DIRECTORIO MUNDIAL DE LITERATURA, HISTORIA, ARTE Y CULTURA          

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DIRECTORIO MUNDIAL DE LITERATURA, HISTORIA, ARTE Y CULTURA

PACO

 

La Academia Latinoamericana de Literatura Moderna
dentro de su Programa de Financiamiento para Escritores Iberoamericano
y con su Programa Editorial Sagitario
presentan
 
Una obra más del Dr. Fco. Xavier Ramírez S.

 

PACO

 

 

Este libro, registrado con el No. 368 dentro del Programa de Financiamiento para Escritores Iberoamericanos, se terminó de imprimir el día 12 de marzo del 2018.

Todos los derechos reservados.

http://www.allimo.org

e-mail: editorialsagitario@hotmail.com

 

 

 

 

A MANERA DE PRESENTACIÓN

 

Cuando conocí a Paco Escudero ya tenía antecedentes de su capacidad como turistero, docente e historiador. Fue una día en que nuestro mutuo amigo, el Lic. José Cedano Galera tomaba posesión como Presidente de la Asociación de Licenciados en Turismo del puerto, y daba a Paco el cargo de Asesor para el período 2009-2011.

No perdí oportunidad y le invité a desayunar para platicar de algunos planes que traía en mente. Diez años antes yo había creado, junto con otros tres soñadores, la Sociedad Académica de Historiadores que, durante ese tiempo, había crecido desmesuradamente a nivel latinoamericano. Manejaba yo, en ese entonces, la Editorial Sagitario que había nacido en 1996, y la Academia Mexicana de Literatura Moderna. Pensé en sumar a Paco a esas hermosas aventuras literarias. No habíamos terminado el desayuno cuando ya había dicho un franco y abierto Sí!

En el 2011, cuando tomo la Presidencia de la Academia Latinoamericana de Literatura Moderna, Paco me substituye en la Mexicana y queda al frente del Capítulo México de la Sociedad Académica de Historiadores.

Sobra decir que durante ese tiempo, anexada Editorial Sagitario a la Academia, Paco vio abierto el camino para la edición de sus libros que, indudablemente, son ya una joya literaria porteña.

Cuando comenté con Paco Escudero las intenciones de escribir su biografía, me preguntó si yo pensaba que sería interesante.

-Tú viviste el desarrollo de Acapulco como destino turístico, fuiste parte de él! Claro que será interesante, y no sólo eso, sino necesario pues eres parte de la historia misma de Acapulco.

-Toda mi vida se desenvolvió alrededor de la industria del turismo y participé en ella en algunos aspectos importantes, señaló con más timidez que humildad, porque debemos reconocer que Paco no tiene nada de humilde y se lo ha ganado a pulso.

-Importantes? –le dije– Fuiste uno de los engranes que dieron a Acapulco la base de su época de oro! Tu participación fue tan importante como la de Beto Barney, el propio Trouyet e incluso Don Miguel Alemán, cada quien en su nivel. ¿No crees que la gente de Acapulco debiera conocerla?

-Bueno -me contestó- la gente de Acapulco no tiene memoria, pronto olvida tanto las cosas buenas como las malas que sucedieron en su historia y por eso vuelve a cometer los mismos errores, por ejemplo: hace algunos años un gobernador del estado eligió a un personaje de la industria turística local como Secretario de Turismo del Estado pensando que, como miembro destacado en el ramo de las discotecas, sería un buen enlace entre el gobierno del estado y la industria turística del puerto.

El problema que no se tomó en cuenta, fue que no era nativo del puerto y desconocía el lenguaje y las necesidades de los prestadores de servicios turísticos, no sabía nada acerca de la promoción de destinos turísticos y fue un fracaso al frente de la SEFOTUR.

Mas tarde, el gobernador reconoció que él tampoco se podía comunicar con el Secretario.

Hoy, ya bien entrados en el Siglo XXI, el presente gobernador elige como Secretario de Turismo del Estado a un hotelero con mucha experiencia en lugares como Tijuana, por ejemplo, pero que no sabe nada de fomento turístico ni de mercadeo de destinos de playa, tampoco habla el idioma de los prestadores de servicios turísticos, y su gestión se basa en enfatizar que la ocupación está mejor que el año pasado.

-Razón de más -contesté- para dar a conocer qué se hizo en  los años de auge turístico, y qué mejor que nos cuentes tus experiencias. Por ejemplo, cuando y donde naciste, quienes fueron tus ancestros y cómo entraste en esa vida compleja y complicada de una industria que, al menos para los mexicanos, comenzó en Acapulco.

-Nací hace muchos años, cuando los niños venían todos de Paris y los traía la cigüeña. El siglo XX era joven y el turismo no venía a Acapulco, llegaba al PARAISO…

 

Más de un año pasó entre la propuesta y el final del proyecto. Muchas cosas pasaban por la mente del popular Paco Escudero que, porque no decirlo, tenía más ocupaciones que cuando trabajaba! Escribía, realizaba las investigaciones que nos encargaban de la Dirección del Museo Histórico de Acapulco Fuerte de San Diego, supervisaba las ediciones de otros colegas, y hasta daba cursos a empleados dedicados al ramo turístico como a los taxistas –solicitado por la Secretaría de Fomento Turístico– o a los meseros, patrocinado por nuestro mutuo amigo Fernando Álvarez, cabeza del Centro Cultural y Gastronómico El Jaguar.

A pesar de que nos veíamos prácticamente a diario, la biografía no avanzaba. Las ocupaciones de ambos, muchas veces incluso mancomunadas, nos absorbían la mayor parte del tiempo.

Un suceso, sin embargo, vino a acelerar el proceso. Una mañana, tras haber notado varios días antes que el alzheimer de Norita, su esposa, se agravaba al grado de dejar abierto el gas de las parrillas de la estufa, decidió no dejarla sola en casa –como era su costumbre– sino llevarla con él a las diligencias que tenía que hacer.

Paco tenía entonces un carrito compacto que cuidaba con afecto y –sobre todo– por prevención, pues vivía en la parte alta de una colina cuya avenida de bajada era muy pronunciada.

Nora y Paco cerraron la casa, abordaron el auto, y casi al principio de esa pendiente… se quedaron sin frenos! El accidente fue muy grave. Fuimos los primeros en enterarnos pues el vecino que llegó a auxiliarles encontró mi número en su teléfono.

Salimos Norma –mi esposa– y yo de inmediato al Hospital Vicente Guerrero, distante a sólo unas cuadras de mi casa y donde habían llevado a la pareja accidentada. La familia de Paco llegó muy poco tiempo después.

Nora sobrevivió sólo esa noche. Paco, tras larga estancia en el nosocomio, regresó a la casa vacía. Requirió muchos meses de cuidados en los que se turnaban sus hijos, sus hermanos y sus amigos… pero salió adelante.

 

Unos días mas tarde, tras haber sido dado de alta finalmente, recibí, muy en su estilo, como relatando un cuento el siguiente texto:

 

SIEMPRE EL PARAISO,

Paris, otoño de 1936

por F. R. “Paco” Escudero.

 

La tarde moría lentamente mientras las sombras de la noche jalaban un manto negro, tachonado de estrellas tratando de cubrir la bóveda celeste sobre  el campo de cigüeñas cercano a la ciudad luz.

De pronto, un timbre repiqueteó insistente, rompiendo la tranquilidad del hangar internacional de pedidos, al tiempo que una parpadeante luz roja indicaba que alguien solicitaba una entrega trasatlántica.

Madeleine, la joven y fuerte cigüeña de ojos azules, se puso de pie de un salto y acudió al mostrador de vuelo, donde el despachador le presentó  un  paquete color azul claro que debería entregar en un barrio llamado Del Rincón que ya los habitantes del lugar comenzaban a llamar Barrio de la Playa, ubicado en el puerto de Acapulco de Juárez, Guerrero, México, puerto que durante más de 250 años había sido el más famoso e importante del orbe, al ser la puerta de entrada al Nuevo Mundo y Europa de las riquezas de oriente que anualmente arribaban en el “Galeón de Manila”, a cambio de toneladas de plata que regresaba a las Filipinas, donde España comerciaba con los países del lejano oriente. Este periplo terminó a principio del Siglo XIX al estallar la guerra de independencia de México.

La noticia emocionó a Madeleine, sin embargo, el famoso puerto estaba en la costa mexicana del Pacífico, situada en el norte de América, precisamente al otro lado del Océano Atlántico, lo que representaba un vuelo extenuante y largo.

Al salir a la pista de despegue que estaba rodeada de humeantes chimeneas cubiertas por nidos provisionales, Madeleine tomó una guía Michelin a efecto de encontrar la ubicación de Acapulco y trazar su plan de vuelo; se posó en una chimenea a estudiar y esperar su hora de partida, mientras se alimentaba con barras especiales de granola y miel, y otros productos que le da-rían la energía para llevar a cabo su delicada misión.

La guía decía que Acapulco significaba en el idioma Nahuatl, Lugar donde fueron destruidos los carrizos y provenía de una romántica y triste historia de amor; que los españoles lo habían descubierto en 1521 bautizando su hermosa bahía como Bahía de Santa Lucía; luego, se había convertido en el centro de navegantes de todo el mundo que salían del puerto a buscar nuevas tierras y conquistas gloriosas que les dieran riquezas y fama.

En 1565, cuando Fray Andrés de Urdaneta arriba a Acapulco, realizando el tan ansiado tornaviaje desde Filipinas, se inició el comercio con oriente que llevó a España a convertirse en uno de los países más ricos y poderosos del mundo.

Acapulco fue también conocido como Ciudad de los Reyes, ya que todos los gravámenes que se originaban en él pertenecían directamente a los reyes de España; por su importancia, tuvo su primer alcalde en 1550 y en 1779 se le concedió el título de Ciudad y Puerto, por decreto del rey Carlos IV.

 

Absorta en la fascinante lectura, Madeleine se sobresaltó al escuchar la voz del controlador de vuelo: ...Madeleine, ¿Lista?... 3… 2… 1. ¡Fuera!

Las enormes alas se abrieron en toda su envergadura, mientras sus potentes y largas piernas la lanzaban hacia arriba; agachó la cabeza para asir con su enorme pico la parte levantada de una sábana blanca que envolvía el paquete.

Sintió el frío sobre el plumaje a medida que ganaba altura, tenía que llegar al nivel de vuelo autorizado por la torre de Le Bourget y tomar rumbo al Oeste, hasta alcanzar las playas de Normandía.

Nueve años antes, un espigado y rubio americano de nombre Charles Lindbergh había cruzado el Atlántico por primera vez en un vuelo sin escalas desde Nueva York hasta París y, a partir de esa hazaña, muchos aparatos hechos por el hombre cruzaban el océano con frecuencia, emulando lo que se dio en llamar El vuelo del Águila solitaria.

Desde entonces, las medidas de seguridad indicaban seguir la ruta de Lindbergh; curiosamente, ella recordó que Lindbergh y su esposa, que era hija del embajador de los EE. UU en México, habían estado de visita en  Acapulco después de una gira de buena voluntad por Latinoamérica en 1927.

 

A la luz de la luna distinguió las playas de Normandía y cambió su rumbo hacia el Noroeste, el brusco movimiento de cabeza le nubló momentáneamente la vista y como un relámpago vio las playas sembradas de cadáveres y muerte, extraña visión que, de momento, no comprendió, pero tal vez era una premonición  de lo que ocurriría ahí, tan sólo nueve años más tarde.

El aire frío del mar del Norte soplaba sobre el Canal de la Mancha mientras en el cielo un océano de cúmulos apareció y sintió una corriente de aire encontrado que la estremeció hasta los huesos, pero sus esbeltas alas resistieron la turbulencia mientras se orientaba por las estrellas y calculó estar como a los 12 grados, por lo que viró franca hacia el Oeste para adentrase en el basto Océano, pese a la nubosidad. Sintió que volaba a alta velocidad y redujo el ángulo de ataque de sus alas, pues no debería ascender demasiado, ya que en las capas superiores de la atmósfera, la temperatura bajaría considerablemente y no deseaba congelarse.

Para el vuelo trasatlántico debería orientarse principalmente por las estrellas y su posición, pero también tenía puntos de referencia visuales como Shannon, al Oeste de Irlanda y Prestwick al Oeste de Escocia, debiendo seguir hasta los 30 grados Oeste y luego, Gonder, en Terranova.

Unas horas después puede distinguir la figura oscura del extremo Oriental de Terranova, mientras la luna bañaba de plata las tranquilas aguas del gran Océano.

Ya es de madrugada cuando pasa por Nueva Escocia y sobrevuela las tierras del cabo Cod, en  la costa de Massachusetts. Después de la costa de Hyannis, cruza por el sur de Boston: a la derecha, aún a esas horas distingue grandes superficies de árboles pintados de oro y carmín, clásicos colores de los árboles de esta región en esta época del año, que le dan una belleza única a las tierras al norte del estado de Nueva York y se extienden hasta el Canadá, que de la hoja de estos árboles (Maple) hizo su escudo nacional.

Cuidadosamente deslizó su preciada carga hacia atrás, con el fin de mantener el equilibrio con un centro de gravedad más adelantado pues su cuerpo había utilizado las reservas de grasa para producir la energía necesaria para el vuelo y, por consecuencia, había perdido peso corporal.

Al ver el estrecho de Long Island pensó que pasaría sobre el punto de despegue de Lindbergh, por lo que pensó en ese momento que ella había realizado el mismo recorrido, pero en dirección contraria y desde luego, sin extraviarse y en mucho menos tiempo ya que muy poca gente sabe que las cigüeñas vuelan a la velocidad del sonido, después de todo, son una leyenda y las leyendas viajan a velocidades insospechadas.

Con el centro de gravedad modificado pudo, con sólo extender las alas, planear en un vuelo sin esfuerzo en una corriente fría que le llevaría en descenso hacia las costas de Florida.

Sobre el litoral de Pensilvania alcanzó a ver la capital de los EE. UU. con su gran Capitolio blanco y espectaculares monumentos. Recordó en ese momento que no debería internarse en el mar, pues aún en esa época existía el peligro de corrientes ciclónicas que provenían del Caribe. Las fuertes plumas de la punta izquierda del ala se movieron ligeramente hacia abajo al tiempo que levantaba ligeramente las de la cola, lo que produjo un banqueo hacia la derecha que la puso de nuevo sobre tierra firme. Pronto pudo distinguir el gran río Missisipi, centro de vida y de comercio de esa región del sur. En contraste, más adelante observó las solitarias planicies de Texas y por fin, hacia el sur, identificó el río Bravo, lo que significaba que estaba llegando a México.

Al adentrarse en territorio mexicano, le sorprendió no sólo lo agreste del paisaje, sino que a su izquierda observaba la sierra madre Oriental en la que se adivinaba vida forestal y animal en abundancia así como ríos, lagunas, etcétera y al entrar en el valle de México lo que vio, casi le quitó la respiración: Una tenue neblina hacía que el valle pareciera de céfiro, ya comenzaba a disiparse al calor de los primeros rayos de sol, pero por encima de todo, la luz ya iluminaba las cumbres siempre nevadas del Popocatepetl (Montaña que humea) y del Ixtaccihuatl (Mujer blanca), que se recortaban contra el alba como dos apariciones que flotaban en el espacio en medio de un profundo silencio, que sólo era roto por el paso del aire entre su plumaje; el momento era tan hermoso y solemne, que dio gracias al cielo por tener la facultad de volar.

Arqueó entonces sus alas bajando más la parte posterior de las plumas, con lo que incrementó el vacío sobre la superficie de aquellas y aumentó la sustentación y su altura se elevó, pero redujo su velocidad al mínimo posible; no supo cuanto tiempo estuvo extasiada contemplando aquella hermosa visión, hasta que la brillante luz del día la hizo reaccionar, bajó la cabeza y encogió un poco las alas con lo que adquirió velocidad y enfiló hacia el sur.

Saliendo del valle de México y cruzando la Sierra Madre del Sur, pudo observar -como un nido de pájaros enclavado en la montaña- un risueño pueblo colonial; Taxco de Alarcón decía la guía, sorprendiéndose al ver a plena luz las torres de Santa Prisca y pensó que ese templo bien podría estar en cualquier parte de Europa.

Conforme bajaba se hacía más penetrante el olor de pinos, cedros y tal vez Lináloes, y pudo también observar extraños arbustos cuyas hojas en los brotes de las puntas, se tornaban rojas por el Invierno ya próximo y recordó que un americano las había descubierto años atrás en las montañas del sur y fueron nombradas en su honor con el nombre de “Poincetias”, pero los indios y los clérigos les llamaban “Flores de Pascua” y con ellas adornaban altares e iglesias durante las fiestas de fin de año.

¡Qué increíble es este país! se dijo, a cada momento le sorprende a uno con bellezas naturales o creadas por el hombre, pero cuando se recorre, está uno en un constante ¡Ah!. No bien lo pensó cuando apareció a sus pies el Río de las Balsas, serpenteando como áurea cinta entre increíbles cañones y montañas. Más al sur, entró en un cañón impresionante en cuyo fondo corría un manso río pero ambos bordes eran altos y cubiertos por unas cactáceas que en esta parte de México llaman “órganos”.

Una incipiente carretera de terracería bordeaba el río y hacia el sur, atravesaba un alto cerro por medio de un túnel. No pudo dejar de observar la riqueza de la vegetación, pues si momentos antes había podido oler el aroma de los pinares, en ese momento se extendía ante ella un mar de distintos y brillantes tonos de verde; al identificar que se trataba de cocoteros, no pudo menos que exclamar: ¡Cocos!, el oro verde del trópico.

De pronto, su corazón casi deja de latir; rodeada de montañas azules, una impresionante bahía ofrecía sus aguas azul turquesa a los tibios rayos del sol, era inmensa, con forma de herradura abierta, la guía Michelín decía que se llamaba Santa Lucía y el pequeño puerto que alojaba en su parte más protegida (era la segunda bahía natural más grande del mundo) se llamaba, Acapulco de Juárez.

Había llegado entonces a su destino, era el 24 de octubre de 1936. Banqueó sus alas para describir un círculo y, a su izquierda, vio impresionantes acantilados a los que se aferraban grandes árboles de Plumería, y buganvillas de colores junto a casitas blancas. Por las terrazas y escaleras comprendió que se trataba de La Quebrada y, más atrás, la casa estilo californiano del Cónsul americano, el viejo Dr. Panburg, donde se hospedó Lindbergh. Viró más cerrada a la izquierda y entró en una pequeña ensenada con una playa al final; en ambos lados de aquella abundaban unos crustáceos que los nativos sacaban del mar con sólo tomarlas por sus antenas, langostas les llamaban.

A su derecha se extendía una península y la cruzó por su parte más estrecha, donde mujeres nativas lavaban ropa aprovechando un gran brote de agua cristalina y dulce que, curiosamente, se encontraba entre dos playas, la Langosta, que acababa de pasar y Manzanillo, que ahora estaba frente a ella; entró así a la Bahía de Santa Lucía y, virando a su izquierda, estaba su destino final, la modesta vivienda de dos jóvenes: Arturo Escudero Balboa de 20 años y Eufrosina Valdeolívar Abarca, de 17, a quién ya atendía la comadrona del Barrio del Rincón.

La vivienda se encontraba a pocos metros de la playa que circunda la bahía, hacia el extremo donde se encontraba una gran piedra llamada El tlaco de panocha. Al paso de los años, este Barrio del Rincón sería llamado: Barrio de la Playa. 

Madeleine dejó el paquete al momento en que asomaba a la entrada de la bahía la proa de un barco de carga que, procedente de Suecia, traía un cargamento de cemento de aquella nación con el cual se construiría el primer malecón del puerto, simultáneamente se produjo el alumbramiento de un niño al que se llamaría: Francisco Rafael, pero debido al acontecimiento anterior, pescadores y estibadores, vecinos del lugar, lo  llamarían cariñosamente: “El Sueco”.

Nadie notó la presencia de Madeleine que remontó el vuelo hacia el Este pero, al tomar altura, observó a placer el puerto viendo sobre las doradas arenas una silla de lona extensible sobre la que descansaba un libro abierto y, sobre él, unas gafas para leer. Huellas de pisadas humanas se observaban en la arena indicando que su propietario había caminado hacia el suave oleaje de tibias aguas, la brisa matinal abrió la página inicial del libro, donde Madeleine alcanzó a leer….

 

“Ventanas mágicas abiertas por las hadas en la espuma del mar… arrecifes de coral y palmeras que bordeaban playas blancas como perlas… Acantilados de granito sobre el oleaje salvaje… peces tropicales brillantes en aguas translúcidas que brillaban como extraños tesoros de las profundidades… Tulipanes rojo rubí y buganvillas tendidas sobre casas de color pastel que se aferraban a rocosos promontorios… Música en la noche, melodiosa, insistente ritmo de danzón… Bares típicos de puerto, donde marineros de todo el mundo se reúnen con una cerveza para relatar fábulas marinas… Villas de negros, donde las costumbres, la gente y las casas nos recuerdan lo profundo del África…

Canoas labradas en las misteriosas lagunas donde soñolientas iguanas se doran al sol y las garzas blancas flotan sin esfuerzo en un cielo sin nubes… Modernas lanchas rápidas y deportes acuáticos sobre las olas… Transatlánticos y yates privados anclados en una bahía esculpida en el granito.

En esta tierra de nunca–jamás y mágica belleza, los días se deslizan sin ser diferentes, como en un collar finamente ensartado con perlas escogidas cuidadosamente. Fácil, elegante modo de vivir y elegancia sin esfuerzo es la clave del encanto de Acapulco, donde sólo estar vivo es estar lleno de alegría.

Aquí el tiempo se detiene y la belleza sigue su curso, mientras el viajero subsiste, renuente a romper el encanto de tanta belleza. Suena como el cielo, pero le llaman Acapulco”.

 

La brisa volvió a soplar cerrando la página y no pudo leer el nombre del autor.

Mientras meditaba acerca de lo que acababa de observar, Madeleine voló hacia el Este, cruzó la enorme bahía y los cerros del Guitarrón y Punta Diamante y continúo en vuelo rasante sobre la interminable Playa Encantada buscando el Norte y se dijo: ¡Volveré!

 

 

Saliendo de “Tlacopanocha”, esta fue la imagen que vio  Madeleine al volar hacia el Este del puerto. Amanecía el 24 de octubre de 1936   (Foto de don José J. Pintos).

 

 

 

Tantas veces escuché a Paco platicar su historia a diferentes amigos, que entre lo escuchado y lo platicado por él surge una historia más que interesante.

José Escudero, también conocido como Joseph Ruiz, es el primer pariente que se encuentra en el amplio árbol genealógico de Paco: nacido en Marieta, Álava, una provincia vascongada, hacia 1720: se casó con María Bautista Aréchega y se mudaron a Oñate, Guipúzcoa, donde nació al menos un hijo al que bautizaron José Ruiz como el padre, mas en la partida de bautizo aparece como José Escudero Aréchega, quien se casó con María Balzategui Eróstegui en 1781. Ella era de ascendencia Oñaitarra por todos sus lados. Uno de sus siete hijos fue Juan Antonio Escudero Balzategui quien nació el 26 de febrero de 1784.

Este hijo, dedicado a la ganadería, acudió a una feria en Lobio, Cantabria, donde conoce a una montañesa (así se les llamaba a los vecinos de la provincia de Santander, hoy comunidad Autónoma Cántabra) de nombre Ana Ceballos Obregón, de sangre montañesa por los cuatro costados.

Se casaron en la parroquia de San Miguel Arcángel en Oñate el 9 de junio de 1809 y se establecieron en Lobio, donde nacieron sus hijos, al menos el que nos interesa para la historia: Sebastián.

Sebastián Fernando Escudero Ceballos nació en Lobio, un barrio de Torrelavega, en Cantabria, el 20 de enero de 1815. Cuando se hizo adulto, registró su nombre como Sebastián Escudero y Espronceda, sin que se conozca el motivo, y se casó con Feliciana González Ruíz el 15 de diciembre de 1834 llegando a tener hasta diez hijos, todos de apellido Escudero González, de los cuales se localizaron ocho:

José María 1835, Ángel 1838, Bonifacio 1844, Francisco 1845, Fructuoso 1848, Javiera 1850, María 1853 Y Rosalía 1855.

José María, en su momento, emigró a América y se estableció en Cuba al amparo de un paisano comerciante que le ayudó a cursar estudios como pintor retratista.

Posteriormente, pasó a México, donde cursó sus estudios en la prestigiada Academia de San Carlos y se convirtió en famoso retratista, a quién se conoció como el Pintor de Príncipes y Presidentes. Firmaba sus obras como Espronceda y son famosos sus retratos de grandes personajes de esa época en México, como el Emperador Maximiliano, el General Porfirio Díaz, Don Juan Álvarez y el Presidente Don Benito Juárez, que ocupa un lugar destacado en el Salón de los Embajadores en el Palacio Nacional de México, cuadro que tiene una historia muy particular y sigue apareciendo en los billetes de 20 pesos de México.

El pintor hacia frecuentes viajes a los Estados Unidos llevando a vender colecciones de cuadros, algunos duplicados, como fue el caso del retrato de don Benito Juárez, una de cuyas copias vendió en Nueva Orleans, a una familia de apellido Kennedy que estaba de visita en esa ciudad.

El cuadro pasó de generación en generación y cuando John F. Kennedy llegó a Presidente de los Estados Unidos, el cuadro estaba en su poder.

Buscando un regalo para obsequiar al Presidente de México, Adolfo López Mateos, durante su visita a nuestro país, el Presidente Kennedy encontró el retrato de don Benito Juárez y, conociendo su historia, lo obsequió al Presidente López Mateos, quien lo mandó colocar en Palacio Nacional. Hoy está en el salón de Embajadores.

José María se casó en México con Guadalupe Guillén y se establecieron en la avenida 5 de mayo formando una familia acomodada. José María falleció en la ciudad de México el 8 de agosto de 1906.

 

El cuarto hijo de Sebastián y Feliciana, Francisco, también emigró a América siguiendo los pasos de su hermano mayor. Se sabe que residió en Jalapa, Veracruz y fue contratado como arriero por la Casa Alzuyeta de Acapulco, por lo que emigró al estado de Guerrero, mismo que recorrió en este oficio dejando descendencia en Jalapa y en varios de los pueblos visitados, hasta que se establece definitivamente en el puerto casado con Justa Díaz Navarrete, de una gran familia del pueblo de Técpan de Galeana, Gro y su único hijo fue Pascasio Ernesto Escudero Díaz, quién nació en el puerto de Acapulco el 26 de abril del año 1877.

Al fallecer su esposa Justa, contrajo matrimonio con Irene Reguera, originaria de Ometepec, Guerrero. Descendiente de ricos terratenientes de la Costa Chica.

De este matrimonio nacen Juan Ranulfo, Francisco, Fulgencio y Felipe Escudero Reguera, quienes no tuvieron descendencia, pero cuya vida iba a influir en el destino del puerto.

Una vez establecido don Francisco en el puerto, su hermana menor, Rosalía le envía a dos de sus hijos Francisco y José, de apellidos Medrano Escudero, quienes crecieron en casa de su tío y posteriormente formaron sus propias familias en el puerto.

Es así como la rama de los Escudero va a florecer en el sur de México en la persona de Pascasio Ernesto Escudero Díaz, quien estudia en la ciudad de San Francisco, más bien en Oakland, California y se gradúa como Tenedor de Libros.

De regreso en Acapulco, procrea una hija fuera de matrimonio en 1908, pero al casarse con María Balboa Ureña, ésta reconoce a Epifanía como suya y la bautizan como Escudero Balboa. Posteriormente nacen del matrimonio: María Teresa, Justa, Ernesto, Arturo y Ma-ría Amparo. Todos nacidos en Acapulco.

 

Aquí también nació y creció Paco, nuestro personaje, quién pronto correría por la playa chirundo*, como tantos otros niños del barrio, y a los seis años ya sabía pescar en el muelle, nadar y, poco después, tirarse al mar desde el nuevo malecón junto a un grupo de compañeros, que al asomarse los turistas extranjeros a la borda de los barcos gritaban ¡Money la guara Míster!**.

 Los turistas arrojaban monedas al agua y todos saltaban en su busca, quien lograba atrapar la elusiva moneda salía a la superficie mostrándola en su mano, para posteriormente colocarla entre sus dientes y salir del agua a esperar la próxima.

Esta costumbre derivó de los tripulantes de los viejos barcos de vapor que repostaban en el puerto y como diversión lanzaban a los nativos discos de fonógrafo, que una vez en el agua eran muy difíciles de atrapar debido a su recorrido zigzagueante.

Otra diversión era correr por las calles bajo la lluvia empujando un aro con un pequeño palo o con la mano y bañarse en los chorros de agua que salían de las gárgolas de la vieja Iglesia de La Soledad.

Luego fue tiempo de aprender a leer y, como era lógico en esa época, nada mejor que el Silabario de San Miguel, que ancianas parientes de su padre enseñaban de manera gratuita, como su tía Ignacia Balboa allá en el barrio del Pozo de la Nación donde había que acudir con silla, pizarra y pizarrín, o de la misma manera, al viejo Barrio del Piquete a la casa de la también tía doña Apolonia Altamirano viuda de Ramírez, donde la disciplina era más estricta, para evitar que los niños hicieran travesuras en el lugar donde se fabricaban velas para la iglesia y venta al público.

Fugaz fue su paso por el kínder federal José María Morelos, de donde es expulsado, ya que en pleno día de clases la mascota emplumada de la directora se escapa de su jaula para posarse en una alta rama de la gran Ceiba que ahí existía; la maestra, muy acomedida ordenó: Niños, tírenle piedritas para asustarlo y que baje… Un pequeño compañero de nombre Miguel Chavelas Orbe le retó y dijo: A ver quién lo baja, pero erró el tiró, mientras la piedra de nuestro héroe, cual saeta, dio en plena cabeza, bajando al perico sólo que muerto, lo que explica el motivo de su injusta expulsión.

Sin embargo, mientras llegaba algún familiar a rescatarlo, fue encerrado en un baño donde colgaban infinidad de cazuelas y ollas de barro que eran usadas en las festividades del kínder, él estaba tan enojado por su encierro que acabó con ellas; cuando llegaron por él, la directora envió a un compañerito a que lo dejara salir y de momento no se dieron cuenta que ya no tenían ollas para las piñatas.

Por ese tiempo ya se desarrollaba en Europa la Segunda Gran Guerra, que a la postre se llamaría II Guerra Mundial, a la que se unen los Estados Unidos de América, después del artero ataque a la bahía de Pearl Harbor en 1941; posteriormente, a raíz de un supuesto ataque de submarinos alemanes a barcos petroleros mexicanos en pleno Golfo de México, hacen que el pacífico país declare la guerra al eje y el presidente Ávila Camacho decreta la creación del Servicio Militar Nacional, a fin de entrenar a todos los ciudadanos en el manejo de las armas de entonces, así el padre de Paco es reclutado para hacer el novel y obligatorio Servicio Militar, mas debido a la falta de armamento, cada conscripto debió labrar en madera y pintar su fusil correspondiente; Paco, como ya llamaban a nuestro personaje, contempló junto con muchos lugareños la instrucción militar que recibían los mayores y nunca olvidó la imagen de su padre marchando con su fusil de madera, que por cierto, estaba pintado de negro y rojo.

Sus padres procrearon a su segundo vástago a quien bautizaron José Arturo, en honor de don José Ruiz -casualmente homónimo de su antepasado- gran amigo de don Arturo; por desgracia, el niño falleció por muerte de cuna y no fue sino hasta 1941 que nació Elvia María, su primera hermana.

Por esos años apareció en Acapulco don Armando Caballero Aburto, quien llegó como pagador de la S.C.O.P. –Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas- padre de Judith, su prima, que vivía en Taxco, hija de Epifanía, la hermana mayor de don Arturo. Los una vez cuñados reanudaron su amistad y, cuando nace su hermano Jaime, es bautizado: Jaime Armando, tal como consta en su acta de nacimiento en Coyuca de Benítez, a donde los mayores acudieron a registrarlo, pues allá costaba dos pesos y aquí ya cobraban cinco!. Saber ahorrar!.

Cosas de la vida, pues por razones personales don Armando se cambió el nombre por Enrique y a don Arturo se le olvidó donde estaba registrado Jaime.

La educación formal no podía esperar y comienza en la Escuela Primaria Federal Tipo Manuel M. Acosta, dirigida por el ilustre maestro Don Silvestre Gómez Hernández y cursa los primeros dos años con el profesor Felipe Bailón. Luego, sigue un corto período en la escuela Eduardo Mendoza, en la sede de los estibadores porteños ya afiliados a la  C. R. O. M.

Buscando una mejor opción y aceptando la ayuda de sus hermanas, su padre lo envía a estudiar a la Ciudad de México donde cursa el tercer año de primaria en el Colegio Cervantes de Puente de Alvarado 23, muy cercano a la casa de sus tías María Teresa, Justa y Amparo, que muy pronto sufrieron sus travesuras como irse de mosca en el viejo tranvía amarillo, colgado del trole, o subirse al techo de alambre podrido del frontón a bajar pelotas perdidas; esto, aunado al hecho de que sus padres se separan, hace que lo envíen de regreso al puerto y su lugar lo ocupe su hermana Elvia María, quien desde entonces ya no regresó, se quedó -como sus tías- a vivir para siempre en la capital donde hizo su vida.

 

Ya en Acapulco, Paco conoce a su hermano Jaime Armando con quien convive en la casa de la tía de su padre, doña Luz Olivar Vda. de Gil, ubicada en la céntrica Calle de la Paz, continúa su educación  primaria en la escuela Ignacio M. Altamirano -fundada por su supervisora, la Prof. Felicitas V. Jiménez- bajo la amable dirección de la Maestra Carolina Vélez Vda. de Leyva y de la maestra Carmela Leyva de Bailón.

Vivir solo con su padre, sin ningún control de disciplina y abonado en fondas del mercado o pequeños restaurantes para tomar sus alimentos, exponen a nuestro joven personaje a contactos con viciosos, vagos y mal vivientes que proliferan en el puerto y pronto abandona la casa paterna para vagar en las playas y calles durmiendo en las bancas del zócalo junto con otros jóvenes de su edad.

Así, sin control –aunque quienes le conocemos ahora no lo creamos- falta a la escuela, y forma parte de pequeñas pandillas que robaban antenas de autos, o los autos mismos, pero sólo para pasear en ellos durante unas horas por la noche y los abandonaban antes del amanecer, aceptaban invitaciones de homosexuales para ir a cenar –aunque, terminada la cena, salían corriendo como perseguidos por el diablo- prueba el alcohol y aprende a fumar, también roban pequeñas cosas en tiendas y se proveen de ropa en los almacenes, doblando cuidadosamente dos prendas iguales -que se van a probar- se ponen una bajo la ropa y otra la devuelven diciendo que no es de su talla.

Cuando robaban frutas de los árboles en huertos  de casas particulares, eran perseguidos por los dueños y más de una vez alguna ama de casa le dijo: “Lástima de carita”.

Cierta vez que abandonó la casa paterna, fue a visitar a su tía Ignacia Balboa, cuya casa estaba entre el Barrio del Chorrillo y el Pozo de la Nación, sobre la calle de Allende, que siempre recordó pues vivió allí por un tiempo; nunca olvidó la cama de varas -sobre dos bancos de madera se extendían varas secas de otate, carrizo muy fuerte similar al bambú- las chinches, el baño a la intemperie y el gran excusado de madera con dos lugares que a veces ocupaban dos personas que animadamente compartían las noticias y los olores que emanaban de la fosa, sobre la cual estaba colocado el gran cajón de madera.

Continuamente llega a su mente la imagen de la casa de paredes de adobe y techo de palma, muy al estilo africano que se usaba en la costa de Acapulco en aquellos años. La entrada era un cuarto rectangular donde en ambos extremos se secaban grandes cantidades de mazorcas de maíz,  era tal la cantidad que sólo había un pasillo en medio de aquel gran cuarto, por el que se pasaba a la casa principal que consistía en una inmensa habitación dividida por algunos muebles donde se encontraban las camas de toda la familia, algunas con biombos; al fondo estaba la cocina-comedor y el techo era de lámina galvanizada por cuyos agujeros se filtraban los rayos del sol matinal que atravesaban el humo del fogón donde hervía, a primera hora, el agua para el café y la leña calentaba el comal de las tortillas, los rayos formaban caleidoscópicos tubos de humo en tonos azulados que danzaban al correr la brisa de la mañana. Afuera de este gran salón de usos múltiples, hacia el sur, estaba el lavadero de la ropa y cuatro postes que formaban un cuadro cubierto por petates donde un gran tambo de 200 litros proporcionaba el agua para el baño diario. Al lado opuesto, un pequeño espacio servía de salón de clase con una puerta hacia el callejón que su-bía hacia la calle Vicente Guerrero.

Pachita, le decían de cariño a su tía, la hija mayor de don Arturo Balboa y doña Ignacia, que a la vez era prima de su padre; ella era una guapa costeña que se casó con el hijo de un famoso comerciante, de gran historial en el puerto, Beto Hinojosa, muy aficionado a la cacería, y se llevan a Paco con ellos a su casa cerca de ahí, subiendo al hospital Morelos donde jugaba con Arturo, otro sobrino que llegó a vivir con la familia.

Beto regresaba de los viajes nocturnos de cacería y colocaba su escopeta de doble cañón detrás de la puerta del comedor, una vez que le había retirado las balas. Y por las mañanas, cuando la pareja salía, jugaba con Arturo usando la escopeta para fusilarlo al final del juego. Una madrugada, Beto regresó tan cansado, que colocó la escopeta detrás de la puerta sin descargarla, y por la mañana, cuando jugaban, gracias a Dios, ese día no fusiló a Arturo, pero tomaron una águila de vidrio que estaba en el comedor que, al estilo Imperio, estaba de frente con las alas extendidas y de cuyas puntas colgaban un salero y un pimentero. Le hicieron juicio al águila, colocándola en una ventana que daba a la calle, y Paco la fusiló disparándole con ambos cañones. La pobre águila voló en mil pedazos, que llenaron la sala, y las postas salieron por la ventana y se incrustaron en un horcón de madera de la casa vecina al otro lado de la calle; gracias a Dios ningún peatón pasaba por la calle en ese instante. El susto fue mayúsculo y al ruido del disparo acudieron vecinos que encontraron a nuestro personaje petrificado, con la escopeta todavía apuntando al águila desaparecida y las huellas de la pólvora en su pómulo derecho. De inmediato fue llevado a la casa de doña Nacha, donde lo atendieron para curarlo del susto por medio de algunos líquidos. También el primo Arturo fue atendido, pero poco después se perdió de vista por mucho tiempo.

A esta etapa siguió otra huida de la casa para vagar por las calles con sus amigos, bañarse en el mar, y dormir en las bancas del Jardín Álvarez. Las tardes eran propicias para el baño en la playita de Tlacopanocha, del lado sur, donde grandes piedras limitaban la playa y los muchachos se desnudaban dejando la ropa entre las rocas, desde donde se lanzaban al mar y nadaban hasta lo profundo jugando a ver quién sacaba el hacha* más grande o la mayor almeja. Una tarde, sin embargo, fue interrumpido por los gritos de sus compañeros advirtiéndole que le habían robado toda su ropa y alcanzó a ver a su padre que subía al taxi que manejaba, con sus ropas en la mano. La tarde comenzó a oscurecer y nuestro pequeño héroe fue aconsejado por alguien que fuera a ver a su tío Simón Valdeolívar, quién casualmente se encontraba en la oficina de los pescadores. Chirundo, como estaba, y rodeado de amigos se acercó y explicó a su tío el problema en que se encontraba, tendría unos nueve años y no tenía ni más ropa ni donde ir, así que su tío lo envió a una vieja revolvedora de concreto abandonada donde había alguna ropa que se podía poner, consistente en un viejo calzón de mujer color naranja que se amarraba con cintas alrededor de la cintura -que no estaba precisamente limpio- y con su nueva indumentaria se volvió a presentar a su tío y un grupo de amigos lancheros que casualmente se habían reunido. Ahí recibió indicaciones de cómo llegar a la casa de su tío, subiendo por Manzanillo hacia la Pinzona, donde se encontraba Cristi su primera esposa a quien debía pedir que le alojara, bañara y vistiera con ropa de don Simón, y ambos esperaran en el patio hasta nuevas instrucciones.

Entrada la noche llegó el tío y los llevó a ambos a cenar antojitos en un puesto cercano. Cristi recibió instrucciones de llevarlo al otro día al mercado a comprarle ropa y zapatos y cuadernos para que lo inscribiera en la escuela Mendoza, de la  C. R. O. M.

Siguió entonces un período de dormir en catre fresco de lona, con sábanas limpias, zapatos y ropa a la medida, que Cristi le compró en la tienda del mercado que tenía un hermano de Margarita Saad.

Su padre llegó más de una vez a verlo y preguntarle si quería regresar a la casa y la respuesta fue negativa; finalmente, su tío Simón y Cristi le informaron que se cambiarían de casa y, como el nuevo hogar era muy reducido, él tendría que regresar con su padre; otra posible razón fue que ella esperaba ya muy pronto al primogénito de don Simón, Javier y, por lo tanto, no habría ya tiempo de atenderlo.

 

Siguió entonces el regreso al solar de la calle de La Quebrada, que compartían con el taller mecánico del señor Azcarate, donde él hacía mandados y aprendía a desarmar carburadores y cajas de velocidades.

Solo, por las tardes, después de que el taller se cerraba, esperaba a su padre para ir a cenar donde Chole en la calle Hidalgo, casi esquina con La  Quebrada. Ella era una guapa mujer, Soledad Otero, quién tenía un hijo ya grande de una relación anterior llamado Rogelio Lozano, pero en ese entonces ya estaba casada con Juan Martínez y el hijo mayor de ellos era José con quien Paco se hizo amigo por ser más o menos de la misma edad, y fueron condiscípulos en la escuela Altamirano.

Chole preparaba los mejores antojitos mexicanos, sus tostadas de pollo o pata no tenían igual, amén de las enchiladas y otras delicias culinarias. Sin embargo, su padre a veces no llegaba a la cita y él tenía que ir a  buscarlo a la cantina de don Alejo Orbe, ubicada frente a la Iglesia de La Soledad, donde a veces estaba dormido sobre un pretil que daba a la calle, y tenía que despertarlo y llevar sobre sus hombros el enorme brazo de don Arturo, zigzagueando calle arriba hasta la casa de don Ismael Valverde, donde doña Rosa Gómez Maganda, su esposa, tenía un puesto de abarrotes, en cuya banqueta existía frondoso almendro, ese era el punto al que había que llegar para entrar en el callejón, cruzarlo y llegar de frente a la casa de Chole.

Años más tarde Gloria Valverde, ya entonces esposa de su padre le contaría que ella los veía pasar y le dolía el corazón ver a aquel niño jalando a su padre para ir a cenar y se prometió que ella cambiaría esa situación… y lo hizo.

 

Una tarde de verano, el maestro Azcarate y él disfrutaban degustando un helado de vainilla con Pepsi que adquirían en la nevería El Vaso, cuando llegó un emisario a buscar a don Manuel, muy alarmado, pues en el barrio de Icacos, en algún lugar del río donde amas de casa lavaban su ropa, un gran tigre había atacado a una mujer. Con toda calma don Manuel le dijo a Paco que subiera dos escopetas al Jeep, que en el camino las cargara y preparara los avíos de cacería; no esperaban encontrar al animal, pero estudiaría el terreno para cazarlo posteriormente. Al llegar al lugar, siguieron río arriba la corriente hasta que la oscuridad ya no les permitió seguir y no encontraron al felino.

De regreso al taller, don Manuel le pidió que preparara una tigrera, abriendo por ambos extremos, una lata de aceite de cinco litros vacía, en un extremo le colocó un parche de cuero, como si fuera un tambor, en el centro de dicho parche, don Manuel hizo un pequeño agujero, por el cual introdujo una especie de cuerda de cuero áspero, con un nudo en un extremo; jalando la punta al interior del improvisado tambor. Una vez seco todo el cuero, se colocaba el artefacto sobre la mano izquierda, tirando de la cuerda interior con  la mano derecha, pero dejándola resbalar suavemente entre los dedos, lo cual hacía que el parche vibrara produciendo un sonido similar al rugido de un tigre hembra en celo. Esto requirió horas de práctica y cuando todo estuvo listo, un caluroso medio día los cazadores se dirigieron a Icacos; don Manuel dejó a nuestro héroe semioculto, operando la tigrera y se escondió entre unas piedras, cerca del ojo de agua, con el rifle de grueso calibre listo; al llamado acudió a los pocos minutos un gran felino que más tardó en asomarse que en recibir en la frente el certero disparo que lo mató al instante.

Con la ayuda de los lugareños, se colocó al tigre sobre el cofre del Jeep y se dirigieron a un terreno de la calle Obregón, donde tenía su taller el Maestro Estrada, compañero cazador de don Manuel, donde quedó el cuerpo inerte del gran animal, para ser destazado y la piel curtida para adorno.

Don Manuel le explicó que el aparato que fabricaron hacía un rugido muy similar al que emite la hembra cuando está en celo, y como él había estudiado el terreno, sabía que se trataba de un macho solitario que acudiría prestamente al llamado del amor y, efectivamente, así sucedió.

En otras ocasiones acudían a la lejana laguna de Tres Palos, a cazar pato canadiense, sobre todo en invierno. En el cerro del Veladero, por donde Paco vivió sus últimos días, abundaban el venado y los conejos.

Su mirada se torna triste al recordar aquellos ríos que hoy casi sin agua la mayor parte del año, se han convertido en basureros, el de Icacos, por ejemplo, es sólo una pequeña corriente que atraviesa la Avenida Costera junto al viejo hotel Hyatt, mientras su antiguo curso se pierde entre una parafernalia de casas habitación y calles, hasta lo más alto del cerro.

 

Don Arturo hizo arreglos para que en un restaurante de la calle Obregón, llamado El buen gusto, ubicado frente al hotel El Fénix de los hermanos Sosa, le fueran proporcionados a Paco los alimentos del día que preparaba doña Chave, después lo abonó al Costa Grande de La Abuela, que estaba cerca de la Cooperativa Galeana. Posteriormente asistió a una fonda en el mercado El Parazal, ubicada sobre el canal pluvial que desembocaba en el Terraplén, hoy cubierto y convertido en calle con el nombre de Xóchitl.

Luego vino un período en que, por una plática de su padre con don Lupe Zúñiga, mecánico que administraba la gasolinera de Manzanillo, acuerdan que Paco debe ser atendido en el seno de una familia y don Lupe, previa aceptación de Pita -Guadalupe Estrada- su esposa, Paco pasa a compartir el pan y la sal con el matrimonio Zúñiga Estrada y sus hijos, Victoria y Alberto, en un edificio de la calle Galeana, cuyo exterior ocupaba la tienda de doña Pita, de artículos deportivos. Don Lupe, era tío de los hermanos Parra Zúñiga, o sean Arturo y Jorge (Chilperico) y doña Pita hermana de Telma, Amador y Jaime, con quien nuestro personaje hace cercana amistad y armaban modelos de madera balsa forrados con papel que rara vez volaban, también visitaban la casa paterna, donde cortaban mangos verdes para comer con limón y chile picado en el popular Pico de Gallo.                     

En diciembre de 1947, su padre contrae matrimonio con Gloria Valverde Gómez, hija de don Ismael y de doña Rosa Gómez Maganda, él funcionario del Ayuntamiento y ella hermana del político, poeta y escritor Alejando Gómez Maganda, que había sido protegido en su niñez y juventud por la familia Escudero Reguera y solicita que Paco se integre a la familia tratándolo desde entonces como su sobrino y años más tarde como su compadre, al bautizar a su primogénito Felipe Escudero Gánem.

 

A muchos años de distancia, nuestro personaje piensa que hubiera podido ser un buen delincuente, si no ha sido por el casamiento de su padre.

Los recién casados rentan una casa adyacente a la del popular Médico y Farmacéutico, don Juan Avalos, ya jubilado, quien por las tardes, sentado en su silla mecedora, observaba y conversaba con los transeúntes de la calle que subía al barrio de la Guinea y si Paco no estaba ocupado, pedía que le acompañara para conversar.

