DIRECTORIO MUNDIAL DE LITERATURA, HISTORIA, ARTE Y CULTURA          

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DIRECTORIO MUNDIAL DE LITERATURA, HISTORIA, ARTE Y CULTURA

Quién es... Cristo?

Obras del Dr. Fco. Xavier Ramírez S.

La Academia Latinoamericana de Literatura Moderna

dentro de su Programa de Financiamiento para Escritores Iberoamericano

y con su Programa Editorial Sagitario

presentan

 

Quién es... CRISTO?

 

 

Una obra del Dr. Fco. Xavier Ramírez S

 

Este libro, con registro 122 (Tomo I) y 132 (Tomo II) en el Programa de Financiamiento para Escritores Iberoamericanos,

se terminó de imprimir el día 21 de agosto del 2004, bajo el sistema POD y con un tiro inicial de 500 ejemplares, en los talleres de Editorial Sagitario.

Todos los derechos reservados conforme a las leyes mexicanas y las correspondientes internacionales. Se prohíbe su copia, reproducción y distribución por cualquier medio sin permiso expreso del autor o sus editores.

Derechos de Edición: Editorial Sagitario 2004

editorialsagitario@hotmail.com

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A mi abuela, que en gloria esté, con amoroso recuerdo por su cariño y sus enseñanzas.

A mi padre, adelantado en el último viaje, por haberme enseñado a querer a su Hermano Dios y su Lupita.

A mi madre, por su eterno apoyo y la bondad de sus sentimientos.

A Norma, mi amada esposa, como siempre y para siempre, por su paciencia e inspiración. 

A todos mis hijos, mis principales lectores.

Al mundo, con la esperanza de salvación.

 

 

A MANERA DE PRESENTACIÓN

 

Los estándares de conducta del ser humano se han visto restringidos ante la presencia de seres todopoderosos, que lo mismo les guían que frenan con cánones que norman esa conducta. Esos seres todopoderosos, los dioses, han sido refutados por seres pensantes como científicos, filósofos y librepensadores. Sin embargo, es indudable que de los cientos de millones de seres humanos que habitan este perecedero planeta, son tan sólo unos cuantos -quizá un pobre 2 o 3 por ciento- los que dudan de la existencia de esos seres todopoderosos, dejando así una duda mayor: ¿Quién tiene la razón, los que creen en un Dios, o los que afirman que son sólo invenciones del hombre mismo?

Esta obra no pretende aclarar las dudas de todos, porque es difícil lograr que todos los seres humanos piensen de la misma manera -lo que sería muy presuntuoso de mi parte- pero sí desahogar algunas dudas, sobre todo después de encontrarse, a lo largo de la vida, tanto con incongruencias religiosas como con algunos hechos de esos que nos hacen creer que sí existe algo o alguien que, desde muy arriba, está pendiente de nosotros.

Si bien es cierto que el autor profesa la religión católica, esa que en su niñez le dijeron era “apostólica y romana”, también es cierto que reconoce la existencia de muchas otras religiones y las sectas o ramas que de cada una se derivan ante la debilidad humana que, al darse la división entre los hombres, arrastra en su rencor o empecinamiento sus creencias, acomodando la religión a su propia conveniencia, como Lutero mismo que, sin afán de criticarlo de momento, es ejemplo de lo que señalamos.

La diversidad de religiones, sus sectas, y aún nuevas creencias y filosofías brotadas del modernismo, han dado al traste con la credibilidad del hombre que, como el autor, nace y crece bajo normas y cánones de determinada religión, obligándolo a investigar qué tanto de verdad hay en aquello que le enseñaron de pequeño. Algunos lo hacen a fondo y, como se dice por ahí, preguntando llegan a Roma, y logran despejar muchas de sus dudas. Otros, sin embargo, caen fácilmente en un mar de confusión que acrecienta sus dudas y, finalmente, o se resigna a simular que cree, o de plano se convierte en ateo.

En la religión católica, por ejemplo, se habla de dos épocas que dividen notoriamente la vida humana -contenidas en viejo y nuevo testamento- y cuyo parteaguas es precisamente el nacimiento del hijo de Dios: Cristo, que por principio de cuentas lega a la humanidad toda una enseñanza, una creencia que perdura a dos mil años de su arribo a la tierra, destruyendo mitos aun de su propia religión y marcando nuevas reglas; todo esto en una suprapasajera etapa que no llegó a los tres años de vida pública. Un superhombre que en menos de mil días cambió el rumbo de la historia de la humanidad. De ahí nuestra irreverente, pero muy humana y cariñosa pregunta: ¿Quién demonios es Cristo?

 

Dr. Fco. Xavier Ramírez S.

 

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Carlos se quedó viendo el maravilloso Cristo, casi de tamaño natural, que colgaba sin cruz de la pared principal de la sala. Su padre lo había adquirido, semidestrozado, en un bazar de Pátzcuaro hacía muchos años. Era una obra artesanal, pero bella en lo burdo del tallado. Además, respiraba una tranquilidad fabulosa por sobre todo aquel que visitaba el pequeño departamento.

Le llamaba la atención el cariño que sentía su padre por ese Cristo y por su “Lupita”, una Virgen de Guadalupe de tamaño original que estaba colocada junto al Cristo en el contra-rincón. El, por su parte, no creía mucho en eso de los santos. Cuáles? Cuál Dios?, si ninguno de ellos le ayudaba en sus broncas. Y vaya que estaba metido en broncas!

Desde niño fue rebelde, caprichoso, le molestaba sobremanera que algún otro no hiciese su voluntad. A los cinco años, al salir del Kinder, mandó al diablo a sus hermanos y se fue caminando solo hasta su casa, distante lo menos cinco kilómetros y en cruce con tres grandes avenidas. Y lo hizo sin contratiempos!

Es cierto que antes creía en Dios; sus padres lo bautizaron y, aunque no muy apegados a las normas eclesiásticas, si asistían a misa y cumplían con los principales rituales católicos. Sobre todo su padre. Pero, conforme se acercaba a la adolescencia, algo como que se le metía y le decía que eran puros cuentos eso de Dios. Para empezar, le sacaba de onda que cuando preguntaba por algo que no entendía muy bien, los padres que se hacían cargo de la escuela, sus mentores, sus asesores, sus guías y maestros, siempre le salieran con la misma jalada: “es un misterio de fe”. Carajo, qué no podían dar una méndiga explicación -se decía- o cuando menos hacerle al cuento?. Pero no, según ellos con decir “es un misterio de fe” debía todo mundo quedarse callado y no indagar más.

-Qué pasó hijo? Saludó al entrar Ricardo Alvarez Ayala, escritor, periodista y estudioso de costumbres y por costumbre.

-Nada, ya sabes... dándote lata.

-Por qué... te pasa algo?

-No sé...estoy muy descontrolado... todo me saca de onda!

-Carlos... tienes 20 años... estás pasando por lo que pasamos todos, y el que lo niegue... miente! Debes tener paciencia y enfrentar esa desazón con estudio, y no te hablo de la escuela. Cuando tengas una duda, te sientas inquieto por algo, simplemente investiga, estudia, por qué... por qué?! Verás que en cuanto entiendas el porqué de las cosas mucha de esa incertidumbre desaparecerá.

-Pero sobre qué investigo? Si ni siquiera sé qué demonios me pasa, qué no entiendo, qué me falta?.

-Precisamente esa es la incertidumbre. No saber qué es, qué falta, qué no se entiende. Pero el subconsciente es muy sabio... mira, tienes tiempo?

-Si... todo el pinche tiempo del mundo...

-Cálmate... acomódate en el sillón que más te guste, sírvete un refresco y déjame ponerme cómodo a mí también. Veremos que se puede hacer...

 

Mientras Ricardo se perdía en el corredor que daba a su recámara, Carlos entraba en la cocina para sacar unas cocas del refrigerador.

-Carajo -pensaba- yo no entiendo cómo demonios le hace mi jefe. Siempre anda de buenas, dicharachero, relajiento, bueno... también siempre le hecha bronca a los taxistas y los urbaneros, pero de ahí en fuera... como que tiene comprada la vida. Todo le pasa, todo se le resbala, no hay problemas grandes para él. Ni los suyos, ni los de los demás...

Dejó los vasos servidos sobre la mesa de centro y se acomodó en el sillón doble -le chocaba que le llamaran “love seat”- casi al mismo tiempo que Ricardo regresaba.

 

-Listo?

-Listo.

-Bien. Te parece que empecemos por cualquier parte?

-Me da igual...

-Dime lo primero que se te venga a la mente...

-Mmm... Te gusta mucho tu Cristo, verdad?

-Sí, me encanta como obra y por lo que representa.

-Deveras crees en Dios?

-Tú no?

-Francamente...

-Por qué?

-Pues es que... en realidad... a mí no me saca de apuros... si existe, le valgo gorro...

-Y le has pedido que te ayude?

-Bueno, no, pero si se supone que todos somos hijos de Dios él debe saber qué necesito, qué tengo, qué me falta, o no?

-Yo soy tu padre, y si no vienes ahora y me dices que necesitas mi ayuda no hubiese sabido de tu inquietud y desazón.

-Pero tú no eres Dios...

-Cálmate... por eso dicen que al que no habla, Dios no lo oye! Para que te dé alguien algo, debes pedirlo.

-A ti te ha dado algo que le hayas pedido?

-Sí, tantas cosas que hasta he perdido la cuenta... a ti y a tus hermanos... una familia y una vida tranquila...

-Esa te la has ganado...

-Con su ayuda...

-Eres mocho?

-Ja... no, no me considero mocho, pero sí creo y creo firmemente.

-Y cómo te explicas que Sergio, el dueño de las fábricas de textiles y ateo por antonomasia, viva también tan tranquilo y bien, sin creer en Dios?

-Pues aunque ni él ni tú lo crean, Dios es el que le ha dado todo. Claro que él también ha colaborado con su esfuerzo, su trabajo, su dedicación. Es un hombre honrado. Sin hacerlo a propósito, cumple con las primordiales reglas divinas, el amor sobre todo, y por eso es digno de que se le dé.

-Entonces... si según tú cumplen con las reglas divinas, aunque no crean, se salvarán.

-Así es. El cielo es el premio de los justos, no de los pecadores. Y entrarán en él los justos sean o no creyentes, lo mismo que al infierno se irán los pecadores, aún siendo creyentes!

-Y los misterios de la fe?

-Cuáles?

-Huyyy... pues todos... toda la maldita religión es un “misterio de fe”...

-Era... eran, mejor dicho. Las cosas han cambiado, retoman su cauce. Regresamos, poco a poco, a la realidad original.

-Cómo?

-Sí, las normas básicas son divinas, pero la reglamentación y estructura de la iglesia es humana. Debemos recordar, por principio de cuentas, que la iglesia nace y crece enmedio de una cruenta guerra entre judíos y romanos, que se agrava con la persecución cristiana en la misma Roma. Ante esto, surgen los primeros “misterios de fe”, cosas que no podían divulgarse con tanta facilidad, aunque fueran tan simples como por ejemplo la identidad de los integrantes de cierta comunidad religiosa. Los cristianos se reunían en las catacumbas de Roma. Cualquiera con quien hablaban en la calle podía ser un espía el servicio del Cesar, o un soplón. Más tarde, tras la pacificación y el entendimiento, surgen nuevas necesidades políticas que observar para jugar al tú por tú, de igual a igual, con los viejos amos romanos. Ahí empieza a tergiversarse la religión. Algunos cánones se tuercen en la misma medida en que la necesidad obliga. Y a lo largo de dos mil años sigue sucediendo. Lo mismo durante mandatos pastorales de grave riesgo como el de León XIII que enfrentara el salvajismo de Atila, un depredador al que no espantaba ni Dios ni sus misterios, que otros que por sí mismos fueron una lacra para la propia iglesia como el de Alejandro VI, cabeza de los Borgia, que más que un Papa fue un príncipe del renacimiento que hizo víctimas de cruentas guerras a los señores italianos, y cuyos hermanos han pasado a la historia como prototipos de la degeneración: Cesar y Lucrecia. Los misterios de la fe crecen. Llega el momento en que prácticamente todo era un “misterio de fe”, pero más que nada porque, o era muy difícil explicarlo, o era una vergüenza para la iglesia justificarlo.

-Entonces los famosos “misterios de fe” son en realidad movidas chuecas tapadas al paso de los siglos...

-No tanto así, ni todos ellos, pero algo hay de eso...

-Dime una cosa. Por qué es tan difícil para los curas hablar de la religión cuando alguien les cuestiona uno de esos temas prohibidos?

-Puede ser por dos razones. Por temor a que su cuestionador no entienda las cosas como son, o no las quiera entender, porque al final de cuentas no hay más sordo que el que no quiere oír, o bien por ignorancia. Sí, aunque no lo creas, hay curitas que se han quedado en el pasado, cuando a ellos mismos les decían que era “misterio de fe” y no están al tanto de, o no aceptan, los movimientos renovadores de la iglesia.

-Vaya, como quien dice también hay curas ignorantes...

-No, un momento, no son ignorantes. Más bien no están actualizados.

-Pero esos movimientos renovadores que mencionas se dice que son escisiones dentro de la iglesia misma, como lo de Lutero, o lo de la teología de la liberación...

-Yo no puedo asegurar ni una ni otra cosa, pero creo que la iglesia misma, en su afán por desfacer entuertos, es decir, por aclarar esos tapujos y malentendidos, convenientes en su momento, acumulados al paso de los siglos, ha propiciado ella misma esos movimientos con el fin de “calar” las reacciones de los fieles. Suponiendo que eso fuera cierto, cuando hace el primer intento, la reacción encabezada por Lutero es tan dura que se tiene que ver obligada a separarlo de su seno y más adelante sostenerlo y apoyar la nueva rama de la religión para poder mantener en cauce a los miles de seguidores que no aceptaban una renovación. Ya en la época moderna, el movimiento de la Teología de la Liberación, brotado del mismísimo seno del Concilio Vaticano Segundo bien puede ser un nuevo intento renovador y, para colmo, sus resultados me hacen confirmar lo que pienso. Si bien la corriente ha sido rechazada con timidez por la Iglesia, también es cierto que, muy callada y pausadamente se han ido aplicando en la práctica diaria esos cambios. Tan lentamente, que ni la propia grey se da cuenta sino hasta que ya son una nueva costumbre. Por ejemplo, recordarás que hasta principio de los noventas no podía tocar nadie, excepto el sacerdote, la Sagrada Hostia. Ahora, no sólo la toca cualquiera, sino que te la dan en las manos para que tú la coloques en tu boca. Además, ya no te la da únicamente el cura, sino personas que, si bien no son ajenas a la grey católica, tampoco son sacerdotes. Les llaman Diáconos. Algunos han alegado que los curas lo hacen por temor al sida, ya sabes, cuando se decía que la saliva era uno de los medios de contagio, pero, de ser así, debemos recordar aquellas épocas en que la peste, por ejemplo, diezmaba a la población mundial y, a pesar de todo, los sacerdotes colocaban directamente la hostia en boca del comulgante, con todo y el temor al contagio. Claro está que hay algunos cambios que nada tienen que ver con el retorno a la realidad de una iglesia actuante, son simples modernismos con los que se pretenden encubrir los verdaderos cambios, el asomo a la verdad que lentamente brota de nueva cuenta.

-Siendo así, porqué de plano no dice la Iglesia esto es verdad y esto no? A qué le temen?

-Muy sencillo, a la falta de entendimiento por una parte, pero principalmente al tan arraigado tradicionalismo del pueblo. Si a un pueblo le vas cambiando las normas poco a poco, sin darle la oportunidad de escandalizarse, las acepta, a regañadientes pero las acepta. Por el contrario, si le quieres cambiar su forma de vida, sus costumbres o sus creencias de golpe, lo único que vas a conseguir es un repudio generalizado. Recuerda que “somos animales de costumbres”

-Pues tienes razón. Hay muchas cosas que no entiendo y algunas incluso que no acepto. La verdad es que no es tanto que ya no crea en Dios, sino en la religión como tal. Porque es obvio que Dios existe, pero... como que los hombres se han aprovechado de ello, no?

-Ahora eres tú el que tiene la razón, si bien tampoco debemos culpar por esto a todos los curas, los obispos o los mismos Papas. Debemos reconocer que, para empezar, son humanos y por lo mismo sujetos a las debilidades propias del ser humano como la envidia, la ambición, y tantas otras que llevan a la humanidad misma a la desgracia. Siento que Juan Pablo II ha sido una figura definitiva en esta nueva época de la iglesia. Por principio de cuentas recuerda que es el primer Papa no italiano que rige la iglesia desde hace más de mil años. Sobre todo si consideras que es una época en la que se han perdido tanto los valores morales. Y mira que está a punto de perderse el principal, ese que diera como nuevo mandamiento Jesús: amáos los unos a los otros.

-Hablando de Jesús... hay tantos mitos, tantos absurdos, que ya no sé francamente quién demonios es Cristo?

-Eso es harina de otro costal, aunque destinada al mismo pastel. Por ahora, vamos a descansar y mañana te cuento un poco respecto a Cristo.

-Está bien, hasta mañana jefe...

Ricardo se retiró, pero dejó a Carlos sumido en un mar de confusiones. Cómo está eso de que la iglesia quiere regresar al pasado, un pasado que dicen es la verdad? Cuál es la verdad entonces? Era mejor la religión antes que ahora? No es una misma?

Mascullando maldiciones, como siempre, se retiró no sin antes echar otra mirada al Cristo colgado de la pared de la sala.

 

Carlos vivía en un mundo que se estaba suicidando. Durante millones de años había subsistido incólume. Sin embargo, era apenas en los últimos cien años en que prácticamente la humanidad estaba a punto de acabar con el planeta. El deterioro ecológico se había acentuado en menos de cincuenta años. A pesar de todo, la humanidad no entendía... o no le interesaba entender. Lo peor de todo, es que no sólo se había degenerado el planeta, sino los mismos seres. Si bien es cierto que siempre ha existido el bien y el mal, era precisamente en esos últimos cincuenta años en que la moral se había relajado a tal grado, que todos y cada uno de los principios que la sustentaban se habían ido al demonio. Y no hablamos de una moral mojigata de golpes de pecho y rezanderas, no, la moral más básica se había perdido.

En el primer caso, la industrialización, base y sustento de la modernidad, que viera sus inicios con raquitismo a finales del siglo diecinueve, pero explotara en su máxima expresión de grandeza en pleno siglo veinte, era la principal causa del deterioro ambiental. En medio siglo la pureza del aire en el mundo se había perdido en un 60 por ciento, ya no digamos la de la tierra y mucho menos la del agua que alcanzaba niveles escandalosos: el 80 por ciento. En el segundo, aceptando de antemano que algunas porciones de la humanidad han tenido etapas de degradación moral y social, como sucediese poco antes del renacimiento, el grado de relajación generalizada alcanzado en el siglo veinte era ya no preocupante, sino alarmante. De los valores humanos: castidad, pureza, honestidad, lealtad, agradecimiento, concordia, hermandad, hospitalidad, fraternidad, amistad, dignidad, no quedaba más que el recuerdo en la historia o en las frases huecas de políticos y literatos. La verdad es que se estaba viviendo un mundo en el que no había la más mínima noción de todo esto. Lo peor de todo, es que las nuevas generaciones veían esa vida como lo más natural, Y es que había razón... no conocían otra.

La población mundial se había decuplicado en esos cincuenta años. Ante el modernismo, a pesar de que proliferaron las fábricas, los empleos fueron cada vez menos en proporción. Conforme a las estadísticas, uno de cada diez seres humanos tenía un trabajo decente y tres eran subempleados, los demás simplemente no tenían trabajo. En otras palabras, cada hombre que trabajaba era el sustento de otros siete, directa o indirectamente, fueran o no de su familia, conocidos o no. La economía pendía de un hilo. Los factores gubernamentales, infiltrados por una tormenta de corrupción, más que gobernar eran verdaderas factorías de millonarios al vapor.

Las necesidades, imperiosas en la mayor parte del mundo, extremas en algunas zonas como Africa, Medio Oriente y parte de América, lanzaron a los hombres a violar todos los cánones establecidos con el fin de lograr subsistir. El delito se volvió costumbre y por ende, ley. Así de fácil.

Llegó el momento en que el treinta por ciento del capital total del mundo estuvo en manos de no más de cien familias, mientras millones de seres morían de hambre en todo el planeta. Ver en la televisión las imágenes de miles de hombres, mujeres, niños y ancianos, agonizando enflaquecidos por el hambre ya no causaba sentimientos de angustia, si acaso un “pobrecitos”, pero hasta ahí. Debemos reconocer que los organismos de ayuda mundial se multiplicaban, pero sus resultados eran nada alentadores. Esa misma corrupción les desviaba de sus propósitos, o al menos les frenaba en su labor. El petróleo y sus derivados, fuente de energía de prácticamente toda la maquinaria moderna, se convirtió en la manzana de la discordia y muchas guerras se iniciaron con otros pretextos, pero con el verdadero fin de controlarlo. Un nuevo cáncer tomaría las riendas del poder en casi todo el mundo: el narcotráfico, si bien siempre existente, ahora desparramado por todos los rincones del orbe. Tan sólo en los Estados Unidos, el país más poderoso del planeta, existían más de 30 millones de drogadictos y se dice que ocho de cada diez norteamericanos han probado al menos la marihuana. El poder político de unos llegó a ser tan grande, que bien podían acabar de la noche a la mañana con la estabilidad de una nación entera. Abajo, en la sociedad, entre las familias mismas, la situación no era diferente

La mujer había alcanzado la “igualdad de derechos” y ahora participaba por igual en las responsabilidades del hombre, pero para su desgracia. Bien podía verse a frágiles señoras trabajando en la dura tarea de la albañilería que manejando un taxi y, peor aún, asaltando bancos o secuestrando gente a la par del más malvado de los seres. Ya no era más el sexo débil. Era una guerra al tú por tú con el hombre que, por su parte, también lanzaba al aire su grito de libertinaje, más que de libertad, y daba rienda suelta al homosexualismo, el transvestismo o sus instintos salvajes. Las noticias sobre violaciones a mujeres, niños, y aún a otros hombres, ya no tenían interés. Era cosa rutinaria. Las organizaciones mafiosas se infiltraron en las policías del mundo y resolvían los crímenes, cometidos la mayoría de las veces por ellos mismos, con el encarcelamiento de ciudadanos comunes y corrientes, entre más corrientes mejor, que les servían de chivos expiatorios. Los tiranos habían desaparecido, pero dejando su lugar a grupos perfectamente organizados políticamente que se convertían así en tiranos de mil cabezas a los que prácticamente era imposible derrocar. Como la hidra, si les cortaban una cabeza, otra tomaba el poder.

 

Era, en fin, un mundo al borde del colapso. Un mundo a las puertas de un estallido social mundial que no tendría ni líderes, ni ganadores, ni perdedores. Un mundo que clamaba por libertad y justicia con una mano, mientras golpeaba, asesinaba, robaba, violaba y degeneraba con la otra. Un mundo en el que estaba a punto de regresar la ley de la selva, la ley del más fuerte.

Los valores morales habían sido substituidos por costumbres convenencieras convertidas en normas y cánones que igualmente se violaban a conveniencia.

Ser decente, pues, era un pecado. El pecado de un idiota. Si un hombre te estafaba y en vez de robarte diez apenas había logrado ocho, gritaba al mundo entero que le habías robado los dos que faltaron. Un político estafador era premiado con mejores puestos. Un pobre que robaba un pan por hambre era objeto de todo el peso de la ley. El delito de enriquecimiento ilícito, aplicado a los funcionarios, en realidad sólo servía para deshacerse de los rivales en política. Se veía pues la paja en el hombro ajeno, pero nunca la viga en el propio.

Ese era el mundo en que Carlos vivía. El, que había todavía recibido principios morales que no se ajustaban a la conducta del mundo, ahora se encontraba con que las cosas no eran como se las había pintado o normado. De ahí que se tambalearan esos valores morales. De ahí que dudara tanto sobre qué es verdad y qué no. Y ahora, para acabar con el cuadro, resulta que aquello que le había enseñado su padre de niño no era en realidad una verdad pura.

 

Al día siguiente, Carlos se paseaba por entre los prados del jardín cercano a la casa de su padre. No se animaba a llegar. Tenía miedo. La noche pasada no había podido conciliar el sueño pensando en la maraña de cosas que se le venían a la cabeza y que tenían un común denominador: en este maldito mundo nada es verdad!

Tenía confianza en su padre, pero le parecía que ahora no era el mismo de antes. Le mintió de niño? El también forma parte de ese “encubrimiento” de la verdad? Y, sobre todo: porqué ocultar la verdad a tanta gente durante tanto tiempo? Cuál era la verdad? Qué ocultaban sus antepasados en realidad?

La curiosidad pudo más que su desconfianza y se encaminó a la casa paterna.

A la entrada del edificio se encontró a un diputado, muy amigo de su padre, al que había cobrado buen afecto aunque se lo cotorreaba de lo lindo con relación a su liderazgo entre los trabajadores oficialistas.

-Hola Carlangas... qué andas haciendo?

-Aquí nomás mi líder... qué dicen esos borreguitos?

-Ahí andan... y tú?

-Defendiéndome mi lic... defendiéndome.

-Cuándo pasas a visitarme...?

-Un día de estos jefe...

-Bueno, nos vemos... tu padre te está esperando. Dice que andas medio sacado de onda. Protégete bajo el sagrado manto del presupuesto y verás que la onda se compone...

-Dios me libre, mi líder, yo soy gente decente...

-Ja ja ja ja... rió el diputado al tiempo que se despedía con un ademán amistoso.

-Este sí es más fregón que bonito -pensó para sus adentros Carlos- treinta años al frente de su sindicato, con el poder en las manos, creando y destruyendo líderes a su antojo... este cabezón si que sabe lo que es el poder... y para qué se hizo.

 

Entró al departamento y besó a su padre en la frente, como acostumbraba desde pequeño, saludando con un ademán a la esposa de su padre, fiel compañera de sus últimos quince años.

-Qué pasó? Cómo estás?

-Bien descontrolado jefe... me dejaste pe..rplejo. No pude dormir bien de tanto piense y piense...

-Que bueno. Al menos la mente ya te está trabajando. Eso es signo de adelanto. Cuando algo nos interesa pensamos mucho en ello.

-Pues sí, pero...

-No te enredes. Las cosas se analizan por partes. Una a una.

-Por cierto, me encontré a la entrada a Don Celerino. Sigue en las mismas, verdad?

-Así es.

-Venía pensando que ese sí que sabe lo que es el poder. El mismo me ha dicho que el poder o se ejerce... o se sufre!

-Humm... desgraciadamente, así es.

-Oye... hablando de líderes y de lo que venimos platicando, por qué Cristo no tuvo lana o fue poderoso? Si era el líder de los judíos bien podría haber echado mano de sus influencias para enfrentarse a los méndigos romanos y hasta evitar que lo condenaran a la crucifixión, no crees? Es más, algunos cuates dicen que en realidad Cristo fue un líder guerrillero que encabezaba la rebelión de los judíos ante los romanos...

-Como que eso está medio enredado, no?, dijo Ricardo

-Por qué?, refutó Carlos.

-Pues porque tienes una idea aproximada de lo que en realidad era Cristo, pero no era precisamente así, como lo pintas.

-Entonces? Se supone que hoy me ibas a platicar sobre él, no?

-Así es. Pero, vamos por partes. Para conocer un poco mejor a Cristo es necesario remontarnos no sólo a su nacimiento, sino al momento mismo de la concepción del hombre, una historia que ya de por sí estremece al más pintado y abre un mar de preguntas, sobre todo por que se refiere a la virgen-mujer, que no pierde esa virginidad a pesar del embarazo mismo, tema favorito de los detractores de la religión que pretenden, vituperando la virginidad de María, madre de Cristo, demostrar que tienen la razón y que la historia sagrada está plagada de mentiras, siendo, por ende, una gigantesca mentira en sí.

En otras palabras, -y válganme las autoridades eclesiásticas el antagonismo a sus preceptos, que no los de la religión, con todo y ser un católico, apostólico y romano fiel y leal- fueron esas mismas cabezas de la religión, allá en sus tiempos y en su momento, los que a base de sus enredijos y secretos convertidos en “misterios de la fe” liaron las cosas, a tal grado que cayeron en su propia trampa, trampa de la que poco a poco la religión sale al declarar verdades que brotan populares a raíz del Concilio Vaticano II.

Debemos también conocer su mundo, ese mundo en que nació y vivió, con todos sus antecedentes históricos, religiosos y no, que conformaron el medio en el que se desenvolvería.

Cristo es pues concebido en gracia y nace, por su propio designio de pobreza, en un pesebre de Belén durante el peregrinaje que sus padres hacen para cumplir con el ordenamiento de empadronamiento girado por las autoridades romanas, ávidas de tener un censo confiable para poder medir el riesgo que el crecimiento de las tribus locales tenían, pero más el de la inconformidad social que se generaba en el momento. Debemos recordar que, treinta años después, cuando Cristo pregona la palabra y recorre la región palestina, la efervescencia política estaba en su punto. Incluso, una de las acusaciones que le hacían falsamente, pero basados en la autodesignación de Rey de los Judíos, era, como lo señalaste hace un momento, la de guerrillero y sedicioso, pero ya llegaremos a eso.

Cuando digo que nace en la pobreza por decisión propia, cabe hacer notar que José, su padre terrenal, era carpintero, una profesión considerada como de niveles medios; en otras palabras, la familia conformada por María y José era de las que ahora conocemos como de clase media alta y, por lo tanto, en realidad no vivían en la pobreza. Sin embargo, nadie ha dicho que Cristo viviese en la pobreza, tan sólo han hecho énfasis en que “nació en la pobreza”. Es decir, como un acto significativo, nace un pesebre.

-Pues no que estaban bien jodidos por los romanos y que había mucha hambre e inconformidad?, reclamó Carlos.

-Al paso. Vamos al paso. El pueblo judío, al que llamaremos igualmente hebreo, e israelita, según el caso y su momento, para que me entiendas un poco mejor, había sido un pueblo aparentemente abandonado de la mano de Dios.

Y demos un vistazo rápido a la historia sagrada. Conforme a la teoría religiosa, la humanidad proviene de Adán y Eva que, habiendo cometido el abuso de comer del fruto del árbol del bien y del mal, fueron expulsados del Paraíso. Como sabes, tuvieron primeramente dos hijos, Caín y Abel. El primero, envidioso de los favores que recibía su hermano, le asesina. Poco después nació Set, el tercer hijo de Adán y Eva...

-Oye...espérate....-interrumpió Carlos- no vayas a empezar con la retahíla de nombres que nos muestra la Biblia. Por eso no la leo. Me parece sumamente aburrida, sobre todo en ese famoso principio de la humanidad...

-El Génesis... se llama El Génesis, pero no, no te desesperes que no nos vamos a ir de nombre en nombre, será sólo un vistazo rápido para comprender la base de ese pueblo, y por ende, conforme a la religión, de la humanidad.

Caín fue padre de Henóc, que por cierto es el hombre que reivindica la falta de su padre y, se dice que: “Henóc anduvo con Dios y desapareció porque Dios de lo llevó”. Henóc fue, a su vez, padre de Matusalén...

-El que dicen que vivió trescientos años!

-Pues fíjate que no. Según las sagradas escrituras, Matusalén murió a los ¡novecientos sesenta y nueve años!

-Bruto¡... de verdad?

-Se supone que no sólo él fue tan longevo. En esa época la mayoría vivía entre los quinientos y los ochocientos años. A Matusalén se le considera el más viejo de la historia porque fue, efectivamente, el que vivió más años, pero ese era el promedio de vida, hasta que Yavé, o sea Dios, se cansó de las maldades del hombre y le condenó a no vivir más de ciento veinte años.

-Que tampoco los vivimos ahora!

-Por algo será, pero eso es harina de otro costal y que podrás leer en mi próximo libro. Bien. Matusalén fue padre de Noé, aquel a quien Dios, enojado como decía por los desmanes de los hombres, sobre todo en materia de sexo, pues ya tomaban a cualquier mujer que les gustara, considerándolo el único hombre justo de la tierra, le encargó construir una tremenda Arca, en la que salvaría a una pareja de todas y cada una de las especies que existían sobre el planeta.

Ese fue el segundo castigo que Dios aplicara a la humanidad: el diluvio universal. Una inmensidad de agua que inundó toda la tierra, acabando con la humanidad para empezar desde el principio.

-Como quien dice, borrón y cuenta nueva!

-Algo por el estilo. Y recordando un poco lo que decíamos hace un momento, te quiero decir que “el día veintisiete del segundo mes del año seiscientos uno de la vida de Noé quedó seca la tierra”.

-Como quien dice, Noé fue también bien longevo.

-Nada más murió a los novecientos cincuenta años!

-Bueno... y qué tiene todo esto que ver con la vida de Cristo?

-Mucho. Qué sería de ti si yo no hubiese existido?

-No, pues simplemente no viviera.

-¡Ahh! Noé tuvo tres hijos: Sem, Cam y Jafet. Cam es el padre de Canaán. De estos tres hombres se propagó todo el género humano sobre la tierra.

Pero el haber dado una nueva oportunidad a la humanidad no fue suficiente. El hombre es débil por naturaleza y herencia.

Noé era labrador. Trabajaba la viña. Un día se embriagó y se quedó dormido desnudo dentro de su tienda. Cam vio a su padre desnudo y le avisó a sus hermanos que, respetuosos, entraron de espaldas a cubrirle con una manta. Al saber lo sucedido, Noé enfureció y dijo encolerizado: “Maldito sea Canaán. Que sea esclavo de los esclavos de sus hermanos. Bendito sea Yavé, Dios de Sem, y sea Canaán esclavo suyo. Que Dios agrande a Jafet y habite en las tiendas de Sem y sea Canaán esclavo de ellos”. Obviamente que la Biblia echa un manto sobre la irresponsabilidad de Noé al haberse embriagado pero, más que nada, dos factores se desprenden de este suceso: el respeto que deben tener los hijos para con los padres y la existencia del pudor en sus vidas, y, principalmente, el futuro de la humanidad misma que, a partir de ese momento, queda marcada con una división perfectamente definida.

Debo dejar asentado que la zona en que ocurría todo esto era lo que hoy conocemos como Medio Oriente, esa zona limítrofe entre Asia y Africa que tanta lata ha dado a la humanidad.

-Y que bien podría ser motivo de su fin, dijo Carlos dándose aires de conocedor.

-Podría ser. Se considera que es la zona de mayor explosividad socio-política del mundo, aunque no precisamente nada más por los israelitas y los árabes.

-Pero síguele, que así sí entiendo la historia sagrada...

-Bien. Los hijos de Jafet se desparramaron y sus descendientes poblaron las islas; los de Cam todo lo que primero fue Caldea y más tarde el reino de Babilonia, Arac y Asur, en donde fundaron Nínive y, convertidos ya en cancaneos tienen bajo su poder desde Sidón hasta Gaza, incluyendo... adivina qué? Recuerda que son los malos, los maldecidos por Noé.

-Sepa el diablo!

-Nada más ni nada menos que Sodoma y Gomorra. Las dos ciudades que Dios mandara destruir por su promiscuidad y bajezas mucho después.

-En donde alguien se convierte en estatua de sal por voltear a ver?

Así es... pero siguiendo con el tema, los hijos de los hijos de los hijos de Sem poblaron la zona que va desde Mesa hasta el Monte Sefar, al oriente.

Quizás no te ubiques perfectamente, sobre todo con los nombres que, por lógica, ya han sido olvidados por el paso del tiempo, pero no te apures, ya llegará el momento en que tengas una idea más clara de qué lugar es cada uno.

En pocas palabras, el mundo ya está habitado. Al menos, en lo que a esa zona se refiere, pues bien se sabe también por el lado científico que fue precisamente en esa región en la que aparecen los primeros indicios de una sociedad más o menos organizada, en donde se crean las primeras naciones realmente constituidas. Podríamos decir que, al final de cuentas, si consideramos el principio del universo en una antigüedad de cinco mil millones de años; el primer hombre aparece al rededor de hace un millón de años; las primeras naciones, Egipto y Caldea, se forman 3 mil quinientos años antes de Cristo, y el hombre empezó a escribir su historia hace tres mil años, es pues entonces que, de forma más o menos cierta, es precisamente en ese lugar, el medio oriente, y en esa época, en que principian los conocimientos sobre la humanidad misma. Ya te ubicas un poco mejor, no?

-Bueno... hablar de Egipto y Caldea ya me suena más conocido.

-Naturalmente que la historia sagrada narra detalladamente, aunque quizás no con toda precisión, la descendencia de estos y cada uno de los pueblos y reinos que se derivan de cada uno como es el caso de Abraham quien, por su alianza con Dios y la promesa tácita, es considerado el padre de todas las naciones. Pero es largo y tedioso tal y como lo decías hace rato. Sobre todo por la serie de nombres que, ahora para nosotros sumamente raros, se nos enredan en la mente. Pero la idea es centrarnos en lo que se puede considerar la base de el pueblo judío, los cambios que sufren sus ascendientes y las influencias de otros pueblos, para llegar a conformarse como tal.

Por lo pronto, te me vas a descansar y me dejas hacerlo a mí también, que ya mañana será otro día...

-Ni modo, me vas a dejar picado, pero sea pues la noche para dormir.

Carlos se levantó, dio un beso en la mejilla a su padre y salió mucho más tranquilo que la noche anterior. La verdad es que nada de lo que habían hablado hasta ese momento tenía que ver con sus broncas, pero experimentaba una calma sorprendente. Le gustó. Le gustó sentirse libre, sin nada que le preocupara. Estiró los brazos a las puertas del edificio, suspiró, y tomó rumbo a su casa. La noche era tranquila, silenciosa. Si acaso, allá a lo lejos, se escuchaba de fondo el apagado sonido de una televisión o el estruendo esporádico de un claxon en la gran avenida. El cielo estaba despejado. Venus brillaba reluciente.

 

La mujer de Carlos le observó de reojo cuando éste apareció en la cocina. Le vio sonriente, recién bañado; hasta se había puesto un pantalón de vestir en lugar de sus clásicos vaqueros de mezclilla.

-Y ahora... qué te pasa?

-Nada, qué quieres que me pase?

-No sé, te veo muy raro...

-Carajo, dijo en broma, nada más se baña uno y se viste como la gente decente y ya lo ven a uno raro...

-Pues sí, como te habías abandonado tanto a últimas fechas...

-Ay mujer, tú ve lo bueno y déjate de cosas raras...

-Raras?... el raro eras tú, pero... sabes? me gusta el cambio, y le atrajo hacia sí para darle un amoroso beso en la boca.

-Hummm... vale la pena! dijo Carlos al tiempo que le abrazaba con fuerza y correspondía con otro beso más prolongado aún.

Cuando se disponía a servir el desayuno, la joven y guapa mujer le dijo:

-Prende la tele, quiero ver las noticias...

-No mi amor... hoy no quiero saber de guerras o de asesinatos... mejor voy a poner un poco de música...

Ella quedó con la boca abierta. Meditó un poco y le preguntó:

-Oye... qué siempre sí fuiste a ver a tu papá?

-Hum..jú... contestó Carlos mientras engullía un trozo de jamón con huevo.

-Y qué te dijo?

-En realidad nada. Comenzamos a hablar y la plática se fue desviando hacia la historia sagrada. Todo porque le pregunté Quién demonios es Cristo?

-Y...?

-No te imaginas lo lelo que me tiene! me la está contando de tal forma que parece novela... hasta en capítulos!

Ella también era católica, pero poco sabía de la historia sagrada. Varias veces intentó leer la Biblia pero no le entendía. Una vez se le ocurrió hablar con el sacerdote de su parroquia, pero le dijo que estaba muy ocupado, que volviera otro día, o que fuera a las pláticas que dan tres veces por semana las catequistas. No le gustó, ya lo había intentado y se desilusionó porque no sabían mucho más que ella, o al menos no tenían facilidad para explicarse. La mención de su marido le llamó poderosamente la atención.

-Flaco... me choca quedarme encerrada en la tarde. Te puedo acompañar con tu padre?

-Si quieres...

 

La llegada de Carlos con su mujer alegró mucho a Ricardo. Tenía tiempo de no saludarla y mucho menos de verla por su casa. No era muy afecta a frecuentar a la familia de su marido. De hecho, ni a la suya. Como que era muy aislada. Quizás por los problemas por los que cruzaba el matrimonio, pensó para sí Ricardo.

-Hola... que bueno que vienes! No sabes el gusto que me da saludarte. Bienvenida. Pasa, toma asiento. Gustas tomar algo?

-Buenas Don Ricardo, el gusto es mío, deveras. Pero ya ve, el trabajo de la casa, las traducciones que hago... bueno, como que no da tiempo para visitas...

-Pero ya estas aquí... gracias por venir...

-Ya... ya párenle a sus arrumacos, dijo Carlos festivo, mejor acomódense mientras yo traigo los refrescos... o quieres mejor café vieja?

-Sí por favor, ya sabes que yo soy cafetera...

-Hola... que milagro! Saludó afectuosa Norma, la esposa de Ricardo, al entrar a la pequeña salita del departamento.

-Milagro suegra, dijo Sonia, cómo ha estado?

-Bien hija, y tú?

-Pues aquí... francamente me interesó mucho lo que Carlos me contó sobre lo que su papá le está platicando... y quise ver que tan bueno es el viejito para eso de la Biblia...

-Quieres saber una cosa? Hoy yo también me agrego a la tertulia porque lo he escuchado desde la recámara y también me ha gustado...

-Bueno, pues a acomodarse todo el mundo, dijo Carlos al tiempo que servía refrescos y café. Había pasado a comprar unas galletas que puso en un plato en la mesa de centro.

-Me apenan, dijo Ricardo.

-Ni te infles viejito que no eres tú, sino el tema... señaló burlón pero comedido su hijo.

-La verdad es que Carlos me dijo que se encontraba muy sacado de onda, según sus propias palabras, y comenzamos a platicar. En un momento dado me preguntó “Quién demonios es Cristo?” y empecé a explicarle algunas cosas relacionadas con su vida.

-Bueno, dijo Carlos, si mal no recuerdo, Adán y Eva tuvieron tres hijos, Caín, Abel y Set; de ahí siguió la descendencia y llegamos hasta Noé que, a su vez, tuvo a Sem -que por cierto ahora entiendo porque se les llama pueblos semitas y a sus enemigos, como los nazis, antisemitas- Cam, padre de Canaán y Jafet, los tres hombres de quienes se desprende toda la humanidad. Surgen pues, Egipto y Caldea, las dos primeras naciones propiamente dichas. O no?

-Así es, pero habíamos dicho que tendríamos que ver un poco más sobre la historia para entender sufrimientos e influencias que vivieron para poder llegar a conformarse como naciones.

Las variaciones del clima alrededor de los 6 mil años A.C., que fueron desde fuertes nevadas hasta prolongadas sequías, impulsaron a los habitantes de lo que científicamente llamamos las aldeas neolíticas, o sea al final de la era de piedra, a emigrar hacia lugares en donde existieran zonas fértiles, regadas por abundante agua, que les permitieran practicar sus cultivos. La actividad agrícola se intensificó en las fértiles llanuras de China, India y, esto es lo que nos importa, en la Mesopotamia y la parte oriental del Mediterráneo.

Fueron precisamente estas cuencas fluviales las que convirtieron al hombre en sedentario.

-Un momento, interrumpió Carlos, ¿de donde salieron los hombres que habitaron China, India y otros lugares del mundo si, según la Biblia, todo sucedió en medio oriente?

-No, vamos con calma. Recuerda que si bien es cierto en parte lo que dices, los descendientes de Sem, Cam y Jafet se desperdigaron por todo el mundo.

Aquí, en esta parte de mi relato, quisiera echar mano de una leyenda que, si bien está contemplada en la Biblia, no hay nada que la confirme.

Una vez establecidos los hombres en la zona del medio oriente, todos de la misma familia y con la misma lengua, quisieron alcanzar el cielo mismo y comenzaron la construcción de un edificio enorme, casi como ahora con los famosos rascacielos; todos trabajaron en esa torre: la Torre de Babel. Cuando ya iban muy alto, llamaron a Dios para que se diera cuenta de su grandeza y Yavé, molesto por el orgullo insano del hombre, le condenó a dividirse en muchas razas, de diversos colores y costumbres y, sobre todo, que hablaran muy diferentes lenguas. De ahí se dice que se pobló el resto del mundo.

-En donde estaba la Torre de Babel? preguntó Sonia.

-Dedúcelo tú... recuerda que ahí, en el medio oriente, hubo alguna vez un reino llamado Babilonia..

-Que tuvo también una época de oro, dijo Norma.

-Así es, pero esa es otra historia, como dicen en la televisión. La Mesopotamia, que es la zona que nos interesa como dije anteriormente, se encuentra en la parte occidental de Asia, justo a un lado del medio oriente, pero formó parte importante de la tierra de Jesús. Toda esta zona, Siria, Sumeria, Mesopotamia, Canaán y aún parte de Egipto, estuvieron asentados en lo que hasta la fecha se conoce como la Media Luna de las Tierras Fértiles. Por eso a algunos países modernos, sobre todo árabes, se les conoce como “de la Media Luna” e incluso llevan una media luna en sus banderas.

La Media Luna, pues, se iniciaba en la Mesopotamia, continuaba en Siria, llegaba hasta la Palestina y abarcaba gran parte de Egipto.

Aproximadamente 4 mil años A.C., los sumerios se establecieron en el sur de Mesopotamia, edificando grandes centros urbanos amurallados como Uruk, Lagash  y Ur, la que fuera más tarde patria de Abraham. Estas ciudades no tardaron en luchar entre sí con el fin de imponer su hegemonía, situación que aprovecharon Acadios y Elamitas para invadirlos repetidamente. Si se fijan bien, muchos de los nombres de los primeros pueblos llevan el derivado del nombre de su patriarca. Ya hemos hablado de Acad, nieto de Noé, de donde surgen los Acadios; o Elam, otro de sus nietos, padre de los Elamitas; o Canaán, hijo de Cam y nieto de Noé también, patriarca de los Cancaneos y su hermano Asur, cuyo nombre llevó una de las principales ciudades de la época y sede de los Sumerios.

Puede verse entonces que los pueblos primarios, aunque eran hermanos de sangre -todos descendientes de los tres hijos de Noé- eran presas de las envidias, el orgullo, y sus luchas, como vemos ahora y veremos más adelante, constantes. Pero, sigamos. Hacia 2750 A.C. el monarca de Uruk, por cierto de un nombre impresionante: Lugalzuggisi, logró unificar a los pueblos de la Mesopotamia y así se funda, por fin, el primer imperio del mundo: el Reino Caldeo.

Veinticinco años después, Sargón, monarca de la región de Agadi, consolida el reino y los caldeos extienden sus dominios desde el Golfo Pérsico hasta las costas del Mar Mediterráneo, logrando el predominio por más de dos siglos, durante los cuales fundan Babilonia que, por encontrarse en el cruce de los caminos que comunican otros reinos que se consolidan durante ese tiempo, como Persia, Arabia, Asiria y Palestina, pronto adquiere gran importancia comercial y política, logrando centrar todas las ciudades de Mesopotamia y establecerse como capital del gran imperio durante el mandato de Hammurabi, autor del famoso Código de Hammurabi, considerado como el primer compendio de preceptos legales que normaron la vida de la sociedad de ese entonces y muchos de los cuales aún siguen vigentes en las sociedades actuales .

En el año de 1420 A.C., los habitantes de Asur, a quienes ya dijimos se les llega a conocer como Asirios, ciudad ubicada al norte de la Mesopotamia, inician una guerra contra los principales centros urbanos de la región. Dos grandes ventajas llevan sobre sus enemigos: el uso de armas de hierro y de la caballería, ventajas que les hace llegar a la brutalidad extrema, desollando, empalando y asesinando en masa a sus enemigos, a pesar de que los asirios era un pueblo de pastores obligados a vivir en condiciones realmente adversas.

Pronto conquistan toda Mesopotamia, pero logran un imperio estable que perdura varios siglos y en el que la introducción de la moneda de hierro propicia un intenso intercambio comercial con las regiones aledañas y, por ende, un impresionante desarrollo cultural.

Aquí cabe hacer un breve paréntesis para comentar que los hebreos vivieron primero en Caldea; en una de sus principales ciudades, Ur, nació Abrahám, descendiente directo de Sem, quien ya dijimos fue el padre de las naciones, éste engendró a Isaac, quien a su vez fue padre de Jacob.

Un buen día, Dios habla con Abrahám y le dice: “Deja tu país, a los de tu raza y a la familia de tu padre, y anda a la tierra que yo te mostraré. Haré de ti una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre, y tú serás una bendición. Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan. En ti serán benditas todas las razas del mundo”.

Abrahám era nómada, es decir, no tenía tierra propia y, en un mundo dividido, Dios ha escogido a un hombre que no tiene tierra propia para empezar el reino en que reunirá a todos. Y Abrahám parte con su mujer y sus hijos hacia la tierra prometida...

-Eso es algo que no entiendo, dice Sonia, cómo Abrahám, y muchos otros ejemplos en la historia sagrada, deja con tanta facilidad una vida hecha, como quiera que fuera, y se lanzan a una aventura desconocida, como si fuera tan fácil volver a empezar...

-Mira hija... cuando una mujer se casa, de algún modo se aventura a lo desconocido, siguiendo a un hombre que aún no conoce bien. En la vida de fe sucede algo semejante, pero cuando se sigue a Dios es más seguro, aunque debemos reconocer que más desconcertante también.

-El caso es que botó todo al diablo y se largó, dijo Carlos con su habitual forma de ver las cosas.

-Sí, continuó Ricardo, partieron hacia Canaán, a Palestina. En un extremo de la parte occidental de la famosa media luna estaba Palestina, comunicación obligada entre Mesopotamia y Egipto, ruta de invasores, comerciantes y de la difusión de ideas, pero una región seca en la que sólo había una franja que hacía fértil el Río Jordán, regado por las lluvias del verano; el resto de la región era árido y pedregoso. El país ya estaba habitado por diversas tribus semíticas.

-O sea sus parientes, no? preguntó Carlos.

-Bueno... no. Si bien eran tribus descendientes de Sem, al paso del tiempo y la proliferación de la especie, prácticamente ya no había un parentesco directo, a pesar de que, efectivamente, pero como toda la humanidad, descendían todos de un tronco común.

-Y cómo les fue?, preguntó Sonia, No creo que los que ya habitaban ese lugar aceptaran así, de muy buena gana, que llegara Abrahám con su gente y les dijera Oigan, Dios me dio esta tierra y se me van largando todos...

-Claro que no. Aunque propiamente sí desplazaron a la población semita y a los filisteos que la ocupaban; las constantes guerras, la inestabilidad política y quizás hasta por la falta de costumbre de habitar un lugar específico, recuerden que eran nómadas, acosados por el hambre, los hebreos se vieron obligados a dirigirse a Egipto, entonces dominado por los Hicsos, quienes los autorizaron a vivir en la región de Goshén, a orillas del Delta del Nilo, y zona muy cercana, limítrofe podríamos decir, a la propia Palestina.

Al principio, gozaron del rico cultivo del suelo y vivieron en paz favorecidos por innumerables prerrogativas.

Sin embargo, los hicsos fueron expulsados y los nuevos faraones Tebanos, considerando a los hebreos una amenaza tanto por su crecimiento como por su organización y creencias religiosas, les esclavizaron.

-Para que vean su tierra prometida!, dijo Carlos.

-Ya tú... respondió Sonia. Déjate de tarugadas y escucha.

-No... no dice mi papá que Dios les había ofrecido la tierra prometida? Primero llegan a Palestina, que se supone es la tierra prometida, y se tienen que largar porque el hambre les acosa, luego llegan a Egipto y los esclavizan. Para eso salieron de su tierra? en dónde está el cumplimiento de la promesa de Dios?

-No te aloques, dijo Ricardo. No es que Dios no haya cumplido su promesa. Es simple y sencillamente que alcanzar algo siempre significa esfuerzo, sacrificio, entrega, y no se crea una nación en meses. Mira, México fue sojuzgado por los españoles por tres siglos antes de alcanzar su conformación como país. No? Pues bien. Si me permites continuar, te podrás dar cuenta de que si bien es cierto que hasta ese momento, supuestamente, Dios no había cumplido, también es cierto que Dios había dicho mucho, pero mucho antes “ganaras el pan con el sudor de tu frente” y esto no significa precisamente el pan, ese bolillo que venden a peso en la tienda, sino todo aquello a lo que aspiras, sea la conformación de una nación lo mismo que una familia. Todo tiene un proceso. Pero también todo tiende a asentarse.

Tú, por ejemplo, me prometiste que esta semana me tendrías listos los originales de uno de mis libros y, sin embargo, no los has traído. Esto quiere decir que has dejado de cumplir tu promesa?

-No, lo que pasa es que se le metió un virus a la computadora y tengo que reformatear el disco duro...

-La verdad es que no te estoy pidiendo cuentas de mis originales, sino poniendo el caso como ejemplo. Tú mismo diste, sin embargo, una respuesta. Hay un motivo, una causa.

-Pero no es lo mismo, insistió Carlos, dónde comparas unos originales de un libro con la conformación de una nación, o como dices, ya de perdida de una familia...

-Valga... mira, nuevamente tú, tienes seis meses de casado y, según me he enterado, hay problemas en casa...

-Es que... ya sabes.. la lana no alcanza y luego ésta -dijo señalando a Sonia- que se la pasa metida en sus pinches libracos franceses...

-Ese es el proceso! Ese es el acomodo por el que tienen que pasar todos los matrimonios para consolidarse. Por principio de cuentas, como dijimos en alguna parte anterior, la mujer, y no sólo la mujer, entrega su vida a una aventura desconocida, ninguno de los dos se conoce efectivamente. Saben de sus virtudes, reales o fingidas, porque cuando somos novios magnificamos nuestras cosas bonitas, pero bien que nos encargamos de ocultar nuestros defectos. Al comenzar a vivir juntos se empiezan a conocer realmente, a saber cómo son cada uno en verdad, sin tapujos, ya no hay porqué disimular que somos flojos, o descuidados, o sucios, o desvelados. Ese proceso tiene influencia también en la inseguridad que proviene del “qué dirán”, pero aquí aplicado sólo al “qué dirá mi pareja”, y esa inseguridad, inconsciente si quieres, influye también en la seguridad económica, independientemente de que, aún suponiendo que hubieses contado con un trabajo seguro, no es lo mismo el gasto individual que mantener una casa, un hogar, una esposa, sin hablar aún de los hijos.

Todo esto no significa que “nos equivocamos” al escoger pareja, o “me salió vana la nuez”. No, es un simple proceso de acomodo. Exactamente igual que cuando entras a un trabajo nuevo y te sientes inseguro porque no conoces a tus compañeros, o no sabes en donde guardas los archivos o los disquetes. El hombre, el ser humano pues, vive en un eterno proceso de acomodo. Ahora por su matrimonio, mañana por su trabajo, pasado porque hay nuevas reglas fiscales, y hasta porque aumentaron los precios. Ahora que tienes tu carrito, no te descontrola que de pronto el precio de la gasolina aumente?

-Claro, no me alcanza...! dijo Carlos que había estado hundido en el sillón y con mala cara por el tema que se tocaba. Pensaba que venía una serie de reproches sobre su vida personal.

-Claro que te alcanza. Lo único que tienes que hacer es usar menos el coche, adecuar tus finanzas, aumentar tus ingresos y una serie de cosas que no son más que acomodo y, a la larga, retorna la calma y todo funciona nuevamente de maravilla.

-Espérame un momento... cuando vino la devaluación dijiste casi lo mismo minutos después de haber explotado y echado pestes en contra del sistema...

-Claro, es la reacción momentánea que tiene todo hombre, pero, como ves, tenía razón. Todo volvió a la calma, o no?

-Aunque no alcanza para nada el dinero de todos modos, dijo Norma por decir algo.

-Pero ya nos adecuamos todos a esta nueva forma de vida, reiteró Ricardo. Así que no te espante ni que los hebreos estén esclavizados, ni que tu matrimonio ande de cabeza... ya pasará todo y la vida retornará a su cauce.

-Fijate que viéndolo bien es cierto, señaló Carlos enderezándose. Bien que me acuerdo de las tormentas que hemos pasado juntos, y siempre hemos salido adelante, siempre todo ha vuelto a su cauce, como dices...

-Claro, lo único que necesita el ser humano para enfrentar sus problemas, chicos o grandes, es paciencia. Decía mi tío Salvador: Un minuto de calma, y la patria se salva!

-Pues mientras se salva, nosotros nos retiramos Don Ricardo, hay que trabajar mañana y ya es noche...

-Si hija, ándale, cuídame a este flaco...

-Y a ella quién la cuida?, dijo Carlos de nuevo bromista.

-Tú, hijo... tú... dijo Ricardo amoroso.

Al salir de casa de su padre, Carlos abrazó espontáneamente a Sonia que se acurrucó recargando la cabeza sobre su hombro.

 

Sonia no pudo concentrarse en la traducción del libro que le habían encargado. Todo el día se lo pasó recordando la maravillosa noche de amor que habían tenido. Durante las últimas semanas Carlos no la había tocado. Siempre decía llegar cansado, cuando no peleaba o discutía por cualquier nimiedad. Pero anoche... carajo! Si hasta parecía haber sido una nueva noche de bodas. Se portó cariñoso, amable, y muy, pero muy apasionado.

Cuando se dio cuenta, ya eran las siete. No tardaba en llegar Carlos. Sonia rogaba porque no se hubiese ido directamente a casa de su padre. Quería ir con él de nueva cuenta.

El ruido de la puerta le hizo enderezarse. Carlos entró malencarado. Botó la chamarra sobre el sofá y le dijo a Sonia:

-Qué hay de cenar?

-Salúdame primero, no?

-Humm... hola...

-Qué tienes?

-Nada, fregaderas del trabajo.

-Te sigue dando lata la computadora?

-No, hasta eso, ya pude reconfigurarla, pero el jefe ya me agarró de su puerquito...

-Y ahora por qué?

-Me carga la mano. Quiere que cumpla con las reglas al pie de la letra y eso me saca de quicio...

-Bueno, si son las normas creo que deben acatarse, no? Tú ya conocías el reglamento de trabajo...

-Al carajo con el reglamento de trabajo... qué acaso a él le importa el reglamento cuando me pide que me quede hasta tarde, o me entrega un bonche de trabajo “para mañana, manito, para mañana”

-Y por qué no hablas con él y le explicas lo que te molesta? Quizá puedan llegar a un entendimiento...

-Es un desgraciado. Dime... qué tiene de malo que tenga puesto el radio cuando estoy trabajando? Me gusta la música... me calma... pero no, al señor le molesta, dice que me distraigo, que no trabajo...

-Usa audífonos...

-Dice que no porque no le oigo cuando me llama...

-Bueno, pero que eso no te haga enojar... toma las cosas con calma... oye, no vamos a ir con tu padre?

-Francamente no tengo humor...

-Ayy... no seas malo... vamos...

-No tengo ganas. Ya ves que anoche comenzó con sus cosas. No encuentra también la forma de echarme de habladas...

-Oye, eso no es cierto! El no te agredió para nada...

-Si tú lo dices...

-Mira, vamos, y si por casualidad empieza a decirte algo, yo le interrumpo y con cualquier pretexto nos retiramos... sí?

-Anda pues, pero dame de cenar primero.

 

Al poco rato todos estaban sentados alrededor de la mesa, tomando un café recién preparado por Norma.

-Anoche me quedé intrigado, dijo Carlos. Por qué te referiste al tiempo que nos mantuvo sojuzgados España?

-Pues nada más como punto de comparación, aunque existe una similitud enorme. Los hebreos también duraron más de tres siglos esclavizados, como nosotros.

-Más de trescientos años?

-Sí.

-Eso no lo dice la Biblia...

-Bueno, si te fijas bien, la Biblia generaliza en la mayor parte de sus narraciones. Sólo en muy contados casos señala temporalidad.

-Pero qué pasó por fin, terció Norma dejando entrever su interés por un tema que, supuestamente, no le llamaba mucho la atención.

-Empecemos pues, no sin antes recordar que nos quedamos en que los hebreos, por hambre más que ninguna otra cosa, emigran a los linderos egipcios, y piden a éstos les permitan vivir en la región. Los egipcios aceptan y les instalan cerca del delta del Río Nilo en una zona fértil por excelencia. Los hebreos prosperan rápidamente, lo que causa el celo y el temor de los nuevos gobernantes egipcios que les esclavizan. Por los años 1250-1230 A.C., se estaba debilitando el famoso reino del faraón Ramses II; en su largo reinado ha exigido demasiados sacrificios a sus esclavos. En éstos, cansados de la opresión de una sociedad a la que han ayudado enormemente a florecer, pero que no les reconoce derechos, surge el deseo de liberarse.

El afán del faraón por tener un control sobre el crecimiento de la población hebrea, ordena que sean matados todos los hijos varones que nazcan, usando una estratagema que me parece muy similar a las de ahora. Las parteras que debieran atender a las mujeres hebreas procurarán llegar tarde a sus deberes, o buscar la manera de que el niño por nacer “nazca muerto”. Sin embargo, dos de estas parteras, Sifra y Puá, no lo hacen y así salvan la vida de muchos niños hebreos, entre los que hay uno que la madre, temerosa de que sea sabido, coloca en una cesta de mimbre sobre las aguas del Nilo y en un lugar cercano a donde se bañaba la hija del faraón. Esta, al verlo flotando sobre en las aguas, ordena a sus sirvientes que le rescaten y le adopta como hijo suyo. Una hermana del niño, agazapada, cuando observa que la hija del faraón decide quedárselo, sale de su escondite y le propone buscar a una nodriza. La princesa egipcia acepta y la jovencita lleva a la mismísima madre del niño para criarlo. Así crece Moisés -que quiere decir rescatado de las aguas- entre sábanas de seda, pero adquiriendo una serie de conocimientos que jamás habría tenido en el seno de su propia familia. Dios le había escogido para liberar a su pueblo. Ya adulto, Moisés, enterado de su cuna verdadera, conoce la sufrida vida de su pueblo, se identifica con él, y abandona la corte faraónica. Casado ya con la hija de un sacerdote de Madián, lugar adonde se va a vivir, y dedicado a cuidar las ovejas de su suegro, una día, en Horeb -cerro de Dios- ve una zarza que está encendida pero el fuego no le consume. Picado por la curiosidad, Moisés se acerca a ella, cuando del centro mismo de la zarza sale una voz que le dice: “Moisés, sácate las sandalias y no te acerques más porque ésta es tierra sagrada. Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahám, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. He visto la humillación de mi pueblo en Egipto y he escuchado sus gritos cuando los maltratan sus mayordomos. He bajado para liberar a mi pueblo de la opresión de los egipcios. El clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí. Ve, pues, yo te envío a Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel”

Moisés, asombrado, puso mil pretextos para encarar tan grave encargo, y hasta llegó a cuestionar la identidad de Dios, preguntándole “Si voy a los hijos de Israel y les digo que el Dios de sus padres me envía a ellos y me preguntan cuál es su nombre, qué he de responder?”

Y he aquí que Dios le da su nombre. El nombre del que hemos hecho cita, pero no sabíamos de qué o por qué se daba.

“Yo Soy el que Soy” Yo-Soy que quiere decir en hebreo Yavé.

Dotado del don de hacer milagros, y con su hermano Aarón como respaldo, ya que éste tenía facilidad de palabra, Moisés se encamina a cumplir con el cometido y se enfrenta, primero a un pueblo incrédulo y, después, a un faraón que no les dejaría salir de Egipto tan fácilmente.

-No, claro. Si estaban perdiendo a sus sirvientes, a sus gatos... dijo Carlos.

-Y mira que quedarse sin sirvienta es un caos, dijo Norma parangonando la situación en broma.

-Pues ustedes lo dirán en broma, pero la verdad es que así era. Tanto como si una fábrica de repente se quedara sin obreros. No, no era cosa de dejarlos ir así como así. Y el faraón se negó. Pero Moisés lanzó siete plagas sobre Egipto: Primero, las aguas del Nilo se convirtieron en sangre; después, la población entera se vio azotada por ranas, luego por mosquitos y tábanos, más tarde la peste, las úlceras, el granizo y la langosta, para culminar con las tinieblas. Finalmente, y ante la terquedad del faraón, Yavé ordenó a los hebreos sacrificar un cordero y con su sangre marcar sus puertas. Por la noche habría de recorrer casa por casa de todo el reino sacrificando al primogénito de cada familia egipcia, entre ellos al del propio faraón que, desesperado, molesto y sufriendo un gran dolor, dijo a Moisés que se fuera con todo su pueblo.

-Pero el faraón se arrepiente y les comienza a perseguir, dice Sonia, y así llegamos al famoso milagro de cuando Moisés abre las aguas del mar Rojo, según la película...

-Y conforme a la Biblia, agrega Norma.

-Así es. Poco después, dos sucesos marcarían una nueva etapa en la vida de los israelitas. Se cuenta que Moisés, debido a su poco conocimiento sobre la zona, se perdió en el Desierto del Sinaí y los hebreos vagaron durante 40 años antes de llegar a la tierra prometida. En ese lapso, Dios llamó a Moisés y le entregó el Decálogo. Eso que nosotros conocemos ahora como los Diez Mandamientos y que a partir de entonces normarían la vida humana. Creo que no necesito hablar de ellos pues al menos ustedes los recuerdan y conocen, o no?

-Chispas, dijo Carlos. La verdad es que los conozco, pero si me pides que te los diga, francamente no los recuerdo al pie de la letra.

-Ni yo, dijo Sonia.

-A mí no me veas, dijo Norma cuando Ricardo volteó hacia ella, yo ya no me acuerdo.

-Entonces... cómo rigen sus vidas? Cómo pueden saber si hacen bien o hacen mal si no conocen los preceptos que se supone norman esa vida?

-Pues te parecerá raro, pero así es... dijo Carlos entre risueño y avergonzado.

-Miren, creo que el ser humano fue dotado de eso que llamamos discernimiento. Es decir, la facultad de poder entender, comparar y diferenciar lo bueno de lo malo, lo agradable de lo desagradable, lo útil de lo inútil, pero acompañado del poder de decisión, que le lleva a definir qué hacer y cuándo hacer. Algo que podríamos decir es casi intuitivo...

-Algo así como el instinto? preguntó Sonia.

-No precisamente. No es lo mismo instinto que intuición. La intuición te indica, en base a una serie de datos con los que retroalimentamos nuestro subconsciente, lo que debes hacer. Sin embargo, no es lo mismo intuir que estar seguro.

-A ver... a ver... yo no te entendí, señaló Carlos.

-Mira. Has sentido alguna vez que algo que hiciste te incomoda, sin saber porqué?

-Sí...

-Bueno, pues es porque aquello que hiciste no va muy de la mano con tus principios. En otras palabras, no habrá sido algo bueno del todo, dado que te sientes mal, aunque de momento no sepas porqué. Algunos le llaman conciencia. “Me remuerde la conciencia” es un dicho muy usado, no es cierto?

-Si...

-Pues eso mismo les sucede con los Diez Mandamientos. Los aprendieron, los conocen. Los tienen grabados en su subconsciente. Aunque no los recuerden en orden, o todos, para recitarlos, los tienen presentes siempre. Aunque debemos reconocer que el hombre también se deja llevar muchas veces más por su instinto que por su intuición. Eso fue lo que les pasó a los israelitas. Mientras Moisés estaba con Yavé, con Dios, muchos convencieron a Aarón de que Moisés ya no volvería y fabricaron un becerro de oro al que comenzaron a adorar, siguiendo quizás las viejas costumbres egipcias, lo que motivó la indignación no sólo del propio Moisés, sino de Dios que, tras largos ruegos de Moisés, accedió a perdonar a su pueblo mediante una “alianza”. Ese fue el segundo suceso de importancia que cambió la vida de los israelitas. De ahí en adelante normarían su vida por los Diez Mandamientos, bajo el signo de la alianza y alcanzarían por fin la tierra prometida. Habían pasado 470 años de su salida de Palestina.

Poco antes de llegar a la tierra prometida, Moisés murió. Cuando los hebreos-israelitas llegaron, ya Palestina estaba poblada de nueva cuenta por cananeos en el interior y filisteos en la costa. La lucha, como es obvio, sobrevino. Para dirigir a sus hombres en el combate, los hebreos designaron a personajes dotados de excepcional valor y fuerza física. Les llamaron Jueces. Destacaron entre ellos Gedeón, Jefté, Sansón y Samuel...

-Sansón?... el de Dalila?

-Sí... aunque las películas han idealizado al personaje más como una víctima de la maldad femenina que como el dirigente de un pueblo en lucha. Bien, los hebreos lograron el triunfo, no sin antes pasar por muchas peripecias nuevamente, y se establecieron en el país dividiéndose en doce tribus que, al poco tiempo, fueron organizadas bajo una nueva forma de gobierno: la monarquía. Alrededor del año 1025 A.C. su primer rey fue Saúl, a quien sucedió David, verdadero creador del reino hebreo que venciera finalmente no sólo a los filisteos, sino a todos sus vecinos, extendiendo sus dominios por toda Palestina, estableciendo en Jerusalén su capital. A David le sucede su hijo Salomón, bajo cuyo reinado -975-935 A.C.- se alcanza el auge del reino hebreo, gracias a los tributos que los mercaderes fenicios le pagaban para poder transitar libremente con sus caravanas por el territorio, en sus viajes entre Mesopotamia y Egipto. Salomón incrementó el comercio marítimo entre el Mar Rojo y el Océano Indico, para lo que construyó el puerto de Eziongaber en el Mar Rojo, usando mano de obra y el apoyo de navegantes fenicios. Fue, además, un sabio notable y exquisito poeta, cuya fama alcanzó los más lejanos rincones del cercano oriente. Fue el constructor del monumental Templo de Jerusalén y el fastuoso palacio en que residía. Su mayor obra es el “Cantar de los Cantares”, contenida actualmente en la Biblia y considerada una de las obras maestras de la literatura mundial.

-Es del que se dice que era tan sabio que estuvo a punto de partir a un niño en dos para saber quién era la verdadera madre?, interrumpió Sonia.

-Así es. Pero el lujo de su corte genera contrastes con la forma de vida del pueblo y, a la muerte de Salomón el reino hebreo se divide en dos: el Reino de Israel al norte, con capital en Samaria; y el de Judá al sur, con capital en Jerusalén.

Debilitados así, pronto fueron nuevamente conquistados en el año de 722 A.C.

En el año 612 A.C. los caldeos recuperan el poder invadiendo Nínive, capital asiria, dando principio al Nuevo Imperio en el que destacan Nabopolasar y su hijo Nabucodonosor, durante cuyo mandato el reino babilonio (o caldeo) alcanzó su máximo esplendor.

Durante el reino de Nabucodonosor las fronteras mesopotámicas se establecen colindantes con Palestina, Egipto y Siria. Se llevan a cabo también una serie de transformaciones arquitectónicas importantes -de esa época son los famosos Jardines Colgantes de Babilonia- una muralla alrededor de la ciudad y especialmente la construcción de templos.

Cuando el rey persa Ciro conquista a los babilonios, permite a los israelitas regresar a Jerusalén, pero aún sojuzgados. Más tarde, a la caída del imperio persa, quedan bajo el dominio macedonio implantado por Alejandro el Magno. A su muerte, Palestina quedó incluida en el reino egipcio gobernado por Ptolomeo -el padre de la famosa Cleopatra-, mientras que Siria quedó en el reino de Seléuco. Es hasta el año 196 A.C. que Palestina fue incorporada por los seléucitas, y la penetración cultural griega se hace más fuerte. Debemos anotar que la influencia de los griegos -llamada helenística- sería de suma importancia en la vida de Jesús y sus tiempos.

Así pues, fueron otros cuatrocientos años de sojuzgamiento. Pero aún faltaba. Los romanos ya estaban a la vista.

-Entonces, como quien dice, han vivido prácticamente sojuzgados todo el tiempo, no?, reiteró Carlos.

-Prácticamente...

-Entonces... les han servido sus diez mandamientos para lo mismo que nos han servido a nosotros... de nada! De qué sirve ser un fiel observador de lo correcto si lo correcto no se hizo para todos?, reclamó Carlos reviviendo su molestia.

-No entiendo, dijo Ricardo, a qué viene esa expresión?

-No le haga caso Don Ricardo, dijo Sonia, es que ha tenido problemas en su trabajo, con su jefe...

-Por qué Carlos?

-Está loco el buey... quiere que todo se haga conforme al reglamento...

-Y eso está mal...?

-Mira, depende de dónde lo veas... yo creo que hay que ver dos puntos de vista para saber, más que cuál es el bueno, la forma de que ambos puedan aplicarse...

-No entiendo... y mucho menos si no me explicas...

-Por ejemplo, a mí me gusta escuchar música mientras trabajo, me relaja, me apacigua pues; a él le molesta que la oiga. Dice Sonia que use audífonos, pero eso también le molesta al buey... dice que no debo usarlos porque no lo escucho cuando me habla, y yo creo que el reglamento debe contemplar no nada más lo que al patrón le interesa o conviene, sino a quien trabaja... no?

-Bueno... tienes razón en parte. Recuerda lo que decíamos de los diez mandamientos. En realidad, yo pienso que lo que te incomoda no es el que no te permitan escuchar música o no. Es que sabes, intuyes, sientes en tu interior, que no está bien porque así lo marca un reglamento que tú bien conoces. Incluso, de ese malestar, que no de la inconformidad, es de donde viene tu rebeldía.

Escucha. Si tú consideras que las normas impuestas por tu jefe, o por la empresa misma, no son correctas, o no te convienen, simplemente, renuncia!

-Ahh sí, que chistoso! y me quedo sin chamba, no?

-Espera. Si tu trabajo es bueno, si es importante para la empresa, bien puedes llegar a un arreglo con ellos. Trabajar en tu casa, por ejemplo. Llevar el trabajo que te encomienden a tu casa, para poder desempeñarlo en el ambiente que creas más cómodo, siempre y cuando, claro, la calidad de éste no merme. Ahora bien, si esa empresa no acepta, pues habrá otras que acepten si tu trabajo es lo suficientemente profesional y bueno como para que pongas tú las condiciones. Si no lo es, mi querido hijo, deberás aceptar ese y cualquier otro reglamento que una empresa te imponga.

-Oye, mi trabajo es bueno. Tú ya lo conoces...

-Por eso te lo digo... cuando tienes la calidad, sea profesional o moral, eres tú el que bien puede poner las reglas. Sin embargo, debes tener muy pendiente que no son las únicas reglas que existen. Las hay en la vida diaria y en todas partes. Vives en una sociedad que se rige por reglas. Si aceptas vivir en esta sociedad, debes aceptar y cuidar las reglas. Una cosa es ser lo suficientemente capaz como para imponer nuestras condiciones y otra el querer imponerlas a todo el mundo. Eso no debes perderlo de vista nunca.

-Reglas... reglas... dime tú si acaso las cumple el funcionario, el político corrupto, el vendedor ambulante, el microbusero... carajo, la lista de quienes no respetan las reglas es interminable. Me atrevo a decir que ya nadie respeta las reglas...

-Desgraciadamente tienes razón. La sociedad ha permitido que se relaje la disciplina social y moral. Esto nos está llevando a un caos. Pero, acaso porque ves que el vecino se suicida, tú también vas a hacerlo? No, de ninguna manera. Si vemos, por el contrario, que muchos rompen las reglas, con mayor fuerza debemos luchar porque se respeten, y sobre todo, respetarlas nosotros mismos. Recuerda que, como dicen por ahí, mal de muchos, consuelo de pendejos, y me van a perdonar la mala palabra, pero es la verdad. No porque los demás lo hacen, nosotros debemos hacerlo...

-Y si te la volteo? Y si te digo que no porque todos respetan las reglas debemos también hacerlo nosotros?

-Allá tú. Tú sabrás si lo que quieres es la tranquilidad o la zozobra. Recuerda que ese gusanito que te corroe cuando haces algo malo no se deja engañar, ni por ti, ni por nadie.

-Bueno... eso es cierto... no sé porque, pero es cierto! Y la verdad es que yo no estoy en contra de las reglas de la sociedad, sino de las de... y no de todas... las de la empresa y, principalmente, las del jefe...

-Pues el que decide eres tú. Si algo no te parece en tu casa, puedes corregirlo, pero en la casa ajena... no! Y una empresa es como una casa ajena en la que las reglas las pone el dueño, y algunas más las leyes.

-Bueno, ya veremos. Por lo pronto ya me voy porque ésta ya está bostezando, dijo Carlos señalando a Sonia, nos vemos mañana jefe...

-Adiós, que pasen buenas noches... dijo Ricardo.

-Nos vemos suegro, murmuró Sonia.

-Hasta mañana, agregó Norma.

 

Norma había recibido una llamada temprano. Era Sonia que le pedía avisar a Ricardo que llegarían un poco más tarde porque Carlos se había empecinado en ir al centro, tras llegar de trabajar, para comprar una Biblia. Norma le dijo que no se preocupara, que ella les regalaría una viejita pero en buenas condiciones que había sido de una de sus hermanas. Sin embargo, se habían demorado de todas maneras.

Cuando llegó Ricardo preguntó si ya habían llegado Carlos y Sonia. Norma le contó lo sucedido.

 

A eso de las ocho de la noche, la pareja irrumpió en la casa.

-Hola familia... dijo Carlos festivo.

-Y ahora? Qué te traes? dijo Ricardo sonriendo ante el entusiasmo de su hijo.

-Pregúntame... pregúntame... dijo parodiando al cómico que salía en la televisión.

-Pues eso hago, te estoy preguntando...

-Este loco, dijo Sonia, quería comprar una Biblia. Me dijo que les avisara. Como Norma me dijo que ella le regalaba una, le dije a Carlos que nos viniéramos directo a su casa, pero no, quiso ir al centro de todas formas...

-Y que crees viejito...? dijo Carlos, que pasamos a ver unas computadoras bien padres que estaban exhibiendo en una tienda departamental y, platicando, platicando, resulta que ya tengo nueva chamba... con mejor sueldo... y con mis condiciones... dijo recalcando el final.

-Felicidades, dijo su padre, te lo dije...

-Cierto pinche viejito.... tienes boca de profeta...

-Humm... profeta... dirás que más sabe el diablo por viejo que por diablo, dijo Norma embromando a su marido.

-Será la luna, pero estoy contento, recalcó Carlos, y quiero que me invites una copita de esa botellita que siempre guardas para los viernes...

-Sea por Dios, exclamó Ricardo, tú lo ganas... y yo lo pierdo!

-Chillón, dijo Carlos, eres bien agarrado!

-Siéntense todos, indicó Norma que había ido a la cocina por refrescos y regresaba cargada de botanitas y dos cocas familiares.

-Esa es mi suegra, dijo Sonia.

-Barbera, acusó Carlos.

-Pues salud, invitó Ricardo, porque te vaya bien en tu nuevo trabajo.

-Oiga suegro, interrumpió Sonia, eso no quiere decir que esta noche nos va a dejar picados, verdad?

-De ustedes depende... si quieren...

-No jefe... terció Carlos, ahora más que nunca nos sigues contando. Si hasta parece milagro. Desde que comenzamos esta platiquita las cosas han cambiado para mí...

-Y hasta para mi, dijo Sonia con un suspiro recordando para sí la noche pasada.

-Bueno, pues entonces... creo que podemos empezar diciendo que nos cuesta imaginar Palestina en tiempos de Jesús, lo que era el país en que vivió. Para que comprendamos mejor las acciones de Cristo en la relación distancia-tiempo-ubicación, intentemos visualizarlo, apoyados por este mapita que les pude conseguir, dijo Ricardo mostrando un mapa de Palestina en tiempos de Cristo.

-Chale jefe, dijo Carlos, le hubieras sacado una copia en grande, no que así apenas y se notan algunos nombres...

-Cristo se crió en Galilea, en el pueblo de Nazaret. Nazaret está ubicado en una pequeña depresión, en la parte alta de los cerros del mismo nombre. El pueblo está como encerrado en sí mismo, sin ningún horizonte, y también la gente de Nazaret debía formar una población bastante particular. Sin embargo, en cuanto subía las lomas que bordean el pueblo, se le abrían perspectivas muy amplias: al sur, la llanura de Jezrael, muy poblada, por la cual transitaba todo el comercio de Palestina; al norte se extendía otro valle que llevaba al Lago de Tiberiades.

Seis kilómetros de camino bastaban para bajar a la llanura de Israel. De ahí se veía el monte Tabor, solitario enmedio del llano, como un sombrero puesto en una mesa. A algunos kilómetros estaba el pueblito de Naim, rodeado de trigales.

Al norte, apenas salido de Nazaret, se divisaba Seforis, capital de la provincia y desde donde los romanos imponían su autoridad; Jesús pudo ver, a lo largo de la carretera de Nazaret a Seforis a numerosos rebeldes crucificados, patriotas o ladrones. Frente a Nazaret, al otro lado del valle, se divisaban las casas de Canaán y la carretera que conducía a Magdala, Tiberiades, y Cafarnaúm,  ciudades situadas a orillas del lago, a un día de camino de Nazaret.

El evangelio habla muy de paso de Belén, en los cerros de Judá, el límite del desierto de Judá. Hay que decir que en idioma judío, la palabra “desierto” se aplica a cualquier lugar que no sirva para pastar. Durante la primavera se cubre de pasto y de flores, pero luego la hierba se quema y la tierra parece pura roca. Esta zona que parece pobre y desfavorecida era, en realidad, el corazón de la Tierra Santa.

Belén está solamente a unos diez kilómetros al sur de Jerusalén; y aquí me gustaría hacerles notar que las distancias son muy reducidas entre las localidades de las que habla el evangelio. Un día de camino de Jerusalén a Emaús. Un día también para bajar de Jericó, ciudad de las palmeras y de las flores, en el valle tórrido del Jordán. Ya de salida, de Jerusalén se divisa el Mar Muerto, hundido entre sus orillas abruptas.

Jerusalén, toda construida de piedra blanca, estaba sentada en un promontorio, protegida por los valles del Cedrón y de la Gehena. Su joya era el Templo, construido nuevo por Herodes y considerado como una de las maravillas del mundo. El sol hacía relucir los ornamentos de oro que cubrían sus piedras y sus puertas. En Jerusalén estaba el Palacio de Herodes y una fortaleza en la que residía el Procurador Romano, Pilato. Ahí tenían sus palacios los grandes de la administración y del comercio. En tiempos de Jesús, Palestina era una tierra sumamente rica, debido al trabajo de generaciones y generaciones de cultivadores empeñosos, debido también el nivel cultural muy elevado del pueblo judío, educado en la Biblia. La gente, sin embargo, vivía pobre, pues los romanos sacaban impuestos enormes por medio de los publicanos, y también los reyes descendientes de Herodes, junto con sus nobles, vivían suntuosamente, agobiando al país, a los campesinos y a los artesanos.

Como puede verse, las cosas no han cambiado gran cosa. Es decir, que si ustedes observan atentamente esta forma de vida es exactamente igual a la que actualmente vivimos. El rico es rico, y no sufre gran cosa por más impuestos que le carguen, pues siempre hay relaciones e influencias que le permiten “arreglar” cualquier problema; la clase media alta, formada por comerciantes, empresarios y grandes artesanos, es la que carga con el pago de impuestos en realidad, pero al menos tiene forma de defenderse, explotando a las clases bajas en sus líneas de producción y, finalmente, esas clases bajas que van desde el simple obrero o artesano de segunda hasta el depauperado que vive de la limosna de los demás. La hambruna, queridos hijos, ha formado parte de la mayoría de los pueblos a lo largo y ancho de la historia. Pero ya nos adentraremos en esto en otro momento.

Cuando iba Jesús de Nazaret a Jerusalén, podía pasar por los cerros de Samaria, en los que se sucedían los pueblos y aldeas rodeados de sus cultivos. Allí se sentó cerca del pozo de Jacob, en Sicar. Pero los samaritanos eran un pueblo al que los judíos tenían por hereje, pues compartían solamente en parte su fe y no se sentían unidos por ningún lazo de amistad. Así que los peregrinos judíos que de Galilea subían a Jerusalén para las fiestas, preferían seguir el valle del Jordán, o bien salían de la llanura de Jezrael por el Paso de Meguido, célebre en la historia judía, y seguían el camino del mar, atravesando de norte a sur la llanura calurosa y fértil en que los paganos fueron siempre tan numerosos como los judíos.

Nótese la ciudad de Cesárea en la costa, puerto que los romanos habían desarrollado tanto que estaba más poblado que la misma Jerusalén. Esta ciudad nueva pasó a ser, algunos años después de Pentecostés, el centro cristiano más importante de Palestina.

Pero el lugar más agraciado era, sin duda, la parte del Lago Tiberiades. Esta era una zona residencial, buscada por sus aguas termales. Había pesca abundante y en torno al lago alternaban cerros, desiertos y tierras de cultivo.

 

Como puede verse, también en esa época las formas eran similares a las actuales: tenían su centro religioso, su centro político-administrativo, y hasta sus centros residenciales y turísticos.

-Ha de haber sido hermoso... señaló Sonia.

-Ciertamente, contestó Ricardo. Otro mundo, otra época, otras costumbres, pero al final de cuentas, las mismas debilidades humanas...

-Así que, como quien dice, el mundo de Jesús no era más grande que Tlaxcala... exclamó Carlos.

-Bueno, no tanto, pero sí era un área limitada relativamente pequeña. Es, mejor dicho, porque la zona sigue existiendo. En otras condiciones políticas y sociales, pero el medio oriente sigue estando en su lugar.

-Y en ese pinche pedacito de tierra han sucedido tantas y tantas cosas que han cambiado a la humanidad...? agregó Carlos asombrado. No cabe duda que algo debe tener... primero, una tierra media luna fértil en el medio de los desiertos; luego, el lugar en donde se asienta el primer reino del mundo; más adelante, escenario de siglos de luchas y luchas; más tarde, la tierra prometida por Dios a Abrahám; espacio minúsculo del mundo que, por lo pronto, fue sede de dos de las siete maravillas del mundo: los Jardines Colgantes de Babilonia y el Templo de Jerusalén; en su momento la tierra en que Jesús, Cristo pues, cambia al mundo en menos de mil días y, finalmente, en los tiempos modernos, asiento de la primera nación judía propiamente establecida: Israel, pero también sede de luchas fraticidas que bien podrían llevar al fin del mundo... carajo... algo debe tener...!

-Claro, simplemente, es Tierra Santa... dijo Norma.

-Así era su tierra, intervino Sonia, pero cómo era su vida social y política?

-El mundo de Jesús era, en ese entonces, un mundo que podríamos calificar de normal, aunque con las agravantes de que su pueblo era un pueblo sojuzgado por decenas de generaciones atrás. Ahora lo era por el Imperio Romano que, aunque si bien es cierto que no les tenía propiamente de esclavos, sí mantenía un dominio social, político y, sobre todo, económico sobre la comunidad judía. Para que entendamos un poco mejor esto podríamos comparar con la época del virreinato en nuestro continente. España no nos tenía de esclavos pero las canongías las tenían los españoles, el dinero lo tenían los españoles, las tierras, incluso, eran “propiedad” de los españoles. Eramos semi-libres, pero tratados como seres de calidad inferior, tan inferior que se suponía que el indio no tenía alma y por ende era un vil animal al que podía tratarse como tal.

Pues bien, algo parecido sucedía en el mundo de Jesús. Y, al igual que aquí, se buscaba la libertad. Y digo que se buscaba la libertad porque un pueblo que vive sojuzgado por otro, por muy bien tratado que sea, siempre ansía la libertad absoluta. Los romanos habían entendido, a lo largo de sus múltiples conquistas, que si bien siempre pugnaban porque el Cesar era el Emperador Divino, el mandamás, el “hijo de los dioses”, y exigían que se le diera precisamente ese lugar, debían ser tolerantes con las creencias de los pueblos conquistados para poder tener un mayor control sobre estos. Así las cosas, el pueblo hebreo vivía normalmente, conservaba sus creencias, adoraba a su Dios, con todo y que sufría el peso del pago de los tributos que por cierto eran dobles, es decir, por un lado pagaban el tributo al conquistador, y por el otro el famoso diezmo a los sumos sacerdotes judíos. Más que nada, por esta última razón era un mundo más bien pobre, -guardadas las proporciones, era más o menos como ahora- pero dentro de esa pobreza había también sus clases sociales. Toda la vida, en todas partes, el que trabaja se gana un lugar en su comunidad. Por ende había clase media, a la que pertenecía la familia de Jesús, como también había privilegiados como los sumos sacerdotes y pobres como los aguadores o cargadores.

La religión judía marcaba, como una promesa eterna a lo largo de siglos de sojuzgamiento, la llegada de profetas y, principalmente de El Mesías, es decir, el salvador, el hombre que les daría lo que tanto anhelaban: su libertad, su verdad.

No nos vamos a meter mucho en enredos como el analizar las generaciones de judíos que detentaron el poder y de cuya descendencia se supone habría de venir ese Mesías. Porque en la promesa misma se decía que El Mesías habría de ser descendiente de la Casa de David, quizás para darle un toque prematuro de calidad social y religiosa. Tanto como decir que nacería de la “nobleza” judía, para comparar con algo.

El caso es que el pueblo judío había esperado por años, por muchos muchos años, a ese Mesías. Cada profeta, en su tiempo y en su momento, hablaba de su futura llegada. Incluso a algunos de ellos les llegaron a confundir con el Mesías, como es el caso de Juan el Bautista, pero ellos mismos se encargaban de declarar que no lo eran, que llegaría en su momento. Juan el Bautista, sin embargo, fue el primero en darle un toque de temporalidad actuante cuando señaló: “atrás de mí viene uno al que no soy digno de atarle las sandalias”. En otras palabras, El Mesías llegaría cuando Juan el Bautista aún viviera. Ya pronto! El sabía que ya había nacido y que pronto se daría a conocer públicamente.

Mientras tanto, las costumbres y diferencias en materia de religión -aunque de hecho profesaban la misma- marcadas a lo largo del tiempo por las doce casas o tribus de Israel en su largo peregrinar, hacía que unos y otros no se vieran con muy buena cara. Incluso, la relación misma que habían llevado algunos de ellos con los conquistadores romanos les daba un lugar aparte en la comunidad judía. Para no meternos tampoco en muchos enredos y, sobre todo, enredarlos a ustedes, como mera comparación los Esenios, por ejemplo, eran los ascetas, los estudiosos, los tradicionalistas, los que respetaban la norma y forma de los libros sagrados -en este caso el viejo testamento- y por otro lado estaban los publicanos, que no eran otros que judíos puestos al servicio de los romanos en materia de cobro, eran los cobradores de los impuestos a quienes los patriotas consideraban traidores y el pueblo corruptos, pues bien se daba cuenta de cómo se llenaban los bolsillos de dinero de esos impuestos; tal era el repudio que hasta mendigos se negaban a recibir sus limosnas. Los Maestros de la Ley eran algo así como catequistas y profesores de religión, entendidos en cosas religiosas, admiradores de Jesús pero que no se atrevían a considerar como hermanos suyos a los publicanos y otros pecadores, que se habían “contaminado” de costumbres no sólo romanas, sino egipcias, babilonias y de otros pueblos que les habían sojuzgado por siglos. Estaban también los Fariseos, hombres muy preocupados de la Ley de Dios, pero del tipo de hombres que, fuera de sus ideas y sus libros, no ven nada de lo que habrían de ver. Constituían una asociación respetada y pudiente y su grupo era el que más aparentaba en la religión judía. Eran hombres muy bien adoctrinados en la fe, aunque bien cabe aclarar que había entre ellos muchas personas sinceras. El fariseo se considera  a sí mismo como una persona respetable a quien Dios, más respetable aún, debía premiar y reconocer sus méritos. Se cuida de no pecar para no ofender a Dios, pero exagera en su cometido y esto hace que se vaya perdiendo en lo exterior de la existencia y entienda poco de nobleza interior. Fueron estos, los fariseos, los que se enfrentaron duramente a Cristo, oponiéndose a él en una forma tan reñida que su influencia fue determinante en su pasión y muerte y, finalmente, los sacerdotes, guías espirituales del pueblo pero que se habían convertido en una casta divina y poderosa tanto social como económicamente, que vieron en Cristo y sus enseñanzas a un enemigo de peligro no tanto para su bases religiosas, sino para el sostenimiento del poder.

-O sea, lo mismo de siempre... dijo Carlos.

-Ayyy mira tú, intervino Sonia, yo creo que eso ha sido de siempre y nunca se va a acabar...

-Pues yo pienso que la maldad existe, más que nada, para que exista el bien, agregó Norma.

-...por eso es de siempre? Preguntó Ricardo.

-Podría ser, dijo ella.

-Mira jefe, lo que pasa es que siempre hay quien se aprovecha de los demás; que se siente más listo que los demás y... cuerda!... le rompe la maceta a los otros... pero como alguien decía por ahí: no se puede engañar a toda la gente todo el tiempo...

-Así es, pero bien que se puede engañar a una porción de gente una porción de tiempo, agregó Ricardo.

-En fin.... ahí se queda usted con sus fariseos y sacerdotes suegro, que nosotros nos vamos a dormir para que mañana vengamos de nuevo a torturarlo... dijo Sonia a manera de despedida.

-No es tortura, vieja; al viejito bien que le gusta estar de güiri-güiri... afirmó Carlos.

-Irrespetuoso... regañó ella.

-Adiós hijos... pásenla bien y descansen.

 

Oye vieja -dijo Carlos un poco alarmado- ya te diste cuenta que el viejo del departamento de enfrente que vive solo mete a muchos chamacos a todas horas?

-Y...?

-Se me hace que vende droga, o es mariconcito... o degenerado!

-Ya tú... a todo le ves movida chueca!.

-No, en serio, y mete de todo... chamacas y chamacos... es más, parece tener preferencia por los de 13 a 15 años. Puros chamacos de esa edad mete en su casa y mira que tardan más de una hora allá adentro...

-Bárbaro... ahora sí que hasta la cuenta del tiempo le llevas. Eres tú el que está de mirón...

-Y si mis sospechas son ciertas?

-Pero si ya está viejito...

-Pues por eso... por carcamán. Dicen que a esa edad es cuando le llega a uno la degeneración...

-Ya párale... Oye, que no vamos a ir con tu papá?

-Sí, ya vámonos!

 

Norma abrió la puerta y les invitó a pasar con un reclamo cariñoso.

-Hola, pensé que ya no venían.

-Este -dijo Sonia- que se la pasa pegado a la ventana espiando al viejito de enfrente...

-Cuál?

-El viejo que vive mero enfrente de nosotros, dijo Carlos.

-Y qué le espías?

-Es que me he dado cuenta de que durante el día mete a chamacos, chavos y chavas pues, que yo creo que se van de pinta porque llegan cargando sus libros y mochilas, y se me hace que o vende droga o le hace agua la canoa...

-El que vive frente a ustedes? intervino Ricardo que salía de su recámara.

-Si, el viejito de lentes que se viste a la moda de los cuarentas...

-Que barbaridad! -exclamó Ricardo con una sonrisa de asombro- pero que pensamientos los tuyos! Ese buen hombre, porque es un buen hombre, es un maestro retirado que da cursos de regularización a jóvenes atrasados. Fue mi maestro. Dime si no lo he de conocer!

-Deveras...? espetó Sonia lanzando una carcajada estruendosa.

-Sí... deveras! Supe que vivía ahí porque lo saludé hace unos meses cuando salía de casa de ustedes.

-Ahora si te quemaste mi vida... advirtió Sonia a Carlos.

-Pero no me van a negar que, a simple vista, su conducta es sumamente sospechosa... si hasta otros vecinos lo dicen!

-Eso te pasa por dar a las cosas una interpretación a priori, es decir, de primera mano, sin analizarla, dejándote llevar sólo por lo que dicen otros, o por lo que escuchas. A ver, dime, qué fue lo que oíste que decían de él?

-Bueno... que Don Matías la estaba haciendo con los chamacos que le llegaban...

-Y naturalmente tú creíste que ese “la estaba haciendo” eran las atrocidades que pensaste?

-Claro...

-Y no pensaste que quien lo dijo se refería a que el pobre maestro “la estaba haciendo” porque ahora si podría comer tres veces al día, con las clases que imparte, ya que su exigua pensión no le alcanza?

-La verdad.... no...

-Pues que coincidencia porque precisamente de una situación similar les voy a platicar el día de hoy...

-Espérate... espérate... faltan las cocas y las galletas -dijo Carlos- o qué? es que no habrán?

-Naturalmente, dijo Norma al tiempo que le hacía una seña a Sonia y se enfilaba hacia la cocina seguida de su nuera.

-Oye -reclamó Carlos a Ricardo- como que ya le has dado muchas vueltas y no llegas al tema, no?

-Quedamos en que para comprender mejor la vida de Cristo era necesario que conociéramos sus antecedentes y su entorno. No es así?

-Y ya recorrimos la Biblia entera y no llegamos...

-De verdad que eres desesperado. Para empezar no hemos recorrido la Biblia entera. Tan sólo le hemos echado un vistazo a lo que se llama Viejo Testamento, la mitad de ésta.

-Qué pasó -exclamó Norma entrando con la charola en las manos- ya empezaron sin nosotras?

-No, de ninguna manera -contestó Ricardo- nada más estaba recordando a Carlos que antes de hablar de lleno de Cristo debemos conocer todo su entorno.

-Pues ya estamos listos, señaló Sonia arellanándose en el sofá.

-Bueno. Ya hicimos un recorrido por los antecedentes de Cristo. Ya vimos la forma de vida de su pueblo. Su ambiente social, económico y político. En fin, que ya llegamos a su época. Sólo nos falta hablar de quienes fueron sus padres terrenales.

-Ahhh, pues José y María, afirmó Carlos con aires de conocedor.

-Sí, claro, pero... Quiénes eran esos personajes? De dónde venían?. Cómo se conocieron? Cuándo se casaron?

-Qué no lo dice la Biblia?

-Pues verán. La Biblia contiene los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. En ellos se narra prácticamente la vida pública de Cristo. También en el libro de los Hechos, en donde, como su nombre lo indica, se registran los hechos de los apóstoles y reiteran algunos puntos sobre su vida pública. Pero en ninguno de ellos se habla de la vida de José y María. Cabe recordar aquí que la Iglesia dice que cuando los apóstoles empezaron a presentar al mundo el mensaje de Cristo, solamente usaron la palabra, proclamando lo que habían visto u oído de él. Ninguno de ellos pensó en escribir una “Vida de Jesús” y, a lo mejor, no sabían escribir.

-Entonces cómo vamos a hablar de José y María? dijo Sonia medio asombrada.

