DIRECTORIO MUNDIAL DE LITERATURA, HISTORIA, ARTE Y CULTURA          

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DIRECTORIO MUNDIAL DE LITERATURA, HISTORIA, ARTE Y CULTURA

San José, Padre de la humanidad

 

La Academia Latinoamericana de Literatura Moderna
dentro de su Programa de Financiamiento para Escritores Iberoamericano
y con su Programa Editorial Sagitario
presentan
 
Una obra más del Dr. Fco. Xavier Ramírez S.

 

San José, Padre de la humanidad

 

Este libro, registrado con el No. 268 dentro del Programa de Financiamiento para Escritores Iberoamericanos,

se terminó de imprimir el día 30 de septiembre del 2012, bajo el sistema POD, en los talleres de Editorial Sagitario ubicados en Acapulco, Gro. México.

 

Todos los derechos reservados.

 

http://www.allimo.org

e-mail: coordinacion@allimo.org

 

 

 

 

A MANERA DE PRESENTACIÓN

 

Mi afición por la historia, y principalmente por la historia de la iglesia –que ya me lleva 37 años inmerso en ella– se ha ido haciendo popular tanto entre escritores como entre periodistas y clero en general.

No puedo negar el orgullo que sentí hace algunos años, cuando a las puertas de la Arquidiócesis de México, al llegar un grupo de religiosas, una de ellas me preguntó sorprendida –tras de escudriñarme un poco– si yo era el Dr. Ramírez, el autor de Quién es Cristo?. Vivir en Acapulco y que te lo pregunte alguien en la capital del país, no deja de ser satisfactorio.

Como si fuese el punto de partida, a esa indagatoria de la religiosa le siguieron infinidad de correos electrónicos preguntando por esa y muchas otras de mis obras.

Dos biografías son las que más han sido buscadas, coincidentemente de dos arzobispos: la de Monseñor Rafael Bello Ruiz, Primer Arzobispo de Acapulco, y la del Arzobispo de México y Quincuagésimo Virrey de la Nueva España, Don Ildefonso Núñez de Haro.

Poco a poco se fueron juntando las historias de vida, al Beato Sebastián de Aparicio, a Juan Diego, a la Virgen de Juquila, y San Judas Tadeo, entre otras.

Desde que hice mi compromiso con Dios de contribuir con mis trabajos a la difusión de su palabra, he dejado también que Él me guíe. Este libro sobre San José surge de esa manera.

Un buen día, llevamos el nuevo auto de mi hija Norma a bendecir a la parroquia de La Sagrada Familia, allá en Santa María la Ribera, tradicional colonia del Distrito Federal de México.

El sacerdote, José Luis Pacheco Torres, M.J., que amablemente me había aceptado la petición silenciosamente con una inclinación de cabeza desde el altar, culminando la Santa Misa, enterado de quién era yo, simplemente dijo: San José... escribe algo sobre San José.

Dicho estaba, por su intercesión, el siguiente eslabón de mis biografías.

Y se repitió la historia. Cuando me comprometí con mi querido amigo Alfonso Núñez de Haro, que en paz descanse, a hacer la biografía de su antecesor, me encontré con que no había información. Había sido prácticamente borrado de la historia. Y así fue, Fray Servando Teresa de Mier, castigado duramente por el Arzobispo Núñez de Haro por su sermón antiguadalupano, regresó diez años después de la muerte de éste para, con el poder en la mano, vengarse ordenando borrar todo vestigio de su vida de la historia. Por fortuna no lo logró totalmente. Tiempo después, al iniciar la investigación de San Judas Tadeo con motivo de una promesa, me encontré nuevamente con que la historia lo ha castigado y no hay de él –al menos públicamente– más relación que una cuartilla de su vida y su carta escrita a quiénes han sido llamados, lo que significaba la imposibilidad de escribir algo sobre él.

Así sucedió también con San José, nuestro biografiado de ahora. La información que hay sobre él es más que la de San Judas, pero menos que la de Núñez de Haro. Veremos si lo que logramos es del agrado de Ustedes.

 

          Vale!

      Dr. Fco. Xavier Ramírez S.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ricardo y Norma, acompañados de Jazmín y la pequeña Pamela, viajaban cómodamente sentados en el autobús. Habían dejado su camioneta pues ya no era tan fácil realizar un viaje de 500 kilómetros a esa edad.

Norma chica les había invitado a la bendición de su nuevo auto.

En el camino, el escritor pensaba en cuál sería su próxima obra. Esta vez no sería la influencia o sugerencia del Arzobispo Barrenechea o de su amigo y consejero el Padre Julián la que normara la temática del siguiente libro.

 

En la terminal ya les esperaban Adolfo y Norma chica. Querían presumir el nuevo auto desde ese mismo momento, pues fue el que usaron para ir a recogerlos. Ambos lo merecían, porque aunque con sus asegunes, eran ambos trabajadores y entregados a su familia. Ella, dedicada –como la madre– al magisterio; él, al negocio del transporte de carga; en unos cuantos años ya tenía cinco camionetas trabajando y su red se extendía a todo el país.

 

Tras los clásicos comentarios de las últimas noticias familiares, se fueron a descansar. Mañana sería otro día.

 

A buena hora, llegaron a la Parroquia de la Sagrada Familia en Santa María la Ribera. Escucharon misa y, al acabar, el escritor se acercó al sacerdote que aún se encontraba en el altar. Le hizo señas de su petición y el párroco, con un movimiento afirmativo de cabeza, le pidió esperar unos minutos.

 

Cuando el Misionero Josefino bajó del altar, Ricardo se presentó con él.

-Hola Padre… soy escritor e historiador, vivo en Acapulco y una de las líneas de mi trabajo es la biografía religiosa.

-No me digas… que bien… y que biografías tienes publicadas?

-Para empezar, obviamente, la vida de Cristo; de ahí vino la de Juan Diego, la del Beato Sebastián de Aparicio… y catorce más…

 

Llegaban ya a la salida del templo y, mientras cruzaban la calle, el Padre José Luis Pacheco Torres M.J. le comentaba a guisa de solicitud:

-Y la de San José?... porqué no haces la de San José?

-Concedido padre, y no sólo la haré, sino que se la dedicaré…

-Hombre, muchas gracias...

 

Así empezaba una nueva aventura de Ricardo Álvarez Ayala, periodista e historiador que había dedicado ya cincuenta años a las letras y contaba con más de treinta obras publicadas.

Norma, su esposa, sólo movió la cabeza; le conocía y sabía que se daría a la tarea de inmediato. Le preocupaba que Ricardo se comprometiera a tantas cosas, vivía dedicado a sus libros, a la investigación. Se levantaba cada vez más temprano y pasaba hasta doce horas pegado a la computadora. Muchas veces le encontró investigando, escribiendo e imprimiendo al mismo tiempo.

-Cómo le haces? Yo me volvería loca…

-Cuestión de costumbre… respondió él sin quitar la vista de la computadora.

 

A la hora de la comida, vino a colación la promesa y de inmediato el comentario:

-Oye… no alguna vez comentaste que de San José tampoco había mucha información?

-Bueno… en realidad no… es poco lo que se conoce canónicamente hablando, pero si hay información suficiente como para formarse un cuadro de su vida…

-Y en verdad lo vas a hacer? O sólo fue mera plática con el sacerdote?

-No… jamás dejo de cumplir una promesa de este tipo. Regresando a Acapulco empezaré, como siempre, con mis charlas…

-Y porqué con la charlas?

-Porque el verme comprometido a hablar ante los demás me obliga a investigar, aunque sea paso a paso, el tema en cuestión...

-Y de ahí sale el libro…

-De ahí sale el libro, efectivamente.

 

Esa noche, cuando llamó al Padre Julián, que vivía con ellos desde que le fuera declarado el cáncer terminal, pero que había superado por un verdadero milagro, se llevó la sorpresa.

-Así que tenemos nuevo libro… le dijo el sacerdote a guisa de saludo.

-Ahhhh… con que ya lo sabes… qué rápido vuelan las noticias…

-Con decirte que tu hijito ya le llamó a todos…

-Ese Carlos! Bueno, me ahorraron el trabajo…

-Cuándo empezamos?

-Yo creo que vamos a programarlas para la próxima semana…

-Y regresas…?

-Mañana… estamos en Acapulco por la noche…

-Bueno… te mandan saludos todos… sobre todo Lucía, que está muele y muele aquí a mi lado…

-Dale un abrazo y dile que llegamos mañana…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aún no se levantaba Ricardo cuando entró la llamada del Arzobispo Barrenechea, que ahora se encontraba en Guadalajara.

-Hola…

-Bendito seas hombre… me acabo de enterar ayer de tu nueva locura… yo te iba a pedir que hicieras la de Juan Pablo II pero está bien… San José también merece su biografía…

-Qué quiere decir eso?

-Pues que no hay una biografía completa… sólo la versión copta del pseudo Mateo…

-En la que he basado algunos de mis escritos y que tú tanto me has criticado por no estar dentro del cánon…

-Bueno… para empezar, buenos días…

-No me cambies la plática… no pondrías objeción en que use el apócrifo?

-Yo no puedo ni autorizarlo y objetarlo… eres un escritor libre…

-Bueno… eso ni tú te lo crees… si siempre andan metiendo las narices Julián y tú en todo lo que hablo y escribo…

-Sólo para guiarte querido amigo… sólo para guiarte…

-Jajajajaja… bueno, sólo que sea por eso…

-Cuándo empiezas?

-La otra semana… no tendrás de casualidad una copia de la versión copta de la que hablamos?

-Yo… no, cómo crees! Pero conozco a un amigo de un amigo que tiene una y le voy a pedir que te la mande…

-Se te agradece a ti y al amigo, y al amigo de tu amigo… parafraseó Ricardo en son de broma.

-Yo rezaré para que todo, como siempre, salga bien amigo mío…

-Ajá… oye… no te gustaría venirte a desayunar unos huevitos estrellados a la albañil?

-Si invitas...

-Claro, así saludas a Julián –tu padrino– y te traes por ahí el escrito...

Barranechea había sido enviado a la Arquidiócesis de Guadalajara y en su lugar había llegado un hombre que, si bien no levantó simpatías entre sus feligreses, tampoco duró en el cargo siendo finalmente substituido por el actual Arzobispo, un prelado que se había ganado la antipatía de la feligresía por sus arbitrariedades con el viejo clero, aunque había quien decía que en realidad él no sabía de esos manejos que eran encabezados, eso si abiertamente, por un sacerdote alumno de Monseñor Rafael Bello Ruiz que había jurado ser Arzobispo en menos de diez años… sobre quién fuera!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Julián se acercó al escritor, le tomó de los hombros y le dijo:

-Sabes amigo mío? En verdad te agradezco que estos últimos años de mi vida hayas estado tan cerca de mí. Gracias por hacer feliz a este viejo cura que sólo piensa en comer…

Ricardo, con el alma contrita, expresó con la voz quebrada…

-No viejo amigo, no… creo que la realidad es que Dios quiso acercarse a mí para hacerme llevaderos estos últimos años de vida, de mí vida… y se te metió dentro para poder hacerlo… quien debe dar las gracias soy yo, a ti y a Él…

-Ya están de sentimentales, dijo Lucía entrando en la intimidad de la charla. Dios está con todos y en todas partes… ya dejen de adjudicárselo ustedes… mejor pónganse a trabajar… exclamó en son de broma.

-Ahora sí… dijo asombrado el cura. Los patos le tiran a las escopetas… habrase visto! Pero tiene razón… vamos a dejarnos de sentimentalismos y vayamos a trabajar que bien que lo vas a necesitar…

Ambos se encaminaron al despacho del historiador y se encerraron.

 

Días después, la vida corría apacible hasta que...

-Norma!!!! Norma!!!! Pos’ónde andan? gritó más que llamar Carlos, el hijo de Ricardo.

-Ya… ya… ya… qué tanto grito?

-Es que no hay nadie en esta casa? Tenían la puerta abierta… bien podría metérseles un mañoso…

-Y eso es lo que entró!!! Un muchacho del demonio que no sabe respetar las canas… dijo enfático el sacerdote señalando con dedo de fuego al jovencito.

-Ganas debiera tener curita anciano… contestó el muchacho abriendo los brazos para recibir en un cariñoso abrazo al sacerdote… y ganas tenía ya de verlo, ensotanado sonsacador…

-Mira cómo se quieren, dijo Lucía que entró con una jarra de agua de limón sudando de fría.

-Sí… es amor del bueno, comentó Ricardo que salía del despacho ante la algarabía. Qué pasó hijo?

-Pues que ya están todos convocados para el viernes, como me dijiste por teléfono, y… adivina… adivina quiénes van a venir?

-Hummm.. pues quién sabe…

-Tu compadre Celerino y el líder Eloy…

-Vaya! Otro que tenía tiempo de no dejarse ver por esta su casa… y qué te dijo?

-Pues el del argüende fue Eloy, porque dijo que San José, aunque padre terrenal de Cristo, no se compara con San Judas, y Celerino le brincó de inmediato defendiendo a San José y casi se agarran a cachetadas!!! Total que Celerino lo retó a venir a tus pláticas para “que supiera quién era San José y no anduviera de chimolera”

-Já… todavía no empieza el asunto y ya causó polémica, señaló el Padre Julián… va a estar bueno… va a estar bueno…

-Ahhh… y quién más se ha apuntado

-Bueno, dijo Carlos haciendo cara de fuchi, mi vieja… Ana no quieres perderse la plática de este viejito quejumbroso… y obviamente Chucho… mi’jo…

-Oye… y qué ha sido de Fidel?

-Cuál Fidel? el de Silvia o el de tu hija Niza?

-Fidel y Gloria…

-Se fueron a vivir a Monterrey… nos conectamos por el face…

-La que ya me habló y dice que viene con Fidel y los muchachos es Niza… señaló Norma.

-También Narciso! agregó con alegre exclamación el Padre Julián…

-Cómo?, dijo fingiendo asombro Ricardo, estás seguro de que viene?

-Claro… es más… ya está aquí… llegó esta mañana pero fue primero a pasar revista…

-Curas! dijo jocoso el escritor…

-Pero te apuras!, dijo rimando el sacerdote.

Mientras se acomodaban todos a la mesa, el timbre de la puerta alborotó a Peque y Chiquis, las dos perritas –madre e hija– que eran la adoración de Norma y del escritor. La Peque llegó cuando Jazmín se fuera a estudiar a Canadá y la Chiquis fue el sobrante de una camada que se acomodó cuidadosamente con gente que les quisiera… pero Chiquis jamás se fue y se volvió parte de la familia que, por disposición divina, vino a complementar la Coqueta, una chihuahueña que fuese destinada a Pamela, la nieta, hija de Jaz, pero que también se quedó en casa de Ricardo.

-Hola familia! exclamó a guisa de saludo el Arzobispo Barrenechéa que entró al comedor con dos paquetes en sendas manos. Uno lo extendió a Lucía, la hermana del sacerdote, que le tomó con cuidado y entró a la cocina con él. El segundo, era un legajo que, ceremonioso, entregó a Ricardo.

-Aquí está lo prometido, dijo Barrenechéa. Viene completo porque pude conseguir una copia facsimilar del original

-Hombre!... gracias!... espetó el escritor tomando suavemente, casi con amor, el legajo. Jamás pensé que vinieras desde Guadalajara tú mismo a traerlo. Pasa, agregó, toma asiento… vamos a desayunar.

-Cuándo comienzas?

-Hoy… ya sabes, por la tarde…

-Puedo asistir? Bueno, al menos hoy porque no puedo alejarme mucho de mis obligaciones en la Perla Tapatía.

-Y para qué preguntas… bien sabes que sí… además, me servirá para orientarme el verte…

-Orientarte al verme? preguntó extrañado el prelado.

-Síííí… si pones cara seria… mejor le cambio al tono de la narración…

Todos festejaron la broma del escritor cuando las perritas volvieron al escándalo.

-Que la paz del Señor sea en esta casa… dijo ceremonioso el Padre Narciso al entrar… perdonarán el retraso pero estaba haciendo algunos trámites en la Mitra…

-Huy… exclamó Carlos… y qué? no tienes palancas? dijo haciendo una mueca para señalar con la mandíbula al Arzobispo.

-Nada de eso… señaló enfático Barrenechéa, en la iglesia no es como en el gobierno…

-Ajá… dijo Anita…

-Qué? les sabes algo o lo dices al tanteo? dijo Carlos con voz de broma.

-Oigan… ya saben que las galletitas saladas son horneadas? exclamó el Padre Julián haciendo oír su voz y parafraseando un comercial que muestra al protagonista diciendo eso para cambiar de tema ante un comentario incómodo.

-Éste si se la sacó!!! casi gritó Carlos.

-Carlos… Carlos… más respeto que, aunque tu amigo y mi amigo, es un sacerdote, indicó seriamente Ricardo.

-Déjalo, déjalo… agregó Julián en son de broma… pero se ha de condenar en los merititítos infiernos!

-Pues fíjate que no… respondió Carlos al tiempo que abrazaba al Arzobispo… porque estoy muy bien parado con el clero y tengo una absolución de por vida… no es cierto Su Santidad?

-Mira que yo también te voy a mandar al infierno por irrespetuoso! exclamó Barrenechea sonriente.

 

Esa tarde todo mundo se acomodaba para escuchar la nueva charla de Ricardo Álvarez Ayala, el conocido escritor que había dedicado su vida a las letras y la historia.

Julián y Narciso guardaban discretamente un lugar en la primera fila para el Señor Arzobispo. A la izquierda de Julián, estaba reservada otra silla, ésta para su hermana Lucía que, junto con Norma, atendía diligentemente a los que llegaban.

Muchas caras conocidas, como las de Gustavo, amigo de café de Ricardo, buen analista y gustoso del debate, o la de Alfonso, también amigo del café y librepensador, estaban presentes. El diputado Celerino y su esposa Doña Elvia, buenos amigos del escritor y su mujer también habían llegado. Muchos rostros conocidos, pero también pudieron notar a muchos otros desconocidos.

Carlos, siempre incisivo, no dejó de notarlo y se lo dijo a su padre.

-No te preocupes hijo… seguramente son invitados de alguno de nuestros amigos… Celerino o Eloy, que ya sabes arrastran gente hasta para estornudar…

-Pues por las dudas voy a estar pendiente jefe… no vayan a ser de esos alborotadores que ahora todo quieren destruir…

Gerardo, aquel poeta incrédulo que se convirtiera e incluso tomara los hábitos, se acercó en ese momento a Ricardo.

-Salud mi querido amigo… me avisaron de tu charla y no sólo no quise perdérmela, sino que me permití invitar a los integrantes de mis pastorales. Te anuncio oficialmente que, desde hace una semana, soy el auxiliar del Padre Ángel en la parroquia de la Sagrada Familia… tu amigo también, tengo entendido.

-Así es, muy mi amigo y un hombre al que respeto y admiro mucho por su dedicación. Pues buena es la noticia que me has dado… te felicito y tu gente es bienvenida…

-Ya decía yo que había algo sospechoso… dijo Carlos haciéndose el misterioso.

-Ahhh canijo chamaco… pero si todavía vives a pesar de los exorcismos que te hemos hecho… pues venga un abrazo que en verdad es un gusto verte… exclamó el Padre Gerardo lleno de verdadero júbilo al descubrir a Carlos, ex-cómplice de muchas travesuras en las que Ricardo era la víctima casi siempre.

-Pues pasen… pasen que ya vamos a comenzar… invitó Lucía tomando del brazo a Gerardo y acomodándolo atrás de su hermano.

 

-Como ya todos lo saben, esta ocasión vamos a hablar sobre José, el Padre terrenal de Jesús. Oficialmente, la información que existe sobre el esposo de María es raquítica, pero como he dicho otras veces… de dónde sale entonces la historia de José?

Desde la primera mitad del siglo II, la Iglesia ha reconocido cuatro evangelios canónicos, como parte integrante de las Sagradas Escrituras. Entre los cuatro evangelios, los tres primeros son los más antiguos y forman un grupo más estrecho entre sí, junto al cual el Evangelio Espiritual representa un tipo distinto.

Estos tres primeros evangelios reciben el nombre de sinópticos. Todos hacen comenzar la actividad pública de Jesús con la presentación y la predicación de penitencia de su predecesor, Juan Bautista, con el bautismo en el Jordán y las tentaciones de Jesús, y se limitan luego en el viaje a Jerusalén para la fiesta de la pascua, en que fue crucificado, a Galilea y sus alrededores.

La idea central de la hipótesis de la tradición es la de la existencia, al comienzo de la tradición evangélica, de un evangelio procedente de los apóstoles, arameo en un principio, no escrito.

Esta hipótesis, tiene que pasar por alto el más antiguo testimonio de la tradición, el prólogo del Evangelio de San Lucas, que habla de manera expresa de la existencia de muchos escritos evangélicos.

Los pasajes comunes a Mateo y Lucas no pueden ser explicados satisfactoriamente por la sola tradición oral y ello lleva a la conclusión de que Mateo y Lucas siguen en esta parte del evangelio una fuente común. Esta fuente redactada en lengua griega utilizada por ambos puede ser por su parte equiparada con una de las muchas traducciones del Mateo arameo a que se refiere Papías.

El Mateo griego no puede ser una simple traducción del original arameo, sino una elaboración del mismo, y ese podría ser la versión copta sobre la que nos vamos a referir.

Pero… quién es Mateo? Mateo es, probablemente, el publicano, el recaudador de impuestos al que Jesús llamó para formar parte de los doce apóstoles, por lo que es testigo directo de los hechos que narra. También es llamado en los Evangelios con el nombre de Leví. Probablemente fue un judío helenizado.

Su evangelio se escribió en su forma primitiva hacia los años 60-70 y su redacción definitiva se hizo hacia el año 80, probablemente por un discípulo.

El idioma empleado fue el arameo, la lengua utilizada por los judíos que vivían en Palestina. Se piensa que probablemente fue escrito en Siria, donde había mayor número de judíos cristianizados.

Era un Judío, al que odiaban los Judíos. Presenta a Jesucristo, el Mesías redentor prometido a Abraham, y el Rey salvador tan esperado desde David, como nos dice en su primer versículo: "El libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de Abraham" Así se cumplían en Jesús las dos más importantes alianzas de Dios con su Pueblo: El Pacto Davídico concerniente al reino, y el Pacto Abrahánico de la promesa de redención.

Mateo da comienzo a su Evangelio con la historia de la infancia de Jesús. Al principio ofrece la genealogía de Jesús, y luego narra su concepción milagrosa y su nacimiento en Belén, el homenaje de los magos, la huida a Egipto, la matanza de niños de Belén y el traslado de la sagrada familia a Nazaret. La segunda sección describe la preparación inmediata para la actividad pública de Jesús.

La segunda parte describe el desarrollo posterior de la predicación ambulante de Jesús.

La tercera parte contiene los últimos días de Jesús en Jerusalén, y la pasión.

El final del Evangelio lo forma el relato de la resurrección con la orden de misión y de bautismo.