Por ese tiempo, muchos jóvenes porteños trabajaban en las playas del puerto, fuera conduciendo una lancha rápida, como instructores de ski o de buceo o botes de paseo llevando turistas y se vieron afectados por un fenómeno sui generis, que les valió el sobre-nombre de Lancheros. Estos jóvenes, por lo general tostados por el sol, esbeltos y fuertes, eran muy atractivos a las turistas extranjeras, sobre todo procedentes de los Estados Unidos, y era muy común que estas los buscaran para tener relaciones íntimas con ellos, fuera en alguna playa solitaria o en las mismas embarcaciones y, frecuentemente, estas turistas dejaban los lugares donde se hospedaban y compartían las humildes viviendas de los porteños por algún tiempo.

El barrio de la Guinea, como muchos otros, alojaba a los jóvenes en diferentes viviendas y para llegar a ellas, era necesario pasar frente a la casa del Dr. Avalos, quien se los señalaba a Paco diciéndole: Ahí va fulano, como veras, esa rubia es la segunda que vive con él este mes. Estos lancheros no tienen moral.

Aunque nuestro personaje sólo tenía unos doce años, comenzó a sentir que él también deseaba ser inmoral.

En ese entonces, la guía espiritual de la familia Valverde Gómez y de todos los Gómez, era doña Plutarca Maganda, a quien todos llamaban de cariño Mama Taca, que con ojo de águila vigilaba que todos cumplieran  con sus obligaciones religiosas y se encargaba de la impartición del catecismo en la Iglesia de La Soledad. Ni que decir, Paco se agregó a estas filas y pronto hubo de hacer de acólito y, desde luego, la primera comunión.

 

Por esa época, un gran terremoto destruye la vieja Escuela Altamirano de la calle de La Quebrada y los alumnos son albergados en las instalaciones de la 27ª. Zona Militar, en el viejo campo Marte, teniendo como área de recreo el exterior del Fuerte de San Diego, donde por las mañanas participaba en ejercicios con el Grupo de Los Niños Madrugadores que desde la estación de radio XEKJ patrocinaba y dirigía el inolvidable Gustavo Armando El Conde Calderón.

Todas las inmediaciones y jardines del Fuerte, estaban invadidas por viviendas y la gran mayoría convertidas en expendios de comidas y toda clase de mañas, como llamaba su abuela a las golosinas que los chamacos compraban durante el recreo, sobre todo unos pabellones -raspados- a los que se agregaba leche de lata, al igual que un agua fresca de horchata, con canela y leche condensada.

Es en el tercer año que el edificio de la calle de La Quebrada es terminado y ahí regresa a continuar sus estudios, mas un compañero le anima a participar en una función de box a beneficio del plantel, que se lleva a cabo en la arena de box Triqui-Triqui de la calle de Mina, claro, sin conocer el deporte, es vapuleado por Galdino Bustos, que así se llamaba el moreno compañero que lo animó.

Durante el tiempo que había vivido solo al lado de su padre en la vieja casa del bisabuelo -don Francisco Escudero y Espronceda, a contra-esquina de la Escuela Altamirano, cuyo patio ocupaba el taller mecánico de don Manuel Azcarate donde trabajó de ayudante en su tiempo libre- bajo la tutela de Jorge Parra Zúñiga, quien se desempeñaba también como boxeador profesional bajo el sobrenombre de Chilperico, se convierte en su second –ayudante- durante su entrenamiento y peleas en la arena Azteca, de don Abel Galeana en la calle Hidalgo, donde más tarde pelea en calienta rings teniendo a Yuyín Castrejón como referee.

El público se divertía en grande, pues en el “calienta ring”, participaban cuatro muchachos con guantes y la cabeza cubierta con una bolsa de tela que no les dejaba ver, caminaban al centro del ring con una mano extendida, buscando un contacto y, en cuanto tocaban algo, lanzaban su mejor golpe, si un adversario sangraba por la nariz o caía al suelo, era descalificado y los otros tres continuaban su encuentro. Al caer el segundo, a los dos restantes les quitaban la bolsa y contendían en un round normal de tres minutos para sacar al ganador. Yuyín usaba una larga escoba para tocarlos por la espalda y el boxeador se revolvía tirando golpes al aire ante las risas del público. Paco nunca peleó formalmente en esta his-tórica arena, su debut sería en el Triquitriqui.

 

Al cursar el cuarto año, el Prof. Fidencio Tellechea García es más exigente y debe, por primera vez en la escuela, usar zapatos; en este año, todos los alumnos son obligados a participar en un concurso interno de dibujo y, como él no tiene ni idea al respecto, recurre a su mamá Gloria quién le hace un dibujo con el cual participa y gana, por lo que se le designa para representar al plantel en un concurso Inter-escolar; es entonces que, en el quinto año, el maestro Rivas descubre su habilidad para dibujar y pintar así como su habilidad para tocar el tambor, por lo que pasa a formar parte de la Banda de Guerra, al tiempo que aprende a dominar la técnica del pastel y el óleo, ganando algunos reconocimientos a nivel municipal y estatal representando a su escuela.

Es aplicado en los bailables que el alumnado presentaba durante las festividades de la escuela y algunas compañeras lo deseaban como pareja, pero en cierto momento, su padre se queja del gasto extra que representaba mandar a hacer el vestuario y le ordena no participar más en los bailables, para descontento de su pareja Ana María Pérez Ayala, mas doña Sofía, su madre, cubre los gastos del vestuario para que su hija y él participen. Otra pareja constante la forma con Lidia Torres, compañera de casi toda la primaria.

Desde el cuarto año participaba en las clases de voleibol del Prof. Fidencio Tellechea García y forma parte del equipo oficial de la escuela y más tarde en campeonatos estatales con una selección patrocinada por una firma refresquera, la cual incluía adultos como el Médico Militar Héctor Méndez Amescua, un gran jugador que formó y entrenó al equipo de la Base Naval del puerto.

Piensa que el cuarto año de primaria quedó grabado en su mente por varias razones, una, porque en adelante y a pesar de estar en el cuadro de honor, ya tuvo que usar zapatos siempre. La segunda, por la amistad que hizo con compañeros y compañeras, especialmente con Teresa Torres Van Meeter, pues se consideraron novios, digamos, de primer nivel. ¡Cuántas veces les sudaron las manos paseando juntos por el zócalo o el malecón, durante las fiestas del primer centenario de la fundación del Estado!

Tere, una vez adulta, se casó y residió en Puebla y muchos años en Paris, antes de fallecer, pero nuestro trotamundos nunca más la volvió a ver, aunque siempre se informó sobre su paradero a través de sus primas Mercedes y Carmen Van Meeter.

 

Al ingresar en 1951 a la Escuela Secundaria Federal Num. 22, sigue formando parte de la banda de guerra y del equipo de voleibol así como del grupo de baile, situación que acepta para no ser reprobado en educación musical por el maestro Guicho; desde entonces sabe que el canto no es lo suyo, aunque llega a formar parte del coro de la escuela, sin embargo, después de más de sesenta años sigue recordando la letra de aquellas melodías, algunas salpicadas de frases de la Internacional  Socialista o de la  Revolución.

No es necesario mencionar que en esa época, la formación y la educación que se adquirían en una escuela secundaria, eran muchas veces suficiente para comenzar una vida de adulto productiva, ahí tuvo lugar su metamorfosis de niño a adulto, tres años que se grabaron en su alma forjando su carácter y su espíritu de cooperación y trabajo en equipo, la época del primer amor, la primera cita, el primer beso, había que esforzarse más en las competencias, para destacar y vivir aquel primer sentimiento de eso que llaman amor. En este caso se llamaba Alfa, quien se convierte en su pareja en los bailes de quince años de muchas amigas. La familia de ella procedía de San Luis La Loma, donde tendría lugar una vez la fiesta y las parejas tendrían que bailar en una boda. Su padre le niega el permiso pero él hace su maleta y asiste; al regresar, encuentra cerrada la puerta de entrada de la casa en Quebrada 34, con su ropa y un recado de su padre que decía que si él se mandaba solo, también podría mantenerse solo.

La casa de Min, en la calle de Allende 13, en el corazón del barrio del Pozo de la Nación vuelve a ser su hogar.

Min se llamaba Benjamín Chavelas, nombre más propio de hombre que de mujer, en consecuencia, todos en la familia la llamaban Min, desde los tiempos en que ella trabajó en la casa paterna de los Escudero como niñera y su madre, Adela del Castillo, trabajó de sirvienta en casa del bisabuelo don Pancho, trabajo que compartía con sirvientes filipinos con quienes se entendía en el idioma Tagalo y fue de la boca de Adela que nuestro personaje aprendió muchas palabras del idioma filipino.

Min trabajaba como camarista en el Hotel Las Palmas y compartía su vida con su anciana madre en aquella gran casa de su propiedad. Más tarde, una vez fallecida doña Adela, Min se une a un gran ebanista llegado del Bajío, don Max de León, quién profesaba gran cariño a Paco y después, por muchos años a Jaime, el hermano menor.

Por su habilidad con las manos, pronto se convirtió en ayudante de don Max y aprendió muchos secretos de la carpintería, que le ayudaron mucho en las clases con don Julio Vélez en la secundaria, donde aprende también a manejar el torno de madera y ayuda a don Julio en los trabajos de la escuela.

Es durante ese tiempo que un compañero de nombre Lucas Deloya lo lleva a participar en el equipo de Basquetbol de la  C. R. O. M. donde destaca como centro delantero y otro compañero, Rubén H. Luz le invita a participar en una carrera de relevos desde Acapulco a Chilpancingo, pero para ello, hay que entrenar y nada mejor que ser parte del Club de Box Costeñito Gutiérrez, que implica levantarse de madrugada a correr desde el malecón, en el centro, hasta La rana, piedra de esa forma situada frente al hotel Las Brisas; no comer grasas ni tomar refrescos y hacer muchos rounds de sombra, costal, pera, cuerda, etc. en un gimnasio improvisado en la playa Manzanillo, bajo la dirección de Miguel Sánchez y los consejos del Señor Roque -El Colimote- a quien de cariño llamaban Tole y de Vinche Basan, ambos excelentes preparadores físicos y entrenadores.

La carrera tenía como objetivo llevar un pergamino de felicitación de parte del Presidente Municipal hasta Chilpancingo, para entregarlo al Gobernador Alejandro Gómez Maganda con motivo de su cumpleaños.

Todos los deportistas del puerto fueron convocados y, una mañana de abril de 1953, encabezados por Clemente Mejía y Apolonio Castillo, partieron los relevos desde la escalinata del viejo palacio municipal, mientras eran sembrados a un kilómetro de distancia: el Pelicano Vielma, Rubén H. Luz, Alberto Patiño, Lorenzo Bermúdez, Chucho -el Cantinflas-, Crescencio Rivera, Luís Bustamante, Fernando Rojas, Jesús Rodríguez, Samuel Sammy Gutiérrez, Lucas Deloya, Rogelio de la Cruz -El Calidad-, Paco y muchos otros que, al calor de la carrera ya en terrenos de Xaltianguis, saltan una alambrada y se introducen en un sembradío de sandías, grandes y maduras, que les proporcionan frescura y energía no sin dejar la roja huella sobre las blancas camisetas que para el efecto les había proporcionado el Instituto Nacional de la Juventud  Mexicana.

Llegan al atardecer a la capital del Estado, pero como el pergamino sería entregado durante la noche en una cena, los corredores son alojados en el patio de una maderería, donde descansan y, por la noche, entran al salón donde se celebraba la cena-baile. El gobernador los recibe gustoso y posa con ellos para la foto. Después de ser alimentados con soberano Pozole, donde nadaban ciertos gusanos de maíz, son conducidos de regreso al puerto en un autobús.

 

Por estos años se construye la gasolinera Las Américas, cerca de Tambuco, donde su padre es el gerente y Paco aprende los oficios de la misma, llegando inclusive a reparar las bombas cuando fallaban o necesitaban limpieza y ajustes. Después de casi sesenta años, todavía conserva en buenas condiciones la vieja bomba de reloj con la que “purgaba” los tanques para sacarles el agua.

Esta gasolinera tiene su historia: Por los años 30’s, don Ismael Valverde obtuvo la concesión de un expendio de gasolina en el centro, localizado entre la Iglesia de La Soledad y el edificio Pintos. Pero cuando el presidente M. Alemán remodela el zócalo y pavimentan toda el área, la gasolinera es destruida.

Meses más tarde, el Presidente Alemán asiste a una comida que le ofreció don Alejandro Gómez Maganda, entonces Gobernador del Estado, a la cual asistió su familia, entre ellos doña Rosa, esposa de don Ismael, que le reclama al Presidente que nunca se les otorgara otra nueva como Pemex había prometido; el Presidente tomó  nota y pronto Pemex otorgó a doña Rosa la concesión de la estación 1001, o sea la de Tambuco, construida exprofeso, con la salvedad que dicha concesión era de por vida.

Por desgracia, doña Rosa falleció muy pronto y el Presidente Ruíz Cortines canceló la concesión y la puso a nombre de un sobrino de él pues, como se dice, don Alejandro se la debía.

 

Es durante el tercer año de la Secundaria que debe cumplir con el Servicio Militar Nacional y desde el primer momento, debido a su presencia y educación, es designado Sargento cierra filas y, ya como Sargento primero, Comandante de la Escolta de Bandera del Batallón, cuyo abanderado era el teniente de complemento Manuel Valverde Ayala.

Terminada la instrucción militar le aconsejan haga otro período voluntario al término del cual ya se podría integrar formalmente al ejercito, pero él rehúsa pues ya soñaba con ser piloto aviador y los exámenes de admisión a la Escuela Militar de Aviación, estaban muy próximos.

Durante su niñez se publicaban muchas noticias sobre la guerra y más tarde sobre la guerra de Corea y las películas describían hazañas de la aviación, cómo olvidar Dios es mi copiloto, La Reina de los mares, 60 segundos sobre Tokio, etc. que recordaban la segunda guerra mundial y las de moda, encabezadas por Los puentes de Toko-rí. Tampoco olvidó la clásica inglesa: El Puente sobre el Río Kwai, cuya música sigue en su mente después de sesenta años. El regreso de Batan, etcétera.

Esto se dio porque la hermana de su bisabuelo, Rosalía, recordemos que envió desde Torrelavega, Santander, a sus dos hijos: José y Francisco Medrano Escudero para, como decían los españoles, Hacer la  América -es decir, hacer fortuna y regresar al solar nativo- bajo la guía de su tío don Francisco Escudero y Espronceda; sin embargo, los hermanos crecieron y aquí se quedaron y formaron sus familias casándose con dos hermanas, lamentablemente la familia Medrano fue protagonista de la tragedia del teatro Flores en 1909, pero un sobreviviente, Carlos Medrano, que de niño fue salvado del incendio por su tío, trabajaba como portero en el cine Salón Rojo y su medio hermano Juan El Chino, lo fue más tarde del cine Marlin.

Pues bien, los trabajadores de los cines tenían un equipo de béisbol que practicaba en los terrenos baldíos del antiguo aeropuerto, precisamente en la esquina donde hoy está La Gran Plaza. Él acudía a dichos entrenamientos a ayudar con los avíos y a recoger las pelotas que salían del diamante, lo que le valía entrar gratis a las funciones de los dos cines mencionados.

 

El aeromodelismo

 

Sin embargo, el cine no era su principal afición, desde muy pequeño, cuando vivía solo con su padre en el solar de la calle de La Quebrada, calle abajo, cerca de la Iglesia de La Soledad, vivía el Dr. Don Tomás Otero y su familia, tenían la farmacia que atendían él y su esposa Paulita; ella era de la familia Iturburo de Técpan, quién debió ser familiar de su tía doña Luz Olivar Vda. de Gil pues tenían un parecido increíble, sobre todo en el azul incomparable de sus ojos -color que sólo se ve en la mejor porcelana francesa de Wedgewood- y se frecuentaban mucho y trataban con cariño.

En fin, la pareja tenía dos hijos, Tomás y Aída, ella era de complexión muy fina, bajita de estatura y delgada, con los mismos ojos de su madre, y él heredó el talento de su padre en el arte de la pintura y a eso se dedicó de adulto, pero de joven trajo a la farmacia modelos de aviones procedentes de Japón que se construían con piezas de bambú, se cubrían con un papel especial, se les rociaba un poco de agua y en el sol el papel encogía formando las superficies de vuelo del modelo, al cual se le colocaba una gran liga enrollada en su interior, misma que al desenrollarse hacía girar una gran hélice de madera balsa que impulsaba al modelo por el aire en lo que los enterados llamaban vuelo libre, es decir, una vez en el aire, el modelo volaba a su voluntad, sin ningún control, salvo el que le proporcionaban las corrientes de aire. Si se deformaban las superficies, como la del timón, a fin de que volara en grandes círculos, al agotarse la tensión de la liga descendía donde fuera, a veces contra las viejas paredes de la biblioteca que se convirtió en La Escuela Secundaria Federal número 22.

Los modelos crecían en tamaño y a Tomasito se le unió otro joven de nombre Juanito Batani, quien llegó a ser un gran constructor de modelos; sin embargo, Tomás trajo para vender unos modelos lanzados a mano, pequeños planeadores de balsa así como unos que parecían mosquitos, consistían en una varilla de balsa dura como de dos centímetros de gruesa, a la cual se le adjuntaban alas y cola de balsa muy delgada y un alambre en forma de “V” invertida, a cuyos extremos se colocaban sendas ruedas de madera dura, piezas de metal sujetaban la hélice y la liga bajo la varilla que al comenzar a desenrollarse los hacía temblar sobre sus delgadas patas hasta que alcanzaban la velocidad de despegue. Los planeadores costaban un peso y los mosquitos tres.

Paco encontró en el gran tocador -antiguo mueble con cubierta de mármol y gran espejo donde su padre guardaba sus objetos personales- una caja azul que en algún tiempo había sido estuche de alguna joya de la joyería La Esmeralda de México, D. F. llena de pesos .0720 de plata que cubrieron el costo de varios modelos.

Pronto hizo sus primeros modelos impulsados por ligas, pero los modelos se meterían en su sangre para no abandonarle jamás.

En la calle Eduardo Mendoza tenía su domicilio y negocio de fotografía don Juan Marroquín y en un local adjunto abrieron una pequeña tienda de modelos de aviones los hermanos Mathelín, Víctor y Gastón. Esto fue a fines de los años 40. Ellos habían llegado del norte de la república y trabajaron de taxistas un tiempo en el sitio número 1 de la calle Escudero. Víctor se fue a Transportaciones Aeropuerto cuando ese servicio se independizó de los sitios de autos de alquiler. Gastón se dedicó entonces a la tienda, pero ya no se trataba de modelos de bambú y ligas, sino de estructuras de madera balsa y triplay forradas con seda y otros materiales, mientras que motores pequeños de dos tiempos, que funcionaban con un combustible especial, habían sustituido a las ligas enrolladas. Ya no volaban a voluntad, estaban controlados por un ingenioso mecanismo llamado U-Control en los EE. UU. -Líneas, le llamaban en México- consistente en una pieza de aluminio en forma de “T” que se aseguraba firmemente a la parte interna del fuselaje sobre una base de triplay, cinco líneas de acero, quizás un poco más gruesas que un cabello, estaban trenzadas entre sí formando un delgado cable que se extendía unos 20 metros. Dos de estos cables se aseguraban a la pieza de aluminio y se proyectaban fuera del modelo dentro del ala. A la misma pieza de aluminio -llamada Bell Crank- se aseguraba una varilla acerada que controlaba el movimiento del elevador. Las otras puntas de los cables estaban aseguradas a los extremos de una manija de metal o madera, que se sostenía con el puño cerrado en forma vertical. El movimiento de la muñeca del piloto hacía que el elevador subiera o bajara, lo que controlaba el movimiento ascendente o descendente del modelo.

Sin embargo, era necesario que las líneas se mantuvieran tensas durante el vuelo a fin de mantener el control, vuelo que el modelo realizaba en forma circular, teniendo como centro al piloto mismo.

Para ello, el timón era fijado para que se dirigiera a la parte exterior del círculo de vuelo, mientras que en el extremo del ala de afuera de dicho círculo, se colocaba un contrapeso de plomo ya que las líneas pesaban algunos gramos.

El motor operaba con un combustible a base de alcohol industrial y un aceite especial –ricino- a los que se agregaba un porcentaje determinado de un detonante llamado nitro -nitro metano-. Esta mezcla entraba al motor por un venturi donde se regulaba la mezcla con el oxígeno del aire, forzando la mezcla al carter para lubricar la biela y el pistón, que la comprimía en una pequeña cámara donde brillaba una resistencia de platino calentada al rojo vivo por una corriente exterior de 1.5 voltios. Al calor de la resistencia se producía la explosión que lanzaba el pequeño pistón hacia el cárter provocando así el movimiento de la hélice de paso fijo. Por lo anterior, el sistema de encendido se llamaba “glow” –brillo-

Como la carrera del pistón era muy corta, la fricción era muy alta y sólo podría mantenerse la lubricación con un aceite resistente a altas temperaturas y el aceite de ricino era el más resistente de la época. Los motores de tamaño mediano giraban a unas 10,000 RPM. Pero entre más pequeños, por ejemplo con .049 de pulgada de desplazamiento, giraban a más de 25,000 RPM.

No eran baratos y nuestro personaje no tenía ingresos fijos por estar estudiando, pero pronto Gastón decidió mudar la tienda más al centro y ocupó un lugar en el pasillo del edificio de su concuño, el Dr. Enrique Muñúzuri, en la calle Carranza, frente al edificio Oviedo.

Ahí se reunían los modelistas de la época a adquirir los implementos para el deporte, platicar, comentar las incidencias del último vuelo dominical, etc.

Paco hacía mandados a Gastón y ayudaba en la tienda donde concurrían, además de Juanito Batani, Emilio Lozano, “El Pache” Garza, Ramón Arce, Luis González de la Vega, el Señor Berumen, Juan Marroquín, Guillermo López Giffard, Víctor Mathelín, etc.

Los hermanos Avellaneda compraron un motor y avión, pero nunca volaron, igual que Francisco Santaolalla y un gran número de chiquillos que compraban planeadores, revistas, pinturas, etc. Eran los años 50’s y en poco tiempo ya ingresaría a la escuela secundaria por lo que su padre le recomendó atender más los estudios.

Hubo un detalle que nunca olvidó, Gastón construía y modificaba modelos y era muy bueno con los motores, pero su hermano Víctor, los construía con gran paciencia y precisión y los ajustaba en el campo de tal manera, que sus aviones de vuelo libre, por lo general se perdían en el infinito azul.

Por aquellos años, apareció en una revista americana el plano de un biplano de los años 30´s, era un Fleet y le pareció el avión más hermoso que había visto, Víctor copió el plano, juntó sobrantes de madera y lo construyó con su acostumbrada precisión. El modelo volaba de maravilla, por primera vez se vio a un modelo de líneas, volar invertido y a ras del suelo, así como efectuar infinidad de maniobras entonces posibles en el U-Control. Estaba pintado de azul metálico claro y le llamó Petunia. Con el tiempo Víctor lo rifó y quien se lo sacó lo dejó como adorno en su casa.

El campo de vuelo se localizaba en los terrenos del antiguo aeropuerto, precisamente donde hoy está La Gran Plaza, como ya lo habíamos señalado.

Sabedor de la gran afición de Paco por los aviones, Porfirio Sánchez Rasek, esposo de Amparo Valverde le regaló un equipo de una avioneta de ala alta que armó y pintó de color plata, sin embargo, al tratar de volarla en compañía de su compañero Jaime Casis Gómez, (Q.E.P.D.) se estrelló por defectos en la construcción, por lo que se propuso asistir con más frecuencia a la tienda para aprender las técnicas de Gastón.

Un día, Juan Marroquín le propuso que fuera a su negocio para que le diera un muestrario de postales del puerto, para que visitara los hoteles y lugares que ahí aparecían y les ofreciera el producto, de cuya venta recibiría una comisión y así podría comprarse un avión.

Así nuestro personaje vagó por todos los cerros y playas del puerto ofreciendo las postales al tiempo que conoció personalmente a muchos personajes del entonces incipiente turismo, y juntó unos pesos que agregó a las propinas que a veces le daban por algún mandado.

Como conservaba el motor del avión estrellado, (un OK-CUB.099), diseñó el plano de un entrenador y lo construyó con materiales que adquirió en la tienda.

La situación económica era difícil y Gastón pensó construir un avión espectacular, se decidió por un B-26 un bombardero de la II Guerra que llevaba dos motores .35, lo cual era una hazaña, Paco ayudó mucho en el lijado de piezas y en buscar en el mercado sonajas y demás que pudieran usarse para crear las burbujas de la cabina y fuselaje. Por todos los detalles del acabado, el modelo estaba pesado y en el primer vuelo no despegó como era debido. Gastón le colocó entonces dos motores .40 y entonces sí voló de forma espectacular, adquiriendo el nombre de Toro Sentado, cuyo fin fue igual que el del Petunia; Toncho Carmona se lo sacó en una rifa y terminó colgado en la pared de su departamento.

A raíz del asesinato de dos turistas estadounidenses por un paisano de ellos de apellido Fenton, la situación económica de Acapulco se vuelve desastrosa y Gastón tiene que trabajar en una tienda de lanchas para esquiar. Pero los turistas no llegaban al puerto y todo mundo estaba en quiebra. Finalmente Gastón decidió emigrar a la ciudad de México, donde trabajaría en una gran tienda llamada Modelandia de don Paco Gallegos, a donde los amigos de Acapulco le visitaban de vez en cuando. Mas Paco y él nunca perdieron la amistad y la conservan intacta a sesenta años de distancia, durante los cuales hicieron ambos cosas notables en el  aeromodelismo y posteriormente en  los aviones ultraligeros.

Tres amigos siguieron con los modelos de U-Control, Fernando Morales, Rodrigo Fernández y Paco Escudero, formaron su club de aeromodelismo junto con otros amigos entre los que se encontraba Iván Sánchez, técnico de T.V. de una gran casa comercial y otro técnico, el Ing. José Luis González. Todos los domingos volaban en la esquina del viejo aeropuerto, pero tuvieron que abandonar el lugar por las nuevas construcciones usando eventualmente el campo de futbol de la escuela secundaria federal, a un lado de la gasolinera de la Diana, posteriormente, el General Andrew Almazán les presta el terreno junto al entonces hotel Hilton, donde muchas personas se juntaban los fines de semana para verlos efectuar sus peripecias.

Mas ya sonaba entre los aficionados una nueva modalidad: Los modelos dirigidos a Control Remoto, es decir, por medio de una señal de radio, que se empezó a practicar en la ciudad de México, pero los equipos eran muy caros y ya los amigos del grupo habían comenzado a contraer matrimonio y comenzaron a tener más obligaciones y los lugares para volar los modelos eran cada vez menos.

Fue entonces que se acordó que en ocasiones especiales, habían usado el aeropuerto de Pie de la Cuesta, ya para entonces convertido en Base Aérea Militar, contactó al General Comandante de dicha base y les otorgaron permiso de usar la plataforma.

Pero regresemos un momento en el tiempo al año 1954 cuando nuestro personaje termina su educación secundaria y debe trabajar para contribuir al gasto familiar, pero no sólo eso, es el año en que debe cumplir con el servicio militar obligatorio.

Pero la Escuela Secundaria Federal Num.22, con su vieja casona de adobe, sus rejas coloniales, su gran árbol de mango, sus salones enrejados con tablas que él ayudó a construir como discípulo del maestro don Julio Vélez, los campeonatos de volley ball, los concursos de bandas de guerra, los concursos de oratoria, etcétera, no se quedaron en la esquina de Quebrada y Madero, se grabaron de forma indeleble en su mente y en su alma, así fue campeón en los deportes mencionados, como en el boxeo que practicaba con Rubén H. Luz, Jesús Rodríguez, o las pesas que levantaban en casa de don Agustín Rosete, allá en su paletería, con Crescencio  -El Chino- Rivera, Wenceslao Peláez, y hasta don Reynold Méndez y en el basquetbol, también fue campeón. Con Lucas Deloya, Rogelio de la Cruz, El Gigante, Sansón y ni que decir de sus entrenadores, Miguel Sánchez en el box, don Adrian y don Artemio Deloya en el básquet, el Güero Tellechea en el volibol y Apolonio Castillo en el nado, donde si no ganó ninguna medalla, mas en la banda de guerra era uno de los mejores.

Dos eventos que tuvieron lugar durante se educación secundaria, piensa él que formaron su carácter o le dieron a conocer su forma de pensar y éstos ocurrieron durante dos viajes que se realizaron, uno representando a su escuela en las celebraciones del XV aniversario de la escuela Secundaria Ignacio Manuel Altamirano de la ciudad de Teloloapan, Gro. formando parte del equipo de volley-ball, de la escolta, del grupo musical (Nunca fue bueno en cosas musicales, tocaba percusiones, como la clave o el güiro) era además reserva del equipo de oratoria, que encabezaban Jorge Montufar Araujo y Jaime Radilla Luna. Ganaron en todo, bajo la vigilancia del muy estimado profesor de Física, don Alfredo Beltrán Cruz, oriundo de Teloloapan.

Sin embargo, los visitantes fueron alojados individualmente en casas de alumnos de aquella ciudad y no eran precisamente personas acomodadas, se notaba el esfuerzo económico que para ellos representaba tener un huésped en su humilde vivienda.

En su caso, fue recibido en casa de una alumna, con quien no hizo migas, pero los acapulquenses se sentían incómodos y al segundo o tercer día, casi todos abandonaron sus alojamientos para irse a refugiar en la casa paterna del profesor Beltrán.

Nunca olvidará la mañana que se levantó en la casa en que era huésped y preguntó por el baño para asearse antes del desayuno. En un patio abierto, cuatro palos sostenían petates formando un cuarto, donde se encontraba un recipiente de barro de gran tamaño, tal vez de unos 200 litros lleno de agua, había jabón, estropajo y una jícara, que al introducirla en el agua rebotó en la gruesa capa de hielo que cubría el recipiente, entonces se dio cuenta que estaba congelada. Nunca se sentía cómodo en casas ajenas, le daba mucha pena causar molestias a otras personas, pero sobretodo, que en Teloloapan, en plena montaña de la Sierra Madre del Sur, era invierno.

El otro evento fue participar en el desfile del día de la Bandera, en la ciudad de Iguala de la Bandera, un 24 de febrero, ante la presencia del Gobernador del estado -su tío Alejandro Gómez Maganda- y otras personalidades. Él era parte de la Banda de Guerra y su compañero Manuel Valverde Ayala, era el abanderado de la escolta.

Los alumnos fueron alojados en los salones de una escuela local para dormir esa noche como pudieran. No faltó quien introdujera bebidas alcohólicas y la fiesta se generalizó toda la noche. Una vez dormido Manuel, alguien le acostó abrazado a él el esqueleto humano que había en la biblioteca, luego le hablaron en la oscuridad, Manuel despertó y fue tal el susto que hubo que darle varios tragos para tranquilizarlo. El desfile transcurrió sin problemas y con muchos aplausos, al término del cual, las escoltas se formaron  en la plaza de armas, la de Acapulco frente al palco de honor junto  a los de la zona militar, teniendo el abanderado  que  estar firmes. Mientras la banda de guerra y otros contingentes fueron enviados a descansar.

Ya el calor del medio día era agobiante y se acercó a ver como estaba Manuel, éste le dijo que lo relevara mientras tomaba agua o descansaba y así lo hicieron, pero al ir ante el profesor Rivas que estaba a cargo del grupo, Manuel se desmayó -tal vez por la resaca-  y nadie se acordó que Paco estaba firmes al rayo del sol, la escolta del ejercito fue relevada más de cuatro veces y él seguía en su posición, pues era un gran honor portar el lábaro patrio, mas los efectos de la noche anterior causaron estragos y nuestro personaje se desmayó, pero no cayó al suelo, de alguna manera apoyó el asta de la bandera y seguía en su posición, pero con los ojos cerrados. Al pasar un militar lo movió y casi se precipita al suelo con todo y bandera, pero los soldados acudieron en su auxilio y entonces el profesor envió los relevos.

Cuando le preguntaron porqué no había abandonado el puesto, les dijo que no iba a dejar la enseña patria abandonada o permitir que cayera al suelo, al tiempo que entendía que por su bandera estaba dispuesto a darlo todo.

A este detalle siguieron las pruebas físicas y académicas para entrar a la Escuela Militar de Aviación en Zapopan, Jal. Pruebas que él y un compañero, Luis Ruíz, llevaron a cabo en la extinta 27ª  Zona militar.

Al poco tiempo fue llamado a presentarse en aquella base militar, con su equipo que debería incluir un reloj cronómetro, que era la parte más cara de todo lo requerido como ropa y zapatos.

Todo su espíritu patriótico y su ansia de volar se apagaron cuando un examen médico reveló que tenía un soplo en el corazón y su lugar en la escuela sería ocupado por un recomendado de la Presidencia de la República.

Su tío Augusto Ramírez Altamirano, ya retirado de la Fuerza Aérea pero brillante piloto e instructor de Mexicana de Aviación, le llevó de la mano a platicar con el Director de la F.A.M. quien le aseguró su regreso a la escuela el año siguiente, mientras, haría un curso en la escuela de mecánicos o en meteorología.

En la escuela de mecánicos, observó que arreglaban los ya entonces viejos aviones AT-6, como podían, hasta con amarres de alambres, Paco prefirió Meteorología, donde el piloto en jefe era un pariente suyo. Bueno, aquí las cosas estaban mejor, había un Aeronca, vestigio de los inicios de la Segunda Gran Guerra, que contaba con todos los aparatos necesarios para predecir el estado del tiempo, siempre y cuando pudieran llevarlo a un techo determinado, a las cinco de la mañana, circundar todo el Valle de México tomando lecturas y tratando de cubrir los agujeros de la lona que dejaban entrar heladas corrientes de aire y antes de que ese pececito tropical se congelase, decidió regresar al calor de su amado Acapulco.

 

Siempre que nuestro personaje dejaba de asistir a la escuela, fuera por vacaciones o por alguna otra causa, su padre tenía para él las siguientes palabras de aliento: “Esta bien, pero en la casa no vas a estar de flojo.”

Así durante los períodos de vacaciones fue ayudante de electricista, de plomero, de carpintero, de mecánico, etcétera, artes y oficios que nunca se le olvidaron y que en el futuro le servirían para poder mandar. En este último caso, su padre continúo:.. ” Ya hablé con tu tío César (Bajos), vas a trabajar en la Vitalizadora” -Este era un negocio de renovación y arreglo de todo tipo de llantas- además, como los hermanos Bajos eran comerciantes en semillas y transporte de mercancías, pronto manejaría los camiones de carga, entregaría llantas, cobraba facturas cada semana, sacaba cascara de café de Atoyac para llevar a México, iría por tanques de gas a Poza Rica, Ver. para don Baldomero Alcaráz, o por Pescado a Zihuatanejo para la pescadería El Barco.

Como estas obligaciones requerían de su presencia durante muchas horas, nuestro personaje dejó la casa paterna y se mudó con los tíos, César y Thelma. Pronto doña Thelma tuvo problemas con su primer embarazo y fue necesario aumentar el volumen de su torrente sanguíneo, cuyo tipo era compatible con el de Paco, por lo que le donó sangre en más de una ocasión y el primogénito  de la pareja, César Manuel pudo nacer sin ningún problema.

Es durante esta época que se hace amigo de otros personajes cuyos negocios estaban en la calle Cuauhtémoc, como  Reynaldo Manzanares, (Q. E. P. D.), y sus primas, Amparo y Tomasita herederas del negocio de su padre,  José Gómez, hermano de Lala y esposo de Amalia,  Álvaro Díaz, Ángel Arceta,  etcétera.

Una ventaja tenía, casi dominaba el idioma inglés, ya que durante el primer año en la secundaria todavía el francés era obligatorio; en el segundo año, el francés era opcional, se podía tomar inglés, que Paco escogió y, durante el tercer año, el inglés ya era obligatorio y su maestra, la Señorita Ma. de los Ángeles Serrato, lo ha-bía sido de su padre y de su tía Thelma, lo que le facilitó más el estudio de este idioma.

Es durante esta época que cumple con el Servicio Militar, teniendo que acudir a la Zona Militar cada domingo y por su educación, estatura y porte, es ascendido a Sargento Primero Cierra Filas, al tiempo que se le designa Comandante de la escolta de bandera.

Así, cuando la familia Manzanares necesitaba de un traductor para atender clientes extranjeros, le llamaban y él ponía su mejor esfuerzo por hacer que los clientes o empresarios de pompas fúnebres extranjeros, se llevaran una buena imagen de los servicios de la agencia de inhumaciones.

Nando (Reynaldo) y él se hicieron muy amigos y compartieron anécdotas y episodios propios de la vida costeña, si se necesitaba un chofer o quien ayudara en una autopsia, nuestro personaje estaba siempre al alcance de la mano y aún cuando ingresa en la industria hotelera, la amistad con la familia siguió siempre.

Fue durante una fiesta con estos personajes que conoció a Estela Kadoch Obe, bella joven de ascendencia árabe, que estaba divorciada y tenía dos hermosos hijos y ambos se enamoran, más ella buscaba un enlace matrimonial que le diera seguridad en el futuro, para sacar a sus hijos adelante y decide emigrar a la ciudad de México.

Así nuestro personaje, sin avisar a nadie, abandona el puerto aprovechando el viaje de unos amigos a la capital con la esperanza de encontrarla. No sospechaba siquiera que ella había aceptado compartir su vida con un hombre maduro que le aseguraba un trabajo y futuro para sus hijos en la ciudad de México.

Ya solo en la metrópoli, tiene que recurrir al amparo de sus tías, las hermanas de su padre, quienes lo reciben con cariño y comienzan a hacer arreglos para que se aloje y trabaje en una imprenta.

Sin embargo, a los pocos días, estando con sus tías, a la hora de la comida, alguien llamó a la puerta y Paco acudió a abrir. Grande fue su sorpresa al encontrarse de frente con su tío César que llevaba un mensaje  del  padre de Paco para sus hermanas. Ni que decir, se produjo la llamada a su padre y al día siguiente acompañaba a don César de regreso al puerto, sepultando así su amorosa aventura.

La vida siguió su curso, durante la semana trabajaba en la vitalizadora y los fines de semana iba con don Andrés Íñiguez a Zihuatanejo a traer pescado para “El Barco”, gran pescadería del mercado del Parazal.

 

Porfirio Sánchez Rasek, su otro tío, casado con Amparo Valverde le tenía un gran cariño a Paco y le platicaba de su trabajo en el hotel Costero, un muy exclusivo hotel de la hoy zona dorada donde se hospedaban personajes famosos y a Paco le interesó el ambiente y prestaba mucha atención.

Un día, don Porfirio le platicó que había llegado un señor inglés que venía a supervisar la construcción de un hotel en la Playa Revolcadero y ver la posibilidad de contratar choferes para conducir grandes autos de lujo para el transporte de los pasajeros al y del aeropuerto al hotel, se hablaba de Limosinas Cadillac de lujo y a Paco le interesó la idea de manejar uno y conocer a grandes personajes.

 

EL PIERRE MARQUÉS

 

Corría el año de 1956 y el turismo tenía un futuro prometedor en el puerto, pues el millonario Paul Getty, entonces hombre más rico del mundo había visitado el puerto y deseaba construir un hotel de lujo que fuera capaz de acomodar a la demandante clientela regular de su hotel en New York, el hotel Pierre.

Así se inicia la construcción del Pierre Marqués y por entonces, Paco esperaba el inicio de las clases en la escuela de aviación, así que por recomendación del tío Porfirio Sánchez, es aceptado para conducir un auto de lujo que recibiría a los clientes en el aeropuerto, concesión que manejaba para el hotel la agencia de viajes Aguirre’s Guest Tours, dirigida por Joaquín Adame Clark, mas el hotel no estaba listo y mientras llegaba el equipo de transporte, Paco es solicitado para ayudar en la conducción de grupos durante los recorridos por la ciudad, así, guiado por Felipe Lugo comienza a aprender el oficio de guía de turistas, que para 1958 ya domina y trabaja con Mario Bustamante, Rodolfo de la Llata y otros, atendiendo a los pasajeros de los barcos mixtos de carga y pasaje de la línea American Presidents Line.

Una vez terminado el hotel, la llegada de los lujosos transportes no se da y Paco es llamado para integrarse al equipo de trabajo que terminaría los detalles de acabado de instalaciones y cuartos, mientras se resolvía lo de los transportes.

Dentro del hotel se le pide ayudar al Ama de Llaves, Madeleine Chauvin, gran dama francesa que no dominaba el inglés y nuestro personaje se convierte en su brazo derecho mientras llegaba el ayudante oficial, la Sra. María Elena Villa, en tanto Catalina Arizmendi entrenaba a las camaristas y Paco aprende también el oficio de estas, al grado que ya en funciones el hotel, era capaz de suplir las ausencias de las camaristas y entonces, la Sra. Chauvin le enseña la posición de valet, en la cual aprende a desempacar las maletas de los clientes, colocar las prendas en closet y baño, así como disponer del arreglo o reparación de las prendas dañadas, aseo del calzado y el uso de los shoe socks, que en el futuro le servirán para diseñar las amenidades de su hotel cuando ocupará la gerencia.

Al arribo de la Señora Villa, el Sub-Gerente, un inglés de madre yucateca que se llamaba Francis Sanchá Vargas, solicita que sea transferido a la recepción y se le entrena como Consierge, ya que el suizo que ocupaba ese puesto no está a gusto con el clima y decide volver a su tierra.

Con el tiempo, llegó a considerar que este puesto era uno de los mejor remunerados de la industria, pues los servicios que prestaba a los huéspedes, siempre eran sujetos de buenas compensaciones, además, al final de los turnos de trabajo, cada botones  debería entregarle el 10% de las propinas recibidas. Al finalizar el día, sus ingresos sólo por propinas rebasaban los cinco mil pesos, mientras el salario mínimo era de 12.50 por día laborado.

Entonces le llegó el llamado para reingresar a la escuela de aviación, de la cual, al terminar la carrera, egresaría con el grado de subteniente, con un sueldo mensual de 800.00 pesos, con la condicionante de servir a las fuerzas armadas por un mínimo de cinco años, durante los cuales se comprometía a mantenerse soltero. Por lo tanto decide quedarse en el hotel.

Su tío “Guto” (Augusto Ramírez Altamirano) tuvo que encargarse de que la Fuerza Aérea le diera de baja sin ningún castigo.

 

Su popularidad crece entre los ejecutivos del hotel y es objeto de tratos especiales, como tomar sus alimentos en el comedor de ejecutivos, o en los mismos almacenes de A. y B., incluso en la oficina del Chef. Así hizo amistad con los jefes de otros departamentos y le pidió al Sr Jean Von Urbanek, jefe del departamento de publicidad, que le permitiera aprender a manejar una máquina impresora offset que era la gran novedad y así lo hizo, guiado de la mano del Sr. Cortés que era el operario de la máquina, mas en ese departamento laboraba una hermosa joven de nombre Rosita Zapata Zamora quien tomaba el autobús en el centro igual que él y pronto se hicieron novios, más tarde llegaron otros empleados de diferentes departamentos y junto con Gloria, hermana de Rosa, Ma. Eugenia Tules Solórzano, Antonio Calzada, Salvador Escalante, Salim Hassanille, Mario Gutiérrez Hassef, Emilio Somellera. Evaristo Lobato,  Luis de Alba, Salvador Villerías, Los hermanos Rodríguez, Camilo Cervera, Ángel Sordo, Rodrigo Fernández, el Oso Arizmendi, formaron una hermandad que organizaba fiestas y reuniones muchas de las cuales terminaron en noviazgos y hasta matrimonios, como La Tules Solórzano que se casó con Rodrigo y años más tarde se hicieron inseparables y compadres de Paco cuando éste les bautizó a su primogénito. Paco no tenía novia, pero si relaciones con una camarista de figura sin igual y una que otra extranjera, hasta que conoce y se hace novio de Rosa Zapata.

Es en este puesto después de una larga fiesta, que sufre un accidente de tránsito y se fractura la espina dorsal, lo que le envía más de un año al hospital, con todo el cuerpo enyesado para mantenerlo inmóvil en la cama. Su padre le fabrica un atril especial para que boca arriba, pudiera pintar, pinta una escena de las procesiones de la semana santa en Sevilla, que pocos años después regala a un sacerdote alemán amigo suyo que reside en Velva, North Dakota, quien colocó el cuadro en la sacristía de la iglesia de Santa Cecilia de aquel lugar.

 A su regreso, considerando su recuperación, se le transfiere a la recepción donde aparte de recepcionista aprende el manejo de la caja y de la máquina National 2000.

Se convierte rápidamente en uno de los más eficientes cajeros de recepción, donde aprende todos los trucos y mañas de viejos cajeros como Esteban Cárdenas y Salustia Gómez, una exuberante morena, que usaba una blusa blanca escotada que dejaba ver parte de dos poderosas razones que la hacían muy popular (por lo general no usaba sostén) y que cuando presentaba la cuenta a los clientes, éstos clavaban la mirada en las razones de ella y pagaban lo que ella les decía, sin siquiera mirar la cuenta, cosa muy razonable. Claro, al salir del trabajo a las once de la noche, ella por lo general invitaba la cena y unas copas en al Bambú, que el conocido cubano Manolo Dueñas tenía en la Costera frente al malecón y por lo general llegaban a la hora de la bohemia para departir con Tabaquito y acompañar  José Antonio Méndez con La gloria eres tú, Novia mía, etc.

Una auditoria de las cajas de seguridad de clientes, encuentra una de ellas sin registro, pero llena de dólares y se piensa que nuestro personaje o un compañero son los dueños de ese dinero, a todas luces ilícito y Paco solicita se haga una investigación, pero su compañero le pide que no lo hagan pues él tenía cola que le pisaran, ambos son suspendidos, pero pronto es solicitado para integrarse al personal administrativo del Club de Pesca, hotel que había heredado de su padre Miguel Guajardo y que en ese tiempo manejaba don Guillermo Moreno, que además manejaba la embotelladora de famoso refresco de cola, también propiedad de Miguelito.

 

El Club de Pesca

 

Paco convence a su amigo de entrar al Club de Pesca y éste finalmente acepta, así, Evaristo Lobato y él comienzan una serie de aventuras en el viejo hotel, sin embargo, a los pocos meses  aparece el dueño del dinero, guardado en la caja del Pierre Marqués, un mesero que guardaba ahí sus ahorros y que el cajero nocturno le había permitido usar esa caja sin registro; Lobato y Paco son invitados a regresar a sus puestos en el Pierre, su compañero injustamente inculpado regresa a trabajar y llegó a ocupar el puesto de Sub Gerente, pero él se sentía insultado y no acepta regresar al Pierre, quedándose algún tiempo en el Club de Pesca. Es aquí que se da cuenta que las bonitas muchachas extranjeras que convivían con los lancheros, estaban disponibles y a su alcance y aprende la manera de invitarlas a salir en cuanto se registraban en el hotel y casi todas las noches visitaba centros nocturnos o restaurantes de amigos, acompañado de despampanantes rubias.

Era esta la época de los populares centros nocturnos.  Donde se bailaba a media luz y con música viva, el Club de Pesca tenía un cabaret llamado el Salón Turquesa, donde se daban cita muchos personajes del puerto y desde luego, muchas turistas norteamericanas, que llegaban al hotel en grupos especiales para aprender a bailar los ritmos latinos bajo la dirección de un famoso músico americano llamado Arthur Murray, desde luego, no faltaban voluntarios para ayudar en su labor de enseñanza al viejo Chato Morris, antiguo guía que se encargaba del ritmo del Cha-Cha-Chá.

Echegaray, Evaristo Lobato y Paco se ofrecían para enseñar a las jóvenes los secretos de la vida nocturna del puerto, visitando lugares como El Pez que fuma –del inolvidable Manolo Pano- y no era raro verlos cambiar de parejas cada semana. Las incursiones nocturnas a la alberca de los búngalos que el hotel tenía al otro lado de la Costera, requerían de ausencia de ropa para enseñar a las turistas a hacer bucitos.