-Vamos por partes. Los evangelios que conocemos, los que forman parte de la Biblia, fueron escritos por los evangelistas ya mencionados....

-Escritos...? Pues no que no sabían escribir? reclamó Carlos.

-Dije que a lo mejor no sabían. Pero se supone que, de no saber, después aprendieron. De los cuatro, sólo Mateo y Juan conocieron personalmente a Cristo. Es de conocimiento general que el evangelio de Marcos apareció en Roma alrededor del año 64 de nuestra era. El de Mateo se considera del año 75. El de Lucas del 85 y, finalmente el de Juan del año 100 o quizás posterior.

Así las cosas, algunos autores y teólogos afirman que si se toma en cuenta que lo que escribieron -los evangelistas, sus traductores, o quienes lo hayan hecho- lo hicieron muchos años después de desaparecido el Señor, bien es posible que sus escritos hayan sido susceptibles de incorrecciones, omisiones, olvidos y quizás hasta de recibir algunas cosas de su propia cosecha. Es decir, que aparentemente no son confiables del todo.

-Entonces en qué quedamos -volvió a reclamar Carlos- son o no son reales?

-Reales sí son. Sólo les hago ver que, en primera, hablan de la vida pública de Jesús y, en segunda, por haber sido escritos tantos años después pudieran no decir todo lo que Cristo dijo. Según la Iglesia, estos son los evangelios reconocidos, escritos con el auxilio del Espíritu Santo, y por ende los únicos.

-Qué quiere decir con los únicos? Porque por ahí he oído que hay otros que la iglesia no reconoce, apuntó Sonia, les llaman falsos, apócrifos, protoevangelios y no sé cuantas lindezas más...

-Huyy cuánto sabes, dijo Carlos en son de broma.

-Así es, afirmó Ricardo, pero.... eso es precisamente a lo que me refería cuando hablábamos de mi querido maestro y amigo. Las cosas no deben interpretarse a priori. La Iglesia, para empezar, mañosamente nunca ha dicho que sean falsos.

-Cómo no!!! exclamó Sonia.

-No. Les ha calificado de “apócrifos” que suena feo y da a la inmensa mayoría de la gente la idea de que quiere decir falsos. Según el diccionario, así es, pero también según el mismo diccionario, en otra acepción apuntada en la misma palabra, quiere decir “secretos”, “ocultos”. Es más, protoevangelio, que también “suena” a contrario, a falso, quiere decir “primer evangelio”.

Ahora bien. Las investigaciones hechas por infinidad de teólogos e historiadores -católicos, religiosos o no- han demostrado que los evangelios contenidos en la Biblia son extractos o partes de los protoevangelios, es decir, de los primeros -o reales- documentos, sacados de los evangelios apócrifos -es decir, de los libros secretos u ocultos-, y a los que fueran “quitadas” todas aquellas partes que a los representantes de la religión, en aquellas épocas, no convenían.

Los documentos encontrados en la biblioteca de Nag Hamadi, no son sino las versiones originales que, por ende, traían mucho más narración que los que ahora conocemos, y vienen a confirmar la veracidad de los protoevangelios, lo que a su vez ratifican las pocas partes descifradas de los Documentos del Mar Muerto, hallados en 1947 en una cueva del Cumrán, a orillas del Mar Muerto.

-A ver... a ver... ya me enredaste -dijo Carlos- cómo está eso?

-Fácil. A los evangelios originales se les llama apócrifos porque son “secretos” ya que muchas cosas narradas en ellos no convenía a la iglesia darlas a conocer por diversas razones que ya hemos analizado.

Como ejemplo de esto puedo comentarles que, en una fecha no determinada, los Obispos Cromacio y Heliodoro enviaron a San Jerónimo un documento escrito en hebreo por Mateo para su traducción al latín. En la parte inicial de su carta señalan: ”Encontramos en libros apócrifos -recuerden que no quiere decir falsos sino secretos- relatos del nacimiento de la Virgen María, la natividad y la infancia de Nuestro Señor Jesucristo. -Y aquí viene lo bueno- Como consideramos que contienen muchas cosas contrarias a nuestra fe, pensamos que debe rechazarlo completamente, a fin de que, en ocasión del Cristo, no diésemos motivo de júbilo al anticristo...”

-A ca....nijo... entonces, como quien dice, acusaban a Mateo de escribir cosas contrarias a la religión.

-Prácticamente. La verdad es que a quienes no convenían era a los hombres que en esa época conformaban la curia.

-Y que hizo San Jerónimo?

-Con una diplomacia sin igual, en su respuesta les da la razón aparentemente, pero recuerda que precisamente algunas personas interesadas se habían dedicado a publicar falsedades, como Lucio, un maniquéo que publicara falsas historias de apóstoles y, finalmente afirma: “Cesen ahora los ultrajes de los que se han lanzado en contra de nosotros: no por esta razón lo añadiremos a los libros canónicos, -pero advierte- traduciremos este escrito del apóstol y evangelista para desenmascarar la falsedad de la herejía. Y aportamos a esta empresa igual cuidado en cumplir la voluntad de los piadosos obispos que en oponernos a estas herejías impías. Es, pues, por amor al Cristo, que obedecemos, llenos de confianza, -ojo- los ruegos de aquellos que, por nuestra obediencia, podrán conocer la santa infancia de nuestro Salvador”

-Cuerda... que forma de decirles les hago caso pero haré lo que sea correcto...

-En esos evangelios apócrifos se narra no sólo la infancia de Jesús, sino la vida, procedencia y forma en que se conocieron José y María, que es a lo que vamos.

Los documentos encontrados en 1947 no son otra cosa que las versiones originales de los textos, escondidas por los judíos allá por el año 70 ante la cruenta persecución romana que culmina con la expulsión de los esenios del Cumrán, la destrucción del Templo y la caída de Jerusalén. Estos documentos confirman la veracidad de los evangelio primarios, conocidos pero no reconocidos por la iglesia, y que “desaparecieran misteriosamente” desde hace muchos años.

-Cuenta pues... urgió Carlos.

-Será mañana porque ya les veo a estas mujeres caras de cansadas y, francamente, yo también lo estoy.

-Tienes razón viejo. Mañana hay que madrugar para irse a la escuela y, aunque esto está muy interesante, yo ya me voy a dormir, comentó Norma.

-Andale, vámonos, que luego tú tampoco te quieres parar, apuró Sonia a Carlos que se levantó para inmediatamente después estirarse a todo lo que daba su cuerpo.

-Sin embargo, me dejan picado... dijo dándole un beso en la mejilla a Norma y otro en la frente a su padre.

-Hasta mañana hijos, despidió Ricardo.

-Hasta mañana suegros, que sueñen con los angelitos... deseó Sonia.

-Adiós, que descansen. Dijo Norma.

 

Cuando llegaron a casa, Carlos se asomó a la ventana en dirección a la casa del maestro.

-Será...? dijo.

-Qué? -contestó Sonia sin haberse dado cuenta de que su marido atisbaba por la ventana.

-Lo del maestro...

-Ayyy contigo... mira, ya deja de hacerte el detective y vente a tomar algo de cenar.

-Oye. Tú ya sabías de verdad lo de los evangelios apócrifos?

-Sí, algo había oído en casa de mi mamá.

-Y eso que no eres mocha...!

-Mocha tu abuela.

-Orale, con mi abuelita no te metas...

-Pos pa’que ofendes...

-Sabes?... nunca se me había ocurrido preguntarte qué tanto crees en Dios.

-Y por qué crees que nos casamos por la iglesia?

-Bueno... eso no quiere decir que por eso ya creamos. Es más bien un convencionalismo social, no?

-Estas loco tú. Qué los ateos se casan por la iglesia?

-No sé, sería bueno preguntarles a los compadres. Ya sabes que siempre están comiendo cura y sin embargo se casaron por la iglesia...

-Sí... verdad? 

 

Hola suegro, dijo Sonia alegre cuando llegaron a casa de Ricardo y Norma.

-Bienvenidos, como siempre, afirmó esta última.

-Le traigo un problemita suegro, a ver que tan bueno es para darle respuesta... agregó la nuera.

-Ah caramba... ya veremos, ya veremos...

-Hola familia... casi gritó Carlos abrazando a su padre.

-Qué pasó hijo, cómo estás?

-Bien, bien... cada día mejor gracias a ti y a tus sesiones telenoveleras sobre Cristo.

-A ver suegro... contésteme una cosa -dijo Sonia que ya estaba sentada en un banco alto de la pequeña barra que había en la sala- La gente se casa “por la iglesia” por convicción, por tradición, o por meros convencionalismos sociales?

-Ay Dios! Que pregunta tan rara! A qué viene?

-A qué cree usted? A un comentario de su hijo que me dejó pensando. Estábamos hablando de si creía o no en Dios y le dije que porqué creía él que nos habíamos casado por la iglesia... y me contestó que eso no quería decir que alguien creyera, y me puso como ejemplo a los compadres, eternos come-curas pero que se casaron por la iglesia...

-Mira... la verdad es que quien se casa “por la iglesia” DEBE, en primer lugar ser católico, en segundo creer, y en tercero estar seguro de lo que está haciendo, aunque no precisamente en ese orden. Ahora bien, el tiempo, las costumbres, los principios, las modas de los pueblos son lo que influyen en tales o cuales desviaciones o modificaciones en reglas, normas, leyes y costumbres mismas. Por ejemplo, en muchos países del mundo, es verdad, la boda religiosa se ha convertido más en un convencionalismo social que en la celebración de un sacramento. Por eso vemos que come-curas, como tú les llamas a tus compadres, y aún algunos judíos, ortodoxos, libaneses, y hasta ateos, cuando de novia católica se trata, se casan “por la iglesia” sin importar si creen o no creen y, lo más importante de todo, sin que al sacerdote le importe si está casando a un ateo con una creyente.

-Entonces es como las fiestas -dijo Carlos- si tengo para hacerla la hago, si no, pues no!

-Socialmente hablando, desgraciada y prácticamente sí. Sin embargo, quienes somos creyentes debemos estar conscientes de que más que una fiesta es el cumplimiento de un sacramento.

Naturalmente que, como decía, las costumbres cambian a lo largo de los tiempos y según los ritos y normas de la misma religión incluso.

-Bueno, nos vas a contar de María y de José o nos vamos a seguir con lo de las bodas pachangueras?

-No... a eso iba. A cómo se casa José con María. Pero, como en todo, vamos primero a los antecedentes.

La vida de José y María se halla en dos, e incluso tres redacciones diferentes. Desgraciadamente está incompleta, pues los fragmentos provienen de manuscritos diferentes, aunque el manuscrito a partir del cual se publicó la Historia de José es de origen egipcio. La recesión copta es sin lugar a dudas una traducción del griego y es a la que me voy a referir, aunque tomando partes de la traducción árabe del mismo documento por ser más “acordes” a nuestra forma de hablar actual.

Al principio de esa historia hay una anotación que señala “Este es el relato del fallecimiento de nuestro santo padre José, el carpintero, padre del Cristo según la carne, el cual vivió ciento once años. Nuestro Salvador contó a sus apóstoles toda su vida, en el Monte de los Olivos. Los apóstoles escribieron estas palabras y las depositaron en la biblioteca de Jerusalén. El día en que el santo anciano abandonó su cuerpo, fue el 26 del mes epép (junio-julio). Descanse en paz. Amén.

-Ciento once años.... para lo que vivían murió muy joven, no? -comentó Sonia.

-No. Recuerden que Jehová ya había castigado dos veces a los hombres y les había acortado el tiempo de vida. Ciento once años, para entonces, era el equivalente a la edad de un viejo. Fíjense que se refieren a él como “el santo anciano”.

-Oye, dijo Norma, pero en el Monte de los Olivos lo que la historia sagrada registra referente a lo que dijo Jesús es otra cosa...

-No... sólo que la historia sagrada y los evangelios registran únicamente el capítulo I -de 32 originales- que es precisamente en el que Jesús anuncia su crucifixión y muerte, da la misión de evangelizar a los apóstoles, a quienes manda a predicar a todas las naciones, y advierte que el fuerte no podrá salvarse por su fuerza ni el rico por sus riquezas. Es más, no incluye las dos últimas líneas de ese primer capítulo que dicen: “Ahora, escuchad, os contaré la historia de mi padre José, el viejo carpintero, bendecido por Dios”.

-Otro de los recortes de la iglesia? preguntó Carlos.

-Así parece. Excluyen precisamente la historia de José, de María y la infancia de Jesús. No entiendo yo tampoco el porqué. Pero no sabemos, conforme a aquellos tiempos de construcción de la iglesia y las costumbres de la época, qué motivó a los santos varones a ocultar cosas tan simples como esas. Si bien es cierto que algunas narraciones, sobre todo de la infancia de Jesús, podrían parecer incluso ahora aberrantes, no todo y muchos menos los datos que nos ubican en la vida de los tres son censurables.

-A ver.... cuáles narraciones de la infancia de Jesús son aberrantes? -reclamó Norma.

-A su tiempo. A su tiempo!

-Siga suegro, siga...

-Bueno, el documento señala  -y recuerden que es una narración del propio Jesús respecto a sus padres- que José era de la ciudad de Belén, pertenecientes a Judea y que “estaba bien instruido en la sabiduría y el arte de la carpintería”. Esto le da ya una posición muy diferente a la que hemos tenido siempre del carpintero pobre. Pero aún hay más. En la traducción árabe, esas mismas líneas dicen que José: “estaba excelentemente bien instruido en las ciencias, y fue sacerdote en el templo del Señor”. Aquí, lo que no podría estar muy acorde a los evangelios aceptados es que José no era “el pobre” que nos quieren hacer conocer.

Naturalmente que una de las ciencias a las que José se dedicaba era la carpintería. Como hombre, era justo y temeroso de Dios. Cumplía fielmente con los designios del Señor y llevaba una vida honorable. Este hombre se casó -en santo matrimonio- con una mujer que le dio cuatro hijos y dos hijas. Las hijas se llamaron Lisia y Lidia; los hijos Judá, Josetos, Simón y Santiago. La mujer de José murió y dejó a Santiago aún muy pequeño...

-Santiago el menor!... exclamó Carlos en son triunfalista.

-Exactamente...

-Un momento... terció Norma, entonces, como quien dice, la afirmación de que Cristo tuvo otros hermanos es cierta!

-Sí, pero no como nos la quieren manejar los integrantes de sectas o detractores de la religión y de la virginidad de María, aclaró Ricardo. María fue Madre de Jesús, y sólo de Jesús. Este sí tuvo hermanos, pero eran hijos de José y de la que fue su esposa.

-Bueno... y si es así, por qué ocultar algo tan importante, y al mismo tiempo nada denigrante para la religión? dijo Sonia

-Debemos recordar que hubo algunas épocas en que la virginidad de María era tan cuestionada, quizá más que hoy, que a lo mejor la curia no quiso dar pie a maledicencias. Ustedes saben, guardarlo como secreto para evitar, más que nada, entrar en aclaraciones...

-Pero... qué necesidad había...?

-La verdad, y desde nuestro punto de vista actual, ninguna!

-Y entonces... cómo llega María a la vida de José?

-Bueno, ya vimos que José era un hombre justo, que se casó y enviudó y que tuvo cinco hijos. La verdad es que no sabemos más de él, de su infancia o juventud; sabemos sí, de su muerte, pero ya lo hablaremos más adelante, en su momento, y que se casó más tarde con María, conforme al relato de Cristo en el Monte de los Olivos. Ahora bien, de María es otra cosa.

En el evangelio del pseudo-Mateo, ese que enviaron los obispos a San Jerónimo para su traducción, viene un relato adjudicado a Santiago, el hijo de José que narra la concepción, nacimiento e infancia de María.

-Por qué dijiste pseudo-Mateo? preguntó Norma.

-Es otra forma que tienen de llamar a los protoevangelios. Bien. En Jerusalén vivía Joaquín, de la tribu de Judá. Era un pastor que amaba a Dios con toda la simpleza de su corazón. De sus corderos, sus ovejas, de la lana y de todo lo que poseía, hacía tres partes: daba una a las viudas, huérfanos, forasteros y pobres; otra más a los sacerdotes y hombres consagrados a Dios, y la tercera la reservaba para él y para su casa. Esto, bien visto a ojos de Dios, hacía que multiplicara sus rebaños. Señala que empezó a los quince años, y a los veinte tomó por esposa a Ana, hija de Isachar, de su propia tribu, de la raza de David.

Sin embargo, pasaron veinte años y no llegó a tener descendencia.

En una ocasión, estando en el templo cumpliendo con sus deberes y presentando sus ofrendas, un escriba del templo se acercó a él y le dijo: “Tú no puedes estar entre los que hacen sacrificios a Dios, porque Dios no te ha bendecido dándote descendencia en Israel”.

-Lo de siempre... comentó Carlos.

-Oh, cállate... exigió Sonia.

-Joaquín se marchó llorando del templo, tomó sus rebaños, a sus pastores y se fue a un país lejano. Ana no supo nada de él en cinco meses. Ella lloraba amargamente.

Un día, Ana levantó los ojos al cielo y dijo: “Señor, Tú, que has dado descendencia a todas las criaturas... y que has hecho que se regocijen de su progenitura, ¿me niegas a mí los favores de tu bondad? Tú sabes, Señor, que desde el comienzo de mi matrimonio hice voto de que, si me dabas un hijo o una hija, te lo ofrecería a tu templo santo”.

De pronto apareció ante ella un ángel que le dijo que dejara de temer pues era designio de Dios que tuviera una hija y que el vástago que “de ésta nacerá será admirado por todos los siglos, hasta el fin”.

Mientras tanto, en las montañas donde pastaba Joaquín sus rebaños, apareció un joven que le dijo: “¿Por qué no vuelves con tu esposa?”, a lo que aquel respondió con desilusión haciéndole ver su desgracia de no tener hijos en veinte años. Entonces, el joven se identificó como un ángel, el mismo que se había aparecido a Ana, y le dio la noticia de que su esposa estaba encinta. Joaquín tuvo temor y se postró. Por la noche, durante el sueño, el ángel se le apareció de nuevo y le dijo que Dios les había dado, a él y a su esposa Ana, una posteridad “que ni los profetas ni los santos han tenido jamás desde el comienzo, ni nunca tendrán”. Cuando despertó, los que cuidaban sus rebaños le dijeron que no se resistiera más y partieran rumbo a su casa. Treinta días después Ana le abrazaba dándole la buena nueva.

Ana, así, trajo al mundo a una niña a la que le pusieron por nombre María. En cuanto la destetó a los tres años, ella y su esposo Joaquín fueron al templo y la presentaron para que viviera con las vírgenes que se dedicaban día y noche a alabar a Dios.

Cuando la niña estuvo delante del templo del Señor, subió corriendo los escalones sin mirar atrás y sin preguntar por sus padres, como lo hacen normalmente los niños, sorprendiendo incluso a los mismos sacerdotes.

-Oye, -interrumpió Carlos- aquí hay algo que de repente me prendió el foco...

-Sí -contestó Ricardo- y casi puedo apostar que es lo mismo que a mí me sucedió...

-Qué? -preguntaron casi al unísono Norma y Sonia.

-Miren. Hay muchas cosas que hemos visto que, al paso de los años, toman una conformación de título, más que de acepción. Por ejemplo: cuando llamas a un sacerdote “padre”. Se refieren a él como “el padre Juan”, no?

-Sí, contestaron.

-O al frayle... agregó Carlos... Fray Jerónimo...

-Así es. Ahora bien, ¿no podría ser posible que a las vírgenes dedicadas al Señor, esas pequeñas vírgenes en cuerpo y alma, se les conociera como “la virgen fulana” o la virgen mengana”?

-Es posible...

-De ahí entonces que a María, al paso del tiempo, se le siguiese conociendo como la Virgen María del templo. Sin que eso sea obligada y necesariamente en referencia a la virginidad física!

-Oye! Párale! -reclamó Norma medio molesta- ¿Estás diciendo que María no era virgen?

-Nooo... de ninguna manera!

Yo creo en la virginidad total de la Madre de Dios! pero... cabe la posibilidad que muchos, sabedores de que también era una especie de “título”, con el tiempo, hayan encontrado ahí una forma de detractarla...

-Bueno... puede ser... pero...

-Además, aceptando sin conceder que María no hubiese sido virgen físicamente, aceptando sin conceder que hubiese tenido a su hijo igual que todas las mujeres del mundo... qué hay de malo en ello? Qué acaso la maternidad es pecaminosa? Mancha a cualquier mujer ser madre?

-No... tampoco, pero...

-Entonces? Yo creo en la virginidad de María, pero me atrevo a decir a los que no creen en ella que, al final de cuentas, si tuvo a su hijo de una forma “normal” no dejó de ser la elegida de Dios para una labor tan noble y santa que le llevó a ser Madre del Salvador.

-Y que pasó después...?

-Ya mañana les contaré de la infancia en el templo y de cómo llega a casa de José. Por lo pronto, no los corro pero creo que hoy nos extendimos un poco más que de costumbre....

-Ta’bueno... dijo Carlos levantándose de la alfombra en donde había estado sentado.

-Deveras que ya es noche, dijo Sonia, y ni cuenta nos dimos de la hora...

-Así es esto de las Cristonovelas, comentó jocoso.

-Uffff... tú siempre has de salir con una de las tuyas... espetó Sonia.

-Bueno, pues hasta mañana señores míos. Que el ángel les hable en sueños... agregó Carlos como para hacer enojar á Sonia.

-Tu chamarra, Carlos, y... a propósito, cuándo nos dan ustedes la buena noticia? dijo Norma.

-Cuál...? contestó Carlos frunciendo el ceño.

-Hummm suegra... a lo mejor dentro de veinte años... dijo Sonia abriendo la puerta para salir.

-Veinte años... si eres tú la que no quiere! reclamó Carlos despidiéndose alzando la mano.

 

No me está gustando lo que dices de la virginidad de María, dijo Norma un poco molesta a Ricardo.

-Qué es lo que no te gusta? preguntó él.

-Creo que metes la duda sobre la virginidad de la Madre de Dios y eso no está bien... ya te pareces a esos ateos que niegan todo lo bueno de la religión...

-Espérate... yo no niego nada de lo bueno de la religión, por el contrario, creo que hay mucho más de bueno que nos han negado conocer! Además, tú sabes, mejor que nadie, que yo no dudo de la virginidad de nuestra Santa Madre. Sabes lo que adoro a la Lupita, que no es sino una advocación más de la Virgen María...

-Pues si, pero...

-Pero nada... si quiero que mis hijos conozcan mejor a Cristo, considero que deben saber lo que hay de bueno y de malo. Lo que se dice a favor y en contra. Deben ver y conocer las dos caras de la moneda. De no ser así, caemos en el mismo dogma de creer a pie juntillas, obligados sólo porque la Iglesia o el cura lo dice. Tú eres maestra. Le dirías a uno de tus alumnos que Hidalgo es el padre de la Patria porque así lo dicen los libros de texto, o lo ordena el presidente?, o les explicas los actos que le llevaron a enarbolar la lucha libertaria para que entiendan?

-Es otra cosa...

-No, no es otra cosa. Todo debemos aprender con una dosis de análisis. Entender para creer. Cómo recuerdo al maestro de matemáticas de secundaria; el muy irresponsable no nos explicaba el álgebra ni de chiste. Fuimos muchos los que reprobamos, hasta que su novia, nuestra maestra de literatura, nos explicó poco a poco y así pudimos pasar de año. Ya parece que una ecuación se puede aprender nada más porque te dicen que x es igual a y, y punto!

-Y no es mejor que conozcan nada más lo positivo? -agregó Norma.

-No! Yo creo que debemos conocer lo más que podamos de nuestra religión para saber entenderla y, sobre todo, defenderla. Mira... por qué crees que los Testigos de Jehová, Evangelistas y otros representantes de sectas han logrado tanto adepto? Simplemente porque ellos sí conocen a fondo la Biblia, y gracias a eso saben manipularla para convencer a otros menos duchos en historia sagrada. Te apuesto lo que quieras a que el 90 por ciento de los cristianos no conocen ni la forma en que está dividida la Biblia o qué significa la Misa!

-Por qué te acaloras? reclamó Norma.

-Porque me parece que no somos animales que se rigen por reflejos condicionados. Dios nos dio el don del raciocinio y por ende del análisis. Podemos entender, no somos brutos. Por eso admiro a nuestro Papa; poco a poco lleva a la Iglesia a la verdad concreta.

-Esta bien... ya... cálmate que no tardan en llegar los muchachos y no quiero que piensen que peleamos...

-Aún es temprano... voy a dar una vuelta, paso por pan y galletas al super y regreso. Si llegan antes diles que perdonen mi tardanza y me esperen, por favor.

 

Ricardo había llegado a un punto en que él mismo se sentía confundido. Estaría haciendo bien en hablarles a sus hijos sobre el tema? O podría enredarlos y motivar que se fueran por otro camino? Qué pensaría Dios mismo de sus opiniones?

Al pasar por la iglesia sintió el impulso de entrar. Se sentó al final de las bancas. Miró al Cristo que pendía de la cruz y luego buscó con la mirada alguna imagen de María. Se encontró con la Guadalupana. Se le quedó viendo y un tropel de pensamientos llegaron a su mente.

-Señora mía... no es mi intención ofenderte. Tu virginidad física, aún científicamente, sé que puede darse. Pero no es ese el punto. No quiero que los demás duden de ti por mis palabras. Creo en ti, porque el hecho de ser la Madre de Cristo te hace sublime y divina. ¿Cómo puedo hacer que se entienda el término “virginidad” sin ofenderte o sembrar la duda? Ayúdame! dijo Ricardo mentalmente viendo de frente a la Lupita.

A Ricardo se le había dado la facilidad de palabra y un poderoso don de entendimiento y raciocinio. Sabía que debía hacer algo en retribución y ofreció, a su manera, difundir la palabra de Dios dentro de sus limitaciones. Era la promesa de un ser humano agradecido con Dios por los dones otorgados, así de simple.

Sin embargo, ahora sentía que se enredaba un poco. Que también a él le surgían dudas no fáciles de despejar.

 

-Qué pasó Jefe? Ya te iba a buscar!

-Gracias, me entretuve un poco, pero ya estoy aquí, contestó Ricardo queriendo mostrarse amable al llegar a su casa.

-Hola suegro, saludó Sonia.

-Hola muchacha, cómo te va?

-Bien... qué tiene? lo veo medio raro...

-No... nada...

-Oye, intervino Norma que salía de la cocina, yo también te veo raro. Ven aquí, siéntate, qué sientes?

-Nada, deveras, estoy bien...

-Quiere algo suegro? Un café, su coca, o agua?

-Bueno, ya que lo ofreces, una coca-cola me caería bien.

-Yo la traigo, dijo Sonia.

-Sí, ve, yo voy a llamar al doctor... agregó Norma preocupada.

-Ohh, que lata contigo! No te digo que no tengo nada?

-Pues por las dudas papacito...

La velada no pintaba como siempre. Ricardo decía sentirse bien y decía verdad, estaba bien del cuerpo, pero en el alma se desataba una feroz lucha interna. Una parte de sí le urgía continuar con el relato, la otra exigía suspenderlo. Era casi casi como una lucha entre el bien y el mal. Qué podía hacer? Necesitaba calma, tiempo para pensar con calma. Faltaban unos cuantos días para las vacaciones de fin de año... eso! Aprovecharía esos días para reflexionar.

-Qué pasó licenciado? Qué le aqueja? dijo a guisa de saludo el médico amigo de Norma que acababa de llegar, llamado urgentemente por ella.

-A mí?... Nada...! contestó Ricardo entre bromista y molesto, y menos algo que pueda curar un matasanos como usted...

-A ver, abra la boca...

-Mhummm....ugted no tiegne gazón paga estad aguí...

-Eso lo decido yo mi querido periodista. Pero no se preocupe, ahí traigo certificados de defunción así es que no hay de que apurarse.

-Ja... eso quisiera médico! Pero mire, estoy más fuerte y sano que nunca.

-Pues parece que así es Don Ricardo.

-Ve? Se lo dije. La verdad, agregó Ricardo con un toque de intimidad, la verdad es que no es el cuerpo el que me duele, sino el alma...

-Huyy, pues eso si no se lo puedo curar, señaló el galeno.

-No doctor, deveras, dijo Ricardo ya con seriedad y el gesto adusto, tengo un conflicto de intereses espirituales muy grande y me tiene preocupado y ocupado a tal grado que, contra mi costumbre, no lo pude disimular y pensaron que estaba enfermo.

-Mire licenciado, comentó el doctor al comprender la seriedad con que hablaba ahora su amigo, si puede, váyase de vacaciones. Use ese tiempo para descansar y meditar...

-En eso estaba pensando precisamente...

-Pues adelante! No lo piense dos veces, haga maletas y largo!!!

-Tiene razón médico. Lo tomaré como una receta suya.... ahhh... y gracias!

-De qué, mi querido amigo. Fue un gusto verle sano.

Al salir el médico, Norma se prestó a acompañarle a la puerta, por su proverbial cortesía y para interrogarle.

-Cómo está? Qué tiene?

-Nada!

-Qué?

-Nada Normita, nada. Está más sano que nunca.

-Entonces?

-Alguna preocupación, quizá, dijo discreto el médico, le receté salir de vacaciones y olvidarse de problemas.

-Vaya...! Pues que oportuno, porque el próximo viernes termina el curso escolar y podemos ir a algún lado...

-Vayan... vayan... será de mucho provecho para ambos.

Sonia y Carlos estaban a la expectativa. No habían querido entrar a la habitación de Ricardo hasta no saber qué le pasaba.

Enterados por Norma, asomaron la cabeza por el filo de la puerta y Carlos dijo:

-Ah pinche viejito... conque tienes mal de perrera... y todo por no ir a la escuela!

-Qué?

-Ya nos dijo el médico que tu receta es irte de vacaciones...

-Ahhh, sí, eso dice.

-Pues ni modo, la Cristonovela tendrá que esperar un poco...

-Ay Carlos, qué no te puedes portar serio nunca? gruñó Sonia, y sonriendo al dirigirse a su suegro agregó: Usted no se preocupe, yo le hago sus maletas y le pongo su itacate!

-Gracias hija, dijo Ricardo sonriendo paternal.

 

El viaje le estaba sentando a Ricardo de maravilla. Habían visitado muchos pequeños poblados y, naturalmente, sus respectivas iglesias. Le fascinaba entrar a un templo y sentir esa paz y sosiego que se experimenta. Norma, a quien también le encantaba conocer nuevos lugares, lo observaba con discreción, aunque esto no pasó desapercibido por Ricardo.

-Oye viejo, dijo Norma con dulzura, qué te parece si vamos a platicar un poco con el padre. Allá está sentado y sería bueno que nos contara un poco sobre la historia de su templo...

-Noo... dijo abruptamente Ricardo.

-Por qué?

-No, por nada, lo que pasa es que ya tengo hambre; ven, vamos a comer algo por ahí...

La verdad es que Ricardo no quería tener una discusión con sacerdote alguno. Sabía que las intenciones de Norma eran sanas, que deseaba ayudarle a encontrar la paz espiritual, pero también daba por descontado que su mujer no perdería oportunidad de comentar las reuniones con sus hijos y entonces... vendría la discusión.

Norma no insistió. Salieron de la iglesia y se dirigieron a un restaurante que estaba en el portal de enfrente. Ordenaron y comentaron algunas cosas sobre la población.

-Ricardo, puedo preguntarte algo?

-Claro...

-Qué te pasa?

-Qué me pasa de qué?

-Hay algo que esta sucediendo y no me gusta; no sé que es, pero no me gusta verte así.

-Mira, lo que pasa es que desde nuestra pequeña discusión sobre la virginidad de María algo se despertó dentro de mi.

De pronto no encontraba las palabras para seguir con el relato. Me entró un miedo espantoso de que estuviese equivocado, no tanto en mis apreciaciones, sino en el dárselas a conocer a los muchachos, de que ellos pudieran entenderlas o las tergiversaran, de estar ofendiendo a la Madre del Creador con mis conceptos...

-Pero... si eso es lo que has investigado, si eso es la verdad, si así son las cosas y, como muchas veces lo has dicho, sientes que Dios mismo te lleva de la mano para encontrar datos e información, a qué le temes? No es, en todo caso y como tú mismo te comprometiste, tu responsabilidad dar a conocer a unos y otros lo aprendido? Vamos, por favor, me extraña que surjan dudas en ti sobre todo esto. Yo también pienso que no es una casualidad el que hayan llegado a tus manos los libros necesarios, incluso regalados algunos, para hacer una investigación que también de repente te surge de la mente. Hay algo, algo intangible, pero notorio. No quiero decir con esto que seas un profeta, o que te hable Dios, o que tú mismo te sientas así, pero de que hay algo fuera de lo normal en todo esto, lo hay. Debes tener confianza en ti mismo, en lo que haces, en tus conceptos que, por otra parte, has comprobado hasta la saciedad que no están errados. Creo que debes dejar de dudar... y cumplir con tu promesa.

Ricardo nunca la había escuchado hablar así. Cada palabra suya penetró hasta lo más hondo de su alma. Sabía que tenía razón. Sabía que había dado en el clavo. Sus palabras fueron tan arrebatadoras y precisas que, en ese momento, Ricardo suspiró y sintió que, al exhalar, arrojaba toda la pesadumbre que le había inquietado esos días.

-Sabes?... Tú eres mi ángel de la guarda!

-Humm...

-Deveras! No tienes idea de lo que acabas de hacer! Come, regresamos a casa.

-Ah no... ahora me cumples o me dejas como estaba... mis vacaciones son mis vacaciones!

-Está bien, sólo que ahora sí voy a disfrutar del descanso en realidad...

-Bendito sea Dios, dijo Norma sintiendo el cambio en Ricardo.

 

Al terminar, Norma insistió en regresar al templo. Quería dar gracias por lo sucedido. Ricardo no se opuso.

Cuando entraron, Ricardo se arrodilló en el reclinatorio, entrelazó las manos y recargó la cabeza sobre ellas. Así estuvo por varios minutos. Ella terminó su rezo y se alejó para dejarlo en paz.

-Hola hija, dijo el sacerdote acercándose a ella.

-Hola padre, buenas tardes...

-De dónde vienen?

-De Acapulco padre, andamos de vacaciones.

-Bendito sea Dios que pueden disfrutar de ellas y que vinieron a la casa del Señor, eso habla bien de Ustedes.

-Gracias padre, no sabe cuanto necesitaba en este momento entrar aquí.

-Lo sé...

-Lo sabe?!!

-Sí, ustedes vinieron hace un rato, los noté. Se fueron y ahora regresan. Eso quiere decir que algo sucedió en ese rato, no es así?

-Sí padre, así es, dijo Norma suspirando profundo.

-Todos los designios del Señor son para bien hija, para bien, ten confianza en Dios y verás que todo se soluciona.

-Gracias padre, tiene usted toda la razón del mundo.

-Es tu marido?

-Cuál? Aquél que está en el reclinatorio? Sí, es mi esposo.

-Podría saludarle?

-Claro padre, faltaba más.

Ricardo se levantaba en ese preciso momento. Al persignarse notó que Norma estaba con el sacerdote y que se acercaban a él. Sin embargo, contra lo sucedido en la anterior visita, no se sintió molesto.

-Hola hijo...

-Buenos días padre, que gusto conocerlo.

-No, el gusto es mío. Si me llegaras a conocer mejor no te daría tanto gusto porque soy un viejo cascarrabias, radical y conservador, pero con un gusto muy especial por conocer a nuestros visitantes.

-No diga eso padre. Hay tanto de lo conservador que quisiésemos alejar como retener. Soy de la gente que piensa que, en realidad, hay que aprovechar lo bueno, sacar experiencia de lo malo, y fincar en la verdad un futuro más promisorio para la humanidad.

-Vaya! Me salió erudito el amigo, dijo en tono de burla amistosa el padre.

-Gracias...

-Y qué opinas de la renovación de la Iglesia entonces?

Norma vio venir el agarrón.

-Huyy padre, si usted supiera! Pero, la verdad, es que debemos partir porque ya no manejo de noche y queremos llegar hoy mismo a Guanajuato, así es que será en otra ocasión cuando pueda yo externarle mi opinión sobre la renovación de la iglesia.

-Ahora me salió coyón, dijo el cura tomándole del hombro, mira, aquí hay un hotelito que, aunque pequeño, es cómodo. Debieran quedarse. Ya es tarde y no llegas con luz a Guanajuato. Si se quedan, yo les invito a cenar... y platicamos. En estos pequeños pueblos no siempre se tiene la oportunidad de platicar con alguien culto...

-Padre, favor que me hace...

-No... ningún favor! Se les nota en la forma de hablar...

Norma vio la oportunidad de reforzar lo que había sucedido. Si Ricardo pudiera platicar con el padre quizá muchas de esas dudas se acabarían de despejar.

-Oye, creo que el padre tiene razón, además, realmente habíamos planeado quedarnos en el pueblo, no?

-Pues... sí...

-Entonces no se diga más... vamos a la casa parroquial para ordenar que preparen la cena, desde ahí llamo al hotel para que les reserven su habitación y, mientras, me deja presumirle un poco de algunos libritos antiguos que tengo...

-Dios, pensó Norma, ya le dio la puntilla!

Y efectivamente, en cuanto Ricardo escuchó “libros antiguos” contestó en son de broma de inmediato:

-Sea pues la voluntad de Dios, vamos y que sea lo que Dios quiera!

 

La casa parroquial era, como en todo pueblo, más bien humilde; sin embargo, el despacho del párroco ostentaba una biblioteca bastante bien surtida y abundante.

Ricardo, al entrar, quedó extasiado. Los libros eran su pasión y se sentía como chiquillo en dulcería.

-Qué le parece mi amigo?

-Colosal! dijo Ricardo sin ocultar su admiración.

-Y ya le mostraré algunos de mis tesoros, dijo orgulloso el sacerdote.

-Caray padre, intervino Norma, tengo la sospecha de que vamos a pasar no una noche, sino varios días aquí..

-Qué bueno! Por algo les mandó Dios a mí...

-Por favor, padre, creo que los favorecidos fuimos nosotros, aseguró Ricardo.

-Sea como sea, vayamos a disfrutar de la cena.

 

Al entrar al comedor, ataviado con una mesa campirana de madera cubierta por un mantel típico de la región, el párroco presentó a su cocinera.

-Don Ricardo, esta señora que tan dedicadamente me sirve es mi hermana Lucía; desde que salí del seminario se ha dedicado a cuidarme con bastante celo y, gracias a ella, llevo una vida llena de comodidades. No sólo es mi cuidadora, sino mi cocinera, lavandera, secretaria y hasta vigilante.

-Mucho gusto señores, pasen a la mesa por favor, dijo con timidez Lucía.

-Gracias, y mucho gusto, saludó Norma.

-Felicidades Doña Lucía, es usted el ángel de la guarda del señor cura por lo que veo...

-Favor que usted me hace señor.

-Tomen asiento, tomen asiento, insistió el sacerdote.

 

Durante la cena hablaron trivialidades. Se dieron a conocer, comentaron sobre sus respectivos gustos y manías. Norma casi no intervenía, les escuchaba con interés y sólo lanzó algún comentario de vez en cuando. Notó la afinidad que brotaba entre los dos hombres. Estaba a gusto con la visita.

Casi a las ocho de la noche pasaron a la biblioteca, para tomar el cafecito según dijo el cura.

-Que le parece Don Ricardo si, mientras arreglo algunos papeles, le da una hojeadita a mis libros.

-Nada me gustaría más, afirmó entusiasmado Ricardo.

-Doña Norma, le gustaría conocer el resto de la casa parroquial? invitó Lucía.

-Claro que sí, gracias, contestó Norma saliendo del brazo de la hermana del párroco.

Ricardo se olvidó de pronto en dónde estaba y sacó del estante un libro que depositó en una mesa adjunta. Después otro, y otro, y otro más. El párroco le observaba de reojo, fingiendo revisar unos papeles. De pronto, dejó todo y se dirigió a Ricardo:

-Vaya, vaya, parece que hay un tema que es de sumo interés para usted, amigo mío.

Ricardo, que tomó conciencia del lugar en que se encontraba, se ruborizó y contestó turbado.

-Perdón padre, creo que me dejé llevar por una obsesión que traigo muy dentro...

-No necesita decirme nada... por el tipo de lectura, y de libros, que ha escogido creo adivinar de qué se trata.

-De qué?

-Buscas algo más que la información canónica, verdad?

-Sí padre...

-Y crees tener la capacidad para interpretar lo aprendido?

-No quiero ser presuntuoso, pero sí...

-Bien, y no te gustaría una ayudadita?

-Claro que sí! exclamó Ricardo.

-Entonces, qué te parece que se vengan a desayunar mañana y luego nos demos una encerrona literaria?

-Naturalmente, dijo sin timidez el invitado, la verdad es que ya es tarde y creo que les he desvelado a usted, a Lucía su hermana y a mi querida esposa...

-No te preocupes por eso, como ya dije hay pocas oportunidades de charlar con alguien culto por aquí.

-Aunque en realidad hoy no charlamos gran cosa...

-Pues prepárate para mañana, procura traer la espada desenvainada porque te voy a dar una revolcada de Padre y Señor mío...

-Gracias padre...

-Julián para ti... mi querido Ricardo.

-Gracias nuevamente.

 

Ricardo parecía un chiquillo haciendo sus comentarios con Norma. Ella estaba feliz de verlo así. De algo había servido regresar a la iglesia. Cuando llegaron al hotel ya les esperaban.

-Buenas noches. Don Ricardo?

-Así es, dijo sorprendido.

-El Señor Cura nos llamó. Ya tenemos lista su habitación.

-Gracias.

Ya instalados, Ricardo no paraba de hablar. Norma le tuvo que cortar las alas.

-Mira mi amor, ya es tarde y hay que descansar. Lucía me invitó para que le acompañara mañana al mercado y a visitar a algunas personas. Yo iré con ella en tanto tú estás con el padre. Te parece bien?

-De verdad no te importa si te echo a perder un poquito tus vacaciones?

-No, de ninguna manera. Además, eso no es echármelas a perder. Por el contrario, veo que te sirve la relación con el Señor Cura.

-Gracias Normita, de verdad gracias.

-Vamos a dormir.

 

El opíparo desayuno que les habían servido desapareció como por encanto. Ricardo, más que comer, devoró todo lo que había a su alcance. Norma y el cura cruzaron miradas de complicidad. Ella, en un momento dado, inclinó la cabeza como dándole las gracias. El sacerdote sólo sonrió levemente.

 

Al entrar a la biblioteca, Ricardo observó sorprendido que los libros que había utilizado la noche anterior se encontraban en la misma posición en que les dejara sobre la mesa. Se avergonzó pensando qué habría pensado el cura de su falta de cortesía al haberles dejado así.

-Caray... perdón padre... dejé un tiradero aquí...

-De ninguna manera hijo. No les coloqué en su lugar porque pensé que hoy les utilizaríamos.

-De todas formas...

-Nada, nada... acomódate y dime, desde cuándo surge tu interés por la teología?

-Bueno... lo que pasa es que de pronto me creció un profundo interés por saber más respecto a mi religión...

-Desde cuándo?

-Verá... no quisiera sonar como un predestinado o un escogido. La verdad es que, desde mi juventud, me alejé mucho de la iglesia, que no de Dios, conste! Durante mi trabajo como periodista me tocó cubrir la llegada del Papa a Puebla en 1979. Si bien es cierto que al principio sin mucho interés, también lo es que todo cambió cuando estuve, no una, sino tres veces, a menos de un metro de Su Santidad.

Esa cercanía me hizo experimentar una paz, una tranquilidad, una sensación extraordinaria. Y algo se cimbró dentro de mí. De pronto, y achacándoselo primero a la necesidad de transmitir mis comunicados varias veces al día, me encontré no sólo dictando las palabras vertidas en los boletines de prensa que el episcopado entregaba, sino rascando en los discursos y propuestas de los obispos, enterándome de cosas que jamás soñé tocara o manejara el clero.

-Como qué? interrumpió el padre.

-Como los documentos del Concilio Vaticano Segundo, la corriente de la Teología de la Liberación... y muchas otras cosas! Me dediqué con una fruición desconocida en mí a reunir cuanto papel, panfleto, boletín o declaración cayera en mis manos. Eramos casi cuatrocientos periodistas de todo el mundo y yo, lo digo con extrañeza, era el primero en lanzarme sobre los obispos para entrevistarles. Muchos pensaron, incluso, que sabía mucho más de lo que reconocía por mis preguntas, pero la verdad es que no eran las clásicas preguntas de rutina, sino preguntas reales, hechas con ansias de saber más y más cada vez.

Pasó el tiempo y, cada vez que visitaba el Papa algún lugar, al verle en la televisión, rebuscaba mis viejos datos y... al rebuscar, encontraba algo nuevo.

Yo mismo me hice el compromiso de, en agradecimiento por haberme salvado la vida lo menos unas cuatro veces, difundir su palabra... a mi modo, a mi estilo, dentro de mis posibilidades...

-Y lo has hecho?

-Sí padre, aunque en forma harto ortodoxa para quien, como usted, lleva una regla canónica.

-Cómo?

-Pues... primero, escribiendo comentarios aislados incluidos en mis notas o columnas; más tarde, escribiendo de lleno sobre ello. Ahora precisamente tengo una serie de charlas con mis hijos sobre Jesús. Es que, un día, Carlos me preguntó quién demonios es Cristo?

-Quién es Carlos?

-Uno de mis hijos...

-Y así te preguntó?

-Já... sí... así: quién demonios es Cristo?

-Pues vaya con el muchachito! Bueno, y por qué dijiste que se ha convertido en una obsesión?

-No, no se ha convertido en una obsesión el estudiar. La obsesión se vino a raíz de que llegamos a un tema bastante escabroso...

-Cuál?

-No quisiera discutirlo con usted padre; estoy seguro de que no lo aprobaría.

-Eso lo decido yo, no crees? Es más, anoche estuve “rascando”, como tú dices, en los libros que bajaste... y casi puedo apostarte que el tema del que hablas es la virginidad de nuestra Santísima Madre.

-Hummm... así es padre.

-Y puedes decirme cómo demonios le hiciste para encontrar así, de buenas a primeras, los libros y las páginas que hablan de ello?

-La verdad es que no lo sé. Desde el principio me ha sucedido lo mismo. Busco un tema, un nombre, una aclaración, y de pronto estoy frente al libro correcto, le abro y encuentro de inmediato la respuesta. Es más, cuando no tengo el libro, alguien llega y me lo regala o lo encuentro expuesto de golpe en el aparador de una librería.

-Pues quiero decirte una cosa, hijo mío, hay algo que te guía! Por ningún motivo dejes de hacer lo que estas haciendo! Por algo lo haces...! Recuerda que “los caminos del Señor son sorprendentes”.

-Está seguro? A veces pienso si no estaré difundiendo algo que, en lugar de afirmar la fe de los demás, les embrolle o siembre dudas en su conciencia.

-Dime algo. Conoces la verdad del viento? Cómo existe al aire?

-No...

-Pero sabes que existe!

-Claro!

-Entonces por qué dudas sobre lo otro? No creas que porque soy un curita de pueblo no tengo mis propios medios de estudio y de investigación. Yo también me vi impelido a estudiar ante los documentos del Vaticano Segundo y, sobre todo, cuando surge la famosa teología de la liberación. Me pregunté mil veces qué estaba pasando. Y ahora lo entiendo. Su Santidad le ha dado esa apertura a la Iglesia que tanta falta hacía.

-Ahí está! exclamó Ricardo. No estoy errado entonces!

-Claro que no! Una cosa es respetar el canon, y otra muy distinta negar aquello que por sí mismo existe. Aunque no puedo reconocerlo abiertamente hasta en tanto no lo haga la Santa Sede, los documentos del Mar Muerto y los apócrifos y los pseudoepígrafes algo tienen que sumar a una religión que tenía muchos espacios en vacío.

-Entonces...

-Entonces te puedo decir, sin faltar a mi condición de sacerdote, que nadie tiene la verdad absoluta, sólo Dios. La Iglesia, como institución, fue y es formada por hombres y, por tanto, perfectible.

-Me asombra padre!

-Más me asombro yo!

-En verdad...

-Creo que ya hablé de más, dijo el cura con una sonrisa picaresca en el rostro.

-Gracias padre...

-Dale gracias a Dios, que es quien nos dicta lo que debemos hacer. Vamos a comer; ya llegaron desde hace buen rato las señoras.

 

Las pláticas se alargaron casi una semana. Sólo eran interrumpidas por las comidas o las obligaciones ministeriales del cura. Ricardo no desperdiciaba el tiempo, mientras el cura cumplía, él estudiaba. Norma encontró una buena compañía en Lucía, que le llevó a conocer todos los sitios de interés del poblado.

Ricardo estaba irreconocible. Se le veía alegre, seguro de sí mismo de nuevo. Norma no dejaba de darle gracias a Dios por esa recuperación tan sorprendente.

Pero el tiempo pasa y llegó el momento de partir.

Al despedirse, el cura le pidió a Ricardo que aceptara un pequeño obsequio y le entregó un paquete.

-Espero que no sea la última vez que nos vemos, dijo melancólico.

-Yo también lo espero, padre; fue un verdadero placer estar con usted.

Norma abrazó cariñosamente al sacerdote y a Lucía.

-Gracias, han hecho un verdadero milagro, gracias.

-Gracias a ustedes, replicó Lucía, yo también tenía tiempo que no veía a Julián tan contento.

-Bahh... dijo el cura, con un amigo así cualquiera estaría contento.

 

Viajaban ya en la carretera cuando Ricardo le dijo a Norma:

-Por qué no abres el paquete que me dio el padre Julián?

Norma lo abrió. Eran varios libros. Aquellos libros que Ricardo había bajado de sus estantes el primer día, y algunos otros.

-Mira... son libros antiguos!

Ricardo se estacionó al lado del camino para ver los libros. Entre otros, estaban sendos ejemplares de Los Documentos del Mar Muerto, los Evangelios Apócrifos y dos ejemplares en inglés de los Pseudoepígrafes.

-Pero... esto es un tesoro! dijo asombrado Ricardo.

-Creo que el tesoro no son en sí los libros, dijo Norma, sino lo que contienen y el efecto que esto tiene en ti.

Ricardo la vio con ternura. Se inclinó y le dio un beso en la mejilla.

-Aunque no se compara con el tesoro que es tenerte... y emprendió el camino a casa.

 

Ricardo revisó los libros que le regalara el padre Julián en cuanto llegó a su casa.

Entre ellos venía “El Libro Eterno” en dos tomos, obra del rabino Yekutel Klein, y traía una hojita señalando un apartado casi al final del primer tomo. Al abrirlo, notó algunos párrafos marcados. La pequeña hoja que servía de separador rezaba: “Espero te sirva de algo. Julián”

Klein hacía referencia a una tesis del Doctor Joshúa Heschel, catedrático de mística del Seminario Teológico Judío de Estados Unidos, que proporciona una visión fundamental de la búsqueda de Dios por el Hombre.

En esta búsqueda emprendida por el hombre común y corriente, dice el libro, la emoción, el ingrediente básico de la religión, desempeña un papel mucho más importante que el raciocinio intelectual. Lo místico, lo desconocido, surte en la vida del hombre religioso un efecto mucho mayor que lo empírico y lo racional... a menudo oímos acusaciones contra la Biblia, formuladas por críticos y por numerosos antisemitas, en las que se señala la venganza del Dios de la Torá. Con gran desconsuelo de mi parte -dice el autor- también las he oído en labios de rabinos. Ven estos párrafos de modo más bien superficial y no han buscado la verdad que los mismos representan. En su propósito censurador se nombran a sí mismos jueces de la Torá. No hacen intento alguno por hallar el propósito fundamental de estos párrafos, ni tampoco son intelectuales apologéticos. Se avergüenzan de que en “su” Torá encuentren cosas desagradables y, sin embargo, no aciertan a ver que la crueldad se debe al hombre y no a Dios, que estas advertencias son autoinfligidas y resultado del desconocimiento de Dios.

Cuando se dice a un paciente que la enfermedad que sufre es incurable, se acusa de crueldad al médico por decir la verdad. Entonces se pasa por alto la enfermedad en sí. A menudo la verdad y su descubrimiento son de efectos devastadores, pero el ocultamiento no cambia la realidad. Es mejor que el hombre acepte la verdad, no que escape de ella. La prevención, se dice, es la mitad de la curación. Si esto es cierto respecto a cosas físicas, ¿por qué hemos de temer enfrentarnos a este mismo principio en los problemas espirituales? La advertencia del médico debe vérsela como un acto de bondad y amor para el paciente, y no como una amenaza. Puesto que quiere salvar vidas, lo acertado y prudente es que formule advertencias que prevenga enfermedades. Si la enfermedad está ya presente, busca curarla mediante la administración de medicación adecuada...

La búsqueda de Dios por el hombre la intentaron, antes que nadie los judíos, y siempre desde entonces, esta búsqueda ha pasado de una generación a la siguiente. En cada nuevo intento, si el hombre busca la verdad encuentra a su Dios. Hay una verdad que el corazón reflexivo puede captar, del mismo modo que hay una verdad que puede encontrar la mente verdaderamente inquisitiva.

Para mantenerse puro, el judaísmo ha llamado en su ayuda a la razón, que compone el credo judío. Sin embargo, la sola razón no puede probar todas las verdades religiosas. El hombre que busca a Dios y que encuentra a Dios, ha descubierto también lo anterior y ha llegado a la conclusión de que el hombre no ha de buscar el motivo de todos los actos de Dios. Si en nuestra búsqueda de Dios, le encontrásemos a medio camino, tanto Dios como el hombre nos sentiríamos satisfechos, aunque el esfuerzo del individuo debe buscar la realización de una personalidad ideal. El hombre no es un simple robot físico gobernado por leyes puramente mecánicas. Es hijo del Dios vivo. Si en la búsqueda de Dios por el hombre, éste se descubre a sí mismo como colaborador activo de Dios en la tarea de creación, entonces se ha encontrado a sí mismo y ha encontrado a Dios.

En el descubrimiento de Dios, al que están totalmente entregados el alma y la mente, tiene que haber una aceptación de la vida en su totalidad. No toda la vida es un lecho de rosas. Y tiene que haber el reconocimiento de que en todo cuanto hacemos hay una reacción para cada acción del hombre. En el proceso de su búsqueda, el hombre puede descubrir a Dios y, gracias a éste descubrimiento, puede descubrirse a sí mismo. Se ve a sí mismo tal como realmente es. Este conocimiento hace que las advertencias bíblicas sean una guía eficaz para la historia personal del hombre, lo mismo que para las metas y finalidades de la nación que tienen que llevar a la conservación personal del hombre y a la del pueblo.

 

Ricardo cerró el libro y se quedó pensando.

 

Carlos llegó a su casa y le preguntó a Sonia si había llamado su padre.

-Sí, ya llegaron, dicen que desde anteayer...

-Ah canijos... y por qué no nos avisaron?

-Ay tú, pues de seguro porque querían poner todas sus cosas en orden...

-Bueno, llámales y diles que nos vemos mañana en la noche.

-Y por qué no les llamas tú?

-Porque ya me voy...

-A dónde que más valgas?

-Oh, por ahí, luego te cuento.

Tomó unos disquetes y salió apresuradamente.

 

Frente a su computadora, Carlos copiaba varios artículos que había encontrado en Internet. Su amigo y socio le preguntó:

-Qué tanto haces Carlangas?

-Copiando unos artículos padrísimos que encontré.

-Sobre?

-Sobre los documentos del Mar Muerto.

-Híjole! ahora sí me dejaste de a seis... se puede saber de dónde te salió lo mocho?

-Mocho... baboso! Son para mi papá que nos está contando una Cristonovela.

-Una Cristonovela?

-Bueno, en realidad un día se me ocurrió preguntarle quién demonios es Cristo y desde entonces lo visitamos todos los días y nos cuenta a su manera, por cierto una manera bien padre, la historia sagrada.

-Mocho... mocho... dijo el amigo burlón.

-Que mocho ni que la fregada! Te invito buey...

-Yooo...? A escuchar platiquitas de santos?

-No son de santos, animal, es la verdadera historia de Jesús.

-Cómo está eso de que la verdadera historia de Jesús? Qué hay otra?

-Mira, a mí no me es fácil explicarlo, pero precisamente mañana empieza mi papá a platicarnos quién fue en realidad Cristo.

-Realidad para quién? Para tu papá?

-No, una verdad brotada a través de la investigación de cientos de hombres, religiosos y no, que han estudiado a lo largo de dos mil años tanto los cánones como los documentos apócrifos.

-Ay carajo, ya hasta hablas como cura!

-Oh, no estés fregando! Si quieres ir, dime, si no vete al demonio!

-Charros... tampoco es para que te enojes. Qué? Deveras es en serio?

-Deveras!

-Sale pues, anótame en la lista de asistentes.

-No te vayas a rajar a la hora de la hora porque a mi jefe le puede molestar.

-No, si te digo que voy, es que voy. Nada más una cosa. Si no me gusta el asunto, lo dejamos por la paz. De acuerdo?

-Bueno.

 

La llegada a la casa de Ricardo fue una verdadera fiesta.

-Hola suegros, dijo Sonia alegre, cómo les fue?

-Bien hija, contestó Norma, muy bien!

-Dónde está el viejito, preguntó Carlos.

-Ahorita sale.

-Mire Norma, le presento a mi socio y amigo, lo invité para que se le quite un poco lo diablo...

-Fidel Vargas, para servir a Usted señora.

-Mucho gusto joven, pase, tome asiento por favor.

-Gracias, gracias.

-Hola familia, saludó Ricardo con la cara resplandeciente.

-Hola, contestaron todos a coro.

-Pinche viejito, dijo Carlos cariñoso, te sentó el descanso, hasta se te ve otra cara...

-Sí, verdad?

-Hola suegro, dijo Sonia abrazando a Ricardo.

-Hola hija. Te ves bien.

-Es que volver a esta casa es un descanso para mi. Ya no aguantaba a Carlos. Todos los días me preguntaba al llegar: ya llamaron?

-Que bueno que se nos extrañe!

-No, si no te creas, dijo Carlos a la defensiva, si no extrañaba al viejito sino a su Cristonovela...

Norma rió de buena gana y, acercando a Ricardo al joven invitado dijo:

-Ya que Carlitos no tiene la cortesía, déjame presentarte al joven, es amigo y socio de tu hijo.

-Ah, mucho gusto joven. A qué debemos el honor de su visita?

-Pues Carlos me platicó de sus reuniones y, la verdad, quise ver si son tan amenas como me cuenta. Yo no soy, y lo advierto a tiempo, muy religioso que digamos, pero creo en Dios, aunque, como muchos, a mi modo...

-Ah vamos, pues bienvenido. Y tienes razón, como muchos, pero lo importante es que no se ha perdido la base, la creencia en Dios.

-No... pos no... dijo un poco turbado Fidel.

-Bueno, reclamó Norma, y las galletas del día?

-Ahhhh... y tú que dijiste! No las trajeron! Pues no, advirtió Carlos, aquí están con todo y unas botanitas porque hoy es viernes; mañana no se trabaja, y el viejito está bastante atrasado en eso de la contadera, así es que tiene que ponerse al día.

-Carlos! reclamó Sonia.

-Oh, vaya, quien les manda irse casi un mes de parranda! Con toda seguridad ya ni se acuerda en qué nos quedamos.

-Por el contrario, dijo Norma, la verdad es que una buena parte de nuestras vacaciones se la pasó en tremenda plática con un sacerdote del que nos hicimos muy amigos.

-Deveras? Así es que ni siquiera en tus vacaciones te pudiste olvidar del asuntito!

-No, habían muchas cosas que me daban vueltas en la cabeza y, aunque ustedes no lo crean, el padre Julián me despejó, directa o indirectamente, casi todas ellas; bueno, al menos las más importantes, terció Ricardo.

-Pues que se sirvan las cocas y empiece la sesión, dijo en son de broma solemne Carlos.

Sonia sirvió los vasos, mientras que Norma traía de la cocina una cafetera.

-Alguien quiere café?

-Yo señora, por favor, dijo Fidel, no soy muy afecto a la coca, pero sí al café.

-Y qué te revoloteaba en esa cabecita loca y canosa Jefe?

-Mucho de nuestra última plática. Sobre la virginidad de María. Me entró un temor tremendo de estar confundiéndolos.

-Pues qué la Virgen María no era virgen? preguntó asombrado Fidel.

-Mira, para que a los demás sirva de recordatorio y a ti de información, retomaremos de entrada el tema.

Mucho se ha hablado de la virginidad de María. Principalmente los detractores de la iglesia, o de la religión, son los que usan el argumento de que no fue virgen, como si -suponiendo sin conceder- el sólo hecho de no serlo la convirtiera en pecadora.

Sin embargo, cabe aclarar que por principio de cuentas no se debe analizar la virginidad de María como algo netamente físico; la virginidad es símbolo de pureza y una mujer pura puede ser catalogada como virgen en muchos aspectos. Además, y como base de todo, debe hacerse notar que las traducciones de los primeros documentos sagrados, hechas del hebreo antiguo al griego, o al latín, o viceversa, pudieron dar pie a muchas confusiones.

Los autores que han estudiado el caso no logran ponerse de acuerdo en varias cosas. Por ejemplo: si el título de virgen es sólo eso, un título. Debemos recordar que se llamaba a las niñas dedicadas a servir a Dios en el templo con ese nombre o título: virgen. La virgen María, la virgen Ana, la virgen etc. título con el que bien pudo habérseles seguido nombrando al alcanzar la mayoría de edad; por otra parte, Trifón, célebre historiador y rabino, señala que la traducción podría ser ha-almah, que no necesariamente significa virgen sino muchacha, mientras que Monseñor Roland Knox afirma que almah significa doncella y que se refiere “más a una época de vida que a un estado de vida”, tesis con la que yo en lo personal comulgo.

Y así, encontramos una infinidad de afirmaciones. Lo importante, obviamente, en realidad no es si María fue virgen físicamente hablando, lo que bien puede darse porque a lo largo de la historia la medicina conserva casos de mujeres que han sido embarazadas sin contacto físico, y aún han dado a luz sin que se rompiera el himen. Himen elástico le llaman en medicina. Ahora bien, ni por esto esas mujeres fueron vírgenes en el sentido religioso de la palabra, ni María podría perder de alguna forma su divinidad por no serlo. Esto, que ya no un misterio de fe, sí es un asunto sobre el que nadie puede opinar con absoluta autoridad, por lo que debemos dejar de darle vueltas y aceptar a María como Madre de Jesús, del Hijo de Dios, del Dios mismo revivido. Lo demás son meras especulaciones.

Pregunto finalmente y de nueva cuenta: desde el punto de vista físico, virgen o no, quién le puede quitar a María el ser la Santa Madre que fue? Creo, como hombre, no como religioso, que quien intente insinuar que María fue una pecadora porque no fue virgen, se olvida de que es hijo de mujer y que por ese hecho esa mujer fue madre. La grandiosidad de ser madre es, pues, privilegio de mujer, que no de pecadora.

Para acabar con el tema, sólo quiero decirles que, aún quitándole la divinidad a María -sin conceder- el simple hecho de ser la Madre del hombre que cambió en menos de mil días el pensamiento de toda la humanidad -y conste que digo TODA- es ya en sí un hecho glorioso. Amén.

-Ah bruto! dijo asombrado Fidel. Qué forma de decir las cosas tiene usted Don Ricardo! Y, ni hablar, tiene usted toda la razón del mundo.

-Mooomento... gritó Carlos a guisa de merolico, que yo tengo una sorpresita para el jefe...

-Sorpresa?

-Sí, sorpresa. Resulta que estaba navegando por Internet y me encontré con algo interesante. Unos comentarios sobre los documentos del Mar Muerto.

-Hombre, que bueno!

-Y pues, los bajé y los copié para ti. Aquí está el disquete.

-Gracias hijo. Ya los veré con calma. Aunque aclaro que el contenido de los documentos será materia de análisis mucho más adelante.

-Bueno, bueno, dijo Sonia, pero nos habíamos quedado en la llegada de María al templo, no?

-Así es. Dejado pues a un lado el tema de la virginidad de María, que por cierto hemos de tocar nuevamente pero muy de refilón durante nuestra historia, regresemos a su vida.

-Viene!

-Antes debemos recordar que nuestro relato se basa en la narración que hace Santiago, el hijo de José, y que contiene el evangelio del Pseudo-Mateo.

María era la admiración de todo el pueblo. A la edad de tres años caminaba con un paso tan seguro, hablaba tan perfectamente, y ponía tanto ardor en alabar a Dios que se podría haber considerado no como una niña, sino como una persona mayor, y podía permanecer en oración como si tuviera treinta años. Su rostro resplandecía como la nieve hasta el punto que casi no se le podía mirar fijamente. Ella se esforzaba trabajando la lana, y todo lo que las mujeres mayores no podían hacer, ella, siendo tan pequeña, podía hacerlo.

Nadie la vio jamás enfadada, nadie la oyó decir nada malo. Todas sus palabras estaban tan llenas de gracia que se podía reconocer la presencia de Dios en sus labios. Siempre estaba ocupada en rezar o en meditar sobre la ley, y se preocupaba por sus compañeras, vigilando que ninguna de ellas pecara siquiera de palabra, que ninguna de ellas alzara la voz riéndose, o que buscara perjudicar a una compañera o la desdeñara. Bendecía a Dios sin cesar; y para no distraerse de las alabanzas a Dios saludando a alguien, cuando alguien la saludaba, respondía a modo de saludo: Gracias sean dadas a Dios. De aquí es de donde viene la costumbre de responder “Gracias a Dios”, y después solamente Adiós, cuando los hombres se saludan. A menudo se veía a los ángeles conversar con ella, y ellos la obedecían con gran afecto. Y si algún enfermo la tocaba, volvía a su casa curado.

Así creció María y se acercaba a la edad en que la mujer en esa época debía ser entregada en matrimonio. El sacerdote Abiathar ofreció muchos regalos a los pontífices para que le entregaran a María como esposa de su hijo, pero María lo rechazó diciendo: Es imposible que yo conozca varón, ni que varón me conozca. Y como los sacerdotes y todos sus parientes le decían que a Dios se le honra con los hijos y se le adora con la descendencia, ella les respondía que desde el principio estaba demostrado que también se honraba a Dios con la castidad.

-Oye, eso no iba contra la ley? Si mal no recuerdo precisamente a su padre le reprochaban el no haber tenidos hijos y por ende no amar a Dios...

-Así es, por eso los parientes y los sacerdotes insistían. Ella se aferraba argumentando. Finalmente dijo en tono rotundo: Yo he aprendido desde mi infancia en el templo del señor que una virgen puede ser grata a Dios; es por lo que he tomado la decisión en mi corazón de no conocer jamás a hombre alguno.

Ella ya tenía catorce años y ponía a los sacerdotes en otro predicamento: la tradición no permitía que una mujer viviera en el Templo de Dios...

-Oye, cómo estuvo eso? reclamó Carlos.

-En aquella época se consideraba a toda jovencita de más de quince años una mujer entera. Y vamos de nuevo a las costumbres. Cuando se habla de que una mujer puede “manchar el templo”, que no una virgen; cuando se dice que una virgen pasa a ser mujer, es obvio que se está hablando de el momento en que la jovencita empieza a reglar. Por eso María pudo permanecer en el templo cuando niña, pero llegados los catorce años, había que hacer algo!

Se decidió enviar un heraldo a todas las tribus de Israel para que se reunieran en el templo. Abiathar le dijo entonces a todos que desde que el templo había sido construido por Salomón se habían alojado en él vírgenes, hijas de reyes, de profetas, de grandes sacerdotes y de pontífices que, cuando alcanzaron la edad legal, buscaron esposo y agradaron a Dios siguiendo la costumbre de las que les había precedido, pero María había encontrado una nueva manera de agradar a Dios prometiendo permanecer virgen, por lo que había que decidir a quién entregarla para que la guardara. Los sacerdotes tiraron suertes entre todas las tribus y la suerte recayó sobre la de Judá. El sacerdote entonces dijo: Todo el que no tenga esposa que venga mañana y que traiga una vara en la mano...

-Por fin...? habían o no aceptado que no la entregarían en matrimonio? Porque eso de pedir que se presentaran los que “no tenían esposa” era tanto como buscarle marido, no? señaló Sonia.

-Efectivamente, parece que le hubiesen puesto un cuatro... agregó Carlos.

-Pues, desgraciadamente sí... verán por qué. Cuando los que se presentaron entregaron sus varas, el sacerdote consultó con el Señor y El le dijo que velaran las varas en el Santo de los Santos -podemos suponer que en lo que hoy llamamos altar mayor o el nicho del Santísimo o algo similar- y que los hombres se fueran y regresaran al día siguiente. De la extremidad de una de esas varas saldría una paloma que volaría al cielo; a aquel que se le manifestare este prodigio, es a quien debería otorgarse la protección de María.

Al día siguiente, el sacerdote entregó todas las varas y de ninguna salía la paloma anunciada. Un ángel se le apareció y le dijo: Aquí hay una varita muy pequeña que no has tenido en cuenta, cuando la hayas entregado verás aparecer el signo.

-Era la de José, de seguro, no? exclamó nuevamente triunfante Carlos.

-Bueno, ya lo dedujeron todos. Así es, el mismo José se había considerado como descartado porque era viejo y, además, por miedo de verse forzado a recibir a la joven. Recuerden que ya tenía varios hijos y el haber quedado viudo no le presentaba un panorama muy halagador como para sumar otras bocas más a la mesa.

-Cuáles bocas más? Sí sólo sería María! anotó Norma.

-Ahora lo sabrás. Resulta que cuando el sacerdote le entrega la vara a José, surge de esta una bellísima paloma que, tras revolotear largo rato por la bóveda del templo, se dirigió al cielo.

Todos felicitaron a José, a quien los sacerdotes le dijeron: Recíbela, porque eres el único elegido por Dios entre toda la tribu de Judá. Sin embargo José todavía estaba reticente; no quería recibir a María. Finalmente y tras largas discusiones, José dijo a los sacerdotes: Ciertamente no puedo menospreciar la voluntad de Dios, pero seré el guardián de la niña hasta que podamos saber quién de mis hijos, por la voluntad de Dios, pueda tomarla por esposa. Que se le dén, mientras esperamos, algunas jóvenes de entre sus compañeras para que moren con ella.

-Ándale, no quería agregar más bocas a la mesa y pide que le agreguen algunas amiguitas... dijo Sonia.

-No es precisamente así. Era parte de sus costumbres que, mientras la doncella no fuese casada, le acompañasen algunas otras que preservaran el que fuera tocada. José sabía esto, recuerden que también era sacerdote y sabía en la que se metía, por eso su reticencia.

Pero cual no sería su sorpresa cuando Abiathar le dice: Le entregaremos algunas jóvenes para que la consuelen, hasta que llegue el día fijado para que la recibas; porque ella no podrá unirse en matrimonio con nadie más!

-Zócalos!!! dijo Carlos. Se fregó el viejito!

-Carlos! reclamó Norma.

-Bueno, digo, lo que pasa es que todavía no sabía que se había sacado la lotería, no? Eso de ser el padre de Jesús fue el premio mayor, no? respondió tratando de justificarse.

-Cinco jóvenes fueron a vivir con María: Rebeca, Séfora, Susana, Abigea y Zahel. Habiéndoles dado los sacerdotes seda, jacinto, escarlata, púrpura y lino, echaron suertes entre ellas para saber los deberes que cada una debería hacer y tocó a María la púrpura, destinada a hacer el velo del templo. Las demás, jugueteando con el hecho de que a pesar de ser la más joven había merecido el púrpura, comenzaron a llamarle Reina de las Vírgenes. Un ángel se apareció ante ellas y les dijo que esas palabras no serían una burla, sino una profecía realmente cierta. La vida de María corría santamente, pero ya pronto vendría el suceso que armaría el primer alboroto relacionado con su virginidad...

-Cuenta... cuenta... dijo Carlos.

-Lo siento jóvenes, dijo Norma, la que hoy corta el relato soy yo, ustedes quedan en su casa porque ya me voy a dormir, mañana tengo que levantarme temprano...

-No suegra... nosotros también nos despedimos porque sufrimos del mismo mal. Sólo este viejito puede darse el lujo de desvelarse, con eso de que se levanta a la hora que quiere...

-Charros.... charros... que estás hablando de mi jefe! reclamó en forma jocosa Carlos.

-Tengan ustedes buenas noches entonces, dijo Ricardo.

-No, pos yo también me despido, dijo Fidel que había permanecido absorto en toda la plática.

-Ayyy Jesús, bromeó Carlos, y éste de dónde salió? Yo creí que se había muerto...

-Gracioso...

-Bueno, pues buenas noches...

-Buenas noches a todos...

Ricardo cerró la puerta y le dio el último sorbo a su taza de café. Norma levantaba los trastes sucios cuando tocaron a la puerta.

-Perdón, dijo apenado Fidel, me regresé porque quería preguntarles si puedo traer a alguien mañana...

-Claro que sí, dijo Ricardo secundado con un gesto de Norma.

-Bueno, pues gracias y.... buenas noches de nuevo.

-Chao...

Cuando cerró la puerta Ricardo, Norma le dijo bromista:

-Crece tu público...

-Duérmete... no que te tienes que levantar temprano?

-No me cambies la plática...

-Vamos, qué importa si alguien está interesado y desea invitar a otro más?

-Nada, pero al paso que vamos esto se va a convertir en una romería...

-Y qué vieja?

-Que entonces hay que poner a alguien que lave los vasitos sucios y levante el tiradero antes de que se vayan...

-Tienes toda la razón del mundo... por ahora, yo seré el que lo haga.

-Tonto, lo digo en broma...

-Lo sé, pero de todas maneras tienes razón. Hoy los levanto yo. Mañana veremos a quien le toca...

 

Al día siguiente, cuando tocaron a la puerta, Norma no cabía en sí de la sorpresa. Una muy buena amiga de ella, a la que tenía años de no ver, estaba parada en la entrada.

-Lupita...!

-Norma... que gusto de verte!

-Pasa amiga... qué te has hecho?

-Pues nada y mucho. Fíjate que me vine a vivir a Acapulco desde hace tres meses, y desde entonces te estoy buscando.

-Caray... vaya que es una sorpresa. Y tu marido?

-Bien gracias. El se viene en cuanto liquide algunos negocios que tiene en Mérida. Sólo nos adelantamos los chicos y yo.

-Que bueno... me da mucho gusto, deveras.

-Y tú...?

-Nada, lo de siempre, dando mis clases y viendo a los hijos crecer...

-Ricardo?

-Como siempre. Dedicado de tiempo completo a sus libros. Ya sabes...

-Vaya... pues por ustedes la vida no pasa.

-Un cafecito?

-Sí gracias, tenemos tanto que platicar...

-Naturalmente. Desde que fuimos a Mérida no te había vuelto a ver.

-Pero ya ves... ahora no me vas a sacar de tu casa...

-Que bueno... voy por el café, permíteme...

Mientras Norma estaba en la cocina, tocaron a la puerta. Lupita se levantó y abrió.

-Diga?

-Ayy buey... creo que me equivoqué de casa...

-No Carlos, gritó Norma desde adentro, pasa. Te presento a mi amiga Lupita...

-Hola...

-Mucho gusto...

-Ella es mi esposa Sonia...

-Buenas noches señora...

-Pasen, pasen por favor... y perdonen lo metiche...

-Ni digas Lupita, afirmó Norma que salía con la charola en la mano, estás en tu casa...

La puerta principal se abrió y entró Ricardo que igualmente se sorprendió de ver a Lupita, a quien saludó muy cordialmente.

-Lupita... que gusto tenerte por esta tu casa...

-Hola viejito... ya tenía rato de no verte...

-Y Jorge?

-En la blanca Mérida haciendo maletas.

-Por qué?

-Nos venimos a vivir a Acapulco!

-No me digas! Que bueno, felicidades! Sean ustedes bienvenidos.

-Gracias.

-Ya te presentaron...? mi hijo Carlos y su esposa...

-Sí, ya tuve el gusto...

No bien tomaban asiento cuando el timbre repiqueteó de nueva cuenta. Carlos abrió para dar paso a Fidel, que venía acompañado de dos personas más.

-Buenas noches... me permití traer a mi novia Gloria y a su hermana...

-Claro, claro, pasen por favor, dijo atento Ricardo.

-No te lo dije?, señaló Norma a Ricardo.

-Sí, verdad? Parece que así va a ser!

-A ser qué? preguntó Lupita.

-Verás. Mi marido comenzó a platicar con Carlangas porque éste tenía algunos problemas, ya sabes, de esos que tienen los jóvenes de su edad, y terminó platicándole la vida de Cristo. Sólo que nos la ha hecho larga y ya Carlos bautizó las reuniones de cada noche como La Cristonovela.

-No me digas! Caray, esto parece interesante. Y ya es la reunión ahorita?

-Bueno, dijo Ricardo, es la hora acostumbrada; sin embargo, tu presencia cambia el itinerario. Atención todos, quiero presentarles a Lupita. Ella es una buena amiga nuestra a la que teníamos años de no ver. Así es que...

-Nooo, de ninguna manera, dijo amable Lupita, yo no puedo ser causa de que se rompa la secuencia de la telenovela...

-Cristonovela...! dijo Carlos bromeando, Cristonovela!

-Bueno, de la Cristonovela. Además, vine a visitarlos, no a cambiar sus planes. Sólo una condición pongo: que me incluyan en la rueda.

-Bravo! Así se habla, dijo el alborotador de Carlos.

-Bienvenida señora, afirmó medio solemne Sonia.

-Vamos, por favor, sin formulismos que puedo considerarme parte de esta familia, o no?

-Claro, claro, dijo Ricardo. Y ya que estamos en confianza quiero decirles que, dado el cúmulo de vasitos y desperdicios que deja una reunioncita como ésta, sugiero que nos vayamos turnando para que, al terminar y antes de retirarnos, ayudemos a levantar y lavar trastes. Lo pido como un favor. No quiero pecar de mal anfitrión, pero recuerden que, como ustedes dicen a cada rato, ya estamos viejitos, y el trabajo se acumula...

-Vaya...! Hasta que lo reconociste, piche viejito! gritó Carlos festivo.

-Cállate, dijo Sonia, mi suegro tiene razón, no podemos dejarle el tiradero a mi suegra. Así es que el primer turno te toca a ti!

Todos rieron por la puntada de Sonia, pero estuvieron de acuerdo en ayudar. Acercaron algunas sillas del comedor para iniciar la tertulia y Lupita le dijo a Norma:

-Te voy a pedir que mañana me pongas al tanto de lo que ha pasado de la Cristonovela... porque no quiero perderme ningún capítulo!

-La verdad es que tú bien conoces la historia sagrada, dijo Ricardo, sólo que he querido explicarla a Carlos... y ahora a los demás, de manera que la entiendan, aclarando dudas, respondiendo a sus preguntas...

-Perdone señor, interrumpió Silvia, la hermana de la novia de Fidel, cuando dice despejar dudas... puede uno preguntar?

-Claro, en el momento en que quieras! Se trata de que no se queden con duda alguna. Si no supiera responder a su pregunta, lo investigamos. De acuerdo?

-De acuerdo...

-Bueno, pues empezamos... mientras María se amoldaba a la vida en casa de José, éste atendía sus obligaciones. Como recordarán, el oficio principal de José era el de carpintero, pero no un carpintero cualquiera, como los de ahora, no, en ese entonces el ser carpintero era una profesión, la ebanistería era un arte. Pues bien, el trabajo de José, en esa época, estaba en Cafarnaúm adonde había ido a atender un pedido muy especial y por ende tenido que alejarse de su casa por algunos meses. Mientras tanto, sucedió lo que ya todos ustedes conocen: un ángel se aparece a María y le anuncia que será la Madre del Salvador, recibiendo la visita regular del ángel por todo lo largo de su embarazo.

Al volver José a su casa...

-Que se arma la gorda... dijo Carlos.

-Y vaya que se armó!. Al encontrar encinta a María, José, temblando en su desesperación gritó: Señor Dios, recibe mi alma, porque prefiero morir que seguir viviendo! Le alarmaban varias cosas, la primera de ellas era lo que habrían de decir los sacerdotes!, una más lo que diría la gente, sobre todo porque sabían que él había estado fuera nueve meses!

-Perdón, cómo sabe usted que fueron nueve meses los que él estuvo fuera?, dijo Gloria.

-Aclaro, para los que no lo saben, que estoy narrando lo relatado por Santiago, el hijo de José, conforme lo registra el evangelio del Pseudo-Mateo...

-Pero eso no lo dice la Biblia...

-No, el evangelio del pseudo-Mateo es parte de los documentos antiguos que no han sido considerados por las leyes canónicas como parte de la historia sagrada, sin embargo, no porque la iglesia no los reconoce oficialmente dejan de existir.

-Pero... dijo Silvia, entonces existen? son válidos? reales?

-Claro que sí! Entendamos algo, Pablo puede considerarse el estructurador de lo que ahora conocemos como iglesia. En aquel entonces no se conocían todos los documentos sagrados, los apóstoles se había desperdigado sobre la tierra, y cada cual regaba la palabra. Los evangelistas escribieron los evangelios muchos años después, entre 70 y 100 años después de la muerte de Cristo. Los copistas tuvieron la suerte, o la mala suerte, de copiar esos documentos y aún de traducirlos, pero en algunos casos no los tuvieron completos. Por otro lado, la iglesia misma, por necesidades sociales, políticas, religiosas y aún de conveniencia, según la época, dejó fuera algunas partes porque, o no las consideraron de importancia evangelizadora, o no les convenía conforme al momento que se vivía. No hay que criticarles. Así es la facultad humana de auto-protección. Aunque algunos de los aquí presentes ya lo saben, les diré a los demás que lo dicho por los escritos apócrifos -que no significa falsos sino secretos- y los pseudoevagelios, ha sido confirmado en gran parte tanto por estudiosos e investigadores, religiosos y no, como por otros documentos que han ido apareciendo, como los del Mar Muerto; es más, me permito decirles que algunos de estos documentos también llevan el nombre de Proto-evangelios, que significa Los Primeros Evangelios.

Así pues, quién mejor conocería la vida de María con José que uno de los hijos de éste: Santiago. El es que relata lo que les cuento, por eso podemos saber que José estuvo fuera nueve meses.

-Gracias...

-Bien, pues el caso es que José se alarmó de tal suerte que las otras vírgenes, compañeras de María, habrían de intervenir en su defensa, asegurando que hombre jamás la había tocado, pero José pensaba en esconderse y repudiarla.

Había decidido levantarse por la noche y huir e ir a vivir a un lugar escondido. Pero la misma noche un ángel vino y le dijo: José, no temas tomar a María por esposa, porque lo que ella lleva en su seno es obra del Espíritu Santo. Dará luz a un hijo que será llamado Jesús, porque liberará al pueblo de sus pecados.

José, levantándose convencido, dio gracias al cielo, se acercó a María y le dijo: He pecado porque he sospechado de ti.

-Disculpe Don Ricardo, dijo interviniendo Fidel, pero no se le hace muy infantil pensar que un hombre, dolido por que encuentra a su esposa embarazada, tiene un simple sueño y con eso basta para que quede convencido de que no le han engañado?

-Que bueno que tocas ese punto, porque me das la oportunidad de regresar a las costumbres de la época. En ese entonces los hombres eran más sensibles a la espiritualidad, a la religión pues, no estaban contaminados como ahora lo estamos por el supuesto realismo de la ciencia, por la incredulidad que nos arroja el aparente saber que todo tiene una explicación material. Tanto entonces, como ahora, Dios nos habla. Sí, no pongan esa cara de asombro porque, aunque lo nieguen públicamente, todos ustedes han tenido la experiencia de hablar con Dios. Lo que pasa es que algunos, después de que pasa el apuro o la aflicción, creemos que en “realidad” estábamos hablando con nosotros mismos. Ponemos en duda el haber hablado con Dios... hasta que nos pasa otra cosa, y volvemos a hacerlo. Somos descreídos por naturaleza. El existencialismo en que hemos caído nos ha hecho insensibles a la espiritualidad, pero, y observen bien lo que les voy a decir: ante un mundo que nos ahoga, ante un mundo que se hunde y nos agobia, todos, absolutamente todos, estamos regresando, buscando de nueva cuenta, por inercia, por instinto, esa espiritualidad. Si no, explíquenme por qué los libros esotéricos están de moda? Por qué la proliferación y existencia de tantas nuevas sectas y “religiones”? simplemente porque el hombre busca una seguridad espiritual. Desea firmemente, y muy dentro de sí, regresar a la verdad.

-Eso es cierto, dijo Lupita, los libros sobre superación personal, ángeles, y espiritualidad, así como los esotéricos se venden como pan caliente de unos años a la fecha.

-Quieres decir que a cualquiera le habla Dios? dijo Carlos.

-Naturalmente! Dios está en todas partes y en cada uno de nosotros. Dios es el poder de la creación. Hay miles de casos conocidos públicamente, y millones que no se conocen pero ha sucedido, en que una misteriosa voz o un suceso fortuito evitó la muerte de alguien.

-Dios... dijo Gloria, a mí me ha pasado!

-Cuenta...

-Hace unos años salía para León y, cuando me iba a subir al autobús, algo me dijo que no me subiera. Yo misma no entendía por qué había dejado partir el camión, hasta que me enteré por la televisión que se había ido a un barranco.

-Exactamente lo mismo que cuando una madre despierta azorada porque sabe, muy en sus adentros, que algo le pasó a su hijo que andaba lejos...

-Sí, dijo Norma, incluso he visto programas sobre eso...

-Bueno, dijo Fidel que comenzaba a destacarse como el más incrédulo, pero los científicos afirman que son casos de telepatía...

-Dile como quieras pero, si reconocemos que existen, con todo y lo contaminados que estamos, repito, por la ciencia y sus argumentos explicativos, quiere decir que si dejamos fluir ese sentimiento de sensibilidad, y válgase aquí la redundancia, podremos tener más contacto con la espiritualidad, con Dios, en pocas palabras.

-Bueno, insistió Lupita, cabe decir que incluso ya algunos están escribiendo, y en forma muy seria, sobre los ángeles...

-Cierto, es el principio de una carrera que ya se ha corrido. Primero fue la ciencia contra la espiritualidad, ahora es la espiritualidad contra la ciencia. El hombre quiso explicarse muchas cosas, y lo logró descubriendo la ciencia, pero ésta no ha sido suficiente para explicar lo que llaman “fenómenos paranormales” y el hombre ahora se pregunta: por qué?

-Por qué? dijo Fidel.

-Porque, sobre todo tu generación, ha perdido incluso la capacidad de asombro. Cuando yo era niño y se habló de una caja en la que se veía a la gente, ninguno podíamos creerlo, hasta que pudimos observar la televisión. Los inventos se fueron sucediendo tan frecuentemente y con tal rapidez, que ahora ya nos les apantalla, como dicen ustedes, que hayan clonado a una oveja, o que se haya descubierto vida vegetal en Marte. Por ende, no aceptan que la ciencia no pueda explicar los fenómenos paranormales y buscan otro camino, algo que les despeje sus dudas.

-Bueno, Don Ricardo, y antes quisiera aclarar que no pretendo entrar en polémica, pero... si ya no nos asombra nada, como usted afirma, quiere decir que el hombre ha alcanzado la capacidad de entender la vida, e ahí el caso de las clonaciones que no es otra cosa que crear vida...

-Momento...! en parte es cierto, pero no olvidemos que no es vida creada, es copia de otra vida creada con anterioridad. Es como el literato que pretende darse fama plagiando el escrito de otros. No sé si Dios pueda permitir algún día al hombre ser creador de vida, pero la clonación no es, definitivamente, crear vida, es copiarla!

-Sin embargo, y es a lo que me iba a referir, el hombre ha encontrado el camino de explicarlo todo...

-No, no todo, volvemos a lo que el hombre mismo, al no poder explicarlo, llama fenómeno paranormal. Debemos reconocer que si Dios dio al hombre, primero que nada el don del raciocinio, y con éste el de la comprensión, la investigación, el entendimiento, y ha sabido aprovecharlo creando la ciencia, digamos la parte práctica de la vida, también debemos reconocer que, a pesar de la profusión de la religión, el hombre ha abandonado el don de la espiritualidad. Es como si un atleta ejercitara siempre sus piernas porque es corredor, pero olvidara sus brazos y llegara a tenerlos tembeleques y flácidos. No se preguntaría, en un momento determinado, por qué los tiene así? Por qué, si hace mucho ejercicio? Creo que el hombre, sin denigrar a la ciencia misma y aunque hay que dudar un poco de sus supuestos beneficios, debió atender a los dos aspectos simultáneamente y con el mismo énfasis.

-Bueno, eso sí...

-Lo ves? Ves que fácilmente te puedes convencer de que no es realidad todo lo que sabes? Todo lo que sabemos, mejor dicho. Esa es la importancia de la duda, que provoca la necesidad de despejarla, de saber lo que no sabemos, de encontrarnos con lo desconocido... hasta conocerlo... por eso mismo, hay que conocer mejor a Cristo!

-Sólo una cosa más, indicó Fidel, si esos documentos existen, si tienen validez, si la iglesia los ocultó...

-Un momento... no he dicho que la iglesia los ocultó todos. Aunque puede considerarse así. Algunos de estos documentos, escritos por los primeros teólogos de la iglesia, y otros de suma importancia, bien cierto es que se perdieron en el tiempo; los que no, fueron usados para sentar las bases del catolicismo y aún de otras ramas de la propia religión...

-Las sectas?

-No, dije ramas... es decir, variantes del mismo catolicismo que fueron siguiendo las normas aplicadas por sus cabezas. Recuerden ustedes que los apóstoles se dividieron, y al igual que ellos, lo hicieron otros más, como los hermanos de Jesús y el propio San Pablo, a quien puede calificarse como el verdadero creador de una religión organizada y con bases. De tal suerte, los cristianos no pensaban igual que los judíos, por ejemplo. Los primeros se basaban en la palabra de Cristo, mientras que los segundos eran más apegados al viejo testamento, a la Torá. De ahí surgen entonces las iglesias de oriente, la celta, que tenía su base en Irlanda, etc. Pero eso será materia de comentario cuando lleguemos al punto. Para no alargarnos, ni perder el hilo, mañana regresaremos al nacimiento de Cristo.

-Mañana? Qué ya nos vamos? dijo Lupita mostrando interés en la plática.

-No, tú no, dijo Ricardo, pero estos jovencitos nos van a permitir descansar y platicar contigo un poco.

-Bueno, dijo Carlos, pues aquí se rompió una taza... y cada quién para su casa!

-Muchas gracias Don Ricardo, dijo Fidel.

-De qué muchacho...

-Pues por contestar preguntas que nadie sabe, o se atreve a contestarnos...

-Es cierto, dijo Silvia, no cualquiera se atreve a hablar de la religión como usted lo hace...

-No es atrevimiento hija, es simplemente la verdad. Una de las cosas que busca ahora la iglesia, bajo el papado actual, es eso, abrir sus puertas a la verdad, pero la gente es tan difícil de cambiar en sus hábitos, unos hábitos fomentados y fincados por la propia iglesia, que lo debe hacer poco a poco. Pero ustedes mismos pueden notar la cantidad de cambios que ya se han dado en estos últimos veinte años.

-Eso sí, dijo Lupita, la iglesia actual no es la misma de hace veinte años, dices bien.

-Bueno, pues que pasen ustedes buenas noches, agregó Fidel.

-Anda hijo, que descansen.

 

Una vez que se retiraron todos, Norma preparó la mesa y sirvió una suculenta cena para agasajar a su amiga.

-Así es que te vienes a vivir a Acapulco... comentó Ricardo.

-Sí, de hecho ya estamos viviendo aquí desde hace varios meses, lo que pasa es que había perdido la dirección y el teléfono de Norma y no les pude localizar antes.

-Que bien, y los hijos?

-En casa, saben que vine a verlos y ya se habrán dormido. Pero no hay problema, al fin que ando de solterita.

-Pues ya sabes, lo que se te ofrezca.

-Gracias Ricardo. Por cierto, que linda plática. Fíjate que tenía años que no escuchaba hablar de religión, sobre todo en la forma en que lo haces. Me apunto para venir todos los días, si ustedes lo permiten, claro.

-Faltaba más Lupita, repito que ésta es tu casa...

-Oye, dijo Norma, qué te parece si nos vamos mañana de compras y a tomar un cafecito al Vips de la Gran Plaza?

-Bueno... me agradaría. He estado como monja, bien encerrada. Las únicas salidas fueron a la escuela para inscribir a mis hijas y para comprar algunos muebles que nos hacían falta.

-Pues está dicho...

-Ricardo, tengo una duda...

-Sí, dime...

-Dijiste que se habían formado varias ramas de la religión, pero que no eran las sectas. Cuáles son?

-Huyyy, es largo de contar porque, como siempre lo digo, debemos conocer los sucesos que motivaron esto. Pero no te preocupes, en su momento he de platicarlo largo y tendido. Es importante conocerlo para saber que muchas de estas religiones profesamos, salvo algunas diferencias, las mismas creencias, y para comprender por qué nuestro Papa lucha tanto para lograr la unificación de esas iglesias. Mira, como simple ejemplo, te has dado cuenta que cuando el Papa oficia misa siempre está juntó a él el Jerarca de la Iglesia Ortodoxa?

-Cuál es?

-Uno que siempre está a su derecha con una toga y tocado negros...

-Haaa, sí...

-Bueno, pues esto sucede desde no hace más de tres años. Y aunque no se ha dado el anuncio oficial, bien puede interpretarse como una alianza ya concretada entre la iglesia ortodoxa y la romana, no?

-Vaya... tienes razón.

-Bueno, pues hay mucho más de fondo, pero ya platicaremos de esto, y que conste que no es porque no quiera comentarlo ahorita, sino porque considero que habría que hacerlo dos veces y, ya que vas a estar viniendo...

-Como quien dice, aguántate! no?

-Algo así, dijo Norma siguiendo la broma.

-Bueno, pues yo me retiro porque hay que descansar y dejar descansar. Nos vemos mañana Normita?

-Sí, ya quedamos. Yo te hablo y paso por ti.

-Pues buenas noches...

-Buenas noches Lupita, que descanses y salúdame a las chicas...

-Gracias Ricardo, de tu parte...

 

Ricardo se levantó temprano y salió a ver algunas cosas concernientes a la edición de sus libros. Poco antes de llegar al centro, le pareció ver a alguien conocido caminar por la Costera. Observó por el retrovisor y vio la inconfundible figura del sacerdote con quien había hecho tanta amistad. Dio la vuelta en redondo y regresó al punto en donde el cura caminaba plácidamente.

-Hola Padre... gritó desde el interior del auto.

El Sacerdote volvió la cara y se agachó haciéndose sombra con la mano. Al reconocerlo, sonrió gustoso y se acercó a la portezuela derecha.

-Mira nada más a quien tenemos aquí... no te vas a morir, te lo aseguro! Venía pensando en ti, precisamente...

-Pues heme aquí Padre... pero hágame el favor de subirse porque si no me van a multar...

-Y adónde demonios me vas a llevar? dijo el cura recalcando lo de “demonios” en alusión a la expresión de Carlos sobre la que Ricardo le había comentado.

-Para empezar qué le parece si nos tomamos un cafecito?

-Bueno, pero que sea un desayuno completo porque acabo de llegar y tengo hambre...

-Claro que sí, Padre, claro que sí...

Enfiló hacia el Vips y metió el auto al estacionamiento. Una vez acomodados en uno de los apartados, Ricardo preguntó:

-Y qué hace en Acapulco Padre?

-Vine a ver al Señor Arzobispo... y pensaba de paso buscarte...

-Vaya Padre, pues que bueno! Dios los cría y ellos se juntan...

-Así es, hijo, los caminos del Señor tienen variantes insospechadas...

El tiempo pasó rápido. Como siempre, ambos disfrutaron la plática, aunque en esta ocasión no versara precisamente sobre el tema que les había apasionado la última vez que se vieron. Comentaron sobre la situación, la violencia, la inseguridad y todos esos temas de actualidad que están en boca de todos.

-Bueno hijo, pues gracias por el desayuno y, abusando, espero que me lleves al hotelito en que siempre me hospedo...

-De ninguna manera Padre, si tiene la necesidad de quedarse mi casa es la suya, le ruego que acepte mi hospitalidad.

-Vaya con el niño! Ahora hasta a tu casa me vas a meter, dijo el cura en son de broma.

-Si Usted lo acepta Padre.

-Claro que sí hijo, nada me honraría más que pasar una noche -o dos, quizá- en casa de un hombre como tú.

-Que sea menos Padre...

-No, en verdad, me honras con tu ofrecimiento, sobre todo porque espero tener la suerte de que esta noche sea una de esas noches de plática que me has comentado...

-Huyy Padre, pues no es suerte, Usted sabe muy bien que nos reunimos todas las noches, aunque me da un poco de miedo que Usted sancione mis comentarios...

-Ya veremos a qué te haces acreedor, dijo el sacerdote lanzando inmediatamente después una carcajada.

 

Ricardo no cabía en sí de lo nervioso que estaba. En cuanto llegó a su casa le comentó a Norma el encuentro que había tenido y la invitación hecha al cura amigo.

-Huyyy, dijo Norma, ahora sí va a estar larga la velada!

-Vamos, no bromees! Lo que me da pavor es que voy a estarle viendo la cara al Padre Julián y me va a dar pena tocar algunos puntos tan abiertamente como lo hago a solas...

-Y qué? El sabe ya tu forma de pensar, lo que has aprendido, lo que crees y cómo lo crees. O qué? Mientes en algo? No, verdad? Entonces no hay porque tenerle miedo al señor cura.

-No es miedo, es pena. Recuerda que él sabe mucho más que yo sobre esto. Es como si pusieran a un alumno a dar clases frente a su maestro.

-Mira Ricardo, yo nunca te he visto menos que otros, eres un hombre muy inteligente, te gusta estudiar y lo que dices lo afirmas con conocimiento de causa siempre. No te apoques porque va a estar el Padre Julián presente, al contrario, tómalo como consejero, hazle participar. Así te sentirás mejor.

-Mi amor, tú siempre tienes la forma de animarme. Gracias... y que venga el curita!

 

Por aquello de las dudas, Ricardo llamó a Carlos y le pidió le dijera a su amigo Fidel que, dada la presencia del sacerdote, midiera un poco su curiosidad y que, cualquier duda, la despejarían otra noche.

-Qué? replicó Carlos entre bromista y asombrado, quieres que le diga a Fidel que no te haga preguntas? A qué le tienes miedo? A que el cura te contradiga? O a que te desmienta?