En mi libro Quién Demonios es Cristo? -Editorial Sagitario Agosto del 2004- señalo que… la historia sagrada y los evangelios registran única-mente el capítulo I -de 32 originales- que es precisamente en el que Jesús anuncia su crucifixión y muerte, da la misión de evangelizar a los após-toles, a quienes manda a predicar a todas las nació-nes, y advierte que el fuerte no podrá salvarse por su fuerza ni el rico por sus riquezas. Pero... no incluye las dos últimas líneas de ese primer capítulo que dicen: “Ahora, escuchad, os contaré la historia de mi padre José, el viejo carpintero, bendecido por Dios”.

Es decir, que respecto al capítulo I de la historia copta contenida en el mal llamado Pseudo Mateo, la iglesia olvida no sólo estas dos líneas, sino el resto de su contenido.

Será pues, en esta charla, que conoceremos la historia completa de José, el padre terrenal de Jesús, basados en la historia copta, pero usando igualmente algunos pasajes de la tradición al árabe por que hay cierta identidad con nuestra forma de hablar actual.

Por esta noche… es suficiente… el Señor Arzobispo no puso mala cara, lo que quiere decir que voy bien… gracias a todos…

Las risas no se hicieron esperar por la alusión al Arzobispo que extendió los brazos para abrazar efusivamente al escritor.

-Claro que vas bien… por Cristo, con Él y en Él…

-Así sea Su Ilustrísima…

-Oye, te regresas hoy a Guadalajara?

-No… pasado mañana… quiero descansar un poco olvidándome de problemas… mañana pasaré toda la mañana meditando en el hotel y luego me vengo a escucharte…

-Hombre… gracias de nueva cuenta… que descanses.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una nueva sorpresa esperaba esa mañana al escritor. Jorge esposo de Lupita, la amiga de Norma que radicara en Mérida y muriese algunos años atrás, llegó acompañado de Jorgito y de los hijos de Ricardo radicados en Puebla. Ricardo hijo venía acompañado de Eva, su esposa y sus tres herederos: Lelie, Scarlett y Riqui; Niza, por su parte, venía con Fidel, su marido, y sus dos hijos: Xavier y Azuany.

Norma, como siempre, atenta con todo mundo, ayudada por Lucía preparó un desayuno digno de los visitantes.

Cuando Julián salió de sus habitaciones, exclamó asombrado:

-Vaya multitud!!!! De dónde salieron tantos fariseos? dijo jocoso abrazando a Niza y pasando a los demás.

-Sabes qué? dijo Jazmín que acababa de llegar. Aquí no van a caber todos… me voy a llevar a algunos para la casa…

Julián no dejó de observar que Ricardo se enderezaba con dificultad al levantarse de la silla. Le hizo un gesto a Lucía que contestó con un levantamiento de hombros.

-Es su espalda… dijo Norma que había alcanzado a ver el silencioso diálogo entre el sacerdote y su hermana. Desde ayer anda así… ya se está tomando sus chochitos homeopáticos y anoche le puse la pomada de árnica… pero ya saben... de reposo, nada!

-No papá, dijo Niza seria, debes de darte tus tiempos para descansar… si no… te nos vas a ir antes de tiempo!!!

Sabía que su propio padre bromeaba siempre en lo que a sus muy escazas molestias presentaba a pesar de su edad.

-No... dijo él… lo que pasa es que supe que los bastones los dan más baratos del metro para abajo….

-Gracioso! dijo Norma… tú siempre haciendo chistes de tus males… pero vas a ver el día que te quedes tieso!!!

-No te preocupes, exclamó el Padre Julián, yo te lo enderezo a punta de cachetadas!!!!

Todos rieron con la broma.

 

 

Cerca de las cuatro de la tarde, Ricardo hizo su aparición al frente del ya numeroso grupo que escucharía su charla. Todos guardaron silencio en cuanto se detuvo al centro.

-En el monte de los Olivos nuestro Salvador refirió a los apóstoles su vida por entero. Y los mismos apóstoles escribieron sus palabras, y las depositaron en la Biblioteca de Jerusalén.

Su capítulo I les sonará conocido porque es el único que está incrustado en el evangelio de Mateo. Y dice:

Y llegó un día en que, hallándose nuestro buen Señor sentado en el Monte de los Olivos y sus discípulos reunidos en torno suyo, les habló en estos términos: Queridos hermanos, hijos de mi buen Padre, vosotros, a quienes Él ha elegido para heraldos suyos entre el mundo entero, sabéis bien cuán a menudo os he predicho que seré crucificado; que gustará la muerte por todos; que resucitaré de entre los muertos; que os daré el encargo de predicar el Evangelio, a fin de que lo anunciéis en el mundo entero; que os investiré de una fuerza venida de lo alto, y que os llenará del Espíritu Santo, para que predi-quéis a todas las naciones, diciéndoles: Haced penitencia, porque más vale al hombre hallar un vaso de agua en la vida venidera que gozar en ésta de todos los bienes del mundo y, además, el lugar que ocupa la planta de un pie en el reino de mi Padre vale más que todas las riquezas de este mundo y, a más, una hora de los justos que se regocijan vale más que cien años de los pecadores que lloran y se lamentan. Así, pues, ¡oh mis miembros gloriosos!, cuando vayáis entre los pueblos, dirigidles esta enseñanza: Con balanza justa y justo peso mi Padre pesará vuestra conducta. Una sola palabra que hayáis dicho os será examinada. Así como no hay medio de escapar a la muerte, tampoco lo hay de escapar a nuestros actos buenos o malos. Mas cuanto yo os he dicho termina en esto: el fuerte no se puede salvar por su fuerza, ni el hombre por la multitud de sus riquezas. Y escuchad ahora, que os contaré la historia de mi padre José, el viejo carpintero, bendito de Dios.

Y es aquí que en realidad inicia el relato de la vida de José, aunque podrán ver que no es tan completo como quisiéramos, pues la narración inicia con su vida adulta…

Había un hombre llamado José, natural de la villa de Bethlehem, la de los judíos, que es la villa del rey David...

-Yo leí por ahí que se le ubica en Belém sólo para dar cumplimiento a la profecía de que Jesús era descendiente de David… dijo interrumpiendo Celerino.

-Se dicen muchas cosas, pero debemos basarnos a lo que, escrito, ha trascendido a través de los años, como este evangelio copto. Se dice también, por ejemplo, que José era un humilde carpintero, sin embargo, era muy instruido en la sabiduría y en el arte de la construcción.

En la traducción árabe, esas mismas líneas dicen que José: “estaba excelentemente bien instruido en las ciencias, y fue sacerdote en el templo del Señor”. Aquí, lo que no podría estar muy acorde a los evangelios aceptados es que José no era “el pobre” que nos quieren hacer conocer.

Pero no sólo eso… si se fijan, dice en la versión copta era muy instruido en la sabiduría y en el arte de la construcción… y en la traducción al árabe… bien instruido en las ciencias, y fue sacerdote en el templo del Señor.

No nos dice que era carpintero, así, propiamente o directamente dicho, pero si respondemos a la tradición, cuando menos no era un carpintero común y corriente, era –como los conocemos hoy– un ebanista, un artista en las ciencias de la madera. Pero aún más importante, porque eso nos explica muchas cosas respecto a su relación con María, la traducción al árabe señala que fue sacerdote en el templo del Señor!

Ambas afirmaciones nos arrojan otra deducción más que lógica: que no era un ignorante o analfabeto, sino un hombre ilustrado. Y hablar de un hombre ilustrado en esas épocas era como hablar de un garbanzo de a libra!

 

La narrativa sigue diciendo: Este hombre llamado José desposó a una mujer en la unión de un santo matrimonio, y le dio hijos e hijas: cuatro varones y dos hembras. He aquí sus nombres: Judá, Josetos, Simeón y Jacobo… o Santiago, que más tarde fuese Santiago el Menor, discípulo del propio Jesús.  Los nombre de las muchachas eran Lisia y Lidia. La mujer de José murió, según ley de todo nacido, dejando a su hijo Santiago de corta edad y José, varón justo, glorificaba a Dios en todas sus obras. E iba fuera de su villa natal a ejercer el oficio de carpintero, con dos de sus hijos, porque vivían del trabajo de sus manos, según la ley de Moisés. Y este hombre justo de que hablo es mi padre carnal, a quien mi madre María fue unida como esposa.

En el evangelio del pseudo-Mateo, ese que enviaron los obispos a San Jerónimo para su traducción, viene un relato adjudicado a Santiago, el hijo de José que narra la concepción, nacimiento e infancia de María, y que ahora sabemos forma parte del todo que estamos analizando.

 

Y Jesús continúa contando a sus discípulos: Mientras mi padre José vivía en viudedad, María, mi madre, buena y bendita en todo modo, estaba en el templo, consagrada a su servicio en la santidad. Tenía entonces la edad de doce años y había pasado tres en la casa de sus padres y nueve en el templo del Señor. Viendo los sacerdotes que la Virgen practicaba el ascetismo, y que permanecía en el temor del Señor, deliberaron entre sí y se dijeron: Busquemos un hombre de bien para desposarla, no sea que el caso ordinario de las mujeres le ocurra en el templo y seamos culpables de un gran pecado.

-A qué se referían con eso del caso ordinario de las mujeres? preguntó Doña Elvia.

-A la menstruación pues… espetó Carlos con su eterna broma.

-Así es, concretó Ricardo, sólo que se referían a que las vírgenes que servían en el templo no podían estar al servicio de Dios si llegaban a convertirse en mujeres –su primera menstruación marcaba este término– por lo que, antes de que esto sucediera, les buscaban a un hombre bueno para desposarlas.

Entonces –siguen contando el propio Jesús- convocaron a la tribu de Judá, que habían elegido entre las doce, echando a suertes. Y la suerte correspondió al buen viejo José, mi padre carnal. Y los sacerdotes dijeron a mi madre, la Virgen bendita: Vete con José y obedécele, hasta que llegue el tiempo en que efectúes el casamiento. Mi padre José acogió a María en su casa, y ella, encontrando al pequeño Jacobo-Santiago con la tristeza del huérfano, se encargó de educarlo, y por esto se llamó a María madre de Jacobo. Luego que José la hubo recibido, se puso en viaje hacia el lugar en que ejercía su oficio de carpintero. Y, en su casa, Ma-ría, mi madre, pasó dos años hasta que llegó el buen momento.

En este punto, Jesús resume así el entonces largo procedimiento que se realizaba para llegar al matrimonio. Creo que es pertinente que agreguemos que, pasados esos dos años, María contrae matrimonio con José, aunque hay cierta contradicción de fechas pues, recordando que un embarazo dura nueve meses, Jesús señala: En el catorceno año de su edad, vine al mundo de mi propia voluntad, y entré en ella, yo, Jesús, vuestra vida. Si tenía doce cuando le fue entregada a José, y pasaron los dos años que debían pasar para la boda, Jesús tendría que haber nacido cuando Ella tenía quince –no catorce– años. Pero sea este detalle tomado como propio de los enredos del tiempo.

Jesús también se salta los detalles de que José, obligado por su trabajo, parte a otras tierras dejando a María a cargo de su casa, y sigue la narración señalando que: Cuando llevaba tres meses encinta, el cándido José volvió de su viaje y, encontrando a la Virgen embarazada, se turbó, tuvo miedo y pensó despedirla en secreto y, a causa del disgusto, no comió ni bebió en todo aquel día.

-A ver… reclamó Calixto, amigo de Ricardo pero fundador de una secta religiosa cristiana… cuando José se fue de viaje ya se había casado? Porque si no, pues yo la devuelvo a los sacerdotes en cuanto me diera cuenta de que estaba embarazada y no por mí…

-Mira, si el matrimonio de San José con La Santísima Virgen ocurrió antes o después de la Encarnación, aún es discutido por los exegetas. La mayoría de los comentadores, siguiendo a Santo Tomás, opinan que en la Anunciación, la Virgen María estaba sólo prometida a José. Santo Tomás observa que esta interpretación encaja mejor con los datos bíblicos.

Sin embargo, yo pienso que sí ya estaban casados desde el momento en que José se siente –de principio– traicionado pero se resiste a dejarla. Incluso exige una explicación que, según el propio Jesús es: mediada la noche, he aquí que Gabriel, el arcángel de la alegría, vino a él en una visión, por mandato de mi Padre, y le dijo: José, hijo de David, no temas admitir a María, tu esposa, porque aquel que ella parirá ha salido del Espíritu Santo. Y se le llamará Jesús, y Él es quien apacentará y guiará a todos los pueblos con un cetro de hierro. Y el ángel se alejó de él, y José se levantó, hizo como el ángel le había ordenado y recibió a María junto a sí.

Recalco la parte en que dice: María… tu esposa… porque esa frase podría, por sí misma, ser la aclaración que buscamos.

Pero según esta señora a mi lado la verdad es que es hora de degustar unos sabrosos tamalitos surianos, un atolito con el dedo, y unos bolillos de relleno… así es que pasen a las mesas que es una forma de agradecer su compañía.

Celerino se le acercó al escritor y comentó el tema de la intensa violencia que estaba sufriendo el país y, principalmente, Acapulco.

-Algo tenemos que hacer, le dijo preocupado.

-Bueno… toca a ustedes, los legisladores adecuar las leyes y, a las autoridades, aplicarlas con rigor…

-Francamente… creo que la maldad ha penetrado incluso a esas “autoridades” señaló con pena y sinceridad el Diputado...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como si fuera un acicate, lo primero que vio Ricardo esa mañana en la televisión fue la infausta noticia: “Doce ejecutados fue el saldo sangriento del día de ayer….”

Se quedó cavilando y, sin pensarlo mucho, tomó el teléfono y llamó a Calerino.

-Compadre… estuve analizando lo que me dijiste ayer… tengo una idea que me gustaría compartir contigo esta tarde… podrás quedarte un rato más?

-Claro que sí compadre… contestó con entusiasmo el legislador.

Lo mismo hizo con algunos más de sus amigos.

 

-Buenas tardes a todos… gracias por estar conmigo nuevamente. Antes de continuar con la historia de José, me gustaría hacer algunas reflexiones.

Muchos estudiosos, sobre todo religiosos, es decir, gente del clero, como los frailes josefinos o los carmelitas descalzos, ha escrito infinidad de obras sobre San José, pero en las que la espiritualidad es firme impulsora de sus análisis. Algunos, incluso, llegan a negar la existencia de la información de la que hablamos y en la que basamos esta charla.

Es natural que todavía muchos de los integrantes del clero naveguen en ideas cerradas y no acepten todos esos testimonios que nos dejaron pero que, por conveniencias propias de su época, quienes armaron la Biblia hicieron a un lado.

La Iglesia en sí, como institución, ha entendido que debe abrirse –no modernizarse, como algunos protestan– sino abrirse, aceptar lo que existe a pesar de que lo hayan escondido.

Paulo VI inicia esta apertura que acoge con fervor Juan Pablo II y –espántense ustedes– el mismísimo Benedicto XVI, que brotara como Papa desde las oficinas de la Defensa de la Fe y que bien podría haberse pensado frenaría con rabia esa apertura.

Sin embargo, lo hizo… y lo hizo tan firmemente que, al verse acosado y amenazado, renunció… y renunció contra toda su voluntad… pero llegó Francisco, y con ese coraje que caracteriza a los latinoamericanos, dijo Basta!

E inició su lucha… aún a sabiendas de que también sería amenazado… mucha gente se pregunta porqué Francisco no aceptó quedarse en los aposentos papales… por eso mismo… por seguridad, para estar lejos de la posibilidad de ser envenenado, como aseguran se hizo con Juan Pablo I que apenas duró un mes en el trono papal.

Nadie puede asegurar nada… pero bien dicen que cuando el río suena, piedras lleva. Que casualidad que muere –o renuncia– el que quiere poner orden en las cosas! Yo, en lo personal, ruego porque Francisco cruce indemne por ese mar de intrigas y degradación.

-Ya ves… tú mismo me das la razón! exclamó Calixto. La iglesia católica está podrida!...

-Un momento… no generalicemos… si te refieres a los pederastas bien puedo decirte que los hay –y en mayor número– en nuestra propia sociedad. Es más, yo me atrevo a decirte que dentro de la curia hay también sevicia, envidias, robos, abusos, y hasta asesinatos! Pero no es más que parte de la degradación social en la que hemos caído… Pero como dice el slogan: los buenos somos más! Así entre los curas, los buenos son más, muchos más, y ahora tienen un líder valiente y honesto: Francisco.

Primero, les cortó las alas económicas, pues les quitó –a quienes lo detentaban– el poder y control del Banco Ambrosiano, una entidad católica e italiana -fundada en 1896, en Milán, Italia, por monseñor Giuseppe Tovini– cuyo nombre es en honor a San Ambrosio, el arzobispo del cuarto siglo de esa ciudad. El banco es también llamado el banco de los sacerdotes. Su misión, era servir a organizaciones morales, trabajos piadosos, y cuerpos religiosos instalados para las ayudas caritativas, pero un grupo de purpurados lo utilizó para obtener ganancias millonarias y, con ello, poder dentro del Vaticano.

Luego, Francisco comenzó a atizar con índice de fuego a los clérigos que rompían los cánones sagrados, especialmente a los pederastas; pero no se conformó con eso, también fustigó a quienes les prote-gían y acaba de disponer cárcel para unos y otros. Con él no se juega… sólo así se puede mantener una iglesia limpia. Eso mismo, mi buen Calixto, necesita nuestra sociedad: limpieza, moralidad, rescate de valores. No seguir tolerando las desviaciones y la delincuencia.

Han sido los últimos Papas quienes, con toda seguridad, han permitido se filtren a la luz pública todos esos “apócrifos” que nuestra sociedad actual ni siquiera sabía que existieran y, con ellos, muchas verdades que se sabían a medias.

-Cómo cuáles, preguntó Jorge.

-Como el que estamos viendo.. o el que ya hemos comentado, los nombres de los padres de la Virgen María… Joaquín y Ana… que se mencionan en los apócrifos y la iglesia cita desde hace muchos años, pero dicen simplemente que “es una tradición piadosa que la iglesia nos conserva”… sí… pero de dónde la conserva? Pues de un apócrifo!.

Recuerden siempre y antes que nada que apócrifo no significa falso, sino secreto… «palabras ocultas» en griego, apokryphos.

Lo curioso de todo es que la propia ciencia se ha encargado de ir demostrando la veracidad de los relatos contenidos tanto en la Biblia como en los apócrifos, y ahora, con la atingencia de Francisco, mucho se rumora ya de la posibilidad de un Concilio Canónico…

-Qué significa eso Ricardo? cuestionó realmente interesado Rafael.

-Simplemente… un concilio en el que se revisen los cánones… en el que puede existir la posibilidad de agregar los apócrifos –si no todos, una buena parte– a la propia Biblia…

-Es decir que tendríamos una nueva Biblia? dijo más que cuestionar Norma toda asombrada…

-Así es… y yo, en lo personal, estoy totalmente de acuerdo con ello. Las necesidades de la iglesia no son las mismas que hace más de 1600 años…

-Ya… a poco tenemos la misma Biblia desde hace 1600 años? preguntó en tono bromista Carlos.

-La Biblia nace en el Sínodo de Roma en el 382 d.c. Dicho canon consta de 73 libros: 46 constitutivos del llamado Antiguo Testamento, incluyendo 7 libros llamados actualmente Deuterocanónicos (To-bit, Judit, I Macabeos, II Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico y Baruc) ―que han sido impugnados por judíos y protestantes― y 27 del Nuevo Testamento. Fue confirmado en el Concilio de Hipona en el año 393, y ratificado en el Concilio III de Cartago en el año 397, y el IV Concilio de Cartago, en el año 419.

Cuando reformadores protestantes lo impugnaron, el canon católico fue nuevamente confirmado por decreto en la cuarta sesión del Concilio de Trento del 8 de abril de 1546. Ninguna de estas decisiones fue reconocida ni asumida por muchos protestantes, surgidos a partir del siglo XVI, ni por distintas denominaciones vinculadas al protestantismo surgidas a partir del siglo XIX.

Pero no crean que todos aceptaron la Biblia como tal. El canon de las biblias cristianas ortodoxas es aún más amplio que el canon de las biblias católicas romanas, e incluye el Salmo 151, la Oración de Manasés, el Libro III de Esdras y el Libro III de los macabeos. En adición a estos, el Libro IV de Esdras y el Libro IV de los macabeos figuran, asimismo, como apéndices en muchas importantes versiones y ediciones de la Biblia cristiana ortodoxa.

La palabra canon significa ‘regla’ o ‘medida’, así que se le llama canon bíblico al conjunto de libros que integran la Biblia.

Naturalmente que un Concilio Canónico lo que cambiaría sería el Nuevo Testamento, pues los apócrifos son referentes a ello, a la vida de Jesús, su paso por esta tierra y lo relacionado a la época en que vivió.

Durante algún tiempo, varios de esos escritos fueron tenidos como canónicos por comunidades o grupos del judaísmo o del cristianismo. Más aún, algunos de ellos dejaron su huella en textos y celebraciones litúrgicas y en la piedad popular. Si bien muchos textos apócrifos permearon ciertos aspectos de la liturgia y de la piedad de los fieles cristianos, las Iglesias cristianas históricas tienden a considerar que los materiales apócrifos en general no aportan contenidos de relevancia para la fe de los creyentes. Sin embargo, los estudiosos y especialistas de las propias Iglesias consideran que el estudio de los evangelios apócrifos puede ser útil para conocer el pensamiento y la forma de expresión de la fe que tuvieron ciertos grupos judíos o cristianos en momentos específicos de la Historia.

-Hay muchos evangelios apócrifos? indagó Anita, la esposa de Carlos.

-Sí… hasta este momento, más de 50… y digo hasta este momento porque se han ido descubriendo a lo largo del tiempo. Muchos, que ya circulaban entre la conseja popular, vieron refirmados sus textos al descubrirse en Nag Hammadi sus originales y otros más desconocidos. El último encontrado es el Evangelio de Judas.

Enumerar cada uno y su contenido podría ser largo y tedioso, pero puedo decirles que hay escritos de María Magdalena, esposa de Cristo y líder de los apóstoles, de Tomás, de Juan, de Santiago… en fin… cortos o largos, todos y cada uno de ellos aportan algo al conocimiento de nuestra religión, sus normas, el paso de Jesús por esta vida, e incluso de los primeros años del cristianismo.

Tomás, por ejemplo, dedica su evangelio completo a la infancia de Jesús y nos narra hechos de los que la propia iglesia ha hablado, como es el milagro de los pájaros de barro… la iglesia niega esos evangelios… pero saca información de ellos y la difunde…

El Liber de infantia Salvatoris -libro de la infancia del Salvador- o Libro de la Natividad de María es uno más de los denominados Evangelios Apócrifos, y trata de la Natividad de María, atribuido durante la Edad Media a San Jerónimo, aunque seguramente fue escrito por un autor anónimo durante la época de Carlomagno. Antonio Piñero lo data del siglo IX. Se encuentra íntegramente incluido en la "leyenda Aures" (Leyenda Dorada). Se trata de una relación apocopada de la misma temática que contenía el llamado Evangelio del Pseudo Mateo –que repito, es en el que basamos nuestra charla- libro muchísimo más amplio y de origen ciertamente más antiguo. El propio autor inicia la narración explicando que las cosas que va a relatar las leyó en otro lado, aunque confiesa que se le han borrado de la memoria muchos detalles.