Pronto conoce a la familia de Miguel Guajardo y su esposa Marion, quien de soltera había sido Miss California, con quien conversa ocasionalmente.

Una noche, nuestro personaje tiene que cancelar una cita con hermosa huésped, pues su relevo en la recepción no se presentó a trabajar y ella, en lugar de descansar o salir a distraerse, se sentó en el lobby hasta que ya cerrado el Salón Turquesa y terminadas las labores estadísticas de la recepción, deciden ir a la alberca de los búngalos, situados al otro lado de la avenida Costera, a los que se accedía por un puente. Cabe mencionar que se trabajaba en la recepción en camisa de manga larga y corbata, que no eran apropiadas para meterse a la alberca, así que se despoja de todo y están jugando en la piscina cuando llega el jefe de seguridad y le avisa que el Sr. Guajardo había llegado de improviso por carretera desde la ciudad de México en compañía de su esposa y se había detenido en recepción, para preguntar por el estado del hotel, ocupación, etcétera y este gran amigo le dijo que Paco estaba cenando, pero que le llamaría de inmediato, mientras el Sr. Guajardo entraba a la gerencia.

Ni que decir que nuestro personaje prácticamente voló a través del puente, mientras cubría su desnudez con la camisa y la corbata, llegando a colocarse muy pegado al mostrador de recepción, para que no se notara su ausencia de pantalones mientras platicó brevemente con su patrón, quien después de unos momentos y complacido con la información, abordó su automóvil y se retiró a su residencia, mientras su esposa saludaba a Paco desde la ventanilla del impecable Mercury 54.

Por la sonrisa de ella, Paco comprendió que lo más seguro fue que ella lo había visto cruzar el puente, acción que le valió entre los empleados nocturnos, el mote de “Superman”. Sin embargo, la Sra. Guajardo nunca hizo mención a este incidente.

La relación con Rosita se enfría y finalmente se termina, cuando ella ya era gerente de una gran tienda en el hotel Noa-Noa, llamada: Maya de México.

Paco estimó que Rosita se enteró de sus andanzas con las turistas o no le vio, como se dice: Patas pa’gallo.

 

La situación económica del Club de Pesca, no era muy buena al grado que carecía de fondos para operar el cambio de moneda a los huéspedes en la caja de recepción y la gerencia pide a los cajeros que lleven  dinero propio para cubrir el servicio y con su compañero Jorge Gutiérrez Fernández se asocian para proporcionar el servicio y desde luego, quedarse con las ganancias.

Innumerables anécdotas le suceden en esta etapa de su vida, algunas reflejan su sentido del humor y su aprecio por las cosas naturales, por ejemplo, el Gerente General decidió un día arreglar el hotel para tener un Lobby más atractivo, pintó paredes y puso lámparas nuevas, arregló las jardineras, donde se colocaron hermosas plantas de flores y palmeras de plástico.

Ni que decir que esa noche se encontró con la sorpresa de un lobby lleno de burdas plantas de plástico y ni tardo ni perezoso, organizó por escrito una colecta para reunir dinero y comprar diez metros de soga para que el autor de la idea se colgara del mástil del muelle, pensando que el jefe de mantenimiento había sido el autor de la idea.

Al día siguiente, la broma circuló por todos los departamentos del hotel y cuando se presentó a trabajar por la noche, le comunicaron que no podía hacerlo hasta que hablara con el Gerente. Al día siguiente se presentó con dicho personaje quién le reclamó su broma, diciéndole  que él era el autor de la idea y por lo tanto, quedaba suspendido de sus labores: cuando nuestro triste personaje se retiraba, entró en la oficina el dueño del hotel, el Sr. Miguel Guajardo, quién muerto de la risa preguntó de quien había sido la espantosa idea y Paco dijo que él estaba ahí para ser reprendido por eso y don Miguel, todavía riendo le dijo al Gerente: “Autorízales para que compren plantas naturales, con eso el lobby se verá muy bien, Paco: ¡Que ocurrencias las tuyas!”.

Nadie supo lo ocurrido y ambos, Paco y el Gerente guardaron silencio, no fue despedido y poco tiempo después, es designado Gerente Nocturno.

Don Miguel Guajardo tenía un hidroavión pequeño que se guardaba cerca de la alberca del hotel y Paco y él platicaban de aviones, de ahí su simpatía por nuestro personaje. El pequeño avión era usado para llevar a personajes a “dar la vuelta” y saliendo de la playa del hotel, cruzaba parte de la bahía para despegar.

Se desempeña con éxito como Gerente Nocturno y dentro de sus responsabilidades estaba la de guardar las llaves de la cocina, una vez que se terminaba la cena y en la madrugada, Paco la abría para que los bell boys, vigilantes y él pudieran comer y tomar algo.

Una noche apareció un señor que dijo ser el Sr. Bustos, Contador de la Pepsi-Cola, cuya embotelladora, propiedad del Sr. Guajardo, se encontraba cerca del hotel. El contador le dijo a Paco que él y su compañero, de nombre Enrique Molina, pernoctaban esa noche en la embotelladora pero no había ningún lugar para comer. Paco les invitó a cenar en la cocina y en adelante se hicieron muy amigos.

También tenía que supervisar el orden del centro nocturno, llamado Salón Turquesa, que al cerrar debería entregarle el corte de caja que se guardaba en recepción. Piedad, la cajera del lugar, era una guapa mujer, que se decía habían pretendido varios galanes, entre ellos el gerente y hasta Miguelito Guajardo, pero estaba comprometida en matrimonio con el gerente de compras. La frialdad con que nuestro personaje la trataba contrastaba con las caravanas que los demás empleados le rendían a Piedrita, su apodo cariñoso, pero había muchas turistas, con quien tener relaciones, sin ningún compromiso y él no necesitaba involucrarse con una muchacha local.

Por esos días un conjunto musical centroamericano que se presentaba en el Club de Esquíes, llamado Conjunto Batachá, fue contratado para el Salón Turquesa y sus integrantes pretendían a Piedrita al grado que cuando grabaron un disco, su líder le compuso una canción que llevaba su nombre.

Una madrugada, al entregar sus cuentas, ella proporciona su dirección a Paco y lo invita a que por la mañana, al salir de trabajar, pase por ella para ir a la playa.

Todo el día lo pasaron en Revolcadero y ya por la tarde ella le declara su amor y terminan el día en su departamento, revolcados en sábanas blancas.

Todo el hotel se enteró, por un telefonista, del romance, incluyendo al gerente de compras que rompe su compromiso y ella renuncia para debutar como cajera en el frontón Jai A Lai, al tiempo que se convierte en cantante de un popular centro nocturno.

Su romance dura un tiempo razonable, pero no era fácil para él ser hijo de familia, con las obligaciones de ello y al mismo tiempo las que le imponía vivir en amasiato, que distaba mucho de sus encuentros ocasionales con las turistas.

Los llamados Latin Lovers, eran en realidad los lancheros, como él los conoció, pues se llevaban a las turistas a vivir con ellos en sus cuartos humildes de los barrios y ellas se pasaban largas temporadas en el puerto.

Fue con un compañero del Pierre Marqués, llamado Toño, a quien apodaban “La Cuija”, con quien se asocia para rentar un pequeño departamento en la calle Velázquez de León, a donde llevaban a sus conquistas a residir por muchos días, claro, ayudando ellas con la renta y el gasto de los alimentos. Aun así, él nunca se consideró como un Play Boy.

Años más tarde, algunos “juniors” locales asistían a fiestas de turistas americanas y llegaban a tener alguna relación con ellas, pero para ellas eso era costumbre, tan arraigada en las universidades americanas, que una vez dio lugar a la epidemia de la orina azul, pues unas chicas cansadas de la costumbre añadieron azul de metileno a una bebida en una fiesta, lo que originó que los galanes orinaran azul por muchos días y se pensó en una epidemia de grandes proporciones. Hasta que una de las chicas participantes llamó al hospital muerta de la risa y le dijo a los médicos que a los galanes se les iba a caer su aparato reproductor.

Hoy aquellos “juniors” se consideran “Play Boys”, pero ni siquiera supieron nunca el nombre de sus compañeras ocasionales.

 

 

El Presidente

 

No paso mucho tiempo  para que dejara el Club de Pesca para ingresar al nuevo hotel El Presidente, donde encuentra y convive con viejos conocidos y amigos, pero también encuentra un noviazgo que va a marcar su vida.

Piedad lo busca para no terminar la relación, pero él se mantiene firme e ilusionado con la perspectiva de haber encontrado una buena muchacha, de familia respetable para quizás, contraer matrimonio, aunque sólo contaba con veinticuatro  años de edad.

Sin embargo, él consideró a Piedrita como la mujer que lo convirtió de niño en hombre, pues con ella aprendió a satisfacer sexualmente a una mujer y a tener atenciones y detalles con ella, pero, sobre todo a respetar una relación y darle a la mujer su lugar y espacio.

 

Paco destaca como cajero, auditor nocturno y recepcionista en el Presidente y pronto tiene que asumir la responsabilidad del turno de noche y eventualmente alternaban como sub-gerentes de piso con Agustín Gutiérrez, Jorge Muñúzuri, Antonio Benítez (todos ya fallecidos hoy al igual que Arturo Funes), Sergio Garduño y otros, pero ninguno igualaba la habilidad de nuestro personaje para manejar las situaciones de sobre-venta.

Don César Balsa, director de la cadena se relacionaba directamente con los agentes mayoristas, proveedores y agentes detallistas a fin de tener el pulso de los negocios que dirigía y que comprendían una variedad de hoteles y restaurantes, unos de gran éxito y otros muy difíciles de entrar en el gusto de los consumidores, por eso, él pedía a los agentes mayoristas su ayuda para que enviaran negocio a los hoteles no muy exitosos y él les hacia concesiones especiales en los hoteles de éxito.

Había en Nueva York una agente mayorista que manejaba grandes volúmenes de turistas en grupos o individuales y más de una vez había salvado a hoteles de la cadena no muy exitosos.

Todo comenzó cuando ella tuvo un grupo de cincuenta habitaciones que debería traer a Acapulco durante la época más difícil de la temporada invernal, febrero, cuando clientes individuales llegaban a los grandes hoteles de Acapulco ofreciendo a los recepcionistas cien o más dólares por un alojamiento.

Nunca supo nuestro personaje que fue lo que pasó pero aquella señora, pidió a don César Balsa que alojara a las cincuenta parejas en El Presidente, cuando todas las habitaciones estaban reservadas y comprometidas todos los días del mes.

La orden llegó tajante, “espacio confirmado directamente por el Sr. Balsa”, José Gilly el gerente general pidió ayuda, para habilitar las cabañas de la alberca como habitaciones y vino personal de la ciudad de México para conseguir habitaciones hasta en moteles pequeños de La Costera. También había abogados pendientes para atender las posibles demandas de los turistas a quienes se le iba a fallar la reservación y enviar a otros lugares, a veces por más de una noche.

Por esos días, Paco cubría el turno de noche y no había noche que al comenzar, Agustín o Jorge, no le recibieran con frases como: “Hola Paco, tienes el hotel lleno hasta los topes y seis o diez reservaciones por llegar, ya protegimos los cuartos en el motel La Vegas, (un pequeño motel cercano a lo que hoy es La Gran Plaza, sin vista ni playa).

Paco comenzaba a hacer sus estadísticas y reportes nocturnos, pues los pasajeros y los problemas tardarían en llegar.

Había en ese tiempo un vuelo de Aeronaves (después Aeroméxico), que salía de Nueva York las diez de la noche con hora estimada  de llegada a Acapulco hacia las dos de la mañana, sin embargo, por el cambio de horarios o las condiciones del tiempo invernal, nunca llegaba a la hora prevista y todos en la industria hotelera lo llamaban: El vuelo fantasma.

Cuando los desafortunados clientes llegaban finalmente al Presidente, cansados, algunos hambrientos y todos con sueño, se encontraban con él tras el mostrador luciendo una gran sonrisa, pero que no hablaba ni pizca de inglés y no entendía ni siquiera el lenguaje de señas por el que algunos clientes desesperados trataban de hacerle entender que deseaban su habitación. Recurría entonces a su limitado italiano o menos entendible alemán y finalmente en un inglés de muelle, pronunciando las palabras muy al estilo judío, les hacía entender que por esa noche, debido a desafortunadas circunstancias, tendrían que dormir en Las Vegas, pero no en Nevada, sino en la Costera.

Las reacciones de los clientes no se hacían esperar e iban desde las amenazas de quejas al departamento de turismo hasta amenazas legales.

El hijo de una pareja de los primeros clientes que tuvo el hotel -Lou e Ivette Gould-  de nombre Philip, casi siempre estaba presente observando el accionar de Paco y hasta le enseñó algunas palabras en el viejo hebreo, para disculparse con los clientes.

Transcurrido el día siguiente, los clientes eran llevados con todas las cortesías de Las Vegas al Presidente donde se alojaban ya y se enteraban del problema existente con la sobre-venta y a partir de las doce de la noche, se sentaban en el lobby a esperar que comenzara el espectáculo, desde luego, durante el día Philip se encargaba de contar a todos en la alberca lo que sucedía cuando Paco comenzaba su actuación, incluso llegó a colocar filas de sillas en  media luna que él llamaba de ringside, para que quienes lo desearan presenciaran el show en vivo.

No faltó la noche en que una mujer se desmayó y hubo que llamar al médico del hotel y la oficina de la gerencia se convirtió en cuarto de hospital.

En otra ocasión, otra señora se negó rotundamente a irse a otro lugar, se desvistió en pleno lobby a la vista de todos, abrió su maleta, sacó una pijama y le dijo que dormiría en un sofá, la reacción de Paco fue correr a la ropería y trayendo dos sábanas, una almohada y un cobertor y de inmediato arregló un sofá en una esquina del amplio lobby donde la mujer se acostó a dormir. Pasados unos minutos, desapareció y regresó con una bacinica blanca que nadie supo de donde sacó y la colocó a la vista de todos bajo el sofá ante la hilaridad del público asistente.

Sin embargo, antes de las siete de la mañana, que terminaba su turno,  apareció nuevamente con un termo de café, tazas, pan y mermelada y los dejo junto a la pareja dormida, ella en el sofá y el en un amplio sillón, muy arropados con un cobertor y sobre éste, un letrero que decía, Favor de no molestar. Esta fue la historia que Phillip divulgó en la alberca y la noche siguiente, cuando llegó, el teatro estaba lleno y en cuanto salió a la recepción se llevó una carretada de aplausos del público entre los que se encontraba el Sr. Gilly y ejecutivos de México.

Phillip y sus padres lo apreciaban y cuando se abrió el condominio Velero y Galeón fueron de los primeros en comprar un departamento en condominio, pero continuaron su amistad con Paco y cuando nació su primer hijo, que por cuestiones de familia se llamó Felipe, ellos sembraron un árbol de cedro en Israel para conmemorar el evento, durante una campaña de reforestación que hubo en aquel sufrido país, del que eran originarios.

 

Un anécdota muy desagradable le ocurrió sin embargo una mañana en que había recibido con gran eficiencia a un grupo importante, cuando se presentó en la recepción un viejo gordo, bastante calvo con una barriga del tamaño de un tonel, la camisa abierta mal vestido, en shorts y chanclas y al presentarse para el registro le preguntó: ¿Y cual es mi suite?

Paco, que  no lo conocía, le contestó: “En seguida señor, ¿Cuál es su nombre?”. El horrible gordo de nariz aguileña y ojos grises que delataban su origen judío, saltó hacia atrás como tocado por un rayo de Zeus gritando: ¿“Cómo”? Y volteando a ver a Roberto Zapata, vice presidente de la cadena que se acercaba, le gritó: “¡Este idiota no me conoce!”. “¡Dile quien soy!”.

El señor Zapata entró a preguntar en voz baja cual era la habitación para el Sr. James Dubín, dueño de la agencia que manejaba el grupo, tomó la llave de la habitación y sin registrarlo condujo al inmenso gordo a los elevadores para llevarlo a su habitación.

Años más tarde, recién terminada la Cruz de las Brisas, el Sr. Dubín entró muy sonriente a la oficina de Paco y en voz alta le preguntó:

”Y dónde anda Brandstetter, ¿construyendo cruces”?

“No señor”, contestó el interpelado, “anda buscando a quién poner en la cruz, ¡Gracias por venir”!

Dubín no dijo nada de momento, luego de una pausa se limitó a decir: “Bueno dígale que lo pasó a saludar Jimmy Dubín” y se retiró de la oficina.

Cuando Brandstetter se enteró estalló en sonora carcajada y se escuchó que entre dientes decía: “Son of a gun”.

 

En otra ocasión, en plena temporada y con el hotel casi lleno a capacidad, se presentó un turista judío que no tenía reservación  y pidió a nuestro amigo que le consiguiera una habitación y ante la respuesta negativa, le preguntó si le gustaba el presidente de los Estados Unidos que aparecía en los billetes de cien dólares, mostrándole el billete con la foto; Paco le dijo que sí que esperara en el bar y vería que se podía hacer.

Hubo en ese momento dos cancelaciones y ya por la tarde el cliente se hospedó por una semana sin dar ninguna compensación. El día de su salida se acercó al mostrador y le dijo a Paco: “No creas que se me ha olvidado que te gusta el presidente, en cuanto llegue a Estados Unidos te voy a mandar una gran foto de él, enmarcada” y se dirigió sonriendo a la salida. (“Son of a gun”, pensó Paco)

Sus habilidades en el manejo de la caja hacen que el Contralor lo requiera para ayudante de Auditor, donde forma pareja con Edmundo González, el auditor nocturno, mas como la compañía crecía rápidamente, no daba tiempo de preparar nuevos ejecutivos y ellos dos tenían que cubrir las necesidades de los nuevos hoteles afiliados, como Elcano, Prado Américas, Noa-Noa y el motel Tampa, además de las operaciones normales, se in-cluían las operaciones de los diversos centros de consumo y cabarets de la cadena como el Focolare, Jacarandas, Tangaroa, Cantamar, Bambuco y el popular Bar Dalí, actividad que les llevaba toda la noche comenzando desde las diez de la noche hasta las siete u ocho de la mañana, sólo la buena condición física y su juventud les permitieron resistir tal tren de trabajo.

Edmundo González se casó con Esperanza Infante compañera de Magda en teléfonos y años más tarde, ya casado Paco llevó a la pila bautismal, junto con su esposa a la tercera hija de los primeros, a la que bautizaron Gabriela.

Claro, las aventuras amorosas siguieron en el Presidente y una noche, después de su trabajo, a las once de la noche, acompañó a unas turistas a celebrar el cumpleaños de una de ellas en la Condesa, donde cenaron y brindaron con champaña y otras bebidas que le hicieron perder la cabeza y no recuerda nada de lo que pasó, hasta que un fuerte rayo de sol hirió sus ojos y sintió que se hundía en el agua, lo que le hizo despertar y darse cuenta que él y una de las guapas chicas, estaban completamente desnudos en la playa, donde las olas del mar les bañaban al reventar y notó que la ropa de ambos estaba a unos metros de distancia y poco más allá, una enramada donde varias mujeres preparaban el desa-yuno palmeando tortillas y moliendo la salsa para unas “picaditas”, al tiempo que comentaban sobre la desnuda pareja dormida en la playa. Sacudiéndose la arena, ambos se vistieron, se acercaron a la enramada y saludando como si nada, disfrutaron de las picaditas y unas cervezas frías.

El hotel El Presidente de Acapulco, competía en lujo y comodidades con el hotel insignia de la cadena Balsa, que era el Hotel Presidente de la ciudad de México, sin embargo, el hotel de Acapulco gozaba de unas habitaciones inigualables, todas localizadas en el onceavo piso y consistían en Pent-houses es decir, dos plantas, teniendo Sala con bar y terraza en la planta baja y en un segundo plano, la amplia recámara con lujoso baño. En la terraza había una pequeña alberca forrada de mosaico veneciano y dos grandes camastros o tumbaderos donde los clientes se asoleaban a gusto y en total privacidad.

Estas habitaciones estaban designadas con letras y sólo las diferenciaban las distintas vistas que ofrecían del paisaje acapulquense, sin embargo, una de ellas era la preferida del Sr. César Balsa, cada vez que visitaba el puerto.

Durante una de sus visitas, el hotel estaba totalmente lleno y don César una noche pasó por la recepción y dijo a Paco que estaría en el Focolare, donde esperaba recibir a unos invitados a cenar. Paco avisó de inmediato a Ernesto (El Pelos) quien era el capitán encargado del lujoso restaurante.

Nadie se enteró nunca que una noche, Don Cesar no podía dormir, dejó su suite y pidió a Paco que lo llevara a un buen bar típico del puerto y nuestro personaje lo llevó al Pez que Fuma, de Manolo Pano, donde Don César disfrutó mucho y cada vez que visitaba el puerto, invariablemente iban al Pez que Fuma a pasar buenos momentos escuchando a Richard Pintos cantar “Jinetes en el cielo”

Después de hablar con El Pelos esa noche, apareció en la recepción una hermosa morena procedente del bar Dalí y le dijo a Paco que estaba muy decepcionada del hotel, ya que venía de luna de miel y su flamante esposo se había dormido totalmente ebrio y ella tenía dos horas en el bar luciendo su hermosa figura y nadie le había invitado una copa ni le había dirigido la palabra, por lo que además se sentía muy sola, ¿Sería él capaz de invitarla a algún lado para platicar a solas?

Tratando de complacer a la cliente en todo lo posible y no habiendo ninguna habitación disponible, Paco llamó a su amigo Ernesto y preguntó cómo iba la cena del Sr. Balsa, Ernesto le dijo que estaban en el entremés y la cena era de cuatro tiempos. Así, sin pérdida de tiempo, tomó la llave del Pent-house del Sr. Balsa y llevó a la hermosa morena para mostrarle la alberca, donde ella sintió deseos de refrescarse, se desvistieron e hicieron el amor sobre uno de los camastros. Paco se preocupó de que sólo usaran una de las grandes toallas para secarse, misma que llevo consigo

Al bajar del onceavo piso, la sonriente  morena se quedó en el noveno piso y la toalla en la lavandería, luego llamó a la ropería y reportó que había ido a revisar la suite del Sr. Balsa y había encontrado que faltaba una toalla, la cual fue repuesta de inmediato.

Claro, Paco nunca mencionó a nadie en el hotel acerca de las veces que se encontraba con el Sr. Balsa en el Pez que Fuma, el bar que Manolo Pano tenía en el centro.

Ese era el tipo de vida que llevaban muchos jóvenes porteños cuando en Acapulco se dio el fenómeno de los “Latín Lovers”. Al preguntarle a Paco a que razón se dio esta situación, él reflexiona y me dice:

“Mira, creo que durante la segunda guerra mundial, cuando los hombres de los Estados Unidos estaban en combate, las mujeres de ese país fueron llevadas a trabajar en las fábricas de armamentos, medicinas, ropa. etc. En ellas descansó la productividad y la economía de los EE. UU. Durante los años del conflicto, y tal vez eso dio origen a su emancipación, se sintieron con igualdad de derechos que los hombres y llegaron al grado de tener relaciones íntimas antes de casarse, tal como lo hacían los hombres y la manera de hacerlo sin que se supiera en su tierra, fue hacerlo fuera del país”.

Sin embargo, la aparición de enfermedades contagiosas, como el SIDA, acabó con esta costumbre.

Una noche Paco recibió una llamada de México, D.F., era el Sr. Balsa quien le dijo que había olvidado unos bosquejos en su habitación, que los recuperara y se los enviara a México. Como Paco ya conocía muy bien la suite, los encontró y por la mañana los envió al Sr. Balsa. Eran los dibujos de Salvador Dalí del proyecto de Centro Nocturno, donde unas gigantescas jirafas de piedra y cuello en llamas se hundían en las olas de la playa del hotel, jalando una concha de erizo sin púas en cuyo interior estaba el centro nocturno. Por diferentes razones no se hizo pero, basado en los dibujos de Dalí, un artista realizó grandes murales en las paredes de las escaleras que van del lobby al restaurante, con todo y la firma de Dalí. Esta firma fue fundida en bronce y con ella se hicieron las manijas de la puerta del bar que lleva su nombre.

Cuando se remodela el hotel, estos murales son destruidos, pero nuestro personaje tiene una foto parcial de ello.

Don Jaime Miravetelles fue un literato enemigo de don Francisco Franco durante la guerra en España y, como muchos, emigró a México ayudado por el Cónsul mejicano don Alejandro Gómez Maganda quién lo envió a Barcelona y, una vez en México, ambos ayudaron a crear la todavía existente Feria del Libro.

Cuando Don Jaime vino a Acapulco, fue a visitar a Paco al Presidente y este le tomó una foto de recuerdo con el mural de fondo.

La gerencia del hotel apreciaba las cualidades de Paco y cuando se requería de alguien para alguna misión especial se pensaba  en  él, como cuando vinieron los editores de la revista Play Boy a filmar en Acapulco, y le encargaron a Paco ser el chaperón de las modelos que ahí se hospedaron hasta en las cabañas. Como lo muestra la foto de la siguiente página.

 

Elcano

 

Las finanzas en el hotel Elcano no andaban bien y el Sr. Elorriaga lo hipoteca con la financiera de Don Francisco López Figueroa. Sin embargo, ante la falta de pagos, lo embarga para operarlo hasta recuperar su dinero, pero le da la operación a Nacional Hotelera de César Balsa.

 

El Gerente de Elcano, el Sr. Francisco de P. Carral, renuncia para asumir la representación de la Secretaría de Turismo Federal y se lleva consigo a Adolfo Soberanis, quién era su brazo derecho en Elcano manejándose como Jefe de Recepción, caja y reservaciones. Paco es asignado en ese puesto y el viejo gran hotelero don Alfredo El Tigre Beristaín, sobreviviente de la época de oro del Casablanca, llega para enderezar las cosas en Elcano, hombre difícil, que trae a un recomendado  suyo de nombre Miguel Ángel de la Tijera que es asignado Gerente Nocturno y poco a poco Elcano se recupera, pero Miguel Ángel se dormía en el trabajo y terminaba muy tarde, retrasando las labores de contabilidad y recepción, Paco se queja pero El Tigre apoya a Miguel Ángel, quién durante al día atendía su propio negocio y tenía una cierta rivalidad con nuestro personaje por haber pretendido a Rosa Zapata cuando era novia de Paco en los días del Pierre Marqués. Miguel Ángel no aguantó mucho y renunció pero el Sr. Beristaín retuvo el aumento de sueldo de Paco como castigo, arguyendo que no lo merecía, pero los resultados se veían en la ocupación del hotel y las satisfacción de los huéspedes.

Lejos estaba nuestro personaje de pensar que años más tarde conocería al Sr. López Figueroa y harían una gran amistad con él y su esposa y ella le haría grandes regalos a Paco.

Por esas fechas, la Nacional Hotelera de Don César Balsa decide invertir en el Prado Américas lanzando un programa de estandarización de sistemas así como la remodelación de habitaciones.

Arturo Funes, Jorge Muñuzuri, Agustín Gutiérrez, Sergio Garduño y otros, ya destacaban en compañía de Paco en El Presidente para ser promovidos, incluso se pensó en Paco para gerente del Motel Tampa, pero la necesidad de Elcano se impuso.

El carácter de Paco le valió hacer buenos amigos en Elcano, como Delfino Soberanis, Arturo Báez, Guillermo Adame, El Güero Ochoa y la Sra. Helena Guinis de la agencia de viajes con quien se dijo que Paco tenía una relación, cosa que él siempre negó. Aquí también conoció a la secretaria del Sr. Beristaín, la guapa Elvia Arizmendi, recién divorciada de Mateo Aguirre y quien se casó posteriormente con el Dr. Héctor Q. Ávila,  pareja que en el futuro serían grandes amigos de Paco y su esposa.

 

El Prado Américas

 

A Arturo Funes (QEPD) le nombraron Gerente del Prado Américas y Manuel Garza Sayago (QEPD) como asistente, pero el trabajo acumulado era demasiado y este renunció sin previo aviso dejando a Arturo con un gran problema y como en Elcano las cosas ya marchaban, pidió a Paco para que le ayudara y así se hizo.

El Prado Américas tenía ya muchos años con ocupaciones que no rebasaban el 30% y Paco se avocó a poner al corriente las reservaciones contestando correspondencia, labor que le mantenía en el hotel por largos períodos de tiempo, durmiendo a veces en el sofá de la oficina, pero al poco tiempo llegó la temporada de Invierno y el Prado Américas tenía sobre-venta de habitaciones, por lo que fue necesario solicitar cuartos en otros hoteles similares ante el beneplácito de viejos ejecutivos, como Pepe Miravalles, el Contralor con quien Arturo y Paco hicieron grandes migas, pero Arturo fue transferido a la ciudad de México, dejándole la responsabilidad, pero no así el sueldo que fue para Miravalles, Paco se sintió decepcionado y abandonó el trabajo, fue la primera y única vez que él hizo cosa semejante. Triste se refugió con su amigo Agustín Gutiérrez, quien había dejado El Presidente y era Gerente del hotel Maris. Don Manuel Chávez, viejo amigo del Pierre era ya el Director de Nacional Hotelera en Acapulco y encontró a su viejo amigo en el bar del Maris frente a una gran botella de Chivas y trató de convencerlo que regresara al Prado Américas, asegurándole que sus emolumentos ya estaban actualizados, y el aumento que Beristaín retuvo se-ría retroactivo. No lo logró, Paco se fue en un yate, por supuesto lleno de jóvenes turistas americanas, dirigido por su amigo Reginaldo Arnold a una incursión de buceo en Zihuatanejo, donde en tres días las enseñarían a bucear, es decir durante el día, ya que en la noche les enseñaban otras cosas, como hacer lunadas en la playa y bailar ritmos latinos en la arena así como un curso completo de la historia de la guerra en Cuba, donde estuvieron involucrados, los gobiernos de los Estados Unidos y el de Cuba, que lograron una Cuba libre -de España, se supone- y a la que la nación caribeña contribuyó con el ron y los EE. UU con la Coca Cola, a la cual los acapulqueños agregaron el hielo y el limón, así como la Langosta, camarones, ostiones y demás que diario extraían de las aguas del Pacífico, vida sin prisas ni problemas, de la que Paco fue rescatado por la noticia que su padre estaba enfermo y la familia tenía problemas. Entonces se regresó inmediatamente sin  trabajo ni dinero y buscó ayuda.

 

El Playa Hornos

 

Desde luego salieron al rescate amigos como Adolfo Soberanis que en el Playa Hornos asistía a don Pepe Carral y lo colocó de recepcionista y cajero, donde ya estaba Javier Saavedra, entonces novio de Dora, la hermana de María Magdalena la novia de sus días en el Presidente a quien Paco llamó y pidió ayuda económica y ella respondió positivamente.

El Playa Hornos era un condominio modesto pero bien distribuido que formaba parte de un conjunto que incluía el cine del mismo nombre, un pasaje comercial, un edificio de oficinas y en la planta baja, sobre la Costera, dos grandes locales comerciales, uno lo ocupaba Aeronaves de México y el otro un lujoso restaurante de don Manolo del Valle, llamado La Nao de China que por problemas con los socios, nunca abrió.

Contaba además con una pequeña alberca y restaurante–bar, en una terraza frente a la playa de Hornitos,

El condominio fue pensado por algunos socios, (como el Arquitecto Rojas -Chacho- y el Sr. Quiroga, a los que se unió don Manolo del Valle, quien puso el terreno), de forma práctica, como habitaciones de hotel.

Los propietarios aceptaron el mobiliario estandarizado y cuando no estaban en Acapulco, la administración rentaba las habitaciones.

Entre los compañeros de trabajo estaban dos sobrinos de Adolfo Soberanis, Jesús y Martín Serrano de la Costa Grande y en  teléfonos, Chacha Reyna, la guapa hija de Sevavé- don Ramiro Reyna y Aída Tapia, que era nueva en el trabajo. Doña María de Jesús Ávila, ya conocida de Paco, era el Ama de Llaves y todos la llamaban de cariño Mamá Chucha en realidad ella tenía un hijo que había sido su compañero en la secundaria, Armando López Ávila y que mas tarde sería su compañero en el Presidente y en el Acapulco Hilton.

No pasó mucho tiempo cuando el rock and roll estaba en su apogeo y una tarde llegó don Ramiro a pedir a Adolfo que le diera un trabajo a su hijo Ramiro Jr. quien comenzaba a tocar la batería en un conjunto musical y como ya sus hijas eran novias de músicos, no quería mas músicos en la familia. Así Ramiro Reyna Aguirre comenzó como elevadorista en la hotelería, supervisado por Paco. Años más tarde, Paco le llevaría a Las Brisas.

Como Paco casi mantenía a su familia con su padre enfermo y debía pagar el dinero que le prestó Magda, se vio en la necesidad de buscar otros ingresos y así llegó de Gerente Nocturno al Hotel Majestic sin dejar su trabajo en el Playa Hornos.

 

El Majestic

 

El Hotel Majestic, antiguo Shangri-La, fue adquirido por Don Gabriel Alarcón, famoso empresario poblano quien procedió a remodelarlo, mientras operaba con sus viejas instalaciones y baja ocupación. La nueva administración contrató personal, y entre ellos, nuestro personaje llegó como Gerente Nocturno sin dejar su trabajo en el Playa Hornos, ya que durante la noche en  el Majestic había poco qué hacer, salvo lidiar con alguien que amparado en la oscuridad de las noches atisbaba por las ventanas de las habitaciones a las jóvenes turistas mientras se bañaban o vestían y a las parejas cuando hacían el amor.

Una noche, Paco se dedicó a atrapar al malhechor, lo acechó y lo vio asomarse a varias habitaciones y cuando se retiró, lo siguió hasta una habitación del piso superior que ocupaba el Sr. López, el Gerente General del hotel.

Quiso el destino que los dueños contrataran a su viejo amigo Arturo Funes, como el Nuevo Gerente y  le señaló las fallas que había que corregir.

Los trabajadores que remodelaban la cocina terminaban muy noche y, aunque dormían en habitaciones del hotel ubicadas en los pisos bajos cercanos a la alberca, salían al centro a cenar y a veces a tomar unas copas.

Una noche los trabajadores regresaron como a las dos de la mañana y se dirigieron a sus cuartos, pero una hora más tarde, subió uno de ellos alarmado a avisar que su jefe se había tirado a la alberca y no sabía nadar pero el calor de las copas le animó.

La alberca estaba situada varios pisos debajo de la recepción y en esa área no había elevadores así que nuestro amigo corrió escaleras abajo mientras se desprendía de algunas ropas y llegó a la alberca en ropa interior, inmediatamente localizó el lugar desde donde había saltado el trabajador y se lanzó tras él en la oscura alberca, llegó directamente a la espalda del infortunado y lo llevó a la superficie, pero ya era tarde, la persona había fallecido por inmersión, le colocaron a un lado y lo cubrieron con una sábana mientras se encargaba de los trámites legales.

Los sueldos de los dos trabajos le ayudaron a recuperarse económicamente y cuando pudo cubrir el adeudo con Magda, le llamó para pagarle, la invitó al cine y al final de la función eran novios otra vez.

Fue entonces que pensaron en unir sus destinos, abrieron una cuenta de ahorros y escogieron los muebles en la mueblería Pintos. Sin embargo, las presiones en casa aumentaban al mismo tiempo que su afición por el alcohol, el noviazgo tuvo altas y bajas y finalmente, debido a una discusión, ella decidió terminar la relación, renunció a los pocos días al trabajo en el hotel y aunque él la buscó para hacer las paces y ofrecer un pronto enlace, avalado por su tío Porfirio Sánchez, ella no aceptó. Al poco tiempo contrajo matrimonio con un viejo pretendiente se fue del país e hizo su vida en la Florida donde terminó la universidad y se convirtió en una gran profesionista, como enfermera, además cursó derecho y aunque enviudó, es hoy una exitosa profesionista en el ramo de Seguros y de Riesgos de trabajo.

Pero la amistad con Javier Saavedra siguió firme, se asociaron en un negocio de renta clandestina de autos (un par de viejos jeeps) ante la queja del encargado de la Agencia de Viajes, tipo muy pesado que caía mal a todos.

A la “Chacha” Reina, quien renunció para casarse con su novio cantante, la sustituyó Aida Tapia, una jovial chaparrita que hizo muy buena amistad con Javier y con Paco y cuando ambos se fueron del hotel, ella les organizó una gran fiesta de despedida y fue ella quien los bautizó, a Paco como –Pedro el Malo- y a Javier (Q.E.P.D.) como –Elmer Gruñón- Aída se casó con Arturo Hernández y él también se hizo amigo de ellos.

Con los años, ella abrió una tienda y florería en el hotel Malibú y él fue jefe de personal de Las Brisas y del Hilton.

 

El Acapulco Hilton

 

 Javier terminó su noviazgo con Dora y Paco fue llamado al Acapulco Hilton por Arturo Hernández, quien era jefe de personal, para ocupar el puesto de cajero de recepción, dejando así el Majestic y el Playa Hornos.

Aquí, un cubano de nombre Mateo Coll fungía como contralor en el hotel manejado por la cadena y regenteado por el Lic. Rodolfo Casparius, hotelero de mucha experiencia, pero propiedad del Lic. Miguel Alemán Valdés.

Diego Díaz de Cossío, un español casado con la acapulqueña  Amparo  Batani, se dio cuenta de la habilidad de Paco para manejar a los clientes y subordinados,  por lo que lo solicitó para el puesto de Subgerente de piso, mientras el Sr. Coll lo pedía para auditor, dada su experiencia. Finalmente intervino la opinión del Lic. Alemán, a través del Ing. Emilio Zafra, su representante y director de la compañía dueña del hotel, (La Joya de Acapulco) y Paco fue nombrado Gerente Nocturno, donde se desempeñó con mucho éxito.

El Lic. Casparius regresó a la ciudad de México y el Coronel Retirado, Frank M. Brandstetter, fue nombrado Gerente General por la cadena Hilton, aún cuando ya manejaba Las Brisas. Otros ejecutivos de Hilton en Las Brisas también ocuparon los mismos cargos en el Acapulco Hilton y éste llegó a tener mejores resultados.

En ese tiempo se incorporó al Acapulco, a cargo de Alimentos y Bebidas, un viejo conocido de Frank Brandstetter, Peter Brunner, quién le vendía cortinas cuando el Coronel era director del Habana Hilton, hotel que se vio forzado a entregar al guerrillero Fidel Castro, al entrar los revolucionarios en La Habana, mas Brandstetter negoció con Fidel el éxodo a salvo de todos los huéspedes extranjeros así como la conservación del inmueble, que sirvió entonces como cuartel general de los revolucionarios.

Jean Boyancé llegó a suplir a Peter Brunner cuando éste ascendió en su carrera en la ciudad de México. Jean se quedó un tiempo y se casó con una de las hermanas Baldwin, guapas residentes del puerto.

Por ese tiempo Don Carlos Trouyet, entonces dueño ya de Las Brisas, cancela su contrato con Hilton y pide a Brandstetter trabaje para él. Brandstetter accede, renuncia al Acapulco Hilton, que además ya tenía sobre sí toda la atención y apoyo de la cadena y ésta nombra al austriaco Henry Von Ferstel como Gerente General, quien procura enseñar a nuestro personaje lo necesario para manejar momentos de crisis aún en la Gerencia Nocturna, así como el manejo de la correspondencia.

Con los cambios administrativos, entrena al Sr. Conrado Godínez en el puesto de Gerente Nocturno. Bajo la dirección de Von Ferstel, el hotel alcanza las ocupaciones más altas de la cadena a nivel mundial, ganando varios años el reconocimiento como tal.

Paco pasa al primer turno, para hacer equipo con Armando López Ávila y Jorge de la Fuente, en la atención a los clientes durante el día, en especial debido a la gran demanda existente y las frecuentes sobre-ventas que tenían que manejar, en las cuales nuestro personaje era un experto.

El Hilton era  el hotel de moda y guapas chicas de modestas familias comenzaron a trabajar en el hotel o sus concesiones, muchas amigas o conocidas del personaje, como Adoración Guerrero en la Tabaquería, Thelma Guerrero en la Boutique, prima de Alfa, la novia de la secundaria: Minerva Hernández (Q.E.P.D.) como Ama de Llaves, Irma Rodríguez en Servicio a cuartos o Juventina Aburto, supervisora en Ama de Llaves, pretendida por varios ejecutivos, mas es con Paco con quien ella flirtea, sin llegar a tener un romance. (todavía).

Por otro lado, la amistad con Rodrigo Fernández, Ma. Eugenia Solórzano y Fernando Morales, continuaba desde tiempos del Pierre, formando ellos un grupo inseparable que planeaban casarse y vivir juntas las tres parejas, llamando a sus primogénitos como ellos, para que sus hijos continuaran la amistad, los mismos nombres y la afición al aeromodelismo.

Los tres pertenecían al Auto Club de Acapulco y acudían juntos a las competencias y eventos sociales.

En baile en el hotel Caleta, sorprendieron a todos con un carro de cartón que Rodrigo y Paco construyeron, al estilo “Pica piedra”, pues María Eugenia y “El Centavo” Arnoldo Velderrain eran los pilotos, mientras Paco y Rodrigo los mecánicos.

Todos los consideraron ganadores, pues el tema era adecuado, pero el jurado opinó que en el ramo de comparsas, Jesús Rodríguez (don Chuy) y su esposa ha-bían representado a un ventrílocuo y su muñeca de manera impecable y después de mucha discusión ellos ganaron, pero el carro se veía tan real que don Nacho Malanco, el director de la orquesta se los pidió para exhibirlo en su negocio de venta de aceites lubricantes en la calle 5 de mayo donde estuvo muchos años a la vista del público.

Rodrigo y María Eugenia pronto se casaron y nació su primogénito Rodrigo Jr. que Paco y la madre de Rodrigo llevaron a la pila bautismal.

Fernando se casó entonces con Fulvia Añorve y las parejas comenzaron a buscar el lugar adecuado para vivir. La primera pareja vivía en un edificio en el centro y la segunda en un pequeño búngalo que Don Emilio Azcárraga poseía en la calle Urdaneta, en un conjunto cerca de la playa de Hornos.

Les unía a los tres jóvenes su afición por el aeromodelismo, que había comenzado con un pequeño taller en casa de la familia de Fernando, donde él compró a su mamá un comedor de hierro forjado y cristal y la antigua mesa del comedor, construida de pesada madera, pasó a formar la base del taller de aviones.

Doña Josefina Mendoza, viuda del General Adrian Morales había sido muy amiga de la esposa del Gral. Ávila Camacho y su esposo era el dirigente de los sindicatos, con tal poder, que cuando le aconsejaron que fuera a platicar con el joven Miguel Alemán Valdés, exclamó: “¡¿Y Quién es ese?, Que venga él a hablar conmigo!”.

No es necesario mencionar que cuando el Gral. Ávila Camacho entrega la presidencia al Lic. Alemán, el Gral. Morales tuvo que entregar su liderazgo a don Fidel Velázquez, cosas de la historia.

Así la elegante mesa del comedor de los Morales, emigró a Acapulco cuando doña Josefina vino a residir al puerto por razones de salud.

Tenía además otros hijos, Josefina, Martha y Raúl con quienes compartía un departamento en la calle Cuauhtémoc y con la molestia del taller, adonde acu-dían, Paco, Rodrigo, Pedro Tordesillas y otros amigos, pidió a Fernando lo cambiara de sitio.

Josefina, la hermana mayor de Fernando era una muchacha mayor que Paco, muy bonita, de piel muy blanca y enormes ojos azules, se hicieron muy amigos, llegando a salir juntos e iniciar un noviazgo, pero debido a la diferencia de edades, decidieron dejarlo por la paz y al poco tiempo, el taller pasó a casa de Rodrigo en un departamento de la calle Dr. Posada, donde vivía de soltero con su mamá, pero por conflictos de horario el acceso era limitado. Así decidieron rentar un cuarto de servicio en un edificio del tío abuelo de Paco, Don Fulgencio Escudero, ubicado en la calle 5 de mayo, esq. con 2 de abril, donde vivía su familia y el taller comenzó a costarles $75.00 Pesos mensuales.

Claro, ya casados dos amigos, él tenía que cubrir los gastos de los tres y pronto decide abandonar la casa paterna, pues ya la familia crecía y en el pequeño departamento habitaban su padre, su esposa Gloria y los cuatro primeros hijos de ambos, Juan Ricardo, Ma. Guadalupe, Arturo y Ana Cristina, además, Don Ismael, padre de Gloria, al enviudar decidió ir a vivir con ellos.

Fue entonces que se mudó al búngalo con Fernando y Fulvia, que ya esperaban su primer bebé, dejando el taller en el edificio de 5 de mayo, el taller siguió en el cuarto de servicio

Ahí vivirían hasta encontrar la casa adecuada y que Paco se casara. Quiso el destino que a un búngalo cercano del conjunto, llegara una señora procedente de la ciudad de México a pasar una temporada, acompañada de tres hijos, Nora, Alejandro y Graciela, Doña Graciela Pineda -en realidad el apellido era Henestrosa, originario de Oaxaca y era sobrina de Don Andrés Henestrosa, pero su padre, el Dr. Manuel Henestrosa Pineda, por problemas con su padre se cambió el nombre a Manuel H. Pineda, cosa bastante común en el México de aquellos años-.

Bien, Doña Graciela se había divorciado tres veces y tenía en puerta un cuarto matrimonio con un veterano de la II Guerra y tenían planes de ir a vivir a Isla Mujeres.

Su hija mayor tenía unos 22 años y se llamaba María Alma Nora Gánem, producto de su primer matrimonio, su segundo hijo, Roberto Gómez, vivía con los hermanos de ella y de su último matrimonio estaban con ella Alejandro y Graciela Azuela Pineda; Nora, como llamaban a la mayor había trabajado desde muy joven y ayudaba a su madre en las labores de la casa.

Un domingo de descanso, Paco estaba con Fernando y Fulvia y Nora llegó a despedirse de ella -pues se habían hecho amigas- Fulvia los presentó y él de inmediato la invitó a salir y todos fueron a cenar al Portal del Hotel El Mirador, lugar que los amigos frecuentaban. Nora les platicó que su mamá se casaría con el americano pero ella no deseaba irse a vivir al Caribe, nuestro amigo, un poco en broma y más en serio le dijo que no se fuera, que se quedara en Acapulco a vivir con él y se casarían por el civil. Ella quedó en pensarlo y se fue al otro día a la ciudad de México con su familia, donde se celebraría la boda de su madre.

El lunes 16 de septiembre, por la tarde, en su trabajo en el hotel recibió una llamada de la Sra. Guadalupe González,  quien dijo ser abuela de Nora y preguntaba si su propuesta de casarse con ella era en serio a lo que nuestro personaje contestó que sí, no sin tragar saliva durante su respuesta. La señora le dijo que entonces ellas llegarían el miércoles y que preparara todo para la boda el jueves 19 de septiembre de 1963.

Paco habló con sus amigas, Ma. Eugenia y Fulvia, ellas le dijeron que deberían casarse por la iglesia ya que era la ilusión de toda muchacha el casarse de blanco y, si él aceptaba, ellas se encargarían del vestido.

Como él ya no tenía para donde hacerse, aceptó, las damas tomaron las medidas por teléfono, Javier Saavedra le prestó dinero, el tío Porfirio y la tía Amparo ofrecieron su casa para la boda civil, Artemio Padilla, ex compañero del Presidente habló con su hermano, entonces presbítero de la catedral de Nuestra Señora de la Soledad, para que hablara con el obispo y dispensaran trámites, amonestaciones y demás y por un óvolo que nuestro amigo cubrió de inmediato, procedieron a discutir servicios y precios inherentes a la ceremonia.  Cosas de la fe.

El juez del registro civil, viejo amigo de la familia, Don Ramón, aceptó casarlos en casa de Porfirio y Amparo. Alguien puso el pastel y aparecieron los líquidos para el brindis.

El miércoles, en cuanto la novia llegó, se probó el vestido, y la llevó a presentar con sus padres que tenían un pequeño restaurante en la calle Benito Juárez.

