DIRECTORIO MUNDIAL DE LITERATURA, HISTORIA, ARTE Y CULTURA          

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DIRECTORIO MUNDIAL DE LITERATURA, HISTORIA, ARTE Y CULTURA

El Santo Niño de Atocha

 

La Academia Latinoamericana de Literatura Moderna
dentro de su Programa de Financiamiento para Escritores Iberoamericano
y con su Programa Editorial Sagitario
presentan
 
Una obra más del Dr. Fco. Xavier Ramírez S.

 

El Santo Niño de Atocha

 

 

Este libro, registrado con el No. 378 dentro del Programa de Financiamiento para Escritores Iberoamericanos,

se terminó de imprimir el día 29 de mayo del 2018.

Todos los derechos reservados.

http://www.allimo.org

e-mail: editorialsagitario@hotmail.com

 

 

A MANERA DE PRESENTACIÓN

 

Estando de vacaciones en Zacatecas, mientras comentábamos qué lugares visitar, recordé que cerca de ahí estaba Plateros, sede de la Virgen de Atocha y de su milagroso niño. Sin embargo, vimos que no estaba tan cerca como pensábamos y, llevando el tiempo recortado ya, le dije a mi esposa: Mira, si me quiere ver el Santo Niño de Atocha, que me busque!, en un dejo de broma.

Al día siguiente, cuando salíamos del hotel, situado a unas cuadras del zócalo, vimos venir una procesión por el sentido contrario de esa misma calle. Prácticamente nos encontramos en la avenida que conduce al centro y, ya teniéndolos cerca, pudimos darnos cuenta de que encabezaba la procesión… el Santo Niño de Atocha!.

-Ahí está, dijo mi mujer… te busca! Sabedora de mi acendrada fe.

Desde entonces tuve la intención de escribir un libro sobre esta milagrosa advocación del Jesús Niño.

Pasaron los años, y debimos ir a Fresnillo a presentar un libro sobre las Haciendas de Zacatecas, de nuestro buen amigo Raúl Molina Merino, quien nos invitó a darnos una vuelta a Plateros, viejo pueblo minero ahora convertido prácticamente en colonia del propio Fresnillo, y conocer personalmente al Santo Niño de Atocha.

Mi entusiasmo fue grande, pues Dios siempre me ha colocado en el lugar preciso, a la hora precisa, cuando tengo que hacer algo por la difusión de su palabra, compromiso contraído desde casi cinco décadas atrás.

Tan es así que, aunque llegamos como cualquier ciudadano al Santuario, puso en mi camino a dos seres maravillosos que enriquecerían mis conocimientos sobre el Niño: el Rector del Santuario, Pbro. Ángel Campos Mota, y un laico dedicado a pintar ex-votos para los fieles, hotelero, restaurantero y cronista: el Lic. Pablo Gaytán Briceño, cuyas anécdotas y comentarios dieron buena vida a esta obra.

A ambos, mi más profundo agradecimiento, así como para Raúl Molina Merino y su amable esposa, Paty Lozano Muñoz.

 

Dr. Fco. Xavier Ramírez S.

 

 

 

Pamela llegó hasta la cama de Ricardo, el periodista creyente que había dedicado buena parte de su vida a escribir sobre biografías religiosas.

-Abuelito… ya párate… cuéntame sobre el Niño de Atocha que fuiste a ver…

-Deja a tu abuelo en paz… para qué lo despiertas, dijo Norma, la esposa de Ricardo.

-Es que quiero que me cuente…

-Ya voy… ya voy…

-Dice mi tío Carlos que si me vas a contar sobre el Santo Niño que me espere para que le avise a sus cuates…

-Qué! Ya le dijiste a tu tío Carlos? Está aquí?

-No… se fue luego, luego…

-Ay papacito… otra charla!

-Así parece, dijo el escritor levantándose…

 

Mientras desayunaban, Julián, el sacerdote amigo de Ricardo que vivía con ellos desde que sufriera un infarto, le dijo con cierto tono de burla:

-No… si para que te programa, como dice mi ahijado –el Arzobispo Barrenechea– si solito Dios te manda quehacer…

-Hummm… se me hace que tú y tu ahijadito están nuevamente detrás de todo esto, acusó con cariño Ricardo.

-Cómo crees… si él está hasta Guadalajara…

-Sí como no! Y el face, y el teléfono, para qué sirven?

-Pues será el sereno, pero ya te amolaste… así es que tienes que prepararte para hablar sobre el Santo Niño de Atocha… y quiero decirte que aquí la pequeña promotora ha sido Pamelita, y no Carlos como supones…

-Qué! En verdad?... Vaya con Pamelita…

-Pues qué bueno que se interese en estos temas, terció Norma.

 

Pamela era la adoración de Ricardo, hija de Jazmín, había vivido con ellos desde su nacimiento mismo con un breve lapso en que la madre se contentó con el papá de la niña y se fueron a vivir a México, lapso que fue muy breve. Ricardo procuraba darle a la niña mucho amor.

Unas semanas antes, el escritor y su amada Norma había ido a Fresnillo, Zac., una hermosa ciudad de la provincia mexicana, a presentar el libro de un buen amigo, Raúl Molina Merino, fotógrafo por hobby y autor del libro Haciendas de Zacatecas. Raúl les había invitado a visitar Plateros, un viejo pueblo minero convertido en colonia de Fresnillo, y sede el Santuario del Santo Niño de Atocha, una de las advocaciones más milagrosas, internacionalmente hablando, del Jesús niño.

-Jefe… gritó más que hablar Carlos, uno de los hijos del escritor, ya les mandé su wasap a todos –dijo refiriéndose al Whats App, famosa aplicación que permite enviar y recibir mensajes en tiempo real con otras personas– y luego luego me contestaron que vienen de volada… los cité para el lunes dentro de quince días… te parece bien?

-No.. Pues ya qué? Si así lo dispusiste, dijo jocoso Ricardo.

-Ohhh pues, deja que el muchacho te promueva, exclamó sonriente el sacerdote.

-Sí abuelito… así más gente escucha tu relato sobre el Santo Niño de Atocha… me gusta cómo cuentas las cosas… terminó coqueta la chamaca.

-Y a todo esto… seguramente que el Señor Arzobispo ya lo sabe, verdad curita?

-Bueno… yo creo que ya debe haberse enterado, sabes bien que siempre está al tanto de tus charlas…

-Sí –contestó Ricardo– demasiado al tanto… y seguramente va a querer que salga otro libro de estas charlas… no es así?

-Pues me dijo que le mandara los originales conforme fueras escribiendo para revisarlos… dijo interrumpiéndose el sacerdote al darse cuenta de que se había descubierto a sí mismo.

-Ahhh no… eso sí que no! Exclamó el escritor. Ya sabe que a mi no me gusta que me revisen nada…

-Bueno pues… no le mando nada… pero de que viene… viene!

Contra lo que pueda suponerse, las relaciones entre el Arzobispo, el sacerdote y el escritor, eran no sólo cordiales, sino hasta cariñosas. Se guardaban mucho respeto a pesar de sus bromas y discusiones fingidas.

 

 

Ricardo había conseguido rentar una casa cerca de donde vivía, no sólo para tener un lugar más amplio para sus charlas, sino para poder hospedar a los amigos que venían de fuera, como Narciso, el sacerdote irreverente re-encausado que ahora se hiciera cargo de la parroquia de Julián en la sierra de Guerrero, o Jorge, amigo del escritor y su esposa que radica en Mérida, Yuc.

 Había dedicado su vida a la literatura y la historia brotado del periodismo. Cincuenta y cinco años de escribir, investigar, analizar e impartir conocimientos con sus charlas.

En su juventud, había tenía varias amargas experiencias que le llevaron no al borde de la muerte, sino a la muerte misma. Cuatro veces fue declarado muerto y cuatro veces había vuelto a la vida. Se dio cuenta de que tenía un profundo compromiso con Dios y decidió retribuir sus favores de la única forma que sabía: escribiendo. Así empezó mencionando el nombre de Dios en sus artículos periodísticos en una época en que citar a Dios, políticamente hablando, era un suicidio político.

Su encuentro con el Papa Juan Pablo II durante la III Conferencia Episcopal Latinoamericana le cambió la vida y le hizo ver que no sabía nada de su religión, por lo que decidió estudiar la historia de la iglesia desde aquel lejano 1979.

Autor de 35 libros, la mayoría de los cuales guardaban un tema religioso, Ricardo aprovechaba su facilidad de escribir y de palabra para impartir charlas de un tema específico y de la que brotaba, casi siempre, un libro más.

Su misma religiosidad le había hecho amigo de varios sacerdotes y aún de un Arzobispo que le auxiliaban en sus investigaciones, pero igualmente le urgían a no detenerse y siempre había algo de qué platicar.

 

-Qué haces? Le cuestionó Julián, el sacerdote provinciano con el que hiciera amistad en uno de sus viajes de reflexión allá por la sierra de Guerrero y que, por razones de salud, ahora vivía en su casa y a su amparo.

-Pensando… pensando...

-En qué, en la inmortalidad del cangrejo?

-Algo así… se me vinieron a la mente los recuerdos de cuando empezaba y cómo me fui metiendo a la fe… es agradable recordar…

-Sí… los recuerdos siempre son gratos… dijo con añoranza el viejo cura.

-Oye Julián… alguna vez dudaste de tu fe?

-Hummm… la verdad, sí… y no una, sino varias veces… recuerdo que recién ordenado me mandaron a una pequeña población limitante con Oaxaca. Ahí vivía una costeñita de lo más hermoso. No puedo negarte que me enamoré de ella… pero mi fe pudo más y logré mi cambio tras platicarle a mi Obispo. Naturalmente, ella jamás supo siquiera que le admiraba. En otra ocasión no fue la carne, sino la ambición la que me tentó fuertemente. Estaba entonces como vicario de una pequeña iglesia de la sierra, al otro lado de la que administraba y donde me conociste. Pues bien, una mañana llegó hasta mí un campesino muy apurado, quería que fuera a darle la extremaunción a un compañero suyo. Salimos de inmediato en un jeep doble tracción que se me hizo impropio para un campesino de su talante. Nos internamos en la sierra. Al cabo de dos horas de veredas de terracería, llegamos a un campamento que parecía guerrillero –era la época de la guerrilla– y aunque me dio un poco de miedo, me hice el fuerte y pregunté por el agonizante. Tras administrarle los santos óleos, pues sin duda iba a morir gracias a cinco balazos que le perforaron cabeza y torax, salí de la tienda semiagachado y, al incorporarme, pude notar a un joven bien armado que me hizo la seña de seguirle.

-Mire padre… sé que tiene también la carrera de medicina… quiero que sea Usted, y sólo Usted, el que se encargue de atender a mis heridos… cuando los haya… aquí nos dedicamos a la siembra de la amapola y tenemos enfrentamientos seguido, a veces con el ejército, a veces con otro cartel que quiere quitarnos nuestros terrenos de siembra… le pagaría muy bien… se lo aseguro…

-Pero… respondí dudoso…

-Mire padre, mientras lo piensa un poco, le voy a dar estos cien mil pesos por su visita… y cada vez que lo necesite le daré una cantidad igual o mayor si la situación es peliaguda…

En ese entonces, mi querido escritor, cien mil pesos ya era en sí una fortuna. Imagínate, un coche nuevo costaba 50 mil pesos!

-A ver… dos cosas… la primera es que no sabía yo que eras médico… y la segunda… le entraste al acuerdo?

-Jajajajaja… no, no le entré… pero pasé cuando menos cinco o seis noches con la tentación haciendo mella en mi mermada fe… un niño me hizo ver, sin querer, cual era mi realidad… viendo que estaba jugando con su carrito sobre una banca de la iglesia, le dije en son de broma que se lo compraba… Noooo! Me dijo muy firme… cómo se lo voy a vender si es el único que tengo? En ese instante, levanté la vista y me encontré cara a cara con un Cristo que teníamos el lado derecho… la respuesta del niño se traslado en mi mente al Cristo: cómo me voy a vender, si soy el único que tengo?

-Vaya… pero cómo está eso de que eres médico?

-Pues resulta que yo estudiaba medicina, iba en el último semestre cuando mi padre, que era albañil, quedó colgado de un andamio que se rompió a la altura de un sexto piso. Yo había ido a verle para llevarle la invitación a mi graduación y, al llegar, vi a mi padre colgado de una sola mano, gritando que le ayudaran.

La desesperación me hizo correr y subí las escaleras diciéndole a Dios: Señor… si me permites salvar a mi padre, te juro que dejo la medicina y me vuelvo cura!!! Y Dios me permitió llegar al sexto piso, a mi padre sostenerse todo ese tiempo, y a mí me dio fuerzas para darle la mano y elevarlo sano y salvo. Así, dejé la universidad, con la carrera terminada pero sin graduarme, y me inscribí en el Seminario del Buen Pastor en Acapulco…

-Vaya… lo que ignora uno… y porqué jamás lo comentaste?

-No sé… quizá no le vi importancia…

 

Ricardo se sentó en el quicio de la bardita de la cancha deportiva frente a su edificio. Se le veía tranquilo, pero pensativo.

Julián se le acercó y le preguntó de plano:

-Qué te pasa? Tienes dudas sobre la charla? O quieres investigar un poco más al respecto?

-No… creo que con lo visto por allá, lo platicado con el Padre Ángel Campos, el Rector del Santuario, y con el Lic. Pablo Gaytán, tengo suficiente. Estoy meditando sobre la forma de narrarlo…

-Sencillo, como siempre lo haces… sencillo… como te salga del alma… Dios te dio esa facilidad… aprovéchala!

Ricardo, a pesar de su amplia experiencia, siempre se ponía nervioso a pocos días de su charla. Todos, y él mismo, lo sabían y procuraban apoyarle.

Cuando comenzaba su charla, no abandonaba el nerviosismo hasta que le hacían la primera observación o pregunta. Entonces se explayaba libremente, ya sin trabas.

Julián le conocía muy bien, y le respaldaba en todo. Los dos jugueteaban constantemente. Su amistad iba más allá de lo común. Más parecían hermanos que amigos.

 

 

 

El salón de la casa estaba lleno. Hoy se iniciaba la charla de Ricardo sobre el Santo Niño de Atocha. Estaban todos los siempre asistentes a sus charlas… y más…

La llegada del sacerdote levantó un rumor entre la concurrencia. Sabían que tras él aparecería el escritor.

-Buenas tardes a todos… gracias por venir… dijo alegremente Ricardo.

-Buenas tardes... corearon todos.

-Saben ustedes sobre lo que vamos a hablar hoy?

-Sobre el Niño de Atocha!!! Gritó Pamela entusiasta.

-Efectivamente, sobre el Santo Niño de Atocha, pero como siempre yo quisiera empezar por dar una mirada al entorno, es decir, al ambiente y lugar en que se desenvuelve la vida –o tradición– de la que hablamos.

Todos saben, o al menos la mayoría, que en México al Niño de Atocha se le venera en Plateros, un pequeño pueblito de Zacatecas, hoy ya colonia de Fresnillo.

Pero… de dónde viene? Donde surge la adoración por el Santo Niño?

Surge en España y, por principio de cuentas, conozcamos al niño mismo.

Antes que nada, debemos hacer énfasis en que el Santo Niño de Atocha no es otro que el mismísimo Niño Jesús, adorado bajo esa advocación en la que usa, como buen peregrino español, un vestido largo, azul, cubierto por una capa de color guinda con un ancho cuello de encaje y puños con volados… regularmente.

Su capa ostenta una concha de berberecho, imagen tradicional de los peregrinos. Sostiene con su mano izquierda una canastita y con la derecha un bastón del que pende un bule, o vasija que contiene agua. Sus zapatitos son una sandalias o huaraches, como les conocemos en México, atados con una hebilla.

Se le presenta sentado en una silla, aunque la imagen originalmente se presentaba en los brazos de su madre, la Señora de Atocha, advocación de la siempre Virgen María.