-No, Carlos, por favor, no malinterpretes; lo que quiero es que no me vaya a meter en aprietos ante el Padre Julián...

-Por favor, papá, en todo caso al que podemos poner en aprietos es a él. Que nos conteste algunas preguntitas sobre el por qué la iglesia ha callado o tergiversado tantas cosas...

-Nooo Carlos, por favor, Julián es un buen amigo y tampoco me gustaría que pensara que le invité para sentarlo en el banquillo de los acusados!

-Bueno, bueno, no te preocupes, le pasaré tu recado a Fidel... pero que conste que si la riega no es mi culpa, estamos?

-Estamos... y gracias¡

 

Todo podía imaginarse Ricardo, menos la forma en que se desencadenarían los acontecimientos esa noche.

Entró a la recámara y preguntó a Norma si ya había preparado la habitación para el sacerdote.

-Ya, viejo, ya. Cálmate, por Dios!. Pareces quinceañera que espera su primera cita...

-Oh, no me cotorrees!

-Ven, vamos a ver una película en tanto llegan los demás.

-No, de ninguna manera, quedé de ir por el Padre a las siete y ya van a dar... dile a los muchachos que regreso luego!

En ese momento tocaron a la puerta. Los muchachos le habían ganado a Ricardo.

-Hola, pasen por favor, dijo amable Norma.

-Doña Norma, traje unas galletas para la reunión, indicó Silvia, ya nos tocaba poner algo, no?

-Gracias Silvia, las pondré en unas charolitas, aunque de antemano les aviso que hoy habrá cena para todos... hice unos taquitos ahogados... y pozole.

-Que bueno que vino el padre, exclamó Carlos, ojalá y venga todos los días...

-Carlos!, reclamó Sonia.

-Bueno, por lo visto esta no es mi noche!

Ricardo salía en ese momento y agregó:

-Podrías callarte y ser un poco más respetuoso?

-Qué dije?, chilló Carlos.

-Mucho y nada! Te suplico que te comportes mientras está aquí el Padre Julián!

 

Cuando regresó Ricardo con el Padre Julián ya estaban todos reunidos. Les presentó uno por uno e invitó al sacerdote a pasar a su habitación para acomodarse en tanto servían unos refrescos.

-Andele Padre, dijo Carlos en son de broma, y se viene lueguito porque nos lo vamos a comer vivo...

Ricardo se puso rojo como tomate. La cara se le congestionó y vio a Carlos con una mirada de desaprobación, pero el cura se defendió solo.

-Eso es lo que piensas muchachito...! Si ya sabía que tendría que lidiar con ustedes, y sobre todo contigo que ya me ha hablado mucho tu padre de ti. Yo soy el que te va a comer vivo, escuintle del demonio! contestó sonriente el cura.

-Anda... hasta que encontraste la horma de tu zapato... dijo Sonia festiva.

-Bravo Padre, así se habla! terció Lupita aplaudiendo.

-Me las vas a pagar, dijo Ricardo a Carlos en un tono menos molesto.

-Ahhh no, reclamó Carlos ya recuperado de su asombro, ya veremos de que cuero salen más correas...

-Esto se va a poner interesante... y creo que me va a gustar!, dijo el Padre Julián a Ricardo palmeándole el hombro al tiempo que entraban a la habitación que le habían asignado.

 

Mientras Ricardo acompañaba al sacerdote, Norma interpeló a los asistentes.

-Recuerden que el Padre Julián, a más de amigo de mi marido, es nuestro huésped, así que les suplico portarse bien con él.

-Ya en serio, dijo Carlos, todo es broma. No pretendo ser grosero y mucho menos indiscreto con el curita.

-Pues eso espero, dijo Norma medio seria.

-Oye, intervino Lupita, no te pongas así. Las cosas están tranquilas. El mismo padre las tomó a broma...

-Pues sí, pero debemos ser un poco más respetuosos...

-Ok, ok, dijo Carlos conciliador.

Fidel levantó la mano pidiendo la palabra como lo acostumbran los chamacos en la escuela.

-Qué pasó Fidel? interrogó a su vez Norma.

-Puedo hablar?

-Claro que puedes... por qué es la pregunta? Alguna vez se te ha coartado la libertad de decir o preguntar algo en esta casa?

-No... pero Carlos me dijo que su papá le había pedido que no hablara yo mientras estuviera el curita aquí...

-Qué...? Vaya, vaya, pues parece que a mi marido sí le intimida la presencia del Padre Julián!

-Pues ahora se friegan... yo no vine a intimidar a nadie y si es así... se friegan, porque yo quiero participar en las sabrosas charlas que me han dicho que tienen y... ahora se aguantan, espetó el sacerdote divertido fingiendo un enojo que estaba muy lejos de sentir al tiempo que entraba a la sala.

-Nooo... padre, no, dijo todo avergonzado Ricardo que venía tras él. Lo que pasa es que le supliqué a Carlos que le pidiera a Fidel que fuese un poco más... cómo decirlo...

-Mire padre, intervino Carlos, lo que pasa es que en las pláticas Fidel se ha caracterizado por hacer las preguntas más comprometedoras y mi papá...

-Ya entiendo. Tu papá le pidió que se callara para que no pudiera yo ser testigo de lo que contesta... pero no, yo le pido a Fidel que hable, que pregunte lo que le venga en gana. No estoy aquí como cura, sino como amigo, así es que les pido a todos nuevamente que se “sientan como en su casa...”

Todos soltaron la carcajada y Ricardo, que mientras tanto no sabía en dónde meterse, movió la cabeza de un lado a otro y comentó:

-Ya estaría de Dios que no me escapara del juicio divino!

-Claro que no, dijo Julián, además este no es un juicio, es una simple charla para despejar las dudas de los asistentes, según me contaste. Así es que dejen de darle vueltas al asunto y entremos en materia...

-Padre, intervino Norma, yo les pediría que antes de comenzar pasaran a la mesa, la cena ya está servida y se va a enfriar...

-A eso me refería yo, dijo el padre festivo.

 

Mientras disfrutaban un exquisito pozole, muy de la región suriana, los asistentes no dejaban de cuestionar al padre sobre cómo se hizo cura, qué tal era su pueblo, cómo le iba ahí y mil cosas más sobre su vida. Ricardo había dejado de callar a los demás y les dio apertura total pues bien se pudo observar que el sacerdote era un hombre mucho más especial de lo que le había calificado durante su estancia en aquel poblado.

-Dígame padre, es válido pregonar la paz entre los seres humanos y al mismo tiempo afirmar que los que no pertenecen a la santa iglesia católica son seres equivocados, enemigos nuestros, con los que hay que acabar?, preguntó Carlos.

Ricardo se quedó tenso, pero ahora no por pena, sino por ver qué contestaba el sacerdote.

-Por Dios hijo, exclamó el cura, que barbaridades dices...?

-Yo no padre... las dice, y repetidamente, en cada homilía, un sacerdote de la parroquia a la que vamos a misa. Mi papá nada más mueve la cabeza cada vez que le oye...

-Pues tu papá tiene razón! No se puede calificar a los creyentes de otras sectas, o ramas, o religiones, como nuestros enemigos y mucho menos pregonar que hay que acabar con ellos! Por Dios! Si nuestro ministerio es de amor, de perdón, de tolerancia. Cristo mismo se sacrificó antes que enfrentar al hombre como su enemigo. No entiendo como alguien puede usar el púlpito como tribuna para difundir tales barbaridades. No podrían haberse equivocado? O quizá tergiversar sus palabras?

-No Julián, dijo solemne Ricardo, no hay equivocación alguna. El sacerdote usa cualquier resquicio de su homilía para incitar a la gente contra los “enemigos” de la iglesia. Por cierto que a quienes más les tira es a los Testigos de Jehová y a los sacerdotes de una iglesia del centro que siguen la corriente de la teología de la liberación, a quienes asegura ya les han excomulgado.

-Pues que barbaridad! Si es verdad lo que me dices eso no es correcto! me imagino que se refieren a los sacerdotes de San Camilito, creo, pero ni a ellos ni a sacerdote alguno que haya seguido, antes y aún ahora, la teología de la liberación se le ha excomulgado. Imagínate, la iglesia se quedaría sin más de la mitad de sus soldados. No, no puede ser! Están seguros de lo que me dicen?

-Totalmente, replicó Ricardo mientras el resto de los comensales guardaba un silencio sepulcral.

-Pues deberé platicar con el Señor Arzobispo de esto...

-Entiendes ahora la preocupación que tengo? por qué los fieles abandonan las filas de la iglesia? No puedes decir que amas cuando pregonas el odio...

-No, claro que no, pero eso no es justo. No se puede calificar a la iglesia por el desvío de unos cuantos...

-Ni de la iglesia misma, padre? preguntó Fidel entre tímido y decidido.

-Tampoco! La iglesia ha tenido sus desviaciones, lo reconozco, pero también ha cambiado. No sé si Ricardo ya les ha hablado suficiente sobre el tema. Tengo entendido que ya ha hablado sobre ello, pero yo quisiera agregar que las manifestaciones divinas en el individuo deben ser, al igual que en la iglesia, congruentes con una palabra: Amor. Eso es lo que vino Cristo a enseñarnos. Si en su momento los hombres han equivocado el camino, han sido los hombres, porque la palabra es la misma, la fe, la creencia no puede estar sujeta a los actos humanos. Es verdad que la iglesia norma la vida cristiana, pero eso no obsta para que el individuo guarde su propia compostura. Tan es así que ya se ve el nuevo camino apostólico marcado por el Papa. Quizá para los fieles no es tan notorio, pero para nosotros sí. Vemos llegar un nuevo tiempo a las puertas del milenio. Juan Pablo II está dejando un camino más llano para el entendimiento inter-eclesial...

-Perdón padre... que es inter-eclesial? interrogó curioso Fidel.

-Entre iglesias. Muchas corrientes, por llamarles de alguna manera, tienen como base la fe en Cristo, otras en Dios mismo conforme al viejo testamento, unos más reconocen a uno y otro, pero no aceptan a los santos y a las vírgenes, pero todos, absolutamente todos, creen en Dios. Y que conste que estoy hablando sólo de las corrientes católicas, ya no de otras religiones como el brahmanismo que, al final de cuentas, también algo tiene que ver con Dios. Juan Pablo II busca desesperadamente la unificación eclesial, es decir, la unificación de las iglesias que son, al final de cuentas, hijos Dios. Tiene en mira una sola religión, la verdadera y única, que esta sea la conjunción de todas. Dime, qué religión no cree en un Dios? Todas! Llámele como le llame, es Dios.

-Algo así nos ha dicho mi papá, pero nunca me imagine oír en la boca de un cura...

-Por qué? No somos todos hijos de Dios? pues entonces... mira, cuando amanece, algunos vemos la mañana como algo hermoso, escuchamos el cantar de las aves tempraneras y el sol representa la luminosidad que nos augura ese mismo día, otros sin embargo se levantan sin ver siquiera a través de la ventana, no gozan del radiante sol ni del murmullo que acompaña al amanecer. Estos últimos, como los ateos, los incrédulos, no por no creer en las bondades de la mañana la hacen desaparecer. Así es Dios, no porque algunos no creen en El va a dejar de existir. El no creyente es como el enfermo y, al enfermo no se le mata, verdad? se le cura, se le atiende. Así debemos actuar, no ver a los no creyentes como enemigos a los que hay que acabar, como dice el sacerdote que señalan, sino curarlos de su ignorancia, darles la fe como remedio a su incongruencia. Qué tiene de malo que escuches esto de boca de un cura? Porque me ves viejito, como le dije alguna vez a tu padre, crees que soy arcaico? que pienso igual que mis compañeros curas del medievo o como los destrampados del renacimiento? No! Soy un sacerdote que siente su vocación a fondo, con seguridad, me formé como cura por un llamado de Dios, no por compartir una vida asegurada o cómoda. Soy, como la gran mayoría de los sacerdotes, respetuoso del canon, de los mandamientos emitidos por la iglesia como organismo, pero no por eso dejo de ser un ser pensante, analítico, estudioso, respaldado siempre, claro, por la bondad divina y su inspiración. Veo a los demás como hermanos y trato de predicar con el ejemplo. No soy un santo, simplemente soy un hombre que cree en su vocación y en su fe.

-Bravo padre, así se habla, dijo cascabelero Carlos impresionado por las palabras del cura.

-No cabe duda que tienes una fe bastante bien cimentada mi querido Julián, agregó Ricardo asombrado.

El sacerdote bajó la cabeza con humildad y se persigno dando gracias a Dios en voz alta y conminando a los demás a hacerlo.

-Bueno jóvenes, dijo Ricardo, la noche se fue como agua y ya es tarde, así es que vayamos a descansar que mañana será otro día-

-Y nuestra dosis de Cristonovela? reclamó Carlos.

-Por hoy ya estuvo bien...

-Pero el padre se va a ir y...

-No se preocupen, dijo el sacerdote, yo no me voy a ir hasta pasado mañana, así es que mañana por la noche aquí nos veremos... para ver de qué cuero salen más correas, como dice Carlitos.

-Ayyy padre, dijo Sonia, como queriendo disculpar a su marido.

-No tengas cuidado, vayan con Dios y mañana nos vemos...

-Hasta mañana a todos...

-Hasta mañana hijos, que descansen.

Y la palomilla voló a sus respectivos nidos.

 

Por la mañana, Ricardo dejó al Padre Julián a las puertas de la arquidiócesis y enfiló el auto a la plazuela Sor Juana Inés de la Cruz, en donde se encontraban dos vendedores de libros usados.

Bajó del auto y saludó a uno de ellos.

-Hola, tendrás algo sobre religión?

-Quihubo licenciado? Cómo ha estado?

-Bien gracias...

-Mire, aquí no tengo nada importante, pero si me indica qué cosa quiere puedo dar una revisada entre las cajas que guardo en la casa...

-No, nada en especial, señaló Ricardo, pero si encuentras algo referente a los evangelios o a los documentos del Mar Muerto mucho te lo he de agradecer...

-Huyyy, pues no creo que encuentre nada interesante después de saber los tesoros que Usted guarda en su biblioteca...

-Bien, no te preocupes, pero... si encuentras algo no dejes de avisarme...

-Está bien licenciado, dijo el librero mientras le extendía la mano para despedirlo.

Ricardo se quedó pensando al tiempo que abordaba de nueva cuenta su auto.

-Tiene razón. Para qué me bajaría yo a preguntarle algo que de antemano sé que no tendría?

La idea de encontrarse con algún amigo que le despejara un poco la mente le llevó al Vips, lugar en donde se reunían casi todos los periodistas y uno que otro político.

Al entrar, se topó de frente con su compadre el líder.

-Hola mi querido Ricardo, que milagro? Tú ya no vienes por estos lares...

-Hola mi estimado amigo; vine a despejarme un poco platicando con los amigos...

-Pues sentémonos y a darle rienda suelta al chisme, dijo sonriendo el diputado.

En ese momento se acercó un reportero que Ricardo conocía bien.

-Hola Don Ricardo. Me permite tomarme un café con Usted? tengo algo que proponerle.

-Claro, dijo Ricardo, si no le molesta al diputado...

-Faltaba más, dijo su amigo...

-Y que quieres proponerme? interrogó Ricardo una vez que les hubiesen servido sendas tazas de café.

-Pues mire Usted Don Ricardo, resulta que me acaban de nombrar Director del semanario en el que trabajo y quiero darle más calidad al contenido. Mi propuesta es que nos escriba algunos artículos, aunque, como siempre, no hay presupuesto para pagar a los colaboradores...

-Ah vamos!, dijo riendo Ricardo, como siempre! Pero no te preocupes, te mandaré una colaboración semanaria. Nada más que ya sabes como escribo...

-Y vaya que eres venenoso, agregó el diputado.

-Eso no importa Don Ricardo, dijo el reportero. Usted sabe que sus colaboraciones son bienvenidas porque siempre afirma los hechos con los pelos en la mano. Yo tengo plena confianza en Usted y su profesionalismo.

-Hombre, pues gracias, y ya se dijo. Así es que desde mañana te envío alguna cosita...

-Gracias Don Ricardo, y ahora me voy porque tengo mucho que hacer... gracias nuevamente...

-Anda muchacho, que te vaya bien... y mucha suerte en tu nuevo cargo de Director...

La plática entre el diputado y Ricardo se hizo intensa, dando rienda suelta a los comentarios sobre la situación socio-política del puerto, hasta que Ricardo vio el reloj.

-Dios mío, pero si ya son las tres de la tarde... me vas a perdonar.

-No tengas cuidado. La plática estuvo buena mi querido compadre. Ve con Dios, dijo finalmente en tono de broma el líder.

 

En el camino, una loca idea iba formándose en la cabeza de Ricardo. Sonrió para sí mismo y llegó feliz a casa un poco tarde para la hora de la comida.

 

Los asiduos asistentes llegaron temprano. No habían dado las seis de la tarde y ya estaban todos presentes. La presencia del Padre Julián daba más que buen motivo para hacerlo.

-Vaya, dijo admirado Ricardo cuando salió de su recámara tras despertar de su acostumbrada siesta vespertina. Ahora sí se va a caer el cielo! Mira que Julián sí hace milagros!

-Charros jefe, dijo Carlos, no le quites emoción al asunto. Si venimos temprano es para aprovechar lo más que se pueda al curita...

-...aunque me gustaría más que me llamaras Padre Julián, dijo el sacerdote al entrar a la sala, haciéndose el enojado.

-Ok... padre Julián, bromeó Carlos contoneando las caderas.

-Pero si a ti te va a llevar el demonio... dijo Sonia entre molesta y jocosa.

-Bueno, bueno, intervino Norma, el caso es que ya están todos aquí y podemos empezar para aprovechar, como ustedes dicen, la presencia del padre Julián, pero Lupita sabe que nos reunimos más tarde y creo que sería una grosería no esperarla...

-Eso se cree usted, señaló Fidel, pero Carlos se encargó de llamarnos a todos por teléfono para citarnos aquí a esta hora, así es que la señora Lupita no debe tardar en llegar.

En ese preciso momento llamaron a la puerta. Era Lupita que llegaba toda azorada.

-Ayyy, mil perdones pero todavía no me acostumbro al calor de Acapulco y me quedé dormida, pero ya estoy aquí... hola a todos...

-Hola... corearon los presentes.

-A ver, déjenle al padre Julián el sillón unitario para que no lo incomoden... pidió Ricardo.

-Sí, eso sí te lo acepto, señaló Julián burlón, porque como buen viejito si alguno me encaja el codo... me duele!

Todos soltaron la carcajada y de inmediato se escuchó la voz de Ricardo pidiendo silencio.

-Miren, hoy quiero hacer un breve retroceso en nuestra charla para que quede bien fincado el asunto relativo a la virginidad de María. Quisiera pedirle a Julián, si me lo permite, que nos dé su opinión al respecto.

-Bueno, tú ya la sabes, dijo el sacerdote, pero no sé si les hayas comentado a ellos lo que te dije, o qué hayas comentado tú a tu vez.

-No importa, dijo Lupita, al fin que yo no alcancé ese episodio de la Cristonovela y bien quisiera saber qué opina usted...

-Bien, si todos están de acuerdo -y que conste que siento esto como un cuatro bien puesto por Ricardito- les diré lo que pienso, y perdonen si yo también me voy un poco atrás.

El sacerdote hizo una pequeña pausa, cruzó los dedos de las manos, las recargó sobre su barbilla y de repente exclamó: ¡Cómo respeta Dios a los hombres! No los salva sin que ellos mismos lo quieran. El Salvador ha sido deseado y acogido por una madre. Una jovencita acepta libre y conscientemente ser la servidora del Señor, y llega a ser la Madre de Dios.

¿Cómo podré ser madre...? se pregunta ella. Si recordamos que María está comprometida y a punto de casarse, su pregunta no tiene sentido, a no ser que ya antes de la visita del ángel hubiera decidido mantenerse virgen. Mucha gente se extraña ante tal decisión de María: ¿Cómo pudo pensar mantenerse virgen en el matrimonio? Más aún, en las iglesias no católicas muchas personas, al leer en el Evangelio la expresión “hermanos y hermanas de Jesús” concluyen sin más que María tuvo otros hijos después de Jesús. Creo que ya aclararon ese punto, según me dijo Ricardo. Pero lo grave es que esta gente esté tan deseosa en negar la virginidad de María; no se dan cuenta que están desvirtuando toda la obra de Dios, porque con la venida de Jesús empieza una humanidad nueva; los hijos de la tierra, hijos de la raza humana pecadora, pero también los hijos de Dios renovados por su gracia. Llamamos gracia a este poder que tiene Dios para sanar nuestro espíritu, infundir en él la disposición para creer, hacer que sintonicemos con la verdad y que el gesto de amor verdadero nazca de nosotros en forma a la vez espontánea e inesperada. Llamamos gracia a eso que se desprendió del Dios vivo para germinar en nuestra tierra.

La gracia de Dios germina en nosotros cuando nos entregamos a El sin reserva. Lo bueno es entregar a Dios un corazón que no se ha desgastado en amores vanos, una mente que no se ha encerrado en sus prejuicios; lo bueno es llegar a Dios con un alma virgen. Se llama virgen al pueblo de Dios cuando depone sus propias ambiciones para poner su porvenir en manos de Dios.

Para un hombre o una mujer creyente, no es cosa excepcional renunciar definitivamente al sexo. Hay un sinnúmero de ejemplos de jóvenes que, desde muy temprano han intuido que este camino evangélico es un camino más directo. ¿Acaso María era menos inteligente que ellos, menos capaz de sentir las cosas de Dios? ¿No podía captar por sí misma lo que dirá Jesús respecto a la virginidad elegida por amor al Reino? Y después de ser visitada en forma única por el Espíritu Santo, que es el soplo del amor de Dios, ¿necesitaría todavía las caricias amorosas de José? ¡Que torpeza inconsciente en las razones chatas de aquellos que no han recibido la Tradición de los apóstoles, la cual proclama que María fue y quedó siempre virgen! ¡Que manera de rebajar las maravillas de Dios a lo que ellos mismos son capaces de comprender y practicar!

Virgen debía ser aquella que, desde el comienzo, fue elegida por Dios para recibir a su propio Hijo en un acto de fe perfecta. Ella, que daría a Jesús su sangre, sus rasgos hereditarios, su carácter y su educación primera, debía haber crecido a la sombra del Todopoderoso, cual flor secreta que nadie hiciera suya, y que hubiera renunciado a todo menos al Dios vivo. Y, en adelante, sería el modelo de todos, pues cualquier creyente, en un grado distinto según la misión de cada uno, renuncia a muchas cosas para arriesgarse en un camino en que la única recompensa es Dios.

María fue la que participó a la Iglesia primitiva los secretos de la concepción de Jesús. ¿Cómo expresaría una experiencia tan interior, y cómo la relatarían? pues Dios no suele comunicarse con sus grandes santos y profetas mediante visiones, o, si las hay, no es lo más importante. Todo se decide en un encuentro íntimo de persona a persona. Dios graba sus palabras en lo más profundo de la mente, y su gracia fecunda el espíritu de sus servidores para que le den la respuesta total que El esperaba.

Por tanto, Lucas, al escribir, tuvo que usar figuras y palabras sacadas de las páginas de la Biblia que permitían entender mejor el encuentro de María con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo; encuentro que no se podía decir con palabras humanas.

Al hablar con el arcángel Gabriel, el evangelio nos da a entender que para María todo empezó con la certeza de estar en el lugar y a la hora en que se decidía la suerte del mundo. María no sólo ocupa un lugar único en la obra de nuestra salvación, sino también porque ella es la maravilla única que Dios quiso realizar en los comienzos de una humanidad reconciliada. Al lado del Hijo de Dios hecho hombre, ella es la criatura que Dios elevó y acercó a sí mismo para poder con ella, comunicarse al mundo.

María descubre con gozo que su virginidad es fecunda; ella, que renunció a tener hijos y dar vida, como lo desean todas las mujeres, está comunicando la vida del Espíritu Santo, que es el espíritu de Jesús. María ha pasado a ser Templo de Dios.

-En la pequeña salita reinó un silencio reverente ante las palabras del sacerdote. Nadie se atrevía a romper ese silencio-

Ricardo me refería que les platicaba la historia conforme al protoevangelio de Santiago, continuó Julián. Pues bien, sea pues éste el relato. Cuando Anás, el escriba, vino a buscar a José para indagar porque no había acudido a la asamblea, éste le respondió que estaba cansado del viaje de regreso y había decidido descansar ese día. Pero Anás se volvió y vio que María estaba encinta.

Se fue corriendo y acusó a José ante el sacerdote de “haber pecado gravemente contra la ley”. El sacerdote preguntó a qué se refería, y Anás le dijo: “El ha mancillado y consumado el matrimonio con la joven que recibió del templo del Señor sin hacerlo saber a los hijos de Israel. Envía a tus siervos y sabrás que la joven está encinta”. Así lo hicieron y, al comprobarlo, llevaron a María y a José para ser juzgados.

“Por qué has hecho esto? preguntó el sacerdote a María, por qué has envilecido tu alma y olvidado a tu Señor? tú que fuiste educada en el Santo de los Santos, tú que recibiste el alimento de las manos de un ángel, tú que has escuchado los himnos sagrados y has bailado ante el Señor, ¿por qué has hecho esto?” Y María lloró y dijo: “Por mi Señor, mi Dios, que soy pura ante Él y no conozco varón”.

Y el sacerdote dijo a José: “¿Por qué has hecho esto?” Y José dijo: “Por mi Señor, mi Dios, estoy limpio de toda relación con Ella” Y el sacerdote dijo: “No pronuncies falsos testimonios y di la verdad; consumaste el matrimonio a escondidas, sin revelarlo a los hijos de Israel y no te has inclinado ante el Todopoderoso para que bendiga tu raza”. Y José no dijo ya nada.

Y el sacerdote dijo: “Devuelve a esta virgen que recibiste del templo del Señor” Y José lloraba. Y el sacerdote dijo: “beberéis el agua de prueba del Señor, y El hará aparecer vuestro pecado ante vuestros ojos”.

Antes de continuar, señaló Julián, quiero hacer la aclaración de que “el agua de prueba” se refería a una prueba considerada de acción divina. La mujer a la que su marido acusaba de adulterio, era sometida ante los Jueces a la prueba del agua que consistía en hacerle tomar el agua del Señor a la infractora y mandarla a la montaña por un plazo determinado; se supone que, si era culpable, Dios le castigaba permitiendo que sufriera algún tipo de daño durante su estancia en la montaña; si no lo sufría, era indicación de que no había pecado, de que era inocente pues; pero aquí la acusación la hace el Gran Sacerdote, y la prueba se impone a María y también a José. Esta escena ha sido representada frecuentemente por el arte bizantino, y la podemos encontrar también en Santa María de Venecia, en un mosaico del siglo XII.

Cogiendo, pues, el agua del Señor, el sacerdote se la dio a beber a José y lo mandó a la montaña, de la que volvió indemne. Se la dio a beber entonces a María y la mandó a la montaña y también regresó indemne. Así, todo el pueblo supo y admiró que no se había revelado ningún pecado. Y el sacerdote dijo: “Si el Señor Dios no nos ha permitido ver el pecado del que se os acusa, yo tampoco puedo condenaros”, y los dejó marchar absueltos. José tomó a María y volvió a casa lleno de júbilo y glorificando al Dios de Israel.

Quien tenga oídos... que escuche!

El silencio seguía reinando en la sala. Sólo se oía el profundo suspiro que Norma exhalaba al final de cada parte del relato.

Tras una larga pausa, Julián dijo finalmente:

-Recuerdo las palabras de Martin Luther King: “Aunque muy a menudo no se ve en la Iglesia más que un poder hostil a cualquier cambio, en realidad Ella mantiene un ideal poderoso que empuja a los hombres hacia las más altas cumbres y les abre los ojos sobre su propio destino. De los lugares candentes de Africa hasta los barrios negros de Alabama, he visto a hombres que se levantaban y sacudían sus cadenas. Acababan de descubrir que eran hijos de Dios y que, a los hijos de Dios, se les hace imposible someterse a ningún yugo”. Amigos míos, ustedes están descubriendo que son hijos de Dios. Que la verdad es una y ninguna al mismo tiempo. Que si bien hubieron grandes pensadores antes de la llegada de Cristo, y sus palabras dieron pie a las bases filosóficas que nos norman en la sociedad, debemos reconocer que en la espiritualidad no hay más verdad que la del hombre mismo en su encuentro con Dios. Lo demás, mis queridos hijos, son especulaciones sobre una realidad que estamos muy lejos de afirmar o negar. Pero... cómo puede existir el hijo sin la madre? Cómo puede negársele grandeza a la madre que tuvo tal Hijo? Es el Espíritu el que importa.

Julián se santiguó y se levantó silenciosamente del sillón en que le habían dado acomodo. Los demás seguían callados. Sin decir más, Julián se acercó a la mesa, tomó un bocadillo y exclamó:

¡Vamos... ya hace hambre!

Como si hubiesen despertado de un letargo, todos, al unísono, se levantaron como impulsados por un resorte y se acercaron a la mesa.

El primero que osó decir algo fue, indudablemente, Fidel.

-Caray padre, me dejó estupefacto con sus palabras. La verdad!, pero...

-Ahí vas!, dijo Carlos.

-Déjenlo que hable, indicó el cura con la boca medio llena.

-No, es que es muy difícil entender algunas cosas, sobre todo para quienes nos hemos alejado de la religión...

-Te has alejado de la religión, afirmó el padre Julián, pero no de Dios, lo que te da la oportunidad de tener un alma receptiva. De tal suerte, eres tú, y nadie más que tú, el que debe entender en tu yo interno lo que consideres que debes entender. De ahí la frase: el que tiene oídos que escuche!

-Ya ves? Eso te sacas por naco... interrumpió Carlos de nueva cuenta.

-No, hijo, no. No es nacada, dijo el sacerdote, porque nacada significa, si no estoy mal informado, ignorancia. Y Fidel  no tiene nada de ignorante. Es un muchacho con muchas ganas de saber y ya el querer saber le da una preparación muy por encima de los necios, de esos que no quieren entender. Esos son los que verdaderamente quedan en la ignorancia.

El hombre tiene, por derecho divino, la facultad del libre albedrío. Esta facultad divina le permite decidir entre lo bueno y lo malo, entre lo cierto y lo falso, entre la verdad y la mentira. Así pues, es nuestro corazón, fiel intérprete de nuestra espiritualidad, quien nos dice si es cierto o no lo que pensamos.

-Mi padre ya nos había hablado sobre eso. Nos dijo que somos nosotros mismos los que nos podemos engañar o asegurar. Y yo pienso que así es, de ahí la famosa conciencia, afirmó Carlos.

-Realmente Ricardo ha sabido guiarlos, indicó el padre, no cabe duda de que están en buenas manos.

-Gracias Julián, replicó Ricardo, favor que me haces...

-Nooo... perdóname, pero en materia de evangelización no hago favores.

-Bueno, intervino Lupita, ya que se ha dado la interrupción, a mí me gustaría saber que tanta realidad hay en el nacimiento de Jesús, porque he leído y escuchado que no fue en un pesebre, como se dice.

-Calma, calma, que eso será materia de la reunión de mañana.

-Nooo... nooo. dijeron todos a un tiempo. Aún es temprano y el padre Julián se va mañana!

-Pues no se les va a hacer, comentó sonriente el curita.

-Cómo? dijo Ricardo sorprendido.

-Pues que el señor Arzobispo me ha dado indicaciones de que visite al sacerdote que me mencionaron y, con esto, es posible que mi estancia se prolongue por otros días más. Quizá por más de una semana.

-Bravo! gritó Carlos con un entusiasmo sincero.

-Mira tú, y a éste qué mosca le picó? exclamó sorprendida Sonia.

-Bien, pues ya que Julián se queda, les invito a todos a que levantemos la sesión, lavemos los trastecitos y nos retiremos a descansar, dijo Norma

Mientras Lupita, Norma y las muchachas se hacían cargo de la limpieza, ayudadas por Carlos y Fidel, el padre Julián tomó del brazo a Ricardo y lo llevó al pequeño estudio en que éste trabajaba.

-Tengo la impresión de que quieres decirme algo, comentó Ricardo.

-Sí, primero que nada reclamarte amistosamente el que me hayas colocado... mejor dicho, nos hayas colocado en una situación tan comprometida. No esperaba que me hicieras hablar sobre el tema.

-La verdad es que sí planee esto. En realidad quería que con tu intervención confirmaras lo que he dicho, tanto para ellos... como para mí en especial.

-Dudas...?

-... un poco.

-Pues ya te dije en otra ocasión que no debes dudar. Me sentí comprometido porque si expresaba algo que chocara con lo que tú les habías dicho podría, entonces sí, causar confusión en sus entendimientos. Gracias a Dios parece que no fue así.

-Realmente no, concordaste con mucho de lo que he comentado. Sin embargo, era yo mismo el que quería confirmar mis argumentos, y lo has logrado de perlas. No cabe duda que tienes el maravilloso don de la palabra.

-Tú también, mi querido Ricardo, tú también...

-Julián, pasando a otra cosa, espero que aceptes mi hospitalidad por todo el tiempo que tengas necesidad de quedarte...

-Naturalmente, dijo entusiasmado el sacerdote, ningún lugar mejor que éste para llegar a descansar haciendo adobes...

-De ninguna manera mi querido curita, usted llegará, se meterá en su recámara, y descansará efectivamente mientras yo...

-Y qué dijiste? Este ya se perdió de tus amenas pláticas, no? Pues no! Estaré presente en todas y cada una de ellas... por aquello de que se te atore la carreta...

Ambos rieron de manera franca y cordial.

 

La bondad divina se manifiesta de muy diversas maneras, decía Julián a Ricardo a la hora de desayunar. He sido testigo, a lo largo de mis 50 años de sacerdocio, de muchas de estas bondades. Por eso te digo que no dudes. Cuando hablas, la inspiración divina te acompaña. Como hombre bien puedes cometer errores, pero con la inspiración divina es difícil. Y mi querido Ricardo, tú la tienes cuando hablas de religión. Recuerda que es el espíritu el que debe hablar, no la mente. Sólo recuerda eso.

-Sea como dices, afirmó Ricardo, pero no dejo de pensar que bien puedo equivocarme en mis expresiones. No tengo duda en lo que digo, sino en cómo lo digo.

-Aunque afirmo rotundamente que guías bien a tus hijos y a los demás, me permitiré escucharte los próximos días para que las dudas se te despejen finalmente. La finalidad de la Iglesia es, como dices, regresar a esa verdad que debe estar permitida para todos. Sin dogma, pero con apertura. Debemos respetar ese don de albedrío que el Señor puso en cada uno de nosotros. Pero debemos recordar que nosotros los sacerdotes, dedicados a la causa divina, también somos hombres, con los mismos defectos que los demás, y por ende propensos a errar el camino. Ya tú ves el escándalo que se ha desatado ante la pederastia de algunos. De suerte que el propio Juan Pablo II, nuestro Santo Padre, ha tenido que declarar que no se solapará a quien cometa tales -y otras incluso- infracciones. Creo que esto, en lugar de dañar a la Iglesia -y por ende a la religión- le hace un bien...

-Un bien?, preguntó asombrado Ricardo.

-Claro tontín, si analizas un poco las cosas, ya es tiempo de que también el ambiente clerical se saníe. De que todos aquellos que han convertido el apostolado en negocio, en tapadera de sus perjurios o sus excesos, salgan de las filas clericales. De depurar un poco -o un mucho- las filas de los siervos del Señor. Reconozco que hay muchos más de los que el escándalo ha descubierto, tanto como que otros más, inocentes de todo cargo, serán señalados por los enemigos de la Iglesia, pero ese es el precio que habremos de pagar para desechar a los infractores. Recuerda que el propio Jesucristo fue difamado.

-Sin embargo esto mina la moral popular, o no?

-Claro, claro. Pero debemos entender que la moral popular ya está más que minada. Yo mismo he escuchado a muchos fieles que, habiendo solicitado un servicio religioso, un bautismo por ejemplo, salen de las oficinas parroquiales echando pestes porque se les cobró tal o cual cantidad por hacerlo. Eso no debe ser. La prestación de un servicio, incluso la aplicación de un sacramento, no debe tener precio; la voluntad popular será la que, con su caridad, dé o no a la iglesia una ayuda para su sostén, pero de eso a cobrar con base en una “tarifa” no es correcto, lo sé bien, pero por desgracia así se hace ya generalmente.

Mira, en mi pueblo, yo no pido nada fijo; la misma gente me entrega, por su propio gusto, un pollo, una reja de huevo, una cadena con su medallita, un guajolote, en fin, de todo un poco. Claro que algunos me dan dinero en efectivo, pero sin tasar un servicio, ellos mismos consideran cuánto dar a la iglesia. Ahora bien, si pensamos que un pollo cuesta en el mercado un promedio de cuarenta pesos, se puede considerar que su aportación es más que buena. Imagina si yo les dijese que por bautizarles al chamaco les cobro esa misma cantidad; Jesús, ponen el grito en el cielo! cuarenta pesos! Padre, es una fortuna!. Ahora piensa en el guajolote que, conforme al mercado, llega a valer hasta doscientos pesos. No, hijo, no. La voluntad de la gente se manifiesta mejor cuando no es coaccionada. Eso te lo puedo asegurar.

-Vaya con el economista!, dijo jocoso Ricardo.

-Pues esas y muchas cosas estoy seguro que van a cambiar. Juan Pablo II lucha por ello a brazo partido. Entiendo, como tú, que las iglesias, como templos pues, tienen muchos gastos de mantenimiento, pero también existen muchos orfebres y artesanos que, tratándose de un trabajo para el templo del Señor, a veces hacen el trabajo no sólo gratuito, sino que hasta se encargan de conseguir los materiales necesarios. Otros, menos piadosos, cobran, pero no se puede comparar lo que le cobran a la iglesia con lo que le cobran a un particular, aunque de todo hay en la viña del Señor.

-Y las agrupaciones?

-Unas van por el rezo, otras para ayudar verdaderamente a su parroquia, hay de todo. En mi pueblo, por ejemplo, mis queridas amigas del Movimiento Familiar Cristiano, a más de llevar la palabra de Dios a los hogares y auxiliar a los necesitados, bien hacen sus buenas obras en favor de la parroquia. Sin embargo, no falta quien las califica de beatas y molestas, aclarando que a algunas de ellas incluso yo les retorcería el pescuezo, pero así es esta vida. Hay quien da con amor y hay quien exige en vez de pedir.

Pero ya se hace tarde y tengo que cumplir con algunas obligaciones impuestas por el señor Arzobispo, así es que, Dios te bendiga y que tengas un buen día.

-Hasta la noche Julián, que tú también tengas un buen día, dijo sinceramente Ricardo.

-A propósito, dijo el cura antes de salir, “el que esté libre de pecado... que arroje la primera piedra!

-Ja ja ja já... rió Ricardo abiertamente ante la ocurrencia de su amigo.

 

Una sorpresa más habría de alegrar a toda la familia esa noche. No bien acababan de llegar Carlos y Sonia, cuando tocaron a la puerta.

-Abre por favor Carlitos, dijo Norma, debe ser Lupita. Yo estoy ocupada en la cocina.

Al abrir, Carlos pegó un grito que asustó a los demás.

-Mira nada más quien llegó! Nada menos que la bruja del 85...

Norma y Sonia, asombradas por el grito, salieron de inmediato a ver de qué se trataba. Ricardo dejó el libro que leía aventado sobre el escritorio y también fue a ver qué sucedía.

-Es la Jazmina, jefe, ahora sí se va a caer el cielo a pedazos...

-Cállate loco, dijo Sonia al tiempo que abrazaba a Jazmín, mientras Carlos se hacía cargo de las maletas que llevaba la jovencita.

-Hija de mi vida... dijo Norma con la voz entrecortada por el llanto.

-Mamá... cómo estás? replicó Jazmín abrazando a su madre y dejando correr también las lágrimas.

-Qué pasa... qué pasa, reclamó Ricardo asombrado por el rebumbio.

-Es tu hija, dijo Norma volteando.

-Vaya sorpresa, dijo Ricardo a quien la cara se le alegró de golpe, y qué haces aquí? por qué no avisaste que llegarías para irte a recoger?

-Ayyy papá, tú siempre con tus cosas, exclamó Jazmín, y la sorpresa? para qué crees que se hizo?

-Bendito sea Dios, clamó Norma, Carlitos, por favor lleva las maletas a su recámara.

En ese momento llegaba Lupita que saludó también alegremente a la joven.

-Hola chamaca, mira nada más que crecida estás, a ver, déjame verte bien, pero si ya eres una damita!

-Gracias Lupita, y Usted? qué hace aquí?

-Pues ya vivo en Acapulco. Qué te parece?

-Que bueno, dijo Jazmín que tomó a su padre de la mano y le jaló hacia sí para darle un abrazo. Ricardo se quedó estupefacto. Aunque amaba a Jazmín con toda su alma, el carácter de ella no le permitía acercarse mucho y, prácticamente, nunca le había abrazado con tal entusiasmo.

-Chamaca de mi alma! Quien iba a pensar que llegaras así, de sopetón. Y dime, cómo van las clases en Guadalajara?

-Ayyy, ni me digas, ya sabes, las matemáticas y la física siguen siendo mis cocos, pero ahí la llevo.

-Que bueno que veniste. No sabes cuánto te extrañamos.

-Las que más me van a extrañar son las monjas. Fíjate que todavía las traigo tarugas, sobre todo a la madre Elena, la superiora.

Con el entusiasmo, habían dejado abierta la puerta y Julián, que había llegado en silencio, observaba toda la escena recargado en el dintel de la puerta.

-Vaya, vaya, otra Carlitos. A ver, cómo está eso de traerlas tarugas?

Jazmín se quedó sorprendida al ver la sotana del padre y no supo que contestar. Norma, como siempre, intervino inmediatamente.

-Mira Julián, te presento a mi hija Jazmín, estudia en la Universidad con las madres carmelitas.

-Pues vaya que tienen ustedes unas joyitas por hijos!. Perdóname hija, pero ni soy el diablo ni el cura regañón que supones, soy amigo de tus padres y, espero, ahora amigo tuyo. Bienvenida!

-Caray padre, Usted sí que la saca a uno de onda! Cura tenía que ser, mi amigo!

-Con la gracia de Dios y para tu desgracia, chamaca del demonio, exclamó con satisfacción y contento el sacerdote al tiempo que le abrazaba con afecto.

-Eso lo veremos, dijo Jazmín.

-Bravo, ahora ya tengo aliada, apuntó Carlos haciéndose el gracioso.

Poco después llegaban Fidel y acompañantes que, obviamente, también fueron presentados a Jazmín, a quien, enmedio de una tacita de café ponían al tanto de las reuniones cotidianas.

-Vaya con el viejito, comentó, así que ahora te me has vuelto seminarista!

-Evangelizador, aclaró el padre, evangelizador que no es lo mismo.

-Pues será la tía de las muchachas, pero no me lo esperaba.

-Pero cuenta, cuenta, decía el padre con cierta sorna, que hay de las tarugas?

-Ayyy padre, ya deje el tema por la paz, dijo apenada Jazmín, que deveras va a creer que no quiero a mis maestras. Sí las quiero, pero como me hacen ver mi suerte, pues... les pago con la misma moneda. Pero son bien padres!

-Ahhh, ahora ya no son monjas, son padres! exclamó fingiendo asombro el sacerdote.

-No seas malo con ella, pidió Ricardo, ya sabes como son los jóvenes de ahora...

-Huyy el padre a la defensiva! No, si no soy malo con ella, es ella la que no nos ha bajado de tarugos, no? agregó jocoso Julián.

-Perdón padre, dijo Jazmín todavía medio avergonzada.

-No hija, perdón sólo se le pide a Dios. La verdad es que aún no me conoces y soy igual o peor de bromista que tu padre. En realidad me da mucho gusto conocerte y saber que te llevas tan bien con las madres que te atreves a jugar así con ellas. Ya quisiera yo que todos nuestros alumnos nos trataran así, con ese cariño que demuestran tus palabras. No creas que no entiendo. Perdóname tú a mi por hacerte pasar un mal rato... deveras.

La sonrisa afloró en los labios de la jovencita y abrazó amorosa al cura.

-La paz sea en esta casa, como dice mi papá...

-Sea, contestó el cura.

-Bueno, intervino Silvia, aclaradas las paradas porque no damos inicio a la Cristonovela?

-Pues me van a perdonar, dijo Norma, pero la llegada de mi hija significa mucho para mí, y quiero pedirles a todos que, por hoy, hagamos un paréntesis y me permitan agasajarla como se debe. Carlos, podrías pedir unos tamales de pollo aquí abajo? Sonia, ven ayúdame a hacer café y chocolate. Silvia, ponte la mesa, por favor.

-Esa canción sí me gustó, dijo sonriente el padre Julián en tanto jalaba una silla y se sentaba a la mesa. Pero que no sean las damas las únicas con tarea en esta casa. A ver, dijo en tono de orden, Ricardo, pon música en ese moderno tocadiscos que tienes, pero que sea música para poder platicar; Fidel, arrímate la otra mesa y más sillas, la carga es mucha para esta pobre solitaria; que yo habré de supervisar las acciones de todos desde esta venerable silla, comprendiendo todos que, a mis años, no me es permitido hacer tarea pesada alguna!

Todos rieron con franqueza y se dedicaron a obedecer las amigables órdenes del cura.

-Tú ven acá, dijo imperativo Julián a Jazmín, siéntate y cuéntame de tus aventuras escolares.

-Huyyy padre, se va a quedar de a seis! satirizó la niña hecha mujer.

-Dime, te gusta la carrera que elegiste?

-Y cómo sabe cuál es?

-No sé, pero te pregunté por la que elegiste, ya tú me dirás cuál es.

-Bueno, pues en realidad sí. Cuando estaba en la prepa no me decidía por alguna, pero observaba que mi padre, secretamente ansiaba que alguno de sus hijos siguiera sus pasos. Alguna vez nos contó que había pensado que sería Carlos, porque de niño le había dado por escribir cuentos, pero no fue así finalmente. Cuando yo escribí uno, muy de niña, él ya tenía la computadora y hasta me lo ilustró con unas hormiguitas y lo editó en forma de librito. Me acuerdo que se llamaba El Lápiz Loco, creo. Pero tampoco seguí escribiendo y vi muchas veces su desánimo por esto.

La verdad es que, como frisaba en los 16 cuando estaba por terminar la prepa, y salía mucho a las discoteques, lo que me atraía era ser modelo, o edecán, o bailarina en uno de esos antros, como les decíamos nosotros, pero también me llamaba la atención la carrera de relaciones públicas y comunicación.

Pasó el tiempo y me decidí por ésta última. Si, cuando llegue el momento, y las circunstancias así lo exigen, me veo en la necesidad de continuar con la carrera de mi padre, pues al menos ya estoy preparada. Sin embargo quiero decirle, francamente, que no la estudio tanto por seguir sus pasos, sino porque me gusta...

-Vaya, pues que buenos pensamientos tienes! Espero que, como tú dices, cuando llegue el momento, seas la continuidad de la obra de tu padre, a quien admiro y respeto. Y... que dicen las madres? Creo que debes tener una asesora, o no?

-Sí, aunque para serle franca no es mi asesora con la que tengo mayor confianza. Es la madre Elena, la superiora, la que me escucha y me presta más atención. Nos hemos vuelto las grandes amigas. Con decirle que cuando me fui, conseguí un departamento en la zona estudiantil, que habitaban otras muchachas, para vivir con cierta seguridad. A mis papás les dio cosa saber que había decidido irme sola, aunque bien que me los estuve preparando como dos años antes diciéndoles que quería estudiar fuera. Ahora, y a una invitación expresa de la madre Elena, me fui a vivir al internado que ellas tienen en la universidad, pero no entre las otras muchachas, sino en un área separada en la que viven otras más, pero cada una tiene una especie de departamentito, pequeño, pero independiente.

-Así que estás a gusto?

-La verdad sí. No esperaba que las cosas se dieran así, sobre todo porque yo era un relajo, pero ya ve, todo acaba por cuadrar, como dice la madre Elena.

-Pues que bueno, eso debe hacer muy felices a tus padres...

-Pues no se crea, hasta ahora ellos saben que sigo en el departamento de las muchachas. No les he dicho que ya vivo en el internado. Sobre todo porque es muy caro. Pero yo no pago nada. La invitación de la madre Elena incluía un pequeño puesto en la biblioteca, como administradora, y de esa forma la vivienda no me cuesta nada.

-Huyyy pues tu padre, sobre todo, se va a poner feliz porque aparte de que no pagas, el hecho de saber estás enmedio de libros le va  a hacer dichoso...

-Ya lo creo! Pero no le diga nada, por favor, déjeme darle la noticia yo, poco a poco, para que no se infle, ya sabe...

-Claro que es a ti a la que le corresponde dar esa noticia. Yo, por mi parte, te felicito de antemano.

La llamada a la mesa interrumpió el breve diálogo y, una vez acomodados, dieron fin a todos y cada uno de los exquisitos tamales que habían servido.

 

Oye viejito, dijo Jazmín maleta en mano, no vayas a pensar que vine para abandonarte, pero voy de carrerita a México a ver a mi hermana y a los niños. Me das algo de dinero?

-Oye! Pero si acabas de llegar anoche...

-Sí, pero voy a estar como una semana, así es que aprovecho para visitar a Normita y por ahí comprarme algunos trapos... ya sabes que en México siempre se encuentran a buenos precios...

-Sea por Dios! contestó Ricardo medio decepcionado. Y ya le avisaste a tu madre? o va a ser una sorpresa como conmigo?

-Anoche estuvimos hablando, por cierto que te tiene algunas noticias, pero no te acalambres, no son malas, por el contrario...

-Bueno... y cuándo regresas?

-En tres o cuatro días, acaso una semana...

Tras darle algo de dinero, Ricardo se despidió de ella y la vio partir. Carlos y Jazmín eran sus consentidos, quizá por ser los más pequeños, aunque de pequeños ya no tenían nada.

 

-Bueno, ya estuvo bien de retrasos e interrupciones. Tenemos varios días en que llegamos y no llegamos al nacimiento de Cristo. Hoy le llegas viejito, por que le llegas... reclamó Carlos al iniciar la sesión de ese día.

-Tienen razón, dijo Ricardo, pero la verdad es que la serie de acontecimientos sucedidos son los que han marcado la pauta en las acciones de estos días; pero ya estamos en paz y, ahora sí, comencemos.

-Perdón, dijo Fidel, y su hija? No va a participar en las pláticas?

-De momento no, se fue esta mañana a México, a visitar a su hermana...

Hecha la aclaración, se disponía a comenzar cuando...

-A ver Ricardo, intervino Lupita, el otro día te decía que yo había oído o leído algo referente a que en realidad Jesucristo no nació en un pesebre. Que hay de eso?

-Bueno, algunos autores así lo han manejado, pero aquí podemos insistir en lo importante que es conocer el medio y las costumbres de la época que tratamos. No hace mucho, por ejemplo, vi en un programa de Discovery Channel algo respecto a eso. Explicaban, apoyados en una representación digital, que tanta razón tienen los que decían que había nacido en un pesebre como los que afirmaban que lo había hecho en una cueva. Y es cierto. Resulta que en la zona aledaña a Belén, los pastores habían adaptado infinidad de cuevas como pequeñas casas habitación para vivir en ellas la temporada de pastoreo. Pues bien, en esas cuevas, casi como en muchas casuchas de ahora, en una misma cueva vivían pastores y ganado, aunque con áreas muy bien definidas. Generalmente, en la parte del piso se alojaba a los animales, y la habitación propiamente dicha se acomodaba en alguna saliente superior, de tal forma que aunque en el mismo lugar, quedaran perfectamente aislados los pastores y sus familias del ganado mismo y, por ende, de sus gracias.

Como pueden ver, entonces, y agregando a esto esos importantísimos factores que inciden en las traducciones de uno a otro idioma, hablar de cueva, pesebre, gruta, y otro similar es, prácticamente, lo mismo.

Ahora bien, es el suceso del nacimiento de Cristo motivo de tres observaciones por demás interesantes. La primera, el hecho de que, como ya hemos citado anteriormente, a pesar de que la vida de la familia de José -ebanista de profesión e integrante del templo como sacerdote- era más de clase media alta, el parto en la cueva o pesebre no hace otra cosa sino cumplir con el precepto primero de la humildad que anunciaban los profetas, pues llegaron al pesebre sólo después de haber recorrido la ciudad entera de Belén sin encontrar hospedaje en posada alguna; seguido a esto, y conforme a la narración de Santiago, dos comadronas confirmarían la virginidad de María después del parto; y, por último, ya camino a Egipto, Jesús mismo se revela como hijo de Dios.

Pero vamos por partes. Los cuatro evangelistas reconocidos por el canon reaccionan así ante el nacimiento de Cristo: Mateo, apenas le concede un párrafo al suceso que va de la anunciación al nacimiento y, a éste último, tres líneas, no más. Marcos ni siquiera lo menciona, así como Juan. Ambos se dedican más a los hechos de Jesús que a su historia. Es Lucas el que le dedica un poco de más atención y, curiosamente, buena parte de su relato es similar, incluso en algunas frases, al relato de Santiago que nos estamos refiriendo, aunque no cita el episodio de las parteras. Recuerden que Lucas no era apóstol,  era un médico sirio que se convirtió al cristianismo cuando los primeros evangelizadores llegaron a su patria, y que se considera escribió su libro -su evangelio pues- aproximadamente 70 años después de la desaparición de Jesús de la tierra. Es el único evangelista que considera que la palabra debe verse desde el punto de vista histórico, y la iglesia reconoce que escribe basado en documentos que guardaban las iglesias más antiguas, especialmente las de Jerusalén y Cesárea. Es más, posiblemente se decide a escribir cuando conoce en Roma a Marcos y a Pedro. Sus viajes e investigación personal influyeron mucho en el relato, pero dejó fuera, conforme a los proto-evangelios y documentos encontrados en Cumrán y Nag Hamadi, muchos detalles que bien pudo considerar ilusorios o fanáticos. Por su parte, Santiago, a más de apóstol seguidor del Maestro, como él mismo reconoce, hermano de Jesús, hijo de matrimonio anterior de José y por ende testigo fiel de los sucesos que incluyen la infancia del Cristo. En una parte del relato, inclusive, se deja notar muy someramente, como si no quisiera quitar atención sobre el trío principal. Esa parte de la narración dice así: “Y ensilló su burra y sentó (José) a María, y su hijo llevaba a la bestia y José los seguía...”

Pues bien, si ahora sabemos que existía el relato de Santiago ya por esos años, y que bien pudo llegar a estar en manos de Lucas, es posible que eso haya permitido al evangelista narrar parte de la niñez de Jesús, tan influido por Santiago, que como dije antes, algunas de sus frases son idénticas a las de éste.

-A ver Don Ricardo, dijo Fidel, creo que ya me hizo bolas.... si Santiago fue apóstol y hermano de Cristo, por qué la iglesia no lo considera un evangelista más? Si incluso fue primero que Lucas...

-Porque, debemos recordar, la conformación de la iglesia como tal, la estructura misma de la organización, se viene dando muchos años después. Para ese entonces, por guerras -recuerden que tras la muerte de Jesús, las guerras de los judíos con los romanos se recrudecieron-, por conveniencia, o por descuido, muchos documentos se perdieron u ocultaron. Así, San Pablo y su gente, quienes realmente forman la primera estructura formal, lo hacen con base en los pocos y aún mutilados documentos que encuentran, rellenando algunos huecos a su leal e improvisado saber y entender y, obviamente, desechando algunas cosillas que no les convenía o interesaba formaran parte de “las reglas”.

Quiero recordar, referente a esto, que los documentos encontrados después, ya prácticamente en la época moderna, como los protoevangelios y los documentos del mar Muerto, estaban precisamente escondidos desde la guerra de los judíos, como lo atestiguan algunos de los mismos documentos, con el fin de preservarlos de la destrucción.

En otras palabras, si el documento de Santiago circuló en un principio, luego fue ocultado y por ende olvidado.

-Pero... entonces solamente Lucas habla del nacimiento. Así, si el relato de éste coincide con el de Santiago, aparecido ahora, quiere decir que es verdad lo aseverado por Lucas...

-Claro, pero curiosamente, esa validez se revierte. Es decir, que la similitud del documento de Lucas con el de Santiago también valida como verdadero el del propio Santiago y, por ende, todos esos detalles que Lucas no incluye en el suyo!.

-Cierto, muy cierto! interrumpió Julián que hasta el momento había permanecido callado. No cabe duda que todos los días se aprende algo. Yo mismo no había pensado en ese sentido. Y tienes razón Ricardo. No podemos tachar de falso el documento de Santiago sin hacerlo con el de Lucas....

-Así es. Ahora bien, aclarado esto, déjenme contarles la historia del nacimiento de Jesús conforme al relato de Santiago.

Aconteció que Cesar Augusto publicó un edicto ordenando un censo y a cada habitante acudir a su propia “patria” o región en la que nacieron, para cumplir con el requisito.

José, de Belén y María de la tribu de Judá de la casa y de la patria de David, se vieron obligados a viajar a Belén para empadronarse.

Durante el camino, María dijo a José: “Veo ante mí a dos pueblos, uno que llora y el otro que se alegra”. José, no entendiendo lo que su mujer le decía y creyendo que era producto del fatigante calor, el viaje y el embarazo, contestó: “quédate ahí sentada, sujétate a la montura y no digas palabras inútiles”. Pero un niño muy bello, vestido con un manto magnífico, se apareció ante ellos y le dijo a José: “¿Por qué has llamado inútiles las palabras que ha dicho María en relación a los dos pueblos? Ella ha visto al pueblo judío, que llora por haberse alejado de su Dios, y al pueblo de los gentiles que se alegra porque se ha acercado al Señor, siguiendo la promesa hecha a nuestros padres Abrahám y Jacob; porque ha llegado el tiempo en que todas las naciones serán benditas en la posteridad de Abrahám”.

En el párrafo que sigue es Santiago el que se salta el peregrinar de José buscando hospedaje y habla ya de la gruta.

Al entrar María, la gruta se iluminó y resplandeció totalmente, como si el sol se hallara allí, y la luz divina iluminó la gruta como si fuera la hora sexta del día.

Llegado el momento trajo al mundo a un hijo que los ángeles adoraron desde el momento de su nacimiento y le rodearon diciendo “Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”.

Mientras tanto, José había ido a buscar a una comadrona. Al volver, no con una sino con dos comadronas, María ya había dado a luz.

Aquí me quiero referir literalmente al texto original por la importancia de su relato: “Y José le dijo: Te he traído dos comadronas, Zelomi y Salomé, están afuera, delante de la gruta y no se atreven a entrar debido a esta luz tan viva. Y María, al oír esto, sonrió. Pero José le dijo: No te rías, sé prudente, no vayas a necesitar algún remedio. Entonces hizo entrar a una de ellas. Y Zelomí, tras entrar, dijo a María: Permíteme que te toque, y María se lo permitió, y la comadrona dio un grito y dijo: Señor, Señor, ten piedad de mí. He aquí ante mí lo que jamás se ha oído ni tan siquiera sospechado; sus senos están llenos de leche, y tiene un niño varón siendo virgen. El nacimiento ha sido sin hemorragia de sangre y el parto sin dolor. Ha concebido virgen, ha dado a luz virgen, y ha permanecido virgen.

Al oír estas palabras, la otra comadrona, llamada Salomé. dijo: No puedo creer lo que estoy oyendo a menos que lo compruebe yo misma. Y Salomé, tras entrar, le dijo a María: Déjame que te toque y compruebe si Zalomí dice la verdad. Y María se lo permitió y Salomé acercó la mano. Y mientras se acercaba y la tocaba, de repente su mano se secó, y se puso a llorar de dolor, desesperada, y a gritar: Señor, sabes que siempre te he creído y que he cuidado de todos los pobres sin pedir nada a cambio, que no he recibido nada de la viuda ni del huérfano, y que nunca un pobre se ha ido con las manos vacías. Y he aquí que soy desgraciada a causa de mi incredulidad, porque me he atrevido a dudar de tu virgen.

Y mientras hablaba así, se le apareció un joven muy bello y le dijo: Acércate al niño, adóralo y tócalo con tu mano y ésta sanará, porque El es el Salvador del mundo y de todos los que esperan en El.

Y se acercó al niño y, adorándolo, tocó el borde de las ropas que le envolvían y enseguida su mano sanó. Y saliendo fuera elevó la voz y se puso a proclamar los grandes prodigios que había visto, lo que había sufrido y cómo había sido curada, y muchos creyeron en sus palabras”.

De ahí viene lo que todos ustedes ya conocen. La adoración de los pastores y los animales, los ángeles, la nube sobre la gruta.... y la estrella que guiaría a los Tres Reyes Magos, que por cierto no eran reyes, aunque sí magos.

-Bueno, jóvenes, por esta noche está bueno. Yo creo que debemos descansar porque mañana hay que trabajar, dijo Julián.

-Cierto, buenas noches a todos, complementó Sonia.

-Oye Jefe, increpó Carlos, y cuándo vamos a llegar a lo mero bueno?

-Paciencia hijo mío, paciencia. Roma no se hizo en un día...

-Ya tú! reclamó Sonia. Siempre has de molestar a tu padre!

-Yoooo? ahora resulta que soy yo el que lo molesta? Vaya!

-No hijo, no me molestas. anda, que descansen.

-Vas a ver vieja canija, dijo Carlos en tono de broma.

-Pues cuando quieras! respondió ella en simpático reto.

-Caramba, exclamó el curita, me salieron bravos los gallitos...

-Buenas noches a todos, dijo Lupita a guisa de despedida.

 

El padre Julián entró en la pequeña estancia que hacía las veces de despacho y biblioteca de Ricardo, le saludó brevemente y tomó asiento a un lado del escritorio.

-Te veo preocupado, dijo Ricardo, qué tienes?

-Una pena muy grande. Pena por algunos de mis compañeros...

-Sucedió algo respecto a la queja del padre que ataca a los Testigos de Jehová?

-Pues... sí. Fijate que el señor Arzobispo me hizo el encargo, como tú ya sabes, de que habiendo sido el que presentara la queja y, sobre todo, viniendo de fuera, llegara a la Iglesia sede del suceso y averiguara lo que pasaba.

-Y...?

-Pues que al principio fui recibido de muy buena gana, pero en cuanto comencé a hacer algunas preguntas se pusieron a la defensiva, así es que opté por hablar abiertamente e informarles que el señor arzobispo había recibido la queja de que uno de ellos, en sus homilías, atacaba muy agresivamente a las sectas e incluso incitaba a la comunidad a “exterminarlos”. En esa iglesia hay tres sacerdotes: el párroco, que es un anciano enfermo que se hizo cargo de ella durante más de treinta años, solo, sin ayuda, hasta que la enfermedad que le aqueja le obligó a aceptar el auxilio de los otros dos. De estos, uno no es mala persona, aunque bastante influenciable. Inocente, incluso, diría yo. El otro es el peligroso. De carácter explosivo, finca su fe en el dogma de que sólo lo que nosotros creemos es lo bueno y los demás no sólo están errados sino que hay que considerarles enemigos y riesgo para la fe y, por ende, exterminarles. Así, como tú lo escuchaste de él y ahora de mi: exterminarles. No como mera metáfora. Llegó incluso a decir “matarlos”, y habla con encono, con rabia.

-Que barbaridad, dijo Ricardo asombrado, luego no es sólo materia de perorata...

-Por desgracia, no. Es uno de esos jóvenes de ideas revolucionarias equivocadas, porque las hay positivas, constructivas, pero no en su caso. Estuvo en Chiapas, quizá ahí fue donde se radicalizó su posición. Debemos recordar que ahí sí se matan por cuestiones de fe....

-Oye... me estás diciendo que...

-Nooo... espero que no. No se puede manipular lo mismo a un indígena que apenas habla el español que a un ladino ciudadano y mucho menos porteño. Son gente más despierta y, por fortuna, al mismo tiempo más omisa...

-Te refieres, en otras palabras, al valemadrismo, perdonando la expresión, a la indolencia...

-Así es. Por eso confío en que, mientras el señor Arzobispo decide qué medidas tomar, la voz del revolucionario curita siga cayendo en piedra.

-Pues ojalá así sea, porque de escucharle alguien, de verse motivados por su incitación, Dios nos libre de los problemas que veríamos en Acapulco, pero... no creo que nada más eso te preocupe. Hay algo más, verdad?

-Sí, el señor Arzobispo me dio a entrever que una de las posibles soluciones podría ser enviarlo a mi parroquia para tenerlo vigilado...

-Nooo...!

-Te imaginas? Dios, si es un pueblo tan tranquilo! Para qué demonios queremos a un agitador ahí! exclamó abiertamente molesto Julián, casi gritando.

-Julián... Julián... cálmate, urgió Ricardo verdaderamente asustado; jamás había visto enojado al sacerdote, y mucho menos hablar en esa forma.

-Que me calme? Por Dios Ricardo, si estoy a las puertas de ver a mi amado pueblo hecho pedazos! Tú sabes bien que en las poblaciones rurales anidan odios ancestrales entre familias, entre pueblos, que sólo basta atizarlos para despertarles de su letargo. En mi larga vida como sacerdote he visto por lo menos tres matanzas por linderos, por creencias, por restaurar la honra supuestamente agraviada, por venganza, y hasta por mero machismo. Sólo se necesita a un estúpido como éste y... bummm!

-Pero aún no ha sucedido, insistió Ricardo, apenado porque consideraba que había sido él quien lo metiera en el embrollo.

-Pero estoy casi seguro que sucederá!

-Y por qué no hablas claro con el Arzobispo? Una cosa es la obediencia y otra el sacrificio. Díselo! Dile que no puedes sacrificar a un pueblo por culpa de un irresponsable.

-Es que también es mi responsabilidad moral. Si él me ordena que intente cambiar su forma de pensar, de aleccionarlo, moralmente debo hacerlo. Jamás he rehusado una responsabilidad o un reto...

-Bien, bien, bien... aceptó Ricardo ya más calmado. Entonces, por qué no le pides al Arzobispo un tiempo de gracia, sin abandonar tu parroquia, y le atiendes aquí, en su misma parroquia en donde al parecer no ha podido hacer mucho daño. Sé que para ti, a tu edad, sería muy pesado el ajetreo de viajes constantes, pero...

-No es mala idea. Prefiero desbaratarme en cualquier viaje que llevar esa mala semilla a mi pueblo...

-Lo ves? Y pienso que pueden haber otras salidas. Ten paciencia. Me extraña...

-Tienes razón, perdón Ricardo, te juro que jamás me había salido de mis casillas como ahora, pero la desesperación me hizo cerrar los ojos a las soluciones y sólo veía las consecuencias.

-Además, dijo sonriente el anfitrión, así te puedo tener yo también más tiempo a mi lado. Te has convertido en mi guía espiritual.

-Mhhhhuuu... soy tu amigo, nada más.

-Ahora que, ya pensando con calma, hay muchas otras opciones como decirle que no puedes por tu edad, que nombre a otro más apto para el cometido, que lo mande a la conchinchina, y hasta de plano que no quieres tan tremenda responsabilidad!

-No, repuso el sacerdote lanzando un suspiro de resignación, no puedo. Me tiene mucha confianza. Incluso me dijo, y te lo guardas por favor, que llegaría un nuevo arzobispo que se haría cargo de la diócesis. Confía en mi. He sido su guía espiritual desde el seminario y no puedo dejarle así como así un problema tan complejo. Sería tanto como negar todo lo que le he enseñado. Comprendes?

-Sí, bastante bien. Pero, oye, cómo está eso de otro arzobispo?

-Olvida que lo dije, por favor, sí?

-Pero me tendrás al tanto y me contarás en su momento, no?

-Claro, claro. Pero vas a hacer un compromiso conmigo. Necesito tu ayuda.

-Por siempre Julián, ya bien lo sabes, contestó Ricardo orgulloso.

-Varias veces te he dicho que tienes una facilidad de palabra extraordinaria y una capacidad de análisis y respuesta sorprendentes. No creas que es adulación. Lo creo firmemente. Te reconozco ampliamente esas cualidades y, ahora, quiero hacer uso de ellas.

-En todo y por todo mi ya muy querido amigo. En qué consiste la ayuda?

-Pues se me está ocurriendo que, como parte de la terapia para Narciso -que así se llama el curita extremista- le invitemos a tus charlas cotidianas....

-Oye noooo! Eso no! Imagínate a ese revolucionario aquí! Capaz que Carlos mañana dinamita todas y cada una de las iglesias y sinagogas de México. No, francamente no. Nuestras charlas son familiares Julián, van dirigidas a Carlos. Si se han agregado otros es por mera casualidad....

-Sin embargo, y tú mismo lo reconoces, eres guiado. O no? No te has puesto a pensar que puede ser otro el objetivo? Cómo llegué aquí? Como lo hicieron los demás? De algo le ha servido tu charla a alguien? Ni tú mismo sabes cuales son los designios del Señor. Sus caminos, para usar una frase más que trillada, son sorprendentes. Además, cuando venga él no va a hablar, va a escuchar...

-Sí, cómo no! Si quiere hablar, puede hablar! Yo no le coarto a nadie la libertad de expresión. Lo de Fidel no fue una petición para que no hablara o dijera lo que sintiese, sino para que fuera moderado ante tu presencia. Pero respecto a ese curita.... nada más dice algo fuera de lugar y te juro que le va como en feria... porque en mi casa todo acepto, menos la irresponsable agresividad.... y si acaso se lanzara fuerte, pues ya veremos de qué cuero salen más correas....

Y Ricardo seguía hablando y hablando, mientras Julián se arellanaba en el sillón, con una sonrisa plácida ante la aceptación implícita de su entusiasta amigo.

 

Norma notó que Ricardo estaba nuevamente nervioso, como cuando esperaba la llegada del padre Julián. Le observó por buen rato y, aprovechando una oportunidad, se acercó a él con esa dulzura con que siempre lo había hecho.

-Mi amor...

-Sí, dime...

-De nueva cuenta te noto nervioso. Qué pasa?

-Hummm... si te lo dijera de seguro te negarías...

-A qué?

-No... si te digo a qué ya tendría que decirte todo, y la verdad es que yo quisiera que los acontecimientos se den por si mismos.

-Es grave?

-Francamente no sabría decirlo. Pero tengo miedo...

-Miedo? a qué?... nunca me has ocultado nada...

-No se trata de eso mi amor. No es nada de qué preocuparse en realidad. Pero...

-Mira, dejémonos de peros y desahógate, sí?

Queriendo y no, Ricardo le contó lo que había sucedido respecto al famoso curita Narciso, y la decisión de llevarlo a las ya populares charlas.

-... así es que, cómo la ves? Gruesa, verdad?

Norma no contestó de inmediato, comenzó a mover la cabeza y a dar vueltas de un lado para otro. Al cabo de unos minutos preguntó:

-Qué puede suceder? Crees que pudiera tener alguna influencia en los muchachos? porque a mí en realidad lo que me preocupa son los muchachos...

-No sé, en verdad que no sé... pero me apura más el tener que enfrentar sus argumentos que, como es lógico, serán desgarradores...

-Vuelvo a decirte que, en ese sentido, tengo plena confianza en ti. Pero no contestaste mi pregunta...

-Pues espero que no, aunque temo que los muchachos no están tan bien cimentados en su fe como para enfrentar una discusión de este tipo.

-Mira, déjale a Dios la respuesta. Encomiéndate a El para que te dé la inspiración necesaria y, quien quita y hasta el curita sea el que salga convencido de que su forma de pensar no va acorde a las normas de la nueva iglesia...

-Eso es lo que temo. Piensa un poco que si los mismos sacerdotes no han podido meterlo en cintura... qué puedo esperar yo!

En ese momento se escuchó la algarabía que hacían los muchachos al llegar.

-Holaaa... qué, no hay nadie? urgió Carlos.

-Anda, dijo Norma a Ricardo, cumple con tu compromiso y que sea lo que Dios quiera...

-Así sea... masculló Ricardo no muy convencido.

-Ahhh, aquí andan pilluelos, exclamó Carlos.

-Buenas noches a todos, dijo Sonia.

-Buenas noches hijos, pasen...

-Hola manita, saludó Lupita. Qué, por qué esas caras tan largas?

-Nada... nada... contestó Ricardo.

Norma hizo una seña apenas perceptible a Lupita, y ésta comprendió de inmediato que debía callarse; sin embargo, Sonia alcanzó a darse cuenta y, tomando del brazo a su suegra, la encaminó hacia la cocina.

-Qué pasa suegra?

-Nada importante en realidad. Ya se darán cuenta.  Tenemos un invitado nuevo.

-Anda!, crece la audiencia...

-Sí, pero es alguien muy especial. Por favor, si Carlos trata de repelar ante los comentarios de esa persona, a la que ya conocerás, apriétale el brazo o interrúmpelo, pero trata de que no hable...

-Ahh caramba, entonces sí es alguien muy especial. Acaso... otro curita?

-Mhhhuu... sí, un curita muy especial...

De la sala surgió la voz sonora de Julián, que llegaba en ese momento.

-Hola familia... cómo están todos? Miren, les presento a un buen amigo, el padre Narciso. Algunos de ustedes ya lo conocen...

Antes de que Carlos dijera nada, Sonia ya le había dado un buen pellizco en el brazo. La acción le tomó desprevenido y, asombrado, volteó a verla con sorpresa.

-Saluda mi amor... nada más saluda...

-Ehhh... sí, hola padre, cómo está?

-Bien gracias...

-Pasen por favor, dijo comedido Ricardo, están en su casa, ya lo saben...

-Gracias, contestó Narciso al tiempo que ocupaba el sillón que le había señalado el anfitrión.

Lupita, desde un rincón, observaba con curiosidad la llegada del nuevo invitado. Fidel y los demás sólo saludaron con la cabeza y se acomodaron en diversos lugares.

-Les voy a traer un cafecito, comentó Norma.

-Gracias señora, pero...

-Nada padre, en esta casa son bienvenidos todos y queremos que sientan, en verdad, que están en su casa. Además, no pensará que lo voy a envenenar, verdad?

No bien había hecho el comentario cuando se dio cuenta de que había dicho algo fuera de lugar; incómoda y roja de vergüenza dio media vuelta y se dirigió a la cocina. Lupita salió tras ella.

-Qué te pasa?

-Es largo de contar, luego te digo. Mientras ayúdame, por favor, ya me pegó Ricardo los nervios...

Julián, como siempre, salió al paso con diplomacia y presentó a Narciso más formalmente.

-Nuestro amigo fue invitado por mi para escuchar las amenas pláticas de Ricardo. Espero que, como conmigo, no se sientan incómodos y lo tomen como uno más de nosotros.

 

Narciso veía a todos con cierta desconfianza. Esa mañana, cuando Julián llegó a verlo, le sorprendió que comentara que el señor Arzobispo le había encomendado algunas tareas en la ciudad y por ende debería quedarse unos días más, por lo que había decidido visitarlo y, como argumento principal, señaló:

-La verdad es que no conozco a mucha gente aquí, y me gustaría frecuentarlos más.

-Está bien, contestó el párroco, por mi parte puede Usted, incluso, alojarse aquí, con nosotros...

-No gracias, sería mucha molestia; además, estoy de invitado con el único amigo que tengo en Acapulco, y sería incorrecto abandonar su hospitalidad. Podría pensar que no me acomodó su casa.

Narciso no se sentía muy a gusto con Julián. Sabía que su estancia bien podía obedecer a alguna investigación ordenada por el arzobispo. En el momento en que iba a salir de la casa curial, Julián exclamó:

-Por cierto Narciso, fíjate que mi amigo Ricardo, a raíz de una situación muy especial de su hijo Carlos, comenzó una serie de pláticas, primero con él, luego con el resto de la familia, y ahora su auditorio es ya numeroso. Su forma de contar la historia sagrada es en verdad amena, sin embargo, me gustaría que me acompañaras con el objeto de observarlo y poder contar con algunos comentarios tuyos sobre su forma de ver la religión. Podrías?

Narciso vio primero al párroco, como pidiendo permiso o auxilio para que lo sacara del compromiso, pero el sacerdote prácticamente aceptó en su nombre.

-Claro padre Julián. A Narciso le hace falta salir un poco. Se la pasa encerrado en la parroquia y ésta es una buena oportunidad para que se distraiga.

Narciso no pudo ocultar su incomodidad, pero aceptó con la cabeza.

En el camino, Julián le dio a entender que no estaba muy de acuerdo con algunas de las cosas que Ricardo decía, pero que la amistad le impedía contradecirlo. Que la opinión de Narciso sería de vital importancia para tomar una decisión y, dejarlo seguir, o pararlo en seco.

-Mira Narciso. Después de que Su Eminencia me encargó visitarte por las razones que tú ya conoces, pude darme cuenta de que eres un hombre con una fe bastante bien fincada; es por eso que pido tu auxilio. Está bien?

-Está bien padre, contestó seco el sacerdote.

-Sólo te voy a pedir un favor, Ricardo es un amigo muy querido, si ves algo que no creas que es conveniente, por favor no lo externes abruptamente. Por fuera analizaremos el tema y podremos tomar decisiones, correcto?

-Bueno.

 

-A qué horas empezamos? reclamó Carlos con su siempre bromista agresividad.

-Momento, dijo Ricardo, dejemos que se acaben de servir los refrescos y el café. No se vale que nuestras damitas, tan amables como siempre, se pierdan parte de la plática por atendernos.

-Bravo, gritó Lupita queriendo romper el hielo, así se habla viejito.

-Perdón, dijo Narciso, y que tiempo dura la plática?

-Mucho y poco padre, intervino Carlos, hay veces que nada más nos da atole con el dedo y otras hasta nos picamos alcanzando altas horas de la noche...

-Válgame Dios, dijo Narciso, yo tengo que llegar temprano a la parroquia...

-Ni te apures, aclaró Julián, que te dieron permiso de llegar a la hora que sea necesario; ya le pediremos de favor a Ricardo que nos haga el servicio de llevarnos en su coche...

-Con mucho gusto padre...

-Bueno, ya estamos aquí, dijo Norma tomando asiento a un lado de Ricardo.

-Señores, bromeó Carlos, que arranque el capítulo chorrocientos de la muy afamada Cristonovela...

Narciso se revolvió en el asiento.

-No te espantes amigo, dijo Fidel, así le llamamos a las pláticas de Don Ricardo por que había ofrecido contarnos la historia de Cristo, pero como la ha alargado tanto... pues... ya la bautizamos así...

-Pero eso es una herej....

-...una broma, querido amigo, una inocente broma de estos aprendices de cristianos que necesitan de nuestra guía, intervino presuroso y conciliador Julián.

Ricardo se puso rojo de pena, una pena mezclada con coraje. Estuvo a punto de decirle que si no le gustaba, a él tampoco le gustaba que Narciso estuviera en su casa, que no comulgaba con sus arengas soliviantadoras, pero una mirada severa de Julián le puso quieto.

Los demás no sabían qué decir. Sentían que algo andaba mal, pero no sabían a ciencia cierta qué. Carlos era el único que había reconocido al sacerdote, y varias veces estuvo a punto de decirlo, pero Sonia, siguiendo los consejos de su suegra, le contenía.

La reunión no tenía muy buenos augurios.

-Bueno, ya platicamos del nacimiento de Cristo, de la llegada de los reyes magos y de la adoración de que fue objeto por parte de pastores y animales. La estancia de la familia de Jesús en Belén no puede definirse por completo. Algunos autores manejan la orden de Herodes de matar a todos los recién nacidos como inmediata, pero hay alguno que habla de “dos años después”. Vamos a dejarlo como creo que es más lógico. Una estancia corta que se ve interrumpida por la agresión de Herodes. Si consideramos que José y María no vivían en Belén, es natural creer que el trámite del censo no les llevó arriba de una semana. Lo mismo a Herodes, que esperaba el regreso de los Magos de Oriente a quienes había encomendado le informaran en dónde se encontraba ese al que llamaban Rey de los Judíos o El Mesías y, al ver que éstos no regresaban, dio la orden de asesinar a todo recién nacido. Si José ya preparaba el regreso a casa, vio la necesidad urgente de no sólo precipitar esa salida, sino de ir a otra parte. Pongámonos en el lugar de él. Si yo sé que es a mi hijo al que buscan asesinar, tendría temor de llevarlo a casa, buscaría salvarlo llevándolo a donde no lo buscaran. Así lo hizo José, por eso parten a Egipto en vez de volver a sus propiedades.

-Pero... cómo sabían que era a Jesús a quien querían matar?

-Recuerda que los magos le dicen a José que Herodes había sentido amenazado su trono al saber que la gente decía que había nacido el Rey de Reyes, el Rey de los Judíos, y Herodes era, precisamente, el Rey del pueblo judío designado por los romanos. Claro que para nosotros Herodes enloqueció, pero para las costumbres de la época no era más que una reacción podríamos decir que normal. Ahora bien, cuando José se entera de que los soldados andan asesinando a recién nacidos, no le costó mucho deducir que era a su hijo al que pretendían desaparecer.

Ricardo, al tiempo que hablaba, miraba de reojo a Narciso esperando alguna reacción de él. Pero éste estaba arellanado en el sillón, con los brazos abiertos sobre los laterales, y una sonrisa sarcástica en el rostro que le desagradó profundamente. No se aguantó más y espetó con una cortesía que rayaba en el reto:

-Ojalá y el Padre Narciso nos pudiese comentar que tiene de gracioso el pasaje que acabo de referír. Porque la sonrisa en su faz es enigmática.

-No Don Ricardo, no tome a mal mi complacencia. Lo que pasa es que me parece estar escuchando a mis catequistas, tan inocentes, tan poco preparadas...

La expresión final dio en el blanco. Ricardo se puso rojo como el tomate y estaba a punto de contestar cuando Julián intervino.

-Yo más bien creo que tú pones nervioso a Ricardo. Lo mismo le sucedió cuando yo me agregué a las pláticas. Como que le da pena hablar ante un cura. Claro que conmigo ya tomó confianza, pero contigo... todavía sufre. Sin embargo permíteme decirte que Ricardo no es nada ignorante o inocente. Sabe de lo que habla y hay veces que hasta habla de más. Si te lo diré yo! Pero... no crees Narciso que es muy pronto, apenas unas cuantas frases, para que puedas calificar a mi querido amigo? Espera... espera un poco y ya verás...!

-Nuevamente le pido disculpas Don Ricardo, procuraré no hacer más expresiones desagradables para Usted con mi rostro, afirmó Narciso.

Si bien Ricardo no dejó de notar más sarcasmo en las palabras del cura, ya no hizo mención de ello y continuó con un tema que sabía daría en pleno corazón de su retador.

-Bueno, sigamos. Parte de la infancia de Jesús se desarrolla en Egipto. El resto, ya en su tierra, bueno, en la de sus padres: Nazaret. Es ahí en donde el pequeño hace sus primeros milagros...

-Milagros??!!! casi grita Narciso. Milagros dice usted? Jesús no hizo milagros hasta las bodas de Canaan...

-Pues ahora el que me va a tener que disculpar es Usted, padrecito, porque Cristo hizo no uno, sino varios milagros cuando niño. Una cosa es que la iglesia no acepte esto, y otra que no los haya realizado, contestó Ricardo también levantando la voz.

-Ricardo, por favor, dijo Norma con voz apenas audible, recuerda que el padre es nuestro invitado...

-Perdón padre, dijo de inmediato Ricardo...

-Que perdón ni que ocho cuartos, arremetió de nuevo Narciso. Usted no tiene la más remota idea de lo que está hablando! Podría decirme a que secta pertenece?

Antes de que Ricardo pudiese contestar, Narciso se volvió a Julián y le reclamó ásperamente:

-Y Usted padre, puede decirme cómo es que tolera estas barbaridades? qué clase de cura es?

Julián no había movido un dedo para intervenir esta vez. Pero al reclamo del sacerdote respondió:

-Tan cura como usted, amigo mío, sólo que debemos ser tolerantes con los demás, al menos hasta saber de qué pie cojean, o no? Cómo demonios vamos a contradecir un argumento si antes no conocemos el fondo de éste? Cómo podemos defender la fe cuando no entendemos siquiera lo que piensan los demás. No Narciso, no. No podemos desgarrarnos las vestiduras por el simple hecho de que otro piense diferente, o de que, y escúcheme bien, conozca más que nosotros o cuando menos acepte algo que quizá nosotros sabemos pero por canon no podemos o debemos aceptar. Este es el momento preciso de escuchar. Primer conozcamos al enemigo... y después planeemos el contra ataque...

La voz de Julián había subido de tono también. Conforme hablaba se estremecía. Incluso hubo un momento en que se levantó de su asiento y la última frase la dijo señalando a la faz de Narciso. Sin embargo, tras esto, se enderezó, tomó aire, y dijo más calmado:

-Déjelo hablar. Escuchemos sus argumentos y ya después platicaremos usted y yo... por favor...

Nadie dijo una palabra. Todos estaban estupefactos. La única con la ira reflejada en el rostro era Norma. Le molestaba mucho que agredieran a Ricardo, y Narciso se había sobrepasado.

-Podría pedirles, dijo al fin ella misma, por favor, que dejáramos el resto de la plática para mañana? Siento que es necesario...

-Tienes razón, dijo Julián levantándose de su asiento nuevamente, vamos padre Narciso... buenas noches a todos...

-Buenas noches padre Julián, corearon todos sin moverse de su sitio.

Julián, al llegar a la puerta, se volvió y, como gesto amistoso, les dio la bendición; salió tras Narciso y cerró la puerta calladamente.

Pasaron varios segundos más para que se moviera el primero de los que quedaban. Fue Carlos.

-Si me hubiesen dicho que iba a estar este curita aquí yo no vengo, dijo molesto.

-Francamente ni yo, agregó Sonia.

-Un momento, dijo Ricardo, un momento. No quiero que se vayan aún. Les voy a contar el por qué estuvo aquí ese hombre...

Y Ricardo les narró rápidamente lo que había sucedido y lo que había aceptado hacer en favor de su amigo Julián.

-Pero papá... estás loco? Ese hombre más que un cura es un verdadero demonio...! despotricó Carlos.

-Y vaya que sí lo es... agregó Norma.

-Puede ser así, dijo Ricardo, pero creo que deben todos ayudarme. Ahora soy yo el que les pide ayuda. No podemos dejar a Julián solo en esto. Por favor...

-Mira viejito, intervino Lupita, la verdad es que es un verdadero reto, y me siento orgullosa de ser tu amiga por el simple hecho de haberlo aceptado. Creo que debemos ayudarle, dijo dirigiéndose a los demás.

-Yo también lo creo, comentó Fidel, sé que entre el padre Julián y usted, Don Ricardo, pueden con el paquete, nosotros sólo les podemos servir de acompañantes, pero pues... podríamos decir que como guaruras, no? Como pa’que le de miedo al curita.

Todos rieron ante la ocurrencia de Fidel y el ambiente se relajó.

-Bueno, pues ahora sí buenas noches, señaló Ricardo, y gracias a todos...

-Gracias a Usted Don Ricardo.

El único que iba con la cara larga era Carlos.

-Carlos, hijo, espero que no faltes mañana...

-La verdad es que vendré nada más por ti, pero si ese curita se vuelve a mandar...

Sonia le tomó del brazo más como solidaria acción ante sus palabras que para frenarlo.

-Hasta mañana a todos...

Cuando quedaron solos, Norma dijo a Ricardo:

-Mira amor, creo que debemos tomar las cosas con calma, sobre todo si en verdad estás dispuesto a enfrentarte al curita ese. Antes que nada, debemos mantener la calma. Hoy la perdimos. La perdiste tú, la perdió Julián, la perdió Carlos y hasta yo la perdí. Recuerda que el que se enoja... pierde!

-Muy cierto. La verdad es que desde su entrada yo ya estaba predispuesto contra el Narciso famoso, pero tienes razón: debemos mantener la calma.

De repente, Ricardo recordó que se había ofrecido a llevar a Julián y a Narciso en su coche a la parroquia. Con un rápido “ahorita vengo”, dejó a Norma, salió apresurado y alcanzó a verlos en la parada del camión.

-Julián... Julián... gritó para que le escucharan.

Julián volteó e hizo señas con la mano. Ricardo llegó jadeante.

-Perdón, me olvidé por un momento del ofrecimiento...

-No te preocupes Ricardo, dijo el padre Julián, yo sabía que necesitabas unos minutos para estar con tu gente.

Narciso se hacía el loco volteando para otra parte.

-Bueno, pues si me hacen el favor, vamos a sacar mi auto del estacionamiento...

-Vamos, exclamó conciliador Julián tomando del brazo a Narciso y guiándolo casi a fuerzas.

-Padre... musitó Narciso.

-Templanza, mi querido amigo, templanza...

 

Mientras sacaba el auto del estacionamiento, Ricardo tuvo una idea.

-Oye... dijo a Julián ignorando a Narciso, es aún temprano. Qué te parece si nos tomamos un cafecito por ahí?

-Yo lo siento mucho, intervino Narciso, pero tengo mucho que hacer en la parroquia. Les suplico que me dejen bajar, ya tomaré un taxi...

-Ahhh no padre, dijo Ricardo, a mi no me va a dejar picado... ahora la bebe o la derrama!

-Qué quiere decir con eso? reclamó Narciso airado.

-Que la verdad es que Usted y yo tenemos que comernos un pollito... y no le vamos a dar más vueltas al asunto... estamos? respondió entre serio y broma Ricardo, lanzando el reto.

-Bueno, aclaró el cura, qué de verdad se siente usted muy gallito?

Julián callaba mientras la clásica sonrisa de sorna se dibujaba en su rostro. Las cosas iban encajando.

-Pues acépteme el café y veremos de qué cuero salen más correas... respondió Ricardo.

-Saben una cosa?, dijo calmado Julián, creo que no es el momento preciso porque los ánimos están aún muy caldeados, pero qué les parece si lo dejamos para mañana? Es más, señores, la tarea de esta noche es, precisamente, la infancia de Jesús. Estamos? terminó parafraseando a Ricardo.

-Estamos, dijo retador Narciso.

-Estamos, afirmó Ricardo.

-Sólo una cosa, advirtió Narciso, que no sea para mañana, sino para pasado mañana. Tengo que prepararme, la verdad.

-Concedido, asentó Ricardo.

 

De regreso a casa, Julián le dijo a Ricardo:

-Espero que no hayas tomado en serio lo que dije “del enemigo”.

-No, claro, yo te entiendo.

-Pues vaya que no es una perita en dulce el Narciso, no?

-Sí, la verdad no esperaba esa reacción ni tan pronto. Yo pensé que me iba a dejar hablar y luego atraparme con mis propias palabras, pero le falló la táctica...

-Así son todos los radicales, primero hablan y luego piensan. Eso es lo que les diferencia de nosotros, mi querido Ricardo, y lo malo es que te dejaste llevar...

-Tú también, no lo niegues!

-Cierto, pero nada más de pensar en llevarlo al pueblo me enciendo...

-Pues, como dice Norma, hay que conservar la calma...

Tras dejar el carro en el estacionamiento, entraron a la casa festejando un chiste que Julián le había contado a su amigo.

-Qué pasó?, dijo Norma medio molesta, te saliste como loco y desapareciste...

-Nada mujer, nada. Lo que pasa es que recordé que había prometido llevar al santo y al diablo a su parroquia...

-Me dejaste preocupada...

-Perdón, dijo Julián, pero este loco le cumple hasta a sus enemigos, por lo que veo...

-Bueno, pues buenas noches... que ya mañana será otro día... dijo Ricardo sonriente.

-Buenas noches, dijo Julián palpando del hombro a Norma.

 

Ricardo, tienes a la mano los libros que te regalé? preguntó el padre Julián después de saludar a Norma con un beso de buenos días en la mejilla.

-Claro, están en la biblioteca... los necesitas?

-Sí, por favor, se los voy a llevar a Narciso...

-Ahhh, que chistoso! A él le ayudas y a mi que me lleve el diablo, no?

-Shhhh... ya se nombra muchas veces al maligno en esta casa, y eso no está bien. Mira, no es tanto para ayudarle, sino para que vea en qué te basas. Que se dé cuenta de que hay otros libros, otros evangelios, otros documentos que, si bien no son reconocidos como canon por la iglesia, existen. Es una forma de convencerlo de antemano para que prepares tus argumentos. Te recomiendo basarte en lo que estás leyendo. Ese, el de los evangelios apócrifos, te lo dejo. Los demás se los llevo a él para que, al buscar información que de seguro no va a encontrar en la parroquia, se dé cuenta de lo que digo.

-Tienes razón... ahorita te los traigo, dijo Ricardo al tiempo que le invitaba a sentarse a la mesa para desayunar.

-Oye Julián, inquirió Norma al ver salir a Ricardo, no crees que es demasiada tensión para mi marido?

-No hijita, no. Ricardo puede con eso y más. Estoy seguro de que le va a dar un buen revolcón a Narciso. Es más, espero que lo haga para que quede blandito y yo le dé la estocada final, contestó jocoso el sacerdote.

-Sólo espero que no vaya a ser al revés y entre Ricardo en esa desesperación que había entrado cuando fuimos a tu pueblo...

-Ahhh pero eso es lo de menos, ahora ya no tendría que ir hasta allá, pues me tiene aquí, no? concretó con voz de celebración Julián.

Norma sólo sonrió. Le gustaba la forma de ser del curita. Ella, que no confiaba mucho en los curas a pesar de ser una buena creyente, se sentía a gusto con Julián.

 

Cuando Julián partió a la parroquia, Ricardo se encerró en la biblioteca y comenzó a tomar notas sobre la infancia de Jesús, los documentos y sus detalles. Norma entró casi en silencio y se sentó a un lado a tejer.

-Nonis, me harías un favor?

-Sí, dime...

-Mira, llama a los muchachos y diles que hoy por la noche no habrá reunión, pero que se preparen para mañana porque será el agarrón del año...

-Por qué? preguntó dudosa...

-Porque Narciso aceptó ayer una confrontación de ideas para mañana en la noche. Yo le había dicho que hoy, pero pidió un día más para prepararse.

-Ahhh, con que esas tenemos eh?

-Anda, no seas mala, ve a llamar a los muchachos y si preguntan por qué, cuéntales todo.

-Bueno, dijo Norma sonriendo y moviendo la cabeza de un lado a otro.

 

El día fue corto para ambos. Cada quien en su trinchera se preparó lo mejor que pudo. En la parroquia, ante la sorpresa del párroco, Julián y Narciso no salieron para nada de la casa cural, metidos en un montón de libros y enfrascados en una apenas audible discusión. En casa, Ricardo hacía mil comentarios con Norma como si ésta fuera su público oidor.  El párroco no quiso preguntar de qué se trataba. Norma no quiso dejar solo a su marido.

Cuando llegó Julián por la noche, Ricardo le esperaba impaciente.

-Qué pasó? preguntó ansioso.

-Nada mi querido amigo, que ya tienes listo el cordero...

-Cómo?

-El pobre hombre ni siquiera conocía la existencia de los apócrifos. Bueno, sabía de su existencia, pero no los conocía. Lo único que sabía era que eran libros prohibidos por la iglesia... pero yo lo saqué de su ignorancia y, como soy un curita, y muy viejo, y chapado a la antigua, el señor comprendió que podría haber algo de verdad en todo esto...

-Entonces...? Ya no vendrá?

-Claro que vendrá! Dice que quizá no hubiese sabido discutir por su ignorancia sobre éstos, pero que ahora bien puede darte una revolcada...

-Anda!, dijo Norma celebrando la gracia...

-Ya veremos, dijo medio serio Ricardo, ya veremos...

 

Norma se encargó, más esmerada que nunca, de preparar una buena cena. Buscó entre los discos de su marido y puso el modular listo para tocar en cuanto se necesitara. “La buena música doma al más feroz de los animales” pensó para sí. Ricardo no había salido de la biblioteca en todo el día. Apenas probó el par de emparedados que le llevó Norma a mediodía. Julián, cumpliendo sus deberes, salió temprano a la parroquia. Al sonar las campanadas del reloj anunciando las siete de la noche, un toquido se escuchó a la puerta.

-Buenas, saludó Carlos espiando al interior, todavía no llega satán?

-Carlos! exclamó Norma, como quiera que sea es, a más de un sacerdote, un invitado; te ruego que le guardes el respeto debido, si quieres que él se vea obligado también a respetar esta casa...

-Perdón, lo dije por decir...

-Hola suegra, saludó Sonia al tiempo que le daba un beso en la mejilla.

-Qué pasó hija? Cómo estás?

-Bien, el que está que pela habas es Carlos. Dice que no se perdería este encuentro por nada del mundo...

-Oh vaya, es mi padre, no?

No bien cerraban la puerta cuando Lupita la detuvo y pasó muy salerosa.

-Hola manita, qué? Ya llegó el curita?

-No, aún no pero no deben tardar.

-Ahí viene Fidel, dijo Norma, pasen todos a la sala y tú Sonia, por favor ven a ayudarme.

-Sí suegra, con gusto...

Al entrar Fidel volteó para todos lados.

-Buenas... no ha llegado?

-Vaya con los pajaritos, dijo Ricardo que salía de su oficina, todos están pendientes del curita. Y yo? por qué nadie pregunta por mi?

-Charros viejito, dijo Carlos con su alegría de siempre, no seas celoso! Todos estamos de tu lado, pero bien vale la pena ver cómo te deja el tal Narciso...

-Gracias... muy amable...

-Bueno, yo creo que debemos establecer una estrategia, dijo Fidel como tomando el mando muy serio.

-Una qué? preguntó Carlos

-Una estrategia, zonzo, una forma de prepararnos para el ataque...

-Vamos muchachos, que no se trata de una guerra... lo mejor es que, conforme lo he planeado, todos participen hoy más que nunca. Que hagan preguntas, que despejen sus dudas...

-Huyyyy jefe, pues entonces te vamos a agarrar a dos fuegos... dijo Carlos

-No. Precisamente esa es “mi estrategia”... cuando ustedes pregunten algo, algunas de esas preguntas se las voy a endilgar a Narciso y, tras lo que él diga, yo lo acompleto... o lo rebato... me entienden?

-Caray Don Ricardo... yo no lo quisiera de enemigo...

-Y dale con el enemigo... qué no ven que así es precisamente como actúa Narciso, considerando enemigo a todo el que no comulga con su forma de pensar, esa forma de pensar que él siente o cree que es la de la iglesia?

-Tu padre tiene razón, intervino Lupita.

-Bueno, pues entonces te aguantas porque de que vamos a cuestionarlos... los vamos a cuestionar!

Dos toques muy ligeros indicaron que Julián estaba a la puerta. Al abrir, el primero en entrar fue Narciso, jovial, casi podría decirse que alegre.