Roberto Ramos, hijo de don Valentín, el sastre que fue padrino de bautizo de Paco, arregló el viejo uniforme del Presidente, de color gris oscuro, le quitó el escudo del hotel y colocó una bolsa nueva de la misma tela, confeccionó un pantalón negro y los novios se casaron en la hora santa del  jueves 19 de septiembre en la Catedral de la Soledad; al término de la ceremonia, se casaron por lo civil en casa de Porfirio y Amparo en la calle de La Quebrada.

En la foto siguiente aparecen los novios y atrás de ellos, don Arturo, papá de Paco y atrás de él Rodrigo Fernández, uno de los padrinos. Su esposa María Eugenia y sus hermanas y amigas se encargaron de todos los detalles y posteriormente se casaron por lo civil en casa del tío Porfirio Sánchez y Amparo Valverde.

 

Salieron a la media noche rumbo a la ciudad de México, donde su viejo amigo don Manuel del Valle les tenía reservada la suite nupcial del hotel  L´Éscargot, que era de su propiedad

En la gran ciudad visitaron a las familias de ambos y regresaron una semana después al búngalow de Urdaneta en medio de una gran tormenta.

A los pocos días, los amigos fueron notificados por Don Apolinar Nava, Secretario de la Cámara de Comercio, que tenía su residencia de Vista Alegre para rentar y no necesitaban de aval, la podrían ocupar de inmediato.

La casa estaba ubicada en Río San Luis Núm. 3 de Vista Alegre, frente a la casa de sus Tíos César y Thelma Bajos; casi junto vivía Alicia Torreblanca, hermana de don Luis quien con Luisa su esposa y sus hijos vivían calle arriba.

Asignaron los espacios para que las tres parejas tuvieran todas las facilidades individualmente y comprar-tían un gran patio y sobre todo, el taller de los aviones.

La pareja de Rodrigo y María Eugenia tenía a Rodrigo Jr. Fernando y Fulvia tuvieron una niña a la que bautizan Adriana y se pusieron a hacer la tarea para buscar al niño. Paco y Nora se tardaron once meses para tener a su primogénito, lo cual causó revuelo en la familia de él, que de inmediato pensaron que el padrino debería ser el tío Alejandro Gómez Maganda, ya para entonces embajador de México en Panamá y quien de niño fue protegido de los hermanos Escudero, siendo secretario de Juan Ranulfo y protegido de Felipe.

Él aceptó complacido, bajo dos condiciones: que el niño se llamara Felipe y que la madrina fuera Thelma Valverde de Bajos, su otra sobrina.

Aquí fallaron los planes de los tres amigos y había que buscar un segundo hijo que se llamara Francisco.

Una noche de año nuevo, llevó a su esposa e hijo con sus padres para que velaran con ellos el año pues él tenía que trabajar ya como Gerente nocturno del Acapulco Hilton.

Era una noche especial, el salón Las Fuentes estaba lleno de celebridades, entre ellas el Lic. Alemán con su familia e invitados entre los que se encontraba su ya compadre y tío Alejandro Gómez Maganda y su familia.

Al llegar al hotel fue notificado por la telefonista que un cliente italiano había reportado en su cuarto a “un Ladro, que había huido por la terraza”. Nuestro personaje dedujo que el ladrón se estaría brincando de un balcón a otro en el onceavo piso y se introducía a las habitaciones por la puerta de la terraza que generalmente no estaba cerrada.

Así lo notificó al departamento de seguridad quienes de inmediato salieron al jardín, para observar que efectivamente, alguien uniformado como personal de mantenimiento saltaba de un balcón a otro y estaba llegando a la escalera de servicio. Todo el personal se precipitó escaleras arriba, pero Paco detuvo al jefe de turno y ambos subieron tres minutos después y para sorpresa del asistente de seguridad, se encontraron de frente con el ladrón que llevaba los bolsillos llenos de joyas, pues tenía varias horas desvalijando las habitaciones del onceavo piso, donde se encontraban las suites mas caras del hotel.

El ladrón fue conducido sin mucha precaución por el agente de seguridad al elevador para llevarlo a la oficina de seguridad, mas al llegar al piso dio tremendo aventón al agente y salió corriendo por una salida al jardín, Paco saltó tras él y le perseguía de cerca a través de un terreno baldío entre el Hilton y el Motel Acapulco, donde volaba aviones y lo conocía perfectamente. De pronto el ladrón paró para hacer frente a nuestro amigo quien con dos certeros golpes lo puso en el piso casi sin poder respirar. Le condujeron a la oficina de seguridad donde fue encerrado en un closet. Pero cuando llegó la policía el sujeto no llevaba ninguna joya con él sus bolsillos estaban vacíos.

Paco fue notificado de ello y ordenó una búsqueda por el terreno recorrido mientras perseguía al ladrón y efectivamente, mientras corría, se desprendía de los objetos que llevaba aventándolos al monte: por la mañana las joyas habían sido recuperadas, salvo un par de valiosas pulseras, cuyo paradero explicaremos mas adelante.

Los objetos de valor llenaron una mesa de banquete de las de diez personas y fueron devueltas a sus propietarios por el agente del Ministerio Público.

Existía en el hotel, una brigada de empleados de limpieza que se encargaban de arreglar los salones de banquetes y centros de consumo durante las noches, al cesar las actividades.

Ellos eran aficionados a la pesca, con la cual ayudaban a su economía familiar.

La noche de año nuevo en cuestión había llevado sus avíos de pesca en morrales para irse a pescar en cuanto salieran del trabajo y el vigilante de la entrada les permitió guardarlas en el closet de la oficina donde fue encerrado mas tarde el ladrón.

Al salir del trabajo por la mañana, recogieron sus avíos pero al ser revisados por la vigilancia, les encontraron las dos pulseras faltantes.

Fueron acusados de cómplices del robo y despedidos, Paco se enteró y abogó por ellos pues entendió que el ladrón se había deshecho de las joyas que le quedaban encima cuando fue encerrado en el closet. Sólo logró que no los consignaran; en su concepto, estos empleados fueron despedidos injustamente, pero la decisión final fue tomada por el ministerio público y el limitado criterio del jefe de personal.

 

Con las enseñanzas de Von Ferstel en  el manejo de correspondencia, quejas y personal, comenzó su formación ejecutiva y sus decisiones fueron cada vez mas aceptadas por su jefe.

Una noche, recibió una llamada de una persona en los EE. UU. quien dijo ser cliente asiduo de la cadena Hilton y explicó que su madre había fallecido y estaba tratando de localizar a su hermano que supuestamente estaba hospedado en Las Brisas, pero las líneas del hotel estaban sin servicio debido a reciente tormenta.

 

Le dijo que le llamara en una hora para que le informara al respecto y así quedaron.

Como no se pudo comunicar a las Brisas, tomó un  taxi para ir al hotel antes afiliado a Hilton, pero no encontró a la persona buscada.

Mientras tanto, el hermano le localizó en otra ciudad y había hablado con él, por lo que llamó para darle las gracias y la telefonista le informó que nuestro amigo había ido personalmente a las Brisas a buscar a su hermano. Esto le impresionó mucho y mas tarde escribió al presidente de Hilton contándole su historia y ensalzando la acción de Paco que ponía en evidencia la calidez de los servicios de la cadena.

Desde luego, las felicitaciones a Von Ferstel no se hicieron esperar y Paco se perfilaba ya como candidato a un puesto ejecutivo más alto.

 

Fernando y Fulvia se dilataron un tiempo pero al fin llegó Fernando Jr., mientras Paco y Nora tenían a Norita, mas fue tanta su dedicación, que a los diez meses de nacida Norita, nació Paco Jr.

Ya tenían a los tres sucesores de la amistad y sólo faltaba enseñarles a construir y volar aviones, planes que se vieron truncados cuando Fernando y su familia emigró a Ciudad Juárez, la casa fue devuelta a sus dueños, Rodrigo y su familia se fueron a la casa de un familiar y Paco y su familia a un departamento en la calle de La Quebrada; el taller se fue con él, pero no perdieron contacto con Rodrigo, quien siguió armando aviones y se juntaban los fines de semana para volar en la Base Aérea de Pie de la Cuesta y se les unieron nuevos aficionados como el Ingeniero José Calderón, Iván Sánchez, Andrés Diez, y el Ingeniero José Luis González. Formaron ante Notario Público la Asociación de Modelismo Acapulco y por idea de Paco, que fue designado Presidente, se incluyeron las esposas y los hijos de todos, pagando cada uno una cuota mensual para fortalecer el club. Así, el sueño de los amigos se cumplía parcialmente, Paco Jr. Y Rodrigo Jr. aprendían a volar. Consiguieron finalmente permiso para usar la cabecera de la pista de aterrizaje del viejo campo de Pie de la Cuesta, todos los domingos y días festivos.

Llegó entonces el progreso en el deporte-afición, al usar aparatos de radio con frecuencia modulada para controlar los modelos, Paco compró por correo un modelo en Nueva York un primitivo radio y modelo y su viejo amigo Gastón Mathelin trajo de la ciudad de México aviones y radios que fueron la sensación en el país, el aeromodelismo se desarrolló entonces en todo México.

 

Los viejos amigos se reunieron con los nuevos y decidieron hacer una sociedad para abrir una tienda de modelos de todos tipos, aprovechando el 25% de descuento que les ofrecían las tiendas de México.

Iván y Andrés le pidieron que bautizara a Gerardo y Rosario respectivamente y se hicieron compadres.

La tienda se abrió con la cooperación de todos en un anexo del negocio de Iván y tuvo un éxito aceptable.

 

Mientras tanto, en el Hilton Henry Von Ferstel fue transferido al nuevo Rabat Hilton en el Marruecos francés y le pidió a Paco hacer un pequeño manual para el uso de todas las formas contables que se usaban en el hotel y éste lo llevaría al incomparable sitio de veraneo de África como manual de control de todas las formas contables.

Jean Berthelot, Gerente del Panamá Hilton llegó al Acapulco Hilton a sustituir a Von Ferstel y de inmediato se identificó con él a quien traía saludos de su tío Alejandro, entonces embajador de México en Panamá.

Antonio Benítez, viejo compañero de los días del Presidente, Armando López y él, formaron el equipo del Front Office, manejando entre ellos el departamento de crédito a huéspedes y la sub-gerencia de piso.

 

El romance con la supervisora comenzó pronto pues ella conoció a Felipe y quedó impresionada con el niño y le confesó su deseo de concebir un hijo, ya que muy joven había contraído matrimonio, pero se divorció antes del año por no haber podido concebir, por lo tanto, acordaron aplicarse a la tarea todos los días.

 

Sin embargo, el destino les tenía reservados caminos diferentes. Un día un ejecutivo de muy buena posición económica habló con Paco y le confesó su amor por la supervisora, que en ese momento había comenzado a construir una pequeña casa propia, prometió a nuestro personaje que la trataría bien, le terminaría su casa, le pondría un negocio y la llevaría a consultar su infertilidad con un ginecólogo especializado.

La pareja fue informada que la suegra de Paco sospechaba del romance y los vigilaba un detective, al tiempo que a Paco le ofrecieron un empleo mejor remunerado y mucho futuro en las Brisas..

 

Muchas anécdotas tuvieron lugar durante su permanencia en el Hilton, pero nuestro personaje recuerda una muy bien y que sucedió cuando Antonio Benítez (Q.E.P.D.) y su novia del Presidente, Azucena Pérez deciden casarse en  el pueblo de ella, Pinotepa Nacional, Oaxaca.

Toño era un muchacho de origen humilde y tímido en ciertas cosas y siempre buscaba la ayuda de Paco, sobre todo en el manejo del idioma inglés, así se le acercó y le dijo que deseaba que él fuera su testigo y le apoyara en todos los trámites, Toño se comprometió a cubrir todos los gastos, incluso los pasajes en avión hasta Pinotepa, vía Aerovías Vega de un conocido de ambos, el Capitán Vega, famoso personaje de la aviación comercial en el sur.

Cuando llegó el momento de partir, ya con los boletos en la mano,  se enteró que Toño no podía viajar porque le faltaban algunos documentos, pero que se adelantara y Toño lo alcanzaría en un día o dos.

Así llegó solo al pueblo y fue recibido por la familia de Azucena, quienes lo llevaron al hotel y por la noche compartió la cena con los tíos de la novia, los hermanos Aguirre de Ometepec, uno de ellos, Mateo había sido esposo de Elvia Arizmendi, su amiga de los tiempos del hotel Elcano y otro sería en el futuro el padre del hoy gobernador Ángel Aguirre Rivero. Después de la cena, compartieron unas copas y salieron las guitarras y después botellas y Paco convivió alegremente con ellos, en una terraza del hotel que daba a la calle situada varios metros más abajo. Ya pasada la media noche, apareció en la calle un médico dentista que tenía su consultorio cerca del hotel y que supuestamente se había robado a una sobrina de los alegres hermanos.

El Doctor se dirigía a una tienda cercana cuando, al pasar frente al grupo, alguien le salió al paso con intenciones de matarlo, lo agredió con una botella de licor que se rompió y cuando el Dr. bajó la cabeza, el agresor levantó el brazo para darle tremendo golpe con el cuello roto de la botella, cosa que no logró, pues desde la terraza, nuestro amigo dio un gran salto, detuvo el golpe y asestó tremendo derechazo a la quijada del agresor, quien cayó desmayado. La calle se llenó de curiosos y familiares quienes se llevaron a los actores y cuando la autoridad hizo acto de presencia, la calle estaba vacía y el grupo brindaba animado en la terraza. Unos comentaban el certero golpe de Paco, otros su velocidad y otros el gran salto y alguien más la manera de reaccionar y posiblemente salvarle la vida al Dentista. Resultó que el agresor era hermano de la secuestrada y deseaba limpiar el honor de la familia, cosa que finalmente logró pues al otro día se hicieron arreglos para que se casara y todos en  paz.

Los hermanos Aguirre acordaron entonces que si al otro día Toño no llegaba, Paco se casaría con Azucena y si llegaba, le presentarían a otra sobrina de muy buen ver para que fuera su novia.

Toño llegó, se fueron todos a bañar al río y él conoció a la prima de Azucena, con quien bailó durante la boda donde todos querían brindar con nuestro personaje pues ya era del conocimiento de todo el pueblo lo que había sucedido la noche anterior.

Cuando el curado de nanche y aguardiente hacía sus efectos en la humanidad del joven Escudero, llegó el Capitán Vega con su DC-3 y así pudo regresar solo a su amado Acapulco.

Por esos días, recibió una oferta de Arturo Hernández para ir a Las Brisas a trabajar en reservaciones, con un aumento de sueldo considerable.

 

Las Brisas

 

Todavía en el Hilton, se entrevistó con la supervisora, quien le informó que un conocido de ella que era detective privado le había confirmado que su suegra lo había contratado para vigilarlos, pues sospechaba del romance, entonces Paco le comunicó el deseo de su amigo y ella no lo pensó dos veces, aceptó la propuesta, terminando la historia con él de sub Gerente de Reservaciones de Las Brisas y ella con su casa, una pequeña tienda y más tarde una hermosa niña.

Aquel ejecutivo y él conservaron una gran amistad hasta la muerte del primero, dieciocho años después.

 

Las Brisas era entonces un hotel individual, propiedad de Don Carlos Trouyet, quien además era socio de Sanborn’s y dueño de Teléfonos de México, amen de una casa de bolsa, una mina de mármol en Oaxaca, Celulosa de Chihuahua y otros negocios en que participaba como el Banco Comercial Mexicano.

Don Carlos había ayudado a Don Juan March a salir del problema financiero en que se encontraba con el Bank of América, comprándole Las Brisas, hotel pequeño de 160 habitaciones que afilió a la cadena Hilton, pero una vez abierto el Acapulco Hilton, propiedad del expresidente don Miguel Alemán, Hilton dedicó a éste toda su atención, dejando Las Brisas en un segundo plano, por lo que decidió cancelar su relación con Hilton y dejar que el retirado Coronel lo manejara.

Brandstetter, como buen militar, tenía una organización casi militar, por ejemplo cada departamento tenía un jefe, un segundo y un tercero a bordo, algo así como un sargento primero, un segundo y un cabo, para que estuvieron listos en la línea de fuego en caso de perder al primero.

La particularidad del hotel, construido sobre una colina, era que en lugar de elevadores, todos los servicios eran proporcionados por el personal por medio de vehículos llamados Jeeps, muy populares durante las grandes guerras y que adaptados a servir en el campo y la ciudad, Brandstetter los había visto ya operando en hoteles del Caribe como vehículos que eran manejados por los turistas, de ahí copió el uso de toldos y adornos de lona en franjas de dos colores y naturalmente, adoptó el rosa y el blanco que ya tenía el hotel.

Todos los vehículos de servicio contaban con radio por medio del cual eran dirigidos en los casi treinta kilómetros de carreteras internas con las que contaba el hotel. Claro, se identificaban con claves como: “Llamando a pájaro rojo, repórtese a control” – “Control, aquí pájaro rojo”- “Transportar pax del 320 a recepción” – “Enterado Control”.

Claro que quienes manejaban este tipo de conversaciones en inglés y con el más puro estilo militar, gozaban de la estima del Coronel, como el viejo amigo del Pierre Marqués, Felipe Lugo, quien era un mago al hablar como: “Blue bird” calling “Red dog”-over. El Coronel, claro, tenía también un radio en su jeep y se enteraba de todas las conversaciones.

El que Brandstetter llamara a alguien Kiddo, era señal de que estaba bien con él.

Todo eso se sabía entre los ejecutivos de Hilton, quienes comenzaron a llamarlo El Fuhrer, cada vez que se referían a él.

La esposa de Brandstetter tenía un pariente que el Coronel ayudó a entrar a Hilton y con el tiempo fue nombrado representante de la tarjeta de crédito de la cadena (Carte Blanche) en Acapulco con sede en el hotel, sin embargo, por su condición homosexual, Brandstetter negaba toda relación con él y jamás le dirigía la palabra.

Michael Hayes era su nombre y se relacionaba con las personas de la alta sociedad mexicana, muchas de las cuales tenían una residencia en el fraccionamiento adyacente al hotel Las Brisas y donde se celebraban con frecuencia elegantes fiestas, sobre todo en la temporada invernal. A una de estas fiestas que fue de disfraces, Michael acudió disfrazado de Hitler, con su copete sobre la frente y su bigote, más el uniforme militar tenía vivos y charreteras con los colores del hotel, es decir rosa y blanco. En  el hotel, nadie se atrevió jamás a mencionar el nombre de Hayes delante de Brandstetter.

 

Cuando Paco fue presentado con el Coronel, este fue muy claro con él, no creía que reservaciones fuera un departamento eficiente bajo la dirección de Felipe Chíu aunque le tenía mucha estimación y pensaba promoverlo, por lo que Paco debería tener el control absoluto lo mas pronto posible, se veían tiempos promisorios para el puerto y deseaba que Las Brisas estuviera listo, él aceptó el reto y se dedicó a trabajar, más pronto se notó el apoyo del Coronel y surgieron envidias y chismes.

Brandstetter se opuso a que fuera sub-Gerente de ventas y le dio su título en inglés como Asisstant Reservation Manager. Chíu pensaba que estaba ahí para tomar su lugar y él sería despedido, ya entonces, estaba casado con Rosa Zapata, la novia de nuestro personaje en tiempos del Pierre Marqués y no hubo mucha química entre ellos.

Paco había comenzado a trabajar a finales del mes de febrero y el 4 de marzo nació su hija Nora, todos se sorprendieron porque Brandstetter envió al hospital un gran ramo de rosas rojas felicitando a la mamá.

Corría el año de 1966 y el Presidente de la República llamó a los hombres de negocios del país para pedirles que invirtieran en la provincia, para que los ricos de los pueblos sacaran el dinero del colchón y lo pusieran a crear empleos. Entre estos se encontraba Don Carlos Trouyet quien de inmediato llamó a Brandstetter y le comunicó que había juntado un grupo de amigos en Guadalajara y pensaban aprovechar la carretera del Pacífico que iba desde Tijuana tocando todas las ciudades y puertos principales llegando hasta Chiapas. Las Brisas en Acapulco sería la base de una cadena de hoteles que se construirían cada cien kilómetros a lo largo de la ruta y ya teniendo Las Brisas, habían escogido Guadalajara para construir el segundo hotel, tomando como base la estructura de Las Brisas.

Brandstetter hizo entonces un concurso entre todos los jefes de departamento para que hicieran un manual de su departamento, como lo habían soñado y contando con todos los avances de entonces. Estos manuales serían las bases de operación del hotel en Guadalajara.

Todos se entusiasmaron menos Felipe Chíu, a quien Paco preguntó si él podría participar en su lugar y como dijera que sí, participó con la venia de Carlos Siliceo, Gerente Residente y Carlos Solana, sub-Gerente, que junto con Juan Manuel Escalante, Contralor, eran el jurado.

En ese tiempo, los sueldos de los jefes departamentales oscilaban entre los 3 y 4 mil pesos, Brandstetter le preguntó si pensaba ganar y este dijo que sí, entonces el Coronel estableció premios en efectivo, ocho mil para el primer lugar, cinco al segundo y tres al tercero.

Paco ganó por unanimidad y hasta sus cartas machotes de la correspondencia fueron copiadas para implementarlas en el nuevo hotel que se llamaría El Tapa-tío. Claro hubo muchos inconformes, sobre todo en Alimentos y Bebidas, pero sus trabajos tenían más adornos que contenido y sus protestas no fueron escuchadas y las envidias siguieron.

Pero otra acción de la presidencia de la república vendría a cambiar la historia en  el modesto hotel. El Secretario de Turismo dio a conocer  un  plan para rehabilitar los sitios históricos de México y convertirlos en negocios turísticos de gran atractivo.

Entre los empresarios, Don Carlos Trouyet se había comprometido para rehabilitar el convento de Acolman cuyo refectorio sería convertido en restaurante-bar con la ventaja de estar localizado en la ruta entre la ciudad de México y las pirámides de Teotihuacán.

El menú sería de la época colonial y los empleados vestirían a la usanza de la época, lo mismo la música y la manera de servir los platillos, por ejemplo, las mesas eran grandes para diez personas y tendrían bancas en lugar de sillas. Los meseros traerían de la cocina una mesa alargada sobre los hombros, donde reposaba un lechón al horno con todos sus adornos y guarniciones, que colocaban a la vista de los comensales en el centro del lugar, entonces un cocinero español cortaría las porciones adecuadas usando dos platos de porcelana como instrumentos. Las porciones eran colocadas en grandes platos de plata y servidas a los comensales. Toda la cubertería era de plata de estilo tosco colonial y las copas de vino sustituidas por cálices de plata para degustar los vinos.

Oscar Chávez y su guitarra amenizaban la cena y varias personas de Alimentos y Bebidas se encargaron de hacer funcionar el lugar y al final, Carlos Siliceo fue nombrado como gerente del espectacular sitio, pero Brandstetter era el jefe supremo. Por desgracia, Carlos se mandó a hacer sus tarjetas de presentación, como Director de Acolman, eso enojó al jefe y luego cometió el error de no dar comisiones a los guías de turistas y el lugar fracasó.

Al cerrarse, todo el equipo se guardó en Las Brisas, pero Carlos ya no regresó, fue nombrado Gerente General del nuevo hotel El TAPATÍO, donde ya sin el apoyo de Brandstetter hizo un magnífico papel y dilató muchos años en el puesto.

 

Las Brisas se hace: “De vanguardia”

 

 Algo que Brandstetter dominaba, por razones naturales, es decir, era parte de su personalidad, eran las ventas.

Un día que Paco platicaba con el gerente del Hilton de Dallas, se mencionó el nombre del Coronel y este dijo: “Ese hombre es capaz de vender helados en el polo norte”.

Pocas personas sabían en ese tiempo en Acapulco lo que era el correo en masa, por ejemplo, las “cartas de salida”, es decir, a cada huésped que dejaba el hotel, se le escribía una carta personalizada, firmada por el Coronel, dándole las gracias por su visita y poniéndose a sus ordenes.

Creó el departamento de investigación de mercado y contrató a un experto de Houston, de nombre Dave Bruce, que además era escritor de viajes, para que residiera en el hotel y diseñara cartas “machote” para la correspondencia, además, que iniciara una “historia de huéspedes” y la mantuviera al día; en dicha historia se po-drían encontrar datos del huésped, como onomástico, aniversario de bodas, etc., así como sus preferencias en cuanto a habitaciones, alimentos, etc. Se hacía un seguimiento de las fechas y se enviaba una carta de felicitación a cada huésped que se había hospedado en el hotel en los últimos doce meses.

También se llevaban estadísticas acerca de la manera que llegaban los clientes al hotel, avión, autobús, coche propio, y demás y cómo se habían enterado del hotel.

Todas estas actividades se controlaban en el departamento de investigación, que contaba con una inmensa máquina parecida a una vieja pianola, donde las cartas se grababan, “perforando” una gran cinta de papel. La enorme consola obedecía a una sencilla máquina eléctrica de escribir y reproducía las cartas en forma masiva; una secretaria escribía únicamente el nombre y dirección del huésped y la máquina hacía lo demás, hasta el sobre.

Todo esto fue asimilado por nuestro personaje, que tomaba nota de todo lo que se hacía para atraer turistas. Pero Dave Bruce se casó y se fue a vivir a Alaska y ya no se supo más de él.

Mientras, Felipe Chíu fue nombrado Gerente Residente y Paco Gerente de Reservaciones al tiempo que llegaba como Director de Ventas René Bolívar Abrew, un cubano que había sido gerente en aerolíneas y venía de un proyecto de bienes raíces que Banamex  tenía en Tijuana.

Ya como gerente de Reservaciones, Paco pudo aplicar sus conocimientos y logró hacer que los viejos clientes reservaran sus habitaciones para el año siguiente, dejando dos noches de depósito, que el hotel “guar-daba” por mas de once meses.

El hotel tenía una pequeña oficina de ventas en la ciudad de México que Bolívar pronto actualizó y modernizó y dándose cuenta de la capacidad de Paco, pidió a Brandstetter que reservaciones se integrara a ventas.

Se contrató a Derek B. Gore, un inglés, ex representante de Qantas Airlines como Relaciones Públicas para manejar la correspondencia y boletines de prensa y pronto se pensó en una oficina de ventas en los Estados Unidos.

Se contrató una agencia de publicidad en los Estados Unidos, con base en Nueva York, llamada Cannon Advertising de la cual Al Kaplan era el dueño y Director.

Esta agencia estaba por ser designada como la agencia de Publicidad y Relaciones Públicas del Consejo Nacional de Turismo y de Aeronaves de México, que era en ese tiempo la aerolínea nacional.

Pronto Brandstetter reunió a Kaplan, Bolívar y Paco para decidir sobre la oficina de ventas y reservaciones y Paco trajo a la plática el tema del nuevo aeropuerto que tendría Dallas, compartido con Fort Worth y todos estuvieron de acuerdo que Dallas sería el centro geográfico del futuro, pues tendría todas las conexiones aéreas de los Estados Unidos.

Brandstetter tenía muchos contactos en  Dallas y procedió con los arreglos de inmediato.

Había comenzado a trabajar a fines de febrero, con un sueldo inicial de 3,500.00 pesos mensuales y cuando llegaron los aumentos en diciembre, por el incremento del salario mínimo, Brandstetter le asignó un sueldo de 10,000.00 al mes.

Desde luego, inmediatamente protestaron los Carlos (Siliceo y Solana) y explicaron que no podía ganar más que ellos y que desquiciaría el padrón de sueldos del hotel; hablaron con Paco diciéndole que había un error, pidieron disculpas y acordaron mientras 4,000.00 mensuales.

 

En la industria de las comunicaciones de esos años, surgió una novedad,

La línea telefónica de área ancha (WATS LINE) por sus siglas en inglés: Wide Area Telephone Service, esto significaba que se podría llamar automáticamente sin costo para el usuario (Digamos un LADA por cobrar) en todo el estado de Texas, y más tarde se extendió a nivel nacional por todos los Estados Unidos. Así surgió el número 800, que a nivel nacional sólo tenía entonces un suscriptor: La Fuerza Aérea de los EE. UU.

Ni que decir, la junta aprobó la idea y Las Brisas de Acapulco fue el segundo suscriptor de línea WATS en los EE. UU. con cobertura estatal y nacional, es decir, había dos números pero poco más tarde se estableció un solo número 800 para todo el país y desapareció el estatal.

Brandstetter se trasladó a Dallas, rentó un local en céntrico edificio en la calle del Comercio, cerca de tiendas elegantes como Neiman Marcus y el viejo hotel Hilton, en el edificio del Mercantile Securities Building que tenía comunicación subterránea con un gran centro comercial.

El personal fue contratado dejando encargada de la oficina a una hábil mujer que había sido modelo en Neiman Marcus y posteriormente había ocupado otros puestos ejecutivos en la famosa tienda, desde luego, estaba conectada con lo mejor de la sociedad del área. Connie Campbell se llamaba y vivía en Arlington,  entre Dallas y Fort Worth.

Debido a sus contactos, Connie contrató a muchachas hijas de buenas familias, con excelente presentación y con el tiempo, algunas modelos de Neiman Marcus llegaron a trabajar en la oficina, que pronto justificó su razón de ser.

 

Mientras tanto, en el hotel, se había encontrado otros personajes como el maestro de inglés, Jean Von Urbanek, a quien había conocido en el Pierre Marqués como encargado de la imprenta. Jean había sido corresponsal de prensa durante la segunda guerra mundial y era una persona calmada, respetuosa y callada, nadie se imaginaba al verlo o conocerlo que aquellos profundos ojillos azules habían estado bajo la metralla y habían visto de cerca la muerte en las batallas del norte de Europa. Era, al igual que Brandstetter, jubilado de guerra y miembro de la famosa Legión Americana, que cobijaba a los militares de todas las armas, una asociación que defendía sus derechos y tramitaba sus jubilaciones y las pensiones para las viudas, con muchas influencias en Washington. Brandstetter no faltaba a sus reuniones y había ofrecido a todos los miembros de las fuerzas armadas de los EE. UU. retirados o en activo, un 25% de descuento en la tarifa del hotel, sin restricciones y disponible todo el año, previa identificación.

Una forma de “Pasar el gorro”, muy característica de Brandstetter, era en estos casos, proporcionar el nombre de Paco y decir a sus contactos: “Llámale, él se encargará de todo…”

A pesar de la responsabilidad que ello implicaba, esto le valió a Paco conocer a Presidentes de la Legión Americana, viejos espías de la segunda guerra mundial, agentes de la C. I.A. o del F. B. I., etcétera, sin embargo Paco supo aprovecharlos y en un momento dado, ayudó a su suegra a tramitar a través de la Legión Americana, una muy respetable pensión que ella disfrutó hasta su muerte, aún más, Paco avisó a la Legión cuando ella falleció y devolvió los últimos cheques enviados.

 

Había muchas personas que tenían años de servicio en el hotel, entre ellas destacaban don Antonio Romero, jefe de taller, Marcelo Enríquez, de seguridad y don Emigdio Acosta de mantenimiento.

 

Años atrás, cuando Paco comenzó a trabajar en el Pierre Marqués, su padre le había dado algunos consejos, uno de ellos lo tuvo siempre presente: “Enójate con todos, menos con la cocinera”, por lo que se hizo amigo de la mayora de la cafetería de empleados, doña Modesta Rivera, madre de un viejo compañero de trabajo en los días del Hilton, Luis Miranda, que con los años se convertiría en popular dirigente hotelero y funcionario municipal.

Había un buen equipo de subgerentes de piso, como Manny Vasconcelos, Javier de la O, Luis Straffon, Paco Silva, José Luis Reyes Huerta y otros que tenían trato amable con los huéspedes y hablaban bien el inglés, con excepción de José Salinas Torres, viejo conocido de Paco desde la escuela primaria, donde todos los compañeros lo  conocían como “Pepe el loco”, Pepe, como muchos muchachos de su época en Acapulco, no estudió más que la secundaria, pero se había formado en el viejo Hotel Caleta bajo la protección de su cuñado que era el Contador, pero hablaba el ingles muy a su modo, tenía aspecto de viejo y sufría de alopecia pero su coeficiente mental estaba por debajo de la media del personal del hotel. Sin embargo, durante las juntas de trabajo o reuniones ejecutivas, Brandstetter se reía mucho de sus opiniones y le hacía jugar el papel de bufón y todos se reían cuando el buen “Pepe” se excusaba en ingles diciendo: “I am sorry sir, I did not do it a proposit”, o cuando se le preguntaba si alguna casa tenía aire acondicionado, respondía: “No sir, it has colging fans” pero era el típico adulador servil, cuando trataba con alguien de más jerarquía.

Otto Cloeta era el Chef de cocina, joven suizo con amplios conocimientos y más amplio futuro, sencillo y amable.

Elke Roth, alemana de corazón era la secretaria ejecutiva del Coronel  muy eficiente, aunque no muy bonita pero respetada por todos.

Destacaba entre todos por su personalidad don Alfredo Stamm, con su gran experiencia en alimentos y bebidas y su innegable presencia de prusiano, su gran nariz aguileña y sus ojos azules, pero de origen alemán y que dominaba más de seis idiomas.

Al correr el tiempo el Sr. Stamm se enfermó por una úlcera que se le reventó y para operarlo se necesitó sangre y Paco, de los pocos que compartían el mismo tipo de sangre, acudió presuroso al hospital a donar su sangre para el viejo amigo, quien desde entonces lo consideró como su Hermano de sangre indio.

Don Alfredo y su esposa Margarita se retiraron y vivieron sus últimos años en California en los EE. UU. Pero siempre mantuvieron el contacto con Paco por medio de un amigo común, Bob Golden, dueño de una constructora en San Diego, que compró una casa en Las Brisas, donde Paco hizo amistad con Robert Wagner y su entonces esposa Natalie Wood.

 

Pronto acompañó a Bolívar en presentaciones en la ciudad de México y más tarde en las giras de promoción por los Estados Unidos, comenzando por Houston y Dallas.

En Servicio a Cuartos, el jefe era un viejo amigo desde tiempos del Pierre Marqués, Salim Hassanille Bufarag, quien era al mismo tiempo agente de migración en el puerto y muy estimado del Coronel.

Al poco tiempo Salim enfermó del corazón y fue trasladado a México donde le injertaron una válvula mitral de plástico que le prolongó la vida. Ya repuesto, no po-día llevar la presión de un departamento como Servicio a Cuartos en un hotel que en lugar de elevadores usaba jeeps, que los meseros manejaban con una mano mientras con la otra sostenían en el aire la charola con el servicio a entregar y Salim pasó al departamento de reservaciones bajo el entrenamiento de Paco.

Algún tiempo después Salim recayó, se le llevó a México, pero desafortunadamente ya no regresó.

El ya casi anciano Bon Urbanek estaba encargado de dar clases de Inglés a los empleados y en su momento, fue asignado para impartir los cursos de la Asociación de Hoteles de América para capacitar a los empleados que mostraban habilidades y dominaban el Inglés, los cursos que aquella ofrecía para capacitar a empleados a puestos de más responsabilidad. Oscar Meza y Paco pronto destacaron como, los mejores alumnos y Paco obtuvo siete diplomados de aquella asociación en diversos campos.

 

La tragedia del 68, ¿Cuál fue la verdad?

 

Una tarde del año trágico de 1968, Brandstetter llegó como de costumbre a la oficina de Paco y le comentó que había recibido una llamada de Don Carlos Trouyet, quien le informó que el gobierno federal, a través de Don Mario Moya Palencia, le había pedido asilo para una persona de nacionalidad rusa que había desertado de la embajada de ese país, denunciando a la Secreta-ría de Gobernación, planes de los rusos para boicotear los juegos olímpicos en México, programados ese año, además de que organizarían guerrillas para desestabilizar al gobierno mexicano.

Esta persona había sido espía de los rusos durante los años álgidos de la guerra fría y bajo amenazas de asesinar a sus hijos la forzaron a recabar secretos militares, acostándose con  funcionarios y militares aliados que visitaban el medio oriente, donde ella operaba. Por su alta eficiencia y dominio de varios idiomas, fue transferida en un momento dado a la Embajada rusa en México, D.F., donde se enteró y participó en programas supuestamente culturales que reclutaban a jóvenes estudiantes universitarios mexicanos que eran llevados a Europa a cursos especiales, pero secretamente los conducían a Rusia donde los entrenaban en guerras de guerrillas y guerrilla urbana, que actuarían entre los estudiantes mexicanos cuando se provocaran los disturbios del 68.

La persona en cuestión fue trasladada a la Embajada de México para continuar con el programa, pero desgraciadamente se enteró que el gobierno de Rusia había desaparecido a sus hijos y su marido estaba en Siberia. Ante tal traición, ella había cogido documentos comprometedores y huido de la embajada pidiendo asilo al gobierno mexicano, al tiempo que les informaba de los planes rusos.

Cuando esta historia salió a la luz, el Reader’s Digest la publicó en Selecciones de México, pero no se dijo dónde estaba asilada.

Se le asignó un nombre clave: Raya Kisselnicova y se hicieron arreglos para que viniera a vivir a Las Brisas, donde se podía desempeñar en algún trabajo tal vez como traductora. El hotel sería su prisión, por lo que no podría salir a la ciudad y sería constantemente vigilada y protegida por agentes secretos federales.

Brandstetter decidió entonces que formara parte del equipo de Paco en reservaciones y estaría bajo el cuidado de Paco y Salim, pero Paco siempre sospechó que Carlos Solana entonces Sub-Gerente, era agente federal y cuando trajo a su hermano a trabajar al hotel, como Gerente de crédito, se le puso una oficina junto a la de Paco desde donde observaba a la rusa todo el tiempo. Más tarde comprobó que Carlos trabajaba para Gobernación y su hermano era “madrina” en la misma corporación. Sabían que sobre la rusa había constante vigilancia de agentes especiales rusos, para detenerla en caso de que saliera del hotel.

Sin embargo, la pobre mujer se enclaustró en sí misma, todos los días llegaba a la oficina y hacía su trabajo mecánicamente, sin hablar con nadie, sin saludar y salía de la misma manera, recogía sus alimentos en el comedor y se encerraba a comer sola en su habitación. Dia-riamente elaboraba la lista de las personas importantes en el hotel, las que llegarían, cuando y a quienes había que recibir en el aeropuerto. Paco le enseñó donde recabar los datos y era con la única persona que hablaba, a veces se saludaban en alemán o ruso, pero ella trataba de evitar el uso de otros idiomas, tomó varios meses para que en su rostro apareciera un esbozo de sonrisa.

Cuando las cosas se enfriaron, la vigilancia externa fue retirada y Brandstetter sugirió a Paco y Salim, que la llevaran al centro, la convencieron y la llevaron una noche a un bar y ver un show, ella sólo tomó medio vaso de refresco y pidió la regresaran al hotel.

Tuvieron que pasar años para que se desenvolviera en el ámbito del hotel  y poco a poco se animó a salir de compras.

Al vender la familia Trouyet el hotel, Brandstetter salió y le dijo a Paco que se la encargaba.

Cuando los nuevos dueños (BANAMEX)  tomaron el hotel y lo entregaron a la operadora (Camino Real), te-nían la política de no alojar a ningún empleado o ejecutivo dentro del hotel y Paco hubo de explicarles la situación de Raya y los convenció de dejarla vivir en el hotel, lo mismo sucedió cuando los ejecutivos de Western visitaron la propiedad.

Con el tiempo y al cesar la guerra fría, Raya ya no fue objetivo para nadie y pudo realizar una vida más o menos normal, Paco la vio por fin reír y hasta le conoció un novio que la llevaba a pasear.

Años después, la propiedad fue vendida nuevamente y al final, Raya fue jubilada y dejó el hotel para vivir con conocidos que le rentaron una habitación. De vez en cuando, Paco la encuentra en el súper mercado y ella lo saluda con mucho afecto. Afecto que ha durado más de cuarenta años.

La versión moderna de los hechos del 68 habla que nunca existió tal complot de los rusos y todo lo que el gobierno dijo fue inventado y como, parte de la comparsa, dos o tres funcionarios de la embajada rusa, fueron expulsados del país, para atenuar el gran asesinato de un gobierno represor, sentimiento que todavía hoy perdura en el ánimo de estudiantes y mentores que repudian algo que sucedió antes de que ellos nacieran.

Mentira o no, ¿Quién lo sabe? Es como el caso del Holocausto, varias generaciones pudimos observar en fotos, reportajes periodísticos y películas, los horrores de dicha acción que muchos, incluso líderes de países europeos niegan, pero aún viven personas que tienen tatuado en un brazo su número de prisionero.

En el fondo, Paco sintió que el país le debía mucho a esta mujer que seguramente llevará sus secretos a la tumba y abogó por ella siempre que pudo hacerlo. Como periodista, en lo personal, bien puedo decir que el complot de desestabilizar a México fue cierto.

 

Las promociones

 

Como ya se mencionó, los viajes de promoción se comenzaron a organizar a partir de 1964, sin embargo, Brandstetter no esperó a que los hoteleros locales se organizaran, movió sus contactos y organizó viajes de algunos ejecutivos, especialmente de ventas, para llevar a cabo visitas a los agentes en áreas como Texas y California, que eran y siguen siendo los estados que más turismo producen para México.

A Paco le tocó su primer viaje asesorado y guiado por Felipe Chíu y aprovechando que Paco iría al Cabo Kennedy a presenciar el despegue de la expedición del Apolo 10, volaría de Orlando a Houston, donde se uniría con Derek Gore, Miguel Ángel Díaz y Felipe Chíu, de ahí estarían en Dallas y posteriormente en Los Ángeles, o sea que recorrió los EE. UU. de Este a Oeste en ese primer viaje.

Posteriormente, asistiría con René Bolívar a cubrir las promociones con las líneas aéreas pero nunca olvidó el primer viaje que tuvo que hacer solo y que iniciaba con una presentación en Dallas, organizada por Braniff Airlines. Por esas fechas, la oficina en Dallas ya estaba trabajando y una de las agentes, una atractiva pelirroja que había trabajado en Braniff y Neiman Marcus, le notificó que lo recibiría en el aeropuerto, pues tenía unas recomendaciones que hacerle acerca de agentes amigos que debería visitar.

Todavía no se abría el aeropuerto Dallas–Fort Worth y la pelirroja le recibió en el viejo Lovefield, donde tomaron un funicular para trasladarse a la terminal, pero el sistema se descompuso dejando a la pareja colgando en el aire por tiempo indefinido y ella aprovechó para hacerle al amor mientras colgaban a varios metros de altura. La descompostura dilató más de media hora y nuestro personaje ya pedía esquina para librarse de la fogosa ex modelo que además estaba casada y tenía dos hijos, claro, él nos dijo que no recordaba su nombre.

 

Durante los viajes de promoción, Paco recibió quejas de los agentes de viajes, relativas a que los hoteles de México se tardaban mucho en pagar comisiones o simplemente las olvidaban y tenían que hacer muchos esfuerzos para recibir su dinero.

En una tarde de verano, platicando con el Coronel, sentados en la banqueta observando el tráfico de la Escénica, se lo comentó a Brandstetter y sugirió un sistema para que se pagaran rápido las comisiones de las agencias, pero también  buscaba la manera de darlo a conocer a las agencias. Una vez establecido el sistema, Brandstetter pidió a la agencia de publicidad, que en todos los anuncios que el hotel publicara en el ramo de agencias, se incluyera una leyenda que dijera: “las Brisas, el único hotel que paga comisiones 24 horas después de la salida de los huéspedes.” La semana siguiente, diseñó un sobre de ventana para enviar los cheques impresos con la palabra “Gracias” en  diferente colores y en todos los idiomas que en el hotel se cono-cían.

Posteriormente diseñó un efectivo sistema para controlar los depósitos de huéspedes para futuras reservaciones y la leyenda de las comisiones se cambió a: “Prepaga toda la estancia, retén tu comisión y envíanos el neto”

Esto causó gran impacto entre las agencias de viajes que aprovecharon para pedir a los futuros clientes, el pago adelantado de los servicios, hasta un mes o más antes del viaje, lo que aumento su efectivo corriente. Igual pasó en el hotel, bajaron los créditos a las agencias y los depósitos de los clientes para reservaciones futuras, superaron el total de cuentas por cobrar de los huéspedes.

Otra cosa más impactó en la opinión del Coronel acerca de Paco, como tenía más del 90% de las reservaciones, pre pagadas o protegidas hasta con dos noches de depósito, podía hacer pronósticos de ocupación muy poco menos que exactos.

 

Era práctica diaria que todas las oficinas cerraran a las dos de la tarde para ir a comer, claro, el Coronel lo hacía en su suite, muy pocas veces en la Concha y en ocasiones en la cocina principal, sin embargo, dormía una larga siesta y ya cerca de las siete de la noche, cuando todos se preparaban para salir, el Coronel aparecía -fresco y recién bañado, con ropa impecable y oliendo a “Aramis”, la loción de moda- en la oficina de Paco y se sentaba frente a él a platicar, a veces de ahí seguían en la oficina del “viejo”, donde revisaba su correspondencia, cuya contestación tenía que hacer, con indicaciones del jefe.

Cuando Brandstetter se quedaba sin secretaria, tomaba prestada a la secretaria de Paco, hasta que una vez se quedó con Elvira Hernández, una joven morena a quién Brandstetter dio en llamar Eli, quien años después lo seguiría en su aventura en la ciudad de México y una vez jubilado, ella le sirvió hasta su muerte.

 

 

Los Astronautas y Las Brisas

 

La relación del hotel con la N.A.S.A comenzó muy temprano, cuando la agencia espacial anunció el lanzamiento del Pájaro Madrugador, el primer satélite de comunicaciones que se lanzó al espacio, pagado por suscriptores que obtendrían los beneficios.

La compañía TELMEX, que era propiedad de don Carlos Trouyet, igual que el hotel, fue el primer suscriptor del satélite y la agencia había solicitado al menos una persona de Telmex, que hablara bien inglés para que estuviera presente y sirviera de coordinador. Como don Carlos no estaba seguro de que hubiera tal persona, llamó a Brandstetter para que escogiera a alguien en el hotel, así que llamó a Paco y le dijo que se preparara, incluso lo envió a la ciudad de México a hacer una prueba y la aprobó, pero finalmente no fue requerida su presencia en el Cabo.

Más tarde, se dio el contacto de Brandstetter con oficiales militares de la N.A.S.A. pues algunos eran jubilados de la Legión Americana Y surgió la idea de invitar a los astronautas a descansar en el hotel después de sus viajes al espacio, etapa que veremos más adelante.

 

LAS PROMOCIONES de ACAPULCO.

 

Dos años antes que nuestro personaje llegara a Las Brisas, se había iniciado un programa de promoción para el puerto, auspiciado por las líneas aéreas que volaban a Acapulco, pero la participación de los hoteles no era copiosa, era normal que fueran seis o siete representados por alguien de ventas. En estos viajes se llevaban folletos y tarifas para ser distribuidos entre los agentes de viajes que asistían a las presentaciones.

Ya para 1966, se mejoraron las condiciones. Las líneas aéreas otorgaban los boletos de cortesía. Los hoteleros participantes pagaban sus otros gastos.

Las aerolíneas pagaban la publicidad en prensa previa al viaje, en cada ciudad que visitarían. Se requirió de presentación audio-visual para que los hoteles presentaran sus ofertas de verano. Se escogían las ciudades emisoras más productivas y en cada una se seleccionaba el mejor hotel para presentar todas las ofertas de Acapulco a los agentes de viajes invitados. A la presentación seguía un coctel con botanas (de preferencia mexicanas) y cada hotel ofrecía una estancia de tres días gratis, ofertas que se rifaban entre los agentes de viajes asistentes y la aerolínea regalaba los boletos.

Las ofertas pronto se convirtieron en “paquetes” que bajo un mismo nombre las aerolíneas vendían a las agencias, incluyendo, desde luego, el costo de los boletos, sin embargo, se les identificaba con un código IT, que significaba: Inclusive Tour, lo cual hacia que las agencias recibieran comisión sobre los boletos de avión, por ejemplo, la promoción con Western Airlines cubría el oeste de los EE. UU. Y se llamaba “Acapulco do it now” y tenía un mínimo de estancia de tres noches.

Se visitaba una ciudad por día, la aerolínea proporcionaba una lista de las agencias, que los acapulquenses visitaban a discreción y si se requería, un empleado de la línea aérea acompañaba a cada uno en visitas matutinas, durante las cuales, se reforzaba la invitación a la presentación-coctel que se celebraba en la tarde.