-Perdón abuelito… qué son los berberechos?

-Ahhh… cuando hablamos de una concha de berberecho, estamos hablando de un molusco, como nuestras almejas, sólo que en Europa se les conoce más con el nombre de berberechos. Son quizá las conchas más hermosas de todos los bivalvos… sobre todo por su simetría, es decir, su diseño perfecto y hermoso.

-Gracias abuelito…

-De nada… la historia del Santo Niño de Atocha es, como todas las historias, llenas de tradiciones y leyendas.

Empecemos por decir que la devoción de nuestra Señora de Atocha y su niño se origina en Antioch, una antigua ciudad siria de corte greco-romano situada a orillas del Río Orontes, y en donde San Lucas, el evangelista, fue el escultor de la primera imagen de la madre y el niño.

De ahí que sea posible que la palabra Atocha provenga de esa original Antioch.

Como ustedes saben, la devoción mariana se extendió rápidamente. Se tiene registro de que en 1162 existía una hermosa estatua medieval en la Iglesia de Santa Leocadia, en Toledo y más tarde, en 1523, el Rey Carlos V de España auspició un enorme templo para resguardar la estatua, dejándolo al cuidado de la orden de los dominicos.

Cuentan que la imagen del niño era desmontable y que, tras pedir permiso a la madre, los devotos le tomaban prestado para ayudar a una mujer que estuviera a punto de dar a luz.

No se sabe con certeza cómo es que llegan niño y madre a Atocha, un suburbio de Madrid, pero es lógico pensar que el nombre de ese suburbio se debe precisamente a la Virgen de Atocha.

Durante la época del dominio musulmán es que surge la leyenda del hacedor de milagros, del pequeño gran Santo Niño de Atocha.

Y cuentan quienes lo saben que las cárceles se llenaron de “infieles”, como llamaban los musulmanes a los creyentes en Cristo, y fueron tantos que no alcanzaba para darles de comer. Así, como los carceleros no les alimentaban, los familiares comenzaron a llevarles el sagrado alimento; sin embargo, el Califa ordenó –por temor a que esos familiares les ayudaran a escapar– que sólo niños menores de doce años podrían llevar alimentos a los prisioneros.

Buena estaba la cosa! Qué harían aquellos que no tenían hijos pequeños? La mujeres del pueblo pidieron el auxilio de la Virgen de Atocha para encontrar la forma de alimentar a sus maridos.

Poco tiempo después, los niños que regresaban de alimentar a sus padres, contaban una extraña historia: un joven niño visitaba y alimentaba a los prisioneros que no tenían hijos menores a los doce años que marcaba el ordenamiento del Califa. No sabían quién era pero curiosamente su canastita y su vasija en las que portaba pan y agua… jamás se vaciaban! Siempre llegaba de noche sonriendo amablemente a los vigilantes.

Las mujeres comenzaron a sospechar y notaron que las sandalias –o huaraches– del pequeño niño estaban desgastados. Y sucedió tantas veces como los substituyeron por nuevos. No cabía duda: era el Santo Niño de Atocha quien alimentaba a los prisioneros.

En 1492, los Reyes Fernando e Isabel, esos mismos que ayudaron a Cristóbal Colón en su aventura, lograron expulsar a los moros. Y la tradición siguió. La gente continuó invocando la ayuda de la Virgen de Atocha y su ya milagroso niño. Mientras tanto, Cristóbal Colón descubría América y, con los españoles, llegaban religión y tradiciones.

Y mientras los religiosos esparcían le fe, los soldados masacraban indígenas motivados por una sed de oro que se desató al saber que, contra lo que sucedía en Europa, el oro en América no era sino un metal precioso más destinado a moldear pectorales y collares.

Esa sed de oro llevó a implantar la minería en la Nueva España, convirtiéndola en la actividad económica de mayor impulso durante la colonia. Cualquiera –obviamente español– po-día echar a andar una mina siempre y cuando entregase la quinta parte de las ganancias a la corona española. Pero también fue un fuerte incentivo para la conquista, la exploración y por ende la colonización de nuevos territorios.

La expansión española es encabezada por dos factores esenciales: el religioso, con Fray Junípero Serra al frente, que abre los territorios del norte, y la minería, que responde a la ambición y convierte Zacatecas en 1546, Pachuca en 1552, Fresnillo y Guanajuato en 1554 y San Luis Potosí en 1592, en las principales zonas mineras que empiezan por buscar oro, pero terminan explotando mercurio, plata, hierro, zinc, plomo, bismuto y muchos otros minerales –férreos y no– que igualmente atraen a un sinnúmero de gentes que aumentan considerablemente la población ilusionados con hacer fortuna de la noche a la mañana.

 En 1540 descubren las primeras minas de plata en Taxco y de ahí se desperdigan por todo el territorio mesoamericano.

Mañana veremos cómo es que llegan a Zacatecas, sede de Plateros, la cuna del Santo Niño de Atocha en México. Muchas gracias…

-Disculpe Don Ricardo, señaló Anita, la esposa de Carlos, hijo de nuestro escritor.

-Sí Anita…

-Eso quiere decir que 50 años después de descubrir América es cuando empieza la sed de oro, como le llaman?

-No… la sed de oro despierta con la conquista misma de los pueblos otomís, que son quienes les hablan de que los aztecas usan pectorales, cadenas, escudos y hasta cofres de oro. Cuando se logra la conquista de Tenochtitlan, Cortés buscaba el famoso Tesoro de Moctezuma.

-Gracias..

-Buenas tardes…

 

 

 

Cuando Ricardo entró al comedor para desayunar, ya le esperaban Norma, Jazmín, Pamela y el nuevo nieto: José Gabriel, un hermoso ejemplar de bebé despierto y listo como él sólo que, al verle se alborotó como lo hacía desde los tres meses en que identificaba bien al abuelo. Estaban también Julián, Carlos y Anita.

-Buenos días… cómo está mi cara de perro, como llamaba cariñosamente a Gabriel… a lo que contestó el niño con un pequeño grito y su clásico agitar de brazos y piernas.

-Bien, contestó Pamela, se despertó jalándome los pelos!!!

-No papá… eso no se hace, dijo cariñoso Ricardo al niño, que le extendió los brazos.

-Bueno, bueno… muchos niño y nada de tamales, dijo jocoso el sacerdote.

-Ya van, ya van Julián…

-Ora!!! En verso y sin esfuerzo, festejó Pamela.

-Oye curita… no te has reportado con tu jefe?

-Yaaa!!! Desde tempranito me estaba llamando para saber cómo te fue en la charla de ayer…

-Hummm… pues qué no duerme el Señor Arzobispo? Se la pasa pendiente de todo lo que hago… y su grey…. Cuándo?

-Ja… bien sabes que es un buen pastor…

-Cierto… y tú bien sabes que lo digo de broma… me lo saludas y le dices que cuándo me habla a mí directamente…

 

Por la tarde, Ricardo empezaba su charla recordando:

-Decíamos ayer que la sed de oro, que era más que sed de riquezas fáciles, hizo que los españoles –y algunos lugareños bien comedidos– empezaran a buscar en otros sitios más allá de la zona ya conocida y explorada que era prácticamente todo el sureste del ahora México.

Cada español se autonombraba general y, jalando un montón de indios convenencieros u obligados, se lanzaba a explorar, investigar y, en su caso, conquistar nuevas tierras.

Así las cosas, uno de esos generales españoles se fue a explorar las tierras del norte de la Nueva España. Tras mucho caminar, pues muchas de esas tierras ya habían sido “descubiertas” por otros tantos “generales”, llegaron cansados y fastidiados a un lago, en donde se tendieron a la sombra de un pequeño fresno. Algunos autores dicen que al no encontrar nada por la zona, se fueron, regresando más adelante. Otros autores dicen que ahí mismo, en ese mismo momento, bautizaron la zona como Fresnillo, en honor al pequeño fresno que les diera sombra para el descanso.

Sin embargo, la historia cuenta que, poco antes, en 1546, Juan de Tolosa encabezaba una exploración y en lo que hoy es Tlaltenango se le acercaron unos indígenas que le mostraron piedras impregnadas de plata, lo llevaron al Cerro de la Bufa y se llevó varias cargas para analizarlas a Nochistlán.

Dos años después, Tolosa, acompañado de Diego de Ibarra, Cristóbal de Oñate y Baltasar Temiño de Bañuelos, llegó a la zona y levantó varias casas creando la ciudad que llamarían Mina de los Zacatecas, debido a que había mucho zacate –o césped– por ahí. El 8 de septiembre de 1546 se toma como la fundación oficial de la ciudad, formando parte de la Nueva Galicia.

Entre 1551 y 1552, el capitán español Diego Fernández de Proaño, realizando exploraciones por la zona en busca de yacimientos minerales, encontró un cerro al que bautizó como "Cerro de Proaño" en donde descubrió evidencias de mineral a flor de tierra. Se desconoce el por qué Fernández de Proaño no exploró a profundidad dichos yacimientos ni comenzó a explotarlos, sólo reportó su existencia al virrey. El cerro Proaño quedó como punto de referencia para expediciones posteriores.

El 2 de septiembre de 1554, llegó al paraje de aguas de ésta región una expedición en la que participaban el propio Juan de Tolosa, ya general, y Francisco de Ibarra, con colaboradores y esclavos. En el lugar había un ojo de agua a la orilla de una laguna, en el margen crecía un fresno que aún estaba pequeño. Francisco de Ibarra bautizó el sitio como "Ojo de Aguas del Fresnillo", lo que es el antecedente más antiguo del nombre de la Ciudad.

Así comenzó a construirse lo que propiamente sería el pueblo de Fresnillo. Algunos mineros estaban cerca del lago, cuando una mula cargada con una caja muy grande en el lomo se les acercó. Pensaron ayudar a la mula descargándola para que descansara pero, una vez que bajaron la caja, la mula se fue corriendo con rumbo desconocido.

Cuando abrieron la caja, descubrieron una imagen de plata de Cristo crucificado de las llamadas corpus, es decir, de las que no tienen la cruz. El general ordenó la construcción de una iglesia, y se bautizó al nuevo pueblo como Plateros. Poco después pidió a España una imagen de Nuestra Señora de Atocha que, en cuanto llegó, se colocó en la iglesia, junto al Cristo de Plata. Y comenzaron los milagros…

-Perdona Ricardo, señaló Celerino, compadre del escritor y líder obrero, no se te hace mucho cuento el que aquella mula haya llegado así como así…? Qué pruebas hay de todo eso?

-Pues aunque no lo creas, yo mismo estuve en una parte del santuario, ahora dedicada a los exvotos o milagros, y ahí, en un lugar aparte, protegida por una reja, esta la cinco veces centenaria caja de cuero curtido en la que llegara el Cristo de Plata… es increíble ver –porque me permitieron pasar a verla e incluso me tomé una foto con la caja– cómo se conserva tras quinientos años… y fracción… pero sigamos...

Por ese tiempo se descubrió plata en la región y las minas se abrieron por todas partes. A poco de la apertura de la mina de Fresnillo, hubo una explosión quedando muchos mineros atrapados. Las esposas fueron a la Iglesia de San Agustín a rezar por sus maridos, notando la desaparición del Niño de brazos de la Virgen de Atocha.

Al retornar a la mina, los mineros salían alegres de remontar el suceso, y platicaron que un niño les dio agua y les mostró la salida.

Desde entonces, siempre que hay un problema en las minas, el Niño ayuda a quienes lo necesitan.

Y cada vez que esto sucede, la imagen del Niño aparece en los brazos de su madre con la ropa sucia, rota y los zapatos desgastados.

A partir de entonces, el Santo Niño fue sacado de los brazos de su madre y colocado en una caja de cristal para su veneración, convirtiéndose en protector de los mineros y símbolo de Zacatecas. Su fama se ha extendido más allá de los confines nacionales y sólo los santuarios de Guadalupe y de San Marcos le superan en fieles visitantes.

Cientos de peregrinaciones llegan a lo largo del año, pero en época de Navidad miles llegan a Plateros para llevar juguetes al Santo Niño de Atocha.

-Oye Ricardo, pero dicen que Jesús hizo sus primeros milagros ya de adulto… incluso que el primer milagro fue el de las bodas de Cannan… cuestionó Alfonso, el amigo de café y librepensador del escritor.

Pues fíjate que no es así… y ya me debes haber escuchado citarlo pues vienes a todas mis charlas… Jesús, de niño, realizó varios milagros que, si bien no están en el canon oficial, es decir, en la Biblia, si están en el complemento del Evangelio de Mateo y en el Evangelio de la Infancia de Jesús de Tomás.

Varios fueron los milagros que se registran, el más famoso quizá es el de los doce pajaritos que Jesús niño moldeara de lodo pero… en un sábado!, lo que escandalizó a sus compañeritos que fueron a acusarlo con escribas y fariseos. Cuando estos fueron ante su padre, José, y se acercaron al niño para reclamarle porqué hacía eso en sábado si estaba prohibido trabajar ese día santo, Jesús simplemente batió las manos y las doce esculturas hermosamente formadas… alzaron el vuelo!

Otro más, que usan para acusar a Jesús niño sus detractores, es aquel en que, jugando Jesús niño con varios de sus amiguitos en la parte alta de su casa, lo que ahora conocemos como zotea, uno de ellos tropezó con el dintel de la orilla y cayó hasta el suelo quedando muerto. Los padres del pequeño acusaron a Jesús niño de haberlo empujado y, por ende, matado. Igualmente, cuando José y los padres reclamaron a Jesús, este simplemente extendió la mano a su amiguito y él se levantó alegre a seguir jugando.

Son muchos, quizás tantos como los que realizó de adulto, pero con la inocencia de su corta edad… aunque ya ostentaba una muy clara y profunda inteligencia, como fue el caso aquel en que Zaqueo, un maestro de escuela, le pide a José que le permita preparar a su inteligente niño y Jesús le señala enfático: Qué puedes enseñarme tú que aún no distingues el Alfa del Omega?

Tiempo después, otro maestro le pidió a José le permitiera llevar al niño a la escuela. Ahí, el pequeño tomó un libro y empezó a fingir leer, pero en realidad narraba muchas cosas relativas al reino de los cielos, inspirado por el Espíritu Santo. Y todos, maestros y alumnos, se quedaron embelesados por la dulzura de sus palabras y la riqueza de sus descripciones.

En otra ocasión, murió un niño en la vecindad, y su madre lloraba mucho. Y Jesús oyó el clamor de su gran pena, se apresuró a acudir hallando al niño muerto, le tocó el pecho y dijo: Yo te mando, niño, que no mueras, sino que vivas y te quedes con tu madre. En seguida el niño abrió los ojos, y sonrió. Y Jesús dijo a la mujer: Tómalo, dale leche, y acuérdate de mí.

-Pero, esos milagros no los reconoce la iglesia…

-Pues no… pero ya el Papa Francisco ha dejado entrever la necesidad de llamar a un Concilio Canónico, es decir, un concilio dedicado a revisar el canon, la Biblia misma, y por ende la posibilidad de agregar muchos –si no todos– de los evangelios que se dieron por llamar apócrifos, que repito no significa falso, sino secretos. Secretos porque la misma iglesia los guardó en secreto por muchos siglos… debemos recordar que la Biblia se establece, se crea, se conforma como canon cuando la iglesia aún no estaba perfectamente establecida y sufría muchas persecuciones… pero… así era la situación y no debemos de tachar a la iglesia de falsa, sino revisar muy a fondo la conveniencia que se tuvo para ocultar muchos de esos evangelios, dadas las circunstancias… es por eso que ahora es tiempo de incluirlos, de escuchar sus verdades… de conocer la palabra completa… nos vemos mañana…

 

 

Ricardo era un firme promotor de la literatura y la historia y contaba con amigos en toda América Latina y España. Sus viajes, siempre acompañado de Norma, su amada esposa, más que de vacaciones comúnmente eran para algún evento, ya la presentación de un libro, ya la entrega de un premio, o la creación de una nueva Academia.