-Buenas noches a todos, dijo con una sonrisa de oreja a oreja.

-Buenas noches padre, contestaron viéndose unos a otros con extrañeza.

-Hola hijos, saludó el padre Julián. No lo van a creer, pero Narciso estaba dando lata desde las cinco de la tarde. Que a qué horas nos íbamos a venir? que si ya era hora... que se nos hacía tarde... bueno, me acatarró como no tienen una idea...

-Antes que nada, indicó Narciso, quiero pedirles una disculpa por mi comportamiento de anteayer. La verdad es que no quisiera que tuvieran una mala impresión de mí...

-Pues bienvenido padre, dijo sonriente Ricardo, pase por favor. Usted escoja el asiento para que no diga que lo sentamos en el banquillo de los acusados.

-No Don Ricardo, ni piense eso... por favor...

-Buenas noches señores sacerdotes, dijo Norma contagiada del buen humor que reinaba, como esta es una ocasión especial, primero pasaremos a la mesa a tomar un pequeño refrigerio, y después comenzará el debate...

-Ahhh vamos, dijo Narciso, por lo que veo piensan dejarme medio turulato a base de comida, verdad?

-Y música, dijo Norma al tiempo que encendía el modular.

-Vaya, esa es música de viejitos, comentó Narciso...

-Caramba, dijo Carlos casi gritando, hasta que estamos de acuerdo en algo...

-Pero es buena música, eso ni duda cabe, agregó Julián.

Ya a la mesa, Ricardo empezó con su primer estrategia. Recordando lo sucedido con Julián, comenzó a preguntarle a Narciso sobre su origen y sus estudios. Narciso no necesitó mucho para soltarse hablando sobre sí mismo. Era un radical, y como tal egocentrista. Así es que el primer paso daba sus buenos resultados. Julián, miraba de reojo a Ricardo con un gesto de complacencia.

-Pues mi buen Don Ricardo, yo vengo de la tierra. Es decir, soy hijo de campesinos. Nací en un pueblito remontado en la intrincada selva que ocupa los límites de los estados de Veracruz y Chiapas. Contra lo que pueda pensarse, no nos moríamos de hambre. La tierra era pródiga, tanto en lo cosechado por el hombre como en sus frutos silvestres. Bastaba levantar la mano para tener algo que llevarse a la boca. En cuestión de salud tampoco sufríamos mucho que digamos; no había más que un doctor que vivía como a 70 kilómetros del pueblo donde yo vivía, pero teníamos una curandera que es -o era- una maravilla. Se daba el lujo de curar lo mismo a un desbarrancado -por que vaya que hay barrancas en esa zona- que a un herido de bala -que son seguiditos porque ahí todo se arregla a balazos- de tal suerte que no nos hacía falta el doctorcito famoso.

Mi infancia corrió feliz; el campo era mi patio de juegos y los animales mis compañeros de aventuras. Con decirle que tenía yo una nauyaca del doble de grueso que las mangueras de los bomberos...

-Perdón por la interrupción, dijo Fidel, pero... qué es una nauyaca?

-Una serpiente, una serpiente tan grande que se come a los tigrillos enteros... sin mentirles, la mía tenía al menos 30 centímetros de grueso. Son animales, contra lo que piensan los citadinos, útiles para el campesino. Su dieta comprende sobre todo animales rastreros como la rata de campo, los mapaches y ese tipo de animalitos que, si bien no son dañinos al hombre, sí lo son para la siembra. Así que mi Nuya, como yo le llamaba, tenía a buen recaudo los sembradíos de la zona, entre ellos el de mi padre, como es lógico.

Había un sacerdote que venía cada dos meses a confesarnos y darnos la comunión. El pobre era más pobre que nosotros mismos. Cada que venía mi padre le regalaba un par de huaraches, de los que se usan por allá, con suela de vaqueta y correas de cuero. Era un buen hombre. El fue el que me metió la idea de ser cura. Me hablaba de Dios, de su creación, de sus consejos y normas... hasta que un día le dijo a mi padre: Laurencio, me llevo a tu hijo. Lo voy a meter a la escuela y luego al seminario, porque este cabroncito va a ser cura... y aquí me tienen.

-Vaya, que vida más interesante la suya, padre Narciso, dijo honestamente Ricardo.

-Y luego... qué paso? urgió Carlos.

-Bueno, pues ya en Jáltipan, pueblo perteneciente al Estado de Veracruz y donde tenía su parroquia el padre Simón -que así se llamaba el curita- comencé a estudiar en una escuelita de paredes de adobe y techo de ramas, pero que mi me parecía un palacio con su pizarrón y sus bancas. Me atrajo mucho el hecho de convivir con muchos otros chamacos de mi edad.

Así pasaron cinco años. Terminé la primaria con puro diez, lo que llenó de orgullo a mi padrino Simón. “ahora sí, dijo, nos vamos a ver a un amigo que tengo en el seminario de Puebla pa’que te metas a estudiar para sacerdote”

Les seré franco, después de vivir en Jáltipan, de ver como los desgraciados gringos -o lo que fueran, algunos dicen que suizos- estafaban y abusaban de los campesinos que se iban a trabajar a la azufrera, yo ya no quería ser sacerdote, sino líder obrero para reivindicar a esos hombres a quienes veía yo regresar todos cenizos y arrastrando los pies de cansancio a su casa.

Para ese entonces ya me había vuelto medio rebelde. Las órdenes dadas por cualquiera me caían en la punto de la nariz -excepto, claro, las de mi padrino, a quien yo adoraba- y me hacía rabiar el sólo hecho de escuchar a alguien gritarle a otro.

Comencé a tomarle gusto a las armas -por allá también son casi como la cobija, siempre colgadas a la cintura o al hombro- el que menos tenía llevaba cruzado el machete. Pero las que más me gustaban eran las carabinas. Ver una me hacía pensar en esos hombres de los que habla la historia y que dieron libertad a México. Cómo soñaba yo con una guerra que liberara de nuevo a mis compatriotas y yo al frente, con tremendos galones colgando de las hombreras y montado en un penco bien cuajado, azabache, como el de la canción... Bueno, pero creo que ya acaparé la charla...

-No padre, no, sígale, dijo Fidel embelezado.

-Mira Narciso, en esta casa hay una costumbre -dijo Julián- y es que todo el que llega a ella debe de confesarse...

-Oyeeee! reclamó Ricardo...

-Nooo? Si a mi también bien que me sopearon cuando vine por primera vez... dijo haciendo un guiño apenas perceptible por el propio Ricardo.

-Bueno, es que... uno quiere saber, primero por cortesía, pero luego se torna interesante y... pues...

-No se preocupe Don Ricardo, que yo bien lo entiendo... dijo condescendiente el cura.

-Y luego? preguntó Carlos.

-Pues entre que mi padrino me llevaba a Puebla y no, las cosas se pusieron feas. Un día, uno de los capataces de la azufrera, borracho, jaloneó a una amiga mía. La infeliz chamaca apenas tenía doce años, pero, ustedes saben, en esa zona a esa edad una niña ya es una mujer hecha y derecha. Muchas se casan incluso a los once. Pues resulta que cuando la tenía en el suelo pasamos un grupo de amigos, uno de los cuales traía una pistola que le acababa de regalar su tío; no tardamos más en ver el atropello que en lanzarnos sobre el capataz. Era un hombrón de unos treinta y tantos años, fuerte como un roble, y nosotros chamacos enclenques que frisábamos en los doce, así es que entre todos no podíamos con él. No bien se le había aventado uno de nosotros, cuando ya salía volando. Mi amigo, sumamente enojado por la impotencia, sacó su pistola y le grito: “No te muevas desgraciado, o te perforo!”, pero el capataz soltó una tremenda carcajada de burla que se convirtió en un rictus mortal cuando la bala entró en el pecho, directamente al corazón. Y ya sabrán, la policía, siempre vendida a los patrones extranjeros, nos comenzó a buscar. Sabían quiénes éramos y cuántos. Los cargos, parejos para todos, eran por asesinato. La pobre chamaca se vio obligada a declarar en contra nuestra tras una noche en el cuartel. Yo me escondí en la misma sacristía y, cuando llegó mi padrino Simón, tras tremendo sermón me indicó que no saliera para nada de su propio cuarto. Así pasaron casi diez días. La policía ya había apresado a otros dos de mis compañeros y, al parecer, se dieron por bien servidos y abandonaron la búsqueda de los demás. Una noche, mi padrino ordenó que hiciera mis maletas y, a escondidas, me sacó del pueblo en un camión lechero...

-Ahh pa’venturitas, señor cura, dijo Fidel.

-Sí verdad?, pero lo interesante de esta aventura, como tú le llamas, es que más que ninguna otra cosa fue la injusticia que se cometió, primero por el capataz, y luego por los policías. A uno de los muchachos que agarraron, precisamente al de la pistola, le aplicaron la ley fuga.

-Ley fuga? Qué es eso? preguntó Silvia.

-Sacan al preso de su celda, le dicen que lo van a llevar al penal grande y, en el camino, lo bajan y le dicen que no pueden encerrarlo, que su familia ya les dio dinero y que puede irse pero que le corra. Cuando éste se confía y pega la carrera, le disparan por la espalda y alegan que se intentó fugar y tuvieron que matarlo. Esa es la ley fuga y esa la justicia en esas tierras... y en muchas otras de nuestra querido México... hasta la fecha.

-Caray, padre Narciso, vaya que sufrió usted una amarga experiencia, dijo muy serio Ricardo.

-Y luego? insistió Carlos.

-Pues entré al seminario... el seminario de Puebla es grande, funcional, hermoso. Yo lo vi -a ese sí- como un palacio. Cuando llegamos mi padrino y yo, no dejaba de voltear a ver a los seminaristas, todos vestidos de negro y luciendo una seriedad casi sepulcral. La verdad es que me dio miedo, pero el edificio me atrajo. No lo conocen? Es inmenso, tiene al menos seis alas, unas destinadas al estudio, otras a los dormitorios y otras a los comedores y los baños. Ahí conocí a muchos amigos, algunos de mi edad, otros mayores. Venían de todas partes. Al principio, los maestros, todos ellos sacerdotes, me veían con cierta desconfianza pues mi padrino se vio obligado -por cuestiones morales- a confiarles lo sucedido y muchos de ellos pensaban que no era yo tan inocente como aparentaba. Uno de  ellos, incluso, me cuestionó un día frente a mis compañeros, así, de golpe: “Y qué se siente matar Narciso?” Yo sentí que el suelo se me hundía y metí la cara entre mis brazos. Me sentía arder de vergüenza. No supe qué responder y me solté llorando. “Ahhh, así es que aquí si muy mariquita, no?” dijo el hermano, “pues ya te estás fajando los pantalones y dejas de llorar”.

En cierta forma la actitud del hermano me ayudó. Los demás seminaristas me veían con temor. Todos me trataban muy bien, pero con temor. Muchos me comenzaron a contar sus penas con otros y me pedía que yo interviniera. Al principio no lo hice, pero un día uno de ellos me contó que otro le había quitado una cadena con la medallita que le había regalado su madre al ingresar al seminario. Me dio rabia y encaré al acusado. Cuando me le paré enfrente, al ver al otro tras de mí, el seminarista se puso como tomate, metió la mano a la bolsa del pantalón y sacó lentamente la cadena con la medalla. Yo no dije nada,  sólo le hice la seña de que se la entregara al otro y musitó una disculpa. Eso bastó para que me ganara el “cargo” de protector. Gracias a Dios nunca tuve enfrentamientos. Bastaba que los mirara feo para que doblaran las manos. El Padre rector nada más me sonreía cuando se enteraba de otra audacia mía.

Así pasaron los años y me ordené sacerdote. Mi primera misión fue a una pequeña iglesia de un pobladito mixteco, allá por Oaxaca. Un par de años después, me trasladaron a una parroquia adscrita a San Cristóbal de las Casas. Ahí sí que vi sufrir a la gente. Enfrentamientos entre razas, credos, y hasta por linderos. Había muertos a cada rato. Pero lo más duro era la cacería que hacían los evangélicos y los testigos de Jehová contra los grupos católicos que, cosa curiosa, en esa zona son minoría. -En ese momento, Julián hizo con los ojos una seña apenas perceptible a Ricardo- No sabe ustedes la rabia que me dio un día que, mientras almorzaba, llegó corriendo una señora que nos vendía pollo. Venía hecha un mar de lágrimas. Era tanta su desesperación que apenas se le podía entender lo que decía. Tras ella venía otro joven, descalzo, como casi todos los de por allá, que me hizo la seña de que lo siguiera. Salimos a caballo y al galope llegamos a un pequeño caserío apenas distante unos cinco kilómetros de la parroquia. El espectáculo era horrendo. Había muertos por todas partes, muchos otros heridos; unos mutilados a machetazos, otros más con los pechos floreados por las balas asesinas. No había uno sólo sano. Incluso el muchacho que me llevó, y lo noté en ese instante, tenía un balazo en el muslo que casi le arranca la pierna.

Casi tras nosotros llegó una partida militar. Qué pasó padre? preguntó el capitán. No sé... no sé nada todavía... acaban de traerme... contesté todo confundido. El ejército se encargó de levantar a los heridos y sepultar a los muertos. Yo sólo me concreté a darles los santos óleos y auxiliar a algunos heridos. Había de todo, mujeres, ancianos, niños despedazados con salvajismo.

Una señora, que estaba recostada contra un tronco, con la garganta cercenada por un machetazo, apenas pudo decir: “fueron los testigos de Jehová, los güeritos...” Esa sí fue una amarga experiencia. Por desgracia, a ésta le sucedieron muchas otras. La muerte reinaba en cada camino, en cada lindero, en cada casa...

-Padre... dijo Ricardo al ver sollozar a Narciso, si no se siente bien... podemos dejar el relato hasta ahí...

-No, perdonen ustedes, pero el recuerdo me muerde como una serpiente ponzoñosa. Arde el alma al ver como el hombre se mata entre sí por nimiedades. Ojalá y nos matáramos por algo bueno...

Julián arqueó las cejas y se levantó, acercándose a Narciso.

-Llora hijo, llora, es la mejor manera de soltar todo lo que traemos entre pecho y espalda...

Sin embargo, Narciso levantó la mirada y, recobrando la compostura, dijo a todos:

-Disculpen, tal parece que yo vine a ser la controversia en esta casa; primero el exabrupto de antenoche, y ahora el teatrito este...

-No padre Narciso, no lo diga de esa manera, arguyó Ricardo, no se le ve mal en esta casa en la que todos pasamos por momentos duros y exabruptos como el suyo... somos humanos padre... y le comprendemos... somos... somos sus amigos... concluyó diciendo como con trabajo, pero con mucha sinceridad.

-Nadie quiere más café?, invitó Norma para romper la tensión que había en ese momento.

-Yo sí... por favor, dijo el propio Narciso sonándose estruendosamente.

-Yo también mi amor, agregó Ricardo.

-Bueno, agregó Julián, ya que todos estamos unidos... pues venga el cafecito. Pero el mío con canelita... eh?

-Claro que sí Julián, dijo amablemente Norma.

-Pasamos a la sala? indicó el anfitrión.

-Pasemos, pero yo creo que vamos a tener que dejar el debate para mañana, mi querido Ricardo, porque ya se hizo noche y tengo que entregar buenas cuentas de mi protegido... sobre todo porque hoy no nos llevará Ricardo.

-Gracias padre Julián, dijo con sinceridad Narciso, sólo que antes nos tomamos ese cafecito que me ofrecieron...

-Ese es mi gallo, dijo Fidel asombrando a los demás con su expresión.

-Vaya, dijo Gloria, ahora me resultaste gallero!

Todos soltaron la carcajada.

-Bueno padre Narciso, comentó Ricardo, entonces dejemos el debate para mañana. Qué le parece a la misma hora, ya entradita la tarde...

-Me parece bien, así tengo más tiempo para preparar mis argumentos.

 

La mañana se presentó luminosa. Ricardo salía del baño cuando Julián se le acercó.

-Qué te pareció lo de anoche?

-Bueno, ya que lo preguntas y dado que anoche no tuvimos tiempo de platicar, permíteme decirte que ahora comprendo la aversión que siente Narciso por los que no profesan nuestra religión y, sobre todo, contra los testigos de Jehová...

-Yo también... pero eso no justifica que use el púlpito para arengar a los fieles...

-No... claro que no! pero al menos ya sabemos de donde viene la rabia... y creo que podemos controlarlo, no crees?

-Sí, creo que sí...

-Bueno, qué te parece que nos desayunemos y preparemos algo para acercarnos más a él?

-Así sea...

 

Tomando el desayuno, Ricardo parecía ausente. Norma le miraba con cierta preocupación, pero no dijo nada. Julián, que ya le conocía, sabía que algo tramaba.

-En qué piensas?

-En Narciso. Creo que ya tengo una forma de llegar a sus sentimientos...

-Cómo?

-La verdad me sería difícil de explicar... pero, por qué no nos esperamos para esta noche?

-Como tú digas... ya sabes que confío plenamente en ti.

-Gracias mi querido amigo...

 

Mientras el sacerdote salía a su ya acostumbrada visita a la parroquia, Ricardo se encerró en su biblioteca, no sin antes advertirle a Norma:

-Por favor mi vida, podrías evitar que me molestaran? Voy a estar en mi despacho...

-Sí Ricardo, no te preocupes...

 

Lupita llegó como a las doce e invitó a Norma a salir de compras. Eso le permitió a Ricardo mayor privacidad. Como si alguien les hubiese avisado a los demás, por cerca de cinco horas no sonó ni el teléfono ni el timbre de la puerta.

 

Pasadas las seis y media, cuando llegaron todos, encontraron a Ricardo cómodamente sentado en su mecedora, leyendo muy tranquilo y con una expresión de satisfacción.

-Y ahora? Qué te pasa viejito...? dijo sonriendo Carlos.

-Nada.... nada... contestó misterioso Ricardo.

-Tú algo te traes, dijo Norma.

-Nada incorrecto, señaló, pero sí algo muy interesante... espero que todos me ayuden tal y como lo ofrecieron...

-Claro que sí Ricardo, dijo Lupita. Tú sólo dinos qué debemos hacer...

 -Miren, pienso provocar a Narciso en algún momento de la plática. Ustedes, Carlos, Fidel, Gloria y Silvia, se pondrán de su lado. Norma, Lupita y Sonia del mío. No le digan nada a Julián para que él adopte la posición que más considere conveniente, esa será mi medida.

-Bueno, dijo Fidel medio intrigado, pero de qué forma nos vamos a poner de su lado?

-De ninguna Fidel, de ninguna. Ustedes sólo defenderán los argumentos de Narciso. Creo que eso no les será difícil pues precisamente los escogí porque ustedes son los que siempre argumentan, siempre tienen dudas. En otras palabras, les doy la oportunidad de expresar todo lo que sientan, sin frenos. Entendido?

-Ahora bien, dijo Carlos con su sorna de siempre, eso quiere decir que te podemos hacer garras, verdad?

-Más o menos, contestó Ricardo.

-Bueno, dijo Lupita, pero y nosotros cómo te vamos a apoyar? Si estamos igual que ellos, ignorantes de casi todo lo que platicas, de todo lo que nos das a conocer...

-Ya lo sabrás. Primero que nada porque apelaré al sentimiento y, para eso, nadie mejor que una mujer madura, como ustedes...

-Anda, replicó Carlos, ya les dijo viejas...

-Vete a volar, espetó Sonia... dijo maduras! pero de madurez, no de viejez...

La charla siguió entre seriedad y broma hasta que, en punto de las siete de la noche, Julián entró del brazo de Narciso.

-Hola a todos, dijo el sacerdote.

-Buenas noches padre Julián, contestaron casi al unísono.

-Buenas, dijo Narciso con un gesto de confianza que contrastaba con la adustez con que llegara cuatro días antes.

-Bienvenido padre, exclamó Ricardo, pase por favor, ya sabe que está en su casa...

-Gracias Don Ricardo, gracias. Tal parece que así es. Me siento en confianza, y mire que es raro en mí.

-Pues qué bueno, agregó Norma, porque nos gusta tener amigos como Usted. Qué tal un cafecito? o prefieren un refresco...? está haciendo bastante calor!

-Tiene razón señora, le acepto el refresco, gracias.

-Y tú, Julián?

-Yo prefiero cafecito, gracias.

-Bueno, dijo Ricardo, creo que ahora sí vamos a tener nuestra charla cotidiana...

-Ya era hora viejito... exclamó Carlos, esta cristonovela se está haciendo eterna...

Narciso no dijo nada, ni su rostro mostró expresión alguna que condenara las frases de Carlos. Era buena señal.

-Bien, la última vez nos quedamos en que Jesús había hecho algunos milagros cuando niño... comentario que causó que Narciso casi me pegara...!

-Por favor, Don Ricardo... dijo apenado Narciso.

-No te preocupes, mi querido amigo, y perdón por el tuteo pero me siento un poco más a gusto así. Me lo permites?

-Naturalmente Don Ricardo...

-Pero tú también quítale el don...

-Está bien... adelante...

-Pues yo quisiera, antes de continuar, explicar el porqué me refería a esos milagros. Creo que ya Narciso debe haberse documentado sobre los evangelios apócrifos o pseudo evangelios y otro tipo de documentos de los que, con ustedes, ya he hablado.

-Así es...

-Bueno, pues no sé si lograste encontrar que es precisamente el protoevangelio de Santiago, al que me he estado refiriendo, el que narra no sólo la vida de José y María, sino también algunos aspectos no conocidos, o conocidos por pocos, de la infancia de Jesús...

Ricardo hizo una pausa a propósito para dar oportunidad a Narciso de que respondiera o comentara algo, sin embargo, éste se quedó callado y observando atentamente al charlista.

-...sin embargo, quiero decirles que, aunque esos documentos existen, han sido objeto de profundas investigaciones, traducciones y, por ende, con toda seguridad modificaciones que no nos garantizan el que llegaren a nosotros tan fieles como su original.

El texto del protoevangelio fue traído de Constantinopla por el célebre orientalista francés Guillaume Postel allá por 1550/60. Este hizo una traducción latina editada por Teodoro Bibliander. En 1564, Michel Neander dio también a Basilea, y al mismo impresor, la edición Princeps del texto griego, según un manuscrito que ha desaparecido. Se tiene registrado que, precisamente el manuscrito del que se sirvió Postel se perdió...

-Perdón Ricardo, interrumpió Narciso, pero eso quiere decir que son argumentos basados en una posible mentira. Es muy fácil decir que “existía” un documento que decía tal o cual cosa y luego argumentar que desapareció...

-Claro! Sin embargo, no estamos hablando de charlatanes, sino de científicos e historiadores plenamente reconocidos en su época y que no serían capaces de una jugada tan nimia. Entiendo que la iglesia luchaba por implantar el canon, pero eso precisamente nos da la oportunidad de pensar que, como lo registra la historia en muchos otros documentos que si bien no desaparecieron sí ocultó, fuera la responsable de la desaparición de ese manuscrito.

-Esa es una acusación que se ha repetido a lo largo del tiempo, dijo Narciso, pero que no ha sido probada!

-Claro que ha sido probada. Es más, la iglesia misma ha reconocido que existen algunos de estos documentos. Incluso el término “apócrifo” lo aplicó ella misma a estos, y con la mira -como ya les he platicado a los demás- de hacerlos pasar por “falsos” cuando en realidad el término mismo significa “secretos”. Pero no es el caso de discutir si existieron o no. El caso es reconocer que existen muchas variantes en las diferentes traducciones... no sólo de esos documentos, o del protoevangelio de Santiago, sino en la misma Biblia, en el mismo canon...

-Oye! Eso sí que no! No puedes afirmar eso... dijo Narciso ahora sí indignado.

-Claro que lo digo! Y te lo voy a probar muy fácilmente. No es verdad que en la actualidad existen varias versiones de la Biblia? No es verdad que la traducción de la vulgata es la que acepta la iglesia, mientras otras tantas son consideradas dolosamente traducidas? Si eso es en los tiempos actuales, en que tenemos técnicas que nos permiten la mínimas equivocaciones, imaginen ustedes en aquellas épocas en que los traductores eran muchas veces los mismos frailes -aquellos famosos escribanos- que profesaban la misma religión, sí, pero diferentes conceptos de ésta. Ahí está San Agustín, por ejemplo, o el mismo San Pablo, pilar organizador de la iglesia.

Si queremos conocer a fondo nuestra religión, debemos aceptar todo, lo bueno y lo malo. No sujetarnos a un dogma que, como tal, sólo nos permite saber lo que otros quieren. Ya no estamos en las épocas en que así sucedía porque la mayoría no sabía ni leer siquiera...

-Vamos, Ricardo, eso lo comprendo, pero de ahí a que la Iglesia...

-Mira, mi querido Narciso. Soy tan devoto y creyente como tú. Y conste que eres cura, pero me gusta conocer la historia de mi creencia. Saber porqué debo creer y en qué debo creer. Conocer la verdad no le quita lo divino ni a Jesús ni a la iglesia. Ahora bien, no se puede tachar de hereje a quien pretende saber más de lo suyo. Hereje es aquel que niega una creencia. Pero hasta ese término fue manipulado por la Santa Inquisición: todo aquel que no acataba las disposiciones de los prelados, fueran buenas o malas, eran tachados de herejes y hasta quemados en leña verde. La historia es cruel, pero arroja luz de verdad sobre las cosas. Cómo puedes calificar de intachable a una iglesia que estaba bajo la batuta, por ejemplo, de los Borgia; o aquella en la que los príncipes o reyes eran quienes nombraban, a su antojo y conveniencia, a los Obispos y Cardenales, muchos de los cuales eran sátrapas que nombraban sólo para alcahuetear al poder mismo. No Narciso, la iglesia como base religiosa es una, santa, católica y apostólica, pero como institución conformada por humanos es tan débil y frágil como éstos. Soy cristiano, creo en Dios y en sus designios, no en los de los hombres que han conformado verdaderas mafias en algunas épocas. Alabo a nuestro Santo Padre que ahora busca la unificación de la iglesia, sacar a la luz la verdad. Saber que cada una de las ramas -que no sectas- de la iglesia tiene una partecita de esa verdad, conjuntarla y llevarla a ser una... incluyendo a los evangélicos, a los sabatistas, a los mormones...

-Qué van a ser católicos esos malvados! exclamó furioso Narciso... cómo van a serlo cuando matan a los nuestros...

-Y nosotros no hemos matado Narciso?

Todos quedaron en silencio. Narciso mismo se fue sentando lentamente de nueva cuenta. No supo qué responder. Había una mueca de asombro en su cara.

-Nosotros...? Te refieres a....?

-Sí Narciso, a la iglesia -la institución, al cuerpo humano de la iglesia- ese que asesinó a millares de seres cuyo único delito era ser pobres, o víctimas de la ambición de otro. Revisa la historia. Simplemente da una analizada a la historia de la Nueva España. Fueron miles. Hasta la fecha se usa el término Torquemada para designar a alguien que abusa de otros en forma sangrienta, aplicando tormento para sacar una verdad falsa que esgrime como argumento.

No Narciso. Yo también pienso que matar a un prójimo, sea cual fuere la causa del rencor, no es la solución. Es cierto que es en la Biblia precisamente en donde viene la Ley del Talión: Ojo por Ojo, Diente por Diente. Es decir, si te roban, roba, si te violan, viola, si matan... mata! Pero fue Jesús, fue Cristo el que nos dejó una nueva ley, una nueva forma de vida, resumida en una palabra, una consigna: Amor!

Cómo puedes censurar a aquellos que matan, con causa o sin ella, si tú mismo llamas al asesinato? qué calidad moral tiene aquel que usa la espada para cobrar la afrenta, si cae en el mismo pecado o delito que a quien pretende sancionar?

Tomamos a chunga aquello de que debemos poner la otra mejilla. Incluso algunos dicen en son de broma: “Sí, Dios dijo que si te pegan pusieras la otra mejilla, pero no dijo qué hacer después...” y se refieren a cobrarse la afrenta con la misma moneda... Cómo puede ser eso? Si hablamos de una religión basada en el respeto, no es falta de respeto contestar igual? si hablamos de amor, no es falta de amor responder de la misma manera?

Jesús mismo, de pequeño, ordenó morir a un compañerito de su vecindario porque le destruyó una represita en la que jugaba con el agua, pero recibió la reprensión de su madre y le devolvió la vida. Jesús era niño, divino, sí, pero niño, capaz de rabietas como esa, pero nunca hubo maldad en sus acciones. A sus propios padres hablaba con energía. Recuerden aquello de “Por qué te preocupas de mí, madre? No sabes que debo atender los asuntos de mi Padre?” dicho con energía, sí, pero nunca con falta de respeto para sus progenitores.

Es largo y tedioso estudiar y poder distinguir qué cosa es buena y qué mala en la religión. No podemos, por ejemplo, condenar a muchos que, por necesidades de su propia época actuaban muy distinto a como lo hacemos nosotros. Un ejemplo de la diferencia que puede haber en el mismo concepto de moral es aquella anécdota en la que la esposa del Presidente de la República mandó que las bailarinas del Ballet del Senegal, que se presentaban en Bellas Artes, se pusieran brassieres, cuando en su tierra es lo más común que la mujer ande con los senos al aire. En México mismo, hasta no hace más de treinta años, en todo el sureste podía uno observar a las mujeres lavar en los ríos desnudas de la cintura para arriba, sin el menor recato, diría alguno, yo digo sin la menor preocupación, y no por eso sus hombres les faltaban al respeto. Eran las costumbres.

En fin... creo que debemos pensar un poco antes de aceptar a pie juntillas todo lo que se nos dice. Dios nos dio el poder analítico para saber conceptuar qué es bueno y qué es malo. Ya ponía el ejemplo de la conciencia, ese gusanito que a veces nos dice que hicimos algo malo, sin que nosotros pretendiésemos hacerlo pero estaba mal. Así es con el análisis. Hablar de los protoevangelios no es tampoco aceptar a la letra lo que dicen, sino usarlo como materia de estudio y comparatividad. Conocer tiempos y costumbres, modas, tradiciones, nos permiten saber con más cordura lo que sucedió y, sobre todo, por qué sucedió.

Ufff... pero creo que ya me extralimité... perdón...

-No Ricardo, no, dijo Julián que había quedado asombrado de su alocución, sobre todo porque había dejado perplejo a Narciso, tienes razón en todo lo que has dicho...

-Vaya que te exaltaste... dijo serio por primera vez Carlos.

-Vaya que sí, dijo por fin Narciso. Es increíble la forma en que analizas las cosas. La verdad, es que me has dejado... no sé cómo decirlo...

-Anonadado? preguntó Norma.

-Sí, la verdad, sí... ya ni tuve oportunidad de decir lo que tenía preparado... pero, sabes una cosa? me pareció que estabas refiriéndote a mi cuando hablabas...

-De ninguna manera mi querido amigo, contestó Ricardo conciliador, de ninguna manera...

-Bueno, pues por hoy ya estuvo bueno jóvenes, aquí se rompió una taza.... y cada quien para su casa... dijo Lupita oportunamente.

La despedida fue tan cordial como siempre. El único pensativo al salir era Narciso.

 

Al regresar Julián y Ricardo de su encargo cotidiano de llevar a Narciso a su parroquia, pidieron a Norma se sentara con ellos a tomar otro café.

-Creo que me perdí de algo... dijo Julián inquisitivo.

-La verdad... sí. contestó Ricardo. Mira, me puse a pensar en qué forma puedo hacer entender a Narciso que sus homilías no son buenas, pero al mismo tiempo sin que se sienta aludido...

-Y de ahí la perorata de hoy, no?

-Cierto, aunque te diré que en verdad yo esperaba un poco más de reclamos de Narciso...

-Bueno, te diré que mi colega no es ningún tonto...

-Vaya que se ve que no, intervino Norma.

-Pues bien, continuó Ricardo, creo que si llevamos la batuta en lo que se refiere a provocaciones el padre Narciso tendrá un poco más de análisis que hacer.

-Pero no te la vas a pasar peleando con él, verdad?

-No, de ninguna manera. La intención es que comprenda que la Ley del Talión pasó a la historia, aunque te diré que muchas veces a mi mismo me dan ganas de asesinar uno que otro taxista o camionero...

-Ahhhh... luego entonces eres tan débil como Narciso...

-Claro que sí... soy humano y sujeto a las debilidades y errores propios de la raza humana, pero trato de controlar esos impulsos lo más que puedo...

-Bueno, dijo Norma, tú nos pediste que interviniéramos y hasta formaste dos equipos, pero... ni chance tuvimos de intervenir... qué pretendes con eso?

-Todo en su momento mi querida amada...

-Pues mientras llega el momento, este sacerdote pueblerino se va a dormir... buenas noches.

-Buenas noches Julián, que descanses...

 

Narciso había llegado todo confundido a la parroquia. Por eso, al levantarse, fue directamente a la mesa en donde sabía que el párroco estaba desayunando.

-Buenos días padre...

-Buenos días padre Narciso. No le escuché llegar anoche.

-Bueno, la verdad es que llegué un poco cansado y me fui directo a mi habitación...

-Está seguro de que era cansancio? preguntó el párroco con cierta duda.

-La verdad es que no... más bien estaba confundido, bueno, estoy confundido!

-Por qué padre Narciso?

-Pues... la plática de Ricardo es medio especial y...

-Ahhh vamos... ya se tutean...

-Sí, desde anoche...

-Y...?

-Pues verá padre, me da la impresión de que no sé todo lo que debiera saber respecto a nuestro dogma...

-Claro! en el seminario nos enseñan el dogma, y repito: el dogma!, pero también nos enseñan a seguir estudiando, a investigar, a reafirmar nuestra fe...

-Yo no lo había visto así... de tal suerte que Usted está de acuerdo con...

-Un momento. Yo no puedo estar de acuerdo con algo que no conozco, y las pláticas, o el contenido de las pláticas de Don Ricardo no lo conozco. No mi querido amigo, no; yo lo que le digo es que lo que hizo usted la otra noche, abrir libros, buscar información, conocer más de lo que usted quiera y mande, es lo que debemos hacer. No encuentro bien que un sacerdote se quede anquilosado, que deje pasar el tiempo sin profundizar o actualizar sus conocimientos, como tampoco estoy de acuerdo con aquellos que buscan tanto que llegan a confundirse y reniegan de su propia fe. Recuerde a Lutero como ejemplo de los primeros, o a algunos representantes de la Teología de la Liberación de los segundos. Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no le alumbre...

-Pero... y si encuentra uno algunas cosas que le hacen dudar...

-Dudar? Dudar de qué? De que no todo lo que sabemos es todo lo que existe? De que hay cosas que no sabemos y debemos saber? O de que nuestra fe se tambalee por culpa de los nuevos conocimientos? Se duda cuando se tiene una fe débil. Esta, a su vez, se reafirma con el conocimiento. El secreto está en cómo estudiamos. Leer no es estudiar. Estudiar es analizar. Sacar conclusiones...

-Caramba, pues vaya que soy un ignorante...

-No, padre, usted no es ningún ignorante. Usted lo que tiene es temor de encontrarse con algo nuevo, quizá hasta diferente de lo que sabe. Pero... cómo vamos a enfrentar una creencia extraña o torcida, como la de esos a quienes usted tanto ataca, sin conocer sus propias debilidades? No, tenemos que conocer al “enemigo”, y que conste que no estoy de acuerdo con la palabrita. Saber que existen los siete pecados capitales no implica que un sacerdote caiga en cada uno de ellos para conocerlos, para saber de su existencia; pero conocerlos implica el saber de qué se tratan. Hablar de lujuria, analizarla, no es ser lujurioso, entiende?

-Sí padre. Ahora entiendo. Y... es posible entonces que se nos hayan escondido algunas verdades?

-Escondido? Vamos padre, ni a usted ni a nadie se le puede ya esconder algo. La verdad es clara, como el agua del río, pero debemos ir al río para conocerla sin, incluso, meternos en sus aguas.

-Pues no sabe Usted el bien que me hace padre.  Podremos tener otras sesiones de este tipo de charla?

-Claro, yo siempre estoy aquí, al menos hasta que me muera...

-No diga eso padre... y... gracias.

Narciso se levantó y, sin acordarse de desayunar, entró a la pequeña biblioteca que tenían en la parroquia. Abrió uno de los ejemplares que tenía sobre la mesa junto a otros muchos, y se enfrascó en su lectura.

Desde el comedor, el párroco le vio leer, tomar anotaciones, abrir otros libros y respirar muy profundo.

Narciso ni siquiera se dio cuenta de que el padre Julián había llegado. Este, al verlo tan absorto, regresó la mirada al párroco y, a una invitación de él, se fue a sentar a la mesa.

-Hola padre, le acompaño solamente porque mi querido amigo Ricardo ya me atendió temprano...

-No se preocupe por eso, padre Julián, mejor explíqueme qué está pasando. Narciso está muy cambiado en sólo unos días.

-Nada especial padre, simplemente creo que va encontrando su camino...

-Así parece... lo veo más calmado. Cuando llegó aquí era dinamita pura. Yo no sé cómo no me soliviantó a la grey de mi parroquia...

-Hablando de eso padre, por qué nunca comentó Usted nada con el Señor Arzobispo?

-Bueno, en realidad no veía peligro. Ya le digo que sus palabras, bendito sea Dios, caían en oídos sordos. Nadie le hacía caso...

-Eso es lo que Usted y yo podemos pensar; pero... y si alguno de esos fanáticos que nunca faltan sí le escuchase y decidiera comenzar a matar a otros?

-Creo que es exagerar padre Julián...

-No padre, no, él mismo nos contó como allá en Chiapas pudo ser testigo no de una, sino de muchas matanzas entre fieles de una y otra rama...

-Pero no va a comparar Usted a Chiapas con Guerrero...

-No? Está Usted seguro? Recuerde que aquí también “masca la iguana”...

-Pues entonces bendita y bienvenida sea su ayuda, Padre Julián. Yo no puedo oponerme a los designios del Señor Arzobispo, ni quiero hacerlo creame. Por el contrario... en lo que pueda ayudar, con gusto lo haré.

-Lo sé, padre, lo sé...

Julián, levantándose, se dirigió a la oficina parroquial.

-Hola padre Narciso... muy atareado?

-Hola padre Julián, no le escuché llegar. Sí, estoy leyendo algo sobre lo que ayer habló Ricardo...

-Y qué te parece?

-Bueno, en verdad hay mucho que discutir, pero de entrada quiero decirle que no esperaba yo encontrar tantas cosas que no conocía. Unas, reafirman lo que ya sabía, pero otras abren el camino de nuevas inquietudes. Por cierto, le agradezco que me prestara estos libracos viejos pero sabios.

-No me agradezca nada. Ya se dio cuenta de quiénes los escriben?

-Bueno, en realidad no. Sólo les he abierto y ya...

-No mi amigo, debemos enterarnos de quien escribe. En materia de religión hay religiosos que escriben y analizan la historia de la cristiandad, pero también los hay librepensadores, contrarios a la religión y aún hasta ateos que ven sólo la parte histórica o científica...

-No me va a decir que algunos de estos libros fueron escritos por ateos.... Dios! y yo leyéndolos...!

-Y?

-Cómo que y? Pues que es tanto como escuchar al enemigo...

-Otra vez lo de enemigo.. cuál enemigo? Mira. Qué haces cuando viene a ti un matrimonio con sus pleitos a pedirte santo consejo? Escuchas sólo al marido porque es hombre y tú también?

-Bueno, en realidad siempre escucho a las dos partes, para formarme un criterio, para poder sacar una conclusión, para saber quién tiene la razón y en qué...

-Lo ves? Así es también en esto! Debemos escuchar a todas las partes para poder sacar conclusiones. Debemos leer a todos los analistas o historiadores para poder tener puntos de comparación. Cómo podemos creer en la Sábana Santa de Turín sin la explicación del científico que comprobó, mediante profundos exámenes, que las manchas ahí plasmadas no eran otra cosa que la configuración del cuerpo de Jesús. Y, quién nos dice si no era ateo? Qué? ya por serlo, en el supuesto de que lo fuera, debemos dudar o dejar de creer en sus conclusiones? Si es ateo, o científico, si no es religioso... su palabra es falsa?

-No claro que no, pero...

-Nada, mi querido Narciso, eso simplemente te explica que debemos conocer todas las vertientes y opiniones, vengan de quien vinieren, para poder tener los elementos necesarios para nuestra propia conclusión.

-Otro que me apalea...

-Otro?

-Si... dos en una mañana. Primero el párroco y ahora Usted...

-Vamos... nadie te está apaleando. Por el contrario, queremos verte caminar solo. Es verdad que tienes algunos años ya como sacerdote, pero, francamente, creo que te habías quedado en el seminario...

-Pues la verdad es que sí, padre Julián, ahora me doy cuenta...

-Qué, vamos hoy por la noche a casa de Ricardo?

-Hummm... no me lo perdería por nada del mundo...

 

 

La tertulia había empezado como siempre. Llegadas, saludos, comentarios al margen. Narciso había levantado a Carlos del sillón reclamando su posición.

-Lo siento jovencito, pero éste es mi lugar...

-Ora sí, y desde cuándo? contestó Carlos chasqueando al cura.

-Desde el primer día que vine... así es que si me hace usted el favor... y le lanzó una mirada dura en broma.

-Ahhh nooo... a mí no me va a apantallar con sus miraditas padre Narciso... dijo Carlos en amistoso reto.

-Pues no sólo te apantallo... agregó el sacerdote tomándolo del brazo y levantándolo del asiento.

Las carcajadas de todos no se hicieron esperar. Narciso era un hombre fuerte, y Carlos más bien flaco así es que salió casi volando del sillón.

-Ya... ya... no es para tanto... dijo muerto de risa.

-Le gustó el sillón padre? preguntó Norma curiosa.

-No es precisamente que me haya gustado, se le sienten algunos resortes -comentó bromista- pero es que desde aquí no pierdo detalle de Ricardo cuando se desplaza por la sala...

-Ahhh... reclamó Ricardo, ahora es conmigo la cosa!

-No... contigo es de a deveras... chistó Narciso con una mueca jocosa de sonrisa.

-Bueno, intervino Julián, cuando los niños dejen de jugar podemos empezar...

-Sí, exclamó Norma, ya esténse quietos...

Lupita, con su gracia de siempre, señaló que no habían servido las cocas y se levantó para hacerlo. Silvia y Sonia fueron en su ayuda.

-Oiga Don Ricardo, preguntó Fidel, y qué paso cuando lo del templo... cuando se pierde Jesús y lo encuentran dándole su regañada a los sacerdotes...

-Bueno, en realidad no fue una regañada. Los sacerdotes estaban pasmados por los conocimientos del niño, por la profundidad de sus palabras...

-Un momento, exclamó Narciso, nos estamos saltando! Estábamos en la infancia de Jesús, en los famosos milagros...

-Cierto, muy cierto amigo Narciso...

-Entonces?

-Mira, yo creo que hay un punto que nos da una mayor perspectiva de lo que ya era Jesús cuando niño: los propios milagros realizados.

-Sí, pero antes dime: realmente consideras que el pequeño Jesús pidió la muerte de ese niño? Había maldad en él a tal grado?

Ricardo analizó la pregunta. Era el ansia de conocer la verdad? o era una trampa puesta por el sacerdote? Tenía que contestar.

-Conforme al evangelio de Santiago, la respuesta la da el propio Jesús-niño. Me gustaría, nuevamente, referirme al texto completo: “En otra ocasión, un hijo de Annas, sacerdote del templo que había venido con José, destruyó en presencia de todos y con gran cólera los laguitos que Jesús había hecho con sus manos, vertió el agua que Jesús había traído del torrente, ya que había cerrado la zanja por donde entraba el agua, y después lo destrozó. Jesús, al ver todo esto, dijo al niño que había destruido su obra: Semilla execrable de iniquidad, hijo de la muerte, laboratorio de satán, que el fruto de tu simiente no tenga fuerza, que tus raíces no tengan humedad, que tus ramas se vuelvan áridas y sin frutos. Al instante, en presencia de todos, el niño se secó y murió”.

José reclamó a Jesús su proceder y éste, respondiendo a José le dijo:

“No hay otro hijo más prudente que el que su padre ha instruido siguiendo la ciencia de su tiempo y la maldición de su padre no perjudica a nadie salvo a los que hacen mal”.

Entonces la gente se agrupó tumultuosamente contra Jesús y le acusaron ante José. “En ese momento, Jesús cogió por la oreja al niño muerto y lo levantó del suelo en presencia de todos; y vieron entonces a Jesús hablar con él como si se tratara de un padre  con su hijo. Y el espíritu del niño volvió a él y se reanimó. Y todos se sorprendieron mucho”

Como comprenderán, de haber existido maldad, Jesús jamás le hubiese vuelto a la vida. Pero volvemos a lo mismo: por qué ver sólo el aspecto negativo? ese que bien puede usarse para vituperar o denigrar. Por qué, por ejemplo no nos cuentan también del milagro de los pájaros, aunque por ahí ya se hace alguna referencia a éste...

-Cuál milagro de los pájaros, preguntó Lupita.

-Un día de sabbat, Jesús tomó limo de una fosa e hizo doce pájaros ante los ojos de todos. Pequeñas esculturas, vamos. La gente, que ya saben que a todo le encuentra peros, reclamó a José diciendo “no ves que el niño está trabajando en sabbat?” Y claro, José riñó a Jesús. El niño, entonces, batió sus manos y dijo a los pájaros: “volad... id y volad por todo el mundo y por todo el universo y vivid” Todos, obviamente, se quedaron sorprendidos... pero, volviendo a lo que decía, creo que hay un aspecto que nos da una verdadera dimensión de cómo era ya Jesús.

Cuando el niño aquel volvió a la vida, un maestro judío llamado Zaquías, viendo que poseía un conocimiento extraordinario de la virtud le dijo a José: “No quieres entregar a tu hijo para que sea instruido en la ciencia humana y el temor?” José le contestó que si él podía cuidarlo y enseñarlo se lo entregarían, pero Jesús, que había escuchado las palabras de Zaquías, le contestó: “Maestro de la ley, lo que acabas de decir, todo lo que has citado, debe ser cumplido por los que son instruidos según las leyes humanas; pero yo no estoy sometido a vuestros tribunales, porque no tengo un padre según la carne. Tú que lees la ley, y que la conoces, te quedas con la ley; pero yo, yo estaba antes que la ley. Aunque piensas que no hay nadie que te iguale a la ciencia, aprenderás de mí que nadie puede enseñar nada de lo que has hablado. Salvo el que es digno. Ahora bien, yo, cuando deje esta tierra, borraré cualquier mención a vuestra genealogía. Tú ignoras cuándo naciste; sólo yo sé cuando habéis nacido y el tiempo de vida que tenéis en esta tierra”

Lo que sorprendió a todos, debe sorprendernos a nosotros también, incluso haciendo a un lado la divinidad: Jesús contaba apenas con escasos cinco años! Jamás nada parecido fue dicho por otro, decían, ni siquiera por los profetas! ¿De dónde viene para hablar de esta manera? Y a sus preguntas y las nuestras, Jesús también dio respuesta: “Estáis asombrados de oír a un niño pronunciar tales palabras? entonces, ¿porque no ponéis vuestra fe en lo que os he dicho?” Y viene lo más sorprendente: “Yo estaba entre vosotros con los niños, y no me habéis conocido.Os he hablado como a hombres sabios y no habéis comprendido mi voz, porque estáis por debajo de mí y sois hombres de poca fe”.

-Creo que esto debemos analizarlo un poco, dijo Julián haciendo un guiño a Ricardo en obvia referencia a Narciso.

-Adelante Julián, aceptó Ricardo.

-Las palabras del niño encierran algo que tiene validez hasta la fecha: No habéis comprendido mi voz porque estáis debajo de mi y sois hombres de poca fe, dijo. Y es una gran verdad, incluso ahora. Cuántas palabras encierra la Biblia, los evangelios, la historia sagrada, que no queremos -y conste que digo queremos- comprender.  Hay un tanto de ignorancia, es verdad, pero también hay un mucho de necedad, quizá de orgullo. Me recuerda a aquel que decía “qué me vienen a enseñar ahora, si lo que sé lo sé por viejo” La reticencia a aceptar conceptos, consejos, nuevos conocimientos y hasta entender aquellos que ya conocemos pero nos negamos a comprender, es inmensa. Cómo me gusta ese ejemplo del aire: Has visto el aire? No! responde el interfecto, pero sabes que existe... claro! dice orgulloso. Crees que existe? naturalmente... vuelve a decir, crees que soy tonto como para no reconocer que existe el aire? pregunta entonces... por qué no crees que existe Dios, aunque no lo veas?

Debemos reconocer que los católicos estamos formados con un conocimiento muy raquítico de nuestra religión. La mayoría no pasa más allá del catecismo... y eso habría que preguntar quién se los enseñó, si estaba preparado el catequista para enseñarle... ¡los principios fundamentales de su creencia! Así, cómo no vamos a ser hombres de poca fe?

Nosotros los sacerdotes, incluso, podemos caer dentro de esta denominación... o no es así padre Narciso?

-Pues... en realidad, y ahora que me han abierto ustedes los ojos, debo reconocer que es así. No somos perfectos, salimos del seminario con un cúmulo de conocimientos, pero... y yo soy ejemplo vivo de esto... debemos seguirnos preparando...

-Claro! terció Ricardo. Filosofía y religión son temas dignos de análisis, de constante estudio, de renovación de conceptos, que no de cambios en lo fundamental, sino en el fondo, no en la forma.

-Pero no nos dejes picados como acostumbras, reclamó Carlos, qué pasó después?

-Bueno, no digamos que después, sino simplemente qué pasó. Pero yo creo que el padre Narciso, que ha estudiado como loco todos estos días el tema, bien nos puede hablar un poco sobre otros milagros de Jesús-niño...

-Caray... la verdad es que aún no estoy tan seguro de aceptar la confiabilidad de esos evangelios apócrifos... ya veo que existen, sí, pero... tengo algunas dudas sobre su validez...

-Bien, pero ya no estamos tratando si son válidos o no, mi querido curita, sino lo que dicen... lo que narran... tuviste oportunidad de leer el de Santiago, al que nos estamos refiriendo?

-Sí, el padre Julián me prestó el libro, pero, con toda franqueza, yo quisiera que fueras tú Ricardo el que siguiera con la narración...

-Sea pues... sólo que con el fin de que no se piense que son comentarios míos, quisiera remitirme nuevamente al texto tal cual... te parece Julián...?

-Así debe ser... de esa suerte no hay conjeturas...

-Bien... es natural pensar que no todos los días hacía el niño milagros, y si los hacía, son unos cuantos los que vienen registrados. Para no hacer tediosa la lectura, sí me permitiré resumir que tres veces fueron las que José y María entregaron a Jesús, a insistencia de vecinos y amigos, a maestros de la ley o la ciencia.  Resumiendo, la segunda fue nuevamente por la intermediación de Zaquías, pero sólo para llevarle ante Leví, el anciano que enseñaba las letras. Este se vio igualmente señalado por el niño en cuestión de que no podía enseñarle lo que ya sabía y aún más y, molesto por lo que él consideró la impertinencia del pequeño, tomó una vara y le golpeó la cabeza. Tras escuchar las palabras de Jesús, muy similares a las que vertiera al otro maestro, quedó estupefacto y dijo: “Yo, un anciano, he sido vencido por un niño; no puedo hallar ni el comienzo ni el fin de lo que afirma... de verdad os digo, y no miento, que según mi opinión lo que este niño ha hecho, sus primeras palabras y el propósito de su intención, todo esto, no me parece que tenga nada en común con los hombres. Ni siquiera sé si es un mago o un Dios”

La tercera ocasión no fue sino una copia de lo sucedido en las dos anteriores.

En referencia a los demás milagros registrados, ahora sí, me remito a la lectura del texto:

“Después de todo esto, José y María fueron con Jesús a la ciudad de Nazaret, y allí vivió con sus padres. Un día de sabbat que Jesús jugaba en la terraza de una casa con otros niños, sucedió que uno de ellos tiró a otro de la terraza al suelo y murió. Y como los padres del muerto no había visto esto, comenzaron a gritar en contra de José y María, diciendo: Vuestro hijo ha tirado a nuestro hijo al suelo y ha muerto! Y Jesús se callaba y no decía nada. entonces José y María se acercaron a Jesús precipitadamente y su madre le preguntó: Mi Señor, dime si has sido tú el que lo ha tirado. Y de repente Jesús bajó de la terraza y llamó al niño por su nombre, Zaón. Y éste le contestó: Señor. Y Jesús le dijo: He sido yo el que te ha tirado de la terraza al suelo? El niño contestó: No Señor. Y los padres del niño que estaba muerto se sorprendieron mucho y alabaron a Jesús por el milagro que había hecho. Y de allí José y María partieron con Jesús a Jericó”.

Más adelante narra: “Jesús tenía seis años, y su madre lo mandó con un cántaro a buscar agua a la fuente junto con otros niños. Y sucedió que, tras sacar el agua, uno de los niños le empujó, chocó con el cántaro y lo rompió. Pero Jesús extendió el manto que llevaba y recogió tanta agua como la que cabía en el cántaro y se la llevó a su madre. Y ella al verle, cada día se sorprendía más, soñaba y guardaba todo esto en su corazón.

Otro día, Jesús se fue al campo y cogió un poco de trigo del granero de su madre y lo sembró. El trigo germinó, creció y se multiplicó de una manera increíble. Después, él mismo lo cosechó y recogió tres medidas de grano que dio a sus numerosos parientes” Aquí cabe aclarar -señaló Ricardo- que si bien Santiago no señala la edad del niño en este suceso, Tomás si lo hace en su evangelio -apócrifo,claro- indicando que Jesús tenía, para entonces, ocho años.

Otro de los milagros relatados cuenta que “hay un camino que sale de Jericó y va hacia el río Jordán, al sitio por el que pasaron los hijos de Israel; se dice que allí es donde se paró el Arca de la Alianza. Jesús tenía ocho años, y salió de Jericó e iba al Jordán. Y había al lado del camino, cerca de la orilla del Jordán, una caverna en la que una leona alimentaba a sus pequeños; nadie podía seguir ese camino y estar seguro. Entonces Jesús, que venía de Jericó y al enterarse que una leona había parido en esa caverna, entró a la vista de todos. Los leones, al ver a Jesús, corrieron a su encuentro y lo adoraron. Y Jesús estaba sentado en la caverna, y los leoncillos corría de aquí para allá alrededor de los pies de Jesús, lo acariciaban y jugaban con él. Los leones viejos, en cambio, se mantenían a distancia, con la cabeza baja; lo adoraban y movían suavemente la cola ante él. Entonces el pueblo, que estaba lejos y no veía a Jesús, dijo: Si no hubiera cometido grandes pecados, él o su familia, no se hubiera ofrecido él mismo a los leones.

Y mientras el pueblo se dedicaba a pensar en todo esto y estaba triste, de repente, y en presencia de todos, Jesús salió de la caverna precedido por los leones y los leoncillos jugaban a sus pies. Los padres de Jesús permanecían a lo lejos, con la cabeza inclinada, y miraban; y el pueblo se mantenía también alejado por miedo a los leones y no se atrevía a acercarse. Entonces Jesús dijo al pueblo: Valen mucho más estas fieras que reconocen a su Maestro y lo glorifican, que vosotros, hombres, que habiendo sido creados a imagen y semejanza de Dios, lo ignoráis. Las bestias me reconocen y se vuelven mansas. Los hombres me ven y no me conocen.

Después Jesús atravesó el Jordán con los leones ante la presencia de todos, y el agua del Jordán se separó a derecha e izquierda. Entonces dijo a los leones de manera que todos oyeran: Id en paz y no hagáis mal a nadie; y que nadie os dañe hasta que no volváis al lugar de donde habéis salido. Y aquellos, saludándolo, no con la voz sino con la actitud de su cuerpo, volvieron a la caverna. Y Jesús volvió junto a su madre.

Antes de continuar con el relato, me gustaría saber qué piensan ustedes de esa parte que indica que se separaron las aguas del Jordán...

-Huyyy jefe... pues está canijo... dijo Carlos.

-Oye, intervino Norma, qué no es la misma situación de Moisés?

-Naturalmente... pero...? Narciso, tú no quieres opinar nada?

-En verdad que ya hablar de los milagros del dios-niño me saca todavía un poco de onda, pero me gustaría comentar... o mejor dicho, preguntar: porqué no se habla de esos milagros en el canon?

-Mira Narciso, señaló el padre Julián, en el canon no, pero sí se habla y se comenta y se conoce entre la clerecía. Yo conozco desde hace muchísimo el milagro de los pájaros. Sin embargo, en el caso muy particular del de los leones creo que no son los leones en sí lo que obligó a alguien en su tiempo a convertirlo en apócrifo -secreto pues-, creo que es precisamente la separación de las aguas del Jordán lo que hace que se calle...

-Exacto!, dijo triunfante Ricardo. Hablar del milagro del Jordán -en aquellas épocas- podría haberse visto como demérito para el propio milagro de Moisés en su huida de Egipto.

-Bueno jóvenes, dijo Lupita, pues esta noche ha sido fructífera pero ya hace sueño... así es que, si ustedes no disponen otra cosa, me retiro.

-No, creo que efectivamente ya es tarde... aceptó Norma.

-Pues a recoger vasitos y quincallas, exclamó alegre Julián, y todos le obedecieron...

-Ricardo, podrías hacernos el favor de llevarnos? preguntó Narciso.

-De mil amores, como siempre, exclamó amable el anfitrión.

-Bueno, pues que pasen todos muy buenas noches, dijo a guisa de despedida Julián.

-Buenas noches, corearon todos.

 

En el trayecto a la parroquia, Ricardo reconvino a Narciso.

-Caray padre Narciso, la verdad es que esperaba mayor diatriba contigo...

-Bueno, no es que no quiera debatir, la verdad es que recién me prestó el padre Julián los apócrifos y realmente me he quedado asombrado. Sobre todo después de ese argumento de que si desconocemos o negamos el evangelio apócrifo de Santiago sería tanto como negar el de Lucas que tiene frases prácticamente iguales. Es decir, como señalabas, negar uno sería desconocer el otro y aceptar uno implica aceptar ambos.

-Así es mi querido Narciso...

-Todo esto me ha puesto a pensar y a estudiar. Me asombra también que tanta gente, que no pertenece directamente a la iglesia, estudie nuestra religión...

-Es natural... dijo Julián, la presencia de Cristo en la tierra no sólo influyó en el pueblo hebreo, sino en toda la humanidad; de ahí que hombres de ciencia, investigadores, literatos y aún historiadores se interesen en saber qué tanto hubo de verdad y qué tanto se puede comprobar...

-Comprobar no creo, dijo Narciso, pues hay muchas cosas que quieran o no deben ser creídas a priori, es decir por dogma...

-Totalmente de acuerdo, señaló Ricardo, pero es interesante saber que las mismas investigaciones echaron por tierra el primer mito manejado por los detractores de Cristo: que éste no existió! Su presencia en la tierra ya ha sido más que confirmada.

-La sábana de Turín es uno de los mejores ejemplos, añadió Julián...

-Cada vez me convenzo más de que tienen razón, afirmó Narciso, es claro que el trabajo de toda esa gente ha beneficiado más a nuestra fe que el daño que pudiese haberle causado...

-Naturalmente! reiteró Ricardo, sobre todo porque no es gente aficionada o novata, son verdaderos hombres de ciencia. Está por ejemplo Renán, que es considerado como uno de los más grandes conocedores de la vida y suerte del pueblo judío y por ende de la historia de Cristo...

-Renán? cuestionó Narciso, ese no lo conozco... no está entre los libros que me proporcionó el padre Julián...

-Es que las obras de Renán vienen, generalmente, en francés... aunque hay muchas partes de sus trabajos editadas en otros idiomas, incluido el español...

-Perdón, podrían darme el nombre completo?

-Claro, Ernest Renán, de origen francés... ya murió, claro!

-Bueno jóvenes, pues yo me despido aquí y, nuevamente, gracias por todo...

-A ti, Narciso, buenas noches...

 

De regreso a casa, Julián no se pudo quedar callado.

-Pues vaya que has domado a la bestia, dijo jocoso.

-No te creas, mi querido amigo, yo pienso que aún falta mucho camino por andar... y espero que podamos recorrerlo en paz...

-Dios quiera... agregó el sacerdote.

-No se te hace raro que esté tan dócil? A mi se me hace que se está preparando para defender sus puntos de vista... su fanatismo o radicalismo, como le quieras llamar...

-Pudiera ser... sin embargo creo que, de todas formas, le ha servido para encontrar un nuevo sendero. No cabe duda que Dios sabe lo que hace...

-Y vaya si no!, celebró Ricardo.

-Oye, por cierto, preguntó el cura, y cómo van las cosas con Carlos? Lo veo muy tranquilo...

-Así parece. Tenía problemas en su trabajo y de pronto encontró otro que le permite realizarse ampliamente y con mejores ganancias. Esto, claro, redundó en la situación que prevalecía en su matrimonio. Que yo sepa, ya no hay peleas entre él y Sonia.

-Pues que bueno... a la que veo un poco tristona es a tu amiga Lupita...

-Tienes razón. Fíjate que ya lo había notado, pero con esto de Narciso no he tenido tiempo de hablar con ella...

-Pues habla, que por algo eres el paño de lágrimas de todos. Aprovecha esa facultad divina que Dios te concedió para hacer el bien a los demás...

-Gracias Julián... tus palabras son tónico para mi entereza...

-Y verdad... Ricardo... mucha verdad....

 

Al día siguiente, a media mañana, Ricardo se hizo el aparecido por la casa de Lupita.

-Hola... qué milagro que nos haces el honor!

-Vine a comprar algunas cosas por aquí cerca y pensé pasar a saludarte...

-Sí, cómo no! Crees que soy tan mensa? algo traes, pues nos vemos todos los días...

-La verdad sí. Y es que no hemos tenido la oportunidad de platicar sobre algo que me temo está sucediendo...

-Cómo qué, Ricardo?

-Algo referente a ti. Te he visto un poco triste, desmejorada. Incluso Julián se ha dado cuenta...

-Y por eso estás aquí, no?

-Pues... sí. Si en algo puedo ayudarte...

-Mmmhhh... yo quisiera contarte, pero creo que sería cargarte la mano. Eres uno de nuestros mejores amigos y, la verdad, me da pena molestarte con cosas personales...

-Si no te ofende que me entere, habla, ten confianza. O acaso quisieras hablar con Julián?

-Nooo, en realidad tus consejos me ayudarían mucho. Pero, como te dije, me da pena...

-Vamos Lupita... es grave la cosa?

-No sé cómo tomarlo...

-Problemas con alguno de los hijos?

-Sí.

-Bueno, si te animas, sabes que cuentas conmigo.

-Gracias Ricardo, en realidad eres muy amable, pero mejor lo dejamos para otro día... es que no tardan en llegar de la escuela los muchachos y no quisiera que se dieran cuenta de que te platico mis cosas....

-No hay problema Lupita, quieres que nos veamos en la casa más temprano?

-Si no tienes inconveniente...

-Ninguno, por favor, repito que estoy a tus órdenes... te espero después de comer, está bien?

-Ahí estaré sin falta... y gracias... no sabes lo bien que me hace platicar con alguien...

-Quieres que esté Normita presente?

-Sí... me gustaría...

-Bueno, pues nos vemos por la tarde...

-Anda, y nuevamente gracias...

 

Desde que llegó a su casa, Ricardo puso al tanto a Norma de lo que sucedía.

-Ya lo sabía, dijo ella con un gesto de resignación. Incluso ya le había dicho que hablara contigo, pero le da vergüenza...

-Sabes lo que le pasa?

-Uno de sus hijos... se le está descarriando...

-Pero en qué forma?

-Parece que es algo de drogas... pero no me creas! Yo prefiero que esperes a que ella te cuente todo...

-Así sea... contestó Ricardo resignado.

 

Terminaban apenas de comer cuando tocaron a la puerta.

-Hola amiga... cómo estás?

-Estoy, que ya es un decir... contestó Lupita.

-Pasa, pasa, quieres un cafecito?

-Sí, por favor...

-Pero con una condición... que quites esa cara de sufrimiento. No te vamos a sentar en el banquillo de los acusados!

-Gracias amiga, pero es que no sabes la pena que me da molestarlos...

-Oye! y para cuándo son los amigos? Ricardo...! Ya llegó Lupita...

-Pasa Lupita, pasa... indicó Ricardo al tiempo que salía de su estudio.

-Gracias... en verdad no te molesta...?

-Por favor, dijo Ricardo cortando la frase de Lupita. Ya te dije que somos tus amigos... a ver, cuenta...

-Pues es uno de los muchachos... ha faltado a clases, llega tarde, se pelea en la calle, y ha tomado unos moditos que me alarman...

-Vamos por partes... los padres siempre somos aprensivos. Muchas veces vemos moros con tranchete. Será que en realidad tiene problemas? O es sólo la adaptación propia del cambio de una ciudad tan tranquila y tradicionalista como Mérida a la antesala del infierno que es Acapulco y me refiero a sus oportunidades de libertinaje que atraen a los chicos...

-No lo creo Ricardo. Pienso que en verdad algo malo está pasando, pero no me permite hablar con él. Me contesta en una forma que jamás lo había hecho...

-Has revisado sus cosas?

-Sí, varias veces...

-Por qué?

-Pues para ver si encuentro algo... un diario, algunas revistas....

-... o marihuana?

En ese momento Lupita soltó el llanto. Norma le abrazó tiernamente e intentó calmarla.

-Mira mi querida amiga. En primer lugar puedo adelantarte que quizá una de las molestias del muchacho contigo es porque pudo haberse dado cuenta de que revisas sus cosas... eso no le gusta a ningún adolescente...

-Pero es que estoy desesperada! No tarda mucho en venir Jorge y qué cuentas le voy a dar?

-Ningunas... si el muchacho se está desviando es muy su problema, no tuyo...

-Oye! pero es mi responsabilidad!

-Claro, pero ya es un joven, ya sabe qué es bueno y qué es malo para él. Si aún tuviera 12 años, estaría de acuerdo. Pero tiene...

-18 años Ricardo... 18 años...

-Ves? Es todo un hombre... por otra parte, quizá no debiera preocuparte tanto. Ustedes les han dado muy buenos principios, y eso es lo que cuenta, en lo que debes confiar! Un joven con principios podrá tambalearse ante la tentación, pero jamás doblegarse a ella!

-He visto tanto....!

-Sí, pero no en jóvenes con bases morales bien sentadas. Eso es lo que importa! Ahora es cuando tú debes actuar de esa misma forma! Cómo puede confiar en ti, si tú le niegas tu confianza? Cómo puede hablar con su madre si ésta lo cree malo a priori! Lo estás calificando, o mejor dicho descalificando antes de saber la verdad! Por Dios Lupita! Perdona si te hablo así, pero considero que primero debes ubicarte tú, y después ver la forma de ubicarlo a él.

-Ricardo... perdona pero... no estás siendo muy duro con Lupita? dijo Norma con un dejo de molestia.

-No Normita, aclaró Lupita, tiene razón. Creo que he actuado más asustada que preocupada. En realidad todo son conjeturas... no sé nada en concreto...

-Lo ves...? qué te parece si platico con él? cuestionó Ricardo.

-Sería molestarte más...

-Por favor! deja de pensar en que molestas... lo hago de muy buen grado...

-Podrías...?

-Ahora mismo... si tú lo apruebas...

Lupita asintió con la cabeza.

-Es más, mira, para proteger tu propia imagen de madre, me haré el aparecido ahorita que no estás y platicando platicando a ver qué le saco... de acuerdo?

-No vaya a ser como el caso de Carlos con el viejo profesor, dijo ya más tranquila Norma.

-Puede ser... indicó Ricardo.

-Qué caso...?

-Que te lo platique Norma... yo regreso al rato. Si por casualidad llegara tarde, que Julián se haga cargo de la plática de esta noche, por favor...

 

Ricardo llegó a la casa de Lupita y tocó el timbre. Un joven vestido a la moderna y con un arete en la oreja le abrió la puerta.

-Hola, dijo Ricardo con amabilidad, cómo estás?

-Bien don Ricardo, pase por favor. Usted, cómo ha estado?

-Muy bien muchacho, qué cuentas?

-Nada, ya sabe... dijo medio cortante.

Ricardo evocó a Carlos en su adolescencia. No pudo menos que pensar que aquel joven no podía estar envuelto en problemas de drogas. Se le veía sano y con la cara limpia. Quizá lo único criticable era su forma de vestir, pero era la moda.

-Mi mamá no está, se fue a no sé donde. Con eso de que no avisa...

-Ah caramba! exclamó Ricardo, y desde cuándo los padres tienen que rendirle cuentas a los hijos?, terminó diciendo en tono de broma.

-No, don Ricardo, no es que tengan que rendirle cuentas a uno, pero uno también se preocupa... y sus ojos se llenaron de lágrimas.

-A ver... a ver... qué te pasa muchacho...?

-Nada don Ricardo, contestó recobrando la entereza.

-No, tú tienes algo y, a falta temporal de tu padre, a quien estimo mucho, creo que debo intervenir... no crees? Además, qué mejor que un amigo para desahogar nuestras penas?

Esta vez el muchacho soltó de plano el llanto, al tiempo que se abrazaba de Ricardo, sollozando lastimeramente.

-Llora hijo, llora... es una forma de descargar los pesares... dijo paternal mientras cerraba tras de si la puerta y le encaminaba a la sala. Lo sentó en el sofá y le ofreció traerle un vaso con agua.

-No gracias, creo que yo soy el que debiera ofrecerle a usted algo...

-Por mi no te preocupes... a ver, qué pasa?

-Es que he notado muy rara a mi mamá. Me trata como si todo le molestara, pero por otro lado siempre anda muy alegre y se sale todas las tardes, regresando a veces muy noche... tengo miedo Don Ricardo!

-Miedo de qué muchacho?

-De qué alguien le haya llegado y se vaya a separar de mi papá...

Ricardo soltó una sonora carcajada que molestó a Jorge hijo.

-Le causa risa?!

-Claro que me causa risa, dijo Ricardo ya más serio, no cabe duda que los problemas los creamos nosotros mismos por nuestra desconfianza, nuestras dudas, por el temor de hablar abiertamente, con respeto, sí, pero abiertamente. Sobre todo en lo que respecta a la familia. No pueden ni deben haber secretos... porque pueden malinterpretarse...

-Ay, don Ricardo, se me hace que usted está más loco que mi mamá....!

-No hijo, no.... mira. Te voy a contar un secreto, pero no se lo digas a tu mamá hasta que ella misma hable contigo, de acuerdo?

El muchacho, temiendo lo peor, puso cara de asombro y sólo asintió con la cabeza.

-Dios, dijo Ricardo, que pequeña es la vida y que torpes somos al desperdiciarla magnificando situaciones que no pasan de ser meras tonterías! Mira Jorgito, para empezar, te diré que no vine a tu casa a buscar a tu mamá, sino a ti por encargo de ella.

-A mi? y para qué?

-Pues así como tu estás preocupado por meras tonterías, así ella ha visto moros con tranchete y tiene temor por ti...

-Vaya! ahora resulta que yo soy la preocupación...!

-Espera... espera... mira, ella también te vio raro y de mal talante, así es que lo primero que pensó... ¡Y vaya que los padres siempre pensamos lo peor! fue que te andabas descarriando...

-Descarriando...? Cómo...?

-Sí, su imaginación voló tanto que penso que hasta podrías andar metido en problemas de drogas...

-Yoooo!!! Por Dios don Ricardo... pues vaya confianza que me tiene mi madre... es cierto que ahora me visto como se usa aquí, y hasta un arete me puse para seguir la corriente de los cuates... pero de eso a que yo me meta a la droga.... por Dios!

-Oye! Te duele que tu madre haya desconfiado de ti?

-Claro! ella sabe bien cómo soy...

-Y tú no sabes cómo es ella?

-Bueno....

-No hijo, los dos están sufriendo por el mismo error: la desconfianza!

-Pero entonces... usted sabe algo...?

-Claro! Ella notó tu desapego, brotado del temor de que anduviera con alguien, del celo de hijo, tu molestia contenida, tu no querer hablar con ella y pensó lo peor; a tu vez, notaste algo diferente en ella, desconfiaste, y tu reacción provocó la reacción de ella. Si no estuviésemos charlando ahora, en menos de un mes se matan entre sí... dijo bromista.

-Ok... pero entonces por que anda tan alegre y sale todas las tardes? por qué llega tan noche?

-Antes de que te lo diga, dime: por qué no se lo preguntaste en vez de hacer conjeturas?

-Porque pensé que me iba a decir que a mi qué me importaba, que era muy libre de salir...

-Y no lo es?

-Sí... pero...

-Pero tú quisiste ocupar el lugar de tu papá y te pusiste en la posición de hombre de la casa y, en vez de cuestionar.... pensaste!

-Bueno, creo que tiene usted razón...

-Bien, pues a donde va tu madre es a nuestra casa. Está participando en unas charlas que doy sobre la vida de Cristo... he notado que tu madre es una mujer muy segura de sí misma, responsable, honesta, amante de sus hijos, su marido y su hogar, y es de ahí, quizá, su alegría. Fijate bien... esa alegría de tu madre debiera llenarte de satisfacción en vez de desconfianza...

-En verdad va a su casa...?

-Claro, yo no soy tapadera de nadie, y mucho menos para una traición... es más, te invitó a que, desde ahora mismo, asistas a las charlas. Así tendrás doble satisfacción: tener en paz tu alma... y acompañar a tu madre.

-Pero, es que... aquí entre nos... yo no soy muy creyente... y no es que no crea, es que desde el famoso catecismo no he vuelto a leer nada sobre la religión... la última vez que escuché algo fue en sexto año... recordará que me enviaban a una escuela de jesuitas...

-Bueno... en realidad no es una charla para creyentes... es una serie de pláticas en las que analizamos, desde muy diversos puntos de vista, la historia de Cristo... su paso por la vida... y el legado tan inmenso que nos dejó no sólo a los católicos, sino a toda la humanidad...

-Y mi mamá...? No se molestará...?

-No hijo, cómo crees...! Te aseguró que va a saltar de gusto cuando sepa todo el enredo que ustedes mismos causaron....

 

Llegando a la casa de Ricardo, éste le pidió a Jorgito que esperara en el jardín mientras él entraba a hablar con su madre. Consideraba que era lo mejor para ambos.

-Hola!, dijo Ricardo ufano.

-Qué pasó? cuestionó Norma de inmediato.

-Habló con él?, preguntó Lupita.

-Claro, claro, dijo misterioso, sólo que la verdad aflora en el momento menos esperado...

-Ya Ricardo, déjate de tus cosas! exclamó Norma un poco impaciente.

-Pues nada, que como pensamos, no es más que otro caso como el del maestro, sólo que en esta ocasión estaba causando verdadero daño...

-Por favor Ricardo, urgió Lupita, déjate de rodeos y dime qué es lo que pasa...

-Nada... absolutamente nada... sentenció Ricardo sonriendo.

-Cómo que nada!

-Nada Lupita, nada! Simplemente que tanto tu hijo como tú se hicieron bolas con eso de la desconfianza... mira, para que estés más tranquila te diré que a él le sucedía exactamente lo mismo que a ti. Te notó rara, salías todas las tardes y regresabas noche, sin haberles platicado siquiera que venías a nuestra casa, y acomodó tus salidas con tu natural alegría y también pensó lo peor...

-Cómo que lo peor? dijo asombrada Lupita.

-Sí mujer, sí; la traicionera mente le voló y el celo de hijo le hizo pensar que andabas en malos pasos... vamos, tenía miedo hasta de que te fueras a divorciar de Jorge....!

-Pues vaya hijo que tengo...! Mira que pensar eso de mi!

-Y tú? No pensaste igual?

-Bueno... sí, pero es otra cosa...

-No Lupita, es exactamente lo mismo, celo por amor brotado de la desconfianza que, a su vez, brota por la falta de comunicación... dime, porque no les habías contado que venías a las charlas?

-Bueno, al principio porque no hubo tiempo, con eso de que andan todo el día en la calle, y luego porque me dio pena que pensaran que ya andaba de mojigata...

-Vaya! pues ahora el que se quedó asombrado fui yo! dijo Ricardo. Cómo que de mojigata?

-Ellos le llaman ratas de sacristía a las señoras que allá en Mérida se la pasan en la iglesia...

-Por Dios Lupita! pero no compares a las pías señoras esas con nuestras pláticas... no tienes de qué avergonzarte, por favor!

-Bueno, bueno... intervino Norma, y qué pasó?

-Pues nada, que nuestro público sigue creciendo...

-Qué quieres decir?.... acaso Jorgito...

-Así es, aceptó venir a las reuniones. Mira, le dije que así podría acompañarte y sentirse seguro de dónde andas....

-Oye!...

-Momento, no te adelantes a los acontecimientos por favor. La verdad es que bien puede servirle a ambos. A él para que centre sus pensamientos en algo positivo... y a ti para que lo tengas cerca. A los dos, para que aprendan a tenerse confianza y exista un poco más de comunicación entre ustedes...

-Tienes razón... dijo Lupita avergonzada, perdóname Ricardo... y gracias... muchas gracias... deveras...

-No tienes nada que agradecer mujer... dale gracias a Dios de que no fue en realidad algo que significara un verdadero peligro.

-Bueno, dijo Norma, y por qué no entró contigo?

-Le dije que esperara a que platicara yo con su madre, así les evitaría a ambos la incomodidad de una explicación. Ya sabe cada uno lo que el otro pensó. Así es que, borrón y cuenta nueva... estamos?

-Estamos! dijo alegre Lupita levantándose y dándole un beso en la mejilla.

No bien se lo hubo dado, volteó inmediatamente hacia Norma y le dijo toda apenada:

-Perdóname amiga... pero es que tu marido es un tipazo!

-Já, no te preocupes amiga, si lo sabré yo.

 

En el momento en que Ricardo abría la puerta para dar paso a Jorgito, alcanzó a ver que llegaban los demás de la pandilla.

-Pasa hijo, le dijo al joven al tiempo que hacía señas a los demás de que dejaba la puerta abierta.

Cuando Jorgito entró, hubo un momento de incertidumbre entre su madre y él, pero de inmediato se abrazaron con ternura.

-Hola hijo, dijo Lupita como si nada hubiese pasado, ya te sonsacó Ricardo para que vengas a sus pláticas?

-Qué quieres madre? Tiene un poder de convencimiento al que nadie se resiste... contestó el joven en tono de broma.

-Hola familia, gritó Carlos al entrar, ya llegó el terror de los catequistas...

-Con los catequistas podrás, pero con los curas te friegas! exclamó Julián saliendo del pasillo.

Ricardo se quedó mirando a Norma preguntando con la mirada. Ella simplemente asintió con la cabeza. Julián había llegado mientras Ricardo buscaba al muchacho y había estado escuchando todo desde su recámara. Antes de que nadie preguntara nada, Julián justificó:

-El padre Narciso llegará luego. Yo me tuve que adelantar por algunos asuntos que quería discutir con Ricardo... pero veo que ya los atendió y con muy buenos resultados, por lo que veo.

-Bueno, intervino Sonia, pues a abrir las galletas y ponerlas en los platitos... Carlos, ahora te toca a ti servir los refrescos...

-A sus órdenes jefe! contestó jocoso.

 

Narciso veía nervioso como el autobús se detenía en cada parada. Ya le andaba por llegar a casa de Ricardo. Ahora sí le traía una buena. Saltaba de gusto tan sólo al pensar que le iba a meter en un brete. Al pensar en la pregunta, sonreía para sus adentros. Por fin llegó a la esquina de su destino y bajó del camión casi sin esperar a que se detuviera. Caminó de prisa los metros que le separaban de la casa y alcanzó a entrar atrás de Fidel, su novia y la hermana de ésta.

-Hola a todos! exclamó contentó.

-Hola padre, contestaron casi a coro.

-Yo pensé que ya no venía, padre... comentó Norma.

-Qué qué...? No, esta noche no me la pierdo ni de chiste....! contestó el curita poniendo cara de pillo.

-Humm, éste algo se trae, dijo Julián dirigiéndose a Ricardo.

-Sí, verdad? contestó éste sonriendo.

 

Ya ubicados en sus respectivos lugares, Narciso pidió hacer uso de la palabra.

-Adelante padre, dijo cortésmente Carlos, está usted en su casa...

-Pues lo dirás de chía, pero es de horchata, contestó el sacerdote.

-No le hagas caso Narciso, dijo Ricardo, a ver... qué traes?

-Pues creo que ahora sí vas a bailar con la más fea mi ya querido amigo...

-Tú crees? cuestionó Julián.

-Claro que lo creo! A ver, mi querido Ricardo, tú alegas que la iglesia ha aplicado los conocimientos de la religión a la feligresía prácticamente como un dogma completo o total...

-Oiga padre Narciso, dijo interrumpiendo Fidel, porque no habla en español en honor de nosotros los ignorantes?

-Pues vaya que lo son! Lo que dije es que Ricardo afirma que la iglesia le ha metido a sus fieles la religión a fuerzas... eso es un dogma... sin embargo, tú, mi querido Ricardo, quieres que nosotros creamos lo de los evangelios apócrifos de la misma forma! Cómo es que quieres que tengamos la confianza de que lo que dices es verdad? Qué nos das para que te tengamos confianza? Porque así, a priori, no se puede alegar que el otro te obligó a creer en algo y por tu lado pedir que él se vea obligado a creer en lo que tú dices.

-Ya acabaste? preguntó Ricardo muy serio.

-Ya... a ver... échate ese trompo a la uña!

Todos quedaron expectantes a la respuesta de Ricardo.

-Ayy mi querido Narciso! Ya te habías tardado en presentar oposición! Pero, bueno, aunque estas pláticas no son precisamente un enfrentamiento, aclararé tus dudas al respecto. En primer lugar, yo no trato de que alguno de ustedes crea “a priori” lo que comento sobre los evangelios apócrifos y los documentos del Mar Muerto. Simplemente los cito porque en ellos está la diferencia entre lo que nos enseñaron y lo que nos faltó por aprender. En segundo lugar, yo he comentado que la iglesia ha ocultado mucha de esa verdad y, lo que nos han enseñado, ha sido más como dogma que como aprendizaje.

-Y el dogma no es un aprendizaje?

-Sí, pero incompleto y a fuerzas, como tú le dices. Recuerden que he dicho, y ustedes también lo han experimentado, que cuando intenta uno despejar alguna duda con un sacerdote, éste siempre contesta “son misterios de fe... y debes creer en ellos” lo que si bien puede ser aplicado en cierto momento, quizá, y aceptando sin conceder, cuando eres niño y no podrías entender algunas cosas, no es congruente hacerlo con un adolescente o un adulto que ya cuentan con el raciocinio, con la capacidad de análisis.

Ahora bien, tú hablas de confianza, pero... que confianza puedes tener en aquel que te oculta algo? Y la iglesia lo ha hecho por dos milenios! Confianza? Hace un momento hablaba con alguien de que la desconfianza brota de la falta de comunicación... y es muy cierto!

Lupita... me permites tomar de ejemplo tu caso para ilustrar mi respuesta?

-Si Jorgito no tiene objeción...

-No Don Ricardo, adelante, que bien nos lo merecemos...

-Bueno, gracias... resulta que Lupita y su hijo Jorgito sufrieron varos días por esa falta de comunicación que, a su vez, causó la desconfianza de uno en el otro. Lupita, por razones que no vienen al caso, no le comunicó a sus hijos que a dónde se iba todas las tardes era a nuestra casa, a estas pláticas; a eso, se sumó la alegría natural que tiene y, por ende, Jorgito comenzó a pensar que su madre le andaba dando vuelo a la hilacha, como decimos por acá, y hasta alcanzó a pensar que se divorciaría de su marido. El carácter de Jorgito se volvió agrio y hosco hacia su madre, lo que le hizo pensar a ésta que su hijo andaba en malos pasos... temblaba nada más de pensar que la droga le había hecha presa fácil. Total, que ambos se veían con miradas airadas, con rencor, con desconfianza, con recelo, pero ninguno de los dos tuvo el tino de despejar sus dudas directamente con el otro. Cuántos sufrimientos se hubiesen ahorrado de haberlo hecho. Cuando las aclaraciones se hicieron, cuando las dudas se despejaron, desapareció la desconfianza y la duda. Son ahora tan felices como antes, y espero que hayan aprendido, al igual que todos ustedes, que -como lo decimos mi socio Ramón y yo- lo mejor de todo es sacarse la espina antes de que se encone! En otras palabras, hablar, preguntar, cuestionar, despejar la duda. Ya bien lo dice el dicho popular: mata más la duda que la desilusión. Y vaya que los refranes populares son muy sabios!

Así, en materia de religión, la falta de comunicación es la base de la duda, de la desconfianza. Cómo puedes pedirme confianza -preguntó directamente a Narciso- cuando te hemos dado las armas para que pelees? O acaso te hemos ocultado algo? No te indicamos, tanto Julián como yo, a qué libros debías remitirte para conocer de lo que hablamos? Eso es comunicación! Ahí debe basarse tu confianza en nosotros, que no en lo que decimos, eso debes aprenderlo, investigarlo, analizarlo. Desconfiarías si te hablásemos de los evangelios apócrifos y no te dijésemos dónde encontrarlos. No Narciso. Además, platicar como lo hacemos es precisamente buscar la comunicación, esa comunicación que tanta falta hace en el mundo, en las familias, entre socios y amigos. Acaso no tienen ustedes libertad para preguntar lo que quieran?, para despejar sus dudas? Incluso les he dicho que si algo que pregunten no encuentra respuesta en nuestros conocimientos, podemos investigarlo. No somos perfectos, pero tratamos de conocer más aquello que anhelamos. Quizá por eso la pregunta inicial de Carlos “Quién demonios es Cristo” nos ha dado tanto de qué hablar. Quién fue realmente? Por qué no se nos ha contado mucho de lo que hizo y dijo? Ahí si podemos aplicar lo dicho: con qué confianza podemos creer en Él, si no lo conocemos? Conocerlo de más cerca, saber más de Él, es acercarnos con mayor confianza a su divinidad... y no sólo a su presencia en la tierra, sino a sus propios preceptos. Cuántas veces no encontramos a alguien que clama por la pureza y su propia alma es sucia como el lodo? Conocerlo es tenerle confianza, la posibilidad de amarlo más intensamente, pero ya no por que nos “ordenaron” amarlo, sino porque sabemos de lo que fue, y es, capaz. No encuentren pretextos para saber. Lo obscuro no es aprender, sino ocultar la verdad... o parte de ésta, al menos. A un sacerdote como tú le enseñan más a convencer que a enseñar. Ojalá y el cambio fuese más rápido. Ojalá y ya se pudiese aprender, en el catecismo por ejemplo, todo lo referente a la religión pero así, sin tapujos, sin pasajes ocultos u obscuros, con la verdad en la mano! La confianza renacería entre los fieles. ¿Sabías acaso que esos fieles que ahora tanto atacas, los Testigos de Jehová y otras sectas o ramas de la religión, se alejaron de la iglesia por desconfianza? Sí, que no te asombre! México mismo era prácticamente cien por ciento católico cristiano y, ahora, bien puedo afirmar que más del 30 por ciento de sus fieles han abandonado las filas de la iglesia romana. Desconfianza nacida de la falta de comunicación. Una comunicación que despeje las dudas sembradas a lo largo de dos mil años y que, por mucho que se alegue, no tienen nada de satánicas o contrarias a la fe. O tú ves acaso en las palabras de Santiago algo contrario a la fe? Nada verdad? Y afirmo sin esperar tu respuesta porque ya lo dijimos aquí: repeler la verdad de Santiago sería tanto como desconocer la veracidad de las palabras de Lucas. Pero así fue y ni modo! No podemos cambiar el pasado, pero sí podemos hacer un presente pletórico de realidad, de verdad, de sencillez. Que no se incone la herida... es mejor sacar la espina a tiempo!

 

Nuevamente Ricardo dejaba sin habla a los presentes. Nadie comentó nada cuando éste dejó de hablar. Narciso fue el primero en decir algo, musitó apenas un breve gracias con la cabeza baja. Julián fue el que rompió el silencio

-Otra vez te aplaudo, mi querido amigo. Contigo no se necesita más que escuchar.

-Tiene razón padre Julián, musitó Narciso, vamos a sacarnos la espina!

-Vamos, dijo Carlos con un dejo de seriedad, y vamos en serio! Cuánta razón tienes al decir que debemos hablar. Si eso lo hubiésemos hecho hace mucho tiempo, otro gallo nos cantaría. Gracias jefe.

-De qué hijo? No es más que la verdad universal y el amor a Dios lo que me impulsa a cantarles algunas verdades...

Fidel abrazó a Gloria y Lupita a su hijo. Norma se acercó a Ricardo y también le abrazó con ternura. Así terminó la noche.

 

Jazmín había llegado la noche anterior ya bastante tarde, de tal suerte que cuando su padre se levantó ella seguía dormida.

-Y la Yaz? preguntó Ricardo.

-Sigue dormida, contestó Norma.

-Bueno, y qué te cuenta de sus clases? Cómo va?

-Bien, ya te dije que incluso hizo amistad con la Superiora y le consiguió el departamentito en que vive y el trabajo en la biblioteca...

-Vaya, pues Dios quiera y tenga yo por fin un heredero de mis quehaceres...

-Sueñas mucho con eso, verdad? cuestionó Norma cariñosa.

-La verdad sí, dijo Ricardo lanzando un suspiro de esperanza.

-Recuerda que Dios sabe lo que hace, terció Julián que ya desayunaba.

-Sí, no cabe duda, pero tengo la esperanza de que...

-Vamos mi querido amigo, dime qué cosa no has querido que no te haya dado el Señor?

-Tienes razón, como siempre, exclamó Ricardo acomodándose a la mesa.

La mañana transcurrió tranquila. Julián fue a visitar al Arzobispo; Ricardo salió a hacer algunas compras, y Norma se quedó platicando con Jazmín, que ya se había levantado.

A la hora de la comida, les extrañó que Ricardo no llegara.

-Qué le pasaría a tu padre? comentó Norma.

-Se debe haber entretenido con algún amigo, ya lo conoces...

-Pero nunca falta a la comida, a menos que avise...

-Ya mamá, no te azotes! Mi papá sabe cuidarse...

En eso estaban cuando tocaron a la puerta. Jazmín se levantó y fue a abrir.

-Buenas tardes, dijo un hombre desconocido, ésta es la casa de Don Ricardo Alvarez Ayala?

-Sí, dijo medio asombrada Jazmín...

-Se encuentra?

-No señor, no está en este momento, pero... quiere dejarle algún recado?

-No gracias... como a qué hora calcula que regrese?

-Pues, en realidad ya debería estar aquí pero...

-Sería tan amable de decirle que le vino a buscar Rafael? Acabo de llegar de Morelia y quise pasar a saludarle...

-No tenga cuidado, yo le aviso... pero... deja alguna dirección o teléfono?

-No, él ya sabe cómo contactar conmigo. Gracias.

Poco después de retirarse el hombre, Ricardo llegaba a su casa.

-Hola familia, perdón por el retraso, pero me encontré con mi compadre Celerino y ya saben cómo habla...

-Hola padre... dijo cariñosa Jazmín.

-Hola amor, saludó Norma, ya estaba preocupada...

-Perdón nuevamente...

-Oye padre, te vino a buscar un señor Rafael, dice que llegó de Morelia y quería saludarte...

-No me digas... que sorpresa! Y tiene mucho que vino?

-Se acaba de ir.... yo creo que te cruzaste con él.

-Sigan comiendo, mientras me sirven voy a hacer una llamada...

Ricardo marcó el número de la casa de su amigo y contestó una voz de mujer.

-Hola, dijo Ricardo, sería tan amable de decirle al arquitecto que ya estoy en casa? que en cuanto llegue por favor me llame...

-Si señor...

Sin más, se encaminó al comedor.

 

No bien había terminado de comer cuando el teléfono repiqueteó.

-Ricardo, te habla Rafael, informó Norma.

-Gracias... Bueno!

-Hola mi querido amigo! dijo alegre la voz al otro lado de la línea.

-Hola Rafael... que bueno que veniste... cómo has estado?

-Pues un poquito aburrido... desde que vendí la funeraria me he dedicado a recorrer el mundo, tal y como me lo aconsejaste una vez, pero ya tengo tres meses en Morelia y, como mi hija se va a la Universidad a trabajar, paso la mayor parte del día solo, así es que se me ocurrió venir a Acapulco a visitarte.

-Qué bueno, de verdad no sabes que gusto me da! Te espero, o quieres que nos veamos en alguna parte?

-No, te voy a ver en una hora; está bien?

-Perfecto, te espero.

 

Antes de la hora, Rafael ya estaba sentado ante el escritorio de Ricardo.

-Así es que te has vuelto un trotamundos, dijo Ricardo con verdadero entusiasmo ante la visita de su amigo.

-Tú me provocaste! contestó el otro sonriendo.

-Claro, ahora me echas la culpa, verdad?

-Naturalmente, si yo tan tranquilo que estaba atendiendo a mis muertitos...

-Y qué tal?

-Fabuloso! Ha sido un cúmulo de experiencias inolvidable. He recorrido la mayor parte de Europa, me metí por el oriente hasta la China... oye! qué muralla! una cosa es verla en foto y otra estar ahí... es algo impresionante!

Las horas pasaron volando y los dos amigos seguían enfrascados en la charla hasta que Julián asomó a la puerta del pequeño despacho.

-Hola jóvenes!

-Hola Julián, pasa por favor, déjame presentarte a un buen amigo...

-Rafael Mendieta, arquitecto, para servir a Usted...

-Yo soy simplemente el padre Julián. Mucho gusto, el que es amigo de Ricardo, es mi amigo. Gusto en conocerle.

-Gracias, igualmente.

-Oigan, déjense de ceremonias. Julián, quieres tomar algo?

-Qué toman ustedes?

-Café...

-Bueno, pues me sacrificaré...

El resto de la plática sirvió para que Ricardo explicara quién era cada uno y se conocieran un poco más. Al padre Julián de inmediato le agradó aquel hombre que mostraba ser un profundo conocedor de la literatura, la música y la historia. La sensibilidad de Rafael y la calidez de Julián sirvieron de identificación mutua.

El tiempo pasó volando y la palomilla llegó a la hora acostumbrada. Rafael, que ya estaba al tanto de las pláticas de Ricardo, se sumó por esa noche.

 

-Así es que usted es el de la funeraria, dijo Jazmín un tanto asombrada. La verdad es que no le reconocí cuando llegó este mediodía... se ve usted un tanto más...

-Más viejo! casi gritó amistoso Ricardo.

-Viejos los cerros... contestó Rafael.

-Perdón, pero sí. Tenía años que no lo veía, señaló Jazmín.

-Pero todavía vivo... completó el arquitecto.

-Bueno, pues esta noche tenemos dos oyentes nuevos, dijo Ricardo a guisa de información a los asistentes, una es Jazmín, mi hija, a quien ustedes ya conocen, y el otro es un buen amigo mío de muchos años, el arquitecto Rafael Mendieta. Espero que Narciso no tarde mucho...

-Ya viene, dijo Norma, habló hace un momento por teléfono diciendo que ya salía para acá.

-Bueno, pues mientras llega, permitanme ustedes narrarles dos milagros más de Jesús-niño para terminar con esta etapa. Cuando Jesús vivía en Cafarnaúm, había un hombre muy rico llamado José que había sucumbido ante una penosa enfermedad. Al escuchar los llantos de dolientes y familiares, Jesús dijo a su padre: Por qué no le prestas a este hombre, que se llama igual que tú, el socorro de tu bondad? José, asombrado, le contestó: Qué poder? qué medios tengo yo para prestarle socorro?. Jesús le indicó: Coge el pañuelo que llevas en la cabeza, ve y pónselo en el rostro al muerto y dile ‘Que el Cristo te cure’. Y en seguida sanará y se levantará de la cama. José hizo lo indicado y, cuando el muerto resucitó, lo primero que hizo fue preguntar quién era Jesús. Este es el único caso que he conocido -quizá haya otros, pero no los he encontrado- en que Jesús prácticamente hizo que José realizara un milagro.

La verdad es que no tengo explicación del porqué Jesús lo hizo. Si llego a encontrarla, se los comentaré. Sin embargo, me parece que fue una forma tierna de no sólo mostrar a su padre terrenal la firmeza y alcance de su poder, sino de compartirlo de alguna forma con él. En fin...

El toque en la puerta distrajo a Ricardo, que se acercó a abrir. Era narciso.

-Mil perdones, pero tuve algunas cosas que atender...

-No hay cuidado Narciso, pasa; perdona tú que hayamos empezado sin ti...

-De ninguna manera.... adelante.... adelante...

Tras que Narciso se arellanó en su sillón favorito, Ricardo continuó.

-Les decía a los presentes -comentó dirigiéndose a Narciso a guisa de explicación- que les narraría los últimos dos milagros de Jesús-niño consignados en los evangelios que han sido objeto de nuestro análisis, con lo que culminaríamos esa etapa de su vida. Ya les hablé del primero, pero con el segundo estoy seguro de que tú serás el primero en protestar.

Ya vivían en Belén; un día José llamó a Santiago y lo envió al huerto a recoger legumbres para hacer un potaje. Jesús siguió a su hermano Santiago al jardín...

-Un momento, interrumpió Narciso, cómo está eso de su hermano? Jesús no tuvo hermanos! Ya estás como los herejes esos...

-Vuelves a la intransigencia Narciso; cuales herejes? no entiendes que creen en lo mismo que tú?

-No me cambies la plática! Tú dijiste “hermano” y Jesús no tuvo hermanos...

-Claro que los tuvo, intervino Jazmín... hace mucho que mi papá nos platicaba de eso, de que Jesús tuvo otros hermanos...

-Otros...? Ahora resulta que ni siquiera era uno solo, sino varios?!!

-Sí Narciso, así es... veo con tristeza que no has leído profundamente los evangelios apócrifos... señaló Julián.

-Usted también padre? Bueno! Una cosa es que les haya tolerado algunas cosas que al parecer son ciertas conforme a la historia, pero de ahí a que hablen de hijos.... María fue virgen...

-Ves? Tu intransigencia te ciega... nadie dijo que fuesen hijos de María!

-Entonces?

-Si me permites terminar con la narración de este milagro -que corresponde al cap. XLI del evangelio pseudo Mateo- te aclararé, con el siguiente y último capítulo lo correspondiente a la familia completa de Jesús...

-Pero sin pretextos... sin salidas de lado...!

-Y cuándo me has visto salirme por la tangente?

-Digo...

