambos».

Así escribía el monarca estando entonces iluminado por un poco de luz divina. Sin embargo, merece la pena escuchar la respuesta de Jesús a través del mismo correo; una carta breve, pero contundente.

Respuesta de Jesús a Abgaro, Toparca, por mediación del correo Ananías

«Bienaventurado si creíste en mí sin haberme visto. Pues de mí está escrito que los que me han visto no crean, para que también los que no me han visto crean y sean salvos. Pero acerca de lo que me escribes que vaya a ti, me es preciso cumplir todo mi cometido aquí, y, una vez realizado, sea tomado al que me envió. Mas cuando haya sido tomado te enviaré uno de mis discípulos para que te proporcione sanidad y vida a ti y a los tuyos.»

A estas cartas acompañaba también lo siguiente en siríaco:

«Pero después de la ascensión de Jesús, Tomás envió como apóstol a Tadeo, uno de los setenta, el cual, habiendo llegado, se hospedó en casa de To-bías, hijo de Tobías. Cuando se extendió el rumor acerca de él, se comunicó a Abgaro que había ido a aquel lugar un apóstol de Jesús, de acuerdo con lo prometido por carta.

Así pues, Tadeo empezó con el poder de Dios a sanar toda enfermedad y debilidad, de manera que todos quedaban maravillados. Cuando Abgaro oyó los grandes y admirables hechos, y cómo sanaba, sospechó que se trataba del discípulo del cual Jesús le había escrito en la carta cuando le dijo: "Cuando sea tomado arriba en el aire, enviaré a uno de mis discípulos para sanar tu enfermedad."

Mandó llamar a Tobías, en casa del cual se hospedaba, y le dijo: "He oído que posa en tu casa un hombre poderoso, envíamelo." Tobías se dirigió a Tadeo y le dijo: "Abgaro Toparca me llamó para decirme que te llevara a él para que le sanes." Tadeo le dijo: "Subiré yo, que he sido enviado a él con poder."

Madrugando el día siguiente, Tobías tomó a Tadeo y fue a Abgaro. Tadeo llegó estando en pie los magnates del rey, y en el preciso momento en que él entró se apareció a Abgaro una gran visión de la faz del apóstol Tadeo. Cuando Abgaro le vio se prosternó ante Tadeo, sorprendiendo a los presentes; pues no veían la visión que sólo se apareció a Abgaro.

Entonces preguntó a Tadeo: "¿Eres tú en verdad el discípulo de Jesús, el hijo de Dios, que me dijo: “Te enviaré uno de mis discípulos, el cual te proporcionará sanidad y vida?” Y Tadeo dijo: "Porque has creído en gran manera en el que me envió, he sido enviado a ti, y de nuevo, si creyeres en Él, tendrás los ruegos de tu corazón."

Abgaro respondió: "Hasta tal punto creí, que hasta incluso deseé tomar un ejército y destruir a los judíos que lo crucificaron, si no hubiera sido por el rechazo del Imperio Romano." Pero Tadeo le dijo: "Nuestro Señor cumplió la voluntad de su Padre."

Le dijo Abgaro: "Yo también he creído en Él y en su Padre." Y Tadeo respondió: "Por esta misma razón pongo mi mano sobre ti en su nombre." Y al instante de hacerlo, Abgaro fue sanado de su enfermedad y de sus sufrimientos.

Abgaro se maravilló de que aquello que había oído acerca de Jesús ahora lo confirmaba con los hechos, por medio de su discípulo Tadeo, el cual, prescindiendo de medicinas y de hierbas, le sanó, y no sólo a él, sino también a Abdón, hijo de Abdón, que tenía gota. Este también acudió a Tadeo y, postrándose a sus pies, fue sanado mientras suplicaba con sus manos. Tadeo también sanó a muchos conciudadanos y anunciaba la Palabra de Dios, haciendo maravillas y grandezas.

Luego, Abgaro dijo: "Tú con el poder de Dios haces estas cosas y nosotros nos maravillamos por ellas. Pero yo también te suplico que nos des a conocer acerca de la venida de Jesús: cómo tuvo lugar, y de su poder, con qué tipo de poder realizó las cosas que yo he oído."