Había dedicado ya 55 años a las letras. Empezaba a sentirse cansado, y eso lo había notado su fiel amigo Julián.

-Te siento cansado, le dijo.

-Un poco, sí… pero no te creas que es por la charla o por el trabajo normal. Empiezo a cansarme de ayudar y recibir el mal agradecimiento de algunos…

-Bueno… tú mismo lo has dicho en tus pláticas… no debemos dejarnos llevar por lo malo cuando lo que hacemos es bueno. Dime una cosa… a cuántos escritores, literatos e historiadores has apoyado? A mil, a dos mil? Yo creo que rebasa con mucho esa cantidad… ahora dime… cuántos se han mostrado mal agradecidos? Cinco, diez, quince?

-Tienes razón, son los menos, pero no tienes idea de cómo me afecta ahora recibir una actitud de éstas y, sobre todo, como siempre sucede… de quien más ayudamos!

-Pero arriba el ánimo, amigo mío… no te dejes doblegar por esos ingratos… ya la pagarán a su tiempo…

-Cierto… muy cierto… Dios les guarde…

 

 

Decíamos que en Plateros, la pequeña aldea cercana a las minas de Fresnillo, se construyó una iglesia en honor a Santo Cristo de los Plateros, un crucifijo milagroso, comenzando la construcción a fines de la década de 1690. Se colocó en un altar del costado una hermosa imagen española de Nuestra Señora y su Niño Divino.

En la estatua original de Nuestra Señora de Atocha, en el santuario mexicano, ella sostenía al Santo Niño con su brazo izquierdo. El niño era desmontable y en una oportunidad la imagen original se perdió. Se talló un reemplazo a medida. El nuevo niño tenía características indígenas. Más parecido a una muñeca que a una escultura, la imagen tenía una peluca de pelo humano y sus manos eran muy grandes y toscas. Los párrocos comenzaron a llevar al Santo Niño a las procesiones en las Navidades, en las fiestas de febrero de Candelaria, en la Purificación de la Virgen, o a la iglesia parroquial cercana a Fresnillo. Le vestían con diferentes atuendos para destacar las festividades estacionales del calendario litúrgico, nos recuerdan diversos autores que publican historias y retablos sobre el Santo Niño en internet.

A finales de la colonia, la devoción al Santo Niño creció y eclipsó la devoción a Nuestra Señora de Atocha, y también la del Señor de los Plateros.

En un inventario de 1816, se describe a la pequeña imagen usando un vestido púrpura y sosteniendo un pequeño globo de plata y un cetro. Su vestido estaba decorado con varios Milagros plateados y había obtenido dos retablos en acción de gracias por parte de fieles agradecidos.

En 1838, un nuevo inventario mostró que la pequeña imagen había sido trasladada a un nicho en el altar principal. Aún vestido como un niño príncipe, había ganado un rosario y un cinturón y tenía veintinueve conjuntos de ropa y treinta y dos retablos (pinturas en lata o madera dadas como ofrendas ex voto).

En su Ensayo de Interpretación Iconográfica, El Niño de Santa María de Atocha, publicado en 1995, el Pbro Lic. Juan Pereyra Nieves, que fuera Rector del Santuario, al hablar de las ediciones descontroladas –originarias desde el Siglo XIX– de la “Novena y Tridúo dedicados al Milagrosísimo Niño de Atocha”, le califica del testimonio más antiguo que se posee sobre una devoción popular muy arraigada y dice que, aunque el modesto folleto no tiene pretensiones históricas… plantea interrogantes que no tienen respuesta.

Y enumera: Quisiéramos saber porqué al  niño de Santa María de Atocha se le arranca de los brazos de su Madre y, caso único, se le hace objeto de un culto especial que exige representarlo y venerarlo solo, aunque en las invocaciones siempre se alude a su Virgen Madre… ¿Porqué a ese niño pequeñito, que tal vez no tiene un año de edad, se le representa muchas veces como si tuviera diez años o más?... ¿Porqué sentarlo en un sillón y ponerle atuendo de peregrino cuando ni su edad ni su anatomía facilitan ese acomodo?

Esta y muchas interrogantes se hace el sabio hombre… sin respuesta alguna. Es la sabiduría popular la que cambia de edad, vestimenta y cariz al hijo del hombre hecho Niño.

El Ex-Rector le compara incluso con El Niño Azul, con el que encuentra grandes similitudes e incluso considera copia a aquel de este más para el acomodo de la creencia popular que de una realidad que se pierde en la fe misma.

De igual forma sucede con los que llegan a narrar sus milagros o favores recibidos. Algunos hablan sí de un niño, pero hay quien incluso dice que fue un joven el que le ayudó, como es el caso de los presos en Atocha, ya citado al principio.

Sea cual sea, el milagro es adjudicado al pequeño Santo Niño de Atocha.

-Abuelito… y porqué lleva el bastón ese y la canasta? Preguntó Pamela.

-El bastón se llama báculo, aunque es precisamente eso, un bastón que ayuda a caminar al caminante, al viajero, al peregrino, y de su punta superior pende un bule o depósito de agua. En la canasta se supone porta los alimentos. Agua y alimentos que proporciona a quienes lo necesitan. De ahí que aquellos prisioneros señalaran que la pequeña canastita jamás se vaciaba, otorgara tantos panes como era necesario.

Si bien el fervor popular se ha vertido sobre el Santo Niño, superando incluso el de su madre, la Virgen de Atocha, no debemos olvidar que quienes le rezan siempre, siempre mencionan a la Virgen en su rezo al Santo Niño.

Ann Ball y Damián Hinojosa nos cuentan cómo la reputación del Santo Niño hacedor de milagros creció a través de los años, el santuario en el área escasamente poblada de montañas escarpadas se convirtió en un importante lugar de peregrinación. El Santo Niño había recibido tantas ofrendas de voto que en 1883 se construyó un edificio especial, el Salón de Retablos, para albergarlas y ser un museo del santuario.

Así como sus viajes anuales en peregrinación a Fresnillo habían alimentado su reputación como una imagen ambulante o peregrina, una novena que se escribió en su honor en 1848 contribuyó a sus patrocinios tradicionales. La novena se escribió para completar una manda, o un voto, para rezarle al Santo Niño a cambio de la recuperación del autor de una grave enfermedad.

Calixto Aguirre comenzó su Acción de Gracias con un viaje desde Guanajuato a Plateros. Aquí, con la ayuda de dos hombres conectados con el santuario, transcribió el registro de nueve milagros de los retablos, utilizando cada uno como un tema inspirador para las plegarias del día. La novena describía al Santo Niño con los atributos de un pequeño peregrino en lugar de un niño rey. Los milagros descritos son a favor de prisioneros y de aquellos que están atrapados en un sistema jurídico injusto, mineros, inmigrantes, víctimas de delitos y de malas condiciones económicas y laborales, y en favor de los que están gravemente enfermos. Había sido llamado el Patrón de los Desamparados, o “los abandonados.”  La novena de Aguirre tuvo una enorme distribución en México, Nuevo México, y América Central, y se extendió rápidamente la reputación del Santo Niño.

En 1857, Severiano Medina de Nuevo México peregrinó a Fresnillo y llevó a la vuelta una pequeña estatua del Santo Niño. Esta estatua fue consagrada en una capilla privada en Chimayo, cerca de Santa Fe. Allí, la devoción local comenzó a crecer como había crecido cuando llegó al Nuevo Mundo. En este santuario hay un pocito, o aljibe, donde los devotos vienen a llevar tierra bendita como un sacramento en honor al Santo Niño y como una ayuda para curar. 

Algunas de las primeras tropas americanas que entraron en acción en la Segunda Guerra Mundial fueron de la Guardia Nacional de Nuevo México. Lucharon con valentía en Corregidor, con las defensas y túneles subterráneos. Los católicos recordaron que el Santo Niño de Atocha había sido considerado durante mucho tiempo un patrón de todos los que estaban atrapados o presos. Muchos de ellos prometieron que, si sobrevivían a la guerra, harían una peregrinación desde Santa Fe a Chimayo en el Día de Acción de Gracias. Cuando finalizó la guerra, dos mil peregrinos, veteranos de Corregidor, Bataan y campos de prisión japoneses, junto con sus familias, recorrieron el largo y difícil camino desde Santa Fe a Chimayo. Algunos caminaron descalzos al pequeño santuario de adobe.

Existen otras imágenes del Santo Niño como un pequeño peregrino ambulante en todo el mundo. Dos de ellas son: una, la que está en Cuzco, en la región de Perú y la otra, llamada palaboy o wanderer (peregrino) en las Filipinas. El pequeño niño de Atocha peregrino y hacedor de milagros visita los corazones de todos con Su tierno amor.

Luis Antequera, en su Blog En Cuerpo y Alma, nos cuenta que el Santo Niño de Cebú es la primera imagen cristiana llegada a Filipinas, cosa que hace con el mismo arribo de los españoles, concretamente la expedición de circunvalación de Fernando de Magallanes y Juan Sebas-tián Elcano, en 1521.

Se trata de un niño Jesús de bellísima factura, de unos 30 cms. de altura, realizado en madera polícroma y, según se cree, en Flandes. El Niño porta en la mano izquierda una esfera de oro, así como una corona de oro y varios ornamentos donados por los fieles. La imagen sería bendecida por el Papa Pablo VI, con ocasión de su visita a Filipinas, el 28 de abril de 1965, y luego por Juan Pablo II en 1981.

Custodiada en la Basílica del Santo Niño de Cebú, existen réplicas en la iglesia de San Wescenlao de los polacos en Chicago y en la iglesia de San Pablo en Tampa, Florida, e incluso una imagen muy similar llamada Mechelen o Mechlin en el Louvre.

Pero lo más interesante es su azarosa historia. En realidad, la talla no es otra cosa que uno de los regalos que hace Fernando de Magallanes a la Rajesa Humamay, principal esposa del Rajá Humabon, con ocasión del bautismo de ambos el 14 de abril de 1521, a la llegada de la flota española circunvaladora que mandaba el gran marino portugués al servicio de la corona de España en 1521.

Humamay sería bautizada como Juana, en honor a la hija de los Reyes Católicos que, aunque encerrada por loca, era la reina de España; mientras que Humabon es bautizado como Carlos en honor al Emperador, asimismo rey de España, todo lo cual, por cierto, acontecía en los últimos días de Magallanes, que habría de morir apenas trece días después con ocasión de la batalla de Mactán contra el cacique del lugar Lapu-Lapu.

Como se sabe, los españoles abandonan Filipinas, pero cuarenta y cuatro años después, curiosamente otro 27 de abril pero esta vez de 1565, una armada al mando de Miguel López de Legazpi llega a la isla y entra en combate con los nativos. Al día siguiente, el marinero español Juan de Camus encontraba en una caja de pino entre las ruinas de una casa la imagen del niño. Por miedo a represalias o a que les fuera arrebatada, los indios niegan que perteneciera a Magallanes, y aseguran que un pescador la había en-contrado en tiempo inmemorial. Como quiera que sea, la imagen es sacada en procesión.

Legazpi crea la Confraternidad del Santo Niño de Cebú, de la que es nombrado su primer superior nada menos que el fraile Andrés de Urdaneta. El propio Legaz-pi instituye la fiesta del hallazgo de la imagen y manda iniciar en el lugar del hallazgo la construcción de la basílica en bambú y palma, primera iglesia de Filipinas, elevada a Basílica Menor por Pablo VI.

Aunque originalmente la fiesta del Santo Niño de Cebú se celebra el 28 de abril, Inocencio XIII, para evitar que cayera en Semana Santa, la traslada a su actual emplazamiento en el tercer domingo del mes de enero. En ella, los fieles portan su imagen, así como la de la Virgen de Guadalupe de Cebú, en procesión. La fiesta es seguida por el llamado Festival Sinulog al siguiente domingo.

El Santo Niño de Cebú es considerada popularmente como santo patrón de Cebú, si bien en 2002, el Cardenal Arzobispo de Cebú, Mons. Ricardo Vidal, declara a Nuestra Señora de Guadalupe como tal.

Pero bueno… nos hemos alargado un poco en el tema de hoy, pero creo que ha sido provechoso. Les espero mañana que hablaremos del propio Santuario y su historia.

 

 

Esa mañana el teléfono repiqueteó insistentemente. Norma se apresuró a contestar y, tras saludar amablemente, le dijo a su esposo:

-Te hablan…

-Quién es…?

-Tú contesta…

-Bueno…

-Caray mi querido escritor, ya ni el teléfono quieres contestarle a tu amigo, el más humilde de todos…

-Su Ilustrísima! Contestó entusiasmado Ricardo, qué milagro que me hace el altísimo honor de llamarme a mí y no a su achichintle… perdón, a su padrino…?

-Ja… sigues igual que siempre, y eso me alegra mi querido amigo… cómo van esas charlas?

-Bien, bendito sea Dios, con eso de que tengo palanca de primer orden… señaló aludiendo al propio Arzobispo Barrenechea que era el que llamaba.

-Bendito sea… te falta algo? Quieres alguna información extra?

-No… creo que con lo que tengo es suficiente… ya verá el libro a su tiempo… dijo con cierta sorna…

-Lo veremos, lo veremos, esa es tu gran contribución a Dios y no sabes cuánto te ha ganado…

-En eso sí estoy de acuerdo… y lo hago con profundo gusto… es más, a veces pienso que no estoy dando gran cosa a mi compromiso con Él… en serio…

-No… no te preocupes por eso… Dios sabe reconocer cuando una simple semilla tiene el valor de todo un trigal… muchas veces no es tanto lo que se cosecha, sino lo que se siembra… y tú estás sembrando, mi querido amigo…

-Bueno… y a qué debo el honor de tu llamada?

-Pues ya sabrás… quiero ir un par de días a escucharte, pero no quiero interrumpir… puedo?.

-Naturalmente mi querido purpurado… mi casa es tu casa, siempre te lo he dicho…

 

Por la tarde, Ricardo iniciaba:

-La casa de Dios… qué es la casa de Dios? Cuál es la casa de Dios? No dicen que Dios está en todas partes? Entonces… porqué hablamos de la casa de Dios como si no estuviera en todas partes? Quién me puede decir qué es la casa de Dios?

-Una casa de oración, contestó Norma.

-Un templo… dijo Eva, la esposa de Ricardo Xavier, el otro hijo del escritor.

-Un negocio, dijo triunfante Calixto, amigo de Ricardo y fundador de una secta.

-Noo.. Que negocio ni que ocho cuartos! Exclamó airada Doña Elvia, la esposa de Celerino. Negocio es el que usted busca con su secta… una casa de Dios es un lugar sagrado en el que se le pide, agradece, y asiste a la celebración de la liturgia en la que se consagra la hostia, representación viva de Jesús…

-Ora… pues Usted sí sabe, dijo airado el aludido…

-La casa de Dios es el templo, intervino Julián. Si bien es cierto que Dios está en todas partes, tenemos que contar con un lugar en el que se pueda, como dicen ahora, interactuar con él. Platicar a solas. Y, obviamente, celebrar los más importantes acontecimientos religiosos, desde el bautizo mismo, hasta la boda, pasando por las confesiones, la comunión, y aquellas celebraciones que, socialmente ha-blando, han quedado instituidas por usos y costumbres, como los quince años o las presentaciones. Luego entonces, la casa de Dios es el templo… el Papa Francisco se preguntó: ¿A qué pensamiento nos remite la palabra templo? Nos hace pensar en un edificio, en una construcción. De manera particular, la mente de muchos se dirige a la historia del Pueblo de Israel narrada en el Antiguo Testamento. En Jerusalén, el gran Templo de Salomón era el lugar del encuentro con Dios en la oración; en el interior del Templo estaba el Arca de la alianza, signo de la presencia de Dios en medio del pueblo; y en el Arca se encontraban las Tablas de la Ley, el maná y la vara de Aarón: un recuerdo del hecho de que Dios había estado siempre dentro de la historia de su pueblo, había acompañado su camino, ha-bía guiado sus pasos. El templo recuerda esta historia: también nosotros, cuando vamos al templo, debemos recordar esta historia, cada uno de nosotros nuestra historia, cómo me encontró Jesús, cómo Jesús caminó conmigo, cómo Jesús me ama y me bendice.