El estilo es de una gran llaneza, casi infantil. Se limita a relatar con extremada concisión los hechos principales de la vida de San Joaquín y de Santa Ana, la Natividad de María, su vida en el templo, su matrimonio con San José y, finalmente, la Anunciación y el Nacimiento del Niño Jesús, con cuya sola mención se cierra el libro. En este libro, al contrario que en otros Evangelios Apócrifos, el portal donde tiene el lugar el nacimiento del Niño Jesús se encuentra dentro de la ciudad y es elegido por San José, no porque no haya lugar para quedarse dentro del pueblo, si no debido a la necesidad de tranquilidad por parte de María.

La iglesia, cuestionada respecto a de dónde surgen los nombres de los padres de María, reconoce que: “Ciertamente, esta tradición parece tener su fundamento último en el llamado Protoevangelio de Santiago, en el Evangelio de la Natividad de Santa María y el Pseudomateo o Libro de la Natividad de Santa María la Virgen y de la infancia del Salvador; este origen es normal que levantara sospechas bastante fundadas.

No debería olvidarse, sin embargo, que el carácter apócrifo de tales escritos, es decir, su exclusión del canon y su falta de autenticidad no conlleva el prescindir totalmente de sus aportaciones”.

Una iglesia, conocida en distintas épocas como Santa María, Santa María ubi nata est, Santa María in Probática, Sagrada Probática y Santa Ana fue edificada en el siglo IV, posiblemente por Santa Elena, en el lugar de la casa de San Joaquín y Santa Ana, y sus tumbas fueron allí veneradas hasta finales del siglo IX, en que fue convertida en una escuela musulmana.

La cripta que contenía en otro tiempo las sagradas tumbas fue redescubierta en 1889. San Joaquín fue honrado muy pronto por los griegos, que celebran su fiesta al día siguiente de la de la Natividad de Nuestra Señora. Los latinos tardaron en incluirlo en su calendario, donde le correspondió unas veces el 16 de septiembre y otras el 9 de diciembre.

Asociado por Julio II -el de la capilla Sixtina- al 20 de marzo, la solemnidad fue suprimida unos cinco años después, y restaurada por Gregorio XV en 1622, fijada por Clemente XII en 1738 en el domingo posterior a la Asunción, y fue finalmente León XIII quien, el 1 de agosto de 1879, dignificó la fiesta de estos esposos que se celebró por separado hasta la última reforma litúrgica.

Santa Ana es la patrona de Bretaña. Su imagen milagrosa es venerada en Notre Dame d´Auray, en la diócesis de Vannes. También en Canadá -donde es la patrona principal de la provincia de Québec- el santuario de Santa Ana de Beaupré es muy famoso.

Con todo esto, lo que quiero decirles es que la iglesia no es infalible, cierto, pero reconoce sus errores. Hoy se abre ante la palabra rechazada, y combate con templanza la degradación en que han caído algunos de sus miembros… eso, señores, es lo que importa. Hasta mañana.

 

Al terminar la charla, Celerino, su mujer, Narciso, Jorge, Rafael, Carlos, Gerardo, Gustavo y Calixto, se reunieron con Ricardo y Julián en el comedor de la casa.

-A ver viejito… suéltala… de qué se trata? exclamó Carlos con su proverbial cotorreo…

-Miren… mi compadre Celerino me hizo abrir los ojos sobre la ola de violencia que estamos sufriendo…

-Y que va para doce años…!!! exclamó Gerardo.

-Cierto… pues bien… estuve pensando y no podemos hacer nada como lo que están haciendo otros grupos en el país… como armarnos o tomar la justicia en nuestras manos… así que… encontré una alternativa porque tampoco podemos quedarnos de manos cruzadas…

-Y de qué se trata Ricardo? preguntó Rafael.

-De crear un firme programa de rescate de valores encaminado a los niños…

-A los niños? cuestionó Doña Elvia. Si los de la maña son grandulones… no niños…

-Cierto Doña Elvia, pero debemos recordar que la degradación social se da tres generaciones atrás, prácticamente empieza con el movimiento hippie… aunque se venía gestando desde principios del siglo XX… ahora bien, no podemos enderezar al árbol torcido, pero sí podemos evitar que el nuevo arbolito se tuerza…

-Bien pensado. querido amigo… cuenta conmigo, dijo enfático Julián.

Los demás dieron su beneplácito a la idea.

-Ajá… y cómo le vamos a hacer? interrogó Carlos medio serio.

-En su casa, con calma, plasmen en un cuaderno las ideas que se les vengan a la cabeza por muy locas o irrealizables que crean son éstas… y este fin de semana nos volvemos a reunir para escucharlas y analizarlas...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Julián preguntó por Ricardo al no verlo en la mesa. No se había levantado.

-Casi no durmió, dijo Norma, se la pasó la mitad de la noche escribiendo y la otra mitad dando vueltas en la cama…

-A ver si no se enferma, dijo meditabundo el sacerdote.

-Déjenlo descansar ahorita que tomó buen sueño, terció Lucía.

 

El escritor se levantó cerca de la una de la tarde. Cuando entró a la sala todo mundo estaba haciendo lo suyo muy calladitos.

-Y ahora? Porqué me dejaron dormir hasta estas horas? reclamó amistosamente.

-Necesitabas descansar replicó Norma.

-Además, dijo Julián en tono de regaño paternal, que necesita uno ir a despertar a semejante labregón? No chiquito, cada quien sabe sus obligaciones y debe cumplirlas! Que se te antoja levantarte a la una… pues te levantas a la una y ya! Total… qué va a sufrir el mundo porque Ricardito no va a estar despierto a las once?

-Bueno… y a éste qué gallo le picó dijo riendo el escritor…

-Cállate! No ves que te estoy defendiendo? señaló el cura en tono de complicidad…

-Ahhh ta’gueno, dijo infantil el escritor.

-Vas a desayunar? preguntó Norma.

-Por favor…

 

Por la tarde, Ricardo empezó diciendo:

-Para cerrar lo que reflexionamos ayer, sólo quiero decirles que en la Enciclopedia Católica, al hablar de San José dice literalmente:

“No será poco interesante de recordar acá, a pesar de lo poco confiable que son, las extensas historias concernientes al matrimonio de San José que podemos encontrar en los escritos apócrifos. Cuando contaba con cuarenta años de edad, José desposó a una mujer llamada Melcha o Escha para algunos, Salomé para otros, con quien convivió cuarenta y nueve años y con quien tuvo seis chicos, dos hijas y cuatro hijos, el menor de los cuales fue Santiago (el Menor, llamado “el hermano del Señor”). Un año después de la muerte de su esposa, cuando los sacerdotes anunciaron por toda la Judea que ellos deseaban encontrar en la tribu de Judá algún hombre respetable para desposar a María, de entonces doce a catorce años de edad, José, quien ya tenía en dicho momento noventa años, fue a Jerusalén entre los candidatos, un milagro manifestó la elección de José realizada por Dios, y dos años después la Anunciación tuvo lugar. Estos sueños, como los caracteriza San Jerónimo, a partir de los cuales varios artistas cristianos han dibujado su inspiración (ver, por ejemplo, “Los Esponsales de la Virgen” de Rafael que ilustra estas páginas), están viciados en su autoridad; a pesar de ello adquirieron con el correr de los años cierta popularidad, en ellos algunos escritores eclesiásticos buscaban la respuesta a la bien conocida dificultad surgida a partir de la mención en los Evangelios de “los hermanos del Señor”, de ellos también la credulidad popular, contrariamente a toda probabilidad así como también a la tradición atestiguada por viejos trabajos artísticos, ha retenido la creencia de que San José era un hombre anciano en el momento de su matrimonio con la Madre de Dios”.

Y así, aunque no lo aceptan del todo, lo mencionan y se justifican diciendo que lo citado por ellos brota de esos apócrifos. En otras palabras, la Iglesia, como institución, empieza a reconocer la validez y credibilidad de los apócrifos. Si bien desde siempre hemos defendido esa validez, hoy más que nunca.

Antes de continuar con la vida en pareja de José y María quiero volver a dejar en claro que Nuestro Señor Jesucristo contó esto a sus discípulos en el monte de los Olivos, y también les contó toda la carrera de José en el mundo, y la manera como terminó sus días. Los apóstoles conservaron tan santos discursos, los escribieron y los depositaron en la Biblioteca de Jerusalén.

Ahora bien, lo que ninguno describió, ni los discípulos ni el propio Jesús, fue el conflicto moral en el que debe haber caído el pobre José cuando encontró a María embarazada. Y vamos por partes.

Si suponemos que no se habían casado, que aún corría el término aquel de dos años en el que José debía respetar integra y totalmente a la Virgen María, no sólo era la vergüenza social a la que se enfrentaba, sino a su responsabilidad como sacerdote ante sus colegas. Cómo podía ser que no hubiese cumplido con respetarla?

Por otra parte, si suponemos que ya se hubiesen casado, de todas formas su problema era social. Qué iban a decir las gentes de un hombre anciano y presumiblemente ya estéril al que la esposa se le embarazaba? Pero lo peor de todo… cómo se sentiría al considerar que María le había traicionado?

Algunos detractores de la Virgen se han atrevido a usar este momento para “afirmar” que María engañó a José al tener relaciones con un legionario romano durante la ausencia de su marido. Esto, indudablemente, es falso por una simple y sencilla razón: en primer lugar, a María la cuidaban los hijos de José, entre los que –como ya hemos visto– ha-bían dos mujeres y, en segunda, porque a los legionarios romanos les tenían estrictamente prohibido –por razones de Estado– el tener relaciones con las judías.

Sin embargo, José ya tenía un antecedente de que la unión con María tendría algo de divino, desde el momento mismo en que aquella vara, su vara, de entre las de todos los sacerdotes aspirantes a cuidar y/o desposar a la virgen, había sido la única que reverdeciera.

Esta es otra de las tradiciones que van ligadas con nuestro santo. Se cuenta que mientras José estaba en el templo junto a los otros jefes –sacerdotes- de las 12 familias para encontrar esposo a María en profunda oración, su vara seca o bastón que sostenía entre sus manos floreció y al mismo tiempo una paloma blanca descendió sobre su cabeza. Este acto, simboliza el deseo de Dios en que José fuera el esposo de María. Incluso es, precisamente, la vara florida y el Niño Jesús los atributos que se presentan en muchas de las representaciones de San José.

Luego entonces no tendría nada de raro que José recibiera en sueños al Arcángel Gabriel y escuchar sus explicaciones sobre el embarazo de María.

-Pues yo no me la creería tan fácil… comentó con cierta sorna Alfonso, el librepensador amigo de Ricardo.

-Bueno… debe considerarse que hoy vivimos en una sociedad decadente en la que la religión se ha vuelto “el opio del pueblo” como tú y tus librepensadores amigos la califican, y mucha gente ha visto debilitada su fe… pero... en ese entonces… las creencias religiosas estaban muy arraigadas, sobre todo en los judíos que creían en los sucesos sobrenaturales sin chistar siquiera. Nadie habla, por ejemplo, de que los demás sacerdotes se hubiesen escandalizado ante el milagro de la vara de José. Lo vieron, lo vivieron, y lo aceptaron… porque la fe era parte de la vida diaria…

-Y de qué planta era la vara de San José? cuestionó con cierta timidez Azuani, la hija de Niza.

-La mayor parte de los autores coinciden en que era una vara de nardo… incluso, en muchas partes del mundo, al nardo se le conoce como vara de San José, y consideran su flor blanca como símbolo de pureza.

Han oído alguna vez la expresión: padre virginal?. Sin duda la fe de San José en la palabra del Señor poco tiene que envidiar a la de su tronco ni al sueño de Jacob. José hijo de Elí, Jacob, Abraham…

No, la fe de José fue firme, grande, podemos decir que absoluta, pues sin duda alguna toma a Ma-ría y la reconoce como la esposa que es… su inte-rior humano le había hecho dudar por un momento en el que incluso pensó en dejarla… pero la intervención de Gabriel fue oportuna.

Y María, que sufriera igualmente el inmenso temor de que su marido le fuese a rechazar, se convirtió en la amantísima madre de Santiago el menor y los demás hijos de José.

Así, José se constituye en uno de los tres pilares que componen la familia cristiana modelo, tanto en su aspecto interno, en las relaciones entre los distintos miembros que la integran, como en el externo, la familia en la sociedad.

Se puede afirmar que José no era padre adoptivo en sentido estricto pues no hubo ninguna adopción, ningún negocio jurídico equivalente a ello. José fue la persona que, según la tradición cristiana, Dios eligió para constituir una familia para Jesús. Y tal familia se caracterizó por sólo tres elementos, destacando que de ellos, José asumió el rol paterno.

José, un hombre justo, se caracterizó en sus relaciones familiares, por dar un trato de máximo respeto y apoyo a María y por servir de modelo, por voluntad de Dios, a Jesús. Son estas notas las que constituyen el aspecto fundamental de la familia cristiana vista internamente. Y nos llevan a afirmar que José es una de las figuras centrales del cristianismo, un hombre excepcional.

Un hombre justo que, de pronto, ve modificados sus planes y su historia. Conoce la Ley de su pueblo, pero intenta ser humano. Una decisión suya, muy legal y razonable por cierto, puede dejar a María a merced de las críticas y las condenas de las gentes. La razón y la fe no se oponen, sino que colaboran para hacer posible el proyecto del Espíritu. José recibe una misión importante. Él hará posible el cumplimiento de las antiguas profecías. Él habrá de dar al hijo de María un nombre que cambiará la historia. Se llamará Jesús, que significa “Dios salva”.

Mañana comentaremos el viaje a Belén para el empadronamiento. Un viaje obligado que se tornaba riesgoso porque María estaba ya a punto de dar a luz… buenas noches a todos!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

-Ricardo… me tomé la libertad de invitar a Narciso a desayunar… debe de ir mañana a la que fue mi parroquia para despachar un par de asuntos, pero el sábado está de vuelta…

-Esta es tu casa y puedes disponer de ella como mejor te plazca Julián… ya te lo he dicho… señaló sinceramente el escritor al tiempo que abrazaba amorosamente a Norma, su esposa.

No bien terminaba de decirlo cuando el Padre Narciso saludaba alegremente tras de que Riqui, el pequeño nieto de Ricardo le abriera la puerta.

-Salud a todos los presentes… que el Señor esté con todos Ustedes...

-Buenos días, corearon todos…

-Oye papá, dijo Niza extrañada, que no este señor es el curita ese que soliviantaba al pueblo para “exterminar” a los “traidores” que se pasaban a las filas de los ateos?

-Ese mero, pero ya domado!!!! dijo Julián, lo que causó la hilaridad de todos.

-Más respeto… más respeto! clamó el cura levantando los brazos. No vaya a ser que me acuerde de aquellos tiempos y exija yo la excomunión de todos ustedes… empezando por el escandaloso de Carlos! gritó al tiempo que le rodeaba la cabeza y fingía darle un par de coscorrones.

-Bueno…. bueno… ya estuvo bien de jelengue… a desayunar todos… ordenó Lucía con una sonrisa en los labios.

-Eso es! exclamó Norma… a todos estos intelectualoides hay que traérselos cortos… bien por ti Lucía…

-Que no dormiste… dijo Julián.

-No… estuve pensando en lo que platicamos. Y sí, debemos hacer algo… si lo hace Francisco, lo debemos hacer nosotros en nuestro propio entorno.

Ya lo dijo el Papa cuando hizo un llamado a los sacerdotes ante 1.600 religiosos -entre cardenales, obispos, presbíteros y sacerdotes- invitándoles a que vayan a las "periferias donde hay sufrimiento" y sean "pastores con olor a oveja".

La homilía de la misa en la que los sacerdotes renuevan las promesas que hicieron en el momento de su ordenación, dio pie a Francisco para lanzar una fuerte admonición contra cierto tipo de religioso que ha sucumbido a la mundanidad y a la buena vida.

El Papa ha clamado contra ese sacerdote que no sale de sí y que en vez de mediador se va convirtiendo poco a poco en intermediario, en un gestor  que ya tiene su paga, en una especie de coleccionista de antigüedades o bien de novedades. El Pontífice tiene muy claro cómo quiere que sean sus sacerdotes: "Pastores con olor a oveja, pastores en medio de su rebaño".

Francisco ha comenzado su sermón subrayando que Jesús iba al encuentro de los pobres, los cautivos, los enfermos, los que están tristes y solos. Y ha destacado que los sacerdotes deben de hacer exactamente lo mismo.

En otra oportunidad señaló con dedo de fuego que cuando un sacerdote se aleja de Jesús puede perder la unción “porque estamos ungidos por el espíritu”, dijo. “Y, en vez de ser ungido termina por ser ‘grasiento’. Así, el Papa empleó un pequeño juego de palabras en italiano. Mientras que “unto” significa “ungido”, “untuoso” es “grasiento”. “¡Y cuánto mal hacen a la Iglesia los sacerdotes grasientos!”, apostilló.

-No… si les ha dado duro a esos sacerdotes que confunden sus ideas, dijo Narciso. Francisco abordó de nuevo el problema de la mundanidad y la vanidad e introdujo una nueva expresión. Habló de los ‘sacerdotes-mariposa’: “Pero, cuántas veces se escucha decir con dolor: '¡Pero, este es un sacerdote-mariposa!' porque siempre está en las vanidades... ¡Este no tiene una relación con Jesucristo! Ha perdido la unción: es un grasiento”.

-Pues aquí en Acapulco hay mucha “grasa” dijo sentencioso Ricardo.

-En fin… cuál es el plan? preguntó Narciso.

-Llevar a cabo el proyecto… Si Francisco lucha contra la corrupción vaticana, porque nosotros no podemos hacerlo contra la local?

-Por lo pronto, cuenta con nosotros… y con los amigos…

 

Esa tarde, Ricardo decía a sus oyentes:

-Casi al final del embarazo de María vino una orden del rey Augusto para hacer el censo de toda la población de la tierra, cada uno en su respectiva ciudad.

Sobre eso, Jesús narra a sus discípulos: El viejo condujo a la Virgen María, mi madre, a su villa natal de Bethlehem. Y, como ella estaba a punto de parir, él inscribió su nombre ante el escriba así: José, hijo de David, con María, su esposa, y Jesús, su hijo, de la tribu de Judá. Y mi madre María me puso en el mundo en el camino de regreso a Bethtehem, en la tumba de Raquel, mujer de Jacobo el patriarca, que fue la madre de José y de Benjamín.

Jesús, sin embargo, no cuenta ese episodio que conocemos todos y que enmarca la festividad de la Natividad y que incluye la llegada al pesebre, el nacimiento ayudada por las parteras, la adoración de los pastores y, sobre todo, la de los Reyes Magos.

Es el evangelista Mateo quien relata la llegada a Belén de los reyes magos, y el retorno a su patria, realizada por otro camino. Y es precisamente la llegada de estos al palacio de Herodes para informarse del lugar del nacimiento del Rey de Reyes, que motiva la extrañeza e inquietud del gobernante impuesto por los romanos y que le despierta un celo tremendo, a tal grado que… pero dejemos nuevamente la narración al propio Jesús:

-Satán dio un consejo a Herodes el Grande, padre de Arquelao, el que hizo decapitar a Juan, mi amigo y mi deudo. Y así él me buscó para matarme, imaginando que mi reino era de este mundo. José fue advertido por una visión. Se levantó, me tomó con María, mi madre, en cuyos brazos yo iba recostado, mientras que Salomé nos seguía. Partimos para Egipto. Y allí permanecimos un año, hasta que el cuerpo de Herodes fue presa de los gusanos, que lo hicieron morir en castigo de la sangre de los inocentes niños que había vertido en abundancia.

-Quién era Salomé?- preguntó Fidel Vera, el marido de Niza, la hija del escritor.

-Cuando José se da cuenta de que María está a punto de dar a luz, sale corriendo a buscar una partera o comadrona que le ayude a bien parir. Encuentra una en el camino que sólo ayuda a judíos y le atiende solícita.

Al darse cuenta de que María es virgen, a pesar de todo, sale asombrada y al encontrarse con otra comadrona –de nombre Salomé– le cuenta lo sucedido y ella le dice que no lo creerá hasta no haberlo visto. La reta entonces a ir a ver a María y llegan a ella.

Disponte a dejar que ésta haga algo contigo, porque no es un debate insignificante el que ambas hemos entablado a cuenta tuya, le dice a María.

Y Salomé, firme en verificar su comprobación, puso su dedo en el vientre de María, después de lo cual lanzó un alarido, exclamando:

Castigada es mi incredulidad impía, porque he tentado al Dios viviente, y he aquí que mi mano es consumida por el fuego, y de mí se separa.

Y se arrodilló ante el Señor, diciendo:

¡Oh Dios de mis padres, acuérdate de que pertenezco a la raza de Abraham, de Isaac y de Jacob! No me des en espectáculo a los hijos de Israel, y devuélveme a mis pobres, porque bien sabes, Señor, que en tu nombre les prestaba mis cuidados, y que mi salario lo recibía de ti.

Y he aquí que un ángel del Señor se le apareció, diciendo:

Salomé, Salomé, el Señor ha atendido tu súplica. Aproxímate al niño, tómalo en tus brazos, y él será para ti salud y alegría.

Y Salomé se acercó al recién nacido, y lo incorporó, diciendo:

Quiero postrarme ante él, porque un gran rey ha nacido para Israel.

E inmediatamente fue curada, y salió justificada de la gruta. Y se dejó oír una voz, que decía:

Salomé, Salomé, no publiques los prodigios que has visto, antes de que el niño haya entrado en Jerusalén.

Así pues es ella la que parte, junto con la Sagrada Familia, hacia Egipto.

Esta disposición providencial era precisa para probar la fe de san José. En una revelación precedente, el ángel le había dicho: “Le impondrán por nombre Jesús, que significa Salvador, al hijo que la Virgen ha concebido, porque debe salvar a su pueblo de sus pecados. Ahora bien, después de haber anunciado que Jesús salvaría a su pueblo, el ángel le ordenó entonces huir a Egipto para sustraer al Niño al furor de Herodes.

-A ver Ricardo… Si es Salvador, ¿Por qué no se salvaría a sí mismo? ¿Y si está en capacidad de proteger su vida, qué razón tiene para huir? cuestionó Calixto.

-Ese misterio recordaba la tentación de Abrahán. Dios había prometido a Abrahán que de su hijo Isaac nacería el Mesías, y que serían benditos todos los pueblos. Luego, en una aparición posterior, le man-dó sacrificar ese mismo hijo. De la misma manera, José glorifica a Dios mediante la confianza que tuvo en Él, a pesar de las dudas que asaltaban su espíritu. Al no objetar nada del precepto que el ángel le comunicaba por parte de Dios, mostró la perfección de su fe y la delicadeza de su obediencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por la mañana, Ricardo le comentó a Julián sobre una llamada que había hecho la noche anterior.

-Anoche estuve charlando con un amigo que trabaja en la Secretaría de Gobernación. Quise enterarme bien a bien sobre la profundidad de la penetración de la maldad en los sistemas.

-Y qué te dijo?

-Me dejó frío… la penetración he llegado hasta las más altas esferas oficiales… pero aún hay mucha gentes dentro que no está de acuerdo con ello y que no se ha dejado corromper…

-Y las policías?