Tadeo replicó: "No hablaré ahora, pero ya que fui enviado a proclamar la palabra, mañana reúne a todos los ciudadanos y les predicaré sembrando en ellos la Palabra de Vida. Entonces hablaré de la venida de Jesús; cómo fue; de su cometido, por qué fue enviado por el Padre; con qué poder lo hizo; de la novedad de su enseñanza, de su pequeñez y de su humillación; cómo se humilló a sí mismo, se desprendió de su divinidad y la empequeñeció, y cómo fue crucificado, y cómo habiendo descendido al Hades derribó la barrera que había estado cerrada por los siglos y resucitó muertos, y cómo a pesar de haber descendido solo, ascendió a su Padre con una multitud, cómo está sentado en los cielos con gloria a la diestra de Dios Padre, y cómo vendrá de nuevo con poder para juzgar a los vivos y a los muertos."

Por lo tanto Abgaro, ordenó que al alba se reunieran sus ciudadanos y prestaran atención al mensaje de Tadeo. También mandó que se diera a Tadeo oro y plata no acuñada. Pero él la rechazó con estas palabras: "Si hemos abandonado lo nuestro, ¿cómo tomaremos lo ajeno?"»

Esto tuvo lugar en el año 340

 -Por el momento, este relato traducido del siríaco, nos será inútil y me parece suficiente, señaló Ricardo al terminar Leslie la lectura. Sólo quiero agregar otro párrafo que Eusebio deja para la posteridad y que señala, al hablar sobre la vida de los apóstoles después de la ascensión de Cristo, que Tadeo, tras detenerse en aquel lugar, sana a Abgaro por la palabra de Cristo y deja maravillados a todos los presentes por sus asombrosos milagros. Y cuando los hubo dispuesto convenientemente con sus obras, guardándolos luego hacia la veneración del poder de Cristo, los hizo discípulos de la enseñanza del Salvador. Desde aquel momento hasta nuestros días toda la ciudad de Edessa está consagrada al nombre de Cristo; de este modo dan un singular ejemplo de nuestro Salvador y de sus buenas obras para con ellos y, sobre todo, de la presencia de Judas Tadeo en el norte de Grecia, como parte de sus viajes siguiendo una de las rutas de la diáspora.

-Aunque esta charla no fue tan larga como la de hace poco, dio tiempo a que el apetito se abriera, dijo Julián señalando las mesas en que Norma colocaba el refrigerio que ya se había vuelto costumbre.

-Pues pasemos, pasemos… dijo goloso el Arzobispo Barrenechea.

-Par de tragones! Espetó en broma el escritor.

 

Todos sabían que la plática llegaba a su fin. No había más de dónde sacar información. Las intenciones de Ricardo, como siempre, eran buenas, pero ahora sí materialmente estaba imposibilitado. O redundaba en lo mismo, o inventaba. Y eso no lo acostumbraba a hacer ni de chiste con la historia.

Esa mañana llegó al despacho del arzobispo Barrenechea con la cabeza baja.

-Y ahora? Es la primera vez que te veo abatido… señaló el prelado.

-Pues es que me siento derrotado. Por más que busco, siempre me encuentro con los mismos datos. Dos cuartillas y la carta. No más! No sé si en el Archivo Secreto Vaticano haya algo, pero ya no puedo más.

-Ricardo… Dios quiere que escribas, pero no que inventes. Decir la verdad a veces puede ser tan complicado como en este caso, pero si la fama es la que antecede a la historia, pues habla de la fama. A ver… cómo surge la devoción pro Judas? Cuándo toma fuerza? Qué dice la iglesia al respecto? Puedes incluir todos esos aspectos…

-Pues sí… pero a mi me hubiese gustado encontrar más información sobre Judas Tadeo…

-Si no la encontraste… es porque no la hay… conozco tu atingencia en la investigación y sé que, de haberla –como en el caso de tu libro sobre el Arzobispo Ildefonso Núñez de Haro– la habrías encontrado.

Vamos, no seas tan duro contigo mismo… ve y termina tu charla que ya vendrá otra más substanciosa….

-Pues dame tu bendición para que termine bien…

 

-En la santería, Olofi es San Norberto y es muy venerado por ser patrón de los casos vinculados con la justicia y la ley. Pero todo parece indicar que San Judas Tadeo, si no lo ha desplazado puede llegar a hacerlo: es considerado abogado de los casos desesperados y muy difíciles de resolver, y también patrón de lo imposible y protector contra la calumnia, señaló Ricardo iniciando así los finales de su charla.