Lo que estaba prefigurado en el antiguo Templo, está realizado, por el poder del Espíritu Santo, en la Iglesia: la Iglesia es la «casa de Dios», el lugar de su presencia, donde podemos hallar y encontrar al Señor; la Iglesia es el Templo en el que habita el Espíritu Santo que la anima, la guía y la sostiene. Si nos preguntamos: ¿dónde podemos encontrar a Dios? ¿Dónde podemos entrar en comunión con Él a través de Cristo? ¿Dónde podemos encontrar la luz del Espíritu Santo que ilumine nuestra vida? La respuesta es: en el pueblo de Dios, entre nosotros, que somos Iglesia. Aquí encontraremos a Jesús, al Espíritu Santo y al Padre.

El antiguo Templo estaba edificado por las manos de los hombres: se quería dar una casa a Dios para tener un signo visible de su presencia en medio del pueblo. Con la Encarnación del Hijo de Dios, se cumple la profecía de Natán al rey David (cf. 2 Sam 7, 1-29): no es el rey, no somos nosotros quienes «damos una casa a Dios», sino que es Dios mismo quien «construye su casa» para venir a habitar entre nosotros, como escribe san Juan en su Evangelio (cf. 1, 14). Cristo es el Templo viviente del Padre, y Cristo mismo edifica su «casa espiritual», la Iglesia, hecha no de piedras materiales, sino de «piedras vivientes», que somos nosotros. El Apóstol Pablo dice a los cristianos de Éfeso: «Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por Él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantado hasta formar un templo consagrado al Señor. Por Él también vosotros entráis con ellos en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu» (Ef 2, 20-22). ¡Esto es algo bello! Nosotros somos las piedras vivas del edificio de Dios, unidas profundamente a Cristo, que es la piedra de sustentación, y también de sustentación entre nosotros. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que el templo somos nosotros, nosotros somos la Iglesia viviente, el templo viviente, y cuando estamos juntos entre nosotros está también el Espíritu Santo, que nos ayuda a crecer como Iglesia. Nosotros no estamos aislados, sino que somos pueblo de Dios: ¡ésta es la Iglesia!

Y es el Espíritu Santo, con sus dones, quien traza la variedad. Esto es importante: ¿qué hace el Espíritu Santo entre nosotros? Él traza la variedad que es la riqueza en la Iglesia y une todo y a todos, de forma que se construya un templo espiritual, en el que no ofrecemos sacrificios materiales, sino a nosotros mismos, nuestra vida (cf. 1 P 2, 4-5). La Iglesia no es un entramado de cosas y de intereses, sino que es el Templo del Espíritu Santo, el Templo en el que Dios actúa, el Templo en el que cada uno de nosotros, con el don del Bautismo, es piedra viva. Esto nos dice que nadie es inútil en la Iglesia, y si alguien dice a veces a otro: «Vete a casa, eres inútil», esto no es verdad, porque nadie es inútil en la Iglesia, ¡todos somos necesarios para construir este Templo! Nadie es secundario. Nadie es el más importante en la Iglesia; todos somos iguales a los ojos de Dios. Alguno de vosotros podría decir: «Oiga, señor Papa, usted no es igual a nosotros». Sí: soy como uno de vosotros, todos somos iguales, ¡somos hermanos! Nadie es anónimo: todos formamos y construimos la Iglesia. Esto nos invita también a reflexionar sobre el hecho de que si falta la piedra de nuestra vida cristiana, falta algo a la belleza de la Iglesia. Hay quienes dicen: «Yo no tengo que ver con la Iglesia», pero así se cae la piedra de una vida en este bello Templo. De él nadie puede irse, todos debemos llevar a la Iglesia nuestra vida, nuestro corazón, nuestro amor, nuestro pensamiento, nuestro trabajo: todos juntos.

Desearía entonces que nos preguntáramos: ¿cómo vivimos nuestro ser Iglesia? ¿So-mos piedras vivas o somos, por así decirlo, piedras cansadas, aburridas, indiferentes? ¿Habéis visto qué feo es ver a un cristiano cansado, aburrido, indiferente? Un cristiano así no funciona; el cristiano debe ser vivo, alegre de ser cristiano; debe vivir esta belleza de formar parte del pueblo de Dios que es la Iglesia. ¿Nos abrimos nosotros a la acción del Espíritu Santo para ser parte activa en nuestras comunidades o nos cerramos en nosotros mismos, diciendo: «tengo mucho que hacer, no es tarea mía»?

Que el Señor nos dé a todos su gracia, su fuerza, para que podamos estar profundamente unidos a Cristo, que es la piedra angular, el pilar, la piedra de sustentación de nuestra vida y de toda la vida de la Iglesia. Oremos para que, animados por su Espíritu, seamos siempre piedras vivas de su Iglesia.

-Ese es el concepto del Papa Francisco, añadió Ricardo. El hombre siempre ha construido templos para adorar a sus dioses. Desde tiempos inmemoriales. Y yo pregunto… si los bárbaros –o al menos a quienes calificamos de bárbaros– fueron capaces de respetar sus propios templos, los lugares destinados a su Dios… porqué nosotros no entendemos lo que es la Casa de Dios?

Construir un templo pudo haber sido deseo de una comunidad, o de una sola persona, como es el caso de Santa Prisca, en Taxco, que Borda mandó construir exclusivamente para su hijo que estaba por consagrarse, o la del propio Templo de Plateros, sede de la Virgen de Atocha y su Santo Niño, que algunos dicen manda construir el general al encontrarse con el Cristo de Plata, u otros que afirman que fue el Marqués de Aguayo al que señalan incluso como el que mandó traer la imagen de la virgen de la propia España, resultando que siempre no, que fue un zacatecano, el Conde de San Mateo de Valparaíso el que mandó a construir el tempo y trajo la imagen de la virgen. Sea como sea, la historia no se teje en un siglo ni se desenreda en cien.

Lo importante es la riqueza moral, sentimental y cultural que el templo guarda.

El Santuario de Plateros tiene aproximadamente 450 años de antigüedad, habiendo sido primero una capilla al inicio y más tarde un templo que dio paso al actual; atrae alrededor de un millón y medio de fieles, como reconoce la Enciclopedia de México y, como ya habíamos señalado, es el tercero más importante en México, tierra de santuarios famosos y de imágenes milagrosas; solamente la Basílica de la Virgen de Guadalupe y la de San Juan de los Lagos, en Jalisco, lo aventajan en retablos y peregrinaciones.

La Basílica de Guadalupe, que incluso yo había colocado en el tercer lugar mundial de asistencia y peregrinación, para su conocimiento y orgullo, es ahora el primero, superando incluso a la misma Basílica de San Pedro, en El Vaticano, en Roma.

El Santuario de Plateros pertenece a la diócesis de Zacatecas y la administración es directamente diocesana; los ingresos y planes de trabajo son dirigidos desde el obispado a través del Rector y dos sacerdotes, que son vicarios.

Sin embargo, como casi todas las grandes obras religiosas de la colonia, es hace apenas casi doscientos años que se concluyó el actual santuario, muestra tardía de la arquitectura barroca popular.

Según encontramos en diversos sitios, blogs y columnas digitales, el texto a continuación ya es conseja popular pues no se identifica al autor y el copia-copia a través de los años le ha convertido en dominio público, pero no exento de verdad.

Algunas claves de las ventanas dicen las fechas en que fueron cerradas: 1° de abril de 1790, 11 de mayo de 1790.

Los colaterales dorados desaparecieron hacia 1875 para dar lugar a los retablos neoclásicos, que aceptan sin rubor pormenores góticos, y que fueron cincelados con admirable finura por Don José Rosas Montaño.

La hermosa fachada del templo cuya figura central es el Señor de los Plateros y la mayor parte de las claves de los arcos de la nave, adornadas con instrumentos de la pasión de Cristo, indican en honor de qué imagen fue levantada esta construcción.

Al estudiar detenidamente la escultura de Jesús crucificado, labrada con tosquedad en madera pesada, con ojos pintados en vidrio plano, parece que no es temerario aceptar que sea una obra del siglo XVI, por más que la chapa de plata que cubre la cruz sea del siglo XVII. Tal vez los avatares del primer siglo del virreinato cuando la guerra chichimeca hizo desaparecer pueblos y misiones, encuadran el episodio tradicional de los viajeros que abandonan el Cristo más cerca de Plateros que de Fresnillo, en el camino que va de uno a otro lugar.

Testigo mudo de los milagros del Señor de los Plateros es la piedra del asesino, que sobre un pedestal se conserva en el patio interior del Santuario.

La devoción a la imagen del Señor se encuentra documentada con profusión en los archivos de la Catedral de Guadalajara, del Obispado de Zacatecas y de la Parroquia de la Purificación de Fresnillo.

El culto creciente hizo que se construyera esta hermosa iglesia actual para sustituir a la anterior capilla.

En 1882 el segundo Obispo de Zacatecas Don José Ma. del Refugio Guerra y Alva, al visitar el Santuario y ver la gran cantidad de ex­votos o retablos expuestos en las paredes del templo, que testimoniaban la gratitud de los fieles por los favores concedidos, ordenó que se construyera el Salón de Retablos. El culto al Señor de los Plateros estaba en su apogeo y el sacerdote Don Dámaso Martínez, capellán del Santuario, mandó levantar el camarín semiochavado detrás del altar mayor, que se concluyó el 20 de julio de 1883. También por entonces debió edificarse la nueva sacristía.

Pero ya desde 1892 aparece documentada la devoción al “Santo Niño de Santa María de Atocha“.

La puerta principal está labrada en cantera. El altar mayor fue construido entre 1880 y 1881 por el maestro Alejandro Pérez, con la ayuda de José Rosas Montaño, quien lo sustituyó.

Las torres del templo son de 1897 y 1898; los arcos del atrio, de 1887, y la Casa de Ejercicios es de 1899. Esta última fue construida por iniciativa de los padres josefinos.

A finales del siglo XIX, el culto al Santo Niño ya estaba bastante extendido, el Excelentísimo Señor Obispo Alva y Franco, deseando evangelizar a los huicholes y nayaritas que eran parte de la diócesis y quedaban bajo su responsabilidad pastoral, resolvió encomendar dichas misiones a los padres josefinos, quienes tuvieron como centro ecu-ménico el Santuario de Plateros; los padres hicieron grandes reformas a la Casa de Ejercicios, donde vivieron y de donde partían a misionar y regresaban. Dicha congregación estuvo a cargo del santuario de 1903 a 1919 y, según todos los datos, fue la principal impulsora de la devoción hacia el santo Niño en toda la región.

Lugareños, comerciantes e incluso el delegado municipal afirman que el santo Niño fue separado definitivamente de su madre hace unos años para su culto independiente, pero ningún entrevistado recuerda con exactitud la fecha. Este halo de misterio es un componente que suscita interés y prodiga la popularidad del santo Niño.

Afirman que aproximadamente hasta 1960 se veneró al Niño de Atocha en los brazos de la Virgen María. Lo separaron en 1960. Se veneraba en sus brazos, luego el Niño a los pies de la virgen, posteriormente, en 1965, se le puso en el nicho del altar mayor. Por la gran afluencia de los peregrinos y el peligro que pudiera ser deteriorada o robada la imagen, por seguridad, por la importancia que vino adquiriendo, se separó y está en un nicho especial, con alarmas y vidrios antibala, porque es una gran reliquia a nivel nacional.

Rafael Monreal Santiago, Delegado Municipal de Plateros a finales de los 90’s, afirma que aún recuerda que fue el padre José María Robles quien en 1960 aproximadamente separó al Niño de los brazos de la virgen María. Pero Francisco Javier Carlos Cárdenas, Ex-Rector del Santuario dice que la separación ocurrió en 1926, según algunos retablos en los cuales se agradece sólo al Niño, aunque los agradecimientos en solitario en realidad se remontan al siglo XVIII.

Sin embargo, y reforzando lo que señalamos anteriormente, es en 1816 cuando se autoriza formalmente la veneración al Santo Niño y se le separa de su madre y se le asigna un lugar especial en el altar del Santuario, según lo afirma el Dr. Gustavo Débora Rodarte, en su Monografía Histórica del Municipio de Fresnillo.

A la entrada del atrio del Santuario, hay un relieve de cantera que representa al Santo Niño, labrado en 1886 por el Maestro Montaño, y otra representación en el vitral de entrada, lo que nos remonta mucho más allá de 1960 para poder hablar de la separación del Niño y su Madre. Bien… nos vemos mañana por la tarde… muchas gracias...

 

 

 

Norma fue a despertar a Ricardo que dormía plácidamente.

-Amor… hablaron hace un rato, que viene a desayunar el Señor Arzobispo… levántate…

-Ahhh… gracias… ya voy… ya voy…

El escritor tomó un baño y, tras saludar rápidamente a Julián, se encaminó a su pequeño estudio. El sacerdote le siguió preguntando:

-A qué viene tanto nerviosismo? No me vas a decir que a estas alturas te pone nervioso mi ahijado...

-Que va… lo que pasa es que no encuentro una biografía que dejé por aquí y es el tema de mi charla de hoy…

-A caray… no será la que me diste ayer para revisarla?

-Sobre el primer cronista de Fresnillo?

-Sí… oye! Te está pegando el Alzhaimer o qué?

-Pues yo creo que sí… ni siquiera me acordaba de habértela dado…

-Tocan… debe ser mi ahijado...

-Voy en seguida…

Efectivamente, vestido de civil estaba a la puerta el Arzobispo Barrenechea.

-Pasa ahijado, pasa… que gusto verte y que hayas venido a las charlas de Ricardo.

-Buenos días… buenos días… cómo están todos?

-Bien Su Eminencia, saludó Norma. Pase por favor… ya tenemos listo su desayuno. Ricardo viene en seguida…

-Gracias… gracias… y esta chulada de chamaca? No saluda?

Pamela se acercó tímidamente al prelado y, extendiendo la mano, le saludo sonrojada.

-Buenos días… cómo le dijiste? Preguntó a su abuelita.

-Su Eminencia…

-Y eso qué es? Cuestionó sincera.

-Es una forma de tratamiento que se da a ciertos grados –llamémosles así– en la iglesia, contestó Julián. Es como a tu papa, que se llama Ricardo, pero le dicen Doctor porque tiene un doctorado en historia, o a su compadre, al que llaman Licenciado porque estudió Derecho… así, al Señor Arzobispo se le dice Su Ilustrísima, Su eminencia o Prelado…

-Pelado?... Qué es muy grosero?

-No Pamelita… Prelado… Prelado… acla-ró el propio Obispo. Prelado es una palabra genérica, para designar un eclesiástico revestido de una cierta autoridad.

-Ahhh… dijo sorprendida la pequeña.

-Bueno, bueno, dejémonos de charlas y vayamos a lo mero bueno, dijo el siempre hambriento Julián…

Al entrar al comedor ya estaba Ricardo dando los últimos toques a la biografía que buscaba con tanto afán. Levantó la vista, y se hizo el sorprendido.

-Y ahora? Quién invitó a este señor? Que no vive por allá en Michoacán? Dijo abriendo los brazo para recibirle con un caluroso abrazo.

-Tú dijiste que no necesito invitación, y ni modo, te tomé la palabra…

-Y así es mi querido amigo…

-Cómo van las cosas?

-Caminando… hoy voy a charlar sobre los hombres que han ayudado a difundir la devoción del Santo Niño de Atocha, empezando por Don Augusto Isunza Escoto, que fuera el primer cronista de Fresnillo y autor de algunos folletos y artículos sobre el tema.