-Bueno… me dijo que no hay que confiar en nadie, pero me aseguró que hay muchos policías honestos que sí quieren combatir el crimen… pero no pueden hacerlo abiertamente porque la pagan…

-La platicaste de tus proyectos?

-Le comenté, pero sin decir que somos nosotros los que queremos hacerlo…

-Y…?

-Me dijo que cualquier camino es no sólo bueno, sino necesario en este momento. La cultura es uno de los renglones menos vigilados… como que no piensan que por medio de la cultura se les puede combatir…

Me ofreció todo su apoyo pues, de todas formas, intuyó que éramos nosotros los maquinadores de la idea… incluso me dijo que si necesitábamos armas, le dijera…

-Ahhh Dios! A poco te podría proporcionar armas?

-Todo lo pueden… pero naturalmente le dije que no, e insistí en que eran otras personas las que te-nían la idea…

 

-Toda la vida de San José fue un acto continuo de fe y obediencia en las circunstancias más difíciles y oscuras en que le puso Dios -expresó fervientemente Ricardo al empezar su plática- Él es al pie de la letra "el administrador fiel y solícito a quien el Señor ha puesto al frente de su familia" del que nos cuenta Lucas.

Desde tiempo inmemorial, la Iglesia lo ha venido venerando e invocando como continuador en ella de la misión que un día tuviera para con su Fundador y Madre. En los momentos de noche oscura, el ejemplo de José es un estímulo inquebrantable para la aceptación sin reservas de la voluntad de Dios.

-Bueno, pero… si a José le fue entregada María en las circunstancias que dices, y luego se le embaraza por obra y gracia del espíritu santo… pudo haber existido entre ellos –y sobre todo por la diferencia de edades– amor verdadero como para convertirse en lo que ahora llamamos La Sagrada Familia? preguntó Ricardo, el hijo del escritor.

-El Padre Bonifacio Llamera nos dice que el matrimonio entre San José y la Virgen María fue un hecho cierto, en cuanto a la esencia del mismo, y de incalculable trascendencia para la gloria del Santo Patriarca. Por este hecho queda unido a María más que ninguna otra criatura, y por ella se une también estrechísimamente a Jesús, lo que constituye un nuevo título de su dignidad y privilegios, no menos noble y excelente que el anterior, aunque dependa de él.

El amor entre los esposos es el más debido y el más fuerte que en este mundo puede darse, y llega a establecer la más estrecha relación por los lazos físicos y espirituales más íntimos. Entre José y María no se dan esos lazos físicos y naturales, pero existen  los espirituales de forma más elevada y sobrehumana.

Por eso las mejores cualidades que de ese amor se puede predicar las encontramos realizadas entre aquellos privilegiados esposos, de modo que con toda justicia se le presenta como modelos acabados de él.

-Don Ricardo, habla de las cualidades del amor… pero acaso pueden darse también entre un matrimonio normal, es decir, un matrimonio común y corriente? indagó Eva la nuera del escritor.

-Sin duda… y veamos el amor de ellos… conforme vaya hablando, mentalmente, vayan comparando su amor con el de su pareja, es decir, el amor de su propio matrimonio, y podrán darse cuenta de que la posición social, las cualidades y hasta los bienes y riquezas son un incentivo de mayor amor entre los esposos.

Por eso muy bien dice el Padre Llamera: “Ambos eran de la tribu de Judá, ambos descendientes del rey David, ambos desposeídos de sus posesiones y reducidos a la condición de artesanos. María destinada a ser madre de Dios, llevaba en su alma más gracias que en cielo ángeles hay. José, para ser escogido para ser legatario de la potestad paterna de Dios sobre Jesús era el varón más santo de cuantos se habían visto y se verían en los siglos. Ella alimentaría con el néctar de su corazón al Hijo de Dios y suyo; él ganaría el sustento al que sustenta al todo viviente y nutre de gracia y gloria a todos los bienaventurados. Los dos de común acuerdo, después de desposados se prometieron amor virginal y mutuamente se miraron como templos vivos del Espíritu Santo. Ella primeramente llevaría a Jesús en su seno; él después lo llevaría en sus brazos; y la una y el otro por igual le verían cantado por los ángeles en Belén, adorado de pastores y de reyes, y juntos le llevarían al templo y le acompañarán en la  huída a Egipto, y con él vivirían y gozarían y llorarían largos años en Nazaret”

La uniformidad de espíritu y semejanza de virtudes es otro motivo aún mucho más profundo, y en nuestro caso, no menos cierto. Excelsa fue su proporción en la santidad: María fue llamada bendita entre todas las mujeres; José es aclamado justo entre los hombres, es decir, adornado de todas las virtudes. Su alma hermoseaba la obediencia de Abrahán, la paciencia de Job, la mansedumbre de Moisés, la pureza de José, el celo de David y la fortaleza de los Macabeos.

Admirable fue su fe: María fue llamada bienaventurada por su fe; “por haber creído”, le dijo su prima Santa Isabel. José es igualmente grande en la fe porque creyó al ángel cuando le descubrió la maternidad divina de su esposa; le creyó cuando le dijo que se levantara y, tomando al Niño con su Madre, huyera a Egipto; le creyó cuando le dijo que volviera a Israel porque habían muerto los que querían matar al Niño; y creyó que Jesús era Dios a pesar de verle nacido en un portal, tendido en un pesebre, abandonado de los hombres, perseguido a muerte y fugitivo, siendo así que Dios podía evitar tanta humillación y confundir a sus perseguidores.

Quizá en una de las cosas que no pueda parecerse a los matrimonios actuales es el intensísimo amor al prójimo. “María estaba inflamada en amor de Dios y del prójimo –sigue diciendo el Padre Llamera- y José ardía en ese amor a Dios cual ningún otro santo; pues amaba al divino Jesús como ama a un varón santísimo, y más aún, como ama un padre a su hijo, y un padre dulcísimo a un Hijo de Dios; amor que manifestó durante toda su vida, desde la encarnación hasta morir, y lo manifestó con caricias, abrazando y besando a ese Dios, guardando su vida y procurándole sustento. María y José, porque amaban al prójimo, procuraron su redención y a ella cooperaron trabajando, padeciendo y mereciéndole la vida eterna. Y así en las demás virtudes. María es llamada virgen prudentísima, y José fue también en los momentos más arduos de la vida varón de consumada prudencia”.

Ricardo hablaba con tal vehemencia, que nadie se atrevía a interrumpirle. Era uno de esos momentos que de repente tenía en que la inspiración se desbordaba en su charla.

-Y el Padre Llamera no se mide en sus afirmaciones –que yo comparto totalmente– y dice que María fue purísima y purísimo José, que a su virginal esposa le sirvió de blanco pabellón, donde sin mancha se cobijase y conservase la que era más pura y blanca que la nieve del monte Líbano.

“María fue humildísima, y humildísimo José, el cual con ser tan grande, viéndose en presencia del señor infinito y de la Madre de este infinito Señor, parecióle ser él menor que un gusanillo que se mueve entre el polvo…”

“María fue obedientísima y obedientísimo José a Dios, a los ángeles y a los hombres…”.

“María fue dolorosísima, y dolorosísimo José, sufriendo, si no los golpes del verdugo, el martirio del alma, el odio, las amenazas de muerte, el destierro, el desamparo, la pobreza, la visión de la futura sangrienta escena del Calvario”.

Verdaderamente “en nadie como en José y María jamás se ha visto ni se verá, ni hubo esposa tan amorosa como María, porque el amor se mide por la gracia, y la gracia suya era como infinita; ni hubo esposo tan tierno como José, porque además de ser él tan peregrino en santidad, era ante sus ojos la esposa, la mujer más bella que Dios formó, la más dulce, la más cariñosa, la más santa, la más gloriosa y divina de todas las mujeres: era la Madre de Dios. Uniendo los dos corazones estaba Jesús, que sin cesar les despedía llamas de más y más amor. Amaba María a José por lo que en sí era y valía y por los beneficios que a ella y al Niño les hacía: a ella librándola de la infamia ante el pueblo que ignoraba su maternidad divina, y a los dos acompañándolos, protegiéndolos y ganándoles el pan de cada día”.

Su trato de no menos de treinta años, dulcificado por la sumisión de la Virgen a San José, fue reverente y noble, y por la bondad y generoso servicio del santo Patriarca a la Madre y al Hijo, concebido por obra del Espíritu Santo. Este trato familiar es una de las fuentes principales del crecimiento de San José en la santidad, participando de las mismas virtudes de María. Como dice Mons. Sinibaldi: “José, amando a María, ama al mismo Espíritu Santo. Sabe que su Esposa inmaculada tiene otro esposo invisible, infinitamente santo, y que este Esposo vive y reposa en el alma de ella como en un santuario, el más precioso santuario que una criatura puede ofrecer a su Señor… Por eso, mientras ama a la Esposa, José ama al Espíritu Santo. Mientras imita la modestia, la pureza, la humildad, la obediencia, la caridad, todas las virtudes que hacen tan santa y a amable a la Madre divina, su alma se adhiere cada vez más íntimamente a su Dios”.

Bellamente concluye el P. Paulino ponderando este amor entre los santos esposos, ideal del amor que todos los esposos de la tierra deben procurarse: “María amaba a José con amor nunca igualado en la tierra, porque era tan hermoso porque era tan santo, porque era guardador de su virginidad, compañero en la obra de la redención y mantenedor su vida y de la vida de Jesús. José amaba a María porque era hermosa más que el cielo, y santa y pura y más que los ángeles, y excelsa como Madre de Dios, y llena de todas las gracias, suficientes para agraciar a todas las almas del mundo y a todos los moradores del paraíso celestial. Los dos amaban a Jesús como los padres más amorosos al hijo más amable. Con todo el amor nacido de los corazones más tiernos que Dios infundió en pecho de pura criatura; como aman, y más que aman, los serafines al Señor de la gloria. Y Jesús, finalmente, amaba a José y a María cuanto un Dios encarnado puede amar a sus padres y un Redentor a quienes le daban vida y eran copartícipes en la obra de glorificar al Eterno Padre y salvar a millones de almas. ¡Qué feliz vida la de tantos santos y amadores! ¡Sean los tres benditos de los cielos y de la tierra por los siglos eternos!

El silencio cubrió por completo el pequeño auditorio. Alguno enjugó una lágrima y alguien de más allá dejó escapar un suspiro.

No fue sino hasta que Ricardo rompió el silencio para despedirse que todos aplaudieron realmente enternecidos.

Después de la junta, ya a solas Gustavo, Julián y Ricardo tomaban café en el despacho del escritor.

-Cómo ves Ricardo? cuestionó Julián.

-Muy grueso el asunto… pero hay que detenerlo de alguna forma…

-No nos estaremos poniendo con Sansón a las patadas? preguntó con cierto temor Gustavo.

-Mira, corrupción puede haber en todas partes. Ya vimos que el propio Papa se enfrenta a una curia corrupta e inmoral, pero creo que este asunto es meramente local.

-De todas formas, las precauciones no sobran… señaló Julián.

-Claro… pero esa será precisamente la medida. cuando estemos pisando el callo saldrán a relucir los ataques o las protestas… incluso quizá las amenazas…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ese viernes, Ricardo se levantó con un cierto entusiasmo que notó en seguida Julián, el sacerdote amigo y consejero que se había convertido en su mejor amigo.

-Ora!... y esa sonrisita pícara? Y ese contoneo saleroso? preguntó curioso el clérigo.

-Francamente, no lo sé… así desperté… y así quiero seguir todo el día…

-Alguna idea nueva?

-No… te digo que, simplemente, así desperté. No hay más motivo... te lo juro...

-Bueno, pues creeré en ello… pero yo, por el contrario, me desperté con un hambre!!!!

-Viejo tragón! Si tú te despiertas todos los días con hambre!

Riendo ambos, entraron a la cocina en donde Norma y Lucía ya preparaban un apetitoso desayuno.

-Podemos ver el menú?, preguntó el sacerdote.

-No… hasta que no des los buenos días primero! señaló regañona su hermana.

-Normita, mira cómo me trata mi hermana, ni porque soy mayor que ella…

-Y tiene razón! Qué? por ser curita ya tienes el derecho de faltar a los sagrados deberes de la educación?, contestó bromista Norma.

-Ajajá!!! exclamó en son triunfante el sacerdote. Ninguna de las dos dijo buenos días tampoco… así es que… estamos a mano!

-Sea pues, viejo comelón… agregó Lucía.. hoy tenemos picaditas de chicharrón, chorizo, carne con papa y queso Oaxaca… agua de horchata y cafecito caliente…

-Y qué esperan para servir… Dios dijo dad de comer al hambriento!!! ordenó jocoso el cura.

-...pero no al tragón! exclamó la hermana.

 

-Pues bien… nos quedamos en que a José le anuncia un ángel que debe salir de Belén hacia Egipto para salvar a Jesús del celo de Heródes… y parten… pero… se imaginan Ustedes ese viaje?

No dejemos de acompañar piadosamente a la Sagrada Familia durante tan largo y penoso viaje. Consideremos cuántas noches pasaron insomnes María y José, y a menudo sin abrigo. ¡Cuántas veces, atravesando un desierto árido fueron probados por el hambre y la sed, y se encontraron expuestos a los ataques de ladrones y fieras! ¡Cuántos sudores derramados en las marchas prolongadas! Compadezcamos los sufrimientos del tierno Niño, tan tempranamente expulsado de su patria, y no teniendo más cuna para descansar en la soledad que los brazos de la Virgen, o cuando, éstos caían, los de san José.

Pedro de Natabilus relata que la Sagrada Familia fue asaltada por un bandido, pero a la vista de los rasgos celestes del Niño y de la Santísima Virgen, su crueldad se cambió en ternura, su ferocidad en compasión, y que en lugar de despojarlos, los condujo a su gruta, donde les dio los subsidios necesarios para proseguir su ruta.

Ahí María lavó los pañales de su Hijo, y la mujer del bandido se sirvió del agua, así santificada, para hacer lociones a su propio hijo enfermo de lepra, quien se vio curado de inmediato. Llegado a la edad adulta, vivió como su padre del robo, hasta que prendido por los romanos fue crucificado al costado derecho de Cristo, bajo el nombre de Dimas, o buen ladrón.

Otro hecho maravilloso es relatado como producido en el momento en que la Sagrada Familia llegaba a Heliópolis. A la entrada de la ciudad había un gran árbol, llamado Perseo, que por instigación del demonio estaba reservado como morada a una divinidad. Ahora bien, cuando la Santísima Virgen, con su Hijo en los brazos se aproximó al árbol, de donde huyó el demonio, inclinó sus ramas hasta la tierra en signo de homenaje a su Creador. Pero un acontecimiento de un alcance más general señaló la entrada del verdadero Dios hecho hombre en la tierra de los Faraones. Isaías había predicho “que el Señor iría a Egipto y que los ídolos serían arrancados delante de él”.

Numerosos autores, tanto los sangrados como los historiadores profanos, afirman que ese prodigio tuvo lugar con la llegada de la Sagrada Familia, como signo de la ruina de la idolatría, que debía conducir la predicación del Evangelio. San Atanasio dice a este propósito ¿Quién entre los justos o los reyes ha derribado los ídolos de Egipto? Abrahán vino, pero la idolatría subsistió. Moisés nació, sin embargo los Egipcios perseveraron en sus supersticiones. Fue necesario que Dios descendiese corporalmente para destruir en Egipto el culto a los ídolos.

Se cuenta a este propósito que la Virgen, el Niño Jesús y San José, atravesando la ciudad de Hermópolis, penetraron en su famoso templo, que desde Abulema, contenía tantos ídolos que en ciertos días del año se derrumbaban cuando uno se acercaba a ellos. La presencia del verbo hecho carne bastó para arrojar los demonios a tierra y ponerlos en fuga. Paladio hace, igualmente, mención de este templo, quien lo visitó personalmente con sus compañeros, por causa de este hecho maravilloso, cuyo recuerdo había guardado una tradición constante.

La permanencia de la Sagrada Familia en Egipto, relata el Evangelista, duró hasta la muerte de herodes, pero no dice en que ciudad vivió ni a qué ocupaciones se dedicó, ni cuánto tiempo permaneció en el exilio.

Algunos autores piensan que José fijó su morada en una aldea que se encuentra a cuatro leguas de Heliópolis y a tres leguas del Cairo. El hombre de Dios considerando que Cristo no había querido nacer en la gran ciudad de Jerusalén, sino en la modesta villa de Belén, pensó, sin duda, que el Rey de los humildes preferiría fijar su domicilio en un centro de población de importancia secundaria, más que en el Cairo tumultuoso o en la opulenta Heliópolis, la “ciudad del sol”.

El verdadero sol de justicia no había venido a este mundo para buscar sus esplendores. Según la opinión más probable, el Niño Jesús vivió siete años en Egipto, nutriéndose pobremente de lo que ganaba José por sus trabajos de carpintero, ayudado por la Santísima Virgen. Lo que más le hizo sufrir no fueron ni las privaciones ni las incomodidades del exilio. Fue ver a Dios diariamente ofendido por ese pueblo bárbaro, entregado totalmente a la idolatría. La Santísima Virgen y San José rezaban al Niño Jesús por esos desventurados, y él, como hombre presentaba sus oraciones a su Padre.

-Ricardo… si dices que fueron aproximadamente siete años los que duraron en Egipto, qué sucedió con la educación del niño Jesús? preguntó Jorge.

-Bueno, por principio de cuentas debo recordarles que, para entender algunos pasajes de la historia –de cualquier tema de la historia– lo primero que debemos hacer es ubicarnos en su entorno, es decir, conocer cómo era la vida, usos y costumbres en ese lugar y en esa época.

Para los judíos del tiempo de Cristo, la religión, la ley, la historia, los valores éticos y la educación constituían un todo inseparable. A través de la ley escrita -contenida en la Torah- y de la ley transmitida oralmente o Mishna, enseñada de generación en generación, se formaba el cuerpo doctrinal del pueblo elegido.

La familia era el medio natural de formación, después los rabinos y las sinagogas junto con el templo ocupaban un lugar privilegiado en la enseñanza institucionalizada.

El imperio romano, del cual Israel formaba parte, se caracterizaba por un sincretismo que llevaba a mantener y respetar las tradiciones e instituciones, filosofías y religiones de los pueblos sometidos, dándoles una perspectiva romana. La educación ju-día giraba en torno a la ley, la ética, la historia desde el punto de vista de la ley, las costumbres de vida; en contraste con la educación griega -no nos olvidemos que el entorno cultural de Israel sigue siendo el helenismo- que primaba la ciencia, el arte, la lengua y el deporte. Por otra parte, se nota en la enseñanza de Israel del siglo primero la influencia de las corrientes filosóficas predominantes en Roma.

La Torah -los cinco libros del Pentateuco- es la fuente principal de la enseñanza religiosa, histórica y ética. Las sinagogas constituyen sobre todo un lugar de lectura de la Torah y oración, pero también de culto y de enseñanza.

Un niño judío empezaba su formación alrededor de los cinco años aprendiendo a leer y escribir. A los diez empezaba a estudiar la Torah y se completaba su educación -lo que llamaríamos hoy educación obligatoria- hasta los dieciocho en el marco de la sinagoga dirigida por un Hassan que normalmente era un Rabbi -un maestro doctor-. Las niñas no estudiaban la Torah en las escuelas ni en las sinagogas sino que se formaban en el hogar familiar, la madre era la principal responsable de la formación de la hija. El joven después de los 18 años podía seguir estudiando y debía elegir un maestro Rabbi y una escuela. Cada escuela tenía su propio sistema. Se aprendía a través de discusiones y resolución de casos prácticos, con preguntas y respuestas.

Y por hoy, no hay preguntas… hasta mañana!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ese sábado sería la reunión del grupo para presentar la idea ante todos ellos. Sabía de antemano que no todos participarían, el temor a la maldad siempre es grande, y sobre todo al grado que se estaba presentando en Acapulco.

-Alguna observación Ricardo? cuestionó Julián.

-Sólo mesura… no nos alarmemos porque alguien tenga miedo de participar… es más, ni siquiera nos enojemos con él o ella… es natural.

-Sí, dijo Norma, y sobre todo adviértele a Carlos que no vaya a empezar con sus bromas pesadas…

-No se preocupen, intervino Narciso, ya estuve hablando con él y, pensando en ellos, le advertí sobre los riesgos que implica tomar la cosa a broma…

-Que bueno… agregó el escritor.

 

Esa tarde, conforme iban llegando, le confirmaban a los sacerdotes su asistencia a la junta.

Ricardo empezó su plática continuando el tema de la educación de Jesús.

-Jesús aprendió a hablar escuchando a sus padres María y José, ellos dirigieron sus primeros pasos acompañando con sus desvelos y sus brazos abiertos la incipiente vida del niño. Su hijo era un niño normal pero desde el principio los dos eran conscientes que era también un niño misterio, todo el misterio de Dios habitaba en él. A ellos les es confiado el poner el nombre, Jesús, y educarlo en la tradición del pueblo elegido. En José y María recae la tarea más asombrosa y apasionante que existe en la vida humana: la educación del hijo.

Los padres, especialmente la madre en la infancia, impartían a sus pequeños los primeros rudimentos de una instrucción que era sobre todo moral. “Escucha, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no abandones la enseñanza de tu madre, que son diadema de gracia para tu cabeza y collares para tu cuello” dice la Biblia en Proverbios, que guarda las palabras sabias. Jesús, el niño de Israel, de seguro conocería estas palabras del sabio y grababa en su corazón las enseñanzas de José y las instrucciones de María. La madre estaba siempre presente en la educación del joven, en las palabras dichas en la intimidad del hogar.

Sin embargo, los chicos, cuando dejaban la infancia, estaban sobre todo bajo la guía de su padre. Uno de los deberes más sagrados que tenía un padre de Israel respecto a su propio hijo era la educación religiosa. En el Talmud nos encontramos con muchas referencias a este gran deber: “Quien educa a sus hijos en la Tora disfruta ya en esta vida de la dicha de los frutos, y el gran premio le espera en la vida eterna”. “Quien tiene un hijo que estudia la Tora, es como si nunca muriera”.

La enseñanza de la religión es el punto de clave de la enseñanza, por eso todo padre estaba obligado a recordar la Alianza del Sinai. La religión de Israel es una historia de salvación, un recuerdo de acontecimientos prodigiosos que nos hablan de la acción del Todopoderoso en la vida del pueblo de Israel. La educación del hijo por parte de los padres, es decir la instrucción en el ámbito familiar, se enmarcaba también dentro de la sabiduría tradicional.

La corriente sapiencial del antiguo Oriente Medio se concretaba en máximas y dichos que de la transmisión oral pasaron a la escrita. Uno de los principios de educación en la sabiduría es la elección de los maestros, la conveniencia de elegir bien las personas de las que uno aprende, con las que uno habla .“Quien anda con sabios, sabio se hará, y quien trata con necios, peor se hará” dice el libro de los Proverbios. Por eso, en el ámbito familiar la sabiduría establece como maestros de la enseñanza al padre y la madre: su amor natural hacia el hijo les hacen ideales maestros de la sabiduría. Aplicando esta regla a la familia de Nazaret, nos encontramos con los mejores maestros y educadores de Jesús: María y José.