Y si de algo Cuba está llena es de personas de-sesperadas, repletas de problemas personales, hogareños, laborales y judiciales. Personas ansiosas por que se les dé lo considerado imposible: que pueda ser irse del país, salir absuelto de un juicio o quitarse de encima a una persona dañina.

El 28 de octubre, una pequeña iglesia ubicada en el cuchillo de las calles San Nicolás, Rayo, Tenerife y Holguín, en la barriada de Los Sitios, en pleno corazón de la Ciudad de La Habana, es testigo de cómo año con año ha ido aumentando la veneración a San Judas Tadeo, el santo cuyo cuerpo permanece en la Basílica de San Pedro en Roma y a cuyos pies cayera nuestro querido amigo Julián, pero de donde se levantara para atestiguar uno de sus milagros más grandes: su propia sanación del cáncer terminal que le aquejaba.. El 22 de septiembre de 1548 el Papa Paul III concedió indulgencia plenaria a todos los que visiten su tumba el 28 de octubre, declarado día de su onomástico.

La Europa del siglo XVI, en plena Edad Media, marca el inicio de la devoción hacia San Judas Tadeo. La leyenda de sus milagros comenzó a extenderse por el mundo por esa época, pero no es hasta el siglo XX, en la década del noventa, que en la Isla –y el resto del mundo- cobró fuerza la fe en el poder divino del hermano mayor de Jesús.

Todos los meses, los días 28, se ha hecho popular visitar la iglesia de San Judas, como le llaman los habaneros. Ese día siempre hay en las afueras vendedoras de velas, flores y estampillas, pero nunca como los 28 de octubre, fecha que en Cuba coincide con la tradición creada por la revolución de echarle flores al mar a Camilo Cienfuegos, comandante guerrillero misteriosamente desaparecido el 28 de octubre de 1959.

De modo que quien recorra esa zona de Centro Habana ese día verá a decenas de personas desde las calles Monte, Reina y Belascoaín, bajando en busca del santuario local de San Judas Tadeo, y también verá a grupos de escolares con sus maestros caminando en dirección al Malecón, a tirar flores a Camilo.

Según vecinos de los alrededores de la iglesia de San Judas Tadeo, este año fue mayor el número de cubanos de todos los estratos sociales que acudieron a pagar promesas o a hacerle peticiones al santo milagrero. Como es primera vez que fue el colega que nos describe todo esto, no lo pudo comparar, pero si afirmar que miles de personas acudieron a una de las iglesias más modestas de la capital. La afluencia de público se inició a las seis de la mañana y se prolongó hasta pasadas las diez de la noche, cuando concluyó la última misa.

Cientos de mujeres y hombres, negros, blancos o mulatos, viejos o jóvenes, por allí desfilaron el 28 de octubre. La mayoría llevaba en sus manos ramos de flores y velas. El sincretismo, del que tanto escribiera el etnólogo cubano Fernando Ortiz, se apreciaba a la vista: muchos iban vestidos de blanco (Iyabó) y orgullosos exhibían sus collares de colores según las deidades (Orúla, Ochún, Yemayá, Changó, Ogún…).

El sincretismo era visible también en las docenas de mesas colocadas por particulares en los alrededores. En ellas, junto a estampas y cuadritos con las imágenes de San Judas Tadeo, San Lázaro y San Cristóbal, santo patrón de La Habana, se podían ver pomos de miel de abeja, cascarilla, maíz tostado, polvo de jutía ahumada y toda clase de oraciones. Igualmente, se podía conseguir el horóscopo, folletos sobre la ciencia del tarot, el arte de tirar las cartas y llaveros contra el mal de ojo.

Mientras dentro de la iglesia el padre daba su misa, cientos aguardaban para entrar y dar las gracias a San Judas Tadeo. En la multitud no faltaban vendedores de almanaques, jabas de nylon, pasteles de guayaba, pan con jamón, refresco instantáneo y café mezclado con chícharo.