-Bien… eso te saca del clásico librito que habla sólo de la historia y los milagros… hay que documentarse más y, sobre todo, hacer un homenaje a los que han participado en todo esto… que siempre son ignorados…

-Así es… de ahí mi poesía aquella de En vida, hermano, en vida… te acuerdas?

-Claro que me acuerdo… es esa que por joven e inexperto te han fusilado decenas de pseudo autores…

-Bueno… a desayunar, dijo Lucía, le hermana del sacerdote que entraba triunfante con una charola de tamales…

-Esa sí es plática de la buena, dijo jocoso Julián…

 

Mucho se ha escrito sobre el Santo Niño de Atocha y sus milagros, señaló Ricardo al empezar su charla de la tarde, todos y cada uno de aquellos que dedicaron un espacio en su tiempo para difundir la devoción del Santo Niño se merecen una mención. Sin embargo, a pocos se les ha identificado plenamente y, además, sería largo comentar sobre la vida de todos y cada uno de ellos. Pero… empecemos por alguien cuyo nombre no sólo quedó grabado en la historia por sus comentarios sobre el Santo Niño, sino que fue más allá y dejó un tremendo legado historiográfico a Zacatecas, hoy varias escuelas llevan su nombre. Me refiero al egregio Maestro Don Augusto Isunza Escoto, quien fuera Primer Cronista de Fresnillo.

El Dr. Gustavo Débora Rodarte, en su Monografía Histórica del Municipio de Fresnillo, se refiere a él como el hombre que dio a conocer en todos los ámbitos del país y más allá de las fronteras al municipio de Fresnillo.

Y señala: Fue un maestro que supo dialogar con todos y cada uno de los edificios con valor histórico y arquitectónico del Mineral de Proaño, que se dio a la tarea de investigar a conciencia los orígenes, los personajes y el devenir del solar nativo, transmitiendo en crónicas inconfundibles sus hallazgos. No satisfecho con lo logrado, supo plasmar en un documento que también forma parte de la historia el total de sus esfuerzos, añadiendo su interpretación personal de los hechos.

Don Augusto Isunza no nació en Fresnillo, era originario de Pachuca, Hidalgo, en donde nació el 9 de diciembre de 1908. Allá pasó su infancia adentrándose en los secretos de la impresión, labor a la que se dedicaba su padre Ángel Mario. A los doce años llegó a radicar a Fresnillo y encontró en la imprenta una muy honrosa forma de vida, lo que le lleva a escribir colaborando primero con El Heraldo, periódico que también publicaba su padre. Casa en 1924 con consuelo Sánchez Morales, procreando a cinco hijos: Miguel Ángel, Carlos Augusto, Rosa Amelia, María del Carmen y Augusto.

En 1959 presenta la primera edición de su Monografía de Fresnillo, punto de partida para muchas investigaciones realizadas por otros historiadores, incluyendo al posterior cronista –y autor de esta semblanza historiográfica- Dr. Gustavo Débora Rodarte. A principios de los sesentas, ingresa como docente a la Escuela Secundaria Federal Benito Juárez, y es nombrado Primer Cronista de la Ciudad en 1979, cargos que desempeñó hasta su muerte en mayo de 1987. Tenía entonces 79 años de edad. Una calle y varias escuelas llevan su nombre.

De ahí le siguieron Carlos Stephano Sierra, Monte R. Kenaston, Bernardo del Hoyo Calzada y Rafael Pinedo Robles, quienes no han dejado a un lado la ardua tarea de seguir investigando, protegiendo y registrando los pasajes históricos de Fresnillo, sin olvidar al Señor Canónigo Don José de Jesús López de Lara, autor igualmente del opúsculo El Niño de Santa María de Atocha, y a quien nos hemos referido varias veces –y nos seguiremos refiriendo- por la riqueza de sus conceptos.

Con todo, hay muchos otros que, usando técnicas modernas o bien las propias ahora llamadas redes sociales, difunden la historia de Fresnillo y con ella, obviamente, la devoción al Santo Niño de Atocha.

De los difusores de la historia no sólo de Fresnillo, sino de toda Zacatecas, nos encontramos con el Ing. Raúl Molina Merino, quien a través de la fotografía rescata el esplendor de las Haciendas de Zacatecas y los Pueblos Mágicos de este Estado. Raúl es actualmente el Presidente de la Academia Zacatecana de Literatura Moderna y de la Sociedad Académica de Historiadores Iberoamericanos en Zacatecas.

Otro historiador fresnillense que se ha preocupado por dejar registro, pero éste de la actividad minera, es Gilberto Cázares Hernández, poco conocido por su propia humildad, pero un gran hombre de letras.

Y qué se puede decir del Lic. Pablo Gaytán Briseño, un vecino muy cercano del Santuario que ha dedicado su vida a investigar los milagros del Santo Niño de Atocha y a darles vida pintando exvotos, a veces a petición del beneficiado, a veces por su cuenta. Hablar de estos dos últimos es harto interesante y hemos de dedicar un buen tiempo a hacerlo. Mañana, por ejemplo, hablaremos de la labor de difusión que hace Gaytán con sus exvotos y con otras formas diversas… aunque no son los únicos, pues mucha gente se ha dedicado a difundir la devoción por el Santo Niño...por hoy… un saludo y hasta mañana…

 

 

 

-Abuelito, dijo orgullosa Pamela, encontré Prelado en el diccionario de la Real Academia de la Lengua. Y dice: Superior eclesiástico constituido en una de las dignidades de la Iglesia, como el abad, el obispo, el arzobispo, etc.

-Ahhh… que bien… ya sabes buscar en el diccionario! Señaló el Arzobispo Barrenechea al tiempo que tomaba una taza de espumoso chocolates que le preparara Lucía.

-Claro… desde cuándo! Si voy en sexto año! Exclamó airada la pequeña…

-Perdón… no lo sabía, agregó el prelado.

-Bueno, pues en castigo… déme su bendición…

-Claro que sí, contestó Barrenechea dándosela en seguida, pero dime… porqué quieres mi bendición?

-Pues porque quiero ser como mi abuelito!

-Escritora?

-No… con muchas palancas para entrar directito al cielo!!! Dijo jocosa la muchachita.

-Por cierto, dijo Barrenechea dirigiéndose a Ricardo, no se te hace que te estás desviando del camino?

-Porqué?

-Porque eso de hablar de los señores esos… como que desvía la atención del tema, no?

-Dime una cosa… podría haber charlas sin Ricardo? Preguntó el escritor.

-Bueno, no… tu plática es interesante y ha dado frutos regando la palabra de Dios muy a tu modo..

-Bueno… pues ahí está contestada tu pregunta. Si no hubieran existido esos hombres, la difusión del Santo Niño de Atocha se habría visto mermada…

-No lo creo… la principal fuente de difusión es el pueblo mismo…

-Claro, pero cómo podría enterarse el pueblo vecino, por ejemplo, de la existencia de un milagro? Contándoselo el que fue agraciado con el milagro? Puede ser, pero sería una voz por una escucha. Mientras que esos hombres, con su labor, es una voz para miles de escuchas… me hago entender?

-Eso no lo discuto, pero estamos hablando del Santo Niño de Atocha, no de sus difusores…

-Pues yo pienso que a todos debe dárseles crédito. No acaso la iglesia, por medio de la historia misma, reconoce que fueron los Padres Josefinos los que dispararon la veneración del Santo Niño? Entonces porqué no darle crédito a esos ciudadanos comunes y corrientes en tan meritoria labor? No, mi querido amigo… los de Dios a Dios y lo del César al César…

-Bueno… pero no estás molesto, verdad? Cuestionó el Arzobispo que sintió un poco de molestia en la expresión del escritor.

-No… pero muchas veces te he pedido que no intentes influir en mis charlas. Tu visión clerical no camina al parejo de la mía, laica al cien por ciento. Tenemos la misma fe, pero la aplicamos de diferente manera. Yo respeto tu investidura… tú respeta la mía, y todos en santa paz… terminó diciendo Ricardo un poco serio.

No era la primera vez que chocaba con el Arzobispo, quien encaminaba los pasos del escritor siempre a una charla y luego desembocar en libro, pero a veces intervenía demasiado directamente y eso le molestaba a Ricardo que se sentía supervisado.

-Calma mi querido ahijado, dijo Julián, el viejo sacerdote al prelado. Recuerda que en ese aspecto Ricardo es muy delicado. Mejor deja las cosas por la paz. Mientras no tergiverse la información…

-Tienes razón! Yo y mi mala cabeza. Mejor me voy…

-No… porque Ricardo va a pensar que te fuiste molesto. Mejor al rato habla con él como si nada hubiese pasado… yo sé lo que te digo…

 

 

Ayer decíamos que hablaría sobre la vida de dos hombres contemporáneos que han dejado huella en la historia de Fresnillo, Plateros y, obviamente, la veneración al Santo Niño de Atocha. Se trata del escritor Gilberto Cázares Hernández y del Lic. Pablo Gaytán Briseño, inició comentando Ricardo su charla del día

Javier Pérez Borjón, nos dice que El Sr. Gilberto Cásarez Hernández con gran humildad relata sus vivencias, tanto trágicas como cómicas, que le han sucedido; sin embargo, al nunca haber estado en la escuela, escribe los sucesos con una sencillez que nos involucra en sus tramas, haciéndonos sentir coraje, tristeza, decepción, alegría y varios sentimientos más.

Su nobleza, dignidad y la convicción de superación, ha hecho que se enfrente a las adversidades de la vida con la frente en alto y con singular alegría que si la vida diaria fuera una universidad, él ya estaría graduado con honores.

Por su parte, Rita Patricia Briseño Quintero, que hace la presentación de su libro Relatos Mineros –Premio Conaculta 2002– señala:

Gilberto Cázares H. es un minero que nació en Salaverna, Mazapil, en el año de 1940. A la edad de cinco años tuvo que emigrar de Salaverna, en compañía de sus padres y sus heramnos, debido a la hambruna que azotó a la población por el paro de las minas…

...se convierte en la voz narrativa que expresa los valores y anhelos de su grupo social… el sufrimiento y la injusticia que ese sector padeció entre 1945 y 1986, asumiendo la triple connotación de testigo, actor y juez.

Cázares también nos revela una presencia innegable en sus textos: la presencia de Fresnillo.

Caso especial es el del Pbro. Ángel Campos Mota que fuera Rector del Santuario y quien nos recibiera con una actitud de lo más amable y abierta. Su dedicación y esfuerzo no se concretó a la mera administración del Santuario sino que, gracias a su atingencia, personal del Instituto Nacional de Antropología e Historia descubrió restos de probables pinturas Josefinas, al llevarse a cabo la restauración de los muros del patio de la parroquia. Por tal motivo, se llevaron a analizar pedazos de estas obras, con miras a confirmar el origen del hallazgo.

El sacerdote comentó que en la reconstrucción del penitenciario se encontraron con algunas pinturas similares a las que fueron descubiertas, por encima de los confesionarios, las cuales al ser confirmadas fueron restauradas. Y debido a los colores tan particulares que se observan en estas obras, como son el verde y el amarillo, levantó la sospecha de que se trate de murales pintados hace poco más de un siglo por los padres Josefinos, quienes se destacaron por la gran labor que realizaron con la comunidad Huichol a principios del siglo anterior y la construcción de la Casa de Ejercicios en la localidad.

Agregó que en aquellos tiempos era muy común que en las paredes se pintaran cenefas con pigmentos de tierra, donde destacan figuras como árboles.

Bajo su manejo se logró un avance del 90 por ciento en la restauración del ala derecha del patio del Santuario, pues debido a los retablos que colocan los fieles se dañó, ante esta situación se utiliza una cal natural, la cual se extrae de colocar la piedra caliche en agua y al hacer contacto comienza a hervir hasta que se deshace y queda asentado el material.

Él mismo, de forma por demás amable, nos llevó y permitió la entrada al lugar en donde se encuentra resguardado el cofre en forma de cruz que guardara al Cristo que diera lugar a toda esta historia. A él se debe también la letra del canto que es casi obligado por los peregrinos al llegar al Santuario.

 

Con Gran Gozo Los Romeros

(Letra: Pbro. Ángel Campos Mota)

 

Con gran gozo los romeros
vengan todos a adorar
al Dios-Niño de Plateros,
fuente de toda bondad.

 

Desde Atocha el Santo Niño
ha brillado con su faz,
a alumbrar nuestro camino,
viene a darnos hoy su paz.

 

Te llamamos “Manuelito”,
con nosotros Hombre-Dios,
hecho hermano pequeñito,
por ti vamos al Señor.

 

Con su “guaje” y cantimplora
viene a darnos hoy solaz,
ya que a todo fiel que implora
su sed siempre calmará.

 

Su canasta es alimento,
para todos tiene pan,
su Palabra es nutrimento,
vida nueva nos dará.

 

 

Su bastón de peregrino
es alivio del mortal,
que por todos los caminos
al Edén conducirá.

 

Con tu risa y con tu pluma
eres Niño sin igual,
pues si las penas abruman
esperanza tú les das.

 

El Santuario de Plateros
en un solo corazón
hoy te canta muy sincero:
“gracias, gracias, mi Señor”.

 

El recuerdo del Padre Ángel Campos Mota será difícil de borrar por su dedicación y entrega.

Antes de despedirnos, nos hizo entrega de varios ejemplares publicados en relación al Santo Niño de Atocha y su devoción.

A finales de septiembre del 2017, el Padre Campos fue cambiado de responsabilidad. El Padre Ignacio Torres Sán-chez es el nuevo Rector del Santuario de Plateros. El Obispo de la Diócesis de Zacatecas, Sigifredo Noriega Barceló,  ofició la Misa de cambio a finales de septiembre del 2017.

Empezaba una nueva etapa para el Santuario.

Uno más que ha sido innegable promotor de la fe del Santo Niño es el Pbro, y Lic. Juan Pereyra y Nieves, también ex-rector del Santuario, que recopilara las cartas dejadas como testimonio de los milagros recibidos por miles de fieles en su libro Cartas al Santo Niño de Atocha, y de las que hablaremos un poco más adelante.

Plateros es la tierra de la fe y los milagros, como lo pregona el arco que da la bienvenida a los visitantes.

Ahí se vive la comunión con Dios en un ambiente de sobriedad, pero impregnado de dulzura, una dulzura representada por la inocencia de un niño.

Es la omnipresencia de Dios en su hijo hecho hombre que, en la imagen de su niñez, se preocupa por las necesidades de sus fieles y devotos.

Mañana… mañana será otro día… Dios les bendiga….

 

 

 

 

 

-Ricardo, buenos días, dijo el Arzobispo con cierta timidez ante lo sucedido el día anterior.

-Buenas ensotanado, contestó el escritor borrando de un plumazo las diferencias de opinión surgidas horas antes.

-Traje tamalitos, dijo más espabilado el prelado, y tu Coca...

-Huyyy...pues pásale ahijado… esa es la mejor visa en esta casa… clamó entusiasmado Julián, el viejo sacerdote.

-Pero me los trajo a mí… dijo airado Ricardo.

-Para todos hay, dijo el prelado, para todos hay… traje suficientes hasta para invitar a los vecinos…

-No… pues siendo así, creo que podemos guardar unos cuantos para el rato, cuando dé hambrita… señaló goloso el sacerdote.

Todos se sentaron a la mesa y disfrutaron de un desayuno opíparo y muy mexicano.

-Ricardito… ya empezaste a escribir el libro sobre el Santo Niño de Atocha? Cuestionó provocativo Julián…

-Y a ti qué te importa, viejito metiche…

-No… nomás decía…

-Pues no ande metiendo cizaña, que al fin y al cabo su eminencia sabe que de todos modos lo hago… aunque, eso sí, a mi manera!

-Claro, claro… te prometo ya no volver a meterme… te lo juro….

-Termínese entonces el tamal… que aquí no se desperdicia, dijo jugando el escritor.