En el tiempo de Jesucristo, la educación de los hijos por parte de los padres tenía un carácter más bien severo. Los métodos pedagógicos empleados eran propios de la época: el uso del castigo en caso de necesidad, como los azotes y la vara; se trataba de enderezar al hijo por el camino recto pues mientras es joven es moldeable se tiende a evitar todo mimo, sentimentalismo y niñada. La regla fundamental era la autoridad y la responsabilidad, la fortaleza y la paciencia junto con el buen ejemplo. En el caso de la educación de Jesús es lógico pensar que José y María corregirían los errores propios de cada niño.

Como leemos en el Catecismo de la Iglesia Católica: “Los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos. Testimonian esta responsabilidad ante todo por la creación de un hogar, donde la ternura, el perdón el respeto, la fidelidad y el servicio desinteresado son norma. El hogar es un lugar apropiado para la educación de las virtudes. Esta requiere el aprendizaje de la abnegación, de un sano juicio, del dominio de sí, condiciones de toda libertad verdadera. Los padres han de enseñar a los hijos a subordinar las dimensiones 'materiales e instintivas a las interiores y espirituales'. Es una grave responsabilidad para los padres dar buenos ejemplos a sus hijos. Sabiendo reconocer ante sus hijos sus propios defectos, se hacen más aptos para guiarlos y corregirlos.

El uso de la escritura era ya corriente en Israel desde una época antigua. En primer lugar hay que tener en cuenta los escribas de profesión, como por ejemplo los de la administración real, pero también existen escribas secretarios de carácter privado, como por ejemplo Baruc. En el libro de Jeremías leemos: “Entonces Jeremías llamó a Baruc, hijo de Nerías. Baruc escribió en un rollo, al dictado de Jeremías, todas las palabras que le había dicho el Señor”.

El escriba se servía de un rollo, confeccionado de hojas de papiro o de piel de carnero (pergamino) y escribía con tinta al dictado del autor. Normalmente lo hacía en columnas no muy anchas de modo que el lector, enrollando con una mano y desenrollando con la otra, tuviera a la vista tres o cuatro columnas a la vez.

Los miembros de las clases dirigentes también sabían escribir. Se nos cuenta en el libro de los reyes cómo la pérfida Jezabel, mujer del rey de Samaría Ajab, ella misma escribió cartas para hacer perder la vida de Nabot. También los profetas no sólo dictaban sino que ellos mismos escribían sus libros: “El Señor me dijo: -Toma una tabla grande y escribe en ella con cincel...”. Y no solamente los profetas, sino que el conocimiento de la escritura estaba muy extendido entre todo el pueblo de Israel.

Por eso se puede afirmar con mucha seguridad que José y también su esposa María podían leer y escribir en hebreo, siendo arameo el idioma de uso diario. Así pues José enseñaría la escritura a Jesús y fue su primer maestro en la practica y enseñanza de la Tora. Con bastante probabilidad José sabría también griego pues la cultura helenista era dominante en Galilea.

En las sinagogas se aprendía a escribir con un cincel usando unas tablillas de cera que se podían usar, borrando el texto, muchas veces . Sin embargo la enseñanza se realizaba sobre todo oralmente. El maestro, el padre, leía un texto o frecuentemente lo recitaba de memoria, pues en tiempos de Nuestro Señor Jesucristo tener unos rollos de papiro o de pergamino era tener un tesoro. No era frecuente que una familia normal y pobre como la de José los tuviera, pero si que con mucha probabilidad existirían copias de la Torah o de los profetas en la sinagoga de Nazaret. Se leía un breve fragmento del texto sagrado o se recitaba de memoria, el maestro lo explica, aclaraba dudas, hacía preguntas y a continuación comenzaba la repetición del texto: los alumnos lo repetían hasta que quedaba fijado en la memoria.

La enseñanza oral, a pesar de que se tuviera la Torah o la ley escrita, era en Israel la base de la educación, sobre todo de la educación religiosa que era el fundamento de toda instrucción. Es necesario recordar que la educación en Israel no tenia como fin la preparación para un futuro trabajo, no tenia un carácter profesional: los conocimientos se dirigían directamente a la instrucción.

La enseñanza oral transmitida de generación en generación era la base. El contenido de la enseñanza o educación por parte de los padres tenía un amplio ámbito o margen: era una educación muy generalizada pero siempre centrada en la Escritura Santa. Los padres inculcaban a sus hijos las tradiciones nacionales que estaban imbuidas y mezcladas con tradiciones religiosas, se hablaba de las prescripciones divinas dadas a los antecedentes. Se hacía aprender a los hijos textos elegidos de la literatura sagrada, especialmente himnos y cantos antiguos que se recitaban acompañados de una tonalidad musical sencilla.

Por eso esta muy en consonancia con las tradiciones de Israel los cánticos himnos de María, Isabel, Zaqarias o Simeon, cuya fuente histórica no hemos de verla sólo en Santa María, sino en el mismo Jesucristo que aprendería estos himnos de labios de María y José, como tesoro familiar de canciones frecuentemente repetidas y meditadas.

El padre era también el responsable de dar al hijo una formación profesional. Los oficios eran de forma común hereditarios y las técnicas manuales de los diferentes trabajos se aprendían en el taller familiar. Por eso es conocido el dicho rabínico: “quién no enseña a su hijo un oficio le está educando para ladrón”, y también la máxima de la sabiduría del Siracida: “educa a tu hijo y hazle trabajar”.

El trabajo manual en Israel no tenía las connotaciones negativas de otros pueblos y civilizaciones, al contrario era visto como algo bueno y necesario. Los mismos maestros de Israel, rabinos y fariseos ejercían un oficio manual con el que se sustentaban.

Así pues, es claro que José trabajador-artesano enseñó su mismo oficio a su hijo Jesús, según la costumbre en Israel. José enseñó un trabajo manual al hombre Dios, creador de todas las cosas. De ahí que el trabajo tenga una dimensión creadora, santificante y redentora, porque Jesucristo ha trabajado con sus manos humanas, y lo ha aprendido de José. Por eso el santo Patriarca es maestro de la santificación del trabajo y de la vida ordinaria .

El papel del padre en la tarea educativa del hijo era tan fundamental que se explica que el sacerdote levita sea llamado padre.

Por todo ello, san José como sacerdote, maestro y profeta es paradigma de padre, es el que mejor ha realizado en la tierra la vocación paternal, quien mejor ha educado y preparado a su Hijo para realizar la misión del Hijo de Dios: anunciar el Evangelio, la buena y alegre noticia de que Dios es Padre.

La plática de Ricardo había sido redirigida. Tomo como base la educación de Jesús-niño para poder acentuar en sus oyentes que la obligación de sembrar los valores en el pequeño hijo, es de los padres y de nadie más. No era válido, de manera alguna, el argumento de que era la escuela –y sus maestros– los que no había sabido educar a un hijo. No, al hijo se le educa en casa… y se le instruye en la escuela.

Julián no dejó de notar esto y, al final, se acercó al escritor.

-Ya se están yendo los demás… aquí mismo vamos a hacer la junta? dijo a guisa de pretexto para abrir plática.

-Sí… nada más deja que se vayan los que no van a participar…

-Oye… clavaste la espina, verdad?

-Lo notaste?

 

Para hacer tiempo a que quedaran sólo los del grupo llamado, Norma y Lucía, auxiliadas por Ana, Niza y Jazmín repartían café entre los participantes.

-Y el pan? dijo fingiendo exigencia Julián.

-Ya viene, ya viene, dijo Pamela que cargaba con trabajo una gran charola colmada de aromático pan.

 

El sonido de las hojas del portón metálico al cerrarse, fueron la señal intangible para que los asistentes tomaran asiento.

Esta vez, Ricardo había ordenado que acomodaran las sillas en círculo y él mismo tomó asiento en una de ellas.

-Queridos amigos, la idea de citarles es invitarles a participar en una de mis locas ideas. Creo que todos y cada uno de nosotros está harto de la violencia que vive el país pero principalmente nuestro amado puerto de Acapulco.

Pues bien -agregó Ricardo mientras todos los participantes asentían con la cabeza– está claro que no vamos a tomar las armas, ni vamos a realizar paros y manifestaciones –de las que también estamos hasta la coronilla– y mucho menos a vociferar en contra de un gobierno en el que ya no sabemos si la corrupción es su único defecto o el propio crimen organizado les ha penetrado.

Pero está igualmente claro que ya no podemos quedarnos con los brazos cruzados. Algo, lo que sea, tenemos que hacer para ayudar a detener esta violencia y esta corrupción!

-Sí Ricardo… algo tenemos que hacer dijeron casi al unísono todos.

-Bueno… algunos de los aquí presentes y yo, nos reunimos a principios de semana y quedamos en reunirnos hoy para tener una lluvia de ideas a las que, desde luego, se suman todos ustedes, los que han sido invitados por mis propios amigos.

Así es que, si alguien quiere tomar la palabra…

-Bueno… yo estuve pensando en formar un Cine-Club para niños en el que se les proyectaran películas que inculquen los valores… si bien es cierto que se ha utilizado la televisión y el cine para difundir la degradación familiar, también es cierto que hay películas buenas, bonitas, en las que los valores juegan un papel fundamental… señaló Doña Elvia, la esposa del diputado.

-Me parece una buena idea.. Narciso, toma nota… dijo muy serio Julián. Desde ahora tú serás el secretario de actas y llevarás nota de todo lo que se aporte aquí…

-A mí también me parece buena idea… hay que buscar un local, o un patio, en donde se puedan proyectar las películas…

-Mira viejito, intervino Carlos tratando de actuar seriamente, tú y toda la momiza siguen fuera de onda… ahora, con una simple pantalla de 42 pulgadas en cualquier sala se pueden juntar hasta 30 o 40 niños…

-Es cierto, agregó Alfonso. Si Ustedes gustan, podemos acondicionar mi garaje para usarlos como sala de reunión para el Cine-Club…

-Gracias Alfonso, dijo Doña Elvia…

-Bueno, pues ahí está la primera idea concretada… naturalmente que quien se va a hacer cargo de la realización de ella es, precisamente, Doña Elvia… le parece?

-Con gusto Ricardo…

-Y yo la apoyo, dijo Celerino, su marido.

-Yo considero que entre tú y alguno de tus amigos pueden hacer una revista –son periodistas también, no?- que en su contenido se difundan precisamente esos valores perdidos y se ayude a contrarrestar un poco la influencia de los miles de revistas que hay ya casi de corte pornográfico y que circulan libremente… apuntó Gustavo.

-Y porqué nosotros? Es cierto, somos periodistas, pero porqué no participar todos? Cada uno puede escribir sus propios conceptos del rescate de valores…

-Es que no todos sabemos o podemos escribir, dijo Jorge. Algunos quizá puedan, pero los que no? Qué podemos hacer?

-Ayudar a organizar las charlas de Ricardo sobre el tema, señaló con énfasis Gustavo. Porque no me vas a decir que no has pensado en dar tus pláticas al público abierto…

-No es mala idea… aceptó el escritor. Aunque la verdad no había pensado en eso… pero, sí, no es mala idea…

-Yo puedo hacer las invitaciones a las conferencias e incluso conseguir lugares para que las brindes, dijo entusiasmado Calixto.

-Oye papá… y no se necesitan permisos para dar esas pláticas? preguntó Ricardo hijo.

-No… todavía no llegamos a esos extremos… tengo entendido que sólo se solicita permiso cuando se va a cobrar por la entrada… es decir, cuando es un negocio… contestó Ricardo.

-Bueno, pues para empezar no está mal: el Cine-Club y las pláticas… apuntó Narciso.

-Y la revista, agregó Gustavo.

 

Un poco más tarde, ya a solas, tomaban café en el comedor comentando la reunión. Norma, con cierta timidez señaló:

-Oye Ricardo… en qué podríamos participar nosotras… ya somos grandes como para andar para arriba y para abajo… pero tenemos una experiencia acumulada y, en realidad, somos muchas, pues podemos invitar a todas las jubiladas…

-Cierto, contestó el escritor. Y mira que pueden hacer mucho, precisamente por esa experiencia acumulada… por ejemplo, se me ocurre –y ya que les gustan las manualidades, dar cursos para niños y jovencitos de ambos sexos y, dentro de esos cursos hablar sobre los valores, como si fuera una charla casual… interesarlos, y canalizarlos. Si ven que a alguno le interesa, enterarlo del cine Club y de las conferencias… en fin… no sé, pero creo que por ahí iría la cosa...

-Pues no está nada mal la idea, terció Lucía… yo te apoyo Norma… podemos programarlas para que vengan tres veces por semana aquí o a la casa de cualquiera de las que participen…

-Y si quieren, agregó Julián, yo podría prepararlas para esa pláticas casuales…

-Saben? Hasta yo le entraría! exclamó Jazmín riendo…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La llegada de una mayor cantidad de gente a su charla, motivó en Ricardo –y en Carlos– una nueva duda.

-Julián… tú sabes de dónde viene toda esta gente?

-No… pero, como la vez pasada, no te preocupes, ya saldrá el peine, dijo con cierto sarcasmo el sacerdote.

-Hummmm… se me hace que algo tienes que ver con ello…

-No… yo no… fue Gustavo… me dijo que si podía invitar a algunas personas de su parroquia y le dije que no había problema… o… lo hay?

-No, de ninguna manera, sólo que no me gusta ver caras desconocidas… con estos tiempos!

 

-Un banquero español, Manuel José Delgado, que por un accidente se dedicara hacer realidad su sueño dorado: viajar, y que ahora produce sus propios videos basados en sus experiencias, nos narra en uno de sus blogs que sobre los pormenores del viaje poco sabemos, dijo Ricardo al abrir la plática. Podemos deducir que, cuando huyeron de Herodes, escapar hacia el norte de Palestina era imposible, nos cuenta, y hacia el este se abría un desierto difícil de atravesar, por lo que la ruta hacia Egipto era, geo-gráficamente hablando, la más razonable. Aunque es posible que existieran otros argumentos para elegir dicha dirección. Egipto no sólo se convertía en el refugio adecuado sino que además, es posible, que el contacto del niño Jesús con el conocimiento proveniente de épocas faraónicas y las energías de su tierra y de sus centros de poder, tuvieran un propósito determinado.

Delgado afirma que toda la creencia cristiana copta se apoya, a la hora de ubicar los lugares que visitaron, en la tradición que señala que el Papa Theophilus -384-412 DC, Patriarca de Alejandría- recibió una revelación de la propia Virgen María, quien le relató los acontecimientos del viaje y los lugares que visitaron en las riberas del Nilo. Los detalles se registraron en una crónica llamado el Mimar, escrita por Theophilus.

-Teófilo… para ser más exacto, dijo con su natural sorna Carlos…

-Así es, en español vil, el Papa Teófilo. Y el Papa dice que la Familia comenzó a moverse por el sur a través de las montañas de Hebrón para luego ir al occidente hacia Gaza, en el Mediterráneo.

Sor María de Agreda, una de las grandes visionarias, mantuvo que permanecieron allí dos días para recuperarse de su tremendo cansancio. Desde allí es probable que continuasen formando parte de una caravana rumbo a Egipto, algo que les proporcionó comodidad y protección.

Llegaron a El-Zaraniq a unos 35 km al oeste de Al-Arish, la frontera que marcaba los dominios de Herodes y el Egipto romano, ya podían considerarse en terreno seguro.

Desde ahí, se dirigieron al norte de la península del Sinaí. Ya en el delta del Nilo, llegaron a la localidad de Tel Basta cerca de la ciudad de Zagazig, a unos 100 km al noreste de El Cairo, y se encaminaron hacia el sur hasta el hoy Mostorod, a 10 km de El Cairo.

Esta ciudad se llamaba antiguamente Al-Maha-mma que significa “lugar de baño”, en conmemoración a que la Virgen María bañó al niño Jesús y lavó sus ropas.

Siguieron su viaje hacia el noroeste a Belbeis a 55 km de El Cairo y descansaron bajo la sombra de un árbol, que hoy recibe el nombre de “el árbol de la Virgen María”.

Partieron hacia Meniet Genah, ciudad situada al norte, para desde allí cruzar el Nilo hacia Samanoud, donde cuenta la tradición que fueron recibidos y alojados con hospitalidad.

Su viaje continuó hacia el noroeste, hasta la ciudad de Sakha. El nombre copto de esta ciudad es Lysous, que significa “el pie de Jesús”, ya que existe una roca donde puede apreciarse la huella atribuida al pie de Jesús. Esta reliquia fue durante cientos de años escondida de ojos foráneos y sólo desde hace algunos años el público puede contemplarla.

-Oye… ni yo conocía esos datos, dijo asombrado Narciso, el sacerdote domado.

-Todo el proceso se ha logrado armar gracias a Teófilo, Sor María Agreda, y el propio Delgado que, en sus aventuras, hizo el viaje siguiendo los pasos de los peregrinos, indicó Ricardo.

La travesía continuó hacia el sur. Volvieron a cruzar el Nilo para establecerse cerca de El Cairo, en los barrios de Matariyah y Ain Shams, en territorio donde antiguamente se asentó la ciudad de Heliópolis. Matariya era una hermosa aldea donde abundaban los sicomoros. Todavía se conserva un gran sicomoro –abajo- conocido  también como el árbol de María pues la tradición sugiere que María se protegía del sol bajo sus ramas.

No muy lejos, se encuentra la única fuente de agua potable que surge en Egipto, también conocida como la fuente de María, por lavar en ella las ropas del niño. (Enfrente, la iglesia y fuente de María)

En Ain Shams se había establecido una comunidad judía que había construido la Sinagoga de Unias para las liturgias de su culto.

En Matariyah puede todavía verse un árbol que se llama también el “árbol de María” donde se cree que la Virgen descansaba bajo en su sombra.

La moderna ciudad de El Cairo posee actualmente numerosas iglesias de los primeros cristianos coptos, que se elevaron en lugares donde la tradición aseguraba que fueron testigos del paso de la Sagrada Familia: La iglesia de la Virgen María, en Zuweila, la iglesia de San Jorge el Mártir, la Iglesia de San Mercurio, El Convento de la Virgen María y el Convento de San Jorge. En el barrio de Clot Bey se encuentra la Catedral de San Marcos, y la iglesia de la Virgen María (Ezbaweya).

En el área que se conoce como El Antiguo Cairo es en donde con mayor fuerza se recuerda el viaje de la Sagrada Familia, recuerda Delgado.

Allí se desarrolló posteriormente el incipiente cristianismo, en  épocas donde se conjugaban alternativamente el conocimiento de la Palabra con las persecuciones. La familia de Jesús se cobijó en una cueva sobre la cual, años después, se construyó la Iglesia de San Sergio (Abu Serga). En esta zona, como sucedió en España, se produjo el encuentro de las religiones, ya que aquí, a pocos metros entre sí, se establecieron los primeros cristianos, los primeros musulmanes y los judíos más antiguos, que construyeron la primera sinagoga de África.

La iglesia de San Sergio tiene forma de Arca de Noé. En sus paredes interiores se suceden iconos realizados sobre madera y planta de papiro, en donde aparecen numerosos dibujos con forma de panales de abeja, «porque la Palabra de Dios es más dulce que la miel». Saliendo de esta iglesia, recorriendo la misma callecilla, se llega a la sinagoga, aunque antiguamente fue iglesia cristiana. Tras el edificio se encuentra un pozo que recuerda el mismo lugar donde fue encontrada la canasta de Moisés por la hija del faraón, ya que el sitio se encuentra cerca de un antiguo palacio de Ramsés. La tradición asegura asimismo que Jeremías está enterrado en este mismo lugar.

Parece ser, con cierta lógica, que todos los lugares visitados por la Sagrada Familia se convirtieron en una iglesia. Esta proliferación de edificaciones cristianas puede apreciarse en el barrio del viejo Cairo y en la zona que se denominaba Babilonia. Es un destino actual de peregrinos cristianos de todo el mundo. Algunos de los sitios para visitar en el área son: La Iglesia Colgante (Al-Muallaqa) -abajo- la iglesia de Santa Bárbara, la iglesia y convento de San Jorge, la Iglesia de la Virgen (qasriet Al-Rihan), el Museo Copto y la Sinagoga de Ben Ezra. También en la zona llamada Fustat (cercana al Cairo Copto) se encuentra la Iglesia de San Mercurio y el convento de Abu Sefein.

Pero no fueron sólo los lugares que visitó en sí mismos, sino otros dos al menos en que se suscitara un milagro a su paso.

En el primer caso, al llegar junto a un hombre que estaba sembrando el campo le piden que, cuando lleguen los soldados de Herodes que les están buscando, diga la verdad: que vio pasar por allí a los tres en el momento de la siembra. A continuación se produce el milagro: instantáneamente el trigo crece y madura quedando listo para cosechar. Así, al llegar los soldados, renuncian a seguir la persecución pensando que hacía muchos meses que habrían pasado por allí.

En el segundo caso, durante el viaje la familia pasa hambre y sed. En el camino ven una palmera cargada de dátiles a una altura difícil de alcanzar. José ordena al árbol que incline sus ramas, y se cumple su voluntad, permitiendo recoger sus frutos. En este momento aparecen tres ángeles a los que Dios Padre ha encargado llevarle al Paraíso una palma de la palmera generosa. En adelante la palma será la recompensa de los justos (palma de los justos); con lo que se utiliza en arte como iconografía del martirio (palma del martirio). Las hojas de palmera aparecen en otro episodio evangélico: la entrada de Cristo en Jerusalén, cuando es recibido por una multitud que le vitorea; momento que se conmemora el Domingo de Ramos y que se interpreta como una prefiguración de la Pasión precisamente en su momento de mayor triunfo en vida. También relacionado con la palmera está el personaje de San Cristóbal, un gigante que habría cruzado un profundo río con el Niño Jesús sobre sus hombros ayudándose de una palmera que arrancó para usarla de apoyo.

-Por cierto que es uno de los santos “descontinuados”, señaló Carlos con su habitual sorna.

-Así es, lo sacaron del calendario, pero no de la devoción popular.

Bien, según la tradición, la Sagrada Familia deambuló por El Cairo para quedarse algún tiempo en el barrio de Maadi, donde actualmente se eleva una preciosa iglesia dedicada a la Virgen. Luego, desde allí, tomaron un barco para dirigirse hacia el sur de Egipto. Visitaron ciudades a ambos lados de las riberas del Nilo, en lugares donde hoy se conservan rastros de su presencia en conventos e iglesias levantadas para conmemorar su visita. Río arriba, a más de 300 km al sur de El Cairo, hay que destacar la estadía que mantuvieron en lo que hoy es el Monasterio de Al-Muharraq, fue donde se establecieron durante seis meses y 10 días.

En lo que es hoy la ciudad de Assiut, los antiguos cristianos coptos denominaron el lugar “la segunda Belén”. Un convento y ruinas a su alrededor recuerdan la floreciente comunidad que allí se estableció. Se cree que fue en Assiut donde José tuvo el encuentro con el ángel, que le anunció su regreso a Israel.

Los diferentes estudiosos del tema no se ponen de acuerdo en cuantificar el tiempo que permaneció la Sagrada Familia en Egipto. Según unos el periodo fue de 4 meses; según otros, siete años.