Tampoco estuvieron ausentes pordioseros, beatas pidiendo limosnas para la iglesia, con cestas, por cierto, repletas de monedas y de billetes de 10 y 20 pesos, y hasta de dólares, jineteras con sus "yumas", y empleados y funcionarios estatales, quienes sin ningún prejuicio acudieron a rendir tributo al nuevo ídolo de los cubanos.

La devoción a san Judas Tadeo llegó a Chile y se transformó en piedad popular gracias al sacedote italiano Alfonso Pugliesi, a mitad del siglo pasado.

Pugliesi era un sacerdote italiano que trabajó unos años en Guayaquil (Ecuador) y llegó a Chile en 1873. Fue cura párroco de Codegua, Curepto, Malloa y Panquehue, y falleció en Santiago en 1906.

Siendo párroco de Malloa inició la devoción masiva a San Judas, ya que gracias a su intercesión se vio libre de una grave enfermedad.

En México, en la casa del Señor todos tienen cabida, y en la iglesia de San Hipólito comparten su fe y devoción por San Judas Tadeo, delincuentes y policías judiciales que cada día 28 de mes acuden a cumplir su manda o dar gracias por ayudarle en las “causas perdidas”.

El comandante Mario “N” platicó con La Crónica, un diario capitalino, sobre la fe que los judiciales profesan a su Santo Patrono; aunque están conscientes que dicha imagen también es adorada por algunos delincuentes, motivo por el que se han concretado detenciones en el propio San Hipólito.

A dicho santuario, en la delegación Cuauhtémoc, acuden miles de feligreses cada 28 de mes. Todos con sus imágenes de yeso o por sus estampas para traerlas en la cartera o en la bolsa de la camisa.

“Trabajar con delincuentes, crímenes de todo tipo, arriesgando la vida al estar en constante peligro, hace que busquemos una protección divina, más allá de la pistola, la placa o la ley. Yo no sé en qué momento los agentes comenzamos a adorar a San Judas, pero lo importante es que nos ha dado resultados efectivos en nuestro trabajo”, comenta el comandante de la policía judicial.

En diversas partes del bunker de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal se colocaron altares a San Judas Tadeo. En el estacionamiento conocido como de La Abeja, se celebran misas en honor al santo.

Roberto llegó a las calles de Francisco Zarco y Reforma desde Iztapalapa cargando la imagen de San Judas de 1.30 metros. Con su gorra para el frío, sus pantalones holgados, y una gran chamarra, mostró ufano sus escapularios con la imagen de su santo, uno de ellos elaborado por los reos del Reclusorio Norte.

“Es el jefe, después de Jesús, claro, él me ayuda, por eso cada mes vengo a verlo, y aunque no tenga dinero para el pasaje, hay muchos, chóferes o poli-cías que te echan la mano cuando ven que lo traes a él, hasta en eso me ayuda. Me echan un aventón o me dejan pasar en el Metro, no hay fijón”, dijo el ex convicto, tiritando.

Santiago Gómez, investigador del Instituto de Formación Profesional de la PGJDF, reconoció la adoración en común que hay entre algunas personas dedicadas a actividades ilícitas, y agentes de la Policía Judicial, ya que es un santo socorrido en muchas esferas de la sociedad, principalmente en los sectores marginales, y los policías trabajan directamente con estos grupos, los conocen y se desarrollan entre ellos, por la naturaleza de su trabajo.

El criminólogo informó que en estos momentos la PGJDF lleva a cabo investigaciones en torno a las creencias religiosas de los grupos delictivos, y entre ellos destacan la adoración a San Judas Tadeo, la Santa Muerte y ahora, Jesús Malverde, por lo cual la dependencia ha considerado importante conocer las motivaciones personales que tienen algunos criminales para, a su vez, atacar al crimen.

La promesa se le cumplió, y Patricia González repartió 200 paletas de caramelo a las afuera de la iglesia de San Hipólito, para que este 28 de octubre San Judas Tadeo le haga el milagro y su esposo -que lleva años fuera de casa- regrese a su lado.

Las festividades comenzaron muy temprano, las más importantes se dieron en la parroquia de San Hipólito y San Casiano, en la Guerrero; mientras, al norte del DF, en la colonia Capultitlán, la iglesia de San Judas Tadeo celebraba misa tras misa, para los creyentes.