El arreglo era muy ventajoso para los hoteleros del puerto, pues la aerolínea cubría todos los gastos de publicidad en prensa en el área cercana a cada ciudad, proporcionaba transporte en las ciudades a los participantes y cubría el 50% de los cocteles y presentaciones, además, claro de los boletos de avión, gratis.

Era cosa normal partir en la noche de esa ciudad hacia la siguiente a donde llegaban a dormir y por la mañana se repetía la historia.

Con Western, por ejemplo, se visitaban en orden: San Diego, Los Ángeles, San Francisco, Sacramento, Portland, Seattle y Vancouver, Canadá.

Sin embargo, en el área de Los Ángeles,  se quedaban más días para cubrir de la misma forma, las ciudades al sur, como San José y se recorría en automóvil toda el área hasta regresar a Los ángeles. Lo mismo sucedía en San Francisco, donde se tomaba otro día para ir a Oakland y sus alrededores.

El área del centro del país se cubría con Braniff Airlines cuya base era Dallas y se recorría toda la parte central cubriendo Kansas, Chicago y Detroit.

El Este era cubierto por Eastern Airlines, pero la participación no era numerosa ni había en la aerolínea mucho interés, pues el gran negocio en esta parte, sobre todo en el norte, era el invierno, que entre más crudo era más negocio producía a la línea y al puerto.

Eventualmente participaron en menor escala las lí-neas nacionales, Aeroméxico y Mexicana de Aviación.

Las conexiones de Brandstetter eran increíbles pues conocía a los presidentes de las aerolíneas o a sus accionistas al igual que a banqueros y dueños de periódicos y otros medios.

Así que durante estos viajes, quienes representaban a Las Brisas se daban tiempo para saludarlos y dejar la presencia del hotel en sus entornos.

Pronto, el hotel quiso destacarse entre los otros y las mesas de las piscinas, las sillas tipo director y las grandes sombrillas, todas abatibles y en colores rosa y blanco comenzaron su peregrinar por los Estados Unidos y a aparecer en las presentaciones, con cientos de sombreros de palma con el angelito de Las Brisas estampado y una gran listón color rosa.

Como se mencionó, eran pocos los hoteles que participaban, pero fue tal el éxito, que el gerente de American Express local, Nicolás Castillo, llamó a Paco para pedirle que invitaran a la agencia a participar y así se hizo, lo cual abrió las puertas para que otras organizaciones, como yates de recreo, participaran.

Estas promociones no se daban en México, pero una vez se organizó una caravana que recorrió por carretera muchas ciudades del centro del país, donde Las Brisas participó con un buen número de jeeps rosa y blanco que desfilaron por las calles de Puebla, Toluca, Pachuca, etc., y sobre todo en el Distrito Federal.

Uno de los jeeps llevaba a la vista una maqueta de una casita del hotel, construida en un acantilado con piscina y todo, pero la piscina estaba llena de agua.

En otra ocasión la caravana promovió una convención de los Clubes de Leones y un par de cachorros de león aparecieron en una jaula sobre un  jeep que recorrió entre aplausos las calles de Puebla y otras capitales.

En el puerto, los empleados de la industria comenzaron a llamar a los de Las Brisas, “Los locos” pero el Coronel sabía lo que hacía.

Cada Navidad, por ejemplo, el hotel enviaba a sus viejos clientes, una gran canasta navideña con productos de la mejor calidad, pero muchos clientes la usaban para hacer con los obsequios, sus regalos a los amigos que tenían en el puerto y muchos llegaban incluso a reclamarla.

En una ocasión, la familia Goldstein tomó un botella de la canasta para enviarla de regalo a la familia Stone, quien por casualidad hizo lo mismo, causando hilaridad entre sus amistades.

Algunos funcionarios públicos recibían también sus canastas y algunos otros, con poca o ninguna vergüenza llamaban al hotel, para  pedir su importante regalo aunque sus dependencias no tuvieran nada que ver con el hotel.

Motociclistas y oficiales de tránsito también hacían fila para recibir una compensación económica por ahí del 23 de diciembre.

 

Nuestro personaje piensa que con ese tipo de difusión, con la imprescindible ayuda de las líneas aéreas, Acapulco vivió sus mejores temporadas de verano.

Otra cosa que vale destacar, fue que los hoteleros fueron a hablar con el Gobernador acerca de las promociones y pedir su cooperación. Don Rubén Figueroa les dijo que él no sabía nada al respecto, pero que le presentaran su programa de promociones y por cada peso que ellos invirtieran, el gobierno del estado pondría un peso más. Así las promociones tuvieron el éxito deseado. Desgraciadamente, esto dio lugar a la creación de la Secretaría de Fomento Turístico del estado y ya no fue lo mismo.

Sin embargo, con el tiempo, el organismo regulador de las políticas aéreas, prohibió a las aerolíneas otorgar cortesías al ciento por ciento en boletos, pero daba la opción de otorgar descuentos promocionales hasta un cincuenta por ciento y así lo hicieron saber a los hoteleros de Acapulco, encabezados por don Pedro Valle, (Q.E.P.D.) entonces Presidente de la asociación.

Paco era vocal de la mesa directiva y, ante la negativa de los hoteleros de aceptar las nuevas condiciones para los viajes, convocó a una junta a la que asistió Jon Plank, su amigo de los Ángeles representando a Western Airlines.

La junta se llevó a cabo en el Hyatt y los hoteleros no cambiaron su posición, Paco señaló que a cambio se les estaban dando otras facilidades, pero no aceptaron. Plank estaba hospedado en Las Brisas y durante una comida con nuestro personaje, comentó muy triste sobre la situación que orilló a todas las aerolíneas a cancelar dichos viajes de promoción. Poco después se celebraron elecciones en la Asociación de hoteles y don Pedro se reeligió como presidente usando algunas marrullerías, Escudero no estuvo de acuerdo aunque figuraba en ambas planillas y Las Brisas se retiró como miembro de dicha asociación, acto seguido lo hizo el Hotel Princess y en poco tiempo la asociación hotelera comenzó a perder prestigio y presencia.

Un mes después, Jon Plank llamó para invitar a Las Brisas, como único hotel participante en una promoción similar por todo el oeste de los Estados Unidos, compuesta de agentes de viajes minoristas, la cual dio excelentes resultados.

 

En Acapulco, durante la época navideña en que se celebran las tradicionales posadas, todo mundo esperaba la posada de los hoteleros, como la más elegante, numerosa y llena de sorpresas y regalos, era una cuestión de estatus social ser invitado a la misma, pero al retirarse el Princess y Las Brisas ya no fue igual y poco a poco se perdió aquel glamour y tradición.

 

EL TIANGUIS.

 

Cuando Paco escribió su primer libro acerca del Origen y la Evolución del Turismo en Acapulco, hizo un relato pormenorizado de cómo se originó este evento tan trascendental en la industria del país, mismo que se desarrolló por idea de don Miguel Guajardo Benavides, después de asistir a un evento similar en los EE. UU. Llamado “Pow Wow”.

Las Brisas participó en el primer Tianguis celebrado, muy modestamente en 1976, con Felipe Chíu como Gerente de Reservaciones y Paco como asistente.

Ya para el segundo, en 1977, con Paco como Gerente de Reservaciones y Pepe Jové como Ventas de Camino Real, Las Brisas tuvo un papel más destacado y ni que decir cuando Paco pasó a ventas y aún como sub-gerente y en Las Hadas como Gerente General, Paco apoyó el Tianguis y participó cada año en el evento.

 

La foto siguiente se tomó durante el tercer Tianguis y es bastante elocuente.

Treinta años más tarde, la Secretaria de Turismo reconoce la trayectoria de varios participantes como él y les otorga el Premio al Mérito Turístico durante el trigésimo Tianguis celebrado en 2006, con el Ministro Elizondo como Secretario del ramo y Zeferino Torreblanca como Gobernador del Estado, quién no dudó en expresar su entusiasmo a su amigo de siempre.

Don Carlos Trouyet llegó a llamar a Las Brisas: “Mi maquinita de hacer billetes”, sin embargo, cada año el hotel decaía en su planta física y comenzó a quedarse a la saga de nuevos proyectos hoteleros.

Mas los contactos del Coronel hicieron posible que el más famoso y leído escritor de viajes del mundo, Richard Joseph, en la revista para caballeros (ricos) llamada Squire Magazine, iniciara una encuesta para determinar, según el refinado gusto de sus lectores, a los tres mejores hoteles del mundo.

Durante la primera encuesta Las Brisas apareció entre los 29 mejores; al año siguiente estaba en quinto lugar y en el tercer año estaba considerado como uno de los tres mejores del mundo, acompañado del Westgate Plaza de San Diego, California y el viejo Ritz de Paris. La publicidad hacía énfasis en que ninguno de los dos últimos era un “Resort”.

Hubo un momento en que los más famosos escritores turísticos del mundo hablaron bien de Las Brisas.

Paco puso especial cuidado en hacer amistad con la mayoría de ellos, lo cual le dio muchas ventajas en años venideros.

 

En una ocasión, pensó en sustituir las Canastas Navideñas por otro regalo que proporcionara más publicidad al hotel. Compró un jeep de juguete de fuerte lámina y con toda su paciencia de aeromodelista, lo transformó en un modelo a escala de los jeeps del hotel con sus colores blanco y rosa, placas locales y que lucía en las defensas, la publicidad que el hotel hacía del centro nocturno La Rana que operaba y el show del trompetista Freddy Guzmán.

Desafortunadamente ese año el hotel no pudo cos-tear los jeeps por ser muy caros y nunca se produjeron.

Todos criticaban la preferencia del Coronel y cómo tomaba muy en cuenta la opinión de Paco a la hora de tomar decisiones.

Sin embargo, en una ocasión que la temporada de invierno terminaba y comenzaba un muy triste mes de abril y un largo verano, Paco se equivocó al hacer la proyección de dicho mes, considerando una ocupación mayor durante todos los días de abril, lo cual alegró mucho a todos y Brandstetter canceló algunos proyectos de publicidad.

Desde que ocupó la Gerencia de Reservaciones ha-bía diseñado una gráfica mensual de gran tamaño que mostraba a todos los jefes de departamento cada lunes durante la junta de operaciones y así tomaban las previsiones necesarias para cada semana. Todos los días del mes tenían una columna donde se mostraba un punto con el porcentaje de ocupación, del año anterior, la ocupación presupuestada, la que había al momento cada lunes y la que él pronosticaba. Todos los puntos estaban unidos por gruesas líneas de distintos colores y cualquiera podía tener una idea precisa de lo que pasaba y lo que pasaría en el mes, con sólo mirar la gráfica.

Le tomó a nuestro personaje hasta la siguiente semana darse cuenta de su error, presentó las cifras correctas y pidió disculpas.

Brandstetter lo lamentó mucho y pidió a todos tomar las medidas correspondientes, justificando el error como humano y disculpando públicamente a Paco. Sin embargo, al finalizar la junta entró a su oficina y le dijo: “Las personas cercanas a mi no pueden equivocarse y tú, en especial, tienes menos derecho a cometer errores por estar más cercano”. A partir de ese día, no le dirigió la palabra ni pasó por su oficina por semanas. Las sonrisas aparecieron en los rostros de todos los lambiscones. Afortunadamente cuando Al Kaplan, que le tenía gran estimación, supo esto en la agencia de publicidad, hizo todo lo que humanamente se podía y volvió a colocar la publicidad como estaba programada y el mes en cuestión resultó excelente y las sonrisas burlonas desaparecieron.

Kaplan era una gran persona y tenía una estimación muy especial por Paco y le instruyó en cosas relacionadas con la agencia de publicidad, como separación de colores, diferencias de precios en anuncios, de acuerdo a la colocación en la página y sus divisiones, o los anuncios en revistas, líneas ágata y porqué las diferencias de colocar anuncios en páginas nones o pares, etcétera. También la mecánica de los tiempos en los anuncios de radio y cómo utilizar otros medios.

Kaplan siempre colocaba en páginas nones los anuncios del Consejo Nacional de Turismo, seguidos de la página de Aeroméxico y luego el de Las Brisas, estrategia que rindió excelentes frutos.

 

En otra ocasión, estando el Sr. Henry Kissinger hospedado en el hotel, cuando era el hombre más poderoso del mundo, accedió a dar una entrevista a la prensa nacional, a través de su secretario particular, quien solicitó al hotel una persona para que tradujera.

Desde luego, Escudero fue designado, pero él, consiente de lo que un pequeño error significaría en tal entrevista, se negó en un principio y sugirió que fuera Derek Gore, el Cónsul inglés que trabajaba en el hotel, pero nadie estuvo de acuerdo. Al Kaplan había venido al puerto para seguir de cerca la entrevista y le dijo que él le apoyaría en caso de que se equivocara, además el secretario del Sr. Kissinger era su amigo y comprendería cualquier falla.

Así, la entrevista se llevó a cabo con todo éxito y las opiniones del Jefe de Gobierno de los Estados Unidos, se publicaron en español en la prensa nacional. Al término de la entrevista, Kaplan lo abrazó, le dio sonoro beso en la mejilla al tiempo que exclamaba: “I love you Baby”.

Al Kaplan llegó una vez y dijo al Coronel que el “Tianguis” siguiente sería muy importante ya que ven-drían por primera vez agentes europeos y la delegación española buscaba un sitio estratégico adecuado para montar su exposición.

Paco pensó inmediatamente que el sitio adecuado sería el viejo centro nocturno La Rana, que estaba sin uso y podría convertirse en un atractivo para todos los asistentes.

Tomó un plano del lugar y sobre él dibujó lo que parecía ser un castillo amurallado cuyo interior era un gran patio que se usaría para eventos y en el piso inferior convertido en una cueva, estaría la bodega simulada con barriles, donde se presentarían las degustaciones de vinos españoles.

Una vez listo el plano, compró varios juegos para construir castillos medievales con piezas de plástico que se ensamblaban y procedió a armar uno sobre las especificaciones del plano, que tenía torres, almenas, etcétera, incluyendo un puente levadizo en la entrada.

Aprovechando que Kaplan estaba en la ciudad de México, le llamó y explicó la idea. Kaplan se vino de inmediato y visitó la casa de nuestro personaje y quedó fascinado con el proyecto, trajo a los agentes españoles a quienes también les encantó y estaban dispuestos a rentar el lugar durante el Tianguis. Kaplan llevó la maqueta a la oficina del Coronel a quien no le pareció mal, llamó al ingeniero Francisco Vázquez, que hacía los trabajos en el hotel y le pidió un presupuesto, pero a Brandstetter le pareció muy alto y delante de todos admitió que el hotel no podía costearlo, pero ordenó que la maqueta fuera llevada a su casa.

 

En esos años se puso de moda en los Estados Unidos, al menos entre muchas personas jóvenes, no cortarse el pelo y vestir con harapos, no recuerda si fue a raíz del festival de rock en Woodstock, pero la presencia “hippie” se extendió por muchos países y estratos sociales, las personas de color que tenían los medios, comenzaron a viajar a los más populares sitios de veraneo.

Cuando aparecieron este tipo de clientes en Las Brisas, a Brandstetter casi le dio un infarto, de inmediato le llamó y le dijo que como Gerente de Reservaciones, era su obligación no permitir que al hotel llegaran hippies, clientes con cabello largo ni personas de color, él pensó que afloraba la personalidad del Fuhrer, pero ¿Cómo saber el color de la persona que llamaba para hacer su reservación o el largo de su pelo? Por el apellido, nuestro personaje podía imaginar si el cliente tenía ascendencia sajona, irlandesa o israelita, pero ¿el largo de su pelo? el Coronel dijo que le apoyaría y juntos diseñaron la “Operación FLIT” (Flit era el nombre de un famoso insecticida) y para ello se asignaron dos habitaciones en la parte más baja del hotel, que daban hacia la carretera escénica, sin mucha vista pero con mucho ruido, a las cuales se les suprimió el agua y se les colocaron los aires acondicionados más ruidosos. El personal de Recepción fue alertado de asignar estas habitaciones a personas hippies, con pelo largo o de color y si se quejaban, deberían de llamar a Paco para que atendiera las quejas.

Labor nada sencilla que nuestro amigo resolvió mediante sus contactos en otros hoteles, principalmente en el “Villa Vera” del suizo Teddy Stauffer, donde trabajaba una vieja amiga que le daba habitaciones. Ella era una joven viuda que trabajó en ELCANO y se dijo que ha-bían tenido relaciones amorosas muy discretas.

El flujo fue tanto que Teddy lo notó y se puso a investigar de donde provenían sus clientes hippies. Cuando supo quien se los enviaba, llamó a Brandstetter para quejarse y fue tal su discusión que se piensa que se recordaron a sus ancestros húngaros y suizos, desde luego, hablando en alemán y el Coronel terminó pidiéndole que usara otros hoteles y dejara en paz al Villa Vera, al menos por un tiempo razonable. Sin embargo, Teddy no volvió a dirigirle la palabra a Paco.

 

En realidad había una cierta animadversión entre los dos hoteles, ya que el Villa Vera era realmente el único que competía con Las Brisas en el tipo de habitaciones con jardines y albercas privadas, que además ofrecían una magnífica vista de la bahía y servicio inmejorable. Siempre se dijo que Teddy había copiado a Juan March el tipo de construcción y la idea de jardines que le dieran privacidad a las piscinas.

 

Sin embargo, la imagen de dictador de Brandstetter se desvanece cuando asume el control para ayudar a miles de guerrerenses humildes afectados por el Huracán “Beula”.

En  el año de 1967 Brandstetter entró en tratos con la compañía Gibson Easy, fabricante de electrodomésticos, para traer a su fuerza de ventas de unas 570 personas, a una convención anual en las Brisas durante el otoño de 1968, pero el hotel no tenía la capacidad para alojar tal número de huéspedes en tan poco tiempo, pero como la compañía lanzaría una gran campaña de promoción en todo el país para que sus vendedores compitieran para poder venir, (Grabaron miles de discos promocionales donde el ganador se despierta en Las Brisas con trinos de pájaros y música de fondo mexicana, estos discos de los llamados “Long Play” se enviaron un año antes a cada ciudad donde Gibson distribuía electrodomésticos en los EE. U.) el Coronel no quiso perder la oportunidad de tal exposición y les solicitó un deposito en efectivo que le permitió construir 117 nuevas casitas con sus respectivas calles y piscinas privadas y tenerlas listas en un año. Paco nos hizo notar que aquí destacó mucho la intervención de Carlos G. Solana, quién elaboró el increíble contrato, aun cuando él no era hotelero. (*)

Todo marchó sobre ruedas en una operación militar sin precedente, pero los últimos grupos no pudieron llegar a Las Brisas debido al ciclón y fueron hospedados en el Pierre Marqués o el Princess.

El huracán devastó el estado y desapareció el poblado de Nuxco en la carretera a la Costa Grande y destruyó parte de la carretera escénica.

Las fuerzas armadas de México no se daban abasto para llevar ayuda a la montaña y las costas de Guerrero, donde los pobladores alzaban los brazos al cielo invocando ayuda.

El Coronel movió todas sus influencias (siempre se dijo en ciertos círculos que él era agente de la C. I. A. y controlaba toda América Latina) y en pocas horas consiguió que interviniera el ejército de los Estados Unidos y con los debidos permisos, aterrizó en Acapulco la división 101 aerotransportada en un inmenso avión del que descendieron los famosos soldados, héroes de la II Guerra, con  cuatro helicópteros, un Jeep y todo su equipo y toneladas de ayuda, que se hospedaron en Las Brisas y todas las mañanas llevaban medicinas y alimentos a los pueblos del estado coordinados con el ejército mexicano y gran parte del personal del hotel, en especial del Sr. Gómez, joven recepcionista que había cumplido con el servicio militar obligatorio en los Estados Unidos. Al final, el hotel los despidió con una cena baile en compañía de soldados mexicanos les obsequió regalos, al otro día volaron por última vez sobre la bahía y partieron a un frente de guerra, donde muchos perecieron.

 

Dice el refrán que todo se paga en este mundo, no hay que morirse para ir al infierno. Una mañana, recibió una llamada del director de una de las agencias de viajes más importantes del mundo, solicitando espacio para un gran grupo que deseaba pasar una semana en Las Brisas. Dicho personaje era de origen judío y sabía que no era del agrado del Coronel, incluso tuvieron problemas de pago cuando dirigía una pequeña agencia, pero ahora representaba a una de los más importantes. Paco se alegró, pero cuando supo de quienes se trataba, casi quería desaparecer, el grupo en cuestión era la National Basketball Association, que agrupaba en sus filas nada menos que a todos los jugadores profesionales de basquetbol  de los Estados Unidos, la mayoría de los cuales eran, como sabemos, personas de color. Desde luego no era lo mismo aplicar la operación FLIT a un ciudadano cualquiera que a doscientos morenos que medían más de dos metros cada uno.

Brandstetter dijo de inmediato que no los quería en el hotel, pero también se pensó en las consecuencias que pudiera tener el rechazarlos en un país donde se presumía de no tener racismo.

El Coronel llamó a Al Kaplan y su amigo verificó en Nueva York los aspectos y se dio cuenta que la agencia ya tenía incluso una campaña diseñada para desprestigiar a las Brisas en caso de negativa. Las consecuencias para el hotel podían ser desastrosas y recomendó que el grupo fuera aceptado.

Por otro lado, las repercusiones afectarían a Acapulco y a México en general.

Derrotado y casi con lágrimas en los ojos, Brandstetter autorizó la operación y planeó un largo viaje de negocios en los Estados Unidos, mientras el grupo estaba en Acapulco.

Ya calmadas las cosas, Paco sugirió al Coronel que voltearan la tortilla, haciendo cosas inverosímiles para atender al grupo y que Kaplan las usara a favor del hotel, se aceptó la idea y se tomaron fotos de las acciones que el hotel tomaba para recibir a tan famosos atletas de los Estados Unidos.

Se construyeron “extensiones” de tambores y colchones para que a los jugadores no les salieran los pies de las camas, se les quitó el toldo a los Jeeps y se movieron los asientos para que los atletas los manejaran como si condujeran “Go Karts”, eso sí, únicamente cabían dos personas en cada jeep, cuyos asientos se movieron a la parte de atrás.

En el club de playa privado “La Concha”, se construyó rápidamente una cancha de basquetbol de cemento con dos tableros, por si los distinguidos huéspedes deseaban “echarse una cascarita”. Las fotos se publicaron en todos los medios y cualquier acción en contra del país, de Acapulco o de Las Brisas, quedó descartada. La popularidad del hotel se vio aumentada considerablemente.

En otra ocasión le llamaron de la recepción para decirle que el cantautor Alberto Cortés estaba en el mostrador y demandaba un habitación con piscina privada, de las cuales no había ninguna disponible, Paco salió y explicó la situación, le consiguió una suite en el Acapulco Hilton y lo invitó a cenar. Alberto y su esposa se fueron al otro hotel e incluso filmaron un corto para la TV, donde la pareja se mostraba disfrutando en la alberca, pero acudieron a la cena. Alberto y su esposa Renee se hicieron asiduos visitantes de Las Brisas y después se hicieron tan amigos con Paco que hasta la fecha se tratan como hermanos.

Cada vez que el argentino grababa un nuevo tema, Paco recibía una copia, Alberto le dedicó su libro “Equipaje” y con los años, Paco le envió el suyo sobre el origen del turismo en Acapulco.

Durante todos estos años, practicó el aeromodelismo activamente y conoció a un aeromodelista de Cuernavaca, Carlos Benítez, que fundó allá el Radio Club Morelense y sugirió que hicieran concursos regionales en Acapulco, valederos para el campeonato nacional, y así lo hicieron varios años con la participación de modelistas de todo el país.

LOS ASTRONAUTAS.

 

Cuando el programa espacial de los Estados Unidos se hizo popular, Brandstetter hizo arreglos con la N.A.S.A. para que los astronautas que participaran en misiones fuera de la atmósfera de la tierra, a su regreso y después de una cuarentena rigurosa, pudieran venir una semana gratis al hotel, oferta que luego amplió para que estuviera disponible antes o después de cada viaje.

El hábil Coronel lo hizo parecer como un sentimiento patriótico dada su amistad con el presidente Johnson y su esposa, quien pasaba sus vacaciones anuales en Las Brisas, custodiada por un grupo especial del Servicio Secreto, que una vez en Acapulco eran coordinados por un enigmático funcionario (Se cree de la C.I.A.) de la embajada en México y que era muy amigo de Paco, quien asignaba las habitaciones para el personal estratégicamente, para que los aparatos de comunicación pudieran cubrir sin problemas desde el Aeropuerto hasta Píe de la Cuesta.

Incluso agentes del F.B.I. que eran asignados por primera vez a la custodia de Lady Bird, se reportaban con Paco al llegar al puerto y no era raro verlos en la oficina de nuestro personaje recibiendo indicaciones sobre cómo transitar o comunicarse, así como tener los teléfonos de Paco para llamar en caso de emergencia.

Piensa que todos estos antecedentes quedaron archivados en la embajada de los Estados Unidos, pues muchos años mas tarde, cuando su hija Nora solicitó una visa en dicha embajada, se le indicó que estaban suspendidas, pero la empleada le preguntó si alguien de su familia tenía visa y ella le dijo que su padre, la empleada checó la computadora, abrió los ojos, tomó los papeles de Nora y le dijo: “Ven por la tarde por tu visa, permanente”.

La realidad es que Brandstetter aprovechó aquel refrán que dice que si quieres que algo se sepa, cuéntalo como confidencial y se comienza: …Mira, no se lo cuentes a nadie, pero un amigo me platicó….”

Así, cuando el primer Astronauta llegó a Acapulco, se supo en todas partes sin que Brandstetter rompiera su promesa de no dar publicidad a este programa.

Tampoco se recibían visitas en el hotel y ningún periodista tuvo acceso a estos personajes mientras estuvieron en el hotel.

Una vez en Acapulco, Paco se encargaba de asistirlos en cualquier cosa o salían con su esposa a cenar con ellos y así hizo amistad con varios.

Pronto vino la reciprocidad y llegaron invitaciones para que ejecutivos del hotel fueran a ver los despegues en Cabo Kennedy.

Paco recuerda que dos grupos de cinco ejecutivos fueron al Cabo a presenciar los despegues, menos él, aunque Brandstetter le había designado como el Liaison (enlace) entre la N.A.S.A. y el hotel.

 

Había un huésped que era veterano de guerra, pues había sido piloto durante el conflicto armado, era de Texas y amigo de Brandstetter, era además un petrolero millonario que volaba su propio avión, al principio un viejo bimotor acondicionado, con el que viajaba a Acapulco y convivía con el Coronel.

Por los años en que gozaba de las consideraciones de Brandstetter, el Sr. Bobby Burns, que así se llamaba el petrolero, llamó a Brandstetter para ver si le podía conseguir un pase para ir a ver un despegue de la Nave Apollo en Cabo Cañaveral, Florida.

El Coronel llamó a Washington y de inmediato recibió cuatro pases, el Sr. Burns le dijo que se fuera a Dallas con un invitado y de ahí volarían los cuatro en su jet privado hasta Cabo Cañaveral. Todos los gastos serían por su cuenta.

Brandstetter argumentó que él tenía que atender ciertos negocios en Dallas y si no podía acompañar a los señores Burns, los confiaría a Paco para que los guiara pues estaba familiarizado con muchos de los astronautas.

Finalmente no hubo tales negocios y los cuatro visitaron el Cabo, asistieron a fiestas y reuniones con altos personajes de la industria aeroespacial y científicos de origen alemán que trabajaban para la N.A.S.A. y nuestro amigo Paco se vio forzado a comer mucha langosta de Maine y el mejor champaña.

El matrimonio Burns padecía cáncer pulmonar de forma terminal y siempre evitaban reunirse con personas que fumaban, sin embargo, como vieron que Paco había dejado de fumar mientras los acompañaba, le dijeron que podía hacerlo, siempre que estuviera en contra del viento.

 

Una vez de regreso en Dallas, el Coronel se hizo acompañar de Paco para visitar a su esposa enferma que estaba internada en un hospital, donde le trataban su enfisema pulmonar y pidió a Paco comprara un paquete de cigarros de una marca especial que ambos le llevarían a ella.

 

Los contactos de Brandstetter eran innumerables, debido a que cuando regresó de la guerra, trabajó para la gran línea de autobuses llamada Greyhound, que cubría todos los Estados Unidos, con filiales en Canadá y México.

Esta línea debió su éxito a que durante los viajes prolongados, servían a los pasajeros, excelentes comidas y Brandstetter era el encargado, a nivel nacional, de supervisar la calidad de los alimentos, así como la compra de los mismos, por lo que siempre se le veía en las exposiciones ganaderas, escogiendo ganado en pie, para surtir las cocinas de la línea.

Era tanto el éxito, que las aerolíneas se sintieron afectadas en la preferencia del público en los viajes largos y fue que entonces comenzaron a servir alimentos en pleno vuelo.

Aunado a lo anterior, su afiliación a las organizaciones de militares jubilados le llevó a conocer a muchas personalidades, así conoció a Conrad Hilton, quien le ofreció trabajo en La Habana, Cuba, como Gerente General del hotel en la isla, situación que ya reseñamos.

Uno de dichos contactos le llamó un día y le solicitó que el desfile inaugural del Tazón de futbol americano, llamado Rose Bowl, en Miami, fuera encabezado por lindas edecanes montadas en un Jeep de Las Brisas.

Al Coronel le pareció una idea excelente y comenzó arreglos para rentar un Jeep con los colores del hotel. No se pudo conseguir y los ejecutivos acordaron que se comprara dicho Jeep en color blanco y se llevara de Acapulco la pintura rosa y el toldo y vestidura de lona rayada blanco y rosa.

Así se hizo y Felipe Chiu llevó los avíos a Miami y el Jeep Rosa y Blanco desfiló en el estadio de Miami, lleno de flores y bellas chicas. Al final del evento se guardó en una bodega hasta que el representante en Nueva York lo solicitó para un evento en la gran Manzana. El Jeep fue conducido por tierra en pleno invierno y el conductor se quejó de lo incómodo y del frío y otra vez, el Jeep terminó en una bodega.

Cuando se abrió la Oficina de ventas en Dallas, Paco sugirió que el Jeep se tuviera en esa oficina y el jeep viajó por tren hasta Dallas, donde volvió a terminar en una bodega.

Durante una promoción de hoteleros porteños con Braniff, nuestro personaje insistió en que el vehículo se arreglara y fuera conducido a Houston, donde se haría la primera presentación. Todos se sorprendieron al llegar al Hotel Galleria de Houston y ver en la entrada un Jeep con placas de Acapulco de colores Rosa y Blanco y lleno de coloridas flores mejicanas de papel crepé.

En Dallas, adonde se condujo el Jeep, la presentación fue en el Hotel Fairmont  y no había manera de colocar el Jeep a la entrada, pero nuestro amigo encontró un elevador de carga que subía de la cocina al salón de eventos, pero que por estar descompuesto era utilizado como bodega.

Paco llevó personal del Hilton (era amigo del Gerente) y encontraron que el defecto eran unos fusibles que se comprometió a pagar, la bodega desapareció y el Jeep apareció en el salón de eventos en el stand de Las Brisas, lleno de flores y folletos, donde la mayoría de los agentes de viajes se tomaron fotos.

El Jeep se mantuvo en buenas condiciones y cuando él iba de visita o en viajes de promoción, lo usaba para visitar agencias y circular por Dallas y sus alrededores.

En los cruces de las avenidas, la gente se paraba y preguntaba cómo era que traía un Jeep de Las Brisas y él, simplemente contestaba: “Bueno, la gente se lleva toallas o ceniceros, como recuerdo, yo me traje un Jeep”

Cuando aparecía en las agencias u oficinas de aerolíneas y le preguntaban por el Jeep, contestaba: “Me vine manejando desde Acapulco, sólo para visitarte y traerte folletos”.

 

Para el siguiente lanzamiento en el Cabo, el Coronel designó un pequeño grupo de ejecutivos, que asistirían en vuelos comerciales bajo su guía, pero de nuevo argumentó posibles negocios en Dallas, por lo que asignó a Paco para ir con el grupo y si él tenía que quedarse en Dallas, Paco los guiaría a través de las instalaciones del Centro Espacial, pues estaba familiarizado con ellas y tenía los contactos.

Ya en Dallas, el Coronel se ausentó del grupo y lo dejó a su cargo. Paco, acompañado de las muchachas de la oficina, les llevó de paseo y de compras.

La noche anterior a la partida hacia el Cabo, el Coronel regresó al hotel y Paco notó huellas de lápiz labial en su camisa y se lo hizo notar, así el viejo le confesó que en esos viajes de negocios visitaba “amigas” para -como él decía- “limpiar las cañerías”. Tal vez para asegurarse de la confidencialidad de su empleado, como notó que una de las chicas de la oficina siempre acompañaba a nuestro personaje y esa noche no era excepción, el Coronel le indicó que se ocupara de ella y viera que su jefa la tratara bien y nada le faltara. Esa noche ella no pudo viajar a su pueblo y tuvo que compartir la habitación de nuestro personaje, a la mañana siguiente, el grupo viajó a Florida, donde todos vivieron una inolvidable experiencia.

El amorío de nuestro personaje con la rubia tejana creció a tal grado que, cada vez que él viajaba a los Estados Unidos, ella lo esperaba en el aeropuerto de llegada y pasaban días juntos y, durante sus vacaciones, ella venía al puerto y se veían diario, llegó un momento en que ella le pidió que se fuera a vivir a Texas, se casa-rían y él podría trabajar allá. Él lo pensó y decidió confesar su amor a su esposa y anunciarle su separación, él vería que los niños tuvieran todo lo necesario. Ella le dijo que esos amores no los tomara en serio, que tuviera acostones con las extranjeras, pero que no se enamorara.

Él se fue a Texas y después de una semana extrañó el solar patrio y decidió regresar, pero su esposa no le permitiría llegar a su casa, así que se hospedó en el hotel, contó todo a Brandstetter y el Coronel le recomendó que luchara por su familia, pidiera perdón y si era necesario, intercedería por él ante su esposa.

Llamó entonces a su esposa y la cortejó algún tiempo hasta que le permitió regresar al hogar con sus cuatro hijos.

Sin embargo, la tejana le llamaba cada semana, y estuvieron en contacto hasta que ella se casó con un amigo común y se mudaron a Washington, D.C. y tiempo después vinieron de luna de miel a Las Brisas y salieron los tres a cenar. Ella siguió llamándole esporádicamente y prometió no dejar de hacerlo nunca, pero con el paso de los años perdieron el contacto.

Tal vez este suceso provocó la confianza del Coronel hacia Paco, por lo que una noche, estando en su oficina ya muy tarde, el viejo lo llamó y le pidió que subiera a sus habitaciones con un jeep y le ayudara llevando a una dama que estaba un poco pasada de copas a su casa ubicada en el fraccionamiento camino a la Concha.

Paco la reconoció pues era una dama de la alta sociedad capitalina, casada y de buena posición económica, de abolengo, de esas familias que juntaron los dos apellidos de los padres, para que sonaran más rimbombantes. Ella lo invitó a pasar a la casa y que nadara con ella en la alberca, pero él caballerosamente se negó, ella se despojó de su ropa y saltó a la alberca, él la vigiló y cuidó, la envolvió cortésmente en una gran toalla cuando salió y la condujo a su recámara, le preparó un Martini y cuando ella cayó dormida, la metió en la cama, la arropó y se retiró,  avisando a la servidumbre que estuvieran pendientes de ella.

Al día siguiente “L”, como le llama nuestro personaje, le llamó para agradecerle sus atenciones y en adelante se hicieron muy amigos.

Muchas veces, ella visitaba al Coronel en su oficina, pero él no se dejaba ver con ella en ningún momento y como había un bar en la oficina, la hacía tomar y luego llamaba a Paco para que la llevara a su casa.

 

John Young -el astronauta que más veces fue al espacio y era muy estimado en todos los círculos sociales- le preguntó si podía ir de vacaciones a Las Brisas y casarse en el hotel, Paco le dijo que contara con el espacio, pero que lo solicitara directamente al Coronel para que la ceremonia se llevara a cabo de forma especial. Así lo hizo el astronauta, nuestro amigo se encargó de las reservaciones, y la boda se llevó a cabo en la residencia del Coronel, la “Casa de la Tranquilidad”, donde el Coronel y Paco, entre otros, firmaron como testigos de la ceremonia.

 

El entonces Coronel Walter R. Dornberger fue un científico del grupo de elite con que Hitler contó para cumplir su sueño de invadir Inglaterra y poner a los británicos de rodillas. Hitler tuvo siempre esa obsesión y en su perversa mente la idea de bombardear Inglaterra y Londres en especial, daba vueltas en su trastornada cabeza.

Dornberger inventó la manera de bombardear Londres desde Alemania, con gran precisión y sin arriesgar ninguna vida nazi; diseñó la bomba voladora B-1, que causó estragos en la capital londinense y luego la versión mejorada, la B-2.

Cuando los rusos invaden Alemania y toman Berlín, esperaron a los Americanos para tomar las instalaciones de una ciudad más al norte, donde estaban los emplazamientos para lanzar las bombas voladoras y los científicos que las habían diseñado y manejaban el centro de lanzamiento.

Entre otros científicos, un ayudante de Dornberger, un joven llamado Werner Von Braun ya destacaba por sus conocimientos y su capacidad en  el diseño de cohetes.

Brandstetter, entonces con grado de capitán, guió al grupo americano y tomaron las instalaciones, donde hicieron prisioneros a los personajes arriba mencionados, mientras un Capitán ruso capturaba a la mayoría de los demás  científicos.

Estos científicos se hicieron ciudadanos de los países que los capturaron y en su momento, los que llegaron a Estados Unidos, fueron asignados a la N.A.S.A.

Dirigido por Dornberger, Von Braun diseñó exitosos cohetes, siendo su máxima creación el Saturno, que llevó a los astronautas americanos a la luna.

Ya jubilado y con el grado de “Major General”, Dornberger vino a vivir a México y residió en un fraccionamiento cercano al lago de Chapala en Jalisco durante los últimos años de su vida.

Cuando iba a cumplir los ochenta años, Brandstetter le llamó y lo invitó a celebrarlo en Las Brisas, donde el famoso científico disfrutó unos días de descanso.

Para una comida que se le ofreció de parte del hotel, Paco diseñó un pastel con la forma de media esfera simulando la superficie de la luna con un plateado merengue, pero sostenido por un delgado alambre, volaba sobre dicha superficie, un pequeño modelo a escala construido por el de la Bomba B-1, con lo cual se representaba el involucramiento de los científicos alemanes en la Conquista del Espacio. Pero Brandstetter quiso ser más directo, cambió la luna por un pastel de chocolate tradicional, con la siguiente inscripción:

Alrededor del círculo de la cara del pastel, se leía: “Al General W. R. Dornberger”

Y al centro: “Del personal de Las Brisas, quienes vimos el resultado de sus sueños en el Cabo. Muchas Gracias”.

 

Pero la B-1 con su estela de fuego, volaba sobre el mensaje. El General quedó impresionado y le regaló a Paco una foto en su despacho en la N.A.S.A. que le autografió dándole las gracias.

 

LOS BURNS

 

Un día de otoño llamaron los Burns para venir a Acapulco a pasar unos días de descanso y Paco los llevó a diferentes partes del puerto; cuando partieron, el Sr. Burns le encargó que mandara a fabricar una pulsera, en forma de esclava con el escudo del escuadrón donde él había volado durante la guerra. Hizo un dibujo del mismo y pidió que fuera en oro de 18 quilates. Asimismo una docena de pulseras en oro muy elegantes, que el Sr. Burns deseaba regalar a sus secretarias y empleadas en navidad.

Cuando las joyas estuvieron listas, Paco las llevó personalmente a Dallas, donde los Burns lo recibieron y llevaron en un Ferrari del año hasta su casa en Wichita Falls, Texas. Al otro día volaron en el jet privado a San Francisco y al archipiélago de Truk en pleno Océano Pacífico, donde está hundida la flota japonesa que pretendió invadir los Estados Unidos durante la II Guerra mundial.

Pocas personas lo supieron o recuerdan, pero esta acción dio lugar a que los Estados Unidos previeran una invasión por el océano Pacífico y estacionaron barcos de guerra en todos los puertos mexicanos, amén de la base aérea que ya tenían en Chiapas, para proteger el Canal de Panamá.

Fue entonces que se originaron los apagones en muchas ciudades mexicanas a determinada hora de la noche y que Toña la Negra inmortalizó en popular canción.

Las visitas para bucear en el área son restringidas y la extracción de recuerdos está prohibida, pero como en otros lados del mundo, el dinero abre puertas y los amigos bucearon y trajeron recuerdos de magazines de balas o platos y tazas para los amigos.

Paco recuerda lo impresionante del lugar donde tanques de guerra, aviones,  camiones, jeeps y otras armas llenas de incrustaciones marinas, se mecen sobre las pistas de grandes portaviones al ser movidas por las corrientes. Dentro de los grandes acorazados, blanquecinos esqueletos humanos se podían ver sentados a la mesa donde les sorprendió la muerte.

Meses más tarde, en ausencia del Coronel, recibió la llamada de uno de sus amigos astronautas, quien le informó que los señores Burns habían muerto. Que la televisión de Estados Unidos había transmitido la historia: Agobiados por el cáncer, habían hecho un pacto macabro, que cuando ya no pudieran resistir más, uno de ellos mataría al otro y luego se suicidaría.

Así había sucedido. Una tarde, después de tomar un coctel, la señora le disparó a él en la biblioteca de su casa, con un arma de alto poder, matándolo instantáneamente y luego se disparó un tiro en la sien derecha con una pistola de grueso calibre. Paco localizó al Coronel en Washington y le dio la mala noticia para que asistiera a los funerales de los grandes amigos. Descansen en paz.

Años después, “Bobby” Jr. estuvo en casa de Brandstetter durante su luna de miel.

 

La remodelación de Las Brisas.

 

A pesar de las 117 habitaciones nuevas con piscina privada que se construyeron para el grupo Gibson-Easy, las primeras construcciones de la parte baja del hotel, denotaban su antigüedad con viejas persianas de madera que aunque eran de cedro o caoba, estaban cubiertas con varias capas anuales de pintura rosa o blanca.

Originalmente, Juan March diseño las habitaciones para que aprovecharan los vientos dominantes de la colina que llegaban de frente y las ventanas eran un poco más bajas que la altura de las camas y la loza del techo era inclinada en forma de lo que se llama “media agua”, con la parte más baja el frente, así el aire que entraba a las habitaciones y se calentaba, era forzado a salir por las ventanas traseras. Esto las hacía muy agradables, pero ya los tiempos modernos reclamaban que hubiera aire acondicionado, por lo que en un esfuerzo sin precedente Brandstetter había equipado todas las casitas con aparatos de ventana que con el tiempo eran ruidosos en un hotel donde todo era tranquilidad.

Aún las nuevas casitas que se construyeron con demasiada prisa, no tenían un acabado de lujo, los pisos se hicieron de cemento pulido con un color oro viejo, lo que las salvaba eran los baños, todos construidos de mármol procedente de las minas que don Carlos poseía en Oaxaca así como su diseño sin pared al frente, en su lugar grandes puertas abatibles de aluminio con persianas de madera, se abrían, dejando la recamara abierta hacia la piscina, los muebles eran de hierro forjado pintados de blanco con grandes cojines color rosa.

Todos sentían sin embargo, que una remodelación era necesaria para competir con los nuevos hoteles y destinos y orillaron a Brandstetter, con el pretexto de llevar a cabo una junta de mercadeo donde invitarían a Al Kaplan para identificar estrategias y durante la cual expresarían al Coronel la necesidad de renovar la parte vieja del hotel y cuando menos, ponerla a la altura de las nuevas casitas.

Paco se avocó de inmediato a identificar los defectos de cada unidad en un plano y se dio cuenta que también las instalaciones eléctricas y de plomería necesitaban renovarse.

Sin embargo, durante la junta, nadie se atrevió a decirle al viejo la verdadera razón de la reunión y él tal vez lo entendió, por lo que cambió la forma de llevar a cabo la reunión:

Los sentó a todos en una fila frente a él y les dijo: “Vamos a suponer que cada uno de ustedes es el gerente del hotel y cuenta con un capital para invertir, con el fin de mejorar los ingresos” y señalando al primero le preguntó: “Tú, ¿Qué harías?”

Muchas ideas de mercadeo y creación de centros de consumo salieron a flote y el viejo tomaba notas, cuando llegó el turno de nuestro personaje,

Paco expuso la necesidad de mejorar la planta física de la parte vieja del hotel, apoyado moralmente por Al Kaplan, quien también tomaba nota de las ideas.

Al finalizar, el viejo criticó las propuestas de cada uno y las fue desechando por diversas causas y cuando llegó a Paco le dijo: “Tú te gastaste todo en remodelar y no hiciste nada, estas reprobado”.

Ya en confianza, Al Kaplan lo lamentó mucho y lo felicitó por haber tenido el valor de enfrentar al viejo con la realidad.

Dentro de las promociones conjuntas con las líneas aéreas, Braniff promovía un paquete “Luna de Miel” y Paco, en un viaje a Dallas, junto con René Bolívar visitaron a los ejecutivos de la compañía y acordaron apoyar dicho paquete, el cual comenzó a venderse en buena forma a través de la oficina de Dallas.

Al termino de la temporada el paquete de Luna de Miel reportó buenas ventas y Kaplan y Paco convencieron a Brandstetter de hacerlo propio, con un registro IT individual, lo cual permitiría que fuera comisionable sin importar la línea aérea que se usara.

Kaplan diseñó una excelente campaña de publicidad y se le ocurrió que una de las chicas de la oficina de Dallas adoptara el nombre de “Felicia” y en la publicidad se decía: “Llame a Felicia, su consejera para su luna de miel”. Felicia se preparó en todos los detalles y las ventas tuvieron éxito.

Paco había aprendido en sus cursos de mercadotecnia, que un paquete no debería de ser necesariamente barato, incluir varias cosas que sonaran caras, pero que en realidad tenía costos bajos para el hotel. El gancho era que todo el valor del paquete, incluyendo el avión, era comisionable para las agencias. Los paquetes consistían de tres y seis noches de estancia que incluía una casita con piscina privada, desayuno continental todas las mañanas, todas las propinas por servicio incluidas, el uso de un jeep rosa y blanco para recorrer la ciudad, con gasolina y kilometraje ilimitados así como un seguro incluido, flores diariamente en la habitación, una botella de champagne durante su primera cena en el hotel y una foto del recuerdo, así como membrecía temporal en el Club de Playa Privado La Concha.

En realidad, reconoce que la labor de Al Kaplan y su agencia fue inmejorable, pues tenían un directorio actualizado de todos y cada uno de los periódicos o revistas de cada pueblo importante en todos los Estados Unidos. Copias de las fotos del recuerdo eran enviadas semanalmente a la agencia de publicidad con los nombres de los lunamieleros y su procedencia, la agencia enviaba la foto al periódico o revista que se editaba en la ciudad más importante del condado o en el mismo pueblo de los recién casados y las fotos se publicaban sin cos-to, mostrando a los novios en Las Brisas de Acapulco. Los resultados fueron sorprendentes, todas las chicas pueblerinas, casaderas, deseaban pasar su luna de miel en Acapulco y en Las Brisas. Esto, aunado a las series de televisión o películas filmadas en el puerto, hicieron el fenómeno.

El hotel contaba con 100 jeeps para rentar a los huéspedes, pero debido a los paquetes de luna de miel, no eran suficientes para cubrir la demanda y Paco tuvo que recurrir a su amiga Margarita Saad para que le rentara jeeps o bien al Lic. Manjarrez que tenía una agencia de renta de jeeps y en ocasiones no eran suficientes, teniendo que recurrir a agencias más caras para cubrir la demanda.

El Coronel recurrió entonces a su amiga “L”, cuyo esposo tenía una concesión de venta de autos, cuya marca fabricaba jeeps e hicieron una sociedad que le rentaba 50 jeeps al hotel, con opción a compra. A fin de que esto funcionara, se marcaron los 50 nuevos jeeps con la letra “R”, a los cuales se les daba preferencia para ser usados y la operación funcionó, a la larga, el hotel compró los 50 jeeps.