-Bueno, interrumpió Calixto, nos cuentas todo esto como si José y María hubiesen estado en su propia casa…

-Casi… el país de las pirámides no era un territorio ajeno a los recuerdos judíos. Toda la genealogía de la raza humana que inició Adán era asimismo el árbol de familia de Jesús. Todos los fundadores y dirigentes de su pueblo eran sus ancestros, en una larga cadena en la que Jesús era el último eslabón. Sor María de Agreda afirmaba que todas las personas que tomaban contacto la Sagrada Familia se hacían Santos y Grandes.

Cientos de años atrás, de acuerdo a la gran Alianza, Abraham, en nombre del Pueblo elegido, había tomado posesión del territorio ya que había sido atravesado por todos los antepasados de su raza. José, el hebreo que resolvió el acertijo de los años de vacas gordas y flacas al faraón, había sido vendido por sus hermanos y permaneció en Egipto como prisionero y sirviente. Pero el descendiente de Jacob estaba destinado a ser un personaje poderoso en la corte del monarca. Como él, miles de judíos fueron a establecerse en Egipto, inmigrantes que no perdieron su identidad y se agruparon como pueblo.

Las cuevas del desierto egipcio iban a convertirse en la habitación de multitud de anacoretas, los Padres del Desierto. Jacob y José murieron y fueron enterrados a orillas del Nilo pero cientos de años más tarde, de la mano de Moisés y de Aarón se rebelarían para iniciar el éxodo hacia la tierra prometida.

El Egipto que aparece muchas veces en la Biblia, no era sólo el lugar de refugio para un Jesús perseguido, cuenta Delgado. Con toda seguridad la visita al país de las pirámides debió tener otra finalidad que sirviera a Jesús en sus propósitos. Jesús tenía necesidad, y así estuvo profetizado, de recorrer el Nilo, empaparse en las energías de sus centros de poder y seguir su aprendizaje en el escenario de los orígenes de su Pueblo. Tenía que tomar consciencia del saber de sus antepasados, desde Abrahán en adelante, que habían a su vez conocido la magia de Egipto. “De Egipto llamé a mi Hijo” (Mt 2,15).

Y al que ya llaman para cenar… y no invito, es a mí… así es que… hasta mañana jóvenes, dijo jocoso el escritor y charlista.

Mientras se retiraban, muchos de los desconocidos se acercaban a Ricardo y le felicitaban. Mientras tanto, Julián intentaba inútilmente, alejarlos del amigo.

Tras la tormenta llegó la calma, y ya quedados sólo los que debían quedarse, Norma y Lucía hicieron correr el cafecito y el pan…

-Qué cree Don Ricardo? dijo entusiasmada Doña Elvia. Ya conseguí que cinco de mis amigas formen Cine-clubes en sus casas. Todas tienen pantalla y una sala bastante grande… van a empezar con los amigos de sus propios hijos…

-Qué bueno Doña Elvia… felicidades. Es un magnífico resultado en tan sólo 24 horas de acción, respondió el escritor.

-Pues nosotros ya te conseguimos espacios para tus charlas en ocho escuelas primarias, nada más esperan las fechas para confirmar y saber de qué duración van a ser… agregó Gustavo.

-Bueno, yo creo que como son niños no debe ser de más de unos 40 minutos y otros 20 de preguntas y respuestas...

-Oye Jefe, dijo Carlos muy serio, y cómo ves hacer unas agendas con los valores y su significado… digo, duran todo un año en manos de quien las recibe…

-Muy buena idea chamaco, exclamó Julián…

-Cierto, dijo orgulloso Ricardo, que te ayude alguien, forma un equipo y vayan preparando textos… nosotros la editamos...

 

-No crees que vayan a haber repercusiones por estas acciones, dijo temerosa Norma cuando ya todos se habían retirado.

-No hija… no… porque no estamos diciendo abiertamente que luchamos contra el narco o contra el crimen organizado… simplemente, estamos haciendo cultura…

-Pues… Dios quiera y no…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando Ricardo salía del baño, vio cuchicheando a Jazmín y a Niza.

-Ora… ustedes qué se traen?

-Nada papá… nada… dijo sonriendo Jazmín.

-Lo que pasa es que vas a ver un cuadro nunca visto… ven… conminó Niza a su padre.

Llegado al despacho, prácticamente tendido sobre el escritorio, dormía profundamente Carlos sobre una serie de hojas escritas a mano. Se notaba que había trabajado hasta muy tarde, si no es que toda la noche.

-Vaya… parece que le picó el Espíritu Santo, dijo en voz baja Julián, que se había agregado al cortejo fisgón.

-Déjenlo dormir… pero ténganle preparada una buena taza de café para cuando despierte, recuerden que le gusta el pocillo ese grandote…

 

Llegada la tarde, el espacio que había para albergar a los oyentes ya no era suficiente, había gente hasta de pie. Ricardo le pidió a su hijo Riqui que sacaran algunas sillas del interior de la casa y tomaran nota para que se alquilaran unas más al otro día.

Sin más, entró al frente del grupo.

-Buenas tardes a todos… hoy vamos a hablar ya de la pareja divina ubicada en Egipto y, por ende, la vida del pequeño Jesús en esos años.

Para esto, habremos de retomar los datos contenidos en el Pseudo Tomás que dice de entrada: Yo, Tomás Israelita, vengo a anunciaros a todos vosotros, mis hermanos entre los gentiles, para que los conozcáis, los actos de la infancia y los prodigios de Nuestro Señor Jesucristo, cumplidos por él después de su nacimiento en nuestro país. Y he aquí cuál fue su comienzo.

Cabe destacar aquí que algunos de estos milagros realizados por Jesús niño, aunque contenidos en un apócrifo, son también tomados y usados por la tradición cristiana y hasta mencionados en algunos sermones u homilías.

El más famoso o conocido es aquel en el que el niño Jesús, de cinco años de edad, jugaba en el vado de un arroyo, y traía las aguas corrientes a posar, y las tornaba puras en seguida, y con una simple palabra las mandaba y, amasando barro, formó doce gorriones y había allí otros muchos niños, que jugaban con él… pero hizo esto un día sábado y un judío que había notado lo que hacía Jesús, fue a comunicárselo a su padre José, diciéndole: He aquí que tu hijo está cerca del arroyo, y, habiendo cogido barro, ha compuesto con él doce gorriones, y ha profanado el sábado.

Y José se dirigió al lugar que estaba Jesús, lo vio, y le gritó: ¿Por qué haces, en día sábado, lo que no está permitido hacer?

Pero Jesús, dando una palmada, y dirigiéndose a los gorriones, exclamó: Volad. Y los pájaros abrieron sus alas, y volaron, piando con estruendo. Los judíos quedaron atónitos ante este espectáculo, y fueron a contar a sus jefes lo que habían visto hacer a Jesús.

-De nuevo… interrumpió Calixto. Cómo es que hablas de judíos en Egipto? que había muchos o qué?

-La presencia de judíos en Egipto es una constante de la historia del Antiguo Oriente Próximo, reafirmó Ricardo. En la época de Jesús se trataba de una comunidad muy próspera y helenizada, asentada en Alejandría y la zona del Delta del Nilo. Ya a principios del siglo XX, Jean Juster enumeró una larga serie de ciudades egipcias bajo el régimen del Imperio romano en las que moraban colonias judías.

Egipto era el país clásico de refugio político por ser provincia romana. Allí había muchos judíos, colonias florecientes y barrios habitados por ellos que prestaban socorro a sus conciudadanos.

Pero volvamos con la vida del pequeño en Egipto. Otra vez, Jesús atravesaba la aldea, y un niño que corría, chocó en su espalda. Jesús, irritado, exclamó: No continuarás tu camino y, acto seguido, el niño cayó muerto. Algunas personas que habían visto lo ocurrido, se preguntaron: ¿De dónde procede este niño, que cada una de sus palabras se realiza tan pronto?

Los padres del niño muerto fueron a encontrar a José, y se le quejaron, diciendo: Con semejante hijo no puedes habitar con nosotros en la aldea, donde debes enseñarle a bendecir, y no a maldecir, porque mata a nuestros hijos.

José se levantó, lo agarró por la oreja, y se la estiró con fuerza. Pero el niño se enfadó, y le dijo: Bien fácil te es buscar sin encontrar, y acabas de obrar como un insensato. ¿Ignoras que te pertenezco? No me hagas daño.

Un maestro de escuela, llamado Zaqueo, que se encontraba allí, oyó a Jesús hablar así a su padre, y lo sorprendió mucho que un niño se expresase de aquella manera. Algunos días después, se acercó a José, y le dijo: Tienes un hijo dotado de buen sentido e inteligencia. Confíalo a mi cuidado para que aprenda las letras y, con las letras, le enseñaré toda ciencia y también le enseñaré a saludar a los mayores, a honrarlos como antepasados, a respetarlos como padres, y a amar a los de su edad.

Y le escribió todas las letras del alfabeto desde Alpha hasta Omega muy puntualmente y con toda claridad. Mas Jesús, mirando a Zaqueo, le dijo: Tú, que no conoces la naturaleza del Alpha, ¿cómo quieres enseñar a los demás la Beta? Hipócrita, enseña primero el Alpha, si sabes, y después te creeremos respecto a la Beta. Luego se puso a discutir con el maestro de escuela sobre las primeras letras, y Zaqueo no pudo contestarle. Y, en presencia de muchas personas, el niño dijo a Zaqueo: Observa, maestro, la disposición de la primera letra, y nota cómo hay líneas y un rasgo mediano que atraviesa las líneas que tú ves comunes y reunidas, y cómo la parte superior avanza y las reúne de nuevo, triples y homogéneas, principales y subordinadas, de igual medida. Tales son las líneas del Alpha.

Cuando Zaqueo, el maestro de escuela, oyó al niño exponer las alegorías tan numerosas y tan grandes de la primera letra, quedó perplejo ante tal respuesta y ante tal enseñanza, y dijo a los asistentes:

¡Desventurado de mí, a qué extremo me veo reducido! Me he cubierto de vergüenza, al traer a mi escuela a este muchacho. Así, pues, hermano José, te ruego que lo lleves contigo, porque no puedo soportar la severidad de su mirada, ni penetrar el sentido de su palabra en modo alguno. Este niño no ha nacido en la tierra, es capaz de domar el fuego mismo, y quizá ha sido engendrado antes de la creación del mundo. ¿Qué vientre lo ha llevado? ¿Qué pecho lo ha nutrido? Lo ignoro. ¡Ay, amigo mío, tu hijo me pone fuera de mí, y no puedo seguir su pensamiento! Me he equivocado en absoluto. Yo quería tener en él un discípulo, y me he encontrado con que tengo en él un maestro.

Me doy cuenta de mi oprobio, amigos míos, porque yo, que soy un viejo, he sido vencido por un niño. Y no me queda sino abandonarme al desaliento o a la muerte, a causa de este niño, ya que no puedo, en este momento, mirarlo cara a cara. ¿Qué responderé, cuando digan todos que he sido derrotado por un pequeñuelo? ¿Y qué podré explicar acerca de lo que él me ha dicho de las líneas de la primera raya? No lo sé, amigos míos, por cuanto no conozco, ni el comienzo, ni el fin, de este niño.

Así, pues, hermano José, te ruego que lo lleves contigo a tu casa. Es algo muy grande, sin duda: un dios, un ángel o algo parecido.

Algunos días después, Jesús jugaba en una terraza, sobre lo alto de una casa, y uno de los niños que jugaba con él, cayó de la terraza, y murió. Viendo esto, los demás niños huyeron, y Jesús quedó solo. Habiendo llegado los padres del niño muerto, acusaron a Jesús de haberlo hecho caer. Jesús les dijo: Yo no hice tal.

Jesús se detuvo cerca del cuerpo del niño caído diciendo: Zenón, levántate, y dime: ¿Soy yo quien te hizo caer? Habiéndose levantado inmediatamente, el niño repuso: No, Señor, tú no me has hecho caer, sino que me has resucitado. Y los espectadores del lance quedaron conmovidos de asombro. Y los padres del niño glorificaron a Dios por el milagro cumplido, y adoraron a Jesús.

Pasados otros cuantos días, un joven cortaba leña en las proximidades del pueblo. Y he aquí que su hacha le hendió la planta del pie, y murió, por haber perdido toda su sangre.

Como ello produjera una aglomeración, el niño Jesús corrió también allí y, haciéndose sitio, atravesó la multitud y tomó el pie herido del joven, que en seguida quedó curado. Y dijo al joven: Levántate, sigue cortando leña, y acuérdate de mí. Y la multitud, al ver lo que había pasado, adoró al niño, diciendo: Verdaderamente, el espíritu de Dios reside en ti.

Cuando tenía seis años, su madre le dio un cántaro, y lo envió a tomar agua, para llevarla a casa. Pero, habiendo tropezado el niño con la multitud, el cán-taro se rompió. Entonces Jesús, extendiendo la túnica que lo cubría, la llenó de agua, y la llevó a su madre. Su madre, reconociendo milagro tal, lo abrazó, y guardó en su corazón los misterios que veía cumplidos.

Otra vez, en la época de la siembra, el niño salió con su padre para sembrar trigo en su campo y, mientras su padre sembraba, el niño Jesús sembró también un grano de trigo y, una vez lo hubo recolectado y molido obtuvo cien medidas y, llamando a la granja a todos los pobres de la aldea, les distribuyó el trigo y José se quedó con lo que aún restaba.

José, debemos recordar, era carpintero y hacía en aquel tiempo carretas y yugos. Un hombre rico le encargó que le hiciese una cama. Mas, habiendo cortado una de las piezas más pequeña que la otra, no sabía qué partido tomar. Entonces el niño Jesús dijo a su padre José: Pon las dos piezas en el suelo, e iguálalas por tu lado y José procedió como el niño le había indicado. Jesús se puso al otro lado, tiró de la pieza más corta, y la tornó igual a la otra. Y su padre José, viendo tal, quedó admirado, y abrazó a Jesús, diciendo: Felicitarme puedo de que Dios me haya dado este niño.

Viendo José que el niño crecía en edad y en inteligencia, y no queriendo que permaneciese iletrado, lo llevó a un otro maestro que era pariente y amigo de José, le dijo: Tráeme al niño a la escuela, que quizá podré por la dulzura enseñarle las letras. Y José le contestó: Si tienes valor, hermano, llévalo contigo. Y lo llevó con temor, y el niño iba con placer, y entrando decididamente en la escuela, encontró un libro sobre un pupitre y, tomándolo, no leía los caracteres que en él se encontraban, sino que, abriendo la boca, hablaba conforme a la inspiración del Espíritu Santo. Y enseñó la Ley a los presentes, juntándose una gran multitud, lo rodeaba, lo escuchaba, y se admiraba de la belleza de sus descripciones, de lo justo de sus discursos, y de que un niño como él se expresase de tal manera. Y el maestro dijo a José: Sabe, hermano, que yo he tomado al niño por discípulo, pero está lleno de sabiduría y de gracia. Condúcelo, yo te lo ruego, a tu domicilio.

Y José envió a su hijo Jacobo a cortar madera, el niño Jesús lo seguía. Mientras Jacobo trabajaba, una víbora le mordió en la mano; como sufría y parecía herido de muerte, Jesús se aproximó y le sopló en la mordedura, y en seguida cesó el dolor, murió el reptil y, al instante, Jacobo quedó sano y salvo.

-Ricardo… podemos pensar entonces que José se llevó a toda su familia a Egipto?

-No precisamente… los escritos hablan de que a Egipto los acompañó Salomé, la partera, como lo señalamos antes, pero hay otro que habla de que a la pareja divina les acompañaba el hijo menor de José, que obviamente era Jacobo, conocido también como Santiago el menor, recuérdenlo.

Incluso, creo que ese cariño tan entrañable que siempre manifestó Santiago al Maestro no fue sólo por ser su discípulo, sino por agradecimiento, por haberle salvado la vida.

Y no fue al único como ya lo hemos visto. Más tarde, murió un niño en la vecindad, y su madre lloraba mucho. Jesús oyó el clamor de su gran pena y se apresuró a acudir, hallando al niño muerto, le tocó el pecho y dijo: Yo te mando, niño, que no mueras sino que vivas y que te quedes con tu madre. Y en seguida el niño abrió los ojos, y sonrió. Jesús dijo a la mujer: Tómalo, y dale leche, y acuérdate de mí. Viendo esto, la gente se llenó de admiración, y decía: En verdad, este niño es un Dios o un ángel de Dios, porque toda palabra suya se convierte en un hecho. Y Jesús se fue a jugar con los demás niños.

Algún tiempo más tarde, habiéndose producido en una casa que se construía un gran tumulto, Jesús se levantó y acudió al lugar, viendo a un hombre que yacía sin vida, le tomó la mano y dijo: Levántate, hombre, y continúa laborando en tu obra, pues yo te lo ordeno. Y el hombre se levantó, y lo adoró.

Muchos fueron los milagros que se registran a su corta edad. La misma ciencia, poco a poco, ha ido demostrando la veracidad de estos relatos. No podemos olvidar las famosas cuevas de Qumram, en donde fueron localizados documentos originales, papiros pues, que confirman muchos de los datos no reconocidos por la iglesia; es más, entre todos esos documentos se encontraron algunos originales de los evangelios apócrifos que llama la iglesia, sumándose a otros tantos encontrados en la biblioteca de Nag Hamadi.

Creo que debemos agradecer que existan tantos y tantos hombres y mujeres que –aún sin ser creyentes algunos de ellos– dedican su tiempo y profesión al estudio e investigación de las antiguas culturas. Esos antropólogos, paleontólogos, etnólogos e historiadores, en sus mismos descubrimientos, a más de las costumbres y formas de vida del pasado, han descubierto –poco a poco– el testimonio fiel que avala muchas, pero muchas de las aseveraciones que la historia sagrada maneja, corrigiendo incluso los errores de conveniencia que llevaron, en su momento, a desconocer algunos de esos evangelios y testimonios.

-Doctor… dónde podemos conocer más sobre este tema? preguntó Jorgito.

-Pues ahora todo es posible gracias a la magia del internet… y ustedes, tan duchos desde el nacimiento en esa moderna tecnología, pueden abrir todo un mundo de información al respecto, contestó Ricardo.

Y a todos, gracias por su presencia el día de hoy… buenas noches y hasta mañana…

 

 

 

 

 

 

La noche anterior no hubo comentarios debido a que terminaron ya tarde, pero esa mañana parecía que les hubiesen llamado con campana, como decía Julián, el viejo sacerdote.

Llegaron casi todos los amigos a cual más cargado ya de tamales, ya de bolillos con relleno, picadas, gorditas y hasta una salsa de chicharrón que hizo Doña Elvia.

Carlos fue por tortillas y Ricardo hijo por refrescos mientras Norma y Lucía preparaban unas mesas en el patio. todos ayudaron con las sillas y a servir las viandas.

Desayunando, aprovecharon para “rendir” sus informes.

-Qué crees Ricardo, dijo Doña Elvia orgullosa, anoche se dio la primera función del primer Cine Club en casa de mi comadre Gloria. Fueron 43 chamacos entre niños y niñas y se proyectó la película Dios no ha Muerto… preciosa, por cierto…

-Sí, ya la vi, dijo complaciente el escritor. Las felicito, hay que seguir por ese camino…

-Pues yo ayer, es decir, antenoche, aclaró Carlos, pude hacer todos los textos –ayudado por tres amigos– para la agenda que te propuse, así es que, a editarla viejito!

-Claro que sí hijo… claro que sí…

-Me habló Narciso, dijo Julián, para decirme que quiere Don Eustorgio, el ricachón del pueblo, que vayas a dar una de tus charlas sobre valores allá… dice que él te paga –nos paga– todos los gastos…

-Qué bueno, claro que iremos… y cómo está el viejo adinerado? cuestionó Ricardo.

-Dice Narciso que lo ve bien, aunque algo delgado… puede que esté enfermo… de viejez! agregó riendo el sacerdote.

 

Por la tarde, Ricardo empezaba su charla señalando:

-Jesús narra –conforme al evangelio que citamos- Cuando aquel pérfido e impío Herodes hubo muerto, volvimos a un pueblo de Galilea que se llama Nazareth. Mi padre José, el viejo bendito, practicaba el oficio de carpintero, y vivíamos del trabajo de sus manos. Fiel observador de la ley de Moisés, nunca comió su pan gratuitamente.

Por desgracia, no hay registros –o al menos no se han descubierto– que nos detallen el viaje de regreso a su tierra. Sólo se nos dice que regresan y nos ubican ya en Nazaret y ahí, Jesús niño siguió haciendo milagros.

Cuando tuvo la edad de doce años, sus padres, siguiendo la costumbre, fueron a Jerusalén por las fiestas de Pascua con otros compañeros de viaje y, después de las fiestas, regresaron a su morada. Mientras ellos vol-vían, el niño Jesús quedó en Jerusalén, y sus padres pensaron que estaba entre sus compañeros de viaje.

Tras una jornada de camino, buscaron entre sus deudos, y, no hallándolo, se afligieron, y retornaron a la ciudad para buscarlo. Tres días después, lo hallaron en el templo, sentado entre los doctores, escuchándolos e interrogándolos. Todos estaban atentos y sorprendidos de que un niño redujese al silencio a los ancianos del templo y a los doctores del pueblo, explicando los puntos principales de la Ley y las parábolas de los profetas.

María, aproximándose, le dijo: ¿Por qué nos has hecho esto, hijo mío? He aquí que estábamos afligidos, y que te buscábamos. Pero Jesús les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabéis que es preciso que yo atienda a las cosas que afectan a mi Padre?

Y los escribas y los fariseos dijeron a María: ¿Tú eres madre de este niño? Ella respondió: Lo soy. Y ellos dijeron: Feliz eres entre las mujeres, porque Dios ha bendecido el fruto de tus entrañas. Nunca hemos visto ni oído tanta gloria, tanta virtud, tanta sabiduría.

Jesús, levantándose, siguió a su madre, y estaba sometido a su familia. Su madre guardaba estas cosas en su corazón. Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia.

El asombro que produjo Jesús adolescente de 12 años rodeado de maestros y doctores de la ley, planteando preguntas y manteniendo un diálogo al más alto nivel, era debido al contenido de las cuestiones formuladas pero también a su temprana edad. Es bien sabido que de los 12 a los 13 años el niño en Israel dejaba la tutela paterna –su maestro principal- para aprender sobre todo de maestros técnicamente más preparados, por ejemplo el Hassan en las sinagogas.

La educación de los hijos es un derecho y deber irrenunciable por parte de los padres. Pero veamos de qué manera se realizaba en tiempos de Jesucristo la educación de los jóvenes hasta los trece años por parte de los padres, y también en el tiempo posterior hasta los dieciocho.

En particular examinemos el papel que tenía la familia -en especial el padre- en la educación según la Tora. Era algo evidente que la Tora tenía que ser la guía y el referente para la vida, de ahí la necesidad de profundizar en su conocimiento. El estudio de la Tora se consideraba el principal deber de cada judío, como un mandamiento religioso. En realidad era parte del servicio debido a Dios. A las palabras del Deuteronomio: 'amando y sirviendo (dando culto) al Señor', el Talmud añadía el siguiente comentario: 'servir significa estudiar la Tora' .