-Bueno, pues decía yo que Jesús siguió a Santiago, su hermano, sin que sus padres lo vieran. Al remover las plantas para recoger las legumbres, salió una víbora de un agujero y mordió la mano de Santiago, quien se puso a gritar del dolor. Jesús, que estaba al otro lado, corrió, le tomó la mano y no hizo otra cosa que soplar encima y refrescarla. Al instante Santiago sanó y la serpiente murió. Con los gritos, José y María acudieron al jardín y encontraron a la serpiente muerta y a Santiago perfectamente sano.

Quiero hacer la aclaración que -al menos en el ejemplar de los apócrifos que tengo- en este capítulo, cuando dice que envió a Santiago al jardín, señala a éste como ‘su primogénito’, lo que considero con toda seguridad un error tipográfico o de traducción, pues como el mismo Santiago lo consigna e incluso Tomás en el suyo, Santiago era ‘el benjamín’ o sea, el más pequeño... recuerden que de ahí lo de Santiago el Menor...

-Y dale... reclamó Narciso. Entre tanta mentira hasta tú te enredas... cómo va a ser ‘el benjamín’ si afirmas que María no tuvo otros hijos!

-Precisamente... y el último capítulo de Pseudo Mateo -XLII- describe perfectamente la conformación de la familia de Jesús, para que no haya dudas. Permíteme leerlo al pie de la letra: Cuando José iba a un banquete con sus hijos, Santiago, José, Judá y Simeón, y con sus dos hijas...

-Ahhh vamos, también tenía hermanas!!!

-Pues sí... pero te callas o te callo...

-No, pos’sí!

-... sus dos hijas, y Jesús y María, su madre, iban también, y la hermana de ésta, María esposa de Cleofás...

-A ver... a ver... ya me hiciste bolas, dijo Jazmín...

-Por no escuchar todo lo que se dice... o se va a decir... completo! Escucha, porque adelante viene la explicación a tus “bolas”... y la hermana de ésta, María, esposa de Cleofás, que el señor había dado a su padre Joaquín y su madre Ana, porque habían ofrecido al Señor a María, la madre de Jesús. Y esta María había sido llamada con el mismo nombre de María para consolar a sus padres.

-Ahhhh...

-Ahhhh.... ves cómo escuchando siempre se puede esperar la respuesta a muchas de nuestras dudas?

-Pues sí, intervino Narciso, pero veo ciertas imprecisiones... como por ejemplo el nombre de las ‘hijas’, te lo saltaste, o está como el ‘documento perdido’ del que hablabas el otro día?

-No, no me los salté, lo que pasa es que Mateo no da los nombres en ese capítulo -y he aquí que también no conocer antecedentes es parte de nuestra ignorancia- pero sí los da Tomás: Lisia y Lidia.

Pero lo importante de éste último capítulo de Mateo es que describe el respeto que había de todos ellos hacia Jesús, con todo y ser el menor, al que ya adoraban como lo que era: el Rey de Reyes. Dice a la letra: Siempre que estaban reunidos, Jesús los santificaba y los bendecía, y comenzaba el primero a comer y beber. Ninguno de ellos osaba comer, ni beber, ni sentarse a la mesa, ni partir el pan, hasta que Jesús, tras bendecirlos, hubiese hecho el primero estas cosas. Si por casualidad no estaba allí, esperaban que lo hiciese. Y cada vez que él quería acercarse a la comida, se aproximaban también María y José y sus hermanos, los hijos de José. Y estos hermanos, teniéndolo ante sus ojos como una luminaria, lo observaban y lo temían. Y cuando Jesús dormía, tanto de día como de noche, la luz de Dios brillaba en él. Sea alabado y glorificado por los siglos de los siglos... amén.

-Amén! contestaron todos en coro, como una reacción refleja.

Mientras Ricardo hablaba sobre la relación de la familia con Jesús, Narciso había abierto el libro de los evangelios apócrifos y buscaba con afán. Precisamente cuando Ricardo terminó, Narciso cerró el libro.

-Amén de mi parte también, dijo entre serio y sonriente. No cabe duda, mi querido Ricardo, de que sabes de lo que hablas... aquí está, efectivamente. La verdad es que no había llegado hasta ahí; me concentré en lo de los milagros del Dios-niño. Sin embargo, permíteme digerirlo un poco más a fondo y ya platicaremos.

-Bien, no hay problema, contestó Ricardo.

-Oye papá... a veces hablas de Santiago, a veces de Mateo, otras de Tomás... pues cuántos evangelios hay?

-Mira, son varios, por no decir muchos ahora con lo descubierto desde aquella famosa biblioteca hasta Qumram, incluso algunos de los que no he hablado para no entrar en honduras, como el de María...

-María? existe un “evangelio de María”? preguntó asombrada Norma.

-Sí, recuerden que “evangelio” quiere decir palabra, y que es posible que se le llamare evangelio a cualquier escrito referente a Cristo redactado por alguien que tuviese testimonio o sobre alguien que hubiese dado testimonio. Bien, está también el Evangelio Copto, y el Evangelio Arabe... a éste último nos referiremos en otra parte de nuestra charla ya pronto. Los evangelios reconocidos dentro del canon son los de Mateo, Lucas, Marcos y Juan. Pero se han encontrado también los de Santiago -al que considero como la mejor fuente tanto porque fue hermano de Jesús, como porque es redacción prácticamente contemporánea a él, aunque algunos detractores pretenden achacarle una originalidad de 200 años después de la muerte de Cristo pero, ni creo que Santiago los hubiera vivido, ni que alguien lo hubiese escrito a tan larga distancia con tanta seguridad y certeza. Recuerden que los demás sí se escriben muchos años después. Por el lado de Mateo, la explicación que da San Jerónimo -cuando le solicitan los obispos de Cromacio y Heliodoro que traduzca un evangelio apócrifo encontrado en hebreo del propio Mateo- es más que contundente: San Jerónimo contesta, a la propuesta de rechazarlo porque ‘contiene muchas cosas contrarias a la fe’, diplomática, pero firmemente: Me habéis encargado una ardua labor, bienaventurados obispos, al pedirme que dé curso a relatos que el mismo santo apóstol y evangelista Mateo no quiso publicar. Porque si no hubiera en éstos cosas secretas, seguramente las hubiera unido al evangelio que él mismo publicó.

-A ver Ricardo -y que conste que te lo pido ya con respeto, no en plan de diatriba- no entiendo algo. Si Mateo publicó él mismo su evangelio, cómo es que aparece luego otro con su nombre? cuestionó Narciso.

-Mira, cuando leemos debemos aprender a captar esos pequeños detalles que nos arrojan la verdad. Si te das cuenta, San Jerónimo reconoce, cuando dice  “que dé curso a relatos que el mismo santo apóstol y evangelista no quiso publicar”, en primer lugar, la autenticidad del documento, es decir, que es de Mateo; por otra, el objeto del ocultamiento que se pretende: las cosas secretas  contrarias a nuestra fe.

Claro que su análisis inicial no está del todo errado cuando dice que “si no hubieran en éstos cosas secretas, seguramente las hubiera unido al evangelio que él mismo publicó”; lo que nos demuestra que cuando Mateo publicó su evangelio ya había ciertos intereses creados en una iglesia que comenzaba su construcción. Lo que no sabemos es si Mateo, de motu propio recortó su evangelio, o lo recortó por instrucciones de otros. Creo lo segundo, dado que Mateo supo guardar bien su documento completo, y muchos, muchos otros más, al paso de los tiempos, supieron guardarlo. Por algo sería. El mismo San Jerónimo reconoce esto al señalar en su respuesta: “Pero escribió este opúsculo ocultándolo con las letras hebraicas y no se ha realizado hasta ahora su divulgación, aunque hoy día ese libro, escrito con sus propias manos -otra prueba de autenticidad- en caracteres hebraicos, se encuentra en manos de hombres muy religiosos que, a través de los tiempos, lo han recibido de sus predecesores”. Y que conste que San Jerónimo vivió entre los años de 350 y 420 en el que muere.

En otras palabras, y para contestar directamente tu pregunta, yo diría que no es otro -le llaman pseudo Mateo- sino el mismo, pero completo, sin cortes, sin censura. Claro que ahora, cuando se habla del apócrifo, se presenta sin lo ya conocido, sólo lo que falta, por lo que bien puede haber alguna confusión, pero de que es uno... es uno! Advierto igualmente que hay quienes piensan que son dos documentos diferentes, uno el publicado y que el otro fue escrito como complemento secreto. A pesar de todo, regresamos a lo que hemos dicho siempre: si fue secreto por ciertos intereses antes, porque negarlo ahora? Qué tienen de malo los ejemplos de los milagros del dios-niño, fuera de esa estulticia infantil exenta de maldad que, a la fecha, no se compara por ejemplo con cualquiera de esos muchachitos estudiantes que han masacrado a sus compañeros y maestros en las escuelas norteamericanas, si me vale y permiten la comparación. Fuera de eso, de los milagros infantiles, de la composición de la familia, es decir de la existencia de sus hermanos, de todo lo demás, no encuentro pretexto alguno para que continúen sin ser aceptados no sólo como parte de la historia de la religión, sino parte del canon mismo.

-Bueno Ricardo, debo aceptar que hay algunas cosas que también pueden ser malinterpretadas, si son manipuladas con cierta agudeza por los detractores de la iglesia... dijo Julián.

-Cómo cuáles?

-De  momento se me ocurre, ahora que se habla tanto del nepotismo...

-Qué es el nepotismo jefe? preguntó Carlos interrumpiendo.

-Nepotismo viene de la palabra Nepote, que significa pariente. Se dice que hay nepotismo cuando alguien, sobre todo un funcionario o dirigente, da preferencia a sus parientes o aprovecha su posición para beneficiar a sus parientes otorgándoles plazas o trabajos en la dependencia u organismo a su cargo.

-Gracias jefe...

-De nada... y ya no interrumpas a Julián...

-Decía yo que ahora que tanto se habla de nepotismo, por ejemplo, bien pudiera decirse o afirmarse que Jesús dio preferencia a sus parientes, al menos dos de ellos fueron de sus apóstoles...

-Pudiera ser, sobre todo si pensamos que la iglesia ha querido remarcar un supuesto distanciamiento de Jesús de su familia durante su vida pública. Recuerden aquel pasaje bíblico en que alguien le dice que le buscan su madre y sus hermanos y El contesta que sus únicos hermanos son los que están presentes, es decir, niega a su familia, lo que sí me suena un poco incongruente en quien pregona el amor. Creo que esta es, precisamente, una de las manipulaciones eclesiales e, incluso, una parte en la que se les escapa lo de “sus hermanos”, aunque muchos sacerdotes, cuando les he cuestionado sobre esto, afirman que también se les decía hermanos a los primos  o a los amigos más cercanos. Que en Tepito así sea, no quiere decir que en aquella época fuese así. Pero... creo que eso es materia de otra plática y por hoy ya deben estar cansados...

-Pero estuvo buena.... dijo Lupita

-Sí, dijo Silvia estirándose.

-Pues jóvenes, que Dios los bendiga... dijo a guisa de despedida Narciso.

 

Mientras los demás se despedían, Ricardo y Julián presentaron a Rafael con el otro sacerdote. Ricardo, que siempre llevaba a Narciso a su parroquia, les invitó a tomar un café.

­-Gracias Ricardo, dijo el cura, pero estoy un poco cansado... además, creo que ustedes tendrán mucho de qué platicar... así es que mejor los dejo.

-Bueno, pues otro día será... y tú Julián?

-Nooo... yo nunca desprecio un cafecito! así es que... jálenle jóvenes...

Rafael y Ricardo rieron ante la ocurrencia del sacerdote y abordaron el auto.

Ya en el café, tras dejar a Narciso, Rafael le preguntó al padre sobre su parroquia y, cuando éste le dijo en dónde estaba, Rafael señaló entusiasmado:

-Vaya que es pequeño el mundo... yo tengo ahí un compadre que trabajó conmigo cuando estaba en el gobierno de Arriaga, allá en Morelia.

-Y quién es?

-Un hombre muy humilde, pero con cierto poder económico...

-Ahhh.... no me digas que es Don Pedro...

-Así es... Pedro González, un hombre leal y muy trabajador...

-Y filántropo, agregó el sacerdote. Fíjate que la construcción de la barda perimetral y el atrio de la parroquia fueran costeadas íntegramente por él...

-Vaya, pues ya se volvió pío... porque hace años era más ateo que una parota...

-No me digas! cuenta, cuenta... que me lo voy a comer vivo ahora que vaya!

-Bueno, en realidad ateo no era, creía en Dios, pero era tan come-curas que Dios guarde la hora...

-Y tú, mi querido Rafael? Eres come-curas?

-Bueno... la verdad es que no tanto así, pero no comulgo con muchas cosas, como el materialismo que presentan algunos representantes de la iglesia...

-Pero no todos... afirmó Julián defendiéndose.

-En realidad, intervino Ricardo, Rafael no es muy apegado a la religión. Cree, sí, pero como muchos, a su modo...

-Claro... a su modo... o debiera decir a su conveniencia! reclamó Julián.

-A conveniencia no precisamente, indicó Rafael, pero no soy asistente regular a misa ni a otras muchas cosas. Yo hablo con Dios a solas. Le pido y le agradezco. Pero no me confieso ni comulgo. Sin embargo, no considero que por eso soy mal cristiano...

-No, en verdad no lo eres, señaló Julián, pero sí debieras escuchar un poco más la palabra...

-Pues la oiremos... yo había dicho que estaría con ustedes sólo por esta noche, pero me gustó el ambiente y la plática de Ricardo, así es que, si no tienen ustedes inconveniente, estaré noche con noche durante el tiempo que pienso pasar en Acapulco.

- Bienvenido, contestó Ricardo.

 

La reunión no había empezado cuando llegó Carlos apurado.

-Jefe... fíjate que tenemos un pequeño problema. Sonia está enferma! Se siente mal. Ha estado vomitando todo el día, y no aguanta más. De tanto vomitar está mareada.

-Y qué esperas para llamar al médico? preguntó preocupado Ricardo.

-A eso vine... pero pasé a avisarles que no vamos a poder venir y... la verdad es que no quisiera perderme nada, ni ella... así es que te vengo a pedir que hoy se dediquen a comer pastelitos y café... aquí les traje dos charolas de pastelitos... para que no gastes...

Norma, que escuchaba callada, soltó la carcajada.

-Y ahora? Qué te pasa? preguntó extrañado Ricardo.

Julián, que también estaba pendiente de la plática, intervino cariñoso.

-Vamos Ricardo! No puedo creer que a tus años ya hayas olvidado la grave enfermedad que significan esos síntomas!

-Grave! exclamó Carlos.

-Muy grave, dijo Norma ya muy seria.

-De qué demonios hablan? cuestionó Ricardo.

-No te preocupes, le dijo Norma, que Julián te explique en lo que yo acompaño a Carlos a ver a Sonia...

Sin decir más, tomó sus llaves de encima de la cómoda y salió prácticamente jalando a Carlos.

-Vamos, le dijo apurada...

Ricardo, mudo, miró extrañado a Julián.

-Vaya que si serás bruto, le dijo bromista el sacerdote.

-Qué?

-Que vas a ser abuelo, idiota!

-Quééééé!

-Sí tonto! Qué no sabes lo que significan los ascos y el mareo en una mujer?

-Vaya! sólo acertó a decir el escritor.

 

Cuando los demás llegaron, la comidilla de la noche fue el embarazo de Sonia. La más entusiasmada era Jazmín con eso de tener otro sobrino.

-Te estás quedando, dijo Lupita graciosa a la chamaca.

-Eso cree... contestó Jazmín misteriosa.

-No me vayas a salir con tu domingo siete, dijo serio Ricardo.

-A lo mejor... a lo mejor...

No habían terminado de aclarar paradas, cuando llegaron Norma, Carlos y Sonia. Carlos traía una bolsa de la que sacó tres botellas de sidra.

-Señores, vamos a brindar esta noche...

-Y por qué brindamos? preguntó Julián haciéndose el ignorante.

-Pues... porque este viejito se hace más viejo cada día...

-Estás feliz, verdad? dijo Ricardo dándole un abrazo.

-Claro que lo está, dijo Norma. hubieras visto los brincos que pegó cuando le dijo el doctor lo que era.

-Pues vamos a brindar, indicó Julián, pero no por tu viejo, ni por ti, ni por tu mujer, a la que felicito ampliamente, sino por ese ser que viene... porque arribe a un mundo mejor del que tenemos ahora...

Todos levantaron las copas que Silvia y su hermana se habían prestado a servir, y brindaron con alegría.

-Bueno, dijo Julián, ahora que vas a ser padre podrás comprender muchas de las preocupaciones de tu propio progenitor. Espero que seas tan centrado y buen padre como él.

-No padre, me pide mucho. Nadie es como mi padre. Es un padre a toda....

-Jovencito! dijo jocoso Julián, que estás en presencia de dos sacerdotes!

-Gracias hijo, dijo Ricardo con los ojos llenos de lágrimas, recordando aquel tiempo que dejaran de hablarse porque Carlos había sido muy severo con su hermana Niza y poco después se enteró de que había caído en las garras de la droga. Su reclamación hizo que se alejaran una buena temporada.

-No tienes que darlas padre, es la verdad. No sé que haríamos sin ti, tus consejos, y hasta tus diabluras.

-Sí, si ya hasta su nieta lo calla! comentó Norma.

-Cómo está eso? preguntó curioso Julián.

-Pues nada, que el otro día que fue cumpleaños de las gemelas, las hijas de Normita, Ricardo les cantó el “sapo verde eres tú...” y Estefanía, que estaba al teléfono, dijo que cantaba muy feo. Ricardo tomó la bocina y le dijo en tono de broma que era de los ganadores de “La Academia” y la niña le dijo “Ayyy... mejor cállate abuelito...”

Todos soltaron la carcajada.

-Ven ustedes, añadió Ricardo bromista, ya nadie respeta a sus mayores...

-...su mayor desgracia! agregó Carlos.

La noche terminó entre charlas y risas motivadas por la noticia del embarazo, y se vertieron opiniones que fueron desde la conformación de la canastilla para el bebé, hasta un debate sobre el nombre que le pondrían.

 

Narciso llegó muy emocionado a casa de Ricardo. Traía bajo el brazo un par de libros y casi jalaba de un brazo a Julián. Norma abrió la puerta y lo primero que hizo Narciso, antes de saludar, fue preguntar por el escritor.

-Perdone Usted Doña Norma, ya hasta los buenos modales estoy olvidando, pero es que traigo algo que a Ricardo seguramente le gustará.

-No se preocupe padre, le entiendo porque también en su rostro veo un entusiasmo bastante notorio. Pase, está en su estudio.

Julián ya se había adelantado y, desde el dintel hizo señas a Ricardo que le miró extrañado.

-Buenas tardes Ricardo, saludó presuroso Narciso, te traigo algo que me encontré entre lo que estoy revisando...

-A ver... contestó Ricardo haciéndose el curioso.

Narciso le extendió un texto abierto que hablaba sobre la vida secreta de Jesús.

-Humm... sí, no está errado. Yo lo había visto en otro lado, pero en esencia es lo mismo.

-Dios Santo! pero si a ti no se te escapa nada, dijo decepcionado el sacerdote. Así es que ya lo sabías?

-Te he dicho muchas veces que Ricardo ha estudiado mucho, terció Julián. Mira, ves estos dos anaqueles que corren a lo largo de su biblioteca?, pues bien, todos son libros relacionados con el estudio de la religión y su historia. Hasta tiene un libro que ubica en planos individuales todas y cada una de las acciones registradas en la historia sagrada.

-En verdad?, exclamó Narciso lleno de sorpresa. Caray mi querido Ricardo, te voy a pedir, abusando de tu amistad, que me permitas venir a leer algunos de ellos...

-Claro, ya sabes que ésta es tu casa, contestó amable el anfitrión. Sin embargo, el día de hoy tendremos la charla centrada sobre la visita de Jesús al templo. Ya será mañana cuando entremos de lleno a su vida que muchos llaman secreta.

-Como tú ordenes mi querido amigo, dijo consecuente el cura.

Los tres salieron hacia la sala, en donde ya estaban reunidos casi todos los asistentes cotidianos. Sólo faltaba Fidel, Gloria y Silvia. Antes de que preguntara Ricardo por ellos, Carlos le dijo con expresión muy seria:

-Papá, Fidel no va a venir porque murió la mamá de las muchachas. Me avisaron hace rato por teléfono.

-Caray, pues que pena. No sé si estén todos de acuerdo, pero considero que por solidaridad debiéramos acompañarlas en su pena...

-Tienes razón Ricardo, dijo Julián, vamos todos a donde la estén velando...

-Es aquí cerca, comentó Sonia.

-Pues vamos, indicó Norma, nada más dejen que me cambie.

 

Una hora después estaban todos en la funeraria. Las dos hermanas estaban hechas un mar de lágrimas. Julián consolaba a una mientras Narciso hacía lo propio con la otra. Ricardo, Norma, y los demás, estaban a un lado de ellas.

-No hay palabras para mostrar nuestro pésame, dijo Ricardo a nombre de todos. Pero si en algo podemos ayudarlas, sólo díganlo.

-Gracias Don Ricardo, agradeció Silvia, no saben lo bien que nos hace el que estén ustedes aquí...

-No tienes nada que agradecer, intervino Norma, ustedes son como de la familia...

-Gracias, en verdad gracias doña Norma, son ustedes muy gentiles.

Ya más calmadas, comentaban el suceso con sus amigos. Gloria, la novia de Fidel, se dolió de la soledad en que quedaban. Eran hijas únicas, el padre había abandonado a su madre siendo muy pequeñas ellas y no sabían nada de él.

-Pues hay que tener templanza, dijo Julián, ya están ustedes grandecitas y bien pueden seguir haciendo su vida tal y como la llevaban con ella. Es natural que el vacío que deja no podrá ser llenado por nadie, pero la vida sigue...

-Pero... no están solas, exclamó Fidel decidido, yo estoy con ellas y veré por ellas. Sé que no es el momento más adecuado, pero... te casarías conmigo Gloria?

La propuesta dejó con la boca abierta a todos. Silvia se abrazó a Narciso y soltó nuevamente el llanto. Gloria sólo abría la boca repetidamente, pero no alcanzaba a decir nada.

-Creo que es muy noble de tu parte, intervino Ricardo, pero como tú mismo dices, no es el momento adecuado...

-Sí bruto... dijo Carlos en reclamo.

-No Don Ricardo, está bien... yo valoro la propuesta de Fidel pero... estás seguro de lo que propones? No es únicamente por el sentimiento del momento?

-De ninguna manera! Desde ayer que supimos que Carlos y Sonia iban a ser papás se me metió la espinita de pedirte matrimonio...

-Mira que no te casas con una, sino con dos! advirtió Silvia.

-Lo sé...

-Qué bueno que aún hay hombres así, comentó Narciso.

El resto de la velada Fidel y Gloria ya no se separaron para nada. Silvia, como un gatito, les seguía silenciosa a donde iban.

 

El funeral fue al día siguiente. Asistieron todos a dar el último adiós a la señora y, al finalizar la ceremonia en la que Julián y Narciso oficiaron una misa, fueron juntos a casa de Gloria.

En todo este tiempo, Rafael no había dicho nada. Su silencio fue notorio para Ricardo y Julián.

-Qué te pasa, dijo amistoso el escritor, te he notado muy callado.

-Es la muerte Ricardo, la muerte que anda cerca...

-Vamos, intervino Julián, tú tienes mucho todavía por andar!

-No te creas querido amigo...

-Hay algo que no nos has dicho? interrogó Ricardo.

-Para qué?... las penas se comen con soledad...

-De ninguna manera, reclamó Julián, con pan son menos y menos aún si se comparten con los amigos...

-Será...?

-Claro! dijo serio Ricardo.

-Bueno... ya platicaremos... sentenció Rafael.

Esa tarde, naturalmente, no hubo reunión. Sin embargo, Rafael, Ricardo y los dos sacerdotes no desperdiciaron el tiempo y se enfrascaron en una de esas pláticas que tanto les gustaba.

 

Fidel, Gloria y su hermana llegaron a la reunión con las caras largas. Los demás fueron llegando tras ellos. Lupita, al llegar, abrazó a Gloria y le dijo tiernamente:

-Mira hija, sé que es duro, pero debes sobreponerte. Tu madre ya goza de la paz eterna y ustedes deben seguir. Qué has pensado sobre la propuesta de este muchacho?

-Francamente aun no tengo respuesta doña Lupita. Yo bien quisiera, pero...

-No pienses mal Gloria, intervino Norma. Si él te hizo esa propuesta de matrimonio yo no veo que lo haya hecho por conmiseración, como tú dijiste; creo que es sincero.

-No, si yo también lo creo, pero no será prematuro?

-De ninguna manera hija, terció Julián, tu madre hubiese querido verlas bien casadas y esta es una buena oportunidad para que tu vida, ante las circunstancias, tomen un derrotero más serio.

-Si yo se lo digo... comentó tímidamente Fidel.

La llegada de Carlos, bromista como siempre, rompió la tensión y tristeza del momento.

-Hola familia... y digo familia con todas las extensiones debidas mis chavas! Cómo están? Todavía llorando? Vamos... pero si la muerte no es más que un paso al más allá...

-Carlos! Qué no puedes guardar un poco de respeto? dijo medio indignado Ricardo.

-Respeto lo hay! Pero no vamos a permitir que estas chavitas se nos descompongan...

-Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no le alumbre, dijo Narciso con acento sacerdotal; tanto tienen razón ellas en sufrir la pérdida, como la tiene Carlitos que supongo lo hace con la mejor intención del mundo. Debemos ayudarlas a superar su pena...

-Ahhh caramba, dijo festivo Carlos, así es que ahora te conviertes en mi aliado curita del demonio...

-Carlos! exclamó Norma ante la irreverencia.

-Déjelo Doña Norma, déjelo, contestó Narciso, ya verá que no es el león como lo pintan...

-Yo quiero darles las gracias a todos ustedes, dijo Silvia llorosa, han sido un verdadero apoyo para nosotras. Y tienen razón, creo que el mejor homenaje a mi madre es continuar con nuestra vida... Gloria, cásate manita. Si tienen temor de cargar conmigo yo les aseguro...

-Vamos Chivis, dijo interrumpiendo Fidel, ni pienses en eso. Yo te aseguro que casarme con Gloria significa para mí crear una familia... y si se forma con tres, que mejor...

-Te felicito Fidel, comentó Ricardo, no cabe duda de que eres todo un hombrecito.

-Gracias Don Ricardo, pero no lo hago por eso, lo siento, en verdad lo siento así.

-Sea pues, dijo limpiándose las lágrimas Gloria. Acepto tu propuesta matrimonial, pero con una condición...

-Cual?

-Que vivamos en casa. No quiero dejar la casa de mi mamá. Claro, si Silvia está de acuerdo...

-Claro que sí hermana... claro que sí... y felicidades!

Todos rieron abiertamente mientras Fidel y Gloria se abrazaban.

-Bueno viejito, dijo Carlos sentenciosamente, creo que ya le has encontrado veinte mil pretextos para no entrar en materia. Nos cuentas lo que sigue... o nos largamos con los Testigos de Jehová!

Nuevas risas brotaron de algunos, mientras Narciso decía fingiendo enojo:

-Ateo!

 

Servir los refrescos y las botanitas sirvió para que las muchachas acabaran de despejar su tristeza. Norma, hacendosa y solícita como siempre, preguntó a los sacerdotes si querían café o chocolate.

-Yo mi cafecito, dijo Julián.

-A mi sí me da un chocolatito, por favor.. pidió Narciso.

-Bueno jóvenes, intervino Ricardo, hoy vamos comentar algunas cosas que poco se saben sobre la visita al templo. Voy a tomar como base el evangelio árabe. Espero que Narciso ya haya leído al respecto...

-Sí... contestó lacónico el cura.

-Bien... cuando Jesús cumplió los doce años, sus padres subieron con él a Jerusalén, para la fiesta. Y, ésta terminada, regresaron a su hogar. Mas Jesús se separó de ellos, y quedó en el templo, entre los pontífices, los ancianos del pueblo y los doctores de Israel, preguntándoles y respondiéndoles sobre puntos de doctrina. Y todos se admiraban de las palabras, inspiradas por la gracia, que salían de su boca. Sus preguntas y respuestas causaban admiración, respeto, pero también inquietud entre los sabios presentes. A veces, Jesús escuchaba, otras, él mismo cuestionaba a los doctores de la ley que no atinaban a entender cómo sabía tanto sobre los libros sagrados.

En un momento dado, Jesús interrogó a los doctores: ¿De quién es hijo el Mesías? Y ellos respondieron: De David. Mas él replicó: Entonces, ¿por qué David, bajo la inspiración de Dios, lo llama su Señor, cuando escribe: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, para que humille a mis enemigos bajo el escabel de tus pies?

Y el más viejo de los doctores repuso: ¿Has leído los libros santos? Y Jesús dijo: Los libros, el contenido de los libros y la explicación de los libros, de la Thora, de los mandamientos, de las leyes y de los misterios, contenidos en las obras de los profetas, son cosas inaccesibles a la razón de una criatura. Y el doctor dijo a sus compañeros: Por mi fe, que hasta el presente no he alcanzado, y ni aún por oídas conozco un saber semejante. ¿Qué pensáis que llegará a ser este niño, por cuya boca parece que habla Dios?

Había también allí un sabio hábil en astronomía. Y preguntó a Jesús: ¿Posees nociones de astronomía, hijo mío? Y Jesús le respondió puntualizándole el número de las esferas y de los cuerpos celestes, con sus naturalezas, sus virtudes, sus oposiciones, sus combinaciones por tres, cuatro y seis, sus ascensiones y sus regresiones, sus posiciones en minutos y en segundos, y otras cosas que rebasan los límites de la razón de una criatura.

Se encontraba asimismo entre los doctores un filósofo versado en la medicina natural. Y preguntó a Jesús: ¿Posees nociones de medicina natural, hijo mío? y Jesús respondió con una disertación sobre la física, la metafísica, la hiperfísica y la hipofísica, sobre las fuerzas de los cuerpos y de los temperamentos, y sobre sus energías y sus influencias en los nervios, los huesos, las venas, las arterias y los tendones, y sobre sus efectos, y sobre las operaciones del alma en el cuerpo, sobre sus percepciones y sus potencias, sobre la facultad lógica, sobre los actos del apetito irascible y los del apetito concupiscible, sobre la composición y la disolución, y sobre otras cosas que sobrepujan la razón de una criatura. El filósofo, levantándose, se postró ante Jesús y le dijo: Señor, en adelante, soy tu discípulo y tu servidor.

Mientras se cambiaban estas conversaciones y otras semejantes, sobrevino María, que, durante tres días, erraba con José en busca de Jesús. Lo encontró sentado entre los doctores, preguntándoles y respondiéndoles y le dijo: Hijo mío, ¿por qué nos has tratado de esta suerte? He aquí que tu padre y yo te buscamos con extrema fatiga. Y Él repuso: ¿Por qué me buscáis? ¿No sabéis que debo estar en la casa de mi Padre? Ellos no comprendieron la palabra que les había dicho y los doctores interrumpieron: ¿Es este tu hijo, María? Ella contestó: Sí. Y ellos dijeron: ¡Bienaventurada eres, oh María, por tal maternidad!

Jesús volvió con sus padres a Nazareth, y los obedecía en todas las cosas. Su madre conservaba en su corazón todas aquellas palabras y Jesús crecía en edad, en sabiduría y en gracia ante Dios y los hombres.

Tienen ustedes alguna duda sobre lo comentado?

-No, contestó la mayoría. Narciso, sin embargo, estaba dudoso.

-Algún comentario Narciso? cuestionó Ricardo.

-En realidad no, pero me asombra que tantas cosas nos hayan sido ocultas, cosas tan simples como este relato. Porqué achicar la magnificencia de la plática entre Jesús y los doctores, por qué concretarla a un “y le miraban asombrados” cuando bien podrían habernos hecho partícipes de sus palabras...

-Creo, intervino Julián, que es porque muchas de sus palabras nos dejarían tan estupefactos como a los doctores de la ley. Es decir, no comprenderíamos mucho de lo dicho. Y no es ignorancia plena, sino conocimientos tan altos que difícilmente llegaríamos a comprender.

-Bueno, en realidad no dista mucho del relato conocido, comentó el propio Narciso, creo que es más interesante esa parte que han llamado la vida secreta de Jesús...

-Así es, dijo Ricardo con firmeza. En verdad hay cosas que sería complicado entender a priori, e interesante aquellas que simplemente nos arrojan mayor claridad sobre esa hermosa y sorprendente personalidad del Cristo mismo. No se trata de que salgamos de aquí con un doctorado en teología, sino entender -como dijera Carlos- quién demonios es Cristo.

-Oye Ricardo y, aprovechando la coyuntura, no te parece medio irreverente la expresión para que se use tanto? reclamó Narciso.

-Todo depende de cómo lo veas... mira, si se le da un contexto peyorativo, es indudable, pero si te remites a la simple expresión popular, yo creo que en el fondo no es irreverente. Vamos, es jerga popular preguntar qué demonios esto, o aquello. Casi como acentuar una interrogante, pero sin falta de respeto.

-De todas maneras...

-Claro, claro, a un sacerdote le puede parecer irreverente, incluso a un beato que se espanta con cualquier expresión, como cuando hablan de los hermanos de Cristo, o de su estancia entre los esenios...

-A ver, dijo Lupita, cómo está eso de su estancia entre los esenios?

-Jesús, con toda su divinidad y sapiencia, debió aprender a controlar su poder taumaturgo...

-Qué es eso de poder taumaturgo? preguntó curioso Carlos.

-El poder que Cristo tenía para sanar... aclaró Narciso.

-Así es, siguió Ricardo, tanto como definir lo que sería su mensaje, el momento mismo en que iniciaría su peregrinar, en fin, prepararse para afrontar el tremendo compromiso que tenía; por eso, y que conste que esto será materia de nuestra siguiente charla, según algunos evangelios y lo averiguado por estudiosos, Jesús vivió hasta los 30 años bajo la tutela esenia.

-Pero no es seguro... comentó Gloria.

-Bueno, quiero decirte que falta mucho por saber con absoluta certeza. Recuerden que tanto los documentos encontrados en la Biblioteca de Nag Hammadi como en Qumram, a pesar de haber pasado tantos años -más de cincuenta- se siguen estudiando. Muchos son los factores que alargan la labor; uno de ellos, por ejemplo, es que algunos documentos están incompletos por el paso del tiempo. Otros están grabados en placas enrolladas de bronce y éste se pegó con el tiempo, por lo que ha sido una verdadera hazaña irles despegando sin dañarles. En fin, pero ya comentaremos en su momento de cada caso.

-Por lo pronto jovencitos, dijo Norma, hasta mañana y que descansen.

-Bueno, dicho así, tan amablemente... pues nos vamos! señaló jocoso Carlos.

-Buenas noches a todos... ahhh y felicidades Fidel y Gloria, dijo Narciso.

-Gracias padre, contestaron ambos.

 

La calidez de las pláticas era cada vez mayor. Las reuniones habían servido para acercar más íntimamente a los asistentes. Sus relaciones, incluido Narciso, eran cada vez más cordiales. Las desgracias o problemas personales alcanzaron una debida dimensión, y encontraban que la vida está formada por venturas y desventuras a las que hay que enfrentar como tales. La labor de Julián y Ricardo con Narciso rendía sus frutos.

Esa mañana, Julián había recibido una llamada del arzobispado. Tras contestarla, salió de inmediato hacia las oficinas de la Mitra. Poco después, llegaba a la casa buscando a Ricardo. Le encontró, como siempre, en su despacho.

-Qué crees Ricardo? Que el señor Arzobispo me citó para presentarme al nuevo Arzobispo...

-Nuevo Arzobispo? dijo Ricardo asombrado.

-Sí, llegó un nuevo Arzobispo que se hará cargo de la diócesis...

-Y él?

-Pues seguirá siendo Arzobispo, pero ya prácticamente fuera de funciones. Dicen que por su edad...

-Su edad? Oye! Si el señor Arzobispo no es grande!

-Pues sí, pero ya ves que no sólo en el gobierno hay política...

-Política? No me digas que alguien grilló a tu cuate!

-La verdad es que no sé cómo está la cosa. El caso es que el nuevo Arzobispo tomará posesión de inmediato.

-Y cómo lo viste?

-Pues... no sé... creo que no se puede hacer un juicio con tan sólo conocerlo. No hablé con él más de dos minutos...

-Pero cómo es? joven, viejo, parlanchín, seco...?

-Como de cincuenta años, muy seco, parco al hablar... pero francamente no me cayo en gracia. Es de esas personas que no te caen desde el principio... Se llama Edmundo Barrenechea.

-No será por que viene a substituir a tu amigo?

-No... la verdad no... pero bueno, ya veremos qué pasa. Por cierto me preguntó que porqué estaba en Acapulco y no en mi parroquia. Mi amigo le explicó muy someramente lo del Padre Narciso y me pidió que hiciera un informe sobre los adelantos que he -hemos diría yo- tenido con él.

-Y...?

-Pues verbalmente le comenté que ya no es el hombre agresivo que habíamos enfrentado, que su talante había cambiado para bien y... qué crees que me dijo, así, de sopetón?

-Te felicitó?

-Nooo que va! Me dijo que entonces ya fuera pensando en regresarme a la parroquia de mi pueblo...

-Ah caramba! Y qué le dijiste?

-Simplemente que lo que él ordenara, pero mi amigo le hizo ver que consideraba muy prematura mi partida, que yo había dado algunas vueltas para ver que no se ofreciera nada y que había llevado a un sacerdote para atender a mi grey en tanto cumplía con mi misión. Entonces él dijo que esperaba que yo le presentara mi informe por escrito a más tardar mañana y ya resolvería lo conducente.

-Entonces...?

-Pues que tengo que hacer el informe, pero lo que no me gustó es que de inmediato me preguntó por mi edad...

-No me digas que te piensa “retirar”!

-No sé, puede ser... te imaginas? toda una vida dedicada a mi pueblo! Sacarme de ahí sería tanto como sentenciarme a muerte... no podría vivir fuera de mi parroquia...

-Pues buena se presenta la cosa! Pero no te preocupes... tú mismo me has dicho que Dios dispone...

-Pues sí... pero recuerda que entra el diablo y todo lo descompone!

-Vamos querido amigo! Fe y templanza, no dices siempre eso? Ruega a Dios por que te conceda lo que más deseas y dale tiempo para resolver...

-No me queda otra... bueno, voy a hacer el mentado informe. Me ayudas?

-Claro querido amigo, claro... contestó Ricardo amablemente haciendo a un lado lo que estaba corrigiendo y despejando el escritorio.

Normita llamó dos veces a la hora de la comida, pero como los vio tan enfrascados en lo que estaban haciendo les dejó seguir. Serían ya como las seis cuando acabaron.

-Que barbaridad... no me di cuenta de la hora! señaló Ricardo.

-Perdón Normita, agregó Julián, ya te dejamos con la comida servida!

-No se preocupen, ahorita caliento todo...

 

No bien terminaban de comer cuando comenzaron a llegar los asistentes cotidianos.

-Buenas padres... dijo jocoso como siempre Carlos.

-Buenas hijo, dijo Ricardo levantándose de la mesa.

-Qué pasó muchacho de porra, contestó Julián.

-Nada padre, todo bien... y ustedes, por qué comiendo hasta ahorita?

-Teníamos un trabajito que hacer, dijo su padre.

-Qué? entonces hoy no va a haber reunión?

-Sí, claro que sí, pero nos atrasamos un poco; sin embargo, ya estamos listos.

Los demás llegaron con poca diferencia de tiempo y ya se acomodaban en lo que prácticamente habían seleccionado como “sus lugares”.

Lupita entró a ayudar a Norma en la cocina.

-Hola manita. Otro percance?

-No, sólo que se retrasaron haciendo un informe que necesita el padre Julián. Cómo van las cosas con tu hijo?

-Bien, no tienes idea de que bien nos sentimos ahora.

-No vino hoy?

-Sí... ya está sentado muy comodino el canijo.

 

Ricardo titubeó un poco antes de entrar al tema, pero un gesto de Julián le animó.

-Bueno jóvenes, pues hoy vamos a hablar de otro tema que es materia de discusión y polémica: la vida secreta de Jesús. aunque les advierto que yo no le llamaría secreta, sino simplemente poco conocida.

Durante el último siglo han aparecido numerosos estudios con la intención de responder a ciertas preguntas que el público en general no conoce de la vida de Jesús. Existen los evangelios apócrifos, conjunto de libros que, si bien son tenidos en estima entre judíos y cristianos, no forman parte del canon de libros bíblicos y de los que ya hemos hablado, mediante los cuales se pueden conocer ciertas teorías sobre la vida de Jesús. Como es imposible sintetizar todo lo que hoy se sabe sobre el tema, hablaremos sólo sobre algunos datos curiosos que se registran.

Si las enseñanzas de Jesús deben mucho al pensamiento farisaico, que incluía a los grandes figuras del pensamiento judaico, hay motivos por los que podría deducirse que tuvo una formación esenia (mostraban coincidencias con los pitagóricos, eran curanderos y creían cercana la llegada del Mesías), recibida probablemente en Egipto, donde habría estudiado la magia que -junto a sus extraordinarias facultades- le permitiría hacer milagros.

El Evangelio árabe de la infancia dice que se entregó al estudio de la Ley hasta los 30 años. Por aquel entonces, el pueblo aspiraba a ser gobernado por una teocracia organizada sobre principios religiosos, por lo tanto Jesús era un rey legítimo. Se le consideraba portador de los designios de Dios, ya que el judaísmo de la época no hacía distinción alguna entre religión y política. Eso es lo que significaba en aquel tiempo el término hebreo Mesías, que equivale al griego Christos y se aplicaba a todo rey consagrado de la Casa de David. Los Evangelios aseguran que Jesús es descendiente de David por línea directa, lo que le da derecho a ser presentado como Mesías.

Varios pasajes indican que la inscripción Rey de los Judíos que Pilatos ordena se ponga en la cruz, fue para burlarse de Jesús. Por ello, no tendría sentido el considerar a Jesucristo como un simple y pobre profeta, sin embargo, yo considero, como muchos otros, que realmente Pilatos puso esa inscripción (INRI) para burlarse de los Judíos, no de Jesús. De hecho los Judíos son los que se quejan ante Pilatos y él contesta "lo escrito, escrito está".

-Oiga Don Ricardo, dijo interrumpiendo Fidel, y qué quiere decir INRI?

-Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum, es decir Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos.

-Gracias.

-Yo también te doy las gracias, comentó Lupita, porque tampoco sabía qué quería decir la famosa inscripción...

-Eso mismo le pasa a muchos católicos. Volviendo al tema, las costumbres esenias eran sumamente rigurosas pero al monasterio, que ahora se sabe estaba ubicado en Qumram, sólo podían asistir los elegidos para ser preparados en los conocimientos profundos de la religión. Así pues, cuando se habla de la estancia de Jesús ahí, y sobre todo por el tiempo del que se habla -recuerden que su última aparición pública fue a los doce años, y se dice estuvo en el monasterio hasta los treinta- no sólo se puede pensar en una capacitación, como la conocemos ahora, sino en una purificación que le permitiría aprender a usar los fabulosos poderes que como el hijo de Dios ya tenía. Por otra parte, es verdad que, si analizamos su vida pública, sus enseñanzas, sus parábolas, tienen mucho de la enseñanza esenia, aunque El las modifica muy a su modo.

-A ver... intervino Narciso, cómo está eso de que muy a su modo? ahora me vas a decir que Jesús no respetaba las propias leyes expedidas por su bendito padre?

-Bueno, si lo vemos con ojos de simples mortales, eso nos puede parecer; sin embargo creo que debemos analizarlo un poco. Cristo jamás dijo que se violentaran, por ejemplo, los diez mandamientos que, si estás de acuerdo conmigo, son precisamente las leyes básicas del judaísmo.

-Sí, pero también existían muchas otras normas por las que se regían. No vas a decir que esas sí las rompía...

-No precisamente. Mira, es algo parecido a lo que sucede ahora. Hay leyes, sí, a cual más de buena o correcta. Vamos, nuestra misma Constitución. Sin embargo, la forma en que funcionarios, legisladores, jueces y autoridades en general las manipulan  a su favor no es nada legal o correcto. Eso era precisamente lo que sucedía. Los doctores de la ley, los sacerdotes y todos aquellos que regían sobre el pueblo judío había tergiversado muchas de esas normas al grado de también hacer lo que les venía en gana. Tenían a un pueblo atemorizado y explotado por ellos, no hay más que ver la lujosa forma en que vivían. Recuerda que Jesús, muchas veces, cuando pretendían hacerle caer en alguna contradicción o violación a la ley, no sólo les mostró que las cosas no eran como ellos decían, sino como su Padre lo había ordenado. Recuerda, sobre todo, aquella famosa frase de Dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios.

Así pues, su doctrina tuvo como plataforma, para hablar como se habla ahora, el amor. Simplemente el amor. Pero mejor les dejo como tarea el que ustedes mismo busquen, en las bibliotecas, en las iglesias, en el mismo internet, lo que puedan encontrar sobre esa etapa de la vida de Jesús.

-Buena tarea, dijo Narciso engallado, pero te la he de traer.

Ricardo recordó que le había mostrado unos libros y sólo sonrió.

-Nosotros también, dijeron los muchachos.

-Bien, sólo recuerden que de lo único que podemos estar seguros es de la meticulosa educación religiosa y patriótica, como era tradición entre los judíos, que le inculcaron sus padres. Marcello Craveri señala que puede decirse que esta educación impregnaba todos los actos y momentos de la jornada. El mundo en que vivían los hebreos era completamente sagrado y en cualquier circunstancia, aún la más simple, daban gracias a Dios recitando una bendición.

-Ojalá y lo hicieran hoy, dijo Lupita...

-Hiciéramos, dijo el otro, contestó Jazmín de inmediato.

-Haaaa... y cuidado con la expresión que acabas de tener, dijo Narciso observador, ese Ojalá es islámico... significa Quiera Alá...

-Ah caramba, exclamó Jorgito asombrado... así que mi mamá es atea!

Todos soltaron la carcajada.

-No precisamente, señaló Ricardo, hay muchas palabras o expresiones árabes que se sumaron al romance español; recuerden que los españoles estuvieron sojuzgados mucho tiempo por las huestes islámicas...

Pero... volvamos a lo que estábamos y sigo con Craveri, que a su vez cita a Klausner. La tradición cristiana se complace en imaginar a Jesús ayudando a su padre en los trabajos de carpintería. Justino mártir, que vivió un poco más de un siglo después, asegura, aunque esto sea poco merecedor de crédito, haber oído hablar en Palestina de arados salidos del taller de José, que habían sido hechos por Jesús.

-Bueno, pues si quieres que te traigamos tarea... mejor nos vamos a descansar... indicó Norma.

-Tiene razón Jefe, crees que todos somos esclavos como tú?

-Pues que pasen buenas noches todos...

-Yo quisiera retirarme a descansar pues mañana me espera un día muy pesado, dijo Julián. Podrías hacerme el favor de ir a dejar a Narciso tú solo Ricardo?

-Nooo... por mi no se preocupen, dijo inmediatamente Narciso, bien puedo tomar un taxi, que ya no soy un niño para que tengan que irme a dejar... gracias Ricardo, deveras, descansa tú también...

-Gracias Narciso, te lo agradezco porque yo también me siento un poco cansado..

-Bueno, pues buenas noches a todos... dijo Narciso a guisa de despedida...

-Buenas noches, contestaron los que quedaban.

-Oye Papá... puedo irme a quedar a casa de Carlos? Quiero platicar un poco con él, señaló Jazmín.

-Si tu madre no tiene objeción...

-No, ninguna... indicó Norma.

-Bueno, pues buenas noches de nuevo...

 

Al día siguiente Ricardo se levantó muy temprano. La tentación de lo que podría suceder con Julián era demasiada y quiso acompañarlo.

-Pero, y si me tardo? preguntó Julián.

-No importa... te espero. No sea que necesites algo.

-Bueno, si tú gustas...

 

Ricardo contemplaba algunas de las impresionantes pinturas que había en el pequeño salón de espera de la Mitra para dejar correr el tiempo, cuando se abrió la puerta del prelado. El arzobispo había salido a despedir a Julián y éste aprovechó para presentarle a su amigo.

-Mire Su Eminencia, le presentó a un muy buen amigo mío, Don Ricardo Alvarez Ayala.

-Mucho gusto, dijo Ricardo con respeto.

-Vaya, vaya... así que usted es el famoso relator del que ya me han comentado...

Ricardo se quedó pasmado. Jamás hubiese imaginado que el nuevo Arzobispo supiese algo sobre él, pero reaccionó como sólo él sabía hacerlo... a la defensiva.

-No crea todo lo que se dice Monseñor...

-Depende de quién venga... aclaró el prelado en franco reto.

-Y... le han hablado bien... o mal de mí?

-Sería cuestión de escucharle...

La sorpresa de Ricardo fue en aumento.

-Escucharme...?

-Sí señor, o bien tener una plática con usted sobre sus teorías religiosas...

-Bueno... yo sólo trato de que mi gente conozca un poco más a Cristo...

-De eso se trata amigo mío.... de eso se trata... de saber cómo lo hace...

Recuperando la cordura, Ricardo espetó:

-Pues cuando usted quiera Eminencia.

 

Ya afuera, Ricardo caminaba con paso acelerado, como queriendo alejarse de ahí.

-Oye... dijo Julián, se te olvida que soy un pobre anciano...

-Perdón amigo... perdón...

-No Ricardo.... a nadie tienes que pedirle perdón. Me entiendes? A nadie...

-Es que....

-Sí, me pude dar cuenta... pero no debes temer. Lo que haces te juro que no lo hace nadie. Así es que... adelante!

-Gracias Julián... ahora, cuéntame qué pasó... porque ese señor me da muy mala espina...

-Pues en realidad nada... oteó brevemente mi informe, lo colocó a un lado de su escritorio... y me dijo que ya hablaríamos.

-Nada más? Ni una indicación.... algo que te dé una idea de cómo va  a actuar?

-Nada...

-Pues no me huele nada bien...

-Ya veremos, Dios dirá. Lo que sí te digo es que, por alguna razón, salí con una sensación de tranquilidad tremenda. Me siento bien.

-Parece que no hay otra que esperar... oye... y quién demonios le habló de mi?

-Tengo la sospecha de que fue Narciso... o su párroco. Aunque te diré que si hubiesen hablado mal, Su Eminencia te hubiera tirado el tintero por la cabeza...

-Hummm... no creo... se ve ladino... bueno, perdón, diplomático...

-Sí verdad?

-Qué crees que quiso decir con eso de escucharme o de tener una plática conmigo?

-Pues eso... eso mismo... te quiere medir... si le dijeron que tú habías influido en el carácter del padre Narciso, tendrá su curiosidad...

-Pues sí, pero a mí es al que me deja todo pensativo...

-No te preocupes... mejor ocúpate!

Ambos rieron de no muy buena gana.

 

No bien terminaron de comer cuando el repiqueteo del teléfono les llamó la atención. Norma fue a contestar.

-Amor... te llaman de la Mitra.

-A mí...?

-Ay Dios, dijo Julián...

Mientras Norma y el sacerdote cruzaban algunos comentarios sobre lo sucedido esa mañana, Ricardo atendió la llamada regresando unos minutos después.

-Qué crees Julián?

-Qué... dijo interesado.

-Que el señor Arzobispo se autoinvitó a tomar café en mi casa hoy a las siete...

-Y...?

-Cómo y?... es la hora en que nos reunimos! Se ve que este señor sabe todo de mi...

-Pues a enfrentarlo... reclamó Julián decidido.

-Dios santo... me va a excomulgar de entrada...

-Pero por qué? cuestionó Norma un poco alarmada.

-Pues porque si no le gusta lo que digo, como sucedía con Narciso al principio, y esto es casi seguro, me va a mandar al demonio... o de perdida me va a ordenar que no siga con mis pláticas...

-Un momento, dijo enérgico Julián. Creo que te he dicho mil veces que lo que haces está bien hecho. Si te lo digo yo que soy sacerdote! entonces...? a qué le temes? a lo que te pueda decir el Arzobispo? necesitaba ser de plano retrógrada para refutar lo que haces... y francamente podrá ser mil cosas, menos eso. Yo más bien creo que es curiosidad. Recuerda que Narciso no era una perita en dulce... y eso le llama la atención a cualquiera.

-De todas maneras, avísenle a los muchachos que hoy no habrá reunión...

-Eso si que no, dijo Norma seria, si ese señor quiere venir para saber lo que hacemos... que venga! No hacemos nada malo Ricardo! Además, si cancelas la reunión y él lo que quiere es ver a todos y oír lo que platicamos, sería tanto como ocultarle esto y entonces sí podría dudar! No, como dice Julián, hay que enfrentarlo, con el respeto que merece por ser quien es, pero enfrentarlo.

-Pues... tienen razón, dijo aún sudando Ricardo. No hacemos nada malo, no decimos nada en contra de la religión, no me avergüenzo de lo que hago. Tienen razón! No sé porqué me preocupo... aunque, la verdad, tener aquí al arzobispo...

 

Mientras llegaba la hora, Ricardo se encerró en su despacho. Julián salió rápidamente a ver a Narciso y a investigar qué había pasado. Descubrió que el que había comentado sobre las pláticas de Ricardo era el párroco, al ponerlo al tanto sobre la mejora en la actitud de su auxiliar. Julián respiró tranquilo y regresó, acompañado de Narciso, a casa de Ricardo.

Los asistentes empezaban a llegar. Carlos no se aparecía y Norma estaba nerviosa; hubiese querido que llegara ya para advertirlo sobre la presencia del prelado y rogarle moderara su actitud jocosa e irreverente de siempre que, si bien tampoco tenía nada de maldad, bien podría parecerle poco agradable al Arzobispo. Pero... Carlos no llegaba!

Cuando vieron detenerse el negro auto del jerarca de la iglesia, Julián salió a recibirlo mientras Norma le avisaba a Ricardo.

En el preciso momento en que los sacerdotes cruzaban la puerta, Ricardo cruzaba la sala para dar la bienvenida.

-Su Eminencia... es un honor tenerlo en su pobre casa...

-Bendita sea ésta y todos sus ocupantes, replicó el prelado mientras Norma y los demás se veían unos a los otros. Estaban sorprendidos de la forma en que Ricardo daba la bienvenida. Lo esperaban seco, frío, distante. Pero no.

-Tenga la bondad... comentó al tiempo que señalaba su propio sillón.

-Será de casualidad este el sillón de mi anfitrión? preguntó directamente el obispo.

Ricardo se sonrojó. Hasta eso sabía? Sin embargo, contestó con aplomo.

-No importa Su Eminencia... hágame el honor.

-Gracias...

-Gusta un café? dijo Norma siempre amable.

-Pues... sí, se apetece... gracias.

-Julián?

-Claro... ya sabes que yo no le hago el feo jamás a un cafecito...

-Ricardo, te sirvo un té?

-No... café... por favor... contestó al tiempo que la tomaba del brazo y la presentaba al Arzobispo.

-Mi esposa...

-Un honor Su Eminencia...

-El honor es mío señora... gracias por permitirme visitar su casa...

-Mi hija Jazmín... Lupita, una amiga muy querida... su hijo Jorge... Fidel, amigo de mi hijo... Gloria, su prometida... Silvia, su hermana... mi amigo Rafael... faltan mi hijo Carlos y Sonia, su esposa, que ya no deben tardar...

-Mucho gusto, dijo colectivamente el jerarca.

En ese preciso momento Carlos entraba armando barullo.

-Hola familia... ya llegó por quien lloraban! A ver, a ver... que diga el que pueda... Quién demonios es Cristo?

Todos se quedaron de una pieza. La expresión de Carlos no podía haber sido menos oportuna. Incluso Julián y Narciso se quedaron sin habla.

-A ver... mi amigo... creo que le preguntaron algo... dijo serio el prelado dirigiéndose al anfitrión.

Ricardo, sin salir de su asombro, sólo acertó a decir:

-Perdón Su Eminencia... es mi hijo Carlos, del que le hablaba. Siempre tan oportuno....!

El arzobispo, al ver la turbación de todos, sonrió y dijo sentenciosamente:

-Y... quién demonios le va a contestar al muchacho?

Carlos, que de momento se sintió abrumado, se vio apoyado y exclamó nuevamente:

-Qué... nadie hizo su tarea? porque yo sí! Y que conste que aquí el curita de lujo me apoya... o no?

El Arzobispo ya no sólo sonrió, sino que soltó la carcajada y le extendió la mano a Carlos que, fingiendo una solemnidad irreverente, dijo al prelado presentando a Sonia:

-La dueña de mis quincenas...

-Mucho gusto señora, debe usted ser una mujer muy feliz con este cascabelito!

-Ay señor Arzobispo, usted debe perdonar.... pero así es mi marido...

-Vaya, pues ya quisiera yo que la mitad de mi grey tuviera este carácter... te felicito muchacho! Eres muy agradable...

-Ya ven...? Y ustedes que dicen que soy un desm... dijo interrumpiéndose al tiempo que se llevaba la mano a la boca... creo que ahora sí la regué... perdón Su Eminencia...

-No te preocupes, ya nada me espanta de este mundo, pero cuida tu vocabulario...

-Así será señor... afirmó apenado.

La escena había roto la tensión inicial. Norma, que se había quedado de un hilo, con la charola en la mano a la puerta de la cocina, retomó el camino y empezó a repartir sendas tazas de café.

-Su Eminencia, usted dirá...

-Yoooo? No, Don Ricardo, yo vine a tomar café y escucharle. Ya sabe porque, o al menos lo intuye.

Ricardo volteó a ver a Julián que asintió con la cabeza en señal de aprobación y para tranquilizarlo.

-Bueno... la verdad es que su presencia, a más de un honor, francamente me cohibe... pero si Usted está dispuesto a participar en la charla, será como amigo, y lo digo con todo respeto...

-Claro... si  yo no vine a condenar a nadie... los tiempos de la inquisición ya pasaron amigo mío... adelante, y que Dios ilumine su entendimiento.

-Gracias, dijo sinceramente Ricardo.

Miró a su lado, y preguntó:

-En verdad hiciste la tarea encomendada Carlos?

-Claro que la hice... pero si a ti te cohibe el Señor Arzobispo, a mi me aterra.... así es que sea otro el que arranque...

-Yo puedo, dijo Narciso queriendo lucirse ante su superior.

-Adelante pues...

-Yo encontré, precisamente en uno de tus libros, que es lógico que la teología cristiana encuentre inconvenientes en admitir que Jesús, siendo hijo de Dios, haya tenido que formarse una cultura a través del estudio, como todos nosotros.

-Y bien? qué piensas de eso?

Narciso miró de reojo al prelado que, curiosamente, era observado por todos. Pero al ver la impasibilidad en su rostro, continuó.

-Mira, la iglesia habla de las tres ciencias: la Ciencia por Adquisición, común en todos los hombres; la Ciencia Infusa, por la que, como Dios, conocía toda la realidad del mundo sobrenatural; y la Ciencia Beatífica, don sobrenatural posible sólo a los bienaventurados del cielo, conscientes del gozo de la visión de Dios.

Creo que esto coloca a Jesús en una posición en la que era Dios y hombre al mismo tiempo. Es decir, que había adoptado todos los defectos y virtudes del ser humano, pero también tenía los dones de la divinidad. Luego... y volvió a mirar de reojo al prelado, pienso que sí debió pasar por una etapa de preparación, de capacitación o estudio, que perfeccionó sus dotes...

-Y esto le resta divinidad a Jesús? Es decir, porque adopta la calidad humana deja de ser Dios? Carlos?

-Claro que no! El quiso ser hombre no? Yo pienso que lo hizo porque quería saber qué sentíamos, de qué sufríamos, cómo gozábamos. Sin faltarle al respeto al señor Arzobispo, yo creo que muchos curitas debieran hacer un poco lo que El...

-Yo también le pido perdón a Su Eminencia, pero así es... creo que el ejemplo de Jesús es algo que debieran seguir muchos... debiéramos, mejor dicho. Sentirse humano ante el hermano; no somos Dioses, claro, pero nos sentimos dioses! El de junto es un pobre tarugo! Yo soy mejor que todos! La soberbia nos ha invadido y, tan se ha vuelto costumbre, que ahora ya hasta se presume de pensar así! Dios transmitió a Jesús todas sus propiedades divinas, pero El no había hecho uso de ellas porque se había despojado, autolimitándose, de todos esos atributos. Los mismos evangelios canónicos presentan a un Jesús ni más ni menos como todos los hombres, supersticioso, creyente del demonio y los ángeles, convencido de que las enfermedades eran causadas por el demonio, pero también veía en todas las cosas humanas la intervención directa de Dios.

Aunque su vocación todavía no estaba claramente determinada, vivió frecuentes períodos de soledad y meditación. Se habla de que completó su formación viajando por la India, Egipto y Persia. Incluso se le ha colocado como discípulo de los Lamas del Tíbet y del Himalaya, seguidores de Buda y Zoroastro, pero yo me inclino más por la versión de su preparación esenia. Se impone cada día más la hipótesis, que hasta ahora era negada o puesta en duda por muchos autores, de que Jesús perteneció a la comunidad de los esenios. El primero que sospechó esta verdad fue Bahrdt allá por los mil setecientos, que fue tildado de de visionario; más de medio siglo después, el escritor hebreo Klausner volvió a plantear el tema con mayor aportación de elementos probatorios, pero es sólo con los descubrimientos arqueológicos de Qumram en 1947 que se han confirmado estas hipótesis. El descubrimiento de los manuscritos del Mar Muerto -que, insisto, aún no han sido del todo examinados y publicados- nos proporciona por fin datos con que iluminar el obscuro período de la formación de Jesús. Si hoy consideramos a Jesús en la perspectiva ofrecida por los manuscritos, podemos entrever una continuidad y encontrar un sentido al drama que culminó con el cristianismo.

Así las cosas, debemos entender que una cosa es estudiar todas las corrientes que analizan la historia de la religión, y otra tomar en cuenta a priori aquellos datos que son manipulados sólo para denigrarla. Ejemplos como el de que Jesús hacía rabietas de niño, o contestaba a veces en forma brusca a sus padres porque no era un Dios, sino un simple mortal, conllevan una alta dosis de maldad en la propia conjetura. Contemplamos pues que se hizo hombre, y con ello aceptó todas y cada una de las debilidades del hombre. Pero se hizo hombre por voluntad propia. Si se me permite la comparación, es como tantas historias de reyes que, en un momento dado, se mezclan entre su pueblo y viven una temporada como cualquiera de sus súbditos para conocer más de cerca sus problemas, sus sufrimientos, sus ansias y sueños. Por qué Jesús no tendría el derecho de hacerlo? Alguien más puede alegar que si era Dios, hijo de Dios, debía ser omnisapiente y por ende conocer la vida del hombre, pero El escogió vivirla, vivir incluso la traición y el desengaño. Creo que el mejor argumento que he encontrado siempre, cuando hablo con algún representante de una de esas centenas de sectas que han surgido, es muy simple: Quién, como El, ha logrado cambiar el pensamiento de la humanidad, de toda la humanidad, hebreos y no, judíos y no, católicos y no... en menos de mil días. No hay precedente alguno, ni aún entre los grandes iniciados. Si uno de esos reyes de los que hablábamos tenía el derecho de andar entre su pueblo, con mayor razón el hijo de Dios.

Ricardo, como siempre le sucedía cuando hablaba sobre Cristo, había olvidado su preocupación por la presencia del Arzobispo. Se apasionaba en realidad. Pero, cuando volvió la cara buscando a Julián para preguntar por su opinión, se topó con la faz del prelado que, con las manos juntas, recargada la barbilla sobre la punta de los dedos, escuchaba atento su perorata. Ricardo se estremeció, pero tuvo el aplomo de cambiar el destinatario de la pregunta.

-Usted que opina Su Eminencia?

El Arzobispo abrió las manos a los lados, las volvió a unir entrelazando los dedos y dijo lentamente:

-Lo que puedo decir es que me he encontrado con un profundo amante de la divinidad de Cristo. Un hombre que siente lo que dice, y lo dice porque lo sabe. Es verdad que mucho se ha dicho sobre los años obscuros de la vida de Jesús, pero, como usted mismo dice, los documentos no se han acabado de interpretar. Las coincidencias entre las normas esenias y las de la nueva iglesia naciente a raíz del sacrifico de Cristo son, efectivamente, muchas. Pero no debe asombrarnos que los cambios se den paulatinamente. La iglesia no puede reconocer un hecho si este no ha sido absolutamente probado, pero tampoco lo niega. Una cosa es verdad, Cristo mismo quiso despojarse de los dotes divinos de su padre para sufrir como el hombre, de ahí que haya llegado incluso al sacrificio de la cruz. Qué no diéramos los hombres de la iglesia por también saber con seguridad lo sucedido durante ese período; el tiempo se abre a la vista del hombre y quizá no seamos nosotros los que lo conozcamos, pero el mismo Dios nos ha dado los dotes para entenderlo y debemos aceptarlo más como un favor divino que como un logro humano. El ver cómo se despojó de esa divinidad, cómo se hizo hombre para ser hermano del hombre, no debe indicarnos sino la grandeza de esa misma divinidad, la nobleza de sus sentimientos, la infinita bondad de su sacrificio por salvarnos. Pero lo más importante es su mensaje! Ese mensaje que, aparentemente contradictorio a las leyes judías, pone a cada cosa en su lugar y cada hombre en su sitio. Amor, queridos hermanos, amor!

Tras una breve pausa, el prelado dijo:

Creo que he escuchado bastante, y me retiro con el corazón henchido de gozo al notar que hay quienes se preocupan por conocer mejor a nuestro Santo Cristo; ahora entiendo muchas cosas, no podría haber sido de otra manera. A mí mismo, desde que llegué, se me ha tachado de materialista. Se dice que sólo me interesa el dinero y no el alma de mis feligreses. Es el celo propio de quienes aman a mi antecesor. Actitud que no condeno, sino comprendo con la misma intensidad con que deseo se comprenda mi magisterio. Pero la verdad, como en todo, siempre sale a relucir y la verdad de Cristo no es otra que el amor que desparramó entre la humanidad en, como lo dice Ricardo, apenas mil días. Gracias amigos míos. Gracias por permitirme escuchar hablar con tal vehemencia, y observar con que atención se vive la palabra de Dios, porque el que habla de El, lo hace en su nombre.

 

El prelado se levantó lentamente de su asiento. Todos lo siguieron. Ricardo se había quedado demudado. Julián le vio con ternura y le guiñó un ojo con una cómplice sonrisa apenas notoria. Norma tenía los ojos llorosos. Carlos se olvidó de sus bromas y, simplemente, abrazó a su padre por la cintura.

La despedida fue respetuosa, pero casi en silencio. Narciso salió tras el jerarca humildemente. Al abordar su auto, el Arzobispo extendió su bendición desde la ventanilla, y se alejó lentamente. Nadie comentó nada.

Norma entró al baño para avisarle a Ricardo que el desayuno estaba listo. Este asomó la cara por el medio de la cortina, jaló por la cintura a su esposa y le plantó un largo beso en la boca.

-Y eso? dijo asombrada.

-Qué... ya no puedo mostrarle a mi esposa el amor que siento por ella?

-No... sí... pero...

-Calla mujer, que empañas la felicidad de la mañana...

-Ahhhh... ya entiendo... lo de anoche, no?

-La verdad... sí, dijo poniéndose serio al tiempo que se enredaba en una larga toalla. Bastaron unos minutos para que el arzobispo calificara mi forma de pensar y... sabes?... me siento muy satisfecho...

-Creo que tanto Julián como yo, y desde hace buen tiempo, te hemos dicho que haces bien... el grupo creció y tus palabras no han caído en tierra infértil...

-Bueno, sí... y se los agradezco, pero esas mismas palabras, venidas de un jerarca de la iglesia... bueno.... como que adquieren un valor diferente...

-Ya, presumido... que el desayuno se enfría y Julián se impacienta...

-Todavía está aquí?... yo creí que ya se había ido...

-No, te está esperando.

 

-Mi querido Julián... no sabía que me estabas esperando, de otra manera me hubiera apresurado...

-No te preocupes Ricardo; en realidad te esperaba porque quería comentarte que ayer pude confirmar que el que habló sobre ti fue el párroco. Le contó al señor arzobispo lo de Narciso, y sus cambios.

-Eso explica que no viniese con la espada desenvainada...

-Sí, pero no explica otras cosas...

-Como cuales? preguntó Ricardo extrañado.

-No sé... como que conoce más de ti de lo que suponemos...

-Es verdad...

-No pudo haber sido el párroco el que le informara de algunos otros detalles que el señor arzobispo bien conoce sobre ti...

-Qué crees tú entonces que signifique eso?, dijo Ricardo nuevamente nervioso.

-Oigan... intervino Norma... sus deducciones ya me suenan a película de espías. Dejen de especular. Qué puede importarle al arzobispo la vida de Ricardo más allá de sus pláticas? Yo creo que, tras haberle informado el párroco de lo sucedido con Narciso, quizá el propio arzobispo investigó un poco por su cuenta. No puedes negar que eres un hombre público Ricardo; así es que mucha gente sabe de tu vida, tu trayectoria, tu forma de pensar y actuar... incluyendo las pláticas que por lo que veo se están volviendo más famosas de lo que pensaba.

-Creo que Normita tiene razón, dijo Ricardo más para consolarse a sí mismo que para convencer a Julián. Total, como decías tú mismo ayer... qué puede pasar? Hay que enfrentarlo... y si ya vimos que le gustó en vez de sancionarlo, pues.... hay que seguir, no?

-Hummm... así sea, suspiró Julián no muy convencido.

 

Ricardo llegó al café y saludó a su compadre el diputado.

-Hola Celerino, qué cuentas?

-Vaya compadre... tenía varios días que extrañábamos tu presencia en esta polifacética mesa...

-Cobardes... tenían miedo de que sus flacas caballadas se vieran desorientadas sin mi guía, verdad? dijo Ricardo bromeando sobre el ambiente político de la mesa. Qué novedades tenemos?

-Nada compadre... estábamos recortando al nuevo arzobispo...

-Ahhh caray... me interesa el tema, dijo de inmediato el escritor.

-Este compañero dice que lo conoce, que es de los curitas que llevan el signo de pesos en los ojos, como en las caricaturas...

-Será...?

-Sí señor, dijo el aludido de inmediato, y vaya que si lo conozco! Fue párroco allá en mi pueblo hace un titipuchal de años y para todo sacaba lana. Hacía bailes, kermesses, rifas... bueno, cobraba hasta por salir a dar los santos óleos...

-Tanto así?, comentó dudoso Ricardo.

-Deveras! Bueno, con decirle que hasta se habló de una muchachita embarazada...

-Oiga! Eso es una acusación muy seria... debe tener cuidado!

-Huyyyy.... ya le salió la sotana a mi compadre! Cálmate! Si nada más está diciendo que se “decía”...

-No compadre, no es así, usted sabe que soy lo más objetivo que puedo, pero me molesta mucho que se hable de cualquiera tan a la ligera...

-Y, ultimadamente compadre... a usted qué le importa?

-No precisamente compadre, pero si me permite recordarle, precisamente así fue como nos conocimos, no? Alguien escribió una serie de sandeces sobre usted cuando empezaba su carrera como líder de los trabajadores hoteleros, a mí me parecieron, como las de ahorita, hechas al vuelo y sin sustento, y simplemente escribí defendiendo no tanto a usted, sino al respeto que se debe a la privacidad de una persona, sea quien sea, y la ingente necesidad de basar en pruebas aquellas acusaciones  o señalamientos que hacemos los que escribimos... recuerda?

-No, pos sí compadre...

-Entonces? Que le extraña que suceda lo mismo ahorita... sin importar que se trata del arzobispo.

-Ya compadre....ya! bájele tantito... tal parece que en vez de charla de café esto fuese un tribunal... carajo... si siempre he dicho que usted debió ser político... dijo conciliador Celerino.

Ricardo comprendió que se había exaltado casi sin motivo. Se sintió avergonzado y cedió.

-Está bien compadre, pero ya le dije que yo soy gente decente, por eso no podría ser político....

La broma despejó la ligera tensión que se había sentido en la mesa. Sin embargo, Ricardo quería saber más sobre el arzobispo.

-Bueno, y volviendo al tema... que más se dice del prelado?

Tímidamente, el relator reinició sus comentarios.

-Pues les decía yo que en la Mitra se comenta que mandó al demonio el proyecto del Cristo Monumental que se había pensado para El Veladero, y en su lugar quiere hacer una nueva catedral... allá, en donde está la Iglesia de Cristo Rey...

-Y por qué en ese lugar?... está muy alejado del centro, no?

-Porque también se dice que tiene pique con el Padre Abel, y que ha asegurado que lo sacará no sólo de su parroquia sino hasta de sus orfanatos...

-Ah caray! Pues si es así el señor arzobispo se va a echar encima a casi toda la sociedad acapulqueña...

-Yo ya crucé un par de palabras con él, dijo el diputado, y me pareció un tipo muy soberbio...! No me gustó nada...

-Bueno, él piensa que es celo de los que quieren a su predecesor.... y dice que lo comprende...

-Oye compadre... y tú cómo sabes eso?

Ricardo se vio atrapado en su desliz. Sonrió y tuvo que reconocer ante todos ellos su incipiente relación con el prelado.

-Qué dijiste compadre? Que ayer estuvo en tu casa? Pues vaya que esa sí es noticia.....! Yo sabía que eras mocho, pero de eso a que te llevaras de cuartos con el arzobispo... pues no! Carajo! Vaya que tengo un compadre con influencias divinas!

-No exageres compadre! La verdad es que no tengo ninguna relación con él. Y si la tuviera... de qué me serviría?

-Para salvar su alma...!!! dijo jocoso uno de los de la mesa, ante lo que soltaron la carcajada todos.

 

Al despedirse los otros comensales, Ricardo pasó a solas un buen rato pensando y analizando su relación con los sacerdotes y el prelado, todo surgido desde que empezara sus pláticas con Carlos. Qué influencia había tenido en su vida la presencia de cada uno de ellos. El no era precisamente un comecuras -si bien sí lo había sido durante su juventud- pero tampoco aceptaba de muy buen grado la actitud siempre interesada y el materialismo de muchos de ellos. Su relación con los curas no pasaba más allá de la que tuvo, precisamente, con los que le hicieron perder la confianza en los representantes de la iglesia.

El primero fue aquel que le diera la Primera Comunión, párroco de la Iglesia de Santiago en Puebla y al que todo mundo conocía como “El Chanclas de Oro”, ya se imaginarán porqué. El otro, fue Arturo.

Arturo era un sacerdote relativamente joven, responsable de una parroquia en el Puerto de Veracruz. Era el confidente de una mujer con la que Ricardo tuvo una relación corta -de apenas un par de años- pero tormentosa. Desde que se lo presentó la señora, Ricardo pudo notar la incomodidad en el rostro del cura. Si bien aceptó, poco a poco, la relación de ambos, no dejaba de ser asistente asiduo en toda reunión y fiesta de la casa, que eran casi cotidianas. Era borracho, mal hablado y amante de los cuentos picantes y los comentarios soeces de corte sexual. Ricardo notó una ocasión que una de las amigas de la señora se había citado, con la complicidad de ésta y en la propia casa de la pareja, con el joven sacerdote. La encerrona duró un poco más de dos horas. Tiempo después, haciendo una recorrido de vigilancia por Mocambo -entonces Ricardo formaba parte de las fuerzas armadas- al internarse entre los árboles que formaban un pequeño bosquecillo al que se iban a refugiar las parejas por las noches, Ricardo se topó de frente con el auto del sacerdote y del que sobresalían un par de piernas de mujer en plena actividad sexual. Si bien el auto podría haberlo llevado cualquier otra persona, Ricardo pudo observar el rostro del cura que volteara breve, pero claramente, ante el reflector de la vigilancia. Sin embargo, el colmo de todo fue cuando llegó una noche del trabajo y se encontró con que el cura estaba, completamente ebrio, en su casa y escandalizando sumamente enojado por que su hermana -la que le había acompañado por algunos años como auxiliar en la parroquia- había sido pedida en matrimonio. La actitud del cura no era la del hermano molesto, no, era la del amante dolido por la traición -como él mismo la calificaba- de la mujer que reclamaba como “suya”. Desde entonces, Ricardo no era muy amante de los sacerdotes; desconfiaba de ellos, les buscaba defectos y, claro, se los encontraba.

Tiempo después, varios milagros le devolvieron la fe. Primero, amante de las motos como era, se estrelló con una de ellas en forma tan salvaje que quedó desbaratada; sin embargo, él no tuvo un sólo rasguño, fue a parar a la arena de la playa y así salvó la vida. Otra ocasión, también en moto, corría por la carretera federal a Orizaba a la altura de un campamento de Caminos, cuando en una curva derrapó y la moto salió despedida de sus piernas. El rodó a lo largo de un terraplén y, ante la mirada asombrada de los trabajadores que corrieron a auxiliarlo, se levantó para sólo sacudirse el polvo de la tierra, igualmente sin un rasguño.

Un día, cazado por un supuesto rival que le esperó pacientemente frente a su casa y le pegó un tiro que le atravesó de lado a lado, se vio gravemente herido y hospitalizado en el Issste. Tres días después, medicina moderna al fin, le levantaron a caminar y se le declaró peritonitis al mediodía. A media noche, su padre y un amigo entrañable localizaron al Director del hospital emborrachándose en una conocida cantina de los portales veracruzanos. A punta de pistola, pues se negaba a ir a operarlo argumentando que ya no tenía esperanzas por el tiempo que llevaba con peritonitis, llevaron al médico que operó de mala gana.

Cuando Ricardo volvió en sí, estaban a su lado uno de los médicos asistentes en la cirugía y una enfermera amiga de la familia. Ricardo les contó que se veía tirado cuan largo era, bocabajo, y asomándose por un claro entre unas nubes desde donde veía cómo el médico jalaba inmisericorde sus intestinos y cortaba a diestra y siniestra enfurecido. Incluso comentó que había escuchado las palabrotas que el galeno profería en su molestia. El asistente y la enfermera se desmayaron de la impresión, pues lo narrado por él correspondía exactamente a lo sucedido dentro del quirófano. Ricardo entendió que había vivido un hecho más que sobrenatural.

Un año después, agotado física y mentalmente por la larga hospitalización, fue dado de alta. Lo que no supo, sino hasta después, es que los médicos del Issste en realidad le habían mandado a morir a su casa pues, si bien no se agravaba, tampoco mejoraba.

Una vez ubicado en casa de su padre en la angelópolis, un médico amigo de éste fue desde México a verlo.

-No te preocupes amigo mío, le dijo el galeno a su padre, te aseguro que no se me muere. Doy mi vida a cambio de la suya.

Esa última frase, que no tuvo mucha importancia al principio, se volvió un enigma al paso del tiempo pues, conforme Ricardo mejoraba, el médico envejecía rápidamente... hasta que Ricardo sanó por completo y el amigo de su padre murió.

Si bien durante algún tiempo Ricardo no abandonó la disipada vida que llevaba, los días de reflexión, y su experiencia durante la visita papal, tuvieron su resultado. Se acercó más a la iglesia y hasta ingresó a varios cursos bíblicos que brindaban las dos corrientes que se habían formado: la tradicional y la de la Teología de la Liberación. Así aprendió a amar la historia de su religión y se enfrascó en una larga tarea de aprendizaje y amor a Dios, a quien prometió que propagaría su palabra de la mejor forma posible. Ya para entonces, Ricardo había abrazado con más fuerza una carrera que había iniciado paralelamente años atrás: el periodismo y la literatura.

 

Salía del café cuando vio pasar a Julián. Le hizo señas y se dirigió a él.

-Qué pasó? Fuiste a la Mitra?

-Sí, acabo de salir de ahí...

-Y...?

-Y... qué? dijo el sacerdote jugando con las ansias del escritor.

-Vamos Julián... no me tengas en ascuas...

-Por qué ahora tan inquieto? qué no sabes que te vi salir del café? Tú si puedes tomar tu cafecito, verdad? Y yo? enfrascado con el señor arzobispo, no?

-Ahhh vamos... ahora entiendo... anda pues, vayamos a tomarnos un café...

 

Ya instalados, Julián contó a Ricardo que el arzobispo le había recibido un poco más amable que las veces anteriores y que le había preguntado directamente si le gustaría retirarse.

-Y qué le contestaste?

-Qué le había de contestar... que no! que amaba mucho mi parroquia, que la gente estaba muy acostumbrada a mí, que me gustaría morirme ahí mismo, aunque me enviara a dos o tres auxiliares...

-Y qué te dijo?

-Se colocó las manos como ayer... reflexionó un momento y luego me dijo que si aceptaría que los auxiliares se hicieran cargo de todo, sin abandonar mi puesto como párroco.

-Y...?

-Mira, no porque estoy viejo me siento cansado. Sí, entiendo que los años son un peso, pero creo que aún puedo con la responsabilidad. Sin embargo, creo que era la mejor forma de continuar al frente de mi grey... y acepté!

-Vaya... y que te dijo él?

-Algo que me asombró... que a él le hubiera gustado tener una parroquia que amar tanto como para desear morir ahí mismo!

-Bueno, pues yo me acabo de enterar que él también tuvo su parroquia... pero...

-Sí, ya estoy enterado también... pero no son las cosas como las cuentan. El dejó la parroquia porque quiso hacer carrera como jerarca... tú sabes, es como el burócrata que pasa la vida atrás de un escritorio, siendo el que en realidad mueve los hilos de la administración, mientras otros, en calidad de Jefes, van y vienen...

-Y de mí... te comentó algo?

-Mucho... habló mucho sobre ti. Jamás imaginé que supiera tanto. No cabe duda que la iglesia trabaja igual que gobernación. De cada uno tienen su archivo...

-Oye! Me sorprendes...

-No... no lo tomes a mal.. la verdad es que te tiene en muy buen concepto. Lo que me llama la atención es la información que tiene...

-Ya habla claro...!

-Bueno, opina lo mismo que yo, que tienes facilidad de palabra, una convicción a toda prueba, que te has adentrado realmente en los recovecos de la teología, que eres el hombre ideal para algunos propósitos de la iglesia, que las sectas nos están ganando la partida....

-Un momento... un momento... qué quiere decir con eso de que soy el hombre ideal para algunos propósitos de la iglesia...?

-Simplemente, hacer lo mismo que haces ahora... pero por escrito...

-Cómo por escrito?

-Sí... quiere hablar contigo para ver si puedes escribir un libro sobre la vida de Jesús con la misma técnica que usas en tus pláticas...

-Oye... tener una charla con mis gentes no es lo mismo que escribir un libro... por favor!

-Escúchalo... ve qué es lo que quiere... qué pierdes?

-Hummm... esto ya me huele a complot tuyo y del señor arzobispo...

-No, en verdad... pero también a mí me gusta la idea...

 

Los dos amigos llegaron a casa sin hacer más comentarios. En la puerta estaba Rafael, que llegaba apenas.

-Amigos míos... les traigo un disco compacto con música clásica para que se entretengan un poco...

-Hola Rafael, gracias por el disco... dijo distraído el escritor.

El arquitecto vio interrogante a Julián que sólo se encogió de hombros. Pasaron al despacho.

-Oye Rafael... que pensaría tú si te dijera que me piden escribir un libro sobre la vida de Cristo?

-Puedes, no?

-No te pregunté eso... te pregunté qué pensarías...

-Bueno, ya sabes que yo no comulgo mucho con la religión, pero si lo escribes como lo platicas, y conociéndote, creo que sería un buen libro. Ya hemos platicado muchas veces sobre la falta de literatura propia para el entendimiento del hombre común y corriente. Todos los libros sobre religión son aburridos y técnicos, si se vale la expresión.

-Gracias amigo mío. Ya veremos pues.

-Por lo pronto, dijo Julián, debes esperar a que sea el propio arzobispo el que te haga la propuesta. No vayas a mencionar que ya te lo había dicho porque se me arma...

-Y tú crees que él no te lo dijo precisamente con esa intención?

-No... no lo creo, pero ya veremos...

 

-Amor, dijo cariñosa Norma, hablaron los muchachos y dijeron que ahora les toca a ellos suspender la charla de esta noche. Es cumpleaños de Silvia y quieren que los alcancemos en su casa.

-Y los demás...?

-Ya les avisé, allá nos encontraremos todos.

-Nos acompañas Julián?

-Claro que sí, faltaba más... que no soy como de la familia?

-Claro... claro... y tú, Rafael?

-También voy, no tengo nada que hacer. Ya sabes que vengo de “jubilado”

-Bueno, pues sólo faltaría avisarle a Narciso...

-Hummm... qué te crees, dijo Norma, si él fue el que organizó todo!

Los tres amigos se vieron entre sí con extrañeza.

-Pues vaya con el curita alborotador, dijo bromista Julián.

-Vayamos pues... que no quiero regresar muy tarde, indicó Ricardo.

 

La fiesta fue un éxito. Incluso Ricardo se desveló hasta cerca de las cuatro de la mañana. Por eso mismo, ese día se dio el lujo de levantarse tarde. Pasó la mañana leyendo y, por la tarde, comenzaron a llegar todos.

Carlos entró a la cocina y le dijo a Norma:

-Normita, no puede regalarme un cafecito? Todavía me dura la desvelada...

-Pues hasta qué hora estuvieron?

-Huyyy... con decirle que nos amaneció...

-Vaya con ustedes... ve a la sala, ahorita te lo llevo...

Tras agradecerle la atención a la esposa de su padre, Carlos se enfiló hacia donde estaban los demás pero, al pasar por el pasillo, se topó de frente con Narciso a quien saludó ya afectuosamente.

-Hola curita...

-Hola flaco... que dice la desvelada...

-Calla... ni la menciones que todavía me debo sueño...

-Oye, quería preguntarte algo...

-Tú dirás...

-Te caigo mal?

La pregunta tomó de sorpresa a Carlos pero, tras unos segundos de descontrol, soltó la carcajada.

-Que si me caes mal? .... mira, la verdad es que me caías en la punta de la....

-Oye...

-Pero ya no curita... ya no... has cambiado un resto... y esto te ha ganado mi simpatía... te perdono, como dice mi papá.

-Ahhh sí...? Y puedo saber por qué te caía mal y por qué he cambiado?

-Pues me caías mal por que llamabas a los fieles a “acabar”... o mejor dicho, con tus propias palabras... a exterminar al enemigo, como calificas a todos los que no piensan como tú... y has cambiado porque del cura revoltoso que eras, ahora eres un hombre ecuánime, estudioso... más centrado, vamos.

-Humm... en verdad se sentía que eso era lo que decía...?

-Se sentía! Vaya con el curita... lo decías! que no es lo mismo.

-Caray... fíjate que casi podría jurar que no eran esas mis intenciones...

-Pues si no lo eran, vaya que alarmaste a más de uno... sobre todo al padre Julián...

-Al padre Julián...? por qué...?

-Pues porque le dijeron que te enviarían a su parroquia para que te controlara y pensó en lo que sucedería si llegabas con tus discursos soliviantadores a un pueblo como ese...

-Dios Santo... en verdad así lo sintieron...?

-Claro que sí... pero no vayas a decirles que yo te conté porque se me arma la gorda....

-Jesús... ! en qué demonios estaba yo pensando....?

-Mira curita... lo bueno de todo es que ya no piensas así... y eso es todo...

Narciso dejó irse a Carlos y se quedó pensativo recargado en la esquina del muro.

-Bueno jóvenes, dijo Ricardo llamando a todos, vamos a empezar... por favor...

Norma se apuró a llevar, ayudada por Silvia y Jazmín, el café para todos. Ricardo empezó su charla.

-Vamos a dejar, de momento y dado que más adelante haremos algunos otros comentarios sobre el tema, la vida de Jesús con los Esenios y pasemos a su vida pública.

Craveri, como muchos otros, señala que no fueron los esenios los que iniciaron a Jesús en su actividad pública, sino Juan el Bautista, de quien se afirma que también era miembro de la comunidad esenia y muy probablemente maestro del propio Cristo.Uno de los aspectos destacados de ese momento es que, sin entrar en la polémica de los años del suceso -que algunos fijan entre los años 26 y/o 27- y recordando que entre Jesús y Juan había una diferencia de edad de unos cuantos meses, de lo que podemos estar seguros es de que Jesús cumplía los 30 años, edad requerida por la ley hebraica para poder ejercer el ministerio sacerdotal. Juan, entonces, también tenía unos cuantos meses de vida pública, sin embargo, y a pesar de ambos tener los mismos principios esenios llegaron a diferir en su enseñanza. Veamos porqué.

Y aquí repito que debemos conocer el entorno y las costumbres en que se vivía en esa época para comprender muchas otras cosas. Debemos, por lo tanto, y de acuerdo con Craveri, indagar si en esos años el examen de la conciencia histórica permite circunstancias que puedan justificar un florecer de la actividad profética como tal.

En el año 26 los sucesos políticos pesaban sobre la vida palestina humillando y perturbando a sus habitantes, lo que justifica en sí un nuevo vigor profetista que llamaba a un cambio ante el embate intolerable de las fuerzas del mal. Recuerden que están sojuzgados por los romanos.

Aquel año, nos cuenta el autor, Poncio Pilato había tomado posesión de su cargo de Procurador Romano, pero los inicios de su mandato fueron desastrosos. Sus antecesores habían guardado un cierto respeto por los sentimientos religiosos hebreos, evitando en Jerusalén efigies del emperador romano, pero Pilato consideró que esto era una debilidad y substituyó los estandartes romanos por otros que tenían la imagen de Tiberio. Sin embargo, los judíos no lo aceptaron y fueron en masa a pedirle que los retirara. Cinco días mantuvo su postura, e incluso les reunió en el hipódromo amenazándoles con ser masacrados por sus soldados, pero los hebreos se mantuvieron firmes y, ante su decisión y los ruegos de los propios hijos de Herodes, que apelaron ante Tiberio, Pilato retiró las imágenes.

Esto nos da idea de cómo se comportaba Poncio Pilato y los romanos mismos, lo que creaba una clima político y social enrarecido. Debemos recordar también la serie de impuestos que debían pagar a su dominadores, mas lo que pagaban a sus propios sacerdotes; las injusticias sociales en que se desarrollaba su vida, etc.

Un hombre como Juan, dice nuestro relator, bien pudo interpretar estos acontecimientos como signos de cólera divina, lo que le llevó a predicar con cierta agresividad verbal como veremos más adelante.

La predicación de Juan no difería en mucho de quienes le había precedido, ni de los propios esenios, sus contemporáneos. Todos denunciaban la corrupción de la época y advertían que el día del Juicio Final era inminente. Pero lo que más ponían de relieve las antiguas profecías era la catástrofe que amenazaba al mundo presente. La novedad del mensaje de Juan, que Jesús hace suyo en su predicación, es que existe también una posibilidad para los pecadores de cambiar de vida.

Aquí Craveri, tras haber analizado los citado por otros autores con algunos de los cuales difiere pero con otros comulga, indica uno de los errores de traducción. La Vulgata latina no traduce con exactitud la invitación a la metanoia  que los evangelios atribuyen a Juan: Metanoia no significa propiamente arrepentimiento, sino cambio de ideas y propósitos, una transformación espiritual, la renovación del hombre interior.

-Podrías explicarnos eso con más calma, dijo Lupita.

-Claro que sí... pero creo que será mañana, pues todos vienen cansados de la desvelada...

-Y vaya que sí, dijo Carlos estirándose cuan largo era en la alfombra donde estaba sentado.

-Cierto, agregó Sonia tomando del brazo a Fidel.

-Bueno, pues aquí se rompió una taza... y cada quien para su casa... afirmó Lupita al tiempo que ayudaba a Norma a levantar las tazas vacías.

Tras dejar limpio el lugar de la reunión, todos se despidieron.

-Padre Narciso, no quiere que lo pase a dejar? dijo Carlos comedido ante el asombro de Sonia.

-Gracias Carlitos, muy amable, contestó el sacerdote aceptando tácitamente el ofrecimiento.

Y todos partieron.

 

Ricardo estaba sentado en su pequeño estudio, pensativo; le daba vueltas en la cabeza la petición que, según Julián, le haría el Arzobispo. Sería capaz de escribir algo así? se preguntaba. Es verdad que había estudiado mucho sobre la vida de Cristo; le fascinaba conocer, cada vez que abría un libro sobre El, una nueva faceta divina o mortal. Es cierto que la historia guarda el ejemplo de grandes hombres, pero ninguno, absolutamente ninguno había ejercido tal influencia sobre la humanidad entera. Empezaba a sentir nuevamente una gran responsabilidad sobre sus hombros, y esto le agobiaba. Su semblante retomó aquel tinte cenizo y enfermizo que alarmara no hacía mucho a su familia.

De pronto, se incorporó y pasó a la computadora. Esta se había vuelto su herramienta de trabajo, dejando olvidada la máquina de escribir en un rincón. Abrió una página en blanco y comenzó a escribir; quería hacer la prueba, demostrarse a sí mismo que podría hacerlo aún antes de recibir la propuesta del prelado, para saber qué contestar al ofrecimiento de éste.

Tras varios minutos de indecisión, sus dedos volaron sobre el teclado. Plasmó en la página una serie de comentarios y datos que podrían servirle como base para su narración, pero al cabo de un rato notó que lo escrito no tenía ni pies ni cabeza, así es que se levantó, prendió un cigarro y dio vueltas por la habitación un buen tiempo.

No puedo, se dijo. Se acercó al aparato y canceló la página con cierta rabia. Apagó el cigarro a medio fumar y se volvió a sentar a meditar.

 

La tarde llegó pronto. Cuando se dio cuenta, ya estaban en casa todos sus escuchas. Habían respetado su privacidad y fue hasta que salió del estudio que le saludaron. Notó que Julián no se había movido de su sillón, por lo que fue él quien se acercó a saludarle.

-Hola señor cura, dijo entre serio y bromista.

-Hola señor escritor, contestó el sacerdote recalcando lo de escritor.

Ricardo le vio con extrañeza, pero no quiso aclarar nada de momento.

Lupita le dio un beso en la mejilla a guisa de saludo y dijo:

-Todos listos para escuchar lo de la metanoia...

-Pues adelante, indicó Ricardo con un raro entusiasmo.

Norma sólo se acercó y le preguntó si se sentía bien.

-Claro que sí... dijo muy seguro de sí mismo.

-Bueno, exclamó Carlos, pues arráncate viejito...

Ricardo miró de reojo a Julián que le veía insistentemente. Ya conocía esa mirada, se le había vuelto costumbre, y sabía que no significaba nada bueno para él.

-Julián... dijo de pronto.

-Sí, contestó el sacerdote incorporándose con cierta curiosidad.

-No... nada... mejor después...

-Como quieras, indicó recostándose de nuevo en el sillón.

Para Narciso no pasó desapercibido ni el intercambio de miradas ni la actitud de ambos amigos. Con un movimiento de cabeza interrogó al cura, que negó sosegadamente con una elevación de hombros y un gesto en la cara.

-La aclaración sobre la metanoia que en seguida van ustedes a escuchar es el preámbulo a lo que podemos considerar como la primera actividad pública de Cristo, el bautizo. Comentó Ricardo dando así inicio a su plática.

Creo que todos ustedes conocen la palabra metamorfosis, no es así? si alguien no la conoce o no sabe su significado puede preguntar sin pena alguna. Nadie? Bien, exactamente igual que metamorfosis significa transformación, una transformación física, un cambio de forma, así metanoia es la transformación espiritual, la renovación interior del hombre. Lutero decía en una carta a Stampitz, su maestro e inspirador: “En el nuevo testamento metanoia no tiene el significado eclesiástico, sino que hacer penitencia significa transformarse en lo íntimo. De tal forma que para el cristiano hacer penitencia no es un gesto que se cumple en una época fija, sino que es una actitud que debe permanecer durante toda la vida”.

-Oye Ricardo, exclamó Lupita interrumpiendo, podría preguntarte porqué mencionas a Lutero? Que acaso tus ideas comulgan con las de él?

-En absoluto, tú mejor que nadie lo sabe, pero no por esto debemos dejar de escuchar a todos los que opinan -y han tenido definitiva influencia, de una u otra forma en la religión- ya sean religiosos o ateos, protestantes o librepensadores etc.

Ahora bien, intentemos dilucidar una posición y otra. Ustedes han escuchado, incluso, chistes y bromas que se hacen sobre el arrepentimiento. Cabe preguntarse abiertamente, por ejemplo, para qué me arrepiento ahora? si puedo arrepentirme al final de mi vida! O bien, por el contrario, cada domingo que voy a misa me arrepiento, pero durante la semana me olvido y vuelvo a lo mismo. Es en verdad eso un cambio? Un arrepentimiento real? Tiene razón Lutero cuando dice que debemos permanecer arrepentidos, o arrepintiéndonos, toda la vida? Yo creo que no es ni una ni otra cosa. Creo que la metanoia, el cambio mismo, debe irse generando con cada arrepentimiento. Ser una especie de escuela en la que vas aprendiendo a cambiar poco a poco. Una transformación paulatina, pero real, que el hombre, el ser humano vamos, debe alcanzar continuamente. Arrepentirse hoy para volver a lo mismo mañana es engañarse a sí mismo. Pasar toda la vida arrepintiéndose -o buscando el cambio, la metanoia- para mí significa vivir una vida de pecado, de error, disimulada con ese repetido arrepentimiento. Parece juego de palabras o trabalenguas, pero es una realidad inconmensurable. El hombre, sabiendo que es débil, no puede justificar sus faltas refugiándose en un supuesto arrepentimiento; ahora bien, si intenta remediar una falta y no lo logra, pero en cambio si puede reducirla eso, señores, para mí es metanoia, cambio, una metamorfosis espiritual que unos alcanzan más pronto que otros, pero que debemos buscar todos.

-Aquí cabría señalar, dijo interviniendo Narciso, que igualmente debemos hacer un examen de conciencia para saber, conocer pues, cuales son nuestras faltas verdaderas...

-Naturalmente, exclamó Julián con un gesto entusiasmado, no como esas ancianitas beatas, dicho sea con todo respeto a su profunda y muchas veces falseada devoción, que se van a confesar todos los días declarando nimiedades que en ocasiones ni a faltas llegan, pero que repiten cotidianamente. Es menester saber cuáles son nuestras faltas, analizando con pleno conocimiento de causa cuáles fueron lo que yo llamo resbalones del cristiano y cuáles desbarres o atrocidades morales. Pero una cosa debo decir que me ha asombrado, el análisis que hace Ricardo sobre el cambio espiritual. Es verdad que debemos buscar el cambio, la metanoia para hacer uso de la palabra en cuestión, pero debemos tasar la medida en que lo hacemos.