-Así será… así será…

 

 

-Buenas tardes… gracias por venir… hoy nos adentraremos en los milagros concedidos por el Santo Niño de Atocha, pero antes, debemos conocer a uno de sus principales promotores, ese que ya citamos y dejamos para ahora… el Lic. Pablo Gaytán Briceño...

Pablo nació en Plateros, municipio de Fresnillo, Zacatecas, el 18 de junio del año de 1967, el mayor de un total de ocho hermanos cuyos padres fueron Juan Gaytán Sotelo y Antonia Briceño Montaño. A la fecha está casado con Claudia Verónica Burciaga García con quien procreó cuatro hijos: Nancy Evelin, Juan Pablo, Fabián y Ana Estefany.

Su primaria la cursa en el Colegio Miguel Hidalgo de Plateros, la Secundaria y Preparatoria en el Colegio Fresnillo, de Fresnillo, Zacatecas, y la carrera de Licenciado en Derecho en la Facultad de la Universidad Autónoma de Zacatecas.

Los ex-votos han formado parte de su vida desde siempre, puesto que creció dentro del fervor y manifestaciones de los visitantes devotos del Santo Niño de Atocha. El desarrollo que ha tenido como artista de la pintura va de la mano de los ex-votos que, en gran medida, son de acervo popular casi anónimo y pocos son firmados por el autor. En pocas palabras, es retablista y pintor de manufactura autodidacta, inquietud que le nace y desarrolla desde temprana edad.

Varias fueron las influencias que le fueron forjando como dibujante primero, luego como pintor, como el empezar con empeño a realizar algunos trazos de caricaturas que tomaba como modelos antes de ingresar a la escuela, lo que hacía que sacara sendas risotadas de mamá con aquellos primeros intentos. En el primer grado, la religiosa que les instruía colocaba láminas ilustrativas para que los alumnos las dibujasen, lo que se hizo constante y donde siempre destacó desde entonces. En los ciclos sucesivos recibió muchos incentivos por parte de las religiosas del Colegio, como el regalo de libretas de dibujo, colores y otros materiales.

El Colegio y la casa de las religiosas que lo atendían formaban parte de las instalaciones del Santuario del Santo Niño de Atocha, además de la cercanía a su casa. El hecho de que asistiera al Coro de niños y sirviera como acólito, hacían una constante en el recorrido por esos pasadizos que hacían que se viera inmerso en ese fantástico mundo de ilustraciones en lámina plagados en los muros, conteniendo cada retablito una historia que alimentaba día a día su asombro y admiración.

Casi por terminar la primaria, surgieron los primeros encargos de algunos promitentes que le planteaban el asunto a su tío Jesús, en su local de venta de artículos religiosos, quien tomaba los datos del milagro, lugar, fecha y nombre del o los agradecidos. Las primeras sugerencias fueron dibujar un señor, una señora o ambos, una familia de rodillas como dando gracias, le pegaba una estampita... y listo; también pintar un enfermo o enferma postrado en una cama que son los más comunes.

Su tío, al ver que aquella demanda cre-cía le hizo entrega de una libreta de dibujo y le sugirió llenar las páginas de diversos milagros y él se encargaba de escribirle el texto, lo enmarcaba y quedaba listo para cumplir la promesa.

Sus inicios en este oficio lo ubica a finales de los años setentas y, desde entonces, lo hacía con dibujos y con materiales convencionales como cartulinas y colores. El dibujo se enmarcaba, desde luego ilustrando el hecho particular, con otros contenidos como la imagen, la narración y en ocasiones fotografías y milagritos. A medida que fue desarrollando otras técnicas, y según los requerimientos del promitente, empezó a trabajar sobre triplay y finalmente el retablo tradicional sobre lámina y pintado al óleo.

Durante su crecimiento dentro del oficio de retablista fue muy importante ver y aprender del trabajo de otro de sus tíos a quien le gustaba mucho pintar pasajes de la Biblia y Santos sobre tela. Otra fascinación por los ex-votos va relacionada con los acontecimientos históricos y socioeconómicos que narran cada una de las laminillas, ya que además tuvo el privilegio de conocer en su adolescencia al Sacerdote J. Jesús López de Lara, eminente historiador de la Diócesis de Zacatecas, a quien ayudó a labores de numeración y clasificación de ex-votos a principios de los ochentas.

Toda la incursión que ha tenido sobre el arte del dibujo y la pintura parte de los ex-votos, puesto que ha realizado trabajos de carteles conmemorativos, ilustraciones de revistas, caricaturista, y fungido como maestro de dibujo y pintura en Centros de Desarrollo Comunitario.

La elaboración del Escudo de Identidad de Plateros también estuvo a su cargo, bajo la asesoría y supervisión del Pbro. J. Jesús Ló-pez de Lara, donde se plasma todo el legado histórico de ese lugar y cuyo lema es FIDEI ET PRODIGIORUM VICUS La tierra de la Fe y los Milagros, cuyos milagros le formaron artísticamente y cuya historia fue un referente en él para tener una pasión por los acontecimientos del pasado.

Todo lo anterior le motivó para crear y administrar una página en Facebook que tratara un poquito de todo lo que sucede en esta comunidad de Plateros, y de manera especial en el Santuario del Santo Niño de Atocha, misma que cuenta con más de 15,500 seguidores, cuya dirección es Plateros Es… y que precisamente trata un poquito de todo, historia, tradiciones, milagros. 

En pocas palabras, Pablo Gaytán Briceño se ha convertido en la voz del pueblo diseminando el agradecimiento del pueblo mismo. Una forma de agradecer al Creador los favores recibidos…

-Cómo tú lo haces con tus charlas y tus libros, mi querido amigo, señaló el viejo sacerdote.

-Efectivamente… Pablo es el medio idóneo para que el agradecido fiel plasme su respuesta al Santo Niño. Pero son miles!!! Miles de fieles agradecidos que han dejado testimonio de esos favores recibidos.

Entre los primeros testimonios se cuenta que un hacendado no consiguió peones para segar su trigo, y fue auxiliado por un mozuelo ágil y misterioso que dijo llamarse Manuel de Atocha. El agradecido propietario puso unas espigas de oro en la mano del “Niño Santo”.

Maximina Esparza, una mujer de vida alegre, es liberada de la cárcel de Durango por un joven muy formal, que ante el juez se hace cargo de ella, declara que es hijo de María de Atocha y que vive en Fresnillo.

Llegan a juntarse tantos exvotos, que recordemos que en 1883 se construyó un edificio especial, el salón de retablos, para albergarlas y ser un museo del santuario.

Obviamente, se vinieron tantas variantes de la figura real del Santo Niño como creyentes dibujaban. Y entraron los dibujantes oficiales, o profesionales al menos.

Algunos de los litógrafos primeros creyeron oportuno poner sobre la cabeza del Niño la paloma simbólica del Espíritu Santo. En otra estampa aparecen a los lados de la imagen dos preciosos jarrones de porcelana, que luego repetirán en diversas formas.

Poco a poco las distintas reproducciones litográficas fueron difundiendo la imagen de un “Santo Niño de Atocha que se venera en Plateros“ pero que los peregrinos nunca encontraban. Se corría la voz de que el Niño de ordinario no estaba en el Santuario, pues salía a dar ayudar a sus devotos. Los capellanes tuvieron que dotar a la pequeña imagen de los atributos con que se la representaba y fue necesario arrancarla de los brazos de su Madre para darles autonomía y presentarla a la veneración de los fieles.

A fines del siglo XIX magníficas oleogra-fías alemanas decoraban los hogares de nuestros antepasados. Se mandó hacer un cromo del Santo Niño de Atocha y resultó muy hermoso. Maltrecho y recompuesto se conserva en el Santuario de los Plateros un ejemplar de esa primera edición, que dio origen a incontables reproducciones más o menos afortunadas. Una antigua estampa litografiada por Murguía en México representa a Santa María de Atocha con el Niño en los brazos llevando ya las insignias de sombrero, báculo, canasta, guaje y huaraches. Una de esas imágenes ya era muy venerada hacia 1850 en un barrio de San José de la Isla, estado de Zacatecas y su culto va en aumento hasta el presente. Pero lo admirable es que a esa imagen de María se llama el Santo Niño de las Cumbres: no es posible separar las dos imágenes como se ha hecho en Plateros.

Cuando el maestro Montaño labró el arco central del atrio, en 1886, puso en un medallón la imagen del Santo Niño de Azul el peregrino, el de la oleografía, el que se venera en Plateros.

La investigación de Ivonne Lange, directora del Museo de Arte Folklórico Internacional de Santa Fe, Nuevo México confirma la hipótesis en este folleto: El Santo Niño de Atocha que se venera en Plateros es el centro de una gran devoción muy popular en todo México, no sólo incluyendo sus antiguas provincias del norte, ahora bajo la hegemonía de los Estados Unidos, sino que ha llegado hasta la antigua basílica madrileña de Atocha. Caso muy raro de una devoción mexicana trasplantada a España.

A principios del siglo XX (1903-1919) los religiosos josefinos tuvieron a su cargo el Santuario y propagaron mucho la devoción del Santo Niño. Difundieron fotografías de la imagen como es en realidad. Esa vera efigie se ha reproducido en postales, estampas, medallas y esculturas. Sin embargo, los artistas y artesanos gozan de amplias facultades para retocar e interpretar. Muchas gentes ya saben que ese Niño de Atocha más bello, vestido de azul no existe ni en España ni en México pero buscan con avidez sus imágenes y proyectan esa figura ideal sobre el Niño que besan reverentes en Plateros, y no se cansan de decir al mirarlo: ¡Qué lindo! ¡Qué bonito es!

Una reflexión seria sobre las diversas representaciones del Santo Niño de Atocha nos permite presentar estas conclusiones: todas las imágenes del Santo Niño, aunque se le represente en diversas edades, se refieren al único Niño de Santa María de Atocha que se venera en Plateros, cerca de Fresnillo, en Zacatecas. El culto a esta imagen ha nacido de la fe y del amor de pueblo mexicano, que cree con firmeza en el Hijo de Dios hecho hombre, lo ama con ternura al recordar el misterio de su infancia y lo asocia indisolublemente a María su Madre. Ahí están los testimonios en ese salón-museo del propio Santuario. Hasta mañana jóvenes...

 

 

Pamela regresó temprano de la escuela. Le urgía hablar con su abuelo.

-Abuelito… me voy a la Olimpiada de Inglés… me ayudas?

-Claro que sí… bien sabes que a mí me da mucho gusto ver como te superas… pero quiero aclararte que tu carácter está cambiando mucho y te has vuelto un poquito grosera con nosotros… y que no me vengan con el cuento de que es propio de la adolescencia, porque a ti todavía te falta… te quiero, y te quiero mucho, no tienes idea de cuánto, me enorgullece saber de tus éxitos y acepté con gusto esa puntada tuya de ir quitando mis reconocimientos de la pared de la sala para irle dando espacio a los tuyos… pero no me gustan esos cambios de unos tuyos y menos que nos trates como si no existiéramos…

-Ay abuelito… como tú dices, son cosas de la adolescencia…

-No… y espero sinceramente que vuelvas a ser la niña amable y cortés que eras… pero… bueno… en qué te puedo ayudar con eso de la Olimpiada?

-Ahhh pues con lo del pasaje, la inscripción y los gastos!!!

-Ahhh ya salió el peine… bueno, cuenta con ello… pero quiero que te esfuerces para ganar, pero que no sea un obsesión. Si no ganas, te queda el orgullo de haber participado… no todos llegan a eso…

-Sí abue… no te preocupes… y gracias… te prometo que me voy a portar mejor con ustedes…

 

 

-Buenas tardes, dijo Ricardo para iniciar su charla...

-Oye Compadre… antes de que empieces, quiero que me aclares muy bien eso del Cristo y la mula…

-Bueno… Hay diversas versiones sobre la llegada del Cristo al templo en torno a su origen e instauración como la principal imagen de culto en Plateros. Una afirma que se trata de un Cristo abandonado por los viajeros en los avatares de la guerra chichimeca que hizo desaparecer pueblos y misiones en el primer siglo del virreinato. Otros aseguran que fue traído por los españoles y que en el trayecto de Veracruz a Durango -su destino- un portento hizo que se quedara en San Demetrio, pues la mula que lo cargaba entró en una casa y el Cristo no

cupo por la puerta cuando quisieron sacarlo. Esta narración seguramente está inspirada en el relato de Manuel Payno, o bien, éste la tomó de la tradición popular.

Según la versión del escritor, unos plateros conducían en un cajón la imagen del Cristo

crucificado rumbo a Durango y, sorprendidos por un fuerte aguacero, pasaron la noche en una loma inmediata a Fresnillo. Después se sentaron junto al fuego para comer y platicar sobre la posibilidad de hacerse ricos y de pedírselo al Cristo. Los plateros se arrodillaron delante del cajón que contenía el Santo Cristo, le rezaron fervorosamente... se durmieron... y la mañana siguiente... los primeros rayos del sol se reflejaron sobre un nítido y brillante tejo de plata. Los plateros no siguieron adelante con la imagen, sino que comenzaron a trabajar las minas, y a poco tiempo edificaron una capilla al Señor de los Plateros. Posteriormente, debido al cariño y la devoción despertados por esta imagen, el nombre del lu-gar cambió de Real de Minas de San Demetrio a Plateros, según registra Fco. Javier Carlos Cárdenas.

Por cierto que no hace mucho el Cristo de Plateros fue totalmente restaurado por Don Miguel Juárez López, un profesional en el medio que, más tarde, daría una serie de conferencias con el finado fundador de la Asociación Fresnillense de Estudios Históricos y Actividades Culturales, Don Héctor Talavera y Gómez.

En fin… que sea como sea, ahí está el Cristo de Plateros que ha sido opacado por Él mismo pero en su representación de niño...el Santo Niño de Atocha…

La importancia que llegó a adquirir la devoción por el Santo Niño fue mayúscula. Infinidad de personajes de la política, del ámbito artístico, social y económico, incluso el deportivo, llegaron hasta sus plantas para pedir… y luego para agradecer...

Entre estos podemos citar a Diego Rivera y su inseparable Frida Kahlo, que por cierto tienen retablos pintados por ellos mismos; incluso montaron una exposición de exvotos del santuario de Plateros en el Museo Casa Estudio de ambos; poetas, escritores, novelistas, periodistas y artesanos forman parte del séquito del Santo Niño de Atocha.

Ricardo Monreal Ávila, ex gobernador del Estado de Zacatecas, asistió al Santuario del Santo Niño de Atocha con objeto de agradecerle su triunfo en los comicios del año 1998.

Encomendado plenamente al Santo Niño de Atocha, Ricardo arrasó las elecciones y ganó la gubernatura de Zacatecas, pese tener todo en su contra todo un sistema político complejo, salió avante de aquella situación que para muchos fue un sexenio bueno.

Muchos son los que se podrían nombrar, como el charro zacatecano inolvidable, Don Antonio Aguilar, que nos legara más de 50 películas, o la propia María Antonieta Collins, reportera que no una sino varias veces realizó reportajes sobre el Santo Niño de Atocha.

-Oye Ricardo, pero no a veces la fe raya en el fanatismo?

-Cierto… muy cierto… como es el caso de los modernos ladrones de combustibles, gas y gasolina, a quienes se les ha dado en llamar “huachicoleros”. Ellos, anónimamente, incluso han modificado la imagen del Santo Niño de Atocha, colocando un bidón en una mano y una manguera enrollada en la otra, y le llaman pomposa y descaradamente El Santo Niño Huachicolero… lo que no deja de ser una anatema de lo más bajo.

Pero no creas que el Santo Niño se deja… no… se defiende y busca la manera de mostrar su preponderancia sobre el mal y sus detractores. En un día de abril del 2007, a la media noche del martes 11, decenas de fieles católicos vieron la figura del Santo Niño de Atocha en el remate de la cúpula de su santuario. Decenas de mujeres, hombres y menores de edad, provenientes de Durango, venían a "pagar" sus mandas, a dejar testimonio de que la fe está viva, de que la esperanza se renueva.