En la primera carta a los Corintios, Pablo nos dice “estas cosas, hermanos, las he aplicado a mi mismo y a Apolo por vuestra causa, para que en nosotros aprendáis aquello de 'no ir más allá de lo escrito'. Pablo se presenta no sólo como un heraldo y mensajero de la buena noticia sino también como un maestro del evangelio y como un padre: ’Pues aunque tengáis diez mil pedagogos en Cristo, no tenéis muchos padres, porque yo os engendré en Cristo Jesús por medio del Evangelio’. La verdadera enseñanza se recibe de las personas vivas, de su ejemplo, de su entrega, de su unidad de vida e identificación doctrina con vida. Por eso Jesús tuvo los mejores educadores en sus padres, en María y José.

Pero ya hemos analizado la influencia que, como maestros tuvieron sus padres. Además de la fundamental y primaria instrucción en el ámbito familiar, el joven de Israel tenía una múltiple oferta formativa por parte de las instituciones del pueblo elegido.

Por ejemplo, empecemos hablando de las caravanas. Eran medios de transporte y constituían un lugar común de comunicación de noticias y de transmisión de doctrina: normalmente se hacía a través de canciones que recordaban los hitos principales de la historia del pueblo, se cantaba “la justicia de Yahweh, se pregonaban los beneficios del Señor” .

Otro lugar común eran las puertas de las ciudades en donde se podían escuchar las palabras de los ancianos, se aprendía a resolver los litigios propios de toda vida común o se era testigo de las transacciones comerciales y sus reglas.

El niño era llevado por sus padres al santuario, y en tiempos de Jesucristo -con la unificación de los santuarios- al templo de Jerusalén . Allí se aprendía a cantar los salmos y se contaba la historia del pueblo que daba origen a cada una de las grandes fiestas: la liturgia era un poderoso medio de instrucción religiosa.

Cierta clase de hombres tenían la misión especial de enseñar al pueblo. En primer lugar estaba el grupo de los sacerdotes que eran los primeros guardianes e instructores de la ley, la Torah, que significa etimológicamente “la dirección, la instrucción”. Los lugares de culto serían al mismo tiempo escuelas de enseñanza.

Después nos encontramos con la clase de los profetas que también tenían la misión de instruir al pueblo y no tanto de prevenir un tiempo futuro. La inspiración de los profetas les daban a su predicación la autoridad de una palabra venida de Dios. Con toda certeza a partir del período monárquico los profetas son constituidos como maestros de la religión y moral del pueblo, aunque los mejores profetas no eran siempre los más escuchados.

A su lado se encuentran los sabios, que enseñaban el arte del vivir bueno, y tuvieron una gran influencia sobre todo después del exilio. Poco a poco los sabios se van confundiendo con los escribas, del mismo modo que la educación moral se identifica con la enseñanza de la Torah. El sabio también es designado como el anciano y sus enseñanzas se transmite en las reuniones de los ancianos y en las conversaciones durante las comidas en los días festivos.

Pero también los sabios enseñan al aire libre, en las puertas de las casas y ciudades, en las calles y caravanas. Los sabios comunicaban su ciencia a través de dichos, sentencias, pareados alternativos en contraposición, etc., estas composiciones eran guardadas y trasmitidas por la tradición oral.

Poco a poco estas formas de instrucción van adquiriendo un carácter más estable, se van institucionalizando. Si al principio el pueblo de Israel instruye de un modo arbitrario, desorganizado y espontáneo, con el paso del tiempo los sacerdotes, profetas y sabios se van agrupando para impartir una educación más estable. Los alumnos eligen a sus maestros, se van formando las escuelas, al principio en las casas de los enseñantes, se crea el discipulado: “Ahora, hijos, escuchadme: Bienaventurados los que guardan mis caminos. Escuchad la instrucción y haceos sabios, no la desdeñéis. Bienaventurado el hombre que me escucha, velando a mis puertas día a día, guardando las jambas de mis portales”.

Con mucha probabilidad se formarían escuelas como ocurrió en Egipto y en Mesopotamia con los hititas, en las dos capitales de esos pueblos se formaron escuelas a partir de los funcionarios reales, y se organizó todo un sistema escolar que duró largamente. En Jerusalén pasaría lo mismo y podemos encontrarnos con escuelas alrededor de la corte real y del templo.

La palabra escuela la encontramos por primera vez en el libro del Eclesiástico o la sabiduría de Sirac o Sirácida escrita hacia el año 190 AC, en donde se dice que el mismo Sirac regentó en Jerusalén una escuela -bet midras (literalmente: casa de interpretación)- es decir, una academia o escuela para estudios de los libros sagrados del judaísmo.

Hay testimonios que confirman la existencia de escuelas en la época de Juan Hircano en el 130 AC. La tradición viva de Israel continua su vida con la continua creación de escuelas. En el año 63 AC el sumo sacerdote Josué ben Gimla da un decreto obligando a que en cada ciudad y pueblo haya escuela, y los niños deben asistir a partir de los seis años. La importancia de las escuelas para los niños en Israel empieza a tener un carácter prioritario, fundamental.

La bet midras era uno de los mowed -lugares de reunión- que fue traducido al griego en la versión de los LXX por sinagoga. La sinagoga es quizá la institución formativa más característica de Israel. Sus raíces debemos buscarlas durante la época del exilio en Babilonia, el pueblo elegido consciente de su alianza, de su elección y de su Tora se auto-organiza en otra tierra para conservar sus tradiciones, para seguir siendo el pueblo de la promesa.

La sinagoga se convierte en una bet knesset (casa o lugar de reunión, asamblea) en donde se resuelven litigios y se imparte justicia; y también en una bet tefillah (casa de oración) en donde se reza y se ofrece culto. Ciertamente no un culto sacrificial propio solamente del templo de Jerusalén, sino el culto de la palabra, una palabra que en el servicio sinagogal no solamente es oración sino también sacrificio. La oración y el sacrificio se vuelven una vez más sobre la Tora que se convierte en principal materia de estudio. El estudio y la interpretación de la Tora, y de las tradiciones (la Misna) da lugar a que la sinagoga sea sobre todo uno de los bet midras (casa o lugar de estudio o de interpretación).

La sinagoga es pues en tiempos de Jesucristo el lugar propio de la escuela, allí se enseña a leer, a interpretar, a rezar, a ofrecer sacrificios, a vivir según la Tora. Es pues un lugar no solamente de adquisición de conocimientos sino también de virtudes, se enseña a vivir según la Ley de Dios.

El fin principal de las escuelas básicas era la enseñanza de los niños de la lengua hebrea y el conocimiento del Pentateuco. Se ha llegado a saber que la enseñanza se comenzaba con el Levítico y su elección se argumentaba de la siguiente manera: 'Por qué se empieza la instrucción de los niños con el Levítico y no con el Libro del Génesis? El Santo Uno (siempre sea alabado su nombre) dice: como los niños son puros y su ofrenda es limpia, que continúen limpios y se ocupen de cosas puras'.

La sinagoga constituye una continuación de la formación que se daba en el ámbito familiar. Hoy día es reconocido por muchos que la familia es la primera educadora y la escuela debe formar según el querer de los padres sin sustituirlos, sin contradecirlos.

El proyecto educativo de muchas escuelas privadas y públicas tiene como criterio de prioridades: padres-profesores-alumnos. Así pues podemos suponer con fundamento en la realidad, que José y también María seguirían muy de cerca todo lo que Jesús aprendía en la Sinagoga y sería tema corriente de conversación en el hogar de Nazaret.

Roman Brandstaetter, conocido escritor judío polaco del siglo XX, convertido al catolicismo, describe en su libro Jesús de Nazaret como José y María participan en la sinagoga de Nazaret en la bar micwe (el hijo de la promesa) de Jesús a los trece años.

La bar micwe de un judío a los trece años, consistía en la lectura de un pasaje de la Tora con el comentario en lengua aramea en la sinagoga, ante la presencia de las principales autoridades, familia y conocidos. La presencia del Hassan, el maestro, junto con la de José y María en la ficción de fondo histórico de Brandstaetter dan fuerza a la unión de la familia con la escuela o la sinagoga.

La muestra de la sabiduría de un adolescente es fuente de gloria tanto para el padre de familia como para el maestro de la sinagoga. Por eso después de la lección magistral de Jesús, el jefe de la sinagoga alaba a José con estas palabras: “Que Elohim siempre esté presente en la sabiduría de tu hijo y que ella crezca para tu consuelo”. El capítulo termina con estas palabras: “Y volvieron a casa. Se levantó un fuerte viento. José sintió un apremiante dolor en el pecho pero continúo andando jovial, no dando ninguna señal de que no se encontraba bien. Sólo se paró un momento en el camino, respiró hondo y dijo: -Dichoso son mis oídos por haber escuchado lo que han escuchado, oh Jesús, hijo mío”.

Es clara la importancia de la sinagoga en la formación de todo judío en el conocimiento de la Tora. Es el lugar de enseñanza por antonomasia de los maestros de la ley y rabinos, repetidamente se nos habla en los evangelios de la presencia de Cristo en ellas.

Jesucristo enseña en todas partes pero principalmente en las sinagogas: “iba por toda la Galilea enseñando en las sinagogas”. Especialmente importante es el discurso eucarístico en la sinagoga de Cafarnaun, como modelo de enseñanza y plenitud de revelación, pues el misterio eucarístico resume en sí todas las verdades de fe: desde la Trinidad hasta la encarnación, pasando por la creación y la redención, la iglesia y los sacramentos, la plenitud de vida futura y la venida de un nuevo cielo y una nueva tierra renovadas pero en continuidad con lo histórico de nuestros días.

La sinagoga es para Jesucristo lugar central de enseñanza y lo sería también para los primeros cristianos y para san Pablo, apóstol de los gentiles, que tenía la costumbre de dirigirse en primer lugar a las sinagogas para anunciar allí a Cristo resucitado: el Mesías anunciado por los profetas, el Rey judío, único salvador del mundo. Además desde el punto de vista litúrgico se sabe bien que la estructura del servicio sinagogal con las lecturas, cantos de los salmos, discurso comentario de los textos, dio lugar -en la liturgia eucarística- a lo que hoy en día llamamos liturgia de la palabra.

Aunque ya hemos hecho mención del templo, no podemos dejar de insistir sobre su importancia, sobre todo la del templo de Jerusalén, como lugares de enseñanza. Las primeras escuelas datan del tiempo de la vuelta del destierro y la construcción del Templo.

La figura de Esdras como el gran maestro que enseñó la Tora al pueblo, según el dicho del Talmud: “Cuando Israel se olvidó de la Torah, llegó Esdras de Babilonia y la introdujo de nuevo”, se nos presenta también como constructor del Templo de Jerusalén. La restauración de la Torah y la reconstrucción del Templo nos hablan de la unión tan perseguida por Israel entre los profetas-maestros (los soferim) y los sacerdotes agentes del culto. En cualquier caso la ciudad de Jerusalén y su Templo son los lugares destacados por antonomasia de toda enseñanza. Nos encontramos en las páginas del Nuevo Testamento con dos textos que nos indican esta realidad. En el evangelio de San Lucas se nos dice que María y José encontraron a Jesús en el templo de Jerusalén “sentado en medio de los doctores, escuchándoles y preguntándoles”. La segunda referencia la encontramos en los Hechos de los Apóstoles en donde San Pablo nos cuenta su autobiografía: “educado en esta ciudad (Jerusalén) e instruido a los pies de Gamaliel según la observancia de la Ley patria”. Son los dos únicos fragmentos del Nuevo Testamento que nos hablan de la existencia de instituciones de enseñanza. Además, como ya ha sido mencionado antes, el Talmud sitúa un poco antes de Jesucristo (el año 63) la fundación de escuelas básicas (a partir de los 5-6 años) promovidas por el sumo sacerdote Josué ben Gimla para el estudio de la Torah . Es evidente que en el templo o junto a él se desarrolló todo un sistema de enseñanza de la Ley.

Pero no por recibir ya las enseñanzas de las instituciones, Jesús deja de recibir las de su padre terrenal. “Mi Padre no deja de trabajar, y yo también trabajo”. Por esto los judíos con más ahínco intentaban matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios. Respondió Jesús y les dijo: -En verdad, en verdad os digo que el Hijo no puede hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; pues lo que El hace, eso lo hace del mismo modo el Hijo”.

El hijo de Dios es también hijo de José. Por eso estas palabras de Cristo en relación con su Padre Dios las podemos aplicar también en su relación con su padre terreno san José. El trabajo de Jesucristo está unido al trabajo de José. El trabajo de la redención de la humanidad está unido también al trabajo de José en el taller de Nazaret. Jesucristo aprendió de José la dimensión humana de la redención del trabajo, vio a José y de él aprendió tantas cosas. La formación de Jesús se realizó sobre todo en el ámbito familiar. Jesucristo nos revela el rostro de Dios Padre, sus palabras y sus hechos son palabras y acciones del Padre Dios. También podemos aplicar estas últimas palabras a San José: Cristo nos revela las palabras y acciones de su padre humano, de José que participó activamente en el proceso educativo de su hijo Jesucristo, es decir en la formación humana del Mesías, Rey de Israel, Redentor del mundo. Escuchando a Cristo no solamente reconocemos el eco de los antiguos profetas, sabios y reyes, sino que también reconocemos la figura de aquél que es sombra del Padre: San José, varón bueno y fiel, hombre de pocas palabras y grandes silencios, el que encogiéndose de hombros se fía de la Providencia, el padre responsable y esposo fidelísimo, activamente obediente, el bien plantado.

Sirvan como conclusión final las palabras de Benedicto XVI durante el VII congreso internacional de la familia en México: “La familia es un fundamento indispensable para la sociedad y los pueblos, así como un bien insustituible para los hijos, dignos de venir a la vida como fruto del amor, de la donación total y generosa de los padres. Como puso de manifiesto Jesús honrando a la Virgen María y a San José, la familia ocupa un lugar primario en la educación de la persona. Es una verdadera escuela de humanidad y de valores perennes. Nadie se ha dado el ser a sí mismo. Hemos recibido de otros la vida, que se desarrolla y madura con las verdades y valores que aprendemos en la relación y comunión con los demás. En este sentido, la familia fundada en el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer expresa esta dimensión relacional, filial y comunitaria, y es el ámbito donde el hombre puede nacer con dignidad, crecer y desarrollarse de un modo integral”.

Bien sé que la familia actual no responde a estos modelos, que vivimos en una sociedad en la que priva la familia disgregada, pero está, precisamente en nosotros, el recuperar esa dignidad familiar que se vivía no solamente en tiempos de Jesucristo, sino hasta hace unos cien años. No… no es un retroceso, es una recuperación! Luchemos por ella… buenas noches… que descansen.

 

Un pequeño grupo de damas se acercó al escritor al terminar la charla.

-Doctor, perdone la molestia, queremos comentar con Usted un proyecto que tenemos: supimos de sus esfuerzos por sembrar en los niños de nueva cuenta los valores y, con esta misma idea, se nos ha ocurrido formar un grupo de teatro guiñol, pero queremos su guía y autorización…

-Vaya! Pues felicidades por esa iniciativa, pero en realidad no necesitan ni mi autorización, ni mi guía, pues todo esfuerzo generado en beneficio de una nueva sociedad es válido, sea cómo sea… busquen, profesionalmente, orientación en el internet… hay mucha información sobre el teatro guiñol, e inclusive obras ya preparadas con descripción de personajes y escenografía… las felicito y lo único que les pido es que me tengan al tanto de sus éxitos por favor…

-Claro Doctor… y de todas formas hemos de recurrir a sus consejos...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La noticia de la realización del teatro guiñol ha-bía entusiasmado a Ricardo. Su proyecto de lucha por la paz sembrando los valores en los niños... empezaba a dar resultados.

-Ricardo, buenos días… llamó Narciso. Que Don Eustorgio está dispuesto para el día que señales…

-Dile que iniciamos terminando esta charla de San José… unos diez días después para darme tiempo a preparar las otras…

-Bien… ya está listo el desayuno...

-Vamos pues… no se vayan a terminar las gordas…

 

La tarde estuvo igual de concurrida que los días anteriores.

Cuando entró Ricardo se hizo un silencio casi absoluto por lo que, aprovechando, dio inicio a su charla...

 

-La vida siguió corriendo. José no perdía vigor, su cuerpo no estaba debilitado, sus ojos no habían perdido la luz y ni un solo diente había perdido su boca. En ningún momento le faltó prudencia y buen juicio, antes permanecía vigoroso como un joven, cuando ya su edad había alcanzado más de los cien años.

Sus hijos Josetos y Simeón tomaron mujer y se establecieron en sus casas. Sus dos hijas también se casaron, según es lícito a todo ser humano.

Jesús indica en su plática a los discípulos: José, mi padre, permaneció con Jacobo, su hijo más joven. Desde que la Virgen me pariera, yo había permanecido con ella en la completa sumisión que conviene a la calidad de hijo. Porque, en verdad, yo he ejecutado y hecho todas las obras humanas, fuera del pecado. Y llamaba a María «madre» y a José «padre». Y obedecía en cuanto me iban a decir. Y no les replicaba una sola palabra, sino que los amaba mucho.

Pero el tiempo no pasa en vano. La vejez se apoderó de pronto de José diez años más tarde. Jesús dice: Y ocurrió que la muerte de mi padre se acercó, según es ley del hombre. Cuando su cuerpo sintió la enfermedad, su ángel le advirtió: En este año morirás. Y su alma se turbó y fue a Jerusalén, al templo del Señor, y se prosternó ante el altar, diciendo:

¡Oh, Dios, padre de toda misericordia y de toda carne, Dios de mi alma, de mi cuerpo y de mi espíritu, pues que los días de mi vida en este mundo se han cumplido, he aquí que yo te ruego, Señor Dios, envíes a mí al arcángel San Miguel, para que esté junto a mí hasta que mi pobre alma salga de mi cuerpo, sin dolor y sin turbación! Porque para todo hombre hay un gran temor que es la muerte: para el hombre y para todo animal doméstico, o para la bestia salvaje, o para el reptil, o para el pájaro, en una palabra, para toda criatura bajo el cielo, que posee un alma viviente, es un dolor y una aflicción esperar que su alma se separe de su cuerpo. Así, pues, mi Señor, que esté tu arcángel junto a mí hasta que mi alma se separe sin dolor de mi cuerpo. No permitas que el ángel que me fue dado vuelva hacia mí su rostro lleno de cólera, cuando yo esté en tu camino, y que me deje solo. No dejes que aquellos cuya faz cambia me atormenten en el camino que yo recorra hacia ti. No dejes detener mi alma por quienes guardan tu puerta, y no me confundas ante tu tribunal formidable. No desencadenes contra mí las olas del río de fuego en que todas las almas se purifican antes de ver la gloria de tu divinidad, ¡oh Dios, que juzgas a todos en verdad y en justicia! Ahora, mi Señor, reconfórteme tu misericordia, porque tú eres la fuente de todo bien. A ti sea dada gloria por la eternidad de las eternidades. Amén.

Y se dirigió en seguida a Nazareth, la villa en que habitaba. Sufrió la enfermedad de que debía morir, según el destino de todo hombre, y su enfermedad era más grave que ninguna de las que había sufrido desde el día en que fue puesto en el mundo.

-Yo alguna vez escuché que José había vivido hasta los 300 años… señaló Lucía.

-Bueno… algunos autores han señalado edades muy prolongadas porque toman como ejemplo a Matusalem y porque en esos años la longevidad era casi una virtud, pero el propio Jesús definió edad y proceso de la vida de su padre cuando dijo a sus discípulos:

He aquí los estados de vida de mi querido padre José. Alcanzó la edad de cuarenta años. Tomó mujer. Vivió cuarenta y nueve años con su mujer, y, cuando ésta murió, pasó un año solo. Mi madre pasó luego dos años en su casa, luego que los sacerdotes se la hubieran confiado, dándole esta instrucción: Vela por ella hasta el momento de cumplir vuestro matrimonio. Al comenzar el tercer año de vivir ella con él, y en el quinceno año de la vida de ella, me puso en el mundo por un misterio que únicamente comprendemos yo, mi Padre y el Espíritu Santo, que sólo somos uno.

-Entonces no era un viejo… exclamó Alfonso

-Bueno… a los 40 años tomó mujer… vivió con ella 49 y luego un año solo… así es que llegó a María cuando tenía 90 años… no era un joven...

Y el total de los días de la vida de mi padre, el bendito viejo José, fue de ciento once años, conforme a la orden que había dado mi buen Padre, ratifica Jesús.

El día en que dejó su cuerpo fue el 26 del mes de epifi. (El 20 de julio del año del Señor 18 ó 19) Entonces, el oro fino que era la carne de mi padre José comenzó a transmutarse, y la plata que eran su razón y su juicio se alteró. Olvidó el comer y el beber y se equivocaba en su oficio. Ocurrió, pues, que ese día, 26 de epifi, cuando la luz comenzaba a extenderse, mi padre José se agitó mucho sobre su lecho. Sintió un vivo temor, lanzó un profundo gemido y se puso a gritar con gran turbación, expresándose de este modo:

¡Malhaya yo en este día! ¡Malhaya el día en que mi madre me parió! ¡Malhaya el seno en que recibí el germen de vida! ¡Malhayan los pechos cuya leche mamé! ¡Mal-hayan las rodillas en que me he sentado! ¡Malhayan las manos que me sostenían hasta que fui mayor, para entrar en el pecado! ¡Malhayan mi lengua y mis labios, que se han empleado en la injuria, la calumnia, la detracción y el engaño! ¡Mal-hayan mis ojos, que han visto el escándalo! ¡Malhayan mis oídos, que han gustado de escuchar frívolos discursos! ¡Mal-hayan mis manos, que han tomado lo que no les pertene-cía! ¡Malhayan mi estómago y mi vientre, que han tomado alimentos que no les correspondían y que, si hallaban alguna cosa de comer, la devoraban más que una llama pudiera hacerlo! ¡Malhayan mis pies, que tan mal han servido a mi cuerpo, llevándolo por otras vías que las buenas! ¡Malhaya mi cuerpo, que ha tornado mi alma desierta y extraña al Dios que la creó! ¿Qué haré yo ahora? Estoy cercado por todas partes. En verdad, malhaya todo hombre que cometa pecado. En verdad que la misma turbación que yo he visto en mi padre Jacobo cuando dejó su cuerpo cae hoy sobre mí, desgraciado que soy. Pero es Jesús, mi Dios, el árbitro de mi suerte, quien cumple su voluntad en mí.