-Claro! en nuestras familias todos hemos tenido un niño que es travieso a más no poder... y ese niño, cada que le llamamos la atención, nos dice modoso “ya no lo vuelvo a hacer...” pero cinco minutos después... ahí está de nuevo la falta! Piensen en esto cuando piensen en ese cambio espiritual, háganlo de corazón, con las verdaderas intenciones de cambiar.

-Y si no podemos cambiar? preguntó Fidel. Y si seguimos cometiendo la misma falta una y otra vez? Y no digo porque no queramos, sino porque no podemos. Por ejemplo, y si se me permite, mi padre tiene un carácter del demonio y, cada que se excede, jura y perjura que ya no se va a enojar...

-Ira, esa es la palabra si nos vamos a los pecados capitales... que ya también analizaremos en otra ocasión... bueno, pues quizá él tiene la intención, pero quizá también lo dice de momento sólo para que le perdone la familia su actitud. Si lo hace con verdadera intención, debemos buscar si no somos nosotros los que estamos fomentando en él el motivo de su ira. Ayudarlo a que, si no puede controlarla, al menos cada vez sea menor, o por un motivo más importante dejando a un lado los baladís... muchas veces el hombre, el ser, no puede lograr el cambio solo. Necesitamos ayuda...

-Cierto, dijo Norma circunspecta, si queremos a esa persona debemos ayudarle... pero lo esencial es que ese ser quiera, en verdad quiera, cambiar.

-Oiga Don Ricardo, intervino Silvia, pero no es un cotorreo eso de que nos vayamos a confesar para que nos perdonen nuestros pecados... sin meternos a ver si en realidad quedan perdonados... y ni siquiera salimos de misa cuando ya le estamos dando vuelo al pensamiento?

La carcajada fue generalizada.

-Anda pa’cuñadita que te encontraste, dijo riéndose Carlos a Fidel.

-Dios las cría y ellas se juntan... contestó el otro haciendo señas con los ojos hacia Gloria en plan de broma.

-Mira hija, comentó Julián, es cierto que muchos se van a confesar -como decía hace un rato de las ancianitas- y sobre todo los jóvenes, y creen que con cumplir la penitencia ya están perdonados. También es cierto que uno de los argumentos más desgastados sobre los sacerdotes es si en realidad tenemos la facultad de perdonar los pecados... ya hablaremos de esto último en otra ocasión, pero no es con cumplir la penitencia con lo que estamos perdonados. Es nuestro propio arrepentimiento, ese firme deseo de cambiar el que hace que nos sea perdonada la falta. Confesarse, cumplir la penitencia -que casi siempre es no más de diez Aves Marías y otros tantos Padres Nuestros- y seguir en las mismas es engañarse a sí mismo. A Dios no lo engaña nadie!

-Bravo padre Julián... así se habla! exclamó Carlos con su eterna broma, pero no le saque! Cuente... cuente sobre lo de la facultad de los sacerdotes no sólo para perdonar los pecados, sino para escuchar la confesión... porque la verdad yo me pregunto -y lo digo de plano porque ustedes nos han permitido hacerlo- Por qué demonios me voy a confesar con un hombre que es como yo?...

-Tanto yo como el padre Julián ya señalamos que de eso vamos a hablar en otra ocasión, y no porque el tema no sea interesante, ni porque “le saquemos” a hablar de él, sino porque enredaríamos un poco el tema actual. Más adelante, cuando hablemos del bautizo y la redención de las faltas -que no todo es pecado- comentaremos al respecto y de cómo nace la confesión y el bautismo mismo como institución, como sacramento. Por lo pronto, creo que por hoy le paramos...

-Sí, sí, dijo Jazmín alegre, yo ya me cansé de estar en esta sillita incómoda...

-Ay hija, señaló Norma, te hubieses acomodado en uno de los sillones...

-Hummm, sí cómo no! Si estos locos no dejan lugar a las mujeres... ya no hay caballeros...

-No mi’jita, argumentó Carlos, no es que no haya caballeros, lo que pasa es que no hay más sillones....

Así, entre bromas finales, todos se fueron despidiendo. Julián se acercó a Ricardo y le dijo:

-Ahora sí vamos a hablar...

-De...?

-No te hagas mi querido amigo que bien sabes que pude darme cuenta de que estabas escribiendo afanosamente algo... supongo que es una semblanza de lo que te dije...

-Aaahh... me andas espiando! Pues sí, fijate que sí. Sólo que no pude. Garrapateé algunas cuartillas en la computadora, pero no se me dio...

-Sobre qué escribe Don Ricardo, preguntó Fidel que aún no salía.

-Alguien quiere que escriba un libro sobre la vida de Cristo, pero no encuentro la forma...

-Ay Don Ricardo... pues escriba lo que pasa en nuestras citas... y listo! No es lo que hace usted cuando platica con nosotros....? total, qué tanto es decir lo mismo pero por escrito? indicó Fidel haciendo una seña de despedida.

Fidel había dado en el clavo! Si querían que hablara sobre la vida de Cristo “lo mismo que haces en tus charlas”, así sería!

-Qué te dejó con esa cara de pícaro? preguntó más por condescendencia Julián que por saber lo que a leguas intuía.

-Que así es... dijo Ricardo, esa es la respuesta... hacer una narración de nuestras charlas, incluyendo los pedazos de vida que se van entretejiendo con nuestra relación...

-Sí, verdad...?

-Ahhh... ya te habías dado cuenta verdad? Parece que me lees el pensamiento mi querido amigo...

-Lo que pasa es que ya te conozco como la palma de mi mano, dijo sentencioso Julián, y sé cómo vas a reaccionar...

-Sí, por eso me pones cada cuatro con tu arzobispo...

-Vale la pena... dijo el sacerdote con esa característica sonrisa suya, propia de quien se sale con la suya.

 

Por la mañana, Julián salió muy temprano hacia la arquidiócesis y Ricardo aprovechó para ir a desayunar con Rafael que estaba un poco desatendido. Una vez instalados en el Vips de la Gran Plaza, Rafael comentó:

-Oye, se me hace interesante lo del libro... mira, tú sabes que si no ateo, no comulgo mucho con la religión y, francamente, he oído de tu boca cosas que jamás me entraron ni leyendo, y bien sabes que soy un fanático de la lectura.

Alguna vez, y que esto no sea objeto de burla, me he sentido inquieto. Tú sabes, el constante trato con la muerte, los deudos que veo rezar desesperados, el crucifijo que a todas horas se me atravesaba en las salas de velación, en fin... el caso es que quizá mi propia soledad, por las noches, me hacía pensar a veces en la existencia de Dios y, como lo hago para todo, recurría a los libros. Primero fue la misma Biblia, pero sentí que era muy cansado leerla; después, busqué algunas otras cosas... vamos, hasta un libro de historia sagrada me compré pero jamás pude entender muchas cosas, incluso me enredaba o me parecían fantasiosas. Ahora que he escuchado parte de lo que has hablado, he entendido punto por punto de aquello que me ha correspondido escuchar... y creo que eso es bueno!

-Mi querido amigo, eso que te pasa a ti, le pasa a todos; ya lo mencionaba en alguna de mis primeras charlas. Por eso mismo considero un reto hacer ese libro, poder explicar con palabras llanas, claras, los diferentes aspectos de la historia sagrada. Algo que entienda el pueblo en general. Quizá como dicen los muchachos, una cristonovela que interese en su continuidad, que quiera el lector saber qué pasa después del último capítulo leído.

Sin embargo, no te creas, para mí es difícil; siento que me falta capacidad para hacerlo. No es lo mismo platicarlo que escribirlo...

-Pero tienes la capacidad, de eso no hay duda... además, como dice Julián, Dios te ha de inspirar para hacerlo...

-Ahhh vamos, ya has platicado de esto con Julián...

-Pues para serte franco, sí. Y creo firmemente que puedes hacerlo...

Ricardo se quedó pensativo un momento. Rafael respetó su silencio, hasta que alguien se acercó a saludar al escritor.

-Ricardo, dichosos los ojos... qué ha sido de ti...?

-Hola mi querido aprendiz de poeta... qué haces?

-Saludando a los amigos... acabo de llegar de un curso que tomé en México.

-Vaya, pues desapareciste sin decir adiós... pero qué bueno que ya estás de vuelta. Cómo te fue?

-Bien, muy bien... te voy a contar, pero por favor no te vayas a reír...

-Antes permíteme presentarte a Rafael, un buen amigo de Morelia que vivía aquí... no sé si lo recuerdas, era el propietario del horno crematorio... Rafael, Gerardo, otro buen amigo...

-Claro que sí... mucho gusto en saludarle. Pues fíjate que el curso al que me invitaron era sobre creación literaria en la UNAM, pero tenía mucho tiempo libre. Era de ocho de la mañana al mediodía. Así es que una tarde, paseando por el centro histórico, vi que anunciaban en una iglesia un Curso Bíblico y, no sé por qué francamente, entré y me inscribí de buenas a primeras....

-Vaya coincidencia... exclamó Rafael.

-Por qué? preguntó curioso el amigo.

-Pues porque aquí Ricardo está dando una serie de pláticas a miembros de su familia y amigos, precisamente, sobre historia sagrada...

-No me digas... pues yo no quiero perderme de eso... comentó entusiasmado Gerardo.

-Caray... en realidad... no te sientas obligado... son charlas informales pero... si tú quieres, eres bienvenido a mi casa...

-Son en tu casa?

-Sí...

-Bueno, pues nada más dime a qué horas son y ahí te caigo...

 

Tras ultimar detalles sobre la cita, los tres amigos se retiraron del café. Ricardo y Rafael enfilaron hacia la casa del escritor para llegar a comer a buena hora. Norma ya les esperaba acompañada de Jazmín y de Julián, que había llegado temprano.

-Hola amor, cómo les fue?

-Bien, pero aquí Rafael hace crecer la concurrencia...

-Ja... dijo Julián, y hace bien...

-Ay papito, comentó Jazmín, vamos a necesitar rentar un salón en un par de semanas...

La risa fue general.

 

Gerardo fue de los primeros en llegar. Ricardo lo llevó, acompañado de Julián, Narciso y Rafael, a su estudio.

-Nos tomaremos un café mientras llegan los demás, dijo el anfitrión.

-Bendita sea esa palabra, exclamó Julián.

Gerardo se sentía un poco incómodo ante las sotanas de los curas y así se lo hizo saber a Ricardo.

-Pues estos señores que ves aquí son tan buenos amigos como tú, explicó, y al trato les conocerás por lo que te ruego que te sientas en completa libertad de comentar, explicar o preguntar lo que gustes. Todos tenemos una mente abierta. Ahora que sí quisiera explicarles algo a ellos y con tu permiso. Si Rafael es comecuras señores, Gerardo le da veinte y las malas. Aún me tiene asombrado que haya tomado un curso bíblico, porque siempre ha sido uno de los más acendrados cuestionadores de la historia sagrada. No es verdad amigo mío?

-Bueno, dijo un poco cortado, yo no sé si lo estás diciendo para exhibirme ante tus amigos, pero al final de cuentas es verdad. Muchas cosas de la religión son un verdadero misterio o una soberana mentira, por lo que -y no te asombre- quise escuchar un poco las explicaciones de los catequistas que dieron el curso. Los amigos de mi amigo son mis amigos, de eso no cabe duda señores, pero de ahí a que porque están ustedes presentes yo me retraiga en mis cuestionamientos -sobre todo si me da la libertad de hacerlo mi querido Ricardo- hay mucha distancia.

-Nooo... si ya lo veo, comentó jocoso el padre Julián.

-Pues aunque lo dude, contestó en igual forma Gerardo.

-Se me hace que ya tengo un buen aliado y ahora sí me van a escuchar algunas cositas, agregó Rafael orondo.

-Pues a darle que es mole de olla, contestó retador el padrecito. Por lo pronto, y mientras nos agarramos del moco, bienvenido Gerardo; como tú dices, los amigos de Ricardo, son nuestros amigos.

-Al que le va a dar gusto decirle aquí al señor unas cuantas verdades es a mí, sentenció Narciso, que había permanecido a la expectativas.

 

Los amigos se encaminaron a la sala, en donde ya les esperaban los demás. Ricardo hizo las presentaciones respectivas y Norma colmó nuevamente las tazas de humeante café.

El inicio de la vida pública de Cristo, y la llegada de Gerardo, daría un nuevo giro a las charlas del escritor.

-Buenas tardes a todos, quisiera antes que nada presentarles a otro buen amigo mío, Gerardo, que desde ahora se suma a la amable concurrencia y es de los que no tienen pelos en la lengua...

-Bienvenido, corearon todos casi al unísono.

-Bueno padre, ahora sí te me estás luciendo, comentó Carlos en su siempre festivo tono, ya mero te me conviertes en orador oficial de la Santa Sede...

Algunos rieron ante la ocurrencia, pero Gerardo intervino de inmediato:

-Claro que no me negarán ustedes que Ricardo estaba ya bastante ensotanado con lo de la religión... es más, se había hecho fama oculta de mocho entre algunos amigos que, eso sí, siempre respetamos su forma de pensar.

-Y usted es ateo? preguntó con cierta sorna Narciso.

-Ateo, lo que se dice ateo, no. Creo en Dios pero a mi modo.

-Claro, como muchos... señaló Lupita.

-A eso se le llama conveniencia, agregó Narciso.

-Bueno, bueno, ustedes dirán lo que quieran, pero con el debido respeto, señores curas, ustedes son los culpables de que esos muchos nos alejemos de la iglesia. Cómo podemos creer en hombres que por un lado pregonan la caridad, y por el otro condicionan hasta los más elementales servicios religiosos a la retribución económica? Y qué me dicen de los lujos de la iglesia misma?...

-Anda! gritó entusiasmado Carlos... parece que ahora sí les llegó la horma de su zapato! comentó sentencioso.

-Pues le pasará lo mismo que a muchos otros, dijo sereno el padre Julián.

-Ah sí? Y qué les pasa a esos pobres, cuestionó Gerardo...

-Ya lo verás... ya lo verás... dijo en voz muy baja el cura.

-Bien. Ya llegará el momento en que hablemos de los bienes materiales, dijo Ricardo dando por terminado el principio de debate. Es ahora que debemos continuar con la charla que dejamos pendiente.

Así pues, la primera aparición considerada pública de Cristo es cuando recibe el bautismo de Juan. Nos habíamos detenido por dos cuestiones que ustedes pusieron sobre la mesa de la discusión: una fue la metanoia, que ya aclaramos debidamente...

-Perdón, interrumpió Gerardo, qué es la metanoya?

-Metanoia, aclaró Julián, pero para que no se interrumpa la plática hacia los demás, si me lo permites, al terminar podré explicarte simple y llanamente lo que es. De acuerdo?

-Bien, contestó simplemente Gerardo.

-La otra, continuó Ricardo, se relacionaba con la teoría de que Jesús era discípulo de Juan. Esta última, como dijimos, tiene varios defensores, tanto como detractores. Es decir, hay quien señala que así fue y hay quien lo niega. Considero que no estamos precisamente para discutir una verdad que ni siquiera los mismos historiadores y teólogos han podido aclarar, así es que nos concentraremos ahora en el bautismo mismo.

Juan pedía a sus seguidores recibir el bautismo como signo de arrepentimiento, sí, la confesión de sus pecados y el bautismo en las aguas del Jordán, de lo contrario, el enviado de Dios, ese al que ni siquiera era digno de desatar sus sandalias, obviamente refiriéndose a Jesús, el día del Juicio los bautizaría con fuego en vez de agua.

Pero el bautismo, la inmersión en agua, al igual que la confesión de los pecados, son prácticas rituales que aparecen en muchas religiones, incluso primitivas en Africa, Asia, y las mismísima América. En la India, por ejemplo, centenares de brahmanes se agolpan en las aguas de su sagrado Ganges para bañarse de cuerpo entero, para empaparse en esa agua que ha de borrar sus pecados.

Volviendo a Craveri, señala que también la confesión pública se practicaba solemnemente entre los judíos. El Gran Sacerdote, el día de la Expiación, o Kippur, denunciaba en voz alta las culpas colectivas del pueblo pidiendo perdón a Dios.

El uso del agua en la liturgia ha sido aceptado por la iglesia tanto en bendiciones como en consagraciones. La costumbre de lavarse las manos antes de las oraciones, dice Craveri, así como usarla en los exorcismos es lo que da origen a las pilas de agua bendita que encontramos en todas las iglesias.

Y aquí Craveri hace una importante anotación: Jesús, como atestigua el evangelio de Juan, no impondrá durante su magisterio bautismo alguno a sus discípulos.

-Entonces de dónde saca la iglesia la costumbre del bautismo? preguntó Gerardo.

-Es institucionalizado como sacramento posteriormente. En los Hechos de los Apóstoles se atribuye a Pedro que lo hace más como una invitación a sus compañeros de fe al dar un discurso conmemorativo de la muerte de Jesús. “Arrepentíos, y que cada uno de ustedes se haga bautizar en el nombre de Jesucristo para obtener la remisión de sus pecados...” Para justificar el rito, se añadieron a los evangelios de Marcos y Mateo apéndices que atribuyen a Jesús mismo la institución en una de sus apariciones posteriores a su muerte.

Pablo, por su parte, lo eleva a nivel de un entierro místico que asemeja al Cristo muerto y sepultado con el efecto de que la carne pecaminosa queda muerta y sepultada por lo que el bautismo convierte al ser en un nuevo hombre. Un teólogo moderno señala que “El agua del bautismo es para el fiel como el seno de la madre para el niño”.

en el siglo II d. de C. Tertuliano explicaba que ya que nacemos del agua y no podemos salvarnos más que permaneciendo en ella, somos los pececillos en Jesucristo, nuestro pez grande. La frase tuvo mucha influencia en su época, tanta que de ahí se inspira el arte sacro figurativo para representar a Cristo con la simbología de un pez. Craveri aquí destaca la coincidencia de que las letras que conforman la palabra griega pez ICQUS, que se pronuncia Ichitús, permitan componer un acróstico: IhsouV CristoV Qeou Swtho, que significa “Jesucristo, hijo de Dios, Salvador”.

-Vaya, pues si que no sólo estamos conociendo muchas facetas de la historia sagrada, sino descubriendo detalles tan interesantes como este, señaló asombrada Lupita.

-Interesante, sí, agregó Gerardo, pero con lo que no estoy de acuerdo es que nos bauticen cuando aún no tenemos razón para decidir si queremos o no ser católicos... por qué no esperar -y esta es una opinión creo que generalizada- a que seamos adultos, o al menos jóvenes, para poder tomar esa decisión?

-En realidad, contestó Ricardo, al menos durante varios siglos  se impuso la costumbre de retrasar el bautismo lo más posible y, si era posible, hasta el momento mismo de la muerte según nos cuenta Craveri al recordar que incluso se sabe de personas que morían sin ser bautizadas y, para simular su participación en el sacramento, un familiar se escondía bajo el lecho del difunto para responder al sacerdote oficiante.

Fue este tipo de abusos y triquiñuelas de los fieles lo que indujo a la iglesia a imponer el bautismo recién nacido el niño. Sin embargo, más tarde se dieron cuenta de que el propio sacramento se podría perder por la presencia de pecados posteriores, de donde viene la facultad dada a los sacerdotes para que pudiesen perdonar los pecados mediante la confesión...

-Ahhh que graciosos, exclamó Carlos. Así es que para que no hicieran trampa los fieles, simplemente se “oficializó” la transa con el hecho de confesarse... no?

-Bueno, lo que sucedió es que las protestas se multiplicaron y exigían, como los anabaptistas en el siglo XVI, que el bautismo fuese otorgado en edad adulta, pero la iglesia ya había encontrado la solución: se seguiría bautizando a los recién nacidos, pero tendrían la oportunidad de confirmar su fe algunos años después -supuestamente cuando ya tuviesen uso de razón- creándose así el sacramento de la Confirmación.

Ahora bien, hasta aquí lo que Craveri nos da a conocer, pero creo que debemos meditar un poco al respecto. Recuerden ustedes que, como en todo, cada cosa tuvo su razón de ser en el momento en que se instituye; los tiempos cambian y desaparecen esas motivaciones o causas. Es entonces el bautismo, conforme a los fines para los que fue instituido, necesario en la modalidad actual? Es más... es necesario el bautismo mismo como tal? Tienen razón los que como Carlos y Gerardo argumentan que el cristiano debe serlo por cuenta propia, es decir, debe el hombre decidir si es o no católico?

-Yo creo que sí... dijo Carlos aunque con cierta timidez.

-Yo también... y eso es definitivo, agregó Gerardo.

-Bueno, yo pienso que está bien como está, señaló Silvia, pero la confirmación debe hacerse a edad un poco mayor porque... qué puede entender un niño de siete y ocho años?

-Cierto, dijo de inmediato Fidel, hasta se dice que si un niño no es bautizado y muere, se va al Limbo... aunque no sé qué demonios es el limbo!

-Un momento, casi grito Narciso, qué es esto? en dónde está su fe? ahora sí estoy sorprendido! De cuándo acá se duda de los sacramentos? Son la base de nuestra fe...

-Calma Narciso, intervino conciliador Julián... no regresemos al pasado...

-Cual pasado? preguntó curioso Gerardo.

-Después te explico, dijo Julián.

-Oiga padrecito, esta es la segunda vez que me dice después te explico... seguimos con los misterios de fe?

-A ver todos, por favor... yo no pregunté para que se iniciara una discusión sin ton ni son, advirtió Ricardo, lo hice para que analizáramos las cosas. Para eso nos dio Dios una mente analítica... las discusiones son de gente iletrada... y aquí no la hay, o sí?

-Pero que no sean apóstatas... recalcó Narciso.

-Ni una ni otra cosa, podemos decir lo que sentimos, pero debemos respetar lo que los demás piensan...

-A mí me gustaría contestarte, indicó Julián levantando la mano como pidiendo la palabra.

-Tiene razón Ricardo, dijo Rafael, analicemos las cosas sensatamente. Dejen que hable Julián.

-Creo que la cuestión no es el desconocimiento o negación de la aplicación de un sacramento, comentó dirigiendo la mirada a Narciso, sino la forma y procesos por los que han pasado las diferentes modalidades de esa aplicación. Ricardo señala constantemente que los tiempos cambian y es cierto. Ahora podríamos incluso decir que cada quien es libre de decidir a qué secta o religión quiere pertenecer pero, y que conste que me voy a referir a una tradición más que a una ley, ordinariamente las familias católicas bautizan a sus hijos con el afán de que sigan la misma religión, les educan en la observancia de esa religión, bien o mal, pero les educan en la fe. Sin embargo, ustedes protestan como si la implantación del bautismo fuese un yugo que el hombre debe llevar por toda su vida, olvidándose de que muchos abandonan, sin más trámite, la fe católica y abrazan otra como el brahmanismo, o el budismo. Sin embargo, no lo hacen por verdadera convicción, sino por la moda....

-Nooo que la moda ni que la moda, protestó Gerardo.

-Silencio, deja que termine de explicarse... protestó Lupita.

-Sí, la moda... recuerden cuando se estrenó la famosa película del Dalai Lama... miles de jóvenes -que en ese entonces ya clamaban por “amor y paz”- vieron en el budismo una salida actuante. Pero ninguno, o muy pero muy pocos, siguen en esa fe. Hay algunos que incluso han saltado de creencia en creencia sin encontrar aquella que les acomode.

Pero... y esta es la importancia de la pregunta... en realidad es el bautismo, aplicado a niños o adultos, un yugo esclavizante? No! De ninguna manera lo es. Luego entonces no quedamos en otra cosa que el bautismo per se es el inicio de la fe de un ser. Quizá sí debiera ofrecerse a edad de razón, pero... no para eso está la confirmación? Si un hombre acepta vivir en una religión -que bien pudo ser impuesta por sus padres, como es costumbre- tiene la misma libertad de confirmarla aún después del mero acto de la Confirmación... o abandonarla cuando lo crea necesario. La iglesia ha dejado a un lado -lo reconozco y me apena hacerlo- la catequesis para los adultos. Ese irles enseñando todo aquello que no pudieron aprender en el catecismo -ya de por sí flaco- impartido para recibir su Primera Comunión. Creo que debiera instruirse al adulto en su fe. Se hace, sí, los domingos en la lectura de la Palabra de Dios, y en la homilía, pero considero que no basta. El hombre moderno está sediento de conocimientos. Los recibe cotidianamente por todos los medios, pero más recibe la promoción de la maldad que la bondad de la pureza, y de ahí que haya aprendido a conocer, a saber, y por ende desee saber sobre su religión.

Volviendo al bautismo creo, francamente, que en realidad no importa a qué edad lo recibimos, sino cómo lo recibimos, para qué lo recibimos. Si observamos, el bautismo se ha convertido en un rito más que provoca el festejo por la diversión misma; ya no es la santificación del hombre por el sacramento mismo y el festejo por su inclusión en la fe, no, es simplemente el cumplimiento de un requisito social que culmina con la pachanga obligada para quedar bien con esa misma sociedad, que no con la fe o con Dios.

Es el bautismo la oportunidad que recibe el ser de iniciar con una vida limpia que él mismo se encargará de conservar o degradar. Es el hermanarse con Dios, el reconocerse como hijo de El. Así es. Así debe ser. Si aceptamos lo que se nos indica, marcó el inicio de la vida pública de Cristo; de tal suerte, marca el inicio de la vida pública de cada uno de nosotros. Dios nos da la vida. Dios nos da la oportunidad de empezar impregnados de inocencia y pureza. Es el hombre el que debe conservarse así... o cambiar las cosas. Pero Dios no lo olvida, de ahí la confesión, una nueva y repetida oportunidad de estar bien con El. Una nueva oportunidad de empezar. Ahí también es el hombre el que decide si sigue fallando... o se reconcilia verdaderamente con Dios y sigue su camino.

Julián guardó silencio y se persignó. Los demás callaron. Gerardo lanzó un suspiro y comentó:

-Y Dios dijo hágase la luz... y la luz se hizo! No cabe duda Padre Julián. En dos patadas nos dijo todo... y tiene razón. Debo reconocerlo, tiene razón!

Julián guiñó el ojo a Ricardo y sólo señaló:

-Te lo dije... no?

-Bueno jóvenes, creo que ya es hora de descansar... dijo Jazmín dando por terminada la velada.

 

Tras despedirse todos, quedaron en la sala Rafael, Julián, Gerardo, Narciso, Ricardo y Norma.

-Un cafecito antes de irse a descansar? invitó la anfitriona.

-Claro que sí, exclamó de inmediato Julián. Los demás asintieron con la cabeza.

Mientras Norma iba a la cocina, los amigos entablaron una nueva plática.

-Oye Ricardo, tus pláticas son todos los días? cuestionó Gerardo.

-Bueno, en realidad casi todos los días...

-Puedo asistir cotidianamente?

-Claro que sí, faltaba más.

-Por cierto Julián, te ruego me disculpes el exabrupto pero me siento mal cuando no entiendo algo...

-Mira, en pocas palabras, lo hago para no interrumpir la plática. Tus dudas, tomando en cuenta que llegas ya avanzado el tema, podremos despejarlas por fuera. Yo también te pido una disculpa pues no quise ser grosero...

-No te preocupes, ya entendí y te juro que no volverá a suceder, aunque te diré que me llamó mucho la atención lo de Narciso.

-Yo te lo voy a aclarar, dijo orgulloso el propio Narciso. Yo era un curita rebelde, de esos que odiaban a todos los que están fuera de nuestra fe... los Testigos de Jehová sobre todo... pero ellos me han hecho entender que no debo ser así... por eso se refería el padre Julián a volver al pasado.

-Ahhh...

-Y seré curioso, preguntó Rafael, porque te inscribiste en el curso bíblico?

-La verdad es que fue un impulso salido no sé de donde, pero no crean que me sacó de muchas dudas... la mayoría de los asistentes eran religiosos y ya sabrán...

-A eso me refería cuando señalé la necesidad de llevar el conocimiento de la palabra al pueblo en general, indicó Julián. Debo reconocer que las sectas que han surgido, con todo y que tergiversan en muchas formas la Biblia, tienen mayor dedicación a enseñarla a los fieles. Nosotros no, lo dejamos al garete. Es cierto que cada uno debiera interesarse por conocer su propia religión, pero en la realidad esto no sucede, así es que algo debemos hacer... hay programas, grupos, temporadas, en los que la palabra es motivo de difusión y análisis, pero no es suficiente, son pocos los que asisten.

-Eso es verdad, agregó Ricardo. Casi siempre los que asisten son los mismos, amigos, monjas, grupos parroquiales, pero es poco el llamado a la comunidad en general. Conozco algunas iglesias que lo hacen, por ejemplo la de San Antonio aquí en Acapulco, y vaya que lo hacen en forma muy abierta, pero debiera existir un plan mayor, algo que en verdad llegue a la gente, a toda la gente.

-Si a eso le sumamos todos esos detalles, por llamarles de alguna forma, que alejan al fiel de su propia iglesia... comentó Gerardo.

-Yo sé que el clero no es todo lo perfecto que se quisiera, reconoció Narciso, que tenemos muchos defectos, pero deben reconocer que somos humanos, seres hechos con las mismas debilidades que ustedes. Ser cura no es ser perfecto...

-Claro, claro, pero tienen razón en muchas cosas, indicó Julián. Mira Narciso, por ejemplo, hay mucha gente que critica el poder económico de la iglesia -y me permito recordarles que esa situación precisamente es la que causó la protesta de Lutero y el cisma que dividió a la iglesia- y es que si bien se necesita mucho dinero para manejar una organización como esta, la ostentación que hacen algunos es lapidante. En menor escala, pero no por eso menos grave, tenemos a los sacerdotes que en todo y por todo ven dinero. Si comparamos las necesidades que tiene una parroquia como la mía, satisfechas con una raquítica participación de un pueblo sumido casi en la ruina, con limosnas que la mayor parte de las veces es en especie, es decir, entregando el pollo, la canasta de huevos, etc, con la que tiene la propia Mitra que requiere no de guajolotes ni de frutas o tortillas, sino de dinero en efectivo, podríamos considerar casi justa esa necesidad, pero ya pocos sacerdotes se preocupan por sus parroquias, por arreglarlas, adornarlas como antes, recamar los altares, sobre todo en países como el nuestro en el que todo templo es patrimonio de la nación y no como quiera se pueden hacer cambios o reparaciones. Sin embargo, de eso a traer autos último modelo o tener casas que son verdaderas mansiones, como el caso de Monseñor Shulemburg al que se le descubrieron no una sino varias de estas, es, repito, francamente grotesco. Así, Narciso, cómo no van a dudar de nosotros?

-Yo tengo un ejemplo perfecto, señaló Rafael. Cuando un líder crece, políticamente hablando, sus seguidores comienzan a dejar de creer en él porque se dan cuenta de que, de repente, ya tiene casa nueva, coche -o coches- a la puerta, viste trajes de corte fino y se larga al extranjero con su familia cada vez que se le da la gana. Aún suponiendo que ese líder no haya robado nada, que no se haya corrompido -lo que es de dudarse ante tales ríos de dinero- como no tiene forma de justificar su fortuna, sus seguidores piensan que se está aprovechando de ellos, que vive así gracias a sus cuotas o descuentos sindicales que les hacen a los trabajadores. Por eso la vida de un líder es efímera la mayoría de las veces.

-Es verdad, dijo apenado Narciso, por desgracia es verdad... pero, qué podemos hacer?

-Trabajar unidos con el Papa, exclamó Ricardo de inmediato. Juan Pablo II ha cambiado a la iglesia, está cambiando a la iglesia a pesar de la oposición que hay de parte de aquellos que, al viejo estilo, quieren que las cosas sigan como hasta ahora. Yo creo en su callada lucha. Por desgracia no creo que nos dure ya mucho tiempo, pero lo que haya logrado será bueno, dejará escuela, de eso no me cabe duda. Y es que una cosa que debemos reconocer todos es que somos hermanos, no importa el color del cristal con que vemos la religión, somos hermanos que tienen la obligación de defenderse unos a otros, de pensar en los demás, de dejar ya a un lado envidias, diferencias, traiciones, antes de que nos acabemos unos a otros. La anarquía se ha apoderado del mundo por eso mismo, porque si el hombre ha sido el lobo del hombre, ahora lo es más; nadie tiene derecho a nada si invade el derecho de otro. Ya no es la simple cuestión del bien sobre el mal, es reconocer que estamos acabando con nuestra propia casa, con el mundo entero. En los últimos cincuenta años han muerto tantas gentes en guerras aisladas y agresiones directas y oligárquicas como en los dos grandes holocaustos mundiales y eso, francamente, es alarmante, degradante para cualquiera que tenga un poco de seso. Yo sé bien que se ha considerado a la religión como el opio del pueblo, la forma de tenerlo maniatado, pero de igual manera lo han sido las diversas corrientes sociales que nos han gobernado, unas en forma tajante, agresiva, mediante el terror, la tortura y el miedo, otras con una supuesta mayor dulzura, pero esclavizante al fin por medio de su poder económico. La religión nos da, al menos, la oportunidad de pensar en el amor, la fraternidad, la paz, mientras que las políticas impositivas sólo generan rencor, coraje, un ansia de libertad que arroja al hombre en luchas fraticidas y de las que, al final de cuentas, sigue esclavo aunque de nuevos nombres y hombres. Por qué, pregunto yo, si el 99 por ciento de la población mundial cree en un Dios -sea cual sea- y su fe se funda en el amor y la esperanza, la fraternidad y la comprensión, es ese otro uno por ciento -que proclama la vigencia de la razón del hombre y su libertinaje en el uso de ella- el que nos domina, el que rige, el que marca la pauta de una humanidad que sólo tiene que despertar... dónde está nuestra integridad? Dónde nuestra dignidad? Dónde nuestra razón?

Ricardo se dejó caer abatido en uno de los sillones.

-Miren, señaló levantando la cabeza, no acaso los que estamos aquí pensamos de muy diversa manera? No es verdad que hay alguno que no cree en Dios y otros que están dedicados a El? No somos acaso diferentes en lo físico, en nuestra forma de pensar, en nuestros conceptos, incluso en nuestra forma de vida y, sin embargo, amigos? Entonces, porqué no puede serlo toda la humanidad? ¿No vale la pena luchar, cada quien a su modo y en la medida de sus posibilidades, porque esto se logre?

Los demás permanecieron en silencio. Norma, de pie a la entrada de la sala, dejó escapar una lágrima callada.

 

La reunión del día se inició con la noticia de que Lupita tenía cáncer. Norma se mostraba francamente abatida. Los demás, que apenas la conocían pero habían aprendido a querer su carácter siempre amable y cordial, hicieron lo posible por manifestar su solidaridad. Sin embargo, conforme a Jorge, que había llegado el día anterior de Mérida, el mal estaba muy avanzado en pulmón y cabeza. Ella era fuerte, jamás había manifestado su dolor o cualquier otro síntoma que denunciara que sufría. Jorge chico no sabía que decir y sólo la abrazaba.

-En verdad siento mucho esto que nos comunicas Lupita, dijo cariñoso Julián, y sé que ya has hablado con Dios a solas y te has entendido con El. Ruego porque tus últimos días sean lo más tranquilos posibles.

-Lo serán entre mis amigos, padre, muchas gracias.

Ricardo comentó si no sería mejor suspender la charla de ese día, pero la misma Lupita se opuso.

-No Ricardo, no, si ustedes me ayudan, quiero vivir lo que falta como si nada pasara, una vida normal, por favor.

-Si tú lo deseas así...

-Por favor...

Gerardo, que se había mantenido un tanto al margen por su nula relación con la enferma, y queriendo que la tensión se disipara más que por curiosidad, preguntó:

-Ricardo, ya Julián me ha explicado el porqué de tus pláticas, lo de aquello de “quién demonios es Cristo” de Carlitos, pero hay mucha investigación que no sabemos de dónde sale... será cierta o falsa? Acaso es profesional, seria? Se puede confiar en ella?

-Aunque ya habíamos hablado de eso un tanto, creo que sería interesante hacer un paréntesis para enterarnos -ya que vamos a entrar en la vida propiamente pública de Cristo y todas sus consecuencias- de cómo es que surgen todos esos cuestionamientos que si bien no dudamos también se hacían en la antigüedad, no se atrevían siquiera a que se supiera lo que pensaban.

Es indudable que los primeros cuestionamientos de peso fueron hechos casi al mismo tiempo que se descubría América para Europa, y fue Lutero, un augusto y reconocido monje agustino alemán, el que se enfrenta al Papa y la Iglesia establecida ante sus desmanes socio-económicos causando así el cisma más grande que haya registrado la fe católica, pero, como dije antes, Lutero sería en su momento materia de una charla especial.

Esa, sin embargo, no fue una corriente de cuestionamiento espiritual o teológico, sino más que nada de procesos y abusos administrativos humanos. Es hasta el decenio de 1740 cuando aparece la metodología histórica, un proceso válido de investigación que para algunos pretende poner en entredicho la veracidad de las crónica bíblicas, pero para otros despejar dudas, conocer más a fondo su fe, la historia de su fe.

Entre 1774 y 1767, Hermann Samuel Reimarus, profesor de Hamburgo, había afirmado que Jesús no fue más que un revolucionario judío fracasado. A mediados del siglo XIX, el conocimiento bíblico alemán había alcanzado la mayoría de edad; uno de sus más grandes logros fue datar los evangelios, es decir, llegar a conocer las fechas -lo más aproximadamente posible- en que fueron redactados o dados a conocer los evangelios, resultados que hasta la fecha se siguen considerando válidos. Ningún historiador o estudioso bíblico acreditado negaría que el más antiguo de los evangelios fue redactado al menos una generación después de los sucesos mismos.

La investigación alemana tendría su máxima expresión con la postura de Rudolf Bultmann, de la Universidad de Marburgo y uno de los comentaristas bíblicos más famoso y estimado del siglo XX: “Creo en verdad que ahora apenas podemos saber nada relativo a la vida y la personalidad de Jesús, toda vez que las primitivas fuentes cristianas no muestran ningún interés por una cosa u otra y, además, son fragmentarias y, a menudo, legendarias”.

Dos cosas destacan de esta postura: la primera es que se reconocía que no se podían tener puntos de apoyo válidos para la investigación -en esa época no había los adelantos tecnológicos de ahora ni se había hecho los descubrimientos más importantes-; la otra, que reconocía que mucha de la información conocida hasta ese momento -incluyendo la Biblia misma- era legendaria, es decir, en otras palabras, mitad mito mitad verdad.

Sin embargo, Bultmann siguió siendo un cristiano devoto porque -y este es un punto importantísimo para cualquier creyente que quiere saber más de su fe sin perderla ante una realidad mundana- insistió en que había que hacer una distinción indiscutible entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe. De lo contrario la fe se vería mermada y puesta en aprietos por la verdad histórica.

Pero el bastión de la autoridad bíblica tradicional también se veía desafiado desde otros muchos frentes, no sólo por el alemán. Las polémicas aseveraciones de los investigadores alemanes permanecieron dentro de un círculo selecto de especialistas, pero en 1863 Ernest Renán hace estallar la conciencia internacional con su célebre obra Vie de Jésus en la que pretende despojar al cristianismo de sus aspectos sobrenaturales y presenta a Jesús “como un hombre incomparable”.

Fue, indudablemente, el best seller de su época, y sigue siendo de los más vendidos entre aquellos que se interesan por la investigación bíblica. El impacto generado en el público fue tremendo. Sin embargo, su obra fue calificada de dulcemente sentimental y falta de sentido crítico por la generación de modernistas que ya aparecía a finales del siglo XIX, muchos de los cuales trabajaban incluso dentro del marco de la Iglesia misma, hasta que en 1907 fueron condenados oficialmente por el Papa Pío X.

Ya para entonces, los descubrimientos y conclusiones tanto de la erudición bíblica alemana como de los modernistas había influenciado las artes. En 1916 George Moore, novelista inglés, publicó El Arroyo de Kerith, crónica novelada que causó escándalo al hacer que Jesús sobreviviera a la cruz, curado por José de Arimatea.

En 1946, Robert Graves publica El Rey Jesús, en el que Jesús también sale vivo de la crucifixión, y en 1954 Nilos Kazantzakis, escritor griego premiado con el Nobel, levanta un tremendo revuelo internacional con The Last Temptatión,  -que por cierto no hace más de un par de años se hizo película y también causó polémica-; en su obra, Jesús sí muere en la cruz pero antes de morir tiene una visión de lo que su vida podría haber sido de no someterse al sacrificio. En ella se ve casado con Magdalena, a la que desea con una sana lujuria a lo largo de todo el libro, y engendra una familia con ella..

Estos son ejemplos de la influencia que las investigaciones eruditas bíblicas llegaron a tener en las artes. Hace un par de siglos esto hubiera sido imposible. Pero para el siglo XX Jesús y su mundo ya son objeto de una profunda y cada vez organizada y respaldada investigación, no dudo que alguna con fines sensacionalistas, pero la mayoría como objetos válidos de investigación y exploración por parte de figuras literarias serias y reconocidas internacionalmente, que procuraban aclarar los enigmáticos hechos que rodean a Jesús. Por desgracia la mayoría de las obras eran dirigidas principalmente a otros expertos e investigadores, por lo que se convertían en libracos imposibles de leer para el vulgo en general. Esto no quiere decir que no hubo algunas sí de ese tipo, como la del Dr. Hugh Schonfield, El Complot de Pascua, publicada en 1963 en la que se narra que Cristo armó su propia crucifixión y no murió en la cruz. El libro vendió más de tres millones de ejemplares. Jesús el Mago, del Dr. Morton Smith, presenta a Jesús como un típico mago de la época. En fin, se han publicado infinidad de obras sobre los orígenes del cristianismo, la formación de la iglesia, la vida de Jesús, las raíces del judaísmo, pero es realmente hasta 1979 en que Elaine Pagels atrae la atención del mundo y miles de lectores con un estudio sobre los papiros encontrados en Naj Hammadi en 1945, que ofrece una interpretación nueva y radical de la enseñanza y tradición cristianas. De ahí en adelante se desata un avance supra-notorio en la materia.

Los últimos cincuenta años se ven enriquecidos con otros descubrimientos como el de los rollos del Mar Muerto en las Cuevas de Qumram, descubierto como ya lo hemos dicho en 1947 y que, aunque han arrojado mucha luz sobre la verdad, aún faltan infinidad de ellos por interpretar.

Así pues, Jesús deja de ser esa figura simplista, divina pero simplista que aparece en el cuento de hadas que nos narran en la infancia, para emerger como el hombre, con toda su divinidad, en el medio de una zona que ahora se nos hace conocida y en un tiempo del que sabemos formas y costumbres que nos permiten interpretar con mayor veracidad los hechos. Es ahora, más que nunca, importante recordar lo que decía Bultmann:  hacer una distinción cuidadosa, sí, pero indiscutible entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe.

Así es que, como podrás ver mi estimado Gerardo, hablamos de estudios e investigaciones serias, unas hechas por gente de fe, otras por investigadores y teólogos, y unas más por librepensadores y científicos que no tienen otro interés que conocer la realidad histórica.

-Pero no podrás negar que hay sus detractores en esto, indicó Narciso.

-Claro, como en todo, así como también hay quien hace investigación seria y es tratado como enemigo de la fe por el simple hecho de salirse del corral... como dicen por acá, agregó Jorge.

-Bueno señores, creo que por ahora es todo... acompañemos a Lupita en su sufrimiento y roguemos a Dios por su bienestar.

-Gracias Ricardo, dijo ella.

Cada uno pasó a dar su apoyo moral a la fiel amiga, escoltada por Jorge y su hijo a un lado y Norma al otro.

Julián dirigió una mirada significativa a Ricardo mientras Narciso se despedía. Jazmín disimuló una lágrima y los muchachos salían en silencio uno tras del otro.

-Jorge, quieren cenar con nosotros? invitó Norma.

-Gracias, amiga... no será una molestia?

-Claro que no! intervino Ricardo. Por el contrario, será un verdadero gusto que nos acompañen.

-Bien, pues entonces déjame ayudarte amiga, terció Lupita.

Mientras las damas estaban en la cocina, Julián y Jorge acompañaban a Ricardo a su estudio.

-Dime Jorge... es en verdad grave? preguntó Julián refiriéndose a la enfermedad de Lupita.

-Desgraciadamente sí, contestó apesadumbrado. Los médicos dicen que es terminal, aunque se guardan muy remotas esperanzas.

-Podemos hacer algo por ustedes? dijo Ricardo.

-Bueno, creo que como dijo la misma Lupita... ayudarla a que sus últimos días los pase feliz, tranquila, en familia...

-Ricardo, se me está ocurriendo una cosa... dijo pensativo Julián... qué te parece si aprovechamos para darle una vuelta a mi parroquia y nos llevamos a todos el fin de semana al pueblo?

-Sería fabuloso Julián... creo que todos apreciarían el cambio, sobre todo Lupita... te parece Jorge?

-Por mi está bien... le decimos?

Durante la cena la propuesta fue más que aceptada por las señoras y de inmediato se iniciaron los planes para ir al pueblo de Julián.

 

(Continúa en el Tomo II)

 

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TOMO II

 

La noticia corrió como reguero de pólvora. El primero en buscar a Julián fue Narciso que le rogó encarecidamente le llevara como invitado. El párroco no pudo dar el permiso, pues señaló que en todo lo relativo a Narciso y al propio Julián el único que podría intervenir era el señor arzobispo. Julián se quedó sorprendido ante tal afirmación, pero no dudó un minuto en ir a la Mitra.

-Su Eminencia, solicito permiso para que el Padre Narciso me acompañe este fin de semana a visitar mi parroquia y mi pueblo. Deseo dar una vuelta para ver cómo van las cosas y llevo de invitados a los amigos que asisten a las charlas de Ricardo.

-Ajá, así que piensa usted organizar un retiro en su parroquia...?

-Bueno, Su Eminencia, en realidad no es un retiro...

-Lo sé, padre Julián, lo sé... pero digamos que así se oye un poco más....  religioso...

-Está bien, como usted ordene....

-Y... por qué Narciso? No tenía tanto miedo de que fuera no hace mucho?

-Bueno... pero el tiempo... y Ricardo... se han encargado de cambiar las cosas...

-Por lo que veo ese Ricardo está cambiando muchas cosas... espero que no cambie las indebidas...

-No tenga cuidado Su Eminencia que estoy al tanto y pendiente...

-Y qué hay de lo otro?

-Pues en momentos se anima y en otros se ve indeciso, pero creo que al final lo hará...

-Cree Usted que lo hará como esperamos?

-No le escuchó? Pues así es siempre... habla, señala, reconoce tesis, destapa errores, se mete hasta la cocina como dicen por aquí, pero al final de cuentas...

-Bueno... y cuándo regresan?

-Espero que el lunes por la mañana... varios de ellos tienen que trabajar. Aunque anticipo a Su Eminencia que algunos ya hablan de pedir permiso para faltar toda la semana....

-Creo que sería más conveniente... incítelos... el ambiente del templo puede ser un buen marco...

-Gracias Su Eminencia... le mantendré informado....

 

Sabiendo que Carlos era la chispa que prendía cualquier mecha, y al mismo tiempo el más imposibilitado para faltar toda la semana por los compromisos contraídos en su negocio, Julián se le hizo el aparecido al medio día.

-Hola Sonia... está Carlitos?

-Padre Julián.... que gusto verlo por su casa... pase por favor... pase... enseguida le hablo...

Julián recorrió con los ojos la vivienda. Era un departamento de interés social, pero Sonia le mantenía muy limpio y Carlos proveía lo necesario con todo y sus quejas. Le llamó la atención una Biblia que estaba colocada a un lado de la televisión de la sala.; parecía que alguien la había estado leyendo y dejado ahí... a la mano.

-Hola Padre... ora sí se va de esta casa el demonio al demonio.... carajo... un curita en mi casa... con bendición y todo... supongo!

Julián rió de buena gana... le caía bien el muchacho y sus bromas jamás las había sentido pesadas o irrespetuosas.

-Mira carajo muchacho... no echo agua bendita porque va a ser un chirriadero de la fregada... pero te voy a dejar un millar de estampitas para que te ganes algunas indulgencias repartiéndolas...

-Ya será... si no reparto volantes menos estampitas... mejor la dejamos así... qué le trae por aquí?

-Te tengo una misión secreta...

-Ah carajo... dijo ahora Sonia.

-Miren.... la ida al pueblo tiene dos intereses que creo que ustedes comprenden bien. Uno, el buscar un poco de paz para Lupita; el otro, y aprovechando el viaje, ubicar un poco a Narciso con una grey que si bien puede traerle muchos recuerdos, también es distinta en muchas formas.... así es que quiero pedirte que seas tú, disimuladamente, el que sugiera que nos quedemos toda la semana...

-Huyyyy... pues ahí sí va a estar difícil porque empezando por mí mismo... no puedo tomarme toda la semana...

-Claro que puedes... reclamó Sonia... nada más avisa que no vas a poder entregar los trabajos que tengas programados sino hasta la otra semana y ya... en qué te puede afectar?

-Bueno.... en realidad puedo... pero....

-Nada muchachito... nada... es la primera vez que te pido un favor y me lo vas a cumplir.... o no?

-Está bien padre Julián... pero que no se vuelva costumbre eh? porque yo no soy su alcahuete ni su cómplice...

Julián y Sonia soltaron una nueva carcajada y se despidieron.

 

Esa tarde, cuando Carlos salió con la sugerencia, el primero en secundarla fue Rafael.

-Vamos, tiene tiempo que no salgo al campo...

-Alguien se ve imposibilitado para estar por allá toda la semana?

-Bueno... dijo Gerardo... si me perdonan el que me llegasen a llamar a media semana y me vea obligado a volver.... iré con gusto...

-Ustedes? preguntó Ricardo a Fidel.

-Gloria sí va, pero no sé si a Silvia le den permiso.

-Me lo tomo.... que demonios, dijo entusiasmada la muchacha.

-Bueno, pues ya estamos todos. Vamos viendo entonces qué es lo que vamos a hacer... Julián, habrá lugar en el hotelito del pueblo?

-Hotelito? Y que mi hermana no me vuelva a hablar en toda su vida? No, mi amigo, ustedes se quedan en la casa parroquial, faltaba más...

-Oye, dijo Norma, pero eso será mucho trabajo para Lucía...

-Porqué? qué no van ustedes? Si nos repartimos la diversión nos podemos repartir el trabajo.... no creen?

-Sí... sí... dijo Lupita emocionada.

-También nosotras podemos ayudar... somos seis mujeres contando a Jazmín... agregó Sonia.

-Bueno, pues sea entonces y que Dios guarde mi pobre pueblo, sentenció Julián bromista.

-No padre, intervino Carlos inmediatamente, que saquen las trompetas porque voy a ir yo... y quiero alfombra de flores... y guirnaldas de zempazuchil y...

-Ya estarás Santo Patrón... dijo Sonia burlona.

-Pues entonces acortemos la noche para que cada quien pueda preparar su equipaje y nos vemos todos aquí a las siete de la mañana... de acuerdo? señaló Ricardo.

-De acuerdo, corearon todos.

 

En el momento en que se iban a acostar, tras la consabida tacita de café de Julián, el teléfono repiqueteó.

-Julián, te hablan...

-Sí? Diga....

La voz al otro lado de la línea era la del arzobispo que estaba interesado en saber los resultados.

-Qué pasó? Se quedan toda la semana?

-Sí señor... así es....

-Bueno, pues a ver como reacciona Narciso... téngame al tanto. Sirve su teléfono de la parroquia?

-Tengo entendido que sí señor.

-Bueno, pues, cualquier cosa avíseme por favor padre Julián. Lo mismo si necesita algo... entendido?

-Claro, claro señor...

 

Tras colgar, Julián fue cuestionado por Ricardo, para el que no había pasado desapercibido el tono casi monosilábico del sacerdote.

-Algo anda mal?

-No mi querido Ricardo, no. Por el contrario... todo camina como Dios lo quiere...

Ricardo ya no preguntó. Sabía que cuando Julián le respondía con ese tonito misterioso no iba a soltar prenda. Se alzó de hombros y le dio la buenas noches.

 

La llegada al pueblo fue todo un acontecimiento. Los habitantes estaban felices por el regreso de su párroco y asombrados por la comitiva que le acompañaba. El día fue, prácticamente, de fiesta. Una buena cantidad de feligreses desfiló por la casa parroquial para rendir sus respetos al cura y sus amigos. El propio Presidente Municipal se dejó llegar hasta el lugar para poner a disposición de los distinguidos visitantes sus servicios y atenciones.

Un hombre obeso, bien vestido, portando un cinto piteado y una hebilla descomunal con lo que se supone eran sus iniciales, saludó ceremonioso al sacerdote que de inmediato le presentó con los invitados.

-Señores, permítanme presentarles a Don Eustorgio, dueño de la tienda-almacén del pueblo y generoso benefactor de esta parroquia.

-Mucho gusto, corearon todos.

-Es un honor conocerles, sobre todo a Usted, Don Ricardo. Doña Lucía, hermanita del padre Julián, ya nos ha platicado de Usted ampliamente.

-Caray, pues no creo ser merecedor de sus elogios, pero en materia de amistad cuente conmigo para lo que se ofrezca.

-Gracias Don Ricardo. Por cierto, padre Julián, desde este momento la alimentación de nuestros amigos corre por mi cuenta, así es que ahorita mismo le mando los avíos necesarios.

-Oiga Don Eustorgio, no se moleste... en verdad... podemos pagar lo necesario... protestó apenado el escritor.

-Nada señores, es mi gusto y me gusta darme gusto, así es que con su permiso voy a dar las disposiciones necesarias... nada más pido permiso al padre para que mañana hagan los honores a mi mesa... si ustedes lo consideran conveniente, claro.

-Pues nada nos causará mayor placer que compartir el pan y la sal con usted, téngalo por seguro... exclamó Carlos de inmediato.

-Carlos, por favor, dijo Norma.

-Déjelo señora, que ya ha hablado por ustedes y es compromiso formal. Mañana les espero al filo del mediodía.

-Pues muchas gracias nuevamente, insistió Ricardo.

-Con su permiso... y gusto en conocerlos.

Julián tomó del brazo al hombre y le acompañó hasta la puerta de la casa parroquial, mientras Lucía conducía a cada uno a sus habitaciones.

-En verdad Lucía, comentó Norma, no será mucha la molestia?

-Por Dios Normita, si ustedes le han devuelto la vida a mi hermano. Lo veo más joven que nunca, impetuoso, ágil. Con decirte que antes de su primera visita ya arrastraba los pies... deveras... lo veía muy acabado. Ustedes le inyectaron nueva vida...

-Pues no sabes el gusto que me da saberlo. Mira, no te he presentado a Lupita, una queridísima amiga mía.

-Señora, esta es su casa...

-Gracias Doña Lucía, ya Norma me ha hablado de su amabilidad. Mi esposo Jorge, y mi hijo Jorge chico....

-Bienvenidos...

-Y esta mocosa gigantesca es mi hija Jazmín.

-Vaya, pues en verdad estás grandota, muchacha. Mucho gusto.

-El gusto es mío, contestó entrecortada la jovencita.

-Lucía, te parece bien que nos organicemos para atender lo de la cocina...? venimos seis mujeres y creo que podemos ayudarte bastante... indicó Norma.

La hermana del sacerdote rió de buena gana.

-Qué te parece si esperamos para que me repitas esa opinión?

-Por qué?

-Ya lo verás... ya lo verás...

 

Habían llegado cerca de mediodía. Comieron en el camino y por ende quisieron aprovechar el tiempo recorriendo la población. Julián envió a Lucía como guía -que les llevó al mercado- mientras él y Narciso platicaban con el sacerdote que había enviado el arzobispo como auxiliar. Por la tarde, la comitiva se congregó alrededor de la gran mesa del comedor para gozar de un exquisito chocolate preparado por un par de señoras, que llegaron también cargadas de pan de la región.

-Pues vaya que vives bien padrecito, dijo Gerardo con cierta picardía.

-Dios provee, dijo sentencioso el sacerdote.

-Oye Julián, intervino Rafael, Ricardo me ha hablado de tu muy bien surtida biblioteca y me gustaría conocerla.

-En su momento... mi querido amigo... en su momento... por esta noche gozaremos de este chocolatito, platicaremos de aparecidos y espantos y luego nos iremos a descansar plácidamente...

-Momento, exclamó Silvia, si van a platicar de eso mejor me voy a dormir... a mi me da mucho miedo...

-Qué le crees a este viejo ladino, dijo Ricardo. Yo creo que lo que quiere es platicarnos un poco sobre él...

-Entonces sí es de espantos, comentó bromista como siempre Carlos.

-La verdad es que Ricardo tiene razón en parte, dijo Julián, pero me gustaría más que conocieran mi iglesia. Tiene su historia y me siento muy orgulloso de ella, así es que... si ustedes no disponen otra cosa, en cuanto le demos mate al chocolatito pasamos al templo.

 

La arquitectura del templo era eminentemente colonial, y su belleza se reflejaba en cada una de las cúpulas y los pilares que las sostenían, pero sobre todo en los capiteles, relatores silenciosos de trozos de la historia que, por desgracia, había sido olvidada con el tiempo y el descuido de los primeros encargados.

-Es realmente hermosa, dijo asombrado Rafael que, como arquitecto, sabía valorar la modesta fastuosidad de la parroquia.

-Así es, contestó ufano Julián, y me siento orgulloso de ella.

-Cuéntanos un poco de esa historia Julián, suplicó Norma.

-Bueno, en realidad hay muchas cosas perdidas en el tiempo, pero su historia se remonta a la época de la evangelización de la Nueva España, con la llegada de los misioneros agustinos Fray Jorge de Avila y Jerónimo de San Esteban a finales de 1525. En realidad no hay nada que lo confirme, pero dado que ellos fueron los primeros en andar por aquí y que ya en 1537 se da noticia de ella, es obvio que fueran, al menos, los iniciadores de su construcción, que también muy probablemente terminara Fray Agustín de la Coruña y Juan de San Ramón. De una cosa, en lo personal, si estoy seguro: de la participación de Fray Juan Bautista de Moya, llamado el Apóstol de la Tierra Caliente por su dedicación y esmero en lo que se refiere a la evangelización y proliferación de templos en toda esa región y muy buena parte de por acá. Murió en 1567 en Valladolid, hoy Morelia, y aún se le recuerda con gratitud y cariño.

-Bueno, señaló Rafael, la misma construcción habla por sí sola. El arte arquitectónico colonial mexicano cuenta en su haber, como dijera Don Enrique F. Gual, con el valor prodigioso de las rápidas asimilaciones y el haber sabido desdoblarse con ese vigor de pueblo joven y emprendedor para hacer frente a esas necesidades ante los proyectos del conquistador.

En poco tiempo, el alud de inspiración ajena se convertía en un pasmoso hecho mexicano... o mexicanizado si ustedes quieren. Con esa mezcla de cultura arquitectónica México se sumó al concierto internacional de su época, salvando su pasado artístico y un presente renovador que podemos observar en casi todas las iglesias del siglo XVI, pero aún más en los dos siguientes. Ese arte estuvo indudable y particularmente expresado en la arquitectura religiosa.

-Oiga Padre Julián, y aquí en el pueblo son muy mochitos? cuestionó Silvia.

-Bueno...

-Mira hija, intervino Ricardo, en términos generales el pueblo guerrerense es moderadamente religioso, ya lo registra así en su obra Razones del Subdesarrollo, Rafael Catalán Valdés. Contra lo que sucede en otros estados o regiones del país -recuerden los sucesos que nos contara Narciso- y aunque existen diferencias regionales pues la mayor influencia religiosa se observa en las zonas Centro, Norte y Tierra Caliente, el guerrerense ha dado muestras de una actitud mesurada en materia de religión. Incluso, aquí es relativamente menor la penetración de las sectas, e insisto en que no me gusta usar esta palabrita...

-Así es que aquí no se matan como en Chiapas? dijo sin tacto alguno Fidel, sorprendiendo a todos.

-Es que allá es otra manera de pensar, dijo de inmediato Narciso mismo sintiéndose afectado. Además, allá si es fuerte la penetración de las sectas -y perdón Don Ricardo, pero así es- sobre todo la de los Testigos de Jehová...

-Oye Julián, y porqué pertenece a la diócesis de Acapulco estando tan lejos? cuestionó Ricardo cambiando el tema para evitar una nueva actitud apasionada del joven sacerdote.

-Bueno, si me permiten, me gustaría comentarles lo que Blandino Barcenas, párroco de San Antonio en Acapulco, y vocero oficial de la Mitra, recuerda en una participación que tuvo en la obra Guerrero 1849-1999, publicada por el gobierno estatal.

En ella narra que la fundación del Estado y la de la Diócesis de Chilapa corren parejas en la historia. Guerrero se funda el 27 de octubre de 1849 y la Diócesis el 26 de enero de 1862. Esta se conforma con 29 parroquias de la diócesis de Puebla, 22 de la de México, 9 de Michoacán y 5 de Oaxaca. En 1957, a raíz del terremoto que no sólo asoló las costas de Guerrero, sino al propio Distrito Federal, cuando el Delegado Apostólico Luigi Raimondi visitó la zona llegó a la conclusión de que toda la franja costera podría ser una nueva diócesis, y así lo informa al Papa Pío XII que crea, el 18 de marzo de 1958, la Diócesis de Acapulco.

Pasado el tiempo y ya bajo la labor apostólica de Monseñor Rafael Bello Ruiz como Obispo, la Santa Sede consideró que la llamada Región sur debiera tener una representatividad como tal, y crea la 12a. Provincia Eclesiástica con sede en Acapulco, quedando su obispo como Metropolitano y anexándosele las demás diócesis. Finalmente, el 29 de junio de 1983, en las afueras de la Catedral de Nuestra Señora de La soledad, en presencia del delegado apostólico don Jerónimo Prigione, se leyó la Bula por la que Acapulco era elevada a Sede Arzobispal. El 28 de septiembre de ese mismo año, en la ciudad de Roma, le fue impuesto el palio arzobispal a Monseñor Bello.

-Ahora bien, comentó Ricardo.

-Que bien sabe conocer un poco más de nuestra historia, indicó satisfecho Jorge.

-Oye curita, dijo Gerardo, y cuántos habitantes tiene el pueblo?

-Alrededor de unos 12 mil, pero el día de tianguis se dejan llegar hasta 30 mil.

-Y todos son católicos?

-Podría decirse...

-Pues es buena grey, no?

-En qué sentido?, preguntó alerta el sacerdote.

-Pues que has de tener tus muy buenas entradas... ricachón... señaló malicioso.

-Rafael... podrías decirle a este mentecato lo que cuesta mantener un edificio como éste?

-Huyyy... pues para conservarlo como lo tienes... te debe costar muy buenos pesos...

-Ahhhh, pero eso le cuesta al gobierno, no? insistió Gerardo. No dicen que todas las iglesias, los curatos y las casas parroquiales son inmuebles propiedad de la nación?

-Exactamente igual que las escuelas, intervino Ricardo, a los planteles se les da la misma atención y mantenimiento que a los templos.... ninguno! Los maestros tienen que aplicar las famosas, repudiadas y poco comprendidas cuotas de inscripción -que manejan los padres de familia- para tener algo de dinero destinado a remozar, pintar y aviar las escuelas. El gobierno sólo paga los salarios de los maestros y ya! De lo demás se desentiende. Así sucede con los edificios religiosos, protestan porque los fieles dan limosna, pero ellos no reparan más que aquellos que quieren volver centros turísticos o monumentos coloniales con la misma tendencia; uno que otro por su propio valor histórico, es decir, porque no les queda otra que repararlo. Pero los templos en uso, los que cotidianamente dan servicio, los que están a cargo de un sacerdote, esos... esos no reciben ni un quinto e, incluso, les ponen traba y media para permitirles reparar o restaurar cualquier cosa, agregando que si a los maestros les paga el gobierno su salario, a los curas no, por lo que deben vivir de las propias limosnas de su grey.

-Perdón... la verdad es que no sabía eso. Entonces nuestro gobierno es un desobligado; grita a los cuatro vientos que son suyas, pero no las mantiene... ni a las escuelas ni a las iglesias.

-Esa es otra de las paradojas oficiales...

-Pero no todo queda ahí... intervino Rafael. También los tesoros que guarda cada templo son considerados propiedad de la nación y yo pregunto: en dónde están todos los cuadros, las pinturas, las reliquias y mil cosas más que se guardaban en lugares como el Museo de Santa Clara en Puebla, rico por su acervo histórico?

Muchos lugares han sido objeto del saqueo oficial, sobre todo en época de la revolución y más tarde en la etapa cristera, que considero la más asoladora en esta materia.

-Tú tienes aquí algunas cosas valiosas aún Julián? preguntó Lupita que, con todo, se veía cada vez más demacrada.

-Sí hija, prácticamente todas las pinturas que existen en la iglesia son del siglo XVII; hay otras más recientes pero no menos valiosas. La recama de oro de pilares y altares es auténtica. Creo que esta es una de las iglesias que aún conservan esas recamas originales.

-Y no olvides tu biblioteca, dijo Ricardo.

-Bueno, habría que hacer una separación entre lo que es el acervo bibliográfico propio del templo y el mío, aunque todo está revuelto...

-Tiene algunos libros de valor? cuestionó Fidel.

-Algunos... ya los verán en su momento...

Narciso, que escuchaba silencioso, comparaba la fastuosidad del templo con la modestia de los de la alejada región que le diera tantos dolores de cabeza.

-Tú no opinas nada? señaló Ricardo refiriéndose a él precisamente.

-Pensaba en lo humilde de las iglesias de Chiapas... claro que hay algunas como esta, pero la mayoría son muy modestas...

-Bueno, debes tomar en cuenta que la región centro del país es la primera en ser evangelizada y por ende en donde hay mayor auge arquitectónico; recuerden Michoacán, Guadalajara, Zacatecas.... y la propia Puebla, sede de esa famosa y hermosísima capilla de El Rosario, señaló Rafael.

-Bueno señores, pues creo que ya es bastante de historia y arquitectura... vayamos a cenar y a descansar porque mañana conoceremos otros interesantes lugares de mi pueblo.

-Sea, sentenció Ricardo.

-Oigan... oigan... y qué no vamos a tener nuestras sesiones de charla? protestó Carlos y a quien hicieron coro los otros jóvenes.

-Vaya, dijo Julián, se ve que de verdad les interesa tu plática Ricardo.

-Que va! Creo que lo que pasa es que les aburre conocer esos girones de nuestra historia...

-No don Ricardo, ahí si está usted equivocado, reclamó inmediatamente Silvia, en realidad es muy interesante. Siento que no es lo mismo estar en un salón de clases que en el lugar mismo del que se habla. Eso es lo que lo hace interesante... es como si nos trasladaran a aquellos años y viviéramos una ilusión basada en la realidad...

-Anda con esta! exclamó Carlos. Te aventaste un ocho comadre...

Todos festejaron tanto la perorata de Silvia como el colofón de Carlos y se dejaron llegar a la cocina de la casa parroquial, en donde ya Lucía les tenía preparada una opípara cena.

Cuando llegaron, Norma y las demás mujeres se acomidieron a ayudarle de inmediato, pero Lucía las paró en seco.

-Ustedes son invitadas y les ruego se vayan a sentar a la mesa. Tengo ayuda y bastante buena... por favor...

Las damitas, todas apenadas, dieron marcha atrás y tomaron sus lugares.

Norma observó a Lupita. Se le veía cansada, así es que apresuró a Sonia y a Silvia, tras terminar la exquisita cena, para que le ayudaran a llevarle a su habitación. Lucía había dispuesto que las señoras durmiesen en tres habitaciones contiguas y los caballeros al otro lado del corredor, no por mojigatería sino por la falta de cuartos disponibles, así es que a más de ellas, las demás se despidieron y fueron todas a descansar.

Los señores todavía hicieron sobremesa un buen rato, hasta que Julián les recordó que, como estaban en su parroquia, debería oficiar misa de seis y por ende levantarse bien temprano.

-Tiene razón Julián, dijo Ricardo, dejémosle descansar y vayamos todos a la cama.

 

El padre Julián se sorprendió al ver llegar a misa a Ricardo acompañado de los demás. Las señoras aún estaban en sus habitaciones. Al terminar, el sacerdote les llamó a la sacristía.

-Caray Ricardo, tú si que haces milagros! Mira que lograr que Rafael, Fidel y Gerardo viniesen a escuchar misa...! Pero sobre todo este carajo muchacho... dijo señalando a Carlos. Pues en dónde les quedó lo ateos?

-Párele padrecito, reclamó Carlos con su sorna de siempre, que una cosa es venir a ver al curita en el escenario y otra... la otra...

-Pues dirás misa, pero bien que vi cómo te persignabas.

-Nomás por seguir la corriente... es como en los antros... no? Uno va y, aunque no le guste la música que están tocando... pues baila... es el ambiente pues!

-Pues que bueno que te absorbió el ambiente, sentenció el cura. Y ustedes? También vinieron a ver al cura en el escenario?

-Más bien fue una respetuosa solidaridad contigo, dijo político Gerardo.

-Yo diría que sí, agregó Rafael.

-Y tú, Fidel?

-No, pos yo... la verdad es que sentí ganas de venir a oír misa cuando don Ricardo nos despertó y dijo que le acompañáramos con usted....

-Bueno! Al menos uno reconoce su pecado... dijo burlón Julián.

-Pero no negarás que te sentiste orgulloso de tener a tus amigos al pie del altar, señaló Ricardo.

-No, la verdad es que sí me sentí muy satisfecho de verles ahí, indicó adoptando una pose de seriedad. Son ustedes muy buenos amigos.

-Ya... ya... ya curita... no es para tanto, no te nos vayas a soltar llorando... cloqueó Carlos.

-En fin... vayamos a desayunar que tenemos un día muy ajetreado, invitó Julián.

-Hasta que dijo algo bueno, intervino Narciso, porque ya hace hambre... yo me levanté desde las cinco para ayudar a oficiar al Padre Julián... aunque nadie de ustedes me tome en cuenta....

-Huyyy... ya salió el sentido... bromeó Fidel para asombro de los demás.

 

Norma se levantó muy temprano y, tras ver cómo estaba Lupita, se encaminó a la cocina para ayudar a Lucía.

-Buenos días...

-Hola Normita, cómo amaneciste?

-Bien mi estimada Lucía... ayudo en algo?

-Sólo para darte qué hacer, te dejo moler el chocolate. Te acuerdas de cómo se usa el molinillo?

-Claro que sí, mi abuela Elfega nos ponía a batir el chocolate a nosotras mismas. Pero veo que tienes muchas ayudantes...

-A eso me refería mi querida amiga. Estas son algunas de las señoras del pueblo que, como una muestra de hospitalidad, vinieron a prestar sus servicios para preparar los alimentos enviados muy temprano por Don Eustorgio. Mira, la señora es su esposa...

-Caray señora, cómo se fue a molestar, dijo apenada Norma.

-No es molestia Doña Norma, así somos por acá.

-Pues mucho gusto, en verdad....

-El gusto es nuestro. No todos los días trae el padre Julián invitados...

La algarabía en el comedor denotó la presencia de los señores, lo que apresuró la labor de las cocineras.

-Por favor Normita, diles que enseguida les servimos.

-Claro, claro, ustedes no se preocupen... que esperen!

Rieron todas, pero no abandonaron la prisa en la tarea.

 

El arribo de las demás señoras al comedor motivó que Jorge se acercara presuroso a Lupita.

-Cómo te siente amor?

-Un poco agotada, pero bien... ya desayunaron?

-No, les esperábamos...

-Gracias.

Los demás guardaron un respetuoso silencio durante el diálogo de los esposos, pero tras el agradecimiento de Lupita se aprestaron a saludarle.

-Caray... ustedes la hacen sentir a una importante... ya parezco ministro con tantas atenciones y saludos...

-Nos preocupas Lupita, dijo atento Ricardo.

-Es verdad, indicó Norma entrando al comedor, pero te vi bien y vine para ver en qué ayudaba y qué creen?... Lucía tiene un verdadero ejército de ayudantes, encabezadas por la esposa de Don Eustorgio.

-No me digas! dijo apenado Ricardo. Cuánta molestia venimos a causar... si he sabido...

-Ya, Ricardo, ya... así es la gente de por aquí, amable, atenta, hospitalaria. No te sientas mal, por el contrario, goza de estas atenciones que jamás, óyelo bien, jamás has de tener en tu Acapulquito famoso, afirmó Julián.

-Eso sí, señaló Rafael. En la provincia es mayor aún la calidad hospitalaria de nuestro pueblo, lo que se ha perdido en las grandes ciudades.

-Bueno señores, pues a desayunar... anunció Lucía entrando con las primeras viandas.

 

El pueblo, como muchos otros del interior del país, había crecido en torno a la cuadrícula que forman la iglesia, la presidencia municipal, la principal escuela del lugar y un portal que alberga la casa comercial más grande de la zona.

Al centro de todo, un parque-plaza que es punto de reunión los domingos y días festivos lo mismo que para uno que otro alboroto. El del pueblo de Julián era realmente acogedor, plagado de árboles por los que corrían algunas traviesas ardillas, y en cuyas ramas se posaban escandalosos pajarillos que hacían con su trinar la delicia de los paseantes. A cada trecho, a orillas de las calzadas internas trazadas, había bancas de hierro forjado con medallones al centro que ostentaban los nombres de los ciudadanos que las habían obsequiado al pueblo.

En una de las esquinas, salpicados al acaso, habían unos cuantos juegos para diversión de los chiquillos. Un sube y baja, una resbaladilla, un trío de columpios y una colgadera giratoria era todo el equipo.

Ubicado en el centro, un kiosco porfiriano era ocupado en su planta baja por una nevería; la parte alta, destinada a la labor dominical de la orquesta municipal, servía como pista de patinaje a los jóvenes lugareños el tiempo restante.

En todo el pueblo se respiraba tranquilidad.

-Hasta el aire se siente diferente aquí, dijo Fidel.

-Así es, agregó Gloria abrazándole, se siente puro, limpio.

-Este es el verdadero México, dijo añorante Ricardo.

-Sigue siendo, corrigió Julián, es allá, en las grandes ciudades, en donde se ha perdido el respeto, la confianza, el amor mismo junto con los principios morales... por eso se siente el aire diferente, pero no es el aire, es la conciencia que clama por la culpa colectiva...

-Sopas perico....! exclamó asombrado Carlos.

-Sí hijo, agregó el sacerdote, tú no has vivido nuestra época; una época en la que se podía dejar la puerta abierta sin temor al robo, en la que se saludaba todo el mundo al cruzar con otro, le conociera o no; una época en la que el pudor y la franqueza eran parte de la vida cotidiana. Un hombre podía pedir lo que quisiera con su sola palabra, una palabra de honor que pocos rompían o violaban.  Una época en que aún los grandes centros de población eran tranquilos...

-Pero nosotros hemos acabado con todo... dijo con sincera tristeza Carlos.

-Ustedes sí, pero por culpa nuestra, señaló Ricardo, porque fue mi generación la que colmó el vaso y derramó el agua; la que pugnó por el amor libre, disgregó la familia, y generalizó el uso de las drogas inventando incluso nuevas fórmulas como el LSD. Porque nos faltaron pantalones a los que no participamos en ello, para detener esa degradación que nos llevó a lo que ahora somos, una masa informe que se clama democrática, pero en la que la única voz válida, la única opinión cierta, el único derecho es el propio.

-Cierto, muy cierto... añadieron simultáneamente Julián y Rafael.

-Pues aquí el derecho primordial es el de comer, comentó Narciso, y ya Don Eustorgio nos debe estar esperando... así es que más vale que nos encaminemos a su casa si no queremos que nos dejen sin comer...

-Ja... eso jamás sucederá aquí, afirmó Julián, si falto de cortesía el invitado llega a las seis de la tarde, los anfitriones estarán esperándole dispuestos a atenderle...

-Pues por eso precisamente, intervino Fidel, ya no les hagamos esperar y vamos a darle gusto al gusto como dice el propio Don Eustorgio.

El grupo de amigos cruzó la calle y llegaron a un inmenso portón de madera tallada abierto de par en par.

-Mira nada más... exclamó Julián, jamás había visto el portón de la casa de Don Esutorgio abierto de esta manera...

-Es que sabe quiénes llegan, dijo pomposo Carlos...

-Pues lo dirás de chía... pero es de horchata, sentenció el cura.

No bien alcanzaban el dintel cuando el propio anfitrión salió a recibirles.

-Pasen señores, pasen... esta es su humilde casa...

-Gracias Don Eustorgio, gracias por sus atenciones... que hermosa casa tiene Usted...

-De nada Don Ricardo, cuestión de la vieja que no sabe que menjurges agregarle todos los días... pero pasen, pasen por favor...

Instalados en el amplio portal que rodea el patio, cuyas barandas estaban colmadas de flores y plantas de ornato, sintieron la fresca brisa que dispersaba la fuente central.

-Hermosa fuente, Don Eustorgio... comentó Rafael.

-Me la trajeron pieza por pieza desde Puebla. Es de un pueblito cercano a Huauchinango, en plena Sierra Norte, dedicado de lleno a la creación de estas bellezas de cantera...

-Pues podría haber jurado que era del siglo XVI o XVII... afirmó el arquitecto.

-Es una réplica exacta de la fuente central del parque de mi pueblo, sólo que un poco más pequeña. Aquella sí es del siglo XVI, pero ya no está en su lugar... cuentan que un político de la capital dispuso que se la llevaran “para repararla” y jamás regresó al pueblo.

-Precisamente de eso hablábamos hace poco... comentó pesaroso Rafael, del saqueo que hacen de los tesoros culturales e históricos de México algunos pillastres que debieran estar en la cárcel...

-Nosotros, por el contrario, tratamos de que nuestro pueblo tenga cada vez mejores cosas dentro de la tradición misma. Pudieron ver las bancas del parque?

-Claro que las vimos, hermosas por cierto.

-Pues también son réplicas de las coloniales que se encontraban en el zócalo de Puebla.... hemos ido comprando una a una; algunas costeadas por una familia, otras por decenas de campesinos y comuneros, pero con la cooperación de todos...

-Pues felicidades, festinó Ricardo, así se hacen las cosas...

-Este curita tiene mucho que ver... siempre nos está arreando para que hagamos algo...

-Ya sabía yo que había algo de eso, comentó Norma.

Tras la opípara comida, acompañada del obligado mezcal de la región, el grupo agradeció las atenciones de Don Eustorgio y se retiró apenas a tiempo para ver caer la obscuridad.

No bien llegaron a la casa parroquial cuando Carlos reclamó la charla del día.

-Un momento, aclaró Narciso, yo estoy tan interesado como ustedes en las charlas de Don Ricardo, pero creo que entre el viajecito, la desmañanada y el ajetreo de hoy, debe estar cansado. Por lo mismo, sugiero que las pláticas principien mañana...

-Estoy completamente de acuerdo, agregó Julián, y les ofrezco precisamente la biblioteca para que nos reunamos inmediatamente después del desayuno. Del pueblo ya no hay gran cosa que conocer, podemos aprovechar la estancia aquí y la tranquilidad de la biblioteca ser el marco perfecto. Nuestras obligaciones son al amanecer y cayendo la tarde, por lo que les podremos acompañar como siempre porque, por mí, no pienso perderme una palabra de lo que platique Ricardo.

-Pues gracias a todos, señaló el escritor, y concuerdo con su propuesta. Sólo me gustaría agregar que si Lupita quiere quedarse a descansar en su habitación le permitamos hacerlo. Ella, mejor que nadie, sabe cómo se siente.

-Gracias Ricardo, pero yo tampoco quiero perderme nada de tu plática, así es que ustedes dicen a qué hora nos reunimos mañana... contestó Lupita.

-Yo diría que, si desayunamos a las siete, bien podemos tener un rato de reposo y empezar a las nueve y media. Les parece? consultó el sacerdote. Todos aceptaron de buena gana.

La tarde se había ido rápido. Los visitantes se dispersaron por diferentes partes hasta que el anfitrión les llamó y ocuparon sus lugares para gozar de la exquisita cena que Lucía y sus ayudantes les había preparado.

Julián comentó con Ricardo que su hermana y otras personas querían participar en la reunión, al menos mientras estuvieran en el pueblo.

-Claro que sí mi querido Julián, faltaba más... mira que preguntar eso! Si estamos en tu casa!

 

Si bien barullo alguno interrumpió el exquisito desayuno preparado por las mujeres del pueblo nuevamente, una sorpresa esperaba a Ricardo y sus acompañantes al terminar.

Cuando todos se disponían a dirigirse a la biblioteca, Julián les pidió que fuese mejor en el propio templo.

-Oye no! reclamó de inmediato Ricardo. No considero conveniente que convirtamos la iglesia en un foro...

-Pues creo que así va a tener que ser, dijo pícaro el curita, porque enterados de tus pláticas y el tema que abordas, se han dejado venir una centena de fieles deseosos de escucharte...

-Qué! exclamó asombrado el escritor. Y tú crees que yo voy a brindar una conferencia a tus fieles? Ahora sí que te pasaste! dijo medio irritado

-Yoooo!!! Te juro que no! Lo que pasa es que las señoras escucharon los comentarios entre Normita y Lucía, ellas a su vez se lo comentaron a otros y... pues... se invitaron solos! Aunque ya algo te había advertido cuando te pedí permiso para que se agregaran algunas personas a la plática.

-Y piensas que te voy a creer eso? Cómo supieron la hora si apenas anoche la fijamos? No Julián, ahora sí estoy muy molesto... eso no se hace. Siquiera me hubieses consultado!

-Cálmate mi vida, intervino conciliadora Norma, no veo porque debas negarte si, al final de cuentas, vas a hacer lo mismo pero ante más gente...

-No! No es lo mismo! No es lo mismo hablar ante gentes de confianza que ante personas que no conozco!

-Mire, intervino Narciso, yo puedo hablarles para que no hagan preguntas, para que no se vaya a formar una filípica. Que sólo escuchen. Así puede usted hablar con confianza...

-Si no es eso... es que no deben ser así las cosas...

-Mira Jefe, dijo Carlos, la gente ya está aquí y la filípica se armaría si no sales. Van a pensar que los desairaste porque son de pueblo o gente humilde...

-La verdad es que no pensé que te fuera a molestar, dijo apenado Julián. Me preocupó, sí, cuando vi que comenzaban a llegar y preguntaban a qué horas empezaría el catecismo de Don Ricardo... pero después vi que en realidad no cambia en nada que nos brindes tu charla a nosotros o a más gente... por favor amigo mío... te ruego me perdones...

Ricardo sabía que Julián estaba detrás de todo esto, pero no se explicaba el porqué. Qué pretendía? Medirlo? Era acaso una trampa más del arzobispo? Se sentía acorralado y sin tener una razón válida. Tenían razón, era lo mismo hablar para unos pocos que para muchos... pero...

-Mira Julián, como dicen... la gente ya está ahí y ni modo... pero tú y yo hemos de hablar muy seriamente de esto...

-Gracias amigo mío.... sabía que no me podías fallar...

-Conste que, ahora sí, no lo hago por ti...

Antes de que Ricardo saliera, los demás ocuparon los lugares reservados en la primera banca de la iglesia. Su presencia despertó una ola de murmullos. Hasta ese momento Norma pudo calibrar la dimensión de lo que estaba sucediendo. Qué pasaría si Ricardo, con sus comentarios, hiriera la susceptibilidad de la fe de aquellas gentes? Si consideraban blasfema alguna de sus aseveraciones serían capaces de lincharlo. Recordó incluso lo platicado por Narciso y se estremeció. Sólo le quedó persignarse.

Cuando el silencio reinó nuevamente, Julián se colocó al centro del altar.

-Buenos días queridos hermanos. No les preguntaré qué hacen aquí porque ya me he enterado. Sólo quiero rogarles que, en atención a nuestro invitado, no le interrumpamos durante su intervención. Es un hombre bueno y conocedor de nuestra fe, pero quizá tenga algunos conceptos que no sean bien entendidos por ustedes, por lo que aquellos que quieran despejar alguna duda les ruego, nuevamente, lo hagan directamente conmigo y por la tarde. Escuchémosle con atención porque bien sé que sus palabras llevan un profundo conocimiento sobre la vida de nuestro Señor Jesucristo, a quien él admira, venera y respeta, como nadie a quien haya yo conocido.

Don Ricardo inició sus charlas ya hace tiempo y ha recorrido prácticamente todo el viejo testamento. En estas pláticas estamos por entrar a la iniciación de la vida pública de Cristo, a lo que seguramente se referirá el día de hoy. Sin embargo, como él se irá en unos cuantos días y con toda seguridad ustedes desearán seguir conociendo más sobre la vida de nuestro amado Jesús, quiero anunciarles que quedará en esta parroquia otro conocedor de la vida de Cristo para continuar llevándola a Ustedes. El es uno más de nuestros invitados: el Padre Narciso, que a partir de hoy es el párroco adjunto de esta amada feligresía.

Si todos quedaron estupefactos, más lo quedaron los integrantes del grupo y aún más el propio Narciso que se levantó aturdido para agradecer el aplauso con que le recibieron cordialmente los asistentes.

-Yo he de seguir con ustedes como párroco, aunque una comisión del Señor Arzobispo me retendrá todavía unos días más en Acapulco. Pero les pido que así como han depositado su confianza en mí, lo hagan también con este joven sacerdote que tiene en su haber una larga trayectoria de defensa de la fe en su querido Chiapas. Les aseguro que seguiré aquí y he de morir en mi amado pueblo.

Nuevamente el entusiasmo se desbordó y aplaudieron al sacerdote puestos de pie, demostrando así el cariño que sentían por él. A una señal suya, retomaron sus lugares y guardaron silencio.

-Sin más preámbulos, recibamos con ese mismo cariño a mi buen amigo, el escritor, historiador y periodista, Ricardo Alvarez Ayala...

Ricardo entró al recinto sin salir de su asombro. Se acercó lentamente al sacerdote y le alargó los brazos. Los dos se fundieron en un fraternal abrazo que también aplaudió la feligresía.

Norma respiró tranquila. Ahora entendía, como todos, la jugada de Julián: Ricardo sería la mejor entrada para Narciso.

El escritor, ya seguro de sí mismo, se dirigió a los asistentes:

-Conocí al Padre Julián en esta misma parroquia cuando, estando de visita, buscaba con desesperación un consejo. Sin preguntar, él me lo brindo junto con su amistad; una amistad que venero y respeto tanto como ustedes. Sé que hay muchos sacerdotes... pero no he conocido otro como él! Dios me bendijo con su amistad y apoyo. Yo me encargo de que regrese a su parroquia que tanto ama. Me comprometo a traerselos de vuelta... pero no para verlo morir, como dice, sino para que siga guiando a su rebaño con la atingencia que lo ha hecho hasta ahora.

Para empezar esta charla, le ruego al Padre Julián me dé su bendición para que Cristo me ilumine al hablar de su vida.

Julián le dio la bendición y pasó a ocupar un lugar entre los asistentes.

-Creo que todos y cada uno de los que estamos aquí presentes hemos escuchado hablar, desde niños y prácticamente a todas horas, de Jesucristo, el Cristo amado en el que se centra la fe del catolicismo pero... le conocemos en realidad? Esta pregunta la he hecho infinidad de veces y, francamente, una inmensa mayoría no ha sabido responderla. Sabemos de El, sí, pero no le conocemos. Creemos a pie juntillas en El, nos encomendamos en las buenas y en las malas a El, pero no sabemos a ciencia cierta quién es. Acaso en esas breves sesiones de nuestro ya lejano catecismo oímos de sus milagros y domingo a domingo escuchamos de su palabra pero... no le conocemos!

Es por eso que siento importante saber más sobre El, su vida, sus consejos, la sabiduría de sus palabras, la importancia de su paso por la tierra. Quisiera empezar diciendo algo que ya he citado en las pláticas con mi familia y mis amigos: Cristo es el hombre que, para creyentes y no creyentes, cambió la vida de toda la humanidad... en menos de mil días!

Aún quitándole lo divino, como desearan sus detractores, la gente que no le quiere o no cree en El, su sola presencia como hombre, como ser humano, es de una trascendencia inconmensurable. Es decir, si pensamos en su presencia sólo como hombre, ya es un gigante en la historia de la humanidad! A eso, agreguen ustedes el hecho de ser el hijo de Dios... y tendrán a un ser sin par, dígase lo que se diga.

Cristo no es la figura de madera o metal que pende de la cruz -dijo señalando el gran crucifijo que estaba colocado a un lado del altar mayor- sino su significado. Si me permiten hacer una comparación, es como la foto que ustedes guardan de su esposa o de su hijo en la cartera o el morral. La foto misma no es la esposa o el hijo, pero sí su representación; una representación que nos evoca la presencia del ser amado aunque éste se encuentre lejos. Una cosa es crear ídolos para adorarlos, como el becerro de oro que construyeran los judíos cuando Moisés fuese a buscar las Tablas de la Ley, y otra representar con imágenes aquello que adoramos. La imagen misma nos recuerda al personaje, sea la esposa en la foto, o a Cristo en la cruz. Lo importante, lo verdaderamente importante, es saber conocer la diferencia. Si le damos un beso a la foto, se lo estamos enviando románticamente a nuestra mujer; si lo hacemos a una imagen, se lo estamos enviando a Cristo. En otras palabras, no adoramos a la imagen sino lo que representa.

La presencia de Cristo en la tierra fue considerada necesaria por el Padre; fue una llamada de atención a una humanidad sumida en los más bajos instintos, en la que el relajamiento de la moral y las buenas costumbres se perdían a pasos agigantados. Por eso vino, a convencernos de cambiar, a dar su vida como ejemplo de sacrificio. Pero no hemos entendido sus palabras. Seguimos siendo los mismos infractores a dos mil años de su presencia.

Cuántos de nosotros conocemos los diez mandamientos? Ya alguna vez hicimos la prueba y casi nadie recordaba, así, de golpe y al momento, más de tres o cuatro. Quizá ustedes, más puros de alma y más apegados a la iglesia que los citadinos, les sepan todos pero... han analizado su significado? Se han puesto a pensar en qué nos quiso decir el Padre en esas escasas palabras? No, verdad? Pues Jesucristo vino a resumir esas aún pocas palabras en una sola: Amor!

No he querido hablar con ustedes de la vida misma de Jesús a nivel de historia, sino sembrar la curiosidad por conocerle más a fondo. Amor significa querencia. Amar significa querer. Si amamos no podemos dañar lo que amamos! ni fracturarlo o traicionarlo! Sólo deseamos lo mejor para quien amamos y queremos darselo nosotros mismos. Así, amar a nuestros padres es darles lo mejor de nosotros, respeto, cariño, atención, obediencia; si pensamos en nuestro prójimo es exactamente lo mismo! Robar es dañar a otro; no robar es amarle. Cuando hablamos de no fornicar entendemos no traicionar a quien amamos teniendo relaciones carnales con otra persona. Cuando derrochamos amor no matamos, no deseamos la mujer o las pertenencias de otro, no envidiamos su vida o propiedades, no le acusamos falsamente de algo que no hizo y, en referencia a Dios mismo, no tenemos más Dios que El, ni juramos en su nombre, por el contrario, observamos y santificamos sus fiestas y agradecemos lo que nos da, poco o mucho, pero que nos da sin pedir otra cosa más que Amor!

Haber concretado Jesús los diez mandamientos en esa sola palabra nos debe hacer reflexionar, porque, lo curioso de todo, es que al primero que debemos dar amor -para poder dárselo al Señor- es a uno mismo. Quien se quiere bien no puede odiar a otro. Quien no ama a los demás... no se quiere a sí mismo porque hacer daño a otro es abrir el camino para que ese, u otro en su representación, nos haga daño a nosotros. De ahí que Jesús contestó a quien le preguntó qué debería hacer si alguien le dañaba: poner la otra mejilla! Es decir, perdonar el agravio en lugar de buscar la venganza, porque la violencia genera violencia y el odio genera odio. Quien responde con amor, recibirá al fin de cuentas amor. Quien responde con odio, recibirá odio.

Cristo vino a nosotros para advertirnos del mal camino por el que transitábamos, pero no se contentó con eso... sabía que muchos no le harían caso... que desoirían su consejo... y prometió regresar... pero como sucede entre nosotros, como el padre que le advierte al hijo del castigo si no enmienda su comportamiento, la siguiente vez... ya no advierte! Si el hijo no entiende... el padre tiene que aplicar el correctivo. Así con El, de tal suerte que es tiempo de conocerle más a fondo, de entender sus palabras... de amar como El lo pide. No sólo a El o al Padre, sino a todo, a la flor lo mismo que a la lluvia, a la esposa como al vecino, al amigo como al enemigo; es cambiar la vida de preocupación por una vida de ocupación.

Su vida es ejemplo, sí, pero aún mal comprendido. Cualquiera de ustedes puede tener un vecino, al que no conoce y poco trata, y estar enterados sólo de que es carpintero porque hace muebles, como San José mismo, pero si le conocieran, si le trataran un poco más, podrían admirar las obras de arte que hace, simples o sofisticadas, pero obras de arte que no cualquiera puede hacer, y el concepto sobre él cambiaría, ya no sería el carpintero, sino el Maestro Ebanista! Así es la vida de Cristo: hay que conocerla para admirarle más y más y, si ahora tenemos confianza en El, si le amamos y respetamos, conociéndole crecerá hasta el infinito esa admiración y respeto. No basta con decir “es grande porque es el hijo de Dios”, no, hay que conocer su grandeza para saber de ella y saber de ella para conocerla.

Cristo no nos pide grandes sacrificios, muchos de ellos verdaderas aberraciones llevadas a cabo en su nombre, sino ese pequeño sacrificio diario que nos tiene en paz con nosotros mismos y con los demás. Y no es que se conforme con ese pequeño sacrificio diario, sino que sabe que con él nuestra grandeza espiritual hará mayor la suya.

La nobleza de un alma puede brotar por sí sola si pensamos en El cuando algo sucede. Quién no recuerda a ese personaje de película que recibe la burla porque a toda desgracia responde “Sea por Dios”. Sea, sí, porque a todo mal hay que ver el bien que puede representar. El hijo que se va en busca de fortuna, pero en realidad va a cumplir su destino, nos duele cuando se aleja y quisiéramos detenerle, obligarle a seguir a nuestro lado... sin pensar que nosotros hicimos lo mismo tiempo atrás, que causamos ese mismo dolor a nuestros padres, pero partimos, algunos lejos, otros cerca, pero partimos a hacer nuestra vida. Así es con todo. La oveja que muere puede ser una bendición en la casa de aquel al que le falta carne en su alimento, y no la desgracia de perderla. De nuestra propia boca ha salido el consejo aquel dado a los hijos: “las desgracias templan el espíritu y el carácter”... entonces... porque no seguir nuestro propio consejo?

En la naturaleza misma, la víbora cuida el sembrado alimentándose de las ratas que le destruyen, y la parlotera garceta se monta sin temor en el rinoceronte, pues en lugar de ver en eso la molestia, acepta de buen grado que le picotee el lomo sacándole los insectos que no alcanza a botar por sí mismo y le molestan. Es el supuesto mal, la llamada desgracia, convertida en beneficio gracias a la forma. Cuando el hombre pierde todo debe ver en ello más la oportunidad de empezar de nuevo, que la desgracia de la pérdida como tal. Al tropiezo, se tiene la oportunidad de hacer la piedra a un lado y seguir el camino con mayor precaución.

Nada hay nuevo bajo el sol, dijera una buena amiga, y tiene razón. El amor está en todas partes, sólo tenemos que descubrirlo. Cristo está junto a nosotros, sólo debemos aprender a reconocerlo.

No quiero extenderme mucho; como dije, sólo despertar en ustedes la curiosidad por saber más sobre Cristo. Para eso, tal y como el Padre Julián les anunciara, quedará el Padre Narciso. Su juventud y empuje no les sorprenda o asuste. La misma iglesia, guiada por Juan Pablo II, abre los ojos a una verdad que ha permanecido oculta por cientos de años, pero que no por eso deja de ser verdad. Ahora podemos saber, por ejemplo, que Jesús tuvo que vivir como hombre -con todos los defectos y virtudes del hombre- para alcanzar el perfeccionamiento que el Padre quería que tuviese para cumplir su misión en la tierra, y para ello se preparó bajo la tutela de los hombres más santos de su época: los esenios, teniendo como maestro a su primo Juan, quien le iniciara en la vida pública, la vida del sacerdocio, al bautizarle en el Jordán. Ustedes quizá sólo sabían del bautizo de Jesús, pero el resto era prácticamente desconocido. El descubrimiento de algunos documentos en las cuevas de Qumram, ocultos ahí por los propios Esenios ante la persecución romana, arrojan luz sobre algunas cosas que no sabíamos. Es como un rompecabezas en el que se va acomodando pieza por pieza... hasta que podemos admirar el esplendor de una pintura o una foto. Así es la historia misma, un tremendo rompecabezas que se va armando poco a poco. Muchos ya saben de la Sábana Santa de Turín, aquella con la que se envolvió a Cristo tras bajarlo de la cruz, y que nos revela un poco más sobre cómo era físicamente Jesús. No nos espanta saber de ella porque fue descubierta hace mucho tiempo, por eso damos por verdad su existencia y la iglesia nos la muestra como tal. No nos espantemos pues ante nuevos descubrimientos que debemos ver más como complemento de lo sabido que negación de esto. Es como si en ese viejo arcón que guardamos, de repente, un día, uno de los nietos encontrara una carta de la abuela dirigida al abuelo en la que comentara determinado suceso de su tiempo para nosotros desconocido. No por eso la abuela dejó de ser la abuela, sino que nos permitió conocer otro pedacito de la vida de nuestros abuelos, de nuestra familia.

Así Narciso, el Padre Narciso, les hablará sobre muchas cosas nuevas, y otras no tan nuevas pero desconocidas para ustedes, que deben conocer para ser mejores cristianos. Sé que les hará comprender todas y cada una de ellas y podrá responder a sus preguntas con certeza, porque ahora sí se vale preguntar, despejar las dudas que se tienen sin que por eso estemos contraviniendo algún misterio de fe. Lo secreto, secreto quedará, lo debido... se conocerá. Estamos ante una nueva vida espiritual en la que se tiende a que todos seamos hermanos de nueva cuenta, verdaderos hermanos, en la fe, en la creencia, en la adoración y reverencia a Cristo, al Padre, y a nuestra santísima Virgen María. Espero en Dios que todos y cada uno de ustedes tomen parte en ello, porque parte son de la grey de Cristo, porque todos somos hijos del Señor. Dios les bendiga y muchas gracias por permitirme hablar con ustedes, por su respetuoso silencio, por su atención admirable. Queden todos ustedes con Dios. Muchas gracias.