Entonces ocurrió lo inesperado. En uno de los grupos de creyentes se encontraba un infante, que a la mitad del camino hacia el templo dijo:– “¡Mira mamá, el Niño de Atocha salió a recibirnos, está arriba de la iglesia”.

La voz del menor de edad llamó la atención de sus acompañantes, quienes voltearon la mirada hacia la cúpula del templo. Incluso hubo quienes aseguran que se movía, que perfectamente se le veían las manos, que pare-cían estar muy contento.

La algarabía despertó a vecinos y comerciantes. En cuestión de minutos la explanada del santuario se inundó de expectantes familias, de miles de personas que atestiguaban la “milagrosa aparición”. Los más se arrodillaron, lloraron de alegría. Pasaron cerca de 2 horas y hasta entonces comenzó a dispersarse la gente, pero al amanecer las radiodifusoras de Fresnillo daban cuenta del insólito hecho.
Los sacerdotes encargados del santuario no reconocen pero tampoco niegan lo ocurrido. Gracias a los medios modernos, algunos fieles tomaron fotografías, no muy claras, pero testimoniales al fin del hecho. Sin embargo, tras ilustrar las notas y comentarios subidos a las redes sociales, de manera misteriosa las fotos fueron borradas dejando sólo las referencias.

Pero no para ahí. Un altar improvisado, veladoras y mandas ya adornan una pared donde se observa una silueta que devotos aseguran se trata de la aparición del Santo Niño de Atocha en la popular colonia La Virgen, de la capital del propio Durango.

La imagen en azul y blanco se dejó ver luego de desteñirse la pintura con siluetas definidas tras secarse el muro después de algunas lluvias ligeras.

“Los vecinos de la colonia La Virgen, habían visto una imagen del Santo Niño de Atocha que quedó marcada en una pared y pues han ido a orar, incluso a hacer oraciones con ese motivo y bueno nosotros desde luego que respetamos el fervor popular de la gente”, señaló Noé Soto, vocero de la Arquidiócesis de Durango.

La noticia de la aparición del Santo Niño De Atocha, ocurrió durante el fin de semana y atrajo a curiosos y devotos de partes lejanas de la entidad.

“Sí, de hecho hay mucha gente de por aquí que hasta veladoras ha llevado”, indicó Guillermina Delgado, devota.

La Iglesia Católica confirmó que se trata del primer caso durante el 2018 de una aparición que se encuentra en vías de verificación.

“Este año no ha habido. Es la primera vez que tenemos e insisto habría que hacer verificaciones y desde luego para el aumento de nuestra fe nosotros tenemos santuarios reconocidos por ejemplo en este caso del Santo Niño de Atocha, sabemos que está el de Fresnillo, Zacatecas, donde mucha gente va con sus ofrendas”, agregó Noé Soto, vocero de la Arquidiócesis de Durango.

Bueno… al pobre Niño lo involucran incluso en el futbol y, en pasados campeonatos mundiales, para encomendarle a la Selección Nacional, le visten como uno de los jugadores de ésta. Pero tal parece que al Santo Niño no le gusta el futbol porque, por más que lo visten de verde, la selección no llega ni a cuartos de final.

Pero el Santo Niño también viaja. El 2013 se anuncia la Séptima Visita del Santo Niño de Atocha, que viene desde su Santuario de Plateros en Fresnillo, Zacatecas. Fue a visitar a sus fieles devotos en el sur de California. Estyvo en la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe en Santa Paula del 25 de mayo al 9 de junio del 2013.

-Don Ricardo… y qué es lo que más piden los fieles? A San Judas Tadeo le piden la solución de causas imposibles, a San Antonio un buen matrimonio….

-Pues al Santo Niño le piden de todo… Hay algunos datos, no del todo rigurosos, pero que de una u otra manera dan cuenta de las solicitudes que se realizan; “salud (26%), accidente (16%), prisión (14%), reunificación familiar (9%), legalización (8%), favor y manda (6%), trabajo (5%), asalto (4%), no definidos (4%). Cabe destacar que se encontraron varios testimonios de la Segunda Guerra Mundial; Vietnam y del Golfo Pérsico, tanto en español como en inglés”… sin embargo, ya lo veremos mañana con calma… buenas noches a todos y gracias por su presencia…

 

 

 

 

El Arzobispo Barrenechea ya no esperaba invitación a desayunar… llegaba a diario pero eso sí… con sus tamales, sus picadas, sus tacos… en fin, siempre llegaba cargado de algo apetitoso, lo que alegraba el corazón… perdón, el estómago de Julián, el viejo sacerdote.

-Buenos días… clamó el purpurado al llegar.

-Buenos días... corearon las señoras que ya se encontraban en la cocina.

-Ya se levantaron esos flojos? Cuestionó.

-Ya Monseñor… desde muy temprano se encerraron en el estudio de mi marido y no dan señas de salir, dijo Norma un poco extrañada.

-Bueno… pues ellos se lo pierden… porque hoy traje una barbacoa de chivo de esas que le gustan a Normita…

-Hombre, gracias… Dios se lo ha de pagar Monseñor…

-Bah… que gracias ni que nada, es mi cuota por venir a darles lata… pero ya se va a acabar pronto…

-Cómo? Exclamaron a coro Lucía y Norma.

-Sí… tengo que regresar a Morelia… pero hay les dejo a Julián… me lo cuidan…

-Naturalmente… pero siéntese… vamos a empezar porque si esperamos a que salgan, todo va a estar helado…

-Eso creen!!! Exclamó jocoso el viejo sacerdote que llegaba seguido de Ricardo. El olor llegó hasta el despacho y no vimos obligados a hacerle los honores a mi ahijado…

-No… por sí… dijo riendo el purpurado.

 

Terminado el desayuno y sabedores ya de la noticia del regreso del Arzobispo a Morelia, se regresaron al despacho con el pretexto de tomarse un cafecito… y claro… comentar el hecho.

-Porqué la prisa ahijado? Preguntó abiertamente el sacerdote.

-Porque hay algunos problemas de inseguridad por allá y debo estar presente…

-Cuidado Monseñor, dijo realmente preocupado el escritor, no trate de jugar a las patadas con Sansón… que las autoridades sean las que se encarguen de la seguridad…

-Lo sé… pero mi presencia da fortaleza a mis fieles… y quizá pueda frenar alguna que otra locura de algún superhéroe que surja entre la comunidad…

-Y sales...cuándo?

-Mañana muy temprano… por hoy, me vas a tener que aguantar, le dijo cariñoso a Ricardo.

-Sea por Dios…

-Me tendrás al tanto de tu libro?

-Claro Monseñor, claro…

Un extraño silencio invadió el despacho. Nadie habló. Nadie hizo comentario alguno más…

 

 

El Presbítero y Licenciado Juan Pereyra Nieves, llegó como Rector del Santuario de Plateros, nombrado por el entonces Obispo de la Diócesis de Zacatecas, el Cardenal Javier Lozano el 4 de junio de 1986, rigiendo hasta 1999.

Llegó, según sus propias palabras, abrumado por la inmensidad de fieles que se acercaban al templo llegados desde todas partes del mundo. “Sentí que era una gran responsabilidad”, señaló.

Sin embargo la religiosidad popular, las manifestaciones de fe, una fe infantil –afirma– que se manifiesta no sólo en los retablos o exvotos dejados como fieles testimonios de miles de miles de milagros… y las cartas, entregadas en mano propia o dejadas en calidad de exvoto, despertaron en él una pasión tremenda por organizar, analizar y, sobre todo, redimir esos testimonios.

Uno de los pasos más hermosos fue el que diera cuando, al darse cuenta de que los milagritos de oro y plata se contaban ya por cientos de miles, tomó una determinación que narra en su libro con soltura y sencillez:

Cierto día llegó un hermano que me pidió que le vendiera unos kilos de milagritos…!!! Mi respuesta fue espontánea: No puedo hacer ni un solo milagro, ¿cómo puedo vendértelos por kilo?.

-Padre… me refiero a los milagritos de metal…

-Ahh… esos milagritos no te los puedo vender…

Ahí se dio cuenta de que su obligación canónica era exponerlos para que el público pudiese verlos, para que se dieran cuenta de cuánto agradecen otros fieles los favores recibidos. De tal suerte que tomó la determinación de que hablábamos…

 

Se me ocurrió pedirle a las Madres Capuchinas que hicieran algunos cuadros religiosos con los exvotos. Resultaron una verdaderas artistas por la forma en que fueron realizando las imágenes que están –ahora– expuestas en la Casa del Peregrino.

Esos cuadros ya fueron incluso exhibidos en la Casa de Frida Kahlo en la Ciudad de México y, para muestra de esa virtud, les traje las fotos de un par de ellos y del salón en que se exhiben.

 

Pero más adelante se topó con otro tesoro: los miles de cartas que los peregrinos enviaban al Rector, al Vicario o simplemente depositaban en calidad de exvotos agradeciendo los favores recibidos y narrando una pequeña historia del porqué y el cómo del milagro.

 

El propio Rector Pereyra Nieves relata: Y vino otro filón de ese contacto benéfico que me dejó estupefacto: El rico contenido de fe, de confianza, de familiaridad palpable con Dios a quienes sienten de una manera muy especial en la imagen del Santo Niño y que se constata en las Cartas que los devotos escribía a diario… cuando me di cuenta de que muchas de esas cartas traían un pedazo de alma de quien las escribía, sentí que era mi obligación leer personalmente cada una de ellas y darles una respuesta personalizada… no me arrepiento de haberme abocado a esta hermosa aunque, a veces, dura tarea…. Pronto pensé que sería interesantísimo recopilarlas y, en alguna ocasión, publicarlas, ya que en la lectura de cada párrafo invitaría a reavivar nuestra fe en Dios y en su hijo hecho hombre: El Santo Niño de Atocha.

Algunos párrafos se publicaban en la hoja dominical del Santuario pero eso tampoco satisfizo al presbítero y decidió hacer su libro.

El contenido de las cartas es altamente sensible, social y espiritualmente, ha servido para que muchas personas recapaciten en su vida y reflexionen sobre su comportamiento. El libro lo pueden adquirir directamente en el Santuario y, francamente, vale la pena leerlo.

Yo creo que un hijo descarriado en vicios y pecados, entregado a la mala vida, alejado de Dios, no podrá quedar indiferente ante la lectura de algunas cartas que han escrito madres afligidas por la triste situación de su hijo y de su familia, agrega el Rector.

Así, se dio a la tarea de seleccionar y clasificar las cartas, dividiéndolas en Cartas de Alabanza; Cartas para la Sociología de la Religión, Cartas con expresiones de fe, Cartas de petición, Cartas de Acción de Gracias y Cartas de prisioneros.

Mas lo que hay que resaltar de ese hermoso trabajo es la constante de –como él mismo le califica– una fe constante, ingenua, infantil, incluso en personas de edad avanzada; una fe que se pone de plano y de pleno en manos de Dios “quien todo lo puede y todo lo sabe”, una fe que bien puede ser calificada de ignorante o poco ilustrada, pero sincera, enraizada, digna… profundamente cristiana, auqneu enredara siempre las cosas y le pidiera Al Santo Niño de Atocha que intercediera ante Jesús... para alcanzar el favor deseado, olvidando o confundiendo que uno y otro es el mismo, dos advocaciones del propio Jesús, una de niño, otra de adulto.

Casi lo mismo que hacemos nosotros cuando confundimos a Jesús, hijo del Padre, con el propio Dios, padre del hijo hecho hombre.

Al respecto, dice el Padre Pereyra:

Es cierto que muchas personas...no acaban de ver con claridad que el Santo Niño es una representación del mismo Dios hecho hombre y por eso tienen expresiones como: Primero a Dios y luego al Santo Niño…

Ana María Fernandez Poncela, a quien ya hemos citado en esta charla comenta que acudir al Santuario es una tradición motivada por la solicitud de algún favor o milagro y el agradecimiento por la concesión del mismo. El ritual se escenifica generalmente en grupo; en pocas ocasiones alguien va solo. Lo más usual es que acudan familias compuestas por tres generaciones, abuelos, padres e hijos, o bien, grupos de amigos.

Tanto la peregrinación como el ayuno forman parte del ritual.

A veces nuestras familias hacen la promesa de venir, no sé, por el descanso del alma de alguien, una manda. Con la muerte de mi abuelita, vinimos toda la familia, por su alma, vinimos todos. Caminamos, ayunamos y estuvimos en misa afirma Yolanda González, de 17 años.

Los visitantes ofrecen un retablo, un milagrito o una veladora, además, objetos como cartas, notas, fotos, mechones de cabello, vestidos o adornos especiales, una botita de lana de recién nacido, la corona del traje de novia, el yeso de una pierna, etc.

La gente suele poseer imágenes caseras que evocan al Niño, a veces como parte de la devoción familiar en la intimidad del hogar, o las cositas típicas y llaveros, señalaron los comerciantes situados en las inmediaciones del templo.

Las imágenes las llevan a bendecir en la misa o en la sacristía, y van con más seguridad el llevar un santito ya bendito, señala Cruz Gaytán, de 30 años.

Hay comerciantes con puesto provisional en el atrio, en la calzada que llega al atrio de Fresnillo. Incluso, todas las calles aledañas al Santuario están plagadas de comercios, hospederías y hoteles al servicio de los peregrinos.

La literatura también da cuenta de la devoción a la imagen del santo Niño de Atocha, como en la obra de Juan Rulfo, en la de Elena Poniatowska –Hasta no vernos, Jesús Mío- o en la de ensayistas como Eduardo Galeano.

También ha inspirado corridos y polcas populares que se venden en discos compactos y cintas de audio en las puertas del Santuario, en los que se cuentan penas, se pide protección, se dan gracias y se alaba al Santo Niño.

Las quejas son contradictorias, mientras unos comerciantes alegan que han disminuido los peregrinos, otros lo niegan. Lo cierto es que ha aumentado el número de puestos. Cada vez hay más comerciantes, el pueblo se dedica menos a lo que antes se dedicaba: la agricultura.

Algunos afirman que se pierden las tradiciones y que cada vez acude menos gente; de hecho, los jóvenes visitan el lugar, a pesar de los comentarios sobre la pérdida de las tradiciones en ellos. Incluso, hay quien afirma que se han llegado a contar hasta 800 mil peregrinos en un día…

El comercio ocupa a más de 7 mil personas. En cuanto al turismo, en todo el municipio se contabiliza un total de 28 establecimientos de hospedaje, con 811 cuartos. Hay aproximadamente 38 establecimientos de alimentos y bebidas, en su mayoría restaurantes.

Según el Rector, la gente de Plateros vive 85% del comercio generado por los peregrinos. Los domingos, el Santuario se llena de gente y todas las tiendas de los alrededores están abiertas.

El santuario de Plateros auspicia al Seminario Diocesano de Zacatecas, y sostiene mes con mes alrededor de 50 sacerdotes cuyas parroquias no pueden mantener económicamente.

Con todo, no es el comercio mercantilista de otros lugares en que ven al peregrino con ojos de caja registradora, no, la mayoría de los comerciantes con quienes platicamos arrastran el fervor religioso por el Santo Niño de Atocha. Muchos de ellos incluso se refieren a Él como nuestro Niño, y algunos incluso están dispuestos a la menor insinuación a contar la historia de su pequeño Niño.

Campea la buena voluntad. Durante nuestra visita a Plateros no sentimos animadversión de lugareño alguno. Si bien trabajan con absoluta seriedad, en cuanto notan que alguien se acerca o les habla, muestran una sonrisa abierta, sin ambages, franca y sincera.

Pero ya es tarde… continuaremos mañana en que daremos final a nuestra charla… buenas noches a todos...

Barrenechea todavía se quedó a cenar con sus amigos. A Ricardo le pareció que le costaba trabajo irse.

Sin embargo, cerca de la media noche le fueron a dejar a su casa que aún conservaba en el puerto. Ahí, se despidieron sin alegría alguna.