Las historias son plegarias de ayuda que la gente lanza al cielo para que sean escuchadas por San Juditas. “Le pedí que regrese mi marido, hace muchos años que se fue y ahorita está en Tijuana”, platicó doña Patricia.

“A San Judas Tadeo, patrón del trabajo y de los casos difíciles, le puedes pedir todo lo que quieras, sólo hazlo con fe y cumple tu manda porque él no falla, es el mejor amigo que podemos tener”, comentó César López, vestido con un atuendo similar al del santo y cargando una imagen de casi un metro de altura. Al igual que el frío, la esperanza y agradecimiento de la gente calaba hasta los huesos en la iglesia, donde se tenían registrados a más de 7 mil fieles antes de la una de la tarde; la diferencia no era mucha del templo ubicado afuera del Metro Hidalgo en el que más de 10 mil ya habían escuchado misa.

La fe del pueblo mexicano se manifiesta en los obstáculos que los fieles sortean para visitarlo el 28 de octubre.

Muchos feligreses recorrieron la ciudad en Metro, microbús o camión cargando sus santos de varios kilos y todo ello, para conservar el favor de la deidad.

Rogelio es un bebé de dos años y cumplió su manda vestido de “San Juditas”. Hace 12 meses, el niño se enfermó debido a los berrinches que hacía, se privaba de tal manera que en una ocasión duró media hora gritando. “Ya estaba morado y me espanté mucho”, señaló su madre, doña Fabiola Hernández.

Lo llevó al médico y le dijeron que “esto no era problema de medicina”, entonces por consejo de su hermano, le ofreció al santo ir a la iglesia cada mes y rezar lo necesario para que el niño se curara.

San Judas Tadeo conoció el polvo del camino en ese siglo primero. Y su presencia en la historia de la salvación continúa hasta ahora dándonos el ejemplo de búsqueda de la verdad, de entrega personal al mensaje liberador de Jesús, de trabajo apostólico en servicio de los que no conocen a Cristo o no lo conocen suficientemente.

Según la tradición occidental, tal como aparece en la liturgia romana, se reunió en Mesopotamia con San Simón y ambos predicaron varios años en Persia y ahí fueron martirizados. Existe un presunto relato del martirio de los dos Apóstoles; pero el texto latino no es ciertamente anterior a la segunda mitad del siglo VI. Dicho documento se ha atribuido a un tal Abdías, de quien se dice que fue discípulo de Simón y Judas y consagrado por ellos primer obispo de Babilonia. Según dice la antigua tradición, a San Simón lo mataron aserrándolo por medio, y a San Judas Tadeo le cortaron la cabeza con una hacha y por eso algunos lo pintan con una hacha en la mano. Por ello, la Iglesia de occidente los celebra juntos, en tanto que la Iglesia de oriente separa sus respectivas fiestas.

A través de los veinte siglos de existencia de la Iglesia, existió siempre la tradición de honrar a los Santos, y los Padres de Concilio Vaticano Segundo, reiteran esta verdad con estas palabras de la Constitución: "Los Santos han sido honrados tradicionalmente en la Iglesia y sus autenticas reliquias e imágenes han sido presentadas a la veneración de los fieles. Porque las fiestas de los Santos proclaman las maravillosas acciones de Cristo y de Sus Siervos y proponen oportunos ejemplos a la imitación de los verdaderos fieles."

Para que las fiestas de los Santos no prevalezcan sobre la celebración de los Verdaderos Misterios de la Salvación, se deja la conmemoración de muchos santos a las iglesias particulares, a las naciones o las familias religiosas a las que dichos santos pertenecen, y se extiende a toda la Iglesia solo aquellas fiestas que conmemoran fechas o fiestas de los Santos de importancia verdaderamente universal.

Esto es todo cuanto puedo decirles de San Judas Tadeo. Si por alguna razón encontrare más información, les tendré al tanto pero, por ahora, sólo me resta agradecerles su presencia durante estos días.

Quede constancia de que yo, en lo personal, aclaró el escritor, soy devoto de San Judas Tadeo. Dios los guarde a todos ustedes.

Todos los asistentes, de pie, aplaudieron al charlista que, con más de ser pariente, compadre o amigo, se le reconocía ser un hombre dedicado a la historia de su religión y de la iglesia.

-Bueno viejito, dijo Carlos, su hijo, a guisa de despedida. Y ahora de qué nos vas a hablar?