 

Los aplausos a la plática de Ricardo fueron más que copiosos. El Padre Julián y Narciso mismo aplaudieron a rabiar. Los fieles, mirando el gesto de su párroco, dieron rienda suelta a su entusiasmo y se lanzaron a tratar de saludar de mano a Ricardo que, apenado, intentaba corresponder a los más que podía. Norma, llorosa, pudo observar que los ojos de los demás, pero sobre todo los de Carlos, estaban llenos de lágrimas. La emoción les hacía vibrar intensamente. Gloria se abrazó a Fidel y Silvia a ambos. Lupita recostó la cabeza en el hombro de Jorge y vio a Don Eustorgio mirar arrobado al escritor.

Rafael y Gerardo no dejaban de aplaudir y se sonreían uno al otro con el orgullo de ser amigos de quien hablara. Era una escena realmente conmovedora en la que brotaba ese sentimiento de hermandad que Ricardo había sabido sacar a flote entre los asistentes. Lucía se acercó a Norma.

-Que orgullosa te debes sentir de tu marido...

-Mucho más de lo que puedo demostrar.... contestó apenada.

-Yo también me siento orgullosa de mi padre, terció Jazmín, aunque tampoco se lo demuestre como se debe...

-Y... por qué?

-Es cosa de familia, aclaró Norma, él es de por si seco, frío, no muestra sus sentimientos afectivos como otros...

-Pero eso no quiere decir que no las ama...

-No, claro que no... a mi madre la adora... creo que más de la mitad de sus versos son para ella...

-Entonces... vamos a abrazarle nosotras también que creo que se lo merece...

 

El portal de la casa parroquial jamás estuvo tan animado. Julián se dio el lujo de servir unas cuantas copitas con las que celebraron dos cosas: el efecto que había tenido en la comunidad la plática de Ricardo, y el anuncio del nombramiento de Narciso.

-Caray Padre Julián, Usted sí que sabe dar sorpresas, dijo el joven sacerdote contento. Mira que salir con esa...

-Creo que te lo mereces Narciso...

-Y... ya no tiene usted miedo de que le ponga de pelos parados a su grey?

Carlos se sonrojó apreciablemente, lo que no pasó desapercibido ante Ricardo y el cura.

-Así es que tenemos un chismocillo por aquí... dijo bromista Julián...

Narciso, queriendo ocultar su desliz añadió:

-Bueno.... no es que alguien me lo haya dicho....creo que era natural pensarlo... pero no me cambie la plática... aún piensa usted así?

-Vamos Narciso, si Julián aún pensara de esa manera jamás hubiese aceptado tu integración a su parroquia... no es así mi querido amigo?

-Bueno... la verdad es que... cómo no había donde acomodarlo, pues me dio un poco de lástima y le acepté...

Todos rieron de la ocurrencia del cura y brindaron por esa nueva mancuerna.

-Pues ya en serio, mi querido Padre Julián, le aseguro que pondré todo mi esfuerzo para no defraudarle, afirmó Narciso, aunque el paquete que me dejó Don Ricardo es bien pesadito eh?

-Confiamos en ti y en tu prudencia, aseveró el sacerdote. Sé que responderás para bien porque no eres un mal sacerdote, sólo estabas mal orientado... bienvenido hijo.... y que sea lo que Dios quiera!

Nuevas risas acompañaron el comentario en tanto que Lucía les anunciaba que la comida estaba servida. Contra su costumbre, ya que siempre se mantenía alejada de las reuniones, señaló:

-Yo también le doy la bienvenida Padre Narciso. Cuente conmigo para todo lo que se le ofrezca. Esta es ya su casa...

-Gracias Doña Lucía... sé que estoy en buenas manos. Por cierto Padre Julián, podré hacer uso de su biblioteca?

-Es tuya en toda la extensión de la palabra Narciso. Tú eres mi heredero...

La voz se le quebró al sacerdote que fue inmediatamente confortado por el cálido abrazo de Ricardo. Sin decir más, todos pasaron al comedor en donde, parado a la puerta, estaba Don Eustorgio esperándoles.

-Vaya Don Eustorgio.... porqué no pasó al portal?

-Gracias Padre Julián, pero no quise interrumpir...

-Y qué le hizo quedarse tanto tiempo esperando?

-Sólo quiero darle la bienvenida al Padre Narciso y decirle que a partir de ahora también me hago cargo de su guardarropa... incluidas sotanas y todo!

-Vaya, dijo metiche como siempre Carlos, pues se me hace que me vengo de curita a este dichoso pueblo... no les va mal...

-Perdón joven Carlos, dijo Don Eustorgio, pero usted no llegaría a sacerdote ni volviendo a nacer...

La risa fue acompañada de varios Bravo! lanzados por los viejos del grupo.

-Pues no se crea... con eso que dijo mi padre allá adentro creo que ya hasta a usted lo estoy queriendo... agregó el muchacho insolente pero bromista.

-Eeeepále... que a eso sí no le hago... exclamó también bromista el serio comerciante.

-Pues es ahora a usted al que le toca compartir el pan y la sal con nosotros, invitó Lucía a Don Eustorgio.

-Muchas gracias Lucita, pero no quiero molestar...

-Vamos, vamos... señaló Julián, que al fin y al cabo es de su propia comida....

-Pues entonces.... a darle que es mole de olla...!

Narciso, solícito, jaló la silla en que había de sentarse el benefactor para que éste se acomodara.

-Y no comenten nada.... que ya les conozco, advirtió el cura, que es sólo una atención y no barbería...

-Tú lo dijiste.... sentenció Rafael...

 

Al terminar el comelitón, Jorge pidió permiso para retirarse pues Lupita se sentía muy cansada. Norma pudo observar la palidez de su amiga y se prestó a ayudarle. Ricardo se inclinó sobre el hombro de Julián y le preguntó por el médico del pueblo. El sacerdote, sin contestar, llamó a una muchacha que se encontraba recogiendo el servicio de la mesa y le dio instrucciones de ir de prisa por el galeno.

 

La cara del médico al salir de la habitación no presagiaba buenas noticias.

-Padre Julián, considero que su invitada debe ser trasladada de inmediato a Acapulco o al menos a Chilpancingo. De preferencia a Acapulco. Ahí hay mejor atención. La veo francamente mal y, enterado de su padecimiento, sugiero acciones inmediatas. Así es que, si ustedes lo consideran conveniente, me prepararé para acompañarles hasta el puerto mañana a primera hora.

-Gracias Doctor... será necesario? preguntó preocupado Jorge.

-Más vale que viaje con supervisión médica...

-Pues nuevamente gracias doctor, terció Ricardo. Prepararemos todo para partir por la mañana.

-Julián, me podrías permitir tu teléfono para hablarle a mis hijas y que avisen al hospital que llegamos mañana con Lupita?

-Faltaba más Jorge, por favor... ya sabes donde está...

 

Norma entraba demudada al salón. El cariño que sentía por Lupita se remontaba a su infancia misma.

-Cómo está? preguntó Sonia.

-Dormida... el doctor le inyectó un sedante... aunque dijo que era sólo un paliativo... él no puede hacer nada...

La última frase hizo que soltara el llanto. Ricardo, amoroso, le abrazó con ternura. Lucía se acercó llevando una taza de té.

-Tomalo Normita... te hará sentir mejor...

-Gracias Lucía...

Carlos y Fidel no se separaban de Jorgito que lloraba en silencio. Sonia le acercó una taza del té de tila que había preparado Lucía.

-Ya mis hijas tratan de localizar al Dr. Terán. Gracias Julián...

-Vamos hombre, no hay de qué... quién es el Doctor Terán?

-Uno de los mejores especialistas que hay en el ramo, dijo Ricardo... es el director del Hospital de Oncología de Acapulco. Un verdadero apóstol de la medicina, con todo y su juventud... por cierto que hace unos días le entregó el Gobierno del Estado de Guerrero la presea Sentimientos de la Nación por sus acciones sobresalientes para el bienestar de la humanidad.

-Por desgracia, creo que ni él podrá hacer mucho por mi esposa, acotó pesaroso Jorge.

-Tan grave es la cosa? interrogó Narciso.

-Desgraciadamente... sí...

 

El viaje a Acapulco se realizó sin tropiezo alguno. Lupita había estado pálida, pero serena. Nadie quiso dejarla sola y se encaminaron de inmediato al nosocomio. En la pequeña sala de espera aguardaron noticias de su amiga. El Dr. Marco Antonio Terán Porcayo, al salir de la habitación de Lupita, se dirigió al grupo.

-Está bien, calmada. Le dimos otro sedante para que descanse, pero... La faz del médico lo dijo todo.

Ricardo fue el que cuestionó al galeno. Jorge sólo abrazó con fuerza a sus hijos.

-No hay nada qué hacer.... alguno de esos milagros que tanta fama le han dado amigo mío...?

-Desafortunadamente no, mi estimado Ricardo, Lupita es fuerte pero la enfermedad le ha corrido por todo el cuerpo, principalmente los pulmones...

-Qué tiempo tiene? preguntó con el alma hecha pedazos Jorge.

-Francamente no sé, quizá unos días... en verdad lo siento.

Y lo sentía realmente. El Dr. Terán había dedicado al menos los últimos veinte años de su vida a la oncología. Había salvado muchas vidas, pero era una lucha desigual. El cáncer seguía siendo una de las principales causas de muerte en México. A Lupita se le había detectado tardíamente.

-Vamos a dejarla descansar toda la noche, y mañana podrán llevarla a su casa... creo que es lo mejor, señaló el médico. De todas formas, ya lo saben, estoy a sus órdenes a cualquier hora del día o de la noche...

-Lo sabemos... gracias doctor... muchas gracias por sus esfuerzos... afirmó Jorge.

 

-Que pena que haya sucedido lo de la amiga de nuestro escritor, dijo realmente apenado el arzobispo, eso hizo que la estancia del grupo en su pueblo se acortara...

-Sin embargo, afirmó Julián, el propósito principal se logró Su Eminencia. Narciso se quedó feliz y sin reparo alguno, a mas de bien recibido por mis fieles. Ricardo, por su parte, estoy seguro de que comprendió la importancia de su participación en esto, aunque yo quisiera que fuésemos más directos con él... demostró cierto enojo al verse impelido a hacer lo que hizo...

-Aún no, padre.... aún no... siento que debemos prepararlo más... un poco más...

-Cómo usted ordene Su Eminencia...

-Qué reacciones ha tenido respecto a escribir el libro?

-Fue reticente al principio, pero parece que ya lo acepta... al menos parece entusiasmado con la idea... a ratos.

-Que bueno... vamos entonces por buen camino...

-En cierta forma Su Eminencia...

-A qué se refiere padre...?

-Se siente manipulado por Usted y por mí. Dice que estamos confabulados en su contra...

-Bueno... no precisamente en su contra...

-No, pero sí para que haga lo que creo que pudimos haberle pedido directamente...

-No se moleste Padre Julián, pero estoy seguro que de haberselo pedido él se hubiera negado...

-Si me permite Su Eminencia la pregunta, me gustaría saber porqué lo considera usted así...

-Por sus mismas ideas liberales... piensa que todos los clérigos estamos cortados por la misma tijera... que somos retrógradas o tradicionalistas... usted mismo me ha contado de sus conceptos al respecto... no tragaría de muy buen grado que habemos quienes también nos preocupamos por el florecimiento de la verdad... creo que al único que tiene en ese concepto es al Santo Padre...

-Cierto... su admiración por él es inconmensurable...

-El problema que tenemos es que Su Santidad está ya muy enfermo. La lucha por la sucesión papal se ha desatado y, de caer el poder en manos de los tradicionalistas, todo el trabajo realizado a lo largo de más de veinte años se puede perder...

-Por eso la elevación de los nuevos cardenales Su Eminencia?

-Naturalmente...

-Hay quien afirma que el Arzobispo Primado de México es uno de los posible sucesores...

-Lo veo difícil mi amado hermano, pero no imposible... claro que tienen mayores posibilidades otros más cercanos al Papa y sus ideas... pero Dios será el que marque la ruta a seguir..

-La preferencia de Su Santidad por Latinoamérica, y especialmente por México no será un indicio de...

-No padre, no... estamos hablando de política de altura, de mucha altura... ningún gobierno del mundo, ni los Estados Unidos mismos, tienen o desarrollan una política como la nuestra... aquí el indicio es lo que menos se ve...

-Y, preguntando francamente -si usted lo permite Su Eminencia- cuál sería la utilidad del libro de Ricardo?

-Mucha mi querido amigo... mucha... si su libro lleva los conceptos que él vierte en sus pláticas -que algunos tradicionalistas considerarán blasfemos o anticlericales- y no son condenados o censurados por nosotros... darán por aceptados los términos y callarán el escarnio...

-Escarnio?!! entonces usted considera que Ricardo puede sufrir el escarnio de....? Por Dios... en que lío he metido a mi amigo!

-No se alarme padre, no se alarme... cuando me refiero a escarnio no estoy pensando en ataques físicos o dolosos... acaso llegará a alguna crítica en la prensa pro-religiosa, pero nada más... quizá exageré al decir escarnio... llamemosle mejor simples ataques periodísticos o grupales... aunque le advierto que la inmensa mayoría de quienes le lleguen a leer estarán completamente de acuerdo con él... son otros tiempos mi querido hermano... es a nosotros ahora a quienes toca actualizarse... pero debemos hacerlo muy calladamente... los cambios bruscos espantan...

-Vaya...! Eso mismo, exactamente eso mismo dice Ricardo...

-Lo ve? Es por eso que debemos inducirle a escribir...

-Su Eminencia sabrá lo que hace... espero que Dios le ilumine para que mi amigo no vaya a resultar afectado...

-Yo pienso que no Padre Julián... creo que, por el contrario, recibirá más aceptación que infundios... además, recuerde que la verdad siempre sale a relucir...

-Sea por dios Su Eminencia...

 

Norma había caído en una depresión bastante notoria debido a la situación en que se encontraba Lupita. Ricardo no hacía otra cosa que consolarla y hablarle del paso a la otra vida, del descanso eterno. Los demás, con excepción de Rafael, se habían retirado a sus casas con la promesa de encontrarse al día siguiente en el hogar de la enferma. La llegada de Julián revivió la serie de preguntas sobre el estado de salud de Lupita. Tras una breve llamada telefónica, se enteraron de que seguía estable.

-Rueguen ustedes por la salvación de su alma, indicó el sacerdote a manera de consuelo. Desean que recemos en conjunto?

-Por favor Julián.... afirmó Norma.

Julián inició el rezo del rosario, al que se sumaron Jazmín y el arquitecto. A la altura del tercer misterio, el timbre del teléfono sobresaltó a todos.

-Yo contesto, señaló Ricardo decidido.

Presuroso, regresó a la sala y les pidió a todos que le acompañaran al hospital.

-Pide un confesor, añadió el escritor.

-Vamos de inmediato, indicó Julián.

 

Lupita estaba rodeada por sus hijos, Jorge, Ricardo, Norma, Jazmín y Rafael, quienes se mantenían hacia los pies de la cama en tanto Julián, reclinado sobre el rostro de ella, escuchaba su confesión. El sacerdote aplicó los santos óleos a la enferma y se apartó para permitir a Jorge acercarse.

-Cuida a mis hijos... que yo me voy tranquila... te amo... los amo a todos ustedes...

-Lupita... por favor... sé fuerte mi vida...

Norma se acercó por el otro lado de la cama y tomó su mano entre las de ella.

-Vamos amiga... todavía hay Lupita para rato... no pienses en morir...

Lupita le miró y sonrió... apretó su mano... y cerró los ojos.

 

Las pláticas de Ricardo se suspendieron por más de una semana. Norma quiso, junto con Jorge, observar el novenario de Lupita. Los rezos sirvieron, a más del destino que de por sí llevaban, para que el pesar se fuese disipando. Descreídos y no, todos y cada uno de los amigos asistió al novenario. El hermano de Lupita y su esposa, amigos también de Norma y Ricardo, llegados de Mérida al sepelio hubieron de regresar rápidamente por motivos de trabajo. El último día, Norma se dirigió al grupo.

-Quiero agradecerles a todos ustedes el habernos acompañado estos nueve días en recuerdo de nuestra querida amiga. Ha servido su compañía de fortaleza tanto para mí como para Jorge y sus hijos. Creo que jamás olvidaremos a la mujer que supo ser fuerte hasta el final, y que logró mantener cohesionada a una familia de la que fue pilar indiscutible. Yo le ruego a Jorge que tenga a esta por su casa y a nosotros por su familia, independientemente de la amistad que nos une. Que el recuerdo de Lupita sea el factor de unión. Muchas gracias a todos.

-Yo también deseo hacer manifiesto mi agradecimiento por el apoyo moral que nos han brindado, indicó Jorge. A nombre de mis hijos y el propio, muchas gracias a todos. Que nuestra amistad siga tan unida como hasta ahora, y que las pláticas de Ricardo sean el perfecto pretexto para continuar reuniéndonos.

-Y viendo los unos por los otros... sentenció Narciso que había solicitado permiso para estar en Acapulco esos días. Por mi parte, les anuncio mi retorno al pueblo y les deseo la mejor de las suertes, que suerte ha sido la mía por encontrar amigos como ustedes.

-La vida tiene su vuelcos, pero todo es voluntad de Dios, agregó Julián. Creo que los sucesos están encadenados unos a otros por bondad divina y, como dijera Ricardo allá en el pueblo, hay que ver siempre la bondad de todo y en todo. Lupita ya está con el Señor y descansa del ajetreo de este mundo. Son los que se quedan los que tienen que seguir penando. Sea pues su partida motivo de alegría y de acicate para vivir en la paz de Dios. Tú, Narciso, a nuestra grey que buena falta les haces. Ustedes, a ver la vida con nuevos bríos y a seguir escuchando la palabra del Señor en voz de nuestro amigo Ricardo con quien, por cierto, debo platicar un buen rato. Así es que... vayan con Dios hijos míos y nos vemos mañana, sin falta!

-Se vale una broma a pesar del momento? cuestionó Carlos.

-Hummm, y de cuándo acá pides permiso para tus bromitas muchacho del demonio?

-Huyyy que rudos, como dice Jazmín...

-A ver.... adelante... qué querías decir?

-Pues ahora se quedan con las ganas...

-Carlos! reclamó Sonia. Mejor nos vamos.... hasta mañana suegra...

-Hasta mañana a todos, respondió Norma.

 

En el pequeño despacho de Ricardo, los amigos se reunieron para tomar una buena taza de café que les ofreció Norma.

-Y ahora qué te traes, curita? reclamó Ricardo a Julián en plan amistoso.

-Nada en especial, sólo quería preguntarte qué has pensado sobre escribir el libro?

-Hummm... pues la verdad ni me he acordado de eso. Como todo sucedió tan repentinamente...

-Pero debes pensar en ello Ricardo, terció Rafael, creo que vale la pena...

-Yo también creo que vale la pena, intervino Gerardo. Mira que ya casi nos conviertes a Rafael y a mi. Y vaya que es decir eh?

-Cierto, tienes todo para hacerlo. Ya no pienses más y comienza a escribir... reiteró el exfunerario.

-La verdad es que, como ya lo he dicho, no es lo mismo hablar que escribir... son dos conceptos diferentes...

-Vamos Ricardo... dijo Julián, lo que pasa es que te gusta hacerte del rogar...

-No... de ninguna manera... pero escribir un libro, y sobre todo de ese tamaño, no son enchiladas...

-Qué necesitas? Tiempo? Soledad? Información?...

-No... el tiempo lo hay, la soledad no va conmigo excepto cuando escribo... pero no una soledad absoluta... y respecto a información... pues creo que tengo la que existe...

-Entonces?

-Mira, recordó Julián, es como cuando te negabas a hablar en la iglesia de mi pueblo... lo pudiste hacer y, lo que es más, tu plática fue bien recibida por aquellos a quienes les temías; lo mismo sucede ahora... creo que tienes miedo de escribir algo que cause polémica, que no sea bien recibido por todos y... francamente, jamás podrás escribir algo que guste a todos! Mucho menos tratándose de religión... ya Fidel te lo dijo, no es más que volcar en papel lo que nos platicas regularmente... he observado que tomas algunas notas antes de iniciar tu plática... supongo que son algo así como guías... no?

-Más o menos...

-Pues haz lo mismo para el libro...

-Bueno... supongamos que escribo ese famoso libro... quién lo va a publicar? Mi editor de plano no creo... él no se mete en cuestiones de religión... quién lo va a financiar? Tú?... ustedes?... o el espíritu santo?

-Podría ser... podría ser... dijo sentencioso el sacerdote.

-Ah vamos! entonces sí tiene verdadero interés tu arzobispo de que se publique....

-Mira.... tú escribe, que Dios dirá... además, así como señalas que mucha gente se ha alejado de la iglesia, debo hacerte notar que hay aún cristianos que piensan que para defenderse de las influencias del mundo deben encerrarse en una especie de bastión espiritual. Gustan de hablar de la tranquilidad de los buenos tiempos idos y, cuando van a la iglesia, entran con la mentalidad de la edad media. Se sienten completamente desarmados ante las diversas manifestaciones de la vida moderna y condenan a priori todo: prensa, radio, televisión, cine, calificándoles de medios de perdición y aun de paganos. Para ellos, los gobiernos son ateos, los políticos objeto de desconfianza, y prefieren cerrar los ojos y esperar con paciencia un milagro.

Es ahora tiempo de combatir tanto la indiferencia como esa actitud defensiva, ambas franca pereza intelectual. El mundo no es tan malo; ahora, como antes y siempre, se codean el bien y el mal. Tú ya lo has señalado: la actitud verdaderamente cristiana no consiste en condenar, sino en discernir con medida y objetividad. San Pablo también lo dijo: “Examinar todas las cosas y conservar y llevar a su desarrollo lo que haya de bueno”. Sí, no te asombres... te lo guardaba como un as bajo la manga... no eres el primero que piensa así. Si la Iglesia ha perdido terreno a lo largo de tres siglos, hay que reconocer que es a causa de esa actitud defensiva.

Ya en el momento de la reforma protestante, los católicos habían perdido bastante de su espíritu de sacrificio y de conquista, y esto es lo que favoreció la ruptura de la unidad cristiana en Europa. Luego del Tratado de Muenster, en 1648,  la Iglesia se dedicó principalmente a conservar la parte del rebaño que le permaneció fiel. Más adelante siguieron los movimientos racionalistas y materialistas que aumentaron las pérdidas. Sólo entonces, en la segunda mitad del siglo XIX, lanzaron los Papas la palabra de orden de la defensiva: “Restaurar todo en Cristo”. Desgraciadamente las cosas no se han realizado con la velocidad requerida. En la actualidad, por ejemplo, seguimos perdiendo terreno ante las sectas y ramas. Si bien Juan Pablo II no es el iniciador de un movimiento reformador, que yo más llamaría actualizador, sí es el hombre de fe que más impulso ha dado a éste. Los principales cambios se han dado durante su papado. Pero falta mucho por hacer, sobre todo en materia de evangelización: recobrar las ovejas perdidas, acercar a las que se han retirado, y hermanar a aquellas que, teniendo la misma fe, optan por acogerse a tendencias más flexibles o más sinceras... porque debemos reconocer, como ya lo has señalado, que a la Iglesia le ha faltado sinceridad.

De ahí, y precisamente por todo eso, cuando el impulso del Espíritu Santo se hace sentir, como es tu caso, cuando hay la facilidad de palabra y, sobre todo, de comprensión, el cristiano debe tomar la actitud de cooperador con Dios para ayudar al hombre a triunfar. Creo, mi querido amigo, que éste es tu momento...

-Precisamente por eso es más grande la responsabilidad Julián...

-Inmensa, mi querido Ricardo... inmensa...

-Bueno.... ya veremos... les ruego a Ustedes que no me presionen... ya bastante presión tengo de mí mismo... para todavía aumentarle las urgencias del señor Arzobispo...

-No... no te sientas presionado... te lo digo francamente... tú puedes programar el libro para mañana o para dentro de diez años... eso es otro asunto. Sin embargo, creo que el interés de Su Eminencia es más sobre la posibilidad de hacerlo que sobre cuándo hacerlo... también la Iglesia tiene su paciencia...

-Mira, para dejar en claro algunas cuestiones, me gustaría tener una plática.... así... ya de plano abierta... con el Arzobispo...

-Cuando quieras, mi querido amigo... cuando quieras...

 

A ver viejito... ahora sí ya no te escapas! Así es que ya están todos sentaditos y esperándote; esta noche o le sigues a la Cristonovela... o le sigues...! advirtió Carlos en cuanto vio a su padre.

-Buenas noches a todos, saludó Ricardo que salía de su pequeño estudio.

-Buenas Don Ricardo, dijo Sonia, y no le haga caso a este loco.... ya sabe cómo es...

-Vaya que si lo sé... contestó el escritor en plan de broma.

-Pues a darle que es mole de olla, como dijera Don Eustorgio allá en el pueblo... sentenció Carlos.

-Bien. Tras haber sido bautizado, Jesús pasó por un periodo de abstinencia en el desierto, como una etapa de preparación... digamos. Y vamos al entorno: Se llama desierto de Judá a esa región montañosa que va desde Jerusalén y Hebrón hasta el Mar Muerto, ligeramente accidentada por pequeñas colinas separadas por arenales. Conforme se adentra uno, la vegetación se pierde; desaparecen hasta los más raquíticos árboles y las más exiguas hierbas. El Mar Muerto, que en realidad no es un mar sino un lago inmenso, está asentado en una depresión de aproximadamente unos cuatrocientos metros bajo el nivel del mar; sus aguas están saturadas de sales, principalmente bromuro y cloruro de magnesio, y su fondo tiene una densa capa de betún. Todo esto hace que las aguas parezcan muertas por la inmóvil pesadez y la desolación que producen sus emanaciones pestíferas que impiden cualquier forma de vida. No hay peces, ni en sus derredores hierbas o pájaros.

Cristo, cuenta el evangelio, pasó en esos lugares cuarenta días con sus noches ayunando y meditando. Sin embargo, quiero recordarles que ahí, en el desierto precisamente, estaba el monasterio esenio. Recuerden cómo decimos a veces en forma genérica: vamos a la playa! Pero existe Caleta, Caletilla, Manzanillo, etc. Así que si alguien va a Caleta, bien puede decir Vamos a la playa, quedando sobreentendido que es a Caleta. Así pudo haber sucedido que Jesús se fuera “al desierto” refiriéndose el redactor al monasterio mismo en donde Cristo efectivamente meditaría y ayunaría por cuarenta días a fin de prepararse para enfrentar su destino.

Debo hacer también la aclaración de que el término cuarenta es más que simbólico en las sagradas escrituras y que bien puede ser una referencia a un período relativamente largo. Quizá como mal ejemplo podría decir como ahora, cuando afirmamos que Pepito estuvo de vacaciones cien años!.

Cuarenta días duró el diluvio universal; cuarenta años vagaron los hebreos por el desierto; cuarenta días duró el ayuno de Moisés en el Monte Sinaí; cuarenta son los días de desolación que Ezequiel vaticinó a Egipto; cuarenta días se necesitaron para embalsamar el cuerpo de Jacob....etc.

Respecto al ayuno, es obvio que este no fue total. Nadie puede vivir cuarenta días sin comer absolutamente nada. La costumbre indica que se mantenía en ayuno aquel que sólo se alimentaba frugalmente de raíces y miel silvestre.

En recuerdo de este ayuno, la Iglesia primitiva impuso la abstinencia de cuarenta días a los catecúmenos previamente al bautismo, periodo al que se le dio el nombre de Cuaresma. La práctica decayó cuando se empezó a administrar el bautismo a los niños, pero la Cuaresma se conservó como un periodo de penitencia para todos los fieles. Si bien en la época antigua las limitaciones en la comida, la abstención de relaciones sexuales, la prohibición de cazar, asistir a celebraciones, celebrar bodas, etc. era muy estricta, hoy el Código de Derecho Canónico ha moderado mucho este rigor.

Durante su estancia en el desierto, o en el monasterio, Jesús fue tentado por Satanás quien primero le reta a que demuestre que es el Hijo de Dios y luego le ofrece todos los reinos de la tierra. Cómo podría Satanás darle en propiedad aquello de lo que ya era dueño? Cómo podría pensar siquiera en seducir a Jesús, siendo este un ser superior a él?

Creo que, respetando las muy diversas opiniones de otros estudiosos, que van desde que no era el demonio quien le tentaba sino Dios mismo para probarlo hasta que fue un episodio inventado por los evangelistas, la realidad más cercana a la verdad pudiera ser ese encuentro que tiene uno consigo mismo ante una gran responsabilidad o prueba. Cuántas veces no nos ha sucedido que, poco antes de enfrentarla, o quizá en el desarrollo mismo del evento, renegamos de todo y pensemos en lo cómodo que podría resultar -o haber resultado- olvidarnos del asunto y seguir el camino fácil. La frase aquella de “quién demonios me mete a mí en estas tarugadas!” reflejan simplemente una situación de esas.

Así a Cristo, en su etapa de meditación, y sobre todo pensando que al Mesías se le consideraba el Rey de los Judíos, el Rey de Reyes, físicamente hablando, política y socialmente hablando, la tentación de adoptar el cómodo papel de Emperador Judío con todas sus prerrogativas y privilegios, contra el sacrificio que sabía El mismo culminaría con su crucifixión, debió haber sido muy intensa. Cabe recordar que aquí intervenía el aspecto humano, no tanto el divino, claro desde siempre y por siempre. La que luchaba era la parte humana del Cristo. Las tentaciones representan, sin duda, un conflicto espiritual en el momento de renunciar para siempre a las cosas agradables del mundo por una vocación religiosa llena de sacrificios.

He aquí, y con todo respeto para mis amigos sacerdotes, una situación de comparatividad que vale la pena observar, aunque sea de reojo. “El espíritu tentador, dice Dostoievski, ha mostrado a Jesús el camino que puede conducir a la gloria, el poder y las riquezas, pero Jesús lo ha rechazado. La Iglesia Romana, por el contrario, ha seguido en el desierto el consejo del espíritu tentador y ha escogido para sí la gloria, la riqueza y el poder temporal”.

-Por desgracia, tienes razón en mucho respecto a esto último, mi querido amigo... señaló Julián apenado.

-Entonces, Jesús no se arranca predicando después de que Juan lo bautiza? preguntó Fidel.

-No, es más, ni siquiera después de que regresa del desierto. Jesús, como discípulo, volvió a reunirse con Juan y le siguió en sus peregrinaciones por Judea. Al parecer llegaron juntos hasta Enón, cerca de Salem, ya fuera de las fronteras judeas en territorio samaritano.

Pero el destino había marcado ya el suceso que lanzaría a Cristo al primer plano. Juan, en sus violentas recriminaciones contra los corruptos de ese tiempo, cometió la imprudencia de atacar al mismo Herodes Antipas, Tetrarca de Galilea, que estaba muy pendiente de que no hubiera discursos sediciosos que pudiesen provocar la sublevación popular.

Herodes Antipas había repudiado a la hija de Aretas, Rey de los Nabateos, y vivía con Herodías, esposa de su propio hermano, al que había abandonado huyendo a Palestina para reunirse con su amante llevándose consigo a su hija. Este adulterio era motivo de los constantes ataques de Juan, hasta que Antipas lo hizo encarcelar. Al ser encarcelado Juan, sus discípulos se dispersaron. Jesús mismo regresó a Nazaret, en donde decidió iniciar su propio peregrinaje por la Galilea pregonando la buena nueva de la inminencia del reino, pero... al principio, no tiene el mismo éxito de Juan. La gente que le oye... no le escucha.

Los evangelistas nos cuentan el desagradable incidente del que Jesús fue protagonista, en un día sábado en la sinagoga de Nazaret, donde se había dirigido para asistir a las funciones religiosas y donde predica su primer sermón.

En determinado momento del rito, el guardián de la sinagoga sacaba del arca de madera los libros sagrados, esperando que alguno de los presentes se ofreciera a leerlos y comentarlos. Jesús, aquel sábado, se ofreció y se le asignó el Libro del Profeta Isaías que señala: “El Espíritu del Señor, del Eterno, está sobre mí, porque el eterno me ha escogido para llevar la buena nueva a los humildes, para consolar a los de corazón afligido, anunciar a los cautivos su liberación, y proclamar el año de gracia de nuestro Señor y el día de su venganza” Después de un largo silencio, Jesús pronunció con gravedad: “Hoy se ha cumplido esta escritura que habéis escuchado”.

El escándalo no se hizo esperar. No es éste el hijo de José, el artesano? No es su madre María y sus hermanos Jaime, José, Simón y Judas? murmuraban los asistentes molestos con lo que consideraron una blasfemia. Para ellos, era simplemente Jesús, el vecino, el conocido que no podrían pensar siquiera fuese el Hijo de Dios. Cómo? si le conocían como uno más de ellos! De donde las ínfulas de sabio? de dónde las de profeta?

Y no es de asombrarse, en realidad... en todos los tiempos ha sucedido lo mismo. El vecino, el conocido, no puede ser alguien destacado... debe ser igual de común que todos nosotros. Aplaudimos al de fuera porque no le conocemos y valoramos sus virtudes por lo que se nos dice, pero al de junto que decimos conocer, no le valoramos pues simplemente no le reconocemos sus virtudes.

Cómo recuerdo siempre el caso de Pal Kepenyes que, fuera de Acapulco, es uno de los más grandes escultores modernos, aclamado por la critica y respetado al grado de ser recibido por Jefes de Estado, mientras en su propia casa, el puerto más hermoso del mundo, no es sino “un pinche güerito que parece que es brujo” por aquello de sus excéntricas esculturas. Si bien Pal no es acapulqueño, sino húngaro, ha hecho del puerto su casa por más de treinta años y, a lo que vamos... nadie es profeta en su tierra.

Jesús advirtió sobre esto cuando, al escuchar los murmullos hostiles, exclamó: “Tal vez vosotros podéis hacerme esta advertencia: médico, cúrate a ti mismo! Lo sé: ningún profeta ha sido acogido en su pueblo y en su casa y entre sus familiares... y un médico no cura a aquellos que conoce. Pero yo os digo: había muchas viudas en Israel en los tiempos de Elías, cuando se cerraron los Cielos durante tres años y seis meses y hubo una gran penuria sobre toda la tierra, pero a ninguna de ellas fue enviado Elías mas que a una pobrecita viuda de Sarepta, cerca de Sidón. Y muchos eran los leprosos en Israel en los tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue curado excepto Naam de Siria...”

Los nazarenos, indignados, se levantaron gritando y amenazando a Jesús por haber tenido la osadía de compararse con Elías y Eliseo y por despreciarles al no querer escucharle. Le acorralaron y le empujaron hasta las afueras del pueblo amenazando con lanzarle a un precipicio, pero Jesús logró escapar entre ellos.

Así empieza la vida pública de Cristo.

-Caray... pues con todo y que era el Hijo de Dios no la tuvo tan fácil... exclamó Gerardo.

-Ejemplo que debemos tomar ante cualquier dificultad, sentenció Julián. Si al Cristo mismo le fue dificultoso alcanzar la comprensión de su cercanos, cuantimás le será al hombre común... por lo que no hay que sufrir el fracaso, sino usarlo de acicate para emprender la brega diaria con nuevos bríos.

-Bueno, te diré que esos nazarenos estaban mafufos... indicó Carlos. Cómo es que sí escuchaban a Juan, por ejemplo, y a Jesús le consideran indigno de decir lo que dijo?

-Es la naturaleza humana Carlos, aclaró Rafael. Es como decía tu padre, vemos las cualidades -aún falsas o ficticias- en el extraño, el de fuera, el extranjero pues, pero somos reticentes a reconocer las de nuestra propia gente. El último en aplaudir a un hombre de éxito, es su propio vecino o amigo. La envidia, principalmente, nos lleva a minimizar los logros de nuestros cercanos y, de reconocerlos, a justificarlos como algo obligado, de naturaleza propia... pero jamás como un logro alcanzado con esfuerzo y tesón.

-Ahhh, si la envidia no cegara al hombre... dijo Norma suspirando.

-Otra cosa sería, mi querida amiga, agregó Julián.

 

La mañana pintaba hermosa. Ricardo salió muy temprano a visitar a su editor. Quería investigar qué tanto aceptaría una obra como la que le pedían escribiera.

-Hola Ricardo... dichosos los ojos, exclamó el editor.

-Caray Francisco, la verdad es que no he venido porque una serie de circunstancias muy especiales se han presentado.

-Cuenta, cuenta... que ya sabes que todo lo tuyo me interesa.

-No es cosa fácil de platicar en breve tiempo. Ya te iré contando, pero hay una cosa que sí me interesa saber...

-Bueno, te diré que a mí también hay una cosa que me interesa saber... cuál será tu próximo libro?

-Ese es precisamente el motivo de mi visita...

-Bravo...! Así es que ya tenemos tema....

-No tanto... antes quisiera saber qué opinarías si te dijera que pienso escribir algo sobre la vida de Cristo... en forma novelada... pero basada en datos reales...

-Ah caray!... Bueno... tú sabes que hablar y, sobre todo, escribir de religión y política siempre es polémico...

-Naturalmente... pero... creo que es buen momento...

-Pudiera ser. En la actualidad el hombre anda en busca de sí mismo. De ahí tanto librito sobre superación personal, sobre el aspecto esotérico, por desgracia la mayoría de ellos no tienen verdaderas bases ni dialécticas ni dianéticas. Fuera del éxito alcanzado por contados escritores como Cony Méndez con su Metafísica, Cuauhtémoc Sánchez con su famosa serie, o los de mi querida amiga Margot Rosenzweig, los demás son tan poco leídos que por eso se venden hasta en diez pesos. Sin embargo, valdría la pena sopesar el intento...

-Tú crees que tendría buena acogida un tema así?

-Depende, y tú como escritor lo sabes.... depende de muchas cosas. La forma, el fondo, el estilo... en fin...

-Pero... te animarías a publicarlo?

-Viniendo de ti no tengo duda de que sería un buen libro, pero sí me gustaría saber un poco más sobre la forma en que tratas el tema... tienes algo a la mano?

-Nooo... la verdad es que hasta ahora es sólo una idea...

-Por qué no haces un resumen?

-No sería mala idea... te lo traigo en un par de semanas... te parece?

-Bien sabes que siempre serás bienvenido Ricardo, con obra o sin ella... me honra tener un amigo como tú.

-Al contrario Francisco... gracias por tu confianza...

 

La mañana se fue más rápido que de costumbre. Ricardo esperaba con verdaderas ansias a Julián para contarle lo que había platicado con su editor. La primera víctima de su entusiasmo fue su amada esposa.

-Pues que bueno, dijo Norma, así te darás cuenta de que las puertas se abren a todo el que busca el bien... pero... qué te puedo decir si tú mismo piensas así...

-Gracias mi amor, pero es que con todo y todo, al que da el consejo muchas veces se le dificulta cumplirlo. Si vieras que de dudas me asaltan a veces...

-Pues siempre que esto suceda recuerda las palabras de Julián... y las de todos los que te queremos...

 

Cuando el sacerdote llegó, Ricardo no le dejó ni terminar de saludar.

-Mi editor manifestó una más que agradable apertura a la posibilidad de publicar la Cristonovela...

-Tú también con eso de Cristonovela? exclamó fingiendo enojo Julián.

-Oh vamos, se pega el nombrecito...!

-Bueno... y qué te dijo?

-Pues que le llevara un resumen. Se lo prometí en dos semanas.

-Bendito sea Dios. Parece que el librito tiene futuro...

-Nada más que esto no será responsabilidad sólo mía... tú tendrás que ayudarme guiando mis pasos e informándome algunas cosas que me interesaría saber...

-Lo que quieras mi querido Ricardo, lo que quieras... pero date cuenta de que me estás pidiendo seguir aquí por muy largo tiempo y tú mismo prometiste el regreso a mi amada parroquia.

-Oye... yo creo que un par de meses más, en los que nos daremos alguna que otra escapada a tu pueblo y a tu biblioteca, no afectarán ni a tu grey ni a ti...

-No, claro que no... pero no creo que en un par de meses escribas el libro...

-No... definitivamente que no. Pero en ese tiempo bien puedes ayudarme a tener la fortaleza que necesito, a orientarme en algunos puntos...

-Sea pues lo que Dios quiera... estoy a tu disposición desde ahora mismo.

-Gracias Julián, no podía esperar menos de ti.

 

Julián aprovechó un momento dado para comunicarse con el Arzobispo.

-Su Eminencia... puedo con satisfacción decirle que nuestro amigo Ricardo ya está en la mejor disposición de escribir la obra. Incluso, es posible que su propio editor la publique.

-Que bueno Padre Julián, la noticia es de lo más placentera.

-Sólo pide que me quede un par de meses para ayudarle a despejar algunas dudas...

-Mejor aún querido amigo... mejor... y dígame, lo ve Usted dispuesto tanto como para tener una charla conmigo?

-De él mismo salió la propuesta...

-Me avisa de inmediato?

-Naturalmente Su Eminencia....

 

Caída la tarde, los cotidianos asistentes a las charlas de Ricardo fueron llegando. Contra lo que se esperaba, el primero en arribar fue Gerardo, seguido casi de inmediato de Rafael. Ambos, tras saludar, entraron al estudio del anfitrión, que se encontraba acompañado de Julián, para tomarse el primer café de la tarde.

Sonia y Carlos llegaron acompañados de Fidel, Gloria, su prometida y Silvia, hermana de ésta última. Jazmín salía en ese momento de su recámara, y tuvo oportunidad de abrir la puerta a Jorge y su hijo.

-Oye!  Viejito!... ya estamos todos... comentó casi a gritos Carlos urgiendo la presencia de su padre.

-Vamos pues, dijo éste a sus amigos y todos juntos entraron a la pequeña sala del departamento.

-Buenas noches jóvenes... saludó.

-Más buenas las tenga usted señor escritor, exclamó Carlos con su acostumbrada cachaza.

-Carlos.... más respeto para tu padre! reclamó Norma de inmediato que venía de la cocina con la primera charola de refrescos.

-Ya... ya... no es para tanto...

-Vaya discípulos que tienes, dijo también bromista Gerardo.

-Precisamente de discípulos es que vamos a hablar esta noche... y a la hora en que ustedes ordenen...

Ya acomodados en sus respectivos lugares, los presentes alcanzaron su vaso de refresco y alguna galletita de la charola colocada en la mesa de centro, guardando silencio de inmediato y fijando la vista en Ricardo.

-Si bien no comulgo con algunos de los argumentos de Craveri, de quien he señalado ya muchas cosas a lo largo de nuestras charlas, sí quiero hacer ahora referencia a la introducción que presenta en el capítulo seis de su obra, más que nada por la forma en que describe el escenario en el que hoy nos vamos a mover.

Desde Nazaret al Valle de los Palomos -dice- donde empieza la llanura del Mar de Tiberiades, hay un sólo día de camino que, según la expresión del evangelista Juan, no es más que una bajada por las suaves pendientes de las colinas. El Mar de Tiberiades, llamado también Lago de Genesaret, que quiere decir Valle de las Flores, es el segundo de los lagos que atraviesa el Jordán. Más grande que la laguna de Hulé, es de dimensiones más reducidas que el Mar Muerto. Pero al contrario de éste, horrendo por su desolación, el Mar de Tiberiades es riquísimo en pesca.

Cuando Jesús llegó ahí, había algunos pescadores ocupados en echar las redes, unas de forma circular que se lanzaban después de hacerlas voltear enrolladas en el brazo -como las que vemos aun en muchas partes de nuestro país, pero principalmente en Pátzcuaro- y otras que se extendían en el mar con lastre abajo, suspendidas por flotadores.

- Ya llegó Pedro... dijo interrumpiendo Carlos.

-Efectivamente... Jesús se acercó a ellos y escogió a Simón -que más tarde se llamaría Pedro- a su hermano Andrés, y a Jaime y Juan, hijos de Zebedeo, a quienes invitó a seguirle.

Poco creo que tiene de importancia la forma en que lo hizo. Los evangelistas afirman que sólo les dijo “Venid detrás de mi” que no es más que una forma rabínica usada en esa época para hacer una formal invitación a los discípulos de un maestro para seguirle por todas partes. Sin embargo, es natural que, como argumentan algunos escritores, Jesús debió conversar largamente con los pescadores para convencerlos de que abandonaran sus ocupaciones y le siguieran en una aventura llena de incógnitas. El propio Juan sugiere que al menos Simón y Andrés ya habían sido discípulos de Juan el Bautista y que ahí habían conocido a Jesús.

En ese mismo relato, se habla de que la jornada de pesca había sido infructuosa y regresaban con las redes vacías, por lo que Jesús, con el fin de convencerlos, les pidió volver al mar y lanzar de nuevo las redes que, esta vez, surgieron colmadas de peces. De ahí que algunos biógrafos del nazareno lo expliquen como un anexo mítico que venía a significar el que les convertiría en “pescadores de hombres”.

Como es natural, Jesús, después de tomar él mismo la dolorosa decisión de abandonar su país y su familia desilusionado por la manera en que le habían tratado en Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, aldea de sus primeros discípulos. Es ahí en donde obra sus primeros prodigios públicos.

-Perdón, dijo Gloria, pero no es en las bodas de Canaan en donde hace su primer milagro?

-Antes de contestarte, debo aclarar que la Biblia y aún otros documentos de los hallados a la fecha no tienen un orden cronológico definido, pero hay algo que debemos pensar. Si estaba instalado en Cafarnaúm y apenas empezaba su peregrinar, es obvio que las acciones primeras debieron sucederse así. Por otra parte, en las bodas de Canaan le acompañaba su madre mientras que, al instalarse en Cafarnaúm, acababa de abandonarle. Más adelante, cuando ya es bien visto y recibido en todos lados, es cuando su familia le acompaña... incluidos sus hermanos.

-Bueno, dice Julián, si bien es cierto lo que señalas de la falta de cronología, también lo es el que la propia narrativa le da una temporalidad aceptable. Es decir, no hay fechas exactas, pero sí una serie de eventos que, por su continuidad y desarrollo mismo nos da un camino a seguir en el tiempo mismo.

-Jesús escoge también, para seguirle, a Felipe y a Natanael. Este último, al ser invitado por el propio Felipe, tras escucharlo escéptico, exclama: “Es que de un nazareno puede salir alguna cosa buena?”, pero Jesús platica con él y, en un momento dado le dice “He aquí a un verdadero israelita en el que no hay engaño”, “Cómo me conoces?” refuta estupefacto Natanael. “Antes de que Felipe te llamase, te he visto cuando estabas bajo la higuera”. Natanael exclama asombrado “Señor, eres tú el hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel”, pero es entonces que Cristo le dice en dulce reproche: “Porque te he dicho ‘te vi bajo la higuera’ tú crees? Verás cosas más grandes que esta!...”

-A ver.... a ver... dijo Silvia medio enredada, cómo estuvo eso? A poco con sólo decirle que le vio bajo la higuera el otro ya creyó? que tiene eso de extraño o de sorprendente?

-Creo que debemos entender o, mejor dicho, sobreentender algunas cosas. Es obvio que al referirse a ello Jesús hablaba de un hecho que no hubiese podido ver. No es cuestión de entrar en discusión sobre qué hacía en la higuera Natanael o cuándo, sino deducir que cuando lo hacía nadie habría podido verlo. Es decir, se sorprende porque comprende que Jesús veía lo que nadie podía ver. Además, recuerdo nuevamente que en esa época muchas cosas en sí se daban por sobrenaturales o divinas, de tal suerte que quien pudiese ver lo que vio Jesús sólo podría ser un ente divino. De ahí la sorpresa de Natanael.

Por lo pronto, ha sido un día muy cansado y les agradeceré que continuemos mañana.

Las despedidas de siempre no alejaron a Julián de la sala. Esperó pacientemente a que todos se hubiesen retirado para hablar con Ricardo.

-Amigo mío, sé que estás cansado, pero me gustaría preguntarte algo.

-Di Julián...

-Estarías dispuesto entonces a tener una plática con el Señor Arzobispo en relación con el libro?

-Huyyy... no sólo dispuesto, sino que me encantaría... ya te lo dije el otro día... me gustaría decirle unas cuantas frescas a tu jefecito del alma...

-Eso tú sabrás... que no creo que lo hagas pues te conozco ya demasiado y sé de tu respeto para con los demás... pero a mí en lo personal me agradaría para que también de él recibas algunas orientaciones...

-Un momento... si voy a escribir el libro no aceptaré inducciones o instrucciones venidas de la iglesia. Lo hago porque quiero hacerlo, porque es un reto para mí, porque te estimo y quiero también complacerte.... pero de eso a que la iglesia me diga cómo hacerlo....no!

-No, de ninguna manera. La obra es tuya y sólo tuya. Tuya en inspiración, tuya en estilo, tuya en contenido... sólo hablo de alguna orientación como las que me pides a mí...

-Sea pues, pero la otra semana pues tengo todavía que pensar bien algunas cosas...

-Sea... que descanses...

-Igualmente.

 

Temprano, Jorge llamó a Ricardo para pedirle que le acompañara a tomar un café. La cita fue, obligadamente, en el Vips de La Gran Plaza.

Ricardo llegó primero y saludó a los amigos de la “mesa”, conformada por periodistas, funcionarios, políticos y otros que eran mezcla de una y otra profesión. Lo que hacía interesante esa “mesa” era que todos opinaban libremente del tema que se les pegara la gana y, si bien se había convertido en un círculo muy cerrado, permitían el arribo de cualquiera con la secreta condición de que si no guardaba la compostura y el respeto debidos a los demás, lo ignoraban al grado de que él solo se retiraba a poco.

-Buenos días, saludó Jorge en forma generalizada al llegar.

-Buenas, contestaron todos.

Ricardo se disculpó y se instaló en otra mesa con su amigo.

-En qué te puedo servir, dijo comedido.

-Sólo quise agradecerte todo el respaldo que tú y Norma nos han dado, tanto durante el tiempo que estuvo sola Lupita -que ya me contaron lo de ella y Jorgito- como al paso de sus últimos días.

-Nada tienes que agradecer mi querido amigo. La amistad es así, franca, abierta, o no se da.

-Tú tienes muchos amigos?

-Hummm... pues mira... para serte franco, en toda mi vida he tenido muchos conocidos, pero amigos, lo que se dice amigos entrañables, creo que sólo en dos ocasiones. El primero fue Alejandro Marín, un compañero que conocí en segundo de secundaria, cuya amistad se enfrió por completo al irse a vivir a Tijuana.  Sólo una vez regresó y pasó a saludarme. Después, no volví a saber de él. La otra amistad, plena, nacida de un agradecimiento inconmensurable, es con Ramón Luján y su esposa Angie. Es una pareja incomparable; jamás han tenido un pleito en quién sabe cuántos años de casados. Ramón, apoyado por Angie, fueron quienes respaldaron una aventura editorial en la que se proyectaron casi un centenar de escritores mexicanos e incluso algunos extranjeros. Ramón ha sido nuestro mecenas y Angie su fiel compañera. Creo que he sido un poco ingrato con ellos porque, por mi mismo carácter frío, no les he manifestado rotundamente mi amistad y agradecimiento; sin embargo, conociéndolos, sé que ellos saben cuánto les agradezco sus favores y amistad. Quiero aclararte que eso no quiere decir que amistades como tú, o Lupita, no tengan un valor de amistad en mi confianza, no, pero tú preguntaste y quiero ser sincero: sólo ellos han sido mis amigos, así, con énfasis. La amistad con ustedes, o con Julián, o cualquiera de los demás es otro tipo de amistad, ni menor ni simulada, pero sí diferente. Espero que no te sientas agraviado por lo que digo...

-Nooo, de ninguna manera. Yo también tengo algunos amigos entrañables que recordar. Con ustedes, como dices, es otro tipo de amistad... una especie de compañerismo...

-Creo que podríamos definirlo así: con unos se convierte en hermandad... con los demás, en compañerismo, como tú mismo lo defines.

-Así es...

-Bueno, pero... no creo que el motivo de tu cita sea solamente por lo de Lupita...

-Francamente... no. Quiero pedirte que nos permitas seguir participando en las charlas cotidianas...

-Por Dios Jorge! Eso no se pide! Ustedes forman parte de nuestro grupo desde antes. La presencia de Lupita...o mejor dicho su ausencia... no condiciona de forma alguna la de ustedes... claro que pueden seguir asistiendo.... es más... se los pido encarecidamente...

-Es que... sabes?... quisiera integrar a mis hijas...

-Eso ni se pregunta...

 

Por la tarde, la sala estaba colmada de los asistentes cuando Ricardo salió de su estudio.

-Buenas noches a todos...

-Hola... contestaron como siempre a coro.

-Este día seguiremos con los discípulos de Jesús...

-Una pregunta, si me permiten antes de que empiece Don Ricardo...

-Adelante Fidel...

-Los discípulos y los apóstoles son los mismos?

-Bueno... en realidad los apóstoles fueron doce...sus discípulos fueron millones... somos millones... pero para referirnos a los apóstoles, en este caso, podremos utilizar cualquiera de los dos términos...

Con el objeto de centrarnos más en quién fue cada uno de ellos, su personalidad e importancia dentro de la historia de Cristo, dejaremos a un lado -con algunas excepciones- el cómo, cuándo y dónde fueron “reclutados”. Con todo, permítanme decirles que la información es escasa e incierta.

Simón Pedro, pescador de Cafarnaúm, considerado ahora pilar de la iglesia y primer Papa propiamente dicho, era un tipo fuerte, corpulento, malencarado, tosco sí, pero sencillo en su forma de ser...

-Un niñote, diríamos... señaló Carlos.

-Más o menos. Se dice que su inteligencia era más bien mediocre, pero un ardiente misionero. Solía ser débil y asustadizo. Recuerden que al verse amenazados por los romanos, tras la detención de Jesús, Pedro lo negó tres veces. Imaginamos a Pedro como un hombre astuto y sencillo, de gran poder para el bien, pero a veces afligido por un carácter abrupto y tempestivo que habría de ser transformado por Cristo a través del sufrimiento.

Algunos autores afirman que Pedro había sido previamente discípulo de Juan el Bautista, que ya conocía a Jesús y por eso, cuando fue llamado a seguirle, le hospedó en su casa en donde Cristo curó de una grave enfermedad a su suegra. La iglesia ha intentado desmentir esto pues de ser verdad dejaba a Pedro en calidad de casado... o al menos viudo, lo que rompe con la tradición del celibato. Según Mateo, Pedro fue designado por Jesús, expresamente, su sucesor, de ahí que se hace remontar hasta él el pontificado y se afirma que estuvo en Roma en donde fundó la primera comunidad cristiana antes de ser martirizado por Nerón.

Andrés, hermano de Pedro y también pescador, es presentado por sus biógrafos como un hombre alto, encorvado de espaldas, narizón y de cejas altas. Sobre su carácter hay casi nada que decir, fuera de que era muy callado y profesaba una gran admiración por Jesús. Cuando Juan Bautista empezó a predicar la penitencia, Andrés se hizo discípulo suyo. Se afirma que él y su hermano Pedro eran discípulos de Juan; Butler, en su obra Vida de los Santos cuenta que, después de haber bautizado a Jesús, el Bautista le vio pasar y exclamó: "¡He ahí al cordero de Dios!" Andrés recibió luz del cielo para comprender esas palabras misteriosas. Inmediatamente, él y otro discípulo del Bautista siguieron a Jesús, el cual los percibió con los ojos del Espíritu antes de verlos con los del cuerpo. Volviéndose, pues, hacia ellos, les dijo: "¿Qué buscáis?" Ellos respondieron que querían saber dónde vivía y Jesús les pidió que le acompañasen a su morada.

Andrés y sus compañeros pasaron con Jesús las dos horas que quedaban del día. Andrés comprendió claramente que Jesús era el Mesías y, desde aquel instante, resolvió seguirle. Así pues, fue el primer discípulo de Jesús. Por ello los griegos le llaman "Proclete" (el primer llamado). Andrés llevó más tarde a su hermano a conocer a Jesús, quien le tomó al punto por discípulo, le dio el nombre de Pedro. Desde entonces, Andrés y Pedro fueron discípulos de Jesús.

Jaime, también identificado como Santiago el Mayor, hijo del Zebedeo, hermano de Juan y uno de los primeros reclutados, era de carácter violento, irascible e impetuoso.  Jesús, no por nada, pone a ambos el sobrenombre de Hijos del Trueno.

En los Hechos de los Apóstoles descubrimos fue el primer apóstol martirizado. Murió asesinado por el rey Herodes Agripa I, el 25 de marzo de 41  (día en que la liturgia actual celebra La Anunciación). Según una leyenda, su acusador se arrepintió antes que mataran a Santiago por lo que también fue decapitado. Santiago es conocido como "el Mayor", distinguiéndolo del otro Apóstol, Santiago el Menor.

Juan, por su parte, registrado en Hechos como un pueblerino sin instrucción, es señalado sin embargo como autor del cuarto evangelio que, por su contenido místico y dogmático dista mucho de ser la obra de un inculto pescador palestino. Algunas corrientes le atribuyen una cultura filosófica griega que suponen adquirió durante su estancia en Efeso en los últimos años de su vida. Aquí yo agregaría, de mi propia cosecha, que de ser así el carácter de Juan bien pudo haber sido reservado, estudioso, observador y taciturno. En algunos relatos evangélicos aparece a veces como un joven soñador y dulce que muestra cierta ambición al pretender cotidianamente ser el preferido de Jesús, no dudando en pelearse con los demás o mostrarse indiscreto y petulante, pero estudiando sistemáticamente el estar al lado de Pedro e, incluso, antes que él en momentos de importancia. Como pueden ver, las contradicciones en la descripción del carácter de Juan, observadas por diferentes autores, bien pueden responder a la conveniencia de unos y otros de ponderar o detractar a uno de los cuatro evangelistas.

-Como quien dice ya era víctima de la grilla... dijo Fidel.

-No precisamente era, sino fue. Porque estas afirmaciones no son hechas durante el tiempo en que él vivió, sino posteriores. Sigamos.

Felipe, es el habitante de Betsaida que Juan ha nombrado como tercer discípulo de Jesús. Aunque no se tienen referencias sobre su formación o carácter, se sabe por en una carta de Policarpo, obispo de Efeso, dirigida a Víctor, obispo de Roma y fechada en el año 190, que Felipe se vuelve a casar, después de la muerte de Jesús, y tiene tres hijas una de las cuales vivía en Efeso. De aquí se desprende que Felipe era casado, obviamente durante su relación con Cristo, y presupone una viudez o el abandono de su esposa por seguir a Jesús. La presunción brota de que se vuelve a casar. Por las razones expuestas al hablar de Pedro, la iglesia argumenta que es muy probable que Policarpo se refiera a un homónimo de Felipe, tratando nuevamente de desvirtuar el estado civil de los discípulos.

Bartolomé o Natanael, aquel a quien Jesús dijese que lo había visto bajo una higuera haciéndolo su seguidor, es descrito en los apócrifos como un hombre de cabellos negros y rizados, con una piel de colorido sano, ojos grandes y nariz regular. Clemente de Alejandría señala que después de la muerte de Cristo, intenta la evangelización de Arabia. Sobre su carácter no hay ninguna indicación. Según la Martiriología Romana, Bartolomé predicó en la India y en Armenia, donde murió mártir. Todavía con vida le arrancaron la piel y fue decapitado por el Rey Astyages en Derbend. Según la tradición este martirio ocurrió en Abanopolis, en la costa occidental del Mar Caspio, después de haber predicado también en Mesopotamia, Persia y Egipto.

Las reliquias de San Bartolomé, según una tradición, fueron enterradas en la isla de Lipara y eventualmente fueron trasladadas a Benevento, Italia, y después a Roma donde ahora están en la Iglesia de San Bartolomé, en la "Isola San Bartolomeo" del río Tiber. Se dice que la Reina Emma, la esposa del Rey Canute entregó uno de sus brazos a Canterbury en el siglo XI.

En la iconografía se le representa con barba, un libro y un cuchillo (utilizado en su martirio). San Bartolomé es patrón de los carniceros, fabricantes de libros, guantes, pieles, zapateros, sastres, mercaderes de queso, viñadores, albañiles y otros.

Mateo, otro de los evangelistas, es plenamente identificado como Leví, el publicano de Cafarnaúm recaudador de impuestos que invita a comer a Jesús a su casa causando revuelo por su decisión de aceptar. Aunque su evangelio es considerado el primero, los mismo exégetas católicos ya no están tan seguros de ello pues, según estudios muy profundos el primero sería el de Marcos, que se ha perdido, pero que sería el modelo de otros.

Una de las pruebas que se arguyen para identificar a Mateo como Leví es que en su evangelio se anotan muchas cantidades y cifras, costumbre muy profesional y arraigada en un antiguo recaudador de impuestos. Se nota, sobre todo, una predilección de Mateo por los cabalísticos números 3 y 7 que, curiosamente, también tiene Juan en su evangelio. Los que argumentan en contra afirman que de ser Mateo el famoso Leví, por sus conocimientos Jesús le hubiera escogido como tesorero, función que recayó en la realidad sobre Judas Iscariote.

Y ya que hablamos de Judas, el destinado a traicionar a Jesús, y al que presuponemos con un carácter sigiloso, ladino y quizás hasta intrigante, podemos encontrar que lo único que se comenta de él es que su apelativo Iscariote bien puede indicar el país en donde nació: Karioth, o si Iskariot sea la transcripción semítica de sicarius, nombre que le daban los romanos a los zelotes o guerrilleros y algunos autores a los asesinos a sueldo.

De igual forma, del otro Simón, llamado el Cancaneo para distinguirlo de Simón Pedro, tampoco sabemos sobre su físico o carácter, algunos autores lo señalan como zelote, traducción del arameo qan’ana.

Cabe aquí hacer la aclaración de que también a Pedro se le señalaba de zelote e incluso algunos autores afirman que todos los seguidores de Jesús lo eran, lo que colocaría al Cristo frente al movimiento guerrillero de su país. Otra versión indica que la designación de zelote era aplicada a los patriotas galileos que en el año 6 d.c. intentaron una insurrección bajo el mando de Judas de Gamala. Sin embargo, y estoy totalmente de acuerdo con esta tesis: Jesús no pudo haber sido un guerrillero propiamente dicho pues pregonaba el amor y no la violencia. Quizá el más significativo hecho violento registrado fue el sucedido con los mercaderes que lanzó fuera del templo, pero no se conoce acción guerrera o terrorista alguna que pudiera siquiera hacer pensar que Jesús era un verdadero guerrillero. De haberlo sido, sólo Mahatma Ghandi le ha emulado.

Del otro Judas, Judas Tadeo, tampoco se tienen grandes noticias. Fuera de su participación encontrada en los evangelios y el Libro de Hechos,  no hay más que una referencia que, a nivel de leyenda circulante en la segunda mitad del siglo III, cuenta que Abgar, Rey de Edesa, escribió a Jesús para que fuera a sanarle de una enfermedad incurable y este envió a Tadeo a cumplir con la tal misión, sin siquiera conocerse el desenlace. Era hermano de Santiago el Menor, y por ende de Jesús. "¿No es éste -se preguntan maravillados los habitantes de Nazaret, ante la fama que acompaña a Jesús- el carpintero... el hermano de Santiago y de Judas?". San Judas Tadeo es uno de los santos más populares a causa de los numerosos favores celestiales que consigue a sus devotos que le rezan con fe, especialmente en cuanto a conseguir empleo o casa. Santa Brígida cuenta en sus Revelaciones que Nuestro Señor le recomendó que cuando deseara conseguir ciertos favores los pidiera por medio de San Judas Tadeo.

He querido dejar al final a dos de los más controversiales discípulos de Jesús: Tomás y Santiago el Menor.

Si bien infinidad de autores, en base a sus análisis e investigaciones, les han emparentado con Jesús desde muy remotas épocas, son los documentos aparecidos tanto en la famosa biblioteca de Nag Hammadi como en Qumram, los que vienen a despejar algunas dudas.

De Tomás, también llamado Dídimo, y cuyas ambas acepciones significan El Mellizo o Gemelo, se asegura que es hermano gemelo de Jesús y por de ahí el gran respeto y admiración que siente por el maestro y ser el primero en secundar cualquier acción o empresa propuesta por él. Muchos historiadores e investigadores han sido partidarios de este argumento, destacando el mismo Leonardo Da Vinci que pintara en su famoso cuadro de La Ultima Cena a un Jesús y a un Tomás exactamente iguales, es decir, con el mismo rostro.

No existe, sin embargo, una comprobación plena de esta afirmación.

Ese gran amor por Jesús podría ser el que seguramente le impulsara a dudar de la realidad de su presencia cuando el Cristo se apareció a los apóstoles, hasta que el maestro lo urgió a que tocara con su propia mano los estigmas que le dejara la crucifixión.

A él se atribuye la evangelización de Persia y la India y uno de los más importantes evangelios apócrifos, fieramente atacado por la iglesia por considerarlo texto de los perversos maniquéos. Brevemente citado por escritores medievales, a mediados de pleno siglo XX se encontró una redacción íntegra en lengua copta, lo que le ha valido el título de Quinto Evangelio.

Finalmente, Santiago el menor, citado en muchos textos expresamente como hermano de Jesús, incluyendo a Flavio Josefo, Eusebio, obispo de Cesárea y el mismísimo Pablo. Autores independientes hacen notar el hecho de que, después de la muerte de Jesús, en los Hechos y en las cartas de Pablo, aparece como uno de los personajes más importantes y de más autoridad de la iglesia cristiana de Jerusalén.

Eusebio, obispo de Cesárea, en su Historia Ecclesiastica dice:  “Era santo desde el vientre de su madre. Nunca bebió vino ni licores fermentados, y en toda su vida sólo comió legumbres... Era hijo de José el carpintero, padre del Cristo”

Ya hemos comentado que el propio Santiago, en la redacción copta de su evangelio, relaciona los nombres de los hijos de José, viudo antes de su enlace con María, y cita a Santiago, es decir, a sí mismo- como el menor de los hermanos.

Como dije en un principio, estos fueron los doce elegidos, pero a su vez formaron parte de una verdadera legión de seguidores.

-Oye Jefe... y ya que hablamos de cómo eran... cómo era en realidad Jesús? preguntó Carlos con cierta seriedad.

-Bueno... si bien ya se tiene una imagen más o menos fidedigna de la apariencia física de Jesús, hablar de ello también es largo pues existen algunas variantes que bien vale la pena conocer porque algunas son generadas por detractores que buscan a toda costa hacerlo ver incluso jorobado, pero que no debemos de dejar de conocer por las implicaciones que esas mismas opiniones tienen en nuestro contexto de análisis. Recuerden que no se puede valorar lo bueno... si no se tiene conocimiento de lo malo. Y precisamente porque hablar del aspecto físico del Cristo -que no de su personalidad- es largo, lo dejaremos para mañana.... buenas noches jóvenes y gracias por venir.

-Huyyy... que solemne está el jefe hoy... exclamó Carlos tornando a su habitual sentido del humor.

-Está cansado, dijo Norma.... en su cara se ve...

-Es verdad, agregó Julián... dejemos que descanse que bien se lo ha ganado.

-Gracias amigo mío...

-No agradezcas lo que no sabes de dónde viene... dijo sentencioso el cura.

-Ah caray! eso implica que algo traes entre manos viejo bandido... respondió amistoso el escritor.

-Pues hasta mañana Don Ricardo... y gracias, dijo Fidel a guisa de despedida colectiva junto a Gloria y Silvia.

-Que descansen hijos...

 

-Te quieres ir a acostar? cuestionó Norma al charlista.

-No... aún no. Mejor sírveme un cafecito y déjame platicar un poco con este trío de viejos lagartones.

-Si lo dices por lo arrugados... está bien, dijo riendo Rafael.

-No... lo digo por lo hocicones... ya me enteré de que andan contando que voy a escribir un libro sobre Cristo! espetó Ricardo en una forma de reclamo poco acostumbrada en él que asombró a los tres amigos.

-Oye... dijo Julián un poco cortado. Creo que algo te tiene molesto y no me gusta que te desquites con nosotros....

-Perdón.... dijo el escritor recapacitando en su actitud. Es que cuando me enteré me dio mucha rabia. Es algo que no se comenta! Disculpen mi exabrupto...

-No... no hay problema.... está bien, dijo Rafael. Pero... qué es lo que te dijeron?

-Bueno... en la mesa del café, con los amigos. Alguien me preguntó que si ya había empezado a escribir el libro. Me sorprendió mucho porque a nadie había dicho nada... de ahí deduje que alguno de ustedes tres los había comentado.

-Mira, intervino Gerardo, con sinceridad te pido una disculpa porque debo reconocer que yo fui el indiscreto. De los tres soy el único que frecuenta la mesa del café y de todos modos te habrías enterado. Quiero aclararte que no lo hice con mala intención... es más, ni siquiera llegué a imaginar que fuese un proyecto secreto o algo así...

-No, Gerardo, no es secreto... pero....tienes razón... tienen razón... perdonen... no sé qué me pasa... mira que explotar así por una cosa tan simple.... perdón...

-Creo que debes descansar, afirmó Julián. Es seguro que estás muy tenso por alguna razón. Descansa y mañana hablamos.

 

Ricardo casi no durmió. La luz de la madrugada le encontró con los brazos cruzados sobre la cabeza y los ojos bien abiertos. En su mente se desataba un nuevo conflicto: la personalidad de Jesús, ese Cristo al que tanto amaba y temía vituperar con su charla.

Norma se levantó y le miró sin decir algo. Preparó el desayuno y le llamó como si nada ocurriera. Ya en la mesa, viendo que Ricardo apenas picaba el alimento, dijo con dulzura:

-Qué tienes?

-Mucho y nada...

-Explícate porque no te entiendo...

-Creo que estoy entrando en otra crisis moral...

-Sobre...?

-La personalidad de Cristo...

-Por qué no hablas con el padre Julián?

Hasta ese momento Ricardo se dio cuenta de que Julián no estaba en la mesa.

-Dónde está?

-Se fue temprano, pero dijo que regresaba para el desayuno.

-Voy a mi estudio... si viene dile por favor que quiero hablar con él.

 

Como a las once de la mañana Julián hizo su aparición. Venía con esa sonrisa pícara que a veces tenía.

-Hola mi meditabundo amigo... qué te pasa?

-Primero dime a qué se debe esa sonrisita...

-A que sé lo que tienes... y me hace cierta gracia.

-Vamos Julián!

-Mira, de seguro estás temblando por lo de la personalidad de Jesús y su controversia...no?

-Eres adivino?

-No, pero ya te conozco lo suficiente... y tengo el remedio.

-Ahora no me resultas sólo adivino sino taumaturgo!

-Más o menos, aceptó sonriendo el cura.

-Y cual es ese remedio?

-Tú!

-Yo?

-Sí... simplemente se tú mismo. Deja de pensar y actúa. Habla de lo que sabes y como lo sabes. Tu propia convicción hará el resto.

-Como siempre, no?

-Así es, como siempre. Es más... empieza hablando del hombre, del Cristo histórico, y luego de su divinidad, de su misticismo. Haz que se identifiquen primero con el ser humano.

Ricardo se enderezó sobre el sillón y blandió los brazos como si fuera a iniciar un discurso.

-El hombre... pero si es precisamente del hombre del que se han dicho tantas cosas en contra...

-Por eso precisamente.

El repiqueteo del teléfono cortó la platica.

-Diga...

-Ricardo... habla Gerardo. Estoy en el café y dos de nuestros amigos me rogaron que te pidiera les permitas asistir a tus charlas...

-Quiénes?

-Gustavo y Alfonso...

-La presencia de Gustavo me dará mucho gusto, pero Alfonso es polémico y además librepensador. Le lleva la contraria a todos y por todo...

-Ese es el que más te conviene, dijo por lo bajo Julián.

-Sea pues... diles que nos reunimos por las tardes... sólo que con la asistencia de tantos esto ya va a parecer mitin político y necesitaremos un espacio más grande en poco tiempo...

-Ok... yo les digo... chao!

 

Avisados de que dos integrantes más harían presencia cotidianamente, Carlos y Fidel ayudaron a los tres hombres mayores a reacomodar la salita, conformando un círculo con las sillas del comedor.

La llegada de Gerardo con sus dos acompañantes desencadenó la obligada rueda de presentaciones y saludos. Norma, como siempre atenta a la hospitalidad, preparó unas deliciosas chalupitas guerrerenses que los demás recibieron con agrado.

-No... si les digo... los nuevos invitados deben venir más seguido para que disfrutemos de estos manjares... exclamó Carlos con su habitual sorna.

-Empecemos pues, interrumpió Jorgito que se había realmente interesado en el tema desde hacía buen tiempo... aunque no participaba en las rondas de preguntas para nada.

-Quiero antes aclararles a nuestros amigos que nos hemos acostumbrado a analizar todas las corrientes conocidas, incluyendo las de liberales, conservadores y librepensadores. Como nota curiosa quisiera decirles que las corrientes generadas dentro de los estudiosos de la religión cristiana son muy variadas, tantas que pasan de una veintena. Excluimos repeticiones o coincidencias por razones obvias, pero no dejamos nada de lado. De igual suerte, todos y cada uno de los asistentes tienen plena libertad de contradecir, o preguntar lo que les venga a bien hacer o decir, con la única salvedad del respeto a los demás y escuchar lo que se deba aclarar o explicar a sus dudas. Si por alguna razón no lo sabemos, lo investigamos.

-Ya... ya Jefe... que empiece la Cristonovela en su capítulo chorrocientos... bromeó Carlos.

-Bien... un día Jesús preguntó a sus discípulos: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? Ellos le manifestaron las distintas opiniones de la gente sobre su persona. Pero, después, Jesús les hizo una segunda pregunta: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Esta cuestión se sigue planteando hoy a todo hombre a quien llega la noticia sobre Jesús y su mensaje. Y hemos de advertir en seguida que se trata de una cuestión muy comprometedora, porque la respuesta que demos afectará necesariamente a nuestra vida.

Como hemos dicho en varias ocasiones, para conocer bien a Jesús debemos separar al Jesús histórico del místico. Si bien ambos son uno, así como debemos conocer el entorno y las costumbres de una época para entender a un pueblo o un tema, debemos conocer la personalidad de un hombre para entender sus acciones.

Y empecemos por el aspecto físico. Ernest Renán afirmaba que la fascinación que Jesús ejercía sobre los hombres, y principalmente sobre las mujeres, era en buena parte debido a su aspecto físico. Sin embargo, aún entre los padres de la iglesia, occidentales y orientales, existía una gran divergencia de opiniones sobre el aspecto físico de Cristo.

En oriente, prevalecía la opinión de que era feo basados en la frase bíblica profética que decía que el futuro Mesías “No tenía forma ni belleza que atrajera las miradas, ni aspecto que le hiciera amable” Justino Mártir no vacilaba -dice Craveri- en señalar que Jesús era “un hombre feo por los sufrimientos y humillaciones sufridas”. Clemente de Alejandría le llamaba torpe. Orígenes “pequeño, poco agraciado, hombre sin importancia”. Tertuliano se atrevió a comentar que “los soldados romanos no le hubieran escupido si su rostro no fuera tan feo que atrajera los salivazos” Y hasta los mismos misioneros bizantinos predicaban que Jesús era cojo de la pierna derecha! Los crucifijos orientales, aún a la fecha, tienen la característica curva bizantina que corresponde a la posición de un cojo de la pierna derecha que intenta erguirse.

En occidente, prevaleció la opinión de que era de una gran belleza, justificándose a su vez en un salmo bíblico: “Tú tienes el aspecto más bello entre todos los hijos de los hombres....” Varios padres de la iglesia: Juan Crisóstomo, Agustín, Jerónimo y otros más apoyan la tesis de suma hermosura. Epifanio Monje precisa que medía seis pies de estatura (1.80 mts.), rostro color de trigo maduro, nariz larga, cejas negras y cabellos ligeramente rubios.

En la Edad Media, Plubio Léntulo, del que se dice fue gobernador de Jerusalén, en una carta enviada al Senado Romano para informar sobre Jesús le describe como un hombre con cabellos color avellana y ligero reflejo céreo, lisos casi hasta las orejas, pero después ondulados y rizados sobre los hombros, piel de color sano, nariz y boca sin defectos, barba poblada dividida en el mentón, estatura media y cuerpo bien proporcionado.

El Código Laurenziano del siglo XIV establece la estatura de Jesús en 1.75 metros.

-Bueno, intervino Gustavo, es como ahora. Unos ven con malos ojos a alguien y para ellos es transa, feo, deshonesto, chismoso y quien sabe cuantas lindezas más, mientras que sus amigos le ven decente, honesto, leal y sincero. Creo que en el caso de Jesús muchas de estas afirmaciones corresponden precisamente a quienes le admiran y a quienes no...

-Así es, añadió Alfonso. En ese sentido estoy de acuerdo contigo. Pero qué pruebas hay de ese aspecto físico? Se conoce algo realmente?

-Hay dos elementos que, si bien para algunos incluso estos son falsos, la infinidad de pruebas científicas aplicadas sobre ellos arrojan una visión muy cercana a la realidad.

En primer lugar está la tela, resguardada en la Basílica de San Pedro en Roma, usada por la mujer llamada Verónica para secar el rostro de Cristo durante su viaje al Calvario. En ella está estampada una imagen silueteada de ese rostro. Pero, antes de seguir, permitanme decirles que en realidad la mujer no se llamaba Verónica, sino que este nombre pasó a la historia en una degeneración de la frase vero icono, que quiere decir verdadera imagen. Y si bien no se conocen, o al menos yo no tengo conocimiento de que se le hayan realizado estudios como a la que voy a mencionar, la similitud de ese rostro con el de la Sábana de Turín o El Santo Sudario, como le llaman otros, es asombroso.

Este sudario es una pieza de tela de 4.36 por 1.10 metros, considerada como la sábana que cubrió el cuerpo de Cristo en su tumba, y ha sido, como la personalidad de Jesús, objeto de dudas y detracciones.

Ante las dudas, en 1898, el abogado Secondo Pia es autorizado por la casa Saboya, ante quienes estaba a cargo la custodia, a fotografiar por primera vez la Sábana Santa.

Al examinar la placa que contenía el negativo fotográfico quedó desconcertado: La inversión de la imagen, que ordinariamente se produce en la placa fotográfica, servía en este caso para mostrar el verdadero carácter de la figura (que aparecía extraña y borrosa cuando se contemplaba la Sábana al natural). El descubrimiento de Pía suponía un gran hallazgo para la medicina, porque la imagen que aparece en el negativo fotográfico permitía un estudio minucioso de las diferentes heridas que se aprecian en el cuerpo del “Hombre de la Síndone” como se le llama a la sábana técnicamente.

El primer cirujano que comprobó la absoluta exactitud anatómica de esas heridas fue el Profesor de Anatomía Comparada de la Sorbona Yves Delage, de la Academia de Ciencias de París, un convencido agnóstico. Para él no existía la menor duda de que sólo un hombre que hubiera padecido los tormentos físicos de Jesús podría haber dejado tales huellas.

Son ya una multitud los médicos que, a lo largo de este siglo, ha corroborado estas afirmaciones: desde los pioneros como Pierre Barbet, cirujano del Hospital de S. José de París, o Giovanni Judica Cordiglia, profesor de Medicina Legal de la Universidad de Milán, hasta los más próximos a nosotros, -que han podido comprobar sobre la propia tela sus afirmaciones- como el Dr. Robert Bucklin, medico forense, patólogo del Hospital de Los Angeles, California, el Dr. Rudolf W. Hynek, de la Academia de Medicina de Praga, o el Dr. Pier Luigi Baima Bollone, profesor de Medicina Legal de la Universidad de Turín, y todos coinciden.

Un resumen somerísimo de las contundentes aseveraciones de todos ellos partiría de considerar que las heridas son anatómicamente perfectas, pero más importante sería constatar que contienen una gran cantidad de detalles desconocidos en la Edad Media, por ejemplo el halo de suero alrededor de las manchas de sangre -no visible a simple vista- salpicaduras y sinuosidades de los regueros sanguíneos, la hinchazón del abdomen -típico de la asfixia- etc...

De ellos podemos sacar conclusiones como que murió por asfixia. Al estar colgado por los brazos, los brazos tiran del diafragma, oprimiendo los pulmones, no puede respirar y se empina para tomar aire; pero, al inclinarse y descansar todo el cuerpo sobre el clavo de los pies, el dolor es tan intenso que se desploma y, al desplomarse, se ahoga y se vuelve a empinar.

El doctor Barbet, cirujano de París, afirma que al empinarse y desplomarse, la mano giraba sobre el clavo y le destrozaba el nervio mediano y le producía un dolor de paroxismo.

O que Jesús debió morir de dolor. La naturaleza no puede aguantar tanto dolor. Se inhibe, sobreviene un síncope y se muere de dolor.

Algunos aspectos de la imagen describen al ajusticiado con peculiaridades en clara contradicción con las representaciones de Cristo corrientes en la Edad Media. La ciencia moderna reconoce hoy que tales características son un signo de autenticidad porque muestran detalles -en los que no había reparado nadie- perfectamente ajustados a la realidad de la muerte del Crucificado:

Corona de espinas en forma de casquete.

Clavos de las manos en el carpo -único punto en el que se podría sostener el crucificado en la cruz- y no en las palmas. Para que el clavo no destroce la muñeca debe pasar por un lugar preciso, llamado desde el Siglo XIX "espacio de Destot". Ese clavo daña el nervio mediano lo que produce una tensa flexión del dedo pulgar que se dobla hacia la palma de la mano, tal como sucedió con el hombre de la Sábana

Lanzada en el costado derecho y no en el izquierdo....

Lo crucificaron con tres clavos y no con cuatro. Un sólo clavo atravesó los pies, superpuestos uno sobre el otro. Tiene un pie encogido. El pie derecho deja la huella de la planta perfectamente; y el izquierdo sólo la huella del talón.

No fueron fracturadas las piernas como era la costumbre hacer con los crucificados por los romanos, ello concuerda con el relato bíblico.

En los omóplatos de la imagen de la Sabana Santa se advierten unas escoriaciones que hacen suponer que Jesús llevó sobre ellos el palo horizontal de la cruz y no la cruz entera como se suele pintar.

Sin embargo, como dice Werfel: “Para el que cree, no es necesaria ninguna explicación. Para el que no cree, toda explicación sobra.”, y las dudas de muchos continuaron.

El 13 de octubre de 1988, tres laboratorios europeos coordinados por Tite, director del British Museum, realizaron la primera prueba con el método del carbono 14 sobre la venerada reliquia de Turín, y concluyeron que era un tejido medieval datado entre 1260 y 1390. El escándalo no se hizo esperar: Era falsa!

Cuando el impacto de este descubrimiento se hubo serenado, varios científicos, cristianos y no, manifestaron su escepticismo sobre estas conclusiones: ¿cómo es posible que una sola prueba contradiga todas las otras, algunas respaldadas por la NASA, que indican una fecha mucho más antigua?

De esta forma, el desmentido del carbono 14 no fue una conclusión sino que desembocó en un relanzamiento de los estudios. El Centro Internacional de Estudios sobre la Sábana de Turín, fundado en 1988 por el profesor Van Cauwenberghe, reemprendió la investigación metódicamente.

El análisis realizado el mismo año de 1988 sobre un trozo de la tela, de unos 10 cm. de largo por 1 de ancho, se dividió en tres. El análisis se hizo en colaboración con un microbiólogo de la Universidad de Texas, Stephen Mattingly. Descubrió que el trozo extirpado de la Sábana estaba altamente contaminado por bacterias y hongos. Dicha alteración es suficiente para provocar un error en una datación como la efectuada por los Laboratorios de Oxford, Arizona y Zurich. El descubrimiento de este microbiólogo fue apoyado por Pierluigi Baima Bollone, forense de la Universidad de Turín y el experto italiano más reconocido en la materia, quien dio a conocer unas investigaciones que demuestran que las pruebas del C-14 son inadecuadas para datar lienzos de lino.

Años atrás, en 1973 se produjo un nuevo descubrimiento: en este caso fue realizado por el Profesor Max Frei, criminólogo suizo, botánico, palinólogo, Director del gabinete científico de la Policía de Zurich y perito de la Interpol. Max Frei recibió el encargo de autentificar las fotografías que una comisión científica, nombrada en 1969 por el Cardenal Pellegrino, había tomado. Al examinar detenidamente la tela notó la presencia de esporas de polen en la superficie del lienzo y obtuvo permiso para recoger unas cuantas muestras. Logró identificar en esta ocasión 49 especies diferentes de esporas, que fotografió, catalogó y conservó. Nada menos que 33 resultaron ser procedentes de plantas exclusivas de Palestina o Turquía (estepas del sur o área de Estambul). Las dos terceras partes de las muestras procedían de zonas ajenas a Europa, continente del que no ha salido el Lienzo desde el siglo XIV.

Antes de dar un dictamen definitivo sobre los lugares en los que, según la Palinología, debería haber estado la Sábana para quedar “contaminada” de tal modo, se dedicó a visitar las zonas en las que las investigaciones históricas colocaban anteriores estancias del Lienzo. Pudo comprobar in situ la perfecta correspondencia de especies. Logrando identificar 59 especies en total. La muerte le sorprendió antes de concluir el trabajo y publicar sus resultados definitivos, no obstante su estudio es altamente indicativo.

-Perdón, interrumpió Jorge, perdón por mi ignorancia, pero qué es la palinología?

-La Palinología es la disciplina que estudia polen, esporas y cualquier palinomórfo actual o fósil.

-Gracias.

-En 1989 Paul Maloney, durante un congreso celebrado en París, anunció que descubrió que en el lino de la sábana había 76 muestras diferentes de polen, y que en la mayor parte coincidía con especies de la Palestina de hace 2000 años.

Con todo, la mayor cantidad de datos sobre la Sábana Santa proceden de los estudios que realizó, a partir de 1977, un grupo de científicos dirigidos por el Dr. John Jackson y su compañero el Dr. Eric J. Jumper, Profesores de Física y de Ciencias Aeronáuticas, respectivamente, en la Academia de las Fuerzas Aéreas de Denver, Colorado, y en el Centro de Pasadena -NASA- en Estados Unidos.

Su primera aportación se hizo pública en 1977: J. Jackson y E. Jumper estudiando las fotografías de la Sábana en el laboratorio de las fuerzas aéreas de Alburquerque, Nuevo México, con la colaboración de su colega el Dr. Bill Mottern descubrieron que la imagen contiene información tridimensional. Tras lograr resultados tan alentadores, el equipo STURP solicitó, y obtuvo permiso para realizar una exploración sobre la Sábana en Turín. Las Jornadas de observación directa duraron 120 horas ininterrumpidas.

El Dr. John Heller, Biofísico, profesor en el New England Institute, y miembro del STURP, cuenta que las disciplinas científicas utilizadas en esta investigación fueron, entre otras, las siguientes:

Fotografía: visible normal, infrarrojos, y ultravioleta, (unas 5000 fotografías en total). VP8: análisis de imagen. Ampliación de imagen computarizada. Análisis de la función de mapas. Imágenes topográficas. Análisis multiespectral. Análisis matemático de la imagen. Rayos X de baja energía: Fluorescencia de rayos X. Reflexión espectroscópica (o espectroscopía de reflexión de ultravioleta). Visibles. Infrarrojos. Termografía: Microdensímetro. Macroscopía. Microscopía: Polarización, fluorescencia, contraste de fase de electrones. Bioestereometría: Espectroscopio "raman". Láser de prueba microlasérica. Espectroscopio de dispersión de la energía del electrón. Transmisión espectral microespectrofotométrica.

Prueba química húmeda: generación de porfirina fluorescente, tests de cianometahemoglobina y de hemocromógeno, test de proteasa (enzimas que hidrolizan o dividen las proteínas convirtiéndolas en compuestos más simples). Inmunofluorescencia.

-Ah bruto! exclamó Carlos.

-Diez mil nombres de exámenes desconocidos para todos nosotros, agregó Rafael.

-Así es. Y a todo esto hay que añadir más de mil experimentos químicos para determinar la naturaleza de toda la imagen y de las marcas de sangre, así como la historia del lino, manchas de agua, fibras varias, partículas y restos (detritus) y vehículos oxidantes y reductores, más todos los posibles caminos humanos para tratar de crear una imagen igual a la de la Sábana.

En 1973 los científicos italianos no encontraron pigmento ni tinte alguno en la imagen. Mediante el análisis de complejas técnicas computarizadas se comprobó que no había direccionalidad en la imagen, por mucha habilidad que pueda tener un falsificador siempre hay una direccionalidad en la aplicación de una pintura, excepto en esta de la Sábana Santa, que no es obra humana. La figura está lograda por una decoloración muy superficial de la tela, presenta detalles extraordinarios que son compatibles con el relato bíblico, es un negativo fotográfico codificado para lograr reproducciones tridimensionales.

Se puede concluir que no se conoce ningún procedimiento que permita reproducir una imagen con todas las características mencionadas. Lo que es claro es que no se trata de una imagen producida por contacto, lo que ha llevado a pensar que se originara por algún tipo de radiación emanada del cuerpo, instantánea en el tiempo, y que hubiera producido una especie de "chamuscadura". Sin embargo tendría que tratarse de una radiación con unas características no explicables desde el punto de vista físico. Algunos investigadores creyentes piensan que tal fenómeno podría haberse producido en el momento de la Resurrección.

Los historiadores y arqueólogos también han querido descifrar el misterio mediante sus conocimientos.

Gilbert Raes, al estudiar en 1973 hilos de la Sábana, concluye que su textura era la corriente en el Oriente Medio durante el Siglo I. Además había trazas de algodón que entonces no se cultivaba en Europa y sí se hacía en el Oriente Medio. Silvio Curto corrobora esto cuando analizó la textura de la Sábana, diciendo que puede datarse como de la época de Jesucristo.

Los estudios han demostrado que en la época de Jesucristo una sábana era usada en la técnica judía utilizada para envolver los cadáveres y darles sepultura y la Sábana Santa corresponde a la utilizada por los Esenios hace 2000 años atrás.

Pero esto no es lo único que nos aportan los historiadores y arqueólogos. Ellos son los que nos demuestran que la Sábana envolvió a Jesucristo. En el año 1978 el químico Pedro Ugolotti constató la existencia de restos de escrituras en diferentes alfabetos. Hecho hace poco confirmado mediante computación al ser tratadas digitalmente las fotos de la imagen, en la Escuela Superior de Óptica de Orday por el profesor André Marion. Son fragmentos de letras en torno a la cara. Las palabras están en griego, latín y hebreo. Algunas de ellas dicen:

IN NECEM -IHEOY - NAZAPHNOE  Jesús Nazareno tú vas a morir

IN NECEM=tú vas a morir IHEOY=Jesús en griego, NAZAPHNOE=Nazareno

Estas leyendas están dispuestas en forma de U en dos grupos y se explica, ahora se sabe, que en el enterramiento de los judíos del siglo I solía colocarse una especie de madero en U para sujetar la barbilla del difunto, y esas palabras estaban en el madero señalando que el muerto era Jesús Nazareno.

Pero ahí no acaba la cosa, dos científicos turineses, Pier Luigi Baima Bollone, profesor de medicina legal, y Nello Balossino, profesor de informática, docentes de la Universidad de Turín, pocas semanas antes del incendio, acababan de hacer públicas sus últimas investigaciones. Su descubrimiento era un auténtico “bombazo”, en torno al misterio de la Sábana Santa.

-¿De qué se trataba?, cuestionó Sonia.

En las investigaciones que en 1979 había realizado la NASA sobre la Sábana Santa, se había descubierto que en el ojo derecho del cadáver se había colocado una moneda, con el objeto de cerrar el párpado del cadáver.

Ya entonces, se pudo comprobar que esa moneda había sido un "leptón", moneda acuñada por Poncio Pilato y que circuló en Palestina entre los años 26 y 36 de nuestra era, en curso legal en tiempos de Cristo, en el que se podían apreciar la inscripción en griego de Tiberio Cesar. No obstante aquel descubrimiento, los científicos se hacían una pregunta, ¿por qué solo aparece la moneda en el ojo derecho, siendo así que lo lógico es cerrar los dos párpados de un cadáver? Pasados estos años, ahora estos dos científicos nos sorprenden: Sobre el párpado izquierdo también hubo otra moneda. Ocurrió que a consecuencia de la hinchazón del cadáver, se había movido y no ha podido ser descubierta e identificada hasta utilizar unos medios técnicos más sofisticados.

Gracias a las posibilidades que ofrece la elaboración por computadora, y utilizando altos planos de ampliación, han logrado descubrir el diseño acuñado en esa moneda: una copa ritual pagana utilizada en las libaciones. No quedaba más que comparar con los catálogos de monedas palestinas de la época. En efecto, la incisión casa exactamente con un ejemplar del catálogo del British Museum y con otro original de un coleccionista milanés. Pero hay más. La moneda fue colocada cara arriba, mostrando la fecha de acuñación: el año XVI del imperio de Tiberio. Una prueba de detective que difícilmente puede ser refutada. Según Baima Bollone, la probabilidad científica de que nos encontremos ante el lienzo que envolvió a Cristo "está muy cercana al cien por cien".

Sólo me resta decirles que, en base a toda esa misma información, brotada de la Sábana Santa, Jesús tenía 1.81 metros de estatura.

Hoy me alargué un poco dada la importancia del tema, pero mañana hablaremos sobre el carácter de Jesús, también polémico tema, pero del que tendremos un profundo análisis entre nosotros mismos.

-Caray manito, dijo Alfonso, pues me has dejado con la boca abierta. Yo no sabía prácticamente nada de esta infinidad de estudios. En realidad, sólo había escuchado sobre la famosa prueba del Carbono 14...

-Lo que nos deja entonces en aquello que tanto señalamos en la mesa del café, comentó Gustavo. Debemos conocer a fondo los diferentes argumentos para sacar conclusiones...

-Pues que bueno que ustedes, señores míos, señaló Julián, entiendan que... para poder creer en Jesús, hay que conocerlo, conocer más sobre él, sobre sus tesis, sobre su doctrina...

-Bueno, replicó Alfonso, en parte es cierto. Sin embargo, una cosa es la existencia histórica, la presencia del hombre, y otra su divinidad...

-Ya llegaremos a eso, afirmó Ricardo. Todo a su tiempo.

-Pues hoy, como siempre, agregó Silvia, nos ha dejado lelos Don Ricardo...

-Por lo de hoy, denle crédito a la Madre Trinidad, profunda investigadora y vocera de la iglesia, como es reconocida, y quien logró resumir la infinidad de datos que hay al respecto. De ese resumen recibieron ustedes esta información.

-Pues como sea, mi querido Ricardo, mis respetos... dijo Alfonso levantándose de su asiento para despedirse.

Julián sólo miró a Ricardo con una sonrisa apenas dibujada en los labios.

 

Ricardo se sentía tranquilo tras la plática de la noche anterior. Su vivacidad lo mostraba abiertamente. Durante el desayuno, Julián notó esto y aprovechó para entrar en su tema favorito.

-Oye Ricardo, de dónde sacaste los datos de ayer?

-Lo dije, en serio, de los estudios publicados de la Madre Trinidad.

-Vaya, pues sí que buscaste con dedicación.

-Hay muchas obras que hablan sobre la Sábana Santa, pero la Madre Trinidad compiló toda la información y eso me dio la pauta.

-Así lo citarás en tu libro?

-Ya sabía que derivarías en el tema, viejo ladino...

-Bueno, comprenderás que me interesa. Mientras no lo hagas yo tendré que estar aquí... y francamente ya extraño mi parroquia.

-Pues ni modo viejito, te tendrás que esperar... y no creas que a mi me molesta mucho... vieras, en serio, que grata es tu compañía!

-No seas adulador...

-En serio mi querido amigo... te estimo mucho y valoro como no tienes idea tus consejos y apoyo.

-Hummm.... vaya forma de cambiarme la plática...

-No te preocupes; ya estoy preparando el resumen que me pidió Francisco, mi editor, para llevárselo y que decida si lo publica o no.

-Me dejarías leerlo?

-No sólo te dejo leerlo, sino que exijo que lo hagas; tu opinión es valiosa para mí, repito.

Ambos se dirigieron al estudio de donde no salieron hasta la hora de comer.

 

La tarde llegó rápido. Cuando Ricardo se dio cuenta, ya todos estaban acomodados en sus respectivos asientos. Carlos había llevado un par de roscas de nuez y se repartían para acompañar el sabroso cafecito que hacía Norma, auxiliada por Silvia y Sonia.

-Tengo que hacerte una confesión, dijo Alfonso.

-Dime...

-Pues ayer me metí a internet y busqué los datos que nos diste. Me sorprendí de la cantidad de información que hay al respecto... yo no sabía mucho de ello.

-Pues yo también tengo una confesión que hacerles a todos... yo mismo no sabía que existiesen más de dos mil estudios sobre la Sábana de Turín... también me sorprendí.

-Oye Jefe... intervino Carlos, y al final de cuentas se siguen haciendo estudios... o ya se dejó el tema por la paz?

-Tengo entendido que se sigue estudiando. La curiosidad es grande, sobre todo estando tan cerca de una certeza.

-Supongo que algo parecido sucede con la Biblia y los demás documentos, terció Rafael.

-Claro! Fíjate que los documentos de Qumram no han sido descifrados más allá del 15 por ciento. La reconstrucción de muchos de ellos ha sido lenta y laboriosa. Así es que imagina lo que falta por descubrir o confirmar.

-Y sobre la personalidad de Cristo? preguntó Gloria.

-Bueno, también es materia de polémica. Debemos tomar en cuenta, en primer lugar, la infinidad de creencias y pensamientos de quienes le estudian. La divergencia, sin embargo, da la oportunidad de profundizar en los estudios mismos.

-Y en verdad existió? cuestionó Alfonso. Digo, hay pruebas de la existencia del hombre?

-Para empezar, ya hablamos de la Sábana Santa que prueba por sí misma la existencia de Jesús, pero además tenemos una serie de datos arrojados a lo largo de la historia misma. Si alguien pudiera pensar que es un mito -como consideran algunos incrédulos- los datos aportados por sus mismos enemigos, mejor dicho, por los enemigos de su pueblo, que le citan en varias ocasiones, deja  lo que llamamos huella histórica.

Ante todo hemos de decir que Jesús fue un personaje que existió realmente y que vivió hace ahora veinte siglos. Para reconstruir su historia contamos con cuatro tipos de fuentes:

En primer lugar, la historia civil romana. Los grandes historiadores romanos de los siglos I y II, Flavio Josefo, Tácito, Suetonio y Plinio, nos dan noticias sobre un nuevo movimiento religioso surgido en el seno del judaísmo y que, según ellos, fue fundado por un tal Jesús que murió ejecutado siendo procurador de Judea Poncio Pilato.