Por otro lado “Felicia” era muy requerida por teléfono y atendía satisfactoriamente muchas llamadas diariamente, pero el día que se enfermó y no fue a trabajar, Paco dispuso que otra chica tomara su lugar y después corrigió, todas las cuatro chicas que contestaban el teléfono se llamaban “Felicia”.

Nuestro personaje llegó a dominar el lenguaje de Shakespeare de tal manera que las agencias pensaban que un equipo de especialistas manejaban la correspondencia y que “Paco” era un nombre tan ficticio como “Felicia”, sin embargo, cuando Paco aparecía de visita en sus oficinas durante los viajes de promoción no lo podían creer.

No pasó mucho tiempo y la fama de nuestro personaje aumentó al grado que publicaciones relacionadas con el turismo hablaban de él o publicaban entrevistas, tales como la revista de American Express, o las de Travel Age, etc,. y en 1980, la publicación de un libro en  Washington, D.C. llamado “Quién es quién en México”  incluyó un resumen de su biografía. Paco piensa que se debió a las campañas de promoción de los paquetes de Luna de Miel que Al Kaplan hacía en todos los diarios de Estados Unidos.

 

Había en Nueva York una modesta agencia propiedad de una guapa judía que se llamaba Jackie Granat, que se hizo amiga de Felipe Chíu cuando este era Gerente de Reservaciones y siguió su amistad con Paco cuando este tomó su lugar. Con el tiempo, ella enviudó y cambió su residencia a Houston, Texas que prometía mucho futuro turístico y comercial con la llegada de la N.A.S.A.

Ya en Houston, Jackie conoció a Mario Merino, un mejicano residente y se asociaron en una agencia que llamaron “Mexican Representatives”. Luego se casaron y formaron una gran pareja de promotores de México y de Acapulco, Paco nunca la visito a ella en Nueva York, pero ella si lo visitaba durante sus constantes viajes a Acapulco y se hospedaba en Las Brisas durante los “Tianguis”. Claro, en el hotel, como todos, él siempre vestía de blanco, con guayabera y tenis mocasines que el Coronel compraba en Estados Unidos, lo que hacía que se viera muy informal o “sport”.

Así que un día que Paco estaba en viaje de promoción en Houston, se vistió una mañana con traje formal de famosa marca francesa que incluía chaleco y corbata (de la misma marca) y en su recorrido fue a visitar Mexican Representatives.

La oficina era muy grande, con divisiones y cubículos para cada uno de los empleados, pero la parte de arriba de las paredes divisorias era de cristal, así que al entrar se veía donde estaba cada empleado, Paco vio a Mario y se dirigió a él, mientras Jackie salía de su despacho y al observar a Paco, sin pensar inmediatamente le gritó: ¡Paco, es la primera vez que te veo vestido!

Mario y todo el personal y clientes y visitantes estallaron en tremenda carcajada, Paco se detuvo y le contestó: “Mejor le das a Mario una explicación acerca de lo nuestro”. Nuevamente las carcajadas estallaron y todos los agentes se reunieron para conocer y saludar al famoso “Paco” y luego organizaron una comida en su honor.

 

Si bien el hotel no mejoraba mucho físicamente, el servicio era muy esmerado, en el comedor, por ejemplo, todos los puestos tradicionales de la vieja hotelería existían, como el Maître D’, el Buffetier, el Sommelier, etc. y don Carlos Trouyet vino a incrementar el buen servicio al traer para el hotel un sistema de conmutador telefónico europeo de la marca Erickson que era el último grito científico en materia telefónica sobre todo en instituciones de servicio.

En primer lugar, en el conmutador ya no existían las engorrosas “clavijas” que se enchufaban para contestar y la pareja (clavija) de la que se en chufaba, se enchufaba a su vez en la extensión requerida, en el nuevo, todo era automático al digitar las extensiones. Pero aún más, cada extensión de servicio, como recepción, ama de llaves, servicio a cuartos, mantenimiento, etcétera, contaba con una gran caja en una pared en cuya parte inferior estaba una pantalla de vidrio esmerilado, en  la que aparecía el número de la extensión que estaba llamando, incluidos todos los cuartos del hotel.  En el conmutador, de dos posiciones (telefonistas) una pequeña pantalla también indicaba que extensión llamaba. Hoy diríamos “identificador de llamadas”.

Del registro de recepción se hicieron copias de tirillas que indicaban el nombre del cliente, su número de habitación y las fechas de entrada y salida del hotel.

Entonces, cuando un cliente llamaba al conmutador, servicio a cuartos, ama de llaves, etc. El empleado le contestaba: “Buenos días señor Domínguez, ¿En que puedo servirle?

Después de unos segundos, el cliente asombrado preguntaba invariablemente: ¿Cómo sabe mi nombre?

Si el empleado que contestaba era observador, podía ver la fecha de salida del cliente y si coincidía con ese día, a la contestación anterior podía agregar: ¿“Así que nos deja hoy señor Domínguez”?

Más de un cliente confesó que la primera vez que llamó, casi se desmaya y pensó que tal vez el hotel tendría cámaras en las habitaciones.

 

Un día don Carlos avisó a Brandstetter que estaba en tratos para adquirir los terrenos adyacentes al hotel por la parte superior del cerro, para expandir el hotel creando a la vez un nuevo fraccionamiento, los Ingenieros y arquitectos ya trabajaban en el proyecto de urbanización y dejando una buena parte para el hotel, se po-dían acomodar unos cien lotes de dos mil metros cuadrados cada uno, dejando en la parte superior una extensión para un parque público, que era requerimiento de ley para fraccionamientos nuevos.

Si vemos la historia del hotel, sabremos que todo comenzó cuando don Juan March adquirió los terrenos del área conocida como Las Brisas, por la corriente de aire que siempre soplaba en la parte inferior de la escénica, hasta el mar, lo fraccionó como Propiedades del Monte y por su posición como representante del Banco de América en Latino América, forzó a los banqueros mexicanos a adquirir un lote y construir una residencia de lujo con alberca privada, que se rentarían cuando los dueños no las ocupaban y producirían suficientes ingresos para los gastos e incluso, si no las usaban mucho, recuperar parte de la inversión.

Las residencias fueron un éxito y fue tal la demanda que los clientes adelantaban su llegada dos o tres días para esperar que se desocupara la casa donde se hospedarían, don Juan utilizaba ciertos moteles de la costera para acomodar a estos clientes hasta que decide construir un pequeño motel al otro lado de la escénica, con pequeñas albercas compartidas al que llama “Las Brisas” y que tuvo una regular aceptación pero cubría las necesidades del fraccionamiento.

Cuando por razones que ya sabemos vende el motel a don Carlos Trouyet, lo amplía y cuando llega Brandstetter destruye algunos cuartos para hacer más albercas y construye otros, ampliando las carreteras internas, quedando en tiempos de Hilton, en 146 habitaciones.

Durante la temporada de invierno el hotel “renta” a los propietarios algunas residencias para rentarlas a su vez a sus clientes fuera como una unidad de lujo de tres, cuatro o cinco recámaras con su alberca y todas las facilidades, excepto cocina o como recámaras individuales con alberca compartida.

Esto aumenta la capacidad del hotel, que llega a manejar 250 habitaciones en temporada.

Al comentar con Paco una tarde las llegadas de nuevos vuelos internacionales, Brandstetter desea contratar más residencias pues no era mal negocio duplicar la capacidad de cuartos del hotel sin inversión y pide a Paco que diseñe una forma de garantizar a los dueños que sus casas se rentarían en la temporada.

Nuestro personaje sorprende al Coronel con el manejo de cifras y porcentajes, hace una estimación de los días de temporada, considera que se podrán rentar el 60% de los días, calcula la tarifa de piscina compartida (la más baja) y de ahí deduce el desayuno continental, la comisión de las agencias y ofrece a los dueños el 60% de los ingresos, pagaderos en efectivo, por adelantado el 25% al firmar el contrato, otro 25% al inicio de la temporada contratada y el restante 50% al fin  de la temporada. Desde luego los dueños se comprometían a no usar su residencia durante dicho periodo y registrándose los contratos ante las instancias legales correspondientes. Otra obligación para los dueños era que en cada recámara hubiera un refrigerador (por cuenta del dueño) y el Hotel pudiera colocar un bar de servicio operado por el hotel y el desayuno continental.

Al construir Brandstetter las 117 nuevas habitaciones para acomodar el grupo Gibson-Easy, la tendencia del turismo americano era la de visitar sitios coloniales mexicanos, por eso se desarrolló el plan nacional de rehabilitar sitios históricos coloniales y convertirlos en atractivos turísticos, como fue el caso de Acolman.

Entonces el hábil Coronel hizo que el Ing. Fco.  Vázquez levantara grandes muros de piedra dejando en las áreas comunes, troneras del mismo material donde se colocaron cañones coloniales vaciados en concreto y pintados de gris. Dando a la Colina la apariencia de un viejo fuerte colonial al que llama San  Carlos en honor a su patrón, disfrazando el nombre con el nombre original del Fuerte de San Diego de Acapulco.

Después de terminada la obra, se dijo que el Fuerte carecía de una capilla que todo fuerte español debería tener. Se limpió y preparó el espacio para ello a la entrada del Fuerte pero la cercanía de la Navidad, hizo pensar a muchos en colocar una cruz iluminada que se viera desde la Costera y algunos empleados con iniciativa, encabezados por Víctor Hugo Jáuregui (Q.E.P.D.). pidieron al maestro Acosta, de mantenimiento, que mandara limpiar un espacio en la parte superior del fraccionamiento, donde se colocaría una cruz llena de focos y se invitaría al Padre Ángel a celebrar una misa en la Noche Buena.

El maestro Acosta soldó pedazos de varillas para formar la cruz y le colocó sockets para que tuviera un foco blanco cada medio metro y Paco estima que en total, ya colocada mediría unos 15 o más metros por diez o doce de ancho y el padre Ángel celebró la misa la noche del 24 de diciembre usando una piedra como altar, mientras todos los empleados, con velas prendidas se acomodaron para escucharlo sobre la colina. Todos se sintieron esa noche partícipes del “Sermón de la Montaña”.

Fue todo lo que el Arquitecto Fray Gabriel Chávez de la Mora necesitó, para diseñar la Capilla de la Paz y la enorme cruz que hoy coronan el cerro sobre Las Brisas; se  pidió al Arquitecto Jorge Madrigal, quien se encargó de la construcción de la capilla, materiales naturales del área, que incluyera un gran altar de piedra, y en  la parte baja, otro altar similar con vista a la montaña y con el techo abierto en forma de “V” invertida, que simbolizaba la proyección del techo del recinto hacia toda la montaña.

Las rocas del área fueron labradas a mano para formar los muros y grandes árboles de caoba o cedro rojo cortados en hojas cinceladas a mano formarían las bancas y una gran cruz erguida junto al altar.

Por toda la cima del cerro se instalaron bocinas verticales que llevaban la voz del sacerdote hasta los feligreses esparcidos en la montaña.

En la parte inferior de la capilla una pequeña cascada vierte su agua en unas fuentes que recorren el área donde estarían urnas funerarias, para regresar a la parte superior y llenar la pila bautismal, donde bendecida por el sacerdote, vuelve a iniciar su recorrido. La capilla está orientada de norte a sur formada por un gran techo de dos aguas y los espacios de las paredes, fueron sustituidas por “cortinas” de mármol y jade translúcido, traído desde Oaxaca.

Para completar el parque, se cruzaban corrientes de agua desde la capilla hacia una gran cruz que dominaba toda la bahía de Acapulco, la base de  la cruz fue fundida de acero en Monterrey y transportada hasta Acapulco, una vez colocada, se forró con paneles cubiertos con polvo de mármol blanco translúcido y para iluminarla durante la noche se usaron potentes faros de locomotora que proyectaban la imagen del cristianismo en las mismas nubes.

Entre la Capilla y la Cruz, se colocó un escultura de dos manos derechas, saludándose en el aire, simbolizando el viejo saludo cristiano: “Dame tu mano, hermano”, obra de un artista mexicano.

La intención era que la capilla, llamada Capilla de la Paz, no tuviera denominación religiosa y junto al área de urnas se construyeron aposentos para que monjes franciscanos vivieran y cuidaran del entorno, más esto no fue posible, pues por mandato de ley, todos los parques públicos deberían cederse a los ayuntamientos y las capillas tener una denominación católica. Se cumplió con la ley y los monjes nunca llegaron y respecto al mantenimiento del parque, el ayuntamiento nunca se hizo cargo, el hotel cubría todos los gastos, incluso la luz de la capilla y la iluminación de la cruz.

Los monjes no llegaron, pero en su lugar apareció un “Padre Kurgus”, al cual el Coronel recibió con mucha ceremonia, lo instaló y lo presentó a todos, como un misionero que rápido se introdujo a los propietarios de las residencias, a quienes solicitaba ayuda.

A Brandstetter se lo echó al bolsillo al decirle que la capilla y la cruz eran una obra de fe católica de envergadura mundial y que debería ser reconocida por el Vaticano y que el Coronel, como autor y promotor, recibiría una condecoración directamente del Papa, cosa que por increíble que parezca, sucedió y el Coronel recibió en una gran ceremonia, la prometida condecoración, con todo y un reconocimiento del Papa. Paco ignora si esto fue obra del padre o en realidad sucedió y los documentos eran auténticos.

Pero un día en que Paco platicaba con los dueños de una casa, le contaron que el padre Kurgus había estado con ellos, los bendijo y los llenó de bendiciones y ellos contribuyeron a su causa con una buena cantidad de dólares, invitaron al buen padre a comer, donde hizo gala de sus conocimientos vitivinícolas y ya por la tarde invitaron al padre a nadar, pero él les dijo que sufría de una rara enfermedad que lo hacia intolerante al agua, casi llorando les contó que no podía tocar el agua porque corría peligro de muerte, que su próximo tratamiento en Europa estaba cerca y no había juntado lo suficiente, por lo que estos buenos samaritanos le extendieron otro cheque para que se ayudara.

El padre bendijo la casa y se retiró con lágrimas en los ojos.

Al día siguiente, la hija del Sr. Stone, los invitó a comer y cual fue su sorpresa que al entrar a la casa, se encontraron con que en la alberca, el padre Kurgus demostraba sus habilidades en diversos estilos de nado, crawl, dorso, etc. Y cuando los vio, salió del agua y envuelto en una gran toalla les dijo: “Ha ocurrido un milagro y doy gracias a Dios y a ustedes”….

Los católicamente estafados, pararon el pago de los cheques y al poco tiempo, todo los dueños sabían la historia y el bondadoso padre desapreció de Acapulco, donde sólo Pepe Salinas y su esposa sentían saudades por su presencia, ya que eran fieles seguidores de aquel moderno redentor.

 

La gerencia del hotel invitaba a todos los huéspedes a un coctel con botanas, todos los martes antes de la hora de cenar, que se llevaba a cabo en el bar del restaurante Bella Vista.

La idea tenía varios propósitos: Hacer que los ejecutivos tuvieran contacto directo con los huéspedes y pidieran su opinión de los servicios, necesidades, etc., y mostrar transparencias de una actividad, tipo día de campo que el hotel organizaba cada jueves, llamada Safari Tour, donde los huéspedes, manejando su propio Jeep, recorrían partes del puerto, huertas de coco y la laguna de Tres Palos donde celebraban “carreras” en lanchas de fondo plano y remos que los turistas no sa-bían como usar pero se divertían bastante, terminando en la Playa Encantada donde montaban a los clientes en burros mansos y les hacían correr en una competencia cuyo premio era una botella de vino y luego se ser-vía un extenso buffet con abundantes bebidas. Esto motivaba a los clientes de fin de semana, a quedarse más tiempo para poder asistir al Safari.

Desde sus tiempos en Hilton, Brandstetter organizaba un coctel similar, cuando barcos extranjeros de guerra –principalmente norteamericanos- visitaban Acapulco.

De alguna manera (radio de onda corta) el Coronel se enteraba de la visita de dichos barcos y avisaba a las autoridades municipales y militares para hacer arreglos y que los Capitanes presentaran sus respetos al Munícipe, aparte de invitar a las autoridades a visitar el barco en cuestión, con asistencia de la prensa. Si el barco era muy importante, personal de la Embajada de Estados Unidos en México, estaba presente.

Lo que sorprendía a todos, era que cuando el barco estaba surto en la bahía o atracado en el malecón, a la hora que llegaban los invitados, ya Brandstetter estaba a bordo. Esto le valió la reputación de ser espía del gobierno Americano.

Paco había asistido a estos eventos en el Hilton, a donde también se invitaba a los extranjeros residentes en el puerto, comenzando por el grupo denominado los Amigos de Acapulco y cuando estaba en Las Brisas también lo hizo como parte del grupo de sub-gerentes y demás jefes de departamento que de manera voluntaria, formaban un grupo de música tropical con instrumentos prestados por la orquesta del restaurante.

No era raro que Paco y su esposa fueran invitados a desayunar en los barcos, donde compartía sus experiencias con Capitanes y oficiales. Ya en Las Brisas y siguiendo la costumbre, si un barco de los mencionados estaba en el puerto en día martes, el Coronel les extendía la invitación al coctel.

En una de dichas ocasiones, un oficial se excedió en copas o por los efectos de alguna droga, se volvió loco y comenzó a empujar y amenazar huéspedes y empleados, llegando a golpear a una huésped que se cortó el antebrazo con un vidrio roto y se hizo gran conmoción, sus compañeros trataron de detenerlo pero el marino era un Marine de las fuerzas especiales, entrenado en combate cuerpo a cuerpo y además tenía, aparte de casi dos metros de altura una musculatura o carrocería apantallante.

Sin embargo, Paco, al ver que dos o más compañeros no lo podían controlar, se acercó para hablar con él y pedirle que se retirara. No era, desde luego su papel, pero se preocupó y armó de valor cuando la huésped salió lastimada.

El gran marino atacó a Paco quién fue lanzado a varios metros de distancia por un golpe en el pecho, seguido de una brutal embestida, sin embargo, logró esquivar el golpe y asestó tremendo derechazo a la quijada del marino quien sólo se tambaleó y volvió a atacar. Mas Paco sabía pelear y, con sus 115 kilos de peso, golpeaba certeramente a su oponente y aprovechando un momento en que se quedó inmóvil a punto de caer al piso, cuatro soldados militares lo golpearon con una cadena, lo amarraron con la misma y lo condujeron a la caseta de vigilancia a esperar la patrulla marina que lo llevó al arresto.

El Capitán pidió disculpas públicamente y agradeció a Paco su intervención para que el problema no pasara a mayores.

Brandstetter recibió el parte de novedades de parte del Sub-Gerente Carlos Solana y el Coronel le dijo:

“Sé que Paco tiene fricciones con Tordesillas, con quien comparte la oficina, por favor alerta a seguridad, pues puede ser que un día de estos, Tordesillas salga volando por la ventana”.

 

Religiosamente el Coronel organizaba una vez a la semana, un juego de póker con fuertes apuestas, al que asistían los más altos ejecutivos y algunos invitados como Mario Villanueva, Gerente local de American Air Lines. Se servían abundantes bebidas y alimentos y una noche invitó a Paco para que asistiera, pero este se negó, pues las apuestas estaban fuera de su alcance con esposa y cuatro hijos que mantener. La invitación se repitió durante mucho tiempo pero nunca se dio.

En ocasión del aniversario del hotel, se organizó un día de campo en Playa Encantada, donde se celebraba el Safari, para todo el personal.

Derek Gore (q.e.p.d.) se encargó de dirigir el asado de una vaca entera en la playa, pero la brisa apagaba el fuego, se tuvo que hacer un hoyo en la arena para colocar el asador y había un camión lleno de cervezas.

Como era una fiesta familiar, Paco llevó a su hijo mayor, Felipe, para quien había fabricado un cohete (como los de la N.A.S.A.), que impulsado por combustible sólido era disparado a gran altura y se perdía de vista en el cielo, hasta que, agotado el combustible, abría un paracaídas y descendía al suelo, más la brisa lo llevó más allá del límite asignado en la playa para la fiesta.

Alfonso Arnold estaba encargado de la seguridad con los salvavidas locales que atendían el Safari y uno de ellos, tal vez con unas cervezas ingeridas, se acercó a llamar la atención a Paco por haber trasgredido los límites señalados y cuando ya regresaba con el juguete, su hijo y la secretaria de Brandstetter, el hombre comenzó a retarlo a los golpes, pues por su culpa lo iban a regañar. Paco no hizo caso y cuando platicaba con sus amigos, el hombre agraviado tomó vuelo corriendo hacía el grupo y le lanzó un golpe que este esquivó y recibió la mandíbula del agresor en vuelo con tremendo derechazo al que puso todo el peso de su cuerpo. Sangre y dientes salieron al espacio y el hombre cayó de cara en la playa convulsionado y hubo que dar primeros auxilios para reanimarlo.

Un grupo de salvavidas del lugar se acercaron en grupo para golpear a Paco, pero Alfonso Arnold los detuvo diciéndoles: “Pendejos, a quien buscaron para pelear, pónganse en fila y a todos y cada uno este cabrón les va a partir su mandarina en gajos, acaba de madrear a un marino Americano”.

Los enojados nativos entendieron el mensaje y Paco procedió a dar el visto bueno al asado rodeado de secretarias y otros compañeros.

Cuando Brandstetter recibió al otro día el reporte, solo dijo: “Vigilen la ventana de su oficina”.

 

La tragedia de los Trouyet.

 

Los hijos mayores de don Carlos Trouyet, Carlos y Jorge estaban ya en edad de asumir los negocios del padre y recorrían el país en una avioneta bimotor, con su piloto privado Praxedis López. Prax, como se le conocía, había servido en la Fuerza Aérea de México y participado con el  famoso escuadrón 201 en la segunda guerra mundial, era amigo de la familia de Paco y cuando los hermanos Trouyet llegaban a Las Brisas por asuntos de negocios, Prax visitaba a Paco en su oficina donde platicaban de aviones y tomaban café; Prax pensaba construir un pequeño motel en la Costa Chica de Guerrero y a veces pedía consejos a Paco, y pasaban el tiempo, mientras los patrones trabajaban. Una vez terminados los asuntos a tratar con Brandstetter, los jóvenes Trouyet regresaban a México. Se rumoraba que Prax estaba enseñando a uno de ellos a volar el avión y ya estaba bastante avanzado en sus conocimientos.

Recuerda que una vez, los muchachos volaron al Sureste del país a negociar una caldera que necesitaba el hotel y la consiguieron en tan buen estado y mejor precio que en lugar de regresar a México, volaron a Acapulco para informar a Brandstetter. Como siempre, Prax estuvo esperándolos en la oficina de Paco y al salir con destino a la ciudad de México se fueron con ellos otras personas, una secretaria y un ingeniero, según recuerda nuestro personaje.

Pocas horas más tarde, la noticia cubrió todos los medios del país, los hermanos Trouyet habían perecido al estrellarse su avioneta en un cerro del Estado de México, falleciendo todos los ocupantes en un área boscosa  de difícil acceso.

Los instrumentos de navegación aérea incluyen un cuadrante donde se registra la dirección de la que procede una señal de un aparato llamado radio-faro, que se transmite desde los aeropuertos importantes de diversas ciudades. Cuando se fija el plan de vuelo de la aeronave, se registra la frecuencia del radio-faro de la ciudad de destino y ya volando, una gran aguja en el cuadrante, señala la dirección de la que proviene. Si el avión vuela directamente hacia ella, la aguja señala al norte y cuando pasa sobre el punto emisor, la aguja cae 180 grados, señalando al sur, esto significa que el avión acaba de pasar sobre el radio faro de su destino, y en ese momento ya debe tener las instrucciones de acercamiento y aterrizaje.

Según el resultado de las investigaciones, la aeronave era pilotada por uno de los hermanos Trouyet y al acercarse a la ciudad de México, recibió instrucciones que después de pasar el radio-faro, virara 90 grados a la derecha para aproximarse a la cabecera de la pista, había mucha niebla por la hora de llegada y el acercamiento debió hacerse por radio ya que no había visibilidad, nunca se informó si Prax había intervenido en las instrucciones, pero quien volaba el aparato se equivocó y en lugar de virar a la derecha, lo hizo a la izquierda, estrellándose de frente y a toda velocidad contra un cerro por arriba de Las Truchas y no fue sino hasta casi 24 horas después que los rescatistas pudieron localizar el sitio.

Los restos de los hermanos fueron conducidos a Acapulco y ocuparon las primeras urnas en la parte inferior de la Capilla de la Paz.

Tiempo después, cuando fallecen don Carlos y su esposa, también fueron trasladados al puerto y sus restos ocupan la parte central del área de urnas (criptas)  bajo la Capilla.

Cuando se vendieron los lotes que estaban en línea directa de la base de la cruz hacia el hotel, Brandstetter construyó grandes muros de piedra que a la distancia semejaban escalones que por la noche se iluminaban formando una impresionante base para la gran Cruz, que la gente comenzó a llamar De Trouyet.

Otro efecto óptico, fue  la luz de los faros sobre las nubes que eran en noches oscuras invisibles desde las playas del puerto, pero las que iluminaban los faros se veían como una aureola blanca sobre la brillante cruz, que aunada a su base, tenían un aspecto espectacular.

 

Los lotes del Club Residencial Las Brisas fueron adquiridos por millonarios de los Estados Unidos, Europa y México y Paco trató con ellos los pormenores del sistema de rentas que ofrecía el hotel, muchos de ellos se hicieron buenos amigos de nuestro personaje y el 99% accedió a rentarlas, incluso las de magnates como J. Clemente Stone, dueño de casi todas las compañías de seguros en los EE. UU. y mecenas de Og Mandino, el autor de libros de motivación  como: “El vendedor más grande del mundo”. Pero eran su hija y su marido con quienes se hacían los tratos, con el tiempo, el marido resultó un pillo, se separó de la esposa y vino a la casa con el fin de desvalijarla, Paco sospechó algo y llamó a la esposa quien de inmediato tomó medidas y se evitó el despojo.

Edgar Bronffman, el heredero del imperio “Sea-grams” compró dos casas pero todos sus tratos eran con Brandstetter. La familia Lobo, de Monterrey también construyó su casa de verano en las Brisas, y los dueños del hotel “Excélsior” de Roma compraron una de las dos primeras. Magnates árabes, adquirieron cinco lotes pero nunca construyeron.

 

Los herederos de don Carlos formaron una compañía para administrar y vender los lotes, cambiaron todas las políticas de exclusividad y elegancia  que le dieron auge al lugar, construyeron en pocos lotes  más de 20 casas parecidas a las de interés social y cancelaron las restricciones de construcción, lo cual causó un declive en la demanda.

En aquel tiempo, existía la ley de “servidumbre de paso” y ninguna construcción debería pasar la altura especificada, de tal manera que no se obstruyera la vista a la bahía de la construcción que estaba atrás. Asimismo, a fin de lograr privacidad, el límite de construcción de cada terreno, era de siete metros, lo que significaba catorce metros de separación entre casa y casa, espacio que por lo general se cubría con árboles y plantas.

Lo que buscaban al cancelar las restricciones era deshacerse de los lotes mediante un ingreso rápido de recursos. Pero al abaratarse los lotes, la estrategia no funcionó.

La derogación de la ley de Servidumbre de paso se dio durante la administración de Zeferino Torreblanca al frente del ayuntamiento y causó muchos problemas a varios negocios turísticos cuyo atractivo era la vista de la bahía, el más popular fue el caso del restaurante “Madeiras”:

 

Pronto Luis Echevarría expropiaría el hotel y otras concesiones, a pesar que don Carlos había contribuido grandemente a su campaña política y sólo rescataron pocos negocios, entre ellos el hotel, mediante el pago de los terrenos (nuevamente), costo que ascendió a unos 25 millones de pesos.

Con ideas de expansión, Brandstetter había adquirido unos terrenos en Ixtapa para construir Las Brisas Ixtapa, pero se quedó sin terminar el proyecto. Sin embargo, tal vez esperando tiempos mejores, conservó la propiedad que incluía una playa “privada”

 

Los Astronautas en Las Brisas.

 

Como ya dijimos, se hizo el arreglo para que los que iban al espacio pasaran unas vacaciones en Las Brisas y el programa funcionó, muchas veces llamaban a Paco antes de salir en la misión, a fin de asegurar el espacio en el hotel, pero siempre que venían traían fotos de los proyectos y hasta de los experimentos, sin faltar cosas para nuestro personaje, quién puede ser la persona fuera de la N.A.S.A. que tiene más fotos de todas las tripulaciones y de los vuelos y proyectos de entonces. Muchas veces, previa autorización, reunían a los empleados del hotel en un salón para proyectar sus imágenes y Paco era el encargado de traducir y explicar todo al personal, también de traducir las preguntas del personal a los astronautas. Brandstetter formó grupos de ejecutivos y los envió al Cabo a presenciar los despegues, pero nadie fue tantas veces como Paco, quien además, durante las comidas que se les ofrecían en el hotel, era el encargado de hacer las decoraciones, como en la foto siguiente.

 

Cuando se preparaba la misión del Skylab 3, Paco tradujo al español la explicación del escudo de la misión y cuando visitó el Cabo, le permitieron hacer cosas, como “aterrizar” el Apollo en la luna y demás y él le pasó a algunos astronautas sus habilidades en Radio Control, cuando en la N.A.S.A. experimentaban con grandes aviones no tripulados, que se convirtieron en los hoy famosos “Drones”, claro, quedó prohibido divulgar estas acciones. Al recodar esto, Paco entristece pues hoy los “Drones” van armados y matan gente.

Mientras tanto, los aviones ultraligeros evolucionaron y se sofisticaron para hacerlos más seguros, Gastón Mathelin trajo a casa de Paco un modelo Challenger desde Oshkosh, a donde asistía cada año al festival, este era un modelo para dos personas y entrenando en Pie de la Cuesta, Paco pronto lo pudo dominar y disfrutar de increíbles vuelos alrededor del puerto.

Paco nos relató que regresando del viaje durante el cual se rescató un satélite perdido en el espacio, Joe Allen le envió varias fotos, entre otras, una muy espectacular de Acapulco y sus costas donde, para estudios geológicos se puede observar la descarga de residuos del río Papagayo al Océano Pacífico y me llamó relatándome lo que pasó.

“El navegante de la misión, me llamó por el interfono y me dijo; “Joe, vamos a pasar sobre Acapulco, toma una foto para Paco”. Preparé la cámara especial y cuando vi la imagen, disparé, le di vuelta a la manija de la cámara para avanzar el rollo y me asomé otra vez pero Acapulco ya no estaba a la vista, estábamos sobre África del sur”. ¿Te imaginas a qué velocidad íbamos?.

No sólo me imaginaba a qué velocidad iban, lo sabía, cundo el Apollo es lanzado fuera de la tierra, necesita una velocidad de diez kilómetros por segundo y al comenzar a vencer la fuerza de gravedad, su velocidad aumenta diez kilómetros más cada segundo y al salir de la atmósfera, la rotación de la tierra lo impulsa como cuando le damos vueltas a una honda para alcanzar la velocidad que lo lleve al espacio, es decir, al pasar sobre Acapulco, la nave iba aproximadamente a 25,000 KPH. Se dice fácil, pero como ya no hay atmósfera, la velocidad no se siente y viajan en el espacio como si estuvieran flotando. Esto es uno de los fenómenos que el hombre desconocía hasta que fue al espacio, sin embargo, Julio Verne ya lo sabía pues en su novela “De la Tierra a la Luna”, los tripulantes de la nave lanzan un perro muerto por la ventana y el cadáver se queda flotando junto a ellos viajando a la misma velocidad, sorprendente ¿No?

 

 

 

EL AEROMODELISMO Y

AYUDA EN SU CARRERA.

 

Una de la habilidades más sobresalientes de Paco ha sido sin duda la construcción de aeromodelos, sean de exhibición o de vuelo, sus aviones a escala son punto menos que obras maestras.

 

 

LOS ESPÍAS

 

Una tarde que Paco hablaba por teléfono con su amigo  Leon Uris, famoso escritor, autor de obras maestras, como Éxodo, Stalag 17, etc., Brandstetter entró a su oficina y al oírlo, le preguntó quién era, Paco se lo dijo y pidió hablar con él y acordaron que vendría a Las Brisas a descansar y escribir un libro sobre espionaje.

No pasó mucho tiempo, antes de un mes Brandstetter le informó que había invitado a algunos de sus amigos espías con los que había tenido amistad durante la guerra, que acordaran la fecha con Leon Uris y así lo hizo.

 

Parecía imposible que Brandstetter hubiera podido contactar e invitar a estos personajes en tan poco tiempo.

¿Cómo le hizo? Le preguntó incrédulo.

Mira, le dijo, durante la guerra, estuve asignado al cuerpo de inteligencia con sede en Londres y era el contacto entre el alto mando aliado y los espías dispersos en Europa. Un día recibí un mensaje en clave de Francia y descubrí que Hitler planeaba atacar Inglaterra por el Canal de la Mancha, partiendo desde un puerto francés donde ya tenía acumulado armamento y medios de transporte. (Por cierto, uno de los pequeños submarinos para dos personas que se rescató, fue conseguido por Brandstetter y varios años estuvo en la entrada del restaurante del hotel y luego en la banqueta de la escuela de buceo de los hermanos Arnold en la Costera, sin que nadie preguntara su origen. Le perdí la pista y no supe donde terminó, seguro que Regie -Arnold– lo vendió, dijo Paco con su peculiar sentido del humor.

 

Pero sigamos con la historia de Brandstetter. Fue tanta su seguridad en lo que traducía, que su jefe no le creyó y el asunto llegó hasta el General Montgomery, quien envió una brigada de Marines a investigar y comprobaron que era cierto, por lo que poco después atacaron el puerto y destruyeron todo lo acumulado por Hitler.

Muchas años después, ya en Las Brisas, Brandstetter recibió en la Embajada inglesa de la ciudad de México, la Medalla al Mérito -o algo así- que le otorgó la Reina Isabel II.

 

Leon Uris y su esposa Jill estuvieron en el hotel, mientras Phillip d’ Busholí, el más famoso espía de Francia y sus compañeros, se hospedaron en la casa de Brandstetter, donde organizaron reuniones secretas con Uris. Nadie se dio cuenta de quiénes se trataba, el personal se servicio fue escogido y nunca supieron la identidad de los huéspedes.

El resultado fue el libro que Leon Uris escribió sobre el frustrado ataque de Bahía de Cochinos, Cuba, precedido de mucha actividad de espionaje.

La esposa de Uris era fotógrafa profesional y regaló a Paco un excelente libro de fotos y textos sobre Irlanda, su historia y su odio eterno, que Leon y ella publicaron más tarde con el título de “Ireland, a terrible beauty”:

 

Las relaciones de Brandstetter con grandes magnates de los Estados Unidos eran increíbles, uno de ellos fue Stanley Marcus, dueño de la más famosa y sofisticada tienda del sur de los EE. UU, “Neiman-Marcus” a quién Brandstetter visitaba cada vez que iba a Dallas y fue quien le recomendó el lugar para abrir la oficina de ventas de Las Brisas en aquella ciudad.

Con el tiempo, Paco se hizo cliente de la tienda y las empleadas le conocían pues siempre adquiría ahí su loción para después de afeitarse y todo lo que necesitara.

Un día le dijeron que el Sr. Marcus deseaba conocerlo y platicaron ampliamente sobre diversos temas y, en su momento, el Sr. Marcus vino de vacaciones a Las Brisas, donde desde luego recibió las mejores atenciones. Una tarde llamó a Paco y lo felicitó por su labor, al tiempo que le regalaba su libro “En busca de lo mejor” (“Quest for the best”), donde relata como su tienda buscaba los mejores objetos para venderlos, desde un alfiler hasta un avión.

Fue entonces que Paco logró que el folleto anual de la tienda, se filmara en ACAPULCO y Las Brisas.

Sin embargo, a pesar de todas las relaciones y contactos, el éxito del hotel se limitaba a los meses de invierno, mientras sufría para mantener una muy inflada nómina durante el verano.

Brandstetter no lograba entender a la compañía y sus políticas y viceversa y los Trouyet decidieron venderlo.

Así el Banco Nacional de México adquirió el hotel, el fraccionamiento y los terrenos de Ixtapa. Banamex era propietario también de otros hoteles en el país, la mayoría administrados por Hoteles Camino Real-HOCASA- que también era de su propiedad, pero Wagon Litz Cook era uno de los mayores accionistas del banco y a su vez, propiedad de Air France.

No pasó mucho tiempo para que circularan los rumores de la salida de Brandstetter y la inquietud se apoderó de todo el personal.

Brandstetter explicó a todos en una junta, la historia financiera de la propiedad, de la cual decía que le pertenecía el 10% que le había dado don Carlos, pero no pudo probarlo. En complicidad con el Contralor, Juan Manuel Escalante, se adjudicó una camioneta guayín -con la que se recibía a los V. I. P.- así como el jeep que él usaba, los cuales fueron facturados a su nombre. Se hizo colocar en su casa una extensión del conmutador, para estar en contacto con todos los jefes departamentales y retiró del almacén todos los uniformes que usaba, pero por un error, se quedaron rezagados únicamente cien de sus pantalones de lino.

A la semana siguiente llegaron ejecutivos del banco, HOCASA y Western Hotels a visitar las instalaciones platicaron ampliamente con Brandstetter, quien se hizo acompañar de Felipe Chí  u. Unos días después, se convocó a una junta con todos los jefes de departamento, donde el Presidente de Camino Real anunció a todos los jefes departamentales de la venta del hotel y de la nueva administración que entraba en funciones inmediatamente. También dijo que el Sr. Brandstetter, Felipe Chíu y el maestro Emigdio Acosta, (Jefe de mantenimiento), habían expresado su deseo de retirarse de la administración y habían presentado su renuncia.

Pidió al Sr. Brandstetter si deseaba decir algo al personal ejecutivo y el Coronel habló en inglés, diciendo que no había tal renuncia, pero que Felipe Chíu hablaría por los tres y daría una explicación.

El interpelado tomó la palabra y dijo que efectivamente habían decidido retirarse y agradecían a todos su cooperación.

En ese momento, Paco juzgó que Chíu había traicionado a Brandstetter, pero el daño estaba hecho, siguieron expresiones de duelo entre el personal, aplausos, abrazos, llantos de las mujeres, etc. mientras los tres personajes aludidos abandonaban el salón.

Se procedió entonces a presentar a los ejecutivos de HOCASA, el Sr. Alfred Freudenthaler, Presidente, Héctor Pérez García, Jefe de operaciones, quien se ha-ría cargo de la dirección del hotel, Willi Dietz, gerente y Oscar Cruces, sub gerente ejecutivo. Se pidió a los presentes que dijeran sus nombres, su puesto y a quien reportaban, mientras la gente de Camino Real tomaba nota.

Paco estaba sentado junto a René Bolívar entre todos los jefes departamentales y aunque sentía que debería seguir a Brandstetter, Bolívar lo animó a presentarse con propiedad y dignidad y si la nueva administración decidía despedirlo, ya se lo comunicarían. Así lo hizo y causó muy buena impresión entre la gente de Camino Real.

Hubo una escena un tanto bochornosa, cuando se presentó Pepe Salinas, diciendo que él era el Subgerente Sénior del hotel y que no reportaba al Jefe de recepción, como era en efecto, sino directamente a Brandstetter.

Muchos lamentaron su actitud, pero nadie comentó nada y al terminar se pidió a todos que continuaran con su trabajo y cada uno sería llamado por su jefe respectivo.

Los días siguientes fueron de análisis de los costos de nómina y posiciones para formar el organigrama del hotel.

Bolívar y Paco tenían sueldos muy superiores a los estimados y pagados por la cadena. Bolívar por ejemplo, ganaba más que el director de ventas de la cadena y se negoció su retiro. Sin embargo el caso de Paco fue diferente, también su sueldo estaba por arriba del de todos los gerentes de reservaciones de la cadena, sin embargo, su historial y las maravillas que Bolívar habló de él, hizo pensar a los nuevos ejecutivos que su permanencia sería necesaria y se le explicó la situación, ofreciéndole además el puesto de Gerente de División Cuartos, con la responsabilidad de supervisar Recepción, Teléfonos, Reservaciones, Ama de llaves, Salón de Belleza, Canchas de Tenis y el Taller mecánico con sus más de 200 jeeps.

Los puestos de Ventas, Alimentos y Bebidas, Contraloría, mantenimiento y Reservaciones, fueron ocupados por empleados de otros hoteles de la cadena a quienes se promovió a Las Brisas.

Siguieron reuniones con ejecutivos tanto de Western como de Camino Real para las cuales pidieron a Paco coordinarlas y organizarlas en un lugar apropiado y se le indicó que él había sido elegido para explicar todo lo relacionado al funcionamiento del hotel y que hiciera un reporte de los problemas físicos de la propiedad.

Él eligió una de las residencias de lujo en el fraccionamiento, preparó un plano general de las instalaciones y utilizó la lista de necesidades de remodelación que había presentado tiempo atrás a Brandstetter.

Basadas en todo lo que Paco expuso, las operadoras hicieron la presentación a los nuevos propietarios (BANAMEX) adoptando la actitud que la prioridad era un plan de renovación y mantenimiento de las áreas de servicio, así como la remodelación total de las habitaciones, se desecharían las habitaciones de la parte baja para hacer una nueva recepción y la parte antigua se modernizaría para alojar, la Gerencia, Ventas y Contraloría.

A cambio de las habitaciones que se convertirían en oficinas, se construiría en la parte más alta del hotel, colindando con el Club Residencial una nueva área compuesta únicamente de suites de lujo.

Los centros de consumo sobre las canchas de tenis, serían remodelados para que fueran utilizados en mejor forma y fueran rentables.

Todo el programa de remodelación estaría a cargo del Arquitecto Ricardo Legorreta y su equipo de trabajo se instaló en el hotel, coordinando sus actividades con Paco, a fin de no interferir con la operación del Hotel.

Por otra parte, se planeó una campaña de difusión de las mejoras en la prensa especializada y se hizo un plan de publicidad y promoción muy ambicioso, pero los directores de ventas que envió Camino Real, no estaban acostumbrados a este tipo de hotel, cosa que Willi Dietz entendió de inmediato y que no compartía con sus planes para el hotel, así que al poco tiempo, pidió que Paco dejara la División Cuartos y asumiera la dirección de ventas, donde cayó como anillo al dedo y, una vez terminada la remodelación, las ventas se dispararon hacia arriba; mientras Escudero se encargaba de entrenar debidamente a Ramiro Reina en las ventas nacionales, él viajaba por todo EE. UU. haciendo las mejores relaciones de negocios, alcanzando el hotel promedios de ocupación increíbles y las tarifas más altas de América Latina. Fue entonces que Braniff International le pidió que fuera con ellos a Londres para promocionar el vuelo Londres-Dallas-Acapulco y Paco aprovechara para llevar a Ramiro por primera vez a Europa.

Cada año, la compañía organizaba seminarios de ventas para los ejecutivos de esta área de todos los hoteles del mundo y como estamos hablando de más de sesenta hoteles y al menos dos ejecutivos por hotel más los de la compañía, no era raro que los lugares sede tuvieran muchas atenciones con ellos y en este caso, la ciudad de Toronto se distinguió al recibir a todos con un regalo y una carta de bienvenida firmada por el Primer Ministro de Canadá.

La sorpresa de todos fue que la carta de Paco estaba personalizaba pues él y el Primer Ministro eran amigos y se hablaban de tú.

Al renunciar Oscar Cruces para asumir la gerencia de un hotel en la ciudad de México, Escudero fue promovido a ese puesto, pero sin dejar la supervisión de ventas y división cuartos, agregando así, toda la operación del hotel bajo su responsabilidad. Los jefes de Alimentos y Bebidas no estaban muy de acuerdo, pero su nuevo jefe pronto demostró grandes conocimientos del área y su poder de organización.

Años más tarde, Elsa Kunz, experta de la Casa Elizabeth Arden, quién dirigía el Salón de Belleza, se sorprendió cuando Escudero le habló de tintes y fijadores, maquillajes y demás y le explicó cómo se tenían planes para cambiar el viejo salón por un SPA moderno.

El chef George Savio no estaba muy de acuerdo tampoco con que Paco fuera su jefe y tal vez para “calarlo”, le presentó un problema de cocina muy complicado que no sabía cómo resolver y antes de que terminara de explicarlo, Paco le dio la solución, usando términos en francés, el Chef se sorprendió tanto que desde ese momento se hizo no sólo su amigo sino en su hermano y cuando Paco tuvo problemas con un amorío del cual se había enterado su esposa, el Chef se lo resolvió aún a costa de su propio matrimonio.

 

Brandstetter, mientras tanto, demandó al hotel por despido injustificado y se quejó de la injusticia que se cometía con los jefes de departamento y comenzó una campaña para destruir en todo lo posible el hotel, de manera que a la nueva administración le resultara imposible operarlo y entonces lo llamarían a él. Otro rumor que hizo correr, fue que con sus contactos, él consegui-ría accionistas para que compraran el hotel y todo volvería a ser como antes.

Pidió a ciertos jefes departamentales que se hicieran liquidar, para que el hotel careciera de sus habilidades y él les daría trabajo, pues su amigo Edgar Bronffman dueño de Seagram’s le ofrecía la administración de Seagram’s en el país, con sede en México D.F.

Felipe Chíu ya estaba con él y le siguieron Jaime Sánchez, Pedro Tordesillas y otros, entre ellos José Luis Infante, asistente de Paco, quien al ver que no ocuparía su lugar, se hizo despedir por su antiguo jefe mediante una triquiñuela que le valió su liquidación y fue admitido por Brandstetter como Director de Ventas de Seagram’s, para todo el país,

Al mismo tiempo, el Coronel organizó una campaña entre los propietarios de las casas del fraccionamiento, para que cancelaran sus contratos con el hotel, ofreciéndoles contratos similares pero con mejores condiciones para ellos.

Sin embargo, muchos de los dueños enviaron a Paco copias de la oferta del Coronel. Este les contestó diciéndoles que estaban en su derecho, pero que entonces ellos perderían el derecho de usar las facilidades del hotel y del club de playa.

En la siguiente junta de propietarios, a la que no asistió Brandstetter, Paco fue nombrado Presidente del Club Residencial Las Brisas ya que además, el banco era propietario de la mayoría de los lotes.

José Sánchez, un iletrado cocinero español, gozaba de las preferencias de Brandstetter quien lo llevó a vivir a su casa para que le sirviera de cocinero mientras fun-gía como sous chef del hotel, es decir, cobraba en el hotel, y llevaba a casa las noticias de lo que ocurría en el hotel, o bien las transmitía por teléfono, otro tanto hacía con las indicaciones del Coronel a los jefes departamentales, mientras pronosticaba que el hotel pronto estaría en ruinas y que se organizarían tours de turistas para que vieran lo que había sido un gran hotel, más por boquiflojo, pronto se supo de su papel de espía y de la existencia de la extensión telefónica.

La información llegó al Sr. Dietz, quien pidió a Paco investigar y cancelar si era cierto. Ante los resultados positivos, se canceló dicha línea mediante la cual el Coronel llegaba a pedir alimentos a sus incondicionales de Servicio a Cuartos, que desde luego, nadie pagaba. Mientras el boquiflojo cocinero fue despedido y como había que pagarle, también salió de la casa del Coronel.

Pepe Salinas, quien se sentaba en su lugar a la expectativa de que se le promoviera o se le diera alguna responsabilidad, se inquietó al ver que nadie lo tomaba en cuenta y se puso a intrigar en contra de Paco, des-truía la correspondencia que llegaba al Coronel y luego le llamaba diciéndole que había sido Paco, tal vez con el fin que Brandstetter lo llevara consigo a Seagram’s, pero eso tampoco sucedió. Se dio cuenta de la amistad que existía entre la esposa de Paco y la esposa del Sr. Dietz y dio por enviar a su esposa, una pobre mujer gorda que tenía dificultades para caminar, a casa de los Dietz a ofrecerse para cualquier servicio, al tiempo que hacia llamadas anónimas amenazando a la Sra. Dietz y eventualmente a la esposa de Paco.