-Será una sorpresa… una verdadera sorpresa, hijo.

-Pues no te tardes mucho compadre, exclamó festivo Celerino que tomaba del brazo a Doña Elvia listos a retirarse.

Doña Sara y Doña Celia, que no faltaron a una plática desde que rindieran sus propios testimonios, le abrazaron cariñosamente.

Todos y cada uno de ellos se acercó para despedirse. No había sido un final tan emotivo como otras veces, pero no dejaba de campear el cariño y la cordialidad.

-Bueno, pues hasta la otra, dijo Jorge que acercó a sus tres hijos para decir adiós.

-Así será si Dios lo permite, señaló el escritor.

Norma, parada junto a Ricardo, sonreía al ver las muestras de afecto de sus amigos. Gustavo y Alfonso de acercaron respetuosos y sólo palmearon la espalda del historiador.

Sus hijos esperaron hasta el final.

-Queremos invitarlos a cenar papá, dijo Ricardo Xavier ceremonioso.

-Si, ándale, vamos a la Costera, clamó Niza…

 

Al entrar al restaurante, Ricardo se sorprendió. Ahí al centro del salón, estaban todos sus amigos. La cena era brindada por todos en su honor. en honor de quien cree con tanta firmeza. En honor de quien había aprendido a amar, aunque sea un poco tarde...

 

 

LOCALIZACIONES APROXIMADAS DE LAS TRIBUS PERDIDAS EN EUROPA

periodo posterior a CIRCA 500-900 A.D.

 

• Rubén=Francia

• Simeón=Celtas (desde los Balkanes/Alemania hasta Espana)

• Leví=Sacerdotes (dispersos entre las naciones)

 Issacar=Suiza / Finlandia

 Yudah=Peninsula Iberica/America/Israel/

(dispersos entre las naciones)

• Zebulon=Holanda/Africa

• Dan=Dinamarca/Irlanda/Lituania/Estonia/Inglaterra/Islandia/Groenlandia

• Gad=Suecia/(dispersos entre algunas naciones de Europa)

• Asher=Escocia/Noroeste de Espan/Peste de Francia

• Neftali=Noruega

• Benjamin=Belgica /(dispersos entre las naciones)

• Efraim=Inglaterra/ USA

• Manasseh=Inglaterra/ USA

 

 

Bibliografía

 

Judas Tadeo.- Pbro. Dr. Enrique Cases

 

Nicéforo Calixto.- Ecclesiasticae Historiae griega y latina.

 

William Cave.- Antiquitates Apstolicae

 

Antigüedades de los Judíos, Flavio Josefo

 

R, G. Latham.- Las Razas Naturales del Imperio Ruso The Native Races of the Russian Empire.

 

Nicéforo

 

Biblia versión tradicional

 

Biblia, versión moderna

 

Tania Quintero.- La Habana: Nuevo ídolo en los altares (2003)

 

Eusebio de Cesarea.- Historia Eclesiástica, tomo I. Editorial CLIE

 

Butler Alban.- Vidas de los Santos, Vol. IV

Sálesman, P. Eliécer.-  Vidas de Santos # 4.

 

Sgarbossa, Mario, Luigi Giovannini.- Un Santo Para Cada Día.

 

Díaz Del Castillo, Bernal.- Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España,  Ed. Pedro Roberto.

 

Giraud, Pierre.- La Semiología. Ed. Siglo Veintiuno.

 

Barthes Roland.- La Aventura Semiológica.

 

Mario Calvo González y Agustín Cabré Rufatt, misioneros claretianos.- EL TESTIGO. Vida de San Judas Tadeo.

 

Israel Yáñez.- Diario La Crónica de Hoy, Lunes 29 de octubre, 2007

 

Cristóbal Bernardo Arellano García, Paris Alberto Cervantes Gutiérrez, y Jonathan Peña Vázquez.- Proyecto de investigación “San judas Tadeo” Materia: Métodos de investigación en la Comunicación II.- Licenciatura en Comunicación y Periodismo.-Facultad de Estudios Superiores Aragón.-Universidad Nacional Autónoma de México.- 2009

 

 

Esta es una obra auspiciada por la

Academia Mexicana de Literatura Moderna,

La Sociedad Académica de Historiadores

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