Por otra parte, la literatura judía contemporánea: Los escritos de los rabinos judíos del siglo I nos permiten reconstruir la cultura, las costumbres y, sobre todo, la religión de la época de Jesús.

Otra fuente indudable son los descubrimientos arqueológicos. Las excavaciones realizadas en este siglo nos han permitido conocer muy de cerca algunos lugares relacionados con la vida de Jesús. Son particularmente importantes los descubrimientos de Nazaret, Cafarnaúm y Jerusalén, sin olvidar Nag Hammadi y Qumram. Hace no menos de una semana se dio a conocer públicamente el descubrimiento de la cueva en que vivía Juan el Bautista, que contiene algunos grabados, incluyendo uno sobre el propio bautizo de Cristo.

Igualmente, los escritos del Nuevo Testamento; se trata de las noticias conservadas por sus propios discípulos, puestas por escrito de veinte a sesenta y cien años después de la muerte de Jesús. Ésta es la fuente más importante, pero no sólo la reconocida por la iglesia, sino la oculta o secreta que desconoce pero guarda celosamente, en otras palabras, los apócrifos o libros secretos que se suman por decenas

Todas estas noticias no nos permiten reconstruir una biografía completa de Jesús, pero sí fijar una serie de datos históricos perfectamente justificados y fiables. Y esto es muy importante, ya que todo el valor del mensaje de Jesús reside precisamente en que Jesús haya existido. La historia de Jesús es parte esencial del Credo cristiano: “Nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, resucitó al tercer día…” Son todas afirmaciones de tipo histórico.

Están, además, los estudios realizados por investigadores, historiadores, teólogos y muchos otros profesionales de las diversas corrientes. Se considera que la vida de Jesús -y no sólo la de la religión- es uno de los temas a los que se dedican más horas hombre en Institutos, Universidades, Centros de Investigación y Teología, no únicamente pertenecientes a la iglesia. Hay algunas que han alcanzado verdadera relevancia, como la Universidad de Oxford, de donde han salido grandes figuras y reconocidas autoridades en el tema. Su bibliografía es tan extensa que se podría conformar una biblioteca con los libros publicados únicamente sobre la materia.

A Jesús se le ha calificado de egocéntrico y maníaco; megalómano, de pensamiento incoherente y a veces hasta inmoral. Charles Binet-Sanglé, por ejemplo, escribió una obra de más de dos mil páginas en cuatro volúmenes, que arroja los resultados de un estudio realizado basándose en los datos que ofrecen los evangelios. En sus conclusiones se refleja poco objetivo y falto de serenidad -como lo califica Craveri- y trata de forzar la personalidad de Cristo en un determinado esquema, detractante claro. Le llama teomaníaco, sitiofobo, dromómano, y otras lindezas más. Su trabajo fue descalificado hasta por los mismos mitólogos, racionalistas y radicales que, si acaso, han llegado a tildar a Jesús de visionario y presuntuoso, pero reconocen ampliamente su profunda influencia en la ventura de la humanidad.

La religiosa Edad Media ve al Cristo humanísimo, a veces dulce y a veces tierno, áspero y violento, casi femenino en su languidez, pronto al desprecio y a la ira, encerrado con frecuencia en una profunda tristeza, pero siempre agitado por la inquietud, consciente de una misión casi imposible.

En su carta, Léntulo lo describe terrible en sus reprimendas, dulce y amable en sus amonestaciones, alegre a pesar de mantenerse siempre grave, a quien nunca ha visto nadie reír y sí muchas veces llorar, de conversación seria, parca y modesta.

Pero hagamos nosotros nuestra propia deducción tomando en consideración varios factores de su calidad como hombre.

Como hombre libre, ya desde su adolescencia Jesús se manifiesta como un hombre libre frente a todo y frente a todos los que puedan obstaculizar su misión. Libre frente a su familia  y a sus amigos. Libre frente al poder político de los romanos. Y libre, sobre todo, frente a los ritos, las prescripciones y las costumbres del judaísmo de su tiempo, cuando El creía que se convertían en obstáculos para cumplir la auténtica voluntad de Dios y servir al bien del hombre. Fue precisamente esta libertad la que irritó a todos los poderes constituidos, que decidieron acabar con él.

Como hombre con una experiencia religiosa profunda y original, hay un elemento fundamental en la vida de Jesús: su obediencia radical y su confianza total en Dios, a quien le llamaba “Abba” (papá). Lo que alimentaba su vida y daba sentido a toda su actuación era hacer la voluntad del Padre. Y ésta era también la motivación y la fuerza que hacía posible su libertad: necesitaba ser libre para amar y obedecer al Padre.

No es de extrañar, pues, que fuera un gran orante: dedicaba largas horas todos los días a dialogar con el Padre, y nos ha dejado oraciones de una profundidad y belleza inigualables. Y fue precisamente su rica y original experiencia de Dios lo que quiso transmitirnos. El objetivo último de toda su vida fue manifestarnos a un Dios cercano, amigo de los hombres, liberador, que se preocupa de los últimos, que sabe acoger y perdonar y que nos convoca a todos a la gran fiesta de su Reino. En una palabra, a un Dios que es Buena Noticia para el hombre.

Como hombre con una gran sensibilidad, la fortaleza de su carácter armonizaba con una gran riqueza de sentimientos. Era sumamente sensible para apreciar las maravillas de la naturaleza: le gustaban los montes y el mar, y se fijaba en la belleza de las flores y de los pájaros. Pero sus sentimientos se manifiestan sobre todo en las relaciones humanas. Siente una compasión espontánea ante todo tipo de necesidad o desgracia; ama profundamente a sus amigos y llora ante su muerte; se indigna ante la injusticia o la adulteración de la religión; se angustia profundamente ante la perspectiva de su propia muerte.

Como un hombre para los demás, es decir, lo que ahora llamamos un hombre de servicio, Jesús dijo que no había venido “a ser servido, sino a servir”. En efecto, nunca buscó su propio interés, no se preocupó de su propia fama, no buscó dinero ni seguridad alguna, tampoco buscó el poder, no vivió para una esposa ni una familia y supo renunciar a sus proyectos para servir a los demás. Fue siempre un hombre disponible para los otros.

Además, sabía acoger a cada persona en su originalidad y en su problemática irrepetible. No pensaba en la humanidad, sino en cada hombre y en todo hombre que se cruzaba en su camino, como Zaqueo, la samaritana, la adúltera… y, sobre todo, estuvo siempre de parte de los que necesitaban ayuda para ser libres y encontrar la verdad de su vida: el pueblo humilde, la gente inculta, las personas de mala reputación, los enfermos, las mujeres y los niños.

-Perdón Ricardo, pero cuando queremos precisar la imagen humana de Jesús y su mensaje, intervino Alfonso, nos situamos ante una tarea imposible de llevar a una consecución definitiva. Por de pronto, la personalidad que nos transmiten los evangelios es imposible de comprender y abarcar. Es tan radicalmente paradójica y contrastante para nuestras referencias, que escapa a cualquier clasificación. Cuando nos parece que ya lo conocemos, se nos vuelve a diluir con rasgos nuevos que no habíamos descubierto y que desdibujan nuestro esquema anterior. Es agotador y frustrante intentar siquiera entenderlo.

-Con todo, terció Julián, cada uno de nosotros tiene una imagen personal del Señor más o menos fundada, más o menos inconsciente, formando parte de una cristología que influye en nuestro ser y en nuestro actuar cristianos. Aunque no nos demos cuenta, en esta imagen que nos hacemos de la personalidad de Jesús entra nuestro propio modo de ser, nuestra propia psicología y las formas de nuestro egoísmo. Estamos siempre en peligro de deformar, según nuestros propios condicionamientos, la verdadera personalidad del Señor. Tendemos a hacer a Jesús a nuestra imagen y semejanza, a nuestra medida, justificando nuestras mediocridades e infidelidades. A adaptar a nosotros el mensaje de la personalidad de Cristo y no nosotros a él. La sola manera de escapar a esta permanente tentación será la vuelta permanente a la contemplación del Cristo de los Evangelios. De otra manera transformaremos la cristología en proyección personal y la práctica cristiana en ideología, en la cual tomamos los aspectos del Evangelio que conviene a una posición personal o ideológica ya tomada.

-Muchas veces hemos escuchado que Dios está dentro de nosotros mismos, continuó Ricardo. Eso quiere decir que los seres humanos tenemos la dudosa cualidad de hacer, dentro de nosotros mismos, de nuestro criterio, la imagen que queremos no sólo de Dios, sino de Jesús y aún de nuestros propios amigos, compañeros y familiares. Cosas tan simples como un desaire hacen cambiar por completo la imagen o concepto que tenemos de determinada persona. Nuestro jefe, por ejemplo, es un buen jefe en tanto no nos contraría en nada, y hasta nos atrevemos a decir de él: “es un buen hombre”; pero el día que nos contraría, que nos propina una reprimenda, cambia esa imagen: “es un desgraciado, un mal jefe”. Así las cosas, si queremos conocer a Cristo, debemos ser lo más objetivos posibles; reconocerlo como hombre es aceptar las debilidades propias de un ser humano. Cabe aceptar que era dulce o melancólico, tierno o abrupto, todas ellas son debilidades o cualidades de un hombre y, si estudiamos a Jesús como hombre, debemos aceptar que así era, pero sin dejarnos llevar por el sentimiento de frustración. Cuántas veces he oído el argumento de un ateo: “Dios no existe! Si existiera ya me hubiera escuchado!” Luego entonces si me concedes lo que pido, existes! sino... no existes! Curioso, pero así somos los seres humanos.

Ahora bien, una cosa es el Cristo hombre, el ser histórico, y otra el Cristo místico, el ser divino. Ya entraremos a esa fase. Así es que concluyamos con una ronda de opiniones -que por primera vez hacemos- para dilucidar que pensamos nosotros del Cristo histórico.

-Si me permiten, y dado que por mi culpa se empezaron estas charlas, dijo Carlos, quisiera dar la primera opinión.

-Adelante.

-Mira jefe, yo siempre había visto a Cristo desde el mero punto de vista divino. Es decir, para mi era Dios. Jamás había pensado en él como hombre y esto como que le humaniza, como que lo siento más cerca de mi. Vamos, como que es una mayor identificación del Dios mismo con mi ser.

-Cabe hacer una aclaración pertinente aquí, dijo Ricardo. La imagen de Cristo ha sido tan tergiversada, aún por la misma iglesia, que Dios debe sentirse celoso de él. Jesús no es Dios, es el hijo de Dios. Si bien forma una trinidad con Dios Padre y el Espíritu Santo, en sí mismo es hijo del padre, pero el Padre es Dios. Tenemos tan identificado a Jesús como figura divina que pensamos en El como Dios y nos olvidamos de Dios Padre. Jesús mismo lo dijo: Yo soy el camino hacia Dios Padre. Bien, dicho esto... quién sigue?

-Bueno, yo quisiera sólo hacer una observación, comentó Norma. Yo pensé siempre que Jesús era sólo el padre comprensivo, el ser supremo que nos da todo, que nos escucha, que nos ama. Pero, conforme a lo que preguntas, hablar de El como hombre, como el Jesús histórico, con lo que nos has platicado puedo ver otro aspecto de Cristo que no había analizado o pensado: el sacrificio. Si pienso en él como hombre, debe haber sido sumamente difícil enfrentarse a esa misión. Muchas veces vemos algo que nos hace sentir unas inmensas ganas de poder cambiar al mundo, pero siempre nos respondemos a nosotros mismos que nada se puede hacer. El no, El logró, con su sola palabra y, como dices, en menos de mil días, cambiar al mundo. Por qué? Creo que por que tuvo la decisión y el amor de hacerlo. Veo, pues, a un hombre valiente, decidido, independientemente de su condición divina.

-Alguien más?

-Yo, dijo Sonia. Es verdad lo que dice respecto a cómo le reclamamos a Dios. Si nos da, bendito Seas! Si no nos da, luego luego viene a nuestro pensamiento aquello de: No que Dios es bueno? No que todos somos hijos de Dios? Creo que Jesús lo que quiso decirnos es que, como hombre que sufría lo mismo que nosotros, podía comprender lo que se siente ante la envidia, el rencor, los celos, en fin, ante esas debilidades como Usted dijo del hombre como tal. Pero... porqué Jesús debió venir como hombre? En el catecismo nos decían solamente que “para salvarnos”...

-Anda... exclamó ahora bromista Julián dirigiéndose a Ricardo... échate ese trompo a la uña!

Ricardo, sin embargo, no se turbó.

-Miren... tratar de analizar el porqué es meternos en el aspecto divino y eso es materia de una charla posterior. No me niego a responder, pero será a su tiempo. Ahora estamos viendo a Jesús el hombre histórico.

Rafael intervino para salvar a su amigo.

-Pues mientras preparas la respuesta y entramos en la próxima charla... yo me voy a dormir porque ya hace sueño...

Norma soltó la carcajada y Julián aplaudió estruendosamente, siguiéndole los demás...

-Ese fue un buen capotazo, dijo sonriendo Gerardo.

-Pues señores, buenas noches antes de que me metan en otro aprieto... vamos... sáquense todos! Aquí se rompió una taza... y cada quien para su casa...

 

Ricardo había solicitado a Julián le auxiliase en la difícil tarea de explicar, sin caer en la cantaleta catequista de que Jesús vino a salvarnos, con palabras fáciles y llanas, porqué Jesús había venido al mundo.

Al terminar el desayuno, el sacerdote le llevó del brazo al estudio. Sobre el escritorio había un paquete.

-Mi querido Ricardo, me pides consejo y consejo te doy, pero no quiero influir en tu forma de explicar las cosas. La mejor forma de explicar algo es conocerlo; tú mismo lo has dicho. Este es un pequeño regalo para ti.

Ricardo abrió el paquete y se encontró con otros libros de la biblioteca del religioso.

-Caray Julián, me sorprendes! Primero, te agradezco el obsequio porque sé lo que vale para ti, y segundo... eres adivino?

-No, simplemente sabía que llegaríamos a esta etapa y mandé por los libros hace unos días. Por cierto, mi hermana Lucía les manda muchos saludos.

-Pues nuevamente te digo que me sorprendes...

Discretamente Julián se retiró para dejar solo a Ricardo, que se enfrascó inmediatamente en la lectura.

Norma, sabedora de que cuando Ricardo se encerraba a leer se olvidaba de todo, dejó calladamente un par de emparedados y café en la mesita de un lado y no le llamó a comer.

El escritor sólo dejó la lectura cuando llegó Rafael a quien saludó sorprendido.

-Hola mi querido arquitecto... qué haces a estas horas por aquí?

-Huyyy... pues en verdad que te sumes en la lectura mi estimado amigo. Ya son las seis y media de la tarde. No tardan en llegar los muchachos y los amigos.

-No me digas...! Jesús, cómo se me fue el tiempo!

 

-Estimados asistentes, bienvenidos sean todos ustedes...

-Anda... exclamó Carlos festivo... el viejito tiene la respuesta!

-Por eso lo solemne? preguntó Silvia.

-Claro! si de que se la saca...se alegra!

-Carlos! reclamó Sonia.

-Por cierto, indicó Ricardo, no veo a Alfonso... ya se desanimó? preguntó dirigiéndose a Gustavo.

-Que yo sepa, no... contestó este.

-Nada de rajarse.... ya estoy aquí! aclaró de inmediato el aludido entrando a la sala.

-Bien, entonces, empecemos. Sonia hizo una pregunta ayer. Hablemos sobre el tema, aunque debo aclarar que esto debiera esperar para el final, cuando hagamos un resumen de todo lo platicado, pero... en fin... sea un paréntesis aclaratorio.

¿Por qué Jesús, el Señor Dios omnipotente, que se sienta a la diestra del Padre, creador de mundos sin fin, legislador y juez, condescendió venir a la tierra para nacer en un establo, vivir la mayor parte de su existencia terrenal en la obscuridad, caminar por los polvorientos senderos de Judea proclamando un mensaje al que violentamente muchos se oponían, para ser al final traicionado por uno de sus allegados más íntimos, y morir entre dos malhechores en la sombría colina del Gólgota?

Algunos autores han dicho que, cualquier hombre -divino o no- que estuviese decidido a hacer esto, definitivamente debió estar loco, o desorientado, o es un superhombre, un soñador o un visionario. Todo esto puede ser cierto. Pero yo creo que Jesús era un hombre que sabía lo que hacía.

Antes que nada, Jesús vino a la tierra como el Salvador expiatorio que murió para que todos pudiesen tener paz en este mundo y la vida eterna en el mundo venidero. Sin embargo, vino también por otra razón: para servir como ejemplo para todos del potencial divino del hombre, la norma mediante la cual debemos medir nuestra vida. Aquel que proclamó Su divinidad a la mujer samaritana en el pozo de Jacob nos exhorta a ser “aun como yo soy”, a ser perfectos “como yo, o como vuestro Padre que está en los cielos y es perfecto”. Desde lo más hondo de esa inefable perfección, El nos hace el llamado de cuidar a los enfermos, a los pobres, a los afligidos, a orar y a sentir compasión hacia todos los hijos de Dios, porque “Dios no hace excepción de personas”. Para El no hay barreras de raza, género ni idioma. Según explicó Nefi: “a nadie de los que a El vienen desecha, sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o mujeres; y se acuerda de los paganos; y todos son iguales ante Dios”.

Jesús, el Maestro Supremo, a menudo enseñaba verdades eternas que extraía de las experiencias comunes de la vida. Una de esas lecciones tiene que ver con la necesidad que tenemos de dar con espíritu de sacrificio y con la verdadera intención de bendecir a los que sean menos afortunados que nosotros. Lucas anotó en el registro que cuando Jesús se sentó en el templo, observaba a los que ponían sus ofrendas en el arca de las ofrendas. Algunos depositaban su obsequio con actitud piadosa y sinceridad de propósito, pero otros, aunque daban grandes sumas de plata y oro, lo hacían de manera ostentosa, principalmente para ser vistos por los hombres.

El vino, más que nada, para enseñarnos a ser nosotros mismos. A dar, más que a recibir; a querer más que ser amados; a respetar más que ser respetados. Pero, para esto, nos vino a enseñar a ser firmes ante nuestro ideales, nuestras creencias, nuestros principios.

Jesús no dudo un instante en enfrentarse a todos y a todo lo que se oponía a la verdad... esa gran verdad que conoceremos poco a poco.

Jesús quebrantó la ley religiosa de su pueblo repetidas veces: al tocar a los leprosos, al curar intencionadamente en sábado, al tocar los cadáveres. Permitió que su comunidad de discípulos quebrantase la ley religiosa y defendió a sus discípulos cuando se comportaron de esa manera al comer con pecadores y descreídos, al no practicar el ayuno en los días fijados en la ley, al hacer lo que estaba expresamente prohibido en sábado, al no observar las leyes sobre la pureza ritual.

Anuló la ley religiosa, es decir, la dejó sin efecto y, lo que es más importante, hizo que la violación de la ley produjera el efecto contrario, por ejemplo al tocar a los leprosos, enfermos y cadáveres. Es llamativo, en este sentido, la utilización del verbo “tocar” (áptomai) en los evangelios. Las curaciones que hace Jesús se producen “tocando”. Ahora bien, en todos estos casos, en lugar de producirse la impureza que preveía la ley, lo que sucede es que el contacto con Jesús produce salud, vida y salvación. Jesús corrigió la ley e incluso se pronunció expresamente en contra de ella en más de una ocasión al declarar puros todos los alimentos, y cuando anuló de manera terminante la legislación de Moisés sobre el privilegio que tenía el varón para separarse de la mujer.

Como se ve, la lista de hechos contra la ley resulta impresionante. Pero todavía, sobre estos hechos, hay que advertir dos cosas. En primer lugar, atención, en la religión judía del tiempo de Jesús había dos clases de ley: por una parte estaba la Torá, que era la ley escrita, es decir, la ley que propiamente había sido dada por Dios; por otra parte, estaba la hallachach, que era la interpretación oral que los letrados (escribas y teólogos de aquel tiempo) daban de la Torá. Pues bien, estando así las cosas, es importante saber que Jesús no sólo quebrantó la hallachach, sino incluso la misma Torá, es decir, la ley religiosa en su sentido más fuerte, la ley dada por Dios. Así cuando Jesús toca al leproso, se opone directamente a lo mandado por Dios en la ley de Moisés; cuando permite que sus discípulos arranquen espigas en sábado y justifica esa conducta, se opone igualmente a la ley mosaica; lo mismo hay que decir cuando vemos que toca a los enfermos y sobre todo a los cadáveres; más claramente aún cuando declara puros todos los alimentos, y expresamente contradice a Moisés cuando anula la legislación sobre el divorcio. En todos estos casos, Jesús se pronuncia y actúa contra la ley en su sentido más fuerte, llegando a afirmar algo que para la mentalidad judía era asombroso y escandaloso: que no es el hombre para la ley, sino que la ley está sometida al hombre, porque “el sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado: así que el hombre es señor también del sábado”.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que estos actos contra la ley llevaban consigo, muchas veces, la pena de muerte. El caso más claro, en este sentido, es la violación del sábado. El evangelio de Marcos nos cuenta, a este respecto, cómo la primera violación se produce al arrancar espigas en sábado y entonces Jesús es advertido públicamente de su delito. Pues bien, Jesús reincide de manera pública y provocadora, en la misma sinagoga, al curar al hombre del brazo atrofiado. De ahí que el evangelio termina el relato diciendo: “Al salir de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con Jesús”. Jesús ya estaba sentenciado a muerte. Es decir, Jesús ya se había jugado la vida, precisamente por mostrarse soberanamente libre frente a la ley. Además, por si todo esto fuera poco, hay que tener en cuenta que Jesús curaba a la gente preferentemente en sábado. Así se desprende claramente del relato del evangelio de Lucas: cuando Jesús cura en sábado a una mujer encorvada, el jefe de la sinagoga, indignado por aquella violación de la ley, le dijo a la gente: “Hay seis días de trabajo; vengan esos días a que les curen, y no los sábados”. Esto quiere decir que la gente acudía a ser curada por Jesús precisamente los sábados, cuando eso estaba estrictamente prohibido. Había seis días en que se podía hacer eso sin el menor conflicto, pero Jesús prefiere hacerlo precisamente cuando estaba prohibido. Su comportamiento, en este sentido, es claramente provocador. Y lo hace así por una razón muy sencilla: porque de esa manera demuestra su absoluta libertad frente a una ley que era esclavizante para el hombre, en cuanto que recortaba su libertad en muchos aspectos.

La libertad de Jesús frente a la ley contiene para nosotros una enseñanza fundamental: el bien del hombre está antes que toda ley positiva.

Esto es algo que hemos olvidado. Cotidianamente vemos ejemplos de esto. Las leyes del hombre están hechas para hacer a los hombres esclavos de los poderosos. La iglesia no se salva de esta afirmación. Muchos de sus cánones han olvidado ese precepto: La ley se hizo para el hombre y no el hombre para la ley.

Es verdad lo que nos dicen en el catecismo: que Jesús vino a salvarnos, pero principalmente vino a darnos ejemplo. El ejemplo de cómo debe actuar un hombre -o mujer- entero, digno, respetuoso, firme.

La mejor prueba de esto es que aún las más alejadas corrientes religiosas siguen este ejemplo.

Así pues, independientemente de la causa divina de su venida a la tierra, Cristo fue un ejemplo que cambió a la humanidad... pero que hemos olvidado tanto que la degeneración ha hecho estragos en nuestra sociedad mundial.

-Oye... reclamó Alfonso... fíjate lo que estás diciendo! propones tú entonces que nos rebelemos contra la ley, contra las normas establecidas? Si eso no es ser anarquista, no sé qué lo sea! Por lo que dices entonces Jesús fue un delincuente...o no?

-De ninguna manera, porque Cristo no quebrantó las leyes por quebrantarlas... lo que hizo fue venir a implantar las leyes universales que regían a la humanidad misma desde sus principios. El hombre es el que corrompió las leyes y las acomodó a su conveniencia... exactamente como ahora. Lo hizo con tanta sabiduría que resumió -y ya lo había dicho- la ley en una sola palabra: Amor!

Recuerden que dije que el que ama no daña, el que ama no engaña, el que ama no traiciona... los principios son los que cuentan. Tu ardiente defensa a tus propios principios ya es un avance. Ahora lo que tienes que analizar es si tus principios son los correctos. Y me vas a perdonar, pero un político no ama, porque si lo hiciera no hurtaría o recibiría sobornos. Sé, de antemano, que no todos los políticos son así, pero ya es casi una regla...

Veamos, mi querido Alfonso, y no respondas oralmente porque no se trata de exhibirte, pero analiza tú mismo si amas, si no has engañado nunca, si no has traicionado... después, intenta un solo día vivir conforme a los principios que se basan en la bondad, la camaradería, la confianza y todos esos que bien conoces al igual que todos... aunque no los sigamos.

No creo exagerar al decir que Jesús, lo que vino a enseñarnos es... a ser perfectos!

Miren todos, en una hoja de papel escriban dos columnas. En la derecha, anoten los aspectos buenos que creen tener, y en la izquierda todos aquellos que consideren sus defectos. Pero háganlo sinceramente... es para ustedes mismos. No lo muestren a nadie. Luego, traten por unos días de ir borrando, con sus acciones, algunas de las anotaciones de la izquierda y agregar otras a la derecha. Se darán cuenta de dos cosas principalmente: que se sienten más satisfechos con ustedes mismos y... duermen tranquilos.

Es cierto que no somos perfectos. Somos seres con muchos vicios adquiridos al paso del tiempo. Muchos, incluso, que ya ni consideramos vicios o errores, sino como algo natural. Pero... no creen que vale la pena intentar ser mejores? Les recomiendo que, al hacerlo, sea en secreto, para ustedes nada más. Decirlo a alguien lo único que puede traerles es burla o sorna de familiares y amigos.

-A ver... a ver Jefe... eso suena interesante. En verdad nos estás pidiendo que lo hagamos?

-El que quiera hacerlo... que lo haga.

-No es a fuerzas? cuestionó Alfonso.

-Que no...!  contestó Gustavo.

-Entonces... podemos hacerlo sin tener que decirle ni a nuestra propia pareja? agregó Gloria.

-Naturalmente. Será tu propio secreto.

-Me gusta la idea, intervino Jorge. Y... los resultados los vamos a analizar aquí, entre todos?

-No... mi querido amigo, dijo Julián, tú mismo debes observar los cambios, solo, sin decirlo a nadie...

-Claro que aquellos que quieran comentar algo ante los demás pueden hacerlo, señaló Ricardo, pero debe ser de motu propio, y sin presunciones o mentiras... está bien? Está contestada, aunque parcialmente, la pregunta de Sonia?

Prácticamente todos corearon un sí alegre, sincero. Incluso Alfonso levantó presto la mano.

 

La labor de Julián era de gran influencia en los estudios que afinaba Ricardo. Si bien es cierto que se había adentrado en ellos muchos años atrás, era ahora el momento de encontrar ligas, comparaciones, derivados y puntualizar conceptos.

Cotidianamente, escritor y sacerdote dedicaban toda la mañana a la discusión y el análisis usando los sitios más insólitos: el despacho-estudio del escritor, la mesa del café, el rincón aquel bajo la gigantesca ceiba, e incluso los camastros colocados a la orilla de la playa en los que se tendían muy formalmente vestidos, pero descalzos y con los pantalones arremangados.

Algunas personas, que alcanzaban a escuchar el tema de sus discusiones, se apostaban disimuladamente en las cercanías con el fin de seguir la charla. Hubo momentos en que, al darse cuenta, una pequeña muchedumbre les escuchaba atenta. Sí había interés por la religión. La gente seguía creyendo en un Dios... pero....

 

Esa mañana Ricardo había suspendido la reunión con Julián para ir al centro a realizar algunas compras, lo que aprovechó el sacerdote para visitar al Arzobispo y ponerlo al tanto de sus gestiones.

-Buen día Su Eminencia.

-Buen día padre Julián; qué me cuenta de nuestro amigo Ricardo?

-Entusiasmadísimo! Profundizar en el análisis ha ejercido en él una atracción incomparable.

-Ahhhh mi querido hermano... es que no es lo mismo tener sobre la mesa los huevos, la harina, el azúcar glass, y el saborizante... que tener la receta que le permitirá mezclarlos y sacar de ellos un suculento pastel...

-Así es Su Eminencia... por cierto que ya tiene preparado casi en su totalidad el resumen que debe entregar al editor...

-Y?

-Hubo una cosa que me llamó mucho la atención...

-Qué, padre?

-La forma en que divide la vida de Jesús... mire, en su planteamiento, para él la vida pública de Cristo se divide en dos etapas: antes y después de la muerte de Juan el Bautista.

-Es decir... considera que la vida pública de Jesús tiene dos etapas definidas...

-Así es...

-Y... usted? cómo lo ve?

-Después de escuchar su análisis... estoy plenamente de acuerdo Su Eminencia....

-Bueno... en realidad rompe con la tradición de darle una continuidad evangélica...

-Pero agrupa las acciones en una forma que cualquiera entiende...

-En sus pláticas caseras... ya llegó a eso?

-No señor... creo que será precisamente la de hoy en la que hablará al respecto.

-Pues no se diga más... tengo ganas de probar ese cafecito que tan bien prepara Doña Norma....

-Está seguro Su Eminencia? No lo espantará su sorpresiva presencia?

-Al contrario! Creo que ese hombre tiene más temple religioso que muchos que yo conozco... vayamos mi querido Julián...

 

Efectivamente, la llegada del prelado causó el asombro de Norma que, de inmediato, llamó a Ricardo. Jazmín, al escuchar la urgencia de la voz de su madre, salió en seguida de su recámara.

-Buenos días Su Eminencia... que gusto verlo de nuevo por esta su casa... dijo el escritor sin salir de su asombro.

-Buenas les dé Dios, replicó el prelado, me he dado la tarde libre para disfrutar otro rato de sus interesantes charlas, agregó como justificación a su presencia.

-Es un honor... creo que ya conoce a mi esposa e hija...

-Así es... Señora... mis respetos... jovencita...

Ambas saludaron atentamente al Arzobispo que, sin esperar invitación, se acomodó en el sillón que le habían asignado la vez anterior.

-Ah caramba... si tenemos de nueva cuenta al Jefe de Jefes, exclamó Carlos al entrar con su natural desfachatez.

-Carlos! reclamó Norma apenada.

-Déjelo... déjelo... que ya conozco a este jovencito... aclaró el prelado. Pues sí, tienes el honor de recibir mi visita... no creo que cualquier muchachito descarriado como tú pueda presumir de estar sentado junto al Arzobispo... agregó con cierta jocosa sorna palpando el asiento que se encontraba a un lado, cosa que Carlos aprovechó de inmediato para acomodarse en él.

Conforme fueron llegando los demás, tras mostrar su cara de extrañeza, saludaban cortésmente al tiempo que se hacían señas con los ojos.

Gustavo y Alfonso tomaron del brazo a Ricardo y le llevaron a la cocina.

-Oye! Qué demonios hace ese señor aquí? cuestionó Alfonso.

-Nada... asistir a nuestra charla... dijo con un dejo de presunción Ricardo.

-Vaya pues...! dijo Gustavo. Luego entonces aquel comentario del otro día era verdad... tienes vara alta con la Mitra!

El escritor rió sinceramente y aclaró:

-Calma señores... calma. La verdad es que viene de espía...

-Cómo que de espía...!?

-La vez pasada vino en plan de supervisor... ahora creo que sólo viene a ratificar que no nos hemos salido del tema...

-Entonces.... él te supervisa?

-Nooo... rió nuevamente Ricardo, es una broma señores, pero... ustedes se sienten incómodos con su presencia?

-Bueno... no en verdad... señaló Alfonso un poco turbado.

-No, de ninguna manera, terció Gustavo engallado, pero no esperábamos encontrarlo aquí...

Julián entró a la cocina y les pidió salir para poder empezar la plática del día. Al salir los amigos, el sacerdote murmuró a Ricardo:

-Habla sobre la división que has hecho de la vida pública de Cristo...

El anfitrión sólo volteó a verlo con cierto asombro. Norma ya le había servido al prelado una humeante taza de café y Carlos le extendió la charola de las galletas.

-Bueno, empezó Ricardo, dado que ya vimos la naturaleza de Jesús desde el punto de vista histórico como hombre, y nos adentramos un poco en la personalidad de sus doce seguidores principales, antes de continuar quisiera dejar en claro algunas cosas.

Primero conocimos a Jesús, el hijo del hombre, el ser humano, desde su nacimiento hasta los trece años; luego, los siguientes 18 años sufre el cambio, durante la etapa de preparación, de hijo del hombre al hombre-divino: Jesús-Cristo. Finalmente, al iniciar su vida pública, los tres años de prédica, llegaremos a conocerlo como el Ser Divino, como el Cristo propiamente dicho.

Son esos tres años, los últimos de su vida, los que ejercen una influencia indiscutible en toda la humanidad y, por ende, es necesario estudiarlos bien, a fondo, para conocerle y entenderle.

Dado que hablaremos sobre algunos aspectos igualmente poco conocidos -pero ciertos- de la vida pública de Cristo, considero imperante dividirla en dos grandes etapas: antes y después de la muerte de Juan el Bautista.

-Sería posible saber por qué hace usted esa división, mi querido amigo? preguntó el Arzobispo.

-Naturalmente, contestó Ricardo no sin cierto temor de incomodar al prelado. Miren, uno de los aspectos poco conocidos, y que explicaremos ampliamente en su momento, es que el anuncio de la muerte de Juan causó una inmensa inquietud entre los judíos. Jesús, temeroso también de que la saña de Herodes se dirigiera en su contra, prácticamente huyó fuera de su alcance. Esa huida causó inicialmente una profunda desilusión no sólo en el propio Jesús sino entre sus seguidores que le abandonaron casi en su totalidad, con excepción de los doce apóstoles. Así pues, la intensa actividad que Jesús había desplegado antes de conocer la muerte de su primo, se vio frenada y cayó en una casi inactividad durante cerca de cinco meses. Sin embargo, es precisamente después de esto que, al diluirse el temor, Jesús es llamado a ser el Rey de los Judíos. El llamado proviene de su pueblo y Jesús no le desoye; reinicia su actividad con más fuerza que nunca, aunque sin la pretensión de ser un rey en la acepción propia de la palabra.

Si esto lo señalo ahora, aunque someramente, es a fin de contestar la pregunta del Señor Arzobispo. Sin embargo, no quisiera adentrarme más en ello hasta su momento para no enredar a mis oyentes. Está Usted de acuerdo Su Eminencia?

-Sea como Usted diga, mi querido amigo, que la observación me agrada.

-Bien. Después del incidente en la sinagoga de Nazaret, recuerden aquello de que nadie es profeta en su tierra, Jesús partió a Cafarnaúm en donde hace contacto con sus primeros apóstoles. Pues bien, es ahora cuando entraremos al análisis del aspecto más importante de Jesús: cuando se convierte en Cristo, cuando despliega su aspecto divino pero... sin abandonar esa gama de sentimientos que le hacen hombre.

A partir de ahora encontraremos a un Jesús que sufre, se acongoja, teme, pero por igual lucha despiadadamente por dar ese ejemplo del que hemos hablado.

Si bien muchos autores utilizan la palabra taumaturgo para describirle en esta etapa, debo recordarles que un taumaturgo es aquel que realiza acciones prodigiosas, milagros pues. De tal suerte que, para un mejor entendimiento, usaremos el calificativo que conocemos mejor: milagroso.

Pero... qué son los milagros? Vale la pena entender primero este concepto. San Agustín define como un milagro a todo aquello que se sale de las leyes normales de la naturaleza; son acordes con su definición Alberto Magno y Santo Tomás de Aquino. Según Benedetto Croce, es el producto de la ignorancia que se proyecta en una realidad metafísica, inconcebible y absurda. Dos puntos de vista opuestos, claro. Debemos aceptar que todas las religiones antiguas, incluyendo las paganas, daban fe de eventos extraordinarios atribuidos a sus distintas divinidades. Muchos santuarios de la Grecia antigua se encontraban cerca de fuentes sagradas a las que les atribuían propiedades milagrosas como a las de Lourdes.

Hasta ahora, la crítica liberal y la racionalista, cuenta Craveri, se han esforzado por explicar los milagros tildándoles de invenciones de los cuatro evangelistas. El sabio alemán A. Von Hernak ha hecho de los milagros una minuciosa clasificación. Pero han llegado a resultados mas bien ridículos.

Cómo es posible suponer -y sigo refiriendo a Craveri- que el descendimiento del Espíritu Santo fuera en realidad un relámpago o un rayo de sol que apareciera entre dos nubes?  El mismo Harnak, al final de su investigación, se ve obligado a dejar cierto número de hechos prodigiosos que no entran en las categorías establecidas por él y que simplemente califica como “imposibles de explicar”.

Al respecto, otra de las grandes sorpresas brindadas por los documentos recién encontrados, tanto en Nag Hammadi como en Qumram, es que también los otros evangelios hablan de las curaciones y los portentos milagrosos de Jesús.

Es en este punto en el que choca el racionalismo propio del hombre con la realidad divina. Pero, como paradoja, déjenme decirles que hacemos lo mismo con muchas situaciones de la vida cotidiana. Llegamos a ser a tal grado incrédulos que hasta una gracejada al respecto manejan los médicos: si sanó... fue Dios; si murió... fue el doctor! ustedes deben haberla oído alguna vez en su vida y, si bien en este caso es el honor y el esfuerzo del médico el que se defiende, ejemplifica igualmente la fe en Dios. Si nos da... existe! Si no...

Ahora bien, vamos a dejar de lado si un milagro es cuestión divina o simple manifestación antinatural. Vamos a aceptar que la historia nos cuenta que en otras épocas y en otras religiones otros dioses también obraron milagros. Pero... y aquí recurro a esa expresión que tanto hemos repetido... quién de ellos logró hacer cambiar a la humanidad en menos de mil días? Esa conjunción que se da entre el hombre maravilloso y sus manifestaciones milagrosas es la que importa, la que nos debe importar al entrar a la siguiente fase de la vida de Cristo.  Hemos visto a David Copperfield, el mago, realizar prodigios en la televisión... vamos... hasta desaparecer a un elefante! pero eso no significa ni que es un milagro, ni que es Dios. Sin embargo, y aún aceptando el argumento de los racionalistas de que es la fe, cuántos millones de seres humanos han sido beneficiados por un milagro de Dios en su vida? Incluso aquí, en esta sala, alguno de ustedes podría negar algún hecho prodigioso recibido? Creo que ninguno...

Decimos entre nosotros, cuando alguien hace algo especial: hummm yo lo hubiera hecho si... cierto, quizá... pero no lo hicimos! Así fue Cristo! Un hombre -de procedencia divina o no- que hizo lo que otros no hicieron! Quien quiera cuestionar esa divinidad... que lo haga bajo su propio riesgo... no importa. Pero millones de ellos, a las puertas de la muerte... siempre invocan a Dios!

Un amigo, que siempre está renegando, me decía algún día: mira, no te hagas bolas... quítale a Jesús lo divino, quítale sus milagros, y qué te queda? un simple hombre...! Es verdad! Pero cómo se le pueden quitar a Cristo estos atributos?

Si un milagro es algo excepcional, sea! Pero si un hombre excepcional realiza obras excepcionales que trascienden más allá de los siglos... qué nos permite dudar de esa excepcionalidad?

El primer período de actividad de Jesús en Cafarnaúm y sus alrededores está, precisamente, plagada de curaciones y otras intervenciones similares. A medida que crece la fe en El, demuestra mayores poderes. Quizá exista un grado de mitificación en algunos de los relatos evangélicos -debemos recordar la forma de pensar de aquella época- pero la coincidencia que se da en los diversos documentos aparecidos, incluyendo algunos de grandes personajes históricos e historiadores que no eran sus seguidores, como Flavio Josefo o Tácito, nos da una verdad histórica irrefutable.

Una parte importante en la aceptación que Jesús encontró fue por la abundancia de milagros que hacía. Rodea su predicación del reino de muchas curaciones y expulsiones de demonios. Los milagros son el lenguaje de Dios. La naturaleza misma habla de la gloria de Dios. Para los ojos despiertos, que no están nublados por la rutina, toda la creación es un canto de alabanza al Creador que pregona: Él nos ha hecho. La belleza del mundo es palabra hermosa que habla de Dios. Todo habla de Dios y de su esplendor. Pero el milagro tiene un lenguaje especial. Es el lenguaje privado de Dios. Sólo El puede emitir una palabra que vaya más allá de los límites que ha querido establecer en la naturaleza. Los milagros hablan del amor omnipotente del eterno. Y Dios habla en Jesús con tantos milagros que, al cabo de los tres años, casi se acostumbran a esa grandeza.

-Y entonces... preguntó Alfonso, cómo podemos distinguir los hechos extraordinarios atribuidos a otros dioses de los milagros de Jesús? No son acaso iguales?

Ricardo miró franca y abiertamente al arzobispo. Sabía que era una pregunta difícil de contestar. El prelado simplemente le sostuvo la mirada y esbozó una ligera sonrisa apenas perceptible. Su semblante no era de burla o de reto, sino de aprobación. Silente, le decía con la mirada que contestara sin temor.

-Hay millones de sucesos en la vida que no podríamos distinguir a priori. Es decir, cosas que hacemos, decimos o suceden que son muy similares, pero difieren entre sí de algo que es difícil explicar. Así es con esos hechos prodigiosos. Las concepciones encontradas de los diversos autores también las han analizado y entran en controversia.

Sin embargo, analizar la certeza de un hecho como milagroso, atribuido a alguien en la historia, sería materia de otro estudio muy profundo que, sin embargo, podríamos hacer en otro momento y bajo ese rubro. Pero... y esto es lo importante dado que estamos en el tema de Jesús, sí podemos analizar algunos de los suyos.

Por ejemplo, algunos autores de la época moderna, ahora que se conoce mucho sobre la psiquiatría, afirman que algunos casos de endemoniados liberados por Cristo no pasaban de ser problemas psicológicos que tienen cura a través de una bien aplicada terapia. Claro que a quien maneja este argumento se le olvida decir que una terapia lleva meses, en tanto que Jesús sanaba al enfermo de este supuesto mal con sólo ordenárselo, tocarle o, incluso, sin saberlo. Es el caso de aquella mujer que no pudiendo pasar por la multitud para pedir su gracia, sólo alcanzó a tocar el manto de Jesús que “al sentir como si una descarga de energía abandonara su cuerpo, preguntó de inmediato quién le había tocado”. Sus discípulos, asombrados por la pregunta se decían que entre una muchedumbre tal cualquiera habría podido tocarle. Pero la mujer aquella, apenada, reconoció haber sido ella. Jesús le dijo entonces: Ve con Dios... tu fe te ha salvado!

Y ya que tocamos esa respuesta, “tu fe te ha salvado”, debemos mencionar que otro de los argumentos manejados por algunos autores es que la realidad de los milagros de Cristo estaban basados en la fe, y que la curación vino por la misma fe, es decir, por el intenso deseo del enfermo por curarse. Mas, contra esto, está el ejemplo del sirviente del capitán.

-Nos podrías contar con mayor precisión esos casos? Recuerda que si bien muchos somos católicos, algunos lo somos sólo de dicho y ni siquiera conocemos esos pasajes... dijo medio apenado Rafael.

-Claro. Lucas, Juan y Mateo cuentan que Jesús entró en Cafarnaúm y se le presentó un capitán -no aclaran si romano o judío y Juan dice que era un funcionario- para suplicarle que sanara a su hijo que estaba en cama totalmente paralizado y sufría terriblemente. Cuando Jesús le contestó que iría, el militar le dijo: “Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Di una palabra solamente y mi hijo sanará”. Jesús se maravilló al oírlo y dijo a los que le seguían: “En verdad no he encontrado fe tan grande en el pueblo de Israel...”. En seguida dijo al capitán: “Puedes irte, y que te suceda lo que creíste”. Y en aquella hora el muchacho quedó sano. Que una persona sane por su propia fe, quizá lo podamos aceptar, pero que sane por sí misma mediante la fe de otra... como que es de dudarse, no creen? Así es que aquí la intervención de la bondad divina de Jesús estuvo definitivamente de manifiesto.

Me pide Rafael, y considero que es un muy interno deseo de muchos de ustedes que me refiera a los hechos narrándolos; pues bien, entonces alargaremos la charla contando los milagros más relevantes realizados por Cristo y analizando los argumentos que sobre estos existan. Creo que hoy nos saltamos un poco debido a la solicitud de Su Eminencia, pero mañana retornaremos al principio. Hablaremos de la primera parte de la vida pública de Jesús y seguiremos el orden evangélico, pero respetando la división que hice pues es sumamente importante para entender el gran final.

-Sí... sí... asintió Gustavo. La verdad es que tiene razón Rafael. Muchos nos decimos católicos, pero poco conocemos de la Biblia. Acaso algunos pasajes de los más importantes o repetidos, pero... no está de más que nos cuentes como dicen, con lujo de detalles, esos pasajes de que hablas o vas a hablar.

-Sobre todo para ti, viejo zorro, que como analista eres de lo mejorcito que conozco en materia de política... señaló Ricardo como queriendo identificarlo ante el prelado.

-Así es que usted es político? cuestionó el arzobispo.

-Y de la vieja guardia, afirmó Alfonso en defensa de su amigo.

-Y usted?

-Bueno... yo soy un librepensador, si a usted no le incomoda, y si asisto a estas charlas es porque me invitaron y me interesa conocer un poco más de la religión...

-Así es que un librepensador...

-Sí señor... y no me avergüenza decirlo...

-No... ni lo espero... pero no deja de llamarme la atención... y ya que estamos en esto, qué piensa usted de la iglesia?

Todos se quedaron fríos. Aunque la mayoría no conocía bien a Alfonso, ya Ricardo les había comentado más o menos su forma de pensar. Julián sintió que le sudaban las manos, y Rafael sonrió enigmáticamente. Ricardo quiso intervenir...

-Su Eminencia...

-No Ricardo... permíteme... que el señor conozca mi forma de pensar.

-Por favor... autorizó el prelado.

-Considero, desde mi muy personal forma de pensar, que la iglesia -siempre como institución- es el poder de hecho por antonomasia. Un organismo oscuro, complejo, inquietante, inexpugnable, contraventor descarado de sus propios dogmas, reaccionario de acuerdo con sus propias necesidades y que lleva cientos de años permitiéndose la libertad que le otorga su patente de corso de insultar la inteligencia humana, cuando no de manipularla con el más sublime de los cinismos.

Todos se sumieron en sus asientos. Ricardo estaba demudado, pero la curiosidad de ver la reacción del prelado le mantuvo atento.

-Sin embargo, creo también que todo ello es fruto del simple y elemental hecho de estar compuesta y dirigida por hombres en cuya intimidad se gestan idénticas debilidades y flaquezas que en los demás seres humanos. Hombres asequibles a la ambición, al protagonismo personal y político, al egocentrismo, a la erótica del poder, a la melodía financiera, a todas esas lindezas que cautivan a los hombres sean de sotana o pantalones.

-Y... si es así... porqué realmente está aquí?

-En primer lugar, porque me interesa saber más de todo aquello que tiene que ver con la humanidad; en segundo, porque me comentaron que Ricardo hablaba de una apertura de la iglesia, y quiero saber cómo es esto y en qué forma se da esa apertura; finalmente, porque reconozco que hay cosas que no tienen explicación, como la fe del hombre, su afán de buscar siempre un protector, un todopoderoso que le cuide, una religión que le ampare y frene. Ser librepensador no es ser ateo... es ser un buscador de la verdad... y si la verdad está aquí... quiero conocerla...

-Vaya! Pues sí que es usted una joyita! Espero, sinceramente, que las charlas de Ricardo le lleven ese conocimiento que tanto busca. Y... sin entrar en debate, debo reconocer yo también que lo que dice tiene mucho de verdad... pero igualmente existen otras verdades que deben ser escuchadas. Dentro de la iglesia hay de todo, como en botica, malos, buenos, y peores... pero también hay hombres santos que luchan por su fe con honestidad, con dedicación y por vocación. Si bien se puede calificar a la iglesia como una institución del tipo que usted señala, no difiere en mucho de los gobiernos, por ejemplo, en los que hay igualmente corruptos y degenerados, pero también héroes y patriotas. Es la raza humana, mi querido amigo, la que marca la bondad o degradación de una institución, pero no debemos generalizar. Eso es lo importante. Respeto su forma de pensar, pero a manera de revancha déjeme decirle que los que se dicen librepensadores en realidad son acomodaticios que sufren de indolencia, a los que les importa un bledo lo bueno y lo malo. Que tienen argumentos para todo siempre y cuando justifiquen esa indolencia. El libre pensamiento no es un justificante, sino un medio. Sí, un medio para pensar libremente sobre lo que queremos, lo que debemos, y lo que hacemos. La fe es materia aparte. Y si acaso usted, como lo afirma aquí, está interesado en saber, lo que sea, pero en saber... entonces ya no es un librepensador, sino un analista, un investigador. Respeto, repito, su forma de pensar, pero usted tiene mucho potencial como para dejarse llevar sólo por la indolencia. Le importa la humanidad, afirma, entonces... haga algo por ella. Ponga su granito de arena que de grano en grano llena la gallina el buche... y por esta noche está bueno... hay que descansar y, sinceramente, me dio mucho gusto verles, escucharles y conocer a los que no conocía... incluyéndole mi estimado Alfonso. Ya nos tomaremos una tacita de café en otra ocasión. Que pasen ustedes buenas noches y queden en Dios.

Sin decir más, el arzobispo se levantó y extendió la mano a Norma que se despidió en silencio, al igual que los demás.

-Le acompaño... dijo solícito Julián.

-Gracias padre, mejor descanse que buena falta le hace. Ya nos saludaremos otro día.

 

Al momento de cerrarse la puerta tras el prelado, Rafael levantó las manos en señal de calma. Nadie se movió de su lugar.

-Creo que nos acaban de dar una muestra de condescendencia incomparable porque... vaya que si estuviste duro! dijo dirigiéndose a Alfonso.

-Así es... creo que me excedí...

-Pero es bueno, dijo Julián. Al menos ya sabes ahora que no eres precisamente un librepensador.

-Un momento... interrumpió Jazmín que había buscado un diccionario. Librepensador, dijo leyendo, irreligioso. Irreligioso, que no tiene religión; que va contra la religión...

-Es muy importante, intervino Ricardo, que nos demos cuenta de que, en muchas ocasiones, nos identificamos con una corriente, sea cual sea, sin saber a ciencia cierta cuál es la tendencia de esa corriente. Yo puedo afirmar ahora que Alfonso en realidad no es un librepensador, aún cuando se declare como tal. Sí le interesa la religión, por lo que quizá pueda ser un descreído si acaso, pero no un enemigo o contrario a la religión. Le interesa desde el momento en que quiere saber más de ella, pero tiene sus reticencias como muchos, incluso católicos. Ya hemos hablado de ello. Es verdad, la iglesia está formada por hombres y, como institución, tiene todos y cada uno de los defectos de los hombres, pero no debe interesarnos la iglesia como institución que cada quien pagará sus culpas, sino la iglesia como ente religioso, la religión misma pues. Hay un Dios? Por qué? Para qué?

-En verdad tienen razón, dijo todavía apenado Alfonso, sí me interesa la religión... me da vergüenza decirlo, pero creo en un Dios... mas no en ese Dios vengativo, castigante, amenzante en el que creen los curas...

-Momento... reclamó Julián... Dios no es eso. Precisamente Ricardo hablaba de que por eso Jesús contravino las leyes mosaicas, porque si bien eran las leyes divinas, estaban interpretadas por hombres y habían convertido al hombre en esclavo de las leyes, pero no de la voluntad divina. Se presentó a un Dios como tú lo pintas para doblegar a los temerosos a creer, pero ya no son esos tiempos. Son tiempos de creer por convicción, no por temor. Yo te sugiero que no dejes de asistir a las platicas de Ricardo. Verás que no es como piensas.

-Claro que sí... aceptó Alfonso... ahora más que nunca seguiré asistiendo... bueno... si me lo permiten después de lo de hoy...

-Naturalmente... mi querido amigo... naturalmente... respondió Ricardo con una satisfacción muy personal.

 

Durante el desayuno, Ricardo le preguntó a Julián cómo había visto la reunión de la noche anterior.

-Muy buena! Yo creo que ni Alfonso ni el mismo Señor Arzobispo se esperaban una tarde tan caliente!

-Y cómo es que vino a dar aquí Su Eminencia? preguntó incisivamente el escritor.

-Pues nada, que me encontraba saludándole, me cuestionó sobre el nivel que llevaba tu plática y le comenté...

-Ahhh... viejo canijo... entonces tú fuiste el que lo trajo!

-Nooo... te lo aseguro! El se apuntó solito. De repente me dijo: vamos a probar ese rico cafecito de Doña Norma y, cuando me di cuenta, ya estábamos en camino.

-Que casualidad.... pero, volviendo a lo de Alfonso, creo que se molestó tu patrón, no?

-Yo no lo vi molesto... es más... como que se divirtió un poco con la respuesta de Alfonso...

-Tú crees?

-Y si no... te preocupa?

-No, pero recuerda que soy el anfitrión y debo velar porque no se sienta molesto ninguno de mis invitados...

-Ahora soy yo el que dice: que casualidad!

-Pues yo creo que si bien Alfonso empezó muy engallado, terció Norma, ante la respuesta del Señor Arzobispo se le doblaron las piernitas...

Las risas de los tres no se hicieron esperar.

 

Ya entrada la mañana, Ricardo se presentó en la oficina de su editor.

-Hola Ricardo... gusto en verte... ya me traes el resumen?

-Precisamente a eso vengo... ten. Espero que te guste.

Haciendo señas de que el escritor tomara asiento frente al escritorio, Francisco se adentró en la lectura del resumen. Un silencio total dominó el ambiente; el editor no quitaba la vista del texto, mientras que Ricardo se revolvía en el asiento. Media hora después, depositando el manuscrito sobre el escritorio, Francisco dijo abiertamente:

-Me gusta! me gusta la forma en que lo manejas; avientas la baraja para todas partes a fin de defender tus propios principios... es muy atrevido hacerlo pero... me gusta!

-Entonces?

-Adelante mi querido Ricardo! Yo te lo publico... a trabajar!

-Hombre.... gracias... valió la pena la espera!

-La tuya... o la mía? en qué tiempo piensas tenerlo listo?

-No podría decirte... ya sabes que soy lento...

-Pero seguro... agregó el editor.

Se despidieron con la cordialidad de siempre.

 

Al salir de la editorial, Ricardo pasó al café. Aunque era tarde, todavía estaban por ahí algunos de los asiduos asistentes.

-Hola maestro... saludaron con efusividad.

-Buenas jóvenes...

-Oye... intervino uno de ellos, parece que el arzobispo está tomando tu casa ya casi como la suya...

-Bueno... mira que si corren los chismes...

-Que piensas escribir un libro sobre religión, cuestionó otro.

-Así es...

-Como que se aleja un poco de lo tuyo, no? Eres poeta e historiador...

-Por eso mismo, afirmó Gustavo, porque la historia sagrada es eso... historia!

-Pues al que tienes perplejo... por no decir otra palabra, es a Alfonso...

-Mi querido Ricardo, yo sí te deseo la mejor de las suertes con tu libro, exclamó uno de los más viejos. Espero que de algo sirva en este maldito mundo en el que los valores morales se han perdido tan lamentablemente... sobre todo entre nuestra juventud.

-Por eso mismo lo hago, aclaró el escritor. Creo firmemente que nosotros hemos sido los culpables. Ya lo hemos comentado. Nuestra generación es la que vino a dar al traste con la humanidad entera. Fuimos los primeros en proclamar el amor libre, en usar drogas abiertamente y mostrarlo como orgullo; destrozamos descaradamente a la familia, y convertimos a las madres solteras en baluartes de la libertad... una libertad que convertimos en libertinaje. Muchas veces he afirmado que yo, en lo personal, no fui así, pero tengo igual culpa por no haber hecho algo por frenar esa degradación...

Todos se quedaron callados por un momento. El sentimiento de culpa se dejó sentir.

-Es verdad, dijo casi murmurando el viejo, pero todavía es tiempo de hacer algo...

-Sí... yo también creo que hay que hacer algo... dijo otro.

-Pero... cómo...? indagó un tercero.

-Cada quien dentro de sus propios campos de acción, en la medida de sus posibilidades, señaló Ricardo. Empezando por cambiar nosotros mismos, agregó al tiempo que pedía a señas su nota de consumo a la mesera.

Sin decir más, se levantó y haciendo un ademán de despedida se retiró dejando a los comensales viéndose unos a los otros.

 

Gerardo llegó, acompañado de Julián, más temprano que de costumbre.

-Y Ricardo? preguntó Julián tras saludar a Norma.

-Está durmiendo, ya sabes que su siesta no la perdona excepto cuando está leyendo algo...

-Pues háblale porque le traigo una noticia bomba... vale la pena despertarlo...

Norma entró a la recámara y unos segundos después salía el escritor con una sonrisa de oreja a oreja.

-El que tiene una noticia bomba soy yo, dijo de inmediato. Fíjate que mi editor está entusiasmado con publicar la obra. Ya le dio el visto bueno y me ordenó ponerme a trabajar...

-Pues felicidades! en verdad que es una muy buena noticia! Sin embargo... a ver qué opinas de la que yo traigo...

-Y...?

-Pues que aquí Gerardo me ha pedido correr los trámites para entrar a los cursos del seminario, y con gusto le extenderé una muy amplia recomendación...

-Vaya sorpresa! Y se puede saber cómo es que tomaste esa determinación?

-Y tú lo preguntas? Mira nada más que tipo tan cínico, exclamó Gerardo. Tú tienes la culpa! Tus charlas me hicieron ver el camino... pero... no te sientas ni bien, ni mal. También tuvieron que ver los cursillos esos a los que asistí en México.

-Y estás seguro de lo que quieres?

-Bueno... seguro, seguro... no todavía... pero hay un curso preparatorio que me permitirá saber si en verdad tengo vocación...

-Hummm viejo malilla, dijo Ricardo dirigiéndose a Julián, se me hace que tú tienes que ver en esto más que mis pláticas...

-Bueno... yo sólo abro los ojos... y como dijo el Señor: quien tiene ojos... que vea! contestó con su característica sorna.

 

Cuando llegaron los demás, la mesa ya estaba engalanada con un gran pastel y varias botellas de sidra y vino tinto.

-Ah carajo... espetó Carlos, y esto? a qué se debe?

-Tú pasa, que ya les diremos el motivo de la celebración, contestó Norma.

Conforme arribaron los demás, las preguntas se repetían. Ricardo, cuando lo consideró pertinente, llamó la atención y dijo:

-Esta noche es una noche muy especial. Quiero tener el honor de comunicarles a Ustedes que Gerardo, patrocinado por el padre Julián, ha decidido entrar al seminario!

Las exclamaciones no se hicieron esperar. Todos aplaudieron con sinceridad y abrazaron al futuro sacerdote.

-Oye, urgió entre broma y serio Rafael, pero cómo es posible? si este hombre, por que ya no se cuece al primer hervor, ha sido ateo, descreído, pecador y quién sabe cuantas lindezas más...

-Recuerden que San Pablo, antes de convertirse, no sólo fue un ateo, sino un furioso perseguidor de los cristianos... aclaró el escritor. Es mejor un religioso por convicción que por inducción. Dios quiera que Gerardo en realidad honre esta mesa como la han honrado Julián y Narciso. Así es que, esta noche, señores, es de festejo! Carlos... tú encárgate de la música. Los demás... a disfrutar y celebrar al festejado.

-Sea!, contestó el aludido.

-Nosotros vamos a darle algunos malos consejos a este muchachito que se nos quiere descarriar, dijo Gustavo tomando a Gerardo de un brazo mientras Alfonso le aprisionaba el otro.

-Ahhh nooo... reclamó Julián al tiempo que les seguía tomándole de la cintura.

Los mayores tomaron asiento alrededor de la mesa. Y, mientras Norma les servía una buena rebanada de pastel y sus respectivos cafés, la charla se centró sobre el tema de la noche.

-Gerardo, ya en serio, por qué esa decisión? cuestionó Gustavo.

-Bueno... la verdad es que, cuando era niño, mi abuela me hablaba mucho sobre Dios, los ángeles, los santos... pero también sobre el demonio! Y así crecí, entre lo malo y lo bueno. Pero, conforme fui creciendo, las dudas también aumentaron. Hubo una frase de Alfonso ayer que me cimbró todito: el Dios vengativo, castigante, amenazante en el que creen los curas... y mi abuela! Yo también crecí con la idea del Dios que castiga a la menor distracción, que amenaza constantemente, que nos obliga a creer en El sin más taxativa que su palabra... o la palabra del catecismo. Y me preguntaba muchas veces: Ese puede ser Dios? Poco a poco me fui alejando de la religión, sin dejar de creer en la existencia de un Dios, hasta que llegué a pensar que todo eran puros cuentos. Es cierto que, cuando estaba desesperado por alguna causa, enfermedad, crisis económica, etc., lo primero que me venía a la mente era... Dios! Mi poesía, incluso, manifiesta estos tormentosos momentos de duda.

Como ya lo saben casi todos, durante mi visita a México algo me hizo inscribirme en los cursos bíblicos que les he platicado. Pasaba entonces por una de esas crisis y, quizá por eso, la palabra de esos hombres me llegó muy hondo. De regreso, me topé con que nuestro estimado Ricardo estaba sosteniendo estas charlas y me pareció una casualidad muy especial, así es que me apunté de inmediato para asistir. Cada palabra escuchada aquí me ha abierto el alma, tanto las de Ricardo como las del Padre Julián y las de los demás. Unos cuestionando dudas que yo también tenía, otros aclarando y despejando esas dudas. No crean, si bien no he dicho nada, cada noche era de revolverme en la cama pensando en lo platicado. Pero anoche... algo sucedió anoche, reflejo de la discusión entre Alfonso y el arzobispo... que me decidió a formar parte de esa nueva iglesia, de ese esfuerzo por dilucidar para los demás la verdad divina. Quiero ser parte de ello, quiero abrirle los ojos a otros. No pienso ser santo, no, pero sí parte de esa titánica labor que puede llevarnos a vernos como hermanos. Fue un pensamiento relampagueante, pero tras el cual dormí plácidamente... como tenía mucho tiempo de no hacerlo. Por eso esta mañana esperé a que el padre Julián saliera y le abordé. Muchas también fueron sus preguntas, pero de pronto ya estábamos frente a las puertas del seminario. Dios me ilumine!.

Jazmín, sin que nadie le ordenara, sirvió sendas copas de vino y sidra; Ricardo se limitó a levantar la suya, gesto que los demás imitaron y una exclamación de Salud! rompió el tenso silencio.

La tertulia duró hasta bien entrada la noche.

 

Había Julián salido temprano para ayudar a Gerardo en los trámites de ingreso al seminario. Cerca de las once de la mañana regresó y encontró a Ricardo en su estudio.

-Buenos días...

-Hola... que bueno que vienes. Mira, he estado revisando mis notas y creo que si seguimos los tiempos evangélicos caeremos en lo mismo.

-Cómo en lo mismo?

-Sí... se supone que lo que debo hacer es explicarles, con palabras llanas, el paso de Cristo por la tierra, no? Bueno, agregó sin esperar respuesta, pues si sigo los tiempos evangélicos, es decir la secuencia que tiene la Biblia, no estaré sino repitiendo en gran medida la propia Biblia...

-Entonces?

-Creo que debemos analizar con ellos las cosas desde otro orden...

-No te entiendo...

-Mira... me pidieron que les narrara los hechos, milagros, curaciones, etc. pero considero que narrar cada uno en sí es repetitivo para ellos, puede enredarlos... mientras que si divido lo que es la narrativa de los milagros, agrupándolos y explicando causas, efectos y contextos, podremos avanzar mejor. Luego, entrar a lo que vendría siendo propiamente la filosofía de Jesús; todos aquellos sucesos en que habla... las parábolas, las bienaventuranzas, sus respuestas a los sacerdotes y fariseos, etc. Cómo la ves?

-No es mala idea... y creo que así les da a ellos mismos la oportunidad de hurgar un poco en la Biblia...

-Claro...!

-Pues adelante...

-Mira, aquí hice una serie de anotaciones al respecto; leelas con calma y me dices qué opinas... sí?

El sacerdote no contestó; solamente tomó las hojas que Ricardo le extendía y se sentó a un lado enfrascándose en la lectura.

 

Por la tarde, una vez reunidos todos, el escritor les explicó la forma en que analizarían la vida pública de Jesús.

-Ante la petición que me hicieron de narrar los hechos, quiero comentarles que hacerlo así podría enredar un poco su entendimiento. Así es que estuve proyectando un sistema en el que ustedes también deberán trabajar a partir de ahora.

Hasta este momento, sólo han escuchado. Han participado con una que otra pregunta, sí, pero fuera de esto no han hecho nada más. Ahora, deberán aprender a despejar alguna de esas dudas por sus propios medios...

-Oye Jefe... y cómo lo vamos a hacer si sabes que somos bien nacos en materia de religión... expresó Carlos a guisa de protesta.

-No... no me malinterpreten... no se trata de que trabajen solos. Lo que haremos es analizar la profundidad de esas acciones, y ustedes deberán investigar en las propias escrituras el suceso completo. Si yo les explico primero el porqué de algo, ustedes podrán entender mejor ese algo. Naturalmente que, cuando lo hagan y aún tengan alguna duda, podremos despejarla aquí mismo.

-Francamente no entiendo, dijo Rafael.

-No puedo explicarles el proceso porque sería tanto como hablarles de algo que todavía no saben... prefiero dejar esto como una aclaración del cómo vamos a trabajar de aquí en adelante, y ya serán ustedes mismos los que me dirán si entienden o no... pero necesitamos experimentarlo, no explicarlo. Está bien?

-Lo siento un poco enredado, comentó Silvia, pero usted sabe lo que hace...

-Lo que pretendes hacer es como un análisis político, no? terció Gustavo. No te remites a los detalles, sino a los sucesos en sí... si a alguien le interesa saber más sobre determinado hecho... deberá investigarlo por separado...

-Exactamente...

-Pero sí podremos preguntar? cuestionó Fidel.

-Naturalmente...

-Lo que sea? agregó Jazmín.

-Lo que sea...!

-Pues adelante... y que sea lo que Dios quiera, suspiró Sonia.

-Oye... dijo Alfonso, mencionaste que deberemos investigar en las propias escrituras... eso quiere decir que debemos buscar en la Biblia?

-Así es...

-Pero... si yo ni Biblia tengo... mucho menos sabré cómo buscar...

-No te preocupes, afirmó Julián, por lo pronto yo te regalo una... y te enseño a buscar...

-Y porqué nada más a él... reclamó Norma.

-Bueno... a quien quiera...

-Pues desde ahorita mismo... espetó Carlos, que con eso de que ya vamos a tener tarea... hay que saber... hay que saber...

-Bueno, intervino Ricardo, entonces el día de hoy se lo dejamos al Padre Julián para que les explique cómo usar la Biblia y consultarla... a ver mi querido curita... a la palestra...

-Bien, no hay problema. Sólo que necesitamos una Biblia para cada uno. Sé que tienes varias en el estudio... nos las puedes facilitar en préstamo?

-Claro que sí, dijo Ricardo dirigiéndose a su estudio tras hacer señas a Carlos y a Fidel para que le ayudaran.

En pocos minutos estuvieron de vuelta con los libros en las manos que repartieron a los presentes. Cuando le extendieron una a Alfonso este contestó:

-Gracias, ya el Padre Julián me proporcionó la suya...

-No, te equivocas, aclaró el sacerdote, es tuya... te la regalo.

-Hombre... gracias...

-Y está bendita...

-Para que te saque los demonios... dijo Rafael riendo.

-Bueno, pues empecemos. El libro que ustedes tienen en la mano es conocido como la Biblia. La palabra Biblia viene del griego biblos, que quiere decir libros; así pues, la Biblia contiene los Libros Sagrados de nuestra religión. La Biblia contiene dos partes principales: el Antiguo Testamento, y el Nuevo Testamento.

El Antiguo Testamento, que es la primera parte, contiene los Libros Históricos, los Libros Proféticos, y los Libros de la Sabiduría. Ya en otro momento hablaremos de ellos.

El Nuevo Testamento contiene los cuatro Evangelios, los Hechos de los Apóstoles y las Cartas.

Si ustedes tienen problema en recordar algo de lo que aquí vamos a explicar no tengan temor. En las primeras páginas de la Biblia -por lo general- viene explicado todo esto que les estoy diciendo, es decir, les dice cómo está dividida y cómo se puede consultar.

Ahora bien, cada libro de la Biblia se divide en capítulos y cada capítulo en versículos. Los capítulos son indicados con cifras muy grandes al comienzo de un párrafo, y los versículos con números pequeños al margen. Como casi todos ustedes tienen la Biblia Latinoamericana en las manos, les voy a pedir que la abran en la penúltima página. Ya? Bien, podrán ver que casi al final de la primera columna de la página de la izquierda, precisamente donde comienza el párrafo, hay un número 22... ese es el número el capítulo. Ahora, podrán observar unos números pequeños que están colocados al lado externo de cada columna. Esos son los números de los versículos. Así es que, si estamos en el capítulo 22 y queremos localizar el versículo 6... cuál sería el texto correspondiente?

Carlos de inmediato levantó la mano.

-Después me dijo el ángel...

-Exacto... alguien más quiere decirme cómo empieza el versículo 9?

-Epaleeee, exclamó Alfonso. Aquí está marciana la cosa... el número lo tengo localizado, pero viene a mitad del párrafo...

-Bueno, pues empieza en donde está punto y seguido de esa línea...

-No, ten cuidado, soy un servidor...”

-Correcto...

-A ver, intervino Norma, entonces el versículo 12 sería: Fíjense que vengo pronto...

-Muy bien... ya comprendieron ustedes la forma de localizar el capítulo y el versículo. Ahora, vamos a aprender a localizar el “libro” al que queremos llegar.

Al principio de la Biblia también vienen las abreviaturas que se usan comúnmente. En lo que sería la página 2 viene una serie de columnas bajo el título de Indice General de la Biblia. Ya lo vieron? En la primera columna está el nombre del Libro, en la segunda están las abreviaturas...

Así es que el Evangelio según Mateo, se abrevia Mt. entendido?

-Sí

-Ahora, con calma, me van a buscar la abreviatura de Eclesiastés...

-Ec, dijo de inmediato Rafael

-Y Zacarías?

-Za, Zeta y a... exclamó con cierta alegría Gloria.

-Correcto. Ahora vamos a localizar el libro de Daniel...

-Dn, señaló Jorgito.

-No... dije vamos a localizar el libro de Daniel... no su abreviatura...

-Y cómo demonios lo hacemos? exclamó Carlos.

-Pues abriendo la Biblia y viendo en el extremo superior externo de las páginas... a ver Carlos... abre tu libro en donde caiga...

-Ya...

-Qué dice en las esquinas externas?

-Jeremías...

-Bueno, ya vieron cómo se encuentran los libros... ahora busquen el de Daniel...

Tras unos segundos, Norma dijo con alborozo:

-Ya lo tengo!

-Yo también, agregó Sonia.

-Y yo, dijo Carlos ahora sí complacido.

-Alfonso?

-Ya.... ya lo encontré...

-Bueno, pues ya saben encontrar el nombre de un libro... ahora vamos a buscar una cita bíblica...

-Qué es eso? preguntó extrañada Silvia.

-Una cita bíblica es una anotación que se refiere a Un Libro, Un Capítulo, y Un Versículo determinados... han escuchado a algunos predicadores hablar de Mt 18.2? O se han encontrado en los libritos que dan en misa, en la parte correspondiente a las lecturas del día las anotaciones de Mc 14.13?

-Sí. y siempre me he preguntado qué demonios quiere decir eso... respondió Carlos con su muy característica forma de hablar.

-Bueno, pues simplemente es la referencia que remite al lugar preciso de la Biblia en que se encuentra esa frase o ejemplo. Veamos... localicen Jn 6.59

-Eso quiere decir Juan... es decir, el libro de Juan, capítulo 6 versículo 59?

-Casi... en el caso de Juan, como de los otros evangelistas, no es “el libro de Juan”, sino el Evangelio de Juan. Lo demás es correcto. A buscar...

-Ya encontré algo más, dijo Rafael orgulloso, junto al nombre del libro, en la esquina, viene el capítulo...

-Así es... verdad que es fácil?

-Sí, claro... indicó Sonia... sabiendo... todo es fácil...

-Ya lo encontraron?

Un sí casi unísono salió de las gargantas de todos.

-A ver Jorge... lee el versículo por favor...

-Así habló Jesús en la casa de oración, en Cafarnaúm.

-Perfecto... todos lo tienen en el mismo versículo?

Nuevamente el sí fue general.

-Pues mis queridos amigos... ya saben ustedes usar la Biblia. Todo es cosa de practicar para llegar a tener soltura, y recuerden... si olvidan algo, al principio viene la explicación de cómo usarla.

-Podemos hacer un par de ejercicios más, pidió Alfonso dejando a los demás con cara de asombro.

-Claro que sí.... no sólo dos más, sino todos los que quieran...

Ricardo sacó un pequeño pizarrón que entregó al sacerdote. Julián escribió una serie de citas bíblicas a buscar, y de inmediato todos se abocaron a hojear sus Biblias.

Mientras los demás estaban absortos en la búsqueda, Ricardo comentó con Julián:

-Fíjate que no se me había ocurrido enseñarles a usar la Biblia...

-Todo viene de Dios mi querido amigo... todo viene de Dios...

-Tienes razón... creo que las cosas suceden en el momento en que tienen que suceder...

-Esta es otra de las grandes desgracias de nuestra religión, nadie les enseña a usar la Biblia, a consultarla. Yo, al menos, sí lo hago en mi parroquia... pero mis compañeros no tienen el cuidado de hacerlo... es muy raro el que lo hace...

-Y eso que la Biblia es el libro base de nuestra religión...

-La base fundamental de todo conocimiento religioso...

-Amén de los descubrimientos...

-Claro....claro...

-Bueno, pues el día fue de provecho...

-De bastante provecho... dijo Norma que se había acercado a los dos amigos y dio un discreto beso en la mejilla de su marido.

 

La presencia de Julián en la Mitra era esperada. El secretario pasó de inmediato al sacerdote a la oficina del arzobispo.

-Le esperaba desde hace dos días, dijo muy serio el prelado que, cambiando el gesto por uno pícaro agregó: los dejé temblando verdad?

-Pues... la verdad sí. Pero se recuperaron de inmediato.

-Qué dijo el librepensador?

-Reconoció que se había mandado -como él dice- y se sentía apenado, pero más que nada con Ricardo...

-Bah...! En realidad no me asombró tanto lo que dijo al principio, sino que reconociera su deseo de saber más de la iglesia y de la historia sagrada. Eso, mi querido amigo, indica que las pláticas de Ricardo son de mucha valía... y su libro lo será más...

-Ni dudarlo, afirmó el sacerdote.

-Bueno, pues no me deje abandonada a esa parte de su grey Padre Julián...

-De ninguna manera Su Eminencia, pero... ya que hablamos de grey... cuándo podré reintegrarme a mi parroquia?

-A su tiempo, mi amigo, a su tiempo... ahora es más importante la labor que desempeña con Ricardo.

-Bueno... en realidad creo que...

-Sin dudas, mi querido amigo, sin dudas! Su parroquia no corre riesgo. Usted va a morirse en ella -tal y como lo afirmó usted mismo- pero por ahora debe permanecer junto a nuestro narrador. Recuerde su voto de obediencia...

-Claro, claro... si no pretendo desobedecer sus indicaciones, pero la añoranza me corroe el alma Su Eminencia...

-Dese sus vueltas al pueblo para que la nostalgia no le abrume. Por cierto que le tengo muy buenas noticias del Padre Narciso...

-Sí?

-Se ha ganado a pulso el cariño de sus feligreses, aunque el amor que sienten por Usted no se compara... pero vaya si Narciso ha hecho una muy buena labor pastoral...

-Pues me tranquiliza un poco más su noticia Eminencia.

-Vaya con Dios Padre Julián y no pierda tiempo en solicitar permiso para visitar su parroquia; puede hacerlo en el momento en que le venga en gana... tiene Usted toda mi confianza.

-Gracias Su Eminencia, contestó gozoso el cura.

 

Julián llamó por teléfono a Ricardo y le comentó lo sucedido anunciándole que salía de inmediato a su pueblo.

-Regresaré en un par de días, dijo a modo de consuelo para el escritor.

-Bien, que tengas buen viaje... y salúdame a Narciso.

-De tu parte, naturalmente.

-Oye... y por qué no invitas a tu hermana a pasar unos días con nosotros?

-Sería fabuloso y te agradezco la invitación, pero no sé si ella esté dispuesta a dejar sus deberes... es lo único que le mantiene con vida...

-Pero estaría más cerca de su hermano...

-Le haré la propuesta de tu parte... te llamo luego.

 

Esa tarde, cuando Ricardo comentó con los asistentes la invitación hecha a Lucía, Norma se alegró y les narró a todos cómo era esa santa mujer que había dedicado la vida entera a auxiliar a su hermano.

El resto de la noche se la pasaron haciendo algunos ejercicios de localización y manejo con la Biblia. Fue una jornada corta, pero productiva.

Ya para despedirse, Alfonso insistió en pedirles a todos una disculpa por lo sucedido con al arzobispo. Los demás reiteraron que su presencia no tenía rechazo alguno.

-Mira Alfonso, dijo Ricardo, desde que nos anunciaron que vendrías a las pláticas yo comenté con todos sobre tu forma de pensar. La verdad es que tú nos has sido de provecho a todos. He afirmado y reafirmado que los diferentes puntos de vista en un asunto, sea cual sea, deben ser no sólo aceptados, sino encausados y aún provocados. No puedes tener lucidez en un tema si no contemplas todos los puntos de vista. Si, a la larga, tu opinión, o las de los demás, cambia... algo se ha ganado.

Por otra parte, indagar, investigar, preguntar, opinar, son parte del camino de la sapiencia. Para saber se necesita cuestionar. Si no se hace así, caes precisamente en un dogma, es decir, en que debes creer por el sólo hecho de que se te dice que creas o aceptes ese algo. Y eso no te lleva a ninguna parte, mucho menos en la religión.

Abrir el corazón a nuevos conceptos, a nuevas ideas, a lo desconocido, es aprender. Es aquí en donde entra ese don tan maravilloso que Dios nos dio: la capacidad de raciocinio. Analizar las diferentes vertientes tiene como punto final llegar a la verdad. En todo camino, finalizó diciendo, se encuentran obstáculos; situaciones que no nos gustan o que son contrarias a lo que sabíamos, conocíamos o pensábamos... pero esos obstáculos son, precisamente, los que nos hacen ser más perseverantes en nuestra investigación.

-Gracias Ricardo... gracias.

Todos se despidieron poco a poco. Rafael dio una leve palmada en el hombro a Alfonso y salió de su brazo.

 

Ricardo usó toda la mañana para preparar la nueva estrategia de su plática. Sólo abandono la tarea cuando Norma le llamó a comer.

Por la tarde, tras la llegada de sus escuchas, el escritor dio manos a la obra.

-Bueno, he recapitulado sobre la forma en que veremos la vida pública de Cristo y creo que podemos analizarla empezando por las curaciones.

La primera que se presenta es precisamente durante su disertación en el templo de Cafarnaúm. Ahí casi sucede lo mismo que en Nazaret. Los asistentes, llenos de estupor por sus palabras, que expresaba no como los escribas, eruditos en los textos sagrados, sino como su propio corazón lo inspiraba, estaban a punto de protestar cuando un hombre le gritó: “Qué quieres nazareno? Has venido para nuestra ruina?” Jesús le miró profundamente y contestó: “Cállate!... Y tú, espíritu maligno, sal de él!” El hombre cayó al piso preso de fuertes convulsiones, emitió algunos rugidos y, poco después, se serenó ante la admiración de los presentes.

El propio Pedro llevó a Jesús a su casa para que le curara de las fuertes fiebres que sufría y, poco a poco, las peticiones de curaciones se multiplicaron, recibiendo cada una de ellas pronta respuesta que derivaba en su sanación. Hubo de todo, desde conjuntivitis hasta lepra, pasando por la malaria, disentería, erupciones en la piel, cojera, ceguera absoluta, sarna, viruela etc.

Si bien es cierto que, y debemos recordarlo, los hebreos consideraban que las enfermedades, sobre todo las nerviosas como el histerismo y la epilepsia eran causadas por influencias demoníacas, es decir, espíritus malignos que se apoderaban del los cuerpos humanos y sólo podían ser curados por intervención sobrenatural, no debemos dejar a un lado aquella opinión de muchos autores que aseguran que en realidad eran “terapias o tratamientos” dados por Cristo. Pero... recuerden que también señalamos que una terapia puede llevar semanas e incluso meses para tener resultados.

Ahora bien, este tipo de curaciones, las de resultados inmediatos como las que registra la Biblia, no sólo se encuentran en el Nuevo Testamento, no sólo son atribuibles a Cristo; también en el Viejo Testamento existen registros de curaciones hechas por profetas e incluso sacerdotes del templo.

La influencia sobrenatural, llamémosle divina llanamente, es palpable. Pero para asombro de muchos, después de Cristo, se siguen suscitando.

-Heyyyy... exclamó Carlos, entonces quieres decir que Cristo no era tan excepcional?

-No, de ninguna manera, por el contrario... el que sigan sucediéndose confirma que quienes pretenden detractar la divinidad de Jesús y su intervención en esas curaciones, están equivocados.

-Oye, interrumpió esta vez Alfonso, si se siguen dando entonces quiere decir que hay muchos otros Cristos... no?

-No... no confundan una cosa con la otra. Jesús hizo uso de la intervención divina para realizar sus curaciones... y la heredó sobre todo a sus apóstoles; esa intervención divina no cesó con ellos, a la fecha existe y está en manos de mucha gente pero... debemos recordar que la iglesia también tuvo su época de oscurantismo, como cuando la Santa Inquisición -en todo el mundo y no sólo en México- afirmaba que ese tipo de curaciones eran hechicerías y ateísmos.

-Entonces, comentó Norma, quienes las realizan son hombres santos?

-No precisamente. Hay dos vertientes que debemos analizar. Por un lado, la de las sanaciones realizadas bajo el rito católico... por el otro, las de curanderos, brujos y chamanes... incluidos los charlatanes que pretenden realizarlas.

La misma iglesia católica confiere -hasta la fecha- el poder de exorcizar a algunos de sus sacerdotes. Esta autoridad es el Tercer Grado de las Ordenes Sagradas Menores.

-A la fecha? preguntó extrañado Fidel.

-Sí, aunque ustedes no lo crean. Las llamadas “Jornadas de Sanación” se practican en templos como San Hipólito, en el Centro Histórico de la Ciudad de México,  o los de El Carmen y El Altillo en la misma capital, o los de Santa María de Guadalupe y el de El Espíritu Santo, en Valle de Aragón. El Padre José Pérez Frutz, a cargo todavía en 1993 del templo de Santa María, incluso es autor del libro Jesús El Mesías, editado por Publicaciones Kerigma y avalado por el Arzobispo de Santo Domingo, José de Jesús López, en el que se detallan y documentan 70 casos de sanación atribuidas a la gracia del Espíritu Santo, es decir, a la intervención divina.

Por el lado de los brujos, la antropóloga Barba Ahuactzin de Piña Chan afirma que los ritos de magia y religión tienen un mismo origen y por ende guardan numerosas coincidencias. “Si bien las fuerzas que ambas conjuran tienen diferente calificación moral, e incluso los oficiantes de ambas prácticas no gozan del mismo prestigio social -los sacerdotes de los diversos credos son respetados; en cambio, los magos y hechiceros son temidos- todos ellos tratan por igual de invocar la presencia de seres sobrenaturales para, con su ayuda, modificar la realidad de este mundo mediante fuerzas extrahumanas”.

-Oye, preguntó Rafael, y qué dirían los inquisidores del pasado si vieran a los sacerdotes hacer milagros como santos? No les parecería extraño que la Iglesia incurra en esas prácticas que persiguió con tanto encono durante siglos?

-Te daré la respuesta que da la propia antropóloga a Lucrecia Ferrer, periodista de la revista Contenido: “No, responde, la sociedad recurre a las fuerzas mágicas siempre que la realidad se presenta oscura e indescifrable. Para enfrentarse a tiempos cada vez más ominosos, el hombre de hoy necesita pedir milagros... y la iglesia no lo ignora”.

-Pero, entonces... intervino Norma, no es una herejía? No cae la misma iglesia en una herejía al hacer esto?

-Fue entonces Jesús un hereje? preguntó a su vez Ricardo. No, simplemente debemos ver cómo hizo uso de la intervención divina -la de su Padre y la suya propia- para ejercer ese poder de sanación. Pedir a Dios, con fervor y sinceridad, cualquier cosa, tiene una respuesta... y hay quienes tienen el poder de tener una respuesta a ese llamado, que derraman a otros en su beneficio. Es Dios, nómbrese como se le nombre, Alá, Buda, Ehecatl, Yemanya, el que responde realmente al llamado sincero, a la plegaria ferviente.

-Pero hay muchos charlatanes...

-Claro... y es precisamente el hombre mismo el que debe y puede descubrir quién es quién. Sin embargo y por desgracia, la charlatanería se ha extendido tanto que, por eso mismo, el hombre ya duda de la verdad de una sanación.

Pero... no nos meteremos en mayores detalles que son difíciles de explicar. Concretemos señalando que hay un poder divino -venga de donde quiera el hombre atribuir que viene- que puede intervenir en favor de el mismo hombre y al que sólo debe tenerse fe. Una fe inquebrantable.

Por ahora, dejemos a un lado a brujos y charlatanes, con mis respetos para los primeros y mi condena para los segundos, y veamos las acciones de Cristo en ese medio.

Decía que no todas sus curaciones fueron directas, lo que deja descontrolados a sus investigadores; algunas fueron a distancia e incluso sin saberlo, como los casos que pusimos de el hijo del funcionario y de la señora aquella que tocara su manto. Otra de las ideas que tenía el pueblo hebreo respecto a las enfermedades era que estas eran una forma de impureza contraída por transgredir alguna norma ritual, es decir, por pecar. De ahí que toda enfermedad estaba directamente vinculada al pecado y sanar significaba purificarse. La muerte misma era considerada como el castigo más grande ante el pecado. Esa curación era conseguida, según esas ideas, sólo con el perdón otorgado por Dios. Para la purificación había fórmulas como los conjuros y las plegarias, ritos particulares y ofrendas en el templo. En estos rituales era de suma importancia la intervención de elementos como el aceite, las hierbas, raíces, tierra y.... escuchen bien esto: el agua.

Recuerden que el agua es el símbolo principal -junto con el aceite- en el ritual del bautismo. Incluso, algunas religiones como la islámica, aún ve llegar a miles de peregrinos al Ganges para bañarse en sus aguas buscando la purificación.

Mención especial tiene la saliva, que es bien sabido, científicamente incluso, tiene propiedades desinfectantes. Los animales, por ejemplo, lamen instintivamente sus heridas. Quién de ustedes no tiene un perro en casa que, al notar un herida en la mano del amo, le lame cariñosamente?

-Yo, dijo festiva Jazmín.

-Y yo... dijo asombrado Alfonso. Es cierto... mi perra me lame las heridas...

-Esta actitud y procedimiento ya habían sido reconocidos por médicos griegos y latinos, según afirma el historiador Plinio. Naturalmente que cada quien le daba la aplicación que creía o convenía. Los hebreos, por ejemplo, señalaban que para las enfermedades de los ojos debía recurrirse a la saliva de un primogénito de padre. En el bautismo mismo, el sacerdote moja su dedo con su propia saliva y hace el signo de la cruz sobre las orejas y la boca del bautizado.

En una epístola, atribuida a Santiago, hermano de Jesús, este dice: “Si alguno de vosotros está enfermo, llame al anciano de la iglesia y que este ruegue sobre él, ungiéndolo con aceite en el nombre del Señor, y la plegaria de la fe salvará al enfermo y el Señor lo restablecerá; y si ha cometido pecados, le serán perdonados”.

Todas estas prácticas, apoyadas en la fe, han caído en desuso, pero los teólogos no excluyen que también pueda obrar la curación física.

Por lo pronto, dejaremos la plática ahí y les daré algunos encargos a buscar al respecto.

-Ya viene la tarea, dijo Carlos entre mohíno y festivo.

-Venga... dijo Sonia como para contradecirlo.

-Me van a buscar, y leer naturalmente, la curación del sordomudo y el ciego; la hemorroísa...

-Qué es eso? cuestionó turbado Alfonso.

-Búscala y lo sabrás... también me buscan las curaciones de la hija de Jairo, el leproso y el paralítico.

-Oiga don Ricardo, protestó Silvia, no es eso mucho?

-No, porque van a formar dos equipos de búsqueda. A ver, quienes los forman?

-Yo formo uno con Sonia, Norma, Jazmín, Don Gustavo y Don Rafael, dijo Carlos.

-Yo el otro con Fidel, Silvia, Gloria, Jorgito y Jorge, añadió Alfonso.

-Bien, así estarán parejos...

-Oye, reclamó Rafael, y no nos vas a dar los numeritos esos para localizarlos?

-Esta vez no, sólo les puedo indicar que los encuentran en el Nuevo Testamento, en los evangelios. Así es que... buena suerte y buenas noches señores. Ahhh... y antes de despedirnos quiero decirles que no se trata nada más de encontrarlos y leerlos. Deberán analizarlos, comentarlos y luego presentar aquí sus opiniones... entendido?

-Sea pues, dijo Fidel a manera de despedida.

 

La ausencia de Julián descontrolaba un poco a Ricardo y le hacía extrañarle. Esa mañana, sin embargo, el telefonema del sacerdote indicándole que llegaría al día siguiente acompañado de su hermana le levantó los ánimos.

La llegada de todos y el entusiasmo que mostraban hablando de la localización de su tarea despejó aun más la preocupación del escritor.

-A ver... a ver... con calma! Nombren ustedes a un representante de su propio equipo para que haga uso de la palabra a fin de dar a conocer las localizaciones y luego hacemos una especie de mesa redonda para los comentarios. Les parece?

-Está bien Don Ricardo, dijo Silvia. Nuestro representante es Don Jorge.

-Pues que empiece Jorge...

-Mira, a nosotros nos tocaron las curaciones del paralítico, que encontramos en Mateo 9.18 y Lucas 5.17; la hemorroísa que está en Mateo 9.18, en Marcos 5.21 y en Lucas 8.40; y finalmente la del leproso que localizamos en Marcos 1.40, Lucas 5.12 y Mateo 8.2...

-Y porqué aquí señalan a Mateo al final?

-Te diste cuenta! Pues porque no lo encontramos titulado, pero se hace referencia a ello en Lucas y de ahí nos fuimos a Mateo.

-Bravo! Eso quiere decir que ya saben manejar la Biblia...

-Claro! exclamó Fidel, qué creía usted que no podríamos?

-Yo no creo que no puedan, pero me asombra el que con tan poca práctica ya puedan consultar la Biblia. Felicidades. Y ustedes?

-Nosotros nombramos representante a Doña Norma.

-Nuestro equipo, dijo la aludida, encontró la curación de la hija de Jairo en Mateo 9.18, Marcos 5.21 y Lucas 8.40; la del sordomudo en Marcos 7.31 y la del ciego en Marcos 8.22, pero no pudimos encontrar las dos últimas en los otros evangelios...

-No se preocupen, lo que pasa es que los cuatro evangelios no son precisamente iguales; no hablan de todo lo que hablan los otros, con algunas excepciones. Juan, por ejemplo, le da mucho mayor importancia al mensaje de Jesús. Toca muy de paso algunas de las curaciones, sí, pero la mayor parte de su evangelio es sobre las palabras de Cristo, sobre la buena nueva. Bueno... ahora sí. Veamos qué tanto entendieron o cómo lo analizaron. Quién quiere hacer uso de la palabra en primer lugar?

-Yo, dijo Alfonso. Tengo una duda. Navegando en internet encontré que Jesús obró 40 milagros. Sin embargo, cuando buscábamos lo del leproso, nos encontramos con una cita en Mc 1.32 que dice que le estaban trayendo a todos los enfermos y que Jesús curó a muchos de ellos, lo que supone una cantidad mayor a 40...

-Deben recordar ustedes que, como ya lo señalamos no hace mucho, el número 40 tiene una aplicación de volumen o cantidad. Recuerden que dijimos que es tanto como decir ahora “un resto” o “mucho”...

-O “un friego”.... como también dijimos, exclamó Carlos con aires de sapiente.

-Exactamente. Así es que decir que fueron cuarenta milagros bien puede aplicarse a que fueron muchos, muchos milagros. Porque, naturalmente, si nos ceñimos a las escrituras canónicas -o sea las aceptadas por la Iglesia- contenidas en la Biblia, los simples relatos nos arrojan muchas más curaciones de las 40, como ustedes bien lo notaron.

-Una de las cosas que nosotros encontramos, dijo Sonia, es que en alguna parte dice que Jesús tuvo que salir huyendo...

-Así es, y no una sino dos veces, sin embargo, eso es materia de otra plática posterior en donde analizaremos el parteaguas en su vida pública.

-Bueno, dijo Norma, para empezar descubrimos en la curación de la hija de Jairo que este era un principal, un Jefe de la Sinagoga, lo que suponemos podría ser un sacerdote; además de que no fue propiamente una curación, sino una resucitación, pues en la casa de Jairo ya estaban los tañedores de flautas que entonaban la música fúnebre propia de esos sucesos. Aquí lo curioso es que Jesús les ordenó que no lo contaran a nadie, aunque para nada le hicieron caso. Por qué no quería que lo contaran?

-Debemos recordar que habían detenido a Juan el Bautista y que la situación política no era muy estable que digamos, así es que Jesús obra sus primera curaciones con cierto temor, no de hacerlas, sino de causar alboroto y verse perseguido, tal y como sucedió después. Qué más tienen?

-En el caso del sordomudo, continuó Norma, notamos que la curación que hace Jesús se basa precisamente en la saliva. Le mete al hombre los dedos en las orejas y con saliva le desata la lengua. Aquí se repite la petición de Cristo de que nadie lo sepa, pero también se insiste en que todos lo cuentan y la admiración crecía.

-Bien, veo que han hecho su trabajo; vamos a dejar ahí la información sobre su investigación y a darle la oportunidad al grupo de Jorge.

-Nosotros encontramos, antes que nada, el significado de hemorroísa y que este calificativo se aplica a la mujer que sufre de flujo de sangre íntimo, es decir, vaginal; la mujer, que lo había padecido por doce años, es precisamente esa que, temerosa del rechazo del galileo, toca su túnica desde atrás.

-La curación “sin saber” a que nos referíamos no hace mucho.

-Sí, por otra parte, nos llamó la atención la curación del leproso porque, aunque aquí también le ordena al sanado que no lo cuente, sí le pide que vaya ante el príncipe de los sacerdotes para que haya testimonio...

-Miren, no es nada sorprendente. Jesús quería que los sacerdotes supieran de su poder divino, que tuvieran testimonio de él a fin de contar con su apoyo, apoyo que jamás fue dado más que nada por envidias y porque veían amenazados tanto su autoridad como sus intereses. Lo que El no quería era que se regara entre el pueblo mismo el conocimiento de esos milagros, para evitar las muchedumbres y que estas fuesen a causar víctimas inocentes como sucede en todo amontonamiento.

-Sin embargo, dice al final que Jesús ya no podía entrar a la ciudad, sino que andaba sólo por los alrededores y, a pesar de esto, acudían a El de todas partes.

-Lo que prueba sus temores.

-Bueno, dijo Carlos, una de las cosas que también prueba esto es que no fueron sólo cuarenta milagros... imagínense en esa muchedumbre cuántos fueron sanados.

-Así es. Bueno, se ve que también ustedes hicieron su tarea. Ahora bien, entremos a la sesión de comentarios. Aquí ya no hay equipos, las preguntas serán personales y deben ser de interés de todos. Quién empieza?

-Si me lo permiten, yo quisiera hacer el primer comentario, dijo tímidamente Fidel.

-Adelante...

-Bueno, no sé si estén todos de acuerdo pero... yo veo que Jesús tomaba una fuerza muy importante, una ascendencia entre su pueblo que, aunada a la idea de que era El Mesías, le convertía desde el mismo principio en líder... un líder peligroso tanto para los propios sacerdotes como para los romanos... o no?

-Efectivamente. Me gustaría pedirles que se imaginen las primeras curaciones y el correr del rumor. Si bien muchos, como señala la Biblia, le tachaban de farsante, creo que los más se asombraban y buscaban la forma de verlo. Vamos a trasladarnos a la época moderna. Qué pasa cuando alguien dice que se apareció una imagen en tal o cual parte? La ola de creyentes, incluyendo a muchos curiosos, crece rápidamente. Así pues piensen qué sucedió cuando el pueblo supo que Jesús tenía el poder de curar, de inmediato, e incluso a veces sin El mismo saberlo, con sólo tocar su manto!

Naturalmente que su fama debió extenderse en pocos días o semanas. Además, un rumor de estos no pasa desapercibido para las autoridades. Y si pensamos en que, al menos hasta ahora ya hemos hablado de un Oficial romano, un centurión vamos, y un Jefe de la Sinagoga que habían sido beneficiados con ese poder divino, es prácticamente seguro que la noticia llegó de inmediato tanto a los sacerdotes como a los jerarcas romanos.

De ahí el temor de Jesús de verse perseguido, temor que se agravaría unos meses después cuando se supo que Herodes había ordenado la muerte de Juan el Bautista. Pero vamos muy aprisa. Sigamos con los comentarios.

-Papá... si Jesús tenía temor de que lo persiguieran, por qué entonces hacía milagros? Por qué no nada más les hablaba? Intentaba demostrar su poder? Tenía que hacerlo así a fuerza? comentó Jazmín.

-Creo, y conste que es una opinión muy personal, que debía crear primero una confianza en El. Recuerden que al principio, cuando habla solamente, los mismos asistentes a la sinagoga, es decir, no los sacerdotes sino el pueblo mismo, le recrimina querer hacerse pasar como profeta, sobre todo aquellos que le conocían y que son los que reclaman: cómo es que este, que no es mas que el hijo del carpintero, se atreve a pretender hacernos creer que sabe mucho, que es un profeta o un doctor de la ley.

Sin embargo, cuando sana a los primeros, las dudas sobre su poder, esencia y presencia se quedan sólo en las almas de quienes veían afectados sus intereses.<