Cuando ellas se lo contaron, se dio cuenta que no podía ser otro que su estimado Pepe, llegó a su escritorio, le tomó por el cuello y lo levantó hasta su altura y cara a cara le dijo: “Si sigues amenazando a mujeres por teléfono te vas a morir...” dejándolo caer pálido en su asiento. Las amenazas telefónicas cesaron, hasta que una tarde, cuando el Sr. Dietz bajó de su oficina, al abordar su jeep, Pepe se le acercó y en  voz alta, a fin que todos le oyeran, le dijo: “Es usted muy injusto al despedirme así, lo voy a demandar…etc.” El Sr. Dietz comprendió entonces porque le decían el loco, pero a los pocos días recibió la demanda laboral, donde se citaba a testigos presenciales, que eran alumnos de una escuela donde un familiar de Pepe daba clases.

Paco se presentó a la Junta de Conciliación y declaró de tal manera que Pepe ganara la demanda y así fue, se llego a un arreglo económico y Pepe pudo iniciar un negocio propio.

Al poco tiempo llegó la demanda de Brandstetter, que se turno a las oficinas corporativas, quienes enviaron abogados a manejar el asunto.

Los abogados investigaron entre el personal y citaron a Paco, a Valentín Nava, Gerente de Recepción y al jefe de Taller, el Maestro Antonio Romero, a quien ellos presentarían como testigos en contra de Brandstetter. También les dieron un guion con lo que debería declarar cada uno.

Paco de inmediato protestó y dijo que él no mentiría en el juzgado, sí se prestaba a declarar lo que había sucedido en la junta aquella donde se despidió a Brandstetter, pero no pondría en boca del Coronel, cosas que no dijo, si querían él declararía con la verdad, pero si mentir era el precio que tendría que pagar por sus ascensos, se podían quedar con su trabajo, reservándose el resto de la oración, los compañeros fueron de la misma opinión, sobre todo Valentín y abandonaron la reunión.

Comprendió entonces que sería despedido, pero no quiso poner en riesgo a sus compañeros y subordinados, en ese momento se digirió a casa de Willi Dietz, quien se preparaba para ir a una cena con los ejecutivos de Western y Camino Real, explicó lo sucedido y ambos se dirigieron al restaurante, donde Dietz habló con sus superiores mientras él esperaba en el bar. El vicepresidente de Western y don Héctor Pérez vinieron a hablar con Paco y el Señor Pérez le dijo que él recordaba las cosas como las había dicho el abogado y Paco, ya decidido a todo, le dijo: “Entonces vaya y declare usted”.

El vicepresidente de la parte americana lo calmó y le prometió que se encargaría del asunto. Llegó consternado a su casa, pero el otro día, su jefe le dijo que los abogados habían sido despedidos, al final, se perdió el caso y Brandstetter demandó ayuda alimenticia, pues no tenía ingresos y tenía que mantener a su esposa enferma, además que al cortarle el teléfono estaba incomunicado para solicitar un médico.

El abogado del Coronel habló con Paco pidiéndole que se acordara de todos los favores que recibió del Coronel y que no declarara en su contra, pero no fue necesario, Ninguno de los tres supuestos testigos aceptó serlo y a la hora de la audiencia no hubo los testigos de parte del banco y Brandstetter ganó la demanda, pero el fallo de la junta local de conciliación fue apelado por los abogados del banco y el caso turnado al Tribunal Colegiado de Toluca, donde se declaró infundada la demanda y el Coronel perdió el caso definitivamente.

Durante el proceso del caso, se buscó al representante patronal ante la Junta de Conciliación y Paco se encontró con que era un viejo abogado, a quien se compensaba por representar a la parte patronal del puerto, con un  salario mínimo y había votado (tal vez sobornado), a favor del Coronel.

Los abogados recomendaron que el hotel buscara el apoyo de la Cámara de Comercio, donde estaban afiliados los negocios de Pedro Álvarez Sutter y Fernando Álvarez, entre otros amigos y cuando se reunieron, Paco expuso el caso del abogado a quien se confrontó y al verse descubierto, sufrió un infarto que le causó la muerte instantáneamente, tal fue el impacto de la mala noticia, pues era un hombre de buena familia, pero ya de edad avanzada y enfermo, además padre de famoso cardiólogo porteño.

Se recomendó entonces nombrar un nuevo representante patronal, con honorarios más de acuerdo a su posición y responsabilidad, Paco expuso que lo tomaran como un seguro y así se hizo

Después de su corta participación en asambleas y elecciones, confrontaciones con el Gobernador, etc. Paco fue elegido Vice-presidente, Sección Turismo de la Cámara de Comercio, Servicios y Turismo del Puerto, que presidía Jaime Garibay y a continuación, surgió otro grupo que demandó nuevas elecciones lo que provocó problemas entre los seguidores de ambos al grado que don Rubén Figueroa, el gobernador los mandó detener a todos citándolos en Chilpancingo a donde acudieron ambos grupos, entre ellos: Jaime Garibay, “Polo” Vaca, Fernando Álvarez, Pedro Álvarez, Paco Escudero y otros a quienes el gobernador les dijo que no saldrían de ahí hasta que le presentaran una sola directiva y se retiró.

Ambas facciones tenían a Paco como Vice-Presidente y el gobernador lo llamó, lo identificó como el sobrino de don “Fulle”, su compañero de banca desde la primaria y le dijo: “Como tú apareces en ambas planillas, es tu responsabilidad que lleguen a un acuerdo”: Arduo día de discusiones y acusaciones, pero a las seis de la tarde, el gobernador tomó la protesta a la planilla ganadora, con el Sr. Landin como Presidente y Paco Vicepresidente de Turismo.

Una vez organizada la cámara, Paco renuncio para dedicarse sólo al hotel.

Sin embargo, años más tarde, ya como restaurantero, fue llamado por don Jesús Rodríguez, entonces presidente de la CANACO, para colaborar como vocal en la Cámara.

 

Brandstetter y su equipo se hicieron cargo de la dirección de Seagram’s donde ninguno de ellos pudo con el paquete; se supo que durante las juntas ejecutivas el Coronel les preguntaba si creían conveniente llamar a Paco, tal vez porque sabía que si lo dejaba en Las Brisas el hotel no se iría a pique, pero ninguno de sus protegidos aceptó la idea.

Brandstetter nunca pedía favores, exponía las cosas de tal manera que el interesado le pidiera el favor, así todos a su rededor le debían algo. De esa manera el Coronel aseguraba su fidelidad, por eso tal vez admiraba a Paco.

 

Antes de que transcurriera un año, el Sr. Bronffman les pidió su renuncia, José Luis Infante,(Q.E.P.D.) el antiguo asistente de Paco fue el primero en confesar su incapacidad y Brandstetter lo recomendó con amigos hoteleros en una cadena local, recibió entrenamiento y alcanzó, con el tiempo, puestos gerenciales y hasta aprendió francés, bien dice el dicho que en tierra de ciegos, el tuerto es rey.

A Jaime Sánchez lo recomendó en el Club de Pesca, donde se desempeñó un tiempo como Gerente, pero su trato con los viejos empleados no era nada cordial, desafortunadamente, una noche, se dijo que al calor de las copas, se suicidó aventándose desde el noveno piso del hotel, cosa que, según se rumoró, no pudo hacer sin la ayuda de alguien.

Pedro Tordesillas consiguió la concesión de vender tortas en una popular escuela de México D. F. donde mas de doscientos alumnos eran sus clientes y le fue muy bien económicamente hablando, sin embargo, fiel a su reputación de echador, regresó a Las Brisas a cobrar su participación de utilidades y dijo a todos que tenía un restaurante y que servía mas de doscientos cubiertos al día. Tiempo después se fue a Cancún, donde sí abrió un restaurante y le fue muy bien.

Felipe Chíu se fue a Las Hadas de Manzanillo como gerente y no hizo mal papel, después apareció como agente de viajes para el ISSSTE, asociado con Mario Bustamante, que por desgracia estaba atrapado en el alcoholismo, arrastrando a Felipe, quien estuvo todavía un tiempo al frente del Condesa del Mar en el puerto. Tiempo después se supo que se divorció de su esposa y se perdió en el anonimato de la gran industria turística.

 

El banco aprobó todos los planes de remodelación y presupuestos y los diseños de los cuartos fueron aprobados, para ello concursaron compañías tanto mexicanas como de Estados Unidos, Paco recuerda que cuando el Sr. Dietz -que es alemán- y él visitaron el cuarto muestra de los americanos, observaron que la madera de las aplicaciones estaba tratada con material plástico de color blanco, pero figuraban en sus superficies, vetas grabadas en el plástico y Dietz preguntó de qué estaban hechas y cuando le dijeron que de caoba, no pudo menos que exclamar: “Estos americanos, toman una madera preciosa, y la cubren con plástico para que parezca imitación de madera”. Los diseños del Arq. Legorreta ganaron el concurso y se procedió a remodelar el hotel por áreas, todo coordinado por Paco quien diseñó un vaso de vidrio soplado que estaba chueco, aplastado de un lado como si le hubiera pegado una esfera y lo bautizó “Wall Banger”, que significa en términos de demoliciones: “Golpeador de paredes” y es una esfera de acero de gran  tamaño, que cuelga de una grúa mediante una cadena. La grúa la mueve de un lado a otro meciéndola y cuando adquiere velocidad, golpea las paredes demoliéndolas.

Se hicieron trípticos anunciando los trabajos con la foto del trago que tuvo mucho éxito.

Recién terminada la remodelación, incluido el restaurante y la cocina, Paco hizo una caricatura del Sr. Dietz empujando una estufa nueva para la cocina con un letrero que decía: “Llegó la Nouvelle Cuisine”, al tiempo que el Chef George Savio, que llegó de Manila introdu-cía la cocina del famoso Chef Paul Bocouse, con la que hizo escuela en Lyon, Francia. 

Por esas fechas, a nuestro personaje le sucedió un anécdota para lo cual nos explicó: En la Nouvelle Cuisine, Bocouse eliminó las pesadas salsas tradicionales de harina y además, quiso resaltar los sabores naturales de cada alimento y busco conservar o añadió colorido a los platillos.

Un ejemplo claro fue el tratamiento de las verduras, en lugar de freírlas en mantequilla, se pone a hervir el agua y una vez hirviendo, se añade una pizca de carbonato, se agregan las verduras y se dejan cinco segundos. Se retiran del fuego y están tronadas y crujientes y su color natural se ha resaltado en forma increíble.

Bien, un día recibió la visita de una Secretaria de Turismo que invariablemente ocupaba la Casa de Pemex en el fraccionamiento, esta casa estaba reservada para el uso del Presidente de la República. La señora ordenó a través del Estado Mayor que la cuidaba, su cena estilo Nouvelle Cuisine y al ver el color de las verduras, gritó de horror, diciendo que en el hotel trataban de envenenarla. La queja llegó hasta Los Pinos y sólo la gran relación de Paco y su amistad con los jefes del Estado Mayor, lo salvó de ser arrestado por intento de asesinato. “Cosas del poder”, comenta.

 

Al poco tiempo, el hotel recibió de una organización francesa, el premio a la excelencia europea, galardón que fue recibido en el Camino Real de México, por los ejecutivos del hotel Willi Dietz, Gerente General, Oscar Cruces, Sub-Gerente ejecutivo, Gonzalo Escalona, Contralor y Paco Escudero, Director de Ventas, con sus respectivas esposas, acompañados por Jean Berthelot, Director del Camino Real México

Paco recuerda las peripecias que pasaron todos, para presentarse en la ceremonia en traje de Esmoquin (rentado, claro.)

Ya en Acapulco, se celebró  una cena en una residencia del Club, donde la organización francesa volvió a presentar el premio ante invitados y prensa, mismo que fue recibido por Paco, quien lo agradeció a nombre de los cuatrocientos empleados del hotel. La prensa nacional dio amplia cobertura a este evento.

Esa misma noche, en presencia del Arquitecto Ricardo Legorreta, se anunció la construcción de las nuevas suites llamadas Villas.

A este premio siguieron otros como los cuatro dia-mantes de la A A A y al año siguiente los cinco diamantes, máximo galardón de esa organización  americana.

En cuanto a Ventas y la oficina en Dallas, se consideró un gasto excesivo, ya que Westin tenía una oficina regional de ventas en Houston y Las Brisas no podía seguir siendo independiente, así que se integró a los demás hoteles y todo el material promocional usable se envió a Houston, donde había una muy eficiente gerente regional, llamada Marie Kriss, a quien invitó a Acapulco a conocer el hotel, la llevó a cenar y a bailar y luego la acompañó a la ciudad de México, donde ya sólo necesitaron de una habitación, ella se convirtió en ferviente promotora del hotel y compañía de él en los viajes de promoción.

El viejo Jeep rosa y blanco fue usado para la publicidad de integración a la Cadena y después fue adquirido por un  ejecutivo que lo llevó a Seattle, donde terminó sus días.

Recordando aquel reportaje que Brandstetter había logrado con la opinión de los mejores escritores de viajes en el mundo, Paco habló con Cole & Weber, para pedir hicieran algo similar después de remodelado el hotel y así se hizo,

Paco los atendió personalmente y se aseguró que hablaran bien de Las Brisas y de  Acapulco.

Por ausencia de Willi Dietz, Paco asistió a una junta del Consejo de BANAMEX, donde se discutió el diseño de las nuevas suites, inspiradas en una vieja casita del hotel que había mostrado al Arq. Legorreta. El diseño fue aprobado sin más y cuando se mencionó el color de la alberca, se dijo que el azul claro del veneciano era muy común y se debería decidir por otro, él propuso de inmediato el color rosa típico del hotel. Lo que causo muchos comentarios como: “¡Va a parecer sangre!” y Paco respondió desde el punto de vista de ventas diciendo: “Imagínense que al regresar las muchachas de su luna de miel a su casa y les preguntaran ¿Cómo fue? Ellas contestarían; Coji... Hicimos el amor en una alberca color de rosa!

Aunque causó hilaridad, se decidió por un color azul marino. Ya en Acapulco, se construyeron las albercas y una vez terminadas subió a conocerlas, encontrando que se habían construido como tinas de baño, sin un sistema de filtrado de agua, llamó a los ingenieros y les dibujó un croquis de como deberían de ser los cuartos de máquinas y el problema se resolvió cavando en el pequeño jardín una fosa adjunta a la alberca para colocar los filtros y se hicieron tapas de lámina en color verde para disfrazarlas en el pasto con un acceso de escalera marinera.

No es necesario mencionar que Paco era muy popular entre el grupo y cuando se construyó el restaurante El Mejicano, arriba de las canchas de tenis, el Arquitecto Legorreta mando a hacer en azulejos el nombre del lugar, colocando debajo, un dibujo de los bigotes que él usaba muy al estilo mejicano y que bajo el nombre de Paco’s aparecían en su jeep de uso personal. Esto fue idea del Sr. Dietz, pues durante un viaje a Nueva York, fueron a visitar la agencia de un italiano y en cuanto los vio entrar

Gritó desde la puerta de su oficina “¡Paco´s!”, lo cual causó mucha risa al Sr. Dietz, llamándolo así de ahí en adelante.

También en Guadalajara al asistir a una convención de gerentes de Camino Real, encontró al llegar a su habitación un tarro hecho en Tlaquepaque con su nombre y sus bigotes.

Él no aceptaba las ideas promocionales de la compañía cuando no reunían en su concepto la calidad deseada, pronto se ganó, junto con su asistente en ventas, Ramiro Reina, el apodo de “La Brigada Roja” o el apodo cariñoso de “Cuchi Loco”, pero él sólo les contestaba con una pregunta: “¿Qué ocupación tienes y cual es tu tarifa promedio?” Sabedor que él tenía la más alta ocupación de la compañía y su tarifa promedio sólo compe-tía con el Plaza de Nueva York, pero era la más alta de América Latina.

Otra forma de responder a los envidiosos: “¿Cuál es tu sueldo? Tú que eres tan bueno?”, sabedor que él te-nía al sueldo más alto de la compañía.

Los reportajes en la prensa turística internacional, acerca de las metas alcanzadas por Las Brisas, eran constantes, tanto que una publicación de Washington, D. C. incluyó su biografía en un libro titulado: “Quién es quién en México” y cuando llegó a Las Hadas, con su compañero de ventas, Peter Maxwell, el periódico “Los Ángeles Time”, les dedicó dos páginas y les llamo: “La Artillería Pesada de Westin Hotels”.

La serie de revistas de turismo, como Travel Age, en sus ediciones del Este, centro y oeste de los Estados Unidos así como la de American Express, publicaron los éxitos alcanzados.

                                                                                  

Los directivos de Westin, con dificultades cubrían sus necesidades gerenciales en todo el mundo, decidieron crear junto con la Universidad de Seattle, un curso intensivo para preparar ejecutivos medios para Gerentes Generales y reclutaron alumnos de todo el mundo. Incluso extranjeros como su mismo jefe, Willi Dietz (alemán) fueron capacitados en Seattle.

A Paco le llegó su turno y se integró al grupo de ejecutivos, que, una vez graduados, formaban el “Hard Core” – Corazón duro- de la compañía y nuestro personaje con su tesis sobre “Ahorro de energéticos en la cocina”, se graduó con una calificación de 98.5 puntos de cien posibles. La tesis fue impresa y estuvo disponible mucho tiempo en Seattle, la copia de Paco le fue robada y cuando se vendió la compañía desaparecieron muchos archivos. Se dijo que la Universidad de Seattle tenía copias, pero nunca hizo esfuerzos arduos por obtenerla.

A más de 30 años de distancia, todavía es miembro hoy de la sociedad de alumnos de Westin- “Westin Alumni Association”-

También mantenía excelentes relaciones con dueños y altos ejecutivos de líneas aéreas importantes y fue invitado por Braniff Airlines a inaugurar el primer vuelo de esa aerolínea en una nueva ruta: Londres-Dallas-Acapulco.

Paco llevó a su entonces asistente Ramiro Reina al viaje de promoción y visitaron múltiples agencias en el área de Londres. Por la noche, en el auditorio de la Embajada de Estados Unidos en Londres, el discurso de Paco causó admiración y como siempre, incluyó un chascarrillo y los agentes antes muy serios, se tornaron amables y risueños y se llevaron todo el material publicitario y se comieron todas las botanas mexicanas que se ofrecieron. Personal de la aerolínea Internacional Panamerican estaban presentes, entre ellos una hermosa rubia muy joven, que Ramiro Reina le llevó a presentar y ella lo abrazó diciéndole: “Soy  Lorraine, tu prima”. Ante la sorpresa de Paco ella agregó: “Soy novia de tu primo César Bajos, creo que nos vamos a casar” – Tiempo después se casaron y vinieron a vivir a Acapulco, donde ella se aburría y Paco la contrató para dar clases de Inglés en el hotel.-

Por conexiones de la aerolínea, este evento se desarrolló en la Embajada de los Estados Unidos, en Londres y tuvo gran difusión en Europa.

La cobertura de prensa fue tal, que los ejecutivos de la Línea invitaron a Paco a la apertura de otros vuelos, como el París-Dallas y el Berlín-Dallas.

Paco sólo les pidió que llegaran a tiempo a Dallas para alcanzar la conexión a Acapulco.

 

Había en Londres un viejo amigo de Paco que eventualmente llegaba a Las Brisas, la última vez había sido con una despampanante rubia y Paco le llamó para saludarlo y aquel lo invitó a conocer su negocio en el corazón de la vieja Ciudad y que no era otra cosa que una casa de citas, con hermosísimas mujeres que actuaban como meseras y eran procedentes de varias partes del mundo, Paco y Ramiro pronto notaron que lo único que servían era Champagne y ellas muy hábiles para abrir-las como si fueran “Yolis” de Acapulco. También se dieron cuenta que los clientes eran ricos comerciantes, la mayoría árabes, pronto aparecieron en su mesa la champagne y las meseras y fueron atendidos por dos parejas de gemelas, a nuestro personaje le tocaron las italianas.

 

Había también en Londres un viejo agente de Mexicana de Aviación, llamado Joe Mc Cauley, quien en ese tiempo representaba a Barbachano Tours del Caribe Mexicano a quien desde época de Brandstetter se le había nombrado representante de Las Brisas y estaba un tanto apagado por la falta de atención, pero, a partir de entonces, se convirtió en aliado de Paco y produjo mucho negocio para México. En una ocasión que Joe visitó las Brisas se quejó de las cartas que Paco le enviaba o los mensajes de teletipo, pues siempre comenzaban con: “Acapulco Gro. México. Febrero 18, 1980. Soleado y Caluroso, 84° C.”

¿”Se imaginan lo que siento cuando en Londres se me están congelando las bolas?”

Pero el comentario fue muy discutido y finalmente se estableció como norma que toda la correspondencia del hotel debería mencionar la excelente temperatura del clima de Acapulco, sobre todo en invierno.

Otra relación fue con un agente de viajes de Bentonville, Arkansas, la tierra de los Walton (Los de Wal-Mart) que manejaba todos los viajes de la familia ya famosa por sus supermercados quienes ocasionalmente visitaban Acapulco.

Este agente de viajes estaba muy relacionado con los Walton pues eran socios de su suegro en otros negocios como la construcción de nuevas ciudades en aquel estado y poco a poco Paco se hizo amigo de ellos y cuando los judíos boicotearon a México, ellos cambiaron su convención anual de varios cientos de habitaciones planeada para Hawaii y vinieron a Las Brisas, salvando la temporada de aquel fatídico invierno.

 

Don Sam Walton agradecía a los clientes de su pueblo su patrocinio invitando a todo el pueblo de Bentonville a cenar a su casa en una fiesta anual.

Un día habló a Paco y le pidió que hiciera algo diferente pero todo muy mexicano, por ejemplo que a los invitados se les recibiera con jarritos de barro y tequila y que al ingresar al área del banquete se les diera una margarita recién preparada y le dijo que esa noche sólo asistirían unos tres mil invitados, Paco debería de atenderlos con personal de Las Brisas, uniformados y acompañados del conjunto musical que tocaba en el restaurante Bella Vista, pero como allá no había jarritos de barro se llevara unos cuatro mil con un listón color rosa y la lista de compras para preparar las margaritas a velocidad del sonido.

Claro, Paco le explicó lo difícil de la misión pero aceptó el reto y una tarde de marzo subió al avión de American Airlines, con los cinco músicos, instrumentos y cajas y cajas de jarritos de barro con destino a Dallas donde transbordaron para ir a Bentonville.

Durante la recepción varias cajas de tequila se dispusieron a la entrada y no fue difícil llenar los jarritos, pero el problema de las Margaritas, lo resolvieron instalando cuatro máquinas de fabricar helados donde se mezcla-rían los ingredientes y se servirían los tragos como cuando despachan un helado.

Las primeras margaritas hicieron su aparición, pero al trabajar a alta velocidad, las máquinas se congelaron y ya no salió ninguna mientras los invitados se formaban en fila para entrar. Paco acudió al Sr. Phillips, socio de los Walton que en  aquel país tiene las tiendas de alimentos adyacente a las tiendas Wal-Mart, este dispuso de una flotilla de cuatro camionetas panel, varias pacas de dólares y salieron volando a la frontera del estado donde había tiendas de licores pues en Arkansas no se vende licor, Paco llenó las camionetas de tequila, licor de naranja, hielo y demás y luego a la tienda Wal-Mart por veinte licuadoras.

Montaron una mesa de más de diez metros donde diez licuadoras fueran colocadas e hicieron las margaritas de forma tradicional y claro, se comenzaron a quemar y cuando se acabaron las diez de reserva, ya había otras veinte desempacadas y listas para trabajar, así salieron del problema; incluso, varios invitados pidieron un “refill”.

Al terminar la cena y salir el ultimo invitado, Paco y su equipo se sentaron a descansar, llegó el Sr. Phillips y le pidió a Paco su guayabera, Paco objetó que estaba sudada pero el Sr. Phillips se la puso y dijo sentirse orgulloso de ser parte del equipo de Las Brisas.

Al otro día, como premio, los acapulqueños fueron llevados a la matriz de las tiendas Wal-Mart  y les dijo don Samuel que tomaran lo que quisieran como regalo. Paco les advirtió que se acordaran que en Acapulco pasarían por la aduana, sin embargo televisores y equipos de sonido les acompañaron de regreso, con tal suerte que en la aduana de Acapulco, con Paco a la cabeza, les tocó luz verde y no fueron ni siquiera revisados.

Meses más tarde, los Walton hicieron su junta familiar en Las Brisas, donde Alice, la hija de don Sam retó a Paco al Backgammon y jugaron largo rato cenaron y siguió el juego hasta que Paco decidió retirarse y ella decidió ir a La Costera a divertirse, pero en la curva de los mangos perdió el control, se estrelló contra un muro de piedra y ella salió volando atada al asiento y cayó de rodillas en otro muro haciéndose pedazos ambas rodillas.

Paco fue notificado y acudió de inmediato ayudando a sacarla y dio instrucciones de llevarla al hospital para que sólo le hicieran limpieza en ambas piernas y subió a avisar a la familia, quienes pidieron una ambulancia aérea con especialista, acudieron al hospital y no objetaron las ordenes de Paco, la sedaron e hicieron un magnífico trabajo de asepsia que a la larga le salvó las piernas. A las seis de la mañana llegó la ambulancia y la condujo al hospital en EE. UU. y salvó ambas piernas.

Su papá le regaló un oso de peluche con un gafete que decía: “Paco” y ella se paseaba por el pueblo en un convertible, una pierna enyesada sobre la ventana y su compañero “Paco”-

 

Paco, le pregunté tienes alguna otra anécdota de alguien famoso?

Mira, me dijo yo conocí a un empleado de una funeraria en New York, que se hizo famoso por sus ideas de ventas y se le ocurrió rentar las carrozas con todo y ataúd, para que los artistas de una cadena muy popular, aparecieran en las fiestas dentro de los ataúdes vestidos de “muertos” y llegó a trabajar para la compañía que era la Warner Comunications donde pronto ascendió y llegó a ser el oficial ejecutivo de la misma, mientras

desarrollaba su propia compañía que se llamó “Atari” la de los video-juegos.

Se trata de Steve Ross, a quien apodaban “El Rey Midas”, porque todo lo que tocaba lo convertía en “oro”. Tal fuera una pequeña estación de radio o una de Televisión, en cuanto él las adquiría se convertían en un éxito financiero, llegando a tener un “sueldo” de más de siete millones al año, después de impuestos y estamos hablando en dólares.

Los juegos de Atari derivaron en una televisora que hacía encuestas y los televidentes podían dar su opinión con sólo apretar un botón en su casa, los resultados fueron sorprendentes e incluso se pensó en muchos estados usar el sistema para saber los resultados de elecciones pero intervino el Congreso para pararlo pues sólo era un voto y no representaba la opinión de toda una familia en ese hogar.

Claro, los hijos de Paco disfrutaron desde el original “Pong” que era como jugar tenis, hasta los más avanzados equipos de Atari.

Un día le llamó y le dijo a Paco que deseaba pasar el Año Nuevo en Acapulco, pero todo estaba lleno y al mismo tiempo su amigo Frank Vurckio, dueño de la mejor casa del Club Residencial, quería pasar Navidad en Acapulco pero no había boletos y como residía en Brooklyn, a Paco se le ocurrió comunicarlos y se pusieron de acuerdo, los Vurckio viajaron en el Lear Jet del Sr. Ross y pasaron la Navidad en Acapulco, el día 26, el Sr. Ross llegó en su avión que de regreso se llevó a los Vurckio y el Sr. Ross pasó el Año Nuevo en Acapulco.

Con el tiempo Paco le vendió la casa al Sr, Ross, quien compró además el terreno adjunto para hacer la cancha de tenis y otro más en la calle de abajo para construir otra casa para huéspedes que se comunica con la primera por medio de  un puente alto.

Llegó a ser tanta la amistad con el Sr. Ross, que un día Paco compró en Chicago las cuatro salpicaderas para su Vocho super anchas en fibra de vidrio y se las mando a New York al Sr. Ross para que se las trajera en el avión en el próximo viaje a Acapulco y quedaron de acuerdo.

Pero pocos días después recibió una llamada del Sr. Ross quien le dijo que estaba estrenando el teléfono desde el asiento del avión y que esa tarde el avión llegaría al aeropuerto con sus cuatro salpicaderas, que enviara a alguien a recibirlas. Asombrado, Paco le preguntó ¿No vienes tú en el avión?. No, le contestó el Sr. Ross, voy a Miami y en vez de que el avión esté “sentado” en la pista, costándome dinero, que te lleve tus salpicaderas!

¡ESTEVE! Le gritó Paco, el vuelo cuesta más que mi vocho completo! Y el Sr. Ross colgó muerto de risa.

De ese tamaño fueron las relaciones de nuestro personaje con gente de mucho dinero y poder en los Estados Unidos.

 

Había políticas de operación muy antiguas en el hotel, muchas databan desde los días de Hilton modificadas por Brandstetter.

Una de dichas políticas era la operación de una Caja de Ahorros en la cual el hotel participaba al inicio del año con una cantidad fuerte que, conforme los empleados ahorraban, se devolvía al hotel, claro con la mayoría de los empleados a salario mínimo, los préstamos eran numerosos y el dinero daba vueltas generando buenos intereses para los ahorradores.

Cuando Paco fue electo presidente de dicha caja, se dio cuenta que ciertos ejecutivos invertían grandes sumas de dinero y por indiscreciones de Pedro Tordesillas, que de todo presumía, se enteró que este personaje (era gerente de crédito) pedía prestado dinero al banco pagando un interés normal, que no llegaba al diez por ciento anual, lo invertía todo en la caja de ahorros y le rendía intereses superiores al treinta por ciento.

Para ilustrar a este personaje, hijo de buena familia de emigrantes españoles –su padre era don Pedro quién al huir de Franco ayudado por el Cónsul mexicano Alejandro Gómez Maganda, ayudó con Jaime Miravetelles a crear en  México, la Feria del Libro y se estableció en el puerto donde inició una gran imprenta- Bien, como Pedro, ya nacido en México, conservaba o imitaba el tono gachupin al hablar, un día adquirió en abonos un auto seminuevo de popular marca y tipo deportivo y tomó por costumbre, cuando había mucha gente en las oficinas, el hablar por teléfono a conocido cine del centro y su conversación versaba: “Hola hombre, ¿Qué tal? Habla Pedro… Sí hombre, el del Barracuda blanco sesentiocho… Seguramente ya me ha visto, pasé esta mañana frente al cine… Bueno. No importa hombre! ¿Me podría informar que cinta pasan hoy?”

Y cuando colgaba el teléfono invariablemente decía: “Estos brutos no saben atender.”

No es necesario mencionar que las personas más necesitadas entre los trabajadores, eran las que sólo ganaban el salario mínimo y solicitaban hasta dos o tres préstamos al año a la caja de ahorros, pagando inte-reses, aunque moderados, aumentaban las utilidades al hacerlo tres veces al año sobre el mismo capital. Esto disgustó mucho a Paco y cambió los estatutos de la Caja, limitando a los ejecutivos a invertir sólo un  pequeño porcentaje de sus sueldos. Aunque esta acción le creo más enemigos, las utilidades de los empleados de bajos ingresos mejoraron considerablemente.

 

Muy pronto, Oscar Cruces dejaría el hotel por una promoción y fue nombrado subgerente ejecutivo, debido al tamaño del hotel, ya que en otro más grande hubiera sido Gerente Residente, sin embargo, todos lo consideraban como tal y él asumió ese papel con mucho éxito, dirigiendo la operación, División Cuartos, Alimentos y Bebidas, Taller, seguridad y las ventas, dejando al gerente general,  Contraloría y Mantenimiento.

La nómina del hotel representaba un gasto excesivo por el número de plantas concedidas por administraciones anteriores al sindicato, que eran el triple requerido para operar con eficiencia.

Así, en unas pláticas para la renovación del contrato colectivo, se le negaron al sindicato todas sus peticiones y amenazaron con ir a la huelga.

Pero Paco se les adelantó, cortejó a la secretaria del líder con regalos e invitaciones y pronto, ella le comenzó a informar del estado que guardaban las finanzas del sindicato que además, eran precarias, debido al saqueo de los líderes anteriores.

Así se enteró que la tienda de víveres estaba vacía, la cuenta de resistencia de huelga estaba en ceros y otras deudas agobiaban a los directivos.

Cuando la fecha de la huelga se acercaba, mandó sacar durante las noches, todos los alimentos perecederos de las cámaras frías y refrigeradores, vació almacenes rentando bodegas y cámaras con amigos en Costa Azul, llevó a un taller privado cinco jeeps y los pintó todos de blanco y azul. Como su esposa administraba una gran casa en el Club Residencial, propiedad de un amigo, se la rentó y transfirió ahí todos los archivos de reservaciones futuras y aseguro habitaciones para los futuros huéspedes en los hoteles cercanos al aeropuerto.

Faltaban tres días para el pago de la nómina quincenal cuando el sindicato, en tono amenazante declaró la huelga para el día siguiente, buscando presionar a la Gerencia y Paco les pidió dos días más, a fin de pagar la quincena a los empleados, incluyendo los sindicalizados, pero los líderes se mostraron inflexibles

Esa noche, desde su casa, habló con el jefe de los abogados del banco, el Licenciado César Roel Sr. a quien solicitó consejo. Don César le dijo:
“Paco, para que empleados, sindicato y dueños sepan lo que es una huelga, déjala durar al menos quince días o tres semanas y si el sindicato está como dices, en tres días estarán de rodillas, voy a hablar con el Sr. Legorreta para que te apoye”.

A las 9:30 de la mañana siguiente llamó Don César y dijo que contara con el dinero necesario para sostener la huelga el tiempo pertinente, pero esperaban ¡buenos resultados”!

El Gerente General recibió muy temprano las instrucciones de ir a la huelga de parte de los ejecutivos de Camino Real.

A las doce del día el sindicato puso las banderas y cerró el hotel todos los huéspedes fueron trasladados al Princess, mientras los nuevos huéspedes eran recibidos personalmente en el aeropuerto por sub-Gerentes del hotel que los condujeron al citado Princess o al Pierre Marqués.

Cuando Paco supervisaba la salida de los huéspedes en recepción, algunos “delegados” sindicales se le acercaron y tronándole los dedos le dijeron ¡APÚRATE!

Por la noche el hotel quedó vacío en su totalidad incluyendo almacenes, todo resguardado por los empleados sindicalizados. Claro, cuando abrieron los refrigeradores para cenar, se llevaron una sorpresa.

Al día siguiente el personal se presentó a cobrar su sueldo encontrándose con otra sorpresa. El secretario del sindicato llamó a Paco solicitando otra reunión o cuando menos un préstamo y él le dijo que todos estaban de vacaciones y no había manera de platicar, que llamara en tres semanas.

Cuando pasaba en su Jeep frente al hotel para ir a la casa donde estaban las oficinas provisionales, el personal lo detenía y suplicaba su ayuda, él les respondía que la actitud de su líder no daba lugar a ayuda y la huelga tal vez se mantendría por tiempo indefinido y como lo dijo el Lic. Roel, antes de una semana, el sindicato estaba de rodillas.

Los abogados negociaron entonces la reducción de la plantas a 150 puestos, el hotel presentaría una lista del personal que sería despedido en tres etapas.

En la primera, todos los delegados –los que tronaron los dedos- por delante, seguidos de los grillos y los deshonestos  y se pactaron las liquidaciones.

Por su parte, el sindicato solicitó tres millones de pesos para surtir la tienda de víveres de primera necesidad, algunas otras minucias y una pareja de pie de cría de ganado suizo para el rancho del líder en  Oaxaca.

El Lic. Roel consiguió también directamente con Don Fidel Velázquez, una diputación para el líder anterior del sindicato.

El hotel se comprometió a cumplir con el resurtido de la tienda en tres días a las cinco de la tarde. Paco llamó a un compadre español que dirigía unos grandes almacenes y le solicitó mercancía por la cantidad pactada y el día señalado a las cinco de la tarde, cuando los líderes esperaban un jugoso cheque, aparecieron dos tráileres llenos de mercancía que descargaron en las instalaciones del sindicato ante el aplauso de todos los empleados presentes. Los líderes no tuvieron nada que objetar.

Ni que decir que con estos resultados, adquirió sobre los empleados sindicalizados un poder que arrebató al sindicato.

 

Los vigilantes eran empleados de confianza, pero ya con tantos años en el trato diario con el personal, había compadrazgos y hasta matrimonios o familiares y la vigilancia estaba muy relajada, se dieron instrucciones y cambios de puestos y de turnos para mejorar la revisión de los empleados a su salida pues el robo hormiga era intenso. Los vigilantes se molestaron y acudieron al sindicato para afiliarse y que no los movieran. De nuevo trabajó el espionaje, nuestro personaje pidió ayuda a México y el encargado de la seguridad de Banamex, vino personalmente a efectuar un estudio, era un Coronel con licencia que se encargaba además de la seguridad del Sr. Legorreta, reportó la situación y el Lic. Roel llamó y le dijo que la noche anterior, al cambio de turno de las 23:00 horas, citara a todo el personal de vigilancia, les notificara su despido y les entregaran la correspondiente liquidación.

Nuestro personaje se vio entonces ante el problema de dejar el hotel sin vigilancia a partir de ese momento y junto con el Coronel llamaron al jefe de seguridad del estado, el General Mario Arturo Acosta Chaparro quien envió soldados armados que tomaron los puestos de vigilancia la noche del despido, cuando llegaron elementos del sindicato dispuestos a cometer desordenes, se encontraron con los soldados y se retiraron.

Pidió entonces al General que la policía municipal proporcionara la vigilancia y el hotel les pagaría los sueldos y gastos, Acosta Chaparro  no estuvo de acuerdo, pues pensó que los sueldos no llegarían al personal y el remedio saldría peor que la enfermedad, pero envió policías y con personal retirado del H. Colegio Militar, formó un equipo de vigilancia, se formó una compañía profesional con todos los requisitos de ley, donde un Capitán, y dos Tenientes figuraron como dueños, a la que se denominó Servicios Profesionales Marte, S.A. de C. V.(SEPROMAR) que inició entonces con 70 vigilantes.

 

Al renunciar Willi Dietz para hacerse cargo del hotel Puente Romano en Marbella, Werni Eisen fue promovido de Camino Real-Puerto Vallarta a Las Brisas y formó un buen equipo con Paco, sin embargo, todos los ejecutivos, incluso el sindicato, acudían con él en lugar del Gerente General, quién además estaba feliz de delegar todo en nuestro personaje.

 

LOS SINDICATOS

Y SU EFECTO NEGATIVO EN LA INDUSTRIA.

 

  A la distancia, Paco califica la labor del equipo de Willi Dietz en Las Brisas, como la más exitosa en la historia del hotel, sin embargo, el Sr. Dietz se pasaba de buena gente, pues aunque él no sabe las causas, se desató en el hotel, al igual que en otros del puerto, una actitud deshonesta por parte de algunos empleados sindicalizados así como algunos de confianza, al sufrir los huéspedes pérdidas de sus pertenencias en las habitaciones, mas cuando se atrapaba a alguien “Con las manos en la masa”, Paco pedía que se le demandara ante las autoridades y se diera un castigo ejemplar, mientras el sindicato, claro, los defendía a capa y espada, pero el Sr. Dietz se limitó a despedirlos y al día siguiente el sindicato los colocaba en otro hotel. Esto provocó entre algunos empleados, un espíritu de impunidad y los robos proliferaron casi sin control, dañando mucho la imagen de la institución y la de Acapulco.

Una mucho muy lamentable fue la que sufrió el Sr. Fred Mc Nally, quién era un cliente asiduo y dueño de Editorial Rand-Mc Nally, amigo de Paco, quién no sabía dónde meter la cabeza cuando aquel llegó a reportarle la pérdida de una billetera de oro que había pertenecido a su abuelo y aunque se le dieron todas las atenciones y cortesías, jamás regresó a Acapulco.

Los líderes sindicales nunca han comprendido el alcance negativo de estas acciones ni de las propias como, la de un líder que por no llegar a acuerdos con la empresa, estalla la huelga en plena época navideña y lanza a la calle a todos los huéspedes cuando no había una habitación disponible en todo Acapulco, sin embargo su partido político lo hace diputado como premio a su magnífica labor en favor de los trabajadores….¡Plop!

 

Las anécdotas en Las Brisas fueron muchas y no cabrían en un libro, pero Paco me mandó una serie de fotos que aquí presentaremos más tarde, cuando logremos insertar imágenes en el texto. 

 

Los concursos regionales de aeromodelismo se hicieron populares en todo México, además, los concursantes eran personas de alta solvencia económica; una vez que visitó a algunos en su club en la ciudad de México, lo invitaron a su campo de vuelo, donde el más pobre llevaba una camioneta Mercedes Benz.

Este grupo asistía a los concursos internacionales y pidieron la sede de un campeonato mundial en México, con base en la pista de Acapulco y cuando se los otorgaron publicaron el uso de la pista de la Fuerza Aérea en  la Base de Acapulco y ya cerca de la fecha de apertura, solicitaron al Jefe de las fuerzas armadas en México el permiso para usarla y este se los negó, diciéndoles que las bases eran autónomas en ese sentido y tendrían que solicitarla al General a cargo de la Base de Acapulco.

Cometieron otro error, al venir a Acapulco y hablar con el General, le dijeron que venían de parte de su jefe en México y esperaban que aceptara. El General se molestó mucho y les negó el permiso, diciéndoles que nuestro personaje era el presidente de la asociación porteña y él tenía el acceso y a nadie más le sería concedido.

Esa tarde, cuando llegó a su casa, los millonarios lo esperaban hincados en la sala de su casa, diciéndole que el Campeonato Mundial estaba en sus manos y le suplicaban su ayuda.

Acudió a ver al General y con buenos términos los disculpó y solicitó el uso de la pista para un evento muy importante para Acapulco, a lo cual el General accedió y el mundial se llevó a cabo con éxito en el puerto.

Nuestro personaje logró llenar una camioneta de libros diversos sobre aviación, novelas en inglés, etc. y los donó a la base para iniciar allá la biblioteca, asimismo, regaló varios modelos a escala para adornar el club de pilotos y el General extendió credenciales de acceso a todos los miembros del club de Acapulco.

En cuestiones de aeromodelismo Paco casi no participaba en los concursos pues siempre era el director, era quien mejor volaba y un día un compañero le preguntó qué tanto sabía de aeronáutica y Paco le dijo que más que todos, que él podía hacer volar cualquier cosa y tomando un envase de popular refresco de dos litros les dijo: “Mil pesos a que lo hago volar”. Al domingo siguiente, Paco presentó este modelo, la botella de refresco con alas y motor que voló espléndidamente.

Fue por esos días que Peter Maxwell le comentó de una pareja italiana que había conocido en el centro nocturno de un amigo, estaba en problemas pues estaban varados en el puerto al haber perdido todo su equipaje y dinero, ella era una hermosa joven de 22 años, de buena familia y tenía una relación libre con su pareja, quien tenía una niña de un matrimonio anterior. Como ella dominaba varios idiomas, nuestro personaje la recomendó como recepcionista en el restaurante, luego les ayudó con su situación migratoria y fue tanto el trato diario que se enamoraron, ella terminó su relación y su pareja y su hija se fueron a los Estados Unidos mientras la joven iniciaba una nueva con nuestro personaje, que duró varios meses.

Las fallas en el sistema eléctrico del hotel eran frecuentes por la antigüedad de las instalaciones y lo mismo pasaba con la red telefónica, pero la sustitución y reparación no podía hacerse por secciones y se decidió cerrar el hotel por más de mes y medio para sustituir ambas redes.

El personal fue enviado de vacaciones o permisos de ausencia y por medio de sus amigos consiguió para su relación, un empleo temporal en Cancún, donde ella conoció a un chef amigo de Paco quien le prometió dejar a su esposa y poner con ella un restaurante a todo lujo con ambos como socios y amantes.

Ella le habló y se entrevistaron en la ciudad de México, donde se despidieron, no sin antes hacer el amor tres días seguidos, luego regresó él al puerto y ella se mudó al caribe, donde hizo fortuna.

 

El cerrar un hotel implica una infinidad de cosas, pero para nuestro personaje lo principal era la reacción de una clientela establecida y acostumbrada a vacacionar por temporadas en el mismo lugar.

Para poder entender la magnitud de este problema, nos explica que en ese entonces, el hotel contaba con el sistema computarizado de reservaciones de Westin, llamado Westron, que también controlaba las reservaciones de Holliday Inn en todo el mundo, además, estaba conectado con los sistemas de Panamerican y American Airlines y desde luego, de United Airlines, lo que significaba que en cualquier ventanilla de dichas líneas aéreas se podía confirmar una habitación en Las Brisas, sin consultar con el hotel, existiendo 10 mil ventanillas para hacerlo. Tremendo problema a la vista que nuestro personaje resolvió, avisando a todas las oficinas, propias y extrañas, que el hotel estaba totalmente lleno y bloqueó las fechas durante el mes y medio que durarían las obras, de cuyo desarrollo no se habló, simplemente se decía que no había lugar.

La medida fue apoyada por los directivos de la cadena, tanto a nivel nacional como internacional.

Normalmente, cuando ha estado cerrado por un tiempo, el hotel experimenta un período de tiempo regular para recuperarse una vez re-abierto, sin embargo, fue tal el impacto y sorpresa que causó en la clientela no encontrar una habitación en verano que cuando se abrió el hotel, el primer día se alcanzó una ocupación del 60%, al segundo 80% y al tercer día el hotel estaba lleno y durante 1983 y 84, se alcanzaron cifras de 98% anual y la tarifa más alta de toda América.

 

Una aciaga tarde, siendo el único ejecutivo que todavía estaba en el hotel, Paco recibió una llamada de un alto funcionario del Banco avisándole que esa noche, el Presidente de la República había ordenado a su amigo Arturo Durazo, retirara todos los dólares de los bancos del país para enviarlos en maletas a los EE. UU. y no precisamente a nombre de los bancos, que al día siguiente serían expropiados los bancos por el gobierno y canceladas todas las cuentas en dólares, que por favor tomaran las medidas necesarias.

Pensando a la velocidad del rayo, Paco preguntó si podía abrir una cuenta en dólares en las sucursales que el banco tenía en New York o Los Ángeles y se le informó que no, que eran parte de la banca nacional.

Los problemas que vendrían para la industria turística no tenían medida, Paco pensó en los gastos que el hotel hacía en el extranjero, como pagos de publicidad, comisiones de agencias, etc.

Buscó un viejo directorio de los bancos y banqueros de los Estados Unidos para ver si encontraba a algún conocido o viejo amigo de don Carlos Trouyet que él recordaba desde cuando don Carlos estaba en el Banco Comercial Mexicano y, ya entrada la noche, encontró uno en El Paso, le explicó el problema y el viejo banquero recordaba a Paco y le informó que a las 9:00 A. M. del día siguiente, la cuenta de Las Brisas estaría abierta en la sucursal de Houston. Por la mañana, recabó todos los dólares y cheques que había en el hotel y salió en el primer vuelo a Houston. En menos de 48 horas, Las Brisas ya pudo cubrir desde esa cuenta todos los gastos y sobre todo, todas las comisiones de las agencias de viajes, y así lo hizo saber a las oficinas regionales de la  Westin en todos los Estados Unidos, cosa que no pasó desapercibida por las agencias de viajes, el banco y la cadena hotelera. Indiscutiblemente que acciones como esta le valieron su acenso a la Gerencia General de un hotel.

Recordó que la siguiente vez que acudió a las oficinas del banco a la junta mensual, que por cierto fue la última, en la clásica carpeta negra con su nombre en dorado se encontró con un mensaje del Presidente del banco que decía “Gracias”, acompañado de un centenario de oro.

La operación del hotel fue tan exitosa, que permitió a sus accionistas comprar una buena cantidad de acciones del hotel de Ixtapa, acción que sacó a flote a aquella propiedad.

 

Las Hadas

 

El éxito -piensa Paco- fue la principal causa para que se le considerara como Gerente General de Las Hadas, en Manzanillo, Colima, que la cadena operaba para los propietarios, el grupo Alfa de Monterrey, N.L.