Viendo que mi padre José hablaba de tal forma, me levanté y fui hacia él, que estaba acostado, y lo hallé turbado de alma y de espíritu. Y le dije: Salud, mi querido padre José, cuya vejez es a la vez buena y bendita. Él, con gran temor de la muerte, me contestó: ¡Salud infinitas veces, mi hijo querido! He aquí que mi alma se apacigua después de escuchar tu voz. ¡Jesús, mi Señor! ¡Jesús, mi verdadero rey! ¡Jesús, mi bueno y misericordioso salvador! ¡Jesús, el liberador! ¡Jesús, el guía! ¡Jesús, el defensor! ¡Jesús, todo bondad! ¡Jesús, cuyo nombre es dulce y muy untuoso a todas las bocas! ¡Jesús, ojo escrutador! ¡Jesús, oído atento! Escúchame hoy a mí, tu servidor, que te implora, y que solloza en tu presencia. Tú eres Dios, en verdad. Tú eres, en verdad, el Señor, según el ángel me ha dicho muchas veces, sobre todo el día que mi corazón tuvo sospechas, por un pensamiento humano, cuando la Virgen bendita estaba encinta y yo me propuse despedirla en secreto. Cuando tales eran mis reflexiones, el ángel se me mostró en una visión, y me habló en estos términos: José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque aquel que ha de parir es salido del Espíritu Santo. No albergues ninguna duda respecto a su embarazo, porque ella parirá un niño, que llamarás Jesús. Tú eres Jesús, el Cristo, el salvador de mi alma, de mi cuerpo y de mi espíritu. No me condenes a mí, tu esclavo y obra de tus manos. Yo no sé nada, Señor, y no comprendo el misterio de tu concepción desconcertante. Nunca he oído que una mujer haya concebido sin un hombre, ni que una mujer haya parido conservando el sello de su virginidad. Yo recuerdo el día que la serpiente mordió al niño que murió. Su familia te buscó para entregarte a Herodes, y tu misericordia lo salvó. Resucitaste a aquel cuya muerte te habían achacado por calumnia, diciendo: Tú eres quien lo ha matado. Hubo una gran tristeza en la casa del muerto. Yo te tomé la oreja, y te dije: Sé prudente, hijo. Y tú me reprochaste, diciendo: Si no fueses mi padre según la carne, no haría falta que te enseñase lo que acabas de hacer. Ahora, pues, ¡oh mi Señor y mi Dios!, si es para pedirme cuenta de aquel día para lo que me has enviado estos signos terroríficos, yo pido a tu bondad que no entres conmigo en disputa. Yo soy tu esclavo y el hijo de tu sierva. Si rompes mis lazos, yo te ofreceré un sacrificio de alabanza, es decir, la confesión de la gloria de tu divinidad. Porque tú eres Jesucristo, el hijo del Dios verdadero y el hijo del hombre al tiempo mismo.

Al acabar de hablar así mi padre José, no pude contener las lágrimas, y lloraba viendo que la muerte lo dominaba y oyendo las palabras que sa-lían de su boca. En seguida, ¡oh hermanos míos!, pensé en mi muerte en la cruz para salvar al mundo entero. Y aquella cuyo nombre es suave a la boca de quienes me aman, María, mi madre, se levantó. Y me dijo con una gran tristeza: ¡Malhaya yo, querido hijo! ¿Va, pues, a morir aquel cuya vejez es buena y bendita, José, tu padre según la carne? Yo dije: ¡Oh mi madre querida! ¿Quién de entre todos los hombres no pasará por la muerte? Porque la muerte es la soberana de la humanidad, ¡oh mi bendita madre! Tú misma morirás como todo nacido. Pero así para José, mi padre, como para ti, la muerte no será una muerte, sino una vida eterna y sin fin. Porque también yo debo necesariamente morir, a causa de la forma carnal que he revestido. Ahora, pues, ¡oh mi madre querida!, levántate para ir hacia José, el viejo bendito, a fin de que sepas el destino que le vendrá de lo alto.

Ella se levantó y, dirigiéndose al lugar en que José estaba acostado, lo encontró cuando los signos de la muerte acababan de manifestarse en él. Yo, ¡oh mis amigos!, me senté a su cabecera, y María, mi madre, a sus pies. Él levantó los ojos hacia mi rostro. Y no pudo ha-blar, porque el momento de la muerte lo dominaba. Entonces alzó otra vez la vista, y lanzó un gran gemido. Yo sostuve sus manos y sus pies un largo trecho, mientras él me miraba y me imploraba diciendo: No dejéis que me lleven. Yo coloqué mi mano en su corazón, y conocí que su alma había subido ya a su garganta, para ser arrancada de su cuerpo. No había llegado aún el instante postrero, en que la muerte debía venir, porque, si no, ya no hubiera aguardado más. Pero habían llegado ya la turbación y las lágrimas que la preceden.

Cuando mi querida madre me vio palpar su cuerpo, ella le palpó los pies, y encontró que el calor y la respiración lo habían abandonado. Y me dijo ingenuamente: ¡Gracias, hijo mío! Desde que has posado tu mano sobre su cuerpo, el calor lo ha dejado. He aquí sus pies y sus piernas, que están frías como el hielo. Yo fui hacia sus hijos, y les dije: Venid para hablar a vuestro padre, que ahora es el momento, antes que la boca deje de hablar, y la pobre carne se vuelva fría. Entonces los hijos e hijas de José fueron a él. Y él estaba en peligro a causa de los dolores de la muerte y presto a salir de este mundo. Lisia, la hija de José, dijo a sus hermanos: Malhaya a mí, mis hermanos queridos, si éste no es el mal de nuestra madre, que no habíamos vuelto a ver hasta ahora. Igual será nuestro padre José, que no veremos nunca más. Entonces los hijos de José alzaron la voz, llorando. Yo también, y María, la Virgen, mi madre, lloramos con ellos, porque el momento de la muerte había sobrevenido.

Entonces miré en dirección al mediodía y divisé a la muerte. Entró en la mansión, seguida de Amenti, que es su instrumento, con el diablo seguido de sus ayudantes, vestidos de fuego, innumerables y echando por la boca humo y azufre. Mi padre José miró y vio que lo buscaban, llenos contra él de la cólera con que acostumbran a encender sus rostros contra toda alma que deja un cuerpo, especialmente contra los pecadores en quienes advierten el más mínimo signo de posesión. Cuando el buen viejo los divisó, sus ojos vertieron lágrimas. En este momento, el alma de mi buen padre José se separó, lanzando un suspiro, a la vez que buscaba medio de ocultarse, para salvarse. Cuando yo vi, por el gemido de mi padre José, que había distinguido a las potencias que nunca hasta entonces había visto, me levanté en seguida, y amenacé al diablo y a los que iban con él. Y todos se fueron en vergüenza y con gran desorden. Y, de cuantos estaban sentados en torno a mi padre José, nadie, ni aun mi madre Ma-ría, conoció nada de los ejércitos terribles que persiguen a las almas de los hombres. Cuanto a la muerte, cuando vio que yo había amenazado a las potencias de las tinieblas, y las había echado fuera, tomó miedo. Y me levanté al instante, y elevé una plegaria a mi Padre Misericordioso, diciéndole:

¡Oh Padre mío, raíz de toda misericordia y de toda verdad! ¡Ojo que ves! ¡Oído que oyes! Escúchame a mí, que soy tu hijo querido, y que te imploro por mi padre José, rogando que le envíes un cortejo numeroso de ángeles, con Miguel, el dispensador de la verdad, y con Gabriel, el mensajero de la luz. Acompañen ellos el alma de mi padre José, hasta que haya pasado los siete círculo; de las tinieblas. No atraviese mi padre las vías angostas por las que es terrible andar, donde se tiene el gran es panto de ver las potencias que las ocupan, donde el río de fuego que corre en el abismo mueve sus ondas como las olas del mar. Y sé misericordioso para el alma de mi buen padre José, que va a tus manos santas, porque éste es el momento en que necesita tu misericordia. Yo os lo digo, ¡oh mis venerables hermanos, y mis apóstoles benditos!: todo hombre nacido en este mundo y que conoce el bien y el mal, después que ha pasado todo su tiempo en la concupiscencia de sus ojos, necesita la piedad de mi buen Padre cuando llega el momento de morir, de franquear el pasaje, de comparecer ante el Tribunal Terrible y de hacer su defensa. Pero vuelvo al relato de la salida del cuerpo de mi buen padre José.

Y, cuando la agonía llegaba a su término último y mi padre iba a rendir el alma, lo abracé. Y apenas dije el amén, que mi querida madre repitió en la lengua de los habitantes del cielo, se presentaron Miguel y Gabriel, con el coro de los ángeles, y se colocaron cerca del cuerpo de mi padre José. En este momento la rigidez y la opresión lo abrumaban en extremo, y comprendí que el instante próximo y su premio habían llegado, porque el cuerpo era presa de dolores parecidos a los que preceden al parto. La agonía lo acosaba, tal que una violenta tempestad o un enorme fuego que devora gran cantidad de materias inflamables. Cuanto a la muerte misma, el miedo no le permitía entrar en el cuerpo de mi querido padre José, para separarlo de su alma, porque, al mirar el interior de la habitación, me encontró sentado cerca de su cabeza y con mi mano en sus sienes. Y, cuando advertí que la intrusa vacilaba en entrar por mi causa, me levanté, me puse detrás del umbral y encontré a la muerte, que esperaba sola y poseída de un gran temor. Y le dije: ¡Oh tú, que has llegado de la región del mediodía, entra pronto a cumplir lo que mi Padre te ha ordenado! Pero vela por José como por la luz de tus ojos, porque es mi padre según la carne y ha sufrido por mí mucho, desde los días de mi niñez, huyendo de un sitio a otro, a causa del perverso propósito de Herodes. Y he recibido sus lecciones, como todos los hijos cuyos padres acostumbran a instruirlos para su bien. Y entonces Abbatón entró y tomó el alma de mi padre José, y la separó de su cuerpo, en el punto y hora en que el sol iba a despuntar en su órbita, el 12 del mes de epifi. Y el total de los días de la vida de mi querido padre José fue de ciento once años. Y Miguel tomó los dos extremos de una mortaja de seda preciosa, y Gabriel tomó los otros dos. Y tomaron el alma de mi querido padre José, y la depositaron en la mortaja. Y ninguno de los que se hallaban cerca del cuerpo de mi padre conoció que había muerto, y mi madre María, tampoco. Y mandé a Miguel y a Gabriel que velasen el cuerpo de José, a causa de los raptores que pululaban por los caminos, y que los ángeles incorporales, cuando salieran de la casa con el cadáver, continuasen cantando en su ruta, hasta conducir el alma a los cielos, cerca de mi buen Padre.

Y volví cerca del cuerpo de mi padre José, que yacía como un cesto. Le bajé los ojos y se los cerré, así como la boca, y quedé contemplándolo. Y dije a la Virgen: Oh María, ¿qué se hicieron los trabajos del oficio que José realizó desde su infancia hasta ahora? Todos han pasado en un solo momento. Es como si no hubiese venido nunca al mundo. Cuando sus hijos e hijas me oyeron decir esto a María, mi madre, me dijeron con profusión de lágrimas: Malhaya nosotros, ¡oh nuestro Señor! Nuestro padre ha muerto, ¡y nosotros no lo sabíamos! Yo les dije: En verdad, ha muerto. Mas la muerte de José, mi padre, no es una muerte, sino una vida para la eternidad. Grandes son los bienes que va a recibir mi muy amado José. Porque desde que su alma ha dejado su cuerpo, todo dolor ha cesado para él. Está en el reino de los cielos por toda la eternidad. Ha dejado tras sí este mundo de penosos deberes y de vanos cuidados. Ha ido a la morada de reposo de mi Padre, que está en los cielos, y que nunca será destruida. Cuando yo hube dicho a mis hermanos: Ha muerto vuestro padre José, el viejo bendito, se levantaron, desgarraron sus vestiduras, y lloraron mucho rato.

Cuando Ricardo hacía un relato como el anterior, le ponía tanta vehemencia a sus palabras que todo mundo quedaba callado. Fue hasta unos segundos después de terminar que reaccionaron aplaudiendo.

-No hemos terminado… mañana será el último día, pero les pido no dejen de venir pues hablaremos de las exequias de José y las reacciones en Nazaret y pueblos circunvecinos… buenas noches.

 

 

 

 

 

 

-Ricardo… te están esperando…

-Quiénes?

-Los del grupo que van a participar en la búsqueda por la paz…

-Pues a qué horas son?

-Las siete…

-Y ya llegaron?

-Sí, desde hace como quince minutos…

-Hummm… bueno, entretenlos por favor… ahorita salgo…

No bien salía Norma de la habitación, cuando entraba como tromba Julián.

-Ya ni te  bañes… creo que vale la pena que vengas a ver esto…

-Y ahora? Qué se traen?

-Ven… apúrate… replicó el sacerdote y salió de nueva cuenta corriendo.

La curiosidad se prendó del escritor y, poniéndose los pantalones y la camisa del día anterior, salió a ver qué pasaba.

Junto con los integrantes del grupo estaba Bismarck, un joven amigo que acababa de ser nombrado Director del canal oficial de la televisión estatal.

-Hola Profesor, dijo alegre extendiendo los brazos para abrazarle. Me he enterado de sus proyectos y vengo a poner en sus manos un programa de televisión con cobertura en todo el Estado…

-Vaya, pues sí que es buena noticia… tema?

-El que Usted indique… pero quiero colaborar en ese rescate de valores del que me hablaron…

-Bueno, pues es fantástico… eso me va a permitir llevar mis conceptos a mucho más gente de la esperada, y aún proyectar los esfuerzos de todos estos compañeros. Gracias Bismarck… muchas gracias…

-Pues vaya buscándole nombre…

-Seguramente… no quieres quedarte a desayunar?

-Gracias, pero me espera mi esposa… siempre desayuno con ella porque el resto del día ni siquiera me ve…

-Bueno, pues nuevamente muchas gracias… ya te pasaré un proyecto de programa para tu aprobación…

Tras salir el joven periodista, los comentarios no se hicieron esperar…. y duraron hasta que los bolillos con relleno se acabaron.

 

-Bueno amigos, en este último día de charla, nos vamos a remontar hasta el mismo Nazareth para saber un poco más de José, el padre de la humanidad, del cariño que se había ganado entre sus contemporáneos.

Todos los de la ciudad de Nazareth y de toda la Galilea, al oír el duelo, se reunieron en el lugar en que estábamos, según costumbre de los judíos, cuenta Jesús a sus discípulos. Y pasaron todo el día llorando, hasta la hora novena. A la hora novena, hice salir a todos. Vertí agua sobre el cuerpo de mi amado padre José, lo ungí en aceite perfumado, y rogué a mi Padre, que está en los cielos, con las plegarias celestes que escribí con mis propios dedos cuando aún no había encarnado en la Virgen Ma-ría. Y, al decir yo amén, muchos ángeles llegaron. Di orden a dos de ellos de extender una vestidura, e hice levantar el cuerpo bendito de mi buen padre José para amortajarlo con ella.

Y puse mi mano en su corazón, diciendo: Nunca el olor fétido de la muerte se apodere de ti. No oigan tus oídos nada malo. No invada la corrupción tu cuerpo. No se vea atacada tu mortaja por la tierra, ni se separe de tu cuerpo, hasta que lleguen los mil años. No se caigan los cabellos de tu cabeza, esos cabellos que yo he tomado tantas veces con mis manos, ¡oh mi buen padre José! Y la dicha sea contigo.

Y ahí ofreció que a los que den una ofrenda a su santuario el día de tu conmemoración, los bendecirá con un don celestial que se les hará en los cielos. Quien, en tu nombre, ponga un pan en la mano de un pobre no dejaré que carezca de los bienes de este mundo, mientras viva. Quienes lleven una copa de vino a los labios de un extranjero, o de un huérfano, o de una viuda, en el día de tu conmemoración, yo se lo haré presente, para que tú los lleves al banquete de los mil años. Los que escriban el libro de tu tránsito, según lo he contado hoy con mi boca, por mi salud, ¡oh mi padre José!, los tendré presentes en este mundo, y, cuando dejen su cuerpo, yo romperé la cédula de sus pecados, para que no sufran ningún tormento, salvo la angustia de la muerte y el río de fuego que purifica toda alma ante mi Padre. Y, cuando un hombre pobre, no pudiendo hacer lo que yo he dicho, engendre un hijo y le llame José, para glorificar tu nombre, ni hambre, ni epidemia entrarán en su mansión, porque tu nombre estará allí.

En seguida, los notables de la población fueron al sitio en que estaba depositado el cuerpo, acompañados de los acólitos de los funerales, y con objeto de amortajar su cuerpo según los ritos judíos. Y lo encontraron amortajado ya. El lienzo se había unido a su cuerpo como con grapas de hierro. Lo movieron y no hallaron la abertura de su mortaja.

Entonces, lo llevaron a la tumba. Cuando lo hubieron puesto a la entrada de la caverna para abrir la puerta y depositarlo entre sus padres, Jesús recordó el día en que partió con él para Egipto y las tribulaciones que sufrió, y se extendió sobre su cuerpo, y lloró sobre él, diciendo:

¡Oh muerte, que causas tantas lágrimas y lamentos! ¡Es, sin embargo, Aquel que domina todas las cosas quien te ha dado ese poder sorprendente! Pero el reproche no alcanza tanto a la muerte como a Adán y a su mujer. La muerte no hace nada sin orden de mi Padre. Ha habido hombres que han vivido novecientos años antes de morir, y muchos otros han vivido más aún, sin que nadie entre ellos haya dicho que ha visto la muerte, ni que ésta viniese por intervalos a atormentar a cualquiera. Es que no atormenta a los hombres más que una vez, y esta vez es mi buen Padre quien la envía al hombre. Cuando viene hacia él, es porque oye la sentencia que parte del cielo. Si la sentencia llega cargada de cólera, también con cólera llega la muerte para llevar el alma a su Señor. La muerte no tiene el poder de llevar el alma al fuego o al reino de los cielos. La muerte cumple la orden de Dios. Adán, al contrario, no cumplió la orden de mi Padre, sino que cometió una transgresión. Y la cometió, hasta irritar a mi Padre contra él, obedeciendo a su mujer y desobedeciendo a Dios, de modo que atrajo la muerte sobre toda alma viviente. Si Adán no hubiese desobedecido a mi buen Padre, no hubiese atraído la muerte sobre él. ¿Qué es, pues, lo que me impide rogar a mi buen Padre para que envíe un carro luminoso, donde yo pondría a mi padre José, sin que gustase la muerte, para hacerlo conducir, con la carne en que fue engendrado, hacia un lugar de reposo, con los ángeles incorpóreos? Mas por la transgresión de Adán, sobre 1a humanidad entera ha venido la gran angustia de la muerte. Y yo mismo, pues que revisto esta carne, debo gustar la muerte por las criaturas que he creado, para serles misericordioso.

Mientras Jesús hablaba así y abrazaba a su padre José, llorando sobre él, ellos abrieron la puerta de la tumba y depositaron su cuerpo junto al de Jacobo, su padre y abuelo del futuro Cristo.

 

Tras unos segundos de silencio, Ricardo sentenció:

-Jesús dijo: Leed este testamento los días de fiesta y sagrados; y en fin: Aquel que corte o añada palabras de este testamento, de modo que me ponga por embustero, sufrirá mi santa venganza: después de todo esto, no sorprende que le haya llamado su padre carnal y que, no obstante, no le haya prometido la inmortalidad, para hacerlo vivir eternamente.

Cuando el hombre ama las obras del diablo, por su voluntad de hacer el mal, si Dios lo deja vivir largo tiempo, ¿no sabe que caerá en las manos de Dios, si no hace penitencia? Pero, cuando alguien llega a una edad avanzada entre buenas acciones, son sus obras las que hacen de él un anciano. Cada vez que Dios ve que un hombre corrompe su carne en su camino sobre la tierra, acorta su existencia, como hizo con Ezequías.

Y aquí cabe preguntar: Fue la vida de José realmente feliz, dedicado a su hijo y a su mujer? Fue un varón justo con el propio Jesús y con sus otros hijos? Porqué lanza tanta “malhaya” al final de su vida? Estaba inconforme con lo sucedido a lo largo de su existencia?

No… José no sólo fue un hombre justo y feliz a lo largo de su vida, sino que lo ha sido a lo largo de su muerte. Su imagen viva es venerada un cada rincón del mundo, es el ejemplo del buen padre, es el padre de la humanidad!

La magnitud del propio Jesús y de María, la Virgen, opacan en cierta forma la presencia y esencia de José, pero tan bendecido por el Espíritu Santo lo es él como los dos anteriores, pues acepta, conserva y observa el mandamiento ordenado por vía del propio Espíritu Santo a través del ángel.

Quizá incluso su virtud sea mayor –desde el punto de vista meramente humano– porque Jesús y su madre gozan de la divinidad directa, mientras él es tan humano como cualquiera de nosotros. Tan débil como cualquiera de nosotros.

Pero lo más importante es la formación del niño Jesús, no es fácil formar la perfección misma, moldear lo perfecto, cambiar –o evitar que cambie– en una responsabilidad que va más allá de lo común.

Pero cumple su cometido. A su muerte, Jesús tenía –conforme a sus propias palabras– 18 años, edad a la que se comenta fuese admitido –obviamente tras la muerte de su padre– en el Monasterio Esenio, en donde pasa doce años más de preparación para salir al mundo a predicar… a los 30 años.

Nadie es dueño de la exactitud de las fechas, pero como historiador me atengo más al evangelio al que nos referimos y a las fechas que, naturalmente, coinciden con los propios tiempos de Cristo, que a otros datos proporcionados por estudiosos pero sin base alguna. Un evangelio apócrifo –que significa secreto, y no falso- es, de todas formas, un evangelio y, si se acepta el principio de tal, porqué no aceptar el resto del relato.

Santiago y el mismo Mateo son reconocidos evangelistas. Luego entonces es verdad sólo parte de lo que dicen? O es verdad TODO lo que dicen?

Vayan con esta reflexión y oren por José, y por todos aquellos josefinos que, como el Padre José Luis Pacheco Torres, M.J., de la Parroquia de La Sagrada Familia, allá en Santa María la Ribera, tradicional colonia del Distrito Federal de México, promueven su veneración y, en su muy especial caso, la conformación de esta charla y la edición del libro brotado de estas pláticas.

Agradezco a todos Ustedes su presencia y asistencia a mis pláticas y al interés que ponen a su contenido. Buenas noches…

 

Todos se levantaron aplaudiendo y con rapidez se acercaron al escritor palmeándole el hombro y pidiendo les apartara un ejempla en cuanto el libro estuviese editado.

Otros más se acercaron a Julián, el sacerdote, para pedir su bendición que él, bondadoso y comedido, como siempre, daba a unos y otros.

Doña Elvia, levantando la voz, le invitó a sentarse de nueva cuenta pues tenía un mensaje que darles.

Una vez restablecido el orden, Doña Elvia empezó a decir:

-Ricardo ha tenido la magnífica idea de enfrentar la maldad sembrando en la niñez. Tenemos algunos programas por echar a nadar y estamos solicitando su participación….

 

Ricardo observaba a los asistentes y se sentía satisfecho de ver que, a manera de aprobación, asentían con la cabeza. Tomando del brazo a Julián, se dirigió al interior de la vivienda, mientras Doña Elvia anotaba a todos aquellos que estaban dispuestos a participar en la cruzada por la paz…

 

 

 

Esta es una obra auspiciada por la

Academia Mexicana de Literatura Moderna,

La Sociedad Académica de Historiadores

y

Editorial Sagitario

registrada con el No. 268

dentro del

Programa de Financiamiento para

Escritores Iberoamericanos

 

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