-Te fijaste… o fue mi percepción? Cuestionó el viejo sacerdote una vez en el auto del escritor.

-Ahhh vamos… también lo notaste…

-Sí… como que nos costaba trabajo despedirnos…

-Pues que Dios le lleve con bien y le conserve para beneficio de su grey…

-No creas –añadió Julián– siento cierto miedito…

-Angustia, querrás decir…

-Mejor dejemos las cosas por la paz…

-Cierto… no sea que…

-Ya Ricardo! Me pones de nervios!

-Está bien… está bien… te juro que no lo hice con mala intención…

 

La llegada a casa del escritor fue en absoluto silencio. Las damas aún les esperaban despiertas. Pero ninguna de ellas dijo algo, simplemente un seco buenas noches… y hasta ahí.

 

 

 

La mañana encontró a Ricardo despierto. No sabía qué sentía, pero estaba inquieto. Lo mismo Julián.

El desayuno pasó casi en silencio si no es por la salida intempestiva de Pamela que se iba a la escuela.

-Adiós a todos… Que tengan buen día… dijo alegre, lo que sacó una forzada sonrisa de los demás.

 

Para empezar –dijo Ricardo al empezar su charla- considero que se debe purificar la religiosidad popular, según el Documento de Puebla, fruto de la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano.

La curia romana, pero más que esta la curia universal son sumamente reticentes a cualquier manifestación de un milagro. El primer impulso es negarlo.

Pero...vamos por partes… alguno de ustedes me puede decir que es, para usted, un milagro?

-Bueno… dijo Rafael, el arquitecto amigo de Ricardo que no creía no dudaba… en realidad es muy difícil catalogar un hecho como un milagro… ya no como cura, sino simplemente como creyente… cuantas veces no hemos encontrado que tal o cual milagro es una estafa…!

-Pero mi pregunta fue: qué es para Ustedes un milagro? Exista o no…

-Un milagro es un hecho sobrenatural que acontece en un momento determinado creando una coincidencia con determinada necesidad… señaló muy firme Calixto, el ateo fundador de una nueva secta.

-No… yo no pienso así –indicó Jorge, el esposo de Lupita -ya fallecida- amiga de Norma. Creo que un milagro es un acto de piedad concedido por Dios a una persona, a un grupo o a una comunidad. Es cierto que ante una necesidad, pero no es casual, sino oportuno. Determinante, no determinado.

-Sí… afirmó norma con la cabeza…

-Más que un acto de piedad, dijo Doña Elvia, yo creo que es un premio concedido; la aceptación de una concesión concedida ante una buena acción o una serie de buenas acciones…

-A ver… dijo interrumpiendo su esposo, el Diputado Celerino… si fuera un premio no le concedería al preso la gracia de una reducción de condena, o a la prostituta que se vende la bondad de su protección a cambio del dinero que gana con su pecado… No… yo creo que, y no por reconocerlo como tal, es un acto sobrenatural que beneficia a alguien o a algunos en un momento dado…

-Vaya… se pone buena la cosa… exclamó Carlos con su habitual irreverencia.

-Yo sí creo que sea un acto de bondad. No un premio, ni tampoco caridad, pues Dios no da limosnas, se entrega o no…

-La palabra milagro, antiguamente miraglo, dijo enfático el escritor, encuentra su origen en el latín miraculum, palabra derivada del verbo mirari, que significa «admirarse» o «contemplar con admiración, con asombro o con estupefacción». Los latinos llamaban miraculum a aquellas cosas prodigiosas que escapaban a su entendimiento, como los eclipses, las estaciones del año y las tempestades… según marcan algunas enciclopedias.

Esta forma latina se mantiene en francés y en inglés como miracle, y en italiano como miracolo, entre otras lenguas neolatinas. Es así como, desde el punto de vista etimológico, la palabra milagro no dice relación necesariamente con una cierta intervención divina, sino que se liga al asombro ante lo inefable, tal como lo plantearan los latinos. A raíz de esto, milagro también puede referirse a un suceso o cosa rara, extraordinaria y maravillosa.", sin implicar fuerzas divinas.

Según el cristianismo, un milagro es en sí un hecho sobrenatural en el cual se manifiesta el amor de Dios hacia los seres humanos. Para el cristianismo en general, el milagro sería un hecho sin explicación científica razonable. Agustín de Hipona ofreció la siguiente definición de milagro: «Milagro llamo a lo que, siendo arduo e insólito, parece rebasar las esperanzas posibles y la capacidad del que lo contempla». Pero el mismo autor no pone tanto énfasis en los milagros como «desafíos a las leyes naturales». Agustín de Hipona marca que todos los hechos (ordinarios o extraordinarios) tienen una significación religiosa: desde el punto de vista de la fe, «tanto el crecimiento de la mies como la multiplicación de los panes tienen el sello del amor y del poder del Dios».​

Tomás de Aquino, en el siglo XIII, definió milagro como algo hecho por Dios más allá de las causas conocidas por los hombres.

En la actualidad, la fe y la ciencia no se consideran excluyentes en la Iglesia católica, según señala el Concilio Vaticano II:

«[...] por la propia naturaleza de la creación, todas las cosas están dotadas de consistencia, verdad y bondad propias y de un propio orden regulado, que el hombre debe respetar con el reconocimiento de la metodología particular de cada ciencia o arte. Por ello, la investigación metódica en todos los campos del saber, si está realizada de una forma auténticamente científica y conforme a las normas morales, nunca será en realidad contraria a la fe, porque las realidades profanas y las de la fe tienen su origen en un mismo Dios. Más aún, quien con perseverancia y humildad se esfuerza por penetrar en los secretos de la realidad, está llevado, aun sin saberlo, como por la mano de Dios, quien, sosteniendo todas las cosas, da a todas ellas el ser. Son, a este respecto, de deplorar ciertas actitudes que, por no comprender bien el sentido de la legítima autonomía de la ciencia, se han dado algunas veces entre los propios cristianos; actitudes que, seguidas de agrias polémicas, indujeron a muchos a establecer una oposición entre la ciencia y la fe.

Como consecuencia de lo anterior, la posición actual de la Iglesia católica no es opuesta a la ciencia. El milagro no es considerado hoy un "suceso mágico" que controla las fuerzas cósmicas, sino -en la postura de los creyentes- un suceso que dependería de Dios. Para los creyentes, científicos o no, la atención no se centra en lo sorprendente o extraordinario del hecho ocurrido, sino en la autoridad de quien supuestamente lo realizó: Dios. Además, el milagro, en el pensar de los creyentes, sólo se concede por motivos que escapan al intelecto del ser humano, y que se si-túan en el mismo misterio de Dios.

Hay, pues, hechos que resultan para la ciencia "inexplicables" por las leyes naturales, al menos hasta el día de hoy. La forma de interpretación de esos hechos depende de la creencia o del pensamiento de cada cual, y no definen al hecho en sí, sino al individuo que lo interpreta…

-Es decir, cuestionó Niza, que la ciencia finalmente si cree en los milagros aunque nop pueda explicarlos?

-Algo así… lo que pasa es que para los científicos resultó más cómodo arrojar la carga de la prueba a quien afirma, es decir… tú me dices que sucedió un milagro? Demuéstralo! Ya no les interesó tanto investigar “babosadas” como dijera uno por ahí.

Sin embargo, Dios sabe lo que hace y cómo lo hace. De entre los propios creyentes surgieron científicos que se empeñaron en ir demostrando la verdad religiosa, empezando por los hechos registrados en la misma Biblia, y así pudieron descubrir muchos datos que comprobaban sucesos como el paso de Moisés y su pueblo por el Mar Rojo y la perdición del ejército egipcio. National Geographic vino a descubrir que las aguas del Mar Rojo se separan ante algunos cambios de marea y encontraron en el fondo de ese paso restos metálicos de carruajes militares egipcios.

Esto no quiere decir que un milagro es un hecho natural visto como sobrenatural por nosotros. No, un milagro es un milagro… es la nueva oportunidad que Dios le da a esa persona o a esa comunidad, es el retomar un cambio de vida borrando las causas que originaron el mal. Es bondad divina convertida en acto terrenal, es Divina Providencia volcada en el bien y para el bien de algo o de alguien. Es, en otras palabras, la manifestación divina de una paternidad perfecta a la que le preocupan los hijos… a quienes acepta con todos sus defectos, pero apoya, redime, induce, a aquel que –convenencieramente o no, como cualquier hijo– ruega por su perdón y ayuda...

Ricardo fue interrumpido por Julián que, sin más le soltó de lleno:

-Hubo un accidente en la carretera…

-Dónde… cómo?...

-Casi llegando a Morelia… hace unas horas…

-Y está….?

Todos guardaron silencio esperando la respuesta.

-No… pero dicen que está muy grave…

-Amigos míos… lo siento mucho, pero esta charla deberá suspenderse… salimos de inmediato para Morelia… quienes quieran ir, que lo digan… Lucía se encargará de anotarles y coordinar todo.

 

Mientras circulaban por la carretera costera rumbo a Zihuatanejo, las noticias que les llegaban por las redes sociales eran cada vez más alarmantes. El choque fue de frente. Un camión materialista circulando en sentido contrario se le fue encima al carro del Arzobispo. Quedó prensado en el asiento trasero y el auto bajo el pesado vehículo.

-Sugiero que pasemos a pedirle al Santo Padre de Petatlán por él… dijo triste pero con firmeza Julián, el viejo sacerdote padrino del prelado.

Así lo hicieron… contra lo esperado, el templo del Santo Padre Jesús estaba abierto. La comitiva, formada por quince gentes en tres vehículos, entró al templo y se arrodilló. Cada uno, por su cuenta, pidió por Barrenechea.

Casi para llegar a Morelia llegaron también las buenas noticias: Había logrado sacar con vida, pero bastante maltrecho, al Arzobispo. Lo habían trasladado a un hospital privado por órdenes del Gobernador de Michoacán.

Obviamente, dadas las altas horas de la noche, buscaron alojamiento en un lugar cercano al hospital y pidieron información telefónica, que les fue negada por no ser familiares.

 

 

 

 

Casi amaneciendo, el pequeño grupo salió a desayunar. Encontraron un lugar que estaba abriendo y les atendieron. Querían estar en punto de las nueve de la mañana en el hospital para saber del prelado.

-Señorita… perdone… quien nos puede informar de la salud del Arzobispo que trajeron ayer…? Preguntó cauteloso Julián.

-Ya lo pasaron a su habitación. Hasta esta mañana estaba en urgencias. Según el reporte, tiene varias fracturas y una posible contusión craneoencefálica…

-Jesús… eso es muy grave!

-Calma Julián, calma… para como dicen que quedó, en realidad está bien..

-Bien? Bien?... Si no queda lisiado quedará loco…. y está bien?.. Dijo casi gritando el sacerdote.

-Mira… hablamos mucho de Dios, Ustedes son hombres de Dios… creo que debemos de tener un poco de más confianza en Dios!!!

-Perdona… es que me desespera no poder al menos verlo…

-Todo a su tiempo… vamos a la capilla.

Seguidos por algunos de sus acompañantes, buscaron la capilla del hospital y dieron rienda suelta a sus oraciones. No habían pasado ni quince minutos cuando Lucía y Norma les fueron a avisar que el Doctor responsable del Arzobispo les buscaba.

-Sí doctor?

-Usted es Julián?

-Sí…

-Y usted Ricardo?

-Sí Doctor,,, a sus órdenes… qué pasa?

-Nada… el Arzobispo quiere hablar con Ustedes.

-Pero… si hace unos minutos…

-Lo sé… anoche nosotros lo dábamos por muerto… pero cerca de la media noche, ya aquí en el hospital, abrió los ojos, se me quedó mirando y movió la cabeza. Y esta mañana, mientras ustedes preguntaban a la enfermera por él, el prelado refunfuñaba mientras le me-tíamos a un scaner laser.

Las fracturas no presentan mucho problema. Unas cuantas férulas y listo. Lo que pensamos era una fractura craneal no lo fue, es sólo una escandalosa lesión que con veinte puntos quedó solucionada. Pasen… les está esperando.

Todo el grupo, que escuchaba atenta y calladamente la explicación del galeno, gritó de júbilo y saltaron de alegría, mientras el escritor y el sacerdote entraban a la habitación a ver a Barrenechea.

-Vaya vaya… así es que ni para morirte eres bueno! Dijo jocoso el viejo Julian.

-Y tú qué dijiste! Ya se lo llevó patas de catre y me quedo con su fortuna, no? Respondió extendiendo los brazos para abrazar a su padrino.

-Buen susto nos diste amigo… todos rogamos por ti en Petatlán…

-En Petatlán? Se vinieron por la Costa Grande?

-Sí… para llegar más rápido…

-Y a poco les abrieron el templo?

-No… estaba abierto…

-Caray! Pues a qué horas llegaron ante el Santo Padre Jesús?

- Era cerca de la media noche…

- Dios bendito!!! Fue la hora en que me sacaban de lo que quedó del auto…

-Pues aunque no lo creas, dijo Ricardo menos asombrado, al Padre Jesús de Petatlán le pedí que, dado que estamos charlando sobre su advocación como el Santo Niño de Atocha, nos hiciera el milagro de sacarte con bien de todo esto…

-Un milagro… un verdadero milagro… replicó el prelado. Pero, agregó… no debemos hablar de esto… pueden calificarlo de coincidencia… mejor lo dejamos así…

 

 

Ya de regreso en Acapulco, Ricardo reanudaba su charla. Tras informarles a todos sobre la salud del prelado, estuvo tentado a comentar lo del milagro… o coincidencia…

-Ayer tuvimos un ejemplo palpable de lo que veníamos platicando sobre los milagros y la confusión que nuestra gente tiene sobre las advocaciones de Jesús. Pasamos a Petatlán, a ver al Santo Padre Jesús, para rogarle por la vida de nuestro amado Arzobispo. Ahí, le pedí al Santo Padre Jesús que, dado que teníamos esta charla sobre el Santo Niño de Atocha, interviniera ante él para ayudar al prelado.

Pero… cómo? Le pedimos a Jesús hombre que interviniera ante Jesús Niño? Nosotros mismos caímos en esa confusión tan popular en nuestra religiosidad popular. Pero Él comprende y nos hizo caso. Hoy podemos decir que nuestro amigo fue congraciado con la bondad divina y está a salvo.

Pero… cómo podemos pedir que los hermanos alejados vuelvan a creer, o aquellos que siguen ciegos lo hagan, si nosotros mismos no tenemos la fe bien fincada, si dudamos de la intervención divina… si no hay arraigo en nuestras creencias.

Las milagrosas no son las imágenes, yo mismo lo reconozco… los milagros los concede la divinidad, Dios, Jesús, la Virgen, con la intervención de los ángeles y los santos… Hay miles de advocaciones regadas por el mundo, todas y cada una a cual más de milagrosa. Pero seguimos dudando… sólo cuando estamos ante una de esas imágenes sentimos su poder, no de la imagen, sino de lo que representa. Hay quien lo siente y lo cree… hay quien no.

Cada quien juzgue con su criterio, iluminado por la fe que recibimos el día de nuestro bautismo, acerca de la autenticidad o veracidad de las inscripciones de los retablos, o de los milagritos, o de las cartas, como dice el Padre Pereyra.

Cada quien califique en su corazón el acto divino que, seguramente, ha recibido en alguna época de su vida, porque puedo asegurar que todos, sí, todos y cada uno de los que habitamos este deteriorado planeta… hemos recibido un milagro en algún momento. Ya me burlo de la falta de fe en mi libro Soy Ateo...Gracias a Dios! Y es verdad… observen a los más incrédulos ante un suceso inesperados, por ejemplo, un temblor. Lo primero que exclaman es Dios Santo! Protégenos!

Yo… yo mantengo mi fe incólume… creo sin dudar. Siento en mí, dentro de mí, y confirmo en mi vida diaria, la presencia y esencia de Dios. Con eso me basta! Dios les bendiga!

 

 

 

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