 

Gran sorpresa le causó no encontrar en Las Hadas, las facilidades que los propietarios le prometieron y el hotel estaba hecho una ruina, tampoco había el capital para llevar a cabo los planes de remodelación, por lo que solicitó personal clave de Las Brisas y apoyo de publicidad por medio de una campaña de Relaciones Públicas y todo le fue concedido. Aquí diseñó un ingenioso plan de remodelación donde todas las molestias eran causadas por unos duendes traviesos, pero ya Las Hadas madrinas se estaban encargando de arreglar todo por medio de sus varitas mágicas.

También diseñó llaveros de promoción con figuras de pequeños duendes de diversos colores que se hicieron populares entre la gente de turismo y en menos de seis meses ya era miembro distinguido de la Asociación de Hoteles y salía de pesca o jugaba golf con el Presidente Municipal.

Las pérdidas de la operación rebasaban los mil millones de pesos al año, pero durante el primer año al frente, el hotel alcanzó su punto de equilibrio y en el segundo año ya se pronosticaban utilidades por más de mil millones de pesos

Aquí manejó el plan de remodelación por áreas, cerrando facilidades y cambiando políticas de cortesías. Una que le causó muchas críticas fue la de cancelar la visita de los pasajeros de los barcos Princess, al hotel, donde el grupo Alfa trataba de vender terrenos en un fraccionamiento adjunto, similar al de Las Brisas.

El arreglo era que los pasajeros del crucero de placer desembarcaran en la marina de Las Hadas, donde se-rían recibidos por un mariachi y un coctel por cuenta del municipio y de la licorera Bacardí. Inmediatamente después, los pasajeros cruzaban la alberca del hotel en un gran tropel -pasando sobre los huéspedes que tomaban el sol- procediendo a abordar autobuses desde el lobby del hotel para hacer un recorrido por la ciudad.

Mientras esto sucedía, los ciudadanos prominentes de Manzanillo, políticos y familiares, podían visitar el barco y hacer compras, abordando por Las Hadas, es decir, pasando sobre los huéspedes en la alberca y tomando las lanchas de embarque en la Marina.

Poco tiempo después, la operación se invertía, los visitantes bajaban del barco, pasaban sobre los huéspedes y salían del hotel, mientras los pasajeros llegaban al hotel, pasaban sobre los huéspedes y abordaban el barco, que con tres toques de su potente silbato, se despedían de Las Hadas agradecidos y los empleados del hotel recogían la basura y los vasos sucios que el tráfico había dejado en el área de la alberca y la Marina.

Él pidió al contador cifras, que indicaron que en más de cinco años el municipio no había pagado al mariachi, ni la Bacardí había cubierto el coctel y todos los gastos los había pagado el hotel sin contar las molestias de los huéspedes.

Avisó entonces que la Gerencia había determinado cancelar el arreglo por incumplimiento de las partes y los pasajeros tendrían que desembarcar en el muelle fiscal.

Las quejas llovieron criticando su falta de visión, de parte del grupo Alfa quienes argumentaron que esas visitas promovían las ventas de lotes en el fraccionamiento, la Bacardí y el municipio hicieron lo mismo y llegaron ejecutivos de Seattle a ver el problema, pues la línea de cruceros argumentó que la visita a Las Hadas, figuraba en sus folletos ya impresos.

El novel Gerente asistió a una junta especial del consejo y los dueños le condenaron por cancelar las ventas de lotes del amado fraccionamiento.

El acusado preguntó entonces, cuantos lotes se ha-bían vendido por ese medio en los últimos cinco años y la respuesta fue “Dos”. Entonces, nuestro personaje comentó: “Cambien a los vendedores” al tiempo que exponía su misión de convertir al hotel en un sitio de primera calidad, al que se pensaba invertir muchos millones de pesos para hacerlo “De Lujo” y él consideraba la tranquilidad de los huéspedes y el respeto a su espacio como un lujo que le permitiría poder aumentar las tarifas y las utilidades.

Ante estos argumentos, las visitas del barco quedaron canceladas, los adeudos dejaron de ser parte del pasivo del hotel y el consejo aprobó que se pasaran a cuentas “incobrables”.

El hotel estaba rodeado de inmensos desarrollos de condominios, simplemente el “Puerto Las Hadas” junto a la Marina, tenía más de mil departamentos y existían otros en la península Las Hadas y el Club de Golf.

Los dueños que habían adquirido sus propiedades del grupo Alfa, eran considerados como “huéspedes” del hotel y se tenían con ellos, todas las cortesías reservadas para los huéspedes verdaderos, de forma gratuita.

Un ejemplo era el coctel semanal que con bebidas y botanas se ofrecía a los huéspedes, promoviendo los centros de consumo, igual que en Las Brisas, y los condóminos asistían para socializar, pero aprovechaban para cenar a la hora de las botanas que ya los empleados estaban acostumbrados a servirles en abundancia.

La nueva política fue que los condóminos no fueran invitados al coctel y si insistían en entrar, se les recibiría con gusto, pero se les abriría un  cheque por sus consumos.

Nuevamente las quejas y la junta de consejo y entonces el acusado argumento que su papel era que el hotel fuera rentable y si el consejo deseaba cubrir los gastos de los condóminos los podían incluir en su campaña de relaciones públicas, pero el hotel no se beneficiaba en nada y si deseaban usar las facilidades del hotel, se les concedería una “membrecía”, por la que pagarían una cuota anual y todos sus consumos, como se hacía en Las Brisas.

Los condóminos ya no asistieron a los cocteles y botanas gratis pero cuando solicitaban algún servicio, pagado, desde luego, se les brindaba con la mayor eficiencia y cortesía y todos estuvieron felices al final.

Pero él siente que el incidente más triste que le pasó fue no lograr llevar el Concord a Manzanillo y Las Hadas.

 

El Concord

 

Un día recibió una llamada del Director de Ventas de la Cadena diciéndole que Air France estaba fletando el avión Concord, como Chárter en un viaje alrededor del mundo y deseaban incluir Las Hadas.

El plan era volar de París a Manzanillo, pernoctar tres noches en Las Hadas, sin pagar nada y de ahí, volar a Hawái.

El cupo del avión era de noventa personas y a cambio, aparte de la publicidad él podría disponer del avión como quisiera esos tres días.

El pidió entonces que le sirvieran noventa cenas a bordo del avión, mientras volaban a velocidad supersónica sobre el Océano Pacífico, cada noche que los pasajeros pasarían en el hotel.

El trato fue aceptado y nuestro personaje puso a cada cena en el avión el precio de mil dólares y solamente en Monterrey sobraron clientes y no dejaba de recibir llamadas de Guadalajara, pero el avión no era muy grande y le sobraron clientes.

Personalmente revisó el aeropuerto para enviar a París las especificaciones técnicas y se encontró con que la pista del aeropuerto cubría exactamente la distancia requerida para despegar, pero por regla, se deberían tener 300 metros más para casos de emergencia.

Como faltaba tiempo para el evento, llamó a la Gobernadora del estado, para que arreglara una audiencia con el Presidente Miguel de la Madrid a quien solicitó una extensión de la pista, que podría ser de terracería, petición que le fue negada, De la Madrid prefirió hacer del aeropuerto de Colima uno internacional y no dis-traería presupuesto para el de Manzanillo.

Nada valió y la FAA no hizo ninguna excepción, prohibió el proyecto y nuestro personaje sugirió entonces Acapulco como destino y Las Brisas como hotel. Se aceptó y el Concord llegó a Acapulco,  pero la Gerencia de Las Brisas  no quiso arriesgarse en la aventura de la cena a bordo.

Cuando el avión llegó tiempo después a Acapulco, nuestro personaje ya residía en el puerto y dirigía una empresa de seguridad y vigilancia a la que se contrató para dar servicio al Concord mientras estuvo tres días en tierra.

 

Tratando tal vez de fastidiarlo, el consejo realizó una encuesta entre todas sus empresas, para ver en que negocio los empleados estaban más identificados con el grupo Alfa. El resultado fue que en Las Hadas, todos los empleados llevaban bien puesta su camiseta del grupo y ganaron la encuesta, lo cual el grupo reconoció a regañadientes.

La soberbia del grupo era muy grande y nuestro personaje representaba “una piedra en el zapato”, al no rendirles pleitesía y trataban de bloquear su desempeño, por ejemplo: Los insumos de Alimentos y Bebidas, se adquirían en Guadalajara por medio por un proveedor, que tenía una verdulería en Colima y un camión refrigerador.

Las verduras, por ejemplo, amen de cárnicos y otros, eran transportados a Colima, donde surtía su negocio, luego llegaba a Manzanillo, descargaba los del club Maeva y al último los de Las Hadas.

Claro, no se tenían insumos frescos para obtener alimentos de buena calidad, hizo cuentas y solicitó al consejo la compra de un camión refrigerador propio cuyo costo se amortizaría en dos años, y la calidad y precio de los alimentos del hotel mejoraría notablemente.

El consejo se lo negó, salvo que se hiciera un estudio de la viabilidad del proyecto y se designaron auditores de Monterrey para que hicieran un estudio y demostraran que estaba equivocado.

Al mes siguiente, los auditores se presentaron con su estudio en la junta del consejo y dijeron que Paco estaba ciertamente equivocado, lo que provocó risitas en los miembros del consejo, pero los auditores continuaron: “El valor del camión se amortizará en UN AÑO” Así obtuvo su camión y los auditores fueron despedidos

Ante esta situación y tener que soportar tres o cuatro “auditorías” por mes de parte del grupo, pidió su cambio a Camino Real, pero no le fue concedido de inmediato, no había puesto disponible.

Las presiones eran muchas y las diversiones las consideraba como dice un dicho en inglés: “Work Hard – Play Hard” y celebró su cumpleaños -50- en el mar, a bordo de un catamarán con todas las secretarias, bebidas y comidas y no precisamente de dieta.

 

Conoció a los hermanos Woodward, ricos comerciantes y funcionarios que tenían lanchas de pesca y un hermoso velero en la Marina que él aprendió a conducir a vela por la costa jalisciense.

Los efectos de su incipiente diabetes y presión alta se agudizaron y el doctor le mando descansar cuando menos seis meses.

 

El grupo instaló en el lobby del hotel, una oficina de ventas de terrenos con cuyo gerente siempre tenía fricciones, un argentino de esos que se comen el mundo, pero los vendedores siempre recibían de parte de él, toda la ayuda y cooperación, en especial de un  vendedor que era un Boina Verde jubilado y una judía cuarentona muy guapa con la que Paco salía con frecuencia y en la intimidad lo enteraba de todo lo que pasaba o querían hacer en su contra.

Esta persona le siguió hasta Acapulco, pero él estaba ya recuperándose y con su familia y ella se regresó a Manzanillo. Al recordar estas aventuras, él piensa que todos las mujeres tal vez le veían cara “de Barco”, como se dice y  no querían que las dejara.

Fue entonces que el grupo se acercó a él, lo invitaron a Monterrey y le mostraron todas las facilidades que ahí tenían para sus empleados, como hospital, atención medica para las familias, escuelas, diversiones, etc. Y él sospechando algo les dijo: “Para que me muestran esto si yo no trabajo para ustedes”.

La respuesta fue que él podría disfrutar de todo eso si cambiaba su modo de ser, pero sobre todo, si alteraba los resultados del hotel, de modo que Camino Real no ganara tanto y ellos, como dueños, ganaran más, pues aparte de dueños, ellos le pagaban su sueldo y le mostraron una hoja donde Camino Real les cobraba por servicios gerenciales, una cifra superior a su sueldo que entonces era de 600,000.00 mensuales.

Les rebatió el punto, los servicios gerenciales que les cobraba Camino Real eran mucho más que lo que él ganaba pues aquellos representaban otros servicios que se prestaban al hotel. Les agradeció su oferta pero les dijo que él no era traidor y menos deshonesto, lo cual molestó mucho al grupo.

 

Posteriormente el grupo Alfa organizó un Torneo de Tenis de celebridades, en el que participaron famosos artistas de Hollywood, por increíble que parezca, él ya conocía a algunos ya retirados que al final, harían la entrega de premios con una Noche Mexicana en el hotel, todo lo cual se filmaría para efectos promocionales y ya conociéndolo, le pidieron que los gastos los cargara al grupo, haciéndoles un precio especial basado en costos.

Nuestro amigo mandó acondicionar una gran terraza en el techo del estacionamiento, que no se usaba, donde pudo acomodar más de quinientas personas, promovió el evento entre los condóminos y la gente de Manzanillo, ofreciendo un buen precio por la cena. Contrató músicos de la Filarmónica de Colima y un buen mariachi. La gente abarrotó el lugar para convivir con los artistas.

El ejecutivo del grupo que observaba el exitoso evento, lo llamó y le preguntó cuánto le costaría aquella gran fiesta, éste llamó al gerente de A. y B. le preguntó cuantos cubiertos habían vendido y a como y cuando obtuvo la respuesta el alto ejecutivo le dijo: “Caramba, es la mejor noticia que me han dado”, “No sólo no me cuesta nada sino que el hotel gana en un gran evento”. Entonces Paco le contestó: “Señor, a mí me trajeron por loco… No por... otra cosa”.

El grupo se quejó hasta con el Presidente de Westin en Seattle y pidió  el cambio de Gerente, pues según ellos Paco les había llamado: “Pendejos”.

Camino Real, en conocimiento del acto de soborno y de los comentarios de Paco, por no tener donde colocarlo y ante las amenazas del grupo, decidieron liquidarlo y abandonó Las Hadas, totalmente remodelado, con excelente ocupación y buenas utilidades, a pesar que cuando él llegó, todas las aerolíneas extranjeras se retiraron de Manzanillo, dejando al puerto con sólo dos vuelos al día desde la ciudad de México. Por cierto, ambos vuelos salían por la mañana de México a Manzanillo y los clientes extranjeros que deseaban llegar a Las Hadas, tenían que pernoctar en la ciudad de México. Cosas veredes… aún así, las acciones de Paco se reflejaban en la alta ocupación del hotel.

El Gerente asignado en su lugar resultó muy maleable para el grupo y la operación continuó por un tiempo hasta que el grupo lo vendió en un paquete a don José Cossío, cuando el gobierno expropió los bancos mexicanos y sus propiedades.

 

SEPROMAR

 

Cuando llegó a Acapulco para recuperarse, ya declarado diabético e hipertenso, se enteró que el General Acosta Chaparro lo había hecho parte de la sociedad dueña de la compañía de vigilancia y cada mes entregaban confidencialmente a su esposa una participación. Al mismo tiempo le comunicó que deseaba que él fuera el gerente de la compañía que él bautizo SEPROMAR –Servicios Profesionales Marte- para expandirla y le asignaba un sueldo de un millón de pesos al mes.

Ya entonces se daba el servicio de vigilancia en la delegación local del Seguro Social y se tenían pláticas con otras compañías.

El General había enviado, como ya se dijo, a militares retirados a formar la compañía que dirigía el Capitán Miguel Varela Lugo -Contador- auxiliado por un funcionario de la policía local de apellido Santoyo y los Tenientes Ramiro Cabrera y Ángel Amaya.

La esposa de Varela era hermana de un compadre de nuestro personaje, pero tenía mucha injerencia en la compañía y hacía negocios a costa del personal que ganaba un salario mínimo.

Por ejemplo, ella adquiría doscientos o mas pares de zapatos para el uniforme en León Guanajuato o Guadalajara a un costo de 60.00 pesos el par y los vendía en abonos al personal de forma obligatoria, como parte de su uniforme en 150.00 que se descontaban del sueldo cada quincena.

El personal de nuevo ingreso, tenía que trabajar hasta cuatro semanas sin sueldo, como parte de su “entrenamiento”.

La compañía creció a pasos agigantados, pero tanto Varela como Santoyo eran muy ambiciosos y pronto surgieron fricciones pues él no estaba de acuerdo en que se robara al personal y se defraudara a los clientes.

Al Seguro Social por ejemplo se le daba servicio ya en todo el estado, incluyendo clínicas, hospitales, tiendas y guarderías. Se le cobraban las cuotas del IMSS por todo el personal, pero sólo se afiliaba el 50%

Estas acciones eran ocultadas por el contador y nuestro personaje viajaba por todo el estado cada quincena llevando los sueldos y supervisando los servicios o investigando robos y fraudes que el personal del IMSS cometía en contra de la institución, como extracción de material o medicinas y auto-robos. En un momento llegó a calcular que el 50% del presupuesto del instituto era desviado para otros usos y los funcionarios hacían negocios hasta con el contenido de plata de las viejas radiografías que vendían al por mayor.

Un día, el Delegado Estatal le llamó y le pidió investigar porqué los gastos en papelería eran muy superiores a lo presupuestado y nuestro personaje, se puso su traje de Hércules Poirot, tomó su cámara y se puso a vigilar el almacén general, de donde partía una camioneta panel para entregar los suministros a las diversas oficinas repartidas en el puerto. No había nada fuera de lugar, hasta que al final se detenía en una imprenta particular, donde descargaba gran cantidad de papelería.

Investigando más a fondo encontró que los encargados de recibir los insumos, firmaban por cierta cantidad, pero sólo recibían la mitad de la papelería y se vendía el sobrante a la imprenta ya señalada.

Un poco adelante, descubrió que la misma imprenta hacía todos los trabajos de impresión al instituto, incluso las tarjetas del delegado y todas las formas impresas y el mismo delegado había autorizado los precios de los trabajos, incluyendo, desde luego, el papel que salía de su propio almacén.

Una tarde se colocó en la salida de emergencias de la clínica y observó a una madre que llevaba en brazos a su crío, tapado con una sábana blanca pero le llamó la atención que la pobre señora difícilmente sostenía a su hijo enfermo.

Más curiosidad sintió al notar que la madre salía todos los días con su enfermito y una tarde la detuvo, levantó la sábana y en lugar del bebé enfermo, se encontró con un pesado motor eléctrico de medio caballo, nuevo, que tal vez estaba destinado a una bomba de agua descompuesta pero que había errado el camino.

Todo se reportaba al delegado, pero él duda que se haya castigado a los culpables.

Pronto se daba servicio a aerolíneas como Aeroméxico y Mexicana, donde los gerentes locales eran compadres del Capitán Varela, donde se cometía el fraude de la afiliación o se cobraban puestos no cubiertos, se ampliaron los servicios de vigilancia a la operadora del aeropuerto y poco después se firmó contrato con el ISSSTE, para dar protección también a hospitales, clínicas, y tiendas en todo el estado.

Lo primero que se encontró en este instituto, fue una camioneta de tres toneladas, estacionada en el almacén, cubierta con una lona y se le informó que contenía medicinas que habían alcanzado la fecha de caducidad y serían llevadas a incinerar.

Desconfiado, revisó las medicinas y descubrió que todas estaban vigentes, desconectó la bobina del motor a fin de que no arrancara mientras hacía el reporte.

Una sobrina del delegado trabajaba como supervisora de algo en las oficinas y se presentó una noche en el almacén con una requisición por medicinas controladas (muy caras) y el vigilante se negó a dejarla pasar en altas horas de la noche, llamó a nuestro personaje quien la enfrentó y ella arguyó su posición de funcionaria con poder. A nuestro amigo no le quedó otra y accedió a que se llevara lo que deseara, siempre y cuando firmara por ello. Ella se negó a firmar y se retiró con las manos va-cías amenazando con “correrlo” al día siguiente, pero él había grabado toda la conversación y la reportó a un supervisor que estaba en el puerto.

El delegado fue destituido y en su lugar se nombró a un amigo, Mario Pintos.

Los problemas eran desgastantes y tenía que viajar por todo el estado para pagar los sueldos a los vigilantes, al tiempo que se arriesgaba pues llevaba dichos pagos en efectivo y viajaba solo en su camioneta, aunque siempre armado.

Por eso y porque está en su sangre, el aeromodelismo continuó y nuevos modelos fueron construidos por nuestro personaje como los que vemos en la página siguiente.

Mientras tanto, el General movió sus contactos y la compañía llegó a dar el servicio de vigilancia tanto al IMSS como al ISSSTE en siete estados, aparte de hoteles, restaurantes y oros negocios.

 

Cuando llegaron a tener más de tres mil vigilantes, muchos de ellos armados, sinceramente temió que la policía se opusiera y les causara problemas, pues ya empezaban a proporcionar ellos mismos servicios privados.

En una junta se separó a Santoyo de la organización y se formaron tres compañías distintas que trabajarían independientes pero en coordinación para dividirse los contratos, así nuestro, personaje formó el Grupo Escudo de Seguridad y Vigilancia y el gerente local de Mexicana de Aviación solicitó cotizaciones para renovar el contrato y acordaron que el grupo Escudo diera la cotización mas alta para que SEPROMAR saliera beneficiado. Sin embargo, la dirección de Mexicana en la ciudad de México aceptó sus precios y le otorgaron el contrato, lo cual molestó a Varela y lo acusó de sobornar al gerente local, que era su propio compadre. Escudero les dijo que tomaran ellos el contrato y él se retiraba, pero Varela argumentó que eso haría quedar mal a su compadre y nuestro personaje les dijo que les vendía la compañía y él se retiraba del negocio.

Al mismo tiempo, A.S.A., que manejaba los aeropuertos del país, le ofreció el contrato para dar servicio a todos los aeropuertos del litoral del Pacífico, es decir, Acapulco, Guadalajara, Manzanillo, Vallarta, La Paz y Tijuana, pero Paco argumentó que no tenía la capacidad para cubrir todos los servicios y Varela le ofreció varios millones de pesos por su compañía.

Él aceptó y les entregó todos los documentos, aceptando un pago mensual hasta cubrir el costo total, entonces se harían los cambios necesarios ante notario público.

Un hijo de Varela falsificó su firma ante una notaría porteña muy corrupta, donde se otorgaba el poder del Grupo Escudo al contador Hugo Martínez Bahena y este firmó el contrato con el IMSS de Jalisco y con A.S.A. para cubrir los aeropuertos mencionados.

Con el tiempo, los ex socios defraudaron al IMSS de Jalisco y comprometieron el nombre de la compañía de Paco no sólo en el fraude, sino en los asesinatos del Cardenal Posada y de Colosio.

 

El Muelle 205

 

Desconociendo todo lo que pasaba en las compañías de seguridad, nuestro personaje se asoció con Alfonso Arnold y formaron una compañía de Alimentos y Bebidas que operaba también algunos deportes acuáticos, quedando él como administrador.

Se avocó entonces a remodelar el viejo restaurante Siroco (Que significa en el Mediterráneo: Khamsin- viento del sureste) ubicado en Costera 205 y con muelle para lanchas con una pequeña playa. Lo nombraron Muelle 205  y lo transformó en un restaurante de mariscos de lujo y a la orilla del mar, que se convirtió en un éxito en poco tiempo, contando con clientela distinguida y encaminado a recibir a los viejos clientes de Las Brisas,

 

sin embargo, ese año, el turismo americano comenzó a descender debido a las políticas internacionales de México en contra de los Estados Unidos, situación que prevalece hasta hoy, al grado que las embajadas de aquel país, recomiendan a sus ciudadanos no viajar a México.

A esta situación se agregan los errores que los políticos y funcionarios locales cometen, al no saber pero sentirse expertos en turismo, tienen a Acapulco en una situación crítica temporal, pero como ya dijo él, “Acapulco es mágico y se recuperará”.

 

Se decía que Varela estaba involucrado con el narcotráfico cuando adquirió una residencia millonaria en el fraccionamiento de Las Brisas, además pensaba adquirir un helicóptero privado para que sus invitados volaran del aeropuerto a la residencia.

Relevado de las presiones se dedicó al restaurante y al aeromodelismo, después de comenzar sus tratamientos médicos, mas una tarde, al regresar con su esposa y nieto a casa,  dos empleados de Hacienda le esperaban para embargar sus propiedades pues había en su contra una denuncia de fraude al IMSS, por más de 200 millones de pesos.

Se avocó a esta demanda y le informaron que “su” compañía, Grupo Escudo había defraudado al IMSS de Jalisco por dicha cantidad, ya que cobraba los servicios pero no había dado de alta a ningún trabajador en el año en curso, aunque el anterior había registrado sólo al 50%.

Contrató a abogados amigos y el caso llegó hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación, donde preguntó si el representante de la compañía había cobrado por los servicios y le contestaron que sí, cada semana por dos años, entonces preguntó ¿Por qué no le descontaron las cuotas? La respuesta fue el acabose: “Porque cada quincena se cambia de domicilio y no hemos podido localizarlo”. ¿Y le siguen pagando? “Bueno sí pero la responsabilidad es suya como mayor accionista de la compañía”.

Por el tiempo en que formó la compañía, el capital de trabajo era de un millón de pesos (mil ya en ese tiempo) y él había participado con el 51%.

Así la Suprema Corte lo condenó a pagar $500.00 pesos.

 

Paco participó con Alfonso y varios buzos del puerto en la extracción de la virgen Reyna de los Mares que conducían a la escuela de buceo para su limpieza anual.

Alfonso Arnold se quejaba con él que todas sus mujeres lo habían abandonado o puesto los cuernos al menos y Mary, con  quien tenía una relación, no fue la excepción  y Paco la soportó hasta que comenzó a querer dar órdenes en el restaurante, pero a veces se sentaba con algún grupo cuyo menú ya estaba contratado por él y ella pedía cosas especiales, por ser la patrona, hasta que le marcó el alto. Esto hizo que surgieran fricciones entre él y su socio, que se molestaba, además, porque los clientes del restaurante se estacionaban frente a la entrada de la escuela de buceo que cada día tenía menos clientes.

Entre la clientela del restaurante se contaban casi todos los funcionarios del gobierno de Ruiz Massieu y el personal de la Secretaría de Fomento Turístico del Estado, donde su hija Nora era la secretaria del Lic. Alfredo Álvarez, hombre de toda la confianza de Ruiz Massieu.

José Francisco comenzó entonces la construcción de la Universidad Americana de Acapulco, nombrando al Lic. Álvarez, Rector de la misma.

Por el trabajo de su hija, que el Rector llevó consigo a la Universidad, se hicieron amigos y los funcionarios académicos se hicieron clientes asiduos del Muelle 205, donde aparte de las comidas dominicales, celebraban cumpleaños, nombramientos, etc., al igual que los ejecutivos bancarios.

Nuestro personaje se relacionó con los banqueros del puerto, en especial con los de Bancomer, debido a su amistad con Manuel Espinosa Jr. Incluso a ellos les compró su casa en Costa Azul, con facilidades incomparables.

El Director del banco se hizo cliente y amigo y todos los eventos de Alimentos y Bebidas del banco, se celebraban en el Muelle, ordenando que la Cava de vinos que el banco tenía en Las Brisas, se cambiara al Muelle 205.

Visitando la Universidad en cierta ocasión, se encontró con el Lic. Ruiz Massieu y se saludaron y platicaron brevemente, preguntándole éste por el restaurante y la hotelería y al despedirse le dijo que hablara con Álvarez, quien le ofreció dos cafeterías de la Universidad, una en construcción y le pidió que fuera su asesor en Alimentos y Bebidas.

Bancomer le prestó de inmediato el dinero y terminó de construir la cafetería misma que estaba diseñada como restaurante a la carta, la remodeló  y le dio el carácter de cafetería Universitaria.

El Rector le dijo entonces que por petición del Lic. Ruiz Massieu, tratara de enseñar a los alumnos a comer sano, eliminando la chatarra del menú de los estudiantes.

Por increíble que parezca antes de seis meses, los estudiantes ya comían de todo, en especial ensaladas y platillos tradicionales, como las tortas, que se hacían con pan integral y la esposa de Paco, doña Nora, les enseñó a comer sopa de Lentejas, que muchos desconocían y cuando se hacían eventos para maestros y personal, no era raro verlos meter comida en sus bolsas para llevar a casa.

 

El turismo extranjero que él esperaba estaba en descenso y a pesar de la asistencia de los residentes españoles todos los domingos, se vio precisado a cerrar el Muelle 205, moviendo todo el personal necesario a la cafetería.

Por idea de Ruiz Massieu, los directores de cada Facultad, eran prominentes y reconocidos personajes con reputación en Latinoamérica y nuestro personaje pronto consiguió que la Cafetería fuera el centro de reuniones y pláticas informales con estos maestros con conferencistas de prestigio que venían a la Universidad.

Platicando una tarde sus anécdotas con el Dr. Sergio Montero, director de la facultad de Comunicación y Relaciones Públicas, éste le pidió que platicara con los alumnos y terminó pidiéndole que diera clases en forma regular, su documentación, currículum y experiencia se enviaron a la S.E.P. y se le nombró Profesor de Asignatura, debidamente autorizado y registrado en esa Secretaría. Por lo tanto, comenzó con dos asignaturas relacionadas con el Turismo.

Otro amigo, el Dr. Miguel Ángel Acerenza Delgado, reconocido turistólogo Internacional y famoso autor de Editorial Trillas–Turismo, en ese tiempo Director de la Facultad de Turismo, le reclamó el porqué daba clases en Comunicación y no en Turismo, al tiempo que le pidió le ayudara con ciertas asignaturas ordenadas en el plan de estudio de la carrera, pero no encontraba bibliografía.

Nuestro personaje se ofreció a ayudar, pues la asignatura “Historia del Turismo en el estado”, no se podía comenzar por falta de libros sobre el tema.

Acerenza le explicó que American Express, una gran compañía de viajes, deseaba patrocinar un concurso sobre el tema y la Secretaria de la Facultad le insinuó que hablara con el Profesor Escudero.

El concurso tendría un premio de 50,000 pesos para quien escribiera el mejor texto sobre la historia del Turismo.

Escudero le dijo que tenía unos apuntes en borrador ya que deseaba escribir un libro y el Dr. Acerenza se los pidió para examinarlos.

A los tres días se presentó y le dijo: “Don Paco, ¡Se canceló el concurso!”

“No hay más participantes, Usted ganó”… “¿Y mis cincuenta mil?”, preguntó.

Acerenza le dijo que no había tal, pero que la UNAM editaría su libro y desde ese momento era también Profesor de Asignatura de la Facultad de Turismo, con dos grupos a los que impartiría cuatro materias.

Así nuestro personaje se convirtió en “El Profesor” y su libro: “Origen y Evolución del Turismo en Acapulco” fue editado por la Americana, el presidente Municipal de entonces asumió el 50% del costo y solicitó 500 ejemplares que el gobierno municipal obsequiaba a todos los visitantes distinguidos del puerto. La edición se agotó en menos de un mes.

Por desgracia, en ese tiempo azotó al puerto el Paulina, el presidente municipal sustituto pidió mas ejemplares del libro para continuar la costumbre de obsequiarlo a los visitantes y de inmediato se imprimió la segunda edición sin cambios ni correcciones, que también se agotó rápidamente.

La dirección de Extensión Universitaria lo contrató entonces para impartir cursos de capacitación turística a empleados municipales, conductores de taxis y autobuses de transporte público, agentes de tránsito, secretarias, etcétera y a petición de Fernando Álvarez, en el Consejo Consultivo de Turismo, para dar cursos a guías profesionales de Turismo, para lo cual contaba con la sala de conferencias del Fuerte de San Diego.

 

Se graduó como Capacitador de Instructores por la Universidad Americana de Acapulco y la Nacional Financiera, en agosto de 1998.

 

 

 

LOS FINES DE SEMANA LARGOS. (PUENTES)

 

Con motivo de aquel fatídico 11 de septiembre, en que los Estados Unidos fueron atacados por fuerzas fanáticas del Talibán, cundió la alarma en nuestro país, pues lo mas lógico era que el  primer productor de turismo entrara en  guerra y sus ciudadanos no podrían salir del país.

Todos los organismos nacionales recomendaban entonces una campaña de promoción extensiva en Canadá, pero él no estuvo de acuerdo, pues si los Estados Unidos se declaraban en guerra, ningún otro país podría sobre volar su territorio. Consecuentemente, no habría vuelos de Canadá a México.

Antes de que transcurriera un mes, la Secretaría de Fomento Turístico del Estado (PRI), convocó a una reunión -precisamente el Día del Turismo– para presentar protestas a la política turística del gobierno de la república (PAN), con la cual nuestro personaje no estuvo de acuerdo, diseñó entonces un programa para incrementar el turismo nacional, convirtiendo  todos los días festivos posibles en el año, en “puentes”, es decir, que en los días festivos que caían entre semana, no se descansara, haciéndolo el lunes siguiente, lo que provocaría fines de semana que comenzarían prácticamente el viernes en la tarde, con regreso a las labores hasta el martes siguiente.

Esta medida, según él podría incrementar los ingresos de todas las áreas turísticas del país, en especial los sitios cercanos al Distrito Federal y los de playa como Acapulco.

Sugirió también un programa de inicio de prueba, comenzando por decretar el cambio de la ley entre los empleados de PEMEX, del IMSS o de la CFE, mientras la SECTUR llevaba a cabo un estudio de los ingresos del erario.

La SEFOTUR le agradeció su preocupación, pero no consideró viable la idea, por lo que recurrió a la Comisión de Turismo del Congreso local, enviando su proyecto a los licenciados Ernesto Rodríguez y Manuel Añorve, el primero no se dio por enterado y el segundo lo felicitó por su proyecto, pero no hicieron nada.

Entonces lo envió al Gobernador René Juárez, piensa que se extravió en el camino pues no recibió respuesta.

No se resignaba a creer que en su país, eminentemente turístico, no pudiera imitarse a los países más avanzados en la materia, como Alemania, Estados Unidos, etcétera.

Un sábado, sin embargo, escuchó el programa de radio del Presidente Vicente Fox y le explicó su proyecto; el Presidente pidió lo enviara por correo electrónico y así lo hizo, acusaron recibo en la Presidencia y luego le avisaron que se estaba turnando a la Secretaría de Turismo Federal, para que se hiciera un estudio económico.

El Secretario Rodolfo Elizondo presentó al poco tiempo el estudio que reflejaba un aumento de más de mil millones de pesos anuales, únicamente en impuestos federales y por instrucciones del Presidente Fox, lo presentó al Congreso Nacional, donde quedó archivado.

Poco tiempo después, la diputada local, la Química Irma Figueroa, lo retomó, dándole énfasis a la mejora de las condiciones –tiempo con su familia- de los trabajadores y lo presentó otra vez al Congreso, que le dio entrada como “Ley Provisional”, bajo la denominación de “Fines de semana largos”.

Aunque sólo son cinco los días de descanso obligatorios en nuestro país, existen fechas inamovibles, como primero de enero, 25 de diciembre y en  ocasiones, el calendario muestra los descansos obligados en sábado o domingo, pero ya la gente mexicana se ha encargado de “forzarlos” para descansar el viernes o el lunes y la economía de los centros turísticos del país ha sobrevivido aún sin la presencia de los norteamericanos, aunque precariamente.

Paco ha buscado la manera de que se declaren días festivos (con descanso obligatorio) durante los meses, como junio, julio o agosto, donde al momento no hay, para que un futuro se pueda observar, al menos un fin de semana largo cada mes. Pero no ha encontrado el apoyo.

 

LA PROFECÍA TURÍSTICA.

 

Hace muchos años, en pleno auge del turismo en el puerto, se formó una comisión de personajes locales para ir a pedir al Lic. Don Miguel Alemán, entonces Presidente del Consejo de Turismo, su ayuda para aumentar el caudal de agua potable al puerto así como la construcción de la autopista desde Cuernavaca hasta Acapulco.

Alejandro Gómez  Maganda, era entonces el Oficial mayor del Consejo y llamó a Paco una tarde desde la ciudad de México y le preguntó si sabía de qué se trataba el asunto pues el Licenciado Alemán deseaba estar preparado.

Cuando Paco les explicó la solicitud que le harían, el Lic. Alemán comentó que sería fatal para el puerto, pues sería poner Acapulco al alcance de las clases sociales de bajos ingresos y el turismo del D. F. llegaría al puerto hasta con el gato y la abuelita sin faltar su caja de refrescos.

Paco se atrevió a comentar que de seguro afectaría a Aeroméxico, pero como ya no era de su propiedad, él no se vería afectado, el Licenciado Alemán se puso serio y le dijo:

Ya veré qué puedo hacer respecto a lo del agua, pero la autopista va a cambiar el turismo en el puerto y ojalá y se tarde muchos años.

Paco regresó a su trabajo diario, la comisión se entrevistó con el Licenciado, pero no sabe qué se dijo, sí recuerda que un joven Licenciado Roberto Palazuelos Jr. encabezó aquella delegación.

 

Luego vinieron años difíciles, López Portillo expropió la Banca y Carlos Salinas nos dio “la puntilla” al hacer realidad la profecía del Lic. Alemán, pues la autopista no cumplió las expectativas y cambió la vocación del puerto, aún más, se puso a las patadas con los EE. UU. y declaró que todo el pueblo tenía derecho a ser turista.

Por diversas causas, como el excesivo costo del combustible y los servicios en los aeropuertos, las líneas aéreas cancelaron sus vuelos y los cruceros de placer dejaron de venir, estos por lo caro de la escala y las grandes distancias que tenían que recorrer, tal como pasó con las regatas de veleros San Diego-Acapulco.

Este fue el gran error, el turismo no puede ser “popular”, el turismo es elitista y discriminador, uno solo de aquellos millonarios que llegaban en sus propios Jets, nos dejaba más ingresos que un autobús lleno de turistas con anafres y tiendas de campaña. Pobres pues. Señaló muy serio Paco

Mira, la hotelería informal, como le llaman existe  desde antes que hubiera hoteles y se ha desarrollado porque nunca nadie se preocupó por controlarla. Este no es un fenómeno propiedad del puerto, existe en todos los centros turísticos del mundo, pero en los sitios planeados de antemano, como en Punta del Este, Uruguay, la hotelería informal está limitada a un área geo-gráfica y es designada como tal, pero participa en los gastos de promoción al pagar un impuesto predial muy superior al que pagan las casas habitación.

Otra cuestión que influye la opinión de hoy es no tomar en cuenta el crecimiento demográfico de Acapulco, durante los años que llamamos “dorados” del turismo, Acapulco sólo tenía 50 mil habitantes (no todos dependientes del turismo), y cualquier número de turistas se notaba en el puerto, pero nadie se pone a pensar que hoy en Acapulco somos mas de dos millones de habitantes, en su mayoría, dependientes del turismo, entonces, ¿cuántos turistas se necesitan en el puerto para que se noten?

Pero una cosa si te digo, Acapulco es mágico y lo anterior puede llegar a cambiar si somos honestos con nosotros mismos y con el turista.

La magia de Acapulco lo sacó del problema de “Fenton” de  la “Recesión” de los EE. UU., del “Bloqueo de los Judíos” y esa misma magia nos va a sacar de la necedad de nuestros gobiernos de convertirnos en un gran Oaxtepec.

Ya estamos viviendo una temporada decembrina excelente en 2015 y estoy seguro que de aquí en adelante, el puerto se va a recuperar.

Al término de esa charla, le pregunté: ¿Cuál ha sido tu mejor aportación al turismo de Acapulco?

Hablar bien del puerto en cualquier circunstancia, pero pienso que mi mejor idea ha sido la de crear los fines de semana largos, pues aún cuando no son muchos en el año, aportan una gran derrama económica no sólo para Acapulco, sino para todo el país. Ojalá se logre establecer uno al mes todo el año.

                                                                                                                                                                 

El nuevo Rector de la Universidad Americana, el Contador Héctor Dávalos, platicó con él para lanzar una tercera edición, corregida y aumentada, de su libro “Origen y Evolución…”, pero al morir aquel en un accidente, el proyecto quedó pendiente; el Rector sustituto, Israel Soberanis, no estuvo interesado en imprimir libros, él quería aumentar la renta por la cafetería o dársela en concesión a su cuñado.

El Dr. Acerenza y el Dr. Montero fueron sustituidos, igual que los demás Directores, por principiantes en la materia respectiva que por serviles y lisonjeros lograron sus nombramientos. Escudero no se entendió con ellos, renunció a las dos facultades, su esposa entregó la cafetería y las cosas cambiaron mucho en la Universidad Americana de Acapulco, que tuvo entonces que depender de un subsidio del Gobierno del Estado.

Acerenza sugirió que enviara su libro a Trillas, para que lo editaran, pero esta editorial no edita libros para difusión local, únicamente aquellos que tienen cobertura internacional, pues sus oficinas los distribuyen en 14 países.

Como para entonces Escudero ya tenía el manuscrito para otro libro del plan de estudios, sobre como competir, lo terminó y bajo el título de “Planificación Operacional y Financiera en la Hotelería” Trillas lo editó y le dio gran difusión en América Latina, formando parte hoy de la Sección Turismo- Administración.

El texto de la continuación lo escribió como  “Guía de estudios” de la materia “Control de Gestión” –materia seriada con la primera- y posteriormente lo envío a Trillas, bajo el título de: “Control de Gestión Hotelera” pero en la Editorial se confundieron con los anexos, él les pidió lo devolvieran para ordenarlo y no lo hicieron, pero lo aceptaron y se firmó el contrato respectivo.

Sin embargo, el contrató caducó y firmaron otro nuevo, pero el texto sigue pendiente.

Sin embargo, su estudio de Cómo Comprar, Recibir y Almacenar Alimentos y Bebidas en Hoteles y Restaurantes, fue aceptado, aprobado y editado en tiempo record.

Organismos como la Secretaría de Fomento Turístico del Estado y varias Universidades en la república, le han contratado para impartir conferencias magistrales sobre diversos temas turísticos o de comunicación.

A petición de la editorial, asiste a diversas ciudades y escuelas de educación superior, para presentar los libros de Trillas.

El Colegio de Licenciados en Turismo del estado de Guerrero, le nombró como su Asesor, para el período 2009-2011, que presidia su amigo el Lic. José Cedano Galera.

Es durante este periodo que entra en contacto con la Sociedad Académica de Historiadores y le propongo editar la tercera versión de su libro: “Origen y Evolución del Turismo en Acapulco”, en una edición corregida y aumentada, que presenta en una sesión del Colegio arriba citado.

La Sociedad lo nombra Investigador Asociado en enero del 2010 y en abril del mismo año, Delegado en el Estado, al tiempo que editamos su libro sobre la vida de Juan R. Escudero, su tío abuelo, que con el título de “La Historia de Juan”, revela la lucha social que el prócer emprende para que los trabajadores obtengan los beneficios de ley plasmados en la Constitución de 1917 y que en 1920, en Acapulco, todavía no obtenían.

Durante los festejos del 500 aniversario del nacimiento del gran navegante Fray Andrés de Urdaneta, forma parte del comité en Acapulco, encabezados por el Dr. Mario de la O y logran la construcción de la plaza “México-Filipinas”, en honor de los navegantes que unieron a nuestro país con el lejano oriente.

Para la celebración del “Día Internacional del Galeón”, en octubre del 2011, presenta un extenso trabajo de investigación sobre “El Mantón de Manila”, que fue muy aplaudido. En esta ocasión, el H. Ayuntamiento de Acapulco lo declara Historiador y Cronista del Fuerte de San Diego y la Sociedad Académica de Historiadores, ya trabaja en la edición de su próximo libro: “Leyendas, Costumbres y Tradiciones del puerto de Acapulco”, donde destacan las leyendas originadas en El Fuerte de San Diego.

En enero del 2012, La Academia Latinoamericana de  Literatura Moderna, lo registra como Académico Asociado, al tiempo que lo nombra Presidente de la Academia Mexicana de Literatura Moderna.

El éxito de su primer libro (lleva tres ediciones y está agotado), le anima a seguir escribiendo, Trillas editores publica tres libros sobre hotelería, ha escrito sobre la historia de Juan R. Escudero y en 2014 presenta su libro “El Galeón de la Orquídea Negra”, que explica cómo y por qué el hombre modificó su entorno y la forma de percibir el mundo, al ir en busca de los condimentos para sus alimentos y el papel central que su pueblo natal, Acapulco, desempeña en la historia del encumbramiento de España, como el país más rico y poderoso del planeta,

Paco, preocupado por algunas señales de Alzhaimer que mostraba su esposa Nora, como el dejar la llave del gas abierta en repetidas ocasiones, decide llevarla a donde él va para no descuidarla. El 13 de octubre de 2014, al salir de su casa, abordan el pequeño auto compacto que procuraba estuviera siempre en óptimas condiciones debido la peligrosa pendiente que debían bajar cotidianamente pero, a unos cuentos metros, el auto se queda sin frenos y, tras una loca carrera que culmina casi al final de la larga bajada, se estrellan.

Un vecino de Paco, que recoge su celular, el primer número que encuentra es el mío y me llama angustiado. La pareja es internada en el Hospital Vicente Guerrero del IMSS. Mi esposa Norma y yo salimos de inmediato al nosocomio. La familia de Paco llega un poco después. A pesar de una magnífica y muy especial atención de médicos amigos, Nora, que lucha desesperadamente por su vida, tras pasar la noche fallece.

Paco trata de sobreponerse y recuperarse de fracturas de tobillo y pelvis, los lentes de vidrio que llevaba se le incrustaron en el rostro, previamente sometido a una cirugía plástica ocular excelente, sufre un desplazamiento del lente intraocular implantado; poco a poco sale adelante y, después de nueve meses, deja la silla de ruedas y apoyado en su bastón se esfuerza por seguir su vida. 

Dentro del Programa de Rescate Bibliográfico de Acapulco, escribió sobre varios libros de destacados autores que están pendientes de editarse, sin embargo, en enero de 2015, durante la V Sesión Solemne de la Academia Latinoamericana de Literatura Moderna y la Sociedad Académica de Historiadores, celebrada en Guanajuato, Gto. presentó el rescate del libro de J. M. López  Victoria, sobre las “Leyendas, costumbres y tradiciones de Acapulco”, que fue el éxito de la convención donde fue declarado Académico Emérito y por unanimidad, el Congreso llevó su nombre.

Durante la celebración de los santos difuntos en noviembre 1 y 2 de 2015, se presentó con el apoyo del Centro Cultural y Gastronómico El Jaguar, su interesante libro sobre la historia de los viejos panteones de Acapulco: San Esteban y San Francisco, describiendo a las personas notables en la historia del puerto que allí yacen y que espera que sus descendientes nos cuenten la historia y fin de esas familias.

En septiembre del 2015,le comunicaron que la Universidad Autónoma de Guadalajara, campus Puerto Vallarta presentaría, sin fines comerciales, un libro Académico sobre la Historia del Turismo en México, de la autoría de don Héctor Pérez García, donde la parte de Acapulco será la escrita por Paco, de lo que estaba muy orgulloso.

Él sentía que su misión en la tierra no había terminado y aún faltaban cosas por hacer y compartir lo poco que sabe y su cumpleaños 79, a fines de octubre del 2015, lo encontró inmerso en el trabajo de rescate bibliográfico de Acapulco.

La Dirección del Museo Histórico de Acapulco Fuerte de San Diego, nuestra querida sede, para la remodelación de sus contenidos nos encargó a Paco y a mí realizar la investigación del periodo comprendido de la independencia a la época actual. Paco realizó la correspondiente a la época contemporánea.

Todavía alcanzó a sacar tres libros más: Turismo e Historia de Acapulco, su Curso de Introducción para el Servicio de Alimentos y Bebidas, y un viejo proyecto que tardó en cristalizar: Nostalgia, Acapulco ayer y hoy.

Es más, todavía se dio el lujo de presentar una exposición de sus pinturas, que adornó la VII Sesión Solemne de nuestra Academia.

Sin embargo, el 11 de marzo del 2017, Paco Escudero, el popular y querido Paco, dejó de existir para alcanzar a su añorada Nora.

La vida de Paco Escudero fue más que productiva. Dejó un extenso legado a las generaciones venideras y se dio el gusto de vivir como quiso, tener lo que quiso y hacer lo que quiso.

Alguna vez, de esas tantas que platicamos, decía con cierta sorna: Sí, viví de más, pero me siento tranquilo. No le hice daño a nadie, ayudé al que pude, y al que no al menos no le estorbé.

Paco es, por derecho propio, uno de los Forjadores de Acapulco, y así se tiene planeado reconocerle colocando una placa de bronce, con su nombre y su trayectoria, en lo que será la Plaza de los Forjadores de Acapulco y que verá con agrado la llegada de su primer homenajeado: Francisco R. Escudero Valdeolivar… PACO ESCUDERO... o simplemente...PACO.

 

 

 

 

Esta es una obra auspiciada